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16 de noviembre de 2021

Termina la COP26. Los países ricos traicionan a los más vulnerables

Eduardo Robaina

Estados Unidos y la Unión Europea han impedido crear un fondo para que los países con menos recursos afronten la crisis climática. En el último momento, India -con el apoyo de China- consigue suavizar la mención a acabar con el carbón y las subvenciones a los combustibles fósiles.

Se acabó la COP26. La gran cumbre del clima mundial celebrada en Glasgow (Escocia) ha llegado a su fin tras 13 días de negociaciones. El acuerdo, que no maravilla ni siquiera al presidente de la cumbre, Alok Sharma -lo ha calificado de «imperfecto»-, insiste por enésima vez en la necesidad de acelerar la acción climática, con mención por primera vez a los combustibles fósiles a pesar de los intentos de varias naciones de eliminar cualquier referencia del texto final. Quienes más salen perdiendo son los países vulnerables y con menos recursos, que reclamaban más apoyo financiero y ayuda directa para hacer frente a una crisis climática que es presente.

La cumbre que estaba llamada a ser la definitiva y la que marcase el camino para afrontar una década crítica no ha conseguido cerrar un acuerdo a la altura del reto al que se enfrenta la humanidad. En un mundo ideal, los casi 200 países que conforman el Acuerdo de París habrían sellado un pacto donde se recogiese, con todo lujo de detalles y sin escatimar en recursos, lo indispensable para mitigar y adaptarse a los efectos del cambio climático desde ya, así como los pasos que se deben seguir para afrontar los daños y pérdidas de las naciones que menos recursos tienen (y que menos han contribuido a la crisis climática). Sin embargo, esta utopía no se ha logrado ni en las últimas 25 cumbres del clima ni en esta que termina.

Con el paso del tiempo, lo más probable es que esta COP sea recordada por ser aquella que se aplazó un año por culpa de una pandemia. Podría haber sido un París 2.0., con compromisos renovados y acordes a los últimos hallazgos científicos, pero una vez más la reticencia de muchos países a dejar atrás un sistema que se derrumba a cámara lenta no lo ha hecho posible.

Costó… pero llegó

Aunque el acuerdo definitivo está lejos de lo esperado, no quiere decir que no haya costado sacarlo adelante. La cumbre debería haber acabado este viernes a las 18:00 hora local, pero fue imposible por las enormes diferencias entre las partes negociadores.

El sábado había comenzado con un nuevo borrador -el tercero– del llamado texto de decisión. En líneas generales, mantenía lo expuesto en versiones anteriores, lo que ya era todo un avance. Aun así, seguía sin haber ni rastro del artículo 6, uno de los grandes puntos que deberían haber quedado cerrados en esta cumbre. Finalmente, sí ha habido acuerdo para este epígrafe del Acuerdo de París que regula, entre otras cosas, los mercados de carbono (y que aquí explicamos).

A lo largo del sábado, las negociaciones avanzaron más de lo esperado y se vislumbraba un acuerdo inminente. Todo ello, mientras se producía un plenario de balance que se fue retrasando hora tras hora. Finalmente, Alok Sharma se aventuró a anunciar que la sesión final y el acuerdo definitivo se producirían en la tarde noche de este sábado. Y así ha sido, aunque con muchas reticencias.

Mención suavizada sobre el fin de los combustibles fósiles

El plenario de cierre comenzó sobre las 19:30 (hora de Reino Unido). Pronto tomaron la palabra varios países. Uno de los primeros fue India, en cuya intervención pidió modificar el texto que hacía referencia a los combustibles fósiles. Instó -con el apoyo de China- a la presidencia a que se cambiara la expresión «phase out» por «phase down«, es decir, se pasó de «eliminar gradualmente» a «reducir gradualmente» el uso del energía del carbón no mejorado [el llamado unabated coal, no tratado previamente para contaminar menos o no capturado y almacenado por procedimientos tecnológicos] y de «las subvenciones ineficientes a los combustibles fósiles», a la par que se reconoce «la necesidad de apoyo para una transición justa». No se hace mención alguna a poner fin al gas y el petróleo, los otros combustibles fósiles responsables del calentamiento de la atmósfera.

El argumento de ambas naciones se basa en el y tú más. Se ven con el derecho de seguir usando algunos años más estos combustibles con el fin de prosperar, al igual que han hecho durante décadas otros países.

A pesar de que muchos Estados y la Unión Europea mostraron su malestar por este cambio, se ha aceptado con el propósito de que no cayera todo el acuerdo. Alok Sharma, visiblemente emocionado, se quiso disculpar ante el resto de delegados, que le aplaudían: «Comprendo la profunda decepción, pero es vital que protejamos este paquete». A fin de cuentas, se logró mantener aun con las presiones de Rusia, Australia y Arabia Saudí, y se ve como un avance incluir por primera vez en la historia de las cumbres climáticas tal referencia, aunque haya sido con un lenguaje que dista mucho de lo inicialmente propuesto.

El texto de decisión final ha sido bautizado como Pacto Climático de Glasgow. En él, se pide a los países a que actualicen para finales de 2022 sus contribuciones determinadas a nivel nacional (NDC por sus siglas en inglés), es decir, sus planes para reducir las emisiones. Hasta ahora, lo que fija el Acuerdo de París es una actualización cada cinco años (acaba de ser la última y la siguiente será en 2025), pero con este llamado la presidencia quiere acelerar el proceso en vista de la urgencia. Para 2024, además, todos las naciones que han suscrito el Acuerdo de París deben informar con un plan detallado sobre sus emisiones en base a criterios comunes.

Todo ello con vistas a que siga vivo el objetivo de mantener la temperatura por debajo de 1,5 grados de calentamiento para 2100. El propio acuerdo reconoce que limitar el calentamiento global al grado y medio «requiere reducciones rápidas, profundas y sostenidas de las emisiones globales de gases de efecto invernadero», incluyendo «la reducción de las emisiones globales de dióxido de carbono en un 45% para 2030 en relación con el nivel de 2010 y a cero neto a mediados de siglo, así como reducciones profundas de otros gases de efecto invernadero».

Una meta muy ambiciosa que cada vez se antoja más complicada. Los termómetros ya han subido 1,2 ºC desde la época preindustrial, y los recientes análisis coinciden en que el planeta se dirige a un calentamiento de entre 2,4 y 2,7 ºC para finales de esta década con los compromisos actuales. Además, hay que tener en cuenta que todos estos compromisos es que no son vinculantes.

Actualmente, los planes climáticos solo reducirían un 7,5% las emisiones previstas para 2030. El año pasado, fruto de la pandemia, las emisiones descendieron un 5,4%, un espejismo que ha durado poco: para 2021 se prevé que suban un 4,9%, volviendo a la normalidad de siempre. «Mientras se sigan posponiendo las decisiones importantes, el mensaje es desalentador. Desde los autores del IPCC sacamos una declaración pidiendo la importancia de limitar en 1,5 ºC y la urgencia. Las pruebas están ahí y el mensaje es claro y contundente», avisa Inés Camilloni, autora del IPCC.

Ni rastro de la financiación a los más vulnerables

Las Estados más vulnerables se niegan a calificar este acuerdo como un éxito. Y tienen un motivo de peso: los países ricos, con Estados Unidos y la Unión Europea a la cabeza, han impedido destinar ayudas económicas para hacer frente a los destrozos causados por la crisis climática. No habrá, por ahora, una financiación específica para paliar pérdidas y daños (pagar a las naciones más vulnerables por los destrozos causados por eventos extremos; no confundir con adaptación), reivindicación histórica de muchos países pobres. Muchos pequeños países, incluidas islas, están en riesgo de desaparecer por los efectos del calentamiento global de la atmósfera.

Lo que sí recoge el Pacto Climático de Glasgow es que los donantes (países ricos) se comprometen a sacar adelante la promesa -incumplida- de 2009 de destinar 100.000 millones de dólares al año a partir 2020 y hasta 2025 para que los países con menos recursos hagan frente al cambio climático (en materia de mitigación y adaptación). Además, a partir de ese año la cifra destinada a adaptación deberá ser el doble (llegando a unos 40.000 millones de dólares). Una noticia positiva que queda empañada al seguir sin estar claro cómo se logrará recaudar la financiación.

También se ha acordado la creación de un mecanismo que busca canalizar esas ayudas, gestionadas a través la llamada Red de Santiago. Sin embargo, lo que no se ha logrado es cerrar una cifra concreta, en otro golpe más de los países del norte global a los del sur global. La próxima cumbre, la COP27 que se celebrará en Egipto, buscará cerrar de una vez este tema.

Artículo 6: por fin hay acuerdo

Junto con los planes de reducción de emisiones y la financiación, otro de los deberes que tenía esta cumbre del clima era cerrar de una vez el reglamento del artículo 6 del Acuerdo de París. Este apartado regula lo relativo a los mercados de carbono, una herramienta por la cual los países y empresas que han excedido sus derechos de emisión (es decir, han emitido más de lo que debían) pueden comprar a terceros países derechos sobrantes o realizar proyectos para la reducción de emisiones o para la mejora de los sumideros.

Hasta ahora, éste apartado tenía ciertas lagunas, como la doble contabilidad, una triquiñuela por la cual el país emisor y el receptor podían apuntarse las mismas reducciones de emisiones. Tras el acuerdo alcanzado en Glasgow, esta trampa ha quedado prohibida a pesar de las presiones de países como Brasil. Eso sí: hay vía libre para incluir créditos antiguos procedentes del Protocolo de Kyoto (reducciones ya logradas hasta 2013). Aun así, lograr cerrar este artículo ha sido un alivio y un motivo de celebración para las personas artífices del pacto hasta el punto de sacarse una foto todas juntas antes del comienzo del plenario final.

Más allá del texto de decisión final, la COP26 ha dejado un sinfín de acuerdos, compromisos, pactos y alianzas, en su mayoría no vinculantes -por lo que nadie asegura que se vayan a cumplir-. Sobre el metano, sobre deforestación, sobre combustibles fósiles, sobre coches contaminantes… Hasta las dos mayores potencias del mundo -y las más contaminantes- presentaron una cuerdo por sorpresa para avanzar en la lucha frente al cambio climático.

Llamativo ha sido también el papel de España. Distintas voces critican el perfil bajo adoptado por el Gobierno español, cuya postura siempre ha sido la de liderar la acción climática, como se vio en la anterior cumbre. Incluso no se ha sumado a varias coaliciones donde se la esperaba.

«Es manso, es débil, y el objetivo de 1,5 ºC apenas está vivo, pero se ha enviado una señal de que la era del carbón está terminando», opina Jennifer Morgan, directora ejecutiva de Greenpeace internacional. Para Laurence Tubiana, una de las responsables del Acuerdo de París, «greenwashing es la nueva negación del clima, y hemos visto demasiado en juego en esta COP. Debemos reforzar los mecanismos de responsabilidad para el cero neto en el futuro». Considera, además, que «el sistema financiero internacional no está a la altura del desafío«.

Al igual que se vio en la COP25 de Madrid -celebrada en 2019 y que ostenta el récord de ser la más larga de la historia-, la sensación es que la brecha entre las demandas ciudadanas y científicas y lo que finalmente hacen los gobiernos es inmensa. Lo ejemplifica muy bien Mohamed Adow, director del think tank Power Shift Africa: «Esta cumbre ha sido un triunfo de la diplomacia sobre la sustancia real. El resultado aquí refleja una COP celebrada en el mundo rico y el resultado contiene las prioridades del mundo rico».

Próxima parada, la COP27 de Egipto. Por delante, todo un año para que la lucha frente al cambio climático siga ocupando un lugar prioritario en las políticas de todos los gobiernos. Sin dejar a nadie atrás.

13 de noviembre de 2021

COP26: salvar a la especie humana de sí misma

Patricia Iturregui

¿La conferencia de Glasgow salvará al ser humano de una catástrofe climática? Hay algo que no vi antes: sentido de urgencia en las negociaciones, jóvenes y niños en demostraciones, cadenas de oración y mayor interacción con organizaciones interreligiosas e indígenas en las negociaciones.

¿Cuál es la importancia de la COP26? La elevada concentración de gases invernadero en la atmósfera por el uso de petróleo, gas, carbón y en menor medida deforestación, está ocasionando el cambio climático. ¿Por qué 26 años para saber que estamos en la última hora para salvar a la especie humana? Las medidas recomendadas por la ciencia fueron dilatadas por los lobbies en las negociaciones y solo en 2015, con precios bajos de energías renovables, el Acuerdo de París puso un límite mundial a las emisiones de gases de efecto invernadero: detener el aumento de la temperatura promedio mundial muy por debajo de 2 grados comprometiendo esfuerzos para un máximo de 1.5. Prácticamente, cada país tiene un “techo” límite de emisiones y acomodar sus actividades futuras en función de esto. El Acuerdo de París manda cero emisiones netas al 2050. Para ello es necesario al 2030 reducir a la mitad las emisiones del transporte, energía, parar la deforestación etc. Los países desarrollados comprometieron US$ 100 billones anuales para apoyar el proceso.

Glasgow es la prueba de fuego del Acuerdo de París, la última oportunidad para cambiar todo lo necesario en menos de una década el uso de la energía, transporte, agricultura, bosques, etc. La semana pasada importantes anuncios por los jefes de Estado requieren planes nacionales específicos y normas obligatorias. Hay dudas. Para Greta Thunberg la COP26 es bla, bla y unas cien mil personas en la manifestación de Glasgow comparten su visión.

Algunos anuncios fueron: 104 países cortarán sus emisiones de metano en 30% al 2030 incluyendo fugas de pozos petroleros y gas (¿cómo va Perú?). 40 países acordaron no usar carbón, la reunión del G20 incluyendo China, EE. UU .e India aprobó no usar financiamiento público para el carbón. En bosques, 103 países y Perú comprometieron conservar los bosques y acelerar su restauración, fundamental para absorber dióxido de carbono, parcialmente financiado. Incluye políticas comerciales y rediseño de políticas agrarias. Todo esto nos llevaría a 1.8 grados, casi lo que se busca.

La iniciativa privada Climate Action aglutina 600 inversionistas con US$ 55 trillones para financiar tecnologías limpias.

La habilidad financiera y diplomática británicas producirán un resultado positivo en Glasgow. Intuyo dos opciones, una solución transparente, medible que incluya la compensación por daños y otra más bien intrincada que suena bien pero no es suficiente. Recemos por la primera.

Patricia Iturregui. Exnegociadora de cambio climático/abogada ambiental. Desde Glasgow.

10 de noviembre de 2021

Una guía de falsas soluciones para la COP 26

Silvia Ribeiro

La publicación «Engañados en el Invernadero» revela las maniobras de las empresas y gobiernos respecto del reduccionismo de los problemas ambientales al carbono, la financiarización de la naturaleza y un creciente utopismo tecnológico; y propone ir hacia una justicia ambiental, con una mirada transversal que aporte soluciones verdaderas.

“Para ir a la raíz de las injusticias ambientales y climáticas hay que confrontar más de cuatros siglos de imperialismo colonial, opresión ininterrumpida del patriarcado y supremacía blanca, y la actual expansión del capitalismo industrial, neoliberal y globalizado.” Así comienza la introducción del material de formación popular Engañados en el invernadero, elaborado por un amplio grupo de organizaciones de base indígenas, sociales, campesinas, urbanas, ambientales de América del Norte, entre ellas la Red Ambiental Indígena, el Proyecto Global de Justicia Ecológica, la Red por Justicia Energética, la Alianza por una Transición Justa y otras.

Hace más de una década se propusieron explicar en lenguaje sencillo la injusticia ambiental y climática, develando las maniobras de las empresas y gobiernos con las llamadas “falsas soluciones”: propuestas tecnológicas, de manipulación de la naturaleza y financieras, que no tienen nada de “soluciones” sino que están diseñadas para lo contrario: evitar exponer, y mucho menos cambiar, las causas de la injusticia ambiental. Y en ese camino inventar nuevos negocios con esos tramposos mecanismos.

Este colectivo de organizaciones presenta ahora la tercera edición de un material revisado y aumentado, que es especialmente útil frente a la próxima reunión de la ONU en Glasgow (COP 26 del clima), por la que pronto nos inundarán con titulares catastróficos y engañosos.

¿Cuáles son las «falsas soluciones» y por qué resistirlas?

El fondo del trabajo de las organizaciones es mucho más que la reacción ante propuestas del capitalismo sobre el clima. Como lo dicen desde el comienzo, se plantean una crítica al colonialismo, al patriarcado, al racismo implícito. Como parte de la información que necesitamos para entender y resistir las múltiples trampas del capitalismo, este material colectivo se enfoca en revisar una amplia lista de “falsas soluciones” climáticas.

Desde propuestas que ya llevan años, hasta otras más recientes, el libro presenta brevemente de qué se trata cada propuesta o tecnología, los impactos que tiene y por qué debemos resistirlas. Toma los problemas como fijar precios al carbono, las llamadas “soluciones basadas en la naturaleza”, y actividades como: la bioenergía, la extracción y quema de gas natural y fracking, la producción de energía a partir de hidrógeno, de rellenos sanitarios, de incineración de residuos, la energía nuclear, energía hidráulica, las técnicas de geoingeniería, captura de carbono y las energías renovables. En este último caso, cuando son llevadas por empresas y no como un recurso de las comunidades y pueblos, en sus propias condiciones y con el conocimiento que tienen del medio.

Es un material muy útil en la vorágine de temas en que todas y todos estamos, ya que es sintético pero con información sólida, y nos guía con mano solidaria en la oscuridad que ha generado el teatro de las “falsas soluciones” climáticas. Especialmente cuando la discusión climática sigue creciendo y cada vez hay más términos que están diseñados para que no entendamos lo que realmente está pasando o para hacernos creer que con sus propuestas de alto riesgo se puede resolver el calentamiento global.

Como lo llama el colectivo editorial, este libro es un poco como entrar en la caja de Pandora de las propuestas climáticas falsas, diseñadas para lucrar con las crisis, pero es útil para entenderlas y resistirlas.

Justicia climática y soluciones verdaderas

El colectivo editorial reflexiona también sobre lo ocurrido desde el año en que publicaron la primera edición: “Estamos viendo una alarmante tendencia hacia una ‘política de la desesperanza’, incluso dentro de algunos movimientos, donde el capitalismo del desastre, junto con la ceguera del reduccionismo del carbono —que reduce todo a medir carbono, en lugar de ver las múltiples crisis—, la financiarización de la naturaleza y un creciente utopismo tecnológico, han fomentado la proliferación de esquemas falsos que se benefician económicamente del deterioro climático”.

“Incluso el simbólico Acuerdo de París celebrado en Naciones Unidas en 2015 ha servido en gran medida para habilitar y promover una serie de estafas tecnológicas corporativas, mecanismos del mercado de carbono y de impuestos al carbono”, agregan.

Por otra parte, reflexionan sobre la organización contra la “política de la desesperanza”: “Hoy más que nunca, el centro de gravedad de los movimientos por el clima ha virado hacia una perspectiva basada en la justicia climática, en la cual no distinguimos entre la guerra global contra la biodiversidad emprendida por la avidez de las corporaciones y las guerras contra las culturas, las cosmovisiones, las comunidades y los cuerpos de la gente oprimida en todo el mundo.”

Cuando el problema se enmarca bajo la premisa de la justicia climática, la crisis climática deja de reducirse al simple hecho de contabilizar carbono. “Movimientos de base liderados por comunidades de todo el mundo proponen una mirada transversal sobre la economía —sobre la explotación de la tierra, del trabajo y los sistemas vivientes, la erosión de las semillas, el suelo, la historia y el espíritu— y buscan promover soluciones verdaderas a nuestro alrededor, todos los días, en diversas fuentes: desde el conocimiento tradicional indígena, la soberanía alimentaria, la desmercantilización de la tierra, la vivienda y la atención médica, hasta la abolición del complejo militar industrial que pretende extraer hasta la última de gota de combustible fósil de la Madre Tierra”.

En ese tono concluyen: “También en la transición justa y la democracia energética, que procuran impulsar energías democratizadas, descentralizadas, no tóxicas y descarbonizadas para alimentar nuestra vida, y en la justicia transformativa, con la cual respondemos al trauma y la violencia.”

Silvia Ribeiro. Directora para América Latina del Grupo ETC

Nota publicada originalmente en: Desinformémonos  
El libro se pueden descargar libre aquí

Título original: ¿Atrapados en el invernadero? . Edición: Tierra Viva

7 de noviembre de 2021

Dos semanas para salvar al planeta

Isaac Bigio

Del 31 de octubre al 12 de noviembre se viene realizando en Glasgow, Escocia, la 26.ª conferencia de las partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP26). En esta convención global, la más importante de esta década, se incluye la 15.ª reunión de las partes del Protocolo de Kioto (CMP16) y la segunda reunión de las partes del Acuerdo de París (CMA3). Esta cumbre es de vital importancia para el destino de todo nuestro planeta, por lo que se puede decir con precisión que en estas dos semanas se va a decidir nuestro futuro y el de nuestras generaciones venideras. Este cónclave, inaugurado en el día de las brujas, está en la obligación de cocinar una serie de hechizos para evitar la destrucción de la Tierra.

ALERTA ROJA

El gran problema que tenemos es que el clima global viene subiendo. Cuando la temperatura sube entre 1 y 2 grados en una persona, ello conlleva a fiebres. Esta alza evidencia infecciones o males que, de no corregirse, pueden llegar hasta a la muerte. Algo similar ocurre con nuestro planeta, pues al irse calentando se derriten sus glaciares, nevados, icebergs y polos con lo cual se sube el nivel del mar (la mayoría de los peruanos y de los humanos viven en costas o tierras bajas) poniéndose en riesgo a varias ciudades e incluso países (como Tuvalu, que se viene hundiendo). El deshielo de las tundras, como las de Siberia, viene liberando metano de su subsuelo (cuyos gases son más letales y calentadores que el CO2) y también a una multitud de virus que estaban congelados en el tiempo.

La actual pandemia (y las otras que se avecinan) se alimentan de ese hecho y de que la humanidad, al entrar en zonas vírgenes naturales, viene contaminándose de nuevos microorganismos.

El calentamiento global ha generado cada vez más frecuentes y fuertes huracanes que han venido devastando al Caribe, América Central y EEUU. Los fenómenos del Niño, que tradicionalmente han causado periodos de intensa lluvia seguidos de intensa sequía desde el continente australiano hasta los Andes, se han venido incrementando en fuerza y periodicidad.

La tala indiscriminada de árboles y las concesiones hechas a empresas para deforestar la Amazonía y otras junglas a fin de dar paso a masivas plantaciones de soja, café y otros granos, para pastos de ganados, para obras de caminos o para la perforación minera o petrolera, están poniendo en riesgo a los pulmones del planeta.

De otro lado, la pesca indiscriminada y la aniquilación de un 90 % de los tiburones y muchas otras especies depredadoras marinas está generando otro efecto: ya no hay muchos peces y mariscos capaces de alimentarse de algas y organismos, los mismos que ahora se masifican y producen cada vez más CO2, con lo que desoxigenan al planeta.

El clima no va subiendo gradualmente, sino que puede hacerlo de golpes bruscos, pues a más CO2 en la atmósfera hay más posibilidades que se descongelen las capas que evitan que aflore el metano, el cual es –insistimos– un gas aún más peligroso.

Ya hemos entrado oficialmente a la sexta extinción masiva de especies desde que hace 4 mil millones de años surgió la vida en la Tierra. A diferencia de las 5 anteriores, que fueron ocasionadas por desastres naturales o impactos extraterrestres, la actual extinción es producida por una sola especie (nosotros), cuyos efectos, a la postre, pueden llevarnos a convertirnos en los siguientes dinosaurios.

ACUERDOS

Un paso adelante ha sido la participación activa de EE. UU. a través de su Presidente Joe Biden, lo que implica un giro radical ante la postura de su exmandatario Donald Trump de boicotear los acuerdos de París 2016, algo que incentivó una carrera económica con China e India, la misma que condujo a más perforaciones y a más consumo de hidrocarburos y de carbón.

Sin embargo, en Glasgow han estado ausentes los mandatarios de China, Rusia, Irán, Brasil, México, Turquía, entre otros, además de Perú. Esto es algo serio.

En el 2020 China emitió el 31 % de todo el dióxido de carbono generado por combustibles fósiles, seguido por EEUU con el 14 %, y la Unión Europea e India, cada uno con el 7 %. Estas cuatro economías representan el 59 % de las emisiones por hidrocarburos y carbón.

China viene incrementando sus emisiones de CO2 en un 4 % y solamente ha decidido llegar a una economía de carbón cero para de aquí a cuatro décadas, un lapso muy grande. Esto pese a que China es el único país que ha logrado colocar un robot en el lado oculto de la Luna donde, debido a su exposición directa al sol, hay grandes reservas de Helio 3, una gran fuente de energía no contaminante, la misma que puede ser clave del futuro.

Vladimir Putin no solamente que no ha venido sino que durante la cumbre ha decidido castigar a Europa cerrando suministros de su gas, pues no quiere que le impongan una serie de cuotas y demandas que él rechaza.

Los mandatarios del país donde nace el Amazonas (Perú) y donde este río acaba y recibe más afluyentes (Brasil) no han participado. Jair Bolsonaro siempre ha sido muy criticado por abrir varios terrenos de la Amazonía a las grandes corporaciones privadas y atacar los derechos de sus pueblos nativos. Tanto él como Trump siempre han querido sacar provecho de sus recursos para explotarlos indiscriminadamente y sin darle importancia al cambio climático.

La ausencia peruana es grave, pues Pedro Castillo, como su primer Presidente campesino, rondero y maestro rural, pudo haber hecho un importante impacto. Habiendo sido electo llamando a proteger los recursos naturales, bien debiera haber utilizado este foro para levantar la imagen del país, reunirse con otros líderes del mundo, conseguir respeto y apoyo contra maniobras golpistas, y lograr importantes acuerdos económicos favorables al Perú.

Por ejemplo, Sudáfrica va a recibir USD 8,500 millones de ayudas para acabar con una economía basada en el carbón. Otros países con similares dependencias van a conseguir otras ayudas. Chile, Polonia y Vietnam, al igual que otras economías del “primer mundo”, apuntan a dejar de emplear el carbón en la siguiente década, en tanto que otras naciones pobres tienen como techo el 2040.

Paradójicamente, el presidente boliviano Luis Arce habló en la conferencia a la cual llegó tras haberse reunido en La Paz con su homólogo peruano. En su alocución llamó a proteger al planeta sacándolo de un capitalismo salvaje para crear una economía que respete las costumbres ancestrales de los pueblos nativos y lo que ellos denominan el “buen vivir”.

Gobernantes de más de 100 países, los cuales contienen al 85 % de las selvas y bosques del planeta, han resuelto acabar con la deforestación para el 2030, incluyendo en ello a Brasil e Indonesia.

Las potencias europeas y norteamericanas han decidido que su meta es evitar que el calentamiento global exceda más del 1.5 °C (2.7 °F). Empero, Australia, China, Rusia, India, Irán y otros países claves no han suscrito el acuerdo.

El costo para adaptarse al cambio climático es 10 veces mayor que los gastos hoy involucrados. Si no se hacen cambios drásticos, el Programa Medioambiental de Naciones Unidas (UNEP) estima que si el clima se sigue calentando como ahora habrá que destinar entre 140 a 300 mil millones de dólares para poder responder a los nuevos desafíos. Y esto, solamente para los países desarrollados, sin contar a la mayoría planetaria. Para el 2050 los países en desarrollo debieran gastar por ese mismo concepto entre 280 a 500 mil millones de dólares.

ALBA VS. ALVA

Algo a destacar es que esta cumbre se desarrolla en la principal ciudad industrial de Escocia, cuyo nombre nativo en celta es Alba. Este país, pese a ser la patria de Adam Smith (el teórico de la economía libre de mercado), de estar dentro del Reino Unido, que tiene una monarquía que nunca ha dejado el poder y un Gobierno nacional conservador, y estar bajo un gobierno nacionalista de centro, tiene muchos logros que el Perú debería tener en cuenta.

En todo el Reino Unido la salud y la educación es 100 % gratuita y de alta calidad. En Inglaterra y Gales esta última incluye primaria, secundaria y bachillerato (equivalente a los 2 primeros años universitarios de otras naciones), mientras que en Escocia es libre y gratuita hasta el grado final. Además, en Escocia, a diferencia del resto de la isla británica, los medicamentos recetados por los doctores o las toallas higiénicas para las mujeres en su periodo mensual son dados sin costo alguno por parte del Estado.

Mientras en Londres el pasaje por tren, bus y metro es gratuito para los discapacitados y mayores de 60 años, en Escocia esta misma concesión se extiende para todas las vías internas de todo ese amplio país.

El gobierno escocés viene preparando ir hacia la semana laboral de cuatro días. Todas esas concesiones las hace para hacer que su mano de obra gane más y con ello pueda comprar más a los productos nacionales con lo cual buscan desarrollar el mercado interno y hacer que sus trabajadores produzcan más y mejor.

En Escocia hay leyes muy fuertes para proteger el medio ambiente, hay una fuerte oposición a mantener los submarinos nucleares (cuya base está en el mar de Glasgow) y el centrista Partido Nacional (que lleva cuatro mandatos ininterrumpidos) quiere ir a un programa aún más social y ecologista, por lo que pide un divorcio amigable ante Londres, sin renunciar a la monarquía.

Esto es un ejemplo que pudiese iluminar a un centro político peruano que se encuentra tan presionado por el fujimorismo. Alva, la presidenta del Congreso, en vez de ir en esa dirección, va en el sendero opuesto. Ella quiere mantener servicios estratégicos en manos privadas, salarios bajos, sofocar las gratificaciones y facilitar los despidos.

Para el presidente Castillo y su equipo Escocia pudo haber sido una buena escuela de cómo lograr todos esos avances teniendo un Gobierno moderado que no cuenta con mayoría parlamentaria absoluta.

Es una lástima que por todos los problemas internos que afronta el Perú este tema tan crucial no sea un eje de la discusión nacional y que el presidente no haya podido dirigirse a esta cumbre, ni siquiera mediante video. Todavía está a tiempo.

Isaac BigioPolitólogo, economista e historiador. Vive en el Reino Unido.

Fuente: HILDEBRANDT EN SUS TRECE N°564, del 05/11/2021   p15