12 de diciembre de 2025

Burdel


César Hildebrandt

"Si la vida eterna existiera, todos los fascistas difuntos podrían despertar en estos días y ser felices"

No es que el Perú parezca un burdel: es que el mundo es hoy un burdel gigante. Pablo Macera se quedó corto.

El truhan que llegó a la Casa Blanca se apodera de un petrolero y dice que se quedará con el barco y con el crudo que transportaba. Dice que Maduro tiene los días contados, que Petro puede ser el próximo y que la Unión Europea está en decadencia porque no imita del todo su política antimigratoria. Pero el truhan no se queda en eso: llama estúpida a una periodista que le hace una pregunta incómoda, cerdita a otra que insiste en un tema y portadora de falsedades a una tercera que se atreve a mencionar una contradicción entre sus palabras y las declaraciones de Peter Hegseth, el secretario de guerra.

Las derechas nacionalistas producen discursos que proponen un orden policiaco y la mesura se ve como un crimen de cobardes. Por eso hay quienes, desde el poder, están felices con lo que Netanyahu y el sionismo en banda han hecho en Gaza. Se masacra en nombre del derecho internacional, se mata a miles de niños como política preventiva, se cosifica a las víctimas para despojarse de toda culpa. Y de todo ello se alegran los Milei de esta América hundida en las tinieblas y los alemanes, siempre propensos a desatar o autorizar holocaustos.

No es la doctrina Monroe, que ahuyentaba a los europeos de cualquier cruzada restauradora, ni el corolario Roosevelt, que fue la versión chusca de la tesis de 1823: es el garrote de la caverna ancestral. No es el imperialismo de la United Fruit: es Corleone viendo qué puede robar. No es la compra de Panamá para hacer un canal: es la gula de la zafiedad. No es la geopolítica de una gran potencia: es el saqueo de Camagüey por el pirata Henry Morgan, que Inglaterra nombró caballero en 1674. No son tiempos recios: es como si los neandertales estuviesen vengándose.

Si la vida eterna existiera, todos los fascistas difuntos podrían despertar en estos días y ser felices. La barbarie digital les sería fascinante: miles de millones hipnotizados por sus celulares mientras la riqueza se concentra, la pobreza se considera voluntaria, los derechos sindicales hibernan, el medio ambiente se degrada. Ya no sería necesaria la mano dura: las multitudes balarían y votarían libremente por los lobos.

En el Perú hemos inventado una democracia proliferante. Tenemos decenas de candidatos a la presidencia. ¿Vienen de partidos? Muy pocos. Los demás proceden del emprendedurismo narcisista, de la aventura financiera, del embrutecimiento cada vez más audaz. En un país donde alguien que limita con la idiotez por el norte y con la indecencia por el sur se ha hecho millonario fundando universidades, no es extraño que de los matorrales a la vera de las trochas carrozables salgan mendigos de fama a ver si algo les liga. Mendigos y forajidos en busca de impunidad. Mendigos y forajidos que fueron surgiendo cuando la inteligencia huyó de la política, cuando el fujimorismo hizo norma el crimen y cuando los partidos históricos, viudos de sí mismos, dejaron las ideas y adoptaron los lemas.

Tenemos muchos candidatos porque no tenemos líderes. Tenemos decenas de partidos nominales porque no tenemos instituciones políticas. Esta abundancia no es prosperidad doctrinaria ni pluralismo. Es cáncer.

Fuente: Hildebrandt en sus trece, Ed 762 año 16, del 12/12/2025

https://www.hildebrandtensustrece.com/

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