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16 de noviembre de 2025

VIH en la Amazonía: No solo una epidemia, una crisis de equidad

Celeste Cambria Rosset ​    (Las Tejedoras)

Sólo con alianzas entre Estado, pueblos indígenas, sociedad civil y cooperación internacional se podrán cerrar brechas históricas y avanzar hacia el control de la epidemia en la Amazonía peruana.

La región Amazonas, amplia y diversa, enfrenta grandes desafíos para la prevención del VIH debido a su dispersión geográfica, las limitadas vías de comunicación y la precaria infraestructura sanitaria. En este contexto, la provincia de Condorcanqui, en la que habitan los pueblos originarios Awajún y Wampis, vive una de las crisis epidemiológicas más graves de la Amazonía peruana.

En el año 2023 se notificaron 204 casos de VIH y se produjo un pico de 410 diagnósticos en 2024. Más del 85 % corresponde a población Awajún, donde la prevalencia estimada (1,8 %) es casi seis veces mayor que la media nacional.

La afectación en mujeres gestantes es crítica: en 2024 se identificaron 46 casos, lo que implica un alto riesgo de transmisión vertical si no se aplican intervenciones oportunas y culturalmente pertinentes. Muchas mujeres no acceden al diagnóstico o abandonan el tratamiento por estigmas, desinformación o dificultades para asistir a controles. Ese mismo año se reportaron 76 niños menores de un año con VIH, señal de que la transmisión madre-hijo persiste y las estrategias actuales son insuficientes.

La situación del VIH en Condorcanqui —y en particular la afectación creciente en mujeres gestantes— es un reflejo de las brechas estructurales que persisten en el país. No se trata solo de una epidemia, sino de una crisis de equidad, de acceso, de reconocimiento cultural. Cada niño que nace con VIH, cada mujer que calla su diagnóstico por miedo, es una señal de que el sistema aún no ha sabido escuchar lo suficiente ni responder con justicia.

Se requiere una respuesta integral e intercultural que garantice tratamiento continuo y detección oportuna. Sólo con alianzas entre Estado, pueblos indígenas, sociedad civil y cooperación internacional se podrán cerrar brechas históricas y avanzar hacia el control de la epidemia en la Amazonía peruana.

Celeste Cambria Rosset​.  Antropóloga y especialista en salud pública.

Fuente: https://larepublica.pe/opinion/2025/11/05/vih-en-la-amazonia-no-solo-una-epidemia-una-crisis-de-equidad-por-las-tejedoras-hnews-320400

1 de junio de 2025

La Amazonía y una opinión impopular

Enrique Ortiz

Un ambientalista nos pide realismo y cabeza fría en la lucha por el planeta

A mediados de mayo se realizó en Lima “El futuro de la Amazonia”, un evento organizado por una importante fundación filantrópica. Se contó con la crema y nata del ambientalismo peruano e internacional y en él se hizo un pedido específico a los distinguidos panelistas: evaluar los últimos treinta años de la defensa de este ecosistema en cuanto a avances, en tono positivo, y recomendar acciones para los siguientes treinta. Fue un ejercicio muy interesante en el que se habló de todo, lo que demostró lo difícil que es para muchos ser positivos en sus enfoques, cuando hay mucho que decir sobre los logros.  Curiosamente, el futuro fue identificado como una oportunidad para defender los derechos y demandas de los pueblos indígenas y las comunidades locales (ribereños, caboclos, quilombolas, etc), y para encontrar soluciones aprovechando el avance de la tecnología, además de las oportunidades que traerá la llamada “transición energética”.  

Si bien se hicieron intervenciones acertadas y coherentes, quizás a veces no nos demos cuenta de la importancia de problemáticas más básicas para salvaguardar este ecosistema. Poniéndolo en términos menos rígidos, como los culinarios —obsesión cultural peruana—, parecemos entretenernos con los platos de acompañamiento, como la canchita o la causita; y si lo pasamos a términos futbolísticos, nos quedamos en las jugaditas y el taquito, sin ver el plato de fondo ni los goles. Aunque es notorio que son muchos los preocupados por esos temas, creo que el futuro de la Amazonia depende de afianzar los procesos democráticos y de fortalecer las instituciones ambientales. Si evaluamos los logros del pasado, creo que hemos sentado las bases de una institucionalidad importante —que incluye los gobiernos, la sociedad civil y sus organizaciones representativas—, y que hemos tenido grandes avances e importantes innovaciones en ese campo. En suma, si miramos al futuro —donde la única constante es el cambio—, debemos apuntar a lograr la resiliencia de ambos, la democracia y de los que la cuidan. Para mí, ese es el desafío.

Sin lugar a duda, no se puede menospreciar la importancia de defender los derechos de los pueblos indígenas y de su cultura. Pero recordemos que, aunque ellos sean “propietarios” del 25-30 % de la Amazonía, ellos no controlan los territorios a nivel nacional y regional. Algunas perlas: en Colombia, la Amazonía y los territorios indígenas —que son el 50 % de ella— está dominada por las antiguas guerrillas, ahora mafias, y sin presencia del gobierno, hasta el punto de que el personal de parques nacionales ha sido retirado. En Perú, el mayor incremento de la minería ilegal se ha dado en territorios indígenas. Es claro que el control de los territorios depende en su mayor parte de los estados. La población indígena representa menos del 4% de la población del territorio que habitan y, además, existe una alta tendencia de migración indígena de sus territorios hacia las ciudades. Es decir, la población indígena amazónica es una abrumadora minoría con escasa capacidad política, más allá de la reactiva. Así, tenemos un 96 % de la población que no es indígena y que elige a los Bolsonaros, a los Castillos y los “comeoros” (recordemos a ese corrupto congresista peruano asociado a las mafias de oro ilegal).  Si poco se toma en cuenta los procesos democráticos nacionales de gobernabilidad, y en particular los amazónicos, y no se enfatiza en tener instituciones capaces de defender lo logrado, de dar la luz sobre las soluciones, nos seguiremos entreteniendo con las “huachitas” o con la “canchita”.  El plato de fondo es la democracia y el resto viene como consecuencia de ella.

El pasado y el futuro en Harvard

Hace dos semanas participé en un evento organizado por la Universidad de Harvard —hoy la estrella de la resistencia ante el trumpismo—, junto a expresidentes como la chilena Bachelet (nominada a la presidencia de la ONU), Zedillo de México, Alvarado de Costa Rica, y Marina Corina Machado (líder democrática venezolana, hoy en la clandestinidad). El tema central era, precisamente, reconocer el rol de la democracia en temas sociales, económicos y ambientales. Como panelista, me hicieron las mismas preguntas que en el evento de Lima, y también me pidieron que sea positivo. Para empezar, dije lo que realmente creo: a nivel regional el vaso está medio lleno, en vez de medio vacío[1].  Aún tenemos el 82 % de la Amazonía en pie, y posiblemente el 65 % totalmente intacto. Y, en general, hemos logrado una institucionalidad (incluyendo legislación) que, aunque frágil y frecuentemente amenazada, sentó las bases de gobernabilidad territorial. También hemos desarrollado un robusto sistema de áreas protegidas a nivel regional, y una importante distribución de derechos de uso, incluyendo los territorios indígenas. Mi generación le está dejando a la siguiente material para trabajar, y eso es un logro. Mirando al futuro, resalté la importancia de enfocarnos en la resiliencia institucional para atender los problemas coyunturales, pero más para enfrentar los cambios insospechados que vendrán —militarismos, epidemias, guerras, y quién sabe qué más—, e hice un llamado al pragmatismo en nuestras propuestas. Es de resaltar, a mi parecer, la amenaza más importante que enfrentamos hoy a nivel regional: la expansión de las mafias, incluyendo la del oro, una tendencia clara sin ideología ni escrúpulos que avanza lenta pero segura, que ya ha tomado países —miren lo que pasa en Ecuador y Colombia—. Sin tener la capacidad de reacción como sociedad, estamos siendo presas de una metástasis regional. Solo en Brasil, el Primer Comando Capital —grandes en drogas y oro— tiene 40 mil militantes armados, y no son de derecha ni de izquierda. Son como el grupo Wagner ruso. En suma, necesitamos tener capacidad de análisis para enfrentar el presente y el futuro.

La paradoja climática de Blair

Hace unos días, el exlíder británico Tony Blair escribió una carta que ha removido a muchos, al punto de haber sido tildada de torpe por un sector del ambientalismo mundial[2]. En ella, Blair parece decir lo que realmente piensa ahora que ya no aspira a posiciones políticas.  Se dio el lujo de criticar el pensamiento y las tendencias actuales sobre el tema del cambio climático y de la falacia llamada “transición energética”. En lo que ha llamado “la paradoja climática”, le pide al mundo se dé cuenta de que manejamos, o estamos siendo manejados, por una narrativa fuera de la realidad que ve lo que quiere ver o no tiene la capacidad de analizar el presente. No puedo estar más de acuerdo con él.  El mundo ha cambiado y cambiará aún más. La línea de base es diferente, y requiere otro tratamiento y narrativa.  Seguimos hablando dogmáticamente y polarizando la discusión y, mientras tanto, acercándonos al abismo. El llamado de Blair a la sociedad es de get real, que revisemos serenamente el escenario y pongamos el dedo donde corresponda. Por ejemplo, según recalca, hablamos del avance de las energías renovables y la baja de la demanda por hidrocarburos, cuando en verdad ocurre totalmente lo opuesto. La disminución en las exploraciones no se da porque no se quiera usar gas o petróleo, sino porque hay demasiadas de ellas en el mercado y producir más no es negocio. Y el aumento de las renovables, si bien importante y positivo, es de una tasa de incremento mucho menor a la del consumo de las no renovables.  A nivel mundial los hidrocarburos, seguido del carbón natural, siguen siendo la principal fuente de energía, y las energías renovables están posiblemente a décadas de tomar relevancia. Que no hay duda de que debemos incrementar las energías renovables, pero que más que ser una solución climática, son más deseables por asuntos de salud u otros. A propósito, recomiendo leer The New Map de Daniel Yengin para entender el presente y futuro de los hidrocarburos.  

A la cooperación internacional debemos recordarle que, además de apoyar proyectos puntuales, la resiliencia se va a conseguir reforzando la institucionalidad y creando los espacios think tank en que podamos identificar soluciones y puntos comunes, sentados junto al sector privado, indígenas y asociaciones sociales. Discutiendo abiertamente posiciones y perspectivas, sin atacar al otro ni apuntando con el dedo creyéndonos estar por encima del bien y del mal, sin que nos importe ser cancelados en las redes.  Espacios donde comamos el plato de fondo, y metamos los goles.

[1]  https://www.drclas.harvard.edu/news/2025/05/latin-america-crossroads-climate-leadership-era-crisis

[2] https://institute.global/insights/climate-and-energy/the-climate-paradox-why-we-need-to-reset-action-on-climate-change

Enrique Ortiz. Ambientalista y ecólogo con estudios en la Universidad de San Marcos (Perú) y Princeton (EE. UU.) Tiene más de 30 años trabajando en conservación a nivel nacional e internacional, en organizaciones de la sociedad civil y en financiadoras filantrópicas.

https://jugo.pe/la-amazonia-y-una-opinion-impopular/

16 de octubre de 2024

«Seremos jaguares»

Nemonte Nenquimo   (Entrevista de Amy Goodman)

El libro de Nemonte Nenquimo busca dar a conocer al mundo las historias de los pueblos indígenas de la Amazonía para evitar el exterminio de su territorio y su cultura.

En agosto de 2023 la población ecuatoriana votó en referéndum a favor de prohibir la extracción de petróleo en el parque Yasuní de la selva amazónica. Pero ahora el recientemente elegido presidente, Daniel Noboa, ha dicho que Ecuador está en guerra contra la violencia de los grupos armados y que el país no está “en la misma situación que hace dos años”. Noboa afirma que el petróleo del Yasuní podría ayudar a financiar esa guerra contra los narcos. En este contexto, hablamos con Nemonte Nenquimo, galardonada líder waorani de la Amazonía ecuatoriana que cofundó la organización Amazon Frontlines y la Alianza Ceibo. Su reciente artículo para The Guardian se titula: “El presidente del Ecuador no renunciará a la extracción de petróleo en la Amazonía. Planeamos detenerlo… otra vez”. Nemonte acaba de publicar su nuevo libro de memorias: “Seremos jaguares: vida y resistencia en la Amazonía”, escrito junto a su pareja, Mitch Anderson, quien también nos acompaña en nuestro estudio. Anderson es fundador y director ejecutivo de Amazon Frontlines y ha trabajado durante mucho tiempo con las naciones indígenas de la Amazonía para defender sus derechos.

Transcripción

AMY GOODMAN: Esto es Democracy Now!, democracynow.org, el informativo de guerra y paz, soy Amy Goodman.

En agosto de 2023, la población ecuatoriana votó en referéndum a favor de prohibir la extracción de petróleo en el parque Yasuní de la selva amazónica. Pero ahora el recién elegido presidente, Daniel Noboa, ha dicho que Ecuador está en guerra contra la violencia de los grupos armados y que el país no está “en la misma situación que hace dos años”. Noboa ha dicho que el petróleo del Yasuní podría ayudar a financiar esa guerra contra los cárteles de la droga. Activistas e indígenas dicen que están preocupados por sus comentarios, ya que la victoria en el referéndum había sido aclamada como un ejemplo de cómo usar el proceso democrático para mantener los combustibles fósiles bajo tierra.

Para hablar más del tema nos acompaña alguien que ayudó a liderar la lucha por este referéndum y mucho más. Nemonte Nenquimo es una galardonada líder waorani de la Amazonía ecuatoriana que cofundó la organización Amazon Frontlines y la Alianza Ceibo. Su reciente artículo para The Guardian se titula: “El presidente del Ecuador no renunciará a la extracción de petróleo en la Amazonía. Planeamos detenerlo… otra vez”.

Nemonte acaba de publicar su nuevo libro: “Seremos jaguares: vida y resistencia en la Amazonía”, en el cual escribe: “En lo profundo de mí, comprendí que había dos mundos. Uno en el que estaba encendido el fuego humeante de nuestro oko, donde mi boca convertía la mandioca en miel, donde los loros le hacían eco al ‘Mengatowe’, y mi familia me llamaba Nemonte –mi verdadero nombre–, que significa ‘muchas estrellas’. Y otro mundo, en el que la gente blanca nos miraba desde el cielo, el corazón del diablo era negro, había algo llamado ‘compañía petrolera’, y los evangélicos me llamaban Inés”.

Nemonte Nenquimo nos acompaña en nuestro estudio de Nueva York junto con su pareja y coautor del libro, Mitch Anderson, quien es el fundador y director ejecutivo de Amazon Frontlines y ha trabajado durante mucho tiempo con las naciones indígenas de la Amazonía para defender sus derechos. Bienvenidos a Democracy Now! Es un honor tenerles con nosotros. Nemonte, me gustaría que comenzara diciendo su nombre. Hable sobre el pueblo indígena al que pertenece y el territorio en el que vive, en la Amazonía de Ecuador.

NEMONTE NENQUIMO: Buenos días a todos, a todas. Mi nombre es Nemonte Nenquimo. Soy una mujer waorani, líder, madre, que vengo del territorio waorani de Pastaza, en el Ecuador. Todas las mujeres, en general amazónicas, estamos al frente en línea de defensa, entregando nuestras vidas, porque las mujeres somos más consideradas y nos preocupamos por nuestros hijos e hijas, para que nuestras hijas puedan tener su espacio de vida, el agua, la tierra, el conocimiento, los valores, las plantas, los animales, [para que] podamos vivir bien, libre y digno. Entonces ahora tenemos amenazado nuestro territorio día a día. ¿Por qué nosotras como mujeres debemos estar amenazadas en nuestro territorio? Por eso yo escribí un libro de mi resistencia, de mi niñez, como una mirada de la niña. El mundo venía… yo crecí entre dos mundos. Los misioneros venían hablando sobre salvar las almas y [decían que] nuestra creencia era mala.

Las [compañías] petroleras vinieron a nuestro territorio volando en helicóptero, prometiendo el desarrollo. Hicieron mucho daño. Destruyeron nuestra agua, contaminaron nuestra tierra, contaminaron a nuestra gente también al desconectar nuestro conocimiento y valores, y también los Gobiernos vienen a ofrecer, y también las organizaciones grandes, vienen a decir que van a hacer los parques nacionales y a la vez ellos lo empeoran y nos quitan nuestro territorio.

Entonces nuestra lucha es muy importante que hemos vivido. Entonces a lo largo de eso me gustaría contextualizar, es una historia larga para estar contando, detallando. Entonces para mí es muy importante, como dice mi papá: “Hija, la gente del mundo no conoce la selva bien, más destruye”. Entonces mi historia, nuestra cultura es oral, por eso transformé lo oral con mi esposo, Mitch, en una escritura para que el mundo pueda entender cómo estamos viviendo los pueblos indígenas, conectados con la madre naturaleza, con mucho amor, con mucho respeto.

Entonces esa historia es una resiliencia, es una resistencia para que la gente del mundo pueda conocer la historia verdadera de los pueblos indígenas, de todos los pueblos indígenas que estamos viviendo una amenaza grande, gigante, porque ese sistema de aquí llega a nuestro territorio día y día y día. Entonces ese mensaje es muy importante, el libro lo pueden leer, tocar su corazón y abrirlo y hacer un compromiso de verdad, de acción, de tomar acción. ¿Con eso qué trato de decir? Desde aquí tienen que hacer una comunidad, sociedad civil, tienen que abrir sus corazones y exigir a las empresas que no sigan invirtiendo en lo que hace daño a nuestro territorio, que extermina nuestro territorio, nuestro conocimiento, nuestra cultura. Entonces, desde aquí tienen que empezar a reeducarse en no consumir lo que destruye la salud, y volver a conectar con la madre naturaleza, volver a conectar espiritualmente, volver a amar a la madre naturaleza y sanarnos a nosotros mismos. Esa es la importancia.

AMY GOODMAN: Quiero hablar sobre la lucha a favor de la ley que usted ayudó a aprobar en Ecuador. Pero primero, el título de su libro en Estados Unidos es “Seremos jaguares: vida y resistencia en la Amazonía”, pero en la edición que se acaba de publicar en Europa el título es diferente: “No seremos salvados”. ¿Puede explicar ambos títulos?

NEMONTE NENQUIMO: Pues yo crecí en dos mundos, porque los evangélicos vinieron a salvar el alma y nos trajeron… Nuestros abuelos, mis abuelos, mis tías murieron de enfermedad, polio. Y también los petroleros vinieron a decir que iban a desarrollar la vida de las comunidades, pero las destruyeron totalmente y hasta ahora está contaminando nuestro territorio [y trayendo] las enfermedades. Y los grandes petroleros, y los Gobiernos, vienen con esa misma intención, sin entender.

Por eso trato de decir “no seremos salvados” mientras no escuchen a los pueblos indígenas, las cosmovisiones de los pueblos. A veces vienen con la estructura del hombre blanco, pensando que ellos son mejores, que ellos tienen ideas mejores, trayendo una propuesta de desarrollo, y están destruyendo. Entonces eso trato de decir, porque yo viví desde la mirada de mi niñez, confundida, y mi pueblo, mi gente, conectados espiritualmente con la naturaleza, curando, y los evangélicos hablando de salvar y diciendo que la conexión de ustedes es [algo] malo. Entonces ellos vinieron a hacer esa destrucción. Por eso estoy escribiendo ese título, que no podemos seguir tratando a los pueblos indígenas como que somos ignorantes, que no tenemos conocimiento. Los pueblos indígenas por miles de años tenemos conocimiento, el respeto a la madre naturaleza, el amor para la tierra. Si las mujeres somos tierra, si maltratan, si destruyen, ¿cómo vamos a dar vida para ellos? ¿Cómo vamos a alimentarlos? Entonces eso es lo que yo trato de decir.

“Seremos jaguares”, quiere decir que en nuestra cultura el jaguar es un dios. El jaguar nos ayuda a ver la visión en el sueño de cuidar el territorio. Si nosotros morimos, vamos a seguir viviendo espiritualmente como un jaguar, rodeando nuestro territorio, defendiéndolo. Entonces yo, como mujer waorani, encabecé la pelea contra el Gobierno y contra las petroleras, y dije: “Vamos a ser jaguares, listos, siempre defendiendo, por nuestros hijos, por vuestros hijos y para el planeta. Entonces por eso escribí “todos seremos jaguares”. Y ahora este libro es muy especial, que la gente del mundo puede aprender y respetarlo y podemos juntos trabajar contra el cambio climático. Cuando aquí están hablando de cambio climático, no hay respuestas, solo están haciendo promesas, los mismos políticos, los mismos representantes tomando las decisiones. No hay un espacio para que las mujeres indígenas puedan tomar acción y puedan tener ese espacio juntos.

AMY GOODMAN: Mitch Anderson, usted coescribió este libro y es el compañero de vida de Nemonte, con quien tienen una niña de nueve años y un niño de tres. Nemonte nos acaba de explicar qué significan los títulos “No seremos salvados” y “Seremos jaguares”. Pero ¿puede explicar, como estadounidense nacido en el Área de la Bahía de San Francisco, por qué “No seremos salvados” no fue el título de estas memorias en Estados Unidos?

MITCH ANDERSON: Cuando Nemonte y yo empezamos a escribir su libro contando la historia de su vida, ella me contaba cómo de niña veía los aviones y los misioneros llegando con esta promesa de salvar las almas de su pueblo y hablando de un Dios en el cielo, hablando de que su cultura es mala, es oscura y que tienen que ir cambiando y creyendo en Jesucristo.

Luego en el libro habla también de cómo las compañías petroleras llegaban prometiendo desarrollo y también causaron mucho daño a los ríos, a la cultura, a la selva. Y todo esto viene con una mentalidad de la salvación, una mentalidad arrogante, es decir, mira, los waoranis no saben, los waoranis son ignorantes, los pueblos indígenas viven de gana [sic] en la selva y [esa mentalidad] ha causado muchísimo, muchísimo daño.

Entonces el título “No seremos salvados” es para decir que no necesitamos que vengan de afuera para salvarnos. Lo que necesitamos es que vengan a respetarnos, nosotros mismos nos vamos a salvar. Y luego en Estados Unidos, pues decidieron cambiar el título a “Seremos jaguares”, que también es un título fuerte y poderoso y culturalmente propio, porque los waoranis tienen una conexión muy fuerte con el jaguar, que es su dios.

Y en el libro también cuenta cómo los waoranis se comunican con el jaguar y cómo en esta vida los waoranis protegen su selva como lo hacen los jaguares. Y también habla en el libro de que cuando los waoranis mueren se convierten en jaguares espirituales, protegiendo este mismo territorio. Entonces por eso la diferencia.

AMY GOODMAN: Nemonte, quiero volver a lo que sucedió el año pasado en Ecuador, en la selva tropical. El 20 de agosto de 2023, Ecuador votó a favor de prohibir la futura extracción de petróleo en el Parque Nacional Yasuní. Luego, Daniel Noboa ganó la presidencia en octubre, hace casi un año. Usted fue una de las líderes de esta lucha para proteger el Yasuní. ¿Puede describir el Parque Nacional Yasuní, el movimiento que lideró y el cambio de postura de Daniel Noboa?

NEMONTE NENQUIMO: El Yasuní es el territorio ancestral del pueblo Waorani y esa parte es una de las diversidades más grande del mundo. Nos da el oxígeno en el planeta. Para llegar a esto, los pueblos indígenas nos unimos con todos los pueblos y luego con los activistas, cineastas, estudiantes, hicimos para que la gente de las ciudades, de toda la sociedad civil, entienda la importancia y también ver que a lo largo de la explotación petrolera en el territorio en el Ecuador, en todo el país, no ha habido desarrollo, ha habido más corrupción, más problemas, más muerte. Entonces, era muy evidente y las sociedades se dieron cuenta de que era muy importante proteger, conservar el territorio para el futuro. Entonces esto era el trabajo que hicimos en la campaña que encabecé. Y también la organización Amazon Frontlines y otras organizaciones hicimos una película para que la gente pueda ver la selva de Yasuní y su importancia no solamente para los pueblos waorani, sino para todos los pueblos del planeta. Entonces logramos esta victoria en el referendo en Ecuador, en todo el país los convencimos y votaron sí a la vida. Eso era una señal poderosa que yo sentí que la conciencia de la gente de las ciudades abrieron su corazón al ver que la importancia era la vida, entonces ganamos. Pero, el presidente no ha cumplido los estándares según los cuales debería ya empezar a cerrar y desmantelar. Y nosotros los pueblos indígenas nos hemos cansado…

AMY GOODMAN: Permítame interrumpirla por un minuto. Entonces, primero se aprobó la ley, y esto requirió una enorme movilización de personas en todo Ecuador. ¿Qué postura tomó Noboa como candidato después de que se aprobara esta ley? Claramente era algo tan popular que, para poder ganar la presidencia, él tenía que apoyarla, ¿no es así?

NEMONTE NENQUIMO: Sí. En la campaña, el presidente Noboa dijo que sí iba a respetar al Yasuní, pero cuando ya fue elegido, no lo está respetando. Yo diría, los políticos, no solamente Noboa, de mi experiencia, de lo que yo he visto en los presidentes, asumen, hacen promesas, bonitas palabras en las campañas, pero cuando ya son elegidos no ponen valentía y coraje y no piensan en hacer valer el derecho de los pueblos indígenas, el derecho a la naturaleza, jamás. Por eso los pueblos indígenas estamos unidos, listos para poder enfrentarlos. Nuestro territorio es nuestra casa, es un espacio de vida para el futuro y para el mundo del planeta. Y nuestro territorio no está en venta.

AMY GOODMAN: Entonces, lo que Noboa está planteando ahora es que se necesita dinero para combatir a los capos de la droga y el narcotráfico en Ecuador, y que la forma de obtener ese dinero es traer empresas extranjeras y extraer más recursos para salvar al país. ¿Cómo responde a eso, Nemonte?

NEMONTE NENQUIMO: Pues yo pienso que, él dice que la economía, la economía, pero un día el combustible se va a agotar, no va a estar sosteniendo el futuro. El presidente Noboa tiene que velar, tiene que pensar en el futuro, tiene que dar oportunidades, debería ser un líder más importante en el mundo, ya que él puede cambiar y dejar el petróleo bajo tierra y ver la alternativa, no la mentalidad de consumismo, sino otra forma de mentalidad, cambiar y ver qué se puede generar en el futuro, que se respete a los pueblos indígenas, que se respete a la madre naturaleza para parar el cambio climático en el mundo. Pero muchas veces los líderes nunca piensan eso, solo quieren plata en la mano y no ponen una solución. Esa no es la solución para las futuras generaciones, porque Noboa tiene una gran oportunidad, porque es un presidente joven que podría cambiar el mundo.

AMY GOODMAN: ¿Y qué se debe hacer para que eso suceda? Usted es una líder waorani, además de una de las líderes del movimiento que logró la aprobación de esta ley que acabó yendo en otra dirección. ¿Cómo pueden cambiar eso ahora?

NEMONTE NENQUIMO: Yo podría decir a esto que todas las sociedades tienen que entender que no deben dejar a los pueblos indígenas que estemos solos luchando al frente por la vida. Los pueblos indígenas somos las soluciones, somos la primera fila. Entonces la gente desde aquí ya tienen que empezar a no invertir en las empresas que hacen daño en el territorio, en el bosque, en general, en todo Latinoamérica.

Dos, no más promover las propagandas de que la solución es el petróleo, si no ver otra alternativa para la energía. Tercera es, la mentalidad de aquí tiene que cambiar, no consumir más de muchas cosas que hacen daño. Con “cambiar” quiero decir abrir su corazón realmente, volver a conectar con la madre naturaleza, volver a conectar espiritualmente, volver a sanar. Esa es la solución. Si mientras aquí desde las ciudades siguen consumiendo, es igual, va a afectar a la Amazonía, mientras nosotros los pueblos indígenas estamos al frente. Ya basta, no vamos a dejar de luchar, vamos a estar ahí de pie, vamos a estar al frente como guerreras y como jaguares. Pero aquí mientras no cambien, no dejen de consumir, igual va a afectar en la Amazonia, por más que no venga la petrolera, va a afectar. Entonces para mí el trabajo es aquí, presionar a los políticos, presionar a las empresas, no consumir lo que hace daño, es sanar en la ciudad.

AMY GOODMAN: Usted está aquí en el contexto de las elecciones presidenciales de Estados Unidos, tal vez las más importantes. Hay dos partidos principales, los demócratas contra los republicanos. En el tema de la inmigración, ellos compiten entre sí, pero también se podría decir que coinciden en muchos puntos, como cerrar la frontera a los inmigrantes que vienen de México y del sur del continente, incluido Ecuador. ¿Se puede hacer un vínculo directo entre los miles de ecuatorianos, y habitantes de la Amazonía, que huyen de sus tierras y de sus países debido a la destrucción ambiental, a la pobreza o a la violencia?

NEMONTE NENQUIMO: Yo creo que ahora estos últimos años eso ha pasado bastante porque la crisis del clima en general en el mundo es muy fuerte. Y eso no debemos dejar que pase. Tenemos que despertar la conciencia de la gente de la ciudad. ¿Por qué la gente no está feliz? La gente están huyendo de su país, porque no solamente eso afecta al Ecuador, porque ese sistema de aquí que estamos consumiendo, eso provoca, eso provoca los conflictos armados, eso provoca extracción petrolera, porque el mundo más grande necesita eso, saquear, necesitan dinero, por eso nosotros tenemos que mirar, equilibrar, volver a conectar, volver a sentir la paz que queremos en la sociedad, que asientan. Porque la madre tierra está sufriendo estos fenómenos que están afectándonos y la gente no se está dando cuenta, los políticos con el gran poder que tienen no se están dando cuenta de eso, porque están desconectados, no están conectados con la tierra, no están conectados con lo espiritual, no tienen amor, no tiene para nada amor. Entonces la gente, la sociedad nos tenemos que juntar, promover, socializar, unir, así lo podemos solucionar, no vamos a esperar que el Gobierno tome la decisión en nuestra casa, no vamos a permitir que el Gobierno gobierne nuestra sangre, nuestro territorio.

Entonces, la responsabilidad es de todos, eso trato de decir, la responsabilidad no es para los pueblos indígenas. ¿Por qué tenemos que vivir en nuestro territorio diariamente bajo amenaza, día a día? Porque ese sistema no para, esa mentalidad no cambia, ese corazón no toca profundo. Entonces el trabajo es aquí, desde las ciudades grandes. Yo trato de decir como mujer indígena, yo miro eso, como mujer indígena estoy mirando que el problema no es en el territorio indígena, es problema de aquí, este sistema y este sistema lo tenemos que parar entre todas, entre todos. Ese es el mensaje. Mientras no conozcamos la vida, que es lo más importante, la vamos a destruir. La madre tierra no está esperando que la salvemos, la madre tierra está esperando que la respetemos, que volvamos a amar, que volvamos a sanar. Esa es la sociedad que tenemos que sanar.

AMY GOODMAN: Usted se encuentra aquí en Nueva York para participar en la Semana del Clima y ya ha participado en varias anteriormente, aunque pasa la mayor parte de su vida en la Amazonía. ¿Cómo ha sido estar aquí con miles de personas junto a decenas de líderes mundiales que vienen y hablan ante las Naciones Unidas? ¿Siente que ha habido algún progreso a lo largo de los años sobre cómo abordar la catástrofe climática?

NEMONTE NENQUIMO: Para mí, como mujer indígena, nosotras en las comunidades vivimos colectivamente. Las mujeres estamos al frente siempre porque nos preocupamos por el bienestar de toda la comunidad, somos un colectivo y nos preocupamos de que todo esté bien. Somos protectoras, guardianas, madres. Pero lo que veo sobre el cambio climático al llegar acá como mujer indígena, yo miro y no hay espacio para la indígena en donde los que pueden son los políticos. Yo veo ese espacio y los mismos políticos están representando, hablando, tomando las decisiones para el territorio, tomando los recursos para el territorio y hablan de cómo salvar, pero no hay una manera seria para que a los pueblos indígenas se les pueda permitir estar en esa mesa, escuchar y tomar decisiones, hacer un compromiso de voluntad y de respeto. No hay. Yo lo miro así, los políticos hacen su espacio, su toma de decisiones, y eso no va a parar el cambio climático. Lo que yo estoy mirando muy fuertemente es que las sociedades civiles están levantando su conciencia, están despertando. Eso es buena señal, porque yo trabajo con las comunidades colectivas, entonces el trabajo y el papel es de nosotros. Las sociedades civiles nos tenemos que unir, tenemos que presionar a los políticos para que nos miren, que abran el corazón y que tomen conciencia y que se tomen en serio el tema del cambio climático. Si al igual que estamos en ese espacio, los pueblos indígenas vienen y están presentando su historia, los mismos políticos vienen a tomar decisiones y a firmar actas, acuerdos, eso no es solución para mí, es triste para mí.

AMY GOODMAN: Mitch Anderson, usted ha trabajado en este tema durante años, y a principios de la década de los 2000 era parte de Amazon Watch. Desde entonces ha pasado mucho tiempo en el Amazonas, más de 15 años. Usted, junto con su compañera, Nemonte, ha fundado Amazon Frontlines. ¿Cuando regresa a Estados Unidos, su país de origen, ve algún progreso? Y unido a eso, usted es alguien que puede ver la Amazonía desde aquí, desde donde estaba antes su familia y su comunidad, pero también desde donde vive ahora, con sus hijos y con su nueva comunidad. ¿Cuál cree que es el mayor malentendido que tenemos aquí sobre la Amazonía?

MITCH ANDERSON: Sí, yo por los últimos 15 años he vivido en la Amazonía, pero soy de California. Entonces una de las cosas que no entendemos aquí en Estados Unidos es realmente cuánto petróleo se está extrayendo de la Amazonía, las consecuencias en la vida de la gente, en sus pueblos, los pueblos indígenas, los ríos, su selva. Cuánta destrucción causan los petroleros y lo que no entendemos también es que mucho de ese petróleo se manda para los Estados Unidos, a California, para ser refinado. Y ahí, desde ahí llega a las gasolineras, a los aviones, a los tanques de los carros que todos manejamos todos los días.

Entonces creo que lo que no hemos entendido bien es que nuestro estilo de vida, nuestros patrones de consumismo, están teniendo afectaciones reales sobre los pueblos indígenas, sobre sus territorios, sobre la Amazonía y sobre nuestro clima. Y lo que hemos visto acá en esta semana, donde las Naciones Unidas están en sesión y los líderes mundiales y empresarios están hablando de cambio climático, lo que vemos es que los políticos están hablando mucho, haciendo muchas promesas, pero realmente y profundamente tienen un compromiso de seguir extrayendo petróleo, y por eso los pueblos indígenas se están juntando, luchando, formando batallas, fortísimos. Amazon Frontlines somos un colectivo entre pueblos indígenas y activistas occidentales de acá y estamos formando movimientos en la Amazonía que vamos a parar el extractivismo, vamos a parar a los mineros, vamos a parar a todas las redes de madereros en la selva, vamos a recuperar los territorios de los pueblos indígenas, pero si no se cambia este sistema, si no se cambia los patrones de consumismo, las amenazas van a seguir [existiendo], las amenazas van a seguir y el mundo va a seguir siendo adicto al petróleo y eso es lo que también se tiene que cambiar.

AMY GOODMAN: ¿Y cómo ha sido esta colaboración para ustedes? El libro,”Seremos jaguares: vida y resistencia en la Amazonía”, son las memorias de Nemonte, pero lo han escrito juntos.

MITCH ANDERSON: Por los últimos 15 años Nemonte, yo, con los compas de Amazon Frontiles, la Alianza Ceibo, los pueblos indígenas de Ecuador, hemos estado luchando fuertemente para proteger los territorios indígenas contra el extractivismo y hemos ganado batallas importantes. Los Waorani lideraron un esfuerzo de proteger 500.000 hectáreas de su bosque. Sentaron un precedente para proteger millones de hectáreas más. Hemos estado ahí, en un movimiento para proteger el Yasuní, uno de los lugares más biodiversos, haciendo una alianza con los jóvenes activistas climáticos en todo Ecuador para realmente despertar a la población de Ecuador. También para darse cuenta de que el petróleo es una falsa promesa. Por 60 o 70 años han estado sacando los petroleros petróleo desde la selva, pero solo han generado inequidades, corrupción, más destrucción.

Y nosotros hemos ganado. Hemos logrado que en el Yasuní se tengan que desmantelar todas las operaciones petroleras ahí en la zona y que se tenga que mantener el petróleo bajo tierra. Y a pesar de todas esas victorias, las amenazas siguen. El mundo sigue queriendo más minas, más petróleo, más madera. Entonces el papá de Nemonte le dijo un día que “el mundo destruye lo que no entiende” y que es hora de que Nemonte cuente su historia al mundo.

Entonces Nemonte me dijo que somos como pareja en vida y en activismo y quería también que yo colaborara en escribir su historia con ella. Entonces, era bonito porque pasamos más de tres años, yo escuchando sus historias en las madrugadas, en la canoa, en el bosque, ella contándome desde el tiempo de los ancestros, sus primeros recuerdos de su niñez. Y realmente yo sentí como una responsabilidad grande y mi misión era intentar buscar la forma de tocar la palabra con el espíritu de su tradición oral. Y Nemonte me ha dicho que cree que sí, que los ancestros estarían contentos con lo que hemos hecho.

AMY GOODMAN: Nemonte, guíenos por este transformador viaje por el que nos lleva en su libro, “Seremos jaguares”. Cuéntenos primero dónde nació en el Amazonas ecuatoriano, en uno de los últimos lugares contactados por los misioneros. Usted ha dicho: “Los autores de nuestra destrucción son los mismos que predican nuestra salvación”. Pero comience hablando de las imágenes en su rostro. Para nuestra audiencia de radio, usted tiene una franja roja en sus ojos, de sien a sien. ¿Qué significa eso? Y hable también de su tocado.

NEMONTE NENQUIMO: Pues yo de niña crecí en dos mundos, bien bonita, hermosa. El pensamiento de niña al ver los evangélicos volando trayéndonos la palabra de Jesucristo y viendo a los abuelos alrededor curando con las plantas. Entonces yo era una niña muy curiosa, quería descubrir, quería entender quiénes son ellos, los blancos y los abuelos. ¿Quiénes son? Entonces yo crecí bien bonito, bien hermoso, porque todavía en nuestro territorio vivíamos de forma colectiva, nuestro chakra, nuestro río, nuestra forma de vivir era libre, en un espacio grande.

Nuestra cultura es… El achiote, el frente, es pintar los ojos para proteger de la mala energía. Y también por belleza para la mujer, que puede pintar esa parte única y es la identidad de nuestro origen como mujer waorani. La corona es del ave guacamayo, y para nosotros esta ave es muy sagrada, era muy valiosa para los ancestros. Los guacamayos vuelan, se sientan en un árbol y empiezan a comunicarse entre todas las aves guacamayos, para ver como planificar, volar, ver y buscar comida. Algo así representas cuando tú te pones la corona, representas a una mujer lideresa que puede unir a las demás familias para poder cuidar y proteger su hogar y sus comunidades. El collar significa como ir puesto como una líder, representar un poder, el poder de la mujer. Entonces siempre nuestra cultura es esta.

Esta semilla se llama pantomo, hay muchas de esas plantas en la selva, y para nosotros nos protege de la mala energía y también nos da buena vibra, buena energía, cuando vas a una ceremonia, cuando vas a reuniones. Entonces nuestra cultura solo lleva como 50 o 60 años de contacto con el mundo. Sí, claro, hay una nueva generación y estamos pensando en escribir sobre nuestro conocimiento, nuestra raíz, y tenemos que valorarlo y enseñar nuestra educación propia, porque los abuelos ya están muriendo y los jóvenes, los líderes van a seguir protegiendo su territorio, van a seguir teniendo su idioma.

Entonces es muy importante para nosotros volver a tener esa educación propia y también es importante aprender el estudio de afuera, también es una herramienta para poder gobernar, para poder proteger el territorio. Entonces nuestro espacio es como… todavía hay bosques y mientras el bosque esté virgen y sano, vamos a seguir estando sanos. Si el bosque está enfermo y contaminado, nosotros como humanos y pueblos indígenas vamos a enfermar y nos vamos a desconectar de nuestro conocimiento, nuestro idioma y vamos a perder todo como les ha ocurrido a otros pueblos, que han estado desapareciendo por 500 años y nosotros no queremos que desaparezca nuestro territorio y nuestra vida. Queremos seguir siendo waoranis con un conocimiento de dos mundos, valorando nuestros principios.

AMY GOODMAN: Describa para nosotros el viaje que debe hacer desde Nueva York para volver a su casa en la Amazonía ecuatoriana. ¿Cuánto se tarda? Primero tiene que volar a Quito, la capital de Ecuador.

NEMONTE NENQUIMO: Sí, puedo describir. Para llegar a mi territorio desde aquí desde Nueva York hay que volar a Quito. De Quito necesitas coger un bus o un carro cinco horas más, hasta una ciudad pequeña que es Puyo, Pastaza, y de ahí cuatro horas más hasta donde termina la carretera, donde otros pueblos indígenas vecinos kichwa viven. Y de ahí tienes que agarrar una canoa, un bote, ir río abajo y empieza el territorio waorani y vienen las comunidades de Daipare, Quenahueno, Toñampare, donde yo nací y crecí cuando era niña, y luego me mudé más abajo, mi papá me llevó más a la selva, al fondo, a un lugar que se llama comunidad Nemonpare. Ahora mi papá y mi casa están en Nemonpare. Es más lejano y ahí alrededor es todo árboles grandes, bonito, árbol ceibo, muchas aves volando alrededor, guacamayos, otras aves y lleno de cantos de pequeño a grande y ver los pescados, ver la anaconda, ver el jaguar gruñendo, gritando en la montaña, los monos rojos, es como muy bonito llegar en la noche y mirar las estrellas en la noche y la luna, la luz de la luna. Es bonito.

Y el territorio de nosotros es grande. Es como tres provincias: Pastaza, Napo, Orellana. Es un territorio colectivo, pero en una parte ya está operando la petrolera, en Yasuní, donde viven nuestros hermanos tagaeri y taromenane en aislamiento voluntario. También estamos defendiendo que ellos tienen derecho a su espacio de casa, sin extracción, sin contaminación, para poder vivir alegres y dignos y todo lo que hacemos en mi comunidad, la protección, beneficia no solamente a nuestras tribus. Beneficiamos al oxígeno, el 80% de la diversidad y el pulmón del mundo viene de nuestro territorio.

Entonces ese es mi mensaje, que aunque están aquí en la ciudad de Nueva York nos conectemos y empecemos a actuar, empecemos a hacer colectivos o un trabajo colectivo con las mujeres. Yo trabajo mucho con las mujeres en mi pueblo, porque las mujeres estamos en la línea del frente y nos preocupamos, cuidamos nuestro cuerpo, decimos que la tierra es nuestro cuerpo, da vida, da alimento, entonces considero que mi mensaje es que yo traigo ese espíritu de “mujer selva”, por eso mismo es el libro.

Espero que lean este libro y vuelvan a conectar con la madre naturaleza y se conecten para amarse a uno mismo y se conecten espiritualmente, para sanar entre todas, para poder enfrentar [la amenaza]. Porque la amenaza no va a parar, estoy segura, la amenaza no va a parar. Necesitamos articular a las mujeres indígenas y no indígenas.

AMY GOODMAN: Acaban de ganar un importante premio aquí en Estados Unidos, que pronto recibirán, el premio humanitario Hilton de la Fundación Conrad Hilton. Son dos millones y medio de dólares para su organización, Amazon Frontlines. ¿Puede hablar sobre lo que eso significa para usted y lo que planea hacer con ese dinero?

NEMONTE NENQUIMO: Pues bueno, ese reconocimiento para mi es muy importante para visibilizar a otros actores que pueden también hacer un desafío de dar recursos, porque los pueblos indígenas estamos en la primera línea de las soluciones para el cambio climático, sabemos todo esto, y también para poder hacer crecer nuestra organización y su estructura, para gobernar, porque la amenaza está llegando día a día. Este reconocimiento no es la solución. Este reconocimiento ayuda a visibilizar para que otros actores también puedan ser parte, puedan ayudar y colaborar. Un recurso importante también es en parte sentirse acompañadas, porque la amenaza es muy fuerte. No queremos estar solos los pueblos indígenas al frente, queremos articularnos en todos lados del mundo, para poder presionar y hacer el verdadero cambio para el futuro.

AMY GOODMAN: Mitch, usted es también cofundador de Amazon Frontlines. ¿Qué importancia tiene este premio para su organización?

MITCH ANDERSON: Amazon Frontlines somos un colectivo de pueblos indígenas y de activistas occidentales y para nosotros este premio es una validación de lo que hemos venido haciendo por muchos años. Es una validación del liderazgo de los pueblos indígenas para enfrentar la crisis del cambio climático. Es una validación del impacto que se puede tener cuando hay colaboraciones honestas, fuertes, en la primera línea del frente y desde el territorio.

Y los recursos sí son importantes y los vamos a ir invirtiendo en la resistencia de los pueblos indígenas, vamos a asegurarnos de que estos recursos lleguen a la línea del frente de la Amazonía y también vamos a asegurarnos de que esta visibilidad nos ayude a crecer en nuestro trabajo, en nuestro impacto y apoyar y colaborar con pueblos indígenas en toda la Amazonía, desde las cuencas arriba, de las cuencas altas, y proteger una parte de la Amazonía que es lo más biodiverso, y es un lugar que todavía está intacto y es diverso culturalmente.

AMY GOODMAN: Mientras vamos terminando, ¿puede mirar directamente a la cámara y compartir su mensaje con el mundo?

NEMONTE NENQUIMO: Mi mensaje es que el bosque, la madre tierra es importante. Necesitamos volver a amar. Necesitamos volver a conectar. Necesitamos volver a sanar, porque es nuestro cuerpo, porque estamos dando vida. Entonces el papel, el deber, el mensaje que estoy trayendo es que los pueblos indígenas somos minoría, pero nuestro territorio es más grande, así como la diversidad que estamos dando a la vida del planeta. Entonces la amenaza está llegando día a día de ese sistema, entonces la responsabilidad es del colectivo, no es solamente de los pueblos indígenas y las mujeres lideresas indígenas, sino que hay que articular a las mujeres que no son indígenas, y así podemos unirnos y actuar para parar y pensar bien para nuestros hijos y vuestros hijos en las futuras generaciones.

AMY GOODMAN: Mitch Anderson y Nemonte Nenquimo. Nenquimo es una líder waorani de la Amazonía ecuatoriana, fundadora de la Alianza Ceibo. Mitch y Nenquimo también cofundaron la organización Amazon Frontlines y acaban de publicar un nuevo libro. Se titula: “Seremos jaguares: vida y resistencia en la Amazonía”.

Producido por Democracy Now! y Democracy Now! en español.

Fuente: https://www.democracynow.org/es/2024/10/3/seremos_jaguares_el_nuevo_libro_de

14 de octubre de 2024

12 de octubre: el futuro es indígena

Darío Aranda

Los pueblos originarios marcan caminos posibles ante la crisis socioambiental y económica. Tienen voces muy claras —aunque no se los suele escuchar— y lo explican desde hace mucho tiempo: el extractivismo no trae nada bueno para las mayorías populares del Continente. Del Quinto Centenario al Malón de la Paz, del genocidio a recuperar territorios, del Pueblo Mapuche al Zapatismo. 532 años después, son pueblos que construyen futuros.

Fueron los primeros en sufrir un genocidio.

Tenían formas de gobierno desde mucho antes de que existiera la democracia griega.

Fueron (y son) los primeros ambientalistas.

Y, en estos lados del mundo, son de los pocos que plantean futuros distintos: construyen autonomías territoriales, sin someterse a burocracias partidarias ni extractivismos que arrasan la naturaleza.

Ante otro 12 de octubre, llamado durante mucho tiempo «Día de la raza» o del «descubrimiento», a 532 años de la llegada de Colón, los pueblos indígenas marcan una agenda cargada de presente y futuro.

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«En Argentina no hay indígenas», enseñaban en los colegios en la década del 90. «El país más europeo de América Latina», una frase aún común del pensar clasemediero. Y, muy de moda en los últimos años: «Los Mapuches son chilenos». Son solo una muestra de esa mezcla de ignorancia y racismo local.

Según el último Censo Nacional, en Argentina se contabilizan 1,3 millones de personas que se identifican como parte de los pueblos indígenas. Todas las organizaciones indígenas afirman que la cifra real es mucho mayor.

En Argentina viven 38 pueblos indígenas. Que son preexistes al Estado argentino. La propia Constitución Nacional lo reconoce: «Se reconoce la preexistencia étnica y cultural de los pueblos indígenas argentinos (…) Se debe reconocer la posesión y propiedad comunitarias de las tierras que tradicionalmente ocupan; y regular la entrega de otras aptas y suficientes para el desarrollo humano (…) Asegurar su participación en la gestión referida a sus recursos naturales y a los demás intereses que los afecten».

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La foto actual de la situación de los pueblos indígenas es más que preocupante. El Poder Judicial acaba de condenar por «usurpación» a dos comunidades mapuches en Río Negro (Quemquemtrew y Lafken Winkul Mapu). Los gobiernos provinciales avanzan junto a las mineras de litio. Y el gobierno nacional tomó medidas que desconocen los derechos indígenas, al mismo tiempo que desfinancia el cuidado de los bosques nativos.

Wayra Quique González es kolla, vive en Jujuy y es un activo luchador por los derechos indígenas. A modo de muestra, al momento del llamado telefónico se encontraba en una protesta frente a un congreso empresarial de litio. «Estamos ante una verdadera casta ‘económica’ fusionada con la auténtica casta política que veta leyes en contra de nuestros abuelos, abuelas y de la educación pública. Como hace más de 500 años, los ll’unkus (aduladores) de estos tiempos siguen siendo funcionales, serviles a los imperios hoy neo-colonizadores que vienen a perpetuar su voraz dominio y destrucción en nuestros territorios», contextualiza.

Como sucedió con los gobiernos anteriores, no es novedad que los funcionarios pretenden los territorios indígenas, como fue en la llamada Campaña del Desierto (que no era un desierto). El Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI) es una muestra más. Como hace un siglo atrás, ansían los territorios para introducirlos al mercado capitalista: al extractivismo minero, petrolero, del agronegocio, forestal (entre otros).

La foto es esa. Pero la película también incluye:

Pueblos que renacen, se reorganizan, enfrentan la discriminación y gritan «somos, estamos vivos». Muestra de eso, a fines de la década del ’90 el Estado argentino reconocía a solo 16 pueblos indígenas en el hoy territorial nacional. Producto de la lucha de las comunidades originarias, hoy en día el Estado Nacional reconoce la preexistencia de 38 pueblos indígenas y al menos 1600 comunidades. Un paradigma, aún en proceso de reconocimiento, es el Pueblo Nivaclé de Formosa.
A diferencia de décadas atrás, los pueblos indígenas son activos sujetos políticos, en lucha, visibles, protagonistas. Un punto de quiebre, continental, fue 1994, en el denominado Quinto Centenario y la consigna «nada que festejar».
El Pueblo Mapuche recuperó más de 230.000 hectáreas en las últimas décadas. Cuando el poder político mira para otro lado, y cuando jueces y fiscales no aplican la ley, comunidades indígenas han tomado acciones directas para recuperar territorios que estaban en manos de grandes terratenientes. La comunidad Santa Rosa Leleque, frente a la multinacional Benetton, es un caso emblemático.
De forma similar, el Pueblo Mbya (Misiones), Atacama (Catamarca) y Kolla (Jujuy) son referencias en la defensa del territorio frente a forestales y mineras.
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La historia de los pueblos originarios la escriben los propios indígenas, con su puño o con su testimonio, y siempre poniendo el cuerpo. Sin miradas idílicas, con contradicciones y hasta detractores, un breve (e incompleto) repaso de nombres que han ayudado a entender la lucha indígena en Argentina: Israel Alegre, Chaco Liempe, Argentina Paz Quiroga, Román Guitián, Guillermina Guanco, Noolé Palomo, María Piciñan, Mauro Millán, Jorge Nahuel, Jorgelina Duarte, Angel Cayupil, Verónica Chávez, Marcos Pastrana, Clemente Flores, Juan Chico, Mariela Alancay, Orlando Carriqueo, Enrique González, Pety Piciñam, Santiago Ramos, Daniel Morales y don Patricio Huichulef.

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Los pueblos indígenas y los campesinos son los mayores cuidadores de la biodiversidad del planeta. Hasta Naciones Unidas reconoció que los pueblos originarios son imprescindibles para proteger lo que queda de naturaleza y contrarrestar el cambio climático.

Y, en el mundo del revés, los pueblos indígenas son de los más perseguidos y asesinados por enfrentarse a las actividades extractivas. El último informe de la ONG Global Witness señala que América Latina es una de las zonas más peligrosas para los defensores de los territorios (allí se producen el 85 por ciento de los asesinatos). Y, entre ellos, los pueblos indígenas son las principales víctimas.

Argentina también cuenta con víctimas fatales: Javier Chocobar, Roberto López, Mario López, Miguel Galván, Florentín Díaz, Rafael Nahuel y Elías Garay Cañicol, entre otros nombres de una larga lista.

Cuando asesinaron por la espalda al joven mapuche Rafael Nahuel (noviembre de 2017), en medio de una avanzada represiva que había incluido la desaparición y muerte de Santiago Maldonado, el mensaje esperanzador provino de otro joven mapuche, Lefxaru Nawel: «Estamos con mucha bronca, con impotencia y dolor, pero vamos a seguir adelante. Nuestro pueblo sobrevivió a dos genocidios, el de Roca y el de la última dictadura militar. Vamos a seguir adelante».

El histórico Malón de la Paz de 2023, donde cientos de hombres y mujeres indígenas viajaron desde Jujuy a la ciudad de Buenos Aires, es una muestra la decisión de las comunidades por exigir el cumplimiento de derechos y el protagonismo en la defensa del territorio. «Tienen que entender estos señores, de gobiernos y empresas, que tenemos derechos, que nosotros vivimos en ese territorio y, entiendan por favor, que el agua vale más que el litio. Por eso, vamos a seguir firmes con nuestra decisión: ¡Fuera las mineras!», explicó Mariela Alancay, de la comunidad indígena de Aguas Blancas (en las Salinas Grandes —espacio codiciado por las empresas mineras—), es su primera vez que pisaba la ciudad de Buenos Aires.

Wayra González, del Pueblo Kolla de Abra Pampa, aporta una mirada de futuro: «Desde lo profundo de nuestra Pacha se va gestando algo nuevo, sosteniendo la luz y el calor de nuestros fueguitos de nuestro abuelo fuego. En estos días por Jujuy se percibe la rebeldía de nuestras ancestras que se materializa en las hermanas, nuestras warmikunas (mujeres) que van tejiendo y haciendo realidad el cambio definitivo de un mundo más humano».

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El 1 de enero se cumplieron treinta años del levantamiento zapatista, una revolución nacida, gestada y llevada a cabo por comunidades indígenas de México.

El último comunicado, de inicios de octubre, le dedica sus palabras a hombres y mujeres puntuales: «En los distintos rincones del mundo hay personas que dicen ‘no’ cuando la mayoría asiente con resignado desinterés, personas que levantan la frente cuando la mayoría la inclina, que caminan para encontrar cuando la mayoría se sienta a esperar, que luchan cuando la mayoría se rinde».

«Esas personas. Tan pequeñas. Tan distintas. Tan diferentes. Tan minoritarias. Tan necesarias. Esas personas ahí están. Aunque no sean nombradas, aunque la mirada del Poder no las tome en cuenta, aunque no las escuchen arriba, aunque no aparezcan en encuestas y estadísticas. Esas personas… Para ellas nuestro corazón, nuestra palabra buscándolas, nuestro abrazo común a pesar de geografías y calendarios. Para ellas, y con ellas, la fiesta de los encuentros».

Muchas de esas personas son —como los zapatistas— indígenas.

Fuente: https://agenciatierraviva.com.ar/12-de-octubre-el-futuro-es-indigena/

https://www.leerydifundir.com/2024/10/12-octubre-futuro-indigena/

12 de noviembre de 2021

Perú: Selva acosada

Hernán P. Floríndez

El pasado 1 de noviembre murió, tras una larga agonía, el apu Agustín Ampush Tseje, vicepresidente de la Federación Nativa Awajún del Río Apaga. Ampush era uno de los awajún que lideraba la toma de las instalaciones de la Estación 5 del Oleoducto Norperuano en Loreto desde hace un mes. En la comunidad están convencidos de que la causa de la muerte fue beber agua contaminada cerca del pozo petrolero.

“Cuando hicimos el control territorial del lote se apagó el motor de la empresa que dotaba de agua a la zona y tomamos agua de un chorro que antiguamente era de consumo humano. Pero como la Estación 5 no tiene dónde botar los desechos decontaminación, esa agua ya no está limpia. Los hermanos que tomaron agua de ahí se enfermaron. Fueron entre 30 y 40 personas las que tuvieron males estomacales. Ampush también se enfermó, tuvo que volver a la comunidad, pero ya no se recuperó”, cuenta Jhoel Musolini, quien también participa en las protestas indígenas.

Las demandas del último “paro amazónico” son tan extensas como antiguas. Exigen desde la descontaminación de todas las áreas impactadas por los más de 500 derrames de petróleo en los últimos 20 años hasta la instalación de servicios básicos como salud y educación intercultural.

James Pérez, dirigente que representa a la comunidad awajún en la toma del Lote 95, explica que en el 2017 acordaron un “Plan de Vida Postpetróleo”, pero hasta ahora todo ha quedado en un papel sin ningún impacto real.

“Parece que actualmente el petróleo en Loreto no aporta tanto al PBI como antes, por eso no nos hacen caso. Entonces, si el petróleo ya no es de interés nacional, nosotros estamos pidiendo el abandono de los lotes, que las empresas petroleras se retiren y el cierre de las actividades. Ahora apostamos por el diálogo pero no sé por cuánto tiempo más”, dice Pérez.

En el Perú existen más de 4 millones de indígenas de 55 etnias distintas. Cincuenta y uno son pueblos originarios de la Amazonía y cuatro de los Andes. Según el INEI, sólo el 29,3% de esta población tiene acceso a electricidad, el 18,6% tiene red pública de agua y el 7,1% tiene un sistema de alcantarillado. A estas carencias hay que sumarle el 43,8 % de los niños de 3 a 6 años que padecen anemia, cifra de un informe de CEPLAN del 2020.

“Nacer en una comunidad indígena no debería ser una condena”, dice Zoila Merino, de la comunidad bora y dirigente de la Organización Regional de los Pueblos Indígenas del Oriente (ORPIO).

El problema, explica Merino, es que los escasos proyectos de infraestructura que se destinan a la zona no están orientados a mejorar la calidad de vida de las comunidades indígenas y buena parte de ellos termina promoviendo la deforestación de su territorio y abriéndole paso a las organizaciones criminales, especialmente las mafias de la tala ilegal y del narcotráfico.

“(…) Es que no conocen el lugar y creen que basta abrir una gran carretera en nuestro territorio. No solo deforestan sino que comienzan a asentarse colonos que se dedican a la coca, a la tala. Entonces estamos en peligro. Reclamamos que las carreteras no debería ser tan grandes y que le den prioridad al transporte fluvial, pero nos ven como obstruccionistas cuando deberían consultarnos antes de empezar”, dice Merino.

La Asociación Interétnica de Desarrollo de la Selva Peruana (AIDESEP) prevé que el plan de “reactivación económica” originará nuevos conflictos en la Amazonía. Los dirigentes consideran especialmente crítica la ejecución de grandes proyectos viales como la construcción de 102 km de la vía departamental Bolognesi-Breu (Ucayali) y el Corredor Vial Cusco-Madre de Dios de 273 km.

Ambas carreteras atravesarán territorios de comunidades indígenas que se oponen a estas vías. Temen, además, que “la falta de visión amazónica del sector Transportes deje estancados otros proyectos como la elaboración de una red de transporte fluvial sostenible, moderno y seguro”, señala AIDESEP en uno de sus últimos comunicados.

Juan Carlos Ruiz, abogado del IDL, advierte que la ley de consulta previa tiene una trampa. Este mecanismo sólo se pone en práctica en caso de proyectos extractivos. Cuando se trata de construir carreteras o líneas de transmisión eléctrica, por ejemplo, no hay ninguna obligación legal de preguntarles a las comunidades afectadas.

“Cuando dicen proyectos públicos sin consulta piensan en este concepto de ‘desarrollo’ de las ciudades. ¿Qué era desarrollo para Alan García? Hacer corredores para mineras, carreteras para entrar al mercado brasileño, pero ¿por qué no preguntan qué es desarrollo para los pueblos indígenas? Por ejemplo, buscan llevar electricidad de Moyobamba a Iquitos, pero para ello se requiere una línea de 600 kilómetros y deforestar a cada lado de la línea 550 metros. Ambientalmente es complicado”, dice Ruiz.

“La consulta previa tiene un defecto estructural: el león y el ratón no se van a poner de acuerdo. Un diálogo con esa asimetría no va a resolver los conflictos. Por eso los esfuerzos de las organizaciones apuntan ahora a la titulación de sus tierras”, apunta el abogado.

A la fecha, hay 650 comunidades nativas a las que no se les ha reconocido como dueñas de su territorio ancestral. Los procesos de titulación son engorrosos, caros y requieren de asesoría especializada. Sin los títulos de propiedad los indígenas no pueden reclamar sus derechos y muchas comunidades han comenzado a ser invadidas por narcotraficantes y traficantes de madera. Desde que empezó la pandemia, según cifras de la Defensoría del Pueblo, diez líderes indígenas han sido asesinados por desafiar a las mafias que los acechan.

Los gobiernos regionales también se han sumado al festín. Aprovechando los vacíos legales, se han lanzado al negocio de las concesiones forestales.

“Hay comunidades que están con 15 o 20 años de espera para ser reconocidas con su título de propiedad, pero el gobierno regional termina dándoselo a colonos que luego lo venden a empresas extranjeras. El título es el primer paso para mejorar las condiciones de vida, para firmar convenios, expulsar invasores, hacer proyectos con los gobiernos locales. Somos miles de miles de hermanos que estamos agotados con esta espera, pero también queremos evitar una lucha más radical, queremos evitar derramamiento de sangre”, indica Richard Rubio, líder kichwa y exvicepresidente de AIDESEP.

La abogada Siu Lang, de la ONG CooperAcción, cuenta que ha registrado cómo la minería ilegal se ha multiplicado en la cuenca del río Cenepa desde que empezó la pandemia. “Antes documentábamos dragas pequeñas en los ríos, ahora hay grandes campamentos que están vertiendo los desechos directamente y muy cerca están las bases militares. A pesar de las denuncias, no hay control. Ya no solo hay deforestación en las comunidades indígenas que conocemos sino también cerca de las comunidades en aislamiento”, explica.

En 2020, según la asociación civil Derecho, Ambiente y Recursos Naturales, Perú perdió 203,272 hectáreas de bosques amazónicos. La peor cifra en 20 años.

“Luchamos y cuidamos 14 millones de hectáreas en el Perú. Está en nuestro ADN defender el territorio indígena”, dijo Jorge Pérez, presidente de AIDESEP, el pasado 3 de noviembre en la COP26. Sin embargo, uno de sus pedidos más antiguos es el más olvidado: declarar la intangibilidad de los territorios vírgenes donde habitan, según las estimaciones oficiales, 8,000 indígenas en situación de aislamiento y en contacto inicial (PIACI).

Actualmente existen siete reservas de conservación, pero la ley permite que sean explotadas si se trata de hidrocarburos o alguna otra actividad a la que se le pueda estampar el sello  “de interés público”.

La consecuencia de esta contradicción acarrea, por ejemplo, que la reserva para pueblos aislados Yavarí-Tapiche (Loreto) tenga 10 concesiones forestales superpuestas. Y que en el territorio de Yaraví-Mirim haya otras 66 concesiones. En conjunto suman cerca de 600 mil las hectáreas de bosque concesionado a empresas madereras en bosques vírgenes en los que habitan tribus no contactadas.

Para Beatriz Huertas, antropóloga de ORPIO, este es uno de los mayores atentados contra la conservación de bosques e indígenas en aislamiento. Según sus últimos estudios –argumenta Huertas– no existe otra zona que presente mayor concentración de etnias no contactadas como la del Corredor Territorial y de Bosques Continuos Yavarí-Tapiche.

“Hacer pactos de no deforestación y concesionar así el bosque convierte en una ilusión frenar el cambio climático. Pasan los años y no solo se agravan los problemas ambientales sino también el descontento. El paro amazónico va a radicalizarse a medida de que los problemas y la falta de respuesta continúen”, indica la especialista. No es una amenaza. Es la conclusión que cualquiera podría sacar echando un vistazo al vecindario.

Chile y Ecuador, con una población indígena mucho más pequeña que el Perú, están padeciendo la furia de las  comunidades indígenas.

A inicios de octubre, cerca de un millar de mapuches y simpatizantes tomó el centro de la capital chilena exigiendo la restitución histórica de tierras de las que fueron despojados en el siglo XIX. Hoy ese territorio está en manos de empresas forestales.

El movimiento mapuche ha sido tan consistente y organizado en los últimos años que una de sus representantes preside la Convención Constituyente encargada de elaborar la nueva carta magna.

El pasado martes un tren de carga se descarriló en la región de La Araucanía. Las autoridades sospechan que no fue un accidente. Tras el siniestro, los vagones fueron incendiados. A mediados de octubre Sebastián Piñera había decretado la militarización de la zona sur de Chile.

El gobierno del conservador Guillermo Lasso quedó en jaque el pasado 27 de octubre. Luego de una semana de movilizaciones en contra del aumento del precio de la gasolina, los movimientos indígenas tomaron las principales carreteras de nueve provincias y de la capital. “La Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador está cohesionada por el nivel de desigualdad que viven. Donde más se sacrifica la naturaleza, donde más se contamina y donde más se quitan los derechos a tierras colectivas, ahí encuentras las mayores necesidades desde hace 50 años. ¿Quién va a resistir eso?”, dice Gabriela Ruiz, reportera ecuatoriana.  

Ramiro Escobar, periodista especializado en medio ambiente y política internacional, explica que en el Perú la olla lleva tiempo calentándose y podría comenzar a hervir en cualquier momento. Si bien hay diferencias respecto a Ecuador y Chile, los indígenas están “en medio de un creciente proceso de politización” y organización local. “Ya tenemos convulsiones internas protagonizadas por indígenas (...) en algún momento podría ocurrir una convulsión de mayor envergadura, tal vez de alcance nacional y más si se logran organizar los indígenas de la selva con los reclamos del ande. Los vínculos existen, pero aún falta una organicidad como la de Ecuador”, dice Escobar.


Fuente: HILDEBRANDT EN SUS TRECE N°564, del 05/11/2021   p30

15 de julio de 2020

Coronavirus, pueblos originarios y un genocidio sin reparación

Darío Aranda

La Covid-19 y la cuarentena agravaron todos los aspectos de vida de los pueblos originarios de Argentina. Es una de las conclusiones de una investigación inédita, en la que participaron más de cien académicos de doce universidades públicas. Afirman que en los últimos meses se agravaron los desalojos, la violencia y, destacan, la ayuda estatal no llega en tiempo ni forma. Recuerdan que las comunidades indígenas tienen dificultades para acceder a la salud y hasta para hacerse de agua para consumo. Puntualizan sobre las consecuencias del extractivismo y del genocidio que aún no tuvo reparación.

Más de cien académicos de treinta grupo de investigación (muchos de ellos del Conicet) de doce universidades acaban de publicar la investigación “Efectos socioeconómicos y culturales de la pandemia Covid-19 y del Aislamiento Social, Preventivo y Obligatorio (ASPO) en los pueblos indígenas en Argentina”, donde se describe en detalle la situación de las comunidades originarias de las regiones Metropolitana, Pampeana, Noroeste, Noreste, Cuyo y Patagonia.

“Esta coyuntura agrava la situación de desigualdad socioeconómica, la irregularidad en la posesión de las tierras que habitan, la histórica invisibilización, estigmatización y, en ocasiones, criminalización asociada a su condición sociocultural”, afirma la investigación. Y advierte sobre la “profundización y exacerbación de situaciones de racismo, discriminación, violencia verbal y física hacia los integrantes de los pueblos originarios, a través de acciones arbitrarias, y/o graves abusos por parte de funcionarios de diversos organismos públicos, instituciones sanitarias y/o fuerzas de seguridad”.

Señala que el ASPO es una medida “necesaria para evitar la expansión del virus”, pero remarca que la consecuencia inmediata fue “la paralización del empleo y una abrupta retracción de los ingresos de los integrantes de los pueblos indígenas, en gran medida informales, influyendo radicalmente en su economía comunitaria (…) los pueblos indígenas son los sectores en mayor situación de precariedad estructural tanto socioeconómica como cultural y los que sufren en mayor grado los efectos de la pandemia y el ASPO”.

El trabajo, de 500 páginas, aborda la coyuntura, pero también realiza una clara vinculación del presente con aspectos estructuras que afectan a los pueblos originarios: “Muchas comunidades ya venían siendo afectadas por situaciones vinculadas a dinámicas extractivistas en los territorios, como la expansión de la frontera agraria con los consiguientes desmontes, el uso de agrotóxicos, la megaminería y la explotación de hidrocarburos, entre los principales, con fuertes efectos ambientales, epidemiológicos y en sus condiciones de vida en general”. Los investigadores cuestionan: “Paradójicamente son esas actividades las que se encuentran entre las exceptuadas del cumplimiento del aislamiento social, preventivo y obligatorio (ASPO) en Argentina, por tratarse de actividades definidas como esenciales”.

Respecto a los problemas vinculados a la alimentación, resalta que en muchas comunidades se consume agua de pozo o reservorios contaminados, que generan diversas enfermedades. Señalan dificultades para acceder a la entrega de mercadería que realizan instituciones oficiales y el “desmedido aumento” de precios de los alimentos. Y remarcan que se repiten casos de comunidades indígenas que tuvieron dificultades para acceder al cobro del IFE.

El informe precisa recomendaciones para mejorar la situación de las comunidades. Comienza por la exigencia del “efectivo cumplimiento de los derechos de los pueblos originarios” previstos en la Constitución Nacional (artículo 75, inciso 17), el Convenio 169 de la OIT, legislaciones nacionales y provinciales. “Exigimos la efectivización del derecho a la consulta de carácter vinculante y el Consentimiento Libre, Previo e Informado, previsto en las diversas normativas”, remarcan e instan a, de forma urgente, generar mecanismo de participación para las organizaciones indígenas.

La investigación retoma un reclamo histórico de las organizaciones indígenas: “Consideramos necesario que el Estado Nación repiense (o quizás inaugure) nuevos formatos en el vínculo que históricamente ha tenido con los pueblos originarios. Esto implica discutir y tomar una posición clara frente a una historiografía que sistemáticamente ha negado su presencia misma y, desde ya, el genocidio hacia los pueblos indígenas de nuestro país”.

“La responsabilidad del Estado (en sus diferentes niveles) en tal genocidio es central y las consecuencias de su histórico accionar violento no solo continúan, sino que en el contexto actual del ASPO, como hemos visto, se agravan. Es clave diseñar una agenda pública que implique una reparación histórica. Entendemos que debe conformarse un fondo de reparación histórica destinado a los pueblos originarios”, afirma la conclusión de la investigación.

Entre las instituciones académicas que participaron de la investigación figuran el Instituto de Ciencias Antropológicas de la Facultad de Filosofía y Letras (UBA), el Laboratorio de Investigaciones en Antropología Social de la Facultad de Ciencias Naturales y Museo (UNLP), la Cátedra de Extensión Rural de la Universidad del Comahue, el Instituto de Humanidades y Ciencias Sociales del Litoral, el Instituto Interdisciplinario Puneño (UNCA), La Escuela de Antropología y el Instituto de Investigaciones en Ciencias Sociales y Humanidades (ambos de la Universidad de Salta) y la Red del Grupo de Estudios sobre Memorias Alterizadas y Subordinadas (Gemas), entre otras.

Agua y enfermedades

Todas las campañas de prevención de coronavirus hacen hincapié en la importancia del lavado de manos. “La falta de acceso a servicios de agua, no solo en cantidad sino también en calidad, y de elementos básicos de higiene limitan la posibilidad de contar con condiciones de salubridad para hacer frente a la pandemia”, afirman los investigadores sobre la situación indígena y puntualizan en la inexistencia de infraestructura en las zonas rurales para el abastecimiento de agua potable y la carencia de fuentes seguras para el consumo (por los altos niveles de contaminación). También precisan que los pueblos indígenas son afectados por tuberculosis, chagas, desnutrición, anemia y parasitosis, así como enfermedades crónicas como la diabetes y constantes gastroenteritis. “Se suma el dengue que se encuentra en un pico estacional”, alertan.

La investigación describe que la modalidad de educación virtual casi no existe entre las comunidades indígenas, con el agravante de que eso ha llevado al abandono de los estudiantes indígenas. “Este contexto ha venido a subrayar las desigualdades históricas” respecto a los pueblos originarios, afirma el trabajo.

El informe abarca el análisis de comunidades de los pueblos Qom, Mbya, Moqoit, Mapuche, Guaraní, Tupí Guaraní, Avá Guaraní, Kolla, Diaguita, Diaguita-Calchaquí, Wichí, Huarpe, Quechua, Aymara, Nivaclé, Tonokote, Omaguaca, Tastil, Günün a Küna, Comechingón, Comechingón-Camiare, Ocloya, Iogys, Chané, Tapiete, Chorote, Chulupi, Sanavirón, Ranquel, Wehnayek, Atacama, Lule, Quilmes, Mapuche-Pehuenches, Tehuelches, Mapuche-Tehuelches, Selk‘nam, Haush y Selk‘nam-Haush.

6 de julio de 2020

COVID-19: ¿A dónde vamos cuando el corazón está adolorido y el alma ha salido del cuerpo?

Leonardo Tello Imaina – Radio Ucamara

San Jorge es una comunidad kukama asentada en la margen derecha del río Marañón, a 2.15 horas de Nauta. Al lado de la comunidad de San Jorge se encuentra el río Chiri yacu, un meandro por donde alguna vez pasó el Marañón, lugar de pesca y donde están asentadas siete comunidades kukama. El año 2016 y 2017 muchos niños y adolescentes de estas comunidades experimentaron “posesiones diabólicas” como lo afirmaba la población.

El virus había llegado en mayo a San Jorge. A inicios de junio, nuestro corresponsal Sixto Pizango reportaba cómo el Covid-19 estaba enfermando a sus pobladores. Fueron muchos reportes de Sixto pidiendo ayuda con pruebas rápidas y medicina. Nauta se encontraba en crisis y todos los días morían muchas personas víctimas del Covid-19. La provincia estaba en caos con los contagios y la falta de atención. A San Jorge, pese a ser una comunidad cercana a Nauta, no llegó la ayuda. La decisión de Sixto Pizango con quien conversábamos muy seguido para saber cómo se encontraban, fue junto a todas las autoridades de la comunidad preparar medicina natural para tratarse con ella. Sixto cuenta que en uno de sus sueños le dijeron cómo preparar un remedio contra el Covid 19. Se lo dio a su familia y a cuantos pudo ayudar y mucha gente recuperó su salud.

El 23 de mayo pasado Isabel Tamani Ahuanari (72) falleció víctima de Covid, dejando viudo a su esposo Víctor Parana Manamú (84). Desde entonces, nada fue igual en la vida de Víctor. La pesca, las comidas juntos, las tardes de baño a orillas del Marañón cuando regresaban de la chacra, las conversaciones dentro del mosquitero… Nada volvió a tener sentido.

La población en su conjunto se había guardado en sus casas a tomar medicina natural y cuidar de sus enfermos. Víctor hizo lo mismo, pero él solo con sus recuerdos. El 23 de junio era el cumpleaños de Isabel, vísperas de la fiesta de San Juan. Víctor no soporto más su soledad y bañándose él mismo con gasolina, se prendió fuego.

La población estaba consternada. Al día siguiente le dieron sepultura. Desde Radio Ucamara narramos con dolor y preocupación esta lamentable noticia.

¿Qué nos depara la post-pandemia?

Cuando se salga de la cuarentena muchos preguntarán sobre sus deudos. ¿Cómo les vamos a responder a los abuelos y abuelas cuando pregunten sobre las ausencias de familiares en tan poco tiempo? ¿Cómo les vamos a responder a los niños y niñas? ¿Cómo? ¿Cómo vamos a prepararnos para sentir, para sentirnos, para hacer luto?

La reactivación económica que impulsa el Gobierno está teniendo en cuenta solamente al sector empresarial. ¿Qué va pasar con las familias que no dependen directa ni indirectamente de las empresas, pescadores y agricultores que nos han sostenido esta cuarentena, por ejemplo?

El tema de la salud mental en la ya frágil salud de los pueblos que en la última década se han visto sumergidos en olas de suicidios debe abordarse con seriedad. ¿Quién lo va hacer? El plan para salvar el año escolar está generando estrés en los estudiantes y sus familias. Es un plan que excluye a los pueblos. ¿Quién debe poner atención y soluciones inmediatas?

Preguntas obligatorias que debemos responder todos con acciones. Principalmente el Estado con todos sus rostros. Desde Radio Ucamara junto a nuestras comunidades venimos ya organizándonos e implementando algunas acciones gracias a gente generosa que nos va ayudando. Esperamos que ésta post pandemia no nos pesque gélidos y sin alma.


https://www.leerydifundir.com/2020/07/covid-19-donde-cuando-corazon-esta-adolorido-alma-ha-salido-del-cuerpo/

3 de julio de 2020

El Awajún, como el gato encerrado, tiene que buscar medios para salvarse

Santiago Manuin    (Entrevista de Vicente Romero)

El entrevistado nos habla de la lucha del pueblo awajún y, particularmente, de la lucha que libraron en el 2009. Por otra parte, presenta la espiritualidad de su pueblo y la evolución de su cultura. Se refiere, asimismo, a su experiencia como consejero en la Región Amazonas.

Santiago Manuin Valera nació en 1957, en Quebrada del río Dominguza (Condorcanqui, Amazonas, Perú). Es de lengua materna awajún y vive siempre en territorio awajún. Es profesor intercultural bilingüe y cuenta con una formación en derechos humanos en la ONU. Fue presidente del Consejo Aguaruna-Huambisa (CAH) creado en 1976, es presidente del Consejo Permanente del Pueblo Awajún (CPPA), del Consejo Permanente de los Pueblos Awajún y Wampis (CPPAW) y del recientemente creado Consejo Permanente de los Pueblos Awajún, Wampis y Apách (CPPAWA), el cual agrupa también a los mestizos (Apách). Es fundador del centro social jesuita Servicio Agropecuario para la Investigación y la Promoción Económica (SAIPE). Sobreviviente de la tragedia de Bagua, del 5 de junio del 2009, fue electo por los awajún-wampis Consejero Regional de Amazonas (2010-2014). Como apu (jefe indígena awajún), se singulariza como negociador, tejedor de alianzas y por su persistente labor de formación. En una época de grandes cambios para los pueblos de la Amazonía, es promotor de la interculturalidad, revivificando las tradiciones culturales awajún-wampis y transculturando, sin complejos, elementos del cristianismo y de la cultura occidental. La entrevista tuvo lugar en Lima, el 22 de julio de 2017.

VR. ¿Qué testimonio puede darnos sobre la lucha de su pueblo en el 2009 y cuál es la situación de los que estaban aún presos, condenados y perseguidos?

Voy a expresar lo que he sentido y vivido, manifestar cómo me encuentro después de lo sucedido. Voy a comentar también lo que mi pueblo vive actualmente, luego de la situación crítica que hemos pasado.

En 2008-2009, exigíamos al gobierno peruano que derogue los decretos-leyes que atentaban contra la Amazonía, nuestro territorio, nuestra vida1. Con estos decretos a nosotros nos destinaban a un genocidio.

Somos un pueblo diferente a otros pueblos peruanos de la Amazonía, somos un pueblo awajún2. Nuestros antepasados nos enseñaron a defender lo que es nuestro, ese nuestro es la tierra, el bosque, los recursos naturales y entonces la vida. Hemos existido miles de años viviendo nuestra realidad con la naturaleza. A esa vivencia está unida nuestra cosmovisión, nuestra espiritualidad, nuestra vida, con todo el ecosistema interrelacionado. Cuando nosotros dábamos nuestra propuesta o nuestra crítica al gobierno peruano, no nos entendimos porque somos dos pueblos diferentes: el pueblo occidental y el pueblo oriental, el de la Amazonía. Tenemos una convivencia diferente con la naturaleza. ¿Cómo entiende el occidental al bosque y cómo el hombre del bosque entiende al bosque?3 Y en ese momento se produjo una ruptura muy grande con el gobierno porque no hubo diálogo, no había interculturalidad. Nuestra protesta fue una protesta pacífica, pero la existencia de un pueblo estaba en peligro. Era necesario defender la selva, por eso nosotros exigíamos al Estado peruano que diera otra alternativa4, diferente a la que nos amenazaba, pero en lugar de eso el gobierno nos quiso dar un escarmiento.

Entonces sucedió aquella tragedia de Bagua, del 5 de junio de 2009, el llamado “Baguazo”5, dejando 36 muertos, más de cien personas heridas –incluida mi persona6– y más de doscientas personas detenidas. Quedaron abandonados hijos y demás familiares de las víctimas. Esto pasó por la terquedad del gobierno peruano, para implementar el Tratado de Libre Comercio con EE. UU.7.

Después de todo lo que nos ha sucedido, hemos sido enjuiciados 53 personas, 8 fuimos condenadas a cadena perpetua. Además, yo tenía que pagar 100.000 soles al Estado por daños y reparación civil. Nadie me ha visto para que me acusen de esa forma, de llevar a la violencia a mis hermanos para enfrentar al gobierno peruano. Fuimos obligados. Pero del otro lado, el gobierno no se hizo responsable de las muertes de ninguno de los dos bandos. Los militares fueron protegidos económicamente, pero la economía no soluciona el bienestar social, el dinero no da la vida. Aunque el gobierno haya apoyado económicamente, la familia, los hijos de los militares quedaron también abandonados.

Después de todos estos hechos el pueblo awajún-wampis entregó a 53 personas para que solucionaran el problema8. Pero hubo una injusticia de parte del gobierno peruano, de la justicia peruana. Hubo una discriminación racial con nosotros. Alan García decía que nosotros éramos ciudadanos de segunda categoría9. Nosotros, los Awajún-Wampis no somos de la segunda categoría. Somos de primerísima categoría porque existimos antes de que se formara la nación peruana. La Comisión Interamericana de Derechos Humanos [de la OEA] ha publicado un informe en mayoría donde han puesto que, con respecto a lo sucedido en Bagua, la justicia peruana ha sido una de las mejores. Cuando lee esto una persona de afuera, lo entiende así, pero como nosotros lo vimos y como nosotros lo entendemos, comprendemos que realmente fue una injusticia y de que esa incomprensión de la justicia peruana con nosotros la hizo hacerse de la “vista gorda”, pues no consideró la existencia de un fundamento legal, de que nosotros estamos protegidos por una ley, conforme al Convenio 169 de la OIT firmado por Perú, para ayudar y proteger a sus pueblos indígenas. Y esta actitud del Estado peruano fue un inconveniente muy grande, porque hubo incumplimiento y desconocimiento total de ese Convenio. Todo eso, el incumplimiento y el desconocimiento, a nosotros nos afectó bastante. Nosotros defendimos lo que es nuestro y entregamos a 53 de nuestros hermanos para que realmente hagan la justicia

Bueno,… realmente, ahora hemos solucionado eso. Nos han dicho que estamos absueltos, nos han dicho que cincuenta somos inocentes. La Iglesia católica, –a través de la Compañía de Jesús que trabaja en nuestro pueblo, a través de la CEAS (Comisión Episcopal de Acción Social)–, y todo el Colectivo Amazonas10 han apoyado nuestra causa, para que nos liberen y digan que no hemos cometido delitos. Como el gobierno peruano no quiere perder, para que no le pidamos indemnizaciones, normalmente van a hacer un proceso judicial a 3 de nuestros hermanos, para encontrar y ver si los acusan o los detienen. Nosotros, ahí no estamos de acuerdo. Nosotros hemos decidido de no entregar a estos tres hermanos ni a 21 de los de la Estación 6. Por el contrario, vamos a pedir que se procese a Alan García, que es el responsable de los decretos legislativos, y que procese a Mercedes Cabanillas, responsable de haber dado orden del desalojo forzado de la Curva del Diablo donde fuimos atacados con armamento de guerra, y el Estado peruano no quiere saber nada de este asunto. Mercedes Araos, que es responsable también de la firma del Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos, tiene que ser también procesada pues es responsable de todo ese proceso, que ahora es vicepresidenta y está tranquila. A Yehude Simon, que fue el primer ministro de aquel tiempo. Y al general Luís Elías Muguruza, que ejecutó la orden del ministro del Interior, mal llevada, y que por no hacer una buena estrategia hay 36 muertos peruanos. Y todos ellos están libres, mientras que nosotros los indígenas estamos siendo afectados, hasta hoy día por una persecución y no encontramos solución.

No hay diálogo entre el gobierno peruano y los indígenas de la selva. Si no nos comprendemos, si no hay diálogo, podemos llegar a tener otro enfrentamiento más adelante. Nosotros no estamos asustados, a nosotros no nos asusta. Nosotros estamos dispuestos a defender a nuestra selva porque es lo nuestro. Y mi pueblo awajún-wampis existe antes de que se haya formado el Estado peruano. Porque aceptamos la Constitución, nosotros somos peruanos; porque aceptamos las leyes peruanas, nos consideramos peruanos y somos parte del Estado peruano. Y por eso tenemos derecho de exigir al Estado el respeto mutuo, como todas las personas peruanas tienen este derecho. A nosotros no nos pueden discriminar de esta forma, por eso hay esas protestas y lo vamos a hacer ante la Corte Interamericana y ante la Naciones Unidas, por el mismo derecho garantizado por el Perú al ser parte y firmante del Convenio 169. En eso vamos a trabajar.

VR. ¿Cómo ha evolucionado la espiritualidad del pueblo awajún y cómo repercute en él la globalización del siglo XX?

Con respecto a esto, debo decir en primer lugar que nosotros no somos una cultura estática. Como todo pueblo con cultura cambiante, somos un pueblo con cultura camaleón. Porque el camaleón toma los colores de acuerdo al medio, si es una yerba verde será verde, si es una seca tomará el color de las hojarascas, si es muy verde tomará muy verde. O sea, si el camaleón es del árbol tomará el color del árbol. Entonces, mi pueblo tiene que tomar la forma tal y como la globalización va marcando el mundo, y de acuerdo a ese movimiento el pueblo awajún, con toda su identidad, con la cosmovisión que va adquiriendo también con la globalización, se va adaptando a los cambios que existen y se van dando en el proceso de la vida. Entonces nuestra espiritualidad también tiene que encontrar cómo introducir a ese Cristo Jesús en nuestra historia. El pueblo awajún también ha tenido la presencia de Dios, el gran Ajútap11, que nos ha dicho, como a Moisés: “Yo soy”. Ha tenido una visión parecida, con sus yerbas, con su naturaleza, utilizando la misma naturaleza para conectarse con el ser superior para poder existir y seguir existiendo como pueblo. Pero nuestro pueblo también se ha adaptado: ya no toma ayawuasca como mis antepasados tomaron, ya no toma el sumo de tabaco, ya no toma toé, ya no va a utilizar las cascadas, ya no va a utilizar el monte. Ahora el Awajún va a sentarse a reflexionar sobre su vida. Y se va a encontrar como hombre creado por Dios a su imagen y semejanza, con toda su libertad. Todo este trabajo, de cómo introducir a Cristo Jesús como nuevo actor, es nuevo para el Awajún como cultura, es algo reciente inculturar con nuestra propia espiritualidad a Cristo Jesús como algo nuevo12. El cristianismo a mí no me tiene que estorbar, no me tiene que quitar lo que yo tengo, los valores, sino que me va a completar. Si nosotros lo conocemos a fondo, el cristianismo es una verdadera revolución. Gandhi decía: me gusta Cristo, pero no los cristianos porque no se parecen a Cristo. Pero eso no debe servirme de justificación para decir que yo no admito al cristianismo. Yo debo construir un verdadero Cristo en mi pueblo; y que desde mi ética y cultura awajún, Cristo me tiene que hablar, conforme a cómo yo lucho y cómo yo entiendo la naturaleza y como yo lo adapto como un actor nuevo de este nuevo proceso13.

VR ¿Cuál fue su experiencia como consejero en la Región Amazonas?

Yo cuando me concentro en el pueblo awajún, lo hago porque soy Awajún. Trabajo y visiono como tiene que ser mi pueblo. No puedo hablar de otros pueblos porque no tengo experiencia, cada pueblo tiene su propio temperamento. Puedo hablar de la organización del pueblo awajún. Yo he sido consejero regional de Amazonas. El pueblo awajún-wampis me eligió. “Vete Santiago, me dijeron. Ahí vas a estar con las leyes y con toda la parte regional. Ahí trabaja. De ahí veremos en el futuro, para que vayas al Congreso de la República”. Cuando estuve en el Consejo Regional me sentí vacío, porque no me acompañaba el pueblo, el pueblo no me decía qué hacer y decir. Entonces yo me sentí vacío, me sentí solo. Tuve que acudir a la Iglesia católica, para que me apoyara, para ver cómo puedo trabajar, hablar, concientizar al pueblo de la importancia del territorio, la tierra, el bosque y los recursos naturales. Yo estaba solo, no tenía dinero, era consejero regional y el pueblo no me acompañaba. La Iglesia me dijo: utiliza al PAC (Proyecto Apostólico Común), habla con el CEAS que te está apoyando en el juicio, habla con IDL (Instituto de Defensa Legal), habla con CooperAcción, habla con otras instituciones aliadas. Entonces, tuve que dialogar para que me apoyaran, para que dieran cursos de concientización sobre aspectos de la Declaración de Naciones Unidas sobre los Derechos de los pueblos indígenas, el Convenio 169; sobre lo que es la UNICEF y las Naciones Unidas, lo que dice la ley de la Consulta Previa, para decirle al pueblo qué es eso. Estos apoyos organizaron talleres y yo participé con ellos. Así me di cuenta de que la educación era importante, Si no formo al pueblo quizás me puede suceder lo mismo que a Túpac Amaru. Túpac Amaru fue muy valiente, se formó en la escuela de Caciques en aquel tiempo, pero no formó al pueblo; por eso el pueblo no le acompañó a Túpac Amaru. Pelearon, pero al final lo traicionaron, entregaron a su dirigente. Y muere Túpac Amaru. El vió lo que es la esclavitud, la violación, los abusos, la pérdida de su territorio y de su identidad; por eso luchó con las armas. Pero en un momento crítico perdió su vida y el pueblo quedó en total abandono; le quitaron toda la tierra, fueron esclavos, hubo más violaciones, más violencia. Entonces, los verdaderos peruanos fueron gobernados por otros que no eran peruanos. De ahí se apoderaron de lo que llamaron Perú, así, hasta hoy. Entonces yo no puedo llegar a ese extremo. Por eso, cuando vi todo ese trabajo de formación, regresé y me dije ya no más la acción política, yo me voy a dedicar a formar un equipo para que, si yo desaparezco, el pueblo sea consciente de la pérdida de su identidad, de la venta de sus territorios, sea consciente del proceso de su destrucción como pueblo. Tengo que hacerlo consciente, así verá la importancia de nuestro territorio, de la identidad, de nuestra lengua y de la existencia como pueblo. Los jesuitas14, son expertos en la educación. Por eso les he pedido que se diseñe la formación de líderes; cómo construir el liderazgo indígena acá. Y si esto sirve, que se haga con otros grupos indígenas, pero que se haga.

Dejé el cargo de consejero en el gobierno regional en el 2014. En 2015 y 2016 he visto los impactos que podría dar el trabajo de equipo y ahora en 2017 ya estamos trabajando en la formación de los líderes en diferentes zonas nuestras. Queremos asociarnos con la universidad Ruiz de Montoya para que sea un poco más oficial el trabajo. La formación de líderes es un punto clave. Tan sólo por esa vía podremos llegar a formar a los indígenas, podremos tener ingenieros agrónomos, ingenieros forestales, ambientalistas, médicos. Con toda la formación que los indígenas puedan tener a través de las universidades, lograremos tener un diálogo alturado, de igual a igual, con el Estado y proponer el tipo de desarrollo y educación en nuestra zona. Hasta ahora ha sido una educación alienante, impuesta, y eso no puede llevarnos a tener un dialogo con el Estado peruano. Tenemos que formar a los jóvenes awajún en diferentes niveles para que se construya un gobierno territorial autónomo15, para encontrar ese famoso Tajimat Pujut (Buen Vivir) que mis antepasados tuvieron. En este momento tenemos que volverlo a construir en un espacio pequeño, pero encontrando un medio de existencia, para la educación de nuestros hijos y el desarrollo equilibrado que necesitamos. A eso debemos llegar. Y el gobierno debe apoyar esa iniciativa, y hacer un currículum educativo para el pueblo awajún. De acuerdo con eso podemos visionar una formación calificada para que podamos seguir existiendo como pueblo.

VR. El censo de población de este año 2017 en el Perú incluirá una pregunta sobre autoidentificación étnica. ¿Cómo los Awajún van a responder?

Los Awajún se van a censar. Para saber qué número de población tenemos. Pero nosotros nos auto-censamos, hacemos un censo para ver cuánto se ha progresado, saber cuánto ha aumentado la población alta y la población baja. Sabemos que la población awajún sigue aumentando. Por lo tanto, tenemos que ver cómo manejamos la ecología para que no afecte el aumento de la población a los recursos naturales, las comunidades, la pesca, la caza, el bosque, la madera.

VR. Finalmente, ¿qué efecto ha tenido la lucha del 2009 en vuestro pueblo y en los otros pueblos de la Amazonía y del Perú?

Lo que puedo hacer es transmitir nuestra experiencia. Cuando yo estaba en la Curva del Diablo, el diálogo con el general Muguruza ya se agotaba, porque no quiso dialogar. El día 4 de junio estuvo el monseñor Santiago García, e intentó reanudarlo. Sacamos una comisión para que entablaran un diálogo. Yo no fui en esa comisión porque yo estaba con la gente. Y cuando regresaron, nos contaron. A las 7 de la noche se reunieron. Toda la gente dijo: “Apu Santiago, tu diplomacia aquí termina. Ahora, desde las 7 de la noche hasta el amanecer, nosotros somos responsables”. Crearon un estado de facto. “Desde este momento tú no tienes poder, has fracasado; toda tu diplomacia fracasó. Nos van a enfrentar y los enfrentaremos. Vamos a seleccionar. ¿Cuántos Awajun-Wampis han hecho su servicio militar y dónde?”. Los que respondieron, lo habían hecho en Piura, Sullana, Talara; en Chiclayo, Cajamarca, Lima, Pucallpa, El Milagro,… en todos los puestos. “¿Dónde?” En el ejército. “¿En qué y cómo?”. En ingeniería, en la infantería. Otros en la aviación, en la marina. Fueron seleccionados 800 hombres. “¿Y quiénes han recibido formación como fuerzas especiales y dónde?” Algunos estuvieron en Tiwinza en el Cenepa en el año 1995, así, otros en diferentes puestos. Estos fueron sacados aparte. 800 hombres. “Los otros que se retiren a dormir, y aquí se va a hacer la estrategia. Y mañana a las 12, cuando terminemos, convocaremos a una reunión para dar el servicio”.

Ahí hicieron toda la estrategia militar para defendernos de la agresión que nos iban a dar. Porque sabíamos por la experiencia que teníamos de Corral Quemado, de El Muyu16, que en ese momento precisamente el gobierno no iba a decir compadrito sí vamos a derogar los decretos porque ustedes así lo necesitan. El gobierno va a querer salir con la suya, va a matar, por lo tanto, hay que responder diente por diente, ojo por ojo, aplicar la ley del Talión. Ahí todos los jóvenes acordaron y salieron. Yo estaba presente, pero no podía hacer nada. A mí no me seleccionaron. Fueron los muchachos. El ejército ha preparado lo mejor que ha podido a su gente. Pero los nuestros estaban sin armamento. ¡Y cómo se enfrentaron a los que estaban armados con todo el pertrecho de guerra! Nos enfrentamos, no salimos corriendo. El Awajún decía: no vamos a ir como un perro, con el rabo entre las piernas. No solamente nuestras madres, nuestras mujeres, van a llorar, que llore el resto del Perú. Esa es una decisión de valentía, la de enfrentar, de no escaparse. Gato encerrado tiene que buscar medios para salvarse. Esa fue la situación. El temperamento awajún es diferente al de otros pueblos. Y eso el gobierno no lo sabía, o es que por tener armamento se creía superior. Lo eran en armamento, pero el hecho es que nos enfrentamos; hemos tenido el valor, pero después nos reducen porque no teníamos armamento. Por eso fuimos procesados y vivimos todo lo que pasó. Ahora no podemos vivir de los rencores por lo sucedido. Ahora vivimos de una gran esperanza; hay que formar más indígenas para que haya interculturalidad. Hablar de diálogo es nuestra especialidad. Nuestra esperanza está en el diálogo.

Creo que con nuestra lucha del 2009 hay un antes y un después en el Perú. Con nuestro sacrificio, hemos contribuido a hacer más visible los pueblos indígenas como actores de su propia historia ante otros pueblos. Ha servido también para poner en primer plano los problemas de la biodiversidad, de la consulta previa, los derechos colectivos de los pueblos indígenas, por su territorio. Aunque tiene muchas trampas, sobre todo su reglamento, la ley de Consulta Previa fue aprobada por unanimidad por el Congreso de la República en 2011. Antes de lo de Bagua, esto hubiese sido casi imposible17.

Notas
1 El 2008, el gobierno peruano, haciendo uso de facultades extraordinarias dictó un centenar de decretos legislativos y dos leyes (la 29317, con respecto a la floresta y fauna silvestre, y la 29338, o nueva ley del agua), la mayoría de los cuales buscaba estimular las inversiones extranjeras, dar concesiones mineras, petroleras y agroforestales, y adecuar la legislación peruana al Tratado de Libre Comercio con los Estados Unidos. Diez de esos decretos concernían directamente a los pueblos originarios de la Amazonía, y fueron dictados sin respetar la previa consulta con las comunidades campesinas y nativas. Los Awajún en particular, estaban confrontados con la concesión del lote 116 a la petrolera francesa Hocol en 2006 y a la presencia inconsulta de la minera Metalfin-Afrodita (de la extranjera Dorato) que obtuvo 60 concesiones en 1995 en su territorio.

2 Con más de 55,000 miembros, y organizado en 281 comunidades nativas, el Awajún es el pueblo más numeroso de la familia jíbara y el segundo de los pueblos originarios de la Amazonía peruana. La mayoría de las comunidades nativas awajún y wampis se encuentran en los departamentos de Amazonas y Cajamarca (263). Ver: INEI, Censos Nacionales 2007: XI de Población y de Vivienda. Resultados definitivos de Comunidades indígenas, T. I, 2009.

3 El punto de vista opuesto al del indígena lo sintetizó el entonces presidente Alan García, en una serie de artículos sobre “el síndrome del hortelano”, estigmatizando a las comunidades nativas como “el perro del hortelano”, que no come ni deja comer.

4 Desde el 2002, en el Perú los indígenas amazónicos desarrollaron una sucesión de luchas, exigiendo sus derechos. La sétima fue en agosto de 2008 y la novena entre abril y junio de 2009. El 2008, obtuvieron la abrogación de dos decretos. Sin embrago, paralelamente el gobierno restituyó la vigencia de los artículos 10° y 11° de la ley 26505, para facilitar la inversión privada para el desarrollo de actividades económicas en tierras del territorio nacional y en el de las comunidades campesinas y nativas, en desmedro del ejercicio de la democracia en las mismas. Ver: Guevara Aranda, Roberto, Bagua: de la resistencia a la utopía indígena, Pueblo Libre, edición del autor, 2013: 154.

5 “Baguazo”, es en referencia a la ciudad de Bagua Grande (Utcubamba, departamento de Amazonas), pues los sucesos del 5 de junio tuvieron como epicentro la Curva del Diablo, un lugar cercano a dicha ciudad. La lucha amazónica de ese año, dirigida por las organizaciones nativas locales, regionales y nacionales (AIDESEP), se desarrolló en más de diez cuencas de la Amazonía. Puso en jaque al Estado peruano focalizándose en puntos neurálgicos de tránsito de gas, de petróleo y vías de comunicación: en Atalaya (gas) y, los más importantes, en Utcubamba (carretera) y Condorcanqui (Estación 6 de bombeo del oleoducto norperuano). Los Awanjún-Wampis y sus aliados bloqueaban la carretera Fernando Belaúnde Terry en la Curva del Diablo (distrito El Milagro, provincia de Utcubamba-Amazonas), principal vía de enlace en el norte entre costa, sierra y selva alta. La madrugada del 5 de junio, rompiendo las negociaciones y acuerdos, el ejecutivo ordenó el desalojo de la Curva del Diablo, enviando fuerzas policiales especiales por suelo y aire (helicópteros), con armas de guerra. Lo hizo a pesar de saber que, en la provincia de Condorcanqui, los Awajún-Wampis controlaban la Estación 6 del oleoducto norperuano y tenían 35 policías desarmados como rehenes. Al enterarse de la matanza en La Curva del Diablo, los de la Estación 6 ajusticiaron a 11 policías. El saldo trágico de esa jornada fue, según fuentes del Estado, 33 fallecidos (23 policías y 10 civiles –de los cuales 5 awajún-wampis–) y un policía desaparecido.

6 Santiago Manuin Valera, presente en la Curva del Diablo, recibió tres balas de una ráfaga AKM, resultando con 8 perforaciones en sus intestinos. Sobrevivió luego de dos operaciones.

7 Luego del fracaso del ALCA en 2005, el gobierno de Bush (hijo) promovió tratados bilaterales de comercio entre países del continente americano. En el Perú contó con el respaldo de los gobiernos de Alejandro Toledo y Alan García, y de mayorías congresales sumisas al neoliberalismo y al ejecutivo.

8 ¿A qué problema puede referirse Manuin Valera? Como sabemos, después del 2009 continuó la política de entrega en concesiones a capital privado de la Selva Amazónica y de los territorios de los pueblos originarios de esa región. Sin embargo, como dice Manuin Valera al final de esta entrevista, el Estado peruano sufrió una derrota simbólica: en el futuro, los pueblos originarios difícilmente aceptarían un maltrato como sí lo recibían antes del 2009.

9 En efecto el mismo 5 de junio, Alan García declaró ante la televisión: “Ya está bueno. Estas personas no tienen corona; estas personas no son ciudadanos de primera clase, [para] que puedan decir, 400,000 nativos a 28 millones de peruanos, ‘tú no tienes derecho a venir por aquí’. De ninguna manera.”.

10 El Colectivo Amazonas está conformado por el CAAAP (Centro Amazónico de Antropología y Aplicación Práctica), CooperAcción, Forum Solidaridad Perú, SAIPE (Servicio Agropecuario para la Investigación y Promoción Económica) e IDL (Instituto de Defensa Legal).

11 La noción cristiana de Dios parece haberse imbricado en la espiritualidad guerrera awajún-wampis (“gran Ajútap”). En tres cuartos de siglo, los Ajútap/Ajutap, “espíritus de los guerreros muertos que habían mostrado gran valor en la lucha y que habían matado a un enemigo” también han devenido “espíritus poderosos”. Ver: Brown, Michael F., Una paz incierta, Historia y cultura de las comunidades aguarunas frente al impacto de la carretera marginal, Lima, CAAAP, 1984: 29; Asangkay Sejekam, Nexar, y Gómez Antuash, Edwardo, (compiladores), Awajún chícham jubbau. Diccionario Awajún-Castellano (parcial), versión preliminar, diciembre del 2008. Versión en pdf.

12 En el transcurso del siglo XX se han producido cambios significativos en la realidad y en la cosmovisión de los Awajún-Wampis. Estos cambios; sin embargo, no deben llevar a equívocos. Como lo demuestran las luchas de inicios de este siglo XXI, tales cambios no han significado una renuncia total a su cultura ni a la defensa de su territorio. Si a inicios del siglo XX, para seguir siendo soberanos en sus territorios y terminar con los invasores, destruyeron caucherías y la misión católica, asesinando a párrocos y cristianos, a inicios del siglo XXI perseverantemente luchan en la defensa de su territorio, de la selva amazónica y de su cultura, rechazando como antes al capitalismo extractivista y expoliador. Sobre lo sucedido a inicios del siglo XX, consultar las “Memorias” de 1903 y 1904 de Fray Paulino Díaz, en: Larrabure y Correa, Carlos, Colección de documentos oficiales referentes a Loreto, T. IX y XII, Lima, La Opinión Nacional, 1907.

13 En enero del 2018, Manuin Valera, en silla de ruedas, impuso símbolos de los apu awajún-wampis al Papa Francisco, durante una ceremonia católica en el departamento de Madre de Dios.

14 Manuin Valera tiene vínculos cercanos con los jesuitas por la relación constante de estos con las organizaciones campesinas y las comunidades nativas de Cajamarca y Amazonas. Dicho sea esto, la reinstalación de los jesuitas en territorio awajún-wampis se produjo desde 1949, después de más de 350 años de la expulsión de los españoles y casi 240 años de haber cesado su presencia en la zona. Lo hicieron luego del inicio de las colonizaciones militares peruanas de frontera (1946) y del evangélico Instituto Lingüístico de Verano (1947).

15 Desde inicios de este año 2018, los líderes y comunidades del pueblo awajún preparan y discuten los estatutos de lo que será el Gobierno Territorial Autónomo de la Nación Awajún. Los Kandoshi y los Shuar y Wampis les han antecedido en esta vía dentro del Estado unitario peruano. Esto es el fruto de un proceso de maduración de casi 20 años. Como ejemplo, ver el Estatuto Constitutivo de la Nación Wampis en: <http://nacionwampis.com/>, consultado el 01/11/2018.

16 Se refiere a lo sucedido el 10 de mayo de 2009 en Corral Quemado, un tramo vial del estratégico puente 24 de Julio sobre el río Marañón. Los Awajún-Wampis ocuparon ese tramo solo por horas y luego fueron desalojados violentamente por fuerzas especiales de policía, resultando 17 heridos (13 indígenas y 4 policías) y 7 indígenas detenidos. Ver Guevara Aranda (Ibid.: 203-213). Desconocemos lo acaecido en la Hidroeléctica El Muyu.

17 Ver en ese sentido, el “Pronunciamiento Público por el Noveno Aniversario del Baguazo, sucedido el 5 de Junio de 2009 en Bagua- la Curva del Diablo” del Consejo Permanente de los Pueblos Awajún, Wampis y Apách (CPPAWA), Santa María de Nieva, 5 de junio 2018. Manuin Valera es presidente de esa organización y uno de los dos firmantes de este pronunciamiento. Ver: <https://saipeperu.org/2018/06/06/nieva-jovenes-se-movilizaron-por-9-anos-del-baguazo/>, consultado el 01/11/2018.


https://www.leerydifundir.com/2020/07/awajun-gato-encerrado-buscar-medios-salvarse/