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26 de enero de 2024

La Teología de la Liberación

Antonio Zapata

"El sacerdote ya no estaba encerrado, rezando tras los muros de un convento, sino que trabajaba y/o compartía plenamente la vida cotidiana de su grey. Los veía con frecuencia en Villa El Salvador".

El reciente fallecimiento del padre Luis Felipe Zegarra invita a repensar en la corriente que defendió a lo largo de su vida: la Teología de la Liberación. Como bien dijo Mirko Lauer hace unas semanas, estamos en la edad de los obituarios, si no es el nuestro corresponde a los amigos. En efecto, Pipo Zegarra, además de ser párroco y docente universitario, fue un buen amigo de medio mundo. Un poco desde fuera, porque nunca fui parte de los círculos católicos, observé que su naturaleza incluía una innata generosidad. Sin dificultad practicaba la caridad con el prójimo, una de las virtudes de los apóstoles.

La Teología de la Liberación surgió como un nuevo acercamiento al misterio de Dios y tuvo en el sacerdote peruano Gustavo Gutiérrez uno de sus principales protagonistas. Gutiérrez formó una legión de seguidores entre los que se encontraba Pipo Zegarra. Todo comenzó cuando el papa Pablo VI convocó a los obispos latinoamericanos y les pidió recibir creativamente los documentos emitidos por el Concilio Vaticano II. Ahí nació el impulso para realizar una Conferencia Episcopal Latinoamericana, que se reunió en Medellín en 1968.

Por su parte, el Concilio Vaticano II había sido el aggiornamento de la Iglesia católica, que dejó atrás la misa en latín y celebrada de espaldas a los fieles, para mirarlos cara a cara. Así, la Iglesia buscó derribar las barreras que habían separado a la comunidad de sus sacerdotes. Esa vocación se expresó en el diálogo con el tiempo actual y sus demandas. Por ello, Medellín reflexionó sobre el llamado “pueblo de Dios”, fundamentando el compromiso cristiano con las condiciones de vida de las mayorías latinoamericanas.

De este modo, la Teología de la Liberación renovó la relación entre religión y ciencia. El famoso libro de Gutiérrez construyó puentes imprevistos con las ciencias sociales. Las nociones de dependencia y desarrollo encontraron sitio en la reflexión religiosa. Incluso, en este libro, Gutiérrez criticaba abiertamente la opción desarrollista y adhería a la teoría de la dependencia. Hoy en día estos conceptos suenan pasados de moda, pero en su momento eran resonantes. En comparación con la vieja y tradicional Iglesia católica peruana, se había producido una revolución epistemológica. La Iglesia había decidido situarse de otra manera ante la modernidad.

El punto esencial era el énfasis en dialogar con el mundo; es más, la convicción sobre el lugar clave del mundo para la opción cristiana. Ella había dejado de ser contemplativa. Este era otro punto de la renovación que implicaba la Teología de la Liberación. El sacerdote ya no estaba encerrado, rezando tras los muros de un convento, sino que trabajaba y/o compartía plenamente la vida cotidiana de su grey. Los veía con frecuencia en Villa El Salvador, sobreviviendo codo a codo con sus vecinos, afrontando las dificultades y desafíos de la pobreza. Era gente que valía la pena, porque creía en su mensaje y buscaba vivirlo a plenitud.

En esa propuesta, la caridad ocupaba un puesto crucial, como vimos en el caso de Pipo Zegarra. Ella era entendida como la virtud cristiana por excelencia, porque obligaba a salir de uno mismo y entregarse a los demás. El punto era querer al otro y no permanecer indiferente a su suerte. La caridad de esta teología es un acto de amor. Es más, el pecado es una ofensa a Dios cometida por el egoísmo y la sensualidad de una vida orientada a los placeres individuales. Así, la misma noción de pecado derivaba de la falta de empatía con los demás.

Este razonamiento conducía a la opción preferencial por los pobres. Al estar desprovistos y multiplicadas sus carencias, la caridad conlleva un compromiso para socorrerlos. Así, el discurso de la Teología de la Liberación apela al espíritu humanista contenido en la tradición cristiana primigenia. Según este parecer, la realización personal consiste en buscar el bien de la sociedad. La escalera al cielo es la vida en comunidad.

Otro desarrollo clave fue el diálogo con el marxismo. Era la época de las guerrillas y del marxismo romántico que se expandió por el continente. La figura del Che estaba en todas partes y la Teología de la Liberación desarrolló una fecunda confrontación con el marxismo. Rechazó el ateísmo, pero apoyó la lucha contra la injusticia. Llamó a alejarse de la violencia, pero coincidió en denunciar las causas de la protesta social.

El punto era la justicia social. Esta teología sostuvo que la injusticia es el fundamento del conflicto al actuar como causa activa del malestar social. Por ello, la protesta contra la injusticia era percibida como legítima. Ante esta realidad, el marxismo de la época predicaba la rebelión armada; mientras que la Teología de la Liberación alentaba un compromiso pacífico con las comunidades cristianas de base para buscar la justicia en este mundo.

Asimismo, esta teología tuvo profunda influencia en las izquierdas latinoamericanas. A partir de la incorporación de un gran contingente de cuadros cristianos de izquierda, el socialismo latinoamericano dejó de ser ateo, como había sido habitual durante las etapas anarquista y marxista. Otro efecto poderoso fue el humanismo. Las izquierdas pos Teología de la Liberación adoptaron el tema de los derechos humanos, que antes era percibido como un discurso liberal y no revolucionario. De esa manera, esta teología fue el puente entre la izquierda marxista tradicional y la izquierda actual, preocupada por cuestiones identitarias, todas las cuales implican colocar al individuo en el centro de la reflexión política.

La contribución de la izquierda cristiana a los movimientos populares provocó un movimiento de envergadura durante los setenta y ochenta. Esta influencia era perceptible, sobre todo en América Latina, pero las redes de los cristianos también se extendían a EEUU y Europa Occidental. Gracias a ello, fundaciones del primer mundo con este perfil financiaron una enorme cantidad de proyectos de cultura y emprendimiento popular en América Latina. Seguramente existe, pero no ha caído en mis manos un buen balance de estas experiencias.

Luego, la caída de la URSS y el triunfo del neoliberalismo provocaron el retroceso de las izquierdas. El viento sopló en contra. En ese momento hubo un giro conservador en la Iglesia que ha durado varias décadas. Pero, once años atrás, la elección del papa Francisco marcó un punto de inflexión. Bienvenido sea, aunque no sabemos cuál será su proyección a futuro. ¿Un eterno vaivén, la Iglesia siempre irá de izquierda a derecha? Imposible saber, sobre todo desde fuera, como dije al comenzar.

Pero, al mirar nuevamente los textos fundamentales de la Teología de la Liberación, aparece una propuesta moral intacta. Conserva precisión, fortaleza y poder de convocatoria. Es evidente que la caridad como compromiso vital colaboraría con una recuperación del catolicismo de su compleja situación actual, generada por los interminables escándalos sexuales y abusos de todo tipo que remecen a la Iglesia de hoy.

P. D. Me despido de los lectores de esta columna, hasta otra oportunidad.

https://larepublica.pe/opinion/2024/01/22/la-teologia-de-la-liberacion-por-antonio-zapata-2079231

22 de enero de 2024

Perú: Cien años del APRA

Antonio Zapata

“A diferencia de muchos dueños de un partido de nuestros días, Haya manejó su jefatura con prudencia y habilidad. Estaba interesado en construir un vehículo para la acción política permanente”.

Este año es el centenario de la fundación mítica del APRA. Haya estaba desterrado en México y, en vísperas de partir a Rusia soviética, organizó una ceremonia estudiantil que luego consideró como la fundación del APRA. Pero en ese evento la palabra APRA no fue mencionada ni había adherentes ni programa político. Luego, por razones de su propia narrativa, Haya decidió que ese era el comienzo de la historia partidaria. Necesitaba ese arranque antes del viaje a Moscú.

¿Es importante su trayectoria? Ciertamente. Se trata del partido de mayor antigüedad y envergadura en la historia política nacional. El primer partido de masas. Su pasado ha conocido de todo: lucha contra la oligarquía, heroísmo, compromisos, traiciones y corrupción. Demasiado para solo un partido, de alguna manera representa al país entero. Aunque fue la principal fuerza política del siglo XX, en las últimas décadas ha devenido en apéndice del fujimorismo. Tomado como objeto de estudio tiene mucho que enseñar, porque fue la primera emergencia de la choledad en la política.

Un tema es el caudillismo civil y la construcción de partidos alrededor de un líder indiscutido e indiscutible. Haya asumió este rol luego de la ruptura con Mariátegui y desde entonces siempre fue el jefe. Hubo congresos y conferencias, se eligió a unos y a otros, igualmente se cambió a medio mundo, menos a él. Estuvo por encima.

A diferencia de muchos dueños de un partido de nuestros días, Haya manejó su jefatura con prudencia y habilidad. Estaba interesado en construir un vehículo para la acción política permanente. Logró organizar una red de cuadros y simpatizantes que se traducía en un elevado caudal electoral, gracias a lo cual fue clave en muchos arreglos, aunque también empleó la violencia y generó odios mortales. Fue una polarización temprana del país, había aprismo y antiaprismo. Era parte del paisaje, se decía que en todo pueblo había una comisaría, una iglesia y un local del PAP.

El tema del caudillo en Haya inevitablemente lleva a la comparación con García. Una entrada enfatiza que el primero era austero, mientras que el segundo amaba al dinero, lo cual tendría profundas implicancias en sus carreras. Otra variable es que Haya se dedicó al partido, mientras que Alan a su candidatura. Por eso, Haya tuvo sucesores y García fue un vendaval que ignoró al aparato. El mismo Alan había surgido del último buró de conjunciones de Haya, y sin embargo, después de la muerte del jefe, nunca volvió a funcionar un organismo de preparación de jóvenes para el liderazgo partidario.

Pero,Haya no llegó al poder, mientras que Alan ganó dos elecciones presidenciales limpias. García era un gran candidato, su elocuencia y olfato político le permitieron llegar a Palacio. Pero en la ejecución mostró sus debilidades. La primera vez porque aplicó ideas de los años treinta que no había actualizado. La segunda por su adopción del neoliberalismo y la renuncia a la esencia socialdemócrata del APRA. En ambas, además, por la venalidad que compromete cualquier gestión.

Otro tema es el programa, el posicionamiento del PAP frente a la sociedad. Haya empezó la tendencia nacional-popular y es el abuelo de los populismos latinoamericanos clásicos. Pero, en el camino giró a la derecha en distintos grados. Perdió noción de la meta para conservar el vehículo. Alan repitió el ciclo a la derecha; pero peor, descuidó al partido, que perdió tejido organizativo y caudal electoral. El APRA dejó su nicho y encontró que el fujimorismo ocupaba su sitio. Como dicen los chicos, “se fue al barranco y perdió su banco”.

Actualmente, el APRA es un pálido reflejo de su trayectoria anterior. Su historia es aleccionadora sobre el destino de las promesas incumplidas. Después de un tiempo se desvanecen en el aire.

https://larepublica.pe/opinion/2024/01/08/cien-anos-del-apra-por-antonio-zapata-289216

4 de octubre de 2023

Perú: A dónde vamos

Antonio Zapata

“Sea cuando fuere la próxima contienda electoral, es probable que surja alguien nuevo que clausure este ciclo político. Su promesa será terminar con toda esta podredumbre y su mensaje será integrador”.

Un asunto sorprendente es el contraste entre el elevado rechazo al Gobierno y al Congreso y la baja asistencia a las marchas convocadas contra estos poderes. Según la última encuesta del IEP, la desaprobación de Boluarte supera el 80% y la del Congreso es exactamente 90% Pero la marcha del sábado pasado cuanto mucho reunió cinco mil personas, en una ciudad de diez millones de habitantes.

¿A qué se debe esta contradicción? Una primera explicación guarda relación con la desconfianza en los convocantes a estas marchas. En efecto, la gente común y corriente piensa que son más de lo mismo y no está dispuesta a apoyar a un grupo que, supone, hará lo mismo que critica. Encima, parte de los convocantes pide la reposición de Castillo, alejándose cada vez más del sentido común.

Pero hay otras razones. Entre ellas, el estado de ánimo de las grandes masas de peruanas y peruanos. Antes que la desconfianza en la convocatoria, se hallan las aspiraciones cotidianas de la gente. En relación con la política, la actitud predominante es la apatía y es fruto de la desilusión. Ha depositado su confianza en diversos políticos y todos han decepcionado. Por ello, solo interesa uno mismo.

Todo ha fracasado y nada tiene consenso. Se dice que la dictadura de Fujimori violó masivamente los DDHH, aunque otro grupo lo pinta como el paraíso. También se dice que Velasco y la reforma agraria generaron una gran crisis económica, aunque otros sustentan que sembraron democracia social. Nadie se pone de acuerdo.

Además, lo único evidente es que ninguno de los modelos nos ha sacado de la mediocridad. No somos un estado fallido, pero tampoco uno exitoso, siempre estamos a media tabla y se nota, la gente lo sabe, no puede esperar mucho de la política.

Por su lado, la fragmentación de la sociedad es tan profunda que propende a la inmovilidad. Mientras en el norte esperan las próximas lluvias sin confiar en el Gobierno, al lado, los campesinos de medio país se han quedado sin productos agrícolas e, incluso, carecen de semillas para la siguiente campaña. Cada uno vive su desgracia particular sin conexión con el otro. No hay vínculos que conecten a la ciudadanía.

Pero si esto fuera todo, la respuesta de la encuesta sería un contundente, no sabe/no opina. Pero no es así. Por el contrario, la única contundencia es el rechazo al Gobierno y al Congreso. La gente no sabe bien por qué ni sigue las noticias. ¿Quién es tan masoquista para seguir al detalle la política peruana? Pero existe un instinto político bien implantado. La ciudadanía repudia la corrupción, el abuso y la mentira, aunque desconfía de la democracia y estaría dispuesta a abandonarla por una dictadura que solucione problemas.

Sea cuando fuere la próxima contienda electoral, es probable que surja alguien nuevo que clausure este ciclo político. Su promesa será terminar con toda esta podredumbre y su mensaje será integrador. Al comienzo el sonido tiene que estar afinado con las mayorías para tener la fuerza de cancelar el sistema actual que se está muriendo.

Pero no sabemos su orientación. Podría ser un líder populista de extrema derecha. Un sátrapa de mano dura que promueva una nueva plutocracia de amigos del presidente. Sin embargo, no es seguro. La ausencia de partidos hace que toda elección peruana sea bastante fortuita, porque muchos ciudadanos se deciden al final y su ánimo es volátil.

Por ello, en este ciclo de democracia sin partidos siempre ha habido opciones. En toda oportunidad la fórmula ha sido trabajar con tiempo disputando el sentido común. El punto de partida es óptimo, porque el instinto político de hoy muestra que la oposición tiene bastante ventaja.

https://larepublica.pe/opinion/2023/10/02/a-donde-vamos-por-antonio-zapata-90199

12 de julio de 2023

Perú: Hugo Blanco, 1934-2023

Antonio Zapata

“Era una personalidad reconocida y su participación proyectaba a nivel nacional las luchas sociales, generando procesos de solidaridad colectivos bastante extensos”

El reciente fallecimiento de Hugo Blanco invita a revisar su trayectoria política. Durante la primera etapa de su vida fue trotskista y militante de la IV Internacional. Pero luego del hundimiento de la Unión Soviética juzgó que el estalinismo había sido derrotado y que el trotskismo había perdido razón de ser. En este segundo momento asumió con orgullo las demandas étnicas del movimiento indígena y se volvió el más indio de todos.

Cabe destacar que su trotskismo fue muy singular. Esta corriente postulaba la revolución permanente hasta alcanzar el socialismo y no aceptaba etapas intermedias que realicen propuestas de sectores interesados en la propiedad privada, como el campesinado y su parcela familiar. Por ello, resulta curioso que, siendo un disciplinado militante trotskista, Blanco haya acabado dirigiendo el movimiento campesino de mayor envergadura de la historia peruana.

Al terminar la secundaria, Blanco viajó a Argentina para estudiar agronomía en la universidad. Pero fue captado por el grupo Palabra Obrera dirigido por Nahuel Moreno. A continuación, vino el golpe militar contra Perón y la persecución contra la izquierda argentina. En esas condiciones, el partido les recomendó volver y contribuir con la reorganización del pequeño núcleo trotskista peruano.

De retorno al Cusco, se produjo su encuentro casual con los líderes campesinos de La Convención. Se sumó a su lucha y se apoyó en el campesinado más acomodado, llamado “arrendiere”, que buscaba consolidar su propiedad privada enfrentando la servidumbre terrateniente.

Esta experiencia se halla en el libro Tierra o muerte publicado en 1972. Ahí aparece la correspondencia con José María Arguedas, donde Blanco propone incorporar la dimensión étnica al socialismo, porque la lengua y las costumbres indígenas eran un bastión de resistencia al capitalismo. Él mismo se sentía parte de dos tradiciones: la dimensión internacional del trotskismo y la matriz indígena que lo ataba a la tierra.

Luego de varios años de prisión vino la amnistía de Velasco. Sin embargo, fue deportado y pasó fuera del país casi toda la década de 1970. Al terminar el reformismo militar, participó en varias contiendas electorales, siempre tuvo altas votaciones, aunque era evidente que no disfrutaba del trabajo parlamentario. Por ello, fue mucho más feliz cuando pudo regresar como dirigente de la Confederación Campesina del Perú, CCP. Era una personalidad reconocida y su participación proyectaba a nivel nacional las luchas sociales, generando procesos de solidaridad colectivos bastante extensos.

Blanco fue un escritor bastante prolífico. En 2010 publicó un segundo libro fundamental, Nosotros los indios, que sintetiza la renovación de su pensamiento. En forma muy significativa, este segundo libro reproduce las cartas con Arguedas evidenciando la continuidad de ideas y sentimientos que conectan toda su vida. Pero una ruptura clave era con el leninismo y la concepción misma de partido. Sustenta que todo partido acaba generando una oligarquía que impide concretar la voluntad de las masas.

Un tema clave es la relación entre campesinado y revolución. Utiliza como ejemplo a la comunidad de Limatambo en Cusco y el concepto que desarrolla es democracia de base. Según su parecer, cuanto más campesino, más democrático, porque el mundo rural posee virtudes sociales que se hallan ausentes en la ciudad.

En este sentido, los campesinos son imprescindibles y constituyen el sujeto del nuevo mundo. Se pueden sumar todas las personas de buena voluntad, pero los verdaderos revolucionarios son indígenas y/o campesinos de todo el planeta. El punto es que solo ellos se sienten parte y se asumen como sirvientes de la madre naturaleza, a diferencia de la concepción occidental que busca conquistarla.

A continuación, su última reflexión fue sobre la codicia como antivalor y fuente del desastre moral del capitalismo contemporáneo, especialmente grave porque ha generado la crisis ambiental que amenaza a la humanidad.


18 de marzo de 2023

Perú: Mujer y poder

Antonio Zapata

Durante milenios, los hombres dominaban la escena pública y las mujeres estaban detrás y mayormente excluidas del poder. Mientras que, en los últimos 150 años, han avanzado mucho en este terreno. ¿Hasta dónde han llegado y cuál es la situación en el Perú?

Una primera batalla fue el divorcio. Era obvio que la mujer perdía con la prohibición para romper un vínculo desventajoso. Era la parte más débil y estaba obligada a soportar para siempre un eventual marido abusivo. En la práctica, esa norma dificultaba ganar autonomía económica. Por ello, la ley de 1930 que autorizaba el divorcio fue vista como una amenaza por la sociedad tradicional. Cuatro años después, la aceptación del mutuo consentimiento como causal produjo una gran crisis política. Finalmente, el código civil de 1936 consagró el puesto del divorcio en la legislación peruana. Este avance de la libertad de la mujer fue concedido por el Gobierno de Benavides, una dictadura represiva bastante dura y enfrentada a la oposición aprista y comunista.

En relación con el divorcio, el Perú fue uno de los primeros países de Latinoamérica en concederlo. Mientras que, en el tema de los derechos políticos, fuimos el penúltimo. Ello a pesar del activismo femenino. Desde comienzo del siglo XX, diversas mujeres se habían organizado para luchar por el derecho al voto. María Jesús Alvarado fue persistente a lo largo de varias décadas, pero confluyeron muchas mujeres destacadas, como Zoila Aurora Cáceres, por ejemplo.

El cambio constitucional que autorizó el voto de la mujer recién llegó en 1955 y al año siguiente fue ejercido por primera vez. Una vez más se trató de un Gobierno autoritario enfrentado a todas las fuerzas progresistas. En efecto, el general Odría firmó el voto de la mujer a pesar de su implacable persecución a las libertades y al pensamiento crítico. Pocos tan asesinos como el general de la alegría, Manuel A. Odría.

El tercer gran salto adelante ocurrió entre los años ochenta y noventa del siglo pasado. Su naturaleza es un tanto más difusa que los dos anteriores, que al fin y al cabo son leyes concretas. En este caso se trata de la participación política. Hasta entonces, las mujeres ocupaban poquísimos cargos, alguna era concejal, otra congresista, pero salvo alguna excepción, no había alcaldesas, ministras, menos presidentas. Pero, en los 80, García nombró las primeras ministras y realmente con Fujimori las mujeres pasaron a ocupar un sitial en el poder, algunas fueron verdaderas columnas del autoritarismo. Además, Fujimori fue el único presidente varón que estuvo presente en la famosa conferencia sobre la mujer en Beijing 1995.

Nuevamente, se halla una perturbadora correlación entre autoritarismo y derechos de la mujer. Esa conexión se refuerza al pensar en Sendero Luminoso. Es el partido que registra más mujeres en su dirección, dos terceras partes en el comité permanente y mayoría tanto en el buró como en el comité central. Para la época era muy impactante y aún hoy ninguno lo iguala. Pero, una vez más, Sendero era un partido vertical, autoritario y violento.

Así, los proyectos dictatoriales convocan mujeres para que sirvan como soporte del poder masculino. El autoritarismo les ofrece participación, pero no poder. Gozan de influencia, pero el macho alfa conserva la decisión.

¿Han cambiado las cosas en estos últimos 25 años? ¿Dina Boluarte y Martha Moyano significan una cuarta etapa? No pareciera. Más bien son expresión del retroceso. Un ministro ofende gravemente a las mujeres aimaras y en silencio dejan pasar. No controlan su agenda ni su cuerpo ni su educación. Han retrocedido en derechos reproductivos y en enseñanza con igualdad de género. Así, terminamos este período de democracia de baja intensidad con una ofensiva de la sociedad patriarcal por reimponer su orden.

https://larepublica.pe/opinion/2023/03/10/mujer-y-poder-por-antonio-zapata-271570

19 de diciembre de 2022

Perú: ¿Hay salida?

Antonio Zapata

A continuación del fracasado autogolpe de Pedro Castillo ha explotado un volcán que tardará en apagarse. La profundidad de esta protesta estaba anunciada en la encuesta del IEP, donde el 85% manifestaba su rechazo a la continuidad del Congreso si vacaba a Castillo. Es decir, la inmensa mayoría desea que este Congreso también desaparezca. Sin embargo, ahí sigue alimentando la indignación, ofreciendo espectáculos bochornosos y buscando quedarse lo más que pueda.

Por su lado, no hay duda que Castillo buscó violar la Constitución y en consecuencia ha sido vacado en forma justa y legítima. Es imposible pedir su reposición. Además, su gobierno fue pésimo. Completamente improvisado como administración, cero ideas audaces en favor del pueblo, corruptelas y favores a grupos de interés, empezando por su familia y gremio de maestros. Un desastre.

Sin embargo, sus derechos han sido vulnerados y ha comenzado una persecución política. Esa ruta es inadmisible y la señora fiscal debería contenerse. Todo el país sabe que ha favorecido a su hermana y nadie cree en su imparcialidad. Pero ahora está bajo la lupa del sistema interamericano que no va a permitir que se encauce a Castillo con procedimientos de excepción. Hace ya tiempo que la justicia y el Ministerio Público lucen parcializados y poco efectivos. Ahora están ante una gran prueba y por ahora su rumbo es deficiente.

Castillo también se comporta de manera irresponsable. Ha sido un gobernante para el olvido y ahora se hace la víctima. Peor aún, ha decidido jugar la carta de la identificación étnica. Acusa a la elite de Lima de haber impedido su gobierno por razones racistas. Trae a colación asuntos que son ciertos, como la absurda campaña del fraude, la cantidad de mociones de vacancia y el hostigamiento de la gran prensa. Pero calla que él mismo ha dado pie a estas acusaciones, por la evidente corrupción de su entorno y la ausencia de un mínimo de eficiencia para gobernar.

Ahora bien, la demanda étnica que agita Castillo, y quienes han decidido lucrar con su imagen, está haciendo estallar el país, porque es verdadera y muy profunda. El Perú se ha construido sobre una gran fractura y nunca ha superado el colonialismo interno. Una parte del país se siente superior y mira con desprecio a la otra.

Ese desprecio, al que aludía hace unos días Juan Carlos Agüero, constituye la esencia de la peruanidad. No vemos al otro como a un igual sino como a un cholo del cual desconfiar. Por ello, la línea de Castillo es especialmente peligrosa. Pretende mantener su puesto en el imaginario popular a costa de una explosión social y sin importar el número creciente de muertos.

Dina también ha empezado mal, nombrando un gabinete apolítico, que ha sido capturado por los planes conspirativos elaborados por las FFAA y la Policía. Para empezar, el fundamento legal del estado de emergencia es un documento policial reservado que nadie conoce. Su pretensión es apagar el incendio a palos y no conversando. Mientras que Dina podría separar la paja del trigo, identificar interlocutores y llegar a acuerdos positivos que tranquilicen y no enerven a la población con más represión.

¿Hay salida? Siempre la hay en la vida de los pueblos. En la actualidad implica convocar elecciones generales al más breve plazo posible, satisfaciendo la consigna más repetida de la protesta: ¡que se vayan todos! Eso significa elecciones con las reglas actuales, que sabemos son bastante malas. Pero darle a este Congreso la responsabilidad de cambiarlas es aceptar que se quede para volverlas peores.

Más bien, las próximas elecciones generales podrían incluir preguntas adicionales sobre asamblea constituyente y cambios políticos, para que la ciudadanía decida en libertad cómo modificar el ineficiente y podrido régimen actual.

6 de junio de 2022

Perú: Los golpistas

Antonio Zapata

Años atrás los golpes eran militares, un presidente desgastado perdía crédito en los cuarteles y aparecía un general ambicioso que lo derribaba. Sucedió muchas veces, pero destacan dos tipos de golpes. En el primero, la oligarquía reclutaba un general para que imponga orden en su beneficio. Un ejemplo es Odría, quien habría sido tentado por una bolsa reunida por Pedro Beltrán, entonces líder de los agroexportadores. El segundo prototipo es Velasco, quien rompió con la oligarquía por razones de seguridad nacional, ante la necesidad de realizar reformas que eviten un estallido social de gran alcance. Pero, sea cual fuere el caso, los golpes de antes eran una interrupción súbita y violenta del proceso político y los protagonistas eran militares.

En América Latina esa figura ha desaparecido hace unas tres décadas, puesto que la legislación internacional es severa y los golpistas de este estilo acaban presos, más temprano que tarde. Ya no hay general dispuesto porque es apostar a perdedor. Desde entonces los golpes son blandos, no han desaparecido sino cambiado de rostro. Los militares están detrás y no se inmiscuyen en la definición, se la dejan a los políticos. Pero son el respaldo indispensable de cualquier solución.

De este modo, los protagonistas de la escena golpistas son políticos que ocupan cargos públicos y participan de la lucha de poderes. La institución clave es el Congreso que puede vacar al presidente. Por ello, ya se han presentado dos mociones para echar a Castillo, aunque ninguna ha prosperado. Ambas pecaban de improvisación y apresuramiento. No había correlación ni en el hemiciclo ni en la opinión pública, y los autores de ambas propuestas lucieron como amateurs en estas lides.

Ese doble fracaso ha provocado un cambio de planes y de actores. En vez de repetir una pataleta han optado por capturar las instituciones claves, dejando a Castillo sin soporte antes de derribarlo. En primer lugar, pretenden sacar a Boluarte porque, sin vicepresidenta, una vacancia se traduciría en el poder del Congreso, que estaría obligado a convocar elecciones en seis meses.

Otra institución decisiva es el Tribunal Constitucional, el garante en última instancia de la legalidad. De una manera asombrosa, el cerronismo lo ha entregado en manos de sus enemigos, al elegir cinco de seis magistrados con conexiones fujimoristas. No se entiende el cálculo de Perú Libre que, no obstante controlar la comisión parlamentaria, ha acabado renunciando a una institución clave del ordenamiento político. Este TC bloqueará toda propuesta progresista e incluso la asamblea constituyente se ha hecho casi imposible por la vía legal.

En estas semanas también está en juego el destino de la Defensoría del Pueblo y del Ministerio Público. El primero tiene poder moral, que solo es útil si se usa en forma correcta. Pero el segundo también es crucial, sobre todo para Keiko Fujimori, pues la acusación de los fiscales podría debilitarse mucho si la institución pasa a manos de amigos de Chávarry.

Los golpistas estarán listos cuando terminen de copar las instituciones públicas. Mientras tanto, el Ejecutivo habrá cometido tantos desatinos que su desprestigio será absoluto. No acierta una y la profusión de reos como ministros solo puede acabar mal. Por su lado, los medios de comunicación más poderosos habrán magnificando escándalos del Ejecutivo y ocultado delitos semejantes del personal político golpista.

Aunque el momento ideal para los golpistas es después de Fiestas Patrias, la reciente apertura de investigación fiscal al presidente puede acelerar los plazos. Se dice que los golpistas confían en un general retirado como nuevo líder del Congreso para superar el rumbo errático de la señora Alva. En cualquier caso, el golpe debería ser antes de noviembre, porque las elecciones municipales podrían cambiar la correlación de fuerzas y darle un nuevo aire a Castillo.

11 de abril de 2022

Perú: Se hunde la lancha

Antonio Zapata

El malestar social ha vuelto a estallar porque somos un país de hondos abismos, enormes demandas y ausencia de bisagras entre la base social y los gobernantes. De tiempo en tiempo, esa configuración genera explosiones sociales, válvulas de escape de tensiones contenidas y nunca encaradas por gobernantes indiferentes a la suerte del pueblo que dicen representar.

La crisis actual golpea a un gobierno débil y errático. Hoy la sociedad es un volcán mientras el gobierno está desconcertado. Decreta inamovilidad en Lima por un día mientras el incendio continúa en las regiones, donde empieza a sumar sus primeras víctimas. Se asusta ante la inconstitucionalidad del cierre de la capital y retrocede, promete en el Congreso que va a derogar la medida y no lo hace. En el camino, la arbitrariedad había generado la mayor manifestación ciudadana en su contra, que derivó en enfrentamientos provocados por vándalos contratados para quemar documentos comprometedores en el Poder Judicial. Otro clásico de la triste política nacional.

Este conflicto tiene todos los ingredientes de una crisis social de magnitud porque expresa el descontento general ante alzas del precio de combustibles y alimentos. Ambas cadenas están mal organizadas, benefician al intermediario y perjudican al consumidor. Además, son altamente dependientes del mercado exterior, ya que el país carece de seguridad alimentaria e independencia energética.

Por su lado, el gobierno ha heredado varios desastres. Uno de los cuales son las mesas de diálogo para salir de las crisis. El área que se encargaba de este proceso en la PCM ha sido desmontada en estos meses de improvisación y amiguismo. Pero el proceso era complejo porque el Estado acepta demandas y luego no cumple. En ocasiones a pesar de su buena voluntad, simplemente porque el aparato burocrático se pone zancadillas a sí mismo e impide concretar lo prometido. Algún departamento legal se opone a un acuerdo y todo se detiene porque existe miedo a la firma. Las mesas funcionan como mecedora y la gente no es tonta.

De este modo, el enfoque estatal no había funcionado. Por el contrario, había contribuido a su desprestigio. Al final del día, Castillo está desorientado y sin instrumentos para resolver crisis. Por su parte, Cerrón aporta al caos colocando ministros de muy baja calidad para disponer libremente de su cuota de poder. El último nombramiento en Salud evidencia que el gobierno solo se preocupa por durar, eligiendo funcionarios para satisfacer a sus tablas de salvación. Así, lamentablemente la corrupción sigue tan presente como siempre.

Este deterioro ha de continuar. El estallido actual es prolongación de noviembre del 2020 y no hemos llegado al fondo de la crisis. Su origen es el fracaso de la transición democrática que siguió a la caída de Fujimori. Ese régimen político se viene abajo y la crisis continuará hasta su final. No hay democracia sin partidos políticos y menos con los elevados grados de corrupción vividos en el Perú. La democracia ha vuelto a fallar y es dudoso que se sostenga.

Pero aún tiene una chance que no proviene de sus méritos, sino de los defectos de sus rivales. Antes del derrumbe de un régimen político, a su interior tiene que surgir una alternativa. Si viviéramos en el pasado, ya se habría producido un golpe militar. Hoy es difícil que uniformados en actividad encabecen un gobierno, solo pueden respaldar tras bambalinas; por ello, el retorno al autoritarismo requiere una figura civil con respaldo popular.

Ese protagonista no aparece aún. Gracias a lo cual vivimos esta larga agonía que abre alguna esperanza de arreglo. Siempre hay optimistas que creen posible salvar algún principio a último momento. Por mi parte veo inevitable el hundimiento y me parece necesario prepararse para ese desenlace.

14 de febrero de 2022

Perú: La decadencia

Antonio Zapata

Siendo peruano y viviendo este comienzo de siglo XXI, es imposible dejar de pensar en la decadencia. Como sabemos, los Andes fueron la cuna de la civilización en Sudamérica, después de la conquista, malo que bueno, fuimos cabeza de la ocupación española, pero en el siglo XVIII Buenos Aires nos adelantó y en el siglo siguiente Chile nos ganó una guerra decisiva. Por su parte, la república ha sido una constante pérdida de oportunidades y llegamos a nuestros días en medio de una crisis política que lleva años y nunca se resuelve.

Una actitud ante este declive es pensar que ha llegado el momento para detenerlo. Es posible invertir el curso y poner el país en marcha. Basta formular un proyecto colectivo y tener voluntad para llevarlo a cabo. Así, ha ocurrido varias veces en nuestra historia. Ahí están los fundadores de partidos, Mariátegui, Haya y Belaunde, para mostrar que hemos tenido capacidad de reacción. Se han formulado nuevos sueños y deseos de grandeza.

Pero también se puede adoptar una actitud pasiva, aceptando el declive y lavándose las manos. El famoso libro de Spengler sobre la decadencia de Occidente ofrece el argumento. Los países y las civilizaciones son como los seres humanos, entidades orgánicas que después de su recorrido declinan y mueren. La fase de decadencia se manifiesta por una degradación del liderazgo, aventureros inescrupulosos o buenos para otras cosas conducen al desastre final.

El problema es el fracaso de los proyectos colectivos que pusieron en marcha los fundadores de la política moderna. El APRA ha perdido su inscripción, no hay nuevos líderes ni ideas renovadoras y se ve difícil que recupere protagonismo. Acción Popular es una marca compuesta por muchas tendencias y escasa cohesión. La actual presidenta del Congreso destaca por prepotencia y dificultad de expresión verbal; realmente es un puntal de Castillo, porque nadie la ve ocupando su lugar.

Por su parte, primera vez que la izquierda llega por la vía electoral y en corto medio año ha caído en un desorden impresionante. Ya ni se sabe si es de izquierda o si alguna vez lo fue. Las elecciones peruanas tienen mucho de rifa y por lo tanto no tiene gran mérito ganar una elección. Estar ahí y que a uno le toque el huachito. El verdadero mérito es gobernar en forma razonable y dejar huella. Pero, como vemos, la principal fuente de inestabilidad es el mismo Ejecutivo que cava su propia tumba modificando su composición a un ritmo enloquecido. Nunca ha logrado mantenerse un gobierno que cambia ministros a esta velocidad.

La crisis de los partidos empezó con Fujimori y la transición democrática prolongó su decadencia. Como dice Carlos Monge, en vez de transición fue degradación democrática, porque vino acompañada de un aumento brutal de la corrupción. Ya no es cuestión exclusiva de los partidos, sino que el Estado en su conjunto ha caído presa de elevada corrupción. Empezando por la cabeza, todos los presidentes de los últimos treinta años, salvo Paniagua y Sagasti, han acabado como Fujimori aceptando judicialmente su responsabilidad o afrontando juicios por sobornos gigantescos como Toledo o puertas giratorias como PPK, sin hablar del suicidio de García.

Una vergüenza. Además, hay que sumar a los gobernadores regionales, enjuiciados 24 de los 25, multitud de alcaldes y diversas mafias. El Estado se ha desplomado, lejos de ser una palanca para el desarrollo es percibido como un pantano que no ofrece nada positivo para la sociedad. Lamentablemente es así y nada cambiará sin modificar la forma de hacer política y una limpieza general del aparato del Estado. Toca a la nueva generación evitar que el país siga imparable la ruta de Spengler.

Antonio Zapata. Historiador, especializado en historia política contemporánea. Aficionado al tenis e hincha del Muni.

28 de septiembre de 2021

“Mi apreciación es que el radicalismo en el Perú está en crecimiento en los últimos años”

Antonio Zapata   (Entrevista de María Elena Castillo)

Entrevista al historiador, autor del libro La guerra senderista: hablan los enemigos, quien asegura que sectores radicales, de izquierda y derecha, son actualmente, mucho “más grande” que los seguidores de Abimael Guzmán.

¿La muerte y cremación de Abimael Guzmán realmente significa el cierre de una etapa cruenta de violencia política?

No va a pasar realmente nada. Los seguidores de Guzmán habían renunciado a la lucha armada, cierto es que por razones de táctica, pues no son tiempos para la lucha armada. Eso ya hace 28 años, y en ese lapso no han realizado ninguna acción armada. Me parece que es un grupo sin consistencia ideológica, pero que ya renunció a la lucha armada hace tiempo y ha dado muestras prácticas de que no va a volver a ella. ¿Qué va a pasar con ellos? Seguirán más o menos en lo mismo, que es tratar de hacer llegar sus ideas, más bien por la vida política, participando en gremios, alentando soluciones radicales en momentos de conflictos sociales, y tratando de colarse en la vida política nacional. Ya que se le ha prohibido al Movadef su inscripción legal, buscan colarse por aquí y por allá. Ellos seguirán en lo mismo.

¿Ya que Movadef está al descubierto, van a tratar de formar otros partidos, como el Conare-Sutep que recoge firmas para su inscripción?

El concepto es que son organismos generados. Los seguidores de Guzmán de los años 70, antes de que se vayan a la guerra, ya las habían formado, como la famosa organización de mujeres que dirigía Augusta (La Torre). La idea, que está conceptualmente clara en la literatura marxista, consiste en formar un organismo que no es el partido, en el cual hay algunos elementos del partido, pero no funcionan como tal, y que están sumados a gente independiente que no está cien por ciento con el partido, sino que coinciden en uno u otro punto. Ese punto de coincidencia es el que da origen al organismo generado. Movadef está al descubierto, ya fue debido a ello, pero crearán otros organismos generados o militarán en otros que ya existen. Hay esa idea de crear como frentes, y actuar en ellos, ¿puede ser en el terreno sindical? Sí. Puede ser en el terreno político también.

Entonces, ¿nunca va a morir Sendero?

El grupo de seguidores de Guzmán seguirá actuando, pero pienso que no es el grupo principal del radicalismo peruano. Hay sectores radicales de izquierda en este caso, no hablemos de sectores radicales de la derecha, que también hay, y dentro de ellos, uno de los tantos grupos son los seguidores de Guzmán, pero hay un universo bastante más extenso, que no son seguidores de Guzmán, pero que sí son radicales. Ese sector grande ha crecido en los últimos diez años, alimentado por el fracaso de la democracia, que no saca adelante a nadie, no resuelve los problemas; cada vez que se presenta una crisis como la pandemia o el Niño Costero, el Estado patina y no logra ayudar a nadie. Es esa impotencia de la democracia para funcionar en servicio del bien común lo que alimenta el radicalismo, gente que no cree en la democracia y que hay, de alguna manera, que transformar todo, lo más rápido posible. Ese radicalismo es mucho más grande que los seguidores de Guzmán. Yo trataría de mirar por qué ese sector crece en el Perú y cuán grande es en este momento.

Habla de varios grupos radicales. ¿Mientras no tengan un caudillo único, no serán un peligro mayor?

Me es difícil personificar, pero sí había algunos líderes por momentos y luego han dejado de jugar, como (Robert) Huaynalaya o el mismo (Gregorio) Santos. No es que falten candidatos a caudillo, sino que por ahora la selección natural no ha dado con uno que los unifique, pero mi apreciación es que el radicalismo en el Perú está en crecimiento en los últimos años.

Usted dice que Sendero Luminoso fue derrotado con la captura de Guzmán y que sus seguidores quieren ahora participar en la vida política. ¿Cómo derrotarlos también?

Esa es una tarea política, ideológica, tratando de ganar un debate de ideas en el cual deben afirmarse ciertos valores y principios políticos que den sustento a posiciones que muestren la inviabilidad del senderismo y un balance de la guerra en el que no se acepte su heroicidad, sino, por el contrario, se muestre con toda claridad que tomaron la iniciativa de emprender una guerra muy cruel, usaron el terrorismo desde el comienzo, y a causa de ello, la sociedad, 30 años después, los sigue rechazando mayoritariamente.

¿De quién es esa tarea?, ¿de los partidos, del Gobierno?

De muchos actores. La guerra senderista ha sido muy estudiada. Desde el informe de la Comisión de la Verdad, que es una monumental recopilación de testimonios y una interpretación que subraya a las víctimas como gran protagonista, que recibieron balas de un lado y del otro. Luego, el Ejército hizo un libro oficial, que es bastante competente, que se llama En honor a la verdad; la Marina no tiene un libro oficial, pero un destacado historiador y oficial de Marina, el comandante Ortiz, tiene un libro al respecto. La Policía también tiene: Benedicto Jiménez sacó dos tomos, antes incluso que el informe de la CVR. Luego, hay memorias de Polay y Némesis, que es una parte de las memorias de Guzmán. Todos los actores han hablado. Además, hay un montón de intérpretes. Carlos Iván Degregori es quizá el más competente de las ciencias sociales, pero hay un montón, de derecha, de centro, de izquierda. Luego, hay artistas, literatos que han escrito sobre la guerra, entonces en el mundo cultural hay un montón de trabajos; también tesis universitarias, si se suman las tesis de la guerra y la posguerra, sobre todo, por los menos son un centenar, si no son más.

¿Cómo institucionalizarlo? ¿Debería incluirse en colegios y universidades? Y ahí viene un segundo tema: ¿es guerra contra el terrorismo o conflicto armado interno?

Si hay una gran producción cultural sobre el tema desde los diversos ángulos y disciplinas, y que es más o menos plural, pero la ciudadanía no está tan informada al respecto, y se piensa que la muerte de Abimael es un momento en que habría que discutir un poco más abiertamente el tema del terrorismo, y cómo hacer llegar lo que se ha producido en el mundo cultural. Si se quiere hacer esa conexión, se encuentra un obstáculo, que es la politiquería, mucha gente trafica con el tema con el propósito de sacar pequeñas ventajas personales, políticas o de grupo. Ese tráfico es lo que lleva a conceptos como “terruquear”, y eso impide que lo que se produce en el mundo cultural sea escuchado por el ciudadano común y corriente. Si quieres la conexión, la clave está en menos politiquería, no está en dictar un curso en los colegios, sino que los políticos traten el tema con seriedad, y no tratando de sacar todo el tiempo pequeñas ventajas y alentando extremistas que terruquean, y al otro lado que les contestan de determinada manera. Con esos extremismos, el ciudadano común y corriente cierra la oreja, no quiere oír sobre el tema.

El “terruqueo” se incrementó en las últimas elecciones para calificar a los que piensan diferente: el que está más a la izquierda es terruco, y el que está más a la derecha es fascista. ¿A dónde llegamos así?

No es un buen camino, es peligroso. En el Perú hay quienes lo han emprendido y parecen dispuestos a seguir adelante con gran entusiasmo. No es lo que debería ocurrir, pero no soy tan pesimista. ¿Qué pasa con las opciones de centroderecha, centro y centroizquierda? En el terreno de la representación política están como pulverizados, pero en el terreno de la ciudadanía no tanto. Analizando los votos de primera vuelta, la mayoría no votó por opciones extremistas. Por Castillo votó el 19%, por Keiko el 13% y por López Aliaga el 12%; eso hace que el 44% votara por opciones radicales de izquierda o de derecha; el resto, incluido Hernando de Soto, cuyo perfil es de derecha liberal, o sea, 56% optó por no extremistas. Entonces, la mayoría está en otra actitud.

El terruqueo de las elecciones se mantiene, incluso un sector dice que el terrorismo ha llegado a Palacio, refiriéndose al presidente Castillo. ¿Lo ve cercano al terrorismo?

Hace 29 años fue detenido Abimael con Iparraguirre y la cúpula. Un año después firmaron con Vladimiro Montesinos y Alberto Fujimori el acuerdo de paz, en el que se rindieron implícitamente, y en ese momento se dividen los acuerdistas, por un lado, y por otro los que querían proseguir en la guerra. Los acuerdistas están en una determinada dinámica y no creo que vayan a salir.

¿Pero considera que en este Gobierno hay terroristas?

En estos 28 años han participado en diversos organismos generados, algunos sindicales, otros políticos, en una dinámica de funcionar en determinados organismos que no son el partido, pero son puntos de encuentro. Allí se han encontrado radicales que no son de Sendero y a lo mejor piensan que Abimael actuó mal, con otros que sí eran de Sendero y seguidores de Guzmán. Y en esos encuentros, algunos integrantes del gabinete han participado. Han sido comprensivos con los senderistas, pero no significa que sean seguidores de Guzmán. Ese tipo de distinciones son esenciales para no confundir, y a eso me refiero cuando digo que hay mucha politiquería.

Usted entrevistó a Elena Iparraguirre. Algunos creen que se casó con Guzmán por en una estrategia de comunicación y sucesión al cargo. ¿Qué piensa?


A lo largo de unos dos años fui en numerosas oportunidades a visitarla en la cárcel los domingos y conversar sobre su vida. Hice como un levantamiento de un testimonio sobre su vida, y me formé una apreciación. Mi opinión es que sí se querían. Me contó que se cruzaban cartas de amor que los abogados llevaban o regalitos. También me ha contado que una vez a la semana le mandaba táperes de comida con el abogado. Todo eso me lleva a pensar que había una relación afectiva.

Pudo darse por ser dirigentes de la cúpula.

Claro que lo eran. Era un amor muy especial. Además, durante unos años estuvo Augusta, cuyo cadáver está desaparecido. Durante los años de la guerra es claro que la dirección la tienen ellos dos (Guzmán e Iparraguirre), y es claro que ella cumplió un rol fundamental. Me da la impresión, por lo que he escuchado, de que Guzmán era de una actitud un poco profética y quienes se encargaban de la vida diaria eran un grupo de mujeres que lo rodeaban, no solo ella. Cumplían las funciones prácticas, organizativas. Eran las que aceitaban la maquinaria.

Pero ambos ordenaban los crímenes de gran magnitud...

Algunos. Durante la guerra su papel en la dirección era innegable, pero una vez que son detenidos y son condenados de por vida, me da la impresión de que existe fuera de la cárcel una dirección. No era que Guzmán o ella dirigían desde el penal. Toda organización con líderes presos, si quiere sobrevivir, debe tener una dirección en la calle. Ella ahora pasará a ser como el referente, que de cuando en cuando dará una orientación general.

¿Cómo evitar que vuelvan a generar violencia?

No creo que sean protagonistas ya, son un poco mayores, son sesentones, setentones. En Perú hemos tenido diversos ciclos de violencia política, como hicimos el recuento, pero en ninguna ocasión el protagonista fue el de antes. Quién sabe si mañana haya un nuevo ciclo de violencia, ojalá que no, pero casi estoy seguro de que sus protagonistas serán otros.

16 de febrero de 2017

Basadre y las causas de la corrupción

Antonio Zapata

El sábado pasado fue el 114 aniversario del nacimiento de Jorge Basadre, el más importante historiador de la república peruana. Ahora que se acerca el bicentenario del nacimiento del Estado, en medio de una grave crisis generada por la corrupción, conviene repasar algunas de sus tesis principales. Sobre todo, porque su último libro trata precisamente sobre corrupción.

En efecto, poco antes de morir, Basadre entregó un manuscrito que su editor, Carlos Milla Batres, publicó con el título de Sultanismo, corrupción y dependencia en el Perú republicano. El título no fue aceptado por la familia que obligó a retirar la edición del mercado. Por ello, sobreviven pocos ejemplares y para leerlo es necesario acudir a biblioteca.

El concepto de sultanismo lo toma de Max Weber para analizar un mundo político dominado por el libre arbitrio del mandatario. Establece una semejanza básica con el gobierno del sultán del imperio otomano. En el caso peruano se traduce en una noción sencilla, el gobernante está por encima de la ley. Es más, la norma es su voluntad y puede aspirar a la famosa frase de Luis XIV, “el Estado soy yo”.

Basadre halla los antecedentes del sultanismo contemporáneo en la tradición patrimonialista del imperio español, que se habría prolongado en la república de los caudillos. En este sistema, no se distingue entre el erario público y la hacienda del gobernante. Es más, hay vasos comunicantes y se espera que el primero alimente a la segunda.

En la concepción del historiador tacneño, el sultanismo es la base de la corrupción, porque al llegar al gobierno el mandatario usa al Estado para su beneficio y, además, puede hacerlo. Todo se adecúa a su voluntad, si es necesario cambiar algún contrato, se firma una adenda.

El segundo factor es la ansiedad por grandes obras públicas que logren el desarrollo. Basadre constata que se ejecutan obras a escala monumental que supuestamente son la llave para traer progreso. Estudia dos casos muy significativos: los ferrocarriles durante el guano y los empréstitos y obra pública de Leguía.

La conclusión de Basadre emparenta ambos procesos, sosteniendo que al ser obras de dimensión elefante requieren de empresas extranjeras, como Dreyfus durante el guano y la Foundation bajo Leguía. No habiendo capital suficiente en el país para esas magnitudes, el Estado contrata con empresarios extranjeros poco escrupulosos y poseídos por el afán de aumentar dramáticamente su propio peculio. Entre estos grandes empresarios extranjeros y los gobernantes de turno se produce un cruce de intereses y se desata un gran escándalo de corrupción.

Basadre también establece la presencia de un substrato cultural a las corruptas prácticas políticas. Cada cierto tiempo salta un gran escándalo porque la corrupción existe cotidianamente en pequeña escala. En el Perú existe bastante tolerancia ante la transgresión; si se hace con habilidad, sacarle la vuelta al Estado es cosa de aplaudir.

En ese sentido, Basadre establece que la celebración de la transgresión es la base de grandes escándalos cada cierto tiempo. ¿Cuándo? Cada vez que se incrementan bruscamente los ingresos del Estado. Basadre estudia el guano y Leguía. Podríamos añadir los procesos más contemporáneos: las privatizaciones de Fujimori y los super precios de las materias primas.

Una causa estructural, el sultanismo, se da de la mano con propuestas políticas de mega obras, intervienen empresas extranjeras que refuerzan la dependencia corrompiendo a medio mundo gracias a gobernantes arbitrarios. Ida y vuelta para terminar en lo mismo. Así, el sultanismo es el eslabón crucial de la corrupción.

El que ponga la ley por encima del gobernante habrá encarado este nudo gordiano del país. Mientras sigan las adendas, todo es una broma.

9 de febrero de 2017

Perú: Fujimorismo y régimen político

Antonio Zapata

Aunque recién está formándose la tormenta, el escándalo Odebrecht ya está removiendo nuestra precaria estabilidad institucional. Cuando llegue a su punto culminante, quizá la traiga abajo. Es prematuro para tener certeza, pero una posibilidad es que se hunda el régimen político inaugurado con la transición del año 2000.

Este sistema se basó en un contrasentido: pretendió implantar la democracia con la misma constitución del autoritarismo. Por ello, hubo elecciones, aunque los partidos políticos siguieron siendo cascarones. Con la Constitución de 1993, el país no ha reconstituido ni el sistema de partidos ni tampoco el marco institucional del Estado; por el contrario, ha continuado imparable la perversa tradición corrupta que nos persigue desde hace tantos años.

La semana pasada ha sido terrible y anuncia el crítico período al que estamos entrando. No solo ha caído Toledo, sino que buena parte de la opinión pública desaprueba el contrato de Chinchero y su adenda. Es decir, ante la ciudadanía, el ex alumno de Stanford ha perdido todo crédito y, a la vez, ha crecido la desconfianza en PPK. El bamboleo que precedió a la firma empeoró la percepción, al mostrar que el gobierno no tiene claridad, sino que es tironeado por presiones empresariales y regionales.

Aunque en la historia peruana abundan los escándalos de corrupción, pocas veces uno de ellos ha tumbado un régimen político. Es cierto que Alberto Fujimori fue muy corrupto, pero cayó por razones democráticas, al pretender perpetuarse en el poder, violando las reglas de la misma Constitución de 1993. Si las consecuencias políticas del caso actual parecen superiores a situaciones anteriores, es porque la pesquisa judicial viene de fuera y es imposible que sea administrada políticamente. La información es indetenible. Si Odebrecht ha sobornado a los presidentes, entonces va a salir y en ese caso seguramente estaremos inaugurando un nuevo ciclo.

La caída de un régimen político puede ser por golpe militar o parlamentario. Aparentemente los militares están lejos de un posible golpe, puesto que tienen demasiados problemas internos. Descartada esa hipótesis, al menos por ahora, solo queda la transición parlamentaria. En ese caso, la primera opción la tiene el fujimorismo, en realidad sería la única carta.

Pero, por ahora, Fuerza Popular está sorprendentemente cauta y silenciosa. Sus voceros evitan los medios y si aparecen, como Luz Salgado por ejemplo, es para expresar un mensaje tranquilizador, sugerentemente muy republicano.

A qué puede deberse esta actitud de una bancada que hasta ahora venía caracterizándose por su beligerancia e impetuosidad. Dos razones posibles. La primera, que espera tranquila ver pasar el cadáver de sus enemigos. Ya pasó Toledo, ahora faltan los demás, y cuando esto suceda, recién ha de intervenir con fuerza.

La segunda posibilidad es que Keiko tenga alguna cuenta con Odebrecht. Si los brasileños han financiado la campaña de todos los políticos, ¿habrán hecho lo mismo con las elecciones de Keiko? Como todo indica que es muy probable, entonces ella podría tener los mismos problemas que muchos. Para lo cual, se apresta Kenyi, que anda en tempranera campaña cuasi presidencial a lo largo y ancho del país.

Si cae el régimen político, algunos partidos están condenados y otros tratarán de sobrevivir. El fujimorismo tiene bastantes posibilidades de superar el reto, porque está implantado en numerosos sectores sociales. Pero Fuerza Popular afrontará una prueba y aparentemente sabe que tendrá problemas.

Ante lo cual, y agravándolos, se percibe viento de fronda en su campamento. Como suele suceder en las dinastías, la tienda real está quebrada. Los hermanos encarnan proyectos parcialmente contradictorios y Odebrecht puede agudizar su enfrentamiento.

8 de enero de 2017

Perú, investigación a Odebrecht debe incluir al fujimorismo

Antonio Zapata   (Entrevista de Paco Moreno)

El historiador y analista Antonio Zapata dice, en esta entrevista, que el caso Odebrecht recién comienza y que puede generar un terremoto político de grandes proporciones y protestas como en Brasil.

Asegura no hay ningún motivo para que no se investigue al fujimorismo. Su lógica es muy concreta: Si la constructora Odebrecht empezó sus operaciones en el Perú en 1979 y es acusada de sobornar, entonces es muy posible que los sobornos ocurrieron en todos los gobiernos que se sucedieron desde ese año y en particular el fujimorismo, al que considera el régimen más corrupto de la historia.

Zapata también habla de la presidenta del Congreso, Luz Salgado. Dice que es esclava de sus palabras que lanzó al calor del debate por la censura del exministro Jaime Saavedra.

—¿Cree usted que la comisión congresal instalada ayer para investigar el soborno de la constructora brasileña Odebrecht en el Perú, debe investigar también el gobierno de Alberto Fujimori?
—Me parece indispensable, porque la empresa Odebrecht está en el Perú desde 1979. ¿Por qué debe investigarse solo desde el 2005 y solo a tres gobiernos sucesivos? Si se investiga solo después del 2005, es para excluir los que están antes de ese año. En realidad, no hay ninguna razón lógica que sustente que se debe investigar solo a partir del 2005. Si Odebrecht ha cometido actos de soborno y trabaja en el Perú desde 1979 entonces tiene que investigarse la actuación de Odebrecht desde que llegó. ¿Cuál sería la razón para investigar a Odebrecht desde el 2005 y no desde antes? No veo ninguna razón lógica alguna.

—Aunque algunos podrían alegar que lo que está en cuestión es solo lo reconocido por Odebrecht ante la justicia estadounidense, es decir el pago de 29 millones de dólares en sobornos a funcionarios de gobierno del Perú, desde el 2005 al 2014.
—Bueno, eso es lo que le interesa a la justicia norteamericana que ha llegado a un acuerdo para que la empresa pague una multa de 3 mil 500 millones de dólares, que ya pagaron, en fin. Aquí en el Perú, ¿tenemos que guiarnos por la justicia norteamericana o por lo que sabemos? Odebrecht llegó al Perú en 1979. Ha cometido actos de soborno. Entonces la lógica nos dice que ha cometido actos de soborno desde el comienzo y no solo a partir del 2005. ¿Qué te obliga a seguir a la justicia norteamericana? Somos un país independiente y soberano. En los Estados Unidos han establecido una cosa y nosotros vamos a ver lo nuestro.

EL CASO MULDER

—Quien dijo que ponía las manos al fuego por Alan García, el congresista Mauricio Mulder sigue en la comisión congresal. ¿Debe dar un paso al costado?
—No estoy tan seguro, porque, normalmente en este tipo de comisiones algunos acusan y otros defienden y la verdad, creo que es mejor tener a todas las voces dentro de la comisión.

—¿Entonces sería mejor que el aprista esté dentro para saber cuál será su actuación?
—Claro, para ver cómo van perfilándose.

—¿Cómo cree que reaccionarán los fujimoristas si la investigación se extiende hasta 1979?
—Van a reaccionar mal y se agarrarán de lo que usted está diciendo sobre las fechas del soborno de los 29 millones. Eso es lo que dirán y si es así facilito, pues, entre el 2005 y el 2014, están los gobiernos sucesivos de Toledo, García y Humala y además involucran a la alcaldesa de Lima Susana Villarán, Castañeda también. Embarran a todos, menos a los fujimoristas, entonces, la maniobra para ellos es perfecta.

—¿La investigación debe ser integral?
—Claro. Si la sospecha es que esta empresa tenía una práctica de sobornos, muy bien montada, muy bien organizada, entonces es lógico que se investigue a los ocho presidentes desde 1979.

HAY SOSPECHAS

—Al parecer no solo Odebrecht está metido en el asunto de los sobornos para ganar licitaciones. La Fiscalía ha señalado a Camargo Correa, que rechazó la imputación…
—A estas alturas se puede sospechar de todos, porque si Odebrecht pagaba sobornos para ganar licitaciones y algunas veces perdía los concursos, ese otro que le ganó a Odebrecht puede caer en la sospecha de que también pagó sobornos, más altos incluso. La sospecha se extiende a todos, pero hay que comenzar por algo. Está bien empezar por emblemáticos porque no se podría abordar todos los casos. De casos emblemáticos se puede sacar lecciones políticas generales.

—¿Qué le pareció la posición de la Fiscalía en torno al caso de los sobornos?
—Creo que informaron lo que están haciendo, lo que han avanzado, que no pueden decir nombres. El problema con las investigaciones judiciales y fiscales es que pueden ser serias, pero como su objetivo no es comunicarse con la opinión pública, entonces la opinión pública no se forma una apreciación de conjunto con pequeñas y esporádicas conferencias de prensa.

PPK Y AGUA TIBIA

—¿Cree usted que el gobierno de Pedro Pablo Kuczynski apoyará todas las investigaciones o no se meterá mucho por el temor de salir embarrados?
—Yo creo lo segundo que menciona.

—Tal vez pasarán las cosas por agua tibia…
—Podrían preferirlo. No sé si al final lo puedan hacer. Creo que su primera preferencia sería que esto sea judicial sin tanto escándalo. Ahora, en la comisión que han nombrado está Gino Costa y él es una persona bien derecha. No sé, a lo mejor estamos generalizando la actitud que podrían tener algunos dentro del pepekausismo. Por ejemplo, a Gino Costa no lo veo reculando.

ESTAMOS EN EL COMIENZO

—Usted como historiador, ¿conoce otro caso similar al de los sobornos de Odebrecht?
—Hay casos famosos de corrupción. Podemos hablar sobre los tiempos de Alberto Fujimori en los tiempos actuales y sobre el caso de Augusto B. Leguía mucho antes. La historia del Perú está llena de famosos casos de corrupción. Hay un libro muy bueno que da cuenta de todo esto. Me refiero al libro de Alfonso Quiroz llamado Historia de la corrupción en el Perú, editado por el Instituto de Estudios Peruanos. En este libro están los escándalos a lo largo de la historia republicana del Perú. El autor describe y analiza el abuso de los recursos públicos y explica cómo la corrupción ha limitado el desarrollo y el progreso del país. Es todo un campo de la investigación.

—¿Los sobornos de Odebrecht puede compararse al caso de corrupción que se supo en toda su magnitud después de la caída de la gestión de Fujimori y Montesinos?
—Sí, yo creo que es comparable.

—¿Cómo cree que debe actuar la sociedad en este caso muy importante?
—Mire, por ahora el caso está como comenzando. Hay gente que está atenta sobre el caso y poco a poco el pueblo se va ir enterando. Creo que se está armando la tormenta todavía. A la hora de la verdad, la calle es el único espacio donde la sociedad civil puede estremecer a la clase política; con manifestaciones como en Brasil, con gente indignada. Eso llegará. Estamos en el comienzo de los destapes.

OPORTUNIDAD Y PELIGRO

—¿Este caso es una oportunidad para que la sociedad recupere el espíritu de lucha contra la corrupción como en los tiempos del fujimorismo?
—Es una oportunidad y también un peligro. Seguramente los inversores se van a retraer, los agentes estatales van a estar muy quisquillosos a la hora de firmar los contratos, o sea, es una oportunidad, un desafío y un peligro. No todo es bueno en esto; al contrario, puede generar serios problemas económicos.

EL PUNTO ES QUE ELLA DIJO QUE RENUNCIARÍA

Salgado es esclava de sus palabras

—¿Qué le parece la decisión de Luz Salgado de permanecer en la presidencia del Congreso, después de haberse comprometido con renunciar por el caso de las computadoras?
—Me parece que el compromiso que hizo en el calor del debate en torno al exministro de Educación Jaime Saavedra la está poniendo contra las cuerdas porque uno es esclavo de sus palabras. Si ella no hubiera pronunciado esas palabras; en realidad, no tendría por qué renunciar. Pero, como uno es esclavo de sus palabras, entonces la dignidad de los políticos debe mover a estos a cumplir los ofrecimientos que realizan.

—¿Ella generó el problema?
—Está pagando su propia acción, pues, a la hora de verbalizar, en el calor del debate sobre Saavedra, se le fue la mano, es decir, se fue de boca y ahora está pagando las consecuencias de esto. Por otro lado, ella tiene razón en algunas cosas. No llegó a realizarse la compra, entonces, efectivamente, no hay delito por haber comprado mal y en principio no tendría por qué renunciar. Digamos que no es responsable político del delito ya que este no se ha cometido. Pero ahí no está el punto. El punto está en que ella dijo entonces, digo una vez más, que la gente es esclava de sus palabras.