16 de enero de 2016

Reivindicación del "insulto"

César Hildebrandt

¿Cómo llamar a un ladrón? ¿Cómo a un asesino? ¿Cómo a un ladrón que es asesino a la vez?

¿Cómo llamar a un sinvergüenza que se ha hecho rico estafando con títulos académicos que nada valen y a otro que ofrece lo que la necesidad electoral le dicta ofrecer y a otro que no puede explicar el origen de su prosperidad inmobiliaria?

¿Cómo llamar a la heredera de una banda armada que sigue teniendo, guardaditos y listos para usarse cuando venga el caso, a los mafiosos que faenaron junto a su padre en el saqueo del tesoro público? ¿Cómo llamar a una farsante que está obligada a deslindar de boca para afuera mientras conserva, intacta, la vena criminal y antidemocrática de la organización que el padre montó

Ensayemos algunas fórmulas, según el mandato del Jurado Nacional de Elecciones. Podríamos empezar con la palabra ladrón. ¿"Amador de lo no propio" estaría bien? Y al asesino, ¿con qué palabras eufemísticas llamarlo? 

Digamos, entonces, que García en los penales y Fujimori en La Cantuta "interrumpieron el destino de otros seres humanos". ¿Así estaría bien?

Y a la farsa desfachatada ¿podríamos definirla como "la relativización de la verdad"? ¿Y si dijéramos que el lobismo en política es "inexorable media-ción entre lo público y lo privado"? ¿Y si siguiéramos a Levitsky, ese gringo sin brújula, y dijéramos que el transfuguismo es pragmatismo? ¿Verdad, Anel? ¿Verdad, Marisol? ¿Verdad, Vladimiro? ¡Qué alivio que venga un norteamericano y los comprenda tanto! 

Quien esto firma, modestamente, odia los circunloquios. De modo que seguirá llamando ladrón a quien lo sea y asesino a quien lo merezca y sinvergüenza a quien tenga la hoja de vida que justifique ese adjetivo. Definir no es insultar. Emputecer el idioma no es oficio del periodismo sino de la política entendida como duración. 

http://www.hildebrandtensustrece.com/ Publicada en la revista Hildebrandt en sus Trece del 8 de Enero del 2015.

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