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1 de febrero de 2023

Perú: “El sistema llegó a su fin en Perú. Si la derecha quiere mantener el cadáver, tendremos una guerra civil”

Héctor Béjar   (Entrevista Pablo Toro y Jorge Ayala - Jacobin)

La crisis en el Perú está lejos de haber concluido. El pasado 4 de enero se han realizado importantes movilizaciones en contra del gobierno de Dina Boluarte, exigiendo que se convoquen nuevamente a elecciones. Para comprender mejor las causas y posibles resoluciones de la convulsa coyuntura peruana conversamos con Héctor Béjar, reconocido intelectual, profesor y militante peruano. La entrevista fue realizada a principios de enero por lo que no recoge los acontecimientos de las últimas semanas.

¿En qué momento político se encuentra Perú a partir del golpe de Estado parlamentario contra Pedro Castillo y la irrupción de este nuevo gobierno de facto, el cual ha sido denominado como dictadura cívico-militar?

En Perú cada situación es distinta según la región que se considere. En Lima, que tiene 10 millones de habitantes y que es la ciudad donde vive un tercio de la población del país, hay una tensa calma en el sector céntrico, que es donde se realizan normalmente las protestas, habiendo una ocupación policial en las plazas de la capital. En otro plano, el conjunto de la gente, entendiendo esta como el promedio de los limeños y las limeñas, vive un ambiente navideño y de año nuevo, aunque con menos movimiento en comparación a otros años debido a causas tan diversas y desconocidas que incluyen, por ejemplo, a la inflación.

En el norte del Perú la situación es bastante desigual. En Cajamarca, epicentro de las Rondas Campesinas –una organización muy importante aquí–, prevalece, en general, una situación de calma. En el sur andino, que es el más radical, hay mucho dolor y rabia. Las ciudades de Andahuaylas y Abancay prácticamente están siendo ocupadas por parte del Ejército y las Fuerzas Armadas. En algunas provincias, como es el caso de Puno, el paro sigue y no ha terminado, pues las carreteras siguen bloqueadas.

En base a ello se puede decir que una parte del Perú ha participado en la protesta mientras que otra parte no. En eso debemos ser objetivos. La parte que ha protestado, que es muy activa aunque no es la mayoría, es muy importante porque es la parte organizada socialmente. Comprende todo el sur y una tercera parte del norte y de Lima.

Hay que prever, además, nuevos enfrentamientos y muy duros. Ya hay muchos heridos y se habla de una cantidad de muertos mayor de la que el gobierno reconoce oficialmente (entre 25 y 30). Hace poco la agencia Reuters difundió un video en donde se está disparando a una persona que está auxiliando a un herido, lo cual es una prueba de que las fuerzas armadas y policiales han disparado directamente al cuerpo de la gente, cosa que el gobierno niega hasta el día de hoy.

Entre el régimen anterior de Castillo y el que empezó con la señora Boluarte (y que, según se anunció, planea quedarse hasta 2024) hubo una gran bisagra. Esto es complejo, ya que el Congreso actual es muy repudiado por toda la gente; independientemente de sus colores políticos, de sus creencias políticas o religiosas, la gran mayoría detesta al Congreso y al sistema político. En mi opinión, son absolutamente ilusos si piensan que el Perú los va a soportar un año más (2023 y parte del 2024).

Hay mucha indignación –y no solamente de la parte que está protestando– porque los congresistas actuales están aprovechando parte del pleno poder que tienen en este momento para modificar la Constitución a su favor. Ya aprobaron que va a haber dos cámaras legislativas: la de diputados y senadores, mientras en nuestro país siempre ha existido sólo una cámara, que es el congreso y que es parte de una asamblea legislativa. Aseguran que los senadores de la cámara legislativa serán los actuales congresistas, lo que significa que no habrá ningún candidato que no sea congresista actual para el próximo senado, prohibiendo también el referéndum. Este tipo de medidas absurdas explica el resentimiento de la gente y el incremento de la furia popular.

¿Qué evaluación hace del gobierno de Pedro Castillo y cómo piensa usted que se llega a esta situación?

Es una pregunta que para mí no tiene respuesta todavía. Para mí, Castillo es un misterio. Todos saben –y no voy a repetir la historia de que es un hombre del pueblo– que es un maestro rural, pero él pudo hacer mucho más de lo que hizo. Y es cierto que estuvo inmovilizado prácticamente producto de la acción de una parte del congreso y de la ultraderecha peruana (una derecha increíblemente reaccionaria y cavernaria), que lo acosó desde antes que se hiciera cargo de la presidencia y, por supuesto, todo el año y medio en que estuvo al frente del gobierno.

Pero a pesar de todo eso él pudo haber impulsado desde el Ejecutivo una serie de transformaciones, aquellas por las cuales la gente había votado, como eran apoyar la educación firmemente. Por poner un ejemplo, Castillo tenía un excelente ministro de salud, el médico Hernando Cevallos. Inexplicablemente, siendo su mejor ministro, fue removido de su cargo y cambiado por otra persona.

Además estuvo involucrado en una serie de hechos extraños, que hasta ahora no han sido aclarados, y que él tampoco aclaró. Ha guardado silencio hasta el último instante, que es lo más misterioso de todo. Cuando lee ese caricaturesco mensaje en el cual declara disuelto el Congreso y ordena a los jefes de las fuerzas armadas disolver el Parlamento, lo hace sin haber tenido ninguna preparación, sin ni siquiera haber hablado con ellos. Ese misterio que rodeó su gestión, que se ha agudizado por el silencio del propio Castillo, tiene que ver también con la gente que lo rodeaba, y no necesariamente su gente.

El Palacio de Gobierno está lleno de cámaras grabadoras, ya que toda sede presidencial tiene un sistema de seguridad, y cualquiera persona que tenga un juicio elemental, no puede aceptar que le digan que no sabe qué pasó en esa hora del mediodía del 5 de diciembre. Eso se sabe. ¿Por qué lo oculta Castillo? ¿Por qué lo oculta la derecha? ¿Por qué lo ocultan los jefes militares y civiles del sistema de seguridad del Palacio? ¿Por qué los fiscales no preguntan sobre eso y por qué simulan no conocer eso? Sigue siendo un misterio, hasta este momento.

¿Cómo evalúa el accionar de los grandes poderes fácticos, como los grupos empresariales y las Fuerzas Armadas?

Pues nunca lo aceptaron [a Castillo] ni lo aceptarán, porque son racistas, como lo sabemos. Yo siempre lo he dicho: el Perú es gobernado por una casta racista desde el comienzo de la República, desde unos antiguos apellidos que figuran en el acta de la independencia y que todavía continúan gobernando directamente. Esta casta, que fue hispanista, fascista y que ahora es pro-Estados Unidos, no puede aceptar a un hombre como Castillo. Eso va más allá de lo que yo he dicho de Castillo; no soy ningún entusiasta suyo pero también creo que las personas que lograron destituirlo son peores que él, mil veces peores.

Esa es la desgracia del Perú. Estamos en un proceso muy complejo: el país fue destruido por los neoliberales en los años 90, lo dejaron sin ninguna empresa, sin un solo barco y sin un solo avión. Y eso se vio por ejemplo para la pandemia, cuando se hizo más evidente que nunca que no disponíamos de un solo avión de transporte capaz de llegar a Europa para traer vacunas. Los aviones de la Fuerza Aérea tienen un alcance limitado, tienen que hacer escalas, y resulta que el Estado peruano no tiene ni un solo barco y ni una sola maquinaria pesada.

Entonces por un lado hay una enorme destrucción material, porque en los diez años de Fujimori los bienes del Estado peruano fueron rematados a un precio vil. Pero eso no es lo más importante, eso tú lo puedes restituir y comprar. Lo más grave es que el Perú fue agravado moralmente: todo el sistema que fue implantado por la fuerza, desde el modo en que el Estado contrata hasta cómo se eligen los parlamentarios, los funcionarios públicos, es corrupto; eso ha traído como consecuencia que tengamos un sistema corrupto estructuralmente. Y no es solamente una cuestión –como dice la prensa– de que fulanito de tal, un ministro o un funcionario sean corruptos. Seguramente lo son, pero ahí el problema se soluciona encontrando al corrupto, separándolo y metiéndolo preso. El problema es que en Perú es el sistema el que es corrupto. Y para cambiar el sistema, como ya sabemos, se tienen que hacer cambios profundos, a los cuales se va a oponer la misma gente que vive de ese sistema corrupto.

Esto trae consecuencias. El Perú es un país sin derechos, donde es normal trabajar 12 o 14 horas diarias, donde no se tiene seguridad social ni jubilación, etcétera. A cambio de eso, haces lo que se te da la gana: ahí puedes formar una empresa, dedicarte al contrabando, te conviertes en lo que los liberales llaman autoemprendedor o microempresario, y entonces vulneras todas las leyes. Lima y todas las grandes ciudades son un caos, porque no existen leyes; nosotros tenemos 30.000 leyes, casi vamos a llegar a las 40.000, pero muy pocas se cumplen y la gente no está habituada a cumplirlas.

¿Por qué protestan ahora? Porque ahora la prensa de la derecha, que además es concentrada y ultrarreaccionaria, dice que hay vandalismo en el Perú. Pero, ¡por favor!, ¡siempre hubo vandalismo! El vandalismo ha comenzado con los bancos, con los grandes. Cuando la gente toma los aeropuertos, se mete a las pistas de aterrizaje, quema las fiscalías, los juzgados, las comisarias y “no respeta nada”… ¿De qué nos quejamos cuando “no se respeta nada”? ¿Qué leyes quieres que se cumplan si estas no se cumplen en el Perú? Las protestas son pacíficas, siempre empiezan siendo pacíficas; es la forma en que son reprimidas por la Policía y ahora también por el Ejército lo que provoca la violencia.

Y los medios agudizan la cuestión empleando un lenguaje violento. Hace poco, por ejemplo, en un canal muy popular, convocaron al abogado de Castillo, pero la entrevista terminó a los gritos, con la entrevistadora pidiendo a los guardias de la televisora que sacaran a la fuerza al entrevistado del canal y todo… Ese es el estilo que manejan actualmente los grandes medios en el país. Así estamos, y ese es el tipo de periodismo que tenemos. Entonces, ¿qué país quieres? ¿De qué te quejas?

Usted hablaba antes sobre cómo el movimiento popular ha salido a las calles, y ahí le queremos preguntar qué rol está jugando el pueblo y el movimiento popular. ¿Cuáles son las principales exigencias de los sectores movilizados?

Lo interesante es que ese movimiento popular que tú has mencionado ya no es “movimiento popular”, pues es mucho más que eso en este momento. ¿Qué quiero decir con esto? En la época en que yo he participado, tu salías a la calle, protestabas, te perseguía la policía, te tiraban lacrimógenas e ibas preso. Podías ser un estudiante, un trabajador, un obrero, una mujer o un adolescente. Ahora ya no es así. Ahora en el Perú existen redes sociales muy populares, que tienen poder económico… por ejemplo, en Bolivia tienes a los cocaleros; acá tienes a los mineros informales y los pequeños, medianos y grandes comerciantes populares, que van desde el hombre o la mujer que te vende unas cuantas botellas en una calle de Lima hasta los que te transportan mucha mercadería desde China. Se trata de una “burguesía popular” peruana que está en ascenso, y las fronteras entre esa gente y los pobres que no tienen nada no existen.

Ya no es como en la época de Carlos Marx cuando se veía la diferencia entre quienes tenían los medios de producción y quienes no. Acá la presencia de la familia peruana, que es muy extensa, hace que esas fronteras sean muy tenues: esos camioneros que tienen mucha plata, o sus mujeres aymaras que bajo su falda guardan fajos de dólares, tienen sus sobrinos, compadres y una extensa red familiar. Cuando esa gente se subleva ya no es como en mi época, cuando los campesinos se sublevaban y nosotros –incluyéndome–participábamos en la guerrilla; aquellos campesinos tenían su tierra, eran comuneros, gente exclusivamente de la tierra. Esta gente de ahora no es así: esta es gente del comercio, gente que aprendió del capitalismo no en los libros, sino en la práctica, pues muchos son analfabetos. Las señoras del mercadillo de Tacna, por ejemplo, no saben leer ni escribir, pero la calculadora la manejan a la perfección: saben cuánto es tantos dólares por tantos soles, y esa gente llega hasta Iquique o la plaza de la catedral de Santiago.

La derecha cavernaria que tenemos, que no ha estudiado sociología, cree que está tratando con los campesinos de antes, a quienes cree que puede matar o balear. Pero ahora es distinto, pues la gente se les está enfrentando y esta historia no ha terminado. Aun si lograsen su objetivo e implantasen una suerte de pax peruana… ¿cuánto duraría? No más que algunos meses. El país no puede estar así eternamente, en Estado de Emergencia como estamos ahora. Ahora mismo un policía puede derribarme la puerta, mientras estoy hablando, y quitarme este micrófono: no tengo ningún derecho. Pero esto no puede ser eterno, pues el Perú no es un país aislado, sino que está conectado globalmente. Han circulado videos de lo sucedido aquí en todo el mundo en cuestión de minutos. Pero parece que los actuales gobernantes piensan que estamos como hace 50 años atrás.

¿Y la izquierda?

Yo diría que en el Perú hay varias izquierdas. A grandes rasgos, a brochazos y pinceladas, podríamos distinguir una izquierda política y otra social. Hay una izquierda social que se mueve en un sinfín de organizaciones: las mujeres, los jóvenes (en las universidades públicas, en los barrios), son miles y miles. Eso es lo que podríamos llamar una izquierda social, que no es una izquierda con conciencia política, sino con conciencia social, que tiene muy claro la diferencia entre el pueblo y la casta. Otra es la izquierda política, que también reúne a varias organizaciones, y también varias generaciones de izquierda: desde el viejo Partido Comunista, que todavía existe, el viejo partido maoísta, que todavía existe, lo que se llamó la “nueva izquierda” (que ya no es nueva, porque lleva un montón de años, surgió después de la caída del muro y la desaparición de la Unión Soviética) y todas las modalidades que ustedes se pueden imaginar. Esta izquierda política entró al sistema político y ha tenido una intensa participación, a tal punto que ha decidido muchos gobiernos, porque aquí el voto de la izquierda define las elecciones.

Por ejemplo, en los 90, el voto de la izquierda fue decisivo para el triunfo de Fujimori, y la izquierda participó en sus primeros gabinetes; la caída de Fujimori es inexplicable sin la participación de la izquierda; Toledo es inexplicable sin el apoyo de la izquierda… Tal vez solo Alan García sería explicable sin la izquierda, porque hasta Kuczynski llega al poder con el apoyo de la izquierda. Lo que pasa es que este “éxito” de la izquierda es un éxito perverso, porque acarrea el desprestigio a ojos de las redes y organizaciones sociales y populares, que en mayor o menor medida identifican a esa izquierda política con el sistema en su conjunto. Y la situación es hoy aún más compleja para este tipo de izquierda, ya que ha perdido casi todas sus inscripciones legales, solamente le quedan dos: la de Perú Libre y la de Juntos por el Perú.

Ahora, dentro de esta izquierda política, para complicar las cosas, podríamos diferenciar entre una izquierda capitalina, más o menos de clase media, y la izquierda provincial, más popular (la izquierda provinciana fue la que llevó al gobierno a Castillo). La izquierda capitalina tiende a discriminar a la izquierda provincial, mientras que la izquierda provinciana aborrece a la izquierda capitalina. Ahí entran en juego cuestiones culturales e incluso raciales que no vienen al caso en este momento, pero son importantes.

¿Hay alguna salida a esta situación? Se ha hablado de una Asamblea Constituyente, ¿cree que es factible?

El gran objetivo de este movimiento popular (e incluyamos también aquí a aquella burguesía popular de la que hablábamos) es el siguiente: cese inmediato del Parlamento, elecciones ahora, no en 2024, y asamblea constituyente. Como ustedes verán, es un salto cualitativo inmenso, porque gente muy popular está planteando por primera vez una plataforma política. Ya no está planteando alzas de salarios, por ejemplo. Está planteando una agenda claramente política, y eso me parece históricamente importante.

Ahora eso es imposible, ¿por qué? Primero, porque así se hicieren unas elecciones inmediatas, aún si se hacen en 2023 o 2024, incluso si se eligiera una asamblea constituyente, el poder económico, el poder mediático, el poder judicial, el poder congresal y el poder armado que tiene la derecha se muestra imbatible. Es como si pusieras a dos boxeadores: uno con las manos atadas –el pueblo–, y el otro libre de movimientos: así serían unas elecciones en 2023 o 2024. En otras palabras, incluso si se aceptara el gran programa de esta izquierda popular, la convocatoria a elecciones o la asamblea constituyente, no sería una solución. Sino más bien podría incluso reafirmar y consolidar la dominación imperial (porque es imperial, está enlazada a los EE.UU.) y de la derecha cavernaria. Sinceramente, ahora mismo no encuentro una salida realista.

Yo les digo a los compañeros: no hablen de una asamblea constituyente, hablen de un proceso constituyente. La Constitución hay que discutirla ahora, al calor de las protestas, no esperen que cien tipos supuestamente “sabios” le den al Perú una nueva Constitución que merezca ese nombre… no lo van hacer, y el riesgo es que tengamos un gobierno peor que el actual.

Para mí la única salida posible –que legalmente no es posible en estos momentos– es que por propia voluntad el Parlamento renuncie, dado el repudio que tienen por parte del pueblo. Que la señora Boluarte renuncie, que haya en el Perú una especie de gobierno provisional que de alguna manera refleje cierta honestidad… tenemos algunos personajes honestos, de izquierda e incluso de derecha… Podrían organizarse unas elecciones con tiempo y en calma, en las cuales se les ate las manos a los medios, se abran los medios al pueblo, se prohíba y castigue invertir en los candidatos, y que haya elecciones realmente democráticas, lo cual es una utopía.

Lo único que nos puede sacar de esta situación es la utopía, en otras palabras. ¿Qué quiere decir esto? Que este sistema llegó a su fin, murió. Ahora, si quieren, mantengan al cadáver, si quieren un cadáver armado hasta los dientes, una especie de Frankenstein con metralleta… ese sería el nuevo sistema que la derecha quiere para el Perú. Bueno, que lo hagan, pero vamos a tener una guerra civil, porque la gente no lo va aceptar. Esa es la situación, y así como están las cosas es difícil imaginar una salida posible. Los que están arriba no pueden gobernar y los que están abajo no toleran al gobierno.

https://ctxt.es/es/20230101/Politica/41920/peru-latinoamerica-castillo-hector-bejar-jacobin-entrevista-inestabilidad-politica.htm#md=modulo-portada-bloque:4col-t2;mm=mobile-medium

2 de marzo de 2022

La izquierda domina la cultura, pero el mundo sigue siendo de los bancos

Vijay Prashad

Dossier «Un mapa del presente en América Latina: entrevista con Héctor Béjar».

“Hay una gran pobreza intelectual por parte de la derecha”, dice Héctor Béjar en nuestro último dossier, Un mapa del presente en América Latina: entrevista con Héctor Béjar. “Hay una carencia de intelectuales de derecha en todas partes”.

Béjar habla con mucha autoridad sobre estos temas porque, durante los últimos sesenta años, ha estado íntimamente involucrado en los debates intelectuales y políticos que han tenido lugar en su Perú natal y en toda América Latina. “En el mundo cultural, la izquierda lo tiene todo, la derecha no tiene nada”, señala. Cuando se trata de los grandes debates culturales de nuestro tiempo, que se manifiestan en la esfera política en torno a los cambios sociales (los derechos de las mujeres y de las minorías, la responsabilidad con la naturaleza y con la supervivencia humana, etc.), el puntero de la historia se inclina casi totalmente hacia la izquierda. Es difícil encontrar un intelectual de derecha que pueda justificar la destrucción de la naturaleza o la violencia histórica contra los pueblos indígenas en América.

La apreciación de Béjar me recordó una conversación que mantuve el año pasado con Giorgio Jackson en Santiago (Chile). Jackson —que será ministro secretario general de la Presidencia de Gabriel Boric— me dijo que la agenda de la izquierda más amplia se impone con facilidad en muchas cuestiones sociales clave. A pesar de las profundas raíces del conservadurismo en gran parte de la sociedad latinoamericana, a estas alturas está bastante claro que hay una mayoría de personas —sobre todo jóvenes— que no toleran las rigideces del racismo y el sexismo. Si bien esto es cierto, también es cierto que la estructura objetiva de las relaciones económicas, como la naturaleza de la migración y el trabajo doméstico, reproduce todas las viejas jerarquías en formas que la gente podría no querer reconocer, y que mantienen la severidad del racismo y el sexismo. Béjar y Jackson estarían de acuerdo en que ni en Perú, ni en Chile, ni en muchas partes de América Latina, un/a intelectual podría hacer una defensa creíble de las ideas sociales reaccionarias.

Héctor Béjar no solo es un destacado intelectual de izquierda en América Latina, sino que, durante algunas semanas en 2021, fue el ministro de Relaciones Exteriores del presidente Pedro Castillo en Perú. La brevedad de su mandato se entiende por el escaso espacio de maniobra que tiene el gobierno de Castillo, ya que se ejerció una presión inmediata e inmensa para sacar de su gobierno al intelectual de izquierda más respetado del Perú. La base de esa presión es doble: en primer lugar, que la clase dominante peruana se mantiene en el poder a pesar de la victoria electoral de Castillo, un líder sindical y docente que se presentó con una plataforma mucho más a la izquierda de lo que ha podido poner en práctica, y, en segundo lugar, que Perú es, como dijo Béjar, «un país dominado desde el exterior». La palabra «extranjero» se entiende claramente en América Latina: significa Estados Unidos.

Aunque las y los intelectuales de la derecha tienen una visión desgastada —el más famoso de ellos es el novelista y profesor Mario Vargas Llosa—, son estxs escritores y pensadores quienes reflejan los puntos de vista de la oligarquía peruana y de los «backroom boys» de Washington, como los llama Noam Chomsky. Ser el espejo del poder permite que las ideas estériles de los intelectuales de derecha parezcan razonables y que estas ideas sigan dando forma a nuestras instituciones y estructuras socioeconómicas. Para quienes no lo sepan, Vargas Llosa apoyó públicamente la fallida candidatura presidencial de José Antonio Kast en Chile. El padre de Kast fue un teniente nazi y su hermano fue uno de los Chicago Boys que desarrollaron las políticas económicas neoliberales implementadas durante la dictadura cívico-militar de Augusto Pinochet, a quien Kast sigue alabando.

Si el debate sobre los grandes procesos sociales de nuestro tiempo favorece a la izquierda, no ocurre lo mismo cuando se trata de discusiones sobre el sistema económico. Como dice Béjar, «el mundo sigue siendo de los bancos». Son los intelectuales de los bancos —como los profesores que repiten las consignas de «liberalización del mercado» y «elección personal» como tapadera para justificar el poder, los privilegios y la propiedad de una ínfima minoría— los que controlan la propiedad intelectual y las finanzas. Los intelectuales de la banca no se preocupan por los profundos costos que paga el pueblo por sus ideas en quiebra. Cuestiones relevantes —como el abuso tributario mundial (que cuesta a los gobiernos casi 500.000 millones de dólares al año), los paraísos fiscales ilícitos que albergan billones de dólares improductivos y la gran desigualdad social que ha generado un sufrimiento masivo— rara vez figuran entre las preocupaciones de los intelectuales de la banca. Aunque la derecha sea «intelectualmente pobre», sus ideas siguen enmarcando la política socioeconómica en todo el mundo.

Resulta fascinante acercarse a las ideas de alguien tan erudito como Héctor Béjar. La profunda entrevista que aparece en nuestro dossier sugiere muchas líneas de investigación, algunas de las cuales requieren nuestra atención urgente para un análisis más profundo y otras que son simplemente puntos para anotar mientras construimos una evaluación adecuada de por qué las ideas de la derecha siguen siendo dominantes. Por supuesto, la razón más importante es que las fuerzas políticas de la derecha siguen teniendo el poder en la mayor parte del mundo. Estas fuerzas apoyan las ideas de la derecha con su generosidad a través de fundaciones, construyendo think tanks (centros de pensamiento) y financiando universidades para ahogar el análisis realista de los tópicos del poder. Béjar señala que el pensamiento intelectual en las instituciones académicas sufre de una cultura que desalienta el riesgo y —debido al retroceso de la financiación pública democrática— se vuelve adicto a los fondos de la élite poderosa.

Más allá de estas limitaciones institucionales, las ideas de la derecha prevalecen porque no se ha hecho suficiente recuento de lo repulsivo de la historia en dos ejes. En primer lugar, América Latina, al igual que otras partes del mundo antiguamente colonizado, sigue siendo presa de una «mentalidad colonial». Esta mentalidad sigue alimentándose intelectualmente de las ideas dominantes en Occidente y no de las ideas emancipadoras que existen tanto en el pensamiento occidental como en las largas historias de países como Perú (como la obra de José Carlos Mariátegui). Un ejemplo de cómo se manifiesta esta limitación, dice Béjar, es la forma en que entendemos la idea de «inversionista «. Resulta que en muchos países, como Perú, los principales inversores no son los bancos multinacionales, sino los y las emigrantes de clase trabajadora que envían remesas a su país. Sin embargo, cuando se habla de un «inversionista», la imagen que surge es la de un banquero occidental y no la de un trabajador o trabajadora peruana en Japón o Estados Unidos. En segundo lugar, países como Perú han dado impunidad a quienes participaron y se beneficiaron de la época de las dictaduras, durante la cual las élites se apropiaron de aún más riqueza de la sociedad que antes. Ninguno de los regímenes políticos de Perú desarrolló una agenda para desmontar el poder de las élites de la dictadura tras su finalización formal. En consecuencia, esas élites económicas extraordinariamente poderosas, con sus estrechos vínculos con Estados Unidos, siguen estando a cargo de las palancas políticas del Estado. El Estado peruano, dice Béjar, «es un Estado colonizado por las empresas», y «cualquiera que pretenda gestionar el Estado se encontrará con un Estado corrupto». Son palabras fuertes y contundentes.

La claridad de Béjar, y la de otros miles de intelectuales como él, son la prueba de que la batalla de ideas está viva. Lxs intelectuales de la derecha —caracterizados por su «gran mediocridad», como dice Béjar— no tienen vía libre para definir el mundo. Se necesitan debates serios para reivindicar un lado mejor de la historia. Eso es lo que hacemos en Instituto Tricontinental de Investigación Social.

Cuando escuchaba a Béjar hablar, me vino a la mente la última parábola de Espejos: Una historia casi universal (2008) de Eduardo Galeano, titulada «Objetos perdidos», me vino a la mente. Aquí está, un recordatorio de lo que se esconde:

El siglo veinte, que nació anunciando paz y justicia, murió bañado en sangre y dejó un mundo mucho más injusto que el que había encontrado.
El siglo veintiuno, que también nació anunciando paz y justicia, está siguiendo los pasos del siglo anterior.

Allá en mi infancia, yo estaba convencido de que a la luna iba a parar todo lo que en la tierra se perdía. Sin embargo, los astronautas no han encontrado sueños peligrosos, ni promesas traicionadas, ni esperanzas rotas.

Si no están en la luna, ¿dónde están?
¿Será que en la tierra no se perdieron?
¿Será que en la tierra se escondieron?

[Imagen: Greta Acosta Reyes (Cuba), 'Mujeres que luchan', 2020]

23 de agosto de 2021

«Este es el comienzo de un golpe blando»

Héctor Béjar  (Entrevista de Sengo Pérez)

El recién renunciado ministro de Pedro Castillo habla con Brecha sobre la campaña en su contra, los militares, el poder mediático y los desafíos que enfrenta el nuevo gobierno

—¿Esperaba que le ofrecieran el cargo de canciller o lo tomó por sorpresa?

—No. Para mí, fue una sorpresa.

—¿Quién se lo ofreció?

—El propio presidente [Pedro] Castillo, a quien no conocía. Nunca lo había visto personalmente.

—¿Y pensó, al asumir, que esta aventura iba a durar tan poco?

—Sí, estaba entre las alternativas. Eso no ha sido para mí una sorpresa.

—¿Tampoco le sorprendió que Guido Bellido [presidente del Consejo de Ministros] le pidiera la renuncia? ¿Qué sintió en ese momento?

—Nada especial. Lo tenía entre las alternativas probables. Ya había un clima de hostilidad en los medios de la prensa concentrada [se refiere a los medios oligopólicos, en especial al Grupo El Comercio] y de parte de la Marina contra mí. Es parte del juego político.

—¿Cree que este caso es una claudicación del gobierno ante la derecha?

—No quiero calificarlo. Sigo pensando que el señor Castillo es una excelente persona y le deseo lo mejor. Sí creo que este es un gobierno débil, no lo voy a negar. Y uno que se niega a fortalecerse por algunas razones que no me explico.

—¿A qué le llama fortalecerse? ¿Fortalecerse de qué manera?

—Bueno, lo dije antes de ser ministro: que el gobierno debía elegir las mejores personalidades, no del Perú —aquí, cuando hablamos del Perú, solemos hablar de Lima—, sino del Perú real. El país tiene muchas universidades de provincia, donde hay gente excelente, con profesores que deberían ser ministros en este momento. Y, además, tiene excelentes dirigentes de organizaciones populares, que también deberían ser ministros. No ha sido así, y es una pena.

—Algo difícil de aceptar para Lima…

—Sí, pues. Pero son las provincias las que ganaron las elecciones y es a ellas que les corresponde gobernar, es decir, al pueblo peruano, que nunca ha gobernado.

—Hace más de 100 años Manuel González Prada escribía sobre el desprecio de Lima por las provincias. Parece que eso sigue igual…

—Evidentemente. Es un desprecio racista, como todos sabemos, porque los limeños, independientemente de si son pobres o ricos, en su mayoría se sienten superiores a los provincianos. Desgraciadamente, en el Perú decir serrano es prácticamente un insulto. Serrano es un hombre de la sierra, y la mayor parte del Perú es de la sierra.

—En esta elección se hizo más evidente el racismo que hay en Perú…

—Por supuesto. Y es otra cosa que el Perú se niega a reconocer: somos un país racista. Y me incluyo: a veces me sorprendo a mí mismo con pensamientos racistas.

***

—¿Se sintió poco defendido por el Ejecutivo, por sus colegas ministros, teniendo en cuenta que lo que detonó esto fue una tergiversación de sus dichos? ¿Esperaba más de ellos?

—No, no esperaba más. No los conozco. No conozco prácticamente a nadie del Ejecutivo, ni siquiera al presidente Castillo.

—El comunicado de la Marina debió de haber pasado, supongo, por el Ministerio de Defensa antes de conocerse…

—No solamente hay un comunicado. He recibido en mi casa una amenaza en forma de carta notarial dirigida a mí por el procurador del Ministerio de Defensa, es decir, por el propio gobierno. El gobierno me está amenazando con enjuiciarme si no corrijo mis declaraciones. Me acusan de ofender a la Marina y exigen que le pida disculpas; si no, me harán un juicio.

—Pero ¿de qué lo acusan? Los hechos que usted mencionó –la participación de la Marina en esos atentados– están casi comprobados.

—Y sí. Yo solo he citado hechos conocidos. Editados, además, por la propia Marina en sus publicaciones.

—¿Qué sintió después de pasados más de 50 años de su actividad guerrillera y su participación en el gobierno de Velasco Alvarado, y de su posterior tranquila vida académica, cuando tras este nombramiento se lo tildó de terrorista, de asesino?

—Nada especial. Lo esperaba, por supuesto. Sabía los riesgos a que me sometía al aceptar ser canciller. Pero no podía negarme: no podía decirle que no a una persona que creo de bien, una persona excelente como el profesor Castillo. Yo, encantado de apoyarlo. Sabía los riesgos, pero esa es la vida: uno debe asumir las obligaciones que debe asumir.

—¿Esperaba una reacción tan virulenta de la oposición?

—Sí, esperaba esa reacción, realmente la esperaba. Hace unos cinco años me propusieron ser candidato a la presidencia, y era eso lo que les decía, justamente: lo que ocurriría en el momento en que ingresara a la política del sistema. Siempre he estado fuera del sistema, es decir, del sistema político entendido como el Parlamento, los partidos, etcétera. Me van a demoler, les dije: hay mucha gente que no me quiere. De manera que lo sabía.

—¿Y esperaba las tergiversaciones de la prensa, las mentiras?

—Claro que sí. Si es lo que esa prensa ha hecho toda la vida. Si lee El Comercio —yo me he leído todo El Comercio del siglo XIX, sin excepción, número por número—, desde 1839 va a encontrar eso. De manera que no puede leer la historia del Perú en El Comercio. Puede leer una parte de la historia, porque lo que pasaba realmente en el país no está allí. Es una impunidad, un abuso de la libertad de prensa. Me han llamado «asesino sediento de sangre». Yo prefiero reírme. Me han acusado hasta de matar al hermano del arzobispo Castillo.

—¿Cree que se miden con distintas varas algunas declaraciones? En su momento, Alan García elogió la «mística» de Sendero Luminoso, [su ministro del Interior] Agustín Mantilla visitó en la cárcel a [el fundador del Movimiento Revolucionario Túpac Amaru] Víctor Polay…

—En Perú siempre se mide con distintas varas. En realidad, acá no se ha combatido verdaderamente el terrorismo: se usa el terrorismo para fines políticos. Sendero ha sido usado para fines políticos. Ya no existe, pero sigue presente en la prensa, por ejemplo. Ningún movimiento ha tenido tanta prensa como ese grupo. Si usted suma desde el 80 hasta ahora, son kilómetros de titulares.

—Si lo que usted dijo de la participación de la Marina en atentados es cierto, ¿por qué cree que la gente no lo acepta?

—Porque tiene miedo. La gente tiene miedo. La gente tiene una actitud reverencial frente a las Fuerzas Armadas, que son entendidas como instituciones tutelares de la nación. Pero una nación no tiene tutelas, una democracia no acepta tutelas. La gente no sabe y, además, nadie se atreve a decir que los tanques, los fusiles y los barcos son nuestros. No son de los marinos ni de los militares: son nuestros, han sido comprados con nuestro dinero. Los militares son servidores públicos, así que no tenemos por qué servirles. Pero en Perú hay un criterio inverso auspiciado por las propias Fuerzas Armadas. A lo largo de la historia nos han enseñado que son instituciones tutelares contra las cuales no se puede decir nada. Puedes decir cualquier cosa contra el Colegio de Abogados, contra el Colegio Médico, contra el Poder Judicial, pero nada contra la Marina, ni contra el Ejército, ni contra la Aviación. Y yo, modestamente, como ciudadano común, me pregunto: ¿por qué?, ¿por qué no puedo decir nada contra la Marina como institución? Ninguna institución puede estar libre de críticas: todas tienen que ser criticadas.

—A quienes han purgado alguna pena por terrorismo se les exige que pidan perdón. Sin embargo, las Fuerzas Armadas han violado sistemáticamente los derechos humanos en el conflicto interno y no reciben las mismas exigencias. ¿No se acepta que hubo terrorismo de Estado?

—Se llama negacionismo. En Alemania es condenado: es un delito. Aquí no. Hay gente que niega que las Fuerzas Armadas violaron los derechos humanos. Se aceptó a regañadientes el informe de la Comisión de la Verdad. A su nombre le agregaron: «y la Reconciliación». ¿Reconciliación con quién? ¿Con los violadores de derechos humanos? Porque si usted habla de reconciliación, habla de los dos contendientes, es decir, Sendero y las Fuerzas Armadas o, en todo caso, Sendero y el pueblo del Perú. Pero esa reconciliación nunca se alentó. Si eso lo dijera en la televisión peruana, me harían otro juicio.

—A usted le cobran hechos de hace casi 60 años…

—En Perú las condenas son eternas. Acabo de escuchar a un marino decir otra mentira: que fui condenado. Yo nunca fui condenado. Contra mí hubo una investigación de cinco años que demostró que no era culpable de los terribles delitos de los que se me acusaba, una investigación hecha por un juzgado militar, un consejo de guerra. Mi amnistía está firmada por el almirante Vargas Caballero, jefe de la Marina de aquella época.

—¿Es necesaria una reforma de las Fuerzas Armadas?

—Por supuesto. Hay que introducir la formación de derechos humanos en las Fuerzas Armadas. Por muchos años he sido profesor del CAEN [Centro de Altos Estudios Nacionales, escuela de posgrados militares dependiente del Ministerio de Defensa] y conozco las virtudes y los defectos de la formación de los militares de alta graduación. Muchos de ellos tienen unos enormes vacíos en cuanto a conocimiento sobre el Perú.

—¿Sigue enquistado el fujimorismo en las Fuerzas Armadas?

—Las Fuerzas Armadas en el Perú son fujimoristas. El fujimorismo está en la conciencia de muchos militares. Algunos criterios que impregnaron el fujimorismo desde los años noventa en adelante siguen presentes. [El exjefe del Servicio de Inteligencia Vladimiro] Montesinos está preso, pero el montesinismo sigue presente: la metodología y la forma de pensar están en la práctica militar de hoy día. Por eso Montesinos se comunica con el exterior cuando quiere y no pasa nada.

***

—Parece que la palabra imperialismo en el lenguaje político de cierta nueva izquierda ha pasado de moda.

—Sí, hay palabras que no pueden ser pronunciadas. Imperialismo, revolución y socialismo ya no pueden ser usadas en el Perú. Así que sería bueno que editaran un diccionario peruano que omitiera esas palabras y que tuviéramos una historia peruana como hacían los faraones: a la medida de los actuales dominadores del Perú.

—¿Las prioridades de la izquierda han cambiado? Se habla más de las reivindicaciones de la mujer y de los derechos LGTB que del hambre, la miseria. No mencionar lo primero le fue muy criticado a Castillo, pero ¿tal vez por eso ganó?

—Exactamente. Nuestras provincias son muy conservadoras en términos sexuales y reproductivos. Pero los derechos humanos son integrales. Y no soy solo yo quien lo dice. Sobre el tema hay dos grandes principios. Uno, que son eso, integrales: los derechos civiles y políticos no pueden ser separados de los de última generación, los ambientales, los sexuales y los reproductivos. Eso por un lado. Por otro, no se puede retroceder en el tema de los derechos humanos: lo que se conquistó se conquistó; son principios internacionales, son acuerdos firmados por el Perú. Pero acá hay gente que solo recuerda los derechos civiles y políticos; no quiere acordarse de los económicos y los sociales, por ejemplo, y al revés. Y lo que tenemos que lograr es todo, aunque parezca demasiado ambicioso. Tenemos que conseguirlo; no podemos retroceder.

—¿Se necesita una nueva Constitución?

—Sí. Esta es obsoleta. No solamente por lo que dice, por la subordinación a la que somete al Estado, sino porque no incluye muchos derechos humanos, que son los que deben imperar. Los derechos de acciones de garantía, como el habeas data y otros, fueron incluidos, pero los constituyentes inmediatamente se dieron maña para dejarlos sin posibilidades de aplicación o para introducir otros elementos que impedían su aplicación, entre ellos, el referéndum.

—¿Cree que ahora cambien los lineamientos de la política exterior? Usted dijo que esa fue la verdadera razón de su salida.

—Ojalá que no, espero que no. Pero hay que ver lo que quiere hacer el Congreso. Allí quieren reinventar un grupo que ya no existe: el Grupo de Lima. Yo siento que, desgraciadamente, en este momento —y ojalá esto cambie con el nombramiento de un buen o una buena canciller— el tema internacional no está presente en la agenda del gobierno. Y lo digo por hoy día, por este momento.

—Pero ¿cree que la oposición va a parar acá? El congresista Jorge Montoya ha dicho, palabras más, palabras menos, que van a bajar a todos los ministros.

—El Congreso quiere armar un gobierno de quienes perdieron las elecciones, es decir, un golpe de Estado de nueva edición. Hay muchas formas de hacer un golpe de Estado. Lo de ayer [se refiere a su salida, consumada este miércoles] ha sido un golpe de Estado blando. Los jefes de las instituciones armadas, que deben obedecer al presidente, se reúnen con él para avalar la renuncia de un canciller. Es un golpe de Estado blando o el comienzo de él. Espero que no continúe.

—El objetivo es la vacancia presidencial…

—Sí. Lo han expresado desde el comienzo: el objetivo es la vacancia. Empezó conmigo y acabará con el presidente Castillo. Ojalá que no, pero ese es el plan.

—¿Cómo califica este momento político?

—El Perú es un país en movimiento, y eso está muy bien. Es un país donde la gente empieza a darse cuenta de las cosas, aunque aún de una manera muy nebulosa. El pueblo ya llegó al gobierno, y eso es muy bueno. Pero también tiene sus problemas: el pueblo no sabe gobernar, porque nunca ha gobernado, entonces es explicable que este gobierno tenga todos los defectos que tiene. Si fuésemos democráticos, ayudaríamos a ese gobierno en lugar de aprovechar su debilidad para derribarlo. En el Perú nunca hemos tenido una democracia. En el mejor de los casos, la estamos construyendo con grandes dificultades. Pero democracia no tenemos. Lo que tenemos es una dictadura de los monopolios económicos y mediáticos.

—¿Qué sabor le deja lo sucedido con usted, en lo personal y en lo político?

—Ninguno. Soy feliz ahora, con mis libros. Estoy preparando uno que va por la tercera o cuarta edición, sobre la historia del Perú. Me dedicaré a mis placeres, que son las artes plásticas. Estoy en una etapa feliz de mi vida. No me siento para nada resentido ni dolido. Me siento libre otra vez.

—¿Es cierto que conoció al Che Guevara?

—[Risas] No solamente lo conocí: lo admiré y fui su soldado.

20 de abril de 2021

Héctor Béjar: "Pedro Castillo es auténtico y quiero verlo en Palacio"

Servindi

Una interesante entrevista radial concedió el sociólogo Héctor Béjar en radio Cutivalú, en la que habló de diversos aspectos de la coyuntura política y el escenario en juego de cara a la segunda vuelta electoral.

El programa "Normalmente diferentes" conducido por Enrique Villegas y Ricardo Parra permitió abordar una serie de temas empezando por la pandemia que devasta al país.

Uno de los principales elementos destacados por Béjar es el reconocimiento de que hay una suerte de dos "izquierdas"; una izquierda política y una izquierda social que no lo es en términos ideológicos pero rechazan el sistema.  

Otro elemento es el marcado racismo en la política peruana, incluso en la izquierda. Hay un racismo "antilimeño" muy fuerte en algunas partes y un racismo limeño hacia el mundo andino y el provincianismo.

Una de las virtudes de Pedro Castillo a pesar de todas las críticas es que "es auténtico".

Verónika Mendoza es una cusqueña y no es una cusqueña, a la vez, puntualiza Béjar; y vive el drama de quienes están entre dos culturas.

Es el caso de José María Arguedas, que sufrió en carne propia el dilema de vivir dos mundos distintos. Al final, Arguedas optó por un mundo de abajo, rural, quechua, pero esta elección le costó la vida.

"No me importa si Pedro Castillo sabe o no sabe gobernar. Seguramente no sabe, pero yo –personalmente– quiero verlo en Palacio, porque creo que esto significaría un cambio histórico en el Perú".

"En Palacio de Gobierno siempre hemos tenido farsantes e impostores en Palacio, traidores. Alguna vez tendremos alguien auténtico" señaló Béjar.  

Los fantasmas del anticomunismo

Sobre el anuncio del escritor Mario Vargas Llosa de apoyar a Keiko Fujimori en la segunda vuelta Héctor Béjar señaló que el Nobel de Literatura tiene fantasmas que lo acosan.

El escritor responde a una corte mundial de fundaciones que financia sus laureles y que defiende el orden global.

Los empresarios que tienen pánico al comunismo no tienen escrúpulos para hacer negocios con países gobernados por comunistas como el caso de China.

En el contexto actual –donde Keiko acusa a Castillo de querer imponer un régimen como el del Corea del Norte de ganar la presidencia– Béjar recomendó ver los reportajes de la agencia estatal alemana Deutsche Welle.

Hay numerosos reportajes y hasta series que muestran cómo Corea del Norte es un país comunista, pero maravilloso, innovador y moderno que ha logrado muchas cosas que muchos países socialistas no han alcanzado..

Dos pueblos extremos se enfrentarán en la segunda vuelta

Sobre el arraigo fujimorista en ciertos sectores de la población Héctor Béjar recomendó diferenciar lo que es la cúpula fujimorista vinculada a la corrupción del pueblo fujimorista agradecido por obras sociales.

Béjar recordó que Alberto Fujimori recibió una serie de proyectos sociales como el Foncodes, el Pronamachs y otros que lo conectaron con la población.

El no los gestionó, ya estaban planificados, los recibió llave en mano, pero el presidente inauguró puentes, caminos, postas, escuelas, etc. Además, repartió pedazos de arena para vivienda.

Luego vino Toledo que se dedicó a tomar whisky y se olvidó de continuar las obras sociales.

Hay una población agradecida por esas obras sociales diseñadas por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y Enrique Iglesias, un funcionario uruguayo de izquierda, que tuvo mucha visión social y técnica.

"La gente obviamente no se acuerda del BID, ni de Enrique Iglesias, pero sí de Alberto Fujimori que participaba personalmente de la inauguración de las obras", puntualizó Béjar.

También existe una corte en el Perú

Así como hay una corte internacional que respalda a Vargas Llosa en el Perú hay una corte mediática que define a quiénes invitar a los programas y a quiénes nunca invitar.

Tal es el caso de Radio Programas del Perú (RPP) que en su larga existencia, por ejemplo, nunca me ha invitado a una entrevista, dijo Béjar.

La generación del bicentenario tiene una personalidad por definir

Sobre la facilidad con que el electorado se deja influenciar por el fantasma del anticomunismo Béjar recordó que en la década del 30 del siglo pasado se usaba el anticomunismo, pero aplicado a la APRA.

Luego la bestia negra ya no era Rusia, sino Cuba, después Venezuela y ahora Corea del Norte, con cuyo país el presidente Vizcarra rompió relaciones en una decisión arbitraria.

La entrevista de una hora de duración abordó una serie de temas diversos, pero importa remarcar que la juventud tiene un rol decisivo en esta coyuntura política y representa un tercio del electorado.

Sin embargo, la denominada generación "existe biológicamente, pero no políticamente" y tiene una personalidad política por definir. en definición.

Habría que ver si las decenas de miles jóvenes que salieron a marchar contra el autoritarismo y que fueron aplaudidos por todos representan a los millones de jóvenes que conforman la juventud peruana.

Sobre Héctor Béjar Rivera

Héctor Béjar Rivera es un reconocido sociólogo peruano y catedrático de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y de la Pontificia Universidad Católica del Perú.

Durante la década de 1960 fue guerrillero, miembro del Ejército de Liberación Nacional (ELN), y luego funcionario del Sistema Nacional de Movilización Social (SINAMOS) durante el gobierno revolucionario de las Fuerzas Armadas encabezado por el general Juan Velasco Alvarado.

Posteriormente, fue fundador del Centro de Desarrollo y Participación (CEDEP) una de las primeras organizaciones no gubernamentales peruanas y consultor para organismos internacionales.

Acceda a la entrevista a través del siguiente enlace de Facebook: https://fb.watch/4Ynrq3XuJ3/

16 de febrero de 2019

El Gobierno ha manchado la historia de la diplomacia peruana

Héctor Béjar  (Entrevista de Ernesto Toledo Bruckmann)

La política exterior peruana tomó partido por llevar a cuestas la situación en Venezuela. Reconocer a Juan Guaidó como presidente y desconocer a Maduro ha puesto en entredicho a la diplomacia peruana, la que, para muchos, sigue las consignas dictadas por Estados Unidos. Diario UNO conversó con el sociólogo y analista político Héctor Béjar, quien nos da su opinión acerca de lo que le espera a ese país.

—El Grupo de Lima ha hecho un llamamiento a las Fuerzas Armadas de Venezuela para que sean “leales” al régimen de Juan Guaidó. ¿Qué opinión le merece?

—En reciprocidad, lo que podría hacer el supuesto gobierno de Guaidó es hacer un llamamiento a las Fuerzas Armadas del Perú para que presten lealtad a Daniel Salaverry, que es, como Juan Guaidó, presidente del Congreso. En esa misma lógica, otro grupo de países podría perfectamente elegir a Daniel Salaverry como presidente legítimo por que él ha sido elegido. Si estamos en correspondencia deberíamos pensar en eso.

—Suena sarcástico todo ello.

—Es que le estoy hablando con sarcasmo pero creo que es una mancha para la historia de la diplomacia peruana hecha por el canciller Néstor Popolizio.

—¿Perú se inmiscuye en la política venezolana?

—No solo eso; yo le pregunto al presidente Martín Vizcarra y a su canciller Popilizio, ¿quiénes son ustedes para decir qué es o no legítimo en Venezuela? ¿Quiénes son ustedes para obedecer a Donald Trump en nuestro nombre? Si el gobierno de Maduro es ilegítimo, como ellos dicen, ¿por qué es legítima la Asamblea Nacional elegida con el mismo sistema electoral y el mismo jurado con que fue elegido Maduro?

—El Grupo de Lima también ha invitado al “gobierno” venezolano a integrarse a esa instancia.

—No es solamente el Grupo Lima, es Néstor Popolizio quien ha hecho la declaración; él personalmente.

—¿Con esta invitación no están creando dos Venezuelas?

—Así es; están dividiendo a un país. En este momento existe una Venezuela en la fábula porque un gobierno legítimo y legal es el que tiene dominio sobre su territorio. Nicolás Maduro, elegido legalmente, tiene dominio sobre su territorio.

—¿Y el supuesto gobierno de Juan Guaidó?

—Ese es un gobierno fantasmal; Juan Guaidó no tiene oficinas, no tiene aparato administrativo; lo único que tiene es el respaldo del presidente norteamericano Donald Trump y del Grupo de Lima.

—No existe unanimidad en América latina respecto a la legitimidad de Guaidó.

—Así es. También hay que pensar que hay otro grupo en América latina; lo conforman México, Uruguay, Bolivia, Cuba y la misma Costa Rica, cuya posición no acaba de ser clara. Esas son opciones distintas. En Europa pasa lo mismo con Italia y Grecia.

—¿El tema divide a los países?

—Efectivamente; lo que está haciendo este obsesivo guerrerismo ambicioso de Donald Trump es dividir a Estados Unidos ya que ese país también está divido entre el Poder Ejecutivo de Trump y el Congreso. También busca dividir a la Unión Europea porque hay países que no están a favor de esa política guerrerista.

Hay que tener en cuenta, además, que esos países proguerreristas son una minoría frente a los más de 190 países que son miembros de las Naciones Un idas. ¿Qué son 15 países de 190? Hay otros países grandes como India, Turquía y Sudáfrica que no quieren intervenir en este asunto y algunos de ellos siguen teniendo embajadas en Venezuela y funcionan con normalidad.

—Acá en el Perú, ¿las oficinas de la Embajada de Venezuela seguirán leales a Maduro?

—Esa respuesta no la tengo porque me imagino que eso forma parte de la política del canciller Popolizio porque no puedo decir que es una política del Perú; me niego a aceptar que mi país esté comprometido en este tipo de políticas.

Todo depende que los dos países se entiendan; me refiero a la “Venezuela legal” y “legítima” que es la Venezuela presidida por Nicolás Maduro, así Popolizio y Trump no les guste.

—Hace unos días el Congreso aplaudió para recibir al nuevo “embajador” de Venezuela Carlos Scull ¿en qué condiciones ejercerá sus funciones?

—Es un embajador de cartón que no tiene Embajada, que no tiene país. Están inventando algo. Parte de la locura implica la invención de realidades que no existen en la práctica. Esa es la locura de Trump que tiene Estados títeres y todos en Estados Unidos saben quién es Trump.

Yo no puedo hacer de adivino; no puedo predecir cómo va a acabar Trump y su corte pero no las tiene todas en ese país; nadie lo obedece, ni los jueces ni parte del propio ejército norteamericano; eso se ve en la política de Migración.

—Es evidente el mal manejo económico en Venezuela pero ¿la situación podría mejorar siendo un país bloqueado?

—El bloqueo económico y financiero de Washington contra Venezuela es comparable con el asedio nazi a Inglaterra. Yo pregunto: ‘¿Tuvo Winston Churchill la culpa del racionamiento y el hambre en la Inglaterra de la época? Entonces habría que sacarlo por un golpe de Estado para hacer que Inglaterra se rinda ante Hitler y los ingleses puedan comer y vivir tranquilos bajo su dominio?

—Aparentemente Estados Unidos no perpetraría una intervención militar en Venezuela ¿pero corre la posibilidad de que la promueva con la intervención de venezolanos en el autoexilio o extranjeros?

—Es el modelo sirio. Armas un gobierno en el exilio, por supuesto que se trata de un “gobierno” y luego armas una fuerza supuestamente rebelde formada por mercenarios; podrían ser colombianos, no podemos descartar que incluso hayan peruanos y de diversas nacionalidades para introducirlos. Dice que es una rebelión interna.

—La lealtad hacia el gobierno de Maduro parece estar vigente en un amplio sector de venezolanos.

—Si Maduro fuera el dictador que dicen que es, con la cantidad de millones de dólares que le deben estar ofreciendo ya a cada general de las Fuerzas Armadas Bolivarianas, hace rato que debió haber un golpe de Estado.

Cómo es que las Fuerzas Armadas Bolivarianas , las milicias y el pueblo venezolano que apoya la revolución y que no son cuatro sino millones de gentes, se mantienen leales al sistema legal de Venezuela; eso no se explica en una dictadura.

—¿Se está creando precedentes nocivos para la región?

—Así es. El problema reside en que se está sentando un precedente terrible en América latina que puede incluso ser usado por el terrorismo; por que mañana puede aparecer alguien y puede declararle la guerra al Perú. Sendero Luminoso podría convertirse en un gobierno en el exilio y nombrar un presidente de cartón, igual como es el caso de Juan Guaidó. Están abriendo una caja de Pandora. La irresponsabilidad de esa gente no tiene parangón.

—Respecto a la izquierda peruana; esta se ha dividido frente a la situación venezolana y hasta un sector llama dictador a Maduro. ¿De esa manera se puede construir la unidad?

—De la izquierda prefiero no opinar; prefiero guardar un silencio pero por supuesto, mi silencio dice mucho.

—¿Es decepción?

—No; me niego a dar alguna opinión sobre la izquierda en este momento. Yo doy mi opinión, soy responsable de mi opinión y estoy dispuesto a discutirla con cualquiera, aquí y en cualquier parte. Cada quien es responsable ante su propia conciencia, de la posición que adopte en este momento frente a lo que pasa en América latina.

16 de agosto de 2013

Límites de la minería


Héctor Béjar

La Barrick Gold Corporation, la Gold Group, la Yamagold, la Greystar operan en minas a cielo abierto en muchos países del mundo, entre ellos el Perú. Pero encuentran muchas dificultades en Canadá debido a la intensa actividad de reclamación legal de la sociedad civil en aquel país contra la minería contaminante.

En enero de 2010, la Corte Suprema de Justicia de Canadá determinó que los grandes proyectos mineros están obligados a una evaluación de impacto integral y no fragmentada, para evitar que se oculten las consecuencias contaminantes de la inversión.

El gobierno canadiense usa los impuestos pagados por sus ciudadanos para promover minería en Honduras contra la voluntad de los hondureños. Cuando el presidente Manuel Zelaya fue derrocado, estaba a punto de ser aprobado en el Congreso un proyecto de ley prohibiendo la minería a cielo abierto y el uso de cianuro. Los canadienses, encabezados por el embajador Cameron Mac Kay y la compañía Mustang Alliances, fueron muy activos en el apoyo al golpista Porfirio Lobo, quien cortó el proceso y promovió un nuevo código aprobando la minería contaminante.

Según la Fundación para la Minería Argentina (www.fundamin.com) este tipo de minería ha sido prohibido en Turquía desde 1997, en Alemania, en los estados de Montana y Colorado (Estados Unidos), en la República Checa desde el 2000.

Hace diez años, la mina Bala Mare derramó cien mil metros cúbicos de cianuro desde el embalse de una mina de oro del sistema fluvial Tisza-Danubio en Rumanía, un tributario del río Danubio que pasa por Hungría y Serbia, lo que causó el mayor desastre ecológico de esa época en Europa central; se vertieron más de cien mil metros cúbicos de agua contaminada con cianuro. En Montana, el agua deberá ser tratada por años para reducir el efecto de los vertidos tóxicos de la mina Zortman-Landusky en 1998; y se ha prohibido el cianuro en cualquier nueva mina a cielo abierto.

En 2010, mediante la Resolución RCB7, el Parlamento Europeo pidió a la Unión Europea que prohíba la extracción de minerales usando cianuro. En la resolución se afirma: “En los últimos veinticinco años se han registrado más de treinta accidentes importantes relacionados con el vertido de cianuro”.

El cianuro es usado para disolver el metal de la roca cuando éste no se encuentra en forma de veta sino en forma difusa. El cianuro también extrae mercurio que puede terminar en las aguas. El informe añade: “No existe ninguna garantía real de que no se vuelva a producir un accidente semejante, especialmente teniendo en cuenta el incremento de las condiciones meteorológicas extremas, como se prevé en el Cuarto Informe de Evaluación del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático.

Como informé en esta columna, el Congreso de Costa Rica prohibió la minería a cielo abierto, decisión que ha sido confirmada por la Corte Suprema de Justicia luego de una batalla jurídica con la Infinito Gold.

El uso del cianuro ha sido prohibido en las provincias argentinas de Chubut, Río Negro, Tucumán, Mendoza, La Pampa, Córdoba y La Rioja. En setiembre de 2008, la Legislatura de Córdoba, mediante Ley Provincial, prohibió la explotación de uranio y torio; y el uso de sustancias químicas contaminantes, tóxicas y peligrosas como el cianuro, cianuro de sodio y ácido sulfúrico. Noventa pedidos privados para concesiones mineras han sido anulados.

Uno de los financiadores de la contaminación es la Corporación Financiera Internacional (ICF), perteneciente al Grupo del Banco Mundial.

La Exposición de Motivos de la Ley que prohibió la minería en gran escala a cielo abierto y el empleo de cianuro en Costa Rica sostiene que existe consenso en no permitirla cuando la región afectada tiene un alto valor productivo o ambiental; cuando los procedimientos van a tener un efecto irremediable; cuando las consecuencias pueden ser catastróficas; cuando los emprendimientos no generan desarrollo tecnológico.


http://agendaglobal.redtercermundo.org.uy/2013/07/31/limites-de-la-mineria/