Mirbel EpiquiénSin duda el triunfo del profesor Pedro Castillo para la presidencia del Perú no puede ser visto como un simple triunfo entre la izquierda o la derecha o entre lo rural y lo urbano. El triunfo del profesor Castillo debe ser visto desde todos sus flancos para entender no solo el resultado final sino también los posibles escenarios que podrían venir en los siguientes meses o años. Lo he dividido en 4 dimensiones; lo político, lo simbólico, lo técnico y lo pragmático.
Lo político: esta dimensión obedece a todo lo que se ha escrito y se seguirá escribiendo en las siguientes semanas sobre el triunfo de las fuerzas de izquierda, progresistas y movimientos sociales sobre una poderosa maquinaria venida desde las elites políticas y económicas limeñas y en general del poder económico que no escatimó nada en desembolsar literalmente millones de soles para defender lo que estos definían como el modelo económico vigente. La lección aprendida en esta dimensión es que no basta solo con dinero para ganar elecciones, también tiene que existir mensajes poderosos de esperanza, no de miedo, el miedo es paralizante y poco creativo. Del otro lado siempre hubo esperanza y convicción, de allí ese porcentaje de un poco más del 40% que se mantuvo firme desde los resultados de la primera vuelta. La dimensión política sigue vigente y continuará fluyendo durante el periodo de gobierno del profesor Castillo, lo vemos ahora con los gestos post segunda vuelta; la señora Keiko Fujimori presentando nulidades, convocando marchas y dando discursos públicos que notoriamente tienen una estrategia más cercana a su futuro judicial que a la defensa de la democracia. Del otro lado una reacción más calmada, de respeto al proceso electoral y con mensajes de unidad. Esperemos ver cómo se siguen dando los acontecimientos en esa dimensión.
Lo simbólico: en esta dimensión hemos asistido a un evento sin precedentes, al menos en nuestra vida republicana. Un personaje desligado de las elites limeñas, económicas y sociales que han definido las reglas de juego de la política peruana ha logrado ganar la elección. Más aún, no solo es un personaje de fuera de ese sistema político sino también su origen social que se asemeja a millones de peruanos excluidos de ese sistema. Un Presidente que nació y vive en un pueblito alejado de las grandes ciudades, agricultor, maestro rural y con mucha historia de sacrificio personal es un símbolo potentísimo y muy peligroso para las elites dominantes. Esa peligrosidad se traduce en simbolismos de reivindicación, de igualdad de posibilidades. Pensemos en el imaginario de millones de niños y jóvenes que antes de este triunfo tuvieron que resignarse con aceptar lo que el sistema les ofrecía; mala educación, falta de oportunidades, exclusión de roles en la sociedad. Ahora saben que si se desean puede ser presidentes del Perú. Es algo que este triunfo también ha logrado pero no sabemos cuánto más podría durar, todo dependerá del mismo Profesor Castillo; o culmina como un “Pepe” Mujica regresando en su viejo Volkswagen a su casita de campo a continuar tranquilamente con su vida, o como Alejandro Toledo refugiado y con sentencias del poder judicial por casos de corrupción.
Lo técnico: Esta dimensión es una de las partes más débiles que tiene y tendrá el nuevo gobierno de Castillo. En gestión pública se denomina tecnocracia y se refiere a los especialistas de los diversos temas de gobierno que deberán asumir las responsabilidades de gestión para concretar las ideas o planes que tenga el Presidente de la República y su gabinete. Pero ¿por qué tendría que ser difícil si hay miles de técnicos en el Estado?, por el cambio de chip o de rumbo en las políticas públicas. Es decir, en los últimos 30 años de políticas neoclásicas o neoliberales en el país, los tecnócratas han cultivado un conjunto de lineamientos, métodos y visión sobre el desarrollo y el bienestar. En la burocracia estatal las normas y procedimientos se basan en una visión en la que el Estado es subsidiario y no actor principal del desarrollo. Las políticas sociales, tributarias, de mercado, etc, deberán dar un giro de timón, al menos es lo que se espera a partir de la visión que tiene la propuesta ganadora, y para ello es necesario técnicos que sepan cómo hacerlo. Claro que lejos de ser ingenuos esta dimensión está supeditada a las condiciones políticas que debería haber. Con un Congreso obstruccionista, gremios empresariales en contra de cualquier cambio del statu quo, una opinión pública dividida y la mirada siempre atenta de la Secretaria de Estado de los Estados Unidos para esta parte de Sudamérica, estas ideas de cambio de rumbo necesitarán de mucha estrategia y fineza política.
Lo pragmático. Esta dimensión está relacionada a lo técnico y lo político, pero se trata del día a día en la gestión del Estado. Este país altamente heterogéneo en geografía, en climas, en nacionalidades (etnias), en brechas sociales y económicas necesita de una alta capacidad de anticipación y de reacción, en otras palabras de operadores políticos y de recursos para tener una buena gestión de las urgencias y emergencias. El día a día es una fuente infinita de causas para promover situaciones de ataques al gobierno de turno. Si no hay fuertes alianzas con los gobiernos regionales y locales, si no hay plataformas sociales eficientes en la atención de las emergencias, si no hay recursos humanos y financieros disponibles para las acciones rápidas en todo el país, habrá muy pronto una corriente de decepción hacia el nuevo gobierno. De allí la importancia de no descuidar la gestión del corto plazo por concentrarse en los procesos de mediano o largo plazo como el caso de una asamblea constituyente.
Obviamente que estas ideas de cuatro dimensiones que expongo en este pequeño artículo se basan en mi propia interpretación de la situación actual, seguramente habrá opiniones distintas y es importante que lo haya, la democracia demanda tener diversidad de ideas y de tolerancia hacia el que piensa distinto, pero si esas ideas disfrazan sentimientos de clasismo, racismo, xenofobia o fascismo como se ha visto mucho en estas elecciones, no puede haber tolerancia alguna porque todas esas formas de división son actitudes contrarias a los principios democráticos. Allí sí será necesario señalar con el dedo y denunciar antes de callar por diplomacia o buena conducta.
Agradecemos a Mirbel Epiquién por compartir sus reflexiones con nuestras lectoras y lectores.

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