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18 de agosto de 2025

¿Por qué el progresismo y la izquierda pierden elecciones?

Álvaro García Linera

Las izquierdas y progresismos en gobierno no pierden elecciones por los trolls de las redes sociales. Tampoco porque las derechas son más violentas ni mucho menos porque el pueblo que fue beneficiado por políticas sociales es ingrato.

Las batallas políticas en las redes no crean de la nada ambientes político-culturales expansivos en las clases populares mayoritarias. Los radicalizan y los conducen por caminos histéricos. Pero su influencia requiere previamente la existencia social de un malestar generalizado, de una disponibilidad colectiva al desapego y rechazo a posiciones progresistas.

Igualmente, las extremas derechas, autoritarias, fascistoides y racistas, siempre han existido. Vegetan en espacios marginales de enfurecida militancia enclaustrada. Pero su prédica se expande, a raíz del deterioro de las condiciones de vida de la población trabajadora, de la frustración colectiva que dejan progresismos timoratos, o a la pérdida de estatus de sectores medios. Y en cuanto a los que argumentan que la derrota se debe al “desagradecimiento” de aquellos sectores anteriormente beneficiados, olvidan que los derechos sociales nunca fueron una obra de beneficencia gubernamental. Fueron conquistas sociales ganadas en las calles y el voto.

Por todo ello, sin excusa alguna, un gobierno progresista o de izquierdas pierde en las elecciones por sus errores políticos.

Y estos errores pueden ser múltiples. Pero hay una falla que unifica a los demás. El error en la gestión económica al tomar decisiones que golpean los bolsillos de la gran mayoría de sus seguidores. En Brasil, el golpe de estado parlamentario de 2016 contra Dilma Rousseff, impulsado por las fracciones más antidemocráticas del espectro brasilero, se montó sobre el malestar económico que ya se arrastraba varios años y que tuvieron en el ajuste fiscal del 2015 una nueva vuelta de tuerca a la contracción de los ingresos populares.

En Argentina, el peronismo perdió las elecciones del 2023 por el aumento de la inflación durante la gestión de Alberto Fernández. Si bien la tendencia inflacionaria es una constante de la economía argentina desde hace décadas, hay una frontera histórica que tras ser sobrepasada da lugar a una licuefacción de lealtades políticas populares que los lanza a aferrarse a cualquier propuesta, por muy aterradora que sea, que resuelva esta asfixiante volatilidad del dinero. La anomalía política Milei es la manera retorcida de canalizar la frustración hacia el odio y la sanción.

En Bolivia, el instrumento político de los sindicatos y organizaciones comunales campesinas (MAS) ha de perder las elecciones por la desastrosa gestión económica de Luis Arce. Con una inflación de alimentos básicos que bordea el 100%, la falta de combustible que obliga a realizar filas de días para obtenerla y un dólar real que ha duplicado su precio frente a la moneda boliviana, no es extraño que el proceso de transformación democrática más profundo del continente pierda dos tercios de su votación popular a manos de vetustos vendepatrias que ofrecen botar a patadas a los indígenas del poder, regalar empresas públicas a extranjeros y enquistar, con la biblia en la mano, a las cipayas oligarquías de la tierra en la dirección del Estado. Si a todo ello sumamos el resentimiento de clases medias tradicionales desplazadas de sus privilegios por el ascenso social y empoderamiento político de las mayorías indígenas, está clara la arenga abiertamente revanchista y racializada que envuelve los discursos de las derechas bolivianas.

En todos los casos, también hay otros componentes políticos que apuntalan estos errores centrales que conducen a la derrota. En el caso de Brasil las denuncias de corrupción, luego políticamente manipuladas. En Argentina el hartazgo con el extendido encierro ante el coronavirus que destruyó parte del tejido económico popular, etc. En Bolivia, la guerra política interna. Por un lado, un mediocre economista que está por casualidad como presidente y que creyó que podía desplazar al líder carismático indígena (Evo) proscribiéndolo electoralmente. Por otro, el líder que, en su ocaso, ya no puede ganar elecciones, pero sin cuyo apoyo tampoco se gana, vengándose ayudando a destruir la economía sin comprender que en esta hecatombe también se está demoliendo su propia obra. El resultado final de este miserable fratricidio es la derrota temporal de un proyecto histórico y, como siempre, el sufrimiento de los humildes que nunca fueron tomados en cuenta por los dos hermanos embriagados de estrategias personales.

En suma, las derrotas políticas conducen a derrotas electorales.

Ahora, la pregunta que uno se hace es, cómo es que gobiernos progresistas y de izquierda pudieron fallar económicamente cuando, en sus inicios, esa fue la fuerza de legitimidad que les permitió ganar una y otra vez las elecciones. En el caso de Bolivia con el 55%, 64%, 61% y 47% en primeras vueltas. Ciertamente el progresismo latinoamericano del siglo XXI emergió de un fracaso de las gestiones neoliberales imperantes desde los años 80s. La mayoría implementó políticas redistributivas de riqueza, y ampliación de derechos. Los resultados fueron inmediatos. Más de 70 millones de latinoamericanos salieron de la pobreza en una década, las instituciones reservadas para rancias aristocracias se democratizaron y, en el caso de Bolivia, hubo una recomposición de las clases sociales en el Estado al convertir a los indígenas-campesinos en clases con poder estatal directo.

Ahí radicó la gran fuerza y legitimidad histórica del progresismo. Pero también el inicio de sus límites; pues completada esa obra redistributiva inicial, ella comenzó a mostrarse insuficiente a la hora de garantizar la continuidad en el tiempo de los derechos alcanzados. Se trata de un límite por cumplimiento de metas que obligaba a comprender que los países habían cambiado precisamente por obra del progresismo y que, por tanto, había que proponer a esta nueva sociedad en frente, unas reformas económicas de segunda generación capaces de consolidar lo logrado y de dar nuevos saltos de igualdad. Y es que el progresismo y las izquierdas están condenadas a avanzar si quieren permanecer. Quedarse quietos es perder. La nueva generación de reformas pasa necesariamente por construir una base productiva expansiva, de pequeña, mediana y gran escala, tanto en la industria como en la agricultura y los servicios; del sector privado, campesino, popular como estatal; para el mercado interno como para la exportación, que garantice un amplio soporte industrioso y duradero a la redistribución de la riqueza.

Pero, hasta hoy, los progresismos en los gobiernos, especialmente los que ya están en segunda o tercera gestión, o los que quieren volver a gobernar, están anclados en los logros pasados, en su defensa melancólica y, a diferencia de cuando comenzaron con su primera gestión, por ahora carecen de una nueva propuesta de transformación capaz de volver a levantar las esperanzas colectivas en torno a un mundo que conquistar. Que las derechas se hayan apropiado del paradigma del ímpetu por el cambio, no es una casualidad. Es un resultado del conservadurismo del actual progresismo. Y de sus derrotas electorales también.

Sin embargo, el espíritu del tiempo histórico aún no se ha decantado. Ni el continente ni el mundo que andan de tumbo en tumbo entre neoliberalismos recargados, proteccionismos soberanistas o capitalismos de Estado productivistas ha definido aún la nueva fase larga de acumulación económica y legitimación política. Por un tiempo más, seguimos en el portal liminal en el que las derrotas y las victorias son cortas. Pero ello no durará para siempre. Si el progresismo quiere seguir siendo protagonista de esta disputa del destino, está obligado a abalanzarse sobre un porvenir reinventado audazmente con más igualdad y democracia económica.  

Fuente: https://www.pagina12.com.ar/850114-por-que-el-progresismo-y-la-izquierda-pierden-elecciones

18 de julio de 2025

Perú: Puerca autoestima

Juan Manuel Robles

"Esta derecha nueva de color celeste ha descubierto que puede conseguir votantes humillándolos primero"

Casi diría que extraño la arrogancia alucinada de la derecha de antes. ¿Se acuerdan? Ellos eran los que venían a decirnos, con tremendo paternalismo y tonito condescendiente, que debíamos aspirar más alto, no conformarnos con poco, creer que el país estaba para cosas grandes y no para migajas. Ellos eran los que nos decían que no había límite posible y proyectaban videos futuristas de las ciudades grandes de los tigres asiáticos (que hacía poco nomás eran como… el Perú). Y de toda esa jerga repetida en aulas universitarias y centros de convenciones de hoteles resaltaba una palabra: obsoleto. ¡Muerte a lo obsoleto! Que cierren las fábricas obsoletas como castigo final al pecado de no modernizarse, no invertir, no innovar, no mirar cómo cambia el mundo. Tal es la maravilla del mercado en estado puro: su selección natural se llevará a las tiendas obsoletas, a los autos obsoletos, a la gente con ideas obsoletas, trasnochadas, la gente que no sueña alto.

Toda esa cháchara a mí siempre me dio tirria, por supuesto, pero hay que reconocer la claridad de las imágenes de esa utopía, renovadora en extremo, radical en su defensa del descarte de aquello que no tenía “condiciones” en el nuevo presente, en el nuevo Perú; un país que, entre otras cosas, se llenaría de objetos alucinantes, de máquinas nuevas que hasta entonces solo se veían en el Primer Mundo, con estándares nunca vistos en estas tierras. Y hablaban de mentalidad, de cambio de chip, les metían a los chibolos la idea de pensar poco en el Perú ruinoso que los vio nacer y pensar mucho en todo lo que estaba por venir, lo que llegaría en containers mágicos que se descolgarían lentamente en el puerto del Callao alguna tarde de sol.

Qué tiempos. Hoy, en cambio, la derecha es otra cosa. Es chapucera y parchadora, cachivachera, y ya perdió ese interés en la parafernalia de la modernidad, en las máquinas alucinantes capaces de acercar al ciudadano raso al futuro por venir (así no tenga nada). Con qué orgullo decían: ¿imaginaste ver algo así en este país horroroso? Por voluntad o supervivencia, los neoliberales de antes sabían que mostrar buenos juguetes, juguetes de última, nos subía la moral.

Ahora la derecha impetuosa involucionó, ahora te dice: lo que te mereces es un tren de segunda, con más de 40 años de antigüedad, que en California dieron de baja por ser demasiado contaminante. Un tren chatarra que estaba guardado y abandonado, y por eso lo llenaron de grafitis, y ni el trapito que le pasaron antes de embarcarlo para el Perú puede ocultar esas marcas.

Te mereces que te diga que es una donación, y debes sentirte lo máximo de que te regalen un tren completo a ti, peruanito insignificante. No importa el hecho de que no sea un regalo, ni una donación, que cueste varios millones traerlo y que vaya a costar como 500 millones acondicionar todo para operarlo.

Esa derecha de hoy, encarnada en Rafael López Aliaga, no articula un discurso de superación (ni siquiera uno barato); al contrario, fomenta la falta de autoestima. Les dice a los limeños que son como sus trenes: de segunda, chancados, golpeados por las vicisitudes, las idas y las vueltas, y que qué más pueden merecerse sino esa chatarra que —lo jura— funcionará. Esa derecha se olvidó de la obsesión por los ISO9000 y los estándares, y se conforma —¡palabra antes proscrita!— y apela a la tradición peruana de enmendarlo todo con el mil oficios, con engrudo salvador y la grapa en el riel.

Y no solo debes estar contento, sino que vas a participar en una fiesta por la llegada de esos vagones, y todos haremos como que no se ven viejos y espantosos, que no está clarísimo que son, justamente, obsoletos. Hay que celebrar y aplaudir como focas. Y si en los viajes de prueba —que en realidad parecen probar por primera vez la compatibilidad del tren y los rieles, así de chapucero— un vagón se descarrila a cinco kilómetros por hora, hay que obviar el hecho y seguir con la fiesta, la ronda de gratitud.

De los tiempos de la derecha con ínfulas, a López Aliaga le queda el lema “Lima potencia mundial”, que a estas alturas va a desplazar a “honradez, tecnología y trabajo” como el lema más payaso y autoparódico de la historia. Pero salvo eso, esa derecha ya no se esfuerza en creerse lo de potencia, ni siquiera en procurarse piezas de utilería convincentes. La derecha de hoy se ufana de traer un tren que otros desecharon por tóxico.

Me asalta una idea terrible: esta derecha nueva de color celeste ha descubierto que puede conseguir votantes humillándolos primero, riéndose de ellos, dándoles gato por liebre sin molestarse en ocultarlo mucho. Que esos ciudadanos responderán con cariño a la patada en la cara. Es el bully que saliva cuando descubre que su presa ha perdido todo el amor propio. El otro día se me ocurrió pensar que Rafael López Aliaga volvió a poner en la Plaza de Armas la estatua del conquistador español Francisco Pizarro —que llevaba veinte años fuera de allí— para recordarnos a todos que en esta ciudad hay dominadores y dominados, y que esa distribución es sagrada. En todo caso, el monumento rima con un alcalde que convierte la piscina pública más grande de la ciudad en un chiquero de arena, y que, contra todo pronóstico, va cosechando una inquietante docilidad.

Fuente: Hildebrandt en sus trece, Ed 742 año 16, del 18/07/2025

https://www.hildebrandtensustrece.com/

3 de septiembre de 2024

UN FANTASMA RECORRE EL MUNDO Y SE LLAMA FASCISMO

Rafael Narbona

El triunfo de la agrupación política neonazi Alternativa para Alemania en el Estado federado de Turingia no es un simple giro involucionista, sino la previsible consecuencia del fracaso de las políticas progresistas, que no han conseguido garantizar salarios dignos, viviendas asequibles y unos servicios sociales de calidad. Desde que la socialdemocracia abrazó las recetas neoliberales en los ochenta, las desigualdades se han acentuado intolerablemente. Después de la crisis de 2008, surgió una nueva izquierda, pero su discurso se despeñó por las consignas identitarias elaboradas en departamentos universitarios. En vez de destacar la necesidad de reforzar y ampliar el Estado de bienestar, los nuevos ideólogos de la izquierda lanzaron una cruzada a favor del lenguaje inclusivo, la cultura de la cancelación y las identidades sexuales fluidas, provocando estupor en la clase trabajadora, cuyas principales preocupaciones eran el trabajo, la vivienda, la sanidad y la educación.

En España, la nueva izquierda se alió con los nacionalismos periféricos, alimentando el clima de confrontación y división creado por los políticos independentistas. Al mismo tiempo, se continuó con la tarea de demolición iniciada por el Mayo francés. La necesaria crítica a la familia tradicional, basada en la hegemonía masculina, desembocó en un individualismo disgregador que ha condenado a la soledad a millones de personas, especialmente a las personas de la tercera edad. El laicismo, tan necesario en el ámbito de la política y la educación, propició un nihilismo radical que destruyó la dimensión espiritual, consolidando las tesis del existencialismo: vivimos en un mundo absurdo y sin finalidad, el hombre es un ser para la muerte, la nada es la estación final del universo. El ser humano no puede vivir sin certezas, apegos y convicciones. El desarraigo, el pesimismo y el escepticismo destruyen la esperanza y el sentido de comunidad, propagando el miedo, la inseguridad y el desamparo.

La derecha advirtió la insatisfacción de amplios sectores de la sociedad y elaboró un discurso con una gran y eficaz carga emocional: nacionalismo agresivo, tradicionalismo religioso, demagogia populista. Sus propuestas carecen de solidez, pero han aprovechado la frustración de colectivos que se sienten discriminados o amenazados, como los hombres que no soportan el creciente éxito de las mujeres, los nativos que perciben a los inmigrantes como competencia desleal o los heterosexuales que contemplan con desgrado la normalización de las personas LGTBI. Unos planes de estudio que no fomentan el pensamiento crítico, unas redes sociales que propagan bulos y mensajes de odio, y unos medios de comunicación que marginan y minimizan la cultura han logrado que surjan de nuevo las masas que apoyaron el fascismo en los años 30 del pasado siglo.

Otra vez el odio se ha transformado en el combustible de un nuevo fascismo disfrazado de anarcocapitalismo. La derecha, ya indistinguible de la ultraderecha, aboga por políticas que vejan y maltratan a los más débiles, pero sus votantes, lejos de reparar en esas cuestiones, piensan que la deportación masiva de inmigrantes, el recorte de las ayudas sociales, la derogación de las políticas inclusivas y la privatización de las empresas públicas crearán prosperidad. El enemigo del trabajador que vota a la derecha ya no es la oligarquía explotadora, sino el inmigrante, la mujer, la persona LGTBI, el animalista, el intelectual o el pobre.

La izquierda tardará mucho tiempo en recobrar su credibilidad, pero antes o después el nuevo fascismo retrocederá, pues sus políticas sólo generarán pobreza, desigualdad y pérdida de libertades y derechos. Sin embargo, su declive se demorará y hasta que se produzca, los estragos pueden ser terribles. De momento, estamos asistiendo en directo al genocidio de los palestinos de la Franja de Gaza. Naciones Unidas estima que la cifra real de víctimas podría superar las 100.000, la mayoría mujeres y niños.

En este escenario distópico, se echan de menos los intelectuales comprometidos. Ya no hay voces como las de Sartre, Camus, Bertrand Russell o José Luis Sampedro. Noam Chomsky, con sus 95 años, es la última pluma con espíritu crítico y coraje en un panorama donde la mayoría de los autores solo se preocupan de promocionar sus obras y subir fotografías de sus viajes a las redes sociales. Nos ha tocado vivir una época de crueldad, desasosiego y desesperanza, y, desgraciadamente, cada vez disponemos de menos recursos para materiales e intelectuales para luchar por una convivencia ética, libre y solidaria.

Fuente: https://x.com/Rafael_Narbona/status/1830925035625697541

19 de enero de 2024

Milei en Davos

César Hildebrandt

Javier Milei les dijo a los ricos que están cavando su propia tumba.

Fue en Davos, donde se reúnen los que cortan el jamón.

Allí llegó este bodeguero medio boludo, este Manolito de Infobae, este Pepe del Salto salido de las tiras cómicas de Tobi, a decirles a los capitalistas qué es lo que hay que hacer para derrotar al comunismo, “ese fantasma que recorre Europa”.

Como si el Pacto de Varsovia siguiera ordenando la invasión de Praga. Como si la Stasi siguiera interviniendo teléfonos en la RDA del muro. Como si los mujaidines afganos continuaran combatiendo a los soviéticos. Como si Julius y Ethel Rosenberg no se hubiesen frito en la silla eléctrica por darles a los rusos secretos de la bomba atómica.  

Vergüenza ajena, che Milei: oírte fue como cuando vimos a Maradona coqueado y licuando las erres al hablar.  

Javier Milei no es un anarcocapitalista. Es el capataz de aquel Henry Ford que simpatizaba con los nazis. Es el mercenario con labia, ¿viste?, salido de la antigua guerra fría. Milei es el pasado que los milmillonarios quisieran precisamente borrar.

Pero va este hombre y les arruina la fiesta. Va Milei donde los alcohólicos anónimos y entra con la botella de un gran whisky escocés.

Macron se espanta. Los que se sienten principales salen corriendo: Milei habla como los bisabuelos de los latifundios que tenían el tamaño de El Salvador. Cuando al peonaje le tiraban el salario en una boina.

Para creerle a Milei tendría que haber una epidemia mundial de amnesia. Habría que olvidar lo que ha hecho del planeta el capitalismo sin regulaciones y lo que nos espera si no hay un acuerdo global sobre asuntos claves como el calentamiento global.

Decirles a los europeos y a los estadounidenses que el Estado es el enemigo es, además, meter la pata de modo inolvidable. La Europa en ruinas salida de la segunda guerra mundial –una guerra que el capitalismo autoritario alemán empezó en busca de mayores fuentes de recursos– se ha esmerado años en mantener, precisamente, algo del “Estado del bienestar” con que se enfrentó al crecimiento de los partidos comunistas de occidente. En Europa, en la mayor parte de los casos, la educación es pública, la salud corre a cuenta del presupuesto y el transporte está subsidiado cuando no en manos directas del Estado. En los Estados Unidos el Estado interviene el mercado con la ferocidad de la conveniencia nacional. Que lo diga China, víctima actual de aranceles punitivos creados para favorecer la producción norteamericana. Que lo diga la historia de su agricultura y de su industria, socorridas ambas por estímulos tributarios que sonrojarían a cualquier liberal ortodoxo. Que lo diga el decisivo complejo militar-industrial, tan interesado en mantener el mundo en llamas porque de ese cuero salen las correas.

El hegemonismo del capital sin deberes sociales que propone Milei acabó hace más de un siglo. Una momia que habla como Mirtha Legrand y piensa como Mauricio Macri va a Davos y propone que hay que dejar de oír a las sirenas del socialismo y dedicarse, sin culpa y con orgullo, a crear un mundo de empresarios que no tropiecen con baches indeseables como el sindicalismo, la justicia social, los impuestos proporcionales, la responsabilidad ambiental. ¡La máquina de vapor acaba de inventarse! ¡Los niños trabajan en las hilanderías!

“Viva la libertad, carajo”, dice Milei. Pero esa libertad es la esclavitud de las mayorías y ese proyecto no es viable a estas alturas de la historia. Y los empresarios más astutos lo saben muy bien. Por eso aceptan que en un mundo crecientemente multilateral las consignas de antaño ya no sirven. El capitalismo salvaje, que es el que Milei propone como barrista bravo y pasado de humos, es una antigualla peligrosa. Milei quiere que, cada vez que sintamos algún dolor, vayamos a la farmacia y compremos un frasco de láudano. Vive a principios del siglo XX y, encima, se equivoca como un gaucho cualquiera: Argentina jamás fue el primer país del mundo, la inequidad de género existe como práctica mundial y el calentamiento global nos va a destruir si no hacemos algo ecuménico y radical.

Milei habló como un viejo nostálgico de la mano dura en una sobremesa familiar. Como cree en el espiritismo, terminará haciendo sesiones para enseñarle a cantar a Gardel.

Fuente: Hildebrandt en sus trece, Ed 669 año 14, del 19/01/2024

https://www.hildebrandtensustrece.com/

15 de enero de 2024

Perú: Terruqueo distractor

Juan Manuel Robles

Lo que acaba de ocurrir en Ecuador me hace pensar en lo obsoleto que resulta el terruqueo peruano. Siempre me ha parecido repudiable llamar senderista a quien no lo es, usando el miedo que existe por el recuerdo histórico del conflicto armado de los ochenta y noventa, el temor por el trauma de los atentados, los coche bombas y las ejecuciones a autoridades, para criminalizar al enemigo político y limitar su capacidad de protesta. Hay algo muy ruin en esa práctica, peor cuando la estigmatización no viene solo de algún columnista tarado sino de un agente de la Policía que puede tomar medidas con consecuencias concretas, terribles e irreversibles.

Pues hoy me da más rabia esta práctica en la que se hermanan fujimoristas sociópatas y progresistas con miedito. Porque además de haberles arruinado la vida a personas inocentes, me he dado cuenta de que caer en eso distrae la atención y contribuye al autoengaño de todo un país. Gracias a esas campañas —que rebotan felices los medios hegemónicos—, mucha gente cree que quienes protestan son el gran enemigo, que son ellos quienes tienen la capacidad de volver a causar el infierno que conocimos bien, el colapso que tuvimos cerca. Se vende —y se compra— la idea de que la policía cumpliendo su trabajo “contrasubversivo”, atrapando “camaradas” en pleno 2024, es algo que tiene mucho que ver con la “seguridad”. Es una narrativa perversa pero tan efectiva que hasta se tolera el asesinato en la creencia de que, gracias a eso, todo está bajo control y se ha recuperado el orden.

Toda esa parafernalia nos adormece. Habría que preguntarse: ¿Por qué tememos al terrorismo realmente? ¿Por sus banderas y sus cánticos, como nos hacen creer? ¿Por su discurso “ideologizado” de revanchismo social? No, le tememos porque sus cuadros consiguieron crecer y volverse poderosos, hasta ser tan impunes que mataban a quien les daba la gana, a plena luz, y reinaban en las cárceles y desafiaban a quienes quisieran, hasta lograr poner en jaque a todo el país. Al gobierno actual le gusta jugar con la idea de que señores decrépitos que cumplieron su pena de veinte años por terrorismo pueden sembrar aquella pesadilla de nuevo: reiniciar la asonada. Hasta les han inventado un juicio nuevo a algunos individuos que ya cumplieron su condena, en la lógica de acabar “definitivamente” con la amenaza de la subversión.

Pues Ecuador nos recuerda que la amenaza —la grande, la que puede hacer inviable el país— hoy está en otra parte.

No lo vemos porque la distracción funciona (hasta hoy hay personas que creen que Pedro Castillo era senderista y la materialización del “retorno terruco”). Lo cierto es que nuestra estabilidad-país es un espejismo. Es, hace tiempo, una paz solo aparente, en que el peligro real está incubando, como las larvas.

Ecuador nos muestra lo que nos puede ocurrir, pues seguimos casi al pie de la letra una receta similar. Cada país es una historia distinta, ciertamente, pero el combo va más o menos así: un Estado deja que el mercado se regule solo, que las economías ilegales entren en el juego muy toleradas porque, finalmente, generan riqueza. Eso produce que se armen feudos que luego crecen y crecen, alentados por políticos corruptos que ponen alfiles digitados en todas las instituciones. Se crean redes del crimen organizado que, en medio del desgobierno, se diversifican y llegan a los hermosos puertos del Pacífico.

Como todos sabemos, en el Perú, desde hace años, se ha vuelto imposible regular ciertos sectores económicos que crecieron bajo el impulso del neoliberalismo noventero. Es el lado podrido de la movilidad social (y esa es su coartada, la mejora en la vida, la superación de la pobreza). En la versión light de este fenómeno, están actividades económicas turbias pero legales. Universidades bamba que no se dejarán regular jamás (porque mueven millones) o el negocio del transporte, controlado por quienes trafican con rutas que nadie les quitará. Que hayan existido intentos públicos y decididos de regular estas actividades, y que terminaron en rotundos fracasos (debido a la intervención de aliados en el poder) nos habla de esa fuerza, que nos obliga a vivir a merced del lucro.

La minería ilegal no es más que la hipérbole de esas prácticas. Crece con congresistas que responden a esos intereses, se vuelve intocable. A veces crece mucho, se quiebra y las facciones se enfrentan a balazos.

Esos grupos de poder económicos dispuestos a todo por defender su porción del mercado son la amenaza silenciosa. Esas economías que presionan para que el Estado sea mucho más chico, pero que se aseguran de tener a un congresista, a un alcalde, a un ministro, o a todo un partido político para colocar leyes que los dejen operar, son el caldo de cultivo del crimen (la defensa de los intereses en tierra de nadie solo puede darse así) y una pelea territorial de esas que arruinan los países.

Ojalá el ejemplo ecuatoriano nos haga ver cuál tendría que ser ahora mismo el trabajo de una división de inteligencia policial en la que valga la pena invertir recursos. En vez de ser organismos con terruqueros semióticos estúpidos (que dan vergüenza ajena) tendrían que centrarse, al menos, en detectar el peligro gigante de estas nuevas alianzas. Ese peligro que no es el rebrote de Sendero Luminoso, sino el brote real de organizaciones incontrolables, que pueden generar un infierno peor al provocado por Abimael.

Fuente: Hildebrandt en sus trece, Ed 668 año 14, del 12/01/2024

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27 de septiembre de 2023

Milei

Humberto Campodónico

"Se repite la entrada intempestiva del ‘outsider’, que surge de la nada y derrota al peronismo y a la derecha de Patricia Bullrich. Sus posibilidades aumentan cuando crece la sensación del hartazgo ante el fracaso de los Gobiernos: “que se vayan todos”".

Intemperante, imprudente, extravagante. Así define a Javier Milei The Economist, la revista liberal inglesa por antonomasia, fundada en 1843. Considera que los planteamientos del ganador con el 30% de las primarias argentinas –como la dolarización– no se pueden realizar y, menos, solucionar la crisis económica, financiera y la inflación galopante (200% en el 2023).

Se repite la entrada intempestiva del ‘outsider’, que surge de la nada y derrota al peronismo y a la derecha de Patricia Bullrich. Sus posibilidades aumentan cuando crece la sensación del hartazgo ante el fracaso de los Gobiernos: “que se vayan todos”. Aquí lo conocemos bien, desde Fujimori en 1990 hasta Castillo en el 2021. En Brasil y El Salvador ganaron Bolsonaro y Bukele en el 2019. En México, Colombia y Chile, si bien hace poco ganaron partidos con cierta trayectoria, los planteamientos eran radicales.

Lo ‘nuevo’ es su agenda liberal, heredada de la escuela austriaca del siglo XIX y ‘aggiornada’ por el neoliberalismo de Hayek y Friedman. El eje central: los mercados se autorregulan de manera espontánea; por ello, las intervenciones del Estado (parte de ‘la casta’) impiden su funcionamiento ordenado y atentan contra la libertad económica, más importante que las libertades democráticas como, recordó críticamente Vargas Llosa, le dijo Hayek a Pinochet en Chile (en La llamada de la tribu).

También dice que la “justicia social” (que la Iglesia católica propugna) es un robo, pues le quita a los que más tienen (vía subsidios y programas sociales) para favorecer a los pobres. Es el exacto inverso de lo afirmado por el socialista utópico Pierre-Joseph Proudhon: la ‘propiedad’ proviene del robo a los salarios de los trabajadores.

Milei rechaza que la desigualdad sea una construcción social e histórica que depende del sistema legal, fiscal, educativo y político (Piketty). No. Para Milei la desigualdad es “un dato” del mercado y “no se puede solucionar con políticas económicas”.

Las políticas neoliberales de Thatcher y Reagan ya fracasaron con la Gran Recesión del 2008 (aún no superada), al igual que el Consenso de Washington acá. Pero la crisis es de tal magnitud que los discursos radicales (y, en el caso de Milei, de odio a sus adversarios) atraen a las multitudes. Veremos qué pasa el 22 de octubre.

https://larepublica.pe/opinion/2023/09/26/milei-por-humberto-campodonico-1010048

23 de septiembre de 2023

Milei y sus falacias

Julio C. Gambina

El candidato de la ultraderecha habló en el “Council of Americas” y fue aplaudido por un auditorio de empresarios que escucharon lo que querían, un programa de máxima del gran capital, en defensa de la propiedad privada y la demanda por rentabilidad acrecentada en tiempos complejos del capitalismo contemporáneo, no solo en Argentina. Milei les […]

El candidato de la ultraderecha habló en el “Council of Americas” y fue aplaudido por un auditorio de empresarios que escucharon lo que querían, un programa de máxima del gran capital, en defensa de la propiedad privada y la demanda por rentabilidad acrecentada en tiempos complejos del capitalismo contemporáneo, no solo en Argentina.

Milei les propuso un proyecto a 35/45 años y recuperar un plan liberal, el de Alberdi (1850/60), que logró “éxitos” en cinco décadas, hacia el 1910, desde el imaginario de la Argentina potencia, entre los principales países del capitalismo mundial por su PBI, obviando el retraso social y la dependencia del capital externo a la que se asociaba la oligarquía terrateniente en esos tiempos.

Además, 1910 es tiempo de “ESTADO de SITIO” y represión a trabajadorxs, base de la década infame en años siguientes y de golpes militares restauradores del poder oligárquico desde 1930.

Milei les propuso a los empresarios una REVOLUCIÓN LIBERAL, sustentada en cuatro aspectos:

1/ una reaccionaria reforma estatal, similar a la de los 90 con Menem, Cavallo o de la Rúa;

2/ una regresiva reforma laboral, denominada “modernización” dialogada con Gerardo Martínez y Luis Barrionuevo (modelo UOCRA);

3/ apertura de la economía como en los 80 de la dictadura y Martínez de Hoz, los 90 o el macrismo (las 4 M: Martínez de Hoz, Menem, Macri y Milei);

4/ el cierre del BCRA con dolarización y más deuda y dependencia, ofreciendo los títulos en manos del Estado para sustentar el cambio de moneda, unos 40.000 millones de dólares.

Entre las falacias de Milei opera el ejemplo de la INDIA y de IRLANDA escamoteando el origen colonial dependiente de la dominación del Imperio británico, los usurpadores de Malvinas.

La lucha por la INDEPENDENCIA es una asignatura pendiente en todos los territorios colonizados por el CAPITAL. Es parte de la lucha independentista de Irlanda, subordinada al mismo tiempo que se liberaba Haití a comienzos del siglo XIX, jamás perdonada por ser la primera revolución antiesclavista triunfante del mundo. La independencia es el objetivo incumplido de la Argentina.

Otra falacia de Milei remite al escamoteo del reclamo de «la tierra para quien la trabaje» con la que los arrendatarios reclamaron la reforma agraria contra el poder terrateniente en el grito de Alcorta en 1912. La Argentina potencia del centenario se sustentaba en el poder terrateniente y el CAPITAL externo, sustentado en la explotación de la fuerza de trabajo y la apropiación privada de los bienes comunes, especialmente la tierra.

Por eso la falacia de Milei sobre “Argentina potencia n°1 del mundo en 1910”, producto del auge liberal del programa de Alberdi, obviando el estado de sitio x el conflicto social extendido en el centenario. La riqueza hacia 1910 tiene base en la apropiación privada de las tierras (genocidio) y gran inmigración de trabajadorxs.

Las falacias de MILEI se sostienen en que «la riqueza la producen los privados (empresarios)», cuando los clásicos de la economía, incluso los fisiócratas, sostenían hace más de dos siglos que la riqueza tiene padre y madre: el trabajo y la tierra, que el CAPITAL es trabajo acumulado; no pagado a sus creadores, las trabajadoras y los trabajadores.

Milei se sustenta en un plan de largo aliento por instalar en la conciencia social la ideología de la liberalización y en la ausencia de un proyecto político alternativo en contra del régimen del capital. No quiere decir que no existan esos proyectos en grupos, partidos, organizaciones populares, sino que no logran una acumulación suficiente para ser opción de poder ante las miserias que sufre la mayoría de la sociedad.

La lucha y organización popular desde un proyecto político que acumule fuerza para la lucha anticapitalista será el desafío para la disputa del presente y el renovado escenario contrarrevolucionario de la ofensiva capitalista, sustentada hoy desde las falacias de la ultraderecha y que agreden a nuestro pueblo.

Julio C. Gambina. Presidente de la Fundación de Investigaciones Sociales y Políticas, FISYP.

Se publica este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

24 de enero de 2023

Atención, la derecha ataca en Latinoamérica

Hedelberto López Blanch

Hace pocas semanas escribí un artículo titulado “¡Cuidado! la derecha reaccionaria actúa”, en el que alertaba sobre el peligro que corren los gobiernos nacionalistas y progresistas que han surgido en América Latina en los últimos tiempos.

Lo escribí con motivo de la Conferencia Política de Acción Conservadora (CPAC) celebrada en México, los días 18 y 19 de noviembre pasado, cuya agenda principal fue la de impulsar una línea contra lo que estos elementos consideran una “expansión del socialismo” en América Latina.

La CPAC es la organización ultraderechista más grande del mundo, creada y controlada desde hace medio siglo por la Unión Conservadora Estadounidense, que realiza una o dos reuniones al año y donde más de 100 organizaciones contribuyen con abundante capital.

El pasado 7 de diciembre la derecha oligárquica peruana, contra todo indicio de respeto a la democracia y a la legalidad, lanzó un golpe de Estado contra el legítimo presidente Pedro Castillo e impuso en su lugar a Dina Boluarte personaje completamente dominado por la clase pudiente.

Las manifestaciones de campesinos, obreros y estudiantes se desataron inmediatamente contra el golpe derechista que mantienen en vilo a esa nación con saldo de 30 personas asesinadas por la fuerte represión lanzada por el régimen usurpador.

En Bolivia, en la provincia de Santa Cruz se ha generado un nuevo intento de golpe de Estado, liderado por el gobernador de ese departamento, Luís Fernando Camacho (puesto en prisión preventiva hace unos días por su participación en el anterior golpe de Estado contra Evo Morales) y apoyado por el presidente del Comité Cívico Pro Santa Cruz, Rómulo Calvo y el expresidente y súbdito del dictador Hugo Banzer, Jorge Tuto Quiroga.

Durante las últimas semanas, la derecha santacruceña ha  convocado a fuerzas paramilitares y colectivos fascistas para bloquear las calles del departamento con la excusa, primero de querer adelantar las fechas del censo nacional para 2023 y ahora por la prisión decretada contra Camacho. A simple vista se comprende que el motivo real es generar desestabilización en el país para que las oligarquías puedan cumplir con sus intereses privados.

El ambiente de terror generado en dicho departamento ha estado cargado de discursos y actos llenos de odio y violencia racista y discriminatoria con los cuales han presionado a los ciudadanos para que se unan a los paros y las acciones agresivas contra instituciones gubernamentales.

El último episodio fue el ocurrido este 8 de enero en Brasilia cuando centenares de partidarios del ultraderechista expresidente Jair Bolsonaro tomaron por la fuerza los tres poderes gubernamentales: Palacio de Planalto, el Congreso Nacional y el Supremo Tribunal Federal.

Al estilo del asalto al Capitolio de Estados Unidos en enero de 2021 cuando el exmandatario Donald Trump y sus simpatizantes no aceptaron la derrota sufrida contra Joe Biden, ahora los manifestantes bolsonaristas rechazan la victoria de Luiz Inacio Lula da Silva quien tomó posesión de la presidencia el reciente primero de enero.

La acción fue derrotada por la decisiva actitud de Lula que llamó a la policía a actuar, mientras se gestaba un fuerte respaldo, tanto nacional como internacional, a favor de la presidencia del líder del Partido de los Trabajadores.

Pero como expresaba al principio, estos sucesos no son espontáneos sino están preparados y diseñados por las fuerzas de derecha, con rasgos fascistas, que intentan retomar el poder que han perdido ante las fuerzas democráticas y de izquierdas en la región.

En la reunión de CPAC, a la que asistieron personajes como Eduardo Verástegui, amigo y admirador de Trump; el anticomunista polaco, Lech Walesa, Steve Bannon, exasesor de Trump, Ted Cruz integrante de la mafia cubanoamericana y Santiago Abascal, líder del partido ultraconservador español VOX, también participó Eduardo Bolsonaro.

Este hijo del derrotado Jair, en una de sus alocuciones en el evento dijo que “el comunismo no se ha erradicado en Latinoamérica y confío en que se transite a regímenes con políticos que realmente representen la voluntad popular,  y tenemos esperanza de que un día las cosas van a cambiar”.

Y con gran euforia, rememorando cuando se reunió con Donald Trump en 2019 durante otra reunión de CPAC, proclamó: “se deben de juntar energías para poner en marcha la lucha por la libertad en Brasil, México y de la región latinoamericana.

Todos los que participaron en este reaccionario cónclave apostaron por el derrocamiento y eliminación de los gobiernos progresistas como el presidente de la CPAC en México, Eduardo Verásteguei quien subrayó: “Como amantes de la libertad, todos debemos estar preocupados por la expansión del socialismo en América Latina”, en referencia a Cuba, Venezuela, Nicaragua, Argentina, Colombia, Perú, Bolivia y más recientemente Brasil.

Ahora después de estos argumentos alguien puede pensar que los violentos y agresivos sucesos en Brasil no fueron orquestados y preparados por las ultraderechas latinoamericana con la anuencia de Estados Unidos. Los pueblos de América Latina no son ingenuos y conocen por experiencia propia los excesos cometidos en la región por las derechas fascistas.  

Hedelberto López Blanch. Periodista, escritor e investigador cubano.

Se publica este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

27 de diciembre de 2022

¡Cuidado! la derecha reaccionaria actúa

Hedelberto López Blanch

Los gobiernos progresistas surgidos en los últimos años en América Latina, tienen que estar muy alerta por la amenaza que representan las fuerzas de ultraderecha, con vestigios de fascismo, que están frustradas por los avances nacionalistas que ha tenido la región.

Una de esas grandes amenazas directas fue la reunión ultraderechista más grande del mundo, conocida como CPAC, celebrada en México, los días 18 y 19 de noviembre pasado, cuya agenda principal fue la de impulsar una línea contra lo que estos elementos consideran una “expansión del socialismo” en América Latina.

La Conferencia Política de Acción Conservadora (CPAC) reúne desde hace medio siglo a un conglomerado de representantes del mundo conservador, a cientos de organizaciones, miles de activistas y a millones de espectadores con el uso de los medios y la gran cantidad de redes sociales que controlan.

La CPAC es organizada y controlada por la Unión Conservadora Estadounidense, que realizan una o dos reuniones al año y donde más de 100 organizaciones contribuyen con abundante capital.

En esta ocasión escogieron celebrar el cónclave en el lujoso hotel Westin de Santa Fe, México. El Partido de gobierno en el país, Morena, advirtió que “la composición de esa conferencia está rebosante de xenofobia, racismo y hostilidad, embestida contra conquistas de derechos sociales y laborales, rechazo a derechos humanos y libertades, y conservadurismo de todo tipo y alcance”.

Entre el centenar de grandes organizaciones que la financian se encuentran Human Events, Young America’s Foundation y la Asociación Nacional del Rifle, capaces de reunir 10 000 participantes en sus foros, además de gentes de derecha importantes de diferentes corrientes del movimiento conservador estadounidense, políticos con cargos en ejercicio y otros. Por tanto el peligro es inminente para México y para cualquier nación latinoamericana.

En esta ocasión estuvieron en el mitin, Juan Iván Peña Neder, exfuncionario de Rafael Calderón, célebre por su imagen haciendo el saludo nazi; el actor Eduardo Verástegui, amigo y admirador de Trump; el diputado Eduardo Bolsonaro, hijo del todavía presidente de Brasil, Jair Bolsonaro. También participaron el anticomunista polaco, Lech Walesa, Steve Bannon, exasesor de Trump y Santiago Abascal, líder del partido ultraconservador español VOX.

En la apertura del evento, Eduardo Verásteguei expresó: “Como amantes de la libertad, todos debemos estar preocupados por la expansión del socialismo en América Latina”, en referencia a Cuba, Venezuela, Nicaragua, Argentina, Colombia, Perú y más recientemente Brasil.

Como no podía faltar la intervención de uno de los principales abanderados de la ultraderecha en el mundo, en el cónclave se transmitió un vídeo del expresidente estadounidense Donald Trump que dijo: «Debemos detener la expansión del socialismo y, simplemente, no permitirle que continúe arrasando con la región o nuestra tierra. Y debemos reconstruir nuestras economías, para apoyar a nuestros trabajadores y nuestras familias»,  

Prácticamente al mes de concluir esa extremista tertulia, ocurrió el golpe de Estado contra el legítimo presidente peruano Pedro Castillo, y el parlamento y la derecha peruana impusieron a la vicepresidenta Dina Boluarte para que ocupara el cargo.

Pese a la enorme represión desatada para tratar de controlar las movilizaciones obreras y estudiantiles que ya han dejado 26 muertos y numerosos heridos, el secretario de Estado norteamericano, Antony Blinken llamó a Boluarte para ofrecerle el apoyo irrestricto de la Casa Blanca.  

En los últimos años América Latina ha sufrido los llamados “golpes blandos” qué como es lógico, nada tienen de blando. Recordemos el golpe de Estado en 2019 contra el presidente Evo Morales que por la presión interna boliviana y el apoyo de la comunidad progresista internacional fue revertido.

También en 2019 hubo un intento de golpe contra el gobierno venezolano de Nicolás Maduro e inmediatamente Washington, en una jugada que no le fructificó, reconoció al fantoche Juan Guaidó como presidente fantasma.

Otros sucesos parecidos ocurrieron en el Paraguay de Fernando Lugo, de Manuel Zelaya en Honduras, en el Brasil de Dilma Rousseff y de Luiz Inacio Lula da Silva, o contra Rafael Correa en Ecuador.

Por todo esto, los gobiernos y partidos progresistas de Latinoamérica deben estar muy atentos y unidos para detener esa arremetida derechista auspiciada, dirigida y financiada desde Estados Unidos cuyos dirigentes siguen pensando que la región es su “patrio trasero”.

¡Ojo! que como ha quedado comprobado en la historia, la derecha para lograr sus objetivos mata, asesina y arrasa con todo aquel que se le interponga.

Hedelberto López Blanch. Periodista, escritor e investigador cubano.

25 de abril de 2022

Perú: Un nuevo pacto

Indira Huillca

Hace un par de años, siendo congresista, publiqué en este diario una columna titulada “¿Quién le teme a la Asamblea Constituyente?” (28/9/19). En ese punto, los proyectos de reforma llegados al Congreso tras el referéndum de 2018 (Junta Nacional de Justicia, financiamiento de partidos, bicameralidad e impedimento a la reelección congresal) habían sido desnaturalizados o “dormidos” por mis colegas parlamentarios y predominaba en la ciudadanía el hartazgo por el conflicto Ejecutivo-Legislativo. En el artículo muestro mi escepticismo ante las fórmulas “para salir de la crisis” y reitero un tema que ni entonces ni ahora podría ser considerado una novedad: el Perú necesita una nueva Constitución Política.

Desde entonces, la política y sus reglas de juego continuaron su deterioro, y con la pandemia, Estado y mercado mostraron las limitaciones de su convivencia, reflejadas en la terrible disyuntiva entre proteger la salud o salir a trabajar, vivida por millones de familias peruanas, en particular aquellas que perciben bajos ingresos y que son las permanentes perdedoras en tiempos de crisis. Tras el cambio de prioridades marcado por la necesidad de contener la COVID-19 y tentar la reactivación económica entre 2020 y 2021, las elecciones generales debieron servir para retomar la atención sobre el entrampamiento de la democracia peruana y su evidente incapacidad de reformarse a sí misma con un sentido de apertura hacia las necesidades y demandas de la ciudadanía.

No fue así y estamos más bien en una interminable “tercera vuelta” en la que gobierno, opositores y medios de comunicación compiten en alejarse de los problemas cotidianos de la gente, ganándose a pulso el rechazo. En el caso del presidente Castillo este rechazo ya no se limita a quienes se resisten a su mandato desde el día uno, sino que es creciente entre sus electores, quienes en un lapso muy corto lo han visto caer en todos los vicios de la política criolla y dejar de lado las reivindicaciones sociales que impulsaron su candidatura, entre ellas la oferta de una nueva Constitución, distinta a la de 1993, aquella que promovió y promueve una economía que concentra beneficios en unos pocos y excluye a los más.

Y es que en cada una de las elecciones posteriores a la llamada “transición democrática”, los peruanos y peruanas hemos manifestado nuestro malestar en relación a la (in)capacidad redistributiva del Estado o la actuación de las empresas extractivas, sea por la contaminación ambiental o por el modo inconsulto y no pocas veces violento en que se imponen sobre otras actividades productivas, o sobre los derechos de los pueblos indígenas. También es una constante el rechazo a que el principio de protección de la inversión privada esté siempre por encima de las necesidades y derechos de ciudadanas y ciudadanos.

Que los gremios empresariales y los medios de comunicación afines a los principales grupos económicos atribuyan su éxito económico a la Constitución de Fujimori no desaparece a esa otra enorme parte del país que se siente postergada y que cada cinco años vota por quien les ofrezca revertir su situación de desprotección frente al abuso privado, la precariedad laboral o el despojo territorial, por citar solo tres hechos consagrados en la Constitución vigente. De igual modo, que el presidente “regrese” –como provocación o por oportunismo– a su propuesta de habilitar una Asamblea Constituyente o que la prensa reaccione a ello con el grito en el cielo en defensa del modelo económico, no borra el hecho de que la demanda de un cambio constitucional existe y merece ser debatida y canalizada, no ninguneada ni caricaturizada.

15 de septiembre de 2021

Perú: ¡Quiero ver el cuerpo!

Jorge Bruce

Una serie de personas, de cuyos nombres no vale la pena acordarse, ante la noticia de la muerte de Abimael Guzmán en prisión, han exigido ver su cadáver. Varios han ido más allá y han puesto en duda la noticia. Algo similar ocurrió con el suicidio de Alan García, pero la raigambre ideológica de esa duda, de ese reclamo voyeurista, era más confusa que esta. En este caso son todas personas de derecha que parecen responder a la misma teoría conspirativa: el Gobierno ha inventado la muerte de Guzmán para dejarlo libre, porque dicho Gobierno es senderista, terruco, y ese era el plan desde el principio. Punto.

Pierre Rosanvallon lo explica en su libro más reciente (Les épreuves de la vie–Las pruebas de la vida): “Si la incertidumbre nos corroe (…), hay medios ilusorios para conjurarla. Negando la realidad, como se empeñan en hacer los climatoescépticos, por ejemplo. O bien restituyéndola en una economía de la imputación: es lo que hacen las teorías complotistas”.

De esta manera se preserva la ilusión de reordenar el caos del mundo, explica, “y proponen una forma de reapropiación de la marcha de las cosas denunciando a sus amos ocultos”. Los conocemos: la CIA, los Illuminati, los Sabios de Sion, etcétera. Las teorías de la conspiración o el complot desempeñan una función básica –en todos los sentidos del término– para quienes se sienten, paradójicamente, desconcertados por la muerte del sanguinario líder de Sendero Luminoso. Su presencia en la cárcel les daba una certeza de la que se han visto desprovistos por algo tan banal, a los 86 años, como una neumonía.

A diferencia de los fans de Elvis, quienes se resisten a creer que el mítico cantante “haya salido del edificio”, o de quienes siguen pensando que Hitler está escondido en la selva de Brasil, nuestros conspiranoicos de derecha se niegan a aceptar un dato que los obliga a repensar y cuestionarse.

La muerte del peor genocida de nuestra historia nos confronta a todos. Sus innumerables víctimas no deben hacernos olvidar que también el Estado fue un perpetrador de crímenes horrendos, en esa época infausta. Las víctimas que siguen clamando justicia y reparación no nos permitirán olvidar la complejidad de esta tragedia. Resistir a las explicaciones reduccionistas, aceptar el reto de pensar lo impensable es uno de los mayores desafíos de la democracia.

13 de marzo de 2021

Perú: Se consolida una derecha golpista

Carlos Monge

En el Perú se está consolidando una coalición de derecha golpista que prefiere la muerte de miles de personas más, a que el gobierno actual tenga éxito en contener la pandemia. Que, apuesta por el fracaso de la campaña de vacunación, para con eso descalificar a sus rivales electorales y ofrecerse como única alternativa.

Desde Willax –propiedad del Grupo Wong y promotor de la candidatura de Lopez Aliaga- se puso en duda la efectividad de la vacuna de Sinopharm que el gobierno viene aplicando. El mensaje era simple: el gobierno nos ha engañado, la vacuna no funciona, hay que parar la vacunación.

Se trató de una lectura malintencionada del informe, pues la efectividad de la vacuna no se mide por su capacidad de evitar el contagio, sino de evitar que el contagio cause enfermedad de gravedad y muerte. Una verdadera patraña, con consecuencias potencialmente muy graves.

El biólogo y candidato fujimorista Bustamante avaló la patraña en vivo, y el también candidato fujimorista Rospigliosi se sumó a la campaña de desinformación en los medios. El congresista fujimorista Tito pidió que se suspenda la vacunación. Lopez Aliaga afirmó que la vacuna de Sinopharm “no tiene certificación en ninguna parte del mundo”, cuando en verdad está certificada en 16 países del mundo, y reclamó la vacancia del Presidente Sagasti para colocar reemplazarlo por el Congresista de Acción Popular Otto Guibovich.

¿Por qué este afán por tirarse abajo la vacunación e incluso tirarse abajo al gobierno estando, las elecciones tan cerca?

Esta derecha golpista – acciopopulistas, fujimoristas, apristas, personajes corruptos, iglesias conservadoras – prefiere que mueran varios miles de personas más, a que el caviar e izquierdista de Sagasti tenga éxito en frenar la pandemia. Prefiere que la vacunación fracase a que la gente vea que otros sectores políticos pueden gobernar. No está segura de sus candidaturas, y prefiere patear el tablero antes que el país pueda escoger entre Yohny Lescano y Verónika Mendoza.

Hay que tener cuidado. Están desesperados. No creen en la democracia. Ya dieron un golpe antes. Están tratando nuevamente.

17 de enero de 2021

Abolengo calato

César Hildebrandt

El señor Jaime Cillóniz, el que retuvo durante quince minutos a una muchacha aterrorizada, dice que tiene abolengo, que viene de las mejores familias, que la huella seminal que lo precede tiene un árbol ilustre de apellidos, haciendas, miriñaques.

Claro que Cillóniz tiene abolengo.

Qué duda cabe.

Su linaje es el de los señoritos que fueron realistas durante la guerra de la independencia, chilenófilos a la hora de la ocupación, civilistas cuando de simular preocupación social se trataba, pierolistas en el momento de la reconciliación “aristocrática”, beltranistas en el turno de Bustamante y Rivero, y apostólicos y romanos cuando Velasco les hizo temblar el esqueleto y bailar el primer baile del chino. Hablo, o sea, de los hijos de la guayaba de toda la vida.

Cillóniz desciende de un caballo castellano y conquistador, chocanesco y ágil. Su boca procede del arcabuz de sus ancestros y su racismo viene del escroto mismo del cura Valverde. Sus odios se remontan al almagrismo, que nada encontró en Chile, y su desprecio por los mestizos es el mismo de los que en el Club Nacional festejaban “los bailes de las debutantas” vestidas a lo Versalles.

Me place ver a este hombre ruinoso sacar la cara por la raza que lo profirió y atreverse a decir lo que tantos viejos y tantas viejas quisieran gritar. Casi me da ganas de pedirle al JNE que haga una excepción y que inscriba la candidatura de Cillóniz a la presidencia de la república.

Este señor de horca, cuchillo y ascensor tendría, por lo menos, el coraje de ser la bestia que es y no aceptar el disfraz que la CONFIEP y los consejeros mediáticos querrían imponerle.

Si Cillóniz ganara la presidencia, volveríamos a los tiempos en que a Arguedas la madrastra lo obligaba a comer en la cocina. Volveríamos a las haciendas serranas que tenían el tamaño de Ámsterdam. Vol­veríamos, aún más atrás, al sacro imperio de la ley del embudo y a la exclusión, a máuser limpio, de todos los herejes.

Cillóniz no es un machista crepuscular. Cillóniz es, como Hernando de Lavalle lo fue alguna vez, el hombre. El que habrá de restau­rar los buenos tiempos. El que nos devolverá el país inmóvil que San Martín y Bolívar quisieron refundar.

Cillóniz es la derecha sin maquillaje, calata, melancólica y levemente opiácea. Cillóniz se come un canapé en el Palais Concert y escupe cuando ve, aunque sea de lejos, al cojo Mariátegui, ese comunista de mierda. Cillóniz ama la muerte (ajena), como los generales franquistas. Cillóniz, en suma, quiere que el Perú siga siendo la república adjunta al imperio que esté de moda. En el siglo XIX fue el británico, que terminó des­preciándonos y optando por Chile. En el XX fue el norteamericano, que siempre nos vio como el perro que en el patio trasero no se queja.

La derecha piensa como Cillóniz pero es solapa como todos los Pardo. Por eso arma sus cades y le dice a la gente que está muy preocupada por la igualdad y la crisis. La verdad es que eso le importa muy poco. Lo que le importa, de verdad, es que nadie toque la Constitución de Fujimori, su esbirro más exitoso, y que nadie se meta con las leyes del mercado, por más distorsionado que esté. Y si usted le pregunta en privado a la derecha por qué hay un mono­polio cervecero y otro farmacéutico y otro periodístico (este último, con “El Comercio” a la cabeza), entonces dirá que esa pregunta revela resentimiento y que satanizar el éxito económico es cosa de terroristas.

Cillóniz lo que quiere es recuperar a la república, no raptarla. ¿No está claro?

Que no vengan Keiko Fujimori y socios de encuestas a decirnos que el centro es el camino, que los peruanos somos iguales, que el futuro es de todos. Basta de hipocresías. Sólo la derecha monta­da a pelo, oliendo a pizarrismo primordial y sobaco ilustrado, podrá salvamos. ¡Cillóniz presidente!

Fuente: “HILDEBRANDT EN SUS TRECE” N° 522  del 15/01/2021  p05

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7 de octubre de 2020

Derechas y pandemia en la guerra política

 

Jorge Alemán

Las derechas empujan y atropellan todos los límites democráticos. Es su nuevo sello, el Neoliberalismo no encuentra fácilmente modos democraticos de legitimación. El mundo de las mediaciones se le ha vuelto totalmente ajeno. Para las derechas el primer mandato es estigmatizar al otro como dictador autoritario, sellar al gobierno democrático como un nuevo tipo de comunismo generador de un caos social y económico. Todo esto en una política de guerra donde lo que es progresista o popular nunca es un adversario, es un enemigo a abatir. Incluso horadando las razonables medidas que se toman con respecto a la pandemia.

Lo hacen, cuando se trata de gobiernos progresistas o populares, para obligarlos a existir de un modo defensivo en la propia agenda de las derechas y para también provocar que los gobiernos progresistas o populares, llegado el caso, tomen medidas contundentes que luego no encuentren los verdaderos recursos para sostenerlas.

La terrible paradoja de esta situación es que las derechas están esperando que esas medidas contundentes se lleven a cabo para así confirmar definitivamente que los gobiernos progresistas o populares son dictaduras totalitarias.

Las izquierdas que apoyan críticamente a estos gobiernos, y que habitan espontáneamente en el mantra de avanzar y radicalizar, ya que si no actúan así entonces los gobiernos caerán por su debilidad. Ciertas izquierdas tienen siempre el hábito de pensar que sólo se avanza en línea recta. Y por ello exigen avanzar sin dilaciones con respecto a lo que se supone que habría que hacerse sin concesiones.

Sin embargo deberían admitir las nuevas paradojas de la situación pandémica en su peligroso devenir. A veces avanzar es quedar expuestos a un fuego internacional donde tarde o temprano se perderá todo. Se olvida de qué se trata siempre de avanzar para intentar la difícil tarea de ganarle al enorme poder neoliberal. Es cierto que hay instantes de la historia en donde el imperativo exige luchar, independientemente de si se gana o se pierde. Son aquellos instantes históricos donde está en juego el honor y la ética más allá de todo cálculo y previsión. Aquellos instantes donde no se puede retroceder aunque cueste la propia vida. Las señas de la historia así lo indican. Y podría ser, nunca se sabe de antemano, que un momento histórico de semejante gravedad al fin suceda. No se sabe pero no es imposible.

Sin embargo esta vez la derecha espera la radicalización para ahogar a los proyectos democráticos. No se trata para los poderes si los gobiernos son moderados o no, el problema es que existan. Porque la dominación mundial ya no sólo no soporta ni un mínimo de soberanía, sino que no sabe si cuando los movimientos sociales recuperen la calle aparecerán medidas exigidas por las propias demandas sociales absolutamente insoportables para la derecha neoliberal.

La conformación heterogénea de los frentes y coaliciones progresistas aumenta la hipótesis cínico -conspirativa de las derechas. Dificil situación, porque a veces fingir que se está quieto puede tal vez ser la única forma de resistencia posible. Ese fingir no es un no hacer, no es una claudicación pasiva, es intentar sortear el éxtasis acelerado y paranoico de la derecha neoliberal para darle el tiempo pertinente a una agenda de trabajo y a la política en medio de un quiebre civilizatorio desconocido aún en sus consecuencias.

19 de julio de 2020

El peor error de Vizcarra

César Hildebrandt

Se dejó llevar. Cedió a la presión.

La derecha vuelve a ganar.

La presidenta de la CONFIEP no puede ocultar su entusiasmo y dice al diario “Correo”, del holding de “El Comercio”:

- Esperamos construir una relación de confianza y de apoyo entre el sector privado y público con el nuevo gabinete y que se impulse el shock de inversiones que requiere el país para recuperar los millones de empleos perdidos por la emergencia sanitaria.

No sé si María Isabel León alude a los desempleados que las empresas representadas por la CONFIEP han producido por cientos de miles apelando a la suspensión perfecta, al despido sin apelación y al más sencillo trámite del cierre de actividades sin liquidación ni indemnizacio­nes.

Diego Macera, gerente general del Instituto Peruano de Economía (IPE) -crisol del pensamiento económico conservador donde brilla por sus monsergas Roberto Abusada-, también lo dice con todas sus letras:

- Los cambios en el gabinete son buenos y ojalá se logre caminar mejor.

El profesor de economía Enrique Castellanos, que predica lo suyo en la Universidad del Pacífico, se ha sumado notoriamente:

- Me siento más cómodo con Cateriano que con Zeballos. Es un gabinete más pro mercado, pro sector privado que el anterior.

La Cámara de Comercio de Lima ha manifestado su contento sosteniendo que el nuevo gabinete trabajará en más estrecha relación con el sector privado para enfrentar la pande­mia.

¿Verdad? ¿Cómo en el caso de las clínicas privadas que decuplicaban el precio de los analgésicos, extendían facturas de 300,000 soles después de la muerte del paciente y niegan ahora el acceso a sus unidades de cuidados intensivos?

Keiko Fujimori, de pronto estadista, ha escrito:

- Este nuevo gabinete es una oportunidad para corregir errores. No es momento de detenernos en diferencias políticas. Esperamos que este nuevo equipo tenga éxito.

Y el señor Cateriano le ha contestado:

- La pandemia del Covid-19 nos obliga a sumar esfuerzos.

¡Vaya! ¡Cuánta armonía, qué dulzura!

Y Martín Ruggiero, el nuevo ministro de Trabajo, seguirá pensando que los pobres lo son porque quieren, tal como lo sostuvo en un podcast de lo más celebrado.

Si Martín Adán resucitara, diría que hemos vuelto a la normalidad.

Y a ella hemos regresado.

De modo que lo que nos espera es que Tía María se menee hasta alcanzar su puesta en marcha y que la Sunafil muera de anorexia y que la ministra de Economía empiece a recortar el gasto social que antes entregó refunfuñando.

O sea, que se jodan los de siempre. Que sigan esperando los que esperaron siem­pre. Que esperen sentados. Que se sienten. Y que también se callen.

Se luce Cateriano en el programa que Canal N dedica ahora a los grandes negocios, al carácter impertérrito del “modelo económico”, a la impavidez de los privilegios. Y dice que una de sus tres grandes preocupaciones es la reactivación basada en “la empresa privada”. Y añade que el sector más importante de esa esfe­ra “es la minería”.

Seguiremos entonces vendiendo cerros, pu­ñados de subsuelo, cavidades. Porque, según Cateriano, eso es lo que somos: país minero. Por eso es que no debemos aspirar a hacer industria, agricultura comunal sofisticada, tecnología mo­derna surgida de la academia y la investigación. No, lo que somos es eso: país minero. Como an­tes fuimos guaneros, salitreros, caucheros, algodoneros, harineros de mar. Esa es la maldición de la profecía civilista: vendemos lo que nos da la naturaleza, somos recolectores, vivimos el tiempo ancestral y perpetuo del extractivismo. En toda su presentación en sociedad a través de Canal N, propiedad de “El Comercio”, Cateriano no menciona ni una sola vez la palabra “traba­jador” y se alegra al decir que eligió a Ruggiero por ser joven “porque lo que necesitamos es precisamente juventud”. Y uno ve a este primer ministro canoso y con barba Chiva en el mentón gastado y se pregunta qué tipo de masoquismo lo lleva a decir que la energía de los jóvenes nos salvará.

Mientras tanto, lo privado, como siempre, se presenta como una mentira. Por eso la em­presa privada del Metropolitano exige que el Estado (maléfico) la subsidie para seguir ope­rando. Por eso Reactiva Perú ha ido a parar a las manos gordas de siempre. Por eso el Estado (perverso) está siempre dispuesto a darle una mano a los bancos (privados), como lo hizo an­tes con los Wiese o los Picasso. Por eso es que el Club de la Construcción fue tan cuantioso y por eso es que Graña y Montero fue tan excrementicia y por eso es que las rebajas de impuestos para los peces gordos jamás se expresan en los precios de sus productos.

La CONFIEP le ha dado luz verde a Cateriano.

Pero eso no basta.

La crisis de la pandemia exige un horizonte más amplio.

Hemos perdido más de tres millones de empleos, la economía del Perú caerá 13% este año según la CEPAL y estamos entre los tres países de la región donde aumentará más la des­igualdad.

El problema de escorar a la derecha en esta tormenta perfecta es que la nave empiece a hundirse y que la violencia de las expectativas no atendidas derive en caos y en un nuevo grado de ingobernabilidad.

Por eso es que nombramientos como el de Ruggiero parecen ser una provocación, un globo de ensayo del fredemismo banquero y rancio.

Por eso es que la apuesta unilateral de Cateriano por una reactivación esencialmente privatista y minera suena a la traición podrida de Nadine y su marido, el comandante que también demandaba luces verdes.

Vizcarra ha cometido el peor error de cuantos estaban a su alcance. Un zorro taimado parece haberle aconsejado que en esta hora de deses­peración y baja en las encuestas lo mejor es sa­car a bailar a la dama ventral que siempre está dispuesta a ser la estrella de la fiesta. Le espera entonces el destino vulgar que la derecha reser­va a sus operadores: la nada en el museo de los inexistentes.

Fuente: HILDEBRANDT EN SUS TRECE N° 498, 17/07/2020 p4

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17 de enero de 2020

Una sacha derecha popular

Nelson Manrique

El fujimorismo tradicional y el neo fujimorismo, cristalizado en Solidaridad Nacional, corruptos, encubridores de corruptos y destructores de la institucionalidad, constituyen la culminación de la evolución de lo que una vez fue la ilusión de politólogos como Steven Levitsky y Hugo Neira, que veían en el partido de los Fujimori el germen de la derecha popular que el país necesitaba. Lamentablemente quien ha recogido su mensaje es Rosa Bartra: “Ya no tememos, ni temeremos decir: soy de derecha popular”.

El suelo no parece, sin embargo, parejo bajo los pies de esta singular “derecha popular”. El estilo de Rosa Bartra, cuya psiquis está pidiendo a gritos un psiquiatra después de su afirmación de que “en los colegios estimulan a los niños a probar objetos sexuales con navajas y tornillos”, puede ser grato para los fundamentalistas religiosos, pero no le va a ganar credibilidad. Su sonada performance le ha atraído tiros no solo desde el campo enemigo. Hasta Yeni Vilcatoma, que la acompaña en la lista de candidatos de Solidaridad Nacional, acaba de marcar distancias con ella de una manera no precisamente diplomática: “Yo discrepo totalmente de Rosa Bartra. Para mí es una persona mentirosa, manipuladora, totalmente”.

Tampoco marcha la estrategia de choque de su portátil lumpen, que se hace llamar “La Resistencia” y ha sido rebautizada por IDL-Reporteros como “La Pestilencia”. Sus incursiones no están pegando entre la gente. Esta semana Bartra y su banda fueron expulsados de una galería comercial popular, bajo una lluvia de epítetos, entre los cuales destacaban “corrupta” y “mentirosa”. El resultado fue el mismo cuando intentaron sabotear la presentación del libro de Sergio Tejada sobre los avatares de la mega comisión encargada de investigar la corrupción bajo el segundo gobierno de Alan García, y las maniobras realizadas por la alianza aprofujimorista para limpiar a García de acusaciones tan graves como la de haber liberado, a cambio de dinero, a 5500 delincuentes (la tercera parte de los criminales en prisión del país), entre los cuales figuraban 3200 narcotraficantes, 400 con acusaciones de narcotráfico agravado, y 1600 criminales de alta peligrosidad.

Para completar el circo, el Secretario General de Solidaridad Nacional acaba de lanzar su candidatura presidencial para el 2021, presentándose como un prospecto de “Bolsonaro peruano”. Añadamos el racismo ramplón de Mario Bryce, insultando a Julio Arbizu regalándole un jabón, tirando la piedra y luego escondiendo la mano, afirmando que lo suyo era un mensaje de limpieza y de honradez en la política, todo esto dicho desde el partido del que roba pero hace obra, cuyas obras no se caen sino se desploman y que espera turno para Piedras Gordas por su asociación delincuencial con las empresas constructoras brasileñas.

Semejante chongo puede llevar a concluir que este bloque va a terminar hecho pedazos, o alimentar las teorías conspirativas, que afirmarán que estamos ante una maquiavélica maniobra del fujimorismo para engañar al electorado, y reconstituirse así que sean elegidos.

En realidad el programa que unifica hoy a toda la “derecha popular” peruana, que incluye a otras organizaciones más, como el Apra y APP, es sabotear los avances en la lucha contra la corrupción. Ya lo dijeron: es cuestión de supervivencia. Esa fue la razón que llevó a la disolución del parlamento. Son imposibles las reformas sociales, políticas e institucionales si no se acaba con la corrupción que pudre las instituciones, comenzando por el parlamento. A ver si algún candidato lo entiende.


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