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12 de julio de 2023

Perú: Hugo Blanco, 1934-2023

Antonio Zapata

“Era una personalidad reconocida y su participación proyectaba a nivel nacional las luchas sociales, generando procesos de solidaridad colectivos bastante extensos”

El reciente fallecimiento de Hugo Blanco invita a revisar su trayectoria política. Durante la primera etapa de su vida fue trotskista y militante de la IV Internacional. Pero luego del hundimiento de la Unión Soviética juzgó que el estalinismo había sido derrotado y que el trotskismo había perdido razón de ser. En este segundo momento asumió con orgullo las demandas étnicas del movimiento indígena y se volvió el más indio de todos.

Cabe destacar que su trotskismo fue muy singular. Esta corriente postulaba la revolución permanente hasta alcanzar el socialismo y no aceptaba etapas intermedias que realicen propuestas de sectores interesados en la propiedad privada, como el campesinado y su parcela familiar. Por ello, resulta curioso que, siendo un disciplinado militante trotskista, Blanco haya acabado dirigiendo el movimiento campesino de mayor envergadura de la historia peruana.

Al terminar la secundaria, Blanco viajó a Argentina para estudiar agronomía en la universidad. Pero fue captado por el grupo Palabra Obrera dirigido por Nahuel Moreno. A continuación, vino el golpe militar contra Perón y la persecución contra la izquierda argentina. En esas condiciones, el partido les recomendó volver y contribuir con la reorganización del pequeño núcleo trotskista peruano.

De retorno al Cusco, se produjo su encuentro casual con los líderes campesinos de La Convención. Se sumó a su lucha y se apoyó en el campesinado más acomodado, llamado “arrendiere”, que buscaba consolidar su propiedad privada enfrentando la servidumbre terrateniente.

Esta experiencia se halla en el libro Tierra o muerte publicado en 1972. Ahí aparece la correspondencia con José María Arguedas, donde Blanco propone incorporar la dimensión étnica al socialismo, porque la lengua y las costumbres indígenas eran un bastión de resistencia al capitalismo. Él mismo se sentía parte de dos tradiciones: la dimensión internacional del trotskismo y la matriz indígena que lo ataba a la tierra.

Luego de varios años de prisión vino la amnistía de Velasco. Sin embargo, fue deportado y pasó fuera del país casi toda la década de 1970. Al terminar el reformismo militar, participó en varias contiendas electorales, siempre tuvo altas votaciones, aunque era evidente que no disfrutaba del trabajo parlamentario. Por ello, fue mucho más feliz cuando pudo regresar como dirigente de la Confederación Campesina del Perú, CCP. Era una personalidad reconocida y su participación proyectaba a nivel nacional las luchas sociales, generando procesos de solidaridad colectivos bastante extensos.

Blanco fue un escritor bastante prolífico. En 2010 publicó un segundo libro fundamental, Nosotros los indios, que sintetiza la renovación de su pensamiento. En forma muy significativa, este segundo libro reproduce las cartas con Arguedas evidenciando la continuidad de ideas y sentimientos que conectan toda su vida. Pero una ruptura clave era con el leninismo y la concepción misma de partido. Sustenta que todo partido acaba generando una oligarquía que impide concretar la voluntad de las masas.

Un tema clave es la relación entre campesinado y revolución. Utiliza como ejemplo a la comunidad de Limatambo en Cusco y el concepto que desarrolla es democracia de base. Según su parecer, cuanto más campesino, más democrático, porque el mundo rural posee virtudes sociales que se hallan ausentes en la ciudad.

En este sentido, los campesinos son imprescindibles y constituyen el sujeto del nuevo mundo. Se pueden sumar todas las personas de buena voluntad, pero los verdaderos revolucionarios son indígenas y/o campesinos de todo el planeta. El punto es que solo ellos se sienten parte y se asumen como sirvientes de la madre naturaleza, a diferencia de la concepción occidental que busca conquistarla.

A continuación, su última reflexión fue sobre la codicia como antivalor y fuente del desastre moral del capitalismo contemporáneo, especialmente grave porque ha generado la crisis ambiental que amenaza a la humanidad.


26 de junio de 2020

Hugo Blanco. ¿Otra historia prohibida?

Teresa Tovar Samanez

Las historias prohibidas son casi siempre declaradas ilegales, pero gracias a ellas se ha logrado conquistas como la democracia y los derechos humanos. Túpac Amaru y Micaela Bastidas fueron declarados rebeldes y condenados por las leyes de la época, pero fue por sus luchas que conseguimos la independencia.

Umberto Eco retrató la sociedad del S.XIV sometida al dogmatismo religioso de “los libros prohibidos”. Gracias a grupos de la resistencia, estos textos fueron escondidos y preservados, formando hoy parte de la cultura universal. Siete siglos después, la censura retardataria reaparece en el Perú y pretende prohibir un documental histórico sobre Hugo Blanco, líder del movimiento campesino del valle de la Convención y Lares entre 1956 y 1964.

El film documenta el oca­so del dominio oligárquico. Ese que estudió Henry Pease y que retrató Arguedas en “Todas las Sangres”. Un régimen en el que los indígenas eran consi­derados menos que animales y se les negaba los derechos que tienen todos los seres humanos. Cuando en 1966 Hugo Blanco es juzgado por encabezar el levantamiento campesino contra el gamonalismo, declaró:

“En el valle de Lares la explotación era inicua, los traba­jadores de un fundo laboraban gratis 12 horas al día, incluyendo mujeres y niños”. Hugo Blan­co denunció a los hacendados Bartolomé Paz y Ángel Miranda que marcaban la nalga de cam­pesinos con el hierro candente empleado para marcar ganado. “Sólo por el gusto de asegurarse que le pertenecía”. Eran tiempos donde los hacendados hacían arrojar al río a los hijos que tenían de las campesinas violadas.

El documental «Hugo Blan­co Río Profundo» registra estos hechos y ha despertado la reac­ción oscurantista, que pretende censurar un film galardonado con el Premio al Mejor Docu­mental Internacional 2019 en el Festival Internacional Atlantidoc (Uruguay) y con un Premio del Ministerio de Cultura el 2019.

Quiénes se oponen a su difusión son grupos de exgenerales, exalmirantes y policías, y personajes conservadores que han firmado un comunicado. El Ministerio de Cultura ha defendido el premio otorgado al documental y hoy circula una carta de respaldo al film, firmada por más de dos mil personas en el mundo… Se suman a esta defensa organizaciones de cineastas y artistas y organizaciones campesinas e indígenas del Perú.

El documental da cuenta de hechos reales: las luchas campesinas que precedieron y dieron lugar a la Reforma Agraria. Son hechos de una historia prohibida, que se pretende borrar. Las historias prohibidas son pasajes por rescatar, momentos sobre los que no se quiere volver la mirada, pese a constituir hitos importantes en el devenir de las sociedades.

Gramsci señala que la historia de las clases subalternas es prohibida e invisibilizada porque incomo­da a quienes ejercen dominio. Por ello transcurre en los márgenes del sistema. El historiador Thompson muestra como la historia prohi­bida de los sometidos eclosiona sorpresivamente y aparece en la escena. Esto es justamente lo que ocurrió con las luchas campesinas que registra el documental “Hugo Blanco, Río Profundo”.

Las historias prohibidas son casi siempre declaradas ilegales, pero gracias a ellas se ha logrado conquistas como la democracia y los derechos humanos. Túpac Amaru y Micaela Bastidas fueron declarados rebeldes y condenados por las leyes de la época, pero fue por sus luchas que conseguimos la independencia.

Desde el campo de la historia se recupera información sobre he­chos y episodios poco conocidos, y desde el terreno de la cultura, también se rescatan las historias prohibidas. Y cuando aparecen en una película, una escultura o en otra manifestación artística, la censura oscurantista intenta silenciarlas.

Ya ocurrió con el intento de a censura a las Tablas de Sarhua (declaradas luego Patrimonio Cultural de la Nación), artesanía que grafica las vivencias de las comunidades campesinas en los años de la violencia. El mismo signo conservador tuvieron los atentados contra El Ojo que Llora y la pretensión de cerrar el Museo de la Memoria.

Recordemos que la filóso­fa Martha Nussbaum señaló que quienes cultivan el lucro y educan para el lucro, no sólo ignoran las artes, sino que les temen. Porque son un terreno para la sensibilidad, la creatividad y el pensamiento crítico. “Los artistas no son servidores dóciles” dice Nussbaum.

De censuras está hecha la historia de la cultura, pero ésta, a la larga, sale indemne. Bartolomé de las Casas, defensor de los indígenas fue censurado por la Santa inquisición, el cuento Paco Yunque de Vallejo (que muestra como el niño pobre debe soportar los maltratos y humillaciones del hijo de los patrones), fue prohibido por Morales Bermú­dez, la novela Los Miserables de Víctor Hugo que denunció los terribles abusos contra los pobres fue censurada.

Incluso El Principito de Saint Exupery fue prohibi­do por la dictadura militar argentina arguyendo que era subversivo por alentar la fantasía en los niños. La lista es larga. Pero todas las obras censuradas son hoy patrimonio universal. Las prohibiciones pasan y fracasan. Las obras perduran.


https://www.leerydifundir.com/2020/06/hugo-blanco-otra-historia-prohibida/