23 de enero de 2017

Perú: Peces chicos para peces grandes

Rosa María Palacios

La noticia de la detención preventiva de Edwin Luyo Barrientos, capturado el viernes en la noche, es positiva. El ex presidente del Comité de Licitación de la Línea 1 del Metro es acusado de haber recibido 2.5 millones de dólares en asociación con el prófugo Jorge Cuba Hidalgo, ex viceministro de Comunicaciones. Los hechos ocurrieron, de acuerdo a información proporcionada por Odebrecht, en el año 2009. La República informa que el dinero fue transferido a un Banco en Andorra y que ambos personajes habrían solicitado originalmente 8 millones de dólares para favorecer a Odebrecht otorgándole la buena pro de la licitación.

La estrategia de defensa de Odebrecht en el Brasil respecto a las coimas del Perú es que ellos fueron “víctimas” de la extorsión de funcionarios peruanos corruptos y que no tuvieron más remedio que pagar para poder entrar al sistema podrido del Estado peruano. Reconocen el delito pero el matiz importa. Es decir, colocan la mayor responsabilidad en el funcionario corrupto que en la empresa que corrompe.

Como era de esperarse, el ex presidente Alan García ha usado su cuenta de Twitter para felicitar a la fiscalía y referirse a sus propios funcionarios como ratas: “Muy bien la Fiscalía de la Nación. A la cárcel. Ratas como estas ensucian grandes obras que sirven al pueblo”, ha escrito desde Madrid. ¿Y su responsabilidad? Ninguna. Nos dice que la obra es estupenda y que algunas ratitas deben ir a la cárcel.

¿Así de fácil? Veremos. El capturado Luyo tiene varias cosas para contar. Por ejemplo, ¿por qué vive en una modesta casa del barrio de Pueblo Libre si se levantó millones? Curioso, el mismo distrito en donde residía Agustín Mantilla, el hombre al que, llevando una vida austera se le encontró 6 millones de dólares en cuentas en el exterior. Mantilla, expulsado del Partido Aprista, se llevó lealmente sus secretos a la tumba. La pregunta es ¿lo hará Luyo?

En Brasil, la clave del éxito de la operación Lava Jato consistió en jalar la lengua en los niveles intermedios de la cadena de responsabilidad. Por ejemplo, la delación premiada de Paulo Roberto Costa, ex director de Petrobras, fue crucial para transformar un caso que se inició por lavado de divisas en el año 2008 en el caso de corrupción más grande de Brasil. De la persecución de los funcionarios de Petrobras el 2014 se pudo saltar a las detenciones de todos los presidentes de compañías constructoras de Brasil el 2015. Al principio, negándose a cantar, hoy todos se han acogido a los beneficios de la delación premiada. Poco a poco, con mucho esfuerzo de jueces y fiscales brasileños, se ha logrado disipar la niebla y encontrar una telaraña gigantesca de corrupción que cruza continentes y océanos y va desde presidentes hasta toda la estructura de poder de países enteros.

Es imposible que Odebrecht depositara un centavo a Luyo sin autorización de niveles superiores. Eso lo sabe la empresa y lo sabe Luyo. La pregunta es hoy ¿para quién recibió? Para sí mismo, en parte. ¿Y el resto? Es posible que el dinero esté sin moverse en Andorra (tan cerca de España) o también es posible que la ruta de ese dinero lleve a otras detenciones y a otras delaciones. Luyo es hoy, con las normas vigentes, un potente candidato a colaborador eficaz si es que quiere salvarse de muchos años de cárcel. Espero que el fiscal se lo explique bien.

Lo mismo sucede con el prófugo viceministro de Comunicaciones Jorge Cuba Hidalgo. ¿Qué tiene que hacer el viceministerio de Comunicaciones con la Linea 1 del Metro? Nada. En este caso, el funcionario no tenía poder de decisión alguno. ¿Y a ese le deposita Odebrecht? Eso solo puede haber sucedido por indicación de alguien. No hay otra explicación lógica.

Como sucedió con el caso Fujimori-Montesinos, la fiscalía tiene urgencia de reclutar colaboradores eficaces con los que se negocie la entrega de información a cambio de su libertad e incluso garantías para sus vidas y las de sus familias.

Los testaferros tienen dos caminos. Ser Matilde Pinchi Pinchi o ser Agustín Mantilla. La historia ha probado que el primer camino es mucho más ventajoso por donde se mire.

22 de enero de 2017

Empieza la era Trump...

Ignacio Ramonet

Unos días después del acuerdo entre Rusia y Turquía que permitió acabar con la interminable batalla de Alepo, leí en un célebre semanario francés el comentario siguiente : «La permanente crisis de Oriente Medio está lejos de resolverse. Unos piensan que la solución pasa obligatoriamente por Rusia, mientras otros creen que todo depende de Turquía. Aunque lo que queda claro ahora es que, de nuevo y definitivamente –por lo menos cabe desearlo-, Rusia tiene en sus manos los argumentos decisivos para poner punto final a esa crisis.» ¿Qué tiene de particular este comentario ? Pues que se publicó en la revista parisina L’Illustration... el 10 de septiembre de 1853.

O sea, hace ciento sesenta y tres años, la crisis de Oriente Medio ya era calificada de «permanente». Y es probable que lo siga siendo... Aunque un parámetro importante cambia a partir de este 20 de enero : llega un nuevo Presidente de Estados Unidos a la Casa Blanca : Donald Trump. ¿Puede esto modificar las cosas en esta turbulenta región ? Sin ninguna duda porque, desde final de los años 1950, Estados Unidos es la potencia exterior que mayor influencia ejerce en esta area y porque, desde entonces, todos los presidentes estadounidenses, sin excepción, han intervenido en ella. Recordemos que el caos actual en esta zona, es, en gran parte, la consecuencia de las intervenciones militares norteamericanas decididas, a partir de 1990, por los presidentes George H. Bush, Bill Clinton y George W. Bush, y por el (más reciente) azorado apoyo a las « primaveras árabes » estímuladas por Barack Obama (y su secretaria de estado Hillary Clinton).

Aunque globalmente la línea que defendió el candidato republicano durante su campaña electoral fue calificada de « aislacionista », Donald Trump ha declarado en repetidas ocasiones que la organización Estado Islámico (ISIS, por sus siglas en inglés) es el « enemigo principal » de su país y que, por consiguiente, su primera preocupación será destruirlo militarmente. Para alcanzar ese objetivo, Trump está dispuesto a establecer una alianza táctica con Rusia, potencia militarmente presente en la región desde 2015 como aliada principal del gobierno de Bachar El Asad. Esta decisión de Donald Trump, si se confirma, representaría un cambio de alianzas espectacular que desconcierta a los propios aliados tradicionales de Washington. En particular a Francia, por ejemplo, cuyo gobierno socialista -por extrañas razones de amistad y negocios con Estados teocráticos ultrareaccionarios como Arabia Saudita y Qatar- ha hecho del derrocamiento de Bachar El Asad, y por consiguiente de la hostilidad hacia el presidente ruso Vladimir Putin, el alfa y el omega de su política exterior [i] .

Donald Trump tiene razón : las dos grandes batallas para derrotar definitivamente a los yihadistas del ISIS –la de Mosul en Irak, y la de Raqqa en Siria- aún están por ganar. Y van a ser feroces. Una alianza militar con Rusia es, sin duda, una buena opción. Pero Moscú tiene aliados importantes en esa guerra. El principal de ellos es Irán que participa directamente en el conflicto sirio con hombres y armamento. E indirectamente pertrechando a las milicias de voluntarios libaneses chiitas del Hezbollah.

El problema para Trump es que también repitió, durante su campaña electoral, que el pacto con Irán y seis potencias mundiales sobre el programa nuclear iraní, que entró en vigor el 15 de julio de 2015, y al que se habían opuesto duramente los republicanos en el Congreso, era “un desastre”, “el peor acuerdo que se ha negociado”. Y anunció que otra de sus prioridades al llegar a la Casa Banca sería desmantelar ese pacto que garantiza la puesta bajo control del programa nuclear iraní durante más de diez años a la vez que levanta la mayoría de las sanciones económicas impuestas por la ONU contra Teherán.

Romper ese pacto con Irán no será sencillo, pues se firmó con el resto de los miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU (China, Francia, Reino Unido, Rusia) y Alemania, a los que Washington tendría que enfrentarse. Pero es que, además, como se ha dicho, el aporte de Irán en la batalla contra el ISIS, tanto en Irak como en Siria, resulta fundamental. No es el momento de enemistarse de nuevo con Teherán. Moscú, que ve con buenos ojos el acercamiento de Washington, no aceptará que esto se haga a costa de su alianza estratégica con Teherán.

Uno de los primeros dilemas del presidente Donald Trump consistirá pues en resolver esa contradicción. No le resultará facil. Entre otras cosas porque su propio equipo de halcones, que acaba de nombrar, parece poco flexible en lo que concierne las relaciones con Irán [ii] .

Por ejemplo el general Michael Flynn, su asesor de Seguridad Nacional (lo que Henry Kissinger fue para Ronald Reagan), está obsesionado con Irán. Sus detractores le definen como "islamófobo" porque ha publicado opiniones que  muchos consideran abiertamente racistas. Como cuando escribió en su cuenta de Twitter : "El temor a los musulmanes es perfectamente racional." Flynn participó en las campañas para desmantelar las redes insurgentes en Afganistán e Irak. Asegura que la militancia islamista es una « amenaza existencial a escala global ». Igual que Trump, sostiene que la organización Estado Islámico es la « mayor amenaza » que enfrenta EE.UU. Cuando fue director de la Agencia de Inteligencia de la Defensa (AID), de 2012 a 2014, dirigió la investigación sobre el asalto al consulado estadounidense de Bengasí, en Libia, el 11 de septiembre de 2012, en el que murieron varios ‘marines’ y el embajador norteamericano Christopher Stevens. En aquella ocasión, Michael Flynn insistió en que el objetivo de su agencia, como el de la CIA, era « demostrar el rol de Irán en ese asalto » [iii] . Aunque jamás haya habido evidencia de que Teherán tuviera cualquier participación en ese ataque. Curiosamente, a pesar de su hostilidad a Irán, Michael Flynn está a favor de trabajar de manera más estrecha con Rusia. Incluso, en 2015, el general viajó a Moscú donde fue fotografiado sentado al lado de Vladimir Putin en una cena de gala para el canal estatal de televisión, Russia Today (RT), donde ha aparecido regularmente como analista. Posteriormente, Flynn admitió que se le pagó por hacer ese viaje y defendió al canal ruso diciendo que no veía « ninguna diferencia entre RT y el canal estadounidense CNN ».

Otro anti-iraní convencido es Mike Pompeo, el nuevo director de la CIA, un ex-militar graduado de la Academia de West Point y miembro del ultraconservador Tea Party. Tras su formación militar, fue destinado a un lugar de extrema tensión durante la Guerra Fría: patrulló el ‘Telón de Acero’ hasta la caída del Muro de Berlín en 1989. En su carrera como político, Mike Pompeo formó parte del Comité de Inteligencia del Congreso, y se destacó en una investigación que puso contra las cuerdas a la candidata demócrata Hillary Clinton por su pretendido papel durante el asalto de Bengasi. Ultraconservador, Pompeo es hostil al cierre de la base de Guantánamo (Cuba), y ha criticado a los líderes musulmanes de Estados Unidos. Es un partidario decidido de dar marcha atrás al tratado nuclear firmado con Irán, al que califica de « Estado promotor del terrorismo ».

Pero quizas el más rabioso enemigo de Irán, en el entorno de Donald Trump, es el general James Mattis, apodado 'Perro Loco', que estará a cargo del Pentágono [iv] , o sea ministro de la Defensa. Este general retirado de 66 años, demostró su liderazgo militar al mando de un batallón de asalto durante la primera guerra del Golfo en 1991 ; luego dirigió una fuerza especial en el sur de Afganistán en 2001 ; después comandó la Primera División de la Infantería de Marina que entró en Bagdad para derrocar a Sadam Husein en 2003 ; y, en 2004, lideró la toma de Faluya en Irak, bastión de la insurgencia suní. Hombre culto y lector de los clásicos griegos es también apodado el ' Monje Guerrero' , alusión a que jamás se casó ni tuvo hijos. James Mattis ha repetido infinitas veces que Irán es la « principal amenaza » para la estabilidad de Oriente Medio , por encima de organizaciones terroristas como el ISIS o Al Qaeda : "Considero al ISIS como una excusa para Irán para continuar causando daño. Irán no es un enemigo del ISIS. Teherán tiene mucho que ganar con la agitación que crea el ISIS en la región."

En materia de geopolítica, como se ve, Donald Trump va a tener que salir pronto de esa contradicción. En el teatro de operaciones de Oriente Próximo, Washington no puede estar –a la vez- a favor de Moscú y contra Teherán. Habrá que clarificar las cosas. Con la esperanza de que se consiga un acuerdo. De lo contrario, hay que temer la entrada en escena del nuevo amo del Pentágono, James Mattis ‘Perro Loco’, de quien no debemos olvidar su amenaza más famosa, pronunciada ante una asamblea de notables bagdadíes durante la invasión de Irak: " Vengo en paz . No traje artillería. Pero con lágrimas en los ojos, les digo esto: si me fastidian, ¡os mataré a todos!"

Notas:

[i] Aunque, como se sabe, hay eleciones en mayo próximo en Francia, a las cuales el actual presidente socialista François Hollande, muy impopular, ha decidido no representarse. El candidato conservador con mayores posibilidades de ganar, François Fillon, ha declarado por su parte que reorientará la política exterior francesa para normalizar de nuevo las relaciones con Moscú.

[ii] Léase, Paul Pillar, « Will the Trump Administration Start a War with Iran ? », The National Interest, 7 de diciembre de 2016. http://nationalinterest.org/blog/paul-pillar/will-the-trump-administration-start-war-iran-18652


[iv] James Mattis necesitará que el Congreso le conceda una excepción para esquivar la ley que exige que pasen siete años entre salir del Ejército y acceder a la jefatura del Pentágono. 



21 de enero de 2017

Perú: Puente Piedra, la punta del iceberg

Gustavo Espinoza M.

Los sucesos ocurridos el jueves 12 de enero en Puente Piedra -un distrito popular ubicado a 20 kilómetros al norte de Lima- han ocupado gran parte de los noticieros de la televisión, y muchas páginas de los diarios. Incluso la “prensa grande” y sus portavoces, han debido abordar el tema, incidiendo en su trascendencia e implicancias. Y es que el caso reviste diversas aristas y ocurre en una circunstancia singular, cuando la empresa más directamente beneficiada con la obra puesta en marcha por el Alcalde Castañeda y el Municipio de Lima, ha sido señalada como el símbolo imbatible de la corrupción en el Perú.

La empresa brasileña Odebrecht, como se sabe, viene operando en el país desde hace varias décadas. Llegó a fin es de los años 70 del siglo pasado, invitada a invertir en el Perú en el periodo final del gobierno de Morales Bermúdez, cuando el régimen militar abandonó definitivamente las prácticas patrióticas y nacionalistas, y renegó en los hechos del mensaje de Velasco Alvarado. Pero ese, apenas, fue un inicio. Desbordo sus operaciones más tarde, en los años 90. Cuando Alberto Fujimori, en servil acatamiento a los dictados del Fondo Monetario y el Banco Mundial, impuso a rajatabla el “modelo neo liberal” que aún subsiste.

Después de Fujimori, administraciones sucesivas siguieron la huella del consorcio de marras y ejecutaron convenios, acuerdos, tratados, licitaciones y “addendas” de distinto corte y variado precio. Por lo que se conoce de la denuncia ya planteada en el Perú, los “negociados” principales tuvieron lugar bajo la administración de Toledo y García, y también de Humala. Aunque todo está aún por despejarse, ya han saltado nombres de personas que oficiaron de “intermediarios” para “operativos” siniestros gracias a los cuales se amasaron ingentes fortunas. La investigación del tema está en la orden del día, pero no concluirá a corto plazo. Lo previsible es que el tema de Odebrecht, y su secuela, ocupe -por lo menos- todo éste periodo de gobierno y esté en la mesa de debates aún para el 2021, como parodia de nuestro Bicentenario.

Múltiples son las expresiones derivadas de este caso. Unas tienen que ver con los gobiernos. Otras, con las coimas y sobornos entregados a gobernantes y funcionarios; pero también con las obras mismas, las más importantes de las cuales son la vìa interoceánica y las centrales hidroeléctricas. Pero de ellas, fluyen “acuerdos menores” como la construcción de caminos y las modalidades de pago que, en beneficio de la empresa, fueron pactados. De ahí es que deriva el tema de los Pagos de Peaje en las carreteras. La empresa, para ganar más –pero también de modo sostenido- puso en práctica la modalidad del pago por el uso de las vías, pretextando la necesidad de “asegurar su mantenimiento”. Y es claro que quienes asumen esos pagos, son los usuarios, vale decir las personas que se desplazan en vehículos, de un lugar a otro.

El transporte no se hace sólo de manera privada. El transporte público también debe transitar por esas rutas y -en el caso- el pago pasa a la cuenta del ciudadano obligado a trasladarse de un lugar a otro, en un micro desbaratado y maloliente. Ese fue el disparador en Puente Piedra. Porque ocurre que los “Peajes” ubicados en el distrito crean una situación singular: todas las personas que se desplazan en el interior del mismo, lucen forzadas a pagar por lo menos diez soles para “entrar” o “salir” del lugar en el que viven. La suma, equivale a algo más de tres dólares al día.

Una población severamente castigada por la crisis, en un país en el que el costo de vida virtualmente se ha hasta triplicado en los últimos diez años sin que hayan subido sueldos ni salarios; considera esta “carga” simplemente impagable. La juzgaría así, si el dinero recaudado fuera a manos del Estado –llamado a asegurar la conservación adecuada de las pistas- pero la juzga intolerable cuando sabe que él, irá a cubrir las arcas de la empresa acusada justamente de envilecer en los últimos años la vida nacional.

Fue eso lo que hizo explotar el caldero. Miles pobladores, la semana pasada, se movilizaron en torno al tema y no pararon hasta prender fuego a las cabinas de peaje, las mismas que, con sorprendente celeridad, fueron rehabilitadas 24 horas más tarde por el Municipio de Lima, a fin de asegurar que Odebrecht cobre “la suya”. El jueves 12, volvieron a tocar las campanas de la rebeldía y los enfrentamientos entre la policía y los manifestantes, se prolongaron más de 18 horas; desde las 7 de la mañana hasta pasadas las 10 de la noche, con una secuela previsible: heridos, contusos, detenidos y prófugos. En verdad, lo que la gente pudo ver por la Tele, fue un río humano golpeando con furia.

Muchos pueden preguntarse qué fue lo que ocurrió, o cuál es el fenómeno que nuestros ojos están viendo hoy en el Perú. Porque los sucesos de Puente Piedra, fueron apenas la punta del Iceberg. Y es que así como en el Círculo Polar Ártico, un pequeño pico de nieve oculta bajo el agua una verdadera montaña; los enfrentamientos en el distrito capitalino son apenas la señal de lo que corre por debajo de la tierra: una profunda, y tensa, convulsión social.

Ahora que andamos de aniversarios heroicos, podemos recordar que el 7 de noviembre de 1917 -según el nuevo calendario- los bolcheviques dieron inicio en Rusia a una etapa de la Revolución: destruyeron el Imperio de los Zares, y abrieron campo a una nueva sociedad. El 1 de enero de 1959 en Cuba los combatientes de Fidel acabaron con la dictadura batistiana, inaugurando un nuevo orden social, más humano y más justo. En un país como el nuestro, las cosas tienen otro signo.

Como aquí no hay una Vanguardia –o varias- que conduzca la lucha del pueblo; en el Perú el pueblo parece haber resuelto marchar sólo y por su cuenta. Y abrir, camino a una revolución social que será, por las condiciones concretas, infinitamente más lenta, y dolorosa, que todas las demás. Un verdadero Parto Social más complejo y difícil que todos los vividos en América.

Alguna vez, al definir la Revolución Social, Fidel dijo que ella era un fenómeno de masas que se producía cuando millones de hombres de un país decidían acabar con los problemas que agobiaban a millones de hombres de ese país. En otras palabras, cuando los pueblos tomaban conciencia de su fuerza, y de su capacidad; y emprendían -ellos mismos- la tarea de cambiar su realidad.

Bien podríamos decir, entonces que lo de Puente Piedra fue apenas un indicio de lo que subyace: la Revolución Social; que como no tiene liderazgo definido, asoma como una vorágine incontrolada. Así fue antes, en Conga, Tía María, y Las Bambas. Y así es hoy, en Puente Piedra. Un río caudaloso y bravío que algunos, aún no aprecian, ni comprenden.

¿Hubo infiltrados senderistas en la protesta? Es posible. También estuvieron los Comandos de Acción del APRA, esos que sirvieron para golpear a Susana Villarán en La Parada, o atizar la violencia reciente en Huaycán. Pero un río no trae solamente agua limpia. Trae piedras, lodo, troncos quemados, restos putrefactos, basura por doquier. Si alguno piensa no cruzarlo porque el agua “está sucia”, quedará la vida entera a la orilla. Jamás llegará a su destino.

Hay quienes se sorprenden porque los manifestantes de Puente Piedra tiraron piedras, usaron hondas o, incluso, lanzaron bombas “Molotov”. “Yo no imagino a los jóvenes fabricándolas, o haciendo uso de ellas” -dijo sorprendida- la Ministro de Justicia, Isabel Pérez Tello. Y es que ella, o ha tenido otra juventud, o “no ha tenido calle”, porque nosotros –los viejos de hoy- también en nuestros años mozos, fabricamos bombas Molotov, y las usamos con destreza Eso, no es nada del “otro mundo”.

Lo que ocurre es que nuestro pueblo, está haciendo su “experiencia de clase”, asimilado en la acción sus “formas de lucha”. Y deslindando los campos como corresponde. Aprenderá a cruzar el río y a destilar el agua, para librarla de las impurezas que hoy la afectan. Pero aprenderá también a transitar el camino del futuro para construir -lo decía el Amauta- “Un Perú nuevo, en un mundo nuevo”.

Gustavo Espinoza M. Colectivo de dirección de Nuestra Bandera

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