29 de agosto de 2016

La adhesión de las clases populares a la causa neoliberal


Manuel Guerrero Boldó

Todo bloque histórico u orden constituido -señalaba Antonio Gramsci- se apoya no solo en la violencia o la capacidad coercitiva de la clase dominante sino, también, en la adhesión de los gobernados a la visión del mundo de la clase dominante.

Esto ocurre -según el pensador italiano- tras un proceso de vulgarización de la filosofía de la clase dominante creada por grandes intelectuales afines a ésta. Dicha vulgarización sería, en gran medida, llevada a cabo por los intelectuales medios que se han dedicado a la difusión de esta Weltanschauung o hegemonía cultural burguesa [1] .

Hoy, podríamos decir que, por poner dos ejemplos ilustres, los Friedrich Hayek y Milton Friedman actúan como grandes intelectuales de la clase dominante, creadores de la concepción hegemónica de la vida en la que estamos insertos.Intelectuales medios, omnipresentes en las universidades y los medios de comunicación, se han encargado de vulgarizar (en el sentido de hacerla asequible para todos los públicos) y difundir la filosofía de la clase dominante para, de este modo, lograr que las clases populares se hayan adherido a la causa neoliberal hasta el punto de convertirla en un sentido común.

Podemos encontrar ejemplos de ello constantemente. Uno de los más tristemente célebres es el famoso mantra de “habéis vivido por encima de vuestras posibilidades”. Esto podría considerarse la vulgarización de un consenso alrededor de las medidas de contracción del gasto público y la devaluación salarial, y el aumento del desempleo. Percibidas, estas políticas económicas y sus efectos, como una consecuencia lógica de nuestra irresponsabilidad (la de las clases populares) y la de gobiernos, derrochadores y sostenedores de vagos, de corte socialista.

Hace unos meses, en un capítulo del programa Salvados, dedicado al concepto tradicional de clase social, y el uso que se hace de él hoy mediante su simplificación en clase media, podíamos ver ejemplos ilustrativos al respecto. El parado, para muchos, se ha convertido en una lacra social culpable de su situación económica y del despilfarro de los recursos estatales con la complicidad de los gobiernos de izquierda.Owen Jones explicaba que hoy culpabilizamos en horizontal y no en vertical. Nos enfadamos con el vecino y no con el poderoso, lo que nos lleva a votar en contra de nuestros intereses económicos. Veíamos en dicho capítulo como un ciudadano del distrito madrileño de Villaverde (al que paradójicamente definía como barrio obrero), que se autodefinía como mileurista y aseguraba que él y sus vecinos llegan a fin de mes “como podemos”, defendía el voto al PP porque “es el partido que mejor gestiona la economía”. Sostenía también que: “seguimos con ese mito de que la derecha es de ricos, la izquierda es de pobres”; “ha habido recortes pero ha sido necesario si queríamos salir de la crisis económica, es un cuento de la izquierda para hacer ver que la derecha no mira por los ciudadanos más humildes”; “hay mucha gente que se ha acostumbrado a que papá Estado se lo pague todo”, etc.

Más allá de los errores y las políticas neoliberales implementadas por los partidos social liberales en toda Europa, en el discurso de este ciudadano, perteneciente a la clase trabajadora, subyace una clara adhesión a la visión del mundo de la clase dominante. La facilidad con la que se otorgaban créditos o préstamos (medida por la cual se enriquecía el sector financiero), la falacia de la falsa analogía entre la economía nacional y la economía doméstica, la llamada al emprendimiento, etc., eran también argumentos utilizados por otros representantes de la clase trabajadora, entrevistados en el citado programa, para justificar los recortes.

Hace un par de días me comentaban que una solución óptima para los problemas de saturación y otras consecuencias de los recortes en la sanidad pública, era derivar a los pacientes al ámbito privado. Ante mi cuestionamiento, el interlocutor -un parado de larga duración- me respondía, plenamente convencido, que “los ciudadanos nos quejamos demasiado pero hacemos muy poco”. Con lo de “hacemos muy poco”, se refería a que si no estás conforme porque tu médico no accede a prescribir, por ejemplo, las pruebas de imagen necesarias, siempre puedes exigir un cambio de médico y/o presionar para que te deriven a la sanidad privada en caso de saturación por unos bajos presupuestos que dificultan la fase de prevención y diagnóstico en la pública. La mayor parte de culpa recae sobre sus iguales en su visión del mundo. Esta conformidad con el discurso hegemónico es evidente en amplios sectores de la sociedad, no caigamos en el error de pensar que estos ejemplos son los representantes de una minoría ideologizada de derechas entre la clase trabajadora. Se ha construido una nueva moral y formas de conducta institucionalizadas que obtienen una amplia adhesión entre las clases populares. Cada día nos acercamos más a la normalización de aquello de que no hay pobres sino losers.

Gramsci sostenía que para que el proletariado lograse la victoria, era primordial plantear el problema de la alianza de clases. El proletariado tenía que conseguir atraer a las demás clases explotadas a su causa, en especial al campesinado, para así poder conformar un bloque histórico que consiguiera convertirse en dominante y hegemónico. Para ello, el papel de los intelectuales era fundamental en la tesis de Gramsci. Como se comentaba más arriba, no solo se ha de tener en cuenta la capacidad coercitiva de la clase dominante sino también su capacidad para crear una concepción de la vida hegemónica a través, primero, de grandes intelectuales y después, difundirla al conjunto de la sociedad mediante su vulgarización por los intelectuales medios. Para batallar en el terreno cultural, era básico para Gramsci favorecer la formación de un grupo de intelectuales que disputase la hegemonía cultural burguesa o Weltanschauung y, de este modo, apartar al campesinado de la influencia de la filosofía de la clase dominante.

Hoy tenemos la obligación de disputar algo tan necesario para la lucha y tan maleable como es el sentido común. Si no entendemos lo decisivo de este campo de batalla, desde luego que no encontraremos la explicación a los batacazos electorales en nuestra supuesta superioridad moral. Quizás encontremos un cómodo refugio, eso sí.

Notas

[1] Giuseppe FIORI: Antonio Gramsci, vida de un revolucionario, Madrid, Capintan Swing, 2015. 2013, p. 262. Para una mayor profundización de la tesis gramsciana, véase: Antonio GRAMSCI: Quaderni del carcele. Torino, Einaudi, 1975, Giuseppe VACCA: Vita e pensieri di Antonio Gramsci (1926-1937), Torino, Einaudi, 2012 y Antología. Selección, traducción y notas de Manuel Sacristán, Madrid, Akal, 2013.

28 de agosto de 2016

La tierra envenenada y nosotros adentro resistiendo

Aníbal Ortizpozo

El ser humano hoy, no sólo se muere de viejo, sobredosis o tristeza, muere en tierra envenenada, con la piel brotada por el uso de pesticidas, herbicidas, fertilizantes y transgénicos.

La más grande empresa química del planeta Monsanto, está señalada como una de las principales responsables. Su descaro y poder, es un monumento a la impunidad sostenida, contrariamente a lo que dice su lema, “ Alimento, salud y esperanza”, allí donde ella se presenta, trae la muerte contaminación, enfermedades y destrucción del medio ambiente, junto a cientos de corporaciones transnacionales asociadas entre ellas, contra la vida en el planeta.

La primera vez que tuve conocimiento de la existencia de Monsanto, fue a través de las denuncias sobre la apropiación descarada de semillas y conocimientos ancestrales que les hizo a los pueblos originarios pobres en Latinoamérica, para luego patentarlos y obtener inmensas ganancias, además del control absoluto sobre las semillas y producción agroalimentaria mundial.

El poder Monsanto es inmenso gracias a su crecimiento económico y asociación con empresas, que trabajan para ella, de ese modo, por ejemplo, cuando se le reclama por la contaminación de un río, hecha por una empresa asociada a ellos, para la producción de carne porcina, -que además provocó el desplazamiento forzado de los habitantes del sector cercano a dicha industria- al ser interpelados, expresaron que no es su responsabilidad, porque ellos, solo compran la carne ya procesada. Siempre resultan inocentes y preocupados, por el bien de la comunidad, publicitándose para mejorar su imagen, que los llevó al insólito, hecho de lograr que les dieran el premio Mundial a la alimentación. La condena a la decisión tomada por el jurado del Premio Mundial de la Alimentación otorgado por La World Food Prize Foundation, no se hizo esperar, los 81 laureados con el Premio Nóbel Alternativo y los miembros del Consejo para el Futuro Mundial afirman que "La elección del Premio Mundial de la Alimentación 2013 es una afrenta al creciente consenso internacional sobre prácticas agrícolas seguras y ecológicas que han sido probadas científicamente para promover la nutrición y la sustentabilidad". Muchos gobiernos han rechazado los OGM (organismos genéticamente modificados) y más de dos millones de ciudadanos de 52 países marcharon recientemente en oposición a los OGM . Fundada en 1901 en Estados Unidos, Monsanto empezó fabricando Sacarina, luego acido sulfúrico, plásticos, fertilizantes y herbicidas (glifosato) hasta convertirse hoy en una de las diez empresas químicas más grandes del mundo.

Son innumerables las marchas internacionales, campañas, demandas legales, documentales que denuncian y acciones de protesta masiva contra Monsanto y sus compañías asociadas en todo el mundo, donde han cometido atrocidades y daños irreversibles contra la biodiversidad, sin embargo, al parecer, no ha habido en los países donde ha dejado su huella, quién le “ponga cascabel al gato”, sino todo lo contrario, Monsanto se ha dado el lujo de encarcelar, perseguir, acosar y demandar a granjeros. Hasta el 2006, había obtenido 12 millones de dólares por demandas a campesinos. En septiembre del 2015, Monsanto demandó al estado de California EEUU, por haber difundido, fruto de una investigación científica, que el glifosato, producía cáncer y deformaciones de niños al nacer y otros daños reproductivos en regiones donde se había fumigado con dicho herbicida.

Monsanto, es responsable de las enfermedades, contaminación y muerte de millones de vietnamitas durante la guerra con EEUU, uno de los productos que se rociaron, un poderoso defoliante, fue el llamado Agente Naranja; y el responsable de su fabricación, ¿quién?, sino Monsanto. Químicos, que no solo produjeron inmenso daño al medio ambiente, envenenaron a la población y generaron enfermedades. Aún hay casos de niños que nacen con deformaciones por la contaminación de sus madres. En la historia de estas atrocidades contra la humanidad Monsanto no está sola, Bayer, el de la Aspirina, fue como es sabido, una empresa que Hitler utilizó para gasear judíos, gitanos y republicanos españoles.

La existencia de una cadena de agronegocios, que además evaden las normas legales contra el monopolio en los países donde se establecen, están dominadas y dirigidas por compañías transnacionales, que buscan tener el control total del sistema agroalimentario del planeta y este sistema en la actualidad está monopolizado por Monsanto, Cargill, Nestlé, Unilever, ConAgra y muchos más, que además de enriquecerse, modifican los hábitos alimenticios de nuestras comunidades. Es importante ver listado de setenta empresas, que usan productos de Monsanto y debieras evitar. Sesenta y cuatro semilleras subsidiarias o propiedad de Monsanto y 50 empresas independientes que distribuyen productos Seminis.Todas ellas exitosas y “respetables instituciones” del capitalismo salvaje, neoliberal.

Los transgénicos OMG, organismos genéticamente modificados, están hechos, para que se tenga que utilizar los agroquímicos que ellos mismo producen, “business are business”. Los experimentos y su producción se hace en forma encubierta no se informa que los están fabricando, ni cuáles son las consecuencias de su consumo. En la mayoría de los países no hay regulaciones, nada indica que sean seguros para la vida humana, ni para el medio ambiente, sin embargo, hay científicos que han demostrado que sí son dañinos, calificándolos de asesinos silenciosos y un riesgo para la biodiversidad, porque su siembra contamina los cultivos tradicionales, sin que se pueda evitar.

La guinda de la torta, después de patentar la carne como invento o producir leche materna en probetas y otras alteraciones antinaturales, Monsanto dios perverso, recientemente patentó la flor que no se marchita, una especie de siemprevivas (sempervivum). La empresa de agroquímicos ha desarrollado un método que consiste en modificar temporalmente la función de ciertos genes vinculados con el envejecimiento de las plantas –moléculas ARN– y así bloquear la capacidad de las flores frescas de producir “gas etileno” que es la hormona de crecimiento natural, por ejemplo, hace que las manzanas se pudran y los pétalos de las rosas se caigan. Monsanto bloquea la hormona, dopando el agua del jarrón (florero) con ARN, producto que Monsanto fabrica y vende. ¡Negocio redondo! De esta manera, persiste en alterar el flujo de la naturaleza, sin ningún control, ni freno por parte de las autoridades donde se encuentran instalados .Están involucrados en las guerras de cuarta generación, con armas químicas y biológicas, responsables del calentamiento global y la desertificación, ahora vienen por el control de los reservorios de agua en el planeta tierra.

Nuestra relación y consumo de productos agroalimentarios transgénicos, es peligrosa, ellos hoy forman parte de nuestra cotidianidad, están en nuestras cocinas y mesas, los consumimos, ignorando que cantidad de porcentaje transgénico tienen, aún cuando, los pueblos tenemos el derecho a elegir y saber todo sobre nuestra alimentación. Existen países donde se está discutiendo sobre el etiquetado de los productos transgénicos para identificarlos como tal, pero esta iniciativa no ha prosperado, las corporaciones privadas, prefieren que no se sepa. Por ello los ciudadanos consumidores de la producción agroalimentaria, han enarbolado en sus marchas internacionales banderas y carteles como, “No a los transgénicos”, “Por una Latinoamérica libre de transgénicos”, “Monsanto, sal de nuestro país”.

Pensamos que la convocatoria, CELEBREMOS LA VIDA, “NO MÁS MONSANTO Y SUS EMPRESAS ASOCIADAS, es un llamado legítimo de los pueblos, que si bien es cierto no resolverá por arte de magia los graves problemas sobre lo que está pasando con nuestra salud y alimentos, por lo menos informa, crea grupos conscientes, sensibiliza a la sociedad toda, activa para resistir y denunciar la presencia de estos verdaderos exterminios silenciosos en desarrollo, que las industrias químicas han desatado en su locura insana por el poder económico, sin importarle la vida, privatizándola y destruyéndola impunemente.

Se publica este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

http://www.leerydifundir.com/2016/08/la-tierra-envenenada-adentro-resistiendo/

27 de agosto de 2016

La imposición de la 'neosocialdemocracia' en América Latina

Alfredo Serrano Mancilla

No es nuevo. El intento de 'socialdemocratizar' cualquier proceso revolucionario tiene infinitos precedentes en la historia política latinoamericana, desde la Alianza por el Progreso (iniciada por Kennedy) hasta los primeros años de la época Clinton. En épocas más recientes, se empleó el término 'la tercera vía latinoamericana' con el objetivo de que el Brasil de Lula caminara siempre por el rail del centro.

En la actualidad, en tiempos de contracción económica mundial, lo intentan con Ecuador y Bolivia, tratándolos con el cariño necesario para que se dejen guiar por esos principios socialdemócratas. No lo consiguen (por ahora), pero lo siguen intentando. Le lanzan un acuerdo comercial por acá y una inversión extranjera por allá. La economía aprieta y la ayuda externa se presenta como la gran tentación salvadora.

Ahora, sorprendentemente, también lo intentan con Venezuela. Si no se puede por las malas, que sea por las buenas. Ante el momento de emergencia económica, algunos actores se han puesto manos a la obra para que el chavismo acabe decantándose por una salida 'neosocialdemócrata'. La excusa, la de siempre: el pacto necesario para dar estabilidad y gobernanza económica. La estrategia, también la habitual: se afirma que todo lo que ha hecho el sector público está mal y, con eso, se argumenta que las grandes decisiones económicas han de estar en manos del gran capital privado. Si hay fallas en el sistema de precios justos, la solución es que dos empresas privadas marquen el precio que les de la gana. Si el sistema cambiario tiene debilidades, entonces la respuesta es que el 'Dólar Today' sea legal. Así es como la 'neosocialdemocracia' pretende imponer su sentido común económico para dar estabilidad a la actual situación económica adversa.

La pregunta que nos debemos hacer es qué tipo de estabilidad económica queremos como respuesta ante las dificultades. Una cosa es la que excluye a las mayorías y otra, bien distinta, es aquella que incluye y no deja a nadie fuera. He aquí la verdadera discusión detrás de este emergente consenso de ideas económicas: ¿Estabilidad macroeconómica con malestar microeconómico? Como en Perú, Colombia, México o como sucede ahora en Argentina. De nada sirve alcanzar un equilibrio macroeconómico sin gente adentro, sin pueblo. La clave es llegar a la meta, pero hacerlo con el mayor número de personas posible.

La socialdemocracia, en las últimas décadas, se viene promocionando con una cara amigable, intentando disimular que pertenece al mismo sistema hegemónico que ha provocado un importantísimo desastre económico a escala global. Procura utilizar como carta de presentación lo que fue en el pasado, sin querer rendir cuentas del presente. Es necesario, por tanto, no confundir lo que fue la vieja socialdemocracia con esta 'neosocialdemocracia', que cohabita en una casa neoliberal dominante.

Este nuevo proyecto se caracteriza por constituirse a partir de un pacto desigual con amistades peligrosas; por una soberanía subordinada al patrón de acumulación global del capital; por políticas públicas de bienestar social condicionadas a la tasa de ganancia de unos pocos grandes empresarios. Esta es la corriente que aparece camuflada como nueva, pero que se asemeja demasiado a lo de siempre, al modelo neoliberal.

Indudablemente, muchos de los procesos de cambio en América Latina se enfrentan a su propio punto de clivaje para sortear contradicciones internas y afrontar situaciones externas adversas. De todos modos, ninguna identidad política puede continuar paralizada ante tanto cambio adentro y afuera. Así, se abren muchas vías para su resignificación e interpretación hacia delante.

Ante el amplio abanico de posibilidades sobre por dónde transitar, ser domesticado en modo 'neosocialdemocracia' es una opción por la que algunos están apostando con mucho ímpetu. Su éxito, en gran medida, dependerá de si surgen otras alternativas que seduzcan y convenzan más que el plan de 'marketing' 'neosocialdemócrata'. En el caso de que esto no suceda, comenzará mas pronto que tarde el 'tic tac' de los procesos de cambio en la región. Esperemos que no.