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18 de octubre de 2024

Perú: Memorias de González Viaña

Ronald Gamarra

Eduardo González Viaña acaba de publicar sus memorias bajo el título El poder de la ilusión. Se trata de un libro cojonudo, que se disfruta de principio a fin. No hay tiempo perdido en su lectura, que nos lleva por la experiencia de un autor que apostó por la literatura y el cambio social, un destino que refleja el de varias generaciones de la azarosa contemporaneidad peruana. En estos recuerdos y chispas se desenvuelven como líneas conductoras las grandes pasiones del escritor: las letras y humanidades, el amor, las causas del pueblo, pero está claro que el arrebato que las articula y les da un sentido de trascendencia es la literatura porque la presintió desde muy niño, desde que le contaba a su padre las películas que aquel no había terminado de ver, porque se quedaba dormido, y les cambiaba la trama y el final a su gusto, creyendo que su progenitor no se daba cuenta. La literatura le permite a Eduardo plasmar en arte y en “realismo alucinado” ese fuego originario que llama ilusión, el delirio de vivir y alborotar la existencia vulnerando los estrechos límites, los sufrimientos, las injusticias y las dolorosas frustraciones que suelen gobernarla. Lo proclama de modo rotundo: “Escribo porque no soy hábil en otras formas de hacer milagros y porque es la manera que más conozco de ejercitar el poder de la ilusión”. Lo anota con modestia quien ha sido capaz de convocar creativamente en una obra extensa y rica de contenido bulerías audaces y felices, ancladas en la sabiduría del pueblo, para corregir las miserias de la vida.

Es lo que percibimos en estas memorias exuberantes de vida intensamente vivida que, sin embargo, se cuentan de cabo a rabo sin arrogancia. Hasta los recuerdos dolorosos se evocan en páginas sin amargura ni rencor, más bien rescatando de lo ocurrido aquello que puede reafirmar la voluntad de vivir con alegría, no el gozo ingenuo del ignorante, sino aquel que permite trascender lo real. Así, cuando relata la prisión que sufrió por motivos políticos en los años sesenta, como consecuencia de su compromiso con la causa del pueblo, el autor nos conduce a través de aquella peripecia con una sonrisa. La experiencia debe haber sido atroz, lo sé por mi larga experiencia como abogado, y sin embargo debo confesar que no he podido evitar soltar una liberadora carcajada con las ocurrencias y anécdotas de esa carcelería, sus recuerdos sobre los personajes que le tocó tratar, empezando por la policía. Donde otro aprovecharía para adornarse con rasgos de héroe, González Viaña prefiere alegrarnos y darnos a conocer ese otro lado mágico de la vida que normalmente podemos intuir, pero tristemente se nos escapa.

Un rasgo que impresiona de estas memorias es el humor. Subrayo: el humor, no el chiste. Como han explicado los que saben, el humor y el chiste no son sinónimos ni equivalentes. El chiste busca un efecto instantáneo; en cambio, el humor es mucho más sutil, explora comunicar una visión insólita, divertida, subversiva o transgresora, y su efecto aspira a ser duradero. El chiste tantea una carcajada y solo eso; el humor pretende el asombro, el descubrimiento de una forma insospechada de ver la realidad. Las memorias de Eduardo rebosan de humor de cabo a rabo, ingenio fino y siempre penetrante, creador de nuevos territorios y significados. Así ocurre cuando recuerda a un cura español, regente del colegio donde estudiaba, que pesca a su alumno adolescente como lector precoz de González Prada, el abuelo anarquista de todos. El cura había visto el gran movimiento obrero anarquista de España alzarse en armas en defensa de la república y formar las milicias populares, y en su huida de esa manifestación del demonio no había parado hasta refugiarse en una provincia del lejano Perú. El cura procura reeducar a su cursillista hablándole pestes de los libertarios, sin sospechar en absoluto que cada vez que le mencionaba a ese peligroso revolucionario que fue Buenaventura Durruti, cabeza de tales milicias, no lograba otra cosa que despertarle más y más curiosidad y admiración por ese gran líder proletario. Sin proponérselo, el aterrado religioso resultaba irónicamente un eficaz difusor del luciferino anarquismo.

Es de destacar, también, la coherencia vital de González Viaña, su fidelidad a los ideales de justicia social que abrazó en su juventud. Las situaciones, la sociedad, las estrategias pueden haber cambiado, y mucho, obligando a repensar y reformular la acción, pero los principios originarios mantienen su vigencia mientras persistan la injusticia, la explotación, la opresión. Por eso conmueve el recuerdo persistente que dedica en sus memorias a Javier Heraud, Luis de la Puente, Paul Escobar, Juan Pablo Chang y otros de aquella generación que sacrificaron sus vidas en consecuencia con sus aspiraciones de justicia social. Conmueve precisamente en esta época en que la descarada coacción ideológica que ejerce la ultraderecha se esmera en avergonzar, acosar, insultar y, por último, terruquear e intimidar a quienes se atrevan a reivindicar a aquellos que, como los de Trujillo en 1932, se atrevieron a soñar y dar la vida por una sociedad mejor, que no es en absoluto ni tiene nada que ver con aquella, distorsionada por el dogmatismo y el culto a la personalidad, de Sendero Luminoso. Y es que González Viaña tiene a quien salir, siendo, como es, nieto de un montonero e hijo de un militante de aquellos que hicieron del Apra auroral un movimiento popular, revolucionario, renovador y radical, que no buscó la gloria personal y que, en cambio, estaba dispuesto a ir a la cárcel por sus ideales, de lo cual fue testigo el propio Eduardo, a sus escasos nueve años.

La evocación de su niñez nos habla de un espíritu literario en formación, alentado y favorecido por la fortuna de crecer en una parentela culta y ser parte de un tronco ilustrado, donde González Viaña descubre tempranamente su vocación con la lectura de los libros de la biblioteca familiar, ojeando con sus padres, descifrando junto con su abuelo La Divina Comedia, en castellano y en toscano, pues don Guillermo, que era agricultor, no un intelectual, evidentemente quería que su nieto sintiera el canto, la medida, el ritmo, la rima, del glorioso poema del Dante en su lengua original italiana. Aquel señor intuía certeramente que la poesía, en realidad, es intraducible. Y aunque ya la había disfrutado al menos dos veces, no duda en dedicar los siguientes dos años a leerla por tercera vez con Eduardo, abriéndole una puerta decisiva hacia la ilusión y la magia que gobiernan su vida hasta el día de hoy. La Divina Comedia, el Quijote y González Prada están en el inicio y el fundamento de su vocación de escritor, como también aparecen, supongo, Los cuentos de Las mil y una noches, pues en cierto punto nos habla de su fascinación por Sherezade, a quien luego buscaba en todas las mujeres que conocía. Sherezade, por lo demás, le había enseñado que, gracias a contar cuentos, había conseguido sobrevivir más de mil días a la decapitación que le tenía reservada el sultán, como a todas las antecesoras en su lecho; de todo lo cual González Viaña concluye que la literatura puede servir para algo tan práctico como salvar el cuello.

Estas memorias nos presentan a un escritor plenamente realizado, con harto mundo, y vaya que lo ha recorrido, dueño de una experiencia rica, inagotable. Tanto que, entre otras decisiones y aventuras, se ha ido del Perú, para siempre, varias veces en su vida; disfrazado de Roy Rogers entró a los Estados Unidos; fue rescatado por Rivero Ayllón en Teherán; ha puesto su corazón eternamente al lado de los perdedores; la hizo de contrabandista de libros e ideas subversivas en España; no cesa de publicar y hacer hablar al pueblo y sus personajes, a los zorros y las montañas; y, como Santiago, no celebra la lluvia sino que hace llover. Qué bueno que nos la comparta en este volumen que incita a la relectura y que es además cuantioso de páginas, lo que garantiza un estupendo y largo viaje hacia la ilusión y la alucinación.

Termino aquí mismo, no vaya a ser que Eduardo me sorprenda y sonría. No quisiera exponerme al riesgo de una demanda judicial. O a la aventura de una cicatriz en el lado derecho de mi frente. Porque la experiencia enseña a toda persona prudente que es mejor no meterse con sabios del norte, allá donde las profecías de Fátima se cumplen, allá donde las campanas siguen doblando, allá donde los bogas gomean a Mauro Mina y cantan con La Sonora Matancera, en fin, allá donde las bravas mujeres detienen ejércitos enteros y la muerte es una dama que se confiesa y rehúsa ser clandestina.

Fuente: Hildebrandt en sus trece, Ed 705 año 14, del 18/10/2024

https://www.hildebrandtensustrece.com/

22 de diciembre de 2023

UN NIÑO GOLPEADO Y TRISTE

Eduardo González Viaña

Según la historia bíblica, Herodes el grande, rey de Judea, ordenó la muerte de todos los niños de Belén que tuvieran menos de dos años. Lo hizo porque temía que, al crecer uno de ellos, le disputara el poder.

Ocho mil niños han muerto hasta hoy en la Franja de Gaza desde octubre último. En realidad, el conflicto bélico que en ese mes se inició ya ha terminado. Las fuerzas israelíes de ocupación están disparando sin encontrar mayores obstáculos frente a ellos.

Sus armas son incomparables. Pueden distinguir un blanco desde otro lado del mundo, pero se empeñan en meter balazos a los niños por los ojos, por la boca.

Esta es una performance superior a la de Herodes. En toda la historia universal, Netanyahu puede preciarse de ser un genocida refinado.

Si un niño de Gaza sobrevive, no encontrará a sus padres. Sus cadáveres probablemente se hallen entre las veinte mil personas asesinadas.

No es ese, sin embargo, el centro de atención de los invasores. La idea que los guía es destruir, según las órdenes que han recibido, en primer lugar, los hospitales y luego demoler los edificios que sirvan para el trabajo, la industria o simplemente la vida.

Esta situación no es de ahora. Aunque parecía que Israel respetaba la coexistencia con la gente de la Franja de Gaza, ya para el 2017 se había apropiado de las fuentes abastecedoras de agua y energía eléctrica y el coordinador humanitario de la ONU señalaba entonces que:

“La degradación de la situación se ha acelerado con más rapidez de lo que se preveía… Puede que Gaza ya sea inhabitable”.

Sin embargo, los palestinos y sus niños continuaron viviendo allí.

La situación actual es denunciada por todos lados. Según el papa Francisco: “Civiles indefensos están siendo bombardeados y tiroteados. Y esto ha ocurrido, incluso, dentro del recinto parroquial de la Sagrada Familia donde no hay terroristas, sino familias, niños, enfermos, discapacitados y monjas. Una madre y su hija fueron asesinadas y otras personas heridas por francotiradores cuando iban al baño”.

La cadena norteamericana CNN publica fotografías de niños abaleados o moribundos: “Amir Taha, de 20 meses, yace en silencio en la cama, con el pelo mullido hacia arriba y la piel, suave como la de un bebé, violentada por una herida abierta y dentada en la frente. Alrededor de uno de sus grandes ojos marrones se ven moretones.

Ahora es huérfano, dice su tía, porque sus padres y dos de sus hermanos murieron en un bombardeo israelí, uno de los ataques de la devastadora guerra contra Hamas en Gaza, que Israel lanzó después de que los milicianos llevaran a cabo ataques asesinos transfronterizos contra civiles israelíes el 7 de octubre”.

Si el afán de Benjamín Netanyahu es aparecer perpetuamente entre los grandes asesinos de la historia, ya lo ha logrado y con creces. A su lado tan solo habría que colocar a Nerón y a Hitler.

Lamentablemente, el Perú ha tenido gobernantes que también han incrementado esta sanguinaria lista, como es el caso de Fujimori, quien ordenó la esterilización de 200 mil campesinas, con amenazas, y hay que imaginarse cuántas de esas operaciones resultaron abortos criminales.


Además, pueblos enteros fueron arrasados. Fue una guerra étnica. Uno de los sicarios, al ser acusado de matar niños campesinos, dijo que lo hizo y lo haría porque al crecer esos niños se volverían revolucionarios.

La Nochebuena del 2023 exhibe un niño golpeado y triste. Sus padres no podrán tenerlo en un tibio pesebre. La matanza de inocentes es una historia ostensible e inocultable.

Alguien dijo que los santos inocentes están vivos hoy y siguen mostrando sus rostros perseguidos. Un niño golpeado y triste nace en esta Navidad.

https://elcorreodesalem.lamula.pe/2023/12/20/un-nino-golpeado-y-triste/eduardogonzalezviana/

3 de noviembre de 2023

Perú: EL ROMÁNTICO PARQUE DEL ALCALDE

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Eduardo González Viaña

“CUANDO OIGO LA PALABRA CULTURA, ECHO MANO A MI PISTOLA" rugía Joseph Goebbels, ministro de propaganda de Hitler. O murmuraban los franquistas mientras ordenaban enterrar en cunetas y fosas comunes a cientos de miles de españoles y, entre ellos, el poeta español más amado de todos los tiempos, Federico García Lorca.

Cultura era lo que cargaba y repartía Federico en una carreta de teatro, y eso es lo que los fascistas no podían tolerar.

Esta, y no otra, ha sido la “razón” del alcalde Rafael López Aliaga para su frustrado intento de cambiar de nombre al Parque de la Cultura en Lima.

Se ha protestado contra este disparate, aduciendo que fue cometido para ofender la memoria de uno de los intelectuales más ilustres del siglo XX, pero sinceramente no lo creo. Es decir, no creo que el alcalde de la capital sepa quién ha sido el maestro, el escritor, el político Luis Alberto Sánchez. Es atribuirle demasiado conocimiento…y eso…oh Dios mío, significa cultura.

La ultraderecha que gobierna el Perú, y a la que pertenece el alcalde, mira con sospecha todo lo que suene a cultura. En la clase gobernante de hoy no solamente no aparece un LAS sino que tampoco existirían Haya de la Torre, Mariátegui o González Prada para fundar y dar el empuje a partidos políticos y grandes movimientos sociales.

En el Congreso del Perú, no hay verdaderos partidos políticos sino vientres de alquiler y clubes sin una filosofía, un credo ni un programa que se forman con ocasión de las elecciones… y cuyos militantes se puede pasar al grupo de enfrente porque son intercambiables.

Más todavía, López Aliaga se ha proclamado líder de ese “pensamiento” y esbozado como futuro del Perú una suerte de teocracia en la que el Congreso y el Ejecutivo estarán gobernados por él, en representación del ser supremo.

¿Por qué no? Pertenece al Opus Dei, ha declarado ser casto, e incluso, se infiere lesiones mediante el uso del cilicio. No se le puede exigir que además lea a Hume, Kant y Kierkegaard en sus textos sobre los fundamentos de la religión.

Hace un par de años, los medios difundieron el gran peligro denunciado por el “sabio” fujimorista Bienvenido Ramírez, quien en ese entonces fungía de congresista: “Existe – declaró- una enfermedad que se llama síndrome de Alzheimer, que se da en aquellas personas que estudiaron mucho y que leyeron mucho, y uno de ellos son los profesores”.

Y POR ESO, DESDE UNA CLASE DE SERES HUMANOS QUE NO LEEN Y DESDE UN CONGRESO ILETRADO SE HA PRETENDIDO CREAR UNA SOCIEDAD DE MERCADO QUE MÁS BIEN TIENE LA ESTRIDENCIA Y LA FACHA PLEBEYA DE UN MERCADO DE VERDURAS.

!YA BASTA, MALVADOS!

Como a Goebbels, lo que les falta de cultura les sobra en perversidad y andan “terruqueando” a los que leen y piensan. Reviven los recuerdos de la guerra interna del siglo pasado y su objetivo son los supervivientes de ese conflicto aunque hayan pagado sus condenas…o a cualquiera que lea.

Si se cumplen sus planes, en estos días, terminarán de apoderarse del Poder Judicial y, como ya lo han anunciado harán que el Perú se retire de los organismos internacionales que todavía pueden protegernos.

¿Qué hacer en un sociedad que se proclama ágrafa?--- Supongo que se puede leer a escondidas y creer en la supremacía cultural y moral de los que piensan. “La conquista del poder cultural es previa a la del poder político”, proclamaba Gramsci y a eso deben postular las izquierdas. Seguir leyendo y escribiendo antes de que nos suban al cadalso en algún parque del alcalde.

https://elcorreodesalem.lamula.pe/2023/10/28/el-romantico-parque-del-alcalde/eduardogonzalezviana/

19 de noviembre de 2021

Teología de la liberación: para hablar con Dios

Eduardo González Viaña

“Este es el momento en que debo pedirles que recen el Padre Nuestro. Sin embargo, da lo mismo que reciten un poema de César Vallejo o canten La Internacional”.

Estábamos en misa por mi amiga Diana. El padre José Antonio “Chiqui” Mantecón nos hacía ver que para hablar con Dios, cualquier manera es buena.

Jesuita y nacido en Zaragoza, el padre Chiqui ha trabajado en diversos pueblos jóvenes del Perú. Cuando llegó al Agustino en 1984 había 37 pandillas y cada día se daban enfrentamientos a tiros, a pedradas o a machetazos.

Con estos jóvenes conflictivos, formó grupos de músicos como “Los Mojarras” o “La Sonora del Amparo Prodigioso”, los hizo conocidos, les consiguió a muchos un puesto de trabajo y logró formar una comunidad ejemplar entre los jóvenes.

Por fin, armó con ellos un equipo de fútbol y los llevó a Madrid, donde participaron en un  triangular Sub 13 de fútbol 7, con un equipo chileno y el mismísimo Real Madrid.

No terminó allí su misión. Mientras en Ayacucho el padre Cipriani colocaba en su parroquia el avisito de “No se atienden derechos humanos”, Chiqui entró en las cárceles y ayudó a las familias de los afectados por la terrible guerra interna que terminó el siglo pasado.

Como él, hay centenares, tal vez miles de sacerdotes peruanos que se acercan a todos y hablan el lenguaje de todos. ¿Ha cambiado la religión? No. Es la misma. Es el cristianismo. La Iglesia es la que está cambiando, la que está recuperando su acento inicial.

Se cumplen cincuenta años de la publicación de “Teología de la Liberación”, la obra del sacerdote peruano Gustavo Gutiérrez.

La opción preferencial por los pobres, que proclama ese libro, hace ver que la salvación cristiana no puede darse sin la liberación económica, política, social e ideológica que son los signos visibles de la dignidad del hombre.

El libro clama por la necesidad de suprimir la explotación, la falta de oportunidades y las injusticias de este mundo. En uno y otro lado, hombres y mujeres de diversas comuniones religiosas se han unido a este clamor y han comenzado a entenderse.

Por supuesto que defender el verdadero evangelio de Cristo no es fácil. Como lo dijo el propio teólogo Gutiérrez: “Hoy defender a los pobres conduce a la muerte en América. Y eso nos hace recordar al Cardenal Romero y a Martin Luther King,

Y aunque no es fácil, ésa es la línea que conduce la voz y la acción del papa Francisco, y ello explica además el rechazo que algunos hacen de su palabra.

Los defensores del orden establecido han jurado siempre que representaban a la sociedad occidental y cristiana. Ahora ya no lo pueden hacer, porque la propia Iglesia les dice que el camino de un cristiano es bien diferente.

Sin argumentos, y negada ya su filiación cristiana, los enemigos de la religión que predicara el humilde hijo de carpintero están tratando de estigmatizar a todos aquellos que de verdad lo siguen.

En nuestro país incluso, una guerra que terminó en las postrimerías del siglo XX está siendo resucitada hoy casi medio siglo después para llamar con el nombre de “terruco” manera alevosa a cualquiera que tenga una opción crítica a la suya. Hasta el Papa ha sido llamado así.

Cincuenta años después de proclamada la teología de la liberación, el odio de unos o la indiferencia de otros, no la ha hecho morir. Hoy está más vigente que nunca en cualquier lugar y sobre todo en un país donde si le das la mano a un ciego para cruzar la calle te pueden acusar de comunista.

Chiqui nos explica que para Dios, todo ser humano es único, valioso y digno de cariño y de compasión, aunque no siga las normas a las que la sociedad nos ha acostumbrado. Es bueno abandonar la apatía y hablar con Él de vez en cuando.

25 de diciembre de 2020

Perú: ¿Dónde está Dios?


Eduardo González Viaña

Durante los días del holocausto, dos rabinos se conocieron en el campo de concentración de Dachau, uno era polaco y el otro, francés. Anciano ya, este último vivía en California cuando yo llegué como profesor de Berkeley en 1990, y fue él quien me contó esta historia:

En París, la resistencia había sostenido una balacera con los nazis ocupantes. El encuentro produjo la muerte de todos los milicianos y también la de un alto mando de la Gestapo.

Desde Francia, salió la orden. En cada uno de los campos de concentración, había que vengar al nazi muerto. La represalia no iba a traer consecuencia positiva alguna para los alemanes toda vez que, si se trataba de una lección, los judíos internados no iban a poder asumirla. Estaban en el campo, y no iban a salir de allí sino convertidos en cenizas.

Se situó a los prisioneros en líneas circulares. Parecía una función de circo.

De pronto, un grupo de guardias comenzó a buscar entre los asistentes. Ubicaron a un joven de contextura atlética. Lo llevaron hasta un tabladillo que habían levantado en el centro del campo.

El joven obedeció todas las órdenes que se le daban. Bajó la cabeza, y le rodearon el cuello con una cuerda. Sin decir palabra, el prisionero cerró los ojos y quizás se encomendó a Dios.

Isaac, el rabino francés, me dijo que también cerró los ojos esperando que todo terminara en unos minutos, pero no fue así. La perversidad de los nazis había convertido a la horca en un juguete. De alguna forma, habían logrado que la cuerda no se terminara de cerrar y que, de esa manera, torturara por más tiempo a su víctima.

Isaac no pudo soportarlo. Se acercó al rabino polaco, y le dijo:

-¿Dónde está Dios?…?

Su interlocutor se quedó un instante sin responder. Luego, levantó la mano derecha y señaló al hombre atormentado.

-Allí está.-dijo.- Allí está Dios.

He recordado esta historia varias veces. Ahora lo hago en las vísperas de la Navidad del año más triste del siglo.

La pandemia se ha originado por razones naturales todavía desconocidas. Sin embargo, también las hay algunas que provienen de la perversidad humana.

En los días presentes nos afecta otra peste y ésta proviene de perversos. No una sino muchas.

La primera que se nos viene a la memoria es la que se originó en los días de noviembre. Ante el golpe de Estado, una mayoría juvenil -sin inspiración de partido alguno- se había manifestado para exigir el retorno al orden constitucional. Al parecer, los golpistas de Merino ordenaron una represión bestial, y ello ocasionó decenas de heridos y dos muchachos muertos. Es obvio que las autoridades espurias -y no necesariamente los policías son los culpables.

¿Qué viene después? En el pensamiento de algunos hombres públicos una barbaridad se oculta con otra, y se ordenó el encarcelamiento de unas 70 personas a quienes se acusa de pertenecer o hacer apología de un movimiento subversivo derrotado en el siglo pasado. Ellos no tienen quién los defienda porque los organismos de derechos humanos, al parecer, desean establecer tajante diferencia con los derrotados. ¡Por Dios! Denunciar un abuso no significa identificarse ideológicamente con la víctima sino creer en la superioridad ética de la democracia.

¿Y qué viene ahora? El tema de la vacuna. Cuando ya otros países de la región se aprestan a inmunizar a sus ciudadanos, nosotros no la tenemos porque al parecer, el Ejecutivo vacado se pasó de timorato y el Congreso, por su parte, demoró las decisiones con argumentos seudocientíficos y, por fin, con el golpe de Estado.

17 de enero de 2019

No tenemos pastor, padre Francisco

Eduardo González Viaña

Carta del autor al papa Francisco, con duras críticas que grandes sectores ciudadanos le hacen al cardenal Juan Luis Cipriani, quien, según las normas eclesiáticas, renunció el 28 de diciembre, al cumplir 75 años, al cargo de arzobispo de Lima. La dimisión, según la tradición, puede o no ser aceptada por el Papa, cuya decisión no tiene plazo.

Santo Padre:

Soy un escritor peruano. Le escribo esta carta en relación con la renuncia de monseñor Juan Luis Cipriani al Arzobispado de Lima. Quiero expresarle, el tipo de pastor que la mayoría de los peruanos quisiéramos tener.

En el Perú, hay dos crisis graves

Una, la corrupción que involucra a todos los presidentes de este siglo y a centenares de funcionarios. Ella ha degradado nuestros proyectos de felicidad colectiva, expresado en partidos políticos, y los ha convertido en apéndices subsidiados de las transnacionales del capital.

La otra crisis es la perversidad

Terminado hace más de 20 años el conflicto armado interno, los condenados por terrorismo han sufrido prisiones casi equivalentes a las de enterrados vivos, y los que lograron salir al cumplir el tiempo de sus largas condenas, han visto sus penas incrementadas con una nueva ley de muerte civil que impide a los más de ellos trabajar en sus profesiones. Justicia sin misericordia es crueldad: decía Tomás de Aquino.

No tenemos pastor

Durante la dictadura de Fujimori y durante una guerra que dejó 70 mil muertos, monseñor Cipriani, en vez de actuar como pastor de la reconciliación y de la paz, hizo de sacristán y apologista del tirano, y trabajó por la reelección indefinida del mismo.

Un letrero en la puerta de su obispado en Ayacucho advertía: “Aquí no se atienden reclamos de derechos humanos” para espantar a las hijas, mujeres o madres de quienes estaban siendo “investigados” en el cuartel. Las informaciones actuales muestran que esa dependencia militar se convirtió en centro de tortura e inmenso cementerio.

Monseñor Cipriani no es el pastor que necesitamos

El desprestigio que acarrea su alianza con los corruptos ha disminuido la presencia de la Iglesia católica en las regiones y poblaciones pobres del país. Ese espacio está siendo ocupado por las iglesias evangélicas.

Ahora es evidente la alianza de monseñor con los más intolerantes líderes protestantes en sus campañas contra la igualdad de la mujer y diversos aspectos de la educación peruana. Esos poderosos sectores tienen una definida agenda política de toma del poder que ya ha obtenido frutos en otros países latinoamericanos.

El último día del 2018, las dos crisis tuvieron expresión en el Perú. La de la corrupción explotó cuando el ominoso Fiscal de la Nación destituyó a dos heroicos fiscales que están investigando el caso Odebrecht.

Necrofilia en Lima

La otra se dio en un modesto cementerio de Lima. Allí estaban enterrados varios de los presos acribillados en 1986 por el Gobierno. Sus familiares habían levantado una pequeña construcción de adobe. Los que allí reposaban tuvieron una segunda muerte el último día del 2018 cuando, en mérito de una ley del Congreso, se les desenterró y se dinamitó sus nichos.

Se ha dicho que los muertos eran “terroristas”, pero eso es irrelevante. Los muertos son sencillamente muertos y merecen respeto.

La necrofilia y la barbarie son prácticas que el Deuteronomio (18- 10,11) prohibiera así como otras leyes bíblicas que son válidas incluso para quienes olvidan el viejo mandato de amarnos y perdonarnos los unos a los otros.

“Donde no hay justicia, misericordia ni benevolencia, no hay civilización”, dijo una vez nuestro gran pensador Manuel González Prada. Necesitamos un pastor que lo sepa y que no expulse la compasión de su corazón. Dios nunca lo haría.

Santo Padre: soy católico y socialista, y creo que la propuesta socialista es necesariamente teológica. He ganado algunos premios nacionales e internacionales de literatura, pero el mayor sería saber que he sido escuchado por usted.

21 de noviembre de 2018

David, Goliat y el inmensurable García

Eduardo González Viaña

El gigantesco y poderoso expresidente se encuentra por primera vez en el centro de la telaraña. El sistema de justicia se redime con fiscales como José Pérez y jueces como Richard Concepción Carhuancho.

Todos conocemos la historia de David y Goliat.

Con fuerzas infinitamente superiores, los filisteos habían sitiado a los israelitas. Había entre los invasores un soldado mercenario de gigantesca estatura llamado Goliat. Según la Biblia, medía 2 metros 90.

Más de 40 veces, entró Goliat en el campo sitiado y allí, echó bravatas, y regresó tranquilamente al lugar de donde había salido.

Sin embargo, el joven pastor David rogó al rey Saúl que le permitiera entrar en su ejército y retar al enemigo.

Aparte de su gigantesca estatura, Goliat llevaba una armadura de más de cincuenta kilos. Simplemente su espada pesaba más de seis kilos. Todo su cuerpo estaba cubierto de acero, excepto su frente.

Ataviado con una ligera túnica, David entró en el campo y llamó al enemigo. Frente a él, comenzó a correr con agilidad de uno a otro extremo. El gigante no paraba de gritarle que dejara de moverse y que se acercara más, lo cual trataba de evitar el joven por todos los medios.

Al final, David se puso de rodillas apuntó con su honda y acertó en la frente de Goliat quien cayó muerto. La inteligencia derrotó a la fuerza y a la prepotencia.

Se parece muchísimo a lo que está ocurriendo en el Perú. Cuando las evidencias de sus latrocinios, lo señalaban, el expresidente Alan García ha entrado y salido de nuestro país más de 40 veces. Todo el tiempo, se ha burlado de quienes reclamaban que la justicia fuera igual para todos.

Si las exacciones de García se calculan en decenas de millones de dólares, sus actos sangrientos hacen de él, el culpable de la masacre de los penales, una matanza de 300 presos rendidos que organizaciones políticas y académicas del Perú y del extranjero, incluido cualquier buscador de Internet califican como “el asesinato masivo más grande durante la lucha contrasubversiva”.

Se debe recordar también, como suyas, la masacre de Bagua y el repase de los prisioneros y heridos en el combate de Los Molinos. En aquella ocasión, caminó pisoteando cadáveres.

Criminal de lesa humanidad y con las manos manchadas en la sangre de quienes no podían defenderse, Alan García ha burlado la acción de la justicia una y otra vez. Hace casi 30 años eran evidentes sus robos en la construcción del tren eléctrico de Lima. Sin embargo, tuvo el cinismo de reclamar asilo político en otros países -a pesar de que ya era reo contumaz- y regresó tan solo cuando sus delitos ya habían prescrito.

Sospechosas vinculaciones judiciales lo han hecho inmune a la acción de la justicia en un país en el cual la corrupción judicial se hizo evidente hace poco cuando se descubrió una red liderada por magistrados del más alto nivel para apoderarse de ese poder de la República.

Ahora, el gigantesco y poderoso expresidente se encuentra por primera vez en el centro de la telaraña.

José Domingo Pérez, el fiscal que lo acusa, lo trajo desde España y luego amplió la investigación preliminar que le sigue por los presuntos delitos de lavado de activos y colusión agravada. Además ha solicitado que se le impida salir del país.

Aunque, por cierto, existen muchos otros como ellos, el Poder Judicial se redime hoy, además de Pérez, con algunos jueces y fiscales heroicos como Richard Concepción Carhuancho, Rafael Vela. Los tres son objeto de duras represalias, de peligrosos seguimientos y de acusaciones sin pies ni cabeza.

Alan García no ha cesado de gritar ante los periodistas ¡Imbéciles, imbéciles!… Y repite que ha entrado al Perú más de cuarenta veces para ser investigado. Es el mismo número de veces en que entró Goliat en el campo de los israelitas.

Y curiosamente, cualquiera de estos tres magistrados jugaba en la escuela primaria cuando ya García era presidente del Perú.

La Biblia no dice cuánto pesaba Goliat, pero es evidente que el peso conjunto de Pérez, Vela y Carhuancho no alcanza a los kilos del inmensurable expresidente. ¿David y Goliat en el Perú?

7 de noviembre de 2018

La sociedad perversa

Eduardo González Viaña

Es tan dolorosa la cárcel para la señora Fujimori y sus familiares próximos como lo es para cualquiera de las internas.

Hace cuatro días, Keiko Fujimori ha comenzado a cumplir prisión preventiva en el Penal Anexo de Mujeres de Chorrillos que fuera construido por Alberto Fujimori para recluir ahí a las mujeres acusadas de terrorismo.

La fecha de su ingreso es la misma de la inauguración del penal, y esto en vez de una coincidencia parece el cumplimiento de la sentencia evangélica según la cual: “De la manera que juzgas serás juzgado y con la misma vara que mides, serás medido” Mateo 7:2.

Es tan dolorosa la cárcel para la señora Fujimori y sus familiares próximos como lo es para cualquiera de las internas.

La diferencia entre ellas estriba en el hecho de que en este caso todos hemos sido testigos, minuto a minuto, de la audiencia. Al final, ni los propios abogados del fujimorismo le han encontrado defecto procesal alguno y se han limitado a recusar la capacidad del juzgador.

Tanto ellos como cualquiera de nosotros ha quedado seguro de la fortaleza de la argumentación fiscal, la plena libertad de la defensa y la solidez irrefutable del veredicto.

Lamentablemente, no fue así con las originales destinatarias de esta cárcel. Su ingreso las más de las veces fue fruto de “procesos” que duraban una hora con jueces encapuchados, denuncias sin prueba y defensores indefensos, todo lo cual generó la condena de la Corte Interamericana de Derechos Humanos y el repudio de la humanidad civilizada.

Los abogados: Así lo cuenta la abogada defensora de Derechos Humanos, Gloria Cano: “Me parece que fue 1993 cuando visité como abogada a una mujer que era acusada de terrorismo. Las pruebas en su contra: tener amistad con una persona que era seguida por la policía como sospechoso. La intervinieron, le encontraron dos revistas del IDL, y pidieron 20 años de prisión para ella con estas dos pruebas”.

“Todas permanecían 23 horas y media en la celda, y solo 30 minutos de patio. Una vez al mes tenían derecho a visita…”

“Ahí conocí a la hermana de uno de los desaparecidos del Santa. Su crimen: haber visto el rostro de uno de los asesinos y decir que podía reconocerlo…”

“Ambas salieron libres luego de batallas legales. Como abogada solo podía visitarlas por media hora, no podía leer el expediente, sino solo hasta antes de hacer el alegato”.

LOS HIJOS

Por su parte, Abel Gilvonio cuenta su experiencia como hijo que visita la prisión:

“Nos hacían bajar el pantalón. Desnudos, metían sus manos para ver si llevábamos algo en el cuerpo, entre las piernas, jamás encontraron nada. En estas visitas andábamos con mi hermana, ella entraba a una revisión y yo a la otra puerta… Al salir sabíamos que no éramos los mismos, en algo se había dañado nuestra humanidad.

Lo real es que ese tiempo nadie o casi nadie se horrorizaba por lo que ocurriera con nosotros, los hijos. Seguro muchos pensaban que éramos “subversivos en potencia”.

Lo lamentable es que todo esto no es solamente pasado. Las huestes de Fujimori en el Congreso han prolongado el terror en las cárceles… y fuera de ellas.

Una vez más, diré que me parece desalmado que, luego de que los presos salieran en libertad, se haya dado leyes retroactivas contra ellos que les prohíben ejercer diversas profesiones. Hombres y mujeres que perdieron todo lo que tenían no pueden ahora ganarse el sustento ni mantener a los suyos.

Durante el conflicto interno, se identificó la seguridad y el orden con la muerte. Se convocó por ello a los profesionales de la muerte y se les dio carta blanca para que actuaran.

Se argumenta que la razón de estas medidas es la seguridad y el orden. Todos ansiamos eso, pero no a costa de construir una sociedad perversa.

10 de noviembre de 2014

Usted no es el asesino

Eduardo González Viaña

Usted no es el asesino, Norbil.

Usted es un matón humilde o un modesto malvado, pero no el asesino. Usted no mató a Fidel Flores Vásquez en Cajamarca.

Usted y yo y todo el Perú sabemos quiénes le proporcionaron a usted las armas y quienes lo hicieron inimputable, son quienes han hecho posible este crimen.

Usted, Norbil, debe de ser tan pobre como lo era Fidel y tal vez de niño era tan desdichado como los hijos y los nietos que se han quedado sin él, pero a usted le enseñaron que los intereses de los que tienen más son más importantes que la vida de los pobres como usted.

Más aún, allá en Cajamarca aprendió que si usted demuestra ser feroz, la minera lo contratará en sus horas y días libres, y ellos sí que pagan bien.

Hay un video, Norbil, que revela lo que algunos de sus superiores le enseñaron. Está tomado en julio de 2012 en la plaza de armas de Cajamarca. Una mujer que ha sido apaleada le pregunta llorando a un oficial de la Dinoes: ¿Por qué nos tratan así?. Y la respuesta es: “porque ustedes son perros, pues, conchatumadre” (youtube/n9bvolw-zxi)

Tal vez usted sea cajamarquino y no cree ser un perro, pero usted es un hombre obediente. Y por eso, quizás ha participado también en la represión de el Perol, en el desalojo de la familia Chaupe, en los golpes contra los abogados, en las torturas contra Lizeth Vásquez de 17 años, a quien por resistirse, la han acusado de desacato a la autoridad, en la muerte de cuatro personas en Celendín y una en Bambamarca… ¿Quiere que siga contando?

O tal vez usted ha sido llevado para allá desde otras regiones para preparar la última embestida a sangre y fuego que las empresas mineras lanzarán contra quienes no los quieren allí. Esa será su venganza contra los cajamarquinos por haber votado en mayoría aplastante a favor del candidato que ellas no querían y a quien metieron en la cárcel para que perdiera.

Y por todo eso, usted estaba entre las decenas de policías bien armados y equipados, y junto a ustedes se hallaban los matones civiles que se enfrentaban contra un hombre,- ¡Uno solo!- que estaba de pie sobre el techo de su casa para defenderla.

Excelente puntería la de usted Norbil. Apuntó y le dio en el pecho. Y después le dio en las extremidades, en el estómago, en la boca y en el resto de la cara hasta que le saltara un ojo. … Y cuando lo vio caído comenzó a patearlo e hizo lo mismo, lo mismo con su esposa y con sus hijos… Usted fue el ejemplo de muchos de sus compañeros, pero usted no es el asesino, Norbil.

Lo son quienes, adrede, han elaborado leyes criminales desde 2002 hasta el decreto legislativo 1095 de Alan García y la ley 30151 que declara inimputables a ustedes si es que matan o hieren a un civil durante una protesta.

Y seremos cómplices de ese crimen y de los que sigan, todos los peruanos si es que no nos plantamos a pedir la derogatoria de esa ley que hace de nuestra patria un estado terrorista. Ningún país civilizado tiene dispositivos legales similares ahora, y por su parte, el Papa Francisco la semana pasada ha declarado, que es solidario con los movimientos populares que defienden la tierra, el agua y la felicidad de todos.

El actual presidente peruano ha declarado que la muerte de Fidel “es una vergüenza”. Solo tiene entonces el camino de derogar la ley. Tal vez los legisladores no querían aplicarla. Tan solo deseaban asustar a los cajamarquinos, pero ya se sabe que los cajamarquinos no nos asustamos. Lo digo en primera persona porque tengo sangre cajamarquina por angas y por mangas, y porque además, hoy todos los peruanos somos cajamarquinos.


http://diariouno.pe/columna/usted-no-es-el-asesino/

8 de agosto de 2013

El Congreso y los servicios higiénicos


Eduardo González Viaña

Hace unos años en una tapa de Sevilla tuve un problema. Cuando intentaba ir a  los servicios higiénicos, me encontré con dos puertas pequeñas, pero no sabía cuál de ellas conducía al lugar donde yo pretendía ir.

En vez de los dibujitos de un hombre o de una mujer, o de las iniciales correspondientes, una de las puertas ostentaba una “S” y la otra, una “C”. Me pasé un cuarto de hora tratando de averiguar lo que esas letras significaban. Pensé que tal vez la letra “S” significaba solteros en tanto que la “C” quería decir casados. Pero no era así.

Por fin, desesperado volví a la mesa pero no tenía suficiente confianza con mis amigos para indagar lo que me interesaba. Varias veces repetí mi viaje a los servicios, pero los resultados fueron los mismos.

Al día siguiente, un generoso y anciano urólogo andaluz, don Matías Trejo De Dios, me explicó que yo no estaba sufriendo de problema alguno relacionado con su especialidad. Me hizo saber que la “S” significaba señoras y que la “C” quería decir caballeros.

Frente al Congreso del Perú, nos ocurren los mismos problemas. No sabemos quién es quién.

En los parlamentos del mundo civilizado, desde la época de la Revolución Francesa, puede distinguirse cuál es la izquierda o cuál es la derecha, quiénes son los liberales y quienes los conservadores, a quienes se llama republicanos y a quienes demócratas, quienes son los tories y quiénes son los whighs. Además, cada grupo conoce su propia identidad y sabe lo que debe defender. Por una suerte de contrato con los electores, saben estos lo que se puede esperar de sus representantes, y los representantes están obligados a cumplir con lo que prometieron.

Eso es imposible en el Congreso del Perú. En principio, no hay partidos políticos sino clubes que se forman con ocasión de las elecciones y en los cuales hay que pagar una buena cantidad de dólares a las cúpulas que venden las candidaturas.

Los membretes y las siglas nada significan. Tampoco tienen valor los nombres que se refieren a viejos partidos o tendencias internacionales. ¿Cómo se puede ser nacionalista de nombre y dar protección política y militar a las corporaciones que contaminan la tierra y las aguas de los peruanos de los andes? ¿Cómo se puede ser heredero de los mártires apristas que padecieron prisión y luego ordenar la ejecución de los prisioneros políticos vencidos?

Aparte de nobles excepciones, ¿cómo se puede saber quién es de izquierda y quién de derecha en el parlamento peruano si todos se entreveran en una infame repartíja?

En los congresos de cualquier país, se es de derecha cuando se defienden el orden, las jerarquías, la propiedad sin límites y cuando por fin se predica el conformismo y el egoísmo, el sálvese quien pueda.

En el otro lado, se es de izquierda cuando se pelea por la justicia, la libertad, la igualdad y se hace valores permanentes del inconformismo y el altruismo verdaderamente cristiano. Entre esas antípodas, es necesario elegir. Nadie puede decir que no es de izquierda ni de derecha sino de adelante, de atrás, de abajo o de arriba.

¿Sistema de partidos en el Congreso? ¿Se puede llamar sistema de partidos a lo que en cualquier otro lugar es un cártel?

Pronto van a aprobar una ley del negacionismo que traerá por los suelos las libertades fundamentales. Está en carpeta también la anulación del voto preferencial, hecho que permitirá a las cúpulas vender a mejor precio sus candidaturas.

Las grandes movilizaciones que se han producido en estos días en Lima y en otras ciudades del Perú no tienen representantes en el Congreso, y los inquilinos de esa casa se han quedado sin representar a nadie.

Con honrosas excepciones, repito, la maraña del Congreso del Perú no involucra sino indigencia mental de nuevos ricos, semi analfabetos y gañanes. Cansados de no saber cuál es la “S” y cuál es la “C” en ese parlamento mínimo, las masas lo están rodeando.


http://www.elcorreodesalem.com/2013/07/27/el-congreso-y-los-servicios-higienicos/

28 de mayo de 2013

Los mellizos diferentes


Eduardo González Viaña 


Se parecen en mucho, pero no en todo. A uno y a otro los llamaban “el chino”.

Ambos fueron terroristas. Ambos fueron genocidas. Ambos eran sumamente ignorantes.


Ambos desindustrializaron a sus países, e impusieron a sangre y fuego un orden neoliberal por encargo de otros.

Se parecen en casi todo, pero se diferencian en algo muy importante. Videla aceptó las penas impuestas sin pedir clemencia y tomó sobre él toda la culpa.

Al responsabilizarse en su condición de comandante en jefe, el argentino salvó para la historia el honor de las Fuerzas Armadas de su país en cuyas filas militara el bravo y honesto libertador José de San Martín.

Fujimori no cesa de pedir clemencia. Entre dos hombres pequeños, éste es insignificante.

Lo más grave: Fujimori ha intentado a través de toda su estrategia judicial, inculpar a la fuerza armada de los delitos que él mismo planeó y ordenó desde Palacio.

Si Fujimori recibe ahora el indulto, la historia le pasará los platos rotos a quien no corresponde. En la práctica, el reo está conminando a un presidente de origen militar para que lo salve del peso de su culpa y se la pase al ejército. El reo y sus hijos basan sus razones en la salud y la supervivencia. Sin embargo, su rollizo aliado tiene otras razones. Él está pensando en las próximas elecciones en las que llenará de improperios al actual presidente constitucional.

Terroristas y genocidas, Videla y Fujimori tienen decenas de miles de muertos en su haber. Al argentino se le ha probado y condenado por el robo de bebés, el fusilamiento de presos y otras bestialidades sin fin. No tan solo la Argentina, todo el mundo tiene presente la imagen de los presos que son subidos a helicópteros, torturados allí y arrojados a las aguas del Río de la Plata. En los archivos televisivos, en el Youtube, cualquier persona de París, Londres o Nueva York puede ver y escuchar ahora mismo el testimonio de los jóvenes que, cuando bebés, fueron arrancados del vientre de la madre y vendidos. Argentina no es un país secreto.

Tampoco es secreto el Perú. En Roma, Ginebra, Madrid o en Washington, quien lo desee puede entrar en Youtube y escuchar a las mujeres que fueron esterilizadas contra su voluntad. Puede enterarse de cómo una guerra civil fue convertida en una guerra étnica y de qué manera decenas de pueblos fueron arrasados o de cómo los cadáveres de los torturados fueron enterrados en los cuarteles.

Videla y Fujimori no fueron el poder, sino su brazo armado. Traidores, cumplieron órdenes extranacionales. Su misión era instaurar una economía neoliberal en la que el Estado fuera despojado de sus bienes y funciones. El encargo era que aquel fuera privatizado para beneficiar al gran capital transnacional, a las corporaciones foráneas y a sus socios locales.

Para efectuar ese encargo, tenían que arrasar la institucionalidad e imponer el pánico. Este y la perversidad son los mejores medios “de persuasión” que conocen los gobiernos terroristas.

Videla y Fujimori se parecían en todo, pero no en todo. Ya se sabe hoy que el dictador japonés debe a su alianza con Montesinos, el hecho de ser ahora uno de los hombres más ricos del mundo. Por supuesto, no era un “caído del palto”. Por eso, se entiende el cariño que le profesa ahora el autor de la teoría de que “la plata llega sola”.

Por su parte, el argentino era un genocida austero. No bebía. No era ojo vivo. Comulgaba con frecuencia. No se ha hablado de millonarias cuentas a su nombre en el exterior. Probablemente creía que la sangre derramada de otros lleva al cielo. Videla era algo así como un violador casto. En eso, estos mellizos no se parecen.


http://www.elcorreodesalem.com/2013/05/24/los-mellizos-diferentes/