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6 de diciembre de 2025

Perú: Somos minoría

César Hildebrandt

"Pero nos duele aún más saber, con la ciencia cierta del repaso histórico, que todo habrá de empeorar"

La democracia es lo que pudimos tener.

¿Pero la merecíamos?

Creo que no.

Una democracia se hace con ciudadanos, con gente que aspire a un contrato social basado en la meritocracia, por un lado, y en la compasión social, por el otro. La primera permitirá el éxito de los mejores. La segunda impedirá que los menos dotados sean castigados con la incertidumbre y la miseria.

Debe haber una voluntad plural para crear un sistema de convivencia regido por el orden que emana de la justicia.

Pero en el Perú esa voluntad no existe. Somos una federación de tribus enemistadas. Y la democracia nunca ha sido nuestra preocupación. Es más: cuando la democracia arroja resultados que no nos agradan, gritamos que hay fraude, como en el caso de Castillo, o bloqueamos el Congreso, como en el caso de Bustamante y Rivero.

Hoy vivimos una etapa especialmente gris de nuestra existencia. Al desamor por los modales democráticos se suma una suerte de aceptación nacional de la barbarie.

¿La Junta Nacional de Justicia es una banda de delincuentes que se zurran en el poder judicial? Claro que sí. ¿Y a quién le importa?

¿El Tribunal Constitucional es una patota de fujimoristas disfrazados de tribunos que acatarán lo que salga de la Yakuza anaranjada? Claro que sí. ¿Y a quién le importa?

¿La Fiscalía en manos de Tomás Aladino Gálvez es hoy una covacha de encubridores y cómplices del crimen? Claro que sí. ¿A alguien le importa?

¿El Congreso es el Tren de Porky y medran en sus filas rateros y canallas de todos los colores? ¡No hay duda! ¿Pero a alguien le importa?

Cosas parecidas podríamos decir de la Defensoría del Pueblo, de la Policía, de los jueces provisionales que reciben órdenes y de los fiscales de pacotilla que reciben dólares. Y cóleras semejantes se merecen los partidos que murieron pero siguen predicando, la prensa que murmura, las redes sociales que añaden idiotez a la confusión.

Me ha costado admitir que pertenecemos a una minoría, pero mi salud mental me exigía dar el paso. Sí: pertenecemos a una minoría quizá en trance de extinción. Somos lo que quedó de aquella clase media que compraba libros, trataba de entender los problemas desde la raíz, se equivocaba con la misma frecuencia con la que se hacía preguntas. Somos las sobras del banquete republicano que pudo ser. Y sí: nos cuesta tolerar el español que se escribe en los periódicos, el que se maltrata en las radios, el que se masacra en el habla popular de los rotafonos. Nos duele ver las consecuencias de la catástrofe cultural de estas últimas décadas.

Pero nos duele aún más saber, con la ciencia cierta del repaso histórico, que todo habrá de empeorar. No hay ninguna posibilidad –ninguna– de que salgamos de este letargo multitudinario y suicida con el elenco político y social que tenemos al frente.

No hay subsuelo que no nos espere. No hay pesadilla que no nos sueñe. No hay fracaso que no nos quiera. Tenemos los políticos que toleramos, los partidos que se volvieron males crónicos, los sinvergüenzas que prohijamos.

Y allí está la mayor creación de nuestro masoquismo –el fujimorismo– gobernando desde las sombras y deseando volver a gobernar –no importa el cómo– en 2026. El fujimorismo interpretó la picaresca peruana, le dio estatuto de himno y emblema, la convirtió en credo. Siempre nos gustó ser taimados, pero con el fujimorismo esa debilidad fue nombrada virtud cardinal. Nunca nos hemos mentido más que ahora. Nunca hemos sido más cínicos y procaces. Nunca hemos amado tanto la impostura, la coartada de la palabra y la terapia del olvido. El Perú es hoy un homenaje al barro. Lo decimos desde esa minoría que no teme morir diciendo lo que cree.

Fuente: Hildebrandt en sus trece, Ed 761 año 16, del 05/12/2025

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14 de noviembre de 2025

Perú: Libros y condena

César Hildebrandt

"Lo demás es lo que solemos creer que es vida: los días clonados, la tetudez que recae, la mala hora"

No salía de mi cuarto. Repantigado, sintiendo la levedad como un goce y el estilo de manganzón como una norma, devoraba los libros que me caían, que me prestaban, que me regalaban, que a veces compraba. Los libros me malhicieron, se robaron mi adolescencia, me impidieron calles y tumultos que tanto bien me habrían hecho. Pero también me salvaron.

Viajé con ellos, conocí otras maneras de amar y recordar, contraje palabras de cuya existencia no tenía idea, robé músicas, me encendí y apagué al mismo tiempo. Y cuando salía a la calle, la vida no se parecía mucho a los libros y ahí me di cuenta de que el problema no eran los libros sino la vida misma. Porque la vida, pensaba, era un libro sin editar, una prueba de galera tirada en el piso, un borrador sin terminar, un texto que no había pasado por ninguna corrección.

Cuando tuve que trabajar, sin embargo, tuve que aceptar las reglas del malvivir y tolerar ruidos y mugres. Raskolnikov no existía: el que salía en los vespertinos era un choro que había matado a una vieja en la puerta del mercado central porque necesitaba comprar pasta básica. Leopoldo Bloom no se acostaba al lado de la réproba Molly: el que hacía los panetones se apellidaba Winter y terminaría vendiéndole el canal a Montesinos. Roquentin era ñanga: el verdadero absurdo, el letal, estaba en las gavetas de los escritorios ministeriales, donde se hongueaban los expedientes que no debían seguir su curso porque no había habido pago en negro. Zavalita éramos todos, con la diferencia de que no nos preguntábamos cuándo se había jodido todo porque estábamos tan jodidos que ya ni siquiera nos hacíamos ese tipo de preguntas.

Los libros –los verdaderos, no los que dan consejos– se hicieron, en efecto, para crear un mundo paralelo donde todo parece tener sentido. El novelista edita el caos, omite los largos tiempos muertos de la cotidianidad, corrige las sombras excesivas y nos entrega una historia redonda: una vida como debió ser. Lo demás es lo que solemos creer que es vida: los días clonados, la tetudez que recae, la mala hora.

El castigo perfecto para un lector de libros es condenarlo, por ejemplo, a ser comentarista de la política peruana e internacional.

Ese es el castigo que un tribunal invisible y todopoderoso me infligió hace mucho tiempo.

-¿Te crees especial? –me preguntó el tribunal con voz de comandancia en jefe.

No dije nada de puro miedo.

-Pues entonces escribirás cada semana una columna que trate de política –anunció el tribunal.

Y así ha sido. Todas las semanas, los nombres de lo peor, los egos de los monos más alzados, las voces de las moralmente difuntas. Todas las semanas las marquesinas del teatro guiñan los mismos nombres en esta parodia grosera de humanidad. Aquí son los Fujimori, los Toledo, los Castillo, los García o los PPK. Allá, en la OCDE y el G-7, están Trump, Macron, Netanyahu, Úrsula von der Leyen. Aquí y allá: gentuza para un mundo que ni siquiera sabe que agoniza, maniacos que nos han hecho creer que este circo plagado de payasos asesinos se llama Orden Mundial.

Cada semana, entonces, la tortura de decir cosas distintas sobre gente que hace lo mismo en un mundo que sólo sabe reincidir. Me vengaré leyendo. Quiero retomar los diarios de Adolfo Bioy Casares en torno a su amistad con Jorge Luis Borges. Tienen más de 1,600 páginas. Pastaré en ellas cuanto pueda. Me echaré luego a rumiar.

13-11-2025

Fuente: Hildebrandt en sus trece, Ed 758 año 16, del 14/11/2025

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10 de octubre de 2025

Perú: Hora de terminar la farsa

César Hildebrandt

"No es posible que creamos que esta anarquía piojosa es vida, es democracia, es civilización"

“Todos vamos a morir en algún momento”, dijo el lunes pasado el comandante general de la Policía, general Óscar Arriola.

Y tiene razón. Lo que pasa es que hay quienes se mueren porque el tiempo les faena el cuerpo y hay otros que mueren precozmente a manos de sicarios.

La Policía debería evitar, en la medida de lo posible, que el crimen mate anticipadamente a quienes ha elegido como víctimas. Pero el jefe Arriola, terruqueador profesional y filósofo en sus ratos libres, nos dice que la muerte siempre viene y a qué tanta alharaca. ¡Arriola es el Heidegger de Gamarra!  

Hace algunas horas, en pleno Círculo Militar Tarapacá, dos operadores de una banda extorsiva dispararon 27 veces, desde la parte de atrás, contra un espectáculo montado por el grupo de cumbia Agua Marina. Hubo seis heridos y un grado más de horror en esta sociedad sumergida en violencia, impunidad y extorsión.

Pero no olvidemos que los peces se pudren empezando por la cabeza. Y el Perú es un pez en trance de putrefacción. El gobierno de Boluarte nació en descomposición, fue fundado en la muerte y persistió porque firmó un pacto con el Congreso que el hampa ha dominado. Esa es la verdad ruda y canalla.

Un régimen de esa naturaleza, encabezado por una débil mental y colonizado por la derecha lumpen del nuevo fujimorismo y sus vicarías, sólo puede producir caos. Y el caos en una trama social impregnada por las economías ilegales, el crimen organizado y la adenda del salvajismo importado, se convierte en sangre en las calles.

Juan Carbajal acaba de revelarnos que entre enero y septiembre de este año se han reportado más de 20,000 denuncias por extorsión. Eso quiere decir que cada 24 horas 74 personas han ido donde alguna autoridad a decir que están siendo amenazadas: 3 cada hora. Estamos hablando de las cifras públicas. Las reales son de mayor cuantía porque se supone que un tercio de las víctimas sencillamente no acude a registrar una denuncia.

El Perú es una crónica roja, un parte de batalla: los cadáveres aparecen en las carreteras, en los basurales, en los extramuros, a veces en una esquina o en un parque. Y suelen ser cuerpos de gente que se resistió a una extorsión, que no pagó lo exigido, que no cumplió con el crimen. O gente que no quiso entregar un celular o se resistió al robo del carro en el que hacía taxi. O gente que no pagó su cuota del gota a gota. La muerte armada visita restaurantes, barberías, mercados, losas deportivas. La muerte camina como si de un visitador médico se tratara. La muerte arrastra los pies, como aquellos carteros anacrónicos, pero siempre llega a su destino.  

El problema está en la cabeza. No hay policía ni planes contra la guerra que se nos ha declarado porque no hay ministro del Interior y tampoco hay policía efectiva. Y no hay ministro del Interior ni policía porque no hay gobierno. Y no hay gobierno porque así lo han querido Fuerza Popular, Alianza para el Progreso, Renovación Popular, Podemos, Somos Perú y la ruina de Acción Popular. Estas siglas infectas han servido de respaldo notarial al régimen que jamás debió existir. Esta gente ha gobernado por lo bajo y para el crimen o el privilegio mientras la señora que va a Palacio lee a duras penas discursos que no entiende y levanta la voz para decir que la patria está en orden. Dice la leyenda negra que Sánchez Cerro era tan bruto que alguna vez habló de “los miembros viriles del Ejército”. Lo cierto es que Sánchez Cerro es un genio si lo comparamos con esta calabaza que tintinea de pulseras.

Es hora de terminar con esta farsa. Nos estamos ahogando en sangre. La inseguridad empieza a afectar la economía. No es posible que creamos que esta anarquía piojosa es vida, es democracia, es civilización.

Que venga un gobierno transitorio que se ocupe de sacar al país de este sometimiento a la abyección. Lo que estamos viviendo distorsiona todo el panorama: en un escenario del crimen –eso es el Perú en estos momentos– pueden surgir los caudillos bukelianos de la mano dura, los que prometan sencillamente “poner orden a cualquier costo”, los apocalípticos que sugieran el estado de sitio permanente. O los que digan que todo esto es resultado de la economía de mercado y de la fallida redistribución. Digámoslo claro: no son posibles elecciones relativamente normales con Dina Boluarte en el gobierno. Que la derecha, beneficiaria y sostenedora de este régimen, empiece a pensar en ello.

Fuente: Hildebrandt en sus trece, Ed 753 año 16, del 10/10/2025

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2 de septiembre de 2025

Perú: Censo 2025

Pedro Francke

"No hay análisis serio de nuestra sociedad ni gobierno efectivo sin información estadística"

Se está llevando a cabo el censo nacional 2025. Es importante un censo ahora porque desde el anterior, que fue el 2017, nuestra demografía ha cambiado por la fuerte inmigración venezolana y la pandemia del Covid-19.

Los censos son algo fundamental para cualquier Estado. Son indispensables para hacer el planeamiento de las inversiones públicas y los programas sociales. Hoy en el Perú hemos regresionado fuertemente en la calidad de la gestión pública. Dina ha canjeado ministerios con APP y Fuerza Popular por sus votos en el Congreso, aceptando ministros incapaces que han repartido los cargos a sus partidarios igualmente carentes de profesionalismo. Por otro lado, la discusión de los programas económicos y sociales tiene cada vez menos racionalidad y sustento científico; se rige por estrechos intereses particulares –como las exoneraciones a los agroexportadores– o por ideologías medievales –como cuando se niega el aborto terapéutico a niñas violadas sometiéndolas a un sufrimiento innecesario. Videos en redes carentes de sustento superan en influencia a la información verídica y el análisis de calidad profesional. Pero no podemos seguir como el cangrejo, es indispensable recuperar el conocimiento científico como una guía fundamental de la acción del Estado y la sociedad, y para eso hace falta información.

Datos claves que nos dará el censo son la población por cada centro poblado y manzana, nuestras edades, el nivel de educación al que hemos llegado, el acceso al agua, electricidad e internet, la migración, las discapacidades y el trabajo.  El género también es información importante, pero en este censo no se ha querido reconocer que hay personas cuya identidad de género es diversa, con lo que una vez más se invisibiliza a la población LGBTIQ+.

Tener los datos censales es importante, además, porque conocemos mucho de nuestra realidad social y económica a partir de encuestas que hace anualmente el Instituto Nacional de Estadística (INEI). Hay una encuesta de hogares llamada ENAHO que se usa para estimar los datos de pobreza, condiciones de vida y varios otros temas; hay una encuesta de salud llamada ENDES que nos arroja indicadores en temas claves como anemia, desnutrición y salud reproductiva; hay una encuesta de empleo llamada EPEN y hay algunas otras encuestas más. Empresas privadas hacen las encuestas “de opinión”, como esas en las que vemos cómo Dina Boluarte y el Congreso son repudiados por el 95 por ciento de los peruanos. Todas ellas tienen el censo nacional como base sobre la cual se define la muestra y se asientan las cifras publicadas. ¿Por qué? Mediante la ciencia estadística las encuestas buscan representar una totalidad nacional, pero este “universo” requiere del censo para identificarlo en detalle, así que sin censo no hay encuesta con validez estadística.

Por supuesto que el censo tiene sus limitaciones y la exclusión de la población indígena ha sido un problema recurrente. Por décadas los censos no llegaban a lugares alejados y eso fue particularmente grave en las zonas de la selva a lo largo de nuestra historia. Por eso, desde 1993 se han hecho esfuerzos especiales para registrar a las comunidades indígenas de la amazonía. Ojalá este año el censo tenga buena llegada en estas zonas. Otro avance es que, similar al del 2017, este censo pregunta cómo nos sentimos en razón de nuestras costumbres, tradiciones o antepasados. Información similar se registró hasta el censo de 1940, pero luego se la retiró hasta 2017. Hoy en día, en Latinoamérica y muchos países del mundo se registra la etnicidad y hacerlo es una recomendación de los organismos internacionales. El censo de 2017 mostró que uno de cada cuatro peruanos (25 por ciento) se identificaba como quechua, aimara, indígena amazónico o de algún otro pueblo originario. Para toda nuestra población serían unos 7 millones y medio de peruanos indígenas, aunque solo se registró para los mayores de 12 años. De este grupo, la identidad quechua es la gran mayoría mientras que los indígenas amazónicos son el 4 por ciento. Veremos cómo sale esto en el nuevo Censo 2025.

Debo confesar que tengo ahora una estima especial a los censos. Sucede que en los últimos dos años y medio he venido haciendo investigaciones con esta base de datos, primero junto a César Huaroto y Claudia Vivas sobre la mortalidad en la niñez y más recientemente también con Rossana Mendoza sobre embarazo adolescente. Hemos trabajado los censos de 1981, 1993, 2007 y 2017, que al registrar a toda la población posibilitan mirar la realidad social con una lupa de mayor detalle que el análisis de las encuestas no permite. Antes el esfuerzo computacional para procesar millones de datos censales no estaba al alcance, pero ahora sí. Hemos encontrado que la desigualdad en la mortalidad infantil y el embarazo adolescente sigue siendo muy grande y que hay grupos socioeconómicos en los cuales estos indicadores casi no han mejorado o, incluso, han empeorado en estas décadas.

En mi vida adulta, he pasado por los censos de 1981, 1993, 2007 y 2017. Fueron hechos en las ciudades en un solo día y con inmovilización, era obligatorio quedarnos en nuestras viviendas todo el día y las calles quedaban vacías, pero en zonas rurales duraban quince días o más. Este año es distinto. Acorde con la experiencia internacional de las últimas décadas ya no se hace encerrándonos durante un día sino a lo largo de varios meses y quienes registran la información son censistas capacitados, ya no voluntarios. Se piensa que así tendremos mejores datos con menor costo social.

El asunto de fondo es que tener buenos datos del Censo 2025 es importante porque no hay análisis serio de nuestra sociedad ni gobierno efectivo sin información estadística. Ya insistía en eso José Carlos Mariátegui casi cien años atrás en un artículo publicado en 1926. Colabora, ábrele la puerta al censista y regálale unos minutos al país.

Fuente: Hildebrandt en sus trece, Ed 747 año 16, del 29/08/2025

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27 de agosto de 2025

Perú: Gusano converso

 Caretas 15b - Autor Robtoz.png

Paco Moreno

Se solidarizaba con la viuda del periodista Hugo Bustíos y ahora le abre las rejas a Daniel Urresti

Entre los conversos más visibles, Fernando Rospigliosi no llega a ser Eudocio Ravines por falta de talento; no llega tampoco a ser Pablo Macera por falta de estudios; pero es, sin duda, el converso más notable entre los gusanos.

“Gusano” es su apelativo exacto desde los años setenta del siglo pasado, cuando estudiaba Sociología en la Universidad Católica, época en la que comenzó a reptar en los pasillos de la política buscando siempre el beneficio personal y el acomodo.

Rospigliosi comenzó en el partido Vanguardia Revolucionaria, de Javier Diez Canseco, donde actuaba como un izquierdista impetuoso, disciplinado y terminó como el punta de lanza de malos militares y policías que actuaron en los gobiernos de Belaunde, García, Fujimori y Boluarte.

Es posible que por falta de propuestas lucrativas no se haya unido a esa aplanadora que dirigían los siameses políticos Alberto Fujimori y Vladimiro Montesinos. Por esto, Rospigliosi estuvo en la oposición contra la dictadura, y muchos lo consideraban un alfil importante a favor de la democracia.

Allí están sus elogios al general Rodolfo Robles Espinoza, quien no quiso beneficiarse de la ley de amnistía que ideó Montesinos y el Congreso aprobó la madrugada del 14 de junio de 1995. Están los videos donde califica de mentiroso a su hoy compadre Jorge Montoya porque este negaba que hubiese firmado la famosa acta de sujeción de Montesinos. Cuenta también su encendido elogio a la lucha contra la impunidad en la presentación del libro El crimen de La Cantuta, de Efraín Rúa, en 1996.

Podemos citar sus artículos en el semanario “Amauta”, dirigido por Óscar Dancourt, y en “Caretas”; también, sus opiniones en foros, conferencias y discusiones, sus libros publicados, y llegaremos a la conclusión de que fue un antifujimorista muy activo, y esto confirma que ahora es un verdadero Gusano converso. Sin embargo, él dice que no lo es y se enoja, y alza voz cuando los periodistas le recuerdan su pasado.

Tal vez no le guste que le digan converso, quizá prefiera que lo llamen tránsfuga. Así lo calificó el escritor Gregorio Martínez en una columna de enero del 2004 publicada en “La República” en tiempos en que el Gusano gritaba: “Soy de derecha y qué”.

Gregorio Martínez escribió: “Para ser de derecha, señor ministro del Interior, se debe tener un pensamiento y una trayectoria semejantes a lo que caracteriza a Hernando de Soto. O ser un empresario conservador con ambiciones políticas. Pero Fernando Rospigliosi no es ni lo uno ni lo otro. Si su nombre tiene cierto relieve es porque escribió y opinó en lo que fue la izquierda peruana. Si no, dígame, dónde puedo leer su ideario derechista. Entonces, Fernando Rospigliosi es solo un tránsfuga”.

De la izquierda recia de Vanguardia Revolucionaria, Rospigliosi cruzó por los pasillos de los que luchaban contra la dictadura fujimorista hasta que llegó el momento de ofrecerle sus servicios a Alejandro Toledo. Llegó a ser ministro del Interior toledista y terminó censurado y repudiado. Después, buscó espacios sin suerte en ese sancochado político que encabezaba PPK.

Entonces llegó al remanente del fujimorismo sin Montesinos ni Alberto, y sorprendió con facilidad a los keikistas sin lecturas ni habilidades finas porque un gusano con dos ojos es el tiburón en la pecera de los tuertos naranjas. Rospigliosi empezó a hacer barbaridades. La ley de amnistía que saca de la cárcel a asesinos mayores de 70 años es evidencia de que se ha convertido en una bestia.

Rospigliosi alentó casi la misma norma montesinista de 1995 que él rechazaba con ímpetu. Rospigliosi se solidarizaba con la viuda del periodista Hugo Bustíos y ahora le abre las rejas a Daniel Urresti, condenado a 12 años de prisión por ser coautor del asesinato de Bustíos. El 25 de agosto Urresti cumplirá 70 años, y pronto llegarán a tener esa edad Jesús Sosa Saavedra, Carlos Pichilingue y Martin Rivas, integrantes del Destacamento Militar Colina.

Estos malos uniformados, como lo recordó el periodista César Hildebrandt, fueron denunciados originalmente por militares honestos agrupados en COMACA (Comandantes, Mayores y Capitanes del Ejército). En 1993, los militares con honor entregaron al entonces congresista Henry Pease documentación sobre las acciones perversas de los esbirros de Montesinos.

Decíamos que Rospigliosi no llega a ser un converso como Eudocio Ravines ni Pablo Macera, pero sí hay alguien parecido a él que se ha pasado al otro bando. Dina Boluarte es la conversa tipo Rospigliosi. Ella se ha cambiado de camiseta por relojes y viajes en el cofre, por sueldos aumentados y movidas para favorecer a sus familiares, por paseos alrededor del mundo avergonzándonos a todos, por el beneficio personal y el acomodo.

Rospigliosi y Boluarte son tal para cual. Trabajan para mantener contenta a Keiko Fujimori, carecen de principios y de sangre en la cara, se traicionan a sí mismos y cada vez son peores, son imanes del desprecio de gente que algún día les regaló un aplauso, y es posible que terminen en el ostracismo total cuando ya no sean útiles para el poder oscuro que maneja este país de infortunios.

Rospigliosi quiere ser senador para salvar su pellejo, y Dina Boluarte busca evitar la cárcel a toda costa. Si pudiera, Rospigliosi le diría a Boluarte: concéntrate en no caer presa, sigue golpeando a la Corte Interamericana de Derechos Humanos porque esto le conviene a Keiko, está bien que te aumentes el sueldo y que presiones para que el Reniec te suelte dinero porque necesitarás mucha plata para estar libre, buena jugada el regalo de autos de lujo para los policías de alto rango porque es una forma de comprar silencios en el proceso por las muertes, con la ley de la amnistía ganaste puntos con los militares, tranquila, yo te ayudaré porque estoy preparando otra ley para que no toquen a los policías y militares implicados en las muertes ocurridas en diciembre del 2022 y enero del 2023.

Fuente: Hildebrandt en sus trece, Ed 746 año 16, del 22/08/2025

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20 de agosto de 2025

Perú, De inquietante actualidad

Marisa Glave

Pensar históricamente supone ubicarse en un momento de la historia, sabiendo su trascendencia, incluso un siglo después, como se puede desprender de La Escena Contemporánea

Vemos resurgir en el mundo alternativas fascistas, sin pudor y ganando legitimidad por encima de lo que queremos admitir. Resurgimiento íntimamente vinculado con una crisis de la democracia, como régimen de gobierno que no ha logrado dar solución a problemas sociales que se agudizan, como el aumento de la desigualdad y el surgimiento de sectores no solo empobrecidos, sino expulsados física y económicamente. Este momento global tiene inquietantes similitudes con el que vivió José Carlos Mariátegui a inicios de los años 20 del siglo pasado.

Nacido en Moquegua a fines del XIX, Mariátegui no quiso ser un mero observador de las transformaciones políticas, sociales y culturales del cambio de siglo, sino que se convirtió en intérprete de estas y en una pieza clave para el pensamiento crítico latinoamericano. Para entender nuestro país y nuestra región, Mariátegui abrió la mente y el corazón al mundo.

Este año se cumplen 100 años de la primera edición de La Escena Contemporánea, primer libro de José Carlos Mariátegui, publicado en 1925 con sus ensayos sobre personajes y sucesos clave mundiales que conoció durante su periplo por Europa, particularmente en Italia, donde vivió más de 3 años. El Fondo de Cultura Económica ha publicado una edición especial por el centenario del libro, en su Colección Popular, con un estudio preliminar de Martín Bergel. Ambos, el libro y el estudio preliminar, merecen ser leídos hoy.

Pensar históricamente

Mariátegui no era solo un narrador de noticias globales o un difusor de sucesos relevantes; era un “intérprete”, como sostiene Bergel, que, imbuido en la clave marxista que adopta explícitamente, busca dar profundidad a los hechos, ir más allá de lo que reporta la prensa.

Se puede decir entonces que el Amauta buscaba transmitir la totalidad del fenómeno, partiendo de la particularidad de los hechos, pero sin perderse en ella. Da cuenta de procesos históricos, de movimientos temporales, pone en evidencia su complejidad y los elementos contradictorios que puede haber en su interior. Mariátegui era un marxista opuesto al reformismo, pero sin ser dogmático ni creer en soluciones simples ni autoritarias.

Pensar históricamente supone ubicarse en un momento de la historia, sabiendo su trascendencia, incluso un siglo después, como se puede desprender de La Escena Contemporánea. Interpretar el presente, pero teniendo una mirada de futuro, así como un compromiso con el futuro deseado.

Repetir la historia

Como decía Marx, en El 18 brumario, la historia se repite, primero como tragedia y luego como farsa. Lo que debe interpelarnos sobre la similitud, incluso violenta, del siglo pasado con lo que vivimos hoy. En La Escena Contemporánea, Mariátegui pone en evidencia los límites serios de las soluciones alcanzadas tras la Primera Guerra Mundial y anticipa, hasta cierto punto, lo que se vendría luego con una nueva guerra. Hoy, que hemos reemplazado la llamada Sociedad de Naciones por la Organización de Naciones Unidas (ONU), constatamos su inutilidad frente a un genocidio en curso.

Somos testigos de cómo el sionismo —del que también habla Mariátegui en el libro— se transforma en un tipo de racismo que lleva a la casi aniquilación de un pueblo con el patrocinio de la principal potencia global. Miles de niños palestinos han muerto, más de dieciocho mil. Muertos por balas y también por hambre. La desesperación, la angustia y la muerte aparecen en tiempo real ante la mirada inerte de los líderes globales, perdidos en discusiones estériles sobre el reconocimiento o no del Estado Palestino y los términos de un alto al fuego. Todos sabemos quiénes están matando y quiénes están muriendo. Todos sabemos quiénes son los cómplices de esta masacre. El Sistema de Naciones Unidas languidece y se muestra intrascendente frente a lo realmente trascendental: la defensa de la vida.

Con cada niña que pierde la vida en la Franja de Gaza, con cada niño que entierra a sus padres y enfrenta la crueldad del mundo en soledad, se muere un poco más la promesa democrática de Occidente.

El mito movilizador

Pero hay algo marcadamente diferente entre el tiempo de Mariátegui y el nuestro. En La Escena Contemporánea, encontramos a un intelectual joven que está descubriendo los primeros logros de la Revolución Rusa, en particular en materia de educación y cultura. Está siendo testigo de la posibilidad de la revolución y de la construcción de alternativas al capitalismo. No fue testigo de su deterioro y transformación en un régimen dogmático y represor de toda vanguardia creativa. No hay hoy un paradigma utópico que aglutine a los pueblos del mundo en una lucha por justicia, igualdad y libertad. Esta es quizá la tarea más apremiante de las nuevas generaciones.

En el estudio preliminar, Bergel destaca algunos conceptos que sirven de brújula para comprender el texto y al autor. Junto con la idea de intérprete, desarrolla los conceptos de Época, Crisis y Revolución, elementos presentes en el pensamiento mariateguiano que el mismo Mariátegui califica como “un poco periodístico y un poco cinematográfico”. Pero, si bien no está explícitamente desarrollado en el libro, la idea del mito, en particular del mito movilizador, sí se vislumbra en La Escena Contemporánea.

Al analizar cada uno de los grandes acontecimientos que se incluyen en el libro, hay un esfuerzo del Amauta de mostrar la dimensión subjetiva en el quehacer político, el misticismo y la pasión. Hoy, que vemos cómo se repite la historia como farsa, tenemos la tarea de romper la parálisis a la que nos somete y reencontrar elementos movilizadores que nos permitan el sueño colectivo en busca del pan y la belleza.

https://larepublica.pe/opinion/2025/08/09/de-inquietante-actualidad-por-marisa-glave-760635

11 de agosto de 2025

Perú: La esencia de la patria

Gustavo Espinoza M.

Cada vez que se aproxima el 28 de julio, la clase dominante se acuerda de la patria. Nos invita entonces a ser “patriotas”, y entiende por ello cantar el himno nacional varias veces, izar la bandera, rendir culto a los símbolos nacionales y pensar en un país con “paz, orden y tranquilidad”, es decir, uno en el que nadie se queje ni proteste, y en  el que todos acepten las cosas tal como vienen.

Nosotros, tenemos una idea distinta, Admitimos lo formal, aquello que se plantea en términos rituales, pero no nos quedamos allí. Procuramos entender que el Patriotismo tiene otro contenido. Implica revindicar elementos y factores que algunos olvidan o soslayan, pero que son consustanciales a la peruanidad.  

Nos referimos a la historia, al contenido del país, a sus representantes más calificados, a su pueblo, a sus luchas y a sus aspiraciones. En otras palabras, a la esencia de la Patria, la que es ignorada o dejada de lado siempre por los voceros de la oligarquía envilecida y en derrota que detenta aun precariamente los resortes del Poder.

Para los trabajadores y el pueblo, el Perú no nació con la República, ni con los gestos rituales de hace 204 años.  Su origen es milenario, y sus raíces se hunden en el tiempo porque formamos parte de las culturas más antiguas surgidas en América.

Y porque mucho antes del Imperio de los Incas, nuestro suelo estuvo habitado por poblaciones originarias que alcanzaron notable desarrollo.  Pero el Incanato –“El Imperio Socialista de los Incas”, como lo llamara Charles Baudin– supo forjar el esplendor de la peruanidad, el mismo que fuera opacado transitoriamente  por la violenta incursión de los conquistadores españoles y la entronización de un virreinato que  extendiera la voracidad peninsular por tres centurias.

La República, entonces, alcanzó ciertos ribetes de ficción.  La aristocracia criolla se dio maña para tomar las riendas del Poder y auparse como clase dominante explotando vilmente a las poblaciones originarias y sometiendo a su dominio a la inmensa mayoría de la población.  Aun así, el Virreinato del Perú estuvo situado en el corazón de América, lo que confirmó el papel protagónico de la patria nuestra entre sus pares del  nuevo continente.

El Proceso liberador de Juan Velasco Alvarado abrió una ruta distinta, pero no pudo concretar sus elevados objetivos, de modo que -de la mano con la dictadura y el Neoliberalismo- los opresores de antaño retornaron al Poder y restauraron el dominio de las viejas camarillas oligárquicas digitadas por el Imperialismo.  Esa es la historia verdadera de la patria, y ella no puede encubrir tras rituales pleitesías a símbolos muertos.

En este proceso asomaron los héroes en distintas etapas de la historia. Desde Calcuchímac, quemado vivo por los conquistadores españoles, hasta nuestros días, pasando ciertamente por los Incas de Vilca bamba, por Juan Santos Atahualpa y Tupac Amar; por los Precursores y Proceres de la Independencia, desde Juan Pablo Vizcardo y Guzmán hasta Crespo y Castillo, Francisco de Zela, los hermanos Angulo y muchos otros, incluyendo a Miguel Grau, Francisco Bolognesi y otros. En su sacrificio y en sus luchas, radica la esencia de la peruanidad.

Pero también radica en los hombres que nos dieron pensamiento y cultura, desde el Inca Garcilaso de la Vega, hasta José Carlos Mariátegui, pasando por Leoncio Prado, Manuel González Prada, César Vallejo, José María Arguedas y muchos más, que fundieron su capacidad creadora con la misma sangre de nuestro pueblo.

En ese marco se desarrollaron las luchas en defensa del Patrimonio Nacional. Fueron por la nacionalización del Petróleo, la Reforma Agraria, la Recuperación de la Gran Minería, los derechos de los trabajadores, las conquistas obreras, la vigencia de las libertades democráticas, los Derechos Humanos, las reivindicaciones de la mujer, la Reforma Universitaria, la atención a las demandas sociales más sentidas.

Fueron esas, sucesivas batallas que se entrelazaron con los justos combates de las poblaciones originarias, las Comunidades Campesinas, las poblaciones secularmente  marginadas, las organizaciones sindicales, las estructuras campesinas, las federaciones estudiantiles, y con ellas todas las entidades forjadas por el pueblo mismo en fragorosos combates de clase.  

Y siempre estuvo en la tarea el tema de la solidaridad. En décadas, en apoyo resuelto a la Rusia Soviética;:luego a la URSS que bregó heroicamente hasta alcanzar la derrota del fascismo. Luego el apoyo resuelto a Cuba Socialista, la solidaridad con Vietnam,. El respaldo a Chile en los años de la Unidad Popular, y hoy la identificación de amplios sectores de nuestro pueblo con el Proceso Emancipador Bolivariano que contiene enérgicamente la grosera arremetida imperialista contra nuestros pueblos.

En todo ese proceso el pueblo, en distintos periodos de la historia, fue capaz de forjar su unidad, de construir su organización, de elevar su conciencia de clase y de promover y alentar sus luchas. Así ocurrió en los años 50 del siglo pasado enfrentando a la dictadura odriista y a la “convivencia” entre los banqueros y el APRA; en los años 60 por las demandas estudiantiles más sentidas y construyendo la FEP; en los 70 respaldando patrióticamente el proceso emancipador de aquellos años desde las barricadas de la CGTP; en los 80 a partir de Izquierda Unida convertida en real alternativa de Gobierno y de Poder.

Hoy, en otras condiciones, se impone revertir el proceso de descomposición del movimiento popular, de recuperar la iniciativa de lucha, renovar la vigorosa esencia de un  movimiento independiente y de clase, que sea capaz de abrir paso a la construir de un nuevo escenario nacional.

Al tiempo que luchamos por nuestras propias banderas, formamos parte de un mundo convulso en el que la Vanguardia de los Pueblos enfrenta la desbocada voracidad del Imperio que abre focos de tensión en diversas latitudes y juega con el destino de los pueblos alentando la inminencia de un conflicto nuclear. Hoy, Palestina y Cuba vuelven a inscribir sus nombres en nuestras banderas.

 Ahora, en todas partes los pueblos luchan por un mundo nuevo, liberado del odio, la opresión, la injusticia, la miseria y la guerra, Y nosotros, con profundo patriotismo, tenemos la obligación de incluir al Perú dentro de ese Mundo Nuevo.

Será ese, sin duda, el modo más perfecto de unir los grandes ideales y de convertir en realidad, los sueños de José Carlos Mariátegui.

Se publica este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

8 de agosto de 2025

Perú: La isla de la fantasía

César Hildebrandt

"Hay algo de justicia poética en estas irrupciones de tierras azarosas surgidas en el Amazonas"

Aparte de todos sus méritos, Dina Boluarte tiene modales de gallinero. Por eso insultó a Bolivia hace poco, saliéndose del texto aprobado por el Consejo de Ministros y creándole un problema a la cancillería. Y por eso no le dio la mano a Gustavo Petro en mayo pasado, en ocasión de la toma de mando del presidente de Ecuador. La señora cree que todavía está en el escenario de los líos contables y los chismes baratos del club departamental que presidió.

Gustavo Petro carece de la paciencia boliviana y tiene la boca floja, el rencor pronto y la labia torrencial de los bien hablados. Por eso ha buscado un pretexto perfecto para decirnos a los peruanos que los desaires se pagan y que hay un asunto por arreglar.

La verdad es que hay muy poco por arreglar. Lo cierto es que a Chinería, la isla original, le creció un bulto en los años 70 y desde esa década un grupo de peruanos pasó naturalmente a ocupar aquella extensión, surgida del cambio en las aguas del Amazonas y de la sedimentación de su cauce. Esa ampliación, que llegó a separarse de Chinería, es lo que se llama isla fluvial de Santa Rosa y tiene más de 50 años de jurisdicción peruana.

Petro quiere armar un lío pueblerino donde lo que hay es la deriva amazonense del cambio climático. Esas nuevas condiciones, impuestas por la deforestación, están dejando sin agua el puerto de Leticia y nadie puede culpar al Perú de tamaño desastre.

Hay algo de justicia poética en estas irrupciones de tierras azarosas surgidas en el Amazonas. El tratado Salomón-Lozano de 1922, impulsado por el entreguismo de Leguía, cedió el entero trapecio de Leticia a Colombia. Diez años después, en pleno sanchecerrismo, una turba de peruanos insumisos ocupó Leticia y quiso quedarse con ella. Sánchez Cerro fue asesinado por el Apra justo el día en que había pasado revista a las tropas que se iban a combatir por la ciudad recuperada al margen de la ley y los tratados. Su sucesor de facto, Óscar Benavides, desechó la idea del conflicto y aceptó el Protocolo de Río de Janeiro de 1934, que dejó las cosas como antes.

Gustavo Petro ha hecho un gobierno muy mediocre y se ha visto salpicado por la corrupción de algunos de sus allegados. Desde las acusaciones por lavado de activos contra su hijo Nicolás hasta los escándalos por nepotismo en Ecopetrol, pasando por los 120,000 dólares que el contrabandista Papá Pitufo entregó a la campaña del actual presidente, el llamado “gobierno del cambio” se ha empantanado en un clima de estridencias verbales, tensiones aspérrimas con autoridades regionales y, con excepción del cambio producido en el régimen pensional, muy pocos logros respecto del programa original del 2022.

El nacionalismo siempre es una tentación para quienes necesitan coartadas que retiemplen el ánimo y aglutinen a los dispersos. Petro se ha inventado una causa patriótica a partir de un islote ínfimo aparecido de los barros arbitrarios del Amazonas. Y lo ha hecho –no me cabe duda– pensando en la grosería infligida por la señora que dice gobernar el Perú. Habría que decirle a Petro que los peruanos de bien solemos ser mejor educados, sabemos algo de historia y no pensamos repetir la debilidad del señor Leguía. Que lo tenga claro. Le daremos la mano, por supuesto, pero no le daremos Santa Rosa.

Fuente: Hildebrandt en sus trece, Ed 744 año 16, del 08/08/2025

https://www.hildebrandtensustrece.com/

7 de agosto de 2025

“En el Perú a los espacios culturales se les baja el volumen, hay oscurantismo”

Natalia Sobrevilla  (Entrevista de Carlos Paucar)

Historiadora Natalia Sobrevilla critica la política cultural del gobierno de Dina Boluarte y da detalles de su reciente libro, presentado en la FIL, "Los años de Castilla".

A propósito de la publicación del nuevo libro de la historiadora Natalia Sobrevilla Perea, Los años de Castilla (1840-1865), aprovechamos para preguntarle sobre el tema cultural en el reciente mensaje de Dina Boluarte. Afirma que una de las maneras en que el gobierno está operando en el sector es cortando el presupuesto a las instancias culturales. Sobre su obra, dice que es un retrato de Castilla, en toda su complejidad y contexto.

La presidenta Dina Boluarte en el tema cultural pareciera que vive otra realidad. No mencionó, por ejemplo, lo del traslado del Archivo General.

Sí, eso está en un limbo, porque ahora sucede que no tenemos información. Se supone que no están trasladando los documentos, pero el archivo no está realmente en funcionamiento. Hay entonces un riesgo inmenso. Se prometió dinero que todavía no se está utilizando. Está todo detenido. Hay ineficiencia, inacción y letargo.

Considera que estamos viviendo una etapa oscura a nivel cultural, con censura de obras, en teatros, en libros…

Por supuesto. Y estamos viendo como a sitios como el Lugar de la Memoria no se les ha cerrado, pero no se les está dando los recursos que necesitan para realmente operar. No hay suficiente acción al respecto. Le han cortado el presupuesto a muchas instancias culturales.

Una especie de venganza.

Es un oscurantismo en el que estamos ahora, porque todos los espacios donde se puede ser contestatario están siendo silenciados, y no de una manera muy abierta, cerrándolos, apagándolos, sino bajándoles el volumen.

Y está también la censura, como acaba de ocurrir en la Feria del Libro. ¿Qué opina de eso?

En eso hay que hacer un balance de hasta qué punto tiene derecho una persona como Víctor Polay a presentar su libro, si estamos hablando de una libertad irrestricta de la palabra... Bueno, ese es el mejor espacio, es un lugar del libro. Pero, por otro lado, ese libro se iba a presentar y probablemente nadie hubiera sabido de esto. Lo que ha causado al final es una gran publicidad al libro y se va a ver beneficiado, va a haber mucho más interés sobre el trabajo que quizás antes hubiera pasado desapercibido. Es un arma de doble filo.

Volviendo a lo cultural, hay crisis en espacios culturales muy reconocidos en el Perú. En Caral, en Machu Picchu, en las líneas de Nazca.

Sí, por supuesto. Hay una miopía muy grande de parte del Estado peruano de no proteger lo que es el patrimonio de todos.

Y se está tratando de reescribir la historia. Lo hace el fujimorismo y la misma Boluarte lo busca hacer, ¿por eso es importante contar la historia, en este caso de Ramón Castilla, tal y como ocurrió?

Ciertamente. Lo que sucede es que la historia está siempre en reconstrucción y reescritura. Porque la historia, si bien nos habla del pasado, nos habla muchísimo más del presente, del momento desde que se escribe, desde donde se enuncia. Entonces, está siempre vigente. Mira, justamente estoy presentando un libro esta noche, que se llama Esta democracia no es democracia, donde hay una entrevista que le hacen al fiscal adjunto en la Argentina, Luis Moreno Ocampo. Y él tiene una cita que me parece muy relevante: él dice que las guerras se libran siempre dos veces, la primera vez es en el campo de batalla y la segunda es en la memoria. Esa es una lucha que no acaba nunca.

Y los historiadores, en ese sentido, tienen un papel muy importante.

Lo importante es seguir haciendo la lucha y seguir escribiendo y tratando de también hacer escritura que sea para un público en general, para que puedan conocer mucho más su historia. En ese sentido, es bueno que se lean los libros y los comenten y se pregunten siempre por esas historias que nos han contado y de dónde vienen y sobre todo quién las ha contado.

Esa es una de las características de su nuevo libro sobre Ramón Castilla. Empieza citando el famoso verso de Nicomedes Santa Cruz: “Que viva mi mamá, que viva mi papá, que viva Ramón Castilla que me dio la libertad”. El tema de la esclavitud ¿es lo que más se conoce de él?

A mí me interesó mostrarlo en toda su diversidad. Pensándolo como un personaje mucho más amplio que simplemente como el libertador de esclavos o simplemente como el modernizador del Estado. No solo mostrarlo en sus años en el poder, sino cómo llega al poder, cómo lo conquista, cómo lo logra.

Y retrata en toda amplitud a Castilla, quien desde muy joven, con poco más de 20 años ya ha participado en la defensa de España como realista, ha sufrido prisión, ha recorrido zonas amazónicas del Brasil y andinas del Perú, y luego termina en las filas patriotas. Una vida bastante intensa, desde joven.

Una vida muy intensa. Y la intensidad se mantiene porque está atravesada por guerras civiles, por guerras muy intensas, por campañas políticas, entonces es una vida muy azarosa.

Propia de los militares de esa época.

Así es. Es algo que el historiador argentino, Tulio Halperin Donghi, llama la “carrera de la revolución”. Personas que se forman en este contexto y que luego son los que crean los nuevos estados republicanos... También lo que es interesante del periodo de Castilla es que coincide con la llegada del guano, que se ve como un recurso providencial que ayuda a organizar y a financiar el nuevo estado.

En la biografía de Castilla ha habido muchos elogios, pero también muchas críticas y enconos, como la del periodista Manuel Atanasio Fuentes, conocido como El Murciélago, ¿es cierto todo lo que dice él de Castilla?

No tenemos certezas, pero digamos que tampoco tenemos dudas, porque cuando uno de sus hagiógrafos, Rubén Vargas Ugarte, por ejemplo, se refiere al hecho de los supuestos abusos cometidos en la Guerra de Independencia, dice que son hechos que van en contra de la moral, y entonces dice que es mejor no hablar de ellos, con lo cual nos deja muy ambiguamente la duda de que probablemente es cierto.

Lo de Fuentes es un odio mucho más personal, mucho más a la persona que al político o al militar.

Así es, porque además lo que trata de poner ahí en cuestión es su fibra moral, entonces lo quiere mostrar como un depravado. Ahora, sí era bastante conocido y sabido que Castilla era jugador y mujeriego. Tuvo muchos hijos, ninguno con su esposa, que probablemente no podía tenerlos. Tenía dos hijos a la hora de casarse, y uno de los hijos que tiene después, la madre muere y su mujer, la señora Diez Canseco, adopta a ese niño como propio.

El libro sitúa muy bien a Castilla, se alió con los liberales y luego con los conservadores.  Y lo de la liberación de los esclavos, explica usted, fue por el contexto, por las necesidades que se le presentaron.

Sí, Castilla es un hombre muy pragmático. Él va leyendo el tablero de ajedrez, va leyendo lo que va viniendo en la partida, y decidiendo qué es lo que le es más conveniente para mantenerse en el poder.  Y todo eso realmente muestra cómo es su carácter. Lo que a mí me parece importante de resaltar en este libro es que, en general, el público tiene una visión muy genérica de lo que era Castilla, y que hay que entender el contexto y cómo es que se dan las cosas, cómo en la abolición de la esclavitud. El asunto es que en el Perú se da la libertad de vientres con la llegada de San Martín en 1821, con lo cual se dice que nadie nacerá esclavo en el Perú, pero bebés o niños que van creciendo, no son libres inmediatamente, hay una legislación que dice que las personas van a seguir trabajando para sus amos mientras sean menores de edad, y con el tiempo se va cambiando y aumentando la minoría de edad, de 15 a 18, a 25, hasta los 50 años.... Es decir, la esclavitud eventualmente iba a terminar, y lo que hace aquí es terminar con ella más pronto... Lo que hace Castilla es más bien lo que se conoce como una manumisión, él hace que el Estado peruano pague compensación a las personas que pierden a sus esclavos.

Unas compensaciones que eran bastante altas.

Eran unas generosas compensaciones, muy generosas, yo he tratado de hacer un cálculo económico de cuánto habría significado. Imagínese que alguien tenía uno o dos esclavos, pero imagínese a los que tenían 500 o 200. Entonces, grandes fortunas del Perú se consolidan en ese periodo.

Castilla no es un ideólogo, sino es un hombre pragmático como usted dice, que responde a lo que acontece, y, sin embargo, se mantiene vigente durante varios años.

Porque además es un presidente muy afortunado porque tiene un recurso muy generoso, que es el guano, que le permite hacer muchas de estas políticas y de mantenerse en el poder.

¿También destaca su aporte a la educación, en la infraestructura?

Sí, porque también tiene la vocación de crear un código de educación, tiene la ambición de establecer escuelas de primeras letras, de hacer reformas en los colegios superiores, en las universidades. En ese sentido es un modernizador. Es el creador de la Policía, reformador del Ejército, introduce las pensiones, construye ferrocarriles. Pero claro, él lo puede hacer porque logra tener un control político y también porque tiene los recursos del Estado.

Pero no es digamos un personaje democrático, sigue siendo un soldado.

Castilla las dos veces que llega al poder lo hace en revolución militar, llega después de batallas. Llega después de la batalla de Carmen Alto y después de la batalla de La Palma. Entonces, digamos que no es particularmente democrático. Lo que sí es que él insiste en algo: para tener legitimidad él debe tener una elección democrática. Entonces, en los dos casos, después de haber triunfado en la revolución, él organiza una elección. Y también es cierto que luego tiene un respeto por las estructuras constitucionales. Aunque también las cambia, las transforma. Les tiene respeto, sí, pero cuando las constituciones no son a la medida que él quiere simplemente cierra el Congreso y busca un Congreso nuevo para hacer lo que él quiere.

Ahora que veo su libro, me viene la reciente frase del Cardenal Carlos Castillo diciendo frente a Dina Boluarte: es fácil ser dictador, pero es muy difícil saber gobernar. ¿Castilla quizás fue el primer presidente en tratar de gobernar y no ser simplemente un dictador?

Fue el primer presidente que convocó unas elecciones y que se dieron en un periodo de paz, que fueron las elecciones del 50-51 y eventualmente llevan a una transición en democracia. Pero el mismo Castilla luego se va a levantar en revolución contra ese mismo presidente al cual que lo ha reemplazado. Entonces, tampoco, digamos, que es tan respetuoso de las instituciones... Y no hubo paz como se menciona. En su segundo periodo las revoluciones son constantes. Él tiene 18 meses de revolución en Arequipa entre el 57 y el 58. Entonces, yo no sé de qué paz estamos hablando.

Su vida fue para la guerra: muere incluso a punto de ir a otra batalla.

Así es. Iniciando una campaña una vez más para conquistar el poder.

Una última inquietud ¿cree que la mirada positiva que se tiene de Castilla se debe en mucho a las historias que Ricardo Palma empezó a hacer de él, tan simpáticas?

-Sí, sí, por supuesto que las tradiciones de Ricardo Palma son muy importantes. Ah, pero no olvidemos que Ricardo Palma estuvo entre los jóvenes que intentaron asesinar a Ramón Castilla en un momento, entre los que entraron al Palacio con una pistola para matarlo.

Mire esas contradicciones, qué terrible.

https://larepublica.pe/politica/2025/08/05/natalia-sobrevilla-en-el-peru-a-los-espacios-culturales-se-les-baja-el-volumen-hay-oscurantismo-hnews-302985

30 de julio de 2025

Perú: La letra con sangre entra

Gustavo Espinoza M.

Cuando un gobernante acumula excesivo Poder y lo usa con fines protervos, recusables o personales, se dice que estamos ante un Dictador.

La historia de nuestro país nos ha brindado numerosos casos de ese tipo de gentes, desde Leguía hasta Fujimori, pasando ciertamente por Sánchez Cerro, Benavides, Odría y algunos más.  Pero el escenario continental ha sido aún más notorio: Batista,  Trujillo, Somoza,  Pérez Jiménez, Rojas Pinilla  y hasta Javier Milei, en  nuestros días.  

Todos ellos tuvieron un rasgo distintivo al margen de su origen como mandatarios. Ejercieron la tarea de manera impositiva, caprichosa, arbitraria y abusaron de su función gubernativa para imponer su voluntad a las grandes mayorías. Adicionalmente, registraron la tendencia a ensañarse particularmente con sus enemigos personales.

Todos ellos, tuvieron otro elemento común:  fueron varones, y actuaron de manera “machista” como un modo de confirmar su arrojo y su capacidad de decisión. En otras palabras, no conocimos en el pasado el caso de mujeres que tuvieran ese perfil.

Aunque Keiko Fujimori diseña esa imagen con alucinante nitidez, Dina Boluarte, lo encarna y lo luce en su condición de Mandataria.  Es dictadora neta. Con ella, ocurre por primera vez.    

Las personas de este signo están marcados con rasgos sicopáticos: no distinguen el bien y el mal, no les importa la opinión del entorno, no muestran la menor empatía, carecen por completo de escrúpulos, pero también de valores, y muestran absoluta indiferencia ante el daño que causan.  Sienten una avidez desmedida por el dinero, y son propensas a ceder ante las tentaciones del lujo y la ostentación. Actúan por capricho, que algunos confunden con tenacidad La riqueza, los obnubila. Pero, además, guardan rencores. Incuban odios profundos con respecto a quienes “obstruyen” sus designios o “les hacen sombra”

Adicionalmente, no les importa lo que ocurra a partir de sus acciones y no se sienten en el deber de justificar su conducta. En el fondo, son indiferentes al juicio que les genere su conducta. Suelen usar el ataque como su “mejor defensa” y prestos pasan a la ofensiva para evitar cuestionamientos ajenos.

Para los peruanos, el caso de la Boluarte es singular porque es la primera mujer que ejerce tan alta función. Y ella no la admite como producto de una casualidad de la historia, sino como un reconocimiento expreso a sus supuestas calidades personales. Como si ella misma hubiese sido elegida para cumplir una determinada misión que le depara el destino.

En América Latina, y también en otros continentes, hemos tenidos mujeres que han cumplido funciones similares, pero lo han hecho de otro modo. Michelle Bachelet, en Chile, Cristina Kirchner en Argentina, o Dilma Rousseff en Brasil; han desempeñado sus funciones con sencillez y altura, como actualmente lo vienen haciendo la Presidenta de México Claudia Sheinbaum o la mandataria de Honduras, Xiomara Castro.

Todas hicieron honor   a su condición de mujeres, tal como antes ocurriera con Angela Merkel, la Canciller alemana que tuvo durante 16 años las riendas del Poder en sus manos.

En contrario, en nuestra región se han presentado dos casos que merecen atención. Jeaninne Añez, en Bolivia, constituye el antecedente más inmediato de Dina Boluarte. Ambas fueron el corolario de un confuso Golpe Blando concretado para derribar a gobiernos considerados populares o incluso de Izquierda: Evo Morales y Pedro Castillo.

La Añez ya está tras las rejas, y sin duda la Boluarte seguirá ese mismo camino, pero las dos encarnan el mismo perfil de dictadoras surgido a la luz del modelo Neoliberal que nos oprime.

Que no le importa nada, la confirma la precaria inquilina de Palacio cuando recuerda sin resuello la herencia de la vieja escuela: la letra, con sangre entra.

Es por esa idea que se atrevió a explicar por qué se atenuó la violencia en las movilizaciones de masas ejecutadas recientemente por la población. Los peruanos -dijo. “han aprendido la lección”. Si hacen disturbios, los matamos, pareció añadir.  Y es que, en efecto, y como antes, la letra con sangre entra. Lo´ prueban más de 60  muertos

Esa “enseñanza”, para que nadie la olvide, fue actualizada y recobró vigencia con el asesinato de Alexander Checa Montalvo, caído en Chala con  un balazo en pleno rostro cuando protestaba al lado de los mineros.  

Es claro que ahora las “autoridades” dirán dos cosas: que fue él quien provocó su muerte, y que quien disparo lo hizo “en defensa de su propia vida”. Después de todo, la ley lo ampara. Ella dice que la policía tiene derecho a hacer uso de armas letales cuando considere que está en riesgo su seguridad.

Por lo pronto, lo adelanto ya el ministro del Interior, quien aseguró que el abatido estaba “entre los manifestantes”, y que obraba agresivamente “contra las fuerzas del orden”. Bien muerto está, entonces,.

Por si eso fuera poco, acaba de “renovarse” esta idea cuando se atacó a balazos en Iquitos a los trabajadores que enarbolaban banderas de la CGTP. 19 heridos dejaron estas manifestaciones de repudio efectuada por la población amazónica que se expresó abiertamente con motivo de la presencia en la ciudad, de la espuria mandataria.  

¿Algún pesar por lo ocurrido? ¿Algún lamento, acaso?  No. Nada. Para la señora fue quizá apenas como una tenue lluvia en una región del país donde llueve con frecuencia.  Es claro que ni siquiera preguntó por el estado de salud de los afectados, ni se preocupó por la angustia de sus familiares, ni le importó saber si podrían ser atendidos en alguna posta o centro hospitalario.

Nada de eso. Para ella, lo importante se produjo: estuvo ella donde se habla propuesto.

En los últimos días hemos visto los vejámenes que ha sufrido Betsy Chávez Chino, indebidamente encarcelada desde hace dos años en el Penal de Chorrillos. A ella la odia desde antes, incluso durante el gobierno de Castillo. Hoy, la detesta. Eso explica el trato que recibe.

Y éste se muestra también con el médico Cabani, a quien consideraba algo así como su “wayki”, pero al que ahora aborrece. Y es que es muy temperamental. Incuba odios.        
Coincidiendo con las Fiestas Patrias las organizaciones sociales y políticas representativas de la sociedad peruana, han programado diversas movilizaciones y protestas. Se proyecta un Paro en el Transporte, demandas mineras, acciones regionales orientadas a expresar la voluntad ciudadana, Marchas y Mítines.

El aparato represivo del Estado estará presto a servir los designios de quien manda, Y la dictadora dirá sin rubor: “es que todavía hay quienes no han aprendido la lección”.

En el fondo, lo que ocurre, es que la sangre que se derrama no es la de ella, es la del pueblo. Por eso no le importa.

Se publica este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

27 de julio de 2025

Perú: La Reforma Minera que no estamos viendo

Gabriel Arriarán

La gran crisis minera de hoy tiene un paralelo con la crisis agraria del pasado

En 1969 la Reforma Agraria transformó en el Perú la relación entre el Estado, la propiedad de la tierra y el mundo rural. No fue un evento súbito: desde el siglo XIX el latifundismo y las haciendas dominaron el campo peruano. El discurso indigenista y las luchas campesinas, consolidadas tras la Segunda Guerra Mundial, culminaron en tomas de tierras y en el golpe de estado de Velasco.

La Reforma Agraria fue la resolución estatal a un conflicto territorial arrastrado por generaciones. En los últimos veinte años he recorrido e investigado en las zonas mineras del Perú: desde los campamentos de la minería aluvial en la selva a socavones a más de cinco mil metros de altura y, de allí, a mítines de federaciones mineras y a extensas charlas con sus líderes.

A partir de esta experiencia y de los datos acumulados durante estos años, sostengo una hipótesis: estamos ante el inicio de una reforma minera agazapada, comparable en escala y profundidad a la reforma agraria de fines de los años sesenta.

El paralelo entre la Reforma Agraria y la expansión de la pequeña minería actual se sostiene, a mi juicio, en cinco razones principales:

​I. Las invasiones.
 
En los años 60, el campesinado se organizó para ocupar tierras bajo el lema “la tierra para quien la trabaja”. Las tomas de Quillabamba, lideradas por Hugo Blanco, simbolizaron un movimiento que desbordó al Estado y forzó la Reforma Agraria.

Hoy, un fenómeno paralelo ocurre en el subsuelo con el oro y el cobre: miles de pequeños mineros artesanales y organizaciones de mineros informales, y otros tanto de ilegales, explotan concesiones que, legalmente, pertenecen a terceros pero que han ocupado de facto, y reclaman un derecho territorial legitimado en su trabajo.

Esta no es solo una expansión económica: es un movimiento social que opera como un vector de reconfiguración territorial en varias regiones del sur y el norte del país. A este movimiento se suman antiguas comunidades campesinas que hoy explotan las concesiones bajo sus terrenos comunales, directamente. Sin permiso, ni del titular de la concesión ni del Estado.

Hoy, la pequeña minería ocupa el mismo lugar de ruptura estructural que las tomas campesinas. Así, el país presencia una reforma minera silenciosa, aún no reconocida. El subsuelo es ahora la nueva frontera económica.

II. El discurso telúrico: la mina como derecho ancestral.

Aquella consigna del campesinado peruano en los años 60 —“la tierra para quien la trabaja”— hoy tiene una versión casi idéntica, con una sola palabra cambiada: “La mina es para quien la trabaja”. Más que un eslogan, es un discurso de legitimidad telúrica que reclama una identidad, no solo un derecho económico. Se presentan como los verdaderos peruanos, los dueños ancestrales del subsuelo, herederos directos de los mineros del Tahuantinsuyo. No es solo subsistencia. Es pertenencia. En sus propias palabras:

“Incas, espartanos, guerreros y guerreras que dinamizan la economía del país en todos los rincones de la patria”.

“No podemos permitir que nos sigan diciendo ilegales. Nosotros somos la realidad de la economía”.

Tal como los campesinos reclamaban el derecho a la tierra en los 60, hoy decenas de miles de trabajadores mineros reclaman el derecho a la mina propia no desde la ilegalidad, sino desde una legitimidad que construyen sobre su trabajo y su propia lectura de la historia.

Este discurso telúrico, emocional y profundamente político, choca frontalmente con el lenguaje técnico del Estado: trazabilidad, REINFO, normas. El proceso de formalización, concebido como solución burocrática, es leído desde la pequeña minería como un dispositivo hostil, orientado a debilitarlos y desarticularlos políticamente.

III. Liderazgo sindical transformado en liderazgo minero.

Buena parte de los líderes actuales de las federaciones de pequeños mineros provienen de la cultura sindical forjada en torno a las grandes empresas estatales como Centromin. Formados en partidos de izquierda y movimientos obreros, estos dirigentes trasladaron su marco ideológico a su nueva condición de pequeños productores mineros. La gran minería formal sigue siendo su adversario simbólico, aunque ellos mismos incumplan normas laborales y ambientales.

Este liderazgo, nutrido de nuevos cuadros, es el que estructura y reproduce el discurso telúrico: la mina como derecho legítimo y el Estado como adversario. En términos políticos, es el mismo liderazgo que impulsó la Reforma Agraria, reconfigurado ahora en torno al subsuelo y la economía minera informal.

IV. De la organización al  poder económico: una novedad histórica.

A diferencia de los campesinos en los años 60, los pequeños mineros cuentan hoy con algo que aquellos nunca tuvieron: poder económico real. Nuevas empresas exportadoras vinculadas a la minería artesanal y de pequeña escalase han ubicado entre los principales exportadores de oro del país.

La economía generada por la pequeña minería es tal que ya financia campañas políticas y disputa poder real en el sistema. No es solo un actor social, sino económico y político.

Este poder económico constituye un factor diferencial frente a la Reforma Agraria. La pequeña minería no depende exclusivamente de la movilización social: dispone de recursos financieros para disputar poder dentro del sistema. De facto, el sector ha ganado presencia política y avanza hacia un objetivo claro: reformar el marco normativo minero, empezando por la estructura del régimen concesional y el capítulo minero de la Constitución.

Lo que sucede hoy en Pataz no es un simple caso de minería ilegal, como suele presentarse en los medios.  Es el escenario más visible del conflicto estratégico entre la pequeña y la gran minería por el control del sector minero nacional. Con un agravante inquietante: la infiltración y presencia del crimen organizado, que capitaliza esta disputa y debilita aún más la autoridad estatal.

V. El crimen organizado es la nueva guerrilla.

En los años 60, la guerrilla era el enemigo interno que desafiaba la capacidad del Estado peruano para controlar su territorio y su población. Hoy, esa función desestabilizadora ha sido ocupada por el crimen organizado. En extensas zonas del Perú amazónico y andino, grupos armados hasta los dientes extorsionan a mineros informales y también a los mismos ilegales, y consiguen algo que las guerrillas apenas soñaron: administran un territorio, establecen economías paralelas y desplazan la presencia del Estado, que termina compitiendo contra ellas como un grupo armado más.

En este contexto, la pequeña minería no puede analizarse solo como informalidad o como subsistencia. Se ha convertido en un espacio gris, situado entre la legalidad regulada y el crimen organizado, donde coexisten economías de supervivencia, redes familiares, y dinámicas extractivas vinculadas —a veces directamente— al control criminal. Mientras el Estado intenta combatir el crimen organizado y formalizar la minería artesanal mediante mecanismos burocráticos, la realidad territorial es otra: el subsuelo peruano está fragmentado entre actores que el Estado ni regula ni comprende del todo.

No estamos ante un problema técnico ni administrativo. Sociológicamente hablando, estamos ante una reforma minera no declarada, que está redefiniendo la economía rural y la propiedad efectiva del subsuelo peruano.

¿Tendrá el Estado la capacidad política de negociar una salida?

https://jugo.pe/la-reforma-minera-que-no-estamos-viendo/

12 de julio de 2025

Perú: Señora Mentira

Pedro Casusol

"El gran problema de Keiko Fujimori no es el formato ni el media training, es que tiene el encanto de una pared sin tarrajear"

Nos referimos la semana pasada al intento de la presidenta y de su asesor por preparar una especie de “Dina TV”, programa televisivo en el canal del Estado para que la señora que despacha en Palacio de Gobierno pueda “ganarse” al público con su personalidad y su talento para desenvolverse ante las cámaras. En fin, un intento desesperado por usar los medios oficiales para levantar su 2 % de aprobación. La idea, según advertimos, era una estupidez colosal. Entre otras cosas, porque los hábitos de consumo de información han cambiado de manera vertiginosa en las últimas décadas.

Uno de los argumentos para defender esa tesis es una verdad de Perogrullo: ya nadie ve televisión, mucho menos el canal del Estado. Su influencia ya no es lo que era. Ni siquiera la antena más caliente de la televisión podría servir para lavar la imagen de la señora de los Rolex y el medio centenar de muertos. La lógica de la comunicación política indica ahora que la atención está puesta en las redes sociales. En esas plataformas que, desde hace tiempo, capturan nuestra atención con una marea de contenido que se desborda cada vez que manipulamos nuestros dispositivos móviles.

El ejemplo más notorio de este cambio de paradigma viene del fujimorismo: tanto Kenji como Keiko se han estrenado como youtubers tardíos. En el caso de la eterna candidata, su canal de YouTube tiene más de tres meses de creado y podría tranquilamente ser un caso de estudio de lo que es el fracaso en las redes sociales. Prueba que no basta con cambiar el formato: sus videos, registros blanqueados de sus viajes proselitistas por las regiones del país, no acumulan vistas ni likes, y la mayoría de los comentarios son puro hate del tipo: “Después de tanto daño que has hecho al Perú, aún te postulas”.

El gran problema de Keiko Fujimori no es el formato ni el media training, es que tiene el encanto de una pared sin tarrajear. Por más que use plataformas digitales y se apropie del lenguaje de las redes sociales (como antes se apropió de la camiseta de la selección de fútbol) poniendo en sus portadas cosas como que el “Perú es clave” (una frase surgida de TikTok) o imitando el formato de los videoblogs para pasar por contenido lo que no es más que propaganda política, el resultado siempre será el hate. Ahora bien, ella sabe que la mochila que carga es la animadversión que genera su historia entre los peruanos, por eso hace un mes lanzó su podcast “Konfesiones”.

Se trata de un producto guionizado para que, a modo de monólogo ante la cámara, Keiko pueda reescribir su historia recurriendo al storytelling, por utilizar un término ligado a la mercadotecnia. En “Konfesiones”, la candidata se empeña en contarnos su vida desde su punto de vista, lo que constituye una manera sutil de mentir, porque nadie es villano en su propia historia. Para ello, utiliza recursos típicos del lenguaje digital: el clickbait o el formato testimonial, ilustrando su relato con imágenes generadas con IA. El resultado es precisamente ese. Se ve falso, nos da la sensación de estar viendo una burda mentira. Keiko no conecta de manera afectiva, no genera engagement, por mucho que lo intente. ¡Y vaya que lo intenta! Tal vez sea ese, más que el formato o la plataforma en donde se presente, el verdadero límite de su relato autobiográfico.

Fuente: Hildebrandt en sus trece, Ed 741 año 16, del 11/07/2025

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14 de junio de 2025

Perú: Vacar a Boluarte por higiene

César Hildebrandt

"Nos gobierna un congreso de reclusos futuros que amparan a una dama sin ninguna reputación que honrar"

El congreso del hampa finge que exige respuestas al presidente de la PCM.

El presidente de la PCM simula que tiene un plan de gobierno y se lanza con 32 páginas de palabreo: “El Gabinete que presido declara, con determinación y sin ambigüedades, una lucha frontal contra la delincuencia y la criminalidad”. Mientras, en la ciudad gótica que preside un cerdo amante de los trenes viejos, los buses siguen siendo abaleados y las extorsiones prosperan y los cadáveres atestan la morgue que no tiene tantos frigoríficos como debiera.

Los congresistas que obedecen a los mineros ilegales, a los criminales que exigieron el fin de la ley de extinción de dominio, a los responsables de crímenes de lesa humanidad, a los delincuentes que saltaron de alegría cuando se exigió que en los allanamientos estuvieran sus abogados con sus otrosíes, los congresistas, en fin, del hampa, fingen, por su parte, plantear preguntas incómodas, interrogantes que van al fondo de los asuntos y que suponen críticas al gobierno que, sin embargo, amparan.

Todo es una farsa. Al final, Keiko Fujimori decide que el gabinete se consagre y que Arana Ysa, su hombre, presida confianzudamente una PCM plagada de aduladores y canallas. La sigue en esa decisión César Acuña, el inventor de un método académico que lo hizo millonario: crear universidades a la altura de su inteligencia fronteriza y llenar el país de profesionales bajo sospecha.

¿Cómo llegamos a esto?

Esta es la obra maestra del fracaso de la democracia peruana. Y esta es la consecuencia de décadas de destrucción institucional, corrupción de la política y agonía de la inteligencia. Años de fujimorismo a la vena nos han convertido en este espectro de país.

El resumen es sencillo: nos gobierna un congreso de reclusos futuros que amparan a una dama sin ninguna reputación que honrar.

Y nos quedamos tranquilos. Nos resignamos, como siempre. Obedecemos. Agachamos la cabeza. Acatamos el mandato de nuestra debilidad. Como cuando tuvieron que venir del extranjero para sacarnos del confort colonial en el que dudábamos.

La señora que va a Palacio a simular que preside este país deshecho está allí porque la gente votó por los congresistas que organizaron, tras la caída suicida de Pedro Castillo, este gobierno ilegítimo. Está allí porque la prensa, en general, aceptó esta anomalía. Está allí porque los líderes empresariales se sumaron a este sainete ensangrentado. Está allí porque los dirigentes sindicales volvieron a esconderse detrás de la niebla que les impuso, hace más de tres décadas, el fujimorismo. Está allí porque la izquierda dejó de ser una opción y porque la derecha, en su voracidad camaleónica, no le hace ascos a nada.

Y seguirá allí hasta que Keiko Fujimori y César Acuña lo decidan (consultando con Pepe Luna, los niños de AP, los ácaros de Somos Perú, los Tudela de Avanza País, la caballería de Renovación Popular, los marxistas de quincena de Perú Libre y la viruta del Bloque Magisterial).

Ese es el país en el que estamos. Ese es el lugar de la mancha donde inclinamos la cabeza y simulamos que somos casi ejemplares. Y donde decimos que la economía va bien a pesar de que el 70% de sus actividades se hacen en negro, que la pobreza llega al 27% en zonas urbanas y sobrepasa el 40% en regiones del campo y que hay un millón y medio de peruanos que abiertamente padecen hambre cotidiana.

Dina Boluarte debería ser vacada no sólo porque es una persona moralmente horrible y políticamente desastrosa sino porque es un pasivo demasiado pesado en un país que está al borde de una crisis económica surgida del desorden fiscal y del anarco-raterismo de la coalición gobernante. Dejarla en Palacio es garantizarle muchas más dificultades al próximo gobierno y sembrar la semilla de un resentimiento social añadido que polarizará aún más a un país ya desgarrado. Sacarla sería un gesto de higiene y previsión. Sería una muestra de que estamos vivos, que segregamos anticuerpos, que luchamos y aspiramos a la sanidad.

Fuente: Hildebrandt en sus trece, Ed 737 año 16, del 13/06/2025

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