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9 de noviembre de 2011

La universidad: ¿Un programa de asistencia social?

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Javier Sota Nadal

La universidad la creó el mundo occidental para llevar la antorcha de la razón y el conocimiento; aquella que fue prendida por los Griegos, inseguros de caminar por los senderos de la vida guiados por mitos y presagios divinos. Su propósito es alumbrar áreas desconocidas donde suelen habitar nuevos conocimientos, no las ya transitadas; dicho de otra manera; la universidad no existe para inventar el agua tibia.

El propósito primero de una universidad es la investigación, para eso y no para otra cosa se le da autonomía. Sin embargo, entre nosotros las universidades- que ya son más de 120, con la excepción de unas 10- solo se dedican a formar profesionales, es decir, operadores de procedimientos conocidos, muchas de ellos impertinentes a los retos particulares del Perú por geografía y cultura.

Una universidad que solo forma profesionales, no innova ni crea nuevos conocimientos y, por esa discapacidad, envejece atacada por la mediocridad, la copia y la dependencia.

Cierto que una nueva universidad se ve obligada al inicio a dedicarse sólo al antegrado, pero no debe borrar de su horizonte programático la meta de crear posgrados de verdad, antorchas que la conducirán al planeta del conocimiento.

Si inclusión es la palabra que designa y guía la acción del actual gobierno, es urgente para él definirlo operativamente. El Congresista Javier Diez Canseco, acertadamente sustenta que la inclusión es una dinámica transversal que trasciende al mero asistencialismo y debe mover todos los sectores. Cabe la pregunta entonces ¿Qué papel le toca jugar a la universidad en la dinámica de la inclusión?

Señalo enfáticamente que la universidad no es un programa de asistencia social. Es uno cualitativamente distinto. Es un programa de desarrollo científico que podría crear conocimientos para mejor hacer la inclusión social. La universidad peruana en el antegrado, para los que no están enterados, alberga ya la desmesurada cifra de 700,000 estudiantes; 400,000 en privadas y 300,000 en públicas.

En las públicas la educación es gratuita, en ellas funcionan comedores universitarios gratuitos o fuertemente subsidiados y algunas alojan estudiantes en residencias gratuitas. Acceden a ellas estudiantes de ingresos económicos bajos y a las privadas estudiantes de altos y medios ingresos. Nadie puede argüir que en el Perú haya déficit de cobertura; al contrario, tenemos más universitarios de lo que el futuro más ambicioso demandaría.

Por lo anterior, pienso que la llamada Beca 18 que ha propuesto el gobierno, a la que se destinará 136 millones de soles el próximo año para beneficiar a 5,000 estudiantes de pregrado, podría tener un mejor destino. Pienso que, si de incluir se trata, mejor sería que se destinara parte de esos recursos para becas de posgrado, estudios que no son gratuitos ni en públicas ni en privadas; de esa manera, se incluiría a los graduados que carecen de recursos para estudiar en el posgrado, por ejemplo, nuevas ideas que permitan cerrar las brechas de la desigualdad.


http://www.diariolaprimeraperu.com/online/columnistas-y-colaboradores/la-universidad-un-programa-de-asistencia-social_98530.html


Cayetano y San Marcos sacan la cara


Según el Ranking Iberoamericano de SCImago Institutions Rankings (SIR) 2011, San Marcos y Cayetano Heredia son las únicas universidades peruanas que cumplen con los estándares internacionales de producción científica.

El estudio, que incluye indicadores bibliométricos para medir el rendimiento investigador de 1,369 instituciones superiores de estudio iberoamericanas, revela que de las siete primeras universidades peruanas, ubicadas en el ranking SCImago, dos son privadas sin fines de lucro y cinco son públicas.

La Universidad Cayetano Heredia (privada sin fines de lucro, ubicada en el puesto 147) y la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (casa de estudios pública que figura en la ubicación 211) superan cada una más de 400 documentos científicos publicados e indexados en la prestigiosa base de datos científica Scopus, en el periodo 2005-2009.

De acuerdo con el ranking más de la mitad de la producción científica del país es generada solamente por estas dos universidades. Más abajo de ese estándar de producción científica, aparecen la Pontificia Universidad Católica (puesto 262), la Universidad Nacional Agraria La Molina (374), Universidad Nacional de Ingeniería (425) y la Universidad Nacional San Antonio Abad del Cusco (427).


http://www.diariolaprimeraperu.com/online/politica/cayetano-y-san-marcos-sacan-cara_98391.html

10 de octubre de 2011

Democracia cibernética

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Javier Sota Nadal

Ha muerto Steve Jobs a los 56 años, cuando el promedio de vida supera ya los 80 años. Pérdida prematura e inmensa para la creatividad humana. Esta triste noticia da pie para reflexionar, en homenaje suyo, sobre la pasmosa velocidad del cambio tecnológico a la que él tanto contribuyó.

En 1955, año en que nace Jobs, el Perú se comunicaba por telégrafo. Al borde de las carreteras, interminables líneas de postes unían los pueblos. Aquellos postes que, solos, cruzaban montes y desiertos eran vigilados y asistidos por jinetes reparadores, así se llamaban. Al escribir se cultivaba el arte de la síntesis, cada palabra costaba en los telegramas. En provincias, el teléfono era remedio en casos de extrema urgencia, no al paso ni en cualquier lugar, en una oficina que los brindaba muy caros. El género epistolar no estaba extinto, viajaba lento y elegante en valijas de lona. La radio era novela, música y noticia. La radiola presidia la fiesta y la cámara fotográfica una máquina sin pilas, diurna, colectiva y compleja. La filmadora, cosa de cineastas y películas sólo en el cine. En el Perú del 55 los sucesos llegaban tarde o sencillamente no llegaban.

Hoy, la realidad lejana se percibe inmediata. La tecnología ha superado la fricción del tiempo y el espacio, gracias, entre otros, a Steve Jobs. Millones de individuos portan hoy reloj, calculadora, música, teléfono, radio, cámara, filmadora, sensores de altitud, temperatura, humedad, reportes de clima, comunicación y auto ubicación global y cada vez más funciones, en una cajita chata que acerca todo a la velocidad de la luz y se llama, genéricamente, celular.

La democracia actual, gracias a la tecnología, tiende a parecerse a la que fundó Grecia, a aquella que habitó en el ágora y que posteriormente se perdió y se hizo ancha y ajena por el tamaño de la ciudadanía y la complejidad de los asuntos que trataba. En ese cambio de escala, los instrumentos de comunicación moderna actuaron al inicio llevando monopólicamente información modulada del poder, monopolio que rompió la tecnología en favor de la sociedad civil haciendo del mundo un ágora cibernética.

A diferencia del 56, el 2011 la ciudadanía no necesita tarjeta de invitación ni llega tarde a los acontecimientos, y si estos pretenden ser tapados por el poder, allí están las redes sociales y los celulares para descubrirlos. Las revueltas árabes, los indignados de Europa, Wikileaks, los videos de Montesinos, los petroaudios, tienen un común protagonista: la tecnología renegando de los poderosos y poniéndose al servicio del veredicto social.

Hemos llegado a un punto en que la democracia es información y si en el siglo pasado la información oficial era sólo sospechosa, ahora ya pocos creen en ella. Sabemos que un pueblo desinformado vive en dictadura, por ello defendemos la libertad de prensa pero, si ésta faltara digo, es un decir, acudiremos a las redes sociales. Gracias Steve Jobs.

http://www.diariolaprimeraperu.com/online/columnistas-y-colaboradores/democracia-cibernetica_96524.html