8 de enero de 2013

Bienestar y felicidad (2)


Pablo Quintanilla

 
Desde la antigüedad, los filósofos han debatido sobre la naturaleza de la felicidad, teniendo claro que no es lo mismo que el bienestar. Lo primero es una experiencia subjetiva de realización y plenitud, lo segundo es una situación objetiva de satisfacción de necesidades.

Aristóteles pensaba que uno es feliz cuando desarrolla al máximo todas sus capacidades, las que pueden ser intelectuales, morales, artísticas, afectivas, sociales, corporales y de muchos otros tipos. Spinoza añadió que uno es feliz cuando se comporta según lo que uno mismo considera que es lo correcto. Sin negar todo lo anterior, G.E. Moore decía que la felicidad es dedicarse a la vida del espíritu y tener buenos amigos. Freud afirmó que para ser feliz uno debe amar y trabajar, esto es desarrollar vínculos afectivos profundos y realizar una actividad que sea, para uno, productiva e importante.

En cualquier caso, siendo la felicidad una obligación que uno tiene para consigo mismo, no es un logro fácil de alcanzar. Tampoco es un momento ni una suma de momentos particulares, sino más bien un estado de fondo que subyace a la variabilidad de nuestras experiencias psicológicas. Guarda cierta relación con el bienestar: sería difícil, aunque no imposible, ser feliz estando esclavizado, bajo tortura o padeciendo extrema miseria. La felicidad también está relacionada con el comportamiento moral. Es improbable que una persona que se reconozca a sí misma como fundamentalmente deshonesta e inauténtica pueda ser feliz, y es probable que quien cree vivir con integridad pueda sobrellevar las circunstancias más difíciles.

La felicidad no es moralmente neutra, es decir, hay formas de ser feliz que son éticamente más valiosas que otras. Por ejemplo, la felicidad que una persona obtiene generando conocimiento o actuando de manera solidaria es más valiosa que aquella que se logra mediante un comportamiento maquiavélico o egoísta. Esto implica que, si bien uno de los temas centrales del pensamiento filosófico es la naturaleza de la felicidad, esta reflexión debe inevitablemente abordar la pregunta acerca de la felicidad buena, es decir, aquella forma de ser feliz que es valiosa y digna de ser buscada.

El hecho de que hay muchas maneras diferentes de ser feliz y que estas pueden tener distinto valor moral es algo aceptado desde hace mucho tiempo. Es, también, una crítica clásica contra los filósofos utilitaristas John Stuart Mill y Jeremy Bentham, quienes sostenían que una acción es buena si maximiza la mayor felicidad del mayor número de personas, esto es si tiene como consecuencia que más personas sean felices. Pero si la experiencia de la felicidad es subjetiva y moralmente variable, continúa el cuestionamiento a los utilitaristas, ¿cómo podría determinarse la mayor felicidad del mayor número? Al parecer, se necesitaría algunos criterios objetivos para establecer qué hace, en promedio, felices a las personas, además de qué formas de ser feliz son más valiosas que otras. El próximo jueves discutiremos acerca de algunas investigaciones empíricas recientes, que podrían darnos cierta luz sobre estos temas.


http://diario16.pe/columnista/32/pablo-quintanilla/2239/bienestar-y-felicidad-2

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