Ronald GamarraAunque el Gobierno a través del Ministerio de Salud lo niegue, la verdad es que estamos pasando una nueva ola de covid. Si bien resulta muy inferior y mucho menos letal que las anteriores, no es cosa que se deba dejar sin prestar la debida atención porque finalmente desemboca en muertes que podrían evitarse. Decesos que afectan primordialmente al sector de adultos mayores, personas con comorbilidades y también niños. Precisamente, la presencia de casos de muerte infantil por covid en este mes de enero ha hecho sonar las alarmas de los especialistas que siguen seriamente la evolución de la enfermedad en nuestro país.
Esta ola relativamente pequeña no ha dejado de poner al descubierto que las capacidades de atención del Ministerio de Salud van de mal en peor. La lógica debería permitirnos suponer que, después de las terribles ondas anteriores, en las cuales el MINSA fue abrumado por la magnitud de la pandemia y sus propias deficiencias históricas, el sector público ya debería haber desarrollado las competencias necesarias como para enfrentar con solvencia esta ola menor. Sin embargo, no es así. Las falencias se mantienen y adquieren contornos aún más preocupantes, empezando por la plana mayor.
En primer lugar, la alta dirección del MINSA estaba absolutamente distraída en cualquier otra cosa, estaba literalmente en la luna, cuando empezó y ya estaba muy avanzada la más reciente ola. Vaya uno a saber en qué intrigas políticas o administrativas andaban ocupados los señores como integrantes de un gobierno que se muestra especialmente incompetente para enfrentar los problemas cotidianos y concretos de la población. Muy probablemente estaban imbuidos de la idea vulgar de que el covid ya es cosa del pasado, que se puede olvidar. Criterio que no comparten en absoluto quienes monitorean el problema con seriedad y saben que no cabe descuidarse.
Los datos muestran que esta reciente ola empezó a manifestarse desde noviembre, cuando se registra un notorio y sostenido aumento de contagios con respecto a los meses anteriores, los cuales escalan exponencialmente en diciembre. Pese a ello, el MINSA solo se dio por enterado a fines de diciembre, cuando la prensa empezó a informar sobre el patente incremento de casos en diversas regiones. Según las autoridades, solo se registraba cierta alza de casos en Piura, cuando ya era real que en Lima el virus volvía a circular a sus anchas, favorecido por las reuniones de fin de año que comienzan a celebrarse en hogares y centros de trabajo.
El MINSA no mostró en estas circunstancias ni rastros de la pomposamente llamada “inteligencia sanitaria”, es decir, la capacidad de monitorear la evolución de la enfermedad y, de acuerdo a los datos que se van reuniendo, adelantarse a los escenarios posibles para enfrentarlos con éxito. Más aun, la alta dirección no dio ninguna señal de advertencia a la población sobre lo que estaba ocurriendo, ni exhortó a tomar y redoblar las medidas de seguridad y prevención para evitar el contagio y proteger a la población vulnerable, llegando al extremo de asegurar que la gente podía celebrar las fiestas de fin de año sin ninguna precaución especial, salvo el uso opcional de la mascarilla.
Este descuido culpable cobró en enero su funesto resultado. Solo en los primeros 20 días de enero de 2024, según datos oficiales, 98 personas perdieron la vida por covid. El número real, como siempre, se conocerá más adelante. Y la ola prosigue su desarrollo. Los especialistas advierten que el número de decesos podría continuar en el mismo nivel durante este mes de febrero. En todo caso, esta onda reciente todavía tomará varias semanas antes de entrar a la curva descendente. Y respecto a todo esto, ¿alguien ha visto o escuchado alguna campaña del MINSA de alerta y prevención a la población? Nada, el reino de la indolencia más absoluta.
Esto tiene tiempo en relación con el covid. Ahora nos dicen que los porcentajes de vacunación de la población general se quedaron mayoritariamente en la tercera dosis. Mucha gente no tiene vacunas que la protejan contra las variedades posteriores: ni la cuarta dosis ni la llamada vacuna bivalente. El 55% de los niños no tiene ni siquiera una sola vacuna. Más de la mitad de los adultos mayores carecen de la vacuna bivalente. Y la nueva vacuna monovalente recién llega al Perú terminando enero, cuando en Chile se administra desde noviembre. ¿En qué instante se perdió el impulso a la vacunación que en algún momento existió?
Sin duda, fue en el gobierno de Pedro Castillo, con los nefastos ministros puestos por Cerrón y Perú Libre. Pero el actual gobierno de Dina Boluarte sigue en lo mismo. Uno imagina que la vacunación masiva contra el covid hubiese podido y debido servir de palanca para fortalecer al máximo el sistema nacional de vacunación contra todas las enfermedades que dispongan de una vacuna, y fortalecer muy especialmente la descuidada vacunación infantil, pero no es así. La anarquía y el descuido en la vacunación contra el covid solo refleja el desorden y el caos en la vacunación de la población y de la niñez en particular.
Otro aspecto preocupante concierne a la nueva vacuna monovalente, que es el estándar actual para toda la población en los países con un sistema de salud bien constituido. En nuestro país han decidido otra cosa, que la monovalente solo se aplica a la población vulnerable y a los niños; para el resto basta con la bivalente, que ya es historia en otros países con ministros de salud serios y eficientes, que lamentablemente no es nuestro caso. En suma, se mezquinan los recursos a la atención de la salud de la población, mientras se derrochan malamente en otros sectores, como el Congreso, que ha triplicado su presupuesto en varios cientos de millones en solo dos años.
Lo más ridículo es que el MINSA anuncia, como gran logro, que dispone de 1’800,000 vacunas monovalentes que acaban de llegar, de las cuales 800 mil serán para adultos mayores y otras personas vulnerables, y 500 mil para niños. Aquí hay un evidente desfase de la realidad. Los adultos mayores son más de 4 millones, sin contar a las demás personas vulnerables. Los niños menores de 11 años son 7 millones, y los menores de 5 años, no menos de 3 millones. Las vacunas que ha comprado el Gobierno son insuficientes. Apenas cubren el 10% de la demanda. Y no se han dignado comunicar si llegarán más y cuándo.
Esto solo es un aspecto del desastre de este Gobierno en el sector salud, que va mucho más allá del covid y tiene aspectos más graves y desesperados sin atención alguna. Pero la reciente ola de covid, comparativamente pequeña, demuestra que este ramo no ha mejorado después de la traumática experiencia de los últimos años. Por el contrario, está peor. Esa es la triste realidad. Lo dicho para el caso del MINSA vale plenamente para la seguridad social administrada por Essalud. Y en general vale para evaluar toda la política de salud del gobierno, o más bien desgobierno, de Dina Boluarte.
¿Ahora el MINSA está preparado para enfrentar el dengue? Con el calor que hace, el dengue ya debe estar ardiendo. ¿O vamos a ser testigos de una gestión del dengue tan desastrosa como la del verano pasado?
Fuente: Hildebrandt en sus trece, Ed 671 año 14, del 02/02/2024
https://www.hildebrandtensustrece.com/

No hay comentarios:
Publicar un comentario