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31 de julio de 2015

Contigo mi amor

Jerónimo Centurión

"Dicen que la CONFIEP lo secuestró y esas frases, aunque no lo exprese, le joden terriblemente. “A mi no me ha secuestrado nadie, yo soy el presidente, hice lo que tenía qué hacer” piensa molesto."

Amaneció más ansioso que de costumbre. Durmió mal. Esa madrugada se despertó para ir al baño cinco veces. Y en esos intervalos revisaba los diarios. Leyó todos los artículos referidos a su gestión, revisó las últimas encuestas. Su leve repunte no mejoró su ánimo. Más del 80 por ciento del país los desaprueban. Y aunque su rostro a prueba de emociones no lo demuestre, eso lo afecta. No lo respalda ni su familia. Sus padres lo consideran un traidor por haberle dado la espalda a su hermano preso y por traicionar su ideología. Sus aliados iniciales, hoy en otras tiendas políticas, lo critican públicamente. Dicen que la CONFIEP lo secuestró y esas frases, aunque no lo exprese, le joden terriblemente. “A mi no me ha secuestrado nadie, yo soy el presidente, hice lo que tenía qué hacer” piensa molesto. Luego se coge la cabeza y duda. “Sí, sí” murmura en la soledad de Palacio de Gobierno y piensa que debió explicarle a las millones de personas que votaron por él en la primera vuelta y esperaban un gobierno de izquierda que no es tan fácil hacer lo que uno planea, que no quiso ser autoritario, que los medios lo hubiesen destruido y que las inversiones, sí, los malditos inversionistas se hubiesen ido del país y sin inversión no hay trabajo, ni empleo, ni crecimiento, ni programas sociales, ni Beca 18 para poder alardear. Respira tranquilo, toma un vaso de agua y los fantasmas lo vuelven a acechar:

¿Realmente los inversionistas se hubiesen ido? ¿Y sí me ponía firme, como Evo o Correa? A ellos los aprueba más de la mitad de su país y se reeligen sin problemas. Además, no les va mal económicamente. Vuelve a su cuarto, la mira dormir plácidamente.

Sonríe y piensa que ya es muy tarde y que mejor duerme porque mañana le espera un gran día y que lo mejor de todo es que ella está a su lado. Se mete a la cama. Cierra los ojos y a los pocos minutos se levanta como un resorte y habla consigo mismo: “No voy a leer ese mensaje lleno de cifras y recuentos exitosos con un 80 por ciento de desaprobación, tendría que estar loco. Como decirlo si el país sigue igual de injusto y desigual, con cada vez más delincuencia. ¿Quien me va a creer?”. Se dirige a la cocina, abre su laptop, mira la pantalla en blanco y piensa en voz alta “Voy a reconocer mis errores, aumentaré el sueldo mínimo, duplicaré de una vez el gasto en educación y también en salud. Se acabó. Es mi último mensaje y quiero que mi pueblo y los que votaron por mi no pierdan la fe. Que sepan que este gobierno no los representó, que las posibilidades de un gobierno de izquierda democrático y realmente inclusivo están intactas, que no perdamos la fe. Les diré que reconozco mis errores y que este último año les demostraré que no me han secuestrado, bueno, un poco, pero que puedo ser libre”.

Se prepara a escribir, cuando ella baja a la cocina y él se pone pálido. “Qué haces?” le pregunta mientras le acaricia el cabello. “Nada mi amor, nada”. Ella sonríe y le dice “sube, descansa, ya leí el mensaje, está muy bien, ya coordiné con Ana María (Solórzano) para que te hagan vivas en el Congreso y ya tengo todo coordinado en Palacio también. Tu no te preocupes de nada, todo va muy bien, los programas sociales son un éxito, beca 18 es una maravilla. Tu tranquilo”. El la mira cansado ¿Pero no decimos nada de la inseguridad ciudadana, ni del fenómeno del Niño, ni de los niños fallecidos por el frío en la sierra? Ella sonríe, como acostumbrada a ese tipo de situaciones y le dice con voz firme: “Tu tranquilo, descansa, vamos a la cama. ¿Con quien estás?” Con mam…, contigo mi amor, tienes razón. Vamos a dormir, ya estoy más tranquilo. 

20 de junio de 2015

NO SON SOLO PALABRAS

Jerónimo Centurión

No puedo escribir de otro tema. No exactamente sobre las desdichadas y deplorables declaraciones del lamentable congresista Eguren, las que dieron la vuelta al mundo y generaron cientos de memes. Pero sí de sus repercusiones, las que no debemos dejar pasar.

Su nefasto trabajo al frente de la comisión de justicia pasará a la historia y es probable que viva para avergonzarse cuando sus nietos lo cuestionen al respecto. Es cierto que tiene todo el derecho de pensar y creer lo que quiera. Pero, cuando se asume una función pública la situación cambia. Al presidir una comisión un congresista debe dejar de lado sus creencias, manías y fobias para abocarse a organizar y administrar un debate alturado y justo, debe pensar en el bien común y no lo hizo. Y como corolario, por si existía alguna duda sobre su parcialidad frente a este debate, opinó.

La expremier y congresista Ana Jara lo escuchó y al margen de su postura religiosa, se indignó, porque las palabras de Eguren, bien interpretadas, nos dicen que las mujeres que resultan embarazadas por violación deben haber lubricado y gozado. Si no, no saldrían embarazadas. Cómo podemos mantenernos impávidos frente a una declaración de esa naturaleza. El doctor Elmer Huerta ya se encargó de aclarar que la lubricación no tiene nada que ver con el riesgo de embarazo. ¿A qué se dedican los asesores de la Comisión de Justicia que no pueden instruir mínimamente al presidente de ese grupo de trabajo? Sus palabras indignan y no debemos reprimirnos.

La exalcaldesa Susana Villarán, citó en su Facebook, el testimonio que Georgina Gamboa ofreció ante la CVR. Cuando ella tenía 16 años siete militares la golpearon,  torturaron y violaron “…yo estaba totalmente maltratada, esa noche me violaron siete militares o sea los siete Sinchis entraron violarme. Uno salía, otro entraba, otro salía, uno entraba. Ya estaba totalmente muerta”. Pero Georgina no murió. Resultó embarazada. ¿Quiere decirnos el congresista Eguren que Georgina disfrutó de esta violación? ¿Será capaz el congresista de disculparse con Georgina por la connotación de sus declaraciones? No lo creo.

El problema, insisto, no es lo que ellos crean o quieran, sino la repercusión política de sus palabras y los mensajes que generan. El presidente del PPC, por ejemplo, salió a respaldar a su colega y decir que las mujeres violadas necesitan ir al psicólogo. Sí, claro, él también necesita ir al psicólogo y yo también. Pero lo que el quiere decirnos es que las mujeres que han sido violadas no están en condiciones psicológicas para decidir si abortan o no. Peor aún, Castro justifica con esas declaraciones la violenta decisión del Tribunal Constitucional que impide al Estado proveerle a las mujeres la píldora del día siguiente como parte del kit de asistencia luego de una violación.

Ellos hablan y dicen pachotadas violentas, pero la repercusión de lo que dicen es terrible, suficiente para, por ejemplo, afectar e indignar a Elisa Fuenzalida, escritora y amiga, a revelarnos en su columna de espacio360.pe que ella también ha sido víctima de la violencia sexual y el machismo criminal que sigue firme en nuestra sociedad.

Qué dijo la líder del PPC, aquella mujer que en algún momento estuvo cerca de convertirse en presidenta del Perú sobre las babosadas que declaran los parlamentarios de su partido? Que respalda al 100 % lo dicho por Eguren. ¿En qué mundo vive?

Y el cardenal Cipriani, quien nos tiene acostumbrados a sus declaraciones, cada vez más perversas, esta vez se superó: “Que demuestren que esa mujer violada quiere matar a su hijo. Esa premisa no es tan clara… no creo que ellas estén a favor de que maten a su criatura”. Reitero, Cipriani, puede creer lo que él quiera, pero no puede creer, asumir y responder por los demás, por las miles de mujeres y niñas violadas todos los días en el Perú. El problema con las declaraciones de Cipriani, es que en un país tan polarizado, carente de ideología y de partidos sólidos como el Perú, la influencia de la Iglesia Católica, en asuntos que no le competen es enorme y ningún político se quiere enfrentar a él.

Y consciente que nadie se meterá con él, Cipriani se lanzó sin vergüenza a decir más estupideces: “en la clase alta, [el aborto] tiene más aceptación. Qué pena y qué vergüenza que cuando la gente tiene más medios económicos y cultura es más fría para matar a una criatura” y felicitó a los más pobres “un pueblo sencillo, pobre y elemental, pero [en los] que la criatura que va a nacer es el tesoro de la casa”.

No son solo palabras, esto es política y de la mala. Las mujeres más pobres son las mayores víctimas de estos discursos y acciones políticas porque son ellas las que mayoritariamente mueren cuando acuden a lugares inseguros para interrumpir un embarazo causado por una violación.

No podemos dejar que estas declaraciones se queden en el aire sin responderles, ni actuar. No podemos dejar que se llenen la boca de mentiras hablando por las miles de mujeres víctimas de la violencia que ellos generan u ocultan. No debemos parar hasta que, por lo menos, ante una situación extrema y terrible como es el salir embarazada producto de una violación, ellas puedan decidir qué hacer.

9 de abril de 2015

Novelas

Jerónimo Centurión

Algunas veces entiendo esa apatía que nos aletarga, que nos vuelve marmotas y que termina descarrilándonos como país. No la comparto. Me opongo ferozmente a ella.

Creo que buena parte de nuestros problemas sociales y políticos devienen de nuestro patológico y egoísta desinterés. Pero ocurren situaciones como la actual en la que todo parece tan grave, tan importante, tan complejo e incluso interesante que lleva a algunos despistados a comparar nuestra coyuntura con ficciones del nivel de House of Cards. Pero no. Nuestra novela política es más parecida a series como el Auto Fantástico o Baywatch. Seguimos sin incorporar matices, seguimos repitiendo estereotipos. No aprendemos a escribir nuestra propias historia. Y eso es penoso.

La censura a Ana Jara por ejemplo. La señora debió renunciar y no obligar al Congreso a censurarla por ilícitos que no admiten discusión. Aquí y en cualquier país, excepto Estados Unidos, el seguimiento a civiles por parte del Gobierno sin autorización fiscal, es un delito. La DINI depende de la Presidencia del Consejo de Ministros y a la señora Jara le correspondía renunciar. Por tonta y no percatarse lo que sus subordinados indirectos realizaban o por ser cómplice de estos actos. Eso es lo concreto.

Claro, el hecho que Jara sea responsable no implica que apristas, fujimoristas y toledistas tengan autoridad alguna para ufanarse de nada. Esta debió ser una censura rápida y silenciosa, casi culposa. Pero no, el circo no podía faltar y la predecible decapitación de Jara ocurrió entre vergonzosos e indignantes discursos de parlamentarios amnésicos.

En ese contexto circense, nuestro “garante de la democracia” y Nobel de literatura confesó haber seguido el debate parlamentario y, seguramente abochornado por el mal uso del lenguaje, pero sobretodo por la conchudez monumental de la mayoría de miembros del congreso, felicitó a la señora Jara “por el homenaje que involuntariamente le ha hecho el Congreso censurándola”.

Interesante. Que nuestro Nobel defienda a una irresponsable le daba a nuestra novela política un matiz divertido. Pero el capítulo no duró mucho tiempo. La pareja presidencial nombró a Cateriano y por un momento el suspenso parecía volver a entusiasmar nuestra política. Un anti fujimorista y anti aprista se presentará ante un parlamento dominado por apristas y fujimoristas quienes podrían cortarle la cabeza. Paja. Y más interesante aún, al Congreso podría costarle la vida la censura a Cateriano pues la pareja presidencial podría cerrar el circo. ¿Qué pasará? Corrían las apuestas. Hasta que Cateriano bajo el tono, prometió despersonalizarse y el suspenso empezó a decaer.

Mi naturaleza me impide estar completamente al margen de la coyuntura política, es por eso que este fin de semana narré entusiasmado los detalles de este culebrón. Hasta que un amigo, sin ánimo de fastidiar, me preguntó: “¿Qué significaban todos estos cambios e intrigas, qué cambios ocurrirían, de qué manera repercutiría en la población?” Me quedé callado pensando un segundo y mi entusiasmo se vino abajo. “Ninguno” dije. Nada va a cambiar, los niveles de educación, salud, seguridad ciudadana, cuidado del medio ambiente y respeto a los derechos humanos seguirán como hasta ahora, es decir, en un segundo o tercer lugar. Las inversiones, la madre de todos los santos, tampoco sufrirán alteración alguna. Ese es otro cuento que no cansan de repetirnos hasta el cansancio. Que debemos portarnos bien, reclamar menos, bajar los impuestos, acelerar los trámites, dejar de hablar de medio ambiente o derechos humanos. Todo para que los inversionistas vengan a nuestro país a hacer negocios.

La semana pasada La República publicó un Wikileak en el que se mostraban documentos del acuerdo Trans Pacífico, según el cual Perú permitiría a empresas extranjeras demandarnos por sumas millonarias si, por ejemplo, un grupo de pobladores decide quejarse por daños ambientales. Lo escandaloso es que estas empresas pueden ir a quejarse a instancias internacionales donde tienen poderosos lobbies, saltándose la justicia en el Perú.

¿Qué ha dicho Humala al respecto? Nada. A estas alturas ya le queda poco por decir. Tampoco a los medios les interesa mucho este tipo de historia, prefieren la novela cotidiana, aquella que nos vende ruido y humo. Es por eso que algunas veces entiendo la apatía e incluso el desprecio que genera la política. Que lo entienda, sin embargo, no significa que lo respalde. La política no son los políticos, la política está viva, somos nosotros, y siempre estaremos a tiempo de irla (ir) cambiando.


http://diario16.pe/noticia/59160-lea-novelas-columna-jeronimo-centurion

10 de agosto de 2013

PELOTAS


Jerónimo Centurión

Estamos cada vez más sensibles. Será el invierno frío y húmedo. Será que tanta mentira repetida nos terminó colmando la paciencia. Será que esta vez y como siempre, nos ilusionamos más de la cuenta y terminamos lamentándonos sin saber bien qué hacer. O acaso será que en estos días de celebración nacionalista, en la que nos invaden de comerciales, banderas y cánticos, las empresas recordándonos una peruanidad abstracta y a medio cocer, recobramos la memoria y nos ponemos a pensar en la historia reciente del Perú: que un chinito con tractor, apoyo evangélico y aliados apristas nos vendió un cuento que no tardaría en derrumbarse y convertirse en el gobierno más corrupto de la historia; que luego vino un cholo sano y sagrado que nos llenó de esperanza, salimos con él a las calles, vencimos a la mafia para que él se emborrachara de poder y acabara con la mística de un solo trago. La macroeconomía, el PBI y el consumo seguían, sin embargo, creciendo. La corrupción también, claro, pero eso a estas alturas ya se vuelve un tema secundario. Luego, cuando nuestra decepción parecía tocar fondo, volvió García, sí, aquel que destruyó la economía con una eficiencia difícil de igualar en la historia. Sí, volvió Alan para salvarnos del izquierdista Humala, volvió Alan con el apoyo de todos los medios y empresas para hacerle frente al cuco y vaya si se creyeron el cuento. La llamada Alianza Popular Revolucionaria Americana se convirtió en el partido de derecha más extrema y fascista que jamás haya tenido el país. Luego le tocó el turno a Humala, el joven militar que se reveló ante a Fujimori y que influenciado por una familia excéntrica, pero de izquierda, y una esposa progre, logró una confluencia optimista. En primera vuelta, un tercio del país votó por él y por un plan de clara tendencia socialista. Luego, alteró su propuesta de gobierno para obtener un 15 por ciento más de votos, aquellos que lo hicieron imponerse frente a Keiko. Yo me encuentro entre los que votaron en primera y segunda vuelta por Humala. El presidente, sin embargo, ante la ausencia de partidos políticos y de una oposición organizada, se olvidó de quienes lo ubicaron donde está y se dejó lavar la cabeza por quienes manejan el poder económico.

Hoy, Humala se ha vuelto “Cosito”, diminutivo cariñoso de “Cosa” que es como Nadine, su empoderada e inteligente mujer lo llama. Pero eso es anecdótico. Ser saco largo o dejar que sea su esposa quien tome las más importantes decisiones no tiene nada de malo, podría ser sumamente positivo, lo que molesta es que hagan todo lo opuesto a lo que prometieron y no nos hablen claro ni expliquen por qué.

La semana pasada, en las marchas, contra la denominada repartija, la mayoría había votado como yo, es decir, por Humala en ambas vueltas. Y el sentimiento de decepción era colectivo, generalizado. La elección de personajes asociados a la corrupción toledista y fujimorista fue la gota que derramó el vaso. Pero la sensación era de rabia ante el silencio, ante el cambio abrupto e inconsulto de dirección.

Debo decir que debemos perderle el miedo a la palabra política y más aún a decir soy de izquierda, si creemos que el libre mercado y el capital no pueden solucionarlo todo y debe existir un Gobierno para regular una competencia económica que es a todas luces injusta y desigual, no debe darnos vergüenza decir que somos de izquierda, socialistas o de centro izquierda, como quieran. Las marchas rebosaban entusiasmo y energías bienvenidos, el Gobierno, en fin, demostró una torpeza y patanería sorprendentes, pero sentí que nos faltó articulación y propuesta. Nuestra indignación es política, propongamos alternativas políticas.

Logramos hacerlos reconocer su tremendo error al nombrar a un defensor del pueblo y miembros del TC impresentables. Pero debemos hacerles recordar que un tercio del país esperábamos otra cosa y no debemos ser ninguneados. Humala perdió una nueva la oportunidad de hablar claro, de devolvernos un poco de esperanza, de quitarnos así sea por el invierno, la sensación de haber sido una vez más engañados. Tal vez sea su tono dubitativo, sombrío y esa portátil ridícula lo que han convertido el tercer mensaje de Humala en una suerte de opaco déjà vu, algo que ya vivimos y no nos interesa recordar.


http://diario16.com.pe/columnista/8/jeronimo-centurion/2721/pelotas

3 de agosto de 2013

TOMA LA CALLE


Jerónimo Centurión

Tenía un montón de trabajo pendiente: corregir guiones, escribir dos estructuras, preparar una campaña de prensa y más. Pero no podía faltar. No sólo compartía la indignación. Me mataba la curiosidad. Quería ver en vivo y en directo la protesta. Antes de criticar o hablar del #TomaLaCalle “22J”, quería verlo y así fue. Junto al buen Amador del Solar llegué a la plaza San Martín, casi a las 7 de la noche. Aún quedaban cerca de mil personas caminando entusiastas sin un rumbo claro. La exfiscal Gloria Cano sudaba entusiasta, satisfecha por la jornada de protesta junto al exprocurador Ronald Gamarra, quien junto a su hijo, todos lucían orgullosos de participar en este importante acto cívico. A lo lejos, diferentes grupos de jóvenes lucían extasiados y confundidos. Una trabajadora sexual levantaba una cartulina en la que se leía con letra apasionada “¡Las putas insistimos! Estos congresistas no son nuestros hijos”. Me acerqué a Ángela y le pregunté que la motivó a estar presente en la marcha, ella contestó: “Lo que hacen estos parlamentarios es el colmo, qué se han creído, no podemos permitirlo, tienen que saber que estamos en contra”. Su opinión es representativa. La indignación era absolutamente general. Y no es para menos: proponer a un escudero y abogado del sentenciado por corrupción y delitos de lesa humanidad como representante del Tribunal Constitucional fue un insulto, sólo superable por la falta radical de olfato de lo que algún día fue Perú Posible. Proponer a Pilar Freitas, la mujer que, entre otros muchos cuestionamientos es acusada de sabotear la investigación de firmas falsas contra su partido, como defensora del Pueblo fue una falta de respeto. Nuestros lamentables representantes creyeron que habíamos perdido completamente la memoria, afortunadamente no fue así.

La noche del lunes, miles de jóvenes le demostraron al gobierno de la familia Humala que la indiferencia y la apatía que parecía haberlos tomado por asalto es pasajera. La gran mayoría de los que participamos de la marcha del lunes votamos por Humala en la segunda vuelta y la decepción comienza, sólo comienza a ser evidente.

Es cierto que aún no hay discursos claros, que el asco hacia la clase política los lleva a un espacio incierto. Es también cierto que la decepción y el rechazo de lo que implica ser parte de un partido político complica la producción de alternativas y propuestas. Pero la chispa, las ganas, la valentía, la energía y el coraje para alzar la voz en el momento justo es plausible.

No había un estrado, ni micros, ni tabladillos. Tampoco líderes visibles. Sólo energía desordenada, indignación y preocupación por la detención de 9 jóvenes estudiantes que nadie identificaba. No se trataba de una protesta organizada, sólo una expresión espontánea de rechazo a una expresión nauseabunda de repartija política. No llegué al Congreso, pero más de una decena de personas me dijeron que los gases lacrimógenos lanzados fueron completamente injustificados. La actitud policial sirvió para confirmar que, al final de cuentas, este Gobierno no es tan distinto a otros, que se continúa priorizando la macroeconomía por sobre todo, olvidando que más allá de las cifras existen las personas. Personas capaces de indignarse y protestar.

Llegué a casa satisfecho de mi incursión urbana. Prendí la computadora y me dieron ganas de volver a las calles. Escuchar cómo los principales presentadores de noticias, entre ellas la conductora de Canal N, Mávila Huertas, priorizaba la apertura de la avenida Abancay al arresto ilegal de jóvenes fue indignante.

Mientras el reportero de Canal N, Christian Aoki, narraba indignado cómo la Policía levantaba en vilo a un estudiante tras otro, sin ningún tipo de justificación, la conductora, lejos de cuestionar esta actitud, cerró su transmisión destacando que la avenida Abancay comenzaba a reabrirse. Y, aunque Freitas y Sousa ya declinaron, nuestros indignados preparan una nueva marcha para el 27 de julio. Bienvenida la calle y la rebelión pacífica, a ver si así la pareja presidencial recuerda cómo saltó a la fama y la política, ahora que está en el poder.


http://diario16.com.pe/columnista/8/jeronimo-centurion/2704/toma-calle

16 de julio de 2013

Paranoia Heredia


Jerónimo Centurión

Alan García respira tranquilo, Keiko Fujimori anda china de risa, Toledo celebra, PPK saca su carné de descuento en Mifarma. El Comercio le dedica una editorial celebrando su decisión, los noticieros repiten la noticia todo el día. Según los gurús de la economía peruana, su indecisión estaba ahuyentando las sagradas inversiones e incluso afectando la gobernabilidad. Nadine Heredia ha dicho que no postulará y la clase política peruana, aquel grupo abstracto de personas con ideología difusa y sentido de la oportunidad afilado, celebran la decisión de la primera dama con descarada euforia.

Es que, cuando se asume un proceso electoral como una carrera salvaje donde se prioriza descalificar al oponente antes de convencer al electorado del valor de tu propuesta, algo anda mal. Muy mal. Y eso es lo que viene ocurriendo en los últimos procesos electorales en el país. Lo interesante, en este caso, es que los cuchillos se han adelantado un par de años.

No se trata de ser puritanos. Nada de eso. La guerra es sucia por naturaleza y las batallas políticas no son ni de asomo una excepción. Pero, todo a su tiempo. A más de dos años de las elecciones, este debería ser el momento en el que los partidos políticos refresquen sus bases, generen debates políticos, interactúen con la gente en las calles para saber sus inquietudes y buscar aliados.

Este es el momento de pensar, producir ideas, generar activismo, buscar despertar del letargo a una ciudadanía que no confía en los políticos. Es hoy cuando los diferentes movimientos, tanto de izquierda como de derecha, así como aquellos que dicen estar en ese absurdo e indefinido “centro”, deberían mostrarnos la mejor de sus caras e intentar explicarnos, por ejemplo, en qué se diferencia su posición de centro de la de su oponente.

Es ahora cuando deberían devolvernos la confianza en el ejercicio político el cual, al final de cuentas, no debería ser otro que el buscar el bien común. Es momento de pensar, discutir, evaluar qué pasa en los países vecinos. Preguntarnos, por ejemplo, qué sucede con los países en teoría socialistas de la región, por qué les va de manera tan distinta. ¿Qué lleva a Cristina Fernández a desplomarse en las encuestas? ¿Y qué pasa con Correa, quien, según Perú 21, tiene un 86 % de aprobación?

Pero, como ciudadanos también tenemos retos. Para poder exigir cambios, debemos estar informados. En Perú, la ley obliga a una adolescente a tener el hijo de su violador. Si queremos que esto cambie debemos enterarnos, debatirlo, saber qué pasa en otros lugares y ejercer presión en nuestros representantes para que hagan algo al respecto.

Nos guste o no, aquellos congresistas y políticos que nos gobiernan, son nuestros representantes y mientras no les demostremos indignación o civismo, ellos seguirán aprovechándose de nuestra desidia. Ellos son producto de ella y eso no cambiará, si nosotros no cambiamos antes.

En medio de ese panorama mediocre, Nadine Heredia, la joven esposa de Ollanta Humala generó temor, envidia, recelo, paranoia. La mujer no es brillante, sólo bastó que se empine un poco sobre el status quo cotidiano para generar un estado de miedo ridículo. Dejémosla trabajar en paz y hagamos lo nuestro, que hay mucho, muchísimo por hacer.

11 de julio de 2013

Frialdad


Jerónimo Centurión


Como cada año, junto a los circos, las apuestas con respecto a qué ministros dejarán sus pomposos cargos, el turrón doña pepa y los planes por Fiestas Patrias, el mes de julio nos trae cifras actualizadas sobre la cantidad de niños que mueren de frío en la sierra peruana.

Gracias a nuestros modernos teléfonos y su pantalla HD podemos enterarnos cada vez más rápido que, por ejemplo, este año en abril, 9 niños de menos de cinco años murieron de neumonía en Puno. En lo que va del año, van dieciséis menores que mueren por enfermedades respiratorias, donde el frío y la desnutrición confluyen de manera mortal.

El año pasado fueron 30 niños los que perdieron la vida, congelados por el frío y el hambre. En 2011, fueron 45 los pequeños que murieron sin el abrigo suficiente. Recuerdo que hace algunos años, varios canales realizaron una cruzada para obtener ropa, alimentos y dinero que ayude a mitigar la criminal ausencia del Estado en la zona alto andina.

Tengo claro que estas campañas solidarias tuvieron como punto de partida un reportaje televisivo. Este año, hasta el momento, el reportaje sobre niños muertos de frío aún no se produce.

Quizás, los productores están esperando que la cifra de niños supere la de años anteriores. Nueve niños muertos aún no es noticia televisiva. Pocos medios de prensa escrita lo reportaron, pero la repercusión televisiva es, hasta el momento, mínima.

Pero, el frío recién comienza, probablemente a finales de julio, tengamos una cifra que motive a los directores de medios a castigar a algún novel reportero, para que realice su reportaje sobre la veintena de niños que este año murieron de frío. Luego, vendrá el discurso de extremo rigor del presidente Humala, el aburrido desfile militar, las encuestas de aprobación presidencial, el análisis sobre si Nadine es o no presidenciable, por no citar los escándalos de farándula que copan nuestra prensa. Entonces, el tema de los veinte o treinta niños congelados este año pasará a segundo plano, en un país que se enorgullece de su crecimiento macroeconómico y que hoy anuncia orgulloso el crecimiento de su clase media.

Ayer, conversaba con mi amiga Eva sobre el rol del Estado, ella es un poco mayor que yo y está completamente decepcionada (con base) del rol que cumplen todas nuestras autoridades, tiene cero expectativas con respecto a este Gobierno y ningún político la entusiasma particularmente. “Eres un soñador”, me decía con tono de burla amistosa.

No le di la razón, tampoco se la negué. Le dije que, por más que estuviese decepcionado, no podría dejar de preocuparme, ni dejar de exigirle al Gobierno, a los medios de comunicación, y a mí mismo, la voluntad por hacer mejor las cosas.

Es absolutamente indignante que los medios prioricen la frivolidad barata, sobre temas realmente importantes. Pero, esa es la realidad y la medicina podría ser mejor que la enfermedad.

Sería ideal que el frío incipiente que nos afecta, a Gobierno y ciudadanos, por dentro y por fuera, comience a quebrarse, y no esperemos que algún programa dominical difunda que este año murieron 30 niños para comenzar a preocuparnos del tema y, sobre todo, para hacer algo al respecto.


http://diario16.pe/columnista/8/jeronimo-centurion/2635/frialdad

1 de julio de 2013

TAN CIEGOS, TAN IRRESPONSABLES


Jerónimo Centurión

Los fujimoristas contraatacaron y lo hicieron desempolvando el conservadurismo, machismo y respeto mínimo hacia las mujeres que los caracterizó durante su lamentable y corrupto gobierno. Cómo si no hubiesen aprendido nada del escándalo que generaron las esterilizaciones forzadas que defendieron, el lunes volvieron a la carga.

El escenario: la Comisión de la Mujer, presidida por la fujimorista Aurelia Tan. Tan lista ella, aprovechó el escaso quórum esa mañana gris en el Congreso y propuso votar dos propuestas que vulnerarían gravemente los derechos de la mujer.

“El concebido es sujeto de derecho en todo cuanto le favorece y goza de protección especial y privilegiada”, sentencia el artículo 4 del Código del Niño y el Adolescente. Los fujimoristas, conservadores y fanáticos religiosos, no estaban en la comisión del Parlamento representando a sus votantes, no estaban pensando en la implicancia de aquella ley, estaban cumpliendo una consigna conservadora que probablemente los supere a nivel de comprensión.

La opresión contra los derechos de la mujer es una fuerza muy bien organizada a nivel mundial. Me consta personalmente el estigma que existe a nivel latinoamericano al respecto.

Pero, volvamos al punto y a la norma aprobada. ¿Qué significa o qué implica realmente que, en medio de este otoño incierto, se incluya y apruebe un texto que otorga al “concebido, protección especial y privilegiada”. ¿Por qué, de repente, los fujimoristas liderados por Tan se preocupan por el bendito “concebido”? Sabemos que en política no hay coincidencias, pero con los fujimoristas hay que estar dos, tres veces más atentos. Ellos no dan puntada sin hilo jamás y esta vez no fue la excepción.

El grupo encabezado por Tan apuntó a dejar sin piso la campaña nacional de recolección de firmas para legalizar el aborto por violación. La campaña ha logrado prender en buena parte de la población del Perú y ya estaría a punto de contar con las firmas necesarias para introducir en el Parlamento esta iniciativa ciudadana.

La campaña, integrada por organizaciones feministas, de derechos humanos, universitarios y colectivos ciudadanos apunta a algo tan esencial al ser humano como es el derecho a decidir.

La campaña, que apoyo y conozco, no pretende promover el aborto, nada más lejano a eso. Lo que busca, claramente, es generar un espacio de respeto ante una mujer que ha sido víctima de un crimen atroz como es el ser violada. Ese respeto se traduce en la libertad que debe gozar esa mujer para tomar la decisión que desee.

Perú tiene una de las tazas de violaciones más altas de todo Latinoamérica y son las adolescentes de menos recursos las principales víctimas. El proyecto de ley de Tan y sus colegas fujimoristas pretende obligar a estas adolescentes a tener el hijo de su violador. Así de simple y crudo.

Y esa misma tarde fría, el grupo de anaranjados parlamentarios, entre los que se encontraba un fanático evangelista como Rosas, aprovechó la falta de quórum para aprobar otra norma nefasta: impedir que los adolescentes reciban información de parte del Estado referida a temas de educación sexual. El artículo 26 del Código del Niño y el Adolescente promovido por los fujimoristas considera que es responsabilidad exclusiva de los padres educar a sus hijos en estas materias. Lo que estos irresponsables congresistas se niegan a entender es que un adolescente, nos guste o no, es un ser libre y tiene derecho a informarse y es deber del Estado proveerle de información, sobre todo en un campo como el de la educación sexual. Más aún, cuando existen regiones del Perú, como Iquitos, donde el embarazo adolescente supera el 30%. Nadie le resta responsabilidad a los padres, por supuesto, pero eso no debería llevar al Estado a darle la espalda a los adolescentes. Menos en el Perú de hoy.


http://diario16.pe/columnista/8/jeraonimo-centuriaon/2602/tan-ciegos-tan-irresponsables

15 de junio de 2013

The Walking Dead


Jerónimo Centurión

La fiebre generada por la serie “The Walking Dead” llegó a Lima hace ya algún tiempo. Confieso que al principio no me generó curiosidad, pero luego de ver un capítulo me volví adicto. Los muertos andantes sería la traducción al castellano de esta serie, en la que un grupo de personas luchan por vivir en paz en un mundo plagado de zombies.

Luego de ver a Alan García minimizando el escándalo de los ‘narcoindultos’ y anunciar que postularía a la Presidencia “si el Perú lo requiriese”. Luego de escuchar a Keiko Fujimori acusando al gobierno de Humala de “practicas montesinistas”; y ver a Toledo expresarse ante los medios como si estuviésemos en el año 2000, sentí que los peruanos mantenemos una oculta adicción a los muertos vivientes o zombies.

¿Qué nos lleva a seguir considerando a un sujeto que destruyó el país en los 80s y que luego traicionó a su partido con un gobierno de derecha extrema en el 2006 como un probable candidato en el 2016? ¿Cómo la democracia puede estar representada en un borracho y mitómano patológico como Toledo? Y, por Dios, ¿cómo podemos seguir pensando que algún representante del gobierno más corrupto y criminal de la historia pueda volver al poder sin demostrar ni recambio ni arrepentimiento? Sólo empecinado en sacar a su líder de la cárcel donde con justicia está.

¿Qué nos pasa? ¿Qué nos lleva a considerar alanismos, toledismos o fujimorismos?

¿Qué pasión autodestructiva o necrológica nos lleva a buscar en la altisonante y más visible carroña política de manera tan reiterativa? Y eso que no incluyo en esta lista al nefasto impulsor de la absurda revocatoria, el oscuro Castañeda Lossio, quien también considera candidatear.

¿Desde cuándo esta pasión por los zombies políticos es tan fuerte? Lo que parece ocurrir, es que nuestros muertos políticos tienen lo que la famosa serie por rigor no incluye: un antídoto que los hace parecer vivos generando el exterminio de las neuronas de los supuestos vivos.

Una respuesta rápida, fácil y no por eso carente de sustento para explicar la crisis política extrema en la que estamos sumidos, es la ausencia de partidos políticos. Es como si los “líderes” se hubiesen encargado de destruir sus partidos buscando convertirse en indispensables e irremplazables. Pero, el problema no es su adicción al poder, como toda adicción esta puede ser una enfermedad. El gran problema lo tenemos nosotros. Los partidos no son entes ajenos a nuestra vida civil. La política nos compete a todos y es nuestra desidia criminal la que permite este escenario catastrófico.

Hoy, nos quejamos e ironizamos (me incluyo) sobre la desastrosa clase política que tenemos, pero hacemos muy poco o nada para cambiar este escenario.

El civismo de ciudadanos y medios es tan escandalosamente nimio que la única alternativa que proponemos para el desastre político que se nos viene es la ilegal candidatura de nuestra hiperexpuesta primera dama. Frente al desastre y la corrupción, una candidatura ilegal. Así de simple y básica es nuestra respuesta.

Ese es el nivel de nuestro civismo. Y esas serán nuestras opciones si no hacemos algo al respecto, si no sobre ponemos los intereses del país sobre nuestros interés en el corto y cortísimo plazo. Así estamos, esperando la tercera temporada de “The Walking Dead”.


http://diario16.pe/columnista/8/jeraonimo-centuriaon/2563/the-walking-dead

30 de mayo de 2013

Déjala decidir


Jerónimo Centurión

A Micaela, la conocí en octubre del año pasado. Discutíamos el guión de un documental sobre el aborto en la región junto a mis amigos de Promsex e Hivos, y decidimos incluir un personaje que uniera las historias de Lima, La Paz y Quito. Su elección no fue difícil. Ella dijo creer en el proyecto, por eso no nos cobraría un sol

Micaela Távara es su nombre real y junto a ella me enteré, por ejemplo, que en cuestiones de derechos reproductivos de la mujer, el buen Rafael Correa, presidente de Ecuador con logros importantes en educación y salud pública, se convierte en un ortodoxo conservador en lo que respecta a derechos de la mujer: según el artículo 447 del Código Penal ecuatoriano, el aborto es legal, sólo si “el embarazo proviene de una violación o estupro cometido en una mujer idiota o demente. En este caso, para el aborto se requerirá el consentimiento del representante legal de la mujer”.

El texto es increíble, sobre todo por lo gráfico y explícito de su postura. Esta situación, como era de esperarse, viene generando intensas polémicas en todo Ecuador, donde las organizaciones de mujeres que apoyaron a Correa en su primera elección hoy se sienten engañadas. Pero lo peor es que se sienten impotentes al no encontrar una opción política con fuerza que las represente. Comparado con sus principales opositores políticos, Correa es un hippie liberal y feminista. Imagínense.

Bolivia es otro país donde uno podría creer que, por su gobierno de izquierda, podría ser progresista con respecto al legítimo derecho de la mujer a abortar, pero no es así, aunque legalmente lo parezca. Allá, la Constitución, desde 1972, permite a las mujeres abortar incluso en casos de “rapto”, entendiéndose el rapto como el hecho de que un hombre tenga una enamorada y conviva con ella. Sin embargo, el conservadurismo de los jueces bolivianos ha propiciado que, en más de 40 años, sólo diez mujeres hayan tenido acceso a un aborto legal. Este nudo judicial ha motivado que Bolivia sea, después de Haití, el país con mayor mortalidad materna.

¿Y nosotros? Aquí, estamos en la prehistoria. Según nuestras leyes vigentes, aquí ni las idiotas violadas se salvan. Tampoco es necesario nudos judiciales. La ley, simplemente, lo prohíbe. Ni siquiera existe reglamento para el aborto terapéutico. La presión de la iglesia en el Perú es de otra época. ¿De qué sirve tanto orgullo macroeconómico o gastronómico si las leyes impiden que más de la mitad de los peruanos no tengan derecho sobre su sexualidad, ni siquiera en casos de violación? Ante esta dramática y escandalosa situación, colectivos feministas y aliados, como yo, venimos recolectando firmas para presentar un proyecto de ley que permita a las mujeres violadas tener derecho a un aborto legal. Yo sé que muchos de ustedes creen como yo, en el aborto total como un derecho, pero debemos ir paso a paso. Lima es una de las ciudades con más violaciones de Sudamérica, y 1 de cada 5 víctimas son menores de 15 años. Lo que pedimos, por favor, es que las dejemos decidir. Que pongamos de lado nuestros prejuicios e ideas, que no le impongamos nada y que dejemos que esta adolescente, decida qué hacer con su vida.

Esperamos que el documental que estamos terminando contribuya a crear conciencia sobre este grave problema y ayude a reducir la enorme hipocresía que existe al respecto. Espero también que ayude a conseguir más firmas para presentar un proyecto de ley que permita a las mujeres violadas decidir. Hasta el momento se han recolectado 60 mil firmas, pero se requieren muchas más.

Si quieres sumarte a esta campaña, escribe a firmadejaladecidir@gmail.com y firma.


http://diario16.pe/columnista/8/jeraonimo-centuriaon/2551/daejala-decidir

7 de febrero de 2013

Apoyemos a Jhinna


Jerónimo Centurión

Conocí a Jhinna Pinchi. Ella fue la protagonista de mi primer documental. Aprendí mucho durante los meses de rodaje con ella. No solo técnicas narrativas y periodísticas, Jhinna me demostró hasta qué punto una persona, una mujer, ella, puede sobreponerse a la peor de las desgracias. Con Jhinna aprendí que, no importa cuán profundo uno pueda caer, siempre es posible sobreponerse, pero, sobre todo, me di cuenta de que en un país como el nuestro, donde todo se compra y todo se vende, aún existen personas que creen en la justicia.

Jhinna Pinchi fue secuestrada en Tarapoto, trasladada hasta Piura y encerrada en el night club “La Noche”, donde fue violada y prostituida durante años. Ella fue testigo de cómo compañeras que intentaban huir terminaban “accidentalmente” muertas. Jhinna vio cómo sus compañeras se refugiaban en el alcohol y las drogas para soportar la esclavitud sexual de la que eran víctimas. Jhinna fue una de ellas, pero con una diferencia: tuvo el valor de huir y, pese a las amenazas, denunciar lo ocurrido. Al principio, nadie quiso aceptar su denuncia, la mayoría de fiscales, policías y jueces eran clientes y amigos de Carlos Chávez, dueño de “La Noche”.

Sin embargo, Jhinna tuvo la suerte de encontrarse con el mayor Rosales, un policía honesto, quien se indignó con su historia, la verificó y la alentó a seguir adelante. Jhinna se enfrentaba al poderoso Chávez y a toda su red de fiscales, policías y jueces, a quienes recibía en su night club. Pese a las amenazas y a la presión económica, su caso salió en la prensa de Piura. Luego, la ONG CHS Alternativo asumió su defensa y su historia se dio a conocer a nivel nacional.

Mientras el proceso judicial contra el dueño y los administradores del club seguía su curso frente a la mirada de la mayoría de medios a nivel nacional, la señora Macharé, la única mujer que, después de Jhinna, estaba dispuesta a declarar, murió aplastada por el auto de Chávez. Según el dueño de “La Noche”, la señora se “suicidó” al retirar un ladrillo que sostenía su auto. Lo concreto es que la familia de la señora Macharé llegó a un acuerdo económico con Chávez y la policía no investigó más el caso. “La dejaron morir como a un perro, sin investigación”, nos comentó indignado el mayor Rosales.

La exposición nacional que tuvo el caso de Jhinna impidió que el caso se archive y el poder judicial de Piura ordenó una orden de captura contra Carlos Chávez. Hasta allí llegaron. Chávez se encuentra “prófugo” hace más de un año, aunque testigos aseguran que se pasea por Piura como si fuera su casa.

Pero lo ocurrido en estos días es un escándalo mayor. El 23 de enero, las magistradas Socorro Nizama, Petronila Valdez y Ubaldina Rojas absolvieron a cuatro de los principales procesados por los delitos de trata de persona, promoción y favorecimiento de la prostitución y proxenetismo en el caso night club “La Noche”, en Piura. Según las magistradas, uno de los argumentos que desvirtúa el testimonio de Jhinna es que ella es mayor de edad y que “las labores que ha sostenido dentro del night club ‘La Noche’ han sido en ejercicio de su libertad, que como persona mayor le corresponde”.

La trata de personas con fines de explotación sexual es un delito que se incrementa cada día más en el Perú y en el mundo. El tráfico de personas genera cada vez mayor cantidad de dinero con el que se corrompen autoridades. Dándole la espalda a Jhinna estamos cediéndole terreno a una mafia que cada día se fortalece más. No debemos permitirlo. Es por eso que los invito a enviar sus datos a la cuenta justiciaparajhinna@gmail.com. No debemos dejarla sola. Hacerlo es ceder ante la esclavitud sexual que significa la trata de personas.


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2 de febrero de 2013

La gran perdedora


Jerónimo Centurión

Cumplir 40 me ha ayudado a ver la vida, por momentos, con más perspectiva. Estoy, en el mejor de los casos, en la mitad de mi vida. En el punto medio ideal, en una suerte de vértice desde el cual, en teoría, puedo ver con lucidez hacia atrás, así como imaginar lo que vendrá por delante.

Desde esa perspectiva, puedo decir que siempre he disfrutado de las diferentes campañas políticas que he presenciado. Cuando estaba en el colegio, por ejemplo, recuerdo que era fan de Barrantes, ‘Frejolito’. Me gustaba porque era de izquierda y porque al mismo tiempo era pequeño y amable. Luego, recuerdo haber disfrutado las emociones encontradas que generó el ‘caballo loco’ de García. Cuando Fujimori le ganó a Vargas Llosa, yo tenía 18 años y, pese al terrorismo, el fujishock y la corrupción, la posibilidad de enfrentarse a una dictadura me llenó de pasión. Los últimos años del fujimorato fueron tal vez los más intensos y plenos de toda mi carrera periodística, es decir, de mi vida. Trabajaba en Canal N y nos oponíamos a un gobierno probadamente corrupto, que contaba con un comando de aniquilamiento y que compraba medios de comunicación. Ejercer el periodismo independiente en esa época fue un privilegio y un placer que hasta hoy disfruto recordar. Fue en esa época apasionada que conocí a la actual alcaldesa de Lima, Susana Villarán. Al igual que miles de estudiantes, sindicatos, artistas, partidos políticos y colectivos sociales, Villarán, junto a su grupo denominado Viudas de la Democracia, salía a marchar cada vez que la lucha por recuperar la democracia lo exigía. ¡Qué tiempos! Luchábamos contra un enemigo real y por un objetivo tan ideal como cierto. Y como si tanta emoción no fuese suficiente, logramos la victoria. Ganamos. Recuperamos la democracia. El dictador huyó y tanto su asesor como la cúpula de generales corruptos fueron encarcelados.

Doce años después, luego de varias intensas campañas electorales en las que experimenté tanta pasión como decepción, siento, por primera vez en mi vida, que el actual proceso electoral es todo menos una fiesta democrática. Esta vez no se trata de izquierda y derecha, ni de conservadores frente a liberales, tampoco podemos confrontar la democracia contra la dictadura ni a corruptos frente a honestos. Tampoco siento, como la prensa se encarga de destacar, que estemos frente a una elección que enfrenta a blancos contra cholos y a ricos contra pobres. La aristocracia limeña no está con Villarán, así como tampoco la gente más pobre está en su contra. Tampoco percibo, como quieren hacernos creer, que es una elección que confronte el orden frente al caos, la formalidad frente a la criollada. Estamos frente a un enorme y patético sinsentido. Sin sustento. Claro que votaré por el NO, pero no sé cómo enfrentar al SÍ. ¿Qué se responde cuando me dicen “no me gusta la tía pituca”? ¿Les cuento que, aunque no somos amigos, la he visitado un par de veces en su entrañable casita de 50 metros cuadrados en una estrecha quinta de Miraflores? Lo pienso y, la verdad, me da flojera. Será la edad, la experiencia o la soberbia, no lo sé. Pero entrar al debate actual me da pena. Estamos experimentando la peor faceta de esta “democracia” que tanto añorábamos, por la que hemos llegado a pelear y a exponernos. La revocatoria es un derecho legítimo y debería aplicarse también a los parlamentarios, pero la manera cómo estamos usando esta herramienta democrática nos revela en nuestra peor faceta ciudadana. Por lo expuesto hasta el momento, la gran perdedora de este proceso electoral es ese ideal llamado democracia.


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13 de enero de 2013

Playa de nudismo moral



Jerónimo Centurión

Ya lo he comentado varias veces, pero no importa. Aquí vamos una vez más. Nada duele más que la verdad. Las mentiras indignan, cómo no. Pero uno puede enfrentarlas, luchar con argumentos, ideas, pruebas y pasión, hasta desmantelarlas. La verdad, cuando viene oscura, es letal.

Desde hace seis días, viene circulando en mi Facebook una foto dolorosamente cierta. Un vecino de Ancón, desde su ventana, tomó una foto de la playa realmente repulsiva. Aquella fotografía puso al descubierto un nivel de contaminación indignante, una suerte de virus que no logramos desterrar de nuestro organismo, un mal, una enfermedad que debería darnos vergüenza: el racismo y clasismo.

La foto cenital muestra un fragmento de playa dividido por doce agentes de seguridad. A la izquierda, el pueblo cobrizo, mestizo, amontonado, atiborrado. A la derecha, seis residentes blancos disfrutan de “su” segmento de playa 300 veces menos denso que el de sus vecinos. Es decir, pese a encontrarse en una playa pública, los de la derecha tienen 300 veces más espacio que los de la izquierda.

La foto es brutal en varios sentidos. En primer lugar, parece remontarnos a la época de la esclavitud o al Apartheid en Sudáfrica. Luego, me pregunto: ¿Cómo pueden los vecinos de la derecha permitir que se les proteja de esta manera? ¿Cómo pueden permitir ser percibidos como racistas de manera tan relajada?

Por otro lado, me asaltan las mismas dudas. ¿Cómo pueden los veraneantes de la izquierda (cualquier alusión política es, en este caso, accidental) permitir que se les segregue de esa manera? ¿Cómo permitir que unos agentes de seguridad los priven de su derecho de tránsito y de disfrute de un espacio público? Pero, sobre todo, ¿cómo no sentirse humillados e indignados por un acto tan violentamente racista? ¿Por qué no reaccionaron?

Vi la foto el fin de semana y me dieron ganas de ir al lugar a enfrentarme con los agentes de seguridad. Al final no fui. Me quedé pensando en cuánto sentido tiene crecer como país, ser considerados la perla de América a nivel de inversiones, estar cada vez más orgullosos de nuestra gastronomía, hincharnos de orgullo porque el Dakar comienza en Lima, si, al final, seguimos siendo unos minusválidos emocionales, unos limeñitos inseguros incapaces de liberarnos de ataduras coloniales. Y me refiero a los de la izquierda y derecha, con igual decepción. La verdad es que no sé qué me afecta más, si el racismo de unos o la pasividad de otros. Si la prepotencia de la derecha o la falta de cohesión y agallas de la izquierda.

Una amiga que veranea en Ancón me comenta que no es novedad, que esto ocurre desde siempre. Y no sé si indignarme más o simplemente deprimirme. Ni uno ni lo otro. Usemos esta foto para intentar extirpar otro mal más de nuestra sociedad. La evasión. Si hay ciudadanos racistas y prepotentes que creen que las playas les pertenecen, y si existen otros ciudadanos que se dejan intimidar, existe también una autoridad local o central a la que le corresponde poner orden e impedir que se vulnere el libre tránsito. Si el alcalde de Ancón no toma cartas en el asunto, insto a que se le denuncie por complicidad en este acto de racismo y por impedir el libre tránsito y el uso del espacio público. Reclamo, asimismo, que se identifique a los policías que fueron cómplices de este acto ilegal y que el presidente, que, en teoría, es de izquierda, dé una muestra veraniega de valentía frente a un tema que es más complejo, delicado y grave de lo que parece.


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23 de diciembre de 2012

Regalos del fin del mundo


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Jerónimo Centurión

El mundo no se terminó. Seguimos acá, lamentándonos, quejándonos, riéndonos. Sobreviviendo. Siguiendo reglas de convivencia cuyos orígenes ignoramos. Normas que no nos atrevemos a quebrar. Aunque el cuerpo nos diga que algo no está bien. Hasta que sea tarde y allí, boom, allí sí se acabo el mundo.

La navidad, por ejemplo, me genera sensaciones encontradas. Por un lado, me parece una excusa formidable para pasar tiempo con la familia. Estar con mi papá y mamá, a quienes quiero tanto y con quienes converso mucho menos de lo que quisiera. Repetir la dinámica de cuando éramos niños me parece estupendo. Sí, ya lo sé, no deberíamos esperar las doce de la noche del 24 de diciembre para que esto ocurra. Pero cada vez andamos más apurados, cada vez hay más proyectos interesantes, cada vez hay más caminos que nos invitan a creer que podemos cambiar el mundo: documentales, campañas, programas de TV, videos e incluso columnas. Y poco a poco, pero cada vez con mayor intensidad, descuidamos la base, el indiscutible origen: la familia. Si perciben un tono culposo, no se equivocan. Y si no encuentran un espíritu de enmienda, tampoco se equivocan.

Mi hermano propuso hace algunos meses realizar un viaje familiar a la playa. Los cuatro hermanos y mis papás. Sin parejas ni hijos. Volver, por unos días, a los 80. Sentir, por pocos días, lo que fuimos y lo que somos: hijos perdidos buscando sus respectivos caminos junto a nuestros padres, igual de extraviados y temerosos, intentando darnos el máximo de cariño y enseñándonos lo más que puedan en el menor tiempo posible. Todos apurados porque el tiempo se va. Ojalá podamos realizar ese viaje. Pero mis hermanas ya se opusieron porque no tienen con quién dejar a sus hijas. Espero que reflexionen y las dejen con sus parejas unos días. Sería genial.

Mientras tanto, debo confesarles que, al igual que mi papá, Germán, odio la presión. Me asfixia. Mi pasión es inversamente proporcional al deber. En ese sentido, me molesta tener que comprar regalitos navideños porque el Niño Jesús nació. Y me molesta aún más contribuir a la ansiedad extrema que percibo sienten mis sobrinas cada Navidad. No sé si es el avance del capitalismo salvaje o si mis papás no tenían tanto dinero cuando éramos niños. O ambas cosas. Pero recuerdo que cuando era chico, una bicicleta, un monopolio o un robot eran unos regalazos. Hoy mis sobrinas son insaciables. Esperan ansiosas las 12 para abrir paquete tras paquete de manera desesperada. Las pinturas, el libro o el juguete que les suelo dar son menudencia que agradecen a regañadientes frente a los lujosos regalos de sus padres y otros tíos. Me opongo a contribuir a esa ansiedad. No sé si estoy extrapolando mis traumas, pero me parece una contradicción alimentar esta cadena masiva de consumo desesperado. Es posible que la depresión navideña esté comenzando a afectarme, pero intentaré encontrar un punto medio para retomar la acuarela o mi afición a organizar canciones y regalar cuadritos o discos. Aunque me miren con desdén y crean que soy un tacaño, siento que la historia me dará la razón. Sobra decir que el mejor regalo que uno puede dar es el que le gustaría recibir. A eso yo añadiría que, en estas “fiestas”, ese objeto debería ser producto más que del estrés y el tránsito, de un proceso de adquisición o producción agradable, amable. Así se burlen de nosotros este 24 en la noche o nos llamen Grinch, tacaños o inadaptados.


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27 de noviembre de 2012

De la culpa y el MOVADEF


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Jerónimo Centurión

Algo en el escándalo armado alrededor del MOVADEF, no termina de convencerme. Decenas de portadas de diarios, reportajes de televisión, columnas de opinión, editoriales, leyes, declaraciones de los más altos representantes del gobierno y hasta una marcha en los próximos días, me empujan a preguntarme nuevamente, si no estaremos todos, pisando el palito.

Por un lado, me parece genial que vayamos de a poco, despertando del nocivo letargo apolítico en el que, como sociedad, venimos sumidos desde la debacle fujimorista. El gobierno del Chino y Montesinos, no sólo llevaron a los partidos políticos a una crisis de la que aún no se recuperan; la dupla terminó de convencernos de que la izquierda es sinónimo de terrorismo y, lo más grave, de que la política, en general, es una perdida de tiempo.

He podido notar que los peruanos, a diferencia de todos nuestros vecinos. Es decir, argentinos, brasileros, bolivianos, ecuatorianos, colombianos o uruguayos, somos los ciudadanos menos politizados, los más apáticos y menos informados.

Decir “no me interesa la política” se volvió una frase de moda entre universitarios durante la primera década del 2000 y la situación no ha variados sustantivamente.

Hoy, esos jóvenes crecieron, pero su apatía política se mantiene. La economía es mucho más importante y si los negocios van bien, el resto es lo de menos.

Lamentablemente, muchachos, la cosa no es tan simple. Y el nivel de los representantes que elegimos cada cinco años, son una muestra de que no vamos por buen camino.

El Perú es un país complejo, con diferencias económicas y sociales escandalosas. Es cierto que vamos mejorando en muchos sentidos, pero no todos lo hacemos a la misma velocidad. La inseguridad ciudadana aumenta, los conflictos sociales están latentes, el narcotráfico sigue creciendo, la burocracia corrupta sigue dando la pelea y para poder enfrentarlas, se necesita no sólo astucia y dinero. Se requiere de un adecuado trabajo político.

Mientras declaramos que no nos interesa la política, hay más de un fujimorista latente o real que se frota las manos y saliva.

Siento que la indignación que sentimos frente a un grupúsculo como el MOVADEF tiene, entre otras causas, la culpa. La consiente o no, sensación de culpa, por permitir que un grupo de ese nivel sea el que marque el debate nacional.

Hay que ser demasiado estúpido o maquiavélico para declarar, oficialmente, ser seguidor del ‘pensamiento Gonzalo’ o, peor, decir que el peor criminal de nuestra historia, Abimael Guzmán era un ‘gran filósofo’. Basta un mínimo de criterio para prever que este tipo de frases impedirían su inscripción como partido político.

Una sociedad debidamente preparada, ilustrada y politizada, le hubiese dedicado a estos personajes la sección dedicada a la caricatura, a lo excéntrico.

Lamentablemente, el MOVADEF nos encuentra en un momento social y, sobretodo político, sumamente crítico. Por un lado, la izquierda está desarticulada, extraviada, desordenada y sin el menor norte. El radical viraje de Humala, quien jamás se interesó en explicar nada, ha generado un peligroso vacío.

Por otro lado, está la derecha cada vez más ‘bruta y achorada’. Es por eso que los medios, el gobierno y los ciudadanos nos preocupamos por el MOVADEF o por lo que esta agrupación pueda representar. Porque su poder de influencia está directamente relacionado a nuestra vulnerabilidad. En esa línea, me parece interesante marchar y realizar todas las manifestaciones o editoriales que se quieran. Pero sobretodo, que sirva esto para desempolvar algunos textos, romper no tan viejos mitos y comenzar a proponer ideas, a participar de la sociedad en la que vivimos y a tener cualquier tipo de actividad política. Mientras miremos la política con el rabillo del ojo, ésta nos responderá con MOVADEF o quién sabe, qué otro esperpento.


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27 de septiembre de 2012

El verdadero valor de la verdad


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Jerónimo Centurión

Hoy todos hablamos de Ruth Sayas, la chica que murió asesinada por su ex novio, luego de participar en El valor de la verdad. Hoy, la ministra de la mujer habla ofendida de feminicidio. Hoy, aquellos que no se pierden ni una emisión del programita en cuestión, dicen que el show debe ser clausurado. Hoy Beto, como única autocrítica, declara que “debimos hacer más por buscar a Ruth” cuando la chica ya estaba muerta. Hoy, después de la tragedia, todos somos expertos, moderados y precavidos, pero la manera y el momento de nuestras reflexiones (me incluyo) es también parte de este showtime mediático, de esta sobremesa después de la tragedia.

Hoy, volvemos a hablar del rol de los medios de comunicación, de la autocensura, del papel que debe cumplir el Estado ante este tipo de temas, filosofamos sobre el rol que deberían tener los padres, los condenamos por ir al programa de Ortiz, por permitir que su hija tenga enamorado y demás exageraciones que surgen en un momento en el que todos, explícitamente o no, conscientes o no, nos sentimos un poco culpables. El problema es que nuestra reacción, insisto, es tan predecible, tan altisonante, tan fundamentalista y poco rigurosa, que termina siendo una extensión del show.

Qué propongo, respirar y atender temas en los que sí podemos actuar. Esta semana, por ejemplo, es la Semana de la prevención del embarazo adolescente. Y el Estado peruano reconoce esta fecha porque existe un problema que debemos combatir y que nos afecta a todos. Sin excepción. En el Perú, a diferencia de la mayoría de países del primer mundo, el embarazo adolescente no se ha reducido ni un punto. Pero el tema es más complejo. Según el INEI y la Encuesta Nacional de Salud, son las mujeres más pobres las que tienen menos acceso a educación e información, las que salen embarazadas a más temprana edad. ¿Y qué implica su temprana maternidad? Según cifras oficiales, que solo el 13 por ciento de madres adolescentes asista al colegio. Esto si bien no determina, influye muchísimo en su desarrollo y calidad de vida posterior. ¿Cómo podemos seguir orgullosos de lo bien que estamos como país mientras seguimos manteniendo estos índices alarmantes de exclusión?

En Iquitos la situación es alarmante. De cada diez adolescentes, tres están embarazadas y, está claro, no de manera planificada.

¿Qué hacemos al respecto? Nada. En los colegios las horas dedicadas a este tema se han reducido de manera sospechosa. Si un alumno desea acceder a una posta médica en busca de orientación, los médicos, psicólogos e enfermeras están impedidos de dársela. La ley que penaliza las relaciones sexuales entre adolescentes les quita ese derecho.

La ministra de la Mujer, Ana Jara, la influencia de la facción más conservadora de la iglesia católica y un grupo de parlamentarios ortodoxos siguen argumentando que esto es “responsabilidad de los padres”. La verdad es que me indigna. ¿Qué creen? ¿Que a la mujer que tiene que trabajar todo el día para alimentar y cuidar de sus hijos, porque el marido la abandonó, no le gustaría hablar con sus hijos de estos temas? Lo hace, pero es complicado. Y es deber del Estado ayudarla.


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23 de julio de 2012

Loreto: mundos paralelos

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Jerónimo Centurión

El fin de semana pasado coincidí con Humala y su gabinete en la intensa y caliente ciudad de Iquitos. Yo me encontraba haciendo dos cortos documentales, uno sobre embarazo adolescente y otro sobre violencia sexual. El presidente iba en visita “oficial” con todo su gabinete. La población lo esperaba con cierto nivel de ilusión. Durante la campaña Humala viajó a Loreto varias veces ganándose su confianza y, claro, sus votos.

Un año después, el cariño hacia el candidato que prometió salvar los bosques, acabar con la pobreza y reducir las desigualdades, se ha diluido, mas no extinguido. La gente quería verlo, hablar con él. “Humala puede ser como Belaunde”, me dijo la inocente Hilda, “aquí apreciamos mucho a los presidentes que nos visitan”. Humala, sin embargo, no se expuso más allá de su ordenada agenda en la que lanzó un nuevo programa, esta vez llamado Estado Móvil.

El viernes por la noche, luego de registrar la historia de Lupe, una adolescente que a sus 15 años tiene dos hijos que alimentar con 30 soles semanales me preguntaba cuándo ella sentirá los beneficios de pertenecer al país con la economía más prospera del continente. ¿Cuándo ese Estado Móvil la alcanzará?

Ya de regreso pasé por la plaza de armas, donde se encuentra ubicado el hotel cinco estrellas El Dorado. Una docena de camionetas de lujo anunciaban la llegada de la delegación presidencial. Hablé con uno de los guardaespaldas de la comitiva y le pregunté si había salido a pasear o comer algo en la ciudad y me dijo que no, que Humala y sus ministros habían ido a jugar fulbito con el cuestionado presidente regional Edwin Vásquez.

Al día siguiente me tocó hablar con Liz, una adolescente que fue violada a los 12 años por un anciano de 70 “aquí esto ocurre sin que nadie diga nada, nos quejamos, pero nadie hace nada”. Los niveles de violencia sexual contra las mujeres jóvenes en Loreto es muy fuerte. Detrás de la alegría y amabilidad charapa se esconde un drama muy fuerte. La frecuencia de este tipo de violencia es tan alta que, para mucha gente, incluidas las víctimas, esto es algo “normal”.

La entrevista con Liz fue un sábado. Ese mismo día la comitiva presidencial viajó a diferentes pueblos a inaugurar puestos de salud, entregar donaciones y promocionar una nueva ruta aérea. En el barrio de Belén, uno de las zonas donde la prostitución infantil es más intensa, la ministra de la mujer, Ana Jara, la misma que considera que las relaciones sexuales consentidas entre menores de edad es un delito, entregó ropa y comida. “El gran desafío del gobierno es llegar a las poblaciones que lo necesitan”, dijo Jara.

Lo que aquí se necesita es educación, trabajo, información sobre prevención de embarazos y enfermedades de transmisión sexual. Pero, sobre todo, se necesita afrontar el problema de frente. Para la ministra Jara, sin embargo, esto sería imposible pues su formación le impide aceptar la realidad. Para ella, los menores de edad no pueden tener sexo.

Está claro que el Perú es un país de contrastes culturales y que esto es parte de nuestra riqueza, pero nuestros gobernantes son nuestros representantes y no pueden desviar la mirada de lo que ocurre. Ni pueden gobernar de espaldas a la realidad.

En Iquitos la falta de información para prevenir embarazos adolescentes es alarmante y la violencia sexual que se ejerce contra las mujeres es un crimen que debe enfrentarse cuanto antes de manera honesta e integral. Esperamos que el nuevo gabinete enderece el rumbo y saque a este de su actual extravío político y moral.

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17 de diciembre de 2011

El festejo de la (SIN) razón

Jerónimo Centurión

El 6 de diciembre, mientras se discutía la viabilidad del proyecto Conga, el dirigente cajamarquino Gregorio Saavedra fue invitado a la comisión de Ambiente y Ecología. A su salida, agentes de seguridad del Estado lo detuvieron y lo llevaron a la DIRCOTE “para verificar su identidad”. Esto se llama amedrentamiento. Y si bien no es absolutamente ilegal, sí revela un abuso del poder. El responsable directo de este calculado acto político fue el coronel en retiro Oscar Valdés, entonces Ministro del Interior.

El último capítulo de la negociación entre el gobierno y los dirigentes cajamarquinos para resolver el problema del paro fue grabado en video. Allí se ve al expremier Lerner desesperado. Debía lograr que los dirigentes levanten su medida de fuerza esa noche. Los dirigentes, acostumbrados a consultar con sus bases, pidieron solo unas horas más para dar una respuesta. Lerner, visiblemente angustiado, replicaba que no podía, que debía responder a 29 millones de peruanos. Lo que Lerner no decía era que Humala le había pedido una solución esa noche sí o sí. Y lo que Lerner no sabía era que Valdés ya había coordinado con Humala la implementación del estado de emergencia en esa zona del país.

Horas después el Ministerio de Economía bloqueó las cuentas del gobierno regional de Cajamarca. Consultado al respecto, el ministro Castilla no pudo justificar semejante acción y confesó que lo hizo a pedido del Ministerio del Interior. Es decir, a pedido del coronel Valdés. Al día siguiente el titular del diario La Razón fue el siguiente: “Al fin mano dura” Todo esto ocurría mientras Salomón Lerner seguía “presidiendo” el consejo de ministros.

Ya lo hemos dicho, durante los primeros cuatro meses Humala supo mantener el misterio con respecto a la dirección que tomaría su gobierno. Sin embargo, si tomamos en cuenta la forma como Carlos Tapia salió del gobierno y el silencio que se mantiene con respecto al poder que tendrían Favre y Villafuerte, el nombramiento del coronel Valdés no sorprende. Sí sorprende la rapidez con la que Humala estaría girando hacia la derecha. Luego de la juramentación del nuevo gabinete, el diario La Razón resumió (festejó) la coyuntura de esta manera: “Sacó a los rojos”. El premier Valdés ha dicho (o acaso advertido) que en su gestión “se trabajará más y se hablará (¿dialogará?) menos”. Puede ser mi paranoia, pero comienzo a ver los ojos de Humala ligeramente achinados.

El excoronel Valdés también ha dicho que la política “será de potestad casi exclusiva del presidente Humala”. ¿Qué política? Si algo viene caracterizando a este gobierno, luego de la implementación de los indispensables programas sociales, es la ausencia de una política clara. Es por eso que las declaraciones de Valdés me parecen peligrosamente irónicas.

Espero que el nuevo premier con actos nos demuestre que estamos apresurándonos al juzgarlo. Mientras tanto, la derecha puede seguir festejando y junto a ella los directivos del diario La Razón, quienes el martes 12 (ayer) celebraron en portada que el nuevo gobierno “Sacó a los rojos”.


http://diario16.pe/columnista/8/jeraonimo-centuriaon/1358/el-festejo-de-la-sin-razaon

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