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17 de junio de 2025

Perú: Dina, el feminismo te repudia

Rocío Silva Santisteban

"Fue su genuflexión ante el poder del fujimorismo que la puso en ese puesto para deshacer la democracia desde adentro"

Hoy el feminismo en el Perú no está solo en las ONG de Lima. El corazón y las venas que palpitan en diversas regiones de nuestro país con movilizaciones en Cusco, Huamanga, Moyobamba o monitoreos de feminicidios en Tacna y batucadas en Arequipa y Huancavelica son quienes le dan su oxígeno y sangre al feminismo peruano. Jóvenes quechuahablantes que activan en Wayra Warmikuna (Apurímac), o poetas que toman las calles como La Nueva Equitativa, en Cusco –claro homenaje a Clorinda Matto de Turner– o el Colectivo Trenzar en Lima, con la apuesta de una casa abierta, entretejen una nueva cara, poderosa, verde, joven y diversa, que ha cambiado radicalmente al feminismo peruano y a sus instituciones.

Desde esos nuevos aires, las colectivas, espacios fundacionales y feminismos diversos han cuestionado de arranque la presidencia de Dina Boluarte. Exacto: ese mismo 7 de diciembre de 2022 en que la vicepresidenta de Pedro Castillo decidió traicionarlo (“si a mi presidente lo vacan, me voy con él”) y entornillarse en el sillón presidencial hasta el 2026, las acciones de cuestionamiento al comportamiento de Boluarte han ido creciendo en rechazo y repudio.

“Ninguna mujer con Dina” ha sido una de las consignas en calles, polos y banners, junto con la repetida en calles del sur andino: “Esta democracia ya no es democracia”.  El asesinato de 49 compatriotas por marchar y defender su voto –especialmente la tremenda masacre de Juliaca, 18 muertes en una sola tarde– inflamaron la indignación de muchas mujeres del sur andino que, como Edith Ramos, cantautora puneña, entonó a capella una canción que minutos antes había compuesto: “Que cante el pueblo su dolor/ Deja que lloren a sus muertos/ Deja que griten su indignación //Qué buscas con acallarlo/ qué buscas con desangrarlo/ qué buscas con desunirlo…” y estaba dirigida a DinAsesina, así como el muñecón quemado un año después en la plaza de armas de Juliaca.

No es cierto, por lo tanto, que el feminismo se haya quedado callado ante la incompetencia, mendacidad, frivolidad y autoritarismo de una presidenta que, en lugar de representar a las mujeres, está desarmando al Ministerio de la Mujer en coordinación con los sectores ultraconservadores, para traerse abajo las políticas de igualdad y de asistencia a la violencia de género que tantos años nos ha costado de lucha. No solo eso, además se ha victimizado en un intento de exculpar sus responsabilidades y echársela a los medios por “acoso político”. Esa instrumentalización de los derechos de las mujeres es perversa. Y no olvidemos que Boluarte se plegó a la canonización del corrupto exdictador cuando falleció decretando tres días de pompas fúnebres: fue su genuflexión ante el poder del fujimorismo que la puso en ese puesto para deshacer la democracia desde adentro. 

Contra esta posición han escrito en los diarios múltiples voces feministas –Irma del Águila, Cecilia Méndez, ­Indira Huilca, Mirtha Vásquez– e institucionalmente Manuela Ramos en febrero de 2023 señaló que Boluarte “no es la primera presidenta sino la primera dictadora”. El 13 de octubre de 2023 se realizó en Chaclacayo el Encuentro Feminismos Diversos por el Buen Vivir, cuyo lema principal era “contra la dictadura de Dina Boluarte”, con la participación de más de doscientas mujeres feministas de todo el Perú. E incluso el 17 de diciembre del 2022 DEMUS publicó un pronunciamiento que señalaba claramente “condenamos la instrumentalización que hace Dina Boluarte de su condición de mujer y la lucha por la #IgualdadDeGéneroYA para negar el legítimo rechazo de la población a su gobierno”.

Esta columna no es una respuesta al editorial de César Hildebrandt de dos semanas atrás, pero en parte es su efecto. Conozco a César desde 1986 en que trabajaba en la revista Sí y, por eso mismo, me sorprendió su editorial, especialmente porque considero que él es una persona ultrainformada. ¿Por qué hemos sido una vez más invisibilizadas en nuestra respuesta rotunda a DinAsesina?

El tema lo dejo como pregunta abierta.

Pero sí quiero dejar en claro lo siguiente: la lucha por nuestros derechos en nuestras diversidades pasa por priorizar que el cuestionamiento de base es contra el patriarcado machista latinoamericano, sus discursos estereotipados y sus prácticas violentas. El enemigo no son los varones sino el orden patriarcal. Un enemigo sostenido, muchas veces como en los casos de Dina y Keiko, por las propias mujeres. Lo dijo Steven Biko hace muchos años: no hay mejor arma del opresor que la mente del oprimido. En efecto, Dina es el producto dúctil del patriarcado y la estupidez humana: su frivolidad, insensibilidad, lascivia por el poder y contradicciones lo demuestran.

Fuente: Hildebrandt en sus trece, Ed 737 año 16, del 13/06/2025

https://www.hildebrandtensustrece.com/

https://www.leerydifundir.com/2025/06/peru-dina-feminismo-te-repudia/

 

23 de enero de 2019

Competitividad: ¿cómo se come?


Rocío Silva Santisteban

El martes 15 de enero la CGTP, la asamblea ciudadana, sindicatos de construcción civil, asociaciones y estudiantes salieron a las calles en contra de la nueva política de competitividad y productividad, ergo el DS 345-2018-EF, promulgado por el presidente Vizcarra el 31 de diciembre de 2018. Veinte mil personas, la misma cantidad de gente que salió en las marchas contra el exfiscal Chávarry, se movilizaron por las calles del Centro de Lima, pero ese aglomerado humano no existió para los medios de comunicación que suelen cubrir las otras marchas. ¿Por qué? Porque en este caso no se trataba solo de un reclamo “ciudadano” sino de un reclamo laboral en contra del régimen económico.

El análisis del decreto supremo amerita mucho más que las 500 palabras de esta columna; pero es preciso hacerlo. Considero que el análisis de lo que implica competitividad, productividad total de factores, concentración de la canasta exportable, enanismo empresarial, prevalencia de empresas grandes sobre las PYMES y el diagnóstico de la “ralentización” de la economía peruana son muy detallados y meticulosos. Incluso, sostiene que “el crecimiento económico durante los últimos años se ha tornado menos pro-pobre” (p16). Nos da la razón a quienes señalamos que el crecimiento se ha centrado en las grandes empresas. En buen cristiano: las brechas de pobreza se están ampliando y los pobres son cada vez más anémicos, con menos acceso a servicios y con menor comprensión lectora.

Por eso hoy se requiere poner sobre la mesa un debate más profundo sobre el tema económico. El discurso “normalizado” desde el gobierno de Alberto Fujimori elevó a verdad revelada los planteamientos neoliberales: si hoy queremos discutirlos somos quemadas en la hoguera de las herejes.

En principio, el concepto competitividad está situado en la esfera de una cultura de la competencia, excluyendo aquella cultura de la cooperación que también está centrada en la productividad. El enfoque del DS situado en el capital —los trabajadores, por ejemplo, somos “capital humano”— descarta de arranque el sector cooperativo y ni siquiera —a pesar de ufanarse de su enfoque de género— visibiliza las economías del cuidado y lo que implican para la dinamización de sectores como la agricultura familiar. Todo el rango de economías solidarias se excluye de este modelo.

Además, ¿a qué se refiere con “bienestar”? Hasta Amartya Sen, hace más de 25 años, ha cuestionado que a mayor PBI mayor bienestar. Y hoy, a pesar de Sen, tener luz eléctrica, agua, servicios, desagüe, acceso a la salud y educación de calidad no garantiza el bienestar, y ni siquiera tenemos lo mínimo o si lo tenemos es a medias: precario y corrupto. El hedor de San Juan de Lurigancho en estos días lo confirma.

El DS 345 habla de la necesidad de planificación, pero a su vez, le tiene pánico a la actividad planificadora del Estado. En todo el texto se citan innumerables estándares de la OCDE y concluye que el Estado peruano debe de diversificar su actividad productiva (Perú es puesto 94/127 países en el Ranking de Complejidad Económica de Harvard), pero sigue apelando a la necesidad de un crecimiento basado en la exportación de materias primas sin valor agregado (léase minería).

En otras palabras: el DS 345 es bipolar o, por lo menos, esquizoide.

23 de noviembre de 2018

Cobarde, cobarde / cobarde, cobardeee

Rocío Silva Santisteban

“Demuéstrenlo pues, imbéciles”. Cuando escuché esas palabras de la boca de Alan García pensé que era un video-meme inventado por la gran cantidad de enemigos que ha sembrado y va cosechando el dos veces presidente de la república. No lo difundí porque me pareció falso: un hombre y político tan astuto —que no es sinónimo de inteligente— jamás podría hacer ese tipo de declaraciones en una rueda de prensa. Pero posteriormente vi el video completo transmitido por Canal N, junto con la negación a responderle a una periodista que solo hacía su trabajo y me di cuenta de que hasta un político zafio cuando está herido de muerte llega a la desesperación.

La desesperación se llama ahora asilo político en la Embajada de Uruguay.

“Me allano y me quedo aquí”. Pero en la noche entró a territorio uruguayo y ahora ha puesto la pelota en la cancha del Presidente Tabaré que, a su vez, se encuentra con varios problemas internos por situaciones de corrupción; no contra él pero sí contra miembros de su gobierno que, al parecer, tienen cuentas en Andorra. Además, Uruguay no ha firmado el tratado de investigación fiscal internacional por el Caso Odebrecht y ese sería el motivo por el cual García escogió a los orientales y no a los colombianos como en 1992.

¿Qué va a hacer el Ministerio de Relaciones Exteriores? Le cabe la alta responsabilidad de explicar de manera transparente el proceso de investigación fiscal y las pruebas que han recogido de las declaraciones de Barata sobre las conferencias internacionales a 100 mil dólares la hora: cifra que, en términos académicos, es absolutamente inadmisible. Ni la Universidad de Harvard paga esa cifra a un Premio Nobel.

Si Alan García era odiado por diversos sectores ciudadanos peruanos con una desaprobación sostenida por años del 80%; hoy el acto cobarde de exiliarse para no afrontar la justicia —que hasta Keiko, Ollanta y Nadine han enfrentado— lo convierte en un ejemplo perfecto de lo réprobo. Por supuesto que no es novedad. En un mensaje de Augusto Valqui Malpica, viejo militante aprista, que está circulando ahora por las redes, lo acusa de haber traicionado primero a su padre, menospreciándolo; luego a los viejos jerarcas del partido como Luis Alberto Sánchez; posteriormente a su único hermano Carlos; de violar a la hija de Luis Heysen y acosar sexualmente a familiares de Jorge Lozada Stambury; y finalmente de destruir el partido de Haya de la Torre.

Sus solícitos, como Mauricio Mulder, han intentado comparar esta fuga con el exilio de Haya: en una entrevista en Canal N el congresista le increpa a Josefina Townsend el hecho de que su padre Andrés, otrora aprista de la vieja guardia, también haya sido exilado, pero ella le contesta: “No por delitos de corrupción”. ¿Cuál fue la respuesta de Mulder? ¡Colgarle el teléfono! Ese es el alanismo que, con su culto al líder de ego macrocefálico, ha convertido al otrora PAP con su sólido norte, en un fantasma esmirriado y ridículo.

No sabemos qué rumbo tomen los hechos, pero esperemos por la salud política de nuestro país, que Alan García Pérez se encuentre, ahora sí, políticamente muerto.

18 de octubre de 2018

Terruqueando al fiscal

Rocío Silva Santisteban

El golpe recibido por el fujimorismo con la detención preliminar de Keiko Fujimori ha provocado reacciones caóticas entre los congresistas y los directamente afectados por las denuncias de corrupción. La bancada está en histeria: entre ellos tienen miedo, saben que es posible enlodar a cualquiera de los que han participado en los infaustos cócteles blanqueadores de dinero. Los famosos asesores Pier Figari y Ana Herzt no atinan sino a enlodar al otro: una estrategia recurrente en las filas de los naranjas. Hoy por hoy quieren plantear una de sus tácticas más majaderas pero, no por eso, menos efectivas en un país que aún cree en el potencial antiterrorista de Alberto Fujimori: terruquear al fiscal.

Ha sido el opinólogo “objetivo” Víctor Andrés Ponce que, en uno de sus tuits, ha lanzado una hipótesis desfachatada: echarle la culpa al fiscal José Domingo Pérez de utilizar los términos “guerrilla” en una conferencia en México, aunque el propio fiscal en la misma hora y media de su conferencia usó el término TERRORISMO para hacer mención de los grupos Sendero Luminoso y MRTA. Jorge del Castillo, como buen aprista, ha jugado en pared y ha declarado “[El fiscal Pérez] ha dicho en México que la violencia subversiva de Sendero Luminoso ha sido una guerra civil […] No puede sostenerse un fiscal que investiga cosas tan importantes del Perú diciendo eso públicamente”. Pero no solo eso, el atornillado Fiscal de la Nación ha puesto un tweet que solo dice “TerrorismoNoEsGuerrilla” posicionándose en contra de su propio fiscal: situación que ha sido obvia al retirar a una de las importantes mujeres de su equipo. ¡La histeria completa contra el fiscal que denuncia a la señora K! 

Este terruqueo ridículo, absurdo y estúpido es parte de una estrategia de ataques compulsivos al que, los desesperados fujimoristas, atinan para poder descalificar a alguien que está investigando la corrupción a la interna de Fuerza Popular y, por lo visto, está recogiendo pruebas contundentes. Como sostiene Carlos Rivera en un artículo publicado en La otra mirada, la Fiscalía señala claramente que han sido las declaraciones de funcionarios de Odebrecht que han manifestado la entrega de un millón de dólares a Yoshiyama y Bedoya a favor de Fuerza 2011, a esta suma le agregaron 200 mil dólares adicionales proporcionados a través de la recolección de fondos organizada por la ¡CONFIEP!, además de la famosa frase “aumentar a Keiko 500” que es el hilo de la madeja. 

El fiscal José Domingo Pérez ha solicitado protección porque se han expuesto sus datos personales y los de su familia en las redes sociales. Martha Chávez, de inmediato, ha salido a llamar al fiscal cobarde y cínico. ¡¿Esa es la forma como esta “asesora” respeta los poderes del Estado?! La verdad que Martha Chávez debería dejar de existir en el ámbito de la vida pública de nuestro país, casi no debería citar sus agresiones infundadas. Por otro lado, ha sido también Víctor Andrés Ponce quien ha denunciado un supuesto “golpe de Estado” del presidente Vizcarra contra el congreso. ¡¿Piensan que los peruanos y peruanas somos estúpidos?! 

No entiendo por qué siguen invitando a esta secta de fujimoristas asolapados a los canales de televisión para entrevistarlos como opinólogos. Hoy, en los medios, deberían estar hablando las víctimas del Grupo Colina y los familiares de los torturados y quemados en los sótanos del Servicio de Inteligencia: esa es la huella del fujimorismo en el Perú.

3 de octubre de 2018

Con el voto se lucha

Rocío Silva Santisteban

“Diecisiete años de crecimiento en el Perú y seguimos discutiendo de personas vulnerables. ¡Yo soy un vulnerable! Soy de la tercera edad y soy un obrero que gana 400 soles de pensión hace diez años. Soy un obrero y no me alcanza ni para comer. Si no fuera por la voluntad de mis hijos, seguro que estaría en cualquier otro lado”, esas honestas palabras de Enrique Fernández Chacón, más conocido entre la militancia como “Cochero”, fueron las que impactaron entre los jóvenes (y no tanto) de las redes sociales después de la segunda tanda del debate municipal. Como bien dijo Hernán Chaparro en la entrevista que le hicieron este domingo: las elecciones municipales recién están calentando.

¿Qué pasó? Fernández Chacón comenzó desnudando a nuestra Babilonia: “en la Lima de todas las sangres existe una profunda desigualdad social”. Ese es un tema fundamental y no, no solo se solucionará desde el Poder Ejecutivo, sino desde todos los espacios de poder incluyendo los regionales y locales. ¿Qué implica la desigualdad en un plan municipal? Privilegiar las necesidades de los que andamos en micro atestado en verano; de los que no tienen parques públicos; de los asaltados con arma de fuego a la vuelta de su casa porque no hay luz; de aquellos que viven a la vera del río Rímac contaminado de excrementos y basura. 

Es cierto que mucho más técnicos estuvieron Velarde, Guerra García, Muñoz y hasta Beingolea, pero como lo hemos venido diciendo desde hace muchos años, lo técnico no puede reemplazar a lo político y Cochero pudo dejar demostrado con sus ademanes suaves, tranquilos y casi parsimoniosos, que tiene la experiencia del político curtido en los afanes del sindicalismo, en otras palabras, que “tiene base”.

Personalmente no me gustó el cara a cara con Gustavo Guerra García: demostraron en ese momento que los ataques entre gente que se dice de izquierda son contraproducentes y neutralizantes. Pero, felizmente, ambos después tuvieron otros sparrings y pudieron alzar algo más de vuelo. En la segunda parte Cochero contribuyó un tanto en la destrucción de Belmont: “eres un buen jugador pero metes muchos fouls”. Goool.

Fernández Chacón ha sido constituyente, diputado, obrero metalúrgico y en los últimos años editor de la revista Lucha Indígena. ¿Un obrero puede ser alcalde de Lima? ¡Por supuesto que sí! Eso es lo que demuestra este candidato al que se le ha ninguneado por “tierno”, “vintage” o por su bigote y su boina. Pero con todo y su estilo “oldfashion” pudo decir al final del debate que “con el voto también se lucha”. Una consigna muy ochentera que hoy, bajo la modorra que produce la impotencia de los ciudadanos frente a la tremenda corrupción de los hinostrozas o los chávarrys atornillándose en el poder, cobra otro significado. Y ese significado es esperanza.  

6 de enero de 2018

Tu muerto es mi progreso

Rocío Silva Santisteban

Una caricatura de Elofonte muestra a un grupo de peruanos, pobres, en una esquina gris esperando a dos personajes, Mercedes Aráoz y PPK, que llegan diciendo: “Tranquilidad a las víctimas, aquí traemos la solución a su dolor” mientras tiran billetes verdes al suelo. Es una interpretación de lo que Aráoz dijo la noche del 29 de diciembre: “Con todo respeto, hay que comenzar a conversar, a recuperarnos y a olvidar”. Un día antes ofreció 33 millones de soles para el Plan de Reparaciones como parte de sus medidas de control de daños luego del indulto.

Esas palabras son altamente ofensivas. ¿Una madre puede olvidar a su hijo asesinado en los sótanos del Servicio de Inteligencia porque recibe dinero del Estado? Quienes se encuentran en las altas esferas del poder han cortado todo vínculo con la realidad de miles de peruanos y peruanas, que no mendigan dinero del Estado sino que exigen justicia. La dignidad no es una mercancía. No he visto ni a un solo empresario o representante de la CONFIEP o de la Sociedad Peruana de Minería indignado saliendo a reclamar contra la impunidad de los perpetrados de violaciones de derechos humanos. ¿Les importan los cuerpos marrones calcinados en un horno de San Borja o quemados con querosene en un descampado de Cieneguilla?, ¿o son cuerpos que no importan?

En el Perú, como lo he mencionado miles de veces, hay personas que importan y otras que no importan. La nación que a comienzos del siglo XIX se consolidó sobre un grupo excluido, los indios, hoy sigue siendo detentada por los dueños del Perú, blancos o mestizos o criollos que juegan desde su tecnocracia centralizada en Lima. Como bien ha dicho Alberto Vergara: “Aquí en San Isidro eso que la Corte Suprema califica como asesinatos y robos, le llamamos excesos y errores...” para enjugar lo único que les importa: la gobernabilidad para hacer negocio o para hacer crecer el PBI.

Pero la indignación de las víctimas y de sus familiares, crece y se esparce entre los jóvenes, los universitarios, los escritores, los historiadores, los teatreros, los obreros de TopiTop, los activistas de El Ágora, las jóvenes feministas, los integrantes de las zonas y un largo etcétera. Y en las marchas o durante las asambleas se están discutiendo un tema fundamental que nos ha hartado: la opción por el mal menor. Ese voto a PPK ha colmado la paciencia política. La traición fue la gota que derramó el vaso. De aquí en adelante hay que radicalizar la democracia, esto es, hacerla más democrática priorizando la lucha por la desigualdad y la formación de una ética política. Eso nos enseñan los familiares y las víctimas cada día y lo coreamos en las marchas: “Siempre de pie/ nunca de rodillas”.

20 de diciembre de 2017

Los inmorales al poder

Rocío Silva Santisteban

Nos encontramos frente a una crisis multicausal, cuyo núcleo duro es la vacancia presidencial, pero no se puede olvidar ni obviar las otras causas de esta tormenta perfecta: la solicitud de la subcomisión de Constitución para sancionar a cuatro magistrados del Tribunal Constitucional; la acusación constitucional al Fiscal de la Nación; el proceso frente al cual el cuestionado Consejo Nacional de la Magistratura escogería a cuatro jueces supremos a medida del fujimorismo; las medidas presentadas contra los allanamientos a los locales de Fuerza Popular y el cuestionamiento al Fiscal José Domingo Pérez. Toda esta situación podría eventualmente constituir un plan para evitar una posible prisión preventiva contra Keiko Fujimori que, si siguen las investigaciones a este ritmo, podría darse en tanto que se trata de un caso similar al de Ollanta Humala.

Ciertos analistas, en realidad fujimoristas oficiosos, y hasta un parlamentario oficialista (¿ingenuo o ensombrecido?), están exigiendo analizar al vacío solo la vacancia presidencial, y solicitar que renuncien Vizcarra y Aráoz, para que asuma la Presidencia de la República el congresista Galarreta y dar paso a nuevas elecciones. ¿Creen ustedes, desanimados lectores y lectoras, que el fujimorismo va a respetar una transición democrática? ¡Por favor, no seamos ingenuos! En ocho meses lo que harán es cooptar todo lo plausible de cooptarse, botando al fiscal, a los magistrados, colocando a nuevos supremos, jaloneando al Jurado Nacional de Elecciones a su real gusto y proponiendo elecciones más opacas que las aportaciones a sus coctelitos.

¿No me creen? La CIDH ha emitido ayer un comunicado exigiéndole al Estado peruano (léase congreso) que detenga el proceso por el cual pretenden destituir a los magistrados del TC. La fujimorista y ahora asesora de la bankada, Martha Chávez, ha contestado con un inefable tuit gastronómico: “Y éstos, ¿qué se creen? Que el Perú los mande a freír ajos”. ¡Ese es el fujimorismo de toda la vida! Prepotentes, soberbios, autoritarios, brumosos en sus vínculos con el narcotráfico, insultando en lugar de argumentar, y siguiendo las lecciones bien aprendidas del peor montesinismo: usar la democracia sin respeto por la democracia.

Es muy peligroso, por lo tanto, que el grito “Que se vayan todos” sea entendido por la mayoría de peruanos como una postura al vacío. La constitución ha previsto todos los procedimientos formales y esto es lo que hay: Galarreta como presidente del Perú. ¡No se pueda hacer otra cosa! ¿Vamos a caer en este abismo sin considerar sus efectos?

Personalmente, creo que, en caso de que se dé esta vacancia casi cantada, Martín Vizcarra debería asumir la presidencia del Perú y fortalecer al Poder Ejecutivo. Para eso es preciso esperar la interpelación al Ministro de Agricultura (será de todas maneras en enero), y que su primer ministro exija cuestión de confianza... y ante una segunda negativa, disolver el congreso. No cometer los errores de PPK —que ahora interpretamos a razón de sus entuertos con Westfield Capital— y confrontar a Fuerza Popular que solo ha estado obstruyendo al Poder Ejecutivo, a pesar de que sus posiciones económicas son idénticas (¡y yo disiento de ambas!).

Creer absurdamente que la caída de la clase política en su totalidad pasa por elecciones organizadas por el fujimorismo es una ¡rotunda estulticia! No permitamos la entronización del fujimorismo, si no serán nuestros nietos los que tengan que sacrificarse para sacarlos del poder.

23 de octubre de 2017

Lima: la peor de todas

​Rocío Silva Santisteban

La fundación Thompson Reuters ha realizado una encuesta a nivel mundial sobre las peores megaciudades para las mujeres y Lima ha quedado calificada como la quinta más mala en todo el orbe. No se trata solo de las pruebas PISA o los índices de desarrollo humano o el informe de la FAO sobre el hambre, también en peligrosidad y acceso a derechos, Lima es la más absoluta perdedora, a la cola del planeta.

En el índice general estamos peor que megaciudades como Delhi (India), Lagos (Nigeria) o México y Sao Paulo en América Latina: Lima se encuentra en las peores condiciones en áreas como violencia sexual, acceso a la salud, equidad en las prácticas culturales y empleo. Ah… y somos la peor del mundo en acceso a recursos sanitarios y salud en general, sobre todo, cuando se trata de control reproductivo y mortalidad materna, incluso por encima de Karachi, ciudad de posguerra de Paquistán, y por encima de Kinshasa, la capital del Congo, país con la cifra récord de 1,152 violaciones diarias. ¡Castañeda al fin quedó primero en algo!

Disculpen el sarcasmo, pero es una forma de controlar la ira.

Hoy esta ciudad de espaldas al Perú, Lima, está colapsada. Colapsada en tráfico; colapsada en áreas de recreación; colapsada en servicios a los ciudadanos, pero, sobre todo, por ser una ciudad brutal contra nosotras las mujeres. “Los embarazos adolescentes y los abortos callejeros ayudaron a situar a la capital peruana al fondo de una encuesta mundial: Lima fue nombrada como la peor megaciudad del mundo para las mujeres que buscan atención médica” dice el reporte de Thompson Reuters Foundation.

Si el tráfico es el ejemplo usual para hablar de lo mal que estamos, es solo un detalle. Una jefa del hogar que vive en Carabayllo y trabaja en Chorrillos accede mediante el Metropolitano, pero debe hacer colas larguísimas y la duración del viaje es de tres horas ida y vuelta. Luego de trabajar más de diez horas por un sueldo que no equivale al de un varón, una mujer regresa cansada a casa en un transporte público abarrotado, lento y lleno de depredadores. No hay calidad de vida. El estrés de la ciudad ahonda la agresividad en los y las limeñas que, además, debemos vivir pendientes de robos, tocamientos indebidos o acoso a la vuelta de la esquina.

Para las mujeres Lima es cruel. No solo por el acoso sexual en el transporte público, sino por las múltiples dificultades de acceso a derechos. Como sostiene la encuesta: “En general, la capital peruana, con una población de aproximadamente 10 millones, fue clasificada como la peor ciudad de acceso a asistencia sanitaria en el mundo; la quinta ciudad más riesgosa para las mujeres en general y la quinta para las mujeres que buscan acceso a recursos económicos como educación, tierra y servicios financieros, o incluso cuentas bancarias”.

El próximo año se realizarán las elecciones municipales pero, ¿algún candidato/a tendrá en cuenta estas cifras y condiciones diabólicas? Las mujeres saldremos a las calles este 25 de noviembre para exigir que no siga la violencia de género. ¡Tengamos en cuenta esta violencia de la ciudad y luchemos contra ella! Lima no puede ser un machinario.

La encuesta y sus resultados http://poll2017.trust.org/

22 de marzo de 2017

El agua vale más que el oro

​Rocío Silva Santisteban

En enero estuve en Cocachacra, valle de Tambo, y la queja frecuente de los agricultores era el “estrés hídrico”: demora de las lluvias afectando, sobre todo, los cultivos de arroz por el retraso del crecimiento de los almácigos. Hoy caen huaicos y agua a torrenteras.

Este mes de enero se ha declarado el tercero más caluroso en el mundo (el primero fue 2016). En marzo ha caído nieve en los cerros de Chosica y, por supuesto, nuestro país está atravesado por esas venas abiertas que son los huaicos en el centro, el sur y el norte, además, de las inundaciones que, según Abraham Levi, convertirán al desierto de Sechura en una laguna. Paul E. Maquet ha hecho notar algo que no es palabra mencionada en nuestros informativos televisivos o radiales: cambio climático.

Es urgente la solidaridad con nuestros compatriotas y la prevención, pero también es urgente darse cuenta. Darnos cuenta de que este tipo de fenómenos extremos (sequía/inundación) en apenas dos meses de diferencia responde a un cambio global climático producto de la actividad humana.

Como dice Maquet: “estamos inmersos en un proceso de cambio climático y degradación del entorno natural, producto particularmente de actividades productivas e industriales. Por ello, la exigencia a las autoridades debe pasar también por una planificación en el uso del territorio que tome este fenómeno en alta consideración, que priorice la mitigación y la adaptación al cambio climático, que proteja nuestras cuencas y que asuma que los temas ambientales no son secundarios”. Ayer la ministra de Medio Ambiente, Elsa Galarza, digo algo similar.

¿Existe en nuestro país un uso del territorio acorde con los requeridos cambios civilizatorios para no destruirnos como especie humana? No, por supuesto que no, al contrario. El DL 1333 que, felizmente, fue suspendido en la Comisión de Constitución, y que debería ratificar el Pleno del Congreso este jueves, es lesivo contra los territorios de los pueblos indígenas y territorios protegidos y en preservación.

Ese decreto responde a una manera de entender el mundo: la urgencia de seguir usufructuando de la venta de nuestras materias primas: sea oro, cobre, fosfatos o sembríos para etanol. Por eso la disposición tan flexible de territorios para las empresas extractivas.

No estoy en contra de la minería pero sí de la minería que se convierte en extractivismo. El extractivismo, como lo ha señalado Eduardo Gudynas un sinnúmero de veces, es “un tipo particular de extracción de recursos naturales, en gran volumen o alta intensidad, destinado sobre todo a la exportación de materias primas sin procesar o con un procesamiento mínimo”. El objetivo del extractivismo es extraer para que otros países produzcan. Pero extraer muchísimo, demasiado, ser un bulldozer de la naturaleza. Y a los gobiernos el deterioro de los recursos hídricos y territoriales, de la protección de los ríos o las fuentes de agua, o de la propia biodoiversidad, no les importa mucho.

En medio de esta tragedia que atravesamos como país debemos de ser conscientes sobre las futuras crisis del agua y prevenir siendo austeros y responsables.

14 de diciembre de 2016

Sí sabemos con quién nos metemos

​Rocío Silva Santisteban

Sí sabemos con quién nos metemos: con una estructura partidaria populista, autoritaria, de ascendencia entre muchos sectores de peruanos, pobres y grandes empresarios, que usó las reglas de la democracia durante los 90 para gobernar de manera vil, violando derechos humanos y asesinando por encargo dentro de una estructura incluida en el Ejército Peruano, envileciéndolo a su vez. Los hechos lo demuestran con sentencias y carcelería para todos los operadores y para el gran jefe de la podredumbre. La profilaxis de choque que fueron los vladivideos parece estar perdiendo su efecto translúcido y permitiendo que el pueblo se amodorre en las hendijas de esta ballena llamada crecimiento económico. ¡No lo permitamos! Que sobre el emprendedurismo egoísta se afiance la solidaridad cívica y republicana. No somos una recua que se refocila en el consumo compulsivo, somos una nación heredera de múltiples culturas que supieron erigirse sobre la vileza.

Nos metemos con la hija del dictador que, para solapar sus raíces, intentó congraciarse con los sectores liberales democráticos con voz de embeleso en el foro de la Universidad de Harvard y que hoy recobra su carácter dictatorial cuando se empeña en demoler un gobierno que le ganó, con las justas, pero limpiamente en las urnas. Obviamente no todos los fujimoristas son iguales: hay un abismo de diferencia entre Karla Schaeffer y Cecilia Chacón, no solo en las maneras democráticas, sino sobre todo en el convencimiento de los usos de la democracia. Pero lo que sí debemos entender es que el aparato partidario dirigido desde la Mototaxi se impone con su sensibilidad despótica, su fuerza en el número, su alegría sobre el daño y el golpe.

Precisamente porque sabemos con quién nos metemos, esperamos que los congresistas del Frente Amplio, una bancada de la izquierda peruana, estén a la altura de comprender que esta censura no está vinculada con la educación, ni con los sueldos injustos de los maestros, ni con el fortalecimiento de la universidad peruana, menos con los niños y niñas que van a colegios públicos sin carpetas, pizarras o con profesores multigrado. Congresistas de la bancada FA, entiendan: esta censura es solo un pulseo de fuerza por el poder. Y si tiene que caer la bancada con todo el Congreso, pues este es el momento de ser grandes y no pensar en la canasta de Navidad del oprobio. ¡No los elegimos para ser iguales a los otros sino para llevar la ética en la punta de los dedos!

Porque sabemos con quién nos metemos hemos salido ayer a las calles. Porque sabemos con quién nos metemos seguiremos enarbolando la bandera de la solidaridad y la democracia, no como careta para utilizar sus instrumentos, sino como recurso para consolidar un buen vivir para todos y todas.

Porque sabemos perfectamente con quien nos metemos levantaremos nuestros escudos contra los insultos, chantajes, campañas estigmatizantes, vilezas, contra la sordina de los manejos a mediavoz y contra el fondo de esa sentina llamada fujitrolls. Porque sí sabemos con quién nos metemos.

3 de abril de 2016

Nunca en tu perra vida

Rocío Silva Santisteban

El insulto y las disculpas que no lo son perfilan a una persona, no solo ansiosa ante la posibilidad de caída al abismo, sino soberbia sin respeto al contendor. PPK en Chincha, el 26 de marzo, comentó: “Aquí no es cuestión de una señora que tiene un padre famoso o de otro tipo que se pone pantalones escoceses o de una medio roja que dice que sabe hacer las cosas y nunca ha hecho nada en su perra vida”.  Claramente la alusión fue a Keiko Fujimori; a Alfredo Barnechea y, por último, a Verónika Mendoza. Luego de las innumerables críticas por machista y sexista en las redes sociales, PPK en un tuit sostuvo lo siguiente: “El día de ayer en Chincha hice uso de una frase popular que puede ser mal interpretada. Si fue así, expreso mis disculpas”.

Si sostenemos popularmente “¡qué perra vida!”, en su acepción general, amplia y sin referencia específica, estaríamos haciendo uso de una expresión popular para calificar “a la vida”. Pero si decimos específicamente “una (mujer) medio roja que nunca ha hecho nada en su perra vida” nos estamos refiriendo a la persona y se trata de un claro insulto que, en términos legales, se traduce en difamación (art.132 del Código Penal) porque todos los peruanos y peruanas tenemos derecho a nuestra integridad moral (art.2, inciso 1, Const).

Para salvarse, PPK ha dicho que “no se refiere a nadie en particular”; sabemos perfectamente que los candidatos contendores del octogenario son Fujimori, Barnechea y Mendoza (ahora el resto no cuenta) y las referencias son en ese orden.  Además, las disculpas NO lo son porque las declara en el supuesto negado de que sus palabras hayan sido “malinterpretadas”. Nunca reconoce que esas palabras “puedan haber ofendido” a una persona en particular.  Cuando uno malinterpreta una sentencia, ¿pide disculpas? No, las disculpas se piden ante las ofensas. PPK se hunde porque las bajezas jalan hacia abajo.

Juan Sheput, a quien le tengo respeto y estima, ha declarado en un tuit que ante lo dicho por PPK, “No es indignación es vulgar victimización la que quiere hacer el Frente Amplio con esas declaraciones coloquiales”. Esto me parece aún más lamentable: justificar una frase injustificable porque estamos “en campaña” no es digno de un político con el recorrido del mencionado ex ministro. Usualmente a las mujeres nos acusan de “victimizarnos” para minimizar una situación de violencia. Eso es algo que nos sucede a diario y se llama machismo.

Ahora podemos afirmar que Kuczynski es parte del machinario político, esa maquinaria del machismo que produce estereotipos e ideología que justifica la violencia hacia las mujeres. El Perú ha firmado la Convención de Belem do Pará que, en su art. 5, califica a este tipo de conductas como “acoso político” porque ha “importunado con molestias” a una candidata mujer. En esta misma línea se encuentran las declaraciones de Toledo sobre Keiko Fujimori la semana pasada: violentas, discriminatorias y estúpidas. Lamentable que un ex presidente del Perú haya dicho ese comentario ofensivo.

Junto con pedir expresas disculpas por ofender a una candidata, y con ello parar la discriminación hacia quienes queremos participar en política, tanto PPK como Toledo deberían plantear de inmediato que sus congresistas aprueben el Proyecto de Ley 1903-2012-CR contra el Acoso Político hacia las Mujeres, que aún el Presidente del Congreso no agenda para debate. Las acciones afirmativas, está demostrado, permiten que las mujeres nos integremos con más oportunidades a la política activa.

27 de marzo de 2016

Baño de mugre: aspersión y subterráneo

​Rocío Silva Santisteban

Comenzó la guerra sucia: insultos, descalificaciones, medias verdades, mentiras y demás intentos de bajar cualquiera de las candidaturas alternativas a las habituales identificadas con los poderes fácticos. El lanzamiento de excreciones no viene solo desde los usuales sectores achorados, también desde otros que minimizan los debates y cancelan, con su belicosidad, cualquier alternativa de izquierda o incluso de socialdemocracia coherente.

A Alfredo Barnechea se le acusa de “pituco” porque no se puso un sombrero pero también de “aprista” cuando al candidato de ese partido se le perdona todo, hasta la soberbia. A Verónika Mendoza la artillería de la prensa concentrada & adláteres está en campaña para descalificarla: primero, por chavista; luego, por “terrorista”; ahora porque un supuesto perito identifica su letra con unas anotaciones en las agendas de Nadine Heredia. Lo que insinúan es que Mendoza está inmiscuida en malos manejos del dinero que venía de Venezuela para las campañas nacionalistas 2006 y 2011. Bajo, bajo, pero aún no subterráneo.

La guerra sucia, o el baño de mugre como lo denominó Mario Vargas Llosa en El pez en el agua, tiene dos instancias de lanzar sus fluidos: la aspersión escandalosa, con juegos verbales, mediática y rasgado de vestiduras público; y la subterránea que va avanzando de a pocos, con paciencia, pero con un veneno concentrado que puede minar los enclenques andamios de la democracia.

La primera se da a través de la jauría del Twitter, siempre dispuestos a mostrar los dientes cariados que no muerden; a través de los medios televisivos cuyos periodistas reciclados de la época nefasta de los medios vendidos hacen preguntas arteras que se convierten en hidromiel cuando son lanzadas hacia los candidatos de su preferencia; y en menor medida, porque se cuidan de parecer más plurales, en los medios impresos tipo Expreso, Correo, Perú21 o descaradamente en La Razón. La segunda –subterránea— no necesariamente está dirigida a los candidatos por sus “defectos” sino a minar la credibilidad en el mismo sistema electoral que, por cierto, está en entredicho desde que el JNE no pudo resolver sino con legalismos los impasses de una ley aprobada tardíamente.

Patricia Robinson, asesora del Congreso, ha tuiteado desde su cuenta la posibilidad de que se dé una vacancia temporal del Presidente de la República por inmiscuirse en el proceso electoral, luego de la carta solicitando la salida de Urresti. Varios lo han insinuado pero pocos de manera tan clara como la asesora, quien insiste que la Constitución (art 114, inciso 1) plantea esta posibilidad siempre y cuando el Congreso lo apruebe ¡por mayoría simple! La propuesta, retuiteada por Paredes Castro, Alfonso Baella, Jaime Chincha, entre otros, es defendida por Robinson así: “El sistema democrático se defiende parando a los que interfieren en sus procesos” o “Cuántas veces más hay que llamarle la atención (a OHT) para que respete las leyes y el principio de autoridad”. No tendría ninguna importancia si no fuera Robinson una experta en sistema parlamentario con contactos en todos los partidos, sobre todo, con el fujimorismo (está asignada a la 3ra vicepresidencia con Luis Galarreta).

¿Por qué declarar a Humala incapaz de gobernar si apenas faltan 4 meses para que deje de hacerlo?, ¿quiénes son los más interesados en hacer explotar una bomba política ad portas de un proceso electoral ya minado?, ¿estos intereses no están vinculados con la “necesidad democrática” que plantean algunos de postergar las elecciones? Pedro Cateriano ha salido a deslindar y a decir que es imposible hacerlo; Jorge Bruce nos ha advertido que es peligroso y Carlos Meléndez, que implicaría un alto costo democrático. Sospecho que alguien, de ego colosal, sonríe de satisfacción. 

2 de marzo de 2016

El perdón como política pública

​Rocío Silva Santisteban

“¿Cómo será eso de la reconciliación, pues, doctora?” me comentó mamá Adelina García la semana pasada, luego de que el Embajador de Estados Unidos, Bryan Nichols, les hiciera una visita corta pero significativa al Museo de la Memoria de ANFASEP en Ayacucho. Los temas que las valientes y dignas madres de la asociación más antigua de víctimas y afectados han puesto sobre la mesa de las políticas públicas han sido, sin duda, fundamentales para avanzar y evitar la impunidad en nuestro país que, aún hoy, tiene una enorme deuda con esos 15 mil desaparecidos. Pero todavía hay un tema que es incómodo, tanto en los fueros del movimiento de derechos humanos, entre las víctimas y sobre todo entre los perpetradores: me refiero a la reconciliación.

Pero la reconciliación al estilo “fujimorista” o MOVADEF, con amnistía y condescendencia para todos los culpables, además de ser inmoral es totalmente contraproducente para una real y auténtica reconciliación. ¿Por qué? Porque la reconciliación no se puede dar sobre la impunidad, sobre el olvido, sobre el “borrón y cuenta nueva”. La única manera en que esas comunidades en las cuales, tirios y troyanos embistiéndose mutuamente aún hoy, puedan llegar a un punto de paz interna en sus corazones es pidiendo perdón a quienes sufrieron los más atroces vejámenes de esos años.

Cuando hoy en día hablamos de reconciliación nos referimos, como lo ha señalado la CVR, a un nuevo pacto fundacional entre el Estado y los peruanos, entre la sociedad y todos y cada uno de sus miembros. Este nuevo pacto debe estar encaminado a fortalecer una sociedad sin discriminación de ningún tipo, mucho menos racial o clasista; una sociedad en la que el apellido no signifique nada más que la identidad de la persona; una sociedad en la que el color de la piel no implica una restricción de su acceso a la educación; en la que cualquier peruano, hablando el idioma que hable, pueda hacer un trámite sin necesidad de traductor; en la que campesinos, trabajadores, pequeños y medianos empresarios puedan acceder a una vida digna y justa desarrollando todas sus potencialidades; una sociedad en la que los recursos naturales sean respetados; una sociedad donde las diferencias no sean violencias estructurales que nos oprimen.

Este pacto de reconciliación nacional que aún no se ha hecho, ni siquiera se ha planteado, debe de organizarse sobre el perdón como política pública. Es decir, el perdón no puede ni debe entenderse como un elemento religioso en un país que ha atravesado crueldad e infamias entre prójimos y que hoy más que nunca está marcado por la violencia de esos años. El perdón debe de entenderse como una necesidad para poder llegar a una sociedad reconciliada y eso implica, por supuesto, atravesar los propios demonios internos y asumir que incluso el propio Estado los utilizó, en su desesperación, contra peruanos. Como sostiene José Carlos Agüero en su libro, el perdón no es humillación es un derecho: del que lo solicita, del que lo otorga.

No se puede exigir a una víctima que otorgue perdón al victimario; tampoco se le puede exigir a un perpetrador que lo solicite: el perdón es un acto único e íntimamente personal que debe ser el producto de un proceso. No el perdón, sino el proceso hacia el perdón es lo que debería, en nuestro país, convertirse en una política pública. Deberíamos de aprender de países como Camboya o Ruanda que, luego de situaciones de genocidios crueles, han optado por políticas de reconocimiento del otro así como de espacios de diálogo. Colombia, tan cerca y tan lejos, ha emprendido una apuesta por el reconocimiento de políticas públicas de perdón.

Creo que en el Perú llegó el momento de ser valientes y hablar del perdón como una necesidad pública que, debería, asumirse como una política desde el MINJUS a través de investigaciones, análisis y espacios de encuentro entre víctimas y victimarios. 

30 de diciembre de 2015

¿Quién dijo que todo está perdido?

Rocío Silva Santisteban

Todos hemos sido testigos de los entretelones de las planchas electorales, motivo por el cual hemos sufrido golpes, decepciones, bajoneadas y toda clase de situaciones que, una vez más, nos enfrentan a un panorama de crisis de partidos totalmente descarnado: 19 planchas pegadas con “scotch”, articuladas sobre la necesidad de pasar la valla electoral y armadas como “frankensteins” cuyo valor central radica en seguir con vida a punta de electroshocks. 

Sin embargo, y a pesar de las candidaturas autoritarias o narcopolíticas, hay una cuota de honestidad más que de cálculo político en algunas candidaturas menores (también las hay “menores monstruosas” dicho sea de paso). Discrepo de varias de ellas y apoyo la de una congresista honesta, pero asimismo y para mi sorpresa coincido con algunas ideas que ha propuesto Alfredo Barnechea en el suplemento Domingo de este mismo diario. Barnechea ha dicho que esta contienda electoral será sobre dos maneras de entender el desarrollo: “un crecimiento fujimorista o autoritario” basado en cuatro ejes: 1) reblandecimiento del Estado; 2) erosión del sector público; 3) idolatría del mercado y 4) privatización sin regulación, ejes a los que se adscriben los cuatro candidatos que están arriba en las encuestas; y un crecimiento “de políticas desarrollistas” que él califica como belaundista. 

En lo último disiento: en realidad, este segundo tipo de “crecimiento” es el que desde muchos ángulos, sobre todo desde sectores de izquierda, se ha venido a calificar como un “cambio de modelo” centrado en nuevas reglas de juego para las empresas extractivas y en una diversificación productiva que en nuestro Estado actual está representado por el Ministro de la Producción, Piero Ghezzi, al que, desgraciadamente, no le dan el poder que deberían y le recortan las alas a hachazo limpio.

Barnechea tampoco aclara cuál será su propuesta en relación con las grandes empresas mineras; solo arguye un “cambio”. 

Pero sin duda el nudo que diferencia el crecimiento fujimorista o autoritario y el “cambio de modelo” está centrado en la diversificación productiva, el apoyo decidido a la educación de alta calidad junto con el respaldo total a la innovación tecnológica que, en nuestro país, apenas sí se visibiliza a pesar de que la actual directora del Concytec, Gisella Orjeda, hace lo posible y lo imposible por hacerlo. La política de centrarse en la diversificación productiva debe de estar acompañada, además, con una política urgente de protección de los territorios frente al extractivismo compulsivo con un cambio radical de los marcos legales.

Es absurdo soslayar las diferencias entre izquierda y derecha. A Ollanta Humala no le ha servido ir diciendo que es “de abajo” cuando, en sus acciones iniciales, se arrodilló frente a los grandes capitales. Es ridículo, como lo ha dicho un querido amigo escritor, decir “yo soy transversal”. La derecha en sus diferentes categorías (narco, colonial, híbrida, lobista) propone continuar con este modelo “tal cual” porque considera que el crecimiento de los pocos en la cima chorreará hacia los muchos de la sima. Falso: en esta hipótesis no se toma en cuenta el choque (léase conflictos sociales) entre dos aspiraciones: la de aquellos que quieren territorios para explotarlos (extractivismo) y aquellos que los necesitan para vivir (indígenas, comunidades, agricultores). 

Lo que planteamos quienes somos de la nueva izquierda verde es, precisamente, darles prioridad a los segundos: proponer una zonificación económica-ecológica que limite a la minería y al petróleo a ciertos territorios e invertir en educación y tecnología para plantear nuevas matrices energéticas.

No todo está perdido en esta contienda: hay candidatos decentes de izquierda, derecha y progresismo, pero no son los que se encuentran en las alturas de las curvas y sondeos. Elevar el debate sobre los estándares de “Esto es guerra” es lo que permitirá a los peruanos pasar de espectadores idiotizados a ciudadanos insumisos.