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19 de agosto de 2025

Perú: Impunidad triunfante

Carlos León Moya

"¿A Fernando Rospigliosi, que ni siquiera merece ser considerado rival sino un anélido, una lombriz de tierra?"

La nueva ley de amnistía fue promulgada por el gobierno como si de un triunfo se tratase, con actividad oficial en Palacio, con invitados, con fotitos, con sánguches y sentenciados por lesa humanidad. Más que sorprendente, es natural: un gobierno que no tiene nada que mostrar, muestra cualquier cosa. La inseguridad sigue creciendo, sí, pero es más fácil amnistiar delincuentes que atraparlos.

Las reacciones y protestas son tímidas, por supuesto. Los derechos humanos importan cada vez menos a la gente –asumámoslo, ¿no?–, y a eso debemos sumar dos cosas. Primero, la distancia temporal. Por ejemplo, la masacre de Accomarca cumple 40 años. 40. Era el primer mes del primer gobierno de Alan García. El conflicto interno es cada vez más lejano, y eso –intuyo– vuelve menos empática la demanda de justicia. Cuando uno escucha “este caso lleva 3 años sin justicia”, uno cree que está mal, que es mucho tiempo, pero que se puede revertir y que no debe quedar así. Pero cuando oye “son 40 años sin justicia”, ¿qué sucede? ¿La gente piensa “qué pena pero ya pasó mucho tiempo, échale tierrita”? Es probable.
 
Y segundo, los tres presidentes del conflicto han muerto ya. De estos, solo Alberto Fujimori fue encontrado culpable de crímenes de lesa humanidad, y su ausencia –irónicamente– le ha quitado peso a la demanda por justicia. La ausencia de un “enemigo” de carne y hueso, como eran Fujimori y sus chupes, hace mucho más difícil movilizar a la gente por una causa y también trasladarle a alguien el costo político de esta decisión. Ahora que benefician a un exmiembro del Grupo Colina, ¿a quién señalas como su guachimán legal y como gran promotor de la impunidad, si Fujimori ya murió? ¿A Keiko Fujimori, que anda escondida preparando su cuarta derrota? ¿A Fernando Rospigliosi, que ni siquiera merece ser considerado rival sino un anélido, una lombriz de tierra? ¿A Dina Boluarte, que lo único que dirige es a los mozos de Palacio para que le sirvan más triples de pollo? Es difícil hacer política de oposición cuando tu enemigo no es uno solo, grande y fuerte, sino una constelación de enanos idiotas.

No hay mucho que pueda hacerse desde afuera. La presión internacional para temas de derechos humanos apenas existe. Antes, Estados Unidos enviaba comunicados de preocupación y muchos políticos –de derecha– reaccionaban a esta demanda (por ejemplo, a César Acuña le quitaron la visa por una investigación por lavado de activos). La Corte Interamericana de Derechos Humanos se pronunciaba, y al interior del Estado empezaba una pugna para acatar un mandato supranacional. ¿Era convicción? Quizá era más conveniencia. Si un alto funcionario planeaba hacer después una carrera en el exterior, debía portarse bonito con ciertos organismos y no quedar como un paria que actuaba como el gobierno de Nicaragua.
 
Ahora, en cambio, el Estados Unidos de Donald Trump no se preocupa por estos temas. ¿Derechos humanos en América Latina? Jaja: muéranse. Y en consonancia con los nuevos tiempos, la Corte IDH tiene un peso pluma. Zurrarte en ellos no te convierte más en un paria. Simplemente, a nadie le importa. Israel viene llevando a cabo un genocidio en Gaza, ¿y el mundo va a estar mirando una leyecita en ese rinconcito perdido del mundo llamado Perú? Por otro lado, el alto funcionario de ahora no tiene una visión de largo plazo ni un prestigio que cuidar. Qué va a pensar en irse a Washington o a una pasantía. Es una piraña que depreda lo que tiene en frente. Le cayó de chiripa el puesto y hoy tiene que mantenerlo y exprimirlo mientras pueda. Yo no sé mañana.

Miremos a Morgan Quero. A pesar de su pasado caviar, hoy está feliz en un gobierno que promulga una amnistía. ¿Qué hará después? No importa. Ya es ministro dos años. Ya obtuvo lo que quería. ¿Y cómo le había ido antes, como caviar? Horrible. No era nada. Ni siquiera pudo ganar las elecciones para secretario general de Transparencia. ¿Le va a preocupar su futuro? Por Dios: Quero debe agradecerles a todos los santos que por fin tiene un presente. Algo similar ocurre con Fernando Rospigliosi. Primero fue maoísta, después caviar, y ahora es el que propone la amnistía del fujimorismo. Completó el círculo, pero ni siquiera por convicción, como Eudocio Ravines, sino por necesidad, como el gusano hambriento que se muerde la cola.

Sería iluso esperar una reacción inmediata a esta ley. Nada va a pasar, ni aquí ni en el exterior. La impunidad volvió a triunfar, por ahora. Pero sí estoy seguro de que a sus promotores les va a caer un sopapo de realidad en algún momento. Especialmente a Dina Boluarte. Quizá promulgó esta amnistía pensando también en ella misma –tiene 50 muertos a cuestas–, pero, a diferencia de los militares beneficiados, ella no tendrá quien la defienda después. Está sola. Las amnistías por decreto suelen caerse con el tiempo. Y los que las promulgan, también.

Fuente: Hildebrandt en sus trece, Ed 745 año 16, del 15/08/2025

https://www.hildebrandtensustrece.com/

9 de mayo de 2025

Perú: Vladilovers

Juan Manuel Robles

"La derecha es tan bruta que ni siquiera puede encontrarle buen protagonista a su telenovela del 'hombre fuerte'”

Ustedes probablemente estaban muy chicos y no se acuerdan, pero el fujimorismo pasó años tratando de demostrar que Fujimori y Montesinos eran enemigos, que no tenían nada que ver, que el asesor traicionó la confianza del buen presidente, quien por supuesto no sabía ni nunca supo nada de lo que se hizo en la salita del Servicio de Inteligencia Nacional. Que el hombre abusó de la confianza, como un inquilino conchudo que al cabo de diez años ya no sabes cómo botar de tu casa. Y ahí veías a la hija, primera dama adolescente, declarando a la prensa que nunca le inspiró confianza el asesor, su tío, que ella le dijo a su papá que se alejara de él. Y ahí estaba el padre, justo después del primer vladivideo —que empezó a sacar la podredumbre a la luz— dirigiendo frente a cámaras un montaje barato en que él perseguía a Montesinos en Chosica.

Todo era muy falso y la gente se reía. Pero los fujimoristas derrotados entendían que aferrarse a la versión de la rivalidad era su única forma de sobrevivir y, quién sabe, algún día, volver a nacer.

En otras palabras: la reorganización de los remanentes anaranjados, luego de la fuga y la renuncia por fax de su líder (renuncia por fax que sí existió y está documentada), tuvo como pilar dejar bien clara esa separación. Fujimori fue engañado; peor, Vladimiro Montesinos había llevado al sencillo profesor universitario, al rector austero, al estadista hecho a sí mismo, por el mal camino.

Lo hacían porque ante el Perú era tan contundente la condición criminal de Montesinos que había que zafarse, o al menos intentarlo.

Hoy queda claro que solo estaban fingiendo por la mordaza impuesta por la censura “caviar”, que no los dejaba ser ellos mismos, hablar sin pelos en la lengua, salir del clóset fascista. Ahora todo es distinto, se respiran otros aires. Ahora, luego de aglutinar el poder suficiente para que sus desvaríos históricos se conviertan en verdad oficial, para desactivar el LUM y volver a colocar la firma del criminal en la Constitución (luego de que el Perú la quitara, por vergüenza), esos señores salen a decir que necesitamos “un Montesinos”, muy sueltos de huesos (y de fosas comunes).

Son individuos como Diego Acuña —actor y productor en el bodrio Árida Maldición del 2012—, quien apareció en su programa diciendo que necesitamos un Montesinos porque con él se acabaría el Tren de Aragua; el exasesor —o alguien como él— sabría cómo hacer las cosas: capturaría a los secuestradores en secreto, los subiría a un avión y los aventaría desde allá (un tipo de ejecución, por cierto, que han practicado los narcotraficantes y Augusto Pinochet).

Al verlo me quedé pensando. Los conservadores en el Perú solían decir que la memoria histórica sobre el conflicto armado era muy blanda con los terroristas y se centraba únicamente en resaltar los crímenes del ejército y la policía. Que en espacios como el LUM se hablaba poco sobre la crueldad de Sendero y el MRTA, y mucho de la vileza de los soldados. Eso era una tremenda mentira: en los espacios que tuvo la memoria histórica hubo siempre una preocupación explícita de exponer a la subversión como inmoral, criminal, responsable del conflicto y gran culpable del baño de sangre. Nadie se ha salido de ese libreto. No existe una sola película que haga apología del terrorismo, ninguna obra que tan siquiera insinúe la inocencia de los subversivos ni avale sus intenciones.

Los conservadores, pues, mienten. Pero ahora que lo pienso, ojalá tuvieran razón. Ojalá esos espacios se hubieran dedicado más a denunciar el terrorismo de Estado, mucho más. Hubiera sido mejor. Porque la memoria sobre la subversión tiene consenso: casi todos en el Perú condenamos más o menos por igual los actos terroristas y su enorme daño. Los atentados subversivos son recordados por la televisión y la radio con vigor. Es la verdad sobre los crímenes y masacres de los uniformados la que sigue permaneciendo oculta, la que tendría que haber salido a la luz. No en una película ni en dos. En veinte. En cincuenta. Y si no es una película, una muestra artística, documentales, cómics. Financiadas por el Estado. O por Usaid (ni modo). Debería haber muchas más.

De ese modo, no habría imbéciles llamando a votar por Montesinos o reivindicando su figura. Montesinos es un criminal que lleva 25 años preso por corrupción, ocupación ilegal de cargo, malversación, soborno,  matanzas. Y el exasesor no solo era eso que los extremistas de derecha perdonan fácilmente (con sonrisita): un asesino sin piedad. Era también un conspirador profesional. Un hombre con la habilidad de tejer una red tan fina que las cabezas de todos los poderes respondían ante él. Ese fue su gran talento. En cambio, su participación en la “inteligencia” para derrotar a Sendero fue menor y marginal. De la captura de Abimael ni se enteró; en la liberación de los rehenes de la residencia japonesa, se lo vinculó con las ejecuciones extrajudiciales (que ensuciaron una operación afortunada).

No, ese hombre no acabaría con el Tren de Aragua. Ese hombre recibiría dinero del Tren de Aragua, y en el mejor de los casos pactaría con ellos que no haya asesinatos demasiado visibles. Para que hagan lo suyo discretamente; de todos modos, no nos enteraríamos porque la prensa estaría comprada, y los directores extorsionados y amenazados (ni me imagino lo que podría hacer Montesinos con nuestra información en tiempos de nubes de datos).

Montesinos sistematizó el desfalco del Estado y se dedicó al tráfico de armas. Pensar que la mente criminal más grande de la historia peruana, un hombre que vendió secretos militares nacionales, es una idea que demuestra que la derecha es tan bruta que ni siquiera puede encontrarle buen protagonista a su telenovela del “hombre fuerte”.

La memoria histórica no solo sirve para saber verdades sobre la moral de hombres que tuvieron poder político. También para saber qué cosas no funcionaron (aunque te digan que funcionaron).

Ocurre con Montesinos. Ocurre también con el Grupo Colina. Un montón de señores afines al fujimorismo están dispuestos a hacer que estos fantasmas del pasado encarnen, en el imaginario, el proyecto de la “mano dura” de hoy. La falsificación es tan grande que acaba de aparecer una serie llamada, justamente, Grupo Colina. En la ficción, son justicieros renegados que deciden usar sus propios métodos en un país en que los jueces y fiscales están del lado de los delincuentes. En la vida real, el Grupo Colina fue responsable de masacres como Pativilca, La Cantuta y Barrios Altos (donde murió un menor de ocho años). Fue sangre en vano: nada de eso contribuyó a la derrota de Sendero Luminoso. No alaban a asesinos. Alaban a losers.

Fuente: Hildebrandt en sus trece, Ed 732 año 16, del 09/05/2025

https://www.hildebrandtensustrece.com/

https://www.leerydifundir.com/2025/05/peru-vladilovers/ 

25 de enero de 2025

Perú: Grupo Colina, la serie

Pedro Casusol

Ahora nos quieren hacer creer que el grupo Colina, ese escuadrón de la muerte liderado por Santiago Martin Rivas, la banda paramilitar que mataba, secuestraba, descuartizaba y quemaba a sus víctimas por orden de Fujimori y Montesinos, era en realidad un equipo de héroes perseguidos por “hacer justicia con sus propias manos”, como esa vieja serie de comedia y acción que pasaban por la caja boba: “Los magníficos”. Al menos eso es lo que quiere hacernos creer Nima Films, la casa productora que acaba de revelar el tráiler de una esperpéntica serie llamada “Grupo Colina. Justicia bajo las sombras”.

El responsable se llama Alejandro Nieto-Polo, un productor, director y guionista que dice haber estrenado, el último año, unas cinco películas y una serie que nadie ha visto, pero que, según él, se emitieron en alguna plataforma de streaming en Estados Unidos. Aquí apenas se le recuerda por su ópera prima, aquel meme hecho película llamado “Súper Cóndor” donde el actor Gerardo Zamora viste mallas y capa para interpretar al “primer superhéroe peruano” tipo Marvel. La película terminó siendo un rotundo fracaso y tal vez por eso el realizador acabó decantándose por lo que erróneamente llama “cine de guerrilla”, que no es otra cosa más que películas de acción de bajo presupuesto.

Así es como llegamos a esta serie que busca reivindicar al grupo Colina, como lo intentó Martin Rivas hace solo unos meses en una audiencia judicial previa a la sentencia de 18 años de cárcel por el caso Pativilca. En esa oportunidad, el asesino de Barrios Altos y La Cantuta lanzó amenazas aquí y allá y a todo el que quisiera escucharlo, pregonando una “palingenesia”, en otras palabras, un cambio sustancial en la narrativa de lo que fue la dictadura fujimorista. Según él, se ha cometido una terrible injusticia con los militares de esos años y con aquella banda de “renegados” que solo buscaban un tipo de “justicia bajo las sombras” para acabar de una vez por todas con esos “terrucos”.

En realidad, la serie que toma el nombre del grupo Colina se sitúa en nuestra época, con la criminalidad desbordada. Unos oficiales de la Policía consideran que los criminales a los que capturan son liberados mientras a ellos los procesan por ejercer el monopolio de la violencia. ¿Alguien dijo jueces y fiscales “caviares”? En el tráiler, los personajes se reúnen en un escondite y uno de ellos afirma: “A partir de hoy, este será el nuevo grupo Colina”. Así de cándido y barato. Un remedo de “Starsky & Hutch” pero que al mismo tiempo es una apología a la violación sistemática de los derechos humanos por parte del Estado. Otro intento burdo por reescribir la historia.  

Más que reprochable o condenable, la serie que está por estrenarse en una plataforma nacional de streaming es una ignominia. “Vamos a sacar la serie del grupo Colina, pero el grupo Colina actual”, admitió Alejandro Nieto-Polo en una entrevista para RPP sin que a Alan Diez se le moviera un pelo. Lo dijo sonriendo y hasta emocionado, hablando abiertamente de esta ficción que reivindica a un grupo tan sanguinario como Sendero Luminoso. La verdad, dudo de que se trate de algo planeado o financiado desde las más altas esferas del poder. Simplemente creo que hay gente muy idiota e ignorante en este país a la que, en el fondo, le encanta la idea del grupo Colina.

Me explico: la idea de poder matar impunemente al otro, a ese que estorba, al que les malogra el paisaje con su pobreza o su color de piel. Antes secreta y hoy abiertamente, existe en nuestro país gente que añora los aspectos más sanguinarios y truculentos del régimen de Fujimori: las desapariciones, los secuestros, las esterilizaciones forzadas, las masacres, el control absoluto de los medios. Dicen que las ficciones de cada país son sus sueños y deseos ocultos. Entonces, hay gente deseando un nuevo grupo Colina, como si la única manera de salir de esta crisis fuese matarnos mutuamente.  

Fuente: Hildebrandt en sus trece, Ed 717 año 15, del 24/012/2025

https://www.hildebrandtensustrece.com/

8 de octubre de 2024

Perú: Sicarios del bien

Juan Manuel Robles

Hay quienes aprovechan el pánico por la inseguridad y las muertes a manos de extorsionadores para pedir la aparición de escuadrones armados que hagan el trabajo de defendernos con eficacia, como quien realiza una fumigación veloz. Este es un sueño húmedo recurrente, que revive de tiempo en tiempo entre personas —a veces cultas, increíblemente— que no distinguen la vida real de las películas y que imaginan que tener comandos de la muerte sería genial porque se convertirían en una especie “viyilantis”, hombres murciélago, o mejor, gallinazos en las sombras, prestos para correr en auxilio ciudadano con la sola aparición de la señal alada en el cielo oscuro de Ciudad Caótica.

Despiadados y sin ley, justicieros con metralletas, exterminadores buenos que usen las mismas armas que los malos.

Es casi comprensible: la desesperación produce fantasías y nubla el juicio. Incluso ocurre —y esto es muy loco— que mucha gente escarba a la mala en la historia reciente y se inventa héroes presuntos que tuvieron su escuadrón de matones para el bien. Y así, un día, empiezan a pedir el “regreso” de Martin Rivas, quien de pronto es un incomprendido, alguien a quien la historia no supo entender, a quien no “valoramos”. “Martin Rivas y su Grupo Colina”, repiten, alucinando alguna especie de banda de cumbia noventera, un escuadrón de señores que hacían lo suyo y lo hacían bien. En días en que tantos sacan del closet su cariño a Alberto Fujimori, estas romantizaciones se lanzan sin mucho pudor.

Pues el Grupo Colina no solo era una banda de criminales sin piedad que no respetaba la ley ni el debido proceso (esas cosas que solo nos interesan a los cojudignos). Fueron torpes y chapuceros, ineficaces y engorrosos. Llegaban y mataban a todos (con ese método genial asesinaron a inocentes y hasta a niños). Lo importante para ellos era dar un mensaje. El mensaje supuestamente debía ser: “téngannos miedo, terrucos”. El mensaje real era: el terrorismo llegó al Estado, jódanse. Cómo habrán sido de impresentables e ineptos que los fujimoristas de los noventa —quienes tuvieron su mayor gloria con la caída de Abimael, conseguida por policías que usaron inteligencia— nunca hicieron referencia a Colina como parte de la lucha antisubversiva, y solo les regalaron una amnistía discreta (tal vez porque esos forajidos sabían demasiado sobre el jefe).

El Grupo Colina, ese escuadrón enloquecido, ni venció al terrorismo ni ayudó en nada a ese propósito. Para mayores referencias está el libro "Muerte en el Pentagonito" de Ricardo Uceda, que nos presenta a la pandilla de Rivas y a un personaje inolvidable: Sosa. ¿Qué hizo Sosa? Su contribución a la historia de la defensa de la patria es haber aprendido que un cuerpo muerto no combustiona bien con gasolina, sino con kerosene (de ahí su alias: Kerosene), lo que es vital cuando quieres desaparecer cuerpos. Otras muertes las consiguieron con el fuego de sopletes para soldar metales, colocados sobre caras aterradas. Por no hablar de las ametralladoras HK nueve milímetros que dispararon a mansalva en aquella pollada.

Ya que les gustan las películas, estamos hablando de gente que tenía la efectividad y precisión de un Storm Trooper, pero la letalidad sanguinolenta de Jason. Y no les importaba.

Pero el ánimo es más grande que la razón, la gente pide mano dura y ha encontrado, además de Colina, otro ejemplo para reciclar y mentar. Empiezan a hablar del coronel Elidio Espinoza, un supuesto héroe de la guerra contra el crimen en Trujillo, otro ejemplo de “lo que necesitamos”. Como se recuerda, Espinoza fue procesado por dirigir un escuadrón que secuestraba y ejecutaba a presuntos delincuentes. Como suele pasarles a quienes hacen estas cosas, en la brega mataron a inocentes sin prontuario. A uno lo vieron entrar vivo a un vehículo policial (y fue la última vez).

Lo asombroso es que, en medio de la polarización, el abogado César Nakazaki recordó a Espinoza, elogiando su gesta porque enfrentó “eficazmente” al crimen. “Lamentablemente, una persecución penal injustificada lo llevó a morir en reiterados juicios”, dijo. Ya no sorprende tanto que un abogado con cierto prestigio, que dirige un estudio caro, defienda las ejecuciones ilegales (considerando que fue defensor de Alberto Fujimori). Pero sí que recurra a una mentira para alimentar su narrativa. Espinoza murió de covid el 2021. Fue condenado a treinta años por secuestro agravado, homicidio calificado y abuso de autoridad. Consiguió que le anularan el juicio, pero tenía sentencia suspendida y varios procesos abiertos al morir.

Rivas estará preso hasta el 2027. Sosa fue capturado en 2008, cuando llevaba más de diez años en la clandestinidad.

Esa es la triste verdad de los escuadrones de este tipo. Como nacen con la convicción de que el crimen solo se combate con sus métodos, parten criminalizados desde el origen, y tienen gente afín a ese tipo de prácticas, sin límites ni escrúpulos. Por eso es que todos esos escuadrones, pasado el “buen” impacto inicial, solo resaltan en el tiempo por su crueldad y salvajismo. Lo peor es que se vuelven una fuerza en sí misma, a veces difícil de controlar, porque ganan experiencia y entrenamiento, se vuelven temibles y sus armas son un capital que puede ser usado para beneficio propio, para negociar impunidades.

La fantasía pinta a justicieros. Pero a lo mucho llegan a sicarios estatales que tarde o temprano matan a quien no merecía morir.

Por desgracia o por suerte, el contexto peruano nos aleja del dilema ético. ¿Merece vivir un criminal que mata? ¿Se puede culpar a un policía que hace lo que el Poder Judicial no se atreve a hacer? Esas son preguntas que están demasiado lejos de nuestra realidad. Porque esos escuadrones imaginarios que algunos reclaman tendrían que salir de algún recoveco de la Policía Nacional del Perú. Y la Policía no es solo una institución corrupta y desprestigiada. Es una institución a la que ya no se le puede creer nada. Julio Rospigliosi, periodista de esta casa, ha recordado que desde el 2021 oficiales de Policía han sido implicados sistemáticamente en operativos falsos (de esos que uno ve en la televisión con gran pompa). En uno de esos montajes, se les daba a los delincuentes máscaras de Gargamel para asaltar un banco, acción que sería desbaratada por los valientes uniformados. Está claro: hay demasiados policías gastando energía en el montaje, la utilería, la escenografía, en sembrar pruebas falsas, como para incorporar en la ecuación a sicarios del bien.

Fuente: Hildebrandt en sus trece, Ed 703 año 14, del 04/10/2024

https://www.hildebrandtensustrece.com/

12 de noviembre de 2023

Perú: Una afrenta a la justicia

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Gustavo Espinoza M.

La decisión adoptada el pasado 31 de octubre por las Cuarta Sala Penal Superior Liquidadora en torno al crimen consumado el 18 de diciembre de 1992 contra el entonces Secretario General de la CGTP Pedro Huilca Tecse, constituye una verdadera afrenta a la justicia.

En descargo al infausto hecho, se puede aducir que la decisión judicial no fue unánime. Uno de los tres Magistrados votó en un sentido y contravino la opción asumida por los otros dos, que comprometieron una vez más el imperio de la ley y la justicia.

El alevoso crimen contra el líder sindical, ocurrió hace 31 años. En ese lapso se dilataron las indagaciones formales como si los papeles hubiesen decidido buscar “un tiempo mejor” para salir a luz, y liberar de responsabilidad a los autores del execrable homicidio.

Y no hallaron momento más apropiado que éste, cuando el cuadro político permite a la Mafia hacer de las suyas, burlarse de la ley y hacer escarnio de la verdad, en el empeño de imponer a cualquier precio sus abusos y atropellos.

Sólo así puede entenderse el brulote judicial adoptado por una mayoría exigua y gracias al cual se exime de toda responsabilidad -“por falta de pruebas”-   al Grupo Colina y sus mentores.  Es bueno entender, sin embargo, que la aludida “falta de pruebas” no declara inocente a nadie. Simplemente admite que no puede comprobar sus culpas.

 En otras palabras, asegura que aunque fuesen culpables, no podrían ser condenados. Cometieron un crimen perfecto, cargado de coartadas, y limpio de huellas.  

Desde un inicio, la línea del gobierno de entonces fue echar la   culpa de los hechos a la estructura terrorista conocida como “Sendero Luminoso”. Cuando las balas aniquilaron el cuerpo del combativo dirigente sindical peruano, la autoría del crimen estaba sellada.

 Veinte minutos después, desde el Aeropuerto Internacional donde se hallaba para partir rumbo a Quito, Fujimori “dio la línea”: dijo que el asesinato,  era obra de SL.

¿Mostró alguna prueba? Ninguna, simplemente afirmó lo que quería quedara como la verdad indiscutida. Y así fue. La ¨Prensa chicha y la Televisión basura”, repitieron la misma monserga una y mil veces hasta convertirla en “la verdad”, y a los pocos que exigimos que se investigara el hecho, nos acusaron aviesamente de pretender “embellecer al senderismo” por pretender “ocultar su culpa” en ese crimen.

Aún se recuerda que a partir de entonces fueron capturados varios grupos de presuntos senderistas, De todos, se dijo que eran “el Comando de Aniquilamiento de SL que había asesinado a Huilca”. Varios de ellos fueron presentados ante la prensa nacional, pero ninguno fue reconocido  por los testigos del hecho.

La viuda de Pedro -la señora Martha Flores-  fue citada en diversas ocasiones para “reconocer” a los culpables. Ello,  nunca sucedió, y todos los acusados, fueron finalmente liberados. Jamás intervino  la Justicia ordinaria ni hubo juicio público alguno. Todo se operó en estricto secreto.

Fue sólo en el 2003, cuando el general Robles hizo la denuncia, y se conocieron los testimonios de los integrantes del Grupo Colina Clemente Alayo y Hermes Talledo, que se comenzó a hacer luz sobre los hechos. A partir de allí, fue posible indagar mejor los ocurrido aquella aciaga mañana del diciembre del 92. Hoy, se han dejado de lado esos testimonios arguyendo que sus autores “se desdijeron” obviamente bajo presión castrense.

Y claro, han celebrado la decisión del Cuarto Juzgado,  los mismos que celebraron antes la muerte de Huilca y se solazaron acusando a Sendero por el crimen. Ahora se frotan las manos, asegurando que el Grupo Colina y sus mentores, fueron “absueltos”.   A una sola voz Willax TV, y los diario “La Razón” y “Perú 21” han lanzado campanas al aire celebrando la decisión de los dos jueces que asumieron la sentencia, hoy apelada-

Pero han aprovechado, adicionalmente, para enlodar la memoria de Pedro Huilca.  Lo han presentado como “partidario de Alan García” y como un  dirigente sindical “conciliador” y “oportunista”. Ya ocurrió eso antes.

 En  marzo de 1992, la revista “SI”,  bajo la dirección de Ricardo Uceda  denigró la imagen de Pedro calificándolo de “Alan Huilca” para desacreditarlo ante los trabajadores. Hoy, Uceda es “hombre fuerte del diario El Comercio”, tal vez en pago soterrado por su vileza.

Por si fuera poco, enfilan contra la familia buscando descalificarla. En el fondo, odian a Martha por su firmeza; a Flor, por su trabajo  periodístico y a Indira por su vitalidad combativa. No las soportan, porque les temen.

Quienes conocimos a Pedro y trabajamos con él, sabemos de su línea de clase, de su honradez y consecuencia, de su firmeza y de su lealtad a la causa de los trabajadores. Luchamos con él en las calles y en movilizaciones y huelgas, sin renunciar jamás a nuestros valores de clase Por eso sabemos también de quienes, en aquellos años duros buscaron hacerle la vida imposible; y hoy gritan su nombre procurando convertirlo en un ícono inofensivo.

La verdad, no es la que dicen los titulares del Cuarto Juzgado, ni los áulicos de la Mafia en todas sus variantes. La verdad, es la que sabe el pueblo, que guarda en su memoria la imagen de Pedro Huilca Tecse.

Más allá  de las decisiones puntuales de jueces episódicos, la vida y la obra del líder sindical peruano permanecerá incólume y su ejemplo será leyenda para las nuevas generaciones de luchadores sociales dispuestos a construir un Perú Nuevo dentro de un Mundo Nuevo  Esta afrenta a la justicia, no quedará impune.

Se publica este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.