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25 de julio de 2025

En defensa de los caviares

César Hildebrandt

"Estoy con los caviares porque siempre serán mejores que los coyotes que se les enfrentan. Porque no está mal pensar en la justicia social y, por la noche, tomarse un buen vino. No es un pecado tener una vida decente y desear que los demás también la puedan tener.
 
El pecado es tener una vida decente y creer que los infelices que no la tienen se la han merecido por flojos, brutos, sucios e ignorantes.
 
Puede uno escuchar una ópera y aspirar a un mundo en el que escuchar una sea un fenómeno de masas.

¿Ingenuidad? Prefiero la ingenuidad a la lógica de los depredadores.

Tener simpatía por los abusados y las causas aparentemente perdidas: eso es caviarismo militante. Leer a Carson McCullers tirado en una cama: eso es caviarismo en reposo.
 
Lo que es de pésimo gusto es creer que los privilegios basados en la explotación de las personas y de los recursos deben ser defendidos a balazos. Y eso es lo que piensan los coyotes que odian a los caviares.
 
Pensar en la igualdad no es imaginar en mundo monocolor. Es pensar, casi cristianamente, que todos tenemos derechos y que la condena de la pobreza no la impuso el destino ni Dios ni el estricto azar sino que proviene de corregibles defectos del sistema social. Eso es caviarismo en su más pura esencia.
 
Viva el caviarismo que reflexiona sobre lo que pasaría si el mundo invirtiera la décima parte de lo que gasta en armas en aliviar las consecuencias de las hambrunas. Viva el caviarismo que agita el tema del calentamiento global, negado por las petroleras y sus matones escribidores.
 
Neruda era caviar.
Tchaikovsky era caviar.
Picasso era caviar.
Arthur Miller era caviar.
Flaubert fue jefe de caviares.
Cortázar era caviar.
Susan Sontag era caviar.
Sartre era ultracaviar.
William Faulkner era caviar.
Antonio Machado era caviar.
Bertrand Russell era caviar.
Diego Rivera era caviar.
Camus fue un gran caviar.
Carlos Monsiváis era caviar.
García Márquez es caviar.
Umberto Eco es caviar.
Por algo será.
 
No se necesita contraer una ideología insidiosa para alejarse de los chillidos de la derecha. Basta tener buen gusto.
 
¿Quién puede leer sin sentir naúseas a quienes defienden los intereses del dinero y del poder fáctico empleando un lenguaje rebuscado que pretende haber sido extraído de las ciencias exactas?

Ellos no son caviares. Son voceros.
 
Conozco conservadores respetabilísimos. Pero son una minoría perseguida. La mayoría no ha aprendido la lección y ha vuelto a las peores andadas. Esta mayoría es la derecha pura y dura.

Y habrá siempre un vaho de vulgaridad en la derecha: un toro desangrado en una plaza llena, un eructo macho, una planilla negra, un denuncio de tierras en propiedad comunal.
 
Ser caviar no tiene nada de malo. Vivir esforzadamente bien y querer que todos los humanos sean dignos de esos estándares no es algo que deba avergonzar a nadie. Lo vergonzoso es darse la gran vida y estar en una cetácea sobremesa donde el tema crucial es cómo hacer negocios rápidos con los chinos.

Caviares del Perú: abandonen su discreción, griten su membresía, sorprendan a quienes los odian. En una palabra: ¡uníos!"

Fuente: http://sociedadliterariaamantesdelpais.blogspot.com/2021/02/en-defensa-de-los-caviares-por-cesar.html

15 de diciembre de 2024

Perú: Derechos humanos en emergencia

Ronald Gamarra

Este bienio está marcado por la crisis más grave de la situación de los derechos humanos en nuestro país en las últimas dos décadas. El anterior momento crítico, qué duda cabe, lo vivimos y padecimos bajo el gobierno dictatorial de Alberto Fujimori y su cómplice Vladimiro Montesinos. No es coincidencia, por tanto, que la actual crisis de los derechos humanos coincida con el poder que ejerce actualmente la facción fujimorista como eje de la alianza corrupta que, desde el Congreso, domina y avasalla la política del país, con la presidencia de Dina Boluarte reducida a la condición de una mayordomía dedicada a servir al milímetro todos los desvaríos y alucinaciones de los mandones de la plaza Bolívar.

El fujimorismo ha demostrado que no aprendió nada, ni lamentó nada, ni reconoce ningún error de la experiencia de su gobierno de 1990 al 2000. Queda demostrado plenamente que siguen siendo la misma facción de vocación dictatorial, autoritaria, arbitraria y sobre todo corrupta, que se aprovecha del Estado y el poder para servirse y enriquecerse, atropellando las normas básicas de la democracia, el Estado de derecho y la normatividad internacional sobre derechos fundamentales. El fujimorismo no ha cambiado en lo esencial con respecto a lo que era durante la década en que gobernó. Las esperanzas de algunos en la posibilidad de un fujimorismo “democrático” se han demostrado infundadas, particularmente desde el 2016 y sobre todo en el último bienio.

Hay que destacar la habilidad maniobrera y la capacidad trapacera del fujimorismo para articular una alianza reaccionaria y convertirse en el eje motor de dicho pacto, al mismo tiempo que se pone de perfil para no aparecer, en lo posible, como un partido de gobierno. Por lo demás, la ultraderecha pone lo suyo, asumiendo el activo rol conservador que le sale tan natural y acorde con sus prejuicios y complejos clasistas y raciales. El fujimorismo y la ultraderecha son, también, muy pragmáticos y por ello han cooptado a su tinglado de poder a Dina Boluarte y a Vladimir Cerrón, a quienes les dan las migajas que les corresponde, básicamente tolerarlos en el poder hasta el momento en que decidan deshacerse de ellos.

Así, tenemos ahora un país cuyas élites poderosas quieren que cada día se parezca más a lo que fue la dictadura de Fujimori y Montesinos y dan, en consecuencia, grandes pasos en esa dirección. Pero ¿Cómo llegamos a esto?

Lo primero fue meter bala. Y no dudaron en hacerlo al imponer a Dina Boluarte como presidenta hasta el 2026, en lugar de convocar de inmediato a elecciones generales, como exige la población. Fue terrible la represión de las manifestaciones populares del sur, en las que 50 personas, incluidos no menos de siete menores de edad, perdieron la vida bajo disparos de las fuerzas policiales y militares efectuados con armas y munición de guerra. Dina Boluarte estuvo al frente de la matazón, pero el Congreso le dio todo su respaldo político y protección hasta el día de hoy. Ese asesinato de decenas de personas que manifestaban y exigían elecciones marca el inicio del pacto y del período de restauración de los 90.

Lo siguiente fue ir, paso por paso, cooptando y ocupando los organismos constitucionales autónomos y ponerlos al servicio de sus designios. Empezaron con la ocupación del Tribunal Constitucional, lograda con la activa colaboración de la gente de Vladimir Cerrón, gracias a quienes lograron un TC compuesto mayoritariamente por conservadores y reaccionarios. Cerrón fue tan servil que ni siquiera puso un tribuno y se limitó a atender sumisamente los deseos del fujimorismo. Lo que sí les dieron fue la Defensoría del Pueblo, que de inmediato se dedicó a torcer y desnaturalizar. Luego fue el ataque obstinado a la Junta Nacional de Justicia para traérsela abajo y apoderarse del organismo que evalúa y sanciona a jueces y fiscales y define a los directivos de los organismos electorales. Y tienen previsto arremeter aún más en esa vía para someter al Ministerio Público y limitar al Poder Judicial.

El paso siguiente fue abrir el camino a la ruptura con el orden internacional que vela por el respeto a los derechos humanos. El eje corrupto de la fujiderecha ha impuesto que el país se encuentre actualmente en situación de abierto desacato frente al Sistema Interamericano de Derechos Humanos y particularmente ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos. Lo hicieron primero mediante la ilegal excarcelación de Alberto Fujimori, “resucitando” el indulto del 2017 que le acordó Kuczynski y que fue declarado nulo e inaplicable en su momento por la Corte IDH y por la Corte Suprema del Perú. El siguiente paso desaforado lo dieron al decretar una ley anticonstitucional que da impunidad absoluta a los autores de crímenes de lesa humanidad “anteriores al año 2002”. Los maximalistas de la fujiderecha tienen como objetivo final repudiar la Convención Americana de Derechos Humanos y retirar al país de la jurisdicción internacional.

Afortunadamente, nada de esta deriva autoritaria hacia los 90 ha dejado de encontrar resistencia en diferentes sectores. Así, recientemente, el Ministerio Público declaró su oposición institucional a la ley de impunidad de los delitos de lesa humanidad y algunos jueces la han declarado contraria a la Constitución e inaplicable ejerciendo la función de control difuso de la constitucionalidad de las leyes. Así mismo, el Ministerio Público ha anunciado que uno de sus equipos especiales ha identificado a más de 40 policías y militares como responsables de la muerte de no menos de siete menores de edad en las manifestaciones al inicio del régimen de Dina Boluarte. El avance de esta investigación, aún inicial a dos años de la masacre, no se hubiera podido dar si la Fiscalía de la Nación siguiera en manos de Patricia Benavides, miembro activo del pacto corrupto, destituida este mismo año.

Así estamos. Nos hallamos bajo una emergencia de derechos humanos como no vivíamos desde el gobierno de Alberto Fujimori. Las fuerzas políticas que hoy dominan, articuladas por el fujimorismo, nos han puesto en situación de desacato ante el Sistema Interamericano de Derechos Humanos, ante el cual también hay que responder por el asesinato de 50 compatriotas en manifestaciones políticas por elecciones generales, una de las peores masacres de la última década en nuestro continente. Felizmente, la gente está despertando y empezando a moverse y en su momento exigirá cuentas a los actuales mandones. El 91% de desaprobación de Dina Boluarte y el 93% de desaprobación del Congreso marcan la suerte que les espera a los culpables.

Fuente: Hildebrandt en sus trece, Ed 713 año 15, del 13/12/2024

https://www.hildebrandtensustrece.com/


23 de junio de 2024

Las mafias en el poder en Perú: de la impunidad al blindaje y a la perpetuación

Jorge Lora Cam

“…las izquierdas han sucumbido al veneno neoliberal que desean combatir, porque el cainismo, la falta de afectos, las divisiones continuas, la animadversión, la falta de entendimiento y la desunión en realidad son expresiones totalitarias, producto del individualismo y del ensimismamiento que el neoliberalismo ha inyectado en el conjunto de la sociedad. Si las izquierdas no se liberan de ese veneno, muy difícilmente podrán transformar el mundo.”Entrevista a Juan Torres López por Jorge Otero Maldonado, «Las izquierdas han sucumbido al veneno neoliberal que desean combatir» Rebelión, 08/06/2024.)

En el Perú la repugnante izquierda parlamentaria acompaña como cómplice delictiva a la derecha aumentando el saqueo y la pobreza, afectando derechos sociales, flexibilizando el salario y la jubilación, propiciando el ecocidio, disminuyendo impuestos a las empresas, decretando impunidades a diestra y siniestra, traspasando todos los límites. Hasta llegan a reformar toda la Constitución e instituciones para favorecer al capital financiero y al crimen organizado.2 Paralelamente la gran clase media (en la administración pública, la tecnocracia empresarial y otros.), la real y la ilusoria, especialmente capitalina es afectada y solo consigue balbucear críticas a imaginarios culpables de una supuesta izquierda representados por agentes del gobierno de Castillo o de Dina y sus secuaces. El Perú es un país lleno de sorpresas y cada día parece más complejo el análisis político. Los nuevos politólogos recurren a la búsqueda de teorías como aquella de las transiciones o de la hibridez, que colocan como actores del cambio a las élites políticas, que transitarían de un viejo régimen a un régimen emergente, en menoscabo de los actores sociales y la sociedad en general, lo cual es reduccionista y libresco.3 Al quedarse en el chisme cotidiano no ven que el país perdió solo temporalmente los referentes izquierda-derecha o la soterrada pugna étnico/clasista, hundiendo al país en la confusión, incertidumbre e improvisación propios de la decadencia occidental y el comportamiento delictivo de una bárbara lumpen-burguesía antidemocrática y sus sicarios dedicados al despojo de los recursos del país y que utilizan a organizaciones criminales y narcotraficantes instalados en el campo político -caracterizados por el saqueo de las arcas públicas, por su incompetencia y nula capacidad estatal- que han llevado a la corrupción generalizada, al caos institucional y al piloto automático neoliberal. No obstante, un sector de estos empresarios nativos se une al repudio del 90% porque el Congreso decidió representar tanto a la economía criminal legal como a la ilegal que compite y agrede a la primera. Un límite más que se transgrede y se suma al ataque a los derechos de los pueblos originarios, de los pobres, de las mujeres, de los trabajadores, ONG, movimientos regionales, de la ciudadanía, de los estudiantes, de los enfermos, pensionistas y la sociedad en su conjunto.

En 33 años del dominio neoliberal; en su segunda etapa, los viejos políticos y los “caviares” fueron desplazados por oportunistas de la baja clase media, advenedizos agrupados en bandas que nacen en las provincias y en las universidades “chicha” y se van instalando en los poderes del estado, surgen de los gobiernos locales y regionales financiados por la economía ilegal. 70% de los 130 congresistas tienen procesos y casi todos los partidos en ese poder son calificados con precisión por el ministerio público como organizaciones criminales, concepto que decidieron no aplicarla a los siniestros partidos congresales. La contrarreforma educativa produjo decenas de miles de abogados, maestros ignorantes y profesionales con diplomas mal habidos (en desmedro de las ciencias, ingenierías, tecnologías) que buscan convertirse en congresistas o autoridades políticas para enriquecerse y que llegados a puestos de poder solo se dedican a la rapiña y en cada inicio de gestión parlamentaria se disputan y reparten las comisiones asociadas a los sectores, instituciones y proyectos con mayor presupuesto que generen más coimas. El otro segmento crucial para delinquir es el de las instituciones vinculadas a la protección e impunidad de estos saqueadores del presupuesto; el sistema de justicia permite a los gobernantes y funcionarios a protegerse de procesos fiscales o judiciales que les atañen y además, perseguir a sus opositores. Con la conquista por el Congreso del Tribunal Constitucional, de la Defensoría del Pueblo; la inhabilitación de fiscales supremos; y la remoción de miembros de la Junta Nacional de Justicia; se politiza y amafia la justicia, se judicializa la política y se mercenariza la protección. Paralelamente se privatiza la política, se mercantilizan las candidaturas, los curules y cargos. En el otro extremo esta la necropolítica con la manipulación de la miseria, la represión y control de sus subproductos, derivadas del despojo y las incontroladas migraciones (60% de delitos por venezolanos), la cotidiana amenaza de la seguridad pública y el incremento de los asaltos, crímenes, robos, feminicidios, estafas, extorsiones y secuestros. El mal ejemplo está en el Congreso, la Fiscalía informa que un total 67 legisladores acumulan 729 delitos; 50 son investigados contra la administración pública, contra la fe pública y contra el patrimonio; y 17 están inmersos en delitos de lavado de activos, contencioso administrativo, contra la tranquilidad pública, entre otros.

La economía ha sido también envilecida. El colonialismo muta sus formas cotidianamente, su esencia se mantiene inmutable. Y sin soberanía – que es tan irreal como la democracia o el Estado de derecho- no será posible el cambio del país. Cada vez, más recursos naturales se mercantilizan incluso desde que se concesionan, antes de extraerlos, para incrementar la acumulación, en un escenario especulativo, donde se impone la financiarización de los procesos productivos y extractivos.4

Hay que leer a Vandana Shiva para entender hacia donde vamos: “la crisis ecológica (es que) se está produciendo por una extracción sin límites. Esto sucede porque se han otorgado derechos corporativos y coloniales, y se les recompensa con un poder absoluto”.5  En el Perú la minería -grande y pequeña- y la agroindustria, son actividades ecocidas, que ahora destacan por la inequidad, donde los trabajadores no obstante estar cada vez más tercerizados apoyan a sus empresas por que les dan empleo con cierta estabilidad e ingresos suficientes, aunque estos sean una sexta parte de los que tienen en sus países. Las mineras dejan divisas por impuestos, sin embargo, el aporte del sector minero al total de tributos recaudados registra una participación de 10.2% a julio de 2023 el país tiene reservas que le dan estabilidad, a expensas de salarios miserables y nula política social.6 A ello hay que agregar los ingresos de divisas por la minería ilegal y el narcotráfico. El informe del Departamento contra la Delincuencia Organizada Transnacional de la OEA señala: “Las exportaciones de oro no contabilizadas en los últimos años han alcanzado niveles asombrosos. Entre 2015 y 2019, Perú produjo oficialmente unas 720 toneladas de oro; sin embargo, durante el mismo período, el país exportó 2.242 toneladas de metal, lo que deja sin registros de producción casi el 70% de sus exportaciones de oro. Se cree que la mayor parte de este oro proviene de la minería informal no registrada y de la ilegal”. Las exportaciones de oro, los principales destinos y sus orígenes surgen de territorios que son tierra de nadie, donde imperan mafias, bandas de sicarios, mafias policiales que intentan controlar la minería informal aurífera y de otros minerales, por no mencionar que una parte de ella está integrada a la formal.7

Y respecto a la narcopolítica, el experto en ese tema, Antezana apunta al fujimorismo como el mayor representante político del narcotráfico: “Fuerza Popular (el partido encabezado por Keiko Fujimori) es el primer narcopartido del país. Fuerza Popular le abrió las puertas al narcotráfico. Hay otros narcopartidos en el Congreso, como Renovación Popular (del ultraderechista alcalde de Lima Rafael López Aliaga), Alianza para el Progreso, Podemos Perú, Avanza País. Una alianza de estos partidos y el fujimorismo controla el Congreso. Narcotráfico, minería ilegal y corrupción mandan en el Congreso y el Congreso es el que ahora gobierna el país. La mayor parte de nuestra burguesía empresarial ha surgido del narcotráfico, que es el poder fáctico más importante del Perú”.8

Desde el 2016, Perú vive una amenaza recesiva y una grave inestabilidad política hoy expresada en cinco presidentes y que se cerrara el Congreso dos veces en seis años y en la instalación de facto de un régimen militar-judicial-parlamentarista que ha alterado el equilibrio de poderes permitiendo el abuso de figuras como la vacancia presidencial por incapacidad moral. La situación se agravó ese 2016, cuando Keiko Fujimori, logró una mayoría parlamentaria que le permitió desde el Congreso manipular el presupuesto, judicializar la política, favorecer intereses corporativos corruptos y ajustar la ley a conveniencia controlando instituciones claves como el Tribunal Constitucional, defensoría, ministerio público y otros organismos.  

Veamos un cuadro totalizante del Estado, tratando de ser breves.

Vivimos en un Estado recolonizado con el gobierno de una dictadura de las mafias congregadas que provienen de la configuración lumpen empresaria de las últimas cuatro décadas, en un frente común con las mafias narco políticas coaligadas por el fujimorismo y los conservadores de derecha criollos militares y civiles, que con objetivos comunes en torno a la impunidad y continuar con el saqueo practican: el archivamiento de delitos, medidas a favor de todas y cada una de las mafias; el saqueo neoliberal, la impunidad para todos los grupos criminales saqueadores con procesos judiciales, desde lo público a lo privado, desde narco universidades hasta municipios y regiones, desde la economía ilegal hasta los involucrados en grandes procesos como Cuellos Blancos y Lava Jato. Los últimos proyectos buscan aniquilar a la Junta Nacional de Justicia y otorgar impunidad a los crímenes de lesa humanidad significan la vuelta a la barbarie. Ahora pretenden que la sala plena del Poder Judicial y la junta de fiscales tengan la facultad de elegir jueces y fiscales; asigna al poder político, encarnado en el senado la designación o remoción de los jefes de organismos electorales como la ONPE y la RENIEC, y a los jefes de la Autoridad Nacional de Control del Poder Judicial y del Ministerio Público.
Esta alianza de mafias está bajo el mando del Estado profundo a través del fujimorismo y sus socios más cercanos: Comando Conjunto de las FFAA, Ministerio Público, fuerzas mayoritarias fujimoristas en el Congreso (Fuerza Popular-Renovación Popular- Avanza País (De Soto)), con los sicarios de APP (Acuña) y Acción Popular y el APRA que Juntos mantienen mayoría y mandan en el Congreso y el sistema judicial.
Los expresidentes controlan segmentos del poder judicial y el Congreso durante cuatro décadas y mantienen sus espacios. Las fuerzas armadas que vigilan fronteras, zonas productoras de drogas y la economía criminal, es el otro instrumento. De este modo, manejar al Estado es imprescindible para los grandes negocios que garantizan el archivamiento de casos, libertad de implicados y la impunidad. El andamiaje del sistema judicial con sus múltiples aparatos ha sido jurídica y moralmente derruido: Tribunal Constitucional, Ministerio Público, Junta Nacional de Justicia, Control Interno, cortes, juzgados, etc. Distribuidos entre diferentes mafias, con mayoría del APRA y FP que gobernaron 10 años cada una y fueron los regímenes más corruptos.
El Estado profundo de larga data sigue en manos de la lumpen oligarquía y gobiernan a través de FP-Sistema Judicial-Congreso. Grandes empresarios de la CONFIEP están comprometidos con el narcotráfico y la economía extractivista legal acompañada de la llamada ilegal, como del tráfico de oro, uranio y otros minerales estratégicos. Este organismo con sus grupos dominantes posee el control de los sectores estratégicos, las finanzas, minero y alimentario: el Grupo Romero (Credicorp, Alicorp), Brescia (BBVA Continental, Breca, minería, pesca), Benavides (Buenaventura, Yanacocha), Rodríguez Pastor (Intercorp, Vivanda, Plaza Vea), Graña y Montero (GyM, construcción) y Ferreyros (Ferreycorp, importación de maquinaria) controlan la economía del país. Desde la sociedad de minería con Roque Benavides a la cabeza y su manejo de la minería legal e ilegal (que en el fondo son lo mismo) y con Dionisio Romero que controla puertos y bancos, financiaron a Alan García y Keiko hija y ahijada de Alberto Fujimori y Montesinos, también, todos ellos implicados en el gran tráfico de drogas en aviones y barcos estatales y privados. Otro sector que destaca por su financiamiento público a fondo perdido, son los agroindustriales (como Dyer y Flores), su despegue hubiera sido más complicado sin las inversiones del Estado en las irrigaciones costeñas, que incorporaron 100,000 hectáreas, por un monto de US$ 6,000 millones (Chira-Piura, Olmos-Tinajones, Jequetepeque-Zaña, Chavimochic).
Con el neoliberalismo no solo se dieron cambios económicos donde lo público y social se privatizaron y mercantilizaron, también cambiaron las sociedades y culturas generalizándose una tremenda fragmentación donde sectores de las nuevas capas medias se sumaron al saqueo de bienes públicos desde dentro y fuera del Estado. Desde los municipios, gobiernos regionales, congreso y sistema judicial se configura con Fujimori un sistema de saqueo que deja a un lado la soberanía y lo público en aras del enriquecimiento de familias, grupos y redes de intermediarios. La comercialización de títulos universitarios contribuyó a este proceso. Los mestizos de clase media desplazan a los “caviares” en la economía y en el sistema judicial, con abogados de cuarta categoría convertidos en mercenarios de un ejército de leguleyos que obedecen a los grandes estudios de abogados que, a su vez, trabajan para el Estado profundo. Caso de las Benavides, Otárola, Hinostroza, Soto, Chirinos, Abanto, Hernández, Parco, Nakasaki y mediadores como Vladimir Cerrón, los almirantes congresistas, etc.9
Existen además -como dijimos antes- economías y sociedades ilegales y paralelas que viven en y del narcotráfico, minería ilegal, trata de personas, tala ilegal, contrabando, corrupción gubernamental, crimen organizado, delincuencia, sicariato y extorsión; son parte importante del PBI nacional y de ingresos estatales. La economía delictiva no solo provoca perdidas de por lo menos 10 mil millones de dólares al año,10 ha pervertido la política, la justicia, la realidad económica, las prácticas sociales, las acciones del gobierno, el mundo del trabajo, los fines y los modos de vida cotidiana de la gente, y a su vez ha engendrado una clase rica hecha en la penumbra y al margen de la ley, empeñada en controlar la política. devaluando sus valores éticos. El culto al dinero, la codicia, el egoísmo, el cinismo y la deshumanización, son algunos rasgos observables de un desarme moral de la sociedad capitalista neoliberal. Son los residuos de un desarme moral de la sociedad.11
Con la saturación de títulos en el mercado se empezó a generar desde finales de los noventa una masa trabajadora cualificada de ingenieros y técnicos que ampliaron la clase media, pero al mismo tiempo originó otro sector condenado a la precariedad, excepto para los abogados y políticos, mostrando límites infranqueables a la promoción social mediante la acumulación de capital cultural e ingresaron a la burocracia estatal copándola de mediocres funcionarios, policías y militares; maestros y trabajadores de la salud, que para conseguir ascensos eran capaces de abandonar cualquier principio ético. Mientras otro sector se empobrecía ante el derrumbe del sistema de crédito y de propiedad que había sostenido en gran parte la realidad material de los estratos intermedios. De este modo se empieza a hablar de las nuevas clases populares informales (70%), sumándose a las nuevas clases medias empobrecidas, víctimas de la desvalorización de los títulos universitarios y la lumpen proletarización de la clase trabajadoras como consecuencia del desempleo prolongado o contratación temporal dando lugar a una nueva estructura polarizada y a un estrato bajo masivo, culturalmente diverso, pero igualmente empobrecido. Hoy, 80% de los peruanos perciben ingresos que no llegan a fin de mes, la pobreza llega al 40%, la salud pública se encuentra colapsada, la educación es un mercado de certificados y títulos, y en este país miserables las elecciones se ganan repartiendo billetes de 200 soles (50 dólares).
La derecha emprende una guerra cultural que por un lado presenta positivamente la lucha contra la rebeldía y por otra se apropia de las demandas populares en manos de intelectuales y las ONG o fundaciones que redefinen las luchas por el aborto o la igualdad de género, las luchas anti patriarcales, anti racistas, ecologistas, indianistas etc. Que, en realidad, son muy antiguas y surgen de los pueblos contra la diversidad de la opresión, dominación y explotación. En cierto momento, con el neoliberalismo, los organismos mencionados se apoderan y distorsionan las propuestas haciéndolas inofensivas, apartándolas de la lucha de clases, que también estaba en continua transformación. Estas demandas encuadradas en la lucha de clases aportarían a su agudización, de otro modo, le deja este campo a la derecha como el caso del neoliberal “peluca” Milei que se presentó como libertario. Las luchas de los anarquistas fueron durante mucho tiempo las más radicales, pero cuando, por ausencia de una ideología más clara, permiten que la derecha se presente como combatiente contra el Estado y las llamadas castas, la juventud cae en la trampa y en Argentina 14 millones (40%) votan por él. Entre los votantes hubo muchos jóvenes con tendencias anarquistas que les creyeron y no hubo nadie que esclarezca a las masas esta situación.
Es así que Perú vive una guerra entre una casta de saqueadores del erario público y los bienes que antes fueron comunes, de políticos corruptos con sus abogados, que pugnan por continuar con el despojo extractivista y mafioso (oro, drogas, armas, etc.), actuando cínica e impunemente contra un pueblo unido en su diversidad y dividido por caudillos y cúpulas que prefieren no definir principios de ética política. Las élites no están dispuestas a que el Estado regule sus actividades, les cobre impuestos, impida el saqueo de recursos, garantice derechos sociales, laborales y ambientales, imponga los intereses nacionales, asuma posiciones de soberanía y dignidad, enfrente al imperialismo. Esos poderosos sectores económicos no quieren ningún tipo de redistribución de la riqueza, que la consideran originada exclusivamente por sus actividades, ya que es imposible que comprendan que es fruto de la acumulación de valor socialmente generado. se ha visto acompañada por un clima inédito de antivalores en la historia contemporánea del país, incorporados al desbarajuste institucional del Estado: traición, mentira, cinismo, persecución, desvergüenza, represión, una cultura del privilegio, y en plena pandemia por el Coronavirus, una amplia corrupción, incluso encubierta mediáticamente.
Hasta hace poco el ejecutivo era criminalmente intocable, ahora este privilegio paso al Congreso y seguirá así cíclicamente si el pueblo organizado no le pone freno. Muchos, cada vez más, creen que se necesita de una revolución. Que nadie debe ser intocable, que todos los políticos y candidatos deberían ser impugnados o rechazados, destituidos y apresados, de ser necesario. Del mismo modo, otros consideran que debe privilegiarse la lucha política por fuera del Estado. Pero tampoco abandonan la idea de que las elecciones deberían administrarse localmente, participar solo los candidatos probos de cada región avalados con 7% de los ciudadanos y en las campañas debe terminar el financiamiento diferenciado. Así mismo, desmercantilizar y desprivatizar la política y las elecciones.
Desde fines del siglo XX, existen nuevas modalidades de quiebre de las reglas del sistema liberal. Las nuevas formas de golpe de Estado (lawfare, destitución congresal) se concretan a través del irrespeto a la división de poderes y el apoderamiento de todos por el Estado profundo, la injerencia del Poder Legislativo sobre el Ejecutivo, del tribunal constitucional sobre el judicial, en connivencia con los grandes multimedios comunicacionales propiedad de los más poderosos grupos económicos. El Congreso de los falsos partidos pretende acabar con toda oposición popular y evitar la competencia, después de eliminar el referéndum, la vacancia presidencial y la capacidad de veto popular, lograrían el monopolio del poder en sus manos. Esto último porque “según el JNE, en las últimas elecciones regionales y municipales del 2022, se obtuvo 7,129 autoridades provenientes de los movimientos regionales de un total de 12,956”.12 Más del 50% provienen de los movimientos regionales
El Congreso fue utilizado como instrumento de poder y contención de cualquier intento de cerrar el Congreso por el confuso Castillo y la colaboración de sus múltiples asesores de variadas tiendas, desde su Premier Aníbal Torres hasta mediocres políticos como Vladimir Cerrón o Bellido, hasta nefastos familiares y paisanos. El Congreso modificó la cuestión de confianza, consiguiendo que el ejecutivo no pueda utilizar la confianza por la censura a un ministro sino únicamente por el jefe de gabinete, aprobó una ley anti-referéndum e interpeló constantemente a los ministros. También logró cambios constitucionales incrementando el dominio parlamentario, con el aval del Tribunal Constitucional cuyos miembros son elegidos por el mismo Congreso y la instrumentación del Ministerio Público. También el Congreso buscó el control del Poder Judicial estando en sus manos la elección de los miembros de la Junta Nacional de Justicia, que, a su vez, designa jueces y fiscales.
A diferencia de los años 70, el neoliberalismo, en tres décadas y media, a depredado no sólo territorios sino a las mismas sociedades que ahora son más sumisas, disciplinadas y obedientes que naturalizan y aceptan las políticas del poder, aunque colocada en el límite pueda despertar su potencialidad de rebelarse. Estas sociedades ahora son más pasivas, sufren de miedo y carecen de expectativas ante el futuro; la guerra cultural ha provocado un cambio cultural en la izquierda que ha conducido a una forma oportunista, mercantil y corrupta de hacer política. Al no entender el momento histórico esta izquierda ya no posee conocimientos actualizados ni ha logrado construir nuevos fundamentos teóricos, ideológicos, discursivos capaces de situarla en posición de orientadora frente a los nuevos problemas. Tampoco logran reflexionar sobre la amenaza sobre los restos que quedan de democracia, amenazados por el predominio de un capitalismo cada vez más depredador, más oligárquico tienen mayor capacidad destructiva.

ESTADO Y LA LUCHA POR LA DEMOCRACIA

En resumen: el Estado peruano es producto de un proceso complejo tensado por continuidades coloniales. Insistimos en anotar que vivimos una reiteración del poder colonial que articula racismo, exterminio, explotación renovando los distintos dispositivos de dominación que se expanden y acumulan de tal modo que las prácticas coloniales no han cesado y continúan hasta hoy. control del conocimiento y de la comprensión; control de la gobernabilidad; control de la economía; de las relaciones subjetivas e intersubjetivas basada en la deshumanización. Durante el primer siglo de vida republicana, gobernó el país un grupo criollo que se estableció como heredero de la dominación colonial española, es decir, de la explotación social y la opresión racial de una pequeña minoría sobre la inmensa mayoría de la población, principalmente campesina indígena y afrodescendiente. La república renovó tanto la dependencia externa del país respecto al centro de poder mundial -Inglaterra-como las jerarquías y privilegios sociales a través de la propiedad, el trabajo y la clasificación racial y patriarcal. Asimismo, el grupo criollo gobernante heredó el carácter patrimonialista y corrupto del régimen colonial que no distingue lo privado de lo público. El conservadurismo católico caracterizó a una oligarquía que gobernaba dilapidando los recursos de las materias primas sin plantear un proyecto de nación moderna que unificara a los pueblos en una república.

Hoy, tenemos un Estado que erradicó los avances liberales, una lenta ampliación de la ciudadanía que incrementó el porcentaje de participación electoral del 2 % de la población total al 7 % en 1930, hasta que la Constitución de 1979, por primera vez consagró el voto universal incluyendo analfabetos e indígenas.

Perú forma parte de una tendencia global, para reinstaurar una dictadura desde el poder legislativo con respaldo militar y los medios, que se impone sobre el ejecutivo, con la complicidad del sistema de poder judicial, configurando una nueva modalidad de golpe de Estado, desde el 2016 cuando Fuerza Popular obtuvo 73 congresistas de 130. El 2021 la derecha cavernaria e hispanista impulso agrupaciones políticas de Lima y ciudades coloniales con la idea de compartir el poder con la mafia fujimorista. Aparecen mafias políticas que surgen de la economía ilegal -narcotráfico y mineria mediana y pequeña- en un pais con 80% de informalidad que convocan a sectores populares y clases medias que recurren a la violencia y a ideologías reaccionarias y bárbaras, misóginas, machistas, sexistas, homofóbicas, racistas, etc. La representación política desaparece junto a la capacidad regulatoria de la ley. Hasta el punto de generalizar y naturalizar las violencias y las bandas políticas lumpenescas, asociándose con la manipulación de quienes provienen del desempleo y la miseria. Las leyes se particularizan, son leyes privadas, el derecho se convierte en arma de despojo. Las instituciones pierden sentido ante los múltiples enemigos del Estado de derecho; se paraliza la vida pública y la lucha por privilegios se confronta con una inmensa mayoría que solo sobrevive. Los mafiosos se disfrazan como de derecha, centro o izquierda y avanzan en un mar de confusión ideológica y ética, arrastrando tras ellos a líderes sociales. El Congreso aprobó una amplia reforma constitucional que permite el retorno a la bicameralidad y de contrabando la reelección parlamentaria permanente además de dejarle la puerta abierta a los congresistas con un dígito de aprobación para que retornen como flamantes senadores de la República. No importó que hace unos años en un referéndum, los electores dijeran que NO estaban de acuerdo con la bicameralidad. El Congreso actual vive en la impunidad total, y tienen un Ejecutivo dispuesto a reprimir a quienes salgan al frente. La Junta Nacional de Justicia decidió remover de su cargo a Patricia Benavides, a raíz de su intervención en la investigación que se lleva a cabo contra su hermana, Enma Benavides, acusada de 41casos de liberaciones indebidas y absoluciones de narcotraficantes.

El desigual y desintegrado pueblo peruano, constituido principalmente por los pueblos indígenas diseminados necesitan cambiar el país para proyectar un bienestar general. Su integración y su proyecto son los problemas principales, pero deben buscarlos enfrentándose a enemigos externos e internos. Los externos son conocidos, los tenemos en el Estado aparente y el profundo, nos referimos a los poderes del Estado, a sus instituciones y bajo un manto ocultado por los medios a la lumpen burguesía. Los internos son los más complicados de identificar pues son los aspirantes o miembros de las clases medias, corruptas, de origen regional que aspiran a ser y vivir como la clase media limeña. Son los que niegan sus orígenes
Construir una agenda que responda a los retos del momento y que plantee, simultáneamente, propuestas de acciones de mediano y largo plazo. Este esfuerzo plural y múltiple demanda un claro compromiso con el cambio. Si las izquierdas no pueden convivir con el sistema capitalista, menos aún pueden convertirse en simples administradoras del capitalismo. Sin embargo, nos toca reconocer que de este sistema se saldrá arrastrando muchas de sus taras. Necesitamos, entonces, centrar la discusión alrededor de las propuestas y alternativas para hacer realidad esa salida, sin olvidar las demandas de corto plazo.
El Perú no requiere liderazgos que conduzcan a la configuración de estructuras verticales y caudillescas, sino en liderazgos colectivos sustentados en la autocrítica, en la toma colectiva y horizontal de decisiones, en el respeto a otras opiniones y en la humildad. Esto conduce necesariamente a respetar las diversidades para la construcción de una sociedad democrática, en ningún caso su uniformización totalitaria. Estos deben ser principios que guíen la estructura orgánica y la dirección de esta unidad de las izquierdas.
La naturaleza de la identidad cultural y su importancia en la formación de la subjetividad individual y colectiva. Una identidad en proceso, destacando que la identidad no es fija ni estática, sino que se encuentra en constante cambio y negociación en respuesta a las condiciones sociales, culturales y políticas en las que se encuentra inmersa. Sera difícil y compleja la formación de identidades colectivas e individuales, y cómo estas representaciones pueden reflejar y perpetuar estereotipos y prejuicios sociales. La cuestión de la resistencia y la agencia en la construcción de la identidad cultural; cómo los individuos y los grupos marginados o subalternos pueden resistir y subvertir las normas culturales dominantes, creando espacios alternativos de identidad y expresión.
En lo concreto habrá que asumir compromisos históricos como lo es la construcción de un Estado plurinacional, entendido como un nuevo Estado, diseñado y transformado desde abajo, que debe incorporar otros elementos clave: el Buen Vivir y los Derechos de la Naturaleza, la descolonización y la despatriarcalización, desde donde consolidar y ampliar los derechos colectivos y también los individuales.
El sistema de dominación capitalista se expande a través del mercado, el Estado y su institucionalidad antidemocracia, las falsas ideas y sus medios de difusión y la corrupción impune, sin eliminar tal sistema y sus componentes, no se podrá construir un nuevo país. La ilegitimidad del régimen (90% de rechazo) debe ser la base para romper este sistema capitalista anudando resistencias en su momento neoliberal.
Como señala Milciades Ruíz, los políticos y la política neoliberales ha sido decisiva en la grave situación del país, el saqueo del país y el derroche entre los privilegiados explican la recesión, el déficit fiscal, el aumento de la deuda y la perdida total de la soberanía es responsabilidad de la cacocracia.

Ruiz señala:

“Desde la implantación del neo-liberalismo que eliminó el control de Estado regulador, privatizó casi todo lo imaginable, flexibilizó el trabajo con la tercerización y recortes de derechos aborales como el Perú, ya casi no hay derechos laborales en algunos sectores. En Perú se proponen rebajar el impuesto a la renta a las transnacionales agroexportadoras de capitales norteamericanos y europeos….

En el Perú, los últimos doce meses hasta abril, el déficit fiscal acumulado alcanzó el 3.6% del Producto Bruto Interno (PBI), según datos del Banco Central de Reserva del Perú (BCRP). Esta cifra continúa en alza, con el intercambio de favores en los poderes del estado.

La principal causa de esta disminución se debe a los excesivos gastos no financieros del gobierno. En lo que va del año, el sector público no financiero acumuló un superávit de gastos de S/ 44 millones en los primeros cuatro meses. Este contraproducente manejo de las cuentas nacionales preocupa, ya que, el año pasado el déficit pasó el “techo” fiscal, que era 2.4% del PBI (llegando a 2.8%). Para este año, la meta es de 2.5% y ya estamos en 3,6% hasta abril.”13

La ausencia de una respuesta al sistema occidental de dominación, no puede dejar a un lado el retroceso registrado en las tres últimas décadas en lucha clasista y en la sindicalización combativa. La guerra sucia, militar y cultural, han frenado temporalmente la resistencia popular, al tiempo que los trabajadores abrumados por la precarización laboral, continúan desorganizados y carente de un proyecto social, económico y político autónomo. El ideario socialista continúa actuando subterraneamente, no obstante que la vida se ha tornado cada vez más individualista y ensimismada con el auge del consumismo y el capitalismo digital. Las bases sociales de una alternativa revolucionaria socialista, única fuerza portadora, en el presente, de una alternativa diferente al capitalismo liberal se organiza para la destitución y se va expresando desde abajo y desde arriba, .

En estos tiempos de amenaza política a la vida societal, de polarización entre una derecha que es cada vez más fascista y brutal y una izquierda que en gran parte ya no es realmente de izquierda (pues no cuestiona los fundamentos políticos y económicos de este sistema) es fundamental para las izquierdas el arraigo comunitario, plural y diverso, como base de su acción democratizadora e igualitaria. Indispensable para restituir la soberanía sobre el territorio y la soberanía alimentaria y energética. Así como restituir y reconocer los modos de vida que giran alrededor de la calidad de las relaciones y del equilibrio entre humanos y con la Naturaleza,

Como señala Monereo, bebemos entender la necesidad que tienen las poblaciones de protegerse y luchar contra él capitalismo. La izquierda débil orgánicamente, ideológicamente, con una falta muy real de organicidad entendida como influencia, organización y principios ético-políticos hacia la mayoría social, necesita situar de nuevo una agenda socialista en torno a las grandes reivindicaciones de una democracia social avanzada, de una democracia socialista. Reconstruir la izquierda, desde las asambleas y parlamentos populares, desde la comunidad lo más amplia y autoorganizada posible, que debatan de una manera abierta y sincera los grandes problemas que tiene el país y ponerse de acuerdo en un programa alternativo. Ha llegado el momento de hablar de la revolución, el momento de hablar del socialismo, el momento de cuestionar a las clases dominantes y desde ahí tener una perspectiva de salida socialista a este conflicto imperial.14

Notas:

2 La izquierda congresal, transformista y esquizofrénica hoy adopta posiciones de izquierda iniciando su campaña electoral, mientras la derecha que gobierna bajo el mando de la familia Fujimori usa a su marioneta Dina para que reciba todas las culpas y Keiko -que de hecho gobierna- se afiance como salvadora del país.

3 Algunos politólogos nos hablan de Estado Fallido, lo cual es inapropiado por que ello supondría que estamos ante un estado de derecho, con las formalidades democráticas de una república, con soberanía, sin injerencia externa, sin intervención de los militares y empresarios en la vida política y ello no es correcto, pues, ello no ocurre y si los otros rasgos como ser un Estado corrupto e ineficaz, sin control territorial, con participación de la economía criminal, presencia de desplazados extranjeros, con una burocracia más que mediocre, en el límite de ser un estado paria en sus relaciones interestatales, sin derechos humanos, represivo y genocida, manipulador de la miseria en las que mantiene a más de la mitad de la población, altos índices de criminalidad, machista, homofóbico, teócrata y diabólico, etc. Mas correcto es denominarlo colonial y cacócrata, aunque ello nos deje la tarea de una mejor definición. .

4 La acumulación de minerales -litio, cobre, tierras raras- alienta el colonialismo, en un contexto de guerras, competencia y aumento del crimen organizado transnacional.

5 Vandana Shiva, «El nacionalismo del odio es socio del neoliberalismo corporativo», Rebelión, 12/06/2024.

6 A junio de 2023, se registró un aporte total de S/ 8 252 millones y devoluciones por S/ 2 231 millones, lo que significa un aporte neto del sector minero de S/ 6 021 millones. Por otro lado, durante el mismo periodo en el 2022 el sector minero registró un aporte total de S/ 15 861 millones y devoluciones por S/ 2 308 millones, lo que representa un aporte neto del sector de S/ 13 553 millones, más del doble de lo que se registra este año.
CooperAcción Informa, Economía y minería (agosto 2023), 29 de agosto de 2023

7 José De Echave C.  Publicado: Servindi, Lima, 26/02/2024.

8 Carlos Noriega, Perú se mira en el espejo de Ecuador, Pag.12, 15/01/2024, https://www.pagina12.com.ar/703999-peru-se-mira-en-el-espejo-de-ecuador

9 Esta articulación de lo privado y lo público, de lo caviar y plebeyo, se pudo apreciar cuando abogados de 13 reconocidas firmas Olaechea, Miranda-Amado, Payet Rey, Torres y Torres Lara, Rodriguez, Rebaza, Rubio, Dentons, Elias y Medrano, Bracamontre-Haaker-Castellares, Gogin, Muñiz y otros brindaron asesoría jurídica a Fuerza Popular y su candidata Keiko Fujimori en la segunda vuelta, en el contexto de la estrategia de este partido y aliados políticos para denunciar un presunto fraude electoral y evitar así la proclamación de Pedro Castillo.

10 Rudecindo Vega Carreazo, https://otramirada.pe/per%C3%BA-estado-criminal-y-mafias-gubernamentales, Otra Mirada, 17/01/2024

11 Alejandro Narváez Liceras, El Perú, atrapado en las redes de la corrupción, otraMirada, 6/12/2023. https://otramirada.pe/el-per%C3%BA-atrapado-en-las-redes-de-la-corrupci%C3%B3n.

Rudecindo Vega Carreazo, Perú: Estado criminal y mafias gubernamentales. OtraMirada 7/01/2024, https://otramirada.pe/per%C3%BA-estado-criminal-y-mafias-gubernamentales.

12 Milciades Ruiz, EL DETERIORO POLÍTICO ELECTORA, https://republicaequitativa.wordpress.com/, 9 de junio 2024.

13 Milcíades Ruíz, la coyuntura económica mundial y nacional. Lima 19 de mayo 2024.

14 Miguel Riera, Entrevista a Manuel Monereo sobre política internacional y la situación de la izquierda

Jorge Lora Cam. Doctor en Ciencias Políticas y Doctor en Estudios Latinoamericanos. UNAM.

Se publica este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

7 de junio de 2024

Perú: Alberkeiko y las otras caras de la DBA

Maritza Espinoza

"El bloque político que hoy disfruta de las mieles del poder gracias a la sumisión de la presidente más impopular de la historia reciente está dando muestras de que se dispara a los pies cada que tiene la oportunidad”.

A pesar de que su cara más visible, que es una repelente fusión, en partes desiguales, de las caras de Alberto y Keiko Fujimori (algo así como un Harvey Dent jaladito y más siniestro, si cabe) llega pujando a un 4,6% de intención de voto según la última encuesta del Instituto de Estudios Peruanos, la ultraderecha peruana todavía cree que puede darse el lujo de ir desunida a las próximas elecciones generales.

“Pero ¿cuándo ha estado unida la DBA, si no es en las trapacerías y cuchipandas que perpetran para imponer sus sucios intereses?”, me inquirirá usted, aguzado lector, y tendrá razón. La ultraderecha peruana —por suerte para la democracia— nunca se ha caracterizado por tener un horizonte común y, llegado el caso, se pelea y subdivide con el mismo entusiasmo que la izquierda peruana en los setenta.

Sin embargo, confieso que me sorprendió un poquito que, esta semana, se diera un cisma en Renovación Mediev… ¡ejem!, Nacional, el partido que lidera nuestro indescriptible alcalde limeño. Durante los últimos años, ese grupo político ha sido un puño con Fuerza Popular y las sobras del resto de la DBA en la defensa de la defenestrada fiscal Patricia Benavides y otras causas igual de oprobiosas que llegué a pensar que tendrían la perspicacia suficiente para mandar un solo candidato.

Pero no. El bloque político que hoy disfruta de las mieles del poder gracias a la sumisión de la presidente más impopular de la historia reciente —aunque, valgan verdades, su 5% todavía supera el 4,6% de los dos Fujimori juntos— está dando muestras de que se dispara a los pies cada que tiene la oportunidad y, desde ya, asoman varias cabezas pigmeas que irán a la pelea presidencial. Aquí un perfil de los principales para que vayamos preparándonos por quién no votar.

No uno, sino dos Fujimori

Así, sin distinguir uno del otro, como si fueran un bicho con dos cabezas, perciben sus potenciales votantes —o sea, ja, ja, ja, ja, ¡cuatro de cada cien peruanos!, perdonen la carcajada— a las dos caras visibles de Fuerza Popular. Es que, sin querer, al ejecutar el indulto trucho de PPK, doña Dina Boluarte dio un tiro mortal a las aspiraciones de Keiko: si antes ella solita era el rostro del fujimorismo, hoy tiene que compartir el “honor” con papi, algo que no le debe hacer nadita de gracia.

Lo cierto es que, con esta nueva cifra, ya ni siquiera es seguro que ella sea la candidata de su movimiento. Si no se sabe cuánto de ese 4,6% le pertenece, puede ocurrir que, de esa ya escasa intención de voto, ella tenga menos del 1% que ostenta el aprismo zombi. ¿Se imaginan al fujimorismo en unas primarias decidiendo quién será su candidato? La sola idea debe hacer que la Señora K se dé de cabezazos y piense en vacar cuanto antes a la inoportuna mucama que creyó que le hacía un favor liberando a su padre.

Pooorky, Pooorky, ¿nuestro rey?

Quienes lo conocen de cerca, aseguran que, ya en el 2016, don Rafael López Aliaga se juró a sí mismo y a la Virgen mamacita en la que piensa cuando lo aguijonean las oxidadas puntas de su silicio “opusdeiano”, que un día sería presidente, costara lo que le costara. Y por eso está dispuesto, dicen, a gastar lo que sea y pactar con quien sea. Lástima que lo traicione el escorpioncito que lleva dentro y que lo ha hecho anunciar una prematura candidatura al “país de Loreto” que no ha gustado nadita al almirante Montoya (ver más abajo) ni a otros correligionarios suyos que saben que, con el 1,1% que le dan las encuestas de intención de voto, mejor es ir apartándose de él como de una piscina contaminada.

Pero ¿tiene alguna opción López Aliaga? Bueh, soñar no cuesta nada. Él se sigue sintiendo un presidenciable y sí, pues, de los rostros de la DBA que hoy asoman, es el único que ha ganado una elección, la de la Alcaldía de Lima. Tal vez el pobre ni siquiera se da cuenta de que, para sus aspiraciones políticas, eso fue lo peor que le pudo pasar, porque la gente ha podido apreciar, en vivo y en directo, lo mal político (por conflictivo, miope y torpe) y pésimo gestor que es, a tal punto que la imagen de empresario exitoso que vendió en su campaña se terminó de ir al traste.

El almirante de tina

No lo ha dicho públicamente, pero algunos de sus allegados cuentan que, en sus conversas amicales, don Jorge Montoya jura que, como exmilitarote que es, es el único que podría plantarle cara a Antauro Humala. Y tal vez tiene razón. Ambos son fanáticos de la mano dura y uno puede fácilmente imaginar un debate entre los dos, aderezado con ajos y cebollas, prometiendo ríos de sangre para acabar con la delincuencia, con el narcotráfico, con los corruptos, con los ladrones y hasta con los feos, ¡faltaba más!

¿Y sus méritos? Bueno, el almirante tiene una impecable foja de servicios… a Vladimiro Montesinos, pues fue uno de los altos mandos militares que, humildito y puntual, estampó su firma en el acta infame que buscaba respaldar el autogolpe del 5 de abril de 1992 y rechazar las acusaciones de violación de derechos humanos del régimen fujimontesinista. Él dice que solo se trató de un acta de asistencia, pero igual se bancó que un exespía sin ningún rango le largara un rollo sobre lo que es y no es patriotismo. Y, de eso, ningún militar vuelve.

A casi dos años de las elecciones, estos son solo los rostros más visibles de la derecha bruta y achorada rumbo al 2026, pero hay otros personajillos de (todavía) menor monta que también desvarían, probándose fajines presidenciales improvisados con corbatas, pensando en una posible candidatura presidencial. Algunos son tan opacos que bien podrían ser tomados por outsiders y otros tienen visibilidad, pero tan poco prestigio que no entrarían ni como congresistas. De esos se ocupará el tiempo.

https://larepublica.pe/opinion/2024/05/29/alberkeiko-y-las-otras-caras-de-la-dba-por-maritza-espinoza-2078328

30 de enero de 2024

Perú: La salud peruana y los reyes desnudos

Víctor Zamora Mesía

"El Rey Desnudo" es la denominación popular para el cuento "El Traje Nuevo del Emperador", escrito por Hans Christian Andersen. La esencia de la trama radica en la vanidad de un monarca mareado de poder, ignorante y frívolo que ha caído presa de dos estafadores y el silencio cómplice de la corte palaciega. Engañado, el monarca cree ostentar un traje magnífico pero que se presenta como "invisible" para aquellos que carecen de inteligencia suficiente, cuando en realidad se encuentra completamente desnudo.

El Perú se encuentra así, bajo el yugo de una clase política exhibe su desnudez de ideas, de ética, de proyecto colectivo, y de sentido de bienestar, envueltos en un discurso carente de sustancia, acciones sin rumbo y agendas desprovistas de un propósito genuino, más allá de satisfacer la voracidad de las vanidades y los intereses mercantilistas que los respaldan. Sus atuendos ilusorios son recibidos con aplausos efusivos, por supuesto de aquellos que se benefician de las prebendas del poder.

Tan evidente es que viven a espaldas del pueblo que las encuestas no los interpela. Al cierre de enero de 2024, el sondeo del Instituto de Estudios Peruanos publicado en el diario La República el 28 de enero de este año revela que apenas un 9% respalda la gestión de la presidenta y un magro 5% el del Congreso.

Lo más inquietante es que dos de cada tres encuestados, especialmente la población joven, afirman que su situación ha empeorado en el último año, revelándose así un sentimiento generalizado de desesperanza.


Otro aspecto del descalabro institucional es la desaprobación y abierto rechazo a los ministros. La encuesta de Datum, divulgada el 15 de enero a través del diario El Comercio, revela que la mayoría de la población demanda un cambio de gabinete y señala directamente a los ministerios de economía, interior y salud como los principales responsables del bajo rendimiento, atribuyendo la responsabilidad política de esta situación al señor Otárola, primer ministro.



Los ejemplos de lo primero son evidentes, como los pomposos anuncios de reactivación económica bajo el llamativo título de "Punche Perú" o las promesas de restablecer la seguridad respaldadas por el elaborado "Plan Boluarte". El primero culminó en recesión, aumento del desempleo, crecimiento de la pobreza y de la inseguridad alimentaria. En cuanto al segundo, su inexistencia quedó patente y la inseguridad continúa su ascenso incontrolable.

Sin embargo, ni a la señora Boluarte ni a los integrantes de su gabinete, estas cifras, ni el fuerte tirón de cabellos, parecen lograr que se conecten con la realidad. Desnudos, continúan exhibiendo sus galas inexistentes.

El sector salud no es la excepción.

Además de las razones políticas, también se añaden motivos relacionados con la mediocre gestión de gobierno, que incluye, lamentablemente al sector salud.

El ministro actual, el médico César Vásquez, sexto titular de esa cartera desde la juramentación de Pedro Castillo como presidente de la República y el segundo del periodo Boluarte, anunció tres pilares en su gestión: fortalecimiento del primer nivel de atención, salud digital y atención al cáncer.

Uno de sus primeros anuncios, precisamente, fue el lanzamiento del "Plan Mil" destinado a mejorar el primer nivel de atención. La idea en esta propuesta no es nueva, se opta por desempolvar una propuesta lanzada durante el gobierno de Ollanta Humala en el cual se priorizaron 748 establecimiento de salud denominados "estratégicos". Seis meses después de realizado el anuncio, el famoso Plan Mil no ve la luz, ni en papel ni en el presupuesto.

En otro de los pilares de la gestión, el cáncer, el ministro Vasquez tuvo que admitir públicamente que, efectivamente, estamos enfrentando una aguda escasez de productos oncológicos.

Independientemente de las prioridades sectoriales, todo profesional que haya realizado gestión sanitaria sabe que nos enfrentamos constantemente a innumerables contingencias, destacando entre ellas las epidemias.

Las carencias en la gestión sanitaria se evidenciaron durante el repentino aumento de casos de COVID-19 en diciembre de 2023.

Diversos inconvenientes evidenciaron la pérdida de dirección en las acciones de prevención y control de la enfermedad, como se detalla en el artículo "COVID19-Perú, 4to año: Confusión, retraso e indefiniciones". En síntesis, la situación llegó a un punto crítico al descubrirse que las vacunas bivalentes en uso ya habían caducado, generando un serio problema reputacional para la estrategia de vacunación contra la COVID-19. A esto se sumaron otros problemas, como las demoras en la transición a la nueva vacuna monovalente adaptada (especialmente notorio cuando Chile ya la había implementado en noviembre de 2023), la escasez de métodos diagnósticos, la disminución de la credibilidad en los datos abiertos, el manejo de las mascarillas y la vuelta al trabajo presencial en casos leves.

Todo esto llevó al ministro a reconocer la falta de preparación del Ministerio de Salud (MINSA) para enfrentar un nuevo brote de la enfermedad.


La amenaza del Dengue es otro frente abierto.

En 2023, se registraron cifras históricas con más de un cuarto de millón de casos reportados y casi 500 fallecidos, situándose entre las tasas de mortalidad por Dengue más altas a nivel mundial. En las primeras tres semanas del 2024, según el análisis del Ingeniero Juan Carbajal, se ha reportado un aumento considerable (+35%) en comparación con el mismo período del año anterior. A la par de esta preocupante situación, Perú nuevamente queda rezagado frente a Brasil y Argentina en lo que ha incorporación de nuevas tecnologías se refiere. Brasil ya ha iniciado la vacunación contra el Dengue, mientras Argentina se prepara para hacer lo propio.

La falta de planificación, la improvisación y la desorganización vuelven a pasar factura, repitiendo patrones observados durante la gestión de la ex ministra de salud, la médica Rosa Gutiérrez. Estos desafíos demandan una pronta y efectiva respuesta para evitar que la situación del Dengue se agrave aún más en el país.


A los problemas de liderazgo y gestión técnica sectorial ya mencionados, se suman los problemas derivados de la formulación del presupuesto, el cual se agrava para el año 2024, tal y como lo han señalado el exministro Ugarte como por los analistas Pedro Brito y Miguel Zúñiga, como los de ejecución presupuestal ya analizados en mi artículo "Los costos de la impericia en la gestión sanitaria".

La carencia de planes estructurados con objetivos definidos y adecuadamente financiados, así como la descapitalización técnica y administrativa del Ministerio de Salud (MINSA), exacerbada por la rotación constante de funcionarios, que ha superado el centenar en los últimos seis meses, se suman a las ya conocidas debilidades estructurales del sistema de salud peruano, generando un deterioro progresivo de los resultados sanitarios.

Lamentablemente, ante estos desafíos y los magros resultados, las autoridades no hacen sino exhibir, día a día, su cruda desnudez.

Víctor Zamora MesíaVíctor Zamora Mesía.  Ex-Ministro de Salud del Perú y Asesor Internacional en Políticas y Sistemas de SaludEx-Ministro de Salud del Perú y Asesor Internacional en Políticas y Sistemas de Salud

https://www.linkedin.com/pulse/la-salud-peruana-y-los-reyes-desnudos-victor-zamora-mesia-6jdue/?originalSubdomain=es

15 de enero de 2024

Perú: Terruqueo distractor

Juan Manuel Robles

Lo que acaba de ocurrir en Ecuador me hace pensar en lo obsoleto que resulta el terruqueo peruano. Siempre me ha parecido repudiable llamar senderista a quien no lo es, usando el miedo que existe por el recuerdo histórico del conflicto armado de los ochenta y noventa, el temor por el trauma de los atentados, los coche bombas y las ejecuciones a autoridades, para criminalizar al enemigo político y limitar su capacidad de protesta. Hay algo muy ruin en esa práctica, peor cuando la estigmatización no viene solo de algún columnista tarado sino de un agente de la Policía que puede tomar medidas con consecuencias concretas, terribles e irreversibles.

Pues hoy me da más rabia esta práctica en la que se hermanan fujimoristas sociópatas y progresistas con miedito. Porque además de haberles arruinado la vida a personas inocentes, me he dado cuenta de que caer en eso distrae la atención y contribuye al autoengaño de todo un país. Gracias a esas campañas —que rebotan felices los medios hegemónicos—, mucha gente cree que quienes protestan son el gran enemigo, que son ellos quienes tienen la capacidad de volver a causar el infierno que conocimos bien, el colapso que tuvimos cerca. Se vende —y se compra— la idea de que la policía cumpliendo su trabajo “contrasubversivo”, atrapando “camaradas” en pleno 2024, es algo que tiene mucho que ver con la “seguridad”. Es una narrativa perversa pero tan efectiva que hasta se tolera el asesinato en la creencia de que, gracias a eso, todo está bajo control y se ha recuperado el orden.

Toda esa parafernalia nos adormece. Habría que preguntarse: ¿Por qué tememos al terrorismo realmente? ¿Por sus banderas y sus cánticos, como nos hacen creer? ¿Por su discurso “ideologizado” de revanchismo social? No, le tememos porque sus cuadros consiguieron crecer y volverse poderosos, hasta ser tan impunes que mataban a quien les daba la gana, a plena luz, y reinaban en las cárceles y desafiaban a quienes quisieran, hasta lograr poner en jaque a todo el país. Al gobierno actual le gusta jugar con la idea de que señores decrépitos que cumplieron su pena de veinte años por terrorismo pueden sembrar aquella pesadilla de nuevo: reiniciar la asonada. Hasta les han inventado un juicio nuevo a algunos individuos que ya cumplieron su condena, en la lógica de acabar “definitivamente” con la amenaza de la subversión.

Pues Ecuador nos recuerda que la amenaza —la grande, la que puede hacer inviable el país— hoy está en otra parte.

No lo vemos porque la distracción funciona (hasta hoy hay personas que creen que Pedro Castillo era senderista y la materialización del “retorno terruco”). Lo cierto es que nuestra estabilidad-país es un espejismo. Es, hace tiempo, una paz solo aparente, en que el peligro real está incubando, como las larvas.

Ecuador nos muestra lo que nos puede ocurrir, pues seguimos casi al pie de la letra una receta similar. Cada país es una historia distinta, ciertamente, pero el combo va más o menos así: un Estado deja que el mercado se regule solo, que las economías ilegales entren en el juego muy toleradas porque, finalmente, generan riqueza. Eso produce que se armen feudos que luego crecen y crecen, alentados por políticos corruptos que ponen alfiles digitados en todas las instituciones. Se crean redes del crimen organizado que, en medio del desgobierno, se diversifican y llegan a los hermosos puertos del Pacífico.

Como todos sabemos, en el Perú, desde hace años, se ha vuelto imposible regular ciertos sectores económicos que crecieron bajo el impulso del neoliberalismo noventero. Es el lado podrido de la movilidad social (y esa es su coartada, la mejora en la vida, la superación de la pobreza). En la versión light de este fenómeno, están actividades económicas turbias pero legales. Universidades bamba que no se dejarán regular jamás (porque mueven millones) o el negocio del transporte, controlado por quienes trafican con rutas que nadie les quitará. Que hayan existido intentos públicos y decididos de regular estas actividades, y que terminaron en rotundos fracasos (debido a la intervención de aliados en el poder) nos habla de esa fuerza, que nos obliga a vivir a merced del lucro.

La minería ilegal no es más que la hipérbole de esas prácticas. Crece con congresistas que responden a esos intereses, se vuelve intocable. A veces crece mucho, se quiebra y las facciones se enfrentan a balazos.

Esos grupos de poder económicos dispuestos a todo por defender su porción del mercado son la amenaza silenciosa. Esas economías que presionan para que el Estado sea mucho más chico, pero que se aseguran de tener a un congresista, a un alcalde, a un ministro, o a todo un partido político para colocar leyes que los dejen operar, son el caldo de cultivo del crimen (la defensa de los intereses en tierra de nadie solo puede darse así) y una pelea territorial de esas que arruinan los países.

Ojalá el ejemplo ecuatoriano nos haga ver cuál tendría que ser ahora mismo el trabajo de una división de inteligencia policial en la que valga la pena invertir recursos. En vez de ser organismos con terruqueros semióticos estúpidos (que dan vergüenza ajena) tendrían que centrarse, al menos, en detectar el peligro gigante de estas nuevas alianzas. Ese peligro que no es el rebrote de Sendero Luminoso, sino el brote real de organizaciones incontrolables, que pueden generar un infierno peor al provocado por Abimael.

Fuente: Hildebrandt en sus trece, Ed 668 año 14, del 12/01/2024

https://www.hildebrandtensustrece.com/

3 de septiembre de 2023

Perú: El odio

César Hildebrandt

A veces, paseando por el parque, me encuentro con esa mirada. Son los ojos de la furia, la expectativa de la venganza, el sueño de verme muerto, la esperanza de tullirme a golpes. Es el odio de las señoronas y los señorones. Es el odio que amo, que me hace vivir, que me place. Es el odio que me he ganado a pulso y pluma, a voz y reincidencia.

¿Qué me haría sin él? ¿Dónde estaría?

¿En qué infierno tendría que haber entrado para ganarme la consideración de quienes creen que este país es su hacienda, su pocilga, su galpón de esclavos?

¡No saben lo bien que me hacen!

Hace muchos años decidí que jamás sería parte del país inventado por la derecha. Ese país oficial de engrudo y marchas, de mentira y plástico, no era el mío. Mi país, el verdadero, venía de las sombras: la corrupción ancestral, el control estéril de una clase dominante saqueadora, el maltrato y el desprecio.

A la excesiva edad a la que he llegado, tengo que decir, modestamente, que no he claudicado.

No me he pasado a las filas de la resignación. No me he integrado. No aspiré a entrar al club de los supuestos bienpensantes. No me he creído el cuento de que los pobres son pobres porque así lo decidieron y que la desigualdad no es el problema. No atraco en el muelle de los que cortan el jamón. No me como sus mitos.

Y siempre recuerdo que el caudillismo militar de nuestros orígenes republicanos fue de derecha. Y que el civilismo, que nos condujo desarmados a la guerra con Chile, fue de derecha. Y que la historia de este país fallido ha sido un largo dominio de la derecha. Billinghurst quiso ser una excepción, pero la derecha y “El Comercio” lo tumbaron precozmente. Velasco cambió algunas cosas y por eso es el maldito que los descendientes del esclavismo dibujan con sus peores tintas.

No olvido nada. No olvido que la derecha recuerda entre reverencias a Miguel Grau, hijo ilegítimo de un militar colombiano, pero pretende que olvidemos que el gran almirante advirtió, un año antes de su muerte, que el estado de la escuadra era desastroso. Tampoco quiere esa derecha que recordemos que el jefe de Miguel Grau, el señor presidente Mariano Ignacio Prado, fue el traidor que abandonó el Perú en plena guerra y de cuya fortuna malhabida nació el imperio industrial y financiero más importante del siglo XX peruano. Nicolás de Piérola, que sucedió a Prado por la fuerza, hizo lo que todos: terminó aliado con la riquería en la llamada “república aristocrática”. El término lo inventó Jorge Basadre, autor también de la frase que define las bonanzas de espejismo de esta república: “la prosperidad falaz”.

Los lodos de la derecha son antiguos. Nacieron con ella. Son irrenunciables. Vienen del fracaso y van hacia él. Porque la derecha no se rectifica jamás. No reconoce otro escenario que el suyo ni otro modo de entender el país que el de su linaje. Y hay que admitirlo: ha logrado que millones de pobres diablos crean que esa fórmula es inmejorable, que el autoempleo es la salida, que la informalidad es el ascenso social, que el emprendedurismo sin ley es el camino a seguir. Ese es el mayor triunfo del fujimorismo, que es el Grupo Wagner de la derecha que va al CADE creyendo que es el Foro de Davos.

Sigo siendo, en muchos sentidos, un salvaje y eso me permite seguir diciendo lo que pienso. No sé si será un abuso de confianza, pero muchas veces he pensado que soy uno de los mustangs que no lograron atrapar.

Que me sienta distante sideral de la derecha no significa que milite en la izquierda. No me tentó nunca la dictadura gris del estalinismo y mucho menos sus crímenes horrendos.

La izquierda no ha hecho sino decepcionarme pero aun así sigo creyendo, en este mundo de calentamiento global, violencia y carencia de valores, que sólo un socialismo benévolo nos podrá salvar. No hay partido en el mundo que encarne ese ideal, de modo que en ese sentido soy también un huérfano. Un huérfano salvaje.

Lo que no haré jamás es renunciar a mi identidad y pedir votar por la derecha de Nano Guerra y Vladimiro Montesinos. Si eso es el realismo pragmático, me proclamo surrealista sin remedio.

No sé cuánto más dure la aventura de este semanario. Lo que sí sé es que hemos luchado con todas nuestras fuerzas por ser independientes y no temerle al poder del dinero y de los gobiernos. Eso nos hace dormir bien.

Fuente: Hildebrandt en sus trece, Ed 651 año 14, del 01/09/2023, p16

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24 de julio de 2023

Perú: La pestilencia en el poder

Ronald Gamarra

En las últimas semanas ha quedado confirmado, hasta para el más escéptico, que el grupete violentista “la resistencia” cuenta no solo con el apoyo de sectores radicalizados de la derecha política, sino con la protección abierta y la complicidad de altas autoridades del Estado tanto en el gobierno como en el Congreso, el Ministerio Público y la Policía. La canalla actúa con impunidad desde hace ya varios años porque siempre ha gozado de la garantía que le ofrecen desde posiciones conspicuas del poder político y empresarial. Es por eso que no los tocan y ellos pueden proseguir su trayectoria de acoso y odio, difundiendo un discurso de abierta y descarada resonancia nazifascista.

Todo lo anterior lo sabíamos o lo intuíamos; había indicios suficientes. Pero lo que han intentado esta semana, “la resistencia” y sus protectores, a través del Ministerio de Cultura, es de una audacia sin precedentes contra la democracia y los derechos humanos. La intentona tenía dos objetivos evidentes. Por un lado, “normalizar” al grupete, convirtiéndolo en un interlocutor válido de la vida política nacional, de manera que sus agresiones queden “legalizadas” o “consentidas” como parte de la libertad de expresión. En segundo lugar, hacerlos pasar de agresores, que es lo que son, a “víctimas”, específicamente agraviados de una supuesta discriminación y racismo que sufrirían por parte de la “caviarada”.

El gobierno no puede negar su responsabilidad en esta maniobra burda y peligrosa. Ha quedado claro, con la carta de renuncia de la directora del programa contra el racismo, que la orden para la reunión de los funcionarios del Ministerio de Cultura con el grupo violentista provino de la propia ministra Leslie Urteaga. Es obvio que la ministra no actuó por cuenta propia. Ella es muy obediente, tanto que aceptó servilmente la imposición como jefe de la radio y la televisión pública de una secretaria de la presidenta Dina Boluarte, que ha procedido a despidos arbitrarios de periodistas que hicieron preguntas “incómodas” a doña Dina, y ha realizado cambios que convierten a dicha entidad de comunicación social en un instrumento al servicio estricto del gobierno.

Los cómplices y protectores de “la resistencia”, dentro y fuera del gobierno y el Congreso, recurren a dos argumentos falaces para justificar la vía libre que le dan a ese grupúsculo. El primero es que se debe respetar la libertad de expresión, término dentro del cual quedarían incluidas las acciones de alias Maelo y sus compinches. Pero, un momento. ¿Es parte de la libertad de expresión lo que ellos hacen? Eso es lo que sostiene el general PNP Óscar Arriola, que suele tomarse fotos con los cabecillas de “la resistencia”; es lo que afirmó la fiscal que se hizo presente en el acoso en que el presidente del JNE fue amenazado de muerte; es lo que se alega en el Ministerio de Cultura.

Sin embargo, a cualquiera le caerían a palos y lo meterían preso por lo que Maelo y su gente vienen haciendo impunemente en los últimos años, como practicar reglajes y acosar en sus propias casas a quienes consideran enemigos políticos; asediar repetidamente a los titulares del sistema electoral del país también en sus domicilios, insultándolos a todos con megáfonos de la manera más soez, mortificando a sus familias y vecinos, incluyendo niños y personas con discapacidad; irrumpir violentamente en eventos culturales o políticos que no son de su agrado, poniendo en peligro al público pacífico; arrojar basura y hasta excrementos contra viviendas y locales de personas y entidades que odian. El colmo ha sido la pública amenaza de muerte contra el presidente del JNE.

El discurso de odio y las acciones que se realizan en consecuencia no son parte de la libertad de expresión, de ninguna manera, sino su negación. Representan en realidad un conjunto de violaciones de derechos fundamentales que configuran delitos que deben ser sancionados. Violan el derecho a la intimidad personal y familiar, la inviolabilidad del domicilio, el derecho al honor, y ponen en peligro la integridad de sus víctimas, incitando a otros a cometer contra ellas actos de violencia o amenazando con perpetrarlos ellos mismos en algún momento. Maelo y sus cómplices son el germen de la metodología nazifascista en nuestro país; incluso hacen el saludo nazi y promueven activamente el odio antisemita, personalizándolo en el periodista Gustavo Gorriti.

El segundo argumento es que el gobierno debe dialogar con todos, que el gobierno está abierto a todos. ¿Así? Los 49 muertos de diciembre, enero y febrero son el testimonio de la voluntad de diálogo del régimen de Dina Boluarte. La democracia debe estar abierta para todos, efectivamente, pero no para los que promueven y practican el odio y la intolerancia; para ellos están el código penal y la cárcel. Lo peor es que el Ministerio de Cultura recibe al más alto nivel a los capitostes de “la resistencia”, mientras es absolutamente indolente ante el asesinato, uno tras otro, de dirigentes de comunidades nativas, para quienes es incapaz de reclamar un plan de protección y exigir la ratificación por el Congreso del Acuerdo de Escazú.

El gobierno viola flagrantemente normas internacionales de protección de los derechos humanos con su actitud abiertamente cómplice de un grupete violentista que promueve un discurso de odio de claro corte nazifascista. Este tipo de bellacos no son tolerados ni permitidos en ninguna democracia que sea digna de llamarse así. Pero en nuestro país, crecientemente sometido a la arbitrariedad de una presidenta y un Congreso repudiados por la inmensa mayoría de la población, se están dando pasos temerarios hacia una polarización sin retorno que está liquidando la democracia.

Fuente: Hildebrandt en sus trece, Ed 644 año 14, del 14/07/2023, p18

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