Mostrando entradas con la etiqueta Pedro Casusol. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Pedro Casusol. Mostrar todas las entradas

12 de julio de 2025

Perú: Señora Mentira

Pedro Casusol

"El gran problema de Keiko Fujimori no es el formato ni el media training, es que tiene el encanto de una pared sin tarrajear"

Nos referimos la semana pasada al intento de la presidenta y de su asesor por preparar una especie de “Dina TV”, programa televisivo en el canal del Estado para que la señora que despacha en Palacio de Gobierno pueda “ganarse” al público con su personalidad y su talento para desenvolverse ante las cámaras. En fin, un intento desesperado por usar los medios oficiales para levantar su 2 % de aprobación. La idea, según advertimos, era una estupidez colosal. Entre otras cosas, porque los hábitos de consumo de información han cambiado de manera vertiginosa en las últimas décadas.

Uno de los argumentos para defender esa tesis es una verdad de Perogrullo: ya nadie ve televisión, mucho menos el canal del Estado. Su influencia ya no es lo que era. Ni siquiera la antena más caliente de la televisión podría servir para lavar la imagen de la señora de los Rolex y el medio centenar de muertos. La lógica de la comunicación política indica ahora que la atención está puesta en las redes sociales. En esas plataformas que, desde hace tiempo, capturan nuestra atención con una marea de contenido que se desborda cada vez que manipulamos nuestros dispositivos móviles.

El ejemplo más notorio de este cambio de paradigma viene del fujimorismo: tanto Kenji como Keiko se han estrenado como youtubers tardíos. En el caso de la eterna candidata, su canal de YouTube tiene más de tres meses de creado y podría tranquilamente ser un caso de estudio de lo que es el fracaso en las redes sociales. Prueba que no basta con cambiar el formato: sus videos, registros blanqueados de sus viajes proselitistas por las regiones del país, no acumulan vistas ni likes, y la mayoría de los comentarios son puro hate del tipo: “Después de tanto daño que has hecho al Perú, aún te postulas”.

El gran problema de Keiko Fujimori no es el formato ni el media training, es que tiene el encanto de una pared sin tarrajear. Por más que use plataformas digitales y se apropie del lenguaje de las redes sociales (como antes se apropió de la camiseta de la selección de fútbol) poniendo en sus portadas cosas como que el “Perú es clave” (una frase surgida de TikTok) o imitando el formato de los videoblogs para pasar por contenido lo que no es más que propaganda política, el resultado siempre será el hate. Ahora bien, ella sabe que la mochila que carga es la animadversión que genera su historia entre los peruanos, por eso hace un mes lanzó su podcast “Konfesiones”.

Se trata de un producto guionizado para que, a modo de monólogo ante la cámara, Keiko pueda reescribir su historia recurriendo al storytelling, por utilizar un término ligado a la mercadotecnia. En “Konfesiones”, la candidata se empeña en contarnos su vida desde su punto de vista, lo que constituye una manera sutil de mentir, porque nadie es villano en su propia historia. Para ello, utiliza recursos típicos del lenguaje digital: el clickbait o el formato testimonial, ilustrando su relato con imágenes generadas con IA. El resultado es precisamente ese. Se ve falso, nos da la sensación de estar viendo una burda mentira. Keiko no conecta de manera afectiva, no genera engagement, por mucho que lo intente. ¡Y vaya que lo intenta! Tal vez sea ese, más que el formato o la plataforma en donde se presente, el verdadero límite de su relato autobiográfico.

Fuente: Hildebrandt en sus trece, Ed 741 año 16, del 11/07/2025

https://www.hildebrandtensustrece.com/

29 de abril de 2025

Idiotas en el poder

Pedro Casusol

"Nos gobierna una presidenta a la que solo le interesa el maquillaje barato"

Ya no tengo duda: vivimos la era de los idiotas. Los tontos conquistaron el poder. Antes pensaba que el mundo atravesaba por una etapa de desgobierno, un caos propio de un cambio de época conforme nos vamos adentrando al final del capitalismo. Ahora pienso que, simplemente, nos gobiernan los idiotas. Porque son los idiotas quienes conducen el mundo al despeñadero. Llámenlo “idiocracia” o “caquistocracia”, como prefieran. El ejemplo perfecto viene a ser Donald Trump y sus desvaríos arancelarios.

A inicios de este mes, la Casa Blanca anunció nuevos aranceles para el resto del mundo, lo que cambiaba de un porrazo las relaciones económicas del planeta. El mandatario dio la noticia en una ceremonia a la que llamó pomposamente el “Día de la Liberación”, mostrando una tabla de cálculos sin ningún sustento técnico y que debe haber sacado del fondo de su imaginación. La tarifa mínima era de 10 %, se duplicaba para Europa y escalaba a 34 % para China. Aquel fue el pistoletazo de salida de una guerra arancelaria cuyo principal objetivo es la China de Xi Jinping.

Días después, el magnate devenido en presidente norteamericano afirmaba muy suelto de huesos que gobernantes de todo el mundo lo estaban llamando insistentemente para “besarle el trasero”. Ese era el objetivo, al parecer. No le importó que cayera la bolsa de valores, la inflación galopante o el fantasma de la recesión. Al menos por unos días, la medida incluso asustó a sus amigos, gerentes de grandes multinacionales. Incluso a Elon Musk, cuyos automóviles electrónicos se fabrican principalmente en China. A pesar de eso, Donald Trump estaba empecinado en continuar con su guerra arancelaria, quizás porque la terquedad viene siempre de la mano de la estupidez.

Al final, la “liberación” estadounidense de la supuesta opresión del mundo duró poco. A la semana, el gobierno de Trump se vio obligado a aplazar el tan mentado incremento de tarifas (excepto a China, que subió a un exorbitante 145 %, como para dejar bien en claro cuál era la verdadera intención del anuncio). Al menos por noventa días, tiempo en que los asesores de Donald Trump tendrán que sentarse a renegociar los tratados de libre comercio con todos los países que solían ser sus socios comerciales.

Y mientras esto ocurre, Musk continúa con el asalto a los organismos gubernamentales en lo que podríamos llamar una escalada fascista, que incluye una guerra abierta contra las universidades. Porque el gobierno de los idiotas, en su lucha contra el conocimiento, ha congelado miles de millones de dólares en fondos federales a universidades como Columbia o Harvard. Se trata de una venganza por las protestas que sus alumnos han protagonizado contra el genocidio del pueblo palestino por parte de Israel.

No solo es eso. El gobierno de Trump exige, además, que se ponga fin a los programas de diversidad y que vigile la orientación ideológica de sus estudiantes extranjeros. Una “idiocracia” de corte autoritario, por decirlo de alguna manera. Hasta el momento solo Harvard, una de las universidades más influyentes del mundo, se ha cuadrado frente a Donald Trump y a los cambios solicitados, calificándolos de ilegales.

En el Perú, como no podía ser de otro modo, la situación es extrema y nos arrastra a los límites de la estupidez. En plena ola delincuencial, cuando circulan videos que muestran a sicarios asesinando transportistas (son los sicarios quienes se graban, tal es el nivel de impunidad), un reo se escapa del penal de Lurigancho y en cualquier momento el crimen organizado llama a tu puerta, nos gobierna una presidenta a la que solo le interesa el maquillaje barato, la cifra engañosa, el enésimo estado de emergencia que no sirve para nada y la disposición absurda de las motos que nadie está dispuesto a acatar.

Juan José Santiváñez, censurado exministro del Interior que no hizo nada por solucionar el problema de la criminalidad, ha sido premiado con un cargo hecho a su medida en el despacho presidencial. Su oficina se llama Monitoreo Intergubernamental, donde me imagino que hará lo mismo que a su paso por el ministerio. Nada, excepto cuidar las espaldas de su jefa con las malas artes que ya conocemos. San Agustín decía que errar es humano, pero insistir en el error es diabólico. Lo que pasa es que el filósofo católico nunca imaginó el nivel de estupidez organizada que rige nuestros tiempos.

Fuente: Hildebrandt en sus trece, Ed 730 año 16, del 25/04/2025

https://www.hildebrandtensustrece.com/

25 de enero de 2025

Perú: Grupo Colina, la serie

Pedro Casusol

Ahora nos quieren hacer creer que el grupo Colina, ese escuadrón de la muerte liderado por Santiago Martin Rivas, la banda paramilitar que mataba, secuestraba, descuartizaba y quemaba a sus víctimas por orden de Fujimori y Montesinos, era en realidad un equipo de héroes perseguidos por “hacer justicia con sus propias manos”, como esa vieja serie de comedia y acción que pasaban por la caja boba: “Los magníficos”. Al menos eso es lo que quiere hacernos creer Nima Films, la casa productora que acaba de revelar el tráiler de una esperpéntica serie llamada “Grupo Colina. Justicia bajo las sombras”.

El responsable se llama Alejandro Nieto-Polo, un productor, director y guionista que dice haber estrenado, el último año, unas cinco películas y una serie que nadie ha visto, pero que, según él, se emitieron en alguna plataforma de streaming en Estados Unidos. Aquí apenas se le recuerda por su ópera prima, aquel meme hecho película llamado “Súper Cóndor” donde el actor Gerardo Zamora viste mallas y capa para interpretar al “primer superhéroe peruano” tipo Marvel. La película terminó siendo un rotundo fracaso y tal vez por eso el realizador acabó decantándose por lo que erróneamente llama “cine de guerrilla”, que no es otra cosa más que películas de acción de bajo presupuesto.

Así es como llegamos a esta serie que busca reivindicar al grupo Colina, como lo intentó Martin Rivas hace solo unos meses en una audiencia judicial previa a la sentencia de 18 años de cárcel por el caso Pativilca. En esa oportunidad, el asesino de Barrios Altos y La Cantuta lanzó amenazas aquí y allá y a todo el que quisiera escucharlo, pregonando una “palingenesia”, en otras palabras, un cambio sustancial en la narrativa de lo que fue la dictadura fujimorista. Según él, se ha cometido una terrible injusticia con los militares de esos años y con aquella banda de “renegados” que solo buscaban un tipo de “justicia bajo las sombras” para acabar de una vez por todas con esos “terrucos”.

En realidad, la serie que toma el nombre del grupo Colina se sitúa en nuestra época, con la criminalidad desbordada. Unos oficiales de la Policía consideran que los criminales a los que capturan son liberados mientras a ellos los procesan por ejercer el monopolio de la violencia. ¿Alguien dijo jueces y fiscales “caviares”? En el tráiler, los personajes se reúnen en un escondite y uno de ellos afirma: “A partir de hoy, este será el nuevo grupo Colina”. Así de cándido y barato. Un remedo de “Starsky & Hutch” pero que al mismo tiempo es una apología a la violación sistemática de los derechos humanos por parte del Estado. Otro intento burdo por reescribir la historia.  

Más que reprochable o condenable, la serie que está por estrenarse en una plataforma nacional de streaming es una ignominia. “Vamos a sacar la serie del grupo Colina, pero el grupo Colina actual”, admitió Alejandro Nieto-Polo en una entrevista para RPP sin que a Alan Diez se le moviera un pelo. Lo dijo sonriendo y hasta emocionado, hablando abiertamente de esta ficción que reivindica a un grupo tan sanguinario como Sendero Luminoso. La verdad, dudo de que se trate de algo planeado o financiado desde las más altas esferas del poder. Simplemente creo que hay gente muy idiota e ignorante en este país a la que, en el fondo, le encanta la idea del grupo Colina.

Me explico: la idea de poder matar impunemente al otro, a ese que estorba, al que les malogra el paisaje con su pobreza o su color de piel. Antes secreta y hoy abiertamente, existe en nuestro país gente que añora los aspectos más sanguinarios y truculentos del régimen de Fujimori: las desapariciones, los secuestros, las esterilizaciones forzadas, las masacres, el control absoluto de los medios. Dicen que las ficciones de cada país son sus sueños y deseos ocultos. Entonces, hay gente deseando un nuevo grupo Colina, como si la única manera de salir de esta crisis fuese matarnos mutuamente.  

Fuente: Hildebrandt en sus trece, Ed 717 año 15, del 24/012/2025

https://www.hildebrandtensustrece.com/

14 de noviembre de 2021

Perú: A un año de Merino

Pedro Casusol

Esta semana se cumple un año desde las marchas contra Manuel Merino, el presidente del Congreso que quiso atrincherarse en Palacio de Gobierno y que tras una semana de protestas, abuso policial y mal manejo de la crisis no tuvo más remedio que renunciar. Son fechas en las que debemos recordar a Brian Pintado y a Inti Sotelo, los jóvenes muertos por impactos de perdigones de plomo durante las jornadas, así como a los heridos por balas de goma, canicas o perdigones que sufren las secuelas, algunos sin poder caminar, y que, incluso hoy mismo, continúan reclamando una justicia que no llega. Doce meses han pasado. Nadie ha respondido por las víctimas.

El repudio al gobierno ilegítimo de Merino fue unánime en todo el territorio nacional. Se calcula que a la gran marcha del 14 noviembre salieron a protestar unos tres millones de personas en distintas partes del Perú, lo que hizo de esta la manifestación más grande de nuestra historia moderna, dejando en segundo lugar a la Marcha de los Cuatro Suyos, ocurrida veinte años atrás, focalizada únicamente en el centro de Lima. A pesar de esto, el Tribunal Constitucional se lavó las manos y no quiso pronunciarse en contra de la llamada “vacancia exprés”, dejando las puertas abiertas para que el Congreso vuelva a destituir a cualquier presidente por cualquier excusa que pueda calzar bajo la etiqueta de “incapacidad moral permanente”.  

Las movilizaciones de noviembre, entonces, demostraron que nuestra sociedad civil no es todo lo débil y desorganizada que se creía. Al menos tenemos una primera línea que aprendió a desactivar bombas lacrimógenas y a una juventud consciente, democrática, dispuesta a salir a la calle y traerse abajo a un gobierno de aspiraciones autoritarias que ha usurpado el poder. Lo ocurrido el año pasado debió haber sido un punto de inflexión en la crisis generalizada por la que atraviesa el Perú, pero terminó siendo el triste prólogo de una campaña electoral que polarizó al país, en medio de una ola de contagios más mortífera que la anterior.

A pesar de todo quisiera pensar que algo hemos aprendido de la semana del 9 al 15 de noviembre de 2020. Que no somos, como tantas veces se ha dicho, un país sumido en el letargo. Que si algún caudillo intenta tomar el poder por asalto, habrá de enfrentarse a una gran movilización popular. Es una lección que debería digerir el actual Congreso, cuyas ansias de vacar al presidente Pedro Castillo son evidentes desde el momento en que asumió funciones. Y que si la vacancia se vuelve a dar y los jóvenes regresan a las calles, no será para defender a este gobierno. Las protestas de noviembre, recordemos, no se dieron para apoyar al expresidente Vizcarra, cuyo mal manejo de la pandemia nos llevó al abismo y, antes de ser vacado, se hundía en los médanos de la corrupción.

Las marchas de hace un año, las muertes de Inti y Brian y los cientos de heridos que dejó la brutal represión policial constituyen uno de los episodios más dolorosos de nuestra historia reciente. Ahora más que nunca hay que tenerlo presente, porque el año que se viene, con una bancada oficialista dividida, un presidente errático, contrarreformas en sectores como educación o transporte, una tercera ola de contagios que eventualmente llegará y unas elecciones municipales y regionales a desarrollarse en medio de la actual crisis económica y política, todo eso va a generar el desplome de la popularidad de Pedro Castillo. Y el Congreso olerá sangre. Nadie en su sano juicio puede desear que lo ocurrido hace un año se repita, pero en el Perú la historia es circular.


Fuente: HILDEBRANDT EN SUS TRECE N°565, del 12/11/2021   p19

https://www.hildebrandtensustrece.com/suscripcion/tarifa