Isaac BigioEn la madrugada del sábado 7 de octubre, el “Movimiento de Resistencia Islámica” (Hamás) lanzó miles de misiles a Tel-Aviv y a varios puntos de Israel, mientras que cientos de sus milicianos rompieron el cerco que mantiene aislada a Gaza irrumpiendo sobre territorios hebreos vecinos.
En su ofensiva llegaron a ocupar transitoriamente toda la superficie del Israel colindante a dicha franja, más que duplicando el territorio de esta. Tomaron varios pueblos y granjas colectivas aledañas (como Kfar Aza, Be’eri, en donde se realizaba un concierto musical con gente venida de todo Israel, Yad Mordechai, Yated, Kissufim y Urim). Allí fueron muertos centenares y se tomaron decenas de rehenes. Las FF.AA. israelíes indican que Hamás ha decapitado a muchos, incluyendo bebés.
Importantes combates se dieron en tres ciudades que sobrepasan los 30 mil habitantes (Ofakim, Netivot y Sderot), en tanto que las fuerzas de Hamás quedaron a corta distancia de dos importantes urbes con más de 100 mil moradores (Beer Sheva y Ashkelón). Esta última ha recibido varias veces lluvias de misiles.
El ataque cogió completamente desprevenido a uno de los mejores servicios de inteligencia y vigilancia del planeta. Esto, pese a que se produjo en una fecha clave: al día siguiente en que hace 50 años Egipto y Siria sorprendieron militarmente a Israel, cuando allí se daba su principal festividad religiosa (Yom Kipur, día del perdón).
Hamás aprovechó que los sábados son el día de descanso de los judíos, quienes, para entonces, estaban en medio de fiestas sacras, lo que hizo que hubiera menos soldados. Quienes gobiernan Gaza hicieron algo que parecía imposible: atacar a un enemigo cientos de veces más poderoso, romper un multimillonario cerco militar y ocupar pueblos hebreos por primera vez en 75 años, algo que no se daba desde la guerra de 1947-48.
En los conflictos de 1948, 1967 y 1973 Israel se presentaba como un pequeño país que se enfrentaba a una coalición de naciones árabes más grandes en territorio y población, como un David contra Goliat. Sin embargo, esta vez ocurre lo inverso.
La franja de Gaza tiene apenas 41 km de largo y 6 a 12 de ancho, con un área de 365 km². Allí vive poco menos de 2,4 millones de palestinos, la mayoría de ellos obligados a salir de sus tierras ancestrales luego de que Israel conquistara estas en 1948.
Según datos del 2009 (antes de muchas otras guerras y bloqueos), su ingreso anual por habitante era de US$ 3,100 (puesto 164 en el mundo) y el 70% de su población vive por debajo de la línea de la pobreza. Al menos el 40% de su mano de obra está desempleada. Dicha franja se encuentra empotrada en Israel, quien controla el acceso a esta, la vigila e impide el ingreso de armas y el entrenamiento de tropas.
En cambio, Israel se acerca a los 10 millones de residentes, tiene un ingreso anual por habitante de US$ 58,270, algo que es casi 19 veces mayor al de Gaza y que lo coloca en el puesto 12 a nivel mundial. Israel, que llegó a ser, hasta antes de la guerra de Ucrania, el país que más ayuda militar recibía de EE.UU., es también la única potencia nuclear de la región (la nación con más bombas atómicas por habitante en el globo), y tiene una de las FF.AA. y servicios secretos más sofisticados que hay.
Gaza carece de tanques y de fuerza aérea o naval. Según Hamás, este tiene 40 mil combatientes varones (pues las mujeres no son aceptadas para tales puestos). De estos, solo 2 mil fueron empleados para atacar a Israel. En contraposición, Israel bordea los 170 mil efectivos permanentes y una reserva de 465 mil hombres y mujeres. Pese a su poca población y superficie, Israel ocupa el puesto 15 dentro de las naciones que tienen el mayor presupuesto militar, que equivale a US$ 24 mil millones anuales, más que el producto anual de todos los territorios palestinos de Gaza y Cisjordania (US$ 18 mil millones).
Washington, Londres, París, Berlín y Occidente apoyan a Israel, mientras que los únicos que alientan a Hamás son Irán y sus socios regionales (como Ansarolá del Yemen y Hezbolá de Irak, que amenazan a EE.UU. con atacar a sus bases si se involucran en la guerra, y Hezbolá, del Líbano, que ha empezado a bombardear el norte de Israel). Hamás solo cuenta con el sostén de la Yihad Islámica y otras facciones palestinas armadas menores, pero no de Al Fatah y la OLP que manejan la Autoridad Palestina asentada en Cisjordania.
Rusia y China llaman a la paz. Turquía pide a Israel no arrasar Gaza y Jordania demanda crear ya un Estado palestino. Las acciones de Hamás han detenido los intentos sauditas de reconocer a Israel, lo cual es un fuerte choque contra Tel-Aviv, pues este es el más rico y poderoso reino musulmán que hay.
Israel se encuentra en una situación militar superior a la de todas las guerras internacionales que ha librado.
En este contexto tan desigual surge la interrogante si es que Hamás no ha producido un ataque suicida que podría conducir a su exterminio total, tal y cual lo plantean muchos halcones sionistas.
Hamás sostiene que ha buscado detener las constantes demoliciones de casas palestinas, expulsión de árabes de sus tierras y provocaciones contra sus mezquitas (especialmente, la de Al Aqsa). Además, quiere demostrar que Israel no es invencible, posición que ya anteriormente viene reclamando el Hezbolá, que se jacta de haber expulsado a Israel dos veces del Líbano
Con medios rudimentarios (como parapentes, tractores, motos y misiles caseros), Hamás ha demolido una de las barreras militares más costosas y vigiladas del planeta. En solo los primeros cinco días de esta nueva guerra ya han muerto más de 1,200 israelíes, la mitad de los que fallecieron durante la guerra de Yom Kipur que duró 19 días (6-25 octubre de 1973). Mientras varios medios hebreos reconocen esa inicial victoria de Hamás, la cuestión radica en qué hacer al respecto.
Hamás no puede expandirse hacia Israel. Se prepara para emboscar a soldados en caso de que ellos entren a su territorio, pero quiere evitar ello jugando con los rehenes (varios son altos oficiales). El editorial de “Ha’Aretz”, el principal diario hebreo, propone que urge un intercambio de prisioneros (incluso entregando presos sentenciados por terrorismo) por rehenes y evitar que Hamás cumpla con su promesa de matar un rehén por cada ataque contra Gaza.
Por el contrario, el Gobierno de Benjamín Netanyahu quiere aprovechar esta crisis para arrasar o despoblar Gaza. Su ministro de defensa, Yoav Gallant, llama a los habitantes de dicha franja a huir a Egipto (con lo cual quiere deshabitarla para en un futuro repoblarla con colonos), ha descrito a los habitantes de Gaza como “bestias humanas” y demanda un asedio total con corte de agua, luz, gas y alimentos. Esto ha sido caracterizado por el presidente colombiano Gustavo Petro como una práctica que recuerda la manera en que los nazis trataron a los judíos.
El avance de numerosas colonias sionistas y la emergencia del Gobierno más ultraderechista y xenofóbico que haya tenido Israel y la polarización con Hamás, que demanda una Palestina islámica que eche a muchos hebreos al mar, ha hecho naufragar cualquier posibilidad de una nueva partición de Tierra Santa. La única salida posible a largo plazo es un acuerdo como el de Irlanda del Norte, donde todas las etnias compartan el Gobierno, o una república unida e incluyente de todas las sangres y cultos, como son los Estados americanos.
P.D.: Expreso mi dolor por los civiles y niños muertos en esta guerra y mis sentimientos para la comunidad judía del Perú y del Colegio León Pinelo por el médico Daniel Levi, asesinado por Hamás al atender pacientes.
Fuente: Hildebrandt en sus trece, Ed 657 año 14, del 13/10/2023
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