15 de octubre de 2023

Doble moral

César Hildebrandt


“Cada hombre de Hamas es hombre muerto”, dice Benjamín Netanyahu.

“El sistema de salud pública no tratará a los malditos y despreciables terroristas de Hamas que sean capturados heridos”, dice Moshe Arbel, ministro de salud de Israel.

“Luchamos contra bestias”, dice el ministro de defensa Yoav Gallant.

“A los residentes de Gaza les digo: salgan de allí ahora, porque vamos a actuar en todas partes y con todas las fuerzas”, advierte el primer ministro de Israel.

Llueve fuego sobre Gaza. Es un diluvio de fósforo blanco, uno del que no habría sobrevivido Noé. Caen cientos de misiles en la noche y barrios enteros desaparecen, manzanas barridas por ataques aéreos que no enfrentan resistencia alguna, incendios en todas partes. Es la muerte cayendo sobre el encierro y la miseria. Parece el bombardeo nazi sobre Polonia en septiembre de 1939. Es la guerra relámpago de un programa de exterminio.

La imbecilidad criminal de Hamas le ha dado el pretexto perfecto a Israel. Occidente asistirá impasible a la desaparición de Gaza, a la masacre de su población y a la incorporación de la franja al pleno dominio israelí. Gaza se llenará de colonos que, como los de Cisjordania, borrarán, armas en mano y topadoras a pedido, lo que quede de resistencia. Israel volverá a crecer con un nuevo botín ensangrentado. No importa: son israelíes y el holocausto perpetrado por los nazis los ha hecho invencibles, arrogantes e impunes. No interesa: Estados Unidos, que ha matado a millones de civiles en sus guerras genocidas, ha decretado que apoya incondicionalmente los desmanes de Israel. Desde 1948 los palestinos no cuentan. Son una sobra demográfica, lo que queda de un mal reparto. Gaza está muriendo y más de dos millones y trescientas mil personas están sometidas a las bombas y al bloqueo inhumano impuesto por el gobierno de coalición de Netanyahu: sin agua, sin electricidad, sin alimentos, sin combustible y sin escape dado que Israel controla la frontera terrestre y el mar.

Mientras tanto, 300,000 soldados israelíes se preparan para entrar a Gaza. No quiero imaginar la magnitud de la matanza anunciada. El consuelo trágico es que la muerte también acaba con la desesperanza crónica.  

Hamas fue financiado originalmente por Israel. Convenía que Al Fatah, la entidad predominante en el gobierno palestino de Cisjordania, tuviera un rival de fuste. Ya sabemos qué pasa con quienes imitan al doctor Frankenstein.

Nada, sin embargo, justifica lo que hizo Hamas. No aludo a su ira, que es legítima y rancia, sino a sus métodos, que son tan perversos como los de su adversario. Matar niños desde un avión caza de fabricación estadounidense no es mejor que hacerlo con una metralleta. Es la misma ruindad, la misma herencia simia de nuestra condición.

Fuentes confiables insisten en señalar que la inteligencia egipcia le advirtió a Israel, tres días antes del ataque, que Hamas preparaba algo importante. El Mossad, como se ve, no hizo nada.

¿Será, como muchos sospechan, que a Israel le convenía que Hamas hiciera lo que hizo?

Quizá eso nunca se aclare, pero lo funestamente cierto es que Hamas ha unido al desfalleciente gobierno de Netanyahu, ha ampliado sus alianzas, ha puesto entre paréntesis el debate sobre las reformas autocráticas del sistema judicial, ha desatado una ola de patriotismo vengador y, sobre todo, ha abierto las puertas del infierno para los gazatíes. Israel ha sido autorizado por Washington y su corte de escribanos europeos a borrar del mapa a los palestinos de Gaza. Hay un genocidio en marcha y, a diferencia de lo de Ruanda, esta vez todos estamos enterados.

El holocausto judío fue el horror que siempre avergonzará a la humanidad. Nadie podía suponer que, años más tarde, el estado de Israel adoptaría la crueldad de sus verdugos en su trato con los palestinos.

Hace 75 años que Israel gana guerras y obtiene territorios. Pero parece que nada lo sacia, nada lo serena, nada le infunde la generosidad que debiera ser propia del vencedor. Empleó el terrorismo contra los británicos, expulsó de la peor manera a los palestinos desde 1948, se burló de la resolución de Naciones Unidas al no abandonar los territorios conquistados en 1967, incumplió sin rubor alguno sus promesas sucesivas de no continuar con los asentamientos ilegales y bombardeó Gaza, de modo indiscriminado, cada vez que se sintió amenazado. No sólo eso: violando normas básicas del derecho internacional, Israel resolvió de modo unilateral que Jerusalén sería su “capital irrenunciable”, añadiendo a su expansión conquistadora el vejamen religioso que tal decisión suponía.

Es horrible lo que hizo Hamas en estos días. Pero es espantoso lo que hizo Israel, con Ariel Sharon a la cabeza, en los campos de refugiados libaneses de Sabra y Chatila. Y es aún más atroz convertir a Gaza, con el aplauso del occidente decadente, en una escombrera funeraria.

Para la prensa, en general, las lamentables muertes israelíes demuestran el rasgo criminal de Hamas. Que los palestinos  paguen por ello: ese es el eslogan. Pero cuando Gaza desaparece en polvaredas de edificios disueltos por las bombas y los niños palestinos mueren con sus padres en la Gaza sin agua ni luz, eso es legítima defensa.

Mi asco por el llamado orden mundial no tiene límites. Mi rechazo a la hipocresía de la prensa controlada por el dinero me permite saber que todavía existo.

Fuente: Hildebrandt en sus trece, Ed 657 año 14, del 13/10/2023,

https://www.hildebrandtensustrece.com/

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