Pedro FranckeLos resultados económicos del primer semestre del cogobierno de Dina Boluarte y el Congreso son pésimos. El Producto Bruto Interno no solo ha disminuido su crecimiento sino que, en una situación que no pasaba desde la gran crisis financiera de 2008-2009, en los primeros meses del año se ha ido para abajo. Los pronósticos para el 2023 se van reduciendo cada vez más por parte de los distintos organismos internacionales y ya un magro 1 por ciento de crecimiento parece optimista, muy lejos del triunfalismo inicial de “los de mayor crecimiento de América Latina”. El empleo formal, que tras controlar la pandemia venía aumentando encima del 6 por ciento anual, apenas crece 2 por ciento, mientras los ingresos de los trabajadores formales son 6 por ciento menores que hace un año, una caída tremenda.
El déficit público, que tenía una tendencia a la baja desde el 2021, sube mes a mes y ya alcanzó la meta legal del año del 2,4 por ciento; las proyecciones de Macroconsult apuntan a que se rebasará ese tope establecido por ley. La razón esencial es que la recaudación tributaria se ha desplomado, cayendo 14 por ciento en términos reales (unos 11 mil millones de soles) en los primeros cinco meses del año. Son responsables las exoneraciones tributarias aprobadas por este Congreso y un fallo del Tribunal Constitucional fujicerronista perdonando deudas de grandes empresas por más de 12 mil millones de soles. A eso sumamos el rechazo a cualquier intento de reforma tributaria que combata evasión y capture sobreganancias mineras. Tras favorecer de esta manera a los grandes monopolios, el gasto no financiero del gobierno se ha reducido en términos reales en 4 por ciento (cifras BCR), afectando la salud y educación públicas, la demanda interna, la industria y toda la economía.
Incluso “El Comercio” ha tenido que reconocer que las cosas no van bien y que hay problemas serios. Recordemos que para la derecha y los grandes grupos monopólicos que mueven los hilos detrás de bambalinas, este cogobierno era la gran solución; después de todo, tenemos como presidente del Congreso a un seguidor de Hernando de Soto, la “luminaria económica liberal” del Perú. Tenían asegurado que el gobierno seguiría el guion neoliberal de antes, con favores a pedido de los capitales privados, sobreganancias mineras, derrames de petróleo no sancionados, reglas ambientales que permiten contaminación minera y contratos laborales temporales que aprueban despedir sin costo a quienes quieran promover cualquier reclamo. Según su credo, en esas condiciones una gran ola de capitales reactivaría la economía. Pero la inversión privada este año no aumenta sino que disminuye, en total contraste al año 2021 cuando logramos que esta se recuperara en 37 por ciento y llegara a su nivel real más alto nunca registrado. Una inversión en retroceso, como se sabe, no sólo frena el crecimiento este año sino también las posibilidades futuras de mayor producción.
¿Por qué?
¿Es un problema de malas condiciones internacionales? El dato básico del mercado mundial para el Perú es el precio del cobre, que ha estado alrededor de 4 dólares la libra, un precio muy bueno, 40% superior al que teníamos el 2019 antes de la pandemia. El oro también tiene cotizaciones bastante altas y no hemos tenido una reversión de los flujos de capitales internacionales hacia los países del sur. Es verdad que las noticias de la economía mundial vienen cargadas de incertidumbre, pero hasta este momento no han detenido su crecimiento ni la economía norteamericana (+2% el primer trimestre) ni la china (+4,5%). El contexto internacional ha sido favorable, aunque podría empeorar en un futuro próximo.
Los pésimos resultados tampoco se explican por las lluvias de principios de año, cuyos efectos negativos no alcanzan a explicar la magnitud de la caída del PBI, los salarios y la inversión privada. La industria no primaria, que no depende de procesar productos agrícolas o mineros, estaba produciendo 8 por ciento menos en abril (último dato) cuando ya no había problemas mayores por el clima, mientras la actividad en la construcción estaba siendo 5 por ciento menor.
Las razones de la caída de la inversión son otras. Los empresarios piensan que dentro de tres meses la demanda por sus productos va a estar peor que ahora, según la última encuesta mensual de expectativas que realiza el Banco Central de Reserva. Si piensan que habrá menos demanda futura. ¿para qué invertirían si no podrán vender esa producción adicional? Por eso mismo esa misma encuesta muestra que los empresarios piensan que dentro de tres meses estará peor la economía en general, su sector, su negocio, su empleo y sus inversiones. Ningún indicador de expectativas a tres meses está en terreno positivo. No hay que olvidar, por cierto, que reducir la demanda es justo lo que busca la política del BCR al elevar las tasas de interés de referencia, que pasaron de 0,25% a 7,75%. Como esto ha ido acompañado de una política fiscal que también frena la demanda, el efecto combinado sobre la inversión y el crecimiento ha sido fuertemente negativo.
En la coyuntura actual, sin embargo, la parálisis económica tiene como causa principal la inestabilidad política. No hay cuerdas separadas entre política y economía, y menos ahora. La inestabilidad política y la creciente ingobernabilidad espantan las inversiones y el turismo. Una vieja frase resalta que “no hay animal más cobarde que un millón de dólares”. Por ello, inversiones como Yanacocha Sulfuros, que ya estaban comprometidas, se echan para atrás a pesar de que el cobre tiene buenos precios. La barbarie sucedida con al menos 59 asesinados por las fuerzas del orden, seguida de un operativo de encubrimiento que busca impunidad, han llevado a la condena unánime de organismos de derechos humanos y de medios internacionales. Tenemos además una creciente concentración de poder en un Congreso carente de ética y una presidenta plagiadora. Agencias clasificadoras de riesgo, como Fitch Ratings o Moody’s, y servicios internacionales de análisis como el Economist Intelligence Unit saben que este gobierno carece de estabilidad y ese mensaje lo escuchan las transnacionales y monopolios.
Para el ideólogo de la derecha empresarial Fernando Cillóniz, antes presidente regional de Ica por el fujimorismo, el asunto es claro: “No es posible convivir –ellos y nosotros– en paz y prosperidad. Repito. En esta otra guerra son ellos o nosotros. Frente a esa disyuntiva estamos”, afirma luego de criticar al “humanismo hipócrita”. Y para que quede claro hasta dónde llega su apoyo al gobierno añade: “La guerra contra la corrupción e inoperancia del Estado la tenemos que luchar, pero en su momento. El momento es tan dramático que nos obliga a respaldar al Estado”. Lo que dice con franqueza es que apoya a Boluarte-Otárola y a este Congreso aunque estén robando y haciendo una pésima gestión. Su discurso representa a un sector oligárquico embarcado en una franca lucha de clases, en una guerra entre “ellos” y “nosotros”. Son los que financian Willax y “La Resistencia”, los que quisieran recuperar sus haciendas con siervos incluidos, los nostálgicos de Fujimori y Pinochet. Pero su añoranza de una dictadura sangrienta que dure una década ya no es posible en estos tiempos.
Sólo podemos recuperar la paz con más democracia y más igualdad, no a punta de balas y tanques. Evadir la urgencia de elecciones adelantadas sólo agravará la inestabilidad política y la crisis económica.
Fuente: Hildebrandt en sus trece, Ed 644 año 14, del 14/07/2023, p13
https://www.

No hay comentarios:
Publicar un comentario