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11 de noviembre de 2025

COP30: Qué esperar de la cumbre mundial sobre cambio climático

Amanda Magnani

Con la retirada de Estados Unidos y la cautela de China, la conferencia de Brasil pondrá a prueba la capacidad del mundo para cumplir el Acuerdo de París y los objetivos financieros

A partir del 10 de noviembre, representantes de más de 100 países se reunirán en Belém, Brasil, la ciudad amazónica que será la sede de la cumbre climática COP30. Esta edición de la conferencia ha sido descrita por Naciones Unidas como un hito decisivo para que los países actualicen sus planes de acción climática y avancen en la aplicación de medidas contra el calentamiento global.

Como país anfitrión, Brasil pretende que esta cumbre se caracterice por los resultados. “Ahora es el momento de actuar”, afirmó el presidente de la conferencia, André Corrêa do Lago, en un evento preparatorio celebrado en agosto. “La COP30 será el momento de ajustar los instrumentos y acelerar la implementación”.

Pero las expectativas para la COP30 son tan grandes como los desafíos que la rodean. La conferencia coincide con el décimo aniversario del Acuerdo de París, un hito mundial en la lucha contra la crisis climática. Este tratado histórico impulsó la expansión de las políticas nacionales destinadas a lograr economías bajas en carbono, pero los avances hacia sus objetivos siguen siendo insuficientes: en 2024, la temperatura media del planeta superó por primera vez el objetivo acordado de 1,5 °C por encima de los niveles preindustriales, un umbral definido por los científicos como el máximo para evitar los peores efectos de los fenómenos climáticos cada vez más graves.

A principios de este año, los expertos advirtieron que el planeta había alcanzado su primer “punto de inflexión”, con la muerte generalizada de los arrecifes de coral en más de 80 países debido al calentamiento de los océanos. Los científicos y conservacionistas responsables del análisis también destacaron el riesgo de colapso de la selva amazónica, un bioma esencial para el equilibrio climático mundial y precisamente el lugar donde se celebrará la cumbre COP30.

El Acuerdo de París puesto a prueba

Con el agravamiento de la crisis climática, la COP30 pondrá a prueba la voluntad de los países de mantener el Acuerdo de París como pieza central de la gobernanza mundial. La COP28, celebrada en Dubái en 2023, supuso el primer balance global y la primera mención en un texto final de la COP a la transición de los combustibles fósiles. Por su parte, la COP29 del año pasado en Azerbaiyán estableció un nuevo objetivo de financiación climática. En Belém, la atención se centrará en la revisión y la aplicación de los objetivos nacionales de reducción de emisiones, las contribuciones determinadas a nivel nacional (NDC), que se actualizan cada cinco años.

Un informe de síntesis reunirá las propuestas para orientar la acción climática hasta 2030 y evaluará el cumplimiento de los países en el marco de las NDC. Sin embargo, hasta ahora, menos de 70 de los más de 190 signatarios del Acuerdo de París han actualizado sus objetivos. En conjunto, los países que ya han presentado sus planes representan más de un tercio de las emisiones mundiales.

“Los planes presentados no nos acercan en absoluto al camino necesario para un futuro seguro”, afirmó Miriam García, directora de políticas climáticas del World Resources Institute Brazil (WRI), una organización dedicada a la investigación de soluciones climáticas.

Señaló que, según estimaciones recientes, el mundo tendría que reducir las emisiones de gases de efecto invernadero en unas 31 gigatoneladas para 2030 a fin de mantener el calentamiento global dentro del límite de 1,5 °C. Sin embargo, incluso teniendo en cuenta las NDC actualizadas y otros compromisos ya anunciados, la reducción prevista no supera las 2 gigatoneladas.

La conferencia también se centrará en la adaptación a los fenómenos climáticos extremos, una transición energética justa y la aplicación de la Hoja de Ruta de Bakú-Belém, un documento que describe el camino para alcanzar 1,3 billones de dólares en financiación climática anual para 2035, un objetivo acordado en la COP29 en Bakú, la capital de Azerbaiyán.

Paralelamente a las negociaciones oficiales, el gobierno brasileño se ha comprometido con una amplia “Agenda de Acción”, con más de 350 eventos en los que participan gobiernos locales, empresas, investigadores y representantes de la sociedad civil.

Sin embargo, el enfoque de esta agenda ha despertado opiniones divergentes, según Karla Maass, asesora de incidencia política de la Red de Acción Climática de América Latina (CAN-LA), la división regional de la coalición mundial CAN, que agrupa a más de 1.900 organizaciones medioambientales. “Algunos creen que es el escenario donde se desarrolla la política y la economía reales, pero otros lo consideran una cortina de humo para desviar la atención de las negociaciones oficiales”, declaró a Dialogue Earth.

Para Maass, los procesos de negociación formales y paralelos “pueden ser complementarios, pero la Agenda de Acción no puede acaparar toda la atención”.

Fortalecimiento del multilateralismo

Además de los impasses técnicos, la COP30 se celebra en un contexto geopolítico “muy delicado”, según García, de WRI Brasil. Afirmó que la creciente falta de confianza entre los países —ya identificada por los líderes mundiales como uno de los principales obstáculos para las negociaciones sobre el clima— ha debilitado las alianzas y reducido la voluntad de cooperar. El regreso a la presidencia de Estados Unidos de Donald Trump, que ya ha impulsado recortes en los programas internacionales de clima y asistencia del país, junto con la reorientación de los recursos gubernamentales hacia cuestiones militares y de seguridad en medio de las guerras en Ucrania y Gaza, ha exacerbado el declive mundial de la financiación climática.

Ante las tensiones geopolíticas que podrían desviar la atención de los debates, los líderes de la COP30 en Brasil, como la directora ejecutiva de la cumbre, Ana Toni, han tratado de reafirmar su compromiso con el multilateralismo. Esta también es la opinión de García, quien lo describió como la única forma posible de abordar la crisis climática. “No hay otro espacio en el que los países más vulnerables puedan expresar sus demandas”, añadió.

Tras tres ediciones de la cumbre en países cuyos regímenes se consideran autoritarios, hay grandes expectativas de que la COP30 marque el regreso de una fuerte participación de la sociedad civil, así como el primer plano de las demandas y ambiciones del Sur Global.

Sin embargo, esta esperanza se ha visto empañada por los exorbitantes precios del alojamiento en la ciudad anfitriona, Belém, que han limitado la presencia de representantes de movimientos sociales y países más pobres. Incluso con el aumento del apoyo financiero de la ONU, el problema persiste: a finales de octubre, 49 delegaciones seguían sin saber dónde se alojarían durante la conferencia, mientras que más de 130 ya tenían garantizado su alojamiento.

Ante esta situación, el Observatorio del Clima, una de las organizaciones brasileñas que más de cerca ha seguido las conferencias de la ONU sobre el clima, ha advertido que esta podría convertirse en la “COP menos inclusiva de la historia”.

“Sin las delegaciones de los países en desarrollo, se pondrá en duda la legitimidad de las decisiones”, afirmó Stela Herschmann, experta en política climática del Observatorio del Clima.

Incluso entre las delegaciones que han logrado confirmar su asistencia, la tendencia ha sido reducir el tamaño de los equipos, incluso en el caso de la propia ONU y Brasil. Esta limitación, según Herschmann, puede afectar al ritmo y la calidad de las negociaciones.

“Los equipos pequeños tienen que dividirse en diferentes salas, lo que sobrecarga a los negociadores. Como resultado, las ambiciones tienden a disminuir”, explicó.

Estados Unidos fuera y la ambición de China en foco

El regreso de Donald Trump a la Casa Blanca en enero de 2025 provocó una nueva retirada del Acuerdo de París por parte de Estados Unidos, el segundo mayor emisor de gases de efecto invernadero del mundo. “Además de los efectos sobre el objetivo global de reducción de emisiones, esta salida también tiene un impacto en la financiación climática mundial”, afirmó García. Sin embargo, señaló que el país nunca ha cumplido plenamente sus compromisos financieros y añadió que los gobiernos estatales y municipales del país podrían intentar llenar el vacío dejado por la administración federal.

Con la retirada, las NDC presentadas por Estados Unidos en 2024 ya no son válidas. En cuanto a los demás actores clave en el ámbito climático, la Unión Europea aún no ha presentado sus planes y China ha anunciado unos objetivos que, en general, se consideran por debajo de las expectativas.

En un discurso pronunciado en la Asamblea General de la ONU en septiembre, el líder chino Xi Jinping anunció que el país tiene la intención de reducir sus emisiones de gases de efecto invernadero entre un 7% y un 10% para 2035, tomando como referencia el pico registrado en los últimos años.

Los expertos consideraron que este compromiso era vago e insuficiente, sobre todo teniendo en cuenta que China representa alrededor de un tercio de las emisiones mundiales. Sin embargo, Beijing tiene un historial de superar sus objetivos, a veces cautelosos.

Además, con la retirada del liderazgo climático de Estados Unidos y la Unión Europea, crece la presión para que China tome la iniciativa en la agenda climática mundial. A pesar de sus modestos objetivos, el país es considerado el único con suficiente peso político y capacidad tecnológica para desempeñar este papel.

Beijing ha rechazado a menudo la idea de posicionarse explícitamente como líder climático. Según Niklas Weins, profesor del departamento de estudios internacionales de la Universidad Xi’an Jiaotong-Liverpool, China no considera estratégico asumir el papel de “líder único” en cuestiones internacionales, incluido el medioambiente.

“Estados Unidos suele ocupar esta posición, y los chinos comprenden el peso que conlleva esta imagen. Por lo tanto, en el ámbito ambiental, lo que el país desea es un liderazgo distribuido con una cooperación Sur-Sur reforzada“, explicó Weins a Dialogue Earth.

El Sur Global en el punto de mira

Los expertos también abogan por un papel más activo de las economías emergentes en la transición ecológica. Según García, el liderazgo de países de ingresos medios como China, Indonesia, Sudáfrica y Brasil es esencial para hacer posible una economía global con bajas emisiones de carbono.

“Producen aproximadamente la mitad de las emisiones mundiales, un porcentaje que probablemente aumentará. Si no logran reducir estas emisiones y adaptarse a los inminentes impactos climáticos, toda la transición ecológica estará en peligro”, afirmó.

Al mismo tiempo, muchos consideran que la transición climática mundial está abriendo una oportunidad de desarrollo única para los países del Sur Global, especialmente en América Latina. “Estos países aún tienen una gran oportunidad para ampliar sus mercados [energéticos] y dar a sus poblaciones acceso a energía que ya proviene de fuentes renovables”, afirmó Herschmann. “Es una oportunidad para aprovechar este momento de transformación y corregir las desigualdades e injusticias estructurales”.

Para Corrêa do Lago, América Latina tiene ante sí la oportunidad de asumir un liderazgo sin precedentes en la búsqueda de la justicia climática. Marcada históricamente por posiciones fragmentadas en la agenda climática, la región ha buscado una mayor coordinación en los foros multilaterales, con el objetivo de llegar a la COP30 con una agenda más unificada e influyente.

Tanto Herschmann como Maass comentaron que reforzar la posición del Sur Global en el debate será esencial, pero insuficiente sin la participación de las grandes potencias. “Estamos asistiendo a un fortalecimiento del Sur Global, pero líderes como Estados Unidos y la Unión Europea deben seguir comprometidos y fijar objetivos ambiciosos. Al fin y al cabo, son históricamente responsables del cambio climático”, afirmó Herschmann.

La COP30 tendrá lugar en Belém, Brasil, del 10 al 21 de noviembre. Más información sobre la cobertura de la cumbre aquí.

Amanda Magnani. Periodista y fotógrafa brasileña. Su trabajo se centra en la justicia climática, la transición energética, las comunidades tradicionales y la descolonización de los procesos periodísticos. Ha sido becaria del Pulitzer Center, del Metcalf Institute y de Climate Tracker; y ha publicado historias en National Geographic, Mongabay, Al Jazeera y Folha de São Paulo.

Fuente: https://dialogue.earth/es/clima/cop30-que-esperar-cumbre-mundial-cambio-climatico/

2 de junio de 2025

Día Mundial del Medio Ambiente

Julio César Centeno

En la conmemoración del Día Mundial del Medio Ambiente conviene recordar qué es eso que llamamos “ambiente” no es otra cosa que la naturaleza, de donde venimos, de la que somos parte integral. La naturaleza es nuestra casa común. La madre, bella y misteriosa, que nos dio vida, nos nutre y nos protege entre sus brazos.

Nos dio los elementos que forman nuestro propio cuerpo. Nos dio la vida misma. Nos da cada día el aire que respiramos, el agua que alivia nuestra sed y los alimentos que consumimos. Nos rodea además con una inconmensurable belleza, llena de misterios para el disfrute y desarrollo de nuestra inteligencia. El descubrimiento de esos misterios puede ser el motivo mismo de nuestra existencia, así como una ruta hacia la felicidad.

La naturaleza ha florecido en millones de formas de vida. Ha creado además una matriz vital planetaria en la que todas las especies pueden convivir y desarrollarse, en equilibrio y armonía.

Solo una la ha traicionado.

La ingratitud y la avaricia de los humanos han producido profundas heridas a nuestra madre naturaleza, heridas que han degenerado en las enfermedades que padecen hoy la tierra, el agua y el aire. Amenazan además a los demás seres vivos con los que compartimos el planeta. Nuestra madre naturaleza ahora sufre, por la estupidez de creernos sus propietarios y dominadores, autorizados a violarla y expoliarla.

La traición de los humanos a su propia Pacha Mama ha provocado una gigantesca crisis ecológica mundial. En 1971, el Papa Pablo VI señaló: “la crisis ecológica es consecuencia dramática de la explotación inconsiderada de la naturaleza. El ser humano corre el riesgo de destruirla y de ser a su vez víctima de esta destrucción”. Enfatizó la “urgencia de un cambio radical en el comportamiento de la humanidad”

Juan Pablo II, en su primera encíclica, advirtió que el ser humano parece “no percibir otros significados de su ambiente natural sino solamente aquellos que sirven a su uso inmediato y consumo”

El Papa Francisco, en su encíclica Laudato Si, señala: “Debemos reconocer el origen común de todas las cosas, que todas las criaturas, por despreciables que parezcan, son nuestras hermanas. Que la naturaleza es un espléndido libro donde el Universo refleja su grandiosidad y su hermosura”

Todos estos señalamientos concuerdan con los de la comunidad científica internacional en cuanto a la urgencia de un cambio radical en el comportamiento de la humanidad ante la naturaleza.

La naturaleza es un organismo vivo. Los seres humanos han optado por actuar dentro de ese organismo como un virus, contaminándolo, debilitándolo y consumiéndolo progresivamente. Como consecuencia, los sistemas naturales del planeta están alcanzando el límite de lo biológica y físicamente tolerable. Sin embargo, los humanos parecen dispuestos a consumir al organismo que les da la vida, hasta provocar su propia destrucción.

En sólo décadas, los humanos se las han ingeniado para destruir la mitad de los bosques que embellecían la porción del planeta sobre el nivel de las aguas. Con los bosques destruyeron cerca de una tercera parte de las especies de seres vivos que habitaban la Tierra hace apenas 200 años. Hoy, una cuarta parte de los vertebrados que aún sobreviven se encuentran al borde de la extinción. Muy pronto, majestuosos animales sólo languidecerán como prisioneros en zoológicos, como trofeos en museos o como imágenes virtuales: elefantes, rinocerontes, tigres, gorilas, osos polares, jaguares, lobos, abejas, cóndores, ballenas. El acoso humano contra estas y tantas otras maravillas evolutivas es implacable.

Los humanos se las han ingeniado para destruir también el 40% de los arrecifes de coral en los últimos 50 años. Los arrecifes son maravillas naturales que sirven como incubadoras de la vida animal marina. Aunque ocupan menos del 1% de la superficie del mar, albergan al 25% de todas las especies marinas: peces, moluscos, crustáceos, esponjas y equinodermos, entre otras, especialmente en la época de reproducción.

Tanto la temperatura como la acidez de las aguas marinas se encuentran en aumento, amenazando no sólo a los arrecifes que aún sobreviven, sino a la vida marina en su maravillosa variedad. Hemos además convertido al océano en un gigantesco basurero de plásticos, aguas servidas, desechos tóxicos industriales, herbicidas y plaguicidas venenosos, hasta residuos radioactivos de plantas nucleares.

En apenas 120 años, los humanos se las han ingeniado para inyectarle a la atmósfera 2.400.000 millones de toneladas de gas carbónico (CO2), junto a otros gases desestabilizadores de la atmósfera, como el metano y los óxidos nitrosos. Cada año le inyectamos 50.000 millones de toneladas adicionales de gases de efecto invernadero.

Entre las consecuencias de esta gigantesca inyección de gases a la atmósfera se destacan el alarmante derretimiento de las masas de hielo en el Ártico, en la Antártida y en los glaciares de montañas alrededor del mundo. Venezuela ya perdió todos sus glaciares. Esta tendencia se extiende a los glaciares de los demás países Andinos, amenazando el suministro de agua a millones de personas.

El aumento en la concentración de CO2 y otros gases en la atmósfera conduce al  aumento en la temperatura promedio del planeta, al aumento en el nivel del mar, al aumento en la frecuencia e intensidad de huracanes y tormentas, al aumento en la intensidad de sequías e inundaciones, al desplazamiento de enfermedades contagiosas, al agotamiento de fuentes de agua y al debilitamiento de los sistemas de producción de alimentos.

El 2024 fue el año más caliente de los últimos 120.000 años. Las tendencias actuales conducen hacia un aumento de temperatura entre 3°C y 4°C para finales de siglo sobre el promedio de la época pre-industrial. Un aumento de temperatura de 4°C no se ha registrado desde finales del Mioceno, hace 6 millones de años, cuando los humanos no existían y el nivel del mar se encontraba entre 20 y 24 metros sobre el que conocemos.

Una consecuencia adicional, especialmente peligrosa, de la inyección de cantidades letales de gases a la atmósfera, es el desequilibrio energético planetario. El desbalance energético actual (2024) es de 1,1 vatios por metro cuadrado de superficie terrestre (560 TeraJoules/segundo). La cantidad de energía que se acumula en la Tierra cada año por este concepto es equivalente a la energía liberada por 770.000 bombas atómicas como la que devastó a la ciudad de Hiroshima en 1945, detonadas cada día, 365 días al año. La bomba de Hiroshima liberó 63 Terajoules de energía (16 kiloton TNT).

Como el desbalance energético planetario acumulado desde inicios del siglo 20 es de 4 W/m2, para restablecer el equilibrio la temperatura superficial promedio del planeta tendrá que aumentar al menos 3°C, aun en el supuesto de que se detengan de inmediato las emisiones de gases de efecto invernadero a la atmósfera.

La acumulación de tales cantidades de energía en la atmósfera terrestre es el instrumento final para el suicidio colectivo de la mayor parte de la humanidad. La mayor parte de la franja tropical del planeta, donde en la actualidad sobrevive el 40% más pobre de la población mundial, será inhabitable con un aumento global promedio de 3°C, especialmente los territorios más cercanos al ecuador y más cercanos al nivel del mar.

Conviene acatar a tiempo el llamado de la comunidad científica internacional sobre la urgencia de un cambio radical en el comportamiento de la humanidad ante la naturaleza.

JC-Centeno@Outlook.com

Se publica este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

10 de febrero de 2025

Por qué las decisiones de Trump sobre combustibles fósiles apuntan hacia un «infierno climático»

Varios autores   (Ecología social)

2023 fue el año más caluroso desde que hay registros, hasta que 2024 rompió el récord y se superó, por primera vez, el umbral de 1,5 °C de calentamiento global. Y no será la última vez que se alcance un nuevo máximo. Aplicando las políticas actuales de reducción de emisiones, se estima un incremento de 3,1 °C respecto a la era preindustrial para 2100.

Pero la situación podría ir incluso a peor si los países no ponen en marcha las medidas necesarias. Sin ir más lejos, el actual presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, ha anunciado la salida del Acuerdo de París y sus planes para extraer más recursos fósiles.

Las consecuencias de no reducir lo suficiente las emisiones ya son devastadoras, y lo serán cada vez más. Nos arriesgamos a alcanzar puntos de no retorno climáticos cuyas consecuencias serían irreversibles.

COP29: financiación y mercados de carbono

Hoy en día, el espacio capaz de reunir a representantes de los 8 000 millones de habitantes del mundo para revertir los efectos más devastadores del calentamiento global es la Conferencia de las Partes de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP). Aun así, después de casi 30 años de COP todavía hay resistencias y falta de voluntad para abordar la principal causa del problema: el aumento año tras año de la quema de combustibles fósiles.

La última de estas cumbres (COP29), celebrada en noviembre en Bakú (Azerbaiyán), se cerró con un compromiso mínimo de movilizar al menos 300 000 millones de dólares anuales para 2035 para financiar la adaptación de los países al desarrollo al cambio climático y compensarles por sus consecuencias. No obstante, esta cifra representa menos de una cuarta parte de los 1,3 billones de dólares anuales que estos países necesitan.

El otro aspecto destacado de la COP29 fue la resolución de las disposiciones pendientes del Acuerdo de París relacionadas con los mercados de carbono. Estos mecanismos permiten a empresas y gobiernos comprar créditos para compensar sus emisiones a través de iniciativas como el establecimiento de plantaciones en áreas sin cobertura forestal previa, el apoyo a proyectos de transición energética o la todavía muy poco desarrollada captura y almacenamiento industrial de dióxido de carbono (CO₂).

Sin embargo, hasta ahora estos mecanismos han demostrado no contribuir a la reducción de emisiones y ser un negocio rentable para el capital privado. Mediante la compra de créditos de carbono, se permite que los grandes emisores sigan contaminando mientras se desincentiva la adopción de objetivos climáticos ambiciosos. Se han documentado problemas relacionados con la falta de supervisión, transparencia e integridad metodológica.

Así, por ejemplo, han sido reportados casos de doble conteo de emisiones evitadas y existe incertidumbre sobre las garantías para que el CO₂ capturado se almacene a largo plazo. Además, hay evidencias de la violación de derechos de las comunidades locales en proyectos de forestación.

¿Hacia “el fin de los combustibles fósiles”?

La falta de ambición pública en la financiación climática, sumada al creciente rol que se da al capital privado en aspectos de mitigación, se unió en Bakú con la ausencia de acuerdos regulatorios para dar continuidad al compromiso de la COP28 de avanzar hacia “el fin de los combustibles fósiles”.

Si el 83 % de las emisiones antropogénicas de CO₂ proviene de la quema de estos combustibles, y la forma más efectiva de mitigar el calentamiento global es detener su extracción y uso, ¿por qué en 29 años no se ha abordado de manera directa la principal causa del problema?

La respuesta se encuentra en la enorme presión ejercida por parte de actores vinculados a la industria fósil. Estos se niegan a abandonar un negocio muy rentable que les ha generado 2 800 millones de dólares diarios durante los últimos 50 años.

Más de 1 700 lobistas vinculados a la industria participaron en la COP29, superando así a la suma de delegados de las 10 naciones más vulnerables al cambio climático.

Representantes de países como Arabia Saudí destacaron por obstaculizar acuerdos enfocados a limitar la extracción de combustibles fósiles.

El mismo presidente de Azerbaiyán describió los recursos fósiles de su país como un “regalo de Dios” en la sesión inaugural de la cumbre, mientras que se publicó que el país planea aumentar la producción de gas la próxima década.

A todo ello se suma ahora la promesa de Donald Trump de dar rienda suelta a la extracción de petróleo y gas.

Hacia una solución climática efectiva

La búsqueda de soluciones globales a la crisis climática debe ir de la mano del multilateralismo. Acuerdos internacionales bajo el paraguas de las Naciones Unidas como el Protocolo de Montreal y la consiguiente recuperación de la capa de ozono muestran que superar retos colectivos es posible. Sin embargo, para que espacios como las COP no fracasen, es esencial garantizar que los acuerdos se guíen por la evidencia científica, y no por intereses corporativos.

Según la Agencia Internacional de la Energía, debemos evitar nuevas inversiones en proyectos de extracción de gas, petróleo o carbón, y cerrar prematuramente una parte significativa de los proyectos de extracción en funcionamiento.

El primer paso debe ser eliminar los cuantiosos subsidios otorgados a la industria fósil, que ascienden a 70 000 millones de dólares anuales solo en los países del G20. Esta medida impulsaría substancialmente la transición energética, ya que, sin soporte económico, numerosos proyectos de extracción se volverán inviables, acelerando su clausura. Paralelamente, a fin de que los gobiernos actúen con mayor firmeza y evitar el temor a compensaciones millonarias, también es fundamental eliminar las cláusulas contractuales que protegen a los inversores extranjeros frente a la anulación anticipada de contratos.

Para que la transición no perpetúe la desigualdad existente entre países, es fundamental que la descarbonización se guíe por principios de equidad, justicia ambiental y solidaridad. Esto implica priorizar el fin de la extracción en países con alta capacidad de transición y potencial para dar soporte a países en desarrollo. También cerrar inmediatamente proyectos donde se violan derechos humanos y causan graves impactos socioambientales. Herramientas como el Atlas del petróleo convencional no extraíble y la Plataforma Interactiva sobre combustibles fósiles no quemables, lideradas por la Universidad de Barcelona, permiten ya identificar donde priorizar estos esfuerzos.

La coordinación internacional para el cierre de proyectos fósiles puede fortalecerse a través de iniciativas como el Tratado de No Proliferación de Combustibles Fósiles y la Alianza Más Allá del Petróleo y el Gas.

Por otro lado, la industria de combustibles fósiles puede desempeñar un papel clave en liderar la transición, aprovechando su capacidad de inversión y experiencia técnica para reorientar sus porfolios hacia el despliegue masivo de energías limpias. Actualmente, invertir en renovables no sólo es más rentable que hacerlo en el sector fósil, sino que también genera empleo de calidad.

Por lo tanto, el actual plan para salvar al planeta puede ser efectivo, pero las decisiones colectivas deben adoptarse sin interferencias de la industria y centrarse en medidas efectivas como la eliminación de la extracción de combustibles fósiles.

Hoy en día no hay plan B, y no actuar de forma contundente nos llevará a escenarios descritos, en palabras del secretario general de Naciones Unidas Antonio Guterres, como el “infierno climático”. Escenarios que resultarían catastróficos para la economía mundial e, incluso, para aquellas empresas y gobiernos que priorizan los beneficios de la extracción a corto plazo.

Autores:

Guillem Rius Taberner​. Investigador , Universitat de Barcelona

Alejandro Marcos Valls. Investigador postdoctoral , Universitat de Barcelona

Gorka Muñoa Capron-Manieux. Investigador postdoctoral en Cambio Climático, Universitat de Barcelona

Martí Orta-Martínez. Profesor agregado de la Universitat de Barcelona, Universitat de Barcelona

Fuente: https://theconversation.com/por-que-las-decisiones-de-trump-sobre-combustibles-fosiles-apuntan-hacia-un-infierno-climatico-246911

29 de junio de 2024

«La transición energética aún no ha comenzado»

Jean-Baptiste Fressoz    (Entrevista Hervé Kempf - Ecología social)

Jean-Baptiste Fressoz (Francia, 1977) es historiador de la ciencia, la tecnología y el medioambiente y profesor de la Escuela de Altos Estudios de Ciencias Sociales de París. Acaba de publicar Sin transición. Una nueva historia de la energía (Seuil), que será traducida y publicada en castellano por la editorial Arpa. También es autor, junto a Christophe Bonneuil, de El evento Antropoceno: la Tierra, la historia y nosotros (Points Histoire) y El apocalipsis alegre. Una historia del riesgo tecnológico (Seuil).

* En su opinión, la transición energética no se está produciendo. ¿Cuál es el problema?

La transición es la idea de que vamos a cambiar nuestro sistema energético dentro de 30 o 40 años para hacer frente a la crisis climática. Pero si lo analizamos históricamente, veremos hasta qué punto esta noción ha introducido sesgos científicos. No hicimos la transición de la madera al carbón durante la Revolución Industrial, por ejemplo. La Revolución Industrial no fue una transición en absoluto, fue una enorme expansión material.

En 1900, Inglaterra, un país minero muy grande, consumía 4,5 millones de m3 de madera al año para utilizarla como puntales en las galerías de las minas. En la década de 1750, los ingleses quemaban 3,6 millones de m3. Así pues, solo para extraer carbón, los ingleses utilizaban más madera en 1900 de la que quemaban en 1750.

* ¿Así que el petróleo no ha sustituido al carbón?

No, es una visión equivocada. Por ejemplo, el petróleo se utiliza para que los coches funcionen. Pero en los años treinta se necesitaban unas siete toneladas de carbón para fabricar un coche, es decir, la misma cantidad en peso que el petróleo que quemaba durante su vida útil.

Para reducir el mineral de hierro se necesita coque, cuya producción consume una enorme cantidad de energía. Durante mucho tiempo fue exclusivamente obtenida del carbón. Todavía hoy se producen 1.700 millones de toneladas de acero al año. Si quisiéramos hacerlo ecológico, necesitaríamos 1,2 millones de aerogeneradores. Y si quisiéramos hacerlo con hidrógeno, necesitaríamos la cantidad de electricidad que produce actualmente Estados Unidos.

Más que una suma de energías, se trata de una expansión simbiótica. Hasta los años sesenta, era imposible extraer carbón sin madera. Una cosa que debemos recordar sobre la industrialización es que hemos consumido una mayor variedad de materiales, y cada uno de ellos se ha consumido en mayores cantidades. Y si algunos materiales están disminuyendo es debido a las prohibiciones: por ejemplo, el uso del amianto ha caído entre un 40% y un 50% desde los años noventa.

* Usted defiende una historia material, en el sentido de que el mundo está hecho de materiales…

Si queremos pensar seriamente en la crisis medioambiental, no debemos centrarnos en la tecnología, sino en las cantidades de materiales. Lo importante es que el consumo de todos los materiales crece, a pesar de las innovaciones.

* ¿Se han equivocado todos sus predecesores en la historia de la energía?

Los expertos no hablaron de transición hasta los años setenta, porque veían que el carbón no se eliminaba. Fueron los “futurólogos” quienes empezaron a hablar de ello, y los historiadores adoptaron el vocabulario tecnocrático a partir de los años ochenta. Estaban influenciados: eres un historiador de la máquina de vapor, y de repente te conviertes en un historiador de la transición. Es mucho más chic.

* En la actualidad, la transición sigue sin producirse y, a pesar del auge de las energías renovables, los combustibles fósiles siguen representando el 80% del consumo mundial de energía…

Sí, se ha mantenido más o menos estable desde los años ochenta. Todavía no hemos pasado el pico para el carbón o el petróleo. Sigue habiendo una enorme cantidad de combustibles fósiles. De momento, no hemos iniciado la transición energética. Lo que sí hemos hecho, gracias al progreso tecnológico, es reducir la intensidad de carbono de la economía: se necesita la mitad de CO2 para producir un dólar de PIBque en los años ochenta. Pero en términos de volumen, los combustibles fósiles son más importantes ahora que entonces.

* ¿Por qué es tan popular la idea de la transición energética?

El discurso de la transición es ante todo un discurso de la ‘era’: la era del carbón, la era del vapor, la era de la electricidad, la era del petróleo. Es un discurso clásico de promoción industrial. Permite situar una nueva tecnología en el gran esquema de la historia de la humanidad. El problema es que los intelectuales se lo han tomado en serio.

En la década de 1860 se empezó a hablar de la ‘era del vapor’comouna forma de marginar el poder humano. Se presentaba a los trabajadores como resistentes al progreso, a la modernidad como el encuentro del genio y la materia. Luego, a finales del siglo XIX, cuando se empezó a hablar de la electricidad, hablar de una era eléctrica permitió hacer un gesto bastante clásico en el mundo intelectual, el de la tabula rasa, la tabla rasa de la que se parte de nuevo.

* ¿Cómo hemos llegado al concepto de transición?

Después de 1945, un grupo de científicos empezó a hablar de transición: los “atómicos” estadounidenses del Proyecto Manhattan. Se había realizado un cálculo que demostraba la extraordinaria eficacia de la generación nuclear. Estos científicos querían demostrar que lo que habían inventado no era sólo una herramienta para una muerte catastrófica, sino también la clave para la supervivencia de la humanidad. Proporcionaría energía abundante e ilimitada. Luego, durante los años setenta y las crisis del petróleo, se extendió la noción de crisis energética, así como la de transición energética.

El presidente estadounidense Jimmy Carter desempeñó un papel clave en esta difusión, con un importante discurso pronunciado el 18 de abril de 1977. Dijo: “En el pasado, ya hemos hecho dos transiciones energéticas, de la madera al carbón, y luego del carbón al petróleo. Ahora tenemos que hacer una tercera transición”. Lo que preveía era una duplicación de la extracción de carbón en Estados Unidos. Habrá menos petróleo, así que sacaremos más carbón y lo licuaremos.

Luego, cuando Ronald Reagan asumió el poder, su equipo para el sector energético estaba dirigido por un petrolero de Texas cuyo gran programa era liberalizar y perforar más, alegando que el precio del petróleo bajaría gracias al mercado y a la innovación. Esto es lo que ocurrió con el gas de esquisto. La transición ya no tenía mucho sentido, salvo aumentar la independencia energética estadounidense.

Pero los ecologistas han empezado a retomar este vocabulario, que naturaliza las decisiones energéticas, es un invento del lobby atómico y una antífrasis de la crisis medioambiental.

* El Grupo 3 del IPCC explica en su último informe que la transición es algo bueno, y que vamos a conseguirlo.

El IPCC es un grupo intergubernamental, no internacional. Esto es muy importante: significa que los gobiernos designan quién participa en este organismo. Cuando se creó en 1988, Estados Unidos –que era, con diferencia, el mayor emisor de CO2– designó a representantes de los ministerios de Industria, Energía y Agricultura para el Grupo 3. Los representantes de los ministerios de Industria, Energía y Agricultura fueron designados por los gobiernos. Tenían que interiorizar la restricción económica, y ese es el papel de este grupo. Estados Unidos promoverá la tarjeta tecnológica como medio de transición.

Como resultado, hasta el sexto informe de 2023 no hubo un capítulo sobre la sobriedad [n.d.T: más adelante J.B. especifica qué comprende por sobriedad]. El otro problema es que se han tomado opciones tecnológicas increíbles, como el almacenamiento de carbono. Y aquí creo que hay una influencia del lobby del petróleo.

* Si no hay transición energética, ¿qué podemos hacer ante el desastre ecológico?

Lo primero que hay que hacer es mirar con realismo lo que podemos hacer tecnológicamente. Mi argumento no es tecnófobo. Ha habido grandes avances tecnológicos en ciertos ámbitos, como la energía solar. Pero no podremos descarbonizar ciertas cosas antes de 2050, como el cemento, el acero o los plásticos. La sobriedad es la clave. Tenemos que reconocer que una de las cuestiones clave es el nivel de producción.

Pero si vamos a producir en masa coches eléctricos, que de ninguna manera están libres de carbono, eso no cambia el problema. Todavía hay que fabricar el coche, que es acero, y el acero sigue siendo carbono. La energía solar debe considerarse en el contexto de un sistema en su conjunto, lo que plantea un problema. Mi libro no es una crítica a las energías renovables, sino a la idea de la transición energética: tenemos que volver a situar las energías renovables en el conjunto del sistema que van a alimentar.

* ¿Entonces cómo podemos avanzar hacia la sobriedad?

Tenemos que dejar de decir tonterías. Cuando nuestros gobiernos machacan con la idea de que el decrecimiento es una idiotez, que hay desacoplamiento, que vamos a fabricar aviones de hidrógeno sin emisiones de carbono, inevitablemente la gente quiere creerlo. Es una perspectiva muy atractiva. Pero si no hablamos seriamente de este tema, nunca alcanzaremos la sobriedad.

La cuestión se hará inevitablemente más acuciante a medida que el muro climático se afiance, las crisis climáticas se repitan y los objetivos de descarbonización se vuelvan absolutamente utópicos. La sobriedad será cada vez más importante.

* ¿Comenzaría una nueva historia, la del decrecimiento?

Cuando digo sobriedad, me refiero al decrecimiento material. Podríamos dejar de construir carreteras en Francia sin que fuera una catástrofe. Podríamos parar muchos aviones sin que pasara gran cosa, como vimos durante la pandemia, no hemos muerto de hambre.

* ¿Por qué sigue habiendo tanta esperanza en la tecnología?

Debido a una atención sin precedentes a la innovación. Se ha confundido la innovación con el fenómeno técnico en general, que es mucho más masivo y amplio. ¿Qué necesitamos realmente? ¿Cómo se distribuyen los beneficios y los impactos del carbono?

Podemos compensar masivamente a las poblaciones que ya no podrán vivir donde lo hacen e imaginar acogerlas. De eso deberíamos hablar, no de fantasear con un mundo sin carbono en 2050.

Esta entrevista fue publicada originalmente en el diario francés Reporterre. La média de l´écologie.

La traducción es de Alberto Coronel Tarancón.


Fuente: https://ctxt.es/es/20240601/Politica/46706/Herve-Kempf-Jean-Baptiste-Fressoz-crisis-energetica-carbon-renovables-transicion-combustibles-fosiles.htm

7 de abril de 2024

Solo 57 empresas son responsables del 80% de las emisiones de CO2 tras el Acuerdo de París

Aida Cuenca

Una nueva investigación del centro británico InfluenceMap rastrea la huella de carbono de 122 empresas productoras de combustibles fósiles y cementeras. Entre ellas se encuentra la petrolera española Repsol.

Pocas empresas para una gran cantidad de emisiones. Así se podría resumir una nueva investigación que afirma que tan solo 57 corporaciones y entidades estatales a nivel global son las responsables de haber emitido el 80% de las emisiones de dióxido de carbono (CO₂) en los siete años posteriores a la firma del Acuerdo de París, desde 2016 hasta 2022.

El estudio, liderado por el centro de investigación británico InfluenceMap, rastrea la huella de carbono de 122 empresas productoras de combustibles fósiles y cementeras, tanto públicas como privadas, vinculadas al 72% de todas las emisiones de CO2 de combustibles fósiles y cemento desde el inicio de la revolución industrial. Y concluye que, por un lado, los productores nacionales representan el 38% de las emisiones de CO₂ desde 2016, mientras que las entidades estatales suponen el 37%, y las empresas propiedad de inversores, es decir, las privadas, están vinculadas al 25%.

Entre las primeras de este último grupo encontramos, como suele ser, a Chevron, ExxonMobil, BP, Shell y ConocoPhillips, todas ellas responsables del 11,1% de las emisiones históricas de dióxido de carbono procedentes de combustibles fósiles y cemento o, lo que es lo mismo, 196 toneladas de CO₂. Entre las estatales, están Saudi Aramco, Gazprom, la National Iranian Oil Company, Coal India y Pemex, que son responsables del 10,9% de las emisiones históricas de este gas de efecto invernadero.

«La investigación de Carbon Majors nos muestra exactamente quiénes son los responsables del calor letal, el clima extremo y la contaminación atmosférica que amenazan vidas y causan estragos en nuestros océanos y bosques», asegura Tzeporah Berman, directora de Programas Internacionales de la organización ambiental Stand.earth y presidenta del Tratado de No Proliferación de Combustibles Fósiles (TNPCF).

«Estas empresas han obtenido miles de millones de dólares de beneficios mientras negaban el problema y retrasaban y obstruían la política climática. Gastan millones en campañas publicitarias sobre su participación en una solución sostenible, mientras siguen invirtiendo en la extracción de combustibles fósiles».

Repsol aparece en la lista


Las emisiones de los últimos años se vinculan a más empresas. Más allá de las 57 más contaminantes, un total de 117 productoras son responsables del 88% de las emisiones mundiales de CO₂ procedentes de combustibles fósiles y cemento desde 2016 hasta 2022.

Entre ellas se encuentran BP, Shell, RWE y Total Energies, así como la petrolera española Repsol, que ocupa el puesto número 50 en el listado del total de empresas analizadas. Carbon Majors, la base de datos usada para el análisis, le atribuye unas emisiones acumuladas de 4.584 millones de toneladas de CO₂ equivalente desde 1964, es decir, un 0,23% del total de las emisiones mundiales.

«Repsol apoya la acción por el clima en sus comunicaciones de primera línea. Sin embargo, la petrolera parece ser predominantemente negativa en su compromiso con la política climática, incluida la oposición a la legislación sobre emisiones de GEI y la defensa del papel a largo plazo del gas fósil en el mix energético», apunta también Carbon Majors.

Como recordatorio, en 2022, Repsol estuvo en cabeza con casi 12,5 millones de toneladas de dióxido de carbono emitidas en España a la vez que lograba los mayores beneficios de su historia: 4.251 millones de euros netos. Ahora, la compañía que dirige Josu Jon Imaz se ha visto envuelta en una demanda liderada por Iberdrola por greenwashing.

La única compañía española que aparece en la lista de este análisis no es la única acusada de la lavado verde. O de conocer el impacto climático de sus acciones y ocultarlo durante décadas. Pero, además, la investigación de InfluenceMap también afirma que la mayoría de las empresas de combustibles fósiles hicieron caso omiso al Acuerdo de París: produjeron más combustibles fósiles en los siete años posteriores a la adopción del tratado que en los siete años anteriores. En concreto, el 65% de las empresas estatales y el 55% de las empresas propiedad de inversores muestran una mayor producción ahora que anteriormente, sobre todo en el continente asiático.

Foto: REUTERS/Marcelo del Pozo.

Fuente: https://climatica.coop/emisiones-deco2-57-empresas/

22 de diciembre de 2021

Nuestro único planeta acechado por la geoingeniería, más combustibles fósiles y agricultura digital

Ecología social

La amenaza que plantea el cambio climático a la existencia del planeta y sus habitantes se desarrolla imparable y es reconocida por los pueblos de todo el mundo. Hay un clamor porque los gobiernos lo enfrenten eficazmente  y sin embargo, la COP26 concluyó en Glasgow con poco más que promesas llamativas y dudosas iniciativas comerciales. La presidencia del Reino Unido permitió al grupo de presión de los combustibles fósiles dominar la Conferencia y excluir a muchos otros, especialmente del Sur Global. El sector de los combustibles fósiles tenía más grupos de presión presentes en la COP26 que incluso la mayor delegación nacional, y sus cabilderos estaban incluidos en 27 delegaciones oficiales de países. El acceso a la COP26 fue muy inequitativo, ya que muchos de los países del Sur se vieron limitados por el apartheid de las vacunas, los cambios constantes y caóticos para los visados, y el hostil entorno de inmigración del Reino Unido. Tanto a los observadores veteranos como los nuevos que consiguieron acceder a la “Zona Azul” de la COP se les impidió observar las negociaciones a las que normalmente tendrían acceso. Este sesgo contribuyó inevitablemente a los resultados posteriores.

La geoingeniería se abre paso, Estados Unidos y China la promueven

Con la certeza científica de que hay cambio climático, las posturas negacionistas se están volviendo algo del pasado. Ya las empresas de combustibles fósiles aceptan que el cambio climático es real y están ideando un abanico de formas de ganar dinero con él, lanzando una fanfarria de iniciativas brillantes pero excluyentes. Estas iniciativas ofrecen una narrativa pública tranquilizadora (aunque falsa), lavan la cara a las empresas implicadas, e incluyen la promoción de tecnologías de alto riesgo como las de geoingeniería. Esto es extremadamente preocupante, ya que estas tecnologías, que ni siquiera existen fuera de los modelos, desvían la atención de las soluciones reales, pese a que la geoingeniería está bajo una moratoria de facto en el Convenio sobre la Diversidad Biológica de la ONU.

Los planes para sacar provecho de la crisis climática fueron ejemplificados por Estados Unidos y China, los principales productores y usuarios de combustibles fósiles del mundo, que lanzaron una declaración conjunta para “mejorar la acción climática”. En este acuerdo se anuncia la intención de desplegar y aplicar tecnologías de geoingeniería como la captura, uso y almacenamiento de carbono (CCUS, por sus siglas en inglés) y la captura directa de aire (DAC, por sus siglas en inglés). Estas tecnologías, en gran medida teóricas, generan más emisiones de las que reducen y están siendo desarrolladas principalmente por la industria de los combustibles fósiles para justificar mayor extracción y contaminación bajo la trampa conceptual del “cero neto” (ver más abajo).

Misión de Innovación Agrícola para el Clima: el agronegocio como nuevo héroe climático

Otra iniciativa lanzada en el marco de la COP26, “AIM for Climate” (AIM4C, Misión de Innovación Agrícola para el Clima), amenaza la soberanía alimentaria. Encabezada por Estados Unidos y los Emiratos Árabes Unidos, sus promotores afirman que podría hacer que el sistema alimentario mundial sea “cero neto” para el 2050 mediante la “innovación” enfocada en el clima (es decir, la producción de alimentos basada en la digitalización, la automatización y las tecnologías de biología sintética). Sin embargo, AIM4C tiene como objetivo principal impulsar una nueva ola de agricultura industrial de alta tecnología, cambiar la percepción del agronegocio de villano a héroe, atraer financiación para el clima y alinearla con los intereses de compañías de datos masivos como Microsoft y AWS de Amazon, cuya influencia en la agricultura es cada vez más grande.

AIM4C amenaza con aumentar el acaparamiento de tierras, poniendo en peligro la existencia de los campesinos y agricultores en pequeño, que alimentan a la mayoría de la población mundial y que ya están enfriando el clima a través de la agricultura local y ecológica. Planteamos con éxito estas preocupaciones en Glasgow, con organizaciones de la sociedad civil, indígenas y de campesinos, y la Red de Acción Climática otorgó el 3 de noviembre un “Fósil del Día” a Estados Unidos por AIM4C.

La farsa del “cero neto” es inocultable, incluso para los gobiernos. Los ejércitos planean aprovecharla

El “cero neto” es un término típico del “doble lenguaje”: no es un cero real, sino una trampa diseñada para permitir que las empresas de combustibles fósiles sigan contaminando y para establecer nuevos mercados de carbono. Descaradamente, muchos pregonan el “cero neto” para 2050 como el objetivo de las negociaciones sobre el clima, pero en realidad es justo lo contrario de lo que se necesita: dejar los combustibles fósiles bajo el suelo. Más de 700 organizaciones de la sociedad civil de todo el mundo hicieron un llamado global por “soluciones reales, no cero neto” al inicio de la COP26 y el Grupo ETC participó en un evento clave de la sociedad civil en el que se expuso “por qué los contaminadores son los mayores promotores del ‘cero neto’”. También hay oposición entre los gobiernos: Bolivia, hablando en nombre de los países en desarrollo de ideas afines en las negociaciones oficiales del último día de la COP26, cuestionó explícitamente el concepto de “cero neto”, observando que permite a los países desarrollados eludir sus responsabilidades utilizando el presupuesto de carbono que pertenece al mundo en desarrollo. En la COP 26 se presentó un mapa interactivo sobre las emisiones de los países con mayor gasto militar en el mundo, en Desinformémonos, Silvia Ribeiro hace un recuento de la información que hay sobre la contaminación que producen las fuerzas armadas.

No hay planes para dejar los combustibles fósiles en el suelo. Los grupos de presión de la industria de los combustibles fósiles deberían ser excluidos de cualquier COP futura

Casi 30 años después de la firma de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC), sus partes siguen siendo incapaces de comprometerse con la supresión de los combustibles fósiles. El hecho de que hayan sido apenas mencionados por primera vez en tres décadas de negociaciones en el contexto de “subsidios ineficientes a los combustibles fósiles”, difícilmente inspira confianza se que se avanzará hacia la disminución de emisiones que se necesita con tanta urgencia. Los resultados de la COP26 son profundamente preocupantes, pero la fuerza y la amplitud de la energía de la sociedad civil, las demandas de cambio y la vinculación y el trabajo en red, incluso teniendo en cuenta las circunstancias extremadamente difíciles que presenta la pandemia, fueron alentadores. Tenemos que redoblar nuestros esfuerzos para frenar el cambio climático de formas reales, efectivas y equitativas que protejan la soberanía alimentaria y los derechos humanos. Los cabilderos de la industria de los combustibles fósiles, que superaron en número a todas las delegaciones en la COP26, deben ser excluidos sistemáticamente de cualquier COP climática futura y de otras negociaciones sobre el clima y la biodiversidad.

Vídeo: Vigilancia en los territorios. ¿Qué es la agricultura 4.0?


Fuente: ETC