26 de abril de 2017

Sobre Héroes y Memorias

Carlos Monge

El Congreso de la República ha declarado “Héroes de la Democracia” a los comandos Chavín de Huántar que rescataron a los rehenes del MRTA en la Embajada de Japón. El presidente Kuczynski los ha condecorado en ceremonia pública, con asistencia de Keiko Fujimori.

No creo que al APRA ni al fujimorismo le interesen los comandos Chavín de Huántar. García no hizo nada por ellos durante su gobierno y Keiko nunca buscó aclarar la desaparición del millón de dólares recolectado por el diario nipón Shankey Shimbum en manos de José Kamiya, hombre de confianza de su padre.

Soy de los que piensa que esta decisión más bien es parte de la afirmación de una narrativa o versión sobre la guerra interna de los 80-90, en la que los gobiernos de Alan García y Alberto Fujimori con las Fuerzas Armadas habrían salvado a la democracia conduciendo de manera impecable la contrainsurgencia.

Por eso ni siquiera mencionan en el homenaje el asesinato de al menos un emerretista detenido vivo por parte de los “gallinazos” del SIN infiltrados entre los comandos. Y PPK celebra también a exrehenes como el almirante Luis Giampietri -responsable directo de la matanza de presos en el Frontón a fines de los 80- y al excanciller Francisco Tudela -socio directo del fraudulento intento de reelección de Alberto Fujimori en el año 2000-.Y todas las derechas silencian la larga lista de casos de violación de derechos humanos por arte de las FFAA y FFP, documentados por la Comisión de la Verdad y la Reconciliación.

Silencian también la enorme contribución que dirigentes populares de izquierda hicieron a la derrota del terrorismo. Porque –junto con María Elena Moyano– hubo centenas de líderes sindicales, barriales y campesinos así como autoridades locales izquierdistas que perdieron la vida enfrentando a Sendero Luminoso a pecho descubierto.

En la historia oficial que ahora se nos quiere imponer, Fujimori, García y las Fuerzas Armadas y Policiales son los héroes que salvaron a la democracia. La verdadera historia es mucho más compleja. En ella –junto con soldados y policías heroicos y miserables que usaron el poder para abusar y robar en medio de la guerra- hay muchísimos héroes populares que murieron por la paz y la democracia sin otra arma que sus convicciones. Honor y gloria.

25 de abril de 2017

Periodismo y preparación

Claudia Cisneros

Durante la campaña presidencial 2011, trabajando en el noticiero matutino de Frecuencia Latina, sucedió algo que pocos comprendieron: abandoné el set al inicio de una entrevista que compartía con mi coconductor, sigilosamente, cuando la cámara no me ponchaba. Ya estando casi fuera, por mala suerte el director ponchó y se llegó a ver una partecita mía saliendo. Pese a la campaña de una difamadora exrea, era obvio que si yo hubiera querido hacer escándalo hubiera usado las cámaras en vivo. Pero no era el caso y las razones tenían más que ver con la responsabilidad de un periodista de prepararse para una entrevista y con un rechazo a malas prácticas de algunos periodistas de servir al patrón en vez de al público.

En un noticiero nacional en el que a diario se entrevista a muchas personas, los productores coordinan con los entrevistados al menos un día antes para que los conductores puedan prepararse. La decisión final la suele tener el director/a. Si trabaja en equipo y priorizando el periodismo, se decide en consenso. Pero esto pasa cada vez menos porque los medios masivos suelen manejar sus intereses a través de indicaciones a sus obedientes directores que subordinan lo periodístico a su estabilidad laboral.

Algunos pocos periodistas aún dan la lucha, pero cada vez son menos porque se les rotula de inmediato de conflictivos. Como consecuencia, muchas cosas se manejan al margen del interés público/periodístico y más por cumplir con poderes políticos o económicos.

Volviendo al 2011, estando en el set en vivo, por el auricular (mediante el cual el director se comunica con los conductores para indicar pausas, nota a presentar, microondas, etc.) nos informaron que acababa de llegar el candidato Kuczynski para una entrevista y que en cinco minutos subiría al set (en un piso distinto a la sala de control del director). El problema fue que hasta ese minuto nadie me había avisado de esa entrevista.

Para mí era una irresponsabilidad “regalar” una entrevista así, sin prepararla, a un candidato con controversias en su pasado político sobre las cuales ahondar. Claro que podría haber improvisado, pero me parecía poco profesional ofrecer algo así al público, además de despertarme suspicacia porque la directora una vez había proclamado entre nosotros su preferencia por ese candidato. Además, en el contexto político, PPK venía creciendo, era bien solicitado e imposible que se aparezca de pronto en un set. Yo objeté la entrevista sin recibir respuesta de la directora y como mi compañero optó por quedarse, y cuando sentaron al entrevistado mientras estábamos en un despacho en vivo, decidí bajar a hablar con ella. Sintomáticamente rehusó atenderme.

Cuento esto porque, a la luz de incidentes recientes, es cada vez más notoria la falta de preparación de algunos periodistas en temas puntuales, sea porque no son de su interés o porque no hicieron su tarea. Olvidan que participar de una plataforma desde la que se desarrollan informaciones para la ciudadanía conlleva la obligación de estar enterado o prepararse lo más puntillosamente posible en todo tema y poder hacer buenas preguntas y repreguntas y conocer previamente los argumentos del entrevistado y sus respuestas usuales para poder escarbar más y mejor. Y pese a tener hoy todo a mano en internet.

La mayor carga de trabajo de un entrevistador es el tiempo que toma prepararse en muchos y muy diversos temas y sus detalles (fechas, citas, montos, nombres, argumentos etc.). Al periodista no se le paga solo por sentarse esa hora o dos frente a cámaras o micros, sino por cómo se prepara las horas restantes de su día. Y hoy toca saber de muchos temas en los que, por ejemplo, la ciencia, la historia, la biología, la exploración espacial, tecnología, etc. están implicadas. Por eso es indispensable que el periodista que no es un erudito, lea más, se entere bien, se informe al detalle para llegar preparado a una entrevista. No hacerlo es una negligencia, un despropósito para con los ciudadanos y una banalización del periodismo, que es en primer lugar un servicio a la comunidad.

24 de abril de 2017

La historia no voltea sus páginas

Rosa María Palacios

La semana política empezó con una acusación falsa y una declaración golpista. Luis Galarreta, congresista y hoy vocero del fujimorismo, acusó a Fernando Zavala de ser un Montesinos. El insultó –porque lo es– fue rechazado por el Presidente del Consejo de Ministros, pero el objetivo se cumplió. Invadir la ciudad con mensajes de whatsapp que mezclan elementos ciertos (nombres de personas que tienen funciones oficiales, contrataciones de agencias de publicidad) con otros paranoides y absolutamente falsos. El fujimorismo, acusaba al gobierno de hacer lo que ellos han hecho por años. Tener un ejército de cuentas manejadas por unos cuantos insultadores anónimos, algunos de los cuales ya han sido puestos en evidencia durante la campaña. El gobierno no tiene un “troll center”. ¿El fujimorismo? Podemos revisar las cuentas de twitter de sus más conspicuos anónimos difamadores y podrá notarse la calidad de estos miserables.

Como si no fuera poco, esto no es lo más grave de lo dicho por Galarreta. El congresista sostiene que Keiko Fujimori no perdió las elecciones presidenciales. Esta es una manifiesta infracción a la Constitución, castigada con suspensión, destitución o inhabilitación, porque el congresista desconoce las resoluciones de un poder del Estado. El JNE proclamó ganador a Kuczynski le guste o no. El rechazo a esa resolución es una grave infracción a sus deberes de congresista. Pero, sabemos que no habrá castigo alguno. Sin embargo, no se trata solo de infringir la Constitución. La declaración es golpista porque adelanta el camino a la vacancia. Convencer al público que PPK es un “Presidente ilegítimo” –cosa que Fujimori cree– es necesario para obtener apoyo social y así sacar al Presidente Kuczuynski del poder.

Pasadas las lluvias y salvado Martín Vizcarra –como Moisés, de las aguas– el “Plan Vacancia” vuelve a su cauce. Así se entienden mejor las declaraciones de Galarreta. Los actos dicen más que cualquier teoría de la conspiración, así que basta con enumerarlos. Primero, censurar ministros. Lo lograron con Saavedra, hoy jefe planetario para educación del Banco Mundial (una cachetada en la cara a los que lo persiguieron) y casi lo hacen con Vizcarra. Continuarán, no lo duden. Segundo, derogar decretos legislativos. Todo lo que sea reconocer derechos a minorías, se va. Pero eso no es todo lo que van a derogar. Tercero, crear teorías falsas de asociación a hechos corruptos y desperdigarlas, como esta tontería de un “troll center”, para encontrar una incapacidad moral como excusa. Cuarto, atacar a la prensa, en especial a la prensa escrita, con un paquete de normas que hubiera ruborizado a los militares socialistas del velasquismo. ¿Son estos actos aislados y no responden a un plan? Eso no se lo cree nadie.

Frente a ese escenario, se utiliza el vigésimo aniversario del exitoso rescate de rehenes de la Embajada de Japón para montar una maniobra política. Como dijo alguien cuyas iniciales aparecen en las agendas de Marcelo Odebrecht, “en política no se puede ser ingenuo”. Los comandos de la operación Chavín de Huántar han sido usados (otra vez más) en un sacamanteca entre Keiko Fujimori y el Presidente. Por un lado, el fujimorismo sacó provecho al atribuirse hoy lo que se hizo hace 20 años y del otro, el oficialismo tendiendo su enésima rama de olivo, su puente de plata, su volteada de página. Todo es tan falso, tan convenido, que el supuesto reconocimiento a los comandos queda como un decorado de fondo para otros fines menos heroicos. Una pena, la verdad. No merecen esto.

En ambos lados hay cosas que anotar. En el fujimorismo, ¿el fin de la etapa “negacionista” de los noventas? ¿El intento público de conciliación de Keiko con Alberto, vía twitter, es un guiño a Kenji y a los albertistas? Puede ser. Más falso, no puede ser el gesto, pero es un hecho que Keiko Fujimori lo considera útil. Del lado del gobierno, una patinada más o, tal vez, ya han decidido que el rol de víctima perpetua de un fujimorismo, percibido como abusivo en su mayoría parlamentaria, los fortalece. Entonces, y solo así, puede entenderse la vocación de alfombra que muestra el Presidente.

¿Voltear la página? Eso puede hacerse en la esfera privada para obtener una tregua o un perdón definitivo. Pero la historia no voltea sus páginas. Puede reescribirlas pero jamás olvidarlas. La política hace historia día a día. Galarreta miente al decir “que ellos han volteado la página hace tiempo” porque lo que pide el Presidente suena bien, pero es un imposible histórico. Las páginas no se voltean a simple voluntad porque la historia no se construye negándola ni olvidándola.