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30 de septiembre de 2025

La batalla cultural en apuros

Juan De la Puente

Cuando se inició en diciembre de 2023, la presidencia de Milei era prometedora e idealmente disonante para los oídos radicales, habida cuenta de que le precedían varios años de fracaso peronista y la experiencia neoliberal de Macri, igualmente desastrosa.

La presencia de los grupos ultraconservadores en A. Latina tiene diversa intensidad. En algunos países, como Brasil, Colombia y Argentina, llegaron al gobierno (Bolsonaro, Duque y Milei, respectivamente), en tanto que en otros, como en Chile y Perú, y nuevamente en Colombia, se encuentran en posición de ganar los próximos comicios. Ecuador y El Salvador son casos singulares de gobiernos autoritarios que no se integran a la corriente regional de lo que se autodenomina la batalla cultural.

Sobre el gobierno de Bolsonaro existe consenso sobre su trágico legado pleno de violencia, deforestación, empleo precario, pobreza e informalidad; de su manejo errático de la economía y su política internacional, que debilitó severamente la influencia de Brasil en la región y en el mundo. Su performance golpista y su condena por ello son el cierre en falso de la primera experiencia de gobierno de la derecha extremista en A. Latina.

Cuando se inició en diciembre de 2023, la presidencia de Milei era prometedora e idealmente disonante para los oídos radicales, habida cuenta de que le precedían varios años de fracaso peronista y la experiencia neoliberal de Macri, igualmente desastrosa. La Argentina que votó por Milei, harta de la corrupción, la inflación y la pobreza, sintonizó con su discurso contra la “casta”, su odio al Estado y su grito de batalla desde la economía libertaria. Era la apuesta más ultraconservadora de las últimas décadas en la región.

Ya no lo es. En las últimas semanas, Argentina experimenta la desilusión del mileísmo. Del éxito inicial en la rebaja de la inflación se ha pasado al descontrol de la economía, con el dólar al alza y la destrucción del empleo. Los primeros quiebres de sus promesas —como romper con China— empalidecen frente a otros, como endeudarse con el FMI por 20 mil millones de dólares, el poder global al cual Milei dijo en campaña que jamás acudiría. Ahora Argentina es el país de A. Latina que más le debe al FMI: 64 mil millones de dólares.

Fue más allá. Su lema de campaña fue “antes de subir un impuesto, me corto un brazo”, pero su política tributaria es otra: bajar los impuestos a los ricos y subirlos a los pobres. A los primeros les obsequió la rebaja general de las retenciones (pagos aduaneros) en beneficio del sector cerealero, lácteo y minero, y el alivio del pago de impuestos a las grandes inmobiliarias, pero restituyó el pago del IVA (IGV) a los productos de la canasta básica, aumentó 15 veces el precio del combustible y repuso el impuesto a las utilidades de más de un millón de trabajadores.

Milei demuestra que el extremismo no puede tener una política económica coherente, el equivalente de la esterilidad que en el mismo terreno muestra la economía venezolana, y acaso la boliviana de los últimos años. Faltando dos años para el término de su mandato, exhibe resultados dramáticos. Durante su gobierno, hasta mayo de 2025 se cerraron casi 16 mil pymes y se perdieron en ese sector 224 mil empleos registrados. La caída de los sectores industrial, textil y calzado exhibe cifras que van desde el 20% al 50%.

Impresiona el sentido errático del manejo económico, considerando que Milei se vendió como un economista erudito que calificaba de descerebrados a los que le llevaban la contra. Debe saberse que el Banco Central de Reserva argentino no es autónomo y la idea de no acumular reservas fue llevada al plano de política pública, de modo que el BCR decidió no acumular reservas en el segundo trimestre de este año, impulsando en parte la corrida cambiaria que sufre la economía argentina actualmente.

En lo político, no pudo formar una mayoría gobernante. Sin diálogo y sin cooperación, perdió el apoyo de los gobernadores provinciales, a los que insulta en público, y a una parte decisiva de sus aliados en el Congreso. Se distanció de su vicepresidenta y del expresidente Mauricio Macri, y agrede reiteradamente a la prensa y a la sociedad civil. Su gobierno es un ejemplo de improvisación gigantesca: cogobierna con su hermana, a quien dice reportar y a la que llama “jefe”; tiene asesores que no están en la planilla del Estado; habla poco con sus ministros y, cuando se produce una crisis, enmudece varios días y explota en episodios delirantes. Ese comportamiento es increíble, y más aún que, a pesar de las señales previas a su elección, apostaran por él la prensa conservadora y los grupos económicos más poderosos.

Los recientes escándalos de corrupción tocan directamente a Milei y a su hermana copresidenta. Los datos fluyen: los hombres de la casta se reciclaron en su gobierno, así como los lobbistas siguen arrancando decisiones mercantilistas, en tanto la corrupción privada se entiende con los funcionarios como en las épocas peronista y macrista.

Este no es un ramillete de anécdotas presidenciales. Interpretándose en clave de corto y largo plazo, nos avisan del fracaso del discurso que se asume extremadamente confrontativo y que afirma que la arena pública —actores y auditorio— protagonizan en pleno siglo XXI una batalla cultural que, al llegar al poder, debe erradicar a sus enemigos, suprimir derechos y libertades y edificar un futuro muy propio, que no sea compartido.

La batalla cultural es un discurso, pero no un proyecto. No es capaz de reflejarse con éxito en el gobierno, de lo que ya nos hablaban los fracasos de Duque y Bolsonaro, solo que el de Milei es más resonante por la radicalidad de sus propuestas. Intentar aniquilar a las universidades públicas, recortar las pensiones y suprimir los derechos de las personas con discapacidad son prácticas que, desde antes de que ganara las elecciones, estaban vetadas por el sentido común, pero él las implementó.

Y fue más allá. Recortó programas para jóvenes (-39,8%) y adultos mayores (-9,3%) y las becas Progresar (-63,3%). Se ensañó contra las políticas de género: eliminó el Ministerio de la Mujer, redujo el presupuesto para salud sexual y violencia de género, bajó a mínimos los programas Acompañar y ENIA, y pretende suprimir la figura del feminicidio.

La situación argentina es un aviso para las próximas elecciones en A. Latina. Revela la distancia entre los discursos radicales contra la democracia y los derechos, y la práctica cotidiana de gobernar, especialmente en sociedades en crisis políticas, económicas o en ambas esferas. Los hombres providenciales sin partido, sin historia, sin experiencia y sin equipo, financiados con nocturnidad y portadores de un furioso futuro que amenaza con pulverizar las formas, presentan límites inherentes. El fracaso empieza con ellos.

A. Latina ingresa a un superciclo electoral de corto plazo. En siete países (la segunda vuelta en Bolivia, Honduras, Chile, Costa Rica, Perú, Colombia, Brasil) se llevarán a cabo elecciones marcadas por novedosos fenómenos. Al mismo tiempo que se deterioran los partidos tradicionales, surgen liderazgos populistas, la mayoría ultraconservadores, portadores de la batalla cultural en escenarios cruzados donde se aprecia que polarización y fragmentación son un todo desafiante.

La tendencia es a que las elecciones sean penetradas por campañas que cruzan las líneas rojas de una deliberación democrática con la promesa de elegir un gobierno sin límites y capaz de combatir la inseguridad y corregir los problemas políticos y económicos. Donde es posible desarrollar debates y diálogo —como en Chile— se aprecia rápidamente la falta de profundidad, calidad, información y coherencia de quienes apuestan por un futuro no compartido. En cambio, en países donde el debate político transcurre con extrema violencia verbal, como en el Perú, o violencia física, como en Colombia, es imposible separar la verdad de la mentira y es más fácil que se filtren discursos que anuncian resonantes fracasos. Elecciones sin diálogo y sin deliberación no son una práctica democrática y no conducen a una nueva política.

Fuente: https://larepublica.pe/opinion/2025/09/28/la-batalla-cultural-en-apuros-por-juan-de-la-puente-hnews-1000748

11 de agosto de 2025

Perú: La esencia de la patria

Gustavo Espinoza M.

Cada vez que se aproxima el 28 de julio, la clase dominante se acuerda de la patria. Nos invita entonces a ser “patriotas”, y entiende por ello cantar el himno nacional varias veces, izar la bandera, rendir culto a los símbolos nacionales y pensar en un país con “paz, orden y tranquilidad”, es decir, uno en el que nadie se queje ni proteste, y en  el que todos acepten las cosas tal como vienen.

Nosotros, tenemos una idea distinta, Admitimos lo formal, aquello que se plantea en términos rituales, pero no nos quedamos allí. Procuramos entender que el Patriotismo tiene otro contenido. Implica revindicar elementos y factores que algunos olvidan o soslayan, pero que son consustanciales a la peruanidad.  

Nos referimos a la historia, al contenido del país, a sus representantes más calificados, a su pueblo, a sus luchas y a sus aspiraciones. En otras palabras, a la esencia de la Patria, la que es ignorada o dejada de lado siempre por los voceros de la oligarquía envilecida y en derrota que detenta aun precariamente los resortes del Poder.

Para los trabajadores y el pueblo, el Perú no nació con la República, ni con los gestos rituales de hace 204 años.  Su origen es milenario, y sus raíces se hunden en el tiempo porque formamos parte de las culturas más antiguas surgidas en América.

Y porque mucho antes del Imperio de los Incas, nuestro suelo estuvo habitado por poblaciones originarias que alcanzaron notable desarrollo.  Pero el Incanato –“El Imperio Socialista de los Incas”, como lo llamara Charles Baudin– supo forjar el esplendor de la peruanidad, el mismo que fuera opacado transitoriamente  por la violenta incursión de los conquistadores españoles y la entronización de un virreinato que  extendiera la voracidad peninsular por tres centurias.

La República, entonces, alcanzó ciertos ribetes de ficción.  La aristocracia criolla se dio maña para tomar las riendas del Poder y auparse como clase dominante explotando vilmente a las poblaciones originarias y sometiendo a su dominio a la inmensa mayoría de la población.  Aun así, el Virreinato del Perú estuvo situado en el corazón de América, lo que confirmó el papel protagónico de la patria nuestra entre sus pares del  nuevo continente.

El Proceso liberador de Juan Velasco Alvarado abrió una ruta distinta, pero no pudo concretar sus elevados objetivos, de modo que -de la mano con la dictadura y el Neoliberalismo- los opresores de antaño retornaron al Poder y restauraron el dominio de las viejas camarillas oligárquicas digitadas por el Imperialismo.  Esa es la historia verdadera de la patria, y ella no puede encubrir tras rituales pleitesías a símbolos muertos.

En este proceso asomaron los héroes en distintas etapas de la historia. Desde Calcuchímac, quemado vivo por los conquistadores españoles, hasta nuestros días, pasando ciertamente por los Incas de Vilca bamba, por Juan Santos Atahualpa y Tupac Amar; por los Precursores y Proceres de la Independencia, desde Juan Pablo Vizcardo y Guzmán hasta Crespo y Castillo, Francisco de Zela, los hermanos Angulo y muchos otros, incluyendo a Miguel Grau, Francisco Bolognesi y otros. En su sacrificio y en sus luchas, radica la esencia de la peruanidad.

Pero también radica en los hombres que nos dieron pensamiento y cultura, desde el Inca Garcilaso de la Vega, hasta José Carlos Mariátegui, pasando por Leoncio Prado, Manuel González Prada, César Vallejo, José María Arguedas y muchos más, que fundieron su capacidad creadora con la misma sangre de nuestro pueblo.

En ese marco se desarrollaron las luchas en defensa del Patrimonio Nacional. Fueron por la nacionalización del Petróleo, la Reforma Agraria, la Recuperación de la Gran Minería, los derechos de los trabajadores, las conquistas obreras, la vigencia de las libertades democráticas, los Derechos Humanos, las reivindicaciones de la mujer, la Reforma Universitaria, la atención a las demandas sociales más sentidas.

Fueron esas, sucesivas batallas que se entrelazaron con los justos combates de las poblaciones originarias, las Comunidades Campesinas, las poblaciones secularmente  marginadas, las organizaciones sindicales, las estructuras campesinas, las federaciones estudiantiles, y con ellas todas las entidades forjadas por el pueblo mismo en fragorosos combates de clase.  

Y siempre estuvo en la tarea el tema de la solidaridad. En décadas, en apoyo resuelto a la Rusia Soviética;:luego a la URSS que bregó heroicamente hasta alcanzar la derrota del fascismo. Luego el apoyo resuelto a Cuba Socialista, la solidaridad con Vietnam,. El respaldo a Chile en los años de la Unidad Popular, y hoy la identificación de amplios sectores de nuestro pueblo con el Proceso Emancipador Bolivariano que contiene enérgicamente la grosera arremetida imperialista contra nuestros pueblos.

En todo ese proceso el pueblo, en distintos periodos de la historia, fue capaz de forjar su unidad, de construir su organización, de elevar su conciencia de clase y de promover y alentar sus luchas. Así ocurrió en los años 50 del siglo pasado enfrentando a la dictadura odriista y a la “convivencia” entre los banqueros y el APRA; en los años 60 por las demandas estudiantiles más sentidas y construyendo la FEP; en los 70 respaldando patrióticamente el proceso emancipador de aquellos años desde las barricadas de la CGTP; en los 80 a partir de Izquierda Unida convertida en real alternativa de Gobierno y de Poder.

Hoy, en otras condiciones, se impone revertir el proceso de descomposición del movimiento popular, de recuperar la iniciativa de lucha, renovar la vigorosa esencia de un  movimiento independiente y de clase, que sea capaz de abrir paso a la construir de un nuevo escenario nacional.

Al tiempo que luchamos por nuestras propias banderas, formamos parte de un mundo convulso en el que la Vanguardia de los Pueblos enfrenta la desbocada voracidad del Imperio que abre focos de tensión en diversas latitudes y juega con el destino de los pueblos alentando la inminencia de un conflicto nuclear. Hoy, Palestina y Cuba vuelven a inscribir sus nombres en nuestras banderas.

 Ahora, en todas partes los pueblos luchan por un mundo nuevo, liberado del odio, la opresión, la injusticia, la miseria y la guerra, Y nosotros, con profundo patriotismo, tenemos la obligación de incluir al Perú dentro de ese Mundo Nuevo.

Será ese, sin duda, el modo más perfecto de unir los grandes ideales y de convertir en realidad, los sueños de José Carlos Mariátegui.

Se publica este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

25 de diciembre de 2024

Perú: Las defensoras del río Marañón

Miguel Fernández Ibáñez

Un grupo de mujeres kukamas ha conseguido que la Justicia reconozca este río de la Amazonia peruana como sujeto de derechos y a la comunidad kukama como su representante.

Santa Rita de Castilla (Perú) | Para el pueblo kukama, el río es sagrado. Es un ser vivo en el que habitan sus antepasados y las criaturas del agua, o karwara, que dan sentido a su cosmovisión. Para esta comunidad, el río fluye al ritmo de la purawa, la boa que forma la ribera y provoca inundaciones, y el primer hombre, Kémarin, es hijo de la gran boa hembra. Por esta relación espiritual, los y las kukamas no consideran el río como un simple recurso a explotar, sino que ven en él a un ser vivo con el que convivir y que, en función de cómo se le cuide, se alegra, enoja o enferma.

«Mis bisabuelos eran chamanes, a los que llamamos ‘bancos’, porque manejan bancos de espíritus, y decían que, cuando había derrames de petróleo, los karwara se preocupaban porque tenían enfermedades. El petróleo les estaba dañando la vista y algunos estaban enfermando con vómitos y diarrea. Allá también se muere», relata Mariluz Canaquiri Murayari, presidenta de la Federación Huaynakana Kamatahuara Kana. «Los karwara nos culpan a nosotros porque les estamos dañando. Y cuando reaccionan, empiezan a derrumbar [las viviendas] y nos tenemos que trasladar. En mi comunidad, ¡cuántas veces nos hemos trasladado!», añade, sobre las crecidas del río que provocan inundaciones, esta mujer de pelo liso, ojos achinados, voz suave y movimientos sutiles.

Afectado por la minería ilegal, la deforestación, los derrames de crudo, el tránsito de barcos y las aguas residuales que se vierten sin tratamiento alguno, el río Marañón está enfermo, contaminado. Lo están los espíritus y también lo están las personas que habitan en su ribera. «Las empresas petroleras, madereras y mineras no nos traen desarrollo, sino antidesarrollo: nos traen enfermedades, plagas y miseria. Nuestros niños y ancianos enferman y nosotras mismas estamos llenas de metales pesados. No somos personas sanas, vivimos enfermas, y no sabemos qué enfermedades tenemos porque no hay hospitales ni personal especializado», lamenta la vicepresidenta de Huaynakana, Emilse Flores, que asegura que las comunidades carecen de agua potable y que la contaminación reduce la productividad de las tierras y dificulta la captura de peces grandes como los pajos o las gamitanas. «Queremos que se respete nuestra cosmovisión, la vida, el medioambiente, que se respete todo lo que tenemos en nuestros ríos, en nuestros bosques», sentencia.

El pueblo kukama tiene presencia en Perú, Colombia y Brasil. Transfronterizo, en Perú es una comunidad numerosa en la región amazónica de Loreto, en las ciudades de Nauta e Iquitos y en la ribera del río Marañón. Emilse y Mariluz son del distrito de Parinari, donde las aldeas cambian ligeramente de ubicación debido a las crecidas y embestidas del río.

1.700 kilómetros de caudal

El río Marañón nace en la cordillera de los Andes y recorre más de 1.700 kilómetros hasta confluir con el río Ucayali; de esta unión nace el río Amazonas. En su cuenca, de 358.000 kilómetros cuadrados, la séptima cuenca tributaria de la Amazonia, viven dos millones de personas y es hogar de centenares de especies endémicas. Un espacio idílico que Huaynakana lleva años intentando proteger de la contaminación. Su último movimiento fue interponer un recurso de amparo constitucional contra Petroperú, que opera el oleoducto que sufre derrames constantes, y varias entidades públicas. Entre otras demandas, huaynakana reclamaba que se reconozca el Marañón como sujeto de derechos y se acepte un comité de representantes kukamas que decida sobre los proyectos. El pasado marzo, en una sentencia histórica, un juzgado de Nauta les dio la razón, aunque las entidades condenadas por contaminar apelaron y el caso pasó a la Corte Superior de Justicia de Loreto, que en octubre refrendó la sentencia. Desde entonces, el río Marañón es sujeto de derechos y la decisión no puede impugnarse.

«No nos vamos a quedar de brazos cruzados, continuaremos hasta que nos den la razón porque es un derecho lo que estamos pidiendo», decía confiada Mariluz antes de conocerse la sentencia definitiva. «Si no podemos acá, acudiremos a otras instancias, podría ser una instancia internacional. No nos vamos a dar por vencidas. Las mujeres somos fuertes y tenemos una estrategia para lograr nuestro objetivo», insistía en conversación con La Marea, en la ciudad de Iquitos.

¿Pero cómo han llegado las comunidades nativas de una región aislada de la Amazonia peruana a encontrar resquicios legales con los que confrontar al Estado valiéndose de una causa incipiente como los derechos de la naturaleza? Pues gracias a su relación con la Iglesia católica, concretamente con el Vicariato Apostólico de Iquitos y su misión evangelizadora en Loreto.

Los «curas rojos», esos clérigos y laicos que se afincaron en regiones remotas y que han terminado siendo parte de las comunidades nativas, mantienen cierta influencia en la vida de los indígenas. Son vistos como autoridades que escuchan los problemas y buscan las soluciones. Además, al menos hasta la llegada de los teléfonos móviles, estos religiosos eran una ventana al mundo, una de las pocas formas de obtener información. En la parroquia de Santa Rita de Castilla, una ciudad ribereña del río Marañón en el distrito de Parinari, Mariluz abrazó el cristianismo y el inconformismo de muchos de esos misioneros.

«Cuando tuve mis dos primeros hijos, la parroquia capacitó a un grupo de casi 200 mujeres en áreas de salud y prevención para niños desde la gestación hasta los cinco años en tres zonas: Parinari, Urarinas y en algunas comunidades que pertenecen a Nauta. Me formé aquí, y luego el Vicariato nos invitó a una reunión de participación ciudadana y nos hablaron de la situación nacional e internacional y de las amenazas. Esto nos abrió los ojos», recuerda Mariluz, quien en 2001 fue parte del equipo fundacional de Huaynakana y que es su cuarta presidenta.

El proceso legal

Con la ayuda del Instituto de Defensa Legal (IDL), organización de abogados y abogadas que colabora con el Vicariato, el pueblo kukama ha interpuesto varias demandas contra el Estado y las empresas extractivas. Juan Carlos Ruiz es uno de sus representantes legales, y nos recibe en un edificio de varias plantas de un exclusivo barrio de Lima: hay espacios verdes y calles limpias, en contraste con el polvo y la suciedad con la que conviven en los cerros y en otros barrios desatendidos de la capital de Perú.

«Para los pueblos indígenas, la naturaleza no es una cosa, es un ser vivo; para el derecho romano, la naturaleza es una cosa. Si va a Cusco y toma cerveza con un cusqueño, lo primero que va a hacer es derramar unas gotas en la tierra y va a decir “gracias Pacha Mama porque la vida viene de ti”. En realidad, no hemos inventado nada: intentamos que se reconozca la mirada que los pueblos indígenas tienen de la naturaleza», explica Ruiz.

Junto al pueblo kukama, Ruiz consiguió una sentencia condenatoria contra Petroperú y la reparación económica para las víctimas del derrame de crudo ocurrido por falta de mantenimiento en Cuninico en 2014. Valiéndose de la ausencia de un estudio de impacto medioambiental adecuado, pudo detener el proyecto Hidrovía, por el cual se pretendía convertir el río Marañón en una autopista fluvial. Y en el ámbito legislativo, sustentó la constitucionalidad de un proyecto de ley que defendía la necesidad de proteger la naturaleza y sus derechos, aunque el Parlamento no lo votó y quedó en papel mojado.

Del incipiente reconocimiento de los derechos de la naturaleza hay referencias en Bolivia, Australia, Uganda o Ecuador, y un caso en Colombia guarda similitud con el del Marañón: en 2016, la Corte Constitucional de Colombia consideró el río Atrato como sujeto de derechos, tras certificar que estaba siendo afectado por la minería ilegal, y justificó la decisión en los derechos bioculturales, que apuntan a la relación de dependencia recíproca entre la naturaleza y los pueblos originarios. Sin embargo, las sentencias de terceros países no son vinculantes en Perú.

Sin base legal, no fue posible interponer el recurso de amparo constitucional para declarar el río Marañón como sujeto de derechos hasta el veredicto de la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) de 2020 en el caso de las comunidades indígenas de la asociación Lhaka Honhat contra Argentina. «Sostuvo que hay que proteger la naturaleza no porque sea útil, que es el enfoque antropogénico, sino porque en sí misma tiene un valor intrínseco, que es el fundamento del enfoque biocéntrico o ecocéntrico», subraya Ruiz. Como las sentencias de la CIDH sí son vinculantes, los jueces peruanos tienen que tenerlas en cuenta a la hora de emitir sus veredictos. Una vez Ruiz encontró el referente, preparó el caso y presentó la demanda en 2021.

El enfoque ecocéntrico

«Hemos ganado casos como el de Punchana, el caso William Navarro, en el que Tribunal Constitucional peruano reconoció que no se pueden excluir los enfoques ecocéntricos que consideran a un río como sujeto de derechos. No es algo aislado, y los pueblos indígenas están batallando para defender sus ríos», destaca Ruiz.

En el recurso de amparo, Huaynakana alegó que se han vulnerado derechos fundamentales de las personas: a un medioambiente equilibrado y adecuado a la vida; a participar en la gestión de los recursos naturales de los indígenas, como estipula el Convenio 169 de la OIT; a tener fuentes de agua; a la identidad cultural; a la libertad de credo. Además, argumentó que el Estado está incumpliendo su obligación constitucional de conservar la diversidad biológica y promover el desarrollo sostenible de la Amazonia.

Las demandantes culpabilizan a varias entidades públicas, incluido el Ministerio del Ambiente, y consideran que el causante principal de la contaminación es el oleoducto Norperuano, operado por la empresa pública Petroperú, que desde hace más de medio siglo transporta petróleo del corazón de la Amazonia a la costa de Perú. Las tuberías van en paralelo al río Marañón durante cientos de kilómetros y, por la falta de mantenimiento, sufren derrames constantes. Por ello, Huaynakana demandó un plan de mantenimiento integral del oleoducto y que se actualice su instrumento de gestión, que tendría que renovarse cada cinco años, lo cual no ocurre desde hace dos décadas; reclamó que se implemente la ley y se establezca un comité de gestión de la cuenca del río; pidió agua potable en las comunidades; y solicitó declarar el río Marañón como sujeto de derechos y que su representante sea el pueblo kukama, que tendría la última palabra en los proyectos futuros.

En la Declaración Universal de los Derechos de los Ríos, elaborada por Earth Law Center en colaboración con International Rivers, se les reconocen a los ríos los siguientes derechos: a fluir; a ejercer sus funciones esenciales con el ecosistema; a no estar contaminado; a alimentar y ser alimentado por sus afluentes; a conservar la biodiversidad autóctona; a ser restaurado. Según se expone en la demanda, existen dos formas de reconocer los derechos del río Marañón: con el desarrollo de un nuevo derecho fundamental innominado o, como prefieren las demandantes, con el reconocimiento de los derechos de la naturaleza, y en particular los del río Marañón, como parte del derecho fundamental de las personas a disfrutar de un medioambiente equilibrado y adecuado a la vida, un derecho recogido en el artículo 2.22 de la Constitución peruana.

Un modelo destructor

«De alguna manera, el río no quedaría indefenso y habría gente que hablaría en su nombre. El tema de fondo es la protección de los ríos, porque hay una situación de indefensión. Por ejemplo, se planean 24 presas en el río Marañón y, si pones un muro, sabemos que no pasan los sedimentos que dan de comer a los peces y fertilizan las orillas. ¿Qué van a hacer los peces que desovan en las nacientes? No van a poder ir. En realidad, este modelo de sociedad amenaza y destruye los ríos», lamenta Ruiz, quien destaca que en 2017 se analizaron al menos 52 comunidades en el Marañón y 49 de ellas tenían niveles altos de hidrocarburos, metales pesados y, por la ausencia de sistemas de aguas residuales, de restos fecales. «Y, si te vas a la zona andina, es igual. En este país no se cuidan los ríos», sentencia. El octubre pasado, el veredicto favorable a Huaynakana en una corte de Nauta fue una alegría para estas mujeres, que marcan el camino a seguir en otros casos similares en Perú.

Este reportaje se publicó originalmente en el número 102 de la revista de La Marea.

Fuente: https://climatica.coop/las-guardianas-del-rio-maranon/

16 de octubre de 2024

«Seremos jaguares»

Nemonte Nenquimo   (Entrevista de Amy Goodman)

El libro de Nemonte Nenquimo busca dar a conocer al mundo las historias de los pueblos indígenas de la Amazonía para evitar el exterminio de su territorio y su cultura.

En agosto de 2023 la población ecuatoriana votó en referéndum a favor de prohibir la extracción de petróleo en el parque Yasuní de la selva amazónica. Pero ahora el recientemente elegido presidente, Daniel Noboa, ha dicho que Ecuador está en guerra contra la violencia de los grupos armados y que el país no está “en la misma situación que hace dos años”. Noboa afirma que el petróleo del Yasuní podría ayudar a financiar esa guerra contra los narcos. En este contexto, hablamos con Nemonte Nenquimo, galardonada líder waorani de la Amazonía ecuatoriana que cofundó la organización Amazon Frontlines y la Alianza Ceibo. Su reciente artículo para The Guardian se titula: “El presidente del Ecuador no renunciará a la extracción de petróleo en la Amazonía. Planeamos detenerlo… otra vez”. Nemonte acaba de publicar su nuevo libro de memorias: “Seremos jaguares: vida y resistencia en la Amazonía”, escrito junto a su pareja, Mitch Anderson, quien también nos acompaña en nuestro estudio. Anderson es fundador y director ejecutivo de Amazon Frontlines y ha trabajado durante mucho tiempo con las naciones indígenas de la Amazonía para defender sus derechos.

Transcripción

AMY GOODMAN: Esto es Democracy Now!, democracynow.org, el informativo de guerra y paz, soy Amy Goodman.

En agosto de 2023, la población ecuatoriana votó en referéndum a favor de prohibir la extracción de petróleo en el parque Yasuní de la selva amazónica. Pero ahora el recién elegido presidente, Daniel Noboa, ha dicho que Ecuador está en guerra contra la violencia de los grupos armados y que el país no está “en la misma situación que hace dos años”. Noboa ha dicho que el petróleo del Yasuní podría ayudar a financiar esa guerra contra los cárteles de la droga. Activistas e indígenas dicen que están preocupados por sus comentarios, ya que la victoria en el referéndum había sido aclamada como un ejemplo de cómo usar el proceso democrático para mantener los combustibles fósiles bajo tierra.

Para hablar más del tema nos acompaña alguien que ayudó a liderar la lucha por este referéndum y mucho más. Nemonte Nenquimo es una galardonada líder waorani de la Amazonía ecuatoriana que cofundó la organización Amazon Frontlines y la Alianza Ceibo. Su reciente artículo para The Guardian se titula: “El presidente del Ecuador no renunciará a la extracción de petróleo en la Amazonía. Planeamos detenerlo… otra vez”.

Nemonte acaba de publicar su nuevo libro: “Seremos jaguares: vida y resistencia en la Amazonía”, en el cual escribe: “En lo profundo de mí, comprendí que había dos mundos. Uno en el que estaba encendido el fuego humeante de nuestro oko, donde mi boca convertía la mandioca en miel, donde los loros le hacían eco al ‘Mengatowe’, y mi familia me llamaba Nemonte –mi verdadero nombre–, que significa ‘muchas estrellas’. Y otro mundo, en el que la gente blanca nos miraba desde el cielo, el corazón del diablo era negro, había algo llamado ‘compañía petrolera’, y los evangélicos me llamaban Inés”.

Nemonte Nenquimo nos acompaña en nuestro estudio de Nueva York junto con su pareja y coautor del libro, Mitch Anderson, quien es el fundador y director ejecutivo de Amazon Frontlines y ha trabajado durante mucho tiempo con las naciones indígenas de la Amazonía para defender sus derechos. Bienvenidos a Democracy Now! Es un honor tenerles con nosotros. Nemonte, me gustaría que comenzara diciendo su nombre. Hable sobre el pueblo indígena al que pertenece y el territorio en el que vive, en la Amazonía de Ecuador.

NEMONTE NENQUIMO: Buenos días a todos, a todas. Mi nombre es Nemonte Nenquimo. Soy una mujer waorani, líder, madre, que vengo del territorio waorani de Pastaza, en el Ecuador. Todas las mujeres, en general amazónicas, estamos al frente en línea de defensa, entregando nuestras vidas, porque las mujeres somos más consideradas y nos preocupamos por nuestros hijos e hijas, para que nuestras hijas puedan tener su espacio de vida, el agua, la tierra, el conocimiento, los valores, las plantas, los animales, [para que] podamos vivir bien, libre y digno. Entonces ahora tenemos amenazado nuestro territorio día a día. ¿Por qué nosotras como mujeres debemos estar amenazadas en nuestro territorio? Por eso yo escribí un libro de mi resistencia, de mi niñez, como una mirada de la niña. El mundo venía… yo crecí entre dos mundos. Los misioneros venían hablando sobre salvar las almas y [decían que] nuestra creencia era mala.

Las [compañías] petroleras vinieron a nuestro territorio volando en helicóptero, prometiendo el desarrollo. Hicieron mucho daño. Destruyeron nuestra agua, contaminaron nuestra tierra, contaminaron a nuestra gente también al desconectar nuestro conocimiento y valores, y también los Gobiernos vienen a ofrecer, y también las organizaciones grandes, vienen a decir que van a hacer los parques nacionales y a la vez ellos lo empeoran y nos quitan nuestro territorio.

Entonces nuestra lucha es muy importante que hemos vivido. Entonces a lo largo de eso me gustaría contextualizar, es una historia larga para estar contando, detallando. Entonces para mí es muy importante, como dice mi papá: “Hija, la gente del mundo no conoce la selva bien, más destruye”. Entonces mi historia, nuestra cultura es oral, por eso transformé lo oral con mi esposo, Mitch, en una escritura para que el mundo pueda entender cómo estamos viviendo los pueblos indígenas, conectados con la madre naturaleza, con mucho amor, con mucho respeto.

Entonces esa historia es una resiliencia, es una resistencia para que la gente del mundo pueda conocer la historia verdadera de los pueblos indígenas, de todos los pueblos indígenas que estamos viviendo una amenaza grande, gigante, porque ese sistema de aquí llega a nuestro territorio día y día y día. Entonces ese mensaje es muy importante, el libro lo pueden leer, tocar su corazón y abrirlo y hacer un compromiso de verdad, de acción, de tomar acción. ¿Con eso qué trato de decir? Desde aquí tienen que hacer una comunidad, sociedad civil, tienen que abrir sus corazones y exigir a las empresas que no sigan invirtiendo en lo que hace daño a nuestro territorio, que extermina nuestro territorio, nuestro conocimiento, nuestra cultura. Entonces, desde aquí tienen que empezar a reeducarse en no consumir lo que destruye la salud, y volver a conectar con la madre naturaleza, volver a conectar espiritualmente, volver a amar a la madre naturaleza y sanarnos a nosotros mismos. Esa es la importancia.

AMY GOODMAN: Quiero hablar sobre la lucha a favor de la ley que usted ayudó a aprobar en Ecuador. Pero primero, el título de su libro en Estados Unidos es “Seremos jaguares: vida y resistencia en la Amazonía”, pero en la edición que se acaba de publicar en Europa el título es diferente: “No seremos salvados”. ¿Puede explicar ambos títulos?

NEMONTE NENQUIMO: Pues yo crecí en dos mundos, porque los evangélicos vinieron a salvar el alma y nos trajeron… Nuestros abuelos, mis abuelos, mis tías murieron de enfermedad, polio. Y también los petroleros vinieron a decir que iban a desarrollar la vida de las comunidades, pero las destruyeron totalmente y hasta ahora está contaminando nuestro territorio [y trayendo] las enfermedades. Y los grandes petroleros, y los Gobiernos, vienen con esa misma intención, sin entender.

Por eso trato de decir “no seremos salvados” mientras no escuchen a los pueblos indígenas, las cosmovisiones de los pueblos. A veces vienen con la estructura del hombre blanco, pensando que ellos son mejores, que ellos tienen ideas mejores, trayendo una propuesta de desarrollo, y están destruyendo. Entonces eso trato de decir, porque yo viví desde la mirada de mi niñez, confundida, y mi pueblo, mi gente, conectados espiritualmente con la naturaleza, curando, y los evangélicos hablando de salvar y diciendo que la conexión de ustedes es [algo] malo. Entonces ellos vinieron a hacer esa destrucción. Por eso estoy escribiendo ese título, que no podemos seguir tratando a los pueblos indígenas como que somos ignorantes, que no tenemos conocimiento. Los pueblos indígenas por miles de años tenemos conocimiento, el respeto a la madre naturaleza, el amor para la tierra. Si las mujeres somos tierra, si maltratan, si destruyen, ¿cómo vamos a dar vida para ellos? ¿Cómo vamos a alimentarlos? Entonces eso es lo que yo trato de decir.

“Seremos jaguares”, quiere decir que en nuestra cultura el jaguar es un dios. El jaguar nos ayuda a ver la visión en el sueño de cuidar el territorio. Si nosotros morimos, vamos a seguir viviendo espiritualmente como un jaguar, rodeando nuestro territorio, defendiéndolo. Entonces yo, como mujer waorani, encabecé la pelea contra el Gobierno y contra las petroleras, y dije: “Vamos a ser jaguares, listos, siempre defendiendo, por nuestros hijos, por vuestros hijos y para el planeta. Entonces por eso escribí “todos seremos jaguares”. Y ahora este libro es muy especial, que la gente del mundo puede aprender y respetarlo y podemos juntos trabajar contra el cambio climático. Cuando aquí están hablando de cambio climático, no hay respuestas, solo están haciendo promesas, los mismos políticos, los mismos representantes tomando las decisiones. No hay un espacio para que las mujeres indígenas puedan tomar acción y puedan tener ese espacio juntos.

AMY GOODMAN: Mitch Anderson, usted coescribió este libro y es el compañero de vida de Nemonte, con quien tienen una niña de nueve años y un niño de tres. Nemonte nos acaba de explicar qué significan los títulos “No seremos salvados” y “Seremos jaguares”. Pero ¿puede explicar, como estadounidense nacido en el Área de la Bahía de San Francisco, por qué “No seremos salvados” no fue el título de estas memorias en Estados Unidos?

MITCH ANDERSON: Cuando Nemonte y yo empezamos a escribir su libro contando la historia de su vida, ella me contaba cómo de niña veía los aviones y los misioneros llegando con esta promesa de salvar las almas de su pueblo y hablando de un Dios en el cielo, hablando de que su cultura es mala, es oscura y que tienen que ir cambiando y creyendo en Jesucristo.

Luego en el libro habla también de cómo las compañías petroleras llegaban prometiendo desarrollo y también causaron mucho daño a los ríos, a la cultura, a la selva. Y todo esto viene con una mentalidad de la salvación, una mentalidad arrogante, es decir, mira, los waoranis no saben, los waoranis son ignorantes, los pueblos indígenas viven de gana [sic] en la selva y [esa mentalidad] ha causado muchísimo, muchísimo daño.

Entonces el título “No seremos salvados” es para decir que no necesitamos que vengan de afuera para salvarnos. Lo que necesitamos es que vengan a respetarnos, nosotros mismos nos vamos a salvar. Y luego en Estados Unidos, pues decidieron cambiar el título a “Seremos jaguares”, que también es un título fuerte y poderoso y culturalmente propio, porque los waoranis tienen una conexión muy fuerte con el jaguar, que es su dios.

Y en el libro también cuenta cómo los waoranis se comunican con el jaguar y cómo en esta vida los waoranis protegen su selva como lo hacen los jaguares. Y también habla en el libro de que cuando los waoranis mueren se convierten en jaguares espirituales, protegiendo este mismo territorio. Entonces por eso la diferencia.

AMY GOODMAN: Nemonte, quiero volver a lo que sucedió el año pasado en Ecuador, en la selva tropical. El 20 de agosto de 2023, Ecuador votó a favor de prohibir la futura extracción de petróleo en el Parque Nacional Yasuní. Luego, Daniel Noboa ganó la presidencia en octubre, hace casi un año. Usted fue una de las líderes de esta lucha para proteger el Yasuní. ¿Puede describir el Parque Nacional Yasuní, el movimiento que lideró y el cambio de postura de Daniel Noboa?

NEMONTE NENQUIMO: El Yasuní es el territorio ancestral del pueblo Waorani y esa parte es una de las diversidades más grande del mundo. Nos da el oxígeno en el planeta. Para llegar a esto, los pueblos indígenas nos unimos con todos los pueblos y luego con los activistas, cineastas, estudiantes, hicimos para que la gente de las ciudades, de toda la sociedad civil, entienda la importancia y también ver que a lo largo de la explotación petrolera en el territorio en el Ecuador, en todo el país, no ha habido desarrollo, ha habido más corrupción, más problemas, más muerte. Entonces, era muy evidente y las sociedades se dieron cuenta de que era muy importante proteger, conservar el territorio para el futuro. Entonces esto era el trabajo que hicimos en la campaña que encabecé. Y también la organización Amazon Frontlines y otras organizaciones hicimos una película para que la gente pueda ver la selva de Yasuní y su importancia no solamente para los pueblos waorani, sino para todos los pueblos del planeta. Entonces logramos esta victoria en el referendo en Ecuador, en todo el país los convencimos y votaron sí a la vida. Eso era una señal poderosa que yo sentí que la conciencia de la gente de las ciudades abrieron su corazón al ver que la importancia era la vida, entonces ganamos. Pero, el presidente no ha cumplido los estándares según los cuales debería ya empezar a cerrar y desmantelar. Y nosotros los pueblos indígenas nos hemos cansado…

AMY GOODMAN: Permítame interrumpirla por un minuto. Entonces, primero se aprobó la ley, y esto requirió una enorme movilización de personas en todo Ecuador. ¿Qué postura tomó Noboa como candidato después de que se aprobara esta ley? Claramente era algo tan popular que, para poder ganar la presidencia, él tenía que apoyarla, ¿no es así?

NEMONTE NENQUIMO: Sí. En la campaña, el presidente Noboa dijo que sí iba a respetar al Yasuní, pero cuando ya fue elegido, no lo está respetando. Yo diría, los políticos, no solamente Noboa, de mi experiencia, de lo que yo he visto en los presidentes, asumen, hacen promesas, bonitas palabras en las campañas, pero cuando ya son elegidos no ponen valentía y coraje y no piensan en hacer valer el derecho de los pueblos indígenas, el derecho a la naturaleza, jamás. Por eso los pueblos indígenas estamos unidos, listos para poder enfrentarlos. Nuestro territorio es nuestra casa, es un espacio de vida para el futuro y para el mundo del planeta. Y nuestro territorio no está en venta.

AMY GOODMAN: Entonces, lo que Noboa está planteando ahora es que se necesita dinero para combatir a los capos de la droga y el narcotráfico en Ecuador, y que la forma de obtener ese dinero es traer empresas extranjeras y extraer más recursos para salvar al país. ¿Cómo responde a eso, Nemonte?

NEMONTE NENQUIMO: Pues yo pienso que, él dice que la economía, la economía, pero un día el combustible se va a agotar, no va a estar sosteniendo el futuro. El presidente Noboa tiene que velar, tiene que pensar en el futuro, tiene que dar oportunidades, debería ser un líder más importante en el mundo, ya que él puede cambiar y dejar el petróleo bajo tierra y ver la alternativa, no la mentalidad de consumismo, sino otra forma de mentalidad, cambiar y ver qué se puede generar en el futuro, que se respete a los pueblos indígenas, que se respete a la madre naturaleza para parar el cambio climático en el mundo. Pero muchas veces los líderes nunca piensan eso, solo quieren plata en la mano y no ponen una solución. Esa no es la solución para las futuras generaciones, porque Noboa tiene una gran oportunidad, porque es un presidente joven que podría cambiar el mundo.

AMY GOODMAN: ¿Y qué se debe hacer para que eso suceda? Usted es una líder waorani, además de una de las líderes del movimiento que logró la aprobación de esta ley que acabó yendo en otra dirección. ¿Cómo pueden cambiar eso ahora?

NEMONTE NENQUIMO: Yo podría decir a esto que todas las sociedades tienen que entender que no deben dejar a los pueblos indígenas que estemos solos luchando al frente por la vida. Los pueblos indígenas somos las soluciones, somos la primera fila. Entonces la gente desde aquí ya tienen que empezar a no invertir en las empresas que hacen daño en el territorio, en el bosque, en general, en todo Latinoamérica.

Dos, no más promover las propagandas de que la solución es el petróleo, si no ver otra alternativa para la energía. Tercera es, la mentalidad de aquí tiene que cambiar, no consumir más de muchas cosas que hacen daño. Con “cambiar” quiero decir abrir su corazón realmente, volver a conectar con la madre naturaleza, volver a conectar espiritualmente, volver a sanar. Esa es la solución. Si mientras aquí desde las ciudades siguen consumiendo, es igual, va a afectar a la Amazonía, mientras nosotros los pueblos indígenas estamos al frente. Ya basta, no vamos a dejar de luchar, vamos a estar ahí de pie, vamos a estar al frente como guerreras y como jaguares. Pero aquí mientras no cambien, no dejen de consumir, igual va a afectar en la Amazonia, por más que no venga la petrolera, va a afectar. Entonces para mí el trabajo es aquí, presionar a los políticos, presionar a las empresas, no consumir lo que hace daño, es sanar en la ciudad.

AMY GOODMAN: Usted está aquí en el contexto de las elecciones presidenciales de Estados Unidos, tal vez las más importantes. Hay dos partidos principales, los demócratas contra los republicanos. En el tema de la inmigración, ellos compiten entre sí, pero también se podría decir que coinciden en muchos puntos, como cerrar la frontera a los inmigrantes que vienen de México y del sur del continente, incluido Ecuador. ¿Se puede hacer un vínculo directo entre los miles de ecuatorianos, y habitantes de la Amazonía, que huyen de sus tierras y de sus países debido a la destrucción ambiental, a la pobreza o a la violencia?

NEMONTE NENQUIMO: Yo creo que ahora estos últimos años eso ha pasado bastante porque la crisis del clima en general en el mundo es muy fuerte. Y eso no debemos dejar que pase. Tenemos que despertar la conciencia de la gente de la ciudad. ¿Por qué la gente no está feliz? La gente están huyendo de su país, porque no solamente eso afecta al Ecuador, porque ese sistema de aquí que estamos consumiendo, eso provoca, eso provoca los conflictos armados, eso provoca extracción petrolera, porque el mundo más grande necesita eso, saquear, necesitan dinero, por eso nosotros tenemos que mirar, equilibrar, volver a conectar, volver a sentir la paz que queremos en la sociedad, que asientan. Porque la madre tierra está sufriendo estos fenómenos que están afectándonos y la gente no se está dando cuenta, los políticos con el gran poder que tienen no se están dando cuenta de eso, porque están desconectados, no están conectados con la tierra, no están conectados con lo espiritual, no tienen amor, no tiene para nada amor. Entonces la gente, la sociedad nos tenemos que juntar, promover, socializar, unir, así lo podemos solucionar, no vamos a esperar que el Gobierno tome la decisión en nuestra casa, no vamos a permitir que el Gobierno gobierne nuestra sangre, nuestro territorio.

Entonces, la responsabilidad es de todos, eso trato de decir, la responsabilidad no es para los pueblos indígenas. ¿Por qué tenemos que vivir en nuestro territorio diariamente bajo amenaza, día a día? Porque ese sistema no para, esa mentalidad no cambia, ese corazón no toca profundo. Entonces el trabajo es aquí, desde las ciudades grandes. Yo trato de decir como mujer indígena, yo miro eso, como mujer indígena estoy mirando que el problema no es en el territorio indígena, es problema de aquí, este sistema y este sistema lo tenemos que parar entre todas, entre todos. Ese es el mensaje. Mientras no conozcamos la vida, que es lo más importante, la vamos a destruir. La madre tierra no está esperando que la salvemos, la madre tierra está esperando que la respetemos, que volvamos a amar, que volvamos a sanar. Esa es la sociedad que tenemos que sanar.

AMY GOODMAN: Usted se encuentra aquí en Nueva York para participar en la Semana del Clima y ya ha participado en varias anteriormente, aunque pasa la mayor parte de su vida en la Amazonía. ¿Cómo ha sido estar aquí con miles de personas junto a decenas de líderes mundiales que vienen y hablan ante las Naciones Unidas? ¿Siente que ha habido algún progreso a lo largo de los años sobre cómo abordar la catástrofe climática?

NEMONTE NENQUIMO: Para mí, como mujer indígena, nosotras en las comunidades vivimos colectivamente. Las mujeres estamos al frente siempre porque nos preocupamos por el bienestar de toda la comunidad, somos un colectivo y nos preocupamos de que todo esté bien. Somos protectoras, guardianas, madres. Pero lo que veo sobre el cambio climático al llegar acá como mujer indígena, yo miro y no hay espacio para la indígena en donde los que pueden son los políticos. Yo veo ese espacio y los mismos políticos están representando, hablando, tomando las decisiones para el territorio, tomando los recursos para el territorio y hablan de cómo salvar, pero no hay una manera seria para que a los pueblos indígenas se les pueda permitir estar en esa mesa, escuchar y tomar decisiones, hacer un compromiso de voluntad y de respeto. No hay. Yo lo miro así, los políticos hacen su espacio, su toma de decisiones, y eso no va a parar el cambio climático. Lo que yo estoy mirando muy fuertemente es que las sociedades civiles están levantando su conciencia, están despertando. Eso es buena señal, porque yo trabajo con las comunidades colectivas, entonces el trabajo y el papel es de nosotros. Las sociedades civiles nos tenemos que unir, tenemos que presionar a los políticos para que nos miren, que abran el corazón y que tomen conciencia y que se tomen en serio el tema del cambio climático. Si al igual que estamos en ese espacio, los pueblos indígenas vienen y están presentando su historia, los mismos políticos vienen a tomar decisiones y a firmar actas, acuerdos, eso no es solución para mí, es triste para mí.

AMY GOODMAN: Mitch Anderson, usted ha trabajado en este tema durante años, y a principios de la década de los 2000 era parte de Amazon Watch. Desde entonces ha pasado mucho tiempo en el Amazonas, más de 15 años. Usted, junto con su compañera, Nemonte, ha fundado Amazon Frontlines. ¿Cuando regresa a Estados Unidos, su país de origen, ve algún progreso? Y unido a eso, usted es alguien que puede ver la Amazonía desde aquí, desde donde estaba antes su familia y su comunidad, pero también desde donde vive ahora, con sus hijos y con su nueva comunidad. ¿Cuál cree que es el mayor malentendido que tenemos aquí sobre la Amazonía?

MITCH ANDERSON: Sí, yo por los últimos 15 años he vivido en la Amazonía, pero soy de California. Entonces una de las cosas que no entendemos aquí en Estados Unidos es realmente cuánto petróleo se está extrayendo de la Amazonía, las consecuencias en la vida de la gente, en sus pueblos, los pueblos indígenas, los ríos, su selva. Cuánta destrucción causan los petroleros y lo que no entendemos también es que mucho de ese petróleo se manda para los Estados Unidos, a California, para ser refinado. Y ahí, desde ahí llega a las gasolineras, a los aviones, a los tanques de los carros que todos manejamos todos los días.

Entonces creo que lo que no hemos entendido bien es que nuestro estilo de vida, nuestros patrones de consumismo, están teniendo afectaciones reales sobre los pueblos indígenas, sobre sus territorios, sobre la Amazonía y sobre nuestro clima. Y lo que hemos visto acá en esta semana, donde las Naciones Unidas están en sesión y los líderes mundiales y empresarios están hablando de cambio climático, lo que vemos es que los políticos están hablando mucho, haciendo muchas promesas, pero realmente y profundamente tienen un compromiso de seguir extrayendo petróleo, y por eso los pueblos indígenas se están juntando, luchando, formando batallas, fortísimos. Amazon Frontlines somos un colectivo entre pueblos indígenas y activistas occidentales de acá y estamos formando movimientos en la Amazonía que vamos a parar el extractivismo, vamos a parar a los mineros, vamos a parar a todas las redes de madereros en la selva, vamos a recuperar los territorios de los pueblos indígenas, pero si no se cambia este sistema, si no se cambia los patrones de consumismo, las amenazas van a seguir [existiendo], las amenazas van a seguir y el mundo va a seguir siendo adicto al petróleo y eso es lo que también se tiene que cambiar.

AMY GOODMAN: ¿Y cómo ha sido esta colaboración para ustedes? El libro,”Seremos jaguares: vida y resistencia en la Amazonía”, son las memorias de Nemonte, pero lo han escrito juntos.

MITCH ANDERSON: Por los últimos 15 años Nemonte, yo, con los compas de Amazon Frontiles, la Alianza Ceibo, los pueblos indígenas de Ecuador, hemos estado luchando fuertemente para proteger los territorios indígenas contra el extractivismo y hemos ganado batallas importantes. Los Waorani lideraron un esfuerzo de proteger 500.000 hectáreas de su bosque. Sentaron un precedente para proteger millones de hectáreas más. Hemos estado ahí, en un movimiento para proteger el Yasuní, uno de los lugares más biodiversos, haciendo una alianza con los jóvenes activistas climáticos en todo Ecuador para realmente despertar a la población de Ecuador. También para darse cuenta de que el petróleo es una falsa promesa. Por 60 o 70 años han estado sacando los petroleros petróleo desde la selva, pero solo han generado inequidades, corrupción, más destrucción.

Y nosotros hemos ganado. Hemos logrado que en el Yasuní se tengan que desmantelar todas las operaciones petroleras ahí en la zona y que se tenga que mantener el petróleo bajo tierra. Y a pesar de todas esas victorias, las amenazas siguen. El mundo sigue queriendo más minas, más petróleo, más madera. Entonces el papá de Nemonte le dijo un día que “el mundo destruye lo que no entiende” y que es hora de que Nemonte cuente su historia al mundo.

Entonces Nemonte me dijo que somos como pareja en vida y en activismo y quería también que yo colaborara en escribir su historia con ella. Entonces, era bonito porque pasamos más de tres años, yo escuchando sus historias en las madrugadas, en la canoa, en el bosque, ella contándome desde el tiempo de los ancestros, sus primeros recuerdos de su niñez. Y realmente yo sentí como una responsabilidad grande y mi misión era intentar buscar la forma de tocar la palabra con el espíritu de su tradición oral. Y Nemonte me ha dicho que cree que sí, que los ancestros estarían contentos con lo que hemos hecho.

AMY GOODMAN: Nemonte, guíenos por este transformador viaje por el que nos lleva en su libro, “Seremos jaguares”. Cuéntenos primero dónde nació en el Amazonas ecuatoriano, en uno de los últimos lugares contactados por los misioneros. Usted ha dicho: “Los autores de nuestra destrucción son los mismos que predican nuestra salvación”. Pero comience hablando de las imágenes en su rostro. Para nuestra audiencia de radio, usted tiene una franja roja en sus ojos, de sien a sien. ¿Qué significa eso? Y hable también de su tocado.

NEMONTE NENQUIMO: Pues yo de niña crecí en dos mundos, bien bonita, hermosa. El pensamiento de niña al ver los evangélicos volando trayéndonos la palabra de Jesucristo y viendo a los abuelos alrededor curando con las plantas. Entonces yo era una niña muy curiosa, quería descubrir, quería entender quiénes son ellos, los blancos y los abuelos. ¿Quiénes son? Entonces yo crecí bien bonito, bien hermoso, porque todavía en nuestro territorio vivíamos de forma colectiva, nuestro chakra, nuestro río, nuestra forma de vivir era libre, en un espacio grande.

Nuestra cultura es… El achiote, el frente, es pintar los ojos para proteger de la mala energía. Y también por belleza para la mujer, que puede pintar esa parte única y es la identidad de nuestro origen como mujer waorani. La corona es del ave guacamayo, y para nosotros esta ave es muy sagrada, era muy valiosa para los ancestros. Los guacamayos vuelan, se sientan en un árbol y empiezan a comunicarse entre todas las aves guacamayos, para ver como planificar, volar, ver y buscar comida. Algo así representas cuando tú te pones la corona, representas a una mujer lideresa que puede unir a las demás familias para poder cuidar y proteger su hogar y sus comunidades. El collar significa como ir puesto como una líder, representar un poder, el poder de la mujer. Entonces siempre nuestra cultura es esta.

Esta semilla se llama pantomo, hay muchas de esas plantas en la selva, y para nosotros nos protege de la mala energía y también nos da buena vibra, buena energía, cuando vas a una ceremonia, cuando vas a reuniones. Entonces nuestra cultura solo lleva como 50 o 60 años de contacto con el mundo. Sí, claro, hay una nueva generación y estamos pensando en escribir sobre nuestro conocimiento, nuestra raíz, y tenemos que valorarlo y enseñar nuestra educación propia, porque los abuelos ya están muriendo y los jóvenes, los líderes van a seguir protegiendo su territorio, van a seguir teniendo su idioma.

Entonces es muy importante para nosotros volver a tener esa educación propia y también es importante aprender el estudio de afuera, también es una herramienta para poder gobernar, para poder proteger el territorio. Entonces nuestro espacio es como… todavía hay bosques y mientras el bosque esté virgen y sano, vamos a seguir estando sanos. Si el bosque está enfermo y contaminado, nosotros como humanos y pueblos indígenas vamos a enfermar y nos vamos a desconectar de nuestro conocimiento, nuestro idioma y vamos a perder todo como les ha ocurrido a otros pueblos, que han estado desapareciendo por 500 años y nosotros no queremos que desaparezca nuestro territorio y nuestra vida. Queremos seguir siendo waoranis con un conocimiento de dos mundos, valorando nuestros principios.

AMY GOODMAN: Describa para nosotros el viaje que debe hacer desde Nueva York para volver a su casa en la Amazonía ecuatoriana. ¿Cuánto se tarda? Primero tiene que volar a Quito, la capital de Ecuador.

NEMONTE NENQUIMO: Sí, puedo describir. Para llegar a mi territorio desde aquí desde Nueva York hay que volar a Quito. De Quito necesitas coger un bus o un carro cinco horas más, hasta una ciudad pequeña que es Puyo, Pastaza, y de ahí cuatro horas más hasta donde termina la carretera, donde otros pueblos indígenas vecinos kichwa viven. Y de ahí tienes que agarrar una canoa, un bote, ir río abajo y empieza el territorio waorani y vienen las comunidades de Daipare, Quenahueno, Toñampare, donde yo nací y crecí cuando era niña, y luego me mudé más abajo, mi papá me llevó más a la selva, al fondo, a un lugar que se llama comunidad Nemonpare. Ahora mi papá y mi casa están en Nemonpare. Es más lejano y ahí alrededor es todo árboles grandes, bonito, árbol ceibo, muchas aves volando alrededor, guacamayos, otras aves y lleno de cantos de pequeño a grande y ver los pescados, ver la anaconda, ver el jaguar gruñendo, gritando en la montaña, los monos rojos, es como muy bonito llegar en la noche y mirar las estrellas en la noche y la luna, la luz de la luna. Es bonito.

Y el territorio de nosotros es grande. Es como tres provincias: Pastaza, Napo, Orellana. Es un territorio colectivo, pero en una parte ya está operando la petrolera, en Yasuní, donde viven nuestros hermanos tagaeri y taromenane en aislamiento voluntario. También estamos defendiendo que ellos tienen derecho a su espacio de casa, sin extracción, sin contaminación, para poder vivir alegres y dignos y todo lo que hacemos en mi comunidad, la protección, beneficia no solamente a nuestras tribus. Beneficiamos al oxígeno, el 80% de la diversidad y el pulmón del mundo viene de nuestro territorio.

Entonces ese es mi mensaje, que aunque están aquí en la ciudad de Nueva York nos conectemos y empecemos a actuar, empecemos a hacer colectivos o un trabajo colectivo con las mujeres. Yo trabajo mucho con las mujeres en mi pueblo, porque las mujeres estamos en la línea del frente y nos preocupamos, cuidamos nuestro cuerpo, decimos que la tierra es nuestro cuerpo, da vida, da alimento, entonces considero que mi mensaje es que yo traigo ese espíritu de “mujer selva”, por eso mismo es el libro.

Espero que lean este libro y vuelvan a conectar con la madre naturaleza y se conecten para amarse a uno mismo y se conecten espiritualmente, para sanar entre todas, para poder enfrentar [la amenaza]. Porque la amenaza no va a parar, estoy segura, la amenaza no va a parar. Necesitamos articular a las mujeres indígenas y no indígenas.

AMY GOODMAN: Acaban de ganar un importante premio aquí en Estados Unidos, que pronto recibirán, el premio humanitario Hilton de la Fundación Conrad Hilton. Son dos millones y medio de dólares para su organización, Amazon Frontlines. ¿Puede hablar sobre lo que eso significa para usted y lo que planea hacer con ese dinero?

NEMONTE NENQUIMO: Pues bueno, ese reconocimiento para mi es muy importante para visibilizar a otros actores que pueden también hacer un desafío de dar recursos, porque los pueblos indígenas estamos en la primera línea de las soluciones para el cambio climático, sabemos todo esto, y también para poder hacer crecer nuestra organización y su estructura, para gobernar, porque la amenaza está llegando día a día. Este reconocimiento no es la solución. Este reconocimiento ayuda a visibilizar para que otros actores también puedan ser parte, puedan ayudar y colaborar. Un recurso importante también es en parte sentirse acompañadas, porque la amenaza es muy fuerte. No queremos estar solos los pueblos indígenas al frente, queremos articularnos en todos lados del mundo, para poder presionar y hacer el verdadero cambio para el futuro.

AMY GOODMAN: Mitch, usted es también cofundador de Amazon Frontlines. ¿Qué importancia tiene este premio para su organización?

MITCH ANDERSON: Amazon Frontlines somos un colectivo de pueblos indígenas y de activistas occidentales y para nosotros este premio es una validación de lo que hemos venido haciendo por muchos años. Es una validación del liderazgo de los pueblos indígenas para enfrentar la crisis del cambio climático. Es una validación del impacto que se puede tener cuando hay colaboraciones honestas, fuertes, en la primera línea del frente y desde el territorio.

Y los recursos sí son importantes y los vamos a ir invirtiendo en la resistencia de los pueblos indígenas, vamos a asegurarnos de que estos recursos lleguen a la línea del frente de la Amazonía y también vamos a asegurarnos de que esta visibilidad nos ayude a crecer en nuestro trabajo, en nuestro impacto y apoyar y colaborar con pueblos indígenas en toda la Amazonía, desde las cuencas arriba, de las cuencas altas, y proteger una parte de la Amazonía que es lo más biodiverso, y es un lugar que todavía está intacto y es diverso culturalmente.

AMY GOODMAN: Mientras vamos terminando, ¿puede mirar directamente a la cámara y compartir su mensaje con el mundo?

NEMONTE NENQUIMO: Mi mensaje es que el bosque, la madre tierra es importante. Necesitamos volver a amar. Necesitamos volver a conectar. Necesitamos volver a sanar, porque es nuestro cuerpo, porque estamos dando vida. Entonces el papel, el deber, el mensaje que estoy trayendo es que los pueblos indígenas somos minoría, pero nuestro territorio es más grande, así como la diversidad que estamos dando a la vida del planeta. Entonces la amenaza está llegando día a día de ese sistema, entonces la responsabilidad es del colectivo, no es solamente de los pueblos indígenas y las mujeres lideresas indígenas, sino que hay que articular a las mujeres que no son indígenas, y así podemos unirnos y actuar para parar y pensar bien para nuestros hijos y vuestros hijos en las futuras generaciones.

AMY GOODMAN: Mitch Anderson y Nemonte Nenquimo. Nenquimo es una líder waorani de la Amazonía ecuatoriana, fundadora de la Alianza Ceibo. Mitch y Nenquimo también cofundaron la organización Amazon Frontlines y acaban de publicar un nuevo libro. Se titula: “Seremos jaguares: vida y resistencia en la Amazonía”.

Producido por Democracy Now! y Democracy Now! en español.

Fuente: https://www.democracynow.org/es/2024/10/3/seremos_jaguares_el_nuevo_libro_de

3 de noviembre de 2023

Perú: EL ROMÁNTICO PARQUE DEL ALCALDE

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Eduardo González Viaña

“CUANDO OIGO LA PALABRA CULTURA, ECHO MANO A MI PISTOLA" rugía Joseph Goebbels, ministro de propaganda de Hitler. O murmuraban los franquistas mientras ordenaban enterrar en cunetas y fosas comunes a cientos de miles de españoles y, entre ellos, el poeta español más amado de todos los tiempos, Federico García Lorca.

Cultura era lo que cargaba y repartía Federico en una carreta de teatro, y eso es lo que los fascistas no podían tolerar.

Esta, y no otra, ha sido la “razón” del alcalde Rafael López Aliaga para su frustrado intento de cambiar de nombre al Parque de la Cultura en Lima.

Se ha protestado contra este disparate, aduciendo que fue cometido para ofender la memoria de uno de los intelectuales más ilustres del siglo XX, pero sinceramente no lo creo. Es decir, no creo que el alcalde de la capital sepa quién ha sido el maestro, el escritor, el político Luis Alberto Sánchez. Es atribuirle demasiado conocimiento…y eso…oh Dios mío, significa cultura.

La ultraderecha que gobierna el Perú, y a la que pertenece el alcalde, mira con sospecha todo lo que suene a cultura. En la clase gobernante de hoy no solamente no aparece un LAS sino que tampoco existirían Haya de la Torre, Mariátegui o González Prada para fundar y dar el empuje a partidos políticos y grandes movimientos sociales.

En el Congreso del Perú, no hay verdaderos partidos políticos sino vientres de alquiler y clubes sin una filosofía, un credo ni un programa que se forman con ocasión de las elecciones… y cuyos militantes se puede pasar al grupo de enfrente porque son intercambiables.

Más todavía, López Aliaga se ha proclamado líder de ese “pensamiento” y esbozado como futuro del Perú una suerte de teocracia en la que el Congreso y el Ejecutivo estarán gobernados por él, en representación del ser supremo.

¿Por qué no? Pertenece al Opus Dei, ha declarado ser casto, e incluso, se infiere lesiones mediante el uso del cilicio. No se le puede exigir que además lea a Hume, Kant y Kierkegaard en sus textos sobre los fundamentos de la religión.

Hace un par de años, los medios difundieron el gran peligro denunciado por el “sabio” fujimorista Bienvenido Ramírez, quien en ese entonces fungía de congresista: “Existe – declaró- una enfermedad que se llama síndrome de Alzheimer, que se da en aquellas personas que estudiaron mucho y que leyeron mucho, y uno de ellos son los profesores”.

Y POR ESO, DESDE UNA CLASE DE SERES HUMANOS QUE NO LEEN Y DESDE UN CONGRESO ILETRADO SE HA PRETENDIDO CREAR UNA SOCIEDAD DE MERCADO QUE MÁS BIEN TIENE LA ESTRIDENCIA Y LA FACHA PLEBEYA DE UN MERCADO DE VERDURAS.

!YA BASTA, MALVADOS!

Como a Goebbels, lo que les falta de cultura les sobra en perversidad y andan “terruqueando” a los que leen y piensan. Reviven los recuerdos de la guerra interna del siglo pasado y su objetivo son los supervivientes de ese conflicto aunque hayan pagado sus condenas…o a cualquiera que lea.

Si se cumplen sus planes, en estos días, terminarán de apoderarse del Poder Judicial y, como ya lo han anunciado harán que el Perú se retire de los organismos internacionales que todavía pueden protegernos.

¿Qué hacer en un sociedad que se proclama ágrafa?--- Supongo que se puede leer a escondidas y creer en la supremacía cultural y moral de los que piensan. “La conquista del poder cultural es previa a la del poder político”, proclamaba Gramsci y a eso deben postular las izquierdas. Seguir leyendo y escribiendo antes de que nos suban al cadalso en algún parque del alcalde.

https://elcorreodesalem.lamula.pe/2023/10/28/el-romantico-parque-del-alcalde/eduardogonzalezviana/

16 de julio de 2023

Perú: Mitos y leyendas

César Hidebrandt

Dice Fernando de Szyszlo en sus memorias que Jorge Luis Borges le confesó que “no le había sido dado leer a Proust”. Así era Borges, el vidente ciego. A mí me dijo, después de entrevistarlo, que Vallejo era un poeta “admirado de antemano”. Era claro que apenas lo había ojeado y que no estaba interesado en el asunto.

Proust es un pesado, por supuesto. Y Vallejo tiene cumbres de emoción y originalidad y honduras de disfuerzo y huachafería. Pero así es la cosa entre los dioses del olimpo. Si entras a él, nadie te saca. Si estás en él, ya no necesitan ni leerte.

Los que no lo han leído, dicen que “Moby Dick” es un gran libro. Y tienen razón: es preciso no haberlo leído para alabarlo. La obsesión de un idiota delirante por un cetáceo cruzado con leviatán no alcanza ni siquiera para guion de la Metro, pero Melville siempre tuvo buena prensa y eso lo colocó entre los grandes. Lo salvaron las “connotaciones” que la crítica confusa halló en sus líneas.

Más clamoroso es el caso de “Por quién doblan las campanas”, que es un folletín infame sobre la guerra civil española vista por un republicano en estado de ebriedad. No está de más decir que la novela produjo, como tenía que ser, una de las peores películas de la historia del cine: Ingrid Bergman regada de colirio.

Estuvo y estará de moda decir que “Casablanca” es un clásico del cine, pero el melodrama de Curtiz no llega a ser siquiera regular y patina en la inverosimilitud casi graciosa de sus escenas finales. El cantinero de un cuarto de pelo y el oficial que acopiaba sobornos son tocados por la varita de los hermanos Warner y se convierten en héroes, segundos antes del “The end”. Propaganda antinazi de las más baratas y con un Bogart más tieso que nunca.

Hay libros de Virginia Woolf que alcanzan la categoría de ilegibles y, sin embargo, pinta mucho decir que son atrapantes. Del mismo modo que hay novelas de Faulkner que se te caen de las manos y que gozan de gran fama entre sus lectores imaginarios (o auténticos y aburridos).

Leí a la Sagan siendo adolescente y por poco me convence de que era una gran escritora. Mi segunda lectura de “Buenos días tristeza” la lanzó por la borda, aunque nunca dejé de admirar la transparencia de su estilo. Lo mismo me ha pasado con algunos escritores –Sábato está entre ellos– que me hipnotizaron en la juventud y que hoy no sobreviven al juicio sumario de la impaciencia.  

Hay gente que sostiene que “El Quijote” es su libro de cabecera. Que “El Quijote” esté en un velador describe la infelicidad de quien lo ha puesto allí, pero eso no quita que sea un libro que ha vencido a las termitas del tiempo. Lo que pasa es que, como casi todo, tiene altibajos, episodios grandiosos y pasajes que lindan con lo previsible, que es lo peor que puede sucederle a un novelista. Lo que lo ha preservado más o menos invicto es el humor, ese antioxidante.

Es un deber sagrado decir que García Lorca es un gran poeta, cuando lo más preciso sería decir que escribió algunos poemas difíciles de olvidar. Pero, ¿quién osa retar al ídolo, quién se mete con el mito? Del mismo modo, está penado por el código penal de la PUCP y anexos decir que Salman Rushdie suele ser insoportable o que la poesía de Sylvia Plath suena a gozne que chirría bajo la lluvia.

Quienes en el fondo odian la literatura saltaron de alegría cuando Vargas Llosa publicó “Pantaleón y las visitadoras”, ese anime en el que los milicos parecen dibujados con plumón y el colorido festivo de la historia tiene el propósito de proclamar el gran cambio: el autor de “Conversación en la catedral”, esa gran novela, podría, de ahora en adelante, dejar las sombras y arrancarte alguna sonrisa. ¿Es Pantaleón el peor libro de Vargas Llosa? No. La disputa es seria y “Cinco esquinas” reclama lo suyo.

Me he pasado buena parte de la vida leyendo libros. Renuncié a muchos privilegios de la juventud cumpliendo esa manía y ahora, comprensiblemente, leo contra el tiempo. Por eso tengo el leve derecho de decir que cuando alguien te recomiende leer “El alquimista”, de Paulo Coelho, revises el bolsillo donde guardas la billetera.

Fuente: Hildebrandt en sus trece, Ed 644 año 14, del 14/07/2023, p16

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17 de abril de 2022

Perú: Castillo y Porky aman la cultura

Juan Manuel Robles

¿Hay algo más terrible que lo que proponía el candidato Rafael López Aliaga, eso de eliminar el Ministerio de Cultura? Siempre pensé que pocas cosas podían superar en insania esa fantasía fascista, esa vendetta contra la progresía ilustrada, que consistía en bajarse el ministerio y su burocracia con el “argumento” de que la cultura no sirve para nada, de que es un gasto inútil, que premia y financia películas que “nadie ve”. Que esto haya venido de un empresario que ha hecho fortuna con el monopolio del tren de Machu Picchu, o sea, un hombre cuya actividad depende —y es imposible que no lo sepa— del capital patrimonial y simbólico de la gran cultura peruana, fue uno de los momentos más chocantes de aquella campaña electoral de pesadilla.

¿Hay algo más canalla que lo que proponía aquel candidato que salió segundo en Lima, la ciudad supuestamente mejor educada? Yo pensaba que no, pero ahora veo que sí: peor que eliminar el Ministerio de Cultura es vaciarlo de sentido, convertirlo en cascarón y oficina caleta para empoderar a un aliado. Digo: usar el ministerio de fachada para otros propósitos. Nunca antes un ministro de Cultura ha tenido tanta visibilidad y ha actuado como vocero tan activo de un presidente. Eso podría ser señal de la importancia del sector en el gobierno de Perú Libre; de hecho, uno podría pensar que entre sus propuestas revolucionarias está el rescate de la identidad, la idiosincrasia, las expresiones humanas del Perú por descubrir. A partir de la fecha, cultura y gobierno trabajarán juntos en la solución de conflictos sociales, porque las protestas también son cultura. Vanguardia política, la verdad.

Pero no. Nada que ver. Es todo lo contrario. Alejandro Salas, ministro de Cultura, ha fungido de vocero en crisis, negociador en el paro, representante en entrevistas dominicales, explicador de la exoneración del IGV, y eso no tiene nada que ver con la cultura. Al contrario, es señal de que la cultura importa tan poco que el ministro del sector tiene tiempo libre y se encarga, además, de colaborar con los temas más relevantes. Salas es una suerte de “ministro sin cartera”, cuya función seria, por la que se lo ve en los medios, es ser escudero del presidente y estar ahí cuando las papas queman.

Cuando veo a Salas no sé qué pensar. O bueno, sí sé. Pienso que el aprecio que Castillo tiene por la cultura es el mismo que el de López Aliaga. Que ambos se han servido de ella, han bebido del recurso, pero no la fomentan ni la valoran.

¿Qué es peor que balbucir, como Porky, que desmantelarás el aparato del sector cultural? Pues empezar tu presidencia con el desafiante anuncio de que ahora el ministerio se llamará “de culturas” y nueve meses después tener a un ministro fantasma, que se dedica a hablar del precio del faisán (y no precisamente como una alusión a la tradición literaria de los banquetes). Terrible pasar de una apropiación cultural piadosa y prometedora —tomar el sombrero chotano— y menos de un año después poner a alguien que no sabe de cultura, ni de patrimonio, cuya incompetencia nos estalla a todos en la cara cuando ocurre el derrumbe en el complejo arqueológico de Kuélap (y allí va el ministro, un hombre de acción en el helicóptero militar, inocultablemente errático).

Se sabe que Salas fue advertido de la situación de Kuélap pero no actuó al respecto. Puede que no haya sido su culpa, pero llama la atención haberlo visto lejos del problema en las últimas semanas, distraído en temas de su otra (¿verdadera?) función; por ejemplo, echar a Sonaly Tuesta del ministerio porque la periodista criticó a Aníbal Torres por elogiar a Adolf Hitler. ¿Se puede tratar así a alguien como Tuesta, que ha hecho tanto por la cultura? Gracias a Sonaly, muchísimos peruanos aprendieron que, así como hay especies amenazadas, hay fiestas populares en peligro de extinción. Y que eso merece nuestro cuidado y valoración. Salas, sin el mínimo respeto, se puso a rajar de ella.

Lo terrible es que esto refuerza —y eleva a la potencia— la idea del Ministerio de Cultura como una oficina incomprensible, abstracta, pero que suelta partidas de dinero muy concretas. Una división que se presta para los Richards Cisneros de ayer y de hoy, que usan la “cultura” como escudo o rótulo protector para sacar provecho sin rendir demasiadas cuentas.

La designación de Salas fue uno de los desatinos gruesos del gabinete Héctor Valer. No hubo tanto ruido en su caso porque, otra vez, la cultura no le importa a nadie: se entiende que allí una persona poco preparada no hará un daño constatable. Y por eso Salas sobrevivió cuando llegó Aníbal Torres. Recién ahora que su sector —el nominal— está en crisis se está viendo si realmente es idóneo para el puesto. La verdad, yo desde el principio vi un rasgo inquietante: su total ausencia de sensibilidad. ¿Es algo menor? No en un ministro de Cultura. Twitter daba cuenta de su temperamento pasado de una manera bochornosa. No se puede escribir mensajes diciéndole a un chileno “araucano negro loco feo” y ser un hombre con la misión de encauzar esfuerzos por visibilizar la diversidad étnica. No se puede ser un terruqueador, alguien que piensa que “la izquierda no debería existir”, e imaginar espacios de apertura y tolerancia. Tampoco veo registro de su aprecio por la belleza, la majestuosidad, la historia, las expresiones que nos humanizan, las tradiciones que nos unen. Tal vez esto es una exquisitez (y por ahí que me equivoco). Pero no parece una persona que comprenda la importancia de los bienes intangibles en un país rico en memorias, historias, tradiciones y saberes; al contrario, parece un hombre obnubilado por lo tangible, lo muy tangible. Ustedes me entienden.


Fuente: HILDEBRANDT EN SUS TRECE N°582, del 15/04/2022   p14

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2 de marzo de 2022

La izquierda domina la cultura, pero el mundo sigue siendo de los bancos

Vijay Prashad

Dossier «Un mapa del presente en América Latina: entrevista con Héctor Béjar».

“Hay una gran pobreza intelectual por parte de la derecha”, dice Héctor Béjar en nuestro último dossier, Un mapa del presente en América Latina: entrevista con Héctor Béjar. “Hay una carencia de intelectuales de derecha en todas partes”.

Béjar habla con mucha autoridad sobre estos temas porque, durante los últimos sesenta años, ha estado íntimamente involucrado en los debates intelectuales y políticos que han tenido lugar en su Perú natal y en toda América Latina. “En el mundo cultural, la izquierda lo tiene todo, la derecha no tiene nada”, señala. Cuando se trata de los grandes debates culturales de nuestro tiempo, que se manifiestan en la esfera política en torno a los cambios sociales (los derechos de las mujeres y de las minorías, la responsabilidad con la naturaleza y con la supervivencia humana, etc.), el puntero de la historia se inclina casi totalmente hacia la izquierda. Es difícil encontrar un intelectual de derecha que pueda justificar la destrucción de la naturaleza o la violencia histórica contra los pueblos indígenas en América.

La apreciación de Béjar me recordó una conversación que mantuve el año pasado con Giorgio Jackson en Santiago (Chile). Jackson —que será ministro secretario general de la Presidencia de Gabriel Boric— me dijo que la agenda de la izquierda más amplia se impone con facilidad en muchas cuestiones sociales clave. A pesar de las profundas raíces del conservadurismo en gran parte de la sociedad latinoamericana, a estas alturas está bastante claro que hay una mayoría de personas —sobre todo jóvenes— que no toleran las rigideces del racismo y el sexismo. Si bien esto es cierto, también es cierto que la estructura objetiva de las relaciones económicas, como la naturaleza de la migración y el trabajo doméstico, reproduce todas las viejas jerarquías en formas que la gente podría no querer reconocer, y que mantienen la severidad del racismo y el sexismo. Béjar y Jackson estarían de acuerdo en que ni en Perú, ni en Chile, ni en muchas partes de América Latina, un/a intelectual podría hacer una defensa creíble de las ideas sociales reaccionarias.

Héctor Béjar no solo es un destacado intelectual de izquierda en América Latina, sino que, durante algunas semanas en 2021, fue el ministro de Relaciones Exteriores del presidente Pedro Castillo en Perú. La brevedad de su mandato se entiende por el escaso espacio de maniobra que tiene el gobierno de Castillo, ya que se ejerció una presión inmediata e inmensa para sacar de su gobierno al intelectual de izquierda más respetado del Perú. La base de esa presión es doble: en primer lugar, que la clase dominante peruana se mantiene en el poder a pesar de la victoria electoral de Castillo, un líder sindical y docente que se presentó con una plataforma mucho más a la izquierda de lo que ha podido poner en práctica, y, en segundo lugar, que Perú es, como dijo Béjar, «un país dominado desde el exterior». La palabra «extranjero» se entiende claramente en América Latina: significa Estados Unidos.

Aunque las y los intelectuales de la derecha tienen una visión desgastada —el más famoso de ellos es el novelista y profesor Mario Vargas Llosa—, son estxs escritores y pensadores quienes reflejan los puntos de vista de la oligarquía peruana y de los «backroom boys» de Washington, como los llama Noam Chomsky. Ser el espejo del poder permite que las ideas estériles de los intelectuales de derecha parezcan razonables y que estas ideas sigan dando forma a nuestras instituciones y estructuras socioeconómicas. Para quienes no lo sepan, Vargas Llosa apoyó públicamente la fallida candidatura presidencial de José Antonio Kast en Chile. El padre de Kast fue un teniente nazi y su hermano fue uno de los Chicago Boys que desarrollaron las políticas económicas neoliberales implementadas durante la dictadura cívico-militar de Augusto Pinochet, a quien Kast sigue alabando.

Si el debate sobre los grandes procesos sociales de nuestro tiempo favorece a la izquierda, no ocurre lo mismo cuando se trata de discusiones sobre el sistema económico. Como dice Béjar, «el mundo sigue siendo de los bancos». Son los intelectuales de los bancos —como los profesores que repiten las consignas de «liberalización del mercado» y «elección personal» como tapadera para justificar el poder, los privilegios y la propiedad de una ínfima minoría— los que controlan la propiedad intelectual y las finanzas. Los intelectuales de la banca no se preocupan por los profundos costos que paga el pueblo por sus ideas en quiebra. Cuestiones relevantes —como el abuso tributario mundial (que cuesta a los gobiernos casi 500.000 millones de dólares al año), los paraísos fiscales ilícitos que albergan billones de dólares improductivos y la gran desigualdad social que ha generado un sufrimiento masivo— rara vez figuran entre las preocupaciones de los intelectuales de la banca. Aunque la derecha sea «intelectualmente pobre», sus ideas siguen enmarcando la política socioeconómica en todo el mundo.

Resulta fascinante acercarse a las ideas de alguien tan erudito como Héctor Béjar. La profunda entrevista que aparece en nuestro dossier sugiere muchas líneas de investigación, algunas de las cuales requieren nuestra atención urgente para un análisis más profundo y otras que son simplemente puntos para anotar mientras construimos una evaluación adecuada de por qué las ideas de la derecha siguen siendo dominantes. Por supuesto, la razón más importante es que las fuerzas políticas de la derecha siguen teniendo el poder en la mayor parte del mundo. Estas fuerzas apoyan las ideas de la derecha con su generosidad a través de fundaciones, construyendo think tanks (centros de pensamiento) y financiando universidades para ahogar el análisis realista de los tópicos del poder. Béjar señala que el pensamiento intelectual en las instituciones académicas sufre de una cultura que desalienta el riesgo y —debido al retroceso de la financiación pública democrática— se vuelve adicto a los fondos de la élite poderosa.

Más allá de estas limitaciones institucionales, las ideas de la derecha prevalecen porque no se ha hecho suficiente recuento de lo repulsivo de la historia en dos ejes. En primer lugar, América Latina, al igual que otras partes del mundo antiguamente colonizado, sigue siendo presa de una «mentalidad colonial». Esta mentalidad sigue alimentándose intelectualmente de las ideas dominantes en Occidente y no de las ideas emancipadoras que existen tanto en el pensamiento occidental como en las largas historias de países como Perú (como la obra de José Carlos Mariátegui). Un ejemplo de cómo se manifiesta esta limitación, dice Béjar, es la forma en que entendemos la idea de «inversionista «. Resulta que en muchos países, como Perú, los principales inversores no son los bancos multinacionales, sino los y las emigrantes de clase trabajadora que envían remesas a su país. Sin embargo, cuando se habla de un «inversionista», la imagen que surge es la de un banquero occidental y no la de un trabajador o trabajadora peruana en Japón o Estados Unidos. En segundo lugar, países como Perú han dado impunidad a quienes participaron y se beneficiaron de la época de las dictaduras, durante la cual las élites se apropiaron de aún más riqueza de la sociedad que antes. Ninguno de los regímenes políticos de Perú desarrolló una agenda para desmontar el poder de las élites de la dictadura tras su finalización formal. En consecuencia, esas élites económicas extraordinariamente poderosas, con sus estrechos vínculos con Estados Unidos, siguen estando a cargo de las palancas políticas del Estado. El Estado peruano, dice Béjar, «es un Estado colonizado por las empresas», y «cualquiera que pretenda gestionar el Estado se encontrará con un Estado corrupto». Son palabras fuertes y contundentes.

La claridad de Béjar, y la de otros miles de intelectuales como él, son la prueba de que la batalla de ideas está viva. Lxs intelectuales de la derecha —caracterizados por su «gran mediocridad», como dice Béjar— no tienen vía libre para definir el mundo. Se necesitan debates serios para reivindicar un lado mejor de la historia. Eso es lo que hacemos en Instituto Tricontinental de Investigación Social.

Cuando escuchaba a Béjar hablar, me vino a la mente la última parábola de Espejos: Una historia casi universal (2008) de Eduardo Galeano, titulada «Objetos perdidos», me vino a la mente. Aquí está, un recordatorio de lo que se esconde:

El siglo veinte, que nació anunciando paz y justicia, murió bañado en sangre y dejó un mundo mucho más injusto que el que había encontrado.
El siglo veintiuno, que también nació anunciando paz y justicia, está siguiendo los pasos del siglo anterior.

Allá en mi infancia, yo estaba convencido de que a la luna iba a parar todo lo que en la tierra se perdía. Sin embargo, los astronautas no han encontrado sueños peligrosos, ni promesas traicionadas, ni esperanzas rotas.

Si no están en la luna, ¿dónde están?
¿Será que en la tierra no se perdieron?
¿Será que en la tierra se escondieron?

[Imagen: Greta Acosta Reyes (Cuba), 'Mujeres que luchan', 2020]