Carlos MongeEn el Perú se está consolidando una coalición de derecha golpista que prefiere la muerte de miles de personas más, a que el gobierno actual tenga éxito en contener la pandemia. Que, apuesta por el fracaso de la campaña de vacunación, para con eso descalificar a sus rivales electorales y ofrecerse como única alternativa.
Desde Willax –propiedad del Grupo Wong y promotor de la candidatura de Lopez Aliaga- se puso en duda la efectividad de la vacuna de Sinopharm que el gobierno viene aplicando. El mensaje era simple: el gobierno nos ha engañado, la vacuna no funciona, hay que parar la vacunación.
Se trató de una lectura malintencionada del informe, pues la efectividad de la vacuna no se mide por su capacidad de evitar el contagio, sino de evitar que el contagio cause enfermedad de gravedad y muerte. Una verdadera patraña, con consecuencias potencialmente muy graves.
El biólogo y candidato fujimorista Bustamante avaló la patraña en vivo, y el también candidato fujimorista Rospigliosi se sumó a la campaña de desinformación en los medios. El congresista fujimorista Tito pidió que se suspenda la vacunación. Lopez Aliaga afirmó que la vacuna de Sinopharm “no tiene certificación en ninguna parte del mundo”, cuando en verdad está certificada en 16 países del mundo, y reclamó la vacancia del Presidente Sagasti para colocar reemplazarlo por el Congresista de Acción Popular Otto Guibovich.
¿Por qué este afán por tirarse abajo la vacunación e incluso tirarse abajo al gobierno estando, las elecciones tan cerca?
Esta derecha golpista – acciopopulistas, fujimoristas, apristas, personajes corruptos, iglesias conservadoras – prefiere que mueran varios miles de personas más, a que el caviar e izquierdista de Sagasti tenga éxito en frenar la pandemia. Prefiere que la vacunación fracase a que la gente vea que otros sectores políticos pueden gobernar. No está segura de sus candidaturas, y prefiere patear el tablero antes que el país pueda escoger entre Yohny Lescano y Verónika Mendoza.
Hay que tener cuidado. Están desesperados. No creen en la democracia. Ya dieron un golpe antes. Están tratando nuevamente.

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