8 de agosto de 2018

La ley y la justicia

Nelson Manrique

La serie de audios grabados por el grupo Constelación, que testimonia hasta la náusea la corrupción imperante en el sistema de justicia, prueba la extensión del cáncer por todo el cuerpo social de la nación y la magnitud de los obstáculos que habrá que enfrentar si se pretende cambiar este estado de cosas.

Para construir un Poder Judicial justo, honesto y efectivo no basta con hacer ajustes en la estructura funcional del Estado: eliminar ciertos organismos y crear otros. Aquí no estamos simplemente ante malas estructuras institucionales sino frente a la existencia de una cultura de la corrupción, que esterilizará cualquier intento de mejora si no se cambia la cabeza de los encargados de administrar justicia.

Un rasgo fundamental de la cultura de la corrupción es una visión que separa radicalmente la ley de la justicia. Los magistrados entienden que están para aplicar la ley y que la justicia no es su problema. El juez César Hinostroza es un maestro en el manejo de la ley para burlar la justicia y por eso puede declararse inocente, a pesar de la cantidad de evidencias que se acumulan en su contra. Con sus acciones Hinostroza atropella permanentemente la justicia. Lo hace cuando trafica influencias, tanto dentro del poder judicial como en otras instancias del Estado, o con la prensa, los empresarios, etc., no solo para grandes asuntos sino para conseguir ventajas rupestres, como obtener pasajes para ver el Mundial en Rusia, o para que le entreguen a su hijita un smartphone de última generación, porque el suyo se ha malogrado. 

Lo hace igualmente cuando declara inocente a una traficante de personas que obligó a una niña de 14 años a prostituirse en los campamentos mineros sin ley de Madre de Dios, bebiendo alcohol con parroquianos durante 13 horas al día, y llega a la abyección cuando en su sentencia declara que, en tanto considera que este trabajo no agota las energías de la víctima, no procede condenar a la acusada ni siquiera por explotación laboral. 

Atropella igualmente la justicia cuando libera al violador de una niña de 13 años con un razonamiento jurídico que colisiona brutalmente con la ética: que en tanto la niña aparentaba tener más edad (afirmación que contradice el informe médico forense) podía presumirse que hubo consentimiento en la relación sexual. La justicia no importa nada; de lo que se trata es de poder construir un razonamiento jurídico, aunque sea dudosamente aceptable dentro de los límites de la ley, que permita declarar inocentes a delincuentes capaces de comprar una sentencia absolutoria.

El caso del fiscal Pedro Gonzalo Chávarry sigue el mismo patrón. Chávarry mintió reiteradamente al país, negando tener relaciones de amistad con César Hinostroza -lo negó categóricamente, diciendo que ni siquiera lo conocía-, así como negó su participación en la organización de una reunión con periodistas para conseguir que apoyaran sus pretensiones de ser elegido fiscal de la Nación. Cuando nuevas grabaciones probaron que mintió dijo que lo hizo para mantener el ministerio público “limpio y transparente” (sic), y que tal reunión no tuvo nada de malo, aunque se negó a dar los nombres de los 25 periodistas que afirma asistieron al ágape.

Chávarry e Hinostroza reconocen haber faltado a la ética pero niegan haber cometido delito alguno. En tanto puedan jugar dentro de los márgenes que les brinda la ley no interesa que no tengan una pizca ética y lo proclaman abiertamente: su función como ellos la entienden es jugar con la ley -lo que por supuesto lleva a aprovecharse de ella-. Por eso Chávarry puede aferrarse al cargo de fiscal de la Nación con uñas y dientes, y votar por sí mismo para, junto con los votos de dos fiscales que tienen sus propios audios, hacer la mayoría para mantenerse en el cargo, brindando la grotesca imagen de un mentiroso, puesto públicamente en evidencia, encarnando la justicia en el Perú.

Es posible que sin saberlo Pedro Gonzalo Chávarry nos esté haciendo un gran servicio al país. Todos los grandes escándalos de corrupción han sido destapados por la prensa y no por los órganos de control del sistema de justicia, que invariablemente aparecen pintados en la pared. Pero cada vez que un nuevo escándalo lleva a exigir cambios radicales los magistrados gritan por sus fueros y sostienen que el poder judicial debe autorreformarse. Chávarry e Hinostroza son la prueba viviente de que esto es imposible. 

En fin, que la justicia es demasiado importante para dejársela a los abogados.

7 de agosto de 2018

“Audios revelan que el país funciona como un club de compadritos”

Óscar Ugarteche   (Entrevista Rumi Cevallos)

Óscar Ugarteche, como muchos peruanos, muestra el hartazgo por la corrupción en las altas esferas del sistema judicial. Considera vital que el presidente Vizcarra mantenga el liderazgo que mostró durante su mensaje presidencial. Recientemente dio una conferencia magistral sobre la Guerra Comercial de Trump y su impacto en la integración y en la economía.

Llegaste al Perú justo cuando el presidente Vizcarra dio su mensaje a la nación en el Congreso. ¿Qué te pareció?

Sí llegué a escucharlo y me quedé maravillado. Me quedé encantado.

¿En tu opinión, qué fue lo más importante de su discurso?

Que asumió una posición de liderazgo.

¿Liderazgo que no veías en su gobierno?

Kuczynski no lo tenía y Vizcarra, cuando recién lo tomó, no lo tenía. La última vez que hemos tenido un poco de liderazgo acá, quizá haya sido en el gobierno de Alan García con las consecuencias que tuvo en el segundo gobierno. Después, Toledo, Humala y Kuczynski ni moco ni baba. Yo esperaba otra cosa de Kuczynski.

¿El pedido de referéndum para que los congresistas puedan o no reelegirse es atinado?

No solo es perfecto, sino que es una manera de limpiar el tablero.

¿El fujimorismo lo va a permitir, teniendo todo el poder en el Congreso?

Si el referéndum lo hace la calle y la calle dice sí, vamos a hacer la bicameralidad y no va a haber reelección, el fujimorismo no tiene nada que decir.

Seguro escuchaste con estupor los audios, que nos quitan la venda de los ojos, porque sentíamos que pasaba algo en el sistema de justicia, pero se evidencia la corrupción, que es tangible.

Sí, pues, corrupción. Recuerda que estuve dos años en la comisión que investigó los delitos económicos y financieros del fujimorismo, que lo dirigió Javier Diez Canseco, y la cantidad de cosas que escuchamos mostró que el Perú funciona como un club de compadritos. Así es, los audios revelan que el país funciona como un club de compadritos.

¿En todos los sectores?

Así es, como un club de compadritos en el Ejecutivo, en el sector privado, en financiero, en el exportador, en el agrícola, etc. Esto no es una economía moderna, es un club de compadritos.

Este "club de compadritos" ¿cómo funciona?

Funciona así: hoy por ti, mañana por mí. Estamos todos juntos en el mismo negocio. Dame una mano, hermanito, que yo te la voy a dar mañana. Es lo que se llama el Crony Capitalism (capitalismo de compadres). Es una identificación que hicieron en Asia. Tengo un amigo que lo acuñó y salió deportado de Malasia y ahora trabaja en Naciones Unidas. Vio cómo funcionaba en Malasia y dijo que no era capitalismo, que era un grupo de compadres que se ponen de acuerdo en precios, producción, sobre las leyes, sobre cómo se aplican las leyes, sobre aduanas, sobre todo. Esto es exactamente igual, que no es muy lejos del capitalismo dickensiano (de Charles Dickens) de principios del siglo XIX.

¿Qué hacer?

Hay que salir de esta etapa, que creo es parte de la desintegración y hay que salir de allí, pues. Y es que tenemos una nación inestable. Tuvimos Estado oligárquico, que fue tumbado. Cuando se comenzó a construir el Estado moderno, nos encontramos con esto (audios y corrupción). No comenzó ahora, empezó antes, y cada esfuerzo por modernizar el Estado se chocó con la realidad de que es más importante a quién conoces que la ley.

¿Tienes ejemplo de eso?

Para mí el ejemplo maravilloso es el presidente de un banco que nombra a los asesores principales del ministro de Economía desde el año 81. Cómo es posible que el presidente de un banco va a nombrar al asesor principal de un ministro.

Algo parecido a lo que Francisco Durand habla de las puertas giratorias.

Esas son las puertas giratorias que hay en todas partes. Pero esta es una puerta donde la información adelantada y el tráfico de influencias está más potenciado que en otro lado. Hay puertas giratorias en EEUU, entre el sector financiero y el Estado, pero acá, no solo es la puerta giratoria, el tipo está y mientras está no responde a lo que le manda el ministro de Economía sino a lo que le manda el presidente del banco, que es el que le paga finalmente el sueldo. Esa forma de hacer Estado moderno es imposible. Eso es cualquier cosa, no es Estado moderno.

Implica que hemos tenido una cultura empresarial bien afinada para sus bolsillos pero no hacia el interés público.

No solamente empresarial, también social.

Explícame...

La sociedad, toda, lo considera normal.

Es decir, está normalizado.

Sí. Por ejemplo, a mí me llama gente que conozco y me dice, tú podrías hacer que mi hijo entre a la UNAM. Pues le digo que no. No puedo, pero le puedo mandar toda la información. Y no puedo porque hay exámenes que se debe pasar. Pero en la cabeza está que si yo te llamo, tú me echas la mano ¿y por qué me echas la mano?, porque eres mi pata. Eso es como la reciprocidad de los Andes que estudiaba el "Diablo" Zamalloa, el antropólogo (César Zamalloa) que lo estudiaba hace 40 años.

La reciprocidad del mundo andino es natural a partir del trueque, a partir de esa entrega recíproca.

Eso es. Pero eso lo pones en el Estado y es natural. Entonces el juez llama a otro y dice tenemos que hablar de este compadre y sí, pues, claro, no te preocupes porque yo sí, pues...

¿Implicó acentuar un modelo que a la empresa privada, que a un sector del país, sí le ha dado muchos beneficios?

Claro. Y al narcotráfico. A las empresas, de todas maneras.

¿De qué modelo?

En cualquier modelo, este sistema de reciprocidad está instalado en la sociedad peruana. No importa el modelo económico. En el Perú tú pones cualquier modelo económico y la forma como la sociedad funciona es sobre el principio de la reciprocidad y esto es difícil de desinstalar.

¿Qué se debe hacer?

Tienes que extirparlo de la cultura, tienes que quitar el principio de reciprocidad. Si a tu pata lo hacen presidente de la Corte Suprema, tú no debes llamarlo para pedirle un favor. Tienes que enseñarle a la sociedad que no se trata de que todos seamos amigos. De lo que se trata es de que el Estado moderno funcione. Hay ley. Con que se cumpla la ley o se haga lo que se tiene que hacer, el Perú va para adelante.

¿Cuál es tu balance de la apertura comercial en el Perú?

No solo es apertura comercial, acá en el Perú y en todas partes es lo que el Departamento del Tesoro de EEUU mandó a hacer al Banco Mundial y al Fondo Monetario para justamente activar la economía norteamericana. Pero no solo eso, sino la activaron para que instalen los principios de Hayek (Friedrik Hayek, que habla de los principios de un orden social liberal) en el mundo. Se trata de un modelo político, no es un modelo económico.

¿Modelo geoestratégico?

Así es. Fíjate, los tratados de libre comercio de Estados Unidos son doce. De estos doce, un poco más de la mitad están en la costa del Pacífico y los otros están en la entrada del Estrecho de Ormuz, en Brunei (en el Golfo Pérsico), en la entrada al Océano Índico, en Singapur, en la entrada al mar de la China, en Corea del Sur, en Marruecos, en la entrada al Mediterráneo. El otro es Australia y Nueva Zelanda. Eso no es económico, eso es geoestratégico.

¿Y qué de las reformas impulsadas en el país?

Las reformas que cambian todo, le quitaron mucho al Estado durante el fujimorismo y eliminaron la Escuela Nacional de Administración Pública, el Sistema Nacional de Pensiones, todos los mecanismos redistributivos, todos los mecanismos de control, y claro, venden los activos del Estado, poniendo en peligro la integridad del Estado peruano.

¿Por qué en peligro?

Porque vendieron los aeropuertos y es una bestialidad. Para eso estaba Córpac y se podría volver a tener Córpac. Vendieron los puertos, otra bestialidad; el cabotaje y no tenemos ni un solo barco; el transporte aéreo, no tenemos aerolínea de bandera; y la navegación en la amazonía. Además, el petróleo, la distribución de la gasolina. En términos geopolíticos, el Perú entregó lo que lo integraba.

Es aporte del fujimorismo.

Ese es un aporte negativo. Todos los Estados son dueños de su materia prima fundamental, el Perú no. Se vendió todo y nos quedamos sin nada.

¿Y podrá revertirse?

Sí.

De qué depende?

De que el Estado peruano lo recompre.

Como hizo Bolivia.

Claro. Decir, a partir de mañana recompro esto, esto y esto y se acabó. Una vez que ha hecho eso, que haga las obras que tiene que hacer, que tampoco son muchas y que tampoco estamos hablando de grandes sumas. Entonces, le devuelves al Perú una sensación de que es un país con integridad.

Te van a decir estatista.

Sí. Que me digan.

Te van a decir comunista.

A mí me han dicho hasta maoista. Cuando propusimos con Víctor Delfín el Ministerio de Cultura, salió una campaña de que yo era maoista (risas).

Y esos procesos de privatización de los que hablas han implicado corrupción.

Así es, así es. Mucha corrupción. Y hay que revisar los resultados de la comisión investigadora de los delitos económicos y financieros de la época de Fujimori.

Más allá del color político, lo importante es la patria, es el país.

Así es. Es defender los intereses de todos.
 
“Presidente Vizcarra, muestre que tiene liderazgo”

¿Qué le dirías al presidente Vizcarra luego de lo dicho en el Congreso?

Le diría que siga, que continúe, que ese es el camino. Muestra que tienes liderazgo, muestra que tienes ideas, muestra que con el apoyo popular te puedes enfrentar a las mafias del poder.

Le dirías 'enfréntate'.

Le diría enfréntate a las mafias del poder, como ya lo ha hecho, y tienes el apoyo del pueblo. Y sí lo tiene. La nación peruana está detrás de Vizcarra, lo creo, absolutamente.

¿Y qué le dirías al ministro de Economía?

Qué le puedes decir a un ministro que administra una economía que crece. En el largo plazo, el problema es de cuándo vamos a empezar a tomar el conocimiento en serio, cuándo vamos a dar un impulso a la educación básica para ponerla por lo menos en el nivel que tiene Bolivia y cuándo le vamos a poner un sistema universitario público de calidad y serio para los estudiantes, con becas, para que puedan estudiar bien y tener estudiantes de calidad en universidades de alta calidad.

¿Estamos en ese camino?

Es insuficiente. El Perú tiene que producir profesionales que estén en el mercado internacional de trabajo y que estén en la frontera económica y eso se hace con inversión. Habíamos acordado en el Acuerdo Nacional que el gasto en educación tenía que ser 6% del PBI.

¿Qué hacer para eso?

Que pongan impuestos donde los tienen que poner en el 30% del PBI, que quiten las exoneraciones tributarias a las transnacionales y que cobren los impuestos que hay que cobrar.

Pero recurren al Poder Judicial para evitar pagar o alargar ese pago de los impuestos.

Así es, por ese principio del sí, hermanito, no te preocupes.

ÓSCAR UGARTECHE. Catedrático e investigador del Instituto de Investigación de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Es autor de varios libros, entre ellos, uno fundamental para entender la historia de la economía: La gran mutación. El capitalismo real del siglo XXI. 

6 de agosto de 2018

La normalización de la inmoralidad

Claudia Cisneros

Esta es una guerra de supervivencia y no debemos perderla porque perderíamos mucho. Todos. Como sociedad. Los magistrados corruptos implicados en los audios #Lavajuez han venido planteando desde un inicio, como estrategia, lo ético como descartable y lo legal como única medida de toda punición. Su consigna ha sido: no es ilegal, podrá ser antiético pero no es delito. Además de ser esto una verdad a medias pues existen códigos de conducta ética del funcionario público, en este intento por zafar cuerpo los pervertidos funcionarios impulsan peligrosamente una tentativa de normalización de la inmoralidad haciéndola pasar por amoralidad. 

La amoralidad implica que no se aplica la moral a una determinada situación porque no corresponde a esa esfera de control o crítica, o en el caso de una persona, implica que no tiene un sentido de la moral, de lo que es correcto o incorrecto, por tanto no la aplica como medida de control a sus acciones. Mientras que la inmoralidad implica que el sujeto conoce las costumbres morales y que a sabiendas de ellas las transgrede. En el caso de los magistrados de los audios, ellos reconocen que sus acciones son inmorales, antiéticas pero que al no entrar a la esfera de lo legal, no los hace sujetos de perder el puesto o de ser procesados por algún delito. Es decir, no se trata de gente que no diferencia entre el bien y el mal, sino que ha reducido – convenientemente para sus fechorías – el bien y el mal a lo que está escrito en la ley. En otras palabras, le otorgan a lo ético un exilio de lo legal y a lo legal un exilio de lo ético. Cuando las leyes tienen un sustento espiritual en lo moral. En lo moral como costumbres dinámicas y en lo moral como construcción cultural que regula la vida en sociedad, tanto como lo hacen las leyes. Proponer, como están haciendo ellos, que lo ético no los condena porque no es ilegal, es un salto temerario que solo responde a su desesperación por aferrarse al cargo de poder y favores que ostentan, y postergar lo inevitable, un proceso y la cárcel. Su desconexión con el fin último de su profesión –la gente a la que deben impartir justicia– es tan procaz que no parecen darse cuenta de que esa defensa de que lo antiético no los condena, los hunde más.

Ese intento de distorsión de la función integral de un alto magistrado cuyo deber primero y último es ser un guardián nacional de la justicia de los peruanos, evidencia que son gentes sin ningún sentimiento social, sin ápice de vocación real por la justicia, sino más bien mercenarios que se han acomodado en puestos de poder desde los cuales han usufructuado indolentemente, vergonzosamente, para sí mismos, sus familiares, convenidas y convenientes amistades y aliados de lo corrupto e inmoral. 

Un funcionario, en cualquiera de los niveles del ejercicio de impartición de justicia que se pone al margen de la ética es un funcionario que promueve y permite que la justicia se corrompa. Y esa es la otra falacia del argumento de los funcionarios de los audios, pretender que la conducta antiética no tiene consecuencias de orden legal. Quien está dispuesto a no comportarse de manera ética frente a la responsabilidad de impartir justicia, ha dejado el campo abierto a cualquier transgresión o distorsión de sus funciones. Como es preguntar si el violador de una niña de 11 años quiere absolución o reducción de la pena y luego salir a decir que solo era una pregunta. O preguntar por un contrato ficticio para beneficiar a un familiar aunque luego este contrato no se cumpla, y luego salir a decir que solo se estaban haciendo preguntas. O salir a decir que mintió para mantener la solidez de una institución, como ha dicho Chávarry, el Fiscal de la Nación que excusa para sí mismo el acto de mentir. Es ocioso explicar la incongruencia absoluta de su cargo y responsabilidades con las acciones de mentir reiteradamente y luego incluso justificar esas mentiras.

Chávarry va a tener que irse, pese al apoyo de otros mentirosos supremos que lo han ratificado (o justamente por eso), pese al blindaje que desde el Congreso le prodiga el fujiaprismo, igual de inmoral. Y nosotros, desde el periodismo, el activismo, la sociedad civil, no debemos cejar un segundo esta lucha contra el lenguaje distorsionador, la lógica pervertida de la ética como descartable, y el intento de normalización de la inmoralidad que los peores en el poder están pretendiendo.