23 de octubre de 2018

PERU. LA TAREA DE HOY

Gustavo Espinoza M. (*)

Los comicios del 7 de octubre pasado, dejaron valiosas lecciones para distintos segmentos de la vida peruana. Es bueno reflexionar en torno a ellas para extraer algunas enseñanzas que pudieran servir al movimiento popular, y ayudarlo a afrontar sus tareas en la perspectiva.

Como se sabe, las elecciones consagraron la quiebra del fujimorismo y el APRA, que alcanzaran magras votaciones y no obtuvieran victoria alguna en el ámbito regional, provincial y local. Su candidato oficial –Diethel Columbus- fracasó, al igual que sus sosías: Gagó y Reggiardo.

En Lima, el triunfo de Acción Popular lució sorpresivo, por la reconocida debilidad de esa estructura política, pero tranquilizó el ánimo de la Clase dominante por cuanto su candidato –Jorge Muñoz- se perfiló como una figura con proyección, en una circunstancia en la que la derecha más conservadora tiene, en realidad, muy pocas cartas disponibles.

Pero es bueno recordar que la Izquierda formal, sufrió también una aplastante derrota que no puede ocultarse bajo el argumento que en algunas circunscripciones –Junín, Moquegua y Puno- triunfaran movimientos progresistas y aún radicales. Y es que los que ganaron en esos lugares, mantienen posiciones críticas ante el núcleo de los Partidos de lo que algunos llaman “la izquierda clásica”. Se trata, objetivamente, de segmentos distintos que, al margen de diferencias puntuales, deberán, finalmente, sumar voluntades.

Por eso es importante aludir a las perspectivas del movimiento popular ahora, cuando se registra un creciente deterioro del escenario nacional, y se agrava el proceso de descomposición de la Clase dominante, carcomida como está, por la corrupción e sus más variadas modalidades.

Algunos analistas políticos se complacen en asegurar que la corrupción es un fenómeno tan grave que rebasa el esquema de clases y compromete a los más diversos segmentos de la vida nacional. La corrupción -dicen- no tiene bandera, y se expresa tanto en el ámbito de la derecha, como de la izquierda. En el tema, como en la leyenda bíblica. “nadie puede lanzar la primera piedra”. Craso error.

La corrupción es un fenómeno consustancial e inherente al sistema de dominación capitalista, y resulta la expresión más nítida de la descomposición de la burguesía como clase dominante. Ocurre, sin embargo, que se extiende de tal manera, que incluso llega a comprometer a algunos exponentes del movimiento popular.

Para decirlo en palabras de Aníbal Ponce, la burguesía, casi con centurias de experiencia en la conducción de los Estados Capitalistas, es capaz incluso de retener sus manos los hilos del alma proletaria. Cultivando en unos la vanidad, siempre despierta; y en otros, la ambición nunca dormida; puede darse el lujo de quebrar las fibras de algunas personalidades del campo popular. Pero eso, no descalifica a la clase proletaria. Al contrario, la alerta; y debe ponerla en mejores condiciones, para enfrentar la corrupción en sus más diversas modalidades.

Eso se ha podido apreciar en el proceso peruano, aunque no ha ocurrido de manera transparente y nítida. En el Perú –y esto lo reseña bien el reciente libro publicado por el doctor Jorge Rendón Vásquez- el capitalismo se instaló hace casi tres siglos a través de un proceso económico y político en el que se combinaron diversas formas de explotación. Se inició en el Virreinato, desde una práctica predominantemente comercial, para seguir luego –ya en la República- mediante una modalidad manufacturera; y luego industrial. Hoy predomina el capitalismo en su expresión financiera, que corresponde a la imposición del Modelo Neo Liberal, que envilece al conjunto de la sociedad como consecuencia de la aplicación de procedimientos perversos destinado a asegurar la máxima ganancia con el menor de los esfuerzos.

Pero aquí, como lo señalara Carlos Marx en su momento, también el capitalismo se impuso echado sangre y lodo por todos los poros, de los pies a la cabeza. Y vivió un proceso inexorable de descomposición que hoy se hace evidente, y hasta incontrolable.

Cuando alguno de sus voceros, empeñado en disminuir la responsabilidad de los corruptos dice que los hay también “en el campo de la izquierda”, lo único que está haciendo es asegurar que su clase, logró enlodar a ciertos representantes del segmento popular; pero en ningún caso puede sostener que la corrupción comprometa “también a la izquierda”.

Esto lo entiende el común de la gente y se expresa de diversas maneras: el 75% de los peruanos cree hoy que Keiko Fujimori es culpable de los delitos de los que se la acusa; el 83% está convencido que lo que hay que hacer es cerrar el Congreso de la República porque será esa una manera de “echar a los corruptos”. Y el 61% apoya la gestión del Presidente Vizcarra, no obstante diferencias puntuales, porque cree ver en él una expresión de la lucha contra la Mafia. ¿Cómo es que se ha arribado a estos porcentajes, impensables hace un año?

Es claro que el antecedente más concreto, ha sido la vida. El desarrollo mismo de los acontecimientos ha servido para que los peruanos abran los ojos, y vean la realidad; tal como lo veníamos sosteniendo desde varios años en distintas trincheras. El segundo factor, han sido las constantes movilizaciones de masas, operadas por iniciativas de Colectivos Sociales y las redes, que machaconamente han denunciado las truhanerías de los Fujimori y compañía. Estas dos herramientas –obrando como tenazas- han desesperado a los culpables. Los han acorralado y obligado a obrar con la mayor torpeza para proteger, a como dé lugar, sus jaqueados intereses.

La cosa ha tomado tal dimensión que, finalmente, la “prensa grande” y la derecha conservadora se ha visto en la necesidad de “tomar distancia”, para no aparecer tocada por la mugre, que salpica a borbotones. Todo ello ha obligado a los peruanos a mirar de otro modo el escenario y ha impuesto a la izquierda tareas de otro orden.

De modo constante hemos subrayado que lo esencial para la izquierda, es la lucha política. Trabajar “desde abajo” con banderas definidas y claras. Y construir los liderazgos desde esa base. Así se hizo, objetivamente, en Tacna y Moquegua cuando las poblaciones se alzaron contra las imposiciones mineras amenazaban el medio ambiente humano. Y así también en Cajamarca, contra la empresa Yanacocha. Y en Puno, enfrentándolas mismas amenazas. La gente luchó, se batió denodadamente. Y en Junín. Y de allí surgieron liderazgos populares, que no fueron entendidos por direcciones políticas que, apoltronadas en la capital, hacían discursos formales y buscaban la unidad, para participar en elecciones. Hoy la vida lo ha demostrado. Esas figuras fueron –en el mejor sentido de la expresión- chicos de la calle, frutos silvestres; que no tuvieron la suerte de crecer a la sombra del Gran Padre –el Partido- que tuteló y guió liderazgos de otras generaciones.

La Izquierda hoy, debe marchar por dos carriles. Por el pedregoso y áspero camino de la lucha social, con todos los sacrificios que implica esa batalla; y por la brillosa y asfaltada carretera electoral que sólo podría asomar prometedora, a condición que funda la voluntad popular en un solo haz Para transitar por la segunda ruta, será indispensable, antes, recorrer la primera. Entonces, el trabajo político deberá asomar como la primera tarea en la orden del día. Y es que sólo con él, será posible fortalecer las estructuras que le permitan a la izquierda hacer un buen papel en la segunda vía. Por lo demás, le ayudarán a despejar el camino, a definir sus alianzas y a perfilar objetivos. Vladimir Cerrón, Zenón Cuevas, Walter Aduviri, Gregorio Santos y Verónica Mendoza son -todas- cartas validas para estos efectos. La tarea, es unirlos.

Para ninguna de esas dos opciones, la Izquierda deberá renunciar prioritariamente a acuerdos y alianzas entre sí. Por el contrario, deberá buscarlas obsesivamente, sabiendo sin embargo, que la unidad nos se construye en abstracto, ni se forja entre espíritus puros ni evangélicos. Cada uno de los que aporten a ella, traerá su propia cosecha de aciertos y errores. Y la aspiración colectiva, será que todos se ayuden -unos a otros- para superar, también sus precariedades de manera fraterna, solidaria, y colectiva. Sumar, entonces, es la tarea, sin prejuicios, ni trastiendas. (fin)

(*)  Del Colectivo de Dirección de Nuestra Bandera. http://nuestrabandera.lamula.pe

https://www.leerydifundir.com/2018/10/peru-la-tarea-hoy/

22 de octubre de 2018

¡Vamos con todo, Perú!

Claudia Cisneros

Hay muchos motivos para sentirnos desalentados con la constatación del alto grado de criminalidad de políticos y magistrados. Ver cómo servidores públicos que tienen la responsabilidad de ordenar la vida social de los ciudadanos en términos de normas y justicia, de leyes y políticas públicas, usan el poder para encubrir sus delitos, pervierten la esencia y sentido de las instituciones y afectan el equilibrio de poderes forzando que un poder corrupto se sirva del otro y viceversa es tan deprimente como constatar la degradación moral y cívica de quienes la habitan e instrumentalizan.

El inicio de esta crisis política fue la incapacidad de una candidata para aceptar su derrota llevando a extremos impensados su revancha política; poniendo al gobierno en jaque, expectorando al presidente, no sin ayuda por su pusilanimidad y complicidad. Pero la crisis para el país se agravó cuando las variables judiciales empezaron a entrar en juego. Ciertamente Alan García y Keiko Fujimori no son los únicos llamados a responder a la justicia por las graves acusaciones que sobre ellos se ciernen, pero es tan igual de cierto que quienes tienen mayor capacidad de daño a la vida política y ciudadana del Perú en su desesperación por salvarse de la cárcel. A la variable #Lavajato se agregó la variable #Lavajuez y el Perú de pronto se convirtió en un campo minado de contraataques de los corruptos demoliendo lo que hiciera falta en el Perú para salvar sus pellejos.

Por eso es que Keiko y Alan han perdido total respaldo ciudadano. Porque su protección explícita a despreciables sujetos como Hinostroza y Chávarry ha asqueado a los peruanos; más aún, su intento fallido por construir una realidad alterna en la que otros son culpables y no ellos. Las redes sociales y sus rebotes en periodistas de la prensa masiva ya no les permite actuar arbitrariamente y salir airosos de tan groseras tergiversaciones de la realidad. No hay peruano que esté medianamente informado que no se haya dado cuenta de cómo los fujimoristas en contubernio con los apristas han permitido la fuga de Hinostroza, siguen permitiendo que un sindicado criminal como Chávarry continúe de cabeza de la Fiscalía de la Nación. Ya es de conocimiento popular que el fujimorismo ha obstruido la justicia intentando echarse abajo al valiente fiscal José Domingo Pérez en contubernio con la campaña de desprestigio terruqueadora del Apra. Por más intentos del fujiaprismo y sus acólitos por voltear la tortilla y presentarse como víctimas, sigue cayendo en un saco cada vez más roto. Con cada vuelta de tuerca que pretenden victimizándose o culpando a otros solo quedan más al descubierto.

Varios frentes se abren en estos momentos de la resistencia encarnizada que el fujiaprismo lleva a cabo para salvar a Keiko y a Alan de la cárcel. Ahora que a Hinostroza solo le queda cantar quién es la Sra. K, la puntería está puesta en el Fiscal Domingo Pérez cuya vivienda fue forzada por ‘desconocidos’ estando su familia adentro, quien informó estar recibiendo amenazas de muerte y quien ha sido blanco de una campaña de demolición –felizmente fallida- desde el Congreso con Chávarry, apristas y fujimoristas en contubernio. El objetivo es tumbarse a Domingo Pérez para que todas las investigaciones contra Keiko y Alan queden en cero.

Mientras tanto, el Apra activamente está boicoteando el referéndum, proponiendo al JNE que se cambie el orden de las preguntas. Con esto buscan confundir al pueblo que debe votar en noviembre o de plano que no se llegue a votar el referéndum. Sabemos por la pasada elección presidencial que el JNE está infiltrado por fujiapristas. Mientras el fujimorismo intenta controlar las votaciones en el TC para que el presidente Vizcarra no pueda pedir otra cuestión de confianza al Congreso y amenazar su cierre constitucional, y para que de ser detenida preventivamente, Keiko logre su excarcelación con un hábeas corpus.

El final del camino para los #CuellosBlancos, los #CuellosNaranjas y los #CuellosEstrellados parece estar más cerca que nunca antes. Pero no olvidemos que este caso empezó con la investigación a narcotraficantes que llevó a constatar sus nexos con los decidores de justicia en el Perú y con los políticos con poder. A mayor posibilidad de que caigan, mayor el peligro que se cierne contra quienes los combaten. Por todo esto, peruano, peruana, estamos frente a una oportunidad irrepetible si sabemos apoyar a quienes en este momento se juegan hasta la vida por el Perú: el Fiscal Domingo Pérez corre peligro, apoyémoslo con todo. Hoy más que nunca es crucial que nos mantengamos informados, alertas y participantes; en las redes, en las calles y en cualquier foro público. Vamos con todo, Perú. Que estos corruptos no nos ganan la partida.

21 de octubre de 2018

Preguntas sobre mi país

César Hildebrandt

¿Este es el Perú?

¿Un pobre escrito de fiscal, un parte policial, un fallo judicial, un Congreso dominado por la corrupción, un jefe del Ministerio Público que actúa como gánster, una resolución ordenando la libertad de alias Se­ñora K dictada por un juez vis­tosamente semianalfabeto que dice varias veces “intervinió” aludiendo al pretérito perfecto simple del verbo intervenir?

¿El Perú es ese juez, que ne­gociaba cómo liberar a un viola­dor, huyendo por una frontera sin aduanas seguras y pidiendo asilo político en Madrid? ¿Es el inexistente ministro del Interior renunciando al cargo que no llegó a ocupar de verdad? ¿Es el Congreso que recibe a Chávarry como a uno de los suyos? ¿Es la Oficialía Mayor de ese Congreso engavetando el documento que, de llegar a tiempo a la Fiscalía, habría evitado la huida de Hinostroza Pariachi? ¿Es el juez arrebatado que termina copian­do hasta los errores del fiscal que se muere por hacerse céle­bre? ¿Es la jefa de un partido heredero de lo peor que nos ha pasado llorando de emoción por su anunciada libertad y salien­do, cual víctima, en la portada del diario más viejo del Perú? ¿Es el triunfo del garantismo al servicio del lavado de dinero?

¿Somos una banda o somos un país?

¿Dónde quedaron las ideas, los debates, las discusiones so­bre qué hacer y cómo hacer­lo, las apuestas por el futuro? ¿Dónde quedó la historia, dón­de las lecciones y los escarmien­tos? ¿Qué fue de lo que nos de­jaron los que pensaron el Perú no desde una comisaría sino desde sus ensayos y desde sus bibliotecas? ¿Seguiremos sien­do los huerfanitos de Riva Agüe­ro por derecha y de Mariátegui por izquierda?

La prensa se ha judicializado, se ha “fiscalizado”, se ha redu­cido al gueto policial. Todo un proceso de jibarización la ha empobrecido y vuelto calco y co­pia del amarillismo más palillo. Enséñale un expediente judicial a un periodista de hoy y salivará de puro apetito. Enséñale una acusación preliminar del Mi­nisterio Público y quizá llegue a excitarse. La investigación se ha reducido muchas veces a que un fiscal, cargado de intereses y apetitos, te cuente las primicias de su portafolio. El periodismo,  en general, huye del periodismo y se proclama, de facto, ahijado de los tribunales, entenadito de la Fiscalía, sobrino nieto del le­gado de los Oidores. Sólo le falta escribir en papel sello quinto. Yo recuerdo, con cierta melancolía, la época en la que las investi­gaciones las hacíamos a pesar del cierrapuertas de los jueces controlados por Montesinos y del Ministerio Público atado al mandato de Blanca Nélida Colán o Miguel Aljovín.

La paradoja mayor es Brasil: Lava Jato, el “acontecimiento del siglo” en materia judicial y periodística, ha servido para que el neandertal Jair Bolsonaro esté a un paso de la presidencia. Barrieron con Odebrecht pero resulta que Bolsonaro, la encarnación de todo lo depravado que puede tener el empresariado de derechas, se va a hacer cargo. ¿No es lindo?

¿El Perú es el presidente Vizcarra rindiéndole homenaje al Señor de los Milagros, compitien­do así con Salaverry, Letona y Becerril, todos con cara de estar en trance místico y en conexión di­recta con el dios de las Cruzadas? A veces tengo ganas de ser judío.

El Perú no puede ser sólo esto. Hay un Perú negado -estoy segu­ro- que rabia entre los jóvenes, que late en las provincias, que se pronuncia apenas en algunos me­dios. Ese es el país del mañana, el que nos permite la esperanza. El Perú “oficial”, el permitido, el ortodoxo, el pasado por el cedazo de la prensa grande, el que permi­te la persistencia bacteriana del fujimorismo y sus surtidas bubas, ese Perú da, sencillamente, asco. Y aburre. Eso es: da asco y aburre.

Fuente: HILDEBRANDT EN SUS TRECE N° 417, 19/10/2018  p. 11