17 de noviembre de 2017

Alardes de inocencia

Maritza Espinoza

Con el fondo de su lindo diploma de la Boston University, joyita que nos costó a los peruanos la bicoca de un cuarto de millón de dólares (si dividimos el millón y pico que costó la educación de todos los hermanitos Fujimori), doña Keiko Sofía Fujimori se convirtió el viernes en la reencarnación de su papi, cuando, con el ceño fruncido y cara de estar chupando limón, anunció que disolvería…, ejem, enjuiciaría al diario El Comercio por haberse atrevido a decir que, en sus declaraciones ante los fiscales peruanos en Curitiba, Marcelo Odebrecht había aceptado que financió su campaña el 2011.

En uno de los mensajes a la Nación a los que nos tiene ya acostumbrados, la conductora del mototaxi más destartalado del parque automotor local no sólo juró por todos los santos que ella es más inocente que un niño de pecho, sino que anunció que pediría, ¡no!, exigiría a la Fiscalía de Brasil que se le exonere del acuerdo de reserva de información que protege el contenido del interrogatorio, como si la justicia brasileña estuviera integrada por media docena de Becerriles dispuestos a acatar sus órdenes sin murmuraciones.

El alharaquiento intento de Keiko de pechar a la justicia brasileña es, como lo sabe cualquiera con medio dedo de frente, un imposible, puesto que el interrogatorio a Odebrecht se dio a solicitud de cooperación internacional por parte del Ministerio Público del Perú y no puede sino canalizarse por cauces oficiales estrictamente establecidos que, por suerte todavía, no obedecen a las órdenes de la señora a la que nadie en este país eligió para nada en particular.

Pero más allá de los mensajes que doña Keiko graba en la sala de su casa para atarantar incautos, uno de los espectáculos más divertidos de los últimos tiempos es observar cómo el fujimorismo se esfuerza en maquillar, con lo que tenga a mano, los cada vez más visibles moretones en la cara de su lideresa. Desde Yesenia Ponce pidiendo perdón, al más puro estilo de los arrepentidos políticos del estalinismo, por haber revelado que Keiko le ordenó guardarse su propuesta para reactivar el proyecto Chinecas “para cuando fuesen gobierno”, hasta la escandalosa unanimidad de la prensa chinista desinformando sobre lo ocurrido en Curitiba, todo vale con tal de confundir a la opinión pública.

Y eso fue más evidente el viernes, cuando, al más puro estilo de la prensa chicha que su padre creó y usufructuó en los noventas, todos los kioskos de la ciudad aparecieron empapelados con seudo periódicos cuyos inmensos titulares gritaban “Keiko inocente” y “Limpia de polvo y paja”, una absoluta mentira, puesto que Marcelo Odebrecht -según todos los testigos confiables- había confirmado que aquello de “aumentar a Keiko para 500 y eu fazer visita” era eso: aumentar medio palo verde a la campaña de Fuerza Popular y hacerle una amable visita protocolar a su lideresa.

Mentir y tergiversar pegándola de indignados es ya una estrategia a la que el fujimorismo nos tiene acostumbrados, como cuando, hace unos meses, al conocerse la famosa anotación en las agendas de Odebrecht -que fue revelada, en primera instancia, por IDL Reporteros-, varios de sus voceros saltaron asegurando que era una mentira y hasta el indescriptible Héctor Becerril llegó a exigir a la Fiscalía que se rectifique. Poco después, se supo que las anotaciones eran auténticas. Pero el show ya estaba montado.

Y está tan montado que esta semana, justo un día antes de la toma de declaraciones a Odebrecht, Daniel Salaverry -el mismo miembro de la bankada chinista que llamó "criminales organizados" y "operadores del antifujimorismo" a los fiscales que investigan los milagrosos cócteles de campaña en los que se recaudaron miles de miles de dólares sin que nadie conozca a un solo asistente-, se mandó a hacer una denuncia constitucional contra el Fiscal de la Nación tan mal ensamblada que hasta don César Nakasaki, a quien nadie acusaría de antifujimorista, ha dicho que no se justifica de ningún modo, pues una acusación de ese tipo sólo cabe cuando existen delitos de función o infracciones constitucionales.

Lo que se viene no es difícil de adivinar: a cada nueva revelación de Lava Jato y sus generosos aportes a la campaña keikista, habrá más aluvionales mentiras en la nueva prensa chicha y más amenazantes denuncias para atarantar a periodistas, fiscales y jueces, justo como se hacía en los tiempos en que papi y el tío Vladimiro gobernaban al alimón.

Lo que se viene no es difícil de adivinar: a cada nueva revelación de Lava Jato y sus generosos aportes a la campaña keikista, habrá más aluvionales mentiras en la nueva prensa chicha.

16 de noviembre de 2017

AG y Keiko: Depredadores políticos

Claudia Cisneros

El animal más peligroso es el que se siente acorralado. El delincuente más peligroso, el que se siente rodeado. El político más peligroso, el que se sabe apunto de ser descubierto.

Keiko Fujimori está dispuesta a todo porque se juega todo lo que ha podido amasar en su vida a costa de otros. La situación de Alan García no es tan distinta. Pese a sus vergonzosas declaraciones y tuits haciendo malabares para relacionar a cualquier otra cosa las iniciales AG de la agenda de Marcelo Odebrecht, la verdad se va decantando y Marcelo Odebrecht ha confirmado que AG es Alan García. Esto sucedió en el último interrogatorio en Curitiba en el que la parte peruana estaba representada por el probo fiscal José Domingo Pérez (y no el cuestionable Juárez Atoche que había blindado hasta ahora a AG).

En este complejo ajedrez, Keiko tiene cierta capacidad de maniobra política porque tiene la mayoría en el Congreso, pero sus decisiones hasta ahora han sido tan burdamente atropelladoras del estado de derecho, la institucionalidad y la democracia, que muchos de quienes antes la defendían o daban el beneficio de la duda, hoy miran horrorizados cómo esta mujer destruye lo que queda de su capital político; al tiempo que dinamita la frágil gobernabilidad de este gobierno sumiso, sometido y débil, y la institucionalidad y estabilidad del país. Así, ha iniciado una persecución de amedrentamiento contra el fiscal de la Nación desde que el fiscal José Domingo Pérez asumió el liderazgo de la investigación. No es casualidad, Domingo Pérez tiene una trayectoria intachable y es reconocido por ser un fiscal a prueba de sobornos, extorsiones, amenazas o conveniencias. También intenta Keiko echarse abajo al Tribunal Constitucional, la más alta magistratura de la ley en el Perú. Y lo último, ha iniciado una amenaza directa al presidente Pedro Pablo Kuczynski, pretendiendo usar su mayoría congresal para pasar por encima de su inmunidad presidencial y llevarlo a la comisión congresal fujimorista Lava Jato.

Alan García se beneficiaría del descabezamiento del TC (por la espada de Damocles que tiene sobre el caso El Frontón), del golpe contra la fiscalía (porque el fiscal Domingo Pérez no se someterá como lo hizo Juárez Atoche en el caso Odebrecht), y por supuesto se beneficiaría si cae PPK porque con el control de los fueros judiciales en el Perú podrá salir como el único presidente que no fue coimeado por Odebrecht (al margen de que la mayoría de peruanos crea que es obvio que sí), y además cuenta con la fuerza de choque congresal del fujimorismo para que hagan todo el trabajo sucio, público y visible. Mientras él ríe en la sombra, en Madrid.

La estrategia fujimorista se ha centrado en atacar al diario El Comercio. Primero indirectamente cuando el argumento que usa para pedir que se vaya el fiscal de la Nación es que la fiscalía blinda a las empresas conectadas con Odebrecht (es decir, Graña y Montero vinculada a El Comercio). Y luego, ya directamente con la amenaza de demanda por difamación que Keiko ha anunciado el viernes en su acostumbrada modalidad de videito con guion repasado y sin acceso a preguntas incómodas de cierta prensa que no puede controlar. El Comercio se ha defendido en su último editorial diciendo que Graña y Montero tiene apenas 6 % del capital de la empresa y que en varias ediciones del diario han denunciado a Graña y Montero en relación a Odebrecht. El Comercio ha dicho también que se ratifica en lo dicho en su titular, que Keiko miente y que se unen a su pedido de que la fiscalía brasilera entregue las transcripciones. Por supuesto esa es una estrategia de Keiko para ganar tiempo e imagen, pues cualquiera sabe que la fiscalía del Brasil no comprometerá una confesión solo porque la señora lo pide.

Estamos en un momento sumamente peligroso para nuestra frágil democracia. No solo Keiko y García son responsables por dinamitarla accionando sus fuerzas más oscuras, pero quién mayor responsabilidad tiene del desastre que puede sobrevenir es Kuczynski y este gobierno, por dejarlos hacer, por no liderar, por no conjurar y por no ejercer gobierno sobre el caos, que es para lo que salió elegido; no para entregar la patria a los depredadores políticos por puro miedo, debilidad, complacencia o conveniencia personal. Ante esta situación, las fuerzas civiles debemos mantenernos alertas, ya que desde el Estado y desde la política ya nadie nos representa. Tocará, otra vez, representarnos a nosotros mismos en las calles y defender la patria de sus depredadores.

15 de noviembre de 2017

Corrupción y golpe

​​Sinesio López

El fujiaprismo está desplegando una serie de acciones desesperadas para impedir la investigación de corrupción de sus líderes. Las acusaciones constitucionales contra el Fiscal de la Nación y contra cuatro miembros del TC y la presión de la Comisión de Constitución del Congreso para obligar a PPK a declarar ante la Comisión del Lava Jato son movidas estratégicas que se encaminan a un golpe del Congreso fujimorista.

Todo indica que el Apra y el fujimorismo han perdido el tradicional control que ejercían sobre los fiscales. Hasta hace poco venía funcionando la capacidad de encubrimiento de algunos fiscales que arrastraban los pies cuando tenían que investigar a KF y a AG. De repente la situación ha cambiado para bien por razones que aún no sabemos con claridad. Es probable que el hostigamiento sostenido y las amenazas burdas contra el Fiscal de la Nación y contra otros fiscales encargados de investigarlos hayan sido un boomerang que ha producido efectos contrarios a los esperados. La acusación constitucional contra el Fiscal de la Nación ha generado, por ejemplo, una reacción más dura y firme del acusado y ha convocado la solidaridad del cuerpo de fiscales.

La Comisión del Lava Jato, organizada para acusar a los enemigos del fujiaprismo y para lavar la cara a sus líderes, tampoco ha logrado sus objetivos. Incapaz de producir datos propios sobre la corrupción, buscó a la mala apoyarse en datos prestados de la fiscalía que los obtenía, a su vez, de los organismos brasileños y norteamericanos de justicia y de la información financiera de Suiza. Los roces permanentes entre esa comisión y la fiscalía han terminado en un conflicto de poderes.

La designación de fiscales ad-hoc para investigar a los líderes del fujiaprismo, la acusación contra KF y AG de estar a la cabeza de organizaciones criminales, la decisión firme de interrogar a Odebrecht y de concederle facilidades a Barata para que diga toda la verdad sobre la corrupción en el Perú han sacado de sus casillas a la mayoría del Congreso que ha comenzado a disparar acusaciones constitucionales contra algunos organismos de control.

Todas estas movidas estratégicas desesperadas constituyen casi una confesión de culpa del fujiaprismo antes de saber lo que dirán realmente Odebrecht y Barata a los fiscales peruanos que investigan a KF y AG. ¿Tendrán algún efecto estas amenazas en los fiscales?, ¿se mantendrán decididos y firmes en la lucha contra la corrupción o arrugarán ante las amenazas del fujiaprismo? No lo sabemos. Es posible, sin embargo, que se mantengan firmes si reciben el respaldo decidido del Poder Judicial, de los ciudadanos, de la sociedad civil, de los medios, de las organizaciones políticas contrarias al fujiaprismo.

¿El fujiaprismo mantendrá todas estas amenazas contra los organismos de control? Mi hipótesis es que si las declaraciones de Odebrecht confirman la corrupción de sus líderes van a cumplir sus amenazas antes de acabar en la cárcel. Pienso, sin embargo, que no tendrá éxito un golpe parlamentario si hay la resistencia firme del gobierno, de los ciudadanos, los medios y de las organizaciones políticas antifujimoristas.