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22 de abril de 2023

«El ecofeminismo tiene que ser antifascista»

Vandana Shiva   (Entrevista Patricia Reguero Ríos)

Vandana Shiva (Dehradun, India, 1952) participó en la conferencia Crisis climática, ecofeminismo y bienestar animal del Encuentro Internacional Feminista organizado por el Ministerio de Igualdad el 25 de febrero. En esta entrevista, realizada ese día, llama la atención sobre algo: es la única mesa prevista en este encuentro para hablar sobre ecología y feminismo, aunque hay más de cien ponentes.

Física, filósofa y escritora, en 1982 creó la Fundación para la Investigación Científica, Tecnológica y Ecológica para proteger la biodiversidad y, en concreto, las semillas, ante las prácticas expansivas y privatizadoras de Monsanto —corporación que impone sus semillas modificadas genéticamente—. La revista Time la ha definido como una “heroína medioambiental” y es autora de numerosos libros de referencia en el ecofeminismo, entre ellos ¿Quién alimenta realmente al mundo? (Capitán Swing, 2018). La ovación que recibe en el auditorio, absolutamente lleno, es una pequeña muestra de su influencia.


En su intervención ha planteado grandes desafíos y, al mismo tiempo, ha hablado de cosas muy pequeñas, como los microbios. ¿Cómo pueden los microbios ayudarnos a dejar de destruir el planeta?

Hay una cosmovisión mecanicista que va de la mano con la teoría de los gérmenes de que cada microbio es una cosa peligrosa que nos va a atacar. Incluso durante la época del covid, muchos científicos han hablado de cómo teníamos que acabar con los virus. Pero somos virus en un 90%, somos microbios andantes y biomas andantes.

¿Cómo pueden ayudarnos los microbios? En primer lugar, pueden hacernos más humildes al ayudarnos a recordar que son los seres más antiguos de este planeta, más que las plantas. En segundo lugar, pueden ayudarnos regenerando la idea de los ciclos. Porque lo que hizo el colonialismo con el extractivismo, con el industrialismo, es acelerar la idea de que las materias primas se extraen de la tierra. La cosmovisión mecanicista ha creado una linealidad y un reduccionismo del pensamiento. Incluso ahora, muchos de los movimientos están equivocados porque de alguna manera piensan que se pueden separar las plantas de los animales y los microbios de las plantas… Y nadie defiende a los microbios…

Bueno, usted sí…

¡No se dan cuenta de que la vida es un ciclo! Cuando nuestra vida se acabe, seremos alimento para los microbios. Podemos aprender de los microbios la humildad, a deshacernos de la arrogancia antropocéntrica y darnos cuenta de que la pequeñez en realidad es una fuente de poder.

Otras cosas pequeñas que son muy importantes en su carrera son las semillas. ¿Confía en las lecciones que puedan darnos las semillas?

Confío en las semillas después de pasar casi cuatro décadas con ellas. Yo no sabía nada de semillas cuando empecé, tuve que aprenderlo todo. Empecé porque la industria que nos trajo los productos químicos, los pesticidas, en una reunión celebrada en 1987, dijo muy claramente que la razón principal por la que tenemos que hacer ingeniería genética es para poder obtener patentes de semillas. Y la razón principal por la que necesitamos un tratado internacional era impedir que los agricultores guarden semillas para que todas las semillas queden en monopolio.

Lo expusieron y dije que la idea de que todas las semillas les pertenecieran es obra del imperialismo. Imagina lo que les pasará a los campesinos si tienen que comprar semillas todos los años: se endeudarán más. Puedo imaginarme incluso que se suicidarían y, de hecho, es una de las razones de los suicidios de granjeros en la India: 400.000 agricultores se han suicidado y la razón principal es la deuda por productos químicos y semillas. El 85% de los suicidios se producen en la zona algodonera y el 95% del algodón está controlado por Monsanto y por una empresa de algodón.

Entonces, ¿qué nos pueden enseñar las semillas? Las semillas pueden enseñarnos la renovación, la regeneración. Todo el mundo habla de regeneración pero, si tú quieres aprender la regeneración, aprende de la semilla. Si tomas una pequeña semilla, obtendrás una nueva generación. Pero no solo te da otra: te da cien, mil, 100.000 semillas. Por lo tanto, las semillas pueden enseñarnos cómo superar la falsa construcción patriarcal de la escasez y te enseñan la abundancia. Y la tercera cosa que nos enseñan las semillas es que una semilla se convierte en planta, pero la próxima generación de semillas la producen los polinizadores: el crecimiento de la planta es una combinación del trabajo de los organismos del suelo y el sol. Así que las semillas también pueden enseñarnos a cooperar.

Lamento llevarla a otros escenarios, como la guerra en Ucrania. Esta guerra ha demostrado a los europeos los límites de nuestros recursos. Hemos aprendido que los recursos no están disponibles todo el tiempo para nosotros. ¿Cree que esa es la lección que el norte global necesita aprender?

Pienso dos cosas sobre la guerra en Ucrania y es que, en realidad, se trata de una crisis de la democracia. Y la crisis comenzó en 2014, cuando el gobierno electo fue derrocado por la interferencia de los Estados Unidos. Eso también llevó a la guerra ya en grandes partes de Ucrania, en las partes orientales. Se está librando una guerra donde muere gente todos los días.

Otra cosa que ya estaba clara, incluso antes de que Rusia invadiera Ucrania hace un año, es el hecho de que ya se estaban apoderando de sus recursos. La mitad de las tierras de cultivo de Ucrania han sido ocupadas por empresas respaldadas por Estados Unidos. Ucrania fue el primero de los países de Europa del Este en ser presionada a cambiar sus políticas agrícolas.

Así que creo que, en primer lugar, Europa necesita entender su relación con el resto del mundo. Y en segundo lugar, están los límites de los recursos, que en Europa siempre son superados yendo a otros países. La colonización es una colonización europea, primero de España y luego de Inglaterra, que en realidad se produjo para obtener recursos. Se apoderaron de todas nuestras tierras, se apoderaron de todos nuestros bosques. Y hubo una ocupación continua de las semillas, de la biodiversidad, del agua. Esta colonización tiene que ver con la guerra de Ucrania en el sentido de que existe una economía global basada en la especulación, en el crecimiento ilimitado, en la financiarización. Y, si los precios del petróleo han subido, no es por la guerra de Ucrania sino porque las compañías petroleras están extrayendo más ganancias de la gente. Si los precios de los fertilizantes han subido, es por la misma razón. Y lo mismo con los alimentos. Se culpa mucho a la guerra de cosas que tiene que ver con la economía global.

Muchas mujeres han valorado estos días en el encuentro las políticas públicas feministas que están implementando en sus países. Hemos visto a figuras muy destacadas de Argentina o, por supuesto, de España hablar sobre cómo están implementando estas políticas feministas públicas. ¿Cree que estas políticas son políticas ecofeministas?

Las políticas que se han discutido en la conferencia han sido principalmente políticas sobre el trabajo de las mujeres. Las mujeres trabajan y cuidan, y son políticas importantes porque el capitalismo siempre se ha basado en extraer el trabajo gratuito de las mujeres, que es lo que sustenta todo el edificio. Hoy en día, la economía globalizada extrae cada vez más de los trabajadores, por supuesto, pero sobre todo de las mujeres. Cuando realicé estudios sobre el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional y nos organizamos en todo el Sur cuando se impusieron los programas de ajuste estructural, las mujeres tenían que trabajar para conseguir empleos en el marco del ajuste estructural solo para mantener a sus familias en pie. En una buena economía, un trabajo es suficiente. Pero cuando todo se derrumba y a los agricultores no se les paga lo suficiente, necesitas tener más y más trabajo.

Por lo tanto, ante la codicia globalizada y la falta de responsabilidad por parte de las empresas, el resultado es una carga cada vez mayor sobre las mujeres. Incorporar este tema a las políticas públicas empieza a dar resultado. Transfiere la carga de las mujeres al sistema público.

Se ha hablado mucho estos días de la institucionalización del feminismo. ¿Qué ocurre cuando el feminismo entra a la institución? ¿Se lleva bien con ese feminismo con los feminismos desde la base?

Por lo que observo en términos de las personas que hoy están en las instituciones en España, son personas que antes formaban parte del movimiento. Son activistas que hoy ocupan puestos ministeriales. El poder proviene de los movimientos y el día en que las instituciones olviden que la sociedad es lo primero y que las instituciones secundarias, ese día las instituciones se convertirán en sistemas opresivos y no liberadores.

Sus compañeras de ponencia han explicado cómo la explotación de la tierra está relacionada con la violencia contra las mujeres. ¿Es el ecofeminismo una propuesta para acabar con la violencia contra las mujeres?

La violencia contra las mujeres se debe al hecho de que algunos patriarcas quieren ser dueños de la tierra y quieren apoderarse de la tierra y los territorios. Muchas oradoras han dicho: se trata de nuestra tierra y nuestra vida. Que las mujeres defienden la tierra y la vida es evidente si nos fijamos en la literatura sobre feminicidios. Ante el hecho de que se está produciendo un ecocidio, las mujeres se ponen de pie. La violencia contra las mujeres y la violencia contra la tierra están interconectadas y la paz con la tierra y la paz y la sociedad están interconectadas.

Usted ha explicado que hay varios trucos fundacionales del patriarcado. Uno es que la mujer es el “segundo sexo”.

Sí. Y la otra parte del truco es que la naturaleza está muerta. Aquí están las plantas, los árboles que crecen en el bosque, las mariposas, las abejas… ¡y dice que está muerta! Llevamos cien años gobernados por una ilusión.

¿Cree que estos trucos ahora están expuestos?

Yo empecé a ver eso en los 70 y 80, cuando escribí mi libro Staying alive: Women, ecology and development. Traté de entender por qué destruimos el bosque cuando las mujeres ven que está vivo. Lo que encuentro ahora son, por supuesto, las ecofeministas que han dicho eso durante los últimos 30 o 40 años, pero los científicos ahora se están refiriendo a esto.

No solo viva sino, dice usted, creativa…

La palabra “naturaleza” se compone de varios términos que significan “primera fuerza creadora”. Nuestra creatividad depende de la creatividad de la tierra.

Participó en el movimiento de los Chipko en los años 70 y lleva varias décadas en el ecofeminismo. ¿Qué nuevos desafíos tiene hoy el ecofeminismo?

Me involucré en Chipko porque había crecido en los bosques y vi bosques destruidos. Encontré a Chipko y fui voluntaria mientras hacía mi doctorado en Teoría Cuántica. Durante ese tiempo, solo había un lobby, y los derrotamos: acabamos con la tala comercial en las altas montañas. Hoy los desafíos tienen varias vertientes, eso no existían hace cuarenta años. Se trata de megaproyectos de lo que se denomina infraestructura. Yo la llamo la infraestructura de la codicia y la velocidad.

Cuanto más crece la infraestructura de la codicia, más se destruye la infraestructura de la vida. La segunda cosa que no existía en esa época es la globalización. En nuestra época, sabíamos exactamente quién era el contratista del lobby forestal y podíamos hacer que rindiera cuentas; hoy en día, los intereses económicos son invisibles, no están delante de ti, no son de su país, pero están al mando de todo en la economía.

El tercer desafío que no existía entonces, ni siquiera existía en los ochenta, es el dominio del sistema financiero y la financiarización del mundo. Cómo oculta quiénes son los que controlan las personas, escribí un libro llamado El planta es de todos, unidad contra el 1%  porque descubrí que la mayoría de las empresas ahora son propiedad de los fondos de gestión de activos, el 70%: Coca-Cola, Monsanto, Apple, Microsoft, todas ellas propietarias, y BlackRock, Vanguard y State Street. Ahora, estas son entidades invisibles en la vida de las personas y son anónimas y no están gobernadas por nadie. No están gobernados por los bancos de reserva ni por gobiernos, se gobiernan a sí mismos. Así que también han cambiado la economía, porque han tomado el valor real de un bosque y lo han convertido en un activo financiero. Han tomado el valor real del agua y lo han convertido en objeto de negocio. Estos son los tres desafíos que son muy diferentes y que nos indican que ahora necesitamos tanto la acción local, que es necesaria, como una solidaridad global y una solidaridad internacional, porque las fuerzas ahora son globales.

En su exposición no ha aludido al contexto actual de emergencia de ideas totalitarias a través de partidos de extrema derecha, como han hecho las otras ponentes. ¿Cree que la extrema derecha es un problema para el ecofeminismo?

Por supuesto que lo es. En mi libro Democracia en la Tierra explico que, si las corporaciones globales se apoderan de las economías y la globalización destruye las democracias nacionales, entonces un problema va a ser la concentración del poder. Así es como surgieron los multimillonarios. Así es como surgió Monsanto. Así es como crecieron todos los monopolios en la globalización. Pero otra cosa quedó muy clara: cuando el dinero se apodera de la democracia representativa, básicamente se roba los instrumentos de toma de decisiones. Y también destruye las economías locales y destruye los medios de subsistencia.

Así que una reacción natural es organizar una protesta, como ocurrió en Seattle. Pero después de eso, comenzó la militarización y en Ginebra mataron a tiros a un joven. Por otro lado, crearon guerras culturales. Y como escribió Samuel Huntington en ese período, en el choque de civilizaciones solo puedes saber quién eres si sabes a quién odias. Así que se creó una política de identidad basada en la negatividad. Tienes que encontrar enemigos, y el ascenso de la derecha busca enemigos y destruye las libertades colectivas indivisibles.

El ecofeminismo tiene mucho que decir, tanto sobre cómo recuperar la democracia económica, que tiene sus raíces en la democracia ecológica, como sobre cómo recuperar nuestra paz dentro de la sociedad, viviendo con nuestras diversidades.

¿El ecofeminismo es necesariamente antifascista?

Tiene que serlo. ¿Cuándo se construyó el racismo? Con el colonialismo. Cuando los esclavos se convirtieron en propiedad, la raza se definió como una discriminación. Antes de eso, teníamos la diversidad racial del mundo. Cada vez que ha habido una concentración del poder económico, hemos tenido el crecimiento del fascismo. Mussolini lo dijo muy claramente, el fascismo es la convergencia del poder económico y político. Por eso, cada vez que destruimos los sistemas públicos y permitimos que el beneficio privado crezca sin límites, la cabeza del fascismo se levanta. Así que el feminismo igualitario está en contra de tratar a la tierra como un objeto muerto, como terra nullius. Está en contra de tratar la diversidad cultural y racial en términos de superioridad e inferioridad, cuando todo lo que es es diversidad, y tiene que estar, por lo tanto, en contra del racismo. Y dado que la concentración del poder económico y político sobre la base de la superioridad cultural es fascismo, tiene que ser contra el fascismo.

Por último, volvamos a las cosas pequeñas. ¿Puede darme un ejemplo de algo pequeño, de una comunidad local, de comunidades indias, que sea un ejemplo de ecofeminismo?

Permítame volver a mi propia inspiración en este ámbito. Cuando los monsantos del mundo quisieron controlar la semilla, yo volaba de regreso a casa y dije: ¿cómo se afronta esto? Volví a pensar en el colonialismo británico y en cómo Gandhi hizo dos cosas. La primera fue decir: no usaremos ropa británica, la boicotearemos. Y lo segundo fue: haremos nuestra ropa. Sacó la rueca, que no sabía cómo hacer girar. La hilandería de la India había sido destruida por los británicos. Encontró a una anciana de 80 años y aprendió a tejer y enseñó a toda la nación a tejer. Y cuando la gente se reía y decía: ¿cómo pueden unos cuantos trozos de madera darte libertad?, él respondía: “Es lo único que me importa. Cualquier mujer en la cabaña más pequeña puede hacer su propia rueca e hilar su propia tela. El día que millones de mujeres hagan esto, seremos libres”.

Me inspiré en eso y pensé que la semilla es realmente una rueca. Cuando tienes tu semilla, puedes cultivar tu cosecha. No te endeudas, no tienes que comprar transgénicos. Durante el covid, las grandes cadenas de suministro colapsaron y los cultivos comerciales se derrumbaron.

Las mujeres guardan las semillas y cultivan lo que llamamos jardines de esperanza. Siempre digo que no importa lo pequeño que sea, podría estar en tu balcón, el caso es que da algo de comida. Así que he estado alentando a las mujeres a tener pequeños jardines de la esperanza. Y algunos de ellos les permitieron superar el bloqueo por covid. Algo tan pequeño abordó el fracaso de las cadenas de suministro.

Vandana Shiva. Física, filósofa y escritora india. Activista en favor del ecofeminismo, recibió el Premio al Sustento Bien Ganado —también llamado Premio Nobel Alternativo—, en 1993.

Foto: Vandana Shiva en el Encuentro Internacional Feminista. Elvira Megías

Fuente: https://www.elsaltodiario.com/ecofeminismo/vandana-shiva-encuentro-internacional-ecofeminismo-antifascista´

19 de julio de 2017

“Empujan a la humanidad al límite”

Vandana Shiva  (Entrevista)

“Es un día para recordar que somos parte de la Tierra, y que todos tenemos el deber de cuidarla. Que dos siglos de desarrollo impulsado por combustibles fósiles está empujando a la humanidad al límite. Y tenemos que cambiar de rumbo”. Con esta sentencia, la filósofa y ecofeminista india Vandana Shiva, ganadora del Premio Nobel Alternativo en 1993, comenzó la carta que se replicó a lo largo del mundo a partir del Día Mundial del Medio Ambiente, celebrado el 5 de junio. Pero el rumbo de sus preocupaciones, cuyo foco ahora está puesto en los problemas ambientales que asolan al planeta, venía de posarse sobre la Argentina. Unas semanas atrás, Shiva hizo llegar un escrito judicial a la Corte Suprema de Justicia con el objetivo de participar en el juicio que la ONG Naturaleza de Derechos inició contra la corporación Monsanto y el Estado Nacional, mediante el que se intenta prohibir la liberación y comercialización de la soja transgénica RR2 en el territorio argentino.

Convertida en una de las principales referentes mundiales dentro de los movimientos ecologistas, Vandana Shiva fue una de las promotoras de la conformación del Tribunal Civil Monsanto que durante el mes de octubre de 2016 recibió decenas de testimonios de todas parte del mundo sobre las implicancias en la salud y el ambiente de los agrotóxicos y órganos genéticamente modificados, y que en abril pasado declaró a Monsanto culpable del delito de ecocidio en la Corte Internacional de La Haya. Tras su visita el año pasado a la Argentina, durante el Festival de Cine Ambiental realizado en la Ciudad de Buenos Aires, Shiva estableció un vínculo con organizaciones socioambientales locales que se convirtió en un puente para que el 22 de Mayo pasado acudiera por escrito ante la Corte Suprema de Justicia, declarando su interés por “presentarse en la causa judicial como Amicus Curiae, a fin de dar una opinión a esta Corte sobre la necesidad de decretar la suspensión de la Soja Intacta RR2 de la empresa Monsanto Argentina SAIC, que representa un riesgo de daño grave e irreparable a la agricultura tradicional, salud humana, ambiente y biodiversidad”.

En ese mismo escrito, Shiva explica a la Corte Suprema la necesidad de una audiencia pública previa al tratamiento del caso que acaba de llegar a sus manos, que permita la opinión de expertos independientes sobre los Organismos Genéticamente Modificados (OGM). Sin ese paso, para la filósofa hindú es imposible poder determinar las consecuencias sociales y los efectos ambientales producidos por los agrotóxicos de Monsanto, cuya inocuidad alimentaria y ambiental –esgrimida por la multinacional desde sus comienzos–, nunca fue probada en estudios a largo plazo. Por otra parte, Shiva señala que el cultivo transgénico RR2 está preparado para uno solo de los más de diez sub-biomas de la Argentina, y que se desconocen los efectos que pueda causar en el resto del territorio.

Luego de recibir una mención especial en Nueva Dehli por su “vida de servicio a la Tierra”, durante el Día Mundial del Medio Ambiente, Shiva participó del funeral de Madhav Dave, el Ministro de Medio Ambiente Hindú que había recibido amenazas por desaprobar la mostaza transgénica de Monsanto en la India, y que fue encontrado muerto en su casa el 18 de mayo. Al llegar a su ciudad natal, Dehradun, Vandana Shiva atendió a Páginað12 para hablar sobre el complejo escenario ambiental en el que estamos inmersos.

–¿Cuáles son hoy las problemáticas ambientales más graves que enfrenta la humanidad?

–El problema más profundo es la continuación de la visión mecanicista del mundo, el cual ve la naturaleza como algo inerte, como materia prima a ser explotada, como un vertedero para nuestros desechos. Esta visión del mundo ganó fuerza con los combustibles fósiles, y se impuso en el mundo a través del colonialismo, destruyendo las culturas de Bhoomi, Pachamama, Gaia, las cuales ven a la Tierra como un ser vivo, y a los seres humanos como parte de la tierra. Las diversas expresiones de la crisis ecológica –caos climático, erosión de la biodiversidad, extinción de especies, desaparición y contaminación del agua, desertificación, contaminación tóxica– están todas relacionadas con este paradigma mecanicista anquilosado.

–¿Cuáles son las expresiones materiales más peligrosas de este paradigma mecanicista?

–Como científica ecológica y activista, veo la agricultura industrial como la fuente más importante de destrucción de la salud del planeta y nuestra salud. El 75 por ciento de la destrucción del suelo, del agotamiento del agua, de la erosión de la biodiversidad, están relacionados con los impactos de los productos químicos en la agricultura. Estos productos químicos se derivan de los combustibles fósiles, y la agricultura industrial es responsable de la mitad de los gases de efecto invernadero que contaminan la atmósfera y causan inestabilidad climática. Los alimentos de esta agricultura también son responsables del 75 por ciento de las enfermedades crónicas que afectan a la humanidad. La fumigación de Roundup en Argentina, en la soja Roundup Ready, ha llevado a una epidemia de cáncer. Esto era conocido por Monsanto desde 1984. Sin embargo, mintieron diciendo que el glifosato Roundup es seguro. Pero tenemos una alternativa probada en la agroecología del cultivo de alimentos sin venenos. La agricultura libre ahora se ha convertido en una alternativa para el medio ambiente y la salud. Y creo que está teniendo lugar un gran cambio de conciencia.

–¿Qué posibilidades se abren para prohibir los cultivos transgénicos luego de que La Haya condenase a Monsanto por sus crímenes contra el medio ambiente?

–Creo que se está volviendo inaceptable para la gente que las corporaciones criminales y los gobiernos pícaros puedan destruir la tierra sin ninguna responsabilidad, violando el principio de que el contaminador debe pagar. Creo que el mundo está cada vez más abierto para entender el ecocidio como un verdadero crimen contra la naturaleza.

–Hace pocas semanas, luego de visitar la Argentina en 2016, usted envió a la Corte Suprema de Justicia un escrito para poder atestiguar contra la corporación Monsanto, ¿cuáles son sus impresiones sobre la situación en el país?

–En Argentina e India, Monsanto está atacando las leyes de patentes que reconocen que somos parte de la familia de la Tierra, que las plantas y los animales no son invenciones humanas y por lo tanto no son patentables. La codicia de Monsanto por recaudar derechos de autor a través de patentes sobre semillas está llevándola a atacar nuestras leyes nacionales y la soberanía de semillas

–¿En qué países se ha prohibido el uso de cultivos transgénicos?

–La mayor parte de Europa está libre de OGM, la mayor parte de Asia está libre de OGM. Aparte del algodón transgénico, India no tiene ningún cultivo de alimentos transgénicos. Monsanto trató de impulsar una berenjena transgénica. Se organizaron audiencias públicas en todo el país y se detuvo. Durante dos años, Monsanto-Bayer ha estado intentando empujar una mostaza transgénica que hemos detenido hasta ahora. El Satyagraha (término acuñado por Mahatma Gandhi que se refiere a “la fuerza de la verdad”) y la no cooperación con el Cartel del Veneno son nuestras últimas estrategias de organización para tener zonas libres de OGM y de venenos.

–Los cambios ambientales, con el calentamiento global en primer lugar, hoy amenazan con erradicar la vida en el planeta en el corto o mediano plazo. ¿Cree que es posible revertir esta situación?

–El planeta no terminará con el calentamiento global. Lo que terminarán son las condiciones para la vida humana en la tierra. Científicos como Stephen Hawking dicen que en 100 años estaremos extinguidos, o que deberemos escapar a otros planetas. Pero hay una tercera opción, reconocer que somos terrícolas, miembros de la familia de la tierra. Podemos rejuvenecer este planeta, nuestro hogar, a través de la agroecología, y crear condiciones para la continuación de la vida humana y de otros seres vivos en la tierra. La agroecología no es sólo la solución a la epidemia de veneno y enfermedad. Es la solución al cambio climático porque a través de las plantas y la biodiversidad se extrae el exceso de carbono y nitrógeno del aire, y es devuelto al suelo, como escribí en el libro Soil not Oil. Quedarse aquí y cuidar de la Tierra también nos permite cuidar nuestro futuro. Esta es nuestra mejor opción. Es un imperativo ecológico.

Entrevista de Diego Fernández Romeral