7 de diciembre de 2016

Triunfo de la resistencia indígena en Standing Rock

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David Brooks

En un triunfo espectacular de la mayor movilización de resistencia indígena en la historia reciente de Estados Unidos, el gobierno federal anunció que no otorgará permisos para continuar con la construcción de un oleoducto en Dakota del Norte que atravesaba tierras sagradas por debajo del río Misuri y buscará rutas alternativas para el proyecto.

El Cuerpo de Ingenieros del Ejército emitió su decisión la tarde de este domingo argumentando que después de extensas consultas determinó que la mejor forma para proceder es “explorar rutas alternativas para el cruce del oleoducto” y elaborar -como se había solicitado durante meses por los indígenas- un estudio de impacto ambiental muchos más amplio.

Dave Archambault II, presidente de la tribu Standing Rock Sioux, expresó su gratitud “por la valentía por parte del presidente Obama, el Cuerpo de Ingenieros del Ejército, el Departamento de Justicia y el Departamento del Interior para tomar pasos y corregir el curso de la historia y hacer lo que era correcto”.

Después de que el Cuerpo de Ingenieros del Ejército ordenó evacuar este lunes las tierras federales ocupadas por miles de indígenas y sus aliados y de que el gobierno estatal de Dakota del Norte había ordenado que los ocupantes abandonaran la zona ante condiciones invernales severas, se había disparado la tensión e incertidumbre sobre que ocurriría ya que los manifestantes rehusaron acatar tales ordenes.

Ante preocupaciones de represión -fuerzas de seguridad estatales y privadas habían empleado balas de goma, gas pimienta y lacrimógeno y hasta agua en temperaturas bajo cero contra manifestantes en diversos enfrentamientos durante las últimas semanas en que más de 560 fueron arrestados- este domingo llegaron más de dos mil veteranos militares de todo el país para sumarse a la resistencia y servir de “escudos humanos” en campamentos helados de los Sioux en Dakota del Norte.

Miles de indígenas Sioux y de otros pueblos indigenas, jóvenes, ambientalistas, activistas afroestadunidenses y latinos, artistas y más han mantenido una ocupación -ya era más como un pueblo- en tierras federales desde el verano para frenar el Oleoducto Dakota Access. Han recibido el apoyo de más de 300 tribus y naciones indígenas indigenas en este país y agrupaciones nacionales ambientalistas, culturales, de movimientos de derechos civiles como Black Lives Matter y activistas estudiantiles por todo el país (http://standwithstandingrock.net).

El proyecto de un valor de 3.8 mil millones de dólares está construido más de 90 por ciento completo y su último tramo de un total de mil 172 millas para transportar 470 mil barriles diarios de crudo desde tierras petroleras en Dakota del Norte a refinerías en Illinois pasa por tierras federales que fueron otorgadas a los Sioux bajo un tratado de 1851 incumplido hasta y atravesaría por debajo del río Misuri.

Líderes de la Reserva Sioux Standing Rock, la cual colinda con esas tierras y el paso del oleoducto, expresaron su oposición oficial desde hace un año, argumentando que el oleoducto pasa por tierras sagradas y a la vez amenaza la agua potable no sólo de ellos, sino de unas 17 millones de personas por toda la región si hay una ruptura cerca del río. Por ello, muchos participantes se designaron como “protectores de agua” y subrayaron la defensa indígenas de los derechos ambientales para y de todos.

Dirigentes indígenas insistieron que esto es parte de una lucha histórica. “Nos estamos cansando de ser empujados por 500 años. Ellos toman, toman, toman, y ya basta”, comentó Lee Plenty Wolf al New York Times en una entrevista en unos de los campamentos, entre dos jóvenes, una de California y otra de Francia que llegaron en apoyo.

Este fin de semana empezaron a llegar cientos de unos 2100 veteranos militares que se han comprometido en llegar desde todas partes del país -muchos de ellos con experiencia en las guerras de Irak, Afganistan, y otros de Vietnam- para defender de manera no violenta a la resistencia indígena. Encabezados por Wesley Clark, Jr., hijo del reconocido general retirado y ex candidato presidencial Wesley Clark, lanzó la iniciativa “Veteranos por Standing Rock” que afirma que los ex militares “se congregarán como una milicia pacífica y desarmada en la Reserva Sioux Standing Rock”.

David Hulse, un veterano de la Marina de la guerra en Irak, comentó a ABC News que decidió sumarse a las protestas desde Chicago “no como una misión de guerra, sino una misión de paz…. ver tantos veteranos presentarse aquí, eso es hermandad”. Uno de los veteranos tiene 90 años de edad, otra es la representante federal demócrata de Hawaii,Tulsi Gabbard. Kenny Nagy, veterano de la guerra de Vietnam, declaró al Los Angeles Times que “por fin vamos estar ayudando al pueblo de Estados Unidos en lugar de empresas”.

Elizabeth Torrence, veterana del ejército quien estuvo en Irak, comentó rumbo al campamento que los soldados juran “defender al pueblo estadonidense contra enemigos en el extranjero o en casa, y la manera en que están tratando al pueblo estadounidense, a gente desarmada, es inaceptable”.

Artistas han visitado y/o expresado solidaridad, desde los actores Jane Fonda y Mark Ruffalo a músicos como Neil Young, y rockeros punk en varias ciudades que ofrecieron conciertos para apoyar a los indígenas, como Neil Young; unos músicos indígenas crearon videos.

6 de diciembre de 2016

Desinformación es poder

​​Jorge Bruce

La gran canción Plástico de Rubén Blades habla de “la ignorancia que nos trae sugestionados”. Blades es un fantástico compositor, de esos pocos capaces de captar el espíritu de una época y un lugar: Latinoamérica de antes y de hoy. En el Perú hemos sido testigos, estos últimos días, de intentos de capitalizar la desinformación al servicio de un poder retrógrado, oscurantista y violento.

La primera arremetida fue contra el currículo del Ministerio de Educación. Como parte de la campaña para traerse abajo al ministro Saavedra, fujimoristas y apristas detonaron un huayco de falsedades. El plan era convencer a los padres de familia que sus hijos estaban en manos de pervertidos que –¡horror!– los iban a inducir a la homosexualidad. Esto no se dijo, pero a mi entender el miedo que se procuraba inocular tenía, precisamente, lo que ellos llaman una “ideología de género”.

Es decir, los niños en riesgo de ser arrastrados a la homosexualidad por el Minedu, el SUTEP, los rojetes y la caviarada eran esencialmente los hombres. El machismo tiene mucho más arraigo en nuestra cultura que el temor al lesbianismo. Aquí convergen intereses políticos empeñados en censurar a un ministro competente, con posturas religiosas conservadoras que ven con susto cómo su control de las mayorías se va deshaciendo.

Poco después surgió el grotesco psicosocial de los traficantes de órganos. En un documentado informe de David Hidalgo para El Comercio, se observa que las fotos de los supuestos traficantes, publicadas en Facebook, provienen de México o Chile. Más aún, hay serias sospechas de que la voz femenina de un audio en el que se alerta a los ciudadanos de Lima Este, acerca de los traficantes imaginarios, es la misma de otro audio que, antes de la marcha No a Keiko, amedrentaba a la gente para que no salga de su casa, alertando por un golpe de Ollanta Humala (era durante su Gobierno).

El miedo es una emoción muy poderosa, capaz de aglutinar masas de audiencia –lo que en jerga psicoanalítica se conoce como grupos grandes– en una dinámica agresiva y atemorizada, como la que se vio en Huaycán. Más aún cuando se trata de personas que viven en condiciones de desprotección. Traficar órganos –lo que no resiste el menor análisis científico, como alguna vez me explicó el médico especialista en trasplantes, Luis Poggi– encaja con la carencia de servicios de salud y seguridad. Es un miedo que se alimenta del desamparo y la zozobra de unas condiciones de vida durísimas.

Esto es lo que buscan todos aquellos que se sienten beneficiarios del caos y la violencia. Así murió de un balazo la señora Eva Solano. Así vivieron una situación brutalmente traumática dos encuestadores que trabajaban en ese lugar, en ese momento. Montesinos está en prisión, pero sus émulos están libres. Y trafican no con órganos, sino con temores primarios.

5 de diciembre de 2016

El desatino de los análisis económicos actuales

Leonardo Boff 

Sigo con atención los análisis económicos que se realizan en Brasil y en todo el mundo. Con raras y buenas excepciones, la gran mayoría de los analistas son rehenes del pensamiento único neoliberal mundializado. Es raro que hagan una autocrítica que rompa la lógica del sistema productivista, consumista, individualista y anti-ecológico. Y aquí veo un gran riesgo ya sea para la biocapacidad del planeta Tierra o para la supervivencia de nuestra especie.

El título del libro de Jesse Souza La insensatez de la inteligencia brasileña (2015) inspiró el título de mi reflexión: “El desatino de los análisis económicos actuales”.

Mi sentido del mundo me dice que podemos conocer cataclismos ecológicos y sociales de dimensiones dantescas si no tomamos absolutamente en serio dos factores fundamentales: el factor ecológico, de carácter más objetivo, y la recuperación de la razón sensible, de sesgo más subjetivo. En cuanto al factor ecológico: la mayoría de la macroeconomía todavía alimenta la falsa ilusión de un crecimiento ilimitado, en el supuesto ilusorio de que la Tierra dispone igualmente de recursos ilimitados y tiene una capacidad de recuperación ilimitada para soportar la explotación sistemática a que es sometida. La maldición del pensamiento único muestra un soberano desprecio por los efectos negativos en términos de calentamiento global, la devastación de los ecosistemas, la escasez de agua potable y otros considerados como externalidades, es decir, datos que no entran en la contabilidad de las empresas. Este pasivo se deja para que lo resuelva el estado. Lo que debe ser garantizado en cualquier forma son las ganancias de los accionistas y la acumulación de riqueza a niveles tan inimaginables que dejarían loco a Karl Marx.

La gravedad radica en el hecho de que los órganos que se ocupan del estado de la Tierra, desde las organizaciones mundiales como la ONU, a los nacionales que denuncian la creciente erosión de casi todos los elementos esenciales para la continuidad de la vida (alrededor de 13), no se tienen en cuenta. La razón es que son antisistémicos, perjudican el crecimiento del PIB y los grandes beneficios de las empresas.

Los escenarios proyectados por centros de investigación serios son cada vez más perturbadores. El calentamiento, por ejemplo, no para de aumentar como se afirmó ahora en la COP 22 de Marrakesch. La temperatura global en 2016 ha sido 1,35º C por encima de lo normal para el mes de febrero, la más alta de los últimos 40 años. Los propios científicos como David Carlson, de la Organización Meteorológica Mundial, un organismo de la ONU, declaró: “Esto es increíble... la Tierra es ciertamente un planeta alterado”.

Tanto la Carta de la Tierra como la encíclica de Francisco Laudato Si: cómo cuidar de la Casa Común advierten de los riesgos que corre la vida sobre el planeta. La Carta de la Tierra (grupo animado por M. Gorbachov, en el que he participado) es contundente: «o formamos una alianza global para cuidar la Tierra y unos de otros o corremos el riesgo de destruirnos y destruir diversidad de la vida».

En los debates sobre economía, en casi todas las instancias, los riesgos y los factores ecológicos ni siquiera se nombran. La ecología no existe, incluso en las declaraciones del PT, en las que no aparece siquiera la palabra ecología. Y así, inconscientemente, hacemos un camino de no retorno, a causa de la ignorancia, irresponsabilidad y ceguera producidas por el deseo de acumulación de bienes materiales.

Donald Trump ha dicho que el calentamiento global es un engaño y que cancelará el acuerdo de París, ya firmado por Obama. Paul Krugman, Nobel de Economía, ha advertido de que tal decisión significaría un daño grave para EE.UU. y para todo el planeta.

Conclusión: o incorporamos los datos ecológicos en todo lo que hacemos, o nuestro futuro no estará garantizado. La estupidez de la economía sólo nos ciega y nos perjudica.

Pero este dato científico, resultado de la razón instrumental analítica, no es suficiente, ya que analiza y calcula friamente y entiende al ser humano fuera y por encima de la naturaleza. A la que puede explotar a su voluntad. Tenemos que completarla con el rescate de la razón sensible, la más antigua en nosotros. En ella se encuentra la sensibilidad, el mundo de los valores, la dimensión ética y espiritual. Ahí residen las motivaciones para el cuidado de la Tierra y para comprometernos en un nuevo tipo de relación amistosa con la naturaleza, sintiéndonos parte de ella y sus cuidadores, reconociendo el valor intrínseco de cada ser e inventando otra manera de satisfacer nuestras necesidades y el consumo con una sobriedad compartida y solidaria.

Tenemos que articular los dos factores, el ecológico (objetivo) y el sensible (subjetivo): de otro modo difícilmente escaparemos, tarde o temprano, de la amenaza de un colapso del sistema-vida.

2016-11-25