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12 de mayo de 2025

Eso que llaman amor es trabajo doméstico no remunerado

Jennie Dador Tozzini  (Las Tejedoras)

Las mujeres peruanas ocupamos nuestro tiempo tres veces más que los hombres en el trabajo no remunerado. En 2010 dedicábamos 5.45 horas a actividades domésticas y en 2024 disminuyó a 5.07; en catorce años solo ganamos 38 minutos de tiempo para nosotras. Esta situación difícilmente se revertirá en el futuro, pues enfrentamos una crisis de los cuidados debido al aumento de la longevidad y el deterioro de la calidad de vida; así, las mujeres pasarán de cuidar niños a cuidar ancianos y, a esto, debemos agregar la necesidad de contar con ingresos propios, para aprovechar el capital educativo obtenido, participar social y políticamente, y realizar sus propios sueños. No basta proclamar la paridad, hay que atacar los nudos estructurales de la desigualdad que limitan a las mujeres: el uso del tiempo es uno de ellos.

Aquí, el estado civil importa. Las mujeres siempre trabajan más que los hombres: las solteras cuentan con más tiempo, y con menos las que crían maridos, hijos e hijas   Estas diferencias se profundizan en mujeres y niñas que viven en situaciones de pobreza, en zonas rurales o de desastres. Usted elige: criar marido e hijos, mantenerse soltera o nos empeñamos y apostamos por una ciudadanía cuidadora universal, donde cada individuo cuida de sí mismo y de otros, porque llegado el momento, todas y todos necesitaremos cuidados y, también, deberemos proveerlos.

Apostemos por la creación de un Sistema Integral de Cuidados con corresponsabilidad entre los distintos actores sociales y corresponsabilidad de género o redistribución del trabajo dentro de los hogares, con derechos para quienes se encargan de ello, y por la formación de una ciudadanía cuidadora porque, recuerda, el trabajo de cuidados y no el capital es lo que sostiene la vida.  

“En catorce años solo ganamos 38 minutos de tiempo para nosotras.”

* Jennie Dador Tozzini. Feminista y abogada.

*​* Las Tejedoras. Colectivo de mujeres diversas, desde diferentes trayectorias, tendencias políticas, territorios y experiencias, que se levantan en voz unida con el objetivo común de rehabilitar la esperanza en la construcción del país. Se comprometen y convocan a un diálogo abierto, y a tejer lazos para contribuir a un proyecto democrático que impidan que el autoritarismo y la corrupción se apoderen de las instituciones.

https://larepublica.pe/opinion/2025/05/07/eso-que-llaman-amor-es-trabajo-domestico-no-remunerado-por-las-tejedoras-hnews-575202

18 de marzo de 2023

Perú: Mujer y poder

Antonio Zapata

Durante milenios, los hombres dominaban la escena pública y las mujeres estaban detrás y mayormente excluidas del poder. Mientras que, en los últimos 150 años, han avanzado mucho en este terreno. ¿Hasta dónde han llegado y cuál es la situación en el Perú?

Una primera batalla fue el divorcio. Era obvio que la mujer perdía con la prohibición para romper un vínculo desventajoso. Era la parte más débil y estaba obligada a soportar para siempre un eventual marido abusivo. En la práctica, esa norma dificultaba ganar autonomía económica. Por ello, la ley de 1930 que autorizaba el divorcio fue vista como una amenaza por la sociedad tradicional. Cuatro años después, la aceptación del mutuo consentimiento como causal produjo una gran crisis política. Finalmente, el código civil de 1936 consagró el puesto del divorcio en la legislación peruana. Este avance de la libertad de la mujer fue concedido por el Gobierno de Benavides, una dictadura represiva bastante dura y enfrentada a la oposición aprista y comunista.

En relación con el divorcio, el Perú fue uno de los primeros países de Latinoamérica en concederlo. Mientras que, en el tema de los derechos políticos, fuimos el penúltimo. Ello a pesar del activismo femenino. Desde comienzo del siglo XX, diversas mujeres se habían organizado para luchar por el derecho al voto. María Jesús Alvarado fue persistente a lo largo de varias décadas, pero confluyeron muchas mujeres destacadas, como Zoila Aurora Cáceres, por ejemplo.

El cambio constitucional que autorizó el voto de la mujer recién llegó en 1955 y al año siguiente fue ejercido por primera vez. Una vez más se trató de un Gobierno autoritario enfrentado a todas las fuerzas progresistas. En efecto, el general Odría firmó el voto de la mujer a pesar de su implacable persecución a las libertades y al pensamiento crítico. Pocos tan asesinos como el general de la alegría, Manuel A. Odría.

El tercer gran salto adelante ocurrió entre los años ochenta y noventa del siglo pasado. Su naturaleza es un tanto más difusa que los dos anteriores, que al fin y al cabo son leyes concretas. En este caso se trata de la participación política. Hasta entonces, las mujeres ocupaban poquísimos cargos, alguna era concejal, otra congresista, pero salvo alguna excepción, no había alcaldesas, ministras, menos presidentas. Pero, en los 80, García nombró las primeras ministras y realmente con Fujimori las mujeres pasaron a ocupar un sitial en el poder, algunas fueron verdaderas columnas del autoritarismo. Además, Fujimori fue el único presidente varón que estuvo presente en la famosa conferencia sobre la mujer en Beijing 1995.

Nuevamente, se halla una perturbadora correlación entre autoritarismo y derechos de la mujer. Esa conexión se refuerza al pensar en Sendero Luminoso. Es el partido que registra más mujeres en su dirección, dos terceras partes en el comité permanente y mayoría tanto en el buró como en el comité central. Para la época era muy impactante y aún hoy ninguno lo iguala. Pero, una vez más, Sendero era un partido vertical, autoritario y violento.

Así, los proyectos dictatoriales convocan mujeres para que sirvan como soporte del poder masculino. El autoritarismo les ofrece participación, pero no poder. Gozan de influencia, pero el macho alfa conserva la decisión.

¿Han cambiado las cosas en estos últimos 25 años? ¿Dina Boluarte y Martha Moyano significan una cuarta etapa? No pareciera. Más bien son expresión del retroceso. Un ministro ofende gravemente a las mujeres aimaras y en silencio dejan pasar. No controlan su agenda ni su cuerpo ni su educación. Han retrocedido en derechos reproductivos y en enseñanza con igualdad de género. Así, terminamos este período de democracia de baja intensidad con una ofensiva de la sociedad patriarcal por reimponer su orden.

https://larepublica.pe/opinion/2023/03/10/mujer-y-poder-por-antonio-zapata-271570

13 de marzo de 2023

El origen del 8M: intereses estadounidenses que banalizan el feminismo

María Gorosarri

Los últimos años han sido especialmente numerosas las manifestaciones convocadas el 8 de Marzo en diferentes países. Es más, el movimiento feminista ha retomado la huelga de mujeres, que históricamente ha conseguido incluso el derecho al voto universal en algunos países, como herramienta social para articular la denuncia por la violencia contra las mujeres, eligiendo el 8M por su potencial simbólico.

La idea de un pasado reivindicativo, sin embargo, no puede ser el argumento para defender nuestros derechos en la actualidad. No es necesario conocer el pasado para tener razón. El problema surge cuando nos identificamos con un precedente inexistente, incorporado al relato histórico según intereses ajenos al movimiento feminista.

El 8 de Marzo se institucionalizó a escala mundial como Día Internacional de la Mujer en 1977, después de que la Organización de Naciones Unidas (ONU) celebrara en 1975 el Año Internacional de la Mujer. Aun así, no especificó el origen del 8 de Marzo. Hoy, en su página web, solo señala que “tras la Segunda Guerra Mundial” el 8M se celebró “en muchos países” antes de ser reconocido por la ONU como Día Internacional de la Mujer. Es decir, evita mencionar que se trataba únicamente de los países del bloque comunista.

Desde que la ONU declaró en 1977 el 8 de Marzo como el Día Internacional de las Mujeres, han aparecido hasta tres referencias estadounidenses que, apuntan, dieron origen al 8M como reivindicación feminista. En primer lugar, se alude a una huelga en el sector textil de Nueva York en 1857, pero ya en 1985 quedó descartada, en plena Guerra Fría, al considerarla un bulo anticomunista que buscaba fundar un acontecimiento anterior a las huelgas de trabajadoras en la Revolución Rusa de 1917. De hecho, no hay dato comprobable alguno sobre dicha huelga. Además, el 8 de marzo de 1857 fue domingo.

En segundo lugar, hay otros dos hechos que aparecen situados el 8 de marzo de 1907: una huelga “masiva” y una reunión de las Mujeres Socialistas Americanas. Pero tampoco la huelga o la reunión aparecen documentadas.

Por último, el incendio en la recurrida fábrica de camisas Triangle Shirtwaist en Nueva York, donde murieron 123 trabajadoras y 23 trabajadores, y que dicen que emitió humo morado, ocurrió el 25 de marzo de 1911. La comunidad judía ha denunciado que este hecho se haya utilizado desde 1985 para destacar a las trabajadoras muertas en vez de recordar que el incendio se utilizó para exigir medidas de protección en el trabajo.

Ninguna de las tres referencias habituales sobre el 8 de Marzo resulta cierta. Son fruto de la supremacía militar y, por lo tanto, cultural, estadounidense. El 8 de Marzo no rememora ningún acontecimiento sucedido en Estados Unidos. Únicamente la elección de un día fue una característica estadounidense. Así, la primera celebración documentada del Día de la Mujer fue el 3 de mayo de 1908, en Chicago (Estados Unidos), organizada por el Partido Socialista, donde reivindicaron la igualdad económica y política. A partir de entonces, se comenzó a celebrar el Día Nacional [estadounidense] de la Mujer el último domingo de febrero. De esa manera, el primer país donde el movimiento socialista instauró un día al año ligado a los derechos de las mujeres fue Estados Unidos.

Ya un año antes de ese primer Día de la Mujer estadounidense de 1908, sin embargo, la socialista alemana Clara Zetkin (1857-1933) lideró la fundación de la 1ª Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas, dentro de la Conferencia de la II Internacional Socialista celebrada en Stuttgart (Alemania), en 1907, donde se reclamaba el derecho al voto. Dos años después, en la 2ª Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas en Copenhague (Dinamarca) en 1910, se decidió adoptar la fórmula norteamericana de la celebración de un día, en este caso, internacional, aunque no se le puso fecha.

Mientras en Estados Unidos el Día Nacional de la Mujer se siguió celebrando el último domingo de febrero, en Europa el primer Día Internacional de la Mujer se conmemoró el 19 de marzo de 1911: el día siguiente al homenaje del 40º aniversario de la Comuna de París (que tuvo lugar del 18 de marzo al 28 de mayo de 1871). Fueron cuatro los países que acogieron ese primer día internacional: Alemania, Austria, Dinamarca y Suiza, donde ¡un millón de trabajadoras! reivindicó el derecho al voto universal, que las mujeres pudieran ocupar cargos públicos, así como el derecho a la formación profesional y a la no discriminación laboral. El año siguiente también participaron Francia, Países Bajos y Suecia.

Rusia se unió a la celebración del Día Internacional de la Mujer en 1913, el último domingo de febrero. En la celebración de 1917, las trabajadoras y campesinas rusas organizaron una huelga en San Petersburgo que terminaría con la abdicación del zar y el reconocimiento del sufragio universal… ¡solo cuatro días después! La Revolución Soviética había comenzado.

Por ello, en honor a las trabajadoras rusas, la alemana Clara Zetkin y la polaca Rosa Luxemburg (1971-1919) tomaron el 8 de Marzo como Día Internacional de la Mujer Trabajadora, haciendo coincidir el 23 de febrero del calendario juliano –empleado en la Rusia zarista– con el 8 de marzo de nuestro calendario (dato comprobado por la autora). Así, la Rusia postzarista fue el primer país occidental en reconocer el derecho a voto a las mujeres. Después, en 1922, Lenin declaró el 8M fiesta oficial en la Unión Soviética, aunque laborable.

En 1936, cuatro meses y medio antes del golpe de Estado fascista en el Estado español, Dolores Ibarruri, Pasionaria, y Dolors Bargalló organizaron el primer 8M en Madrid y en Barcelona, respectivamente, donde denunciaron la amenaza del fascismo. Los años siguientes, ya en guerra, el 8M solo se celebró en Barcelona. Después de la Segunda Guerra Mundial, el Día Internacional de la Mujer quedó fijado el 8 de Marzo en los países del bloque soviético y como fiesta organizada por el Partido Comunista, en el resto de países.

Huelgas de mujeres

La huelga de las trabajadoras y campesinas rusas no fue la primera reivindicación de mujeres. Al contrario, las organizaciones de mujeres han participado, y algunas veces, generado, los momentos clave de la historia europea. Durante la Revolución Francesa, fue la Marcha sobre Versalles (5 de octubre de 1789), que reunió a 4.000 trabajadoras y campesinas, la que consiguió derrocar al rey de Francia. Casi 100 años después, en 1869, 8.000 hilanderas de Lyon organizaron una huelga para reducir la jornada laboral a diez horas. Lo mismo sucedió durante el Gobierno popular de la Comuna de París (1871): las mujeres se organizaron en órganos revolucionarios como el Comité de Vigilancia de las Ciudadanas o la Unión de Mujeres para la Defensa de París, desde donde defendieron la Comuna con armas, cuestión que les fue negada en la Revolución Francesa.

Las huelgas de mujeres han seguido marcando el ritmo de la historia, ampliando las reivindicaciones laborales a nuestra vida cotidiana. El 24 de octubre de 1975, en Islandia, tuvo lugar la jornada conocida como Women’s Day Off (El día libre de las mujeres). El 90 por ciento de las islandesas secundaron la huelga de trabajo, cuidados a menores y tareas domésticas. Se planteó la cuestión de si la duración de la huelga (24 horas) suponía un freno a sus demandas sociales, ya que al día siguiente retornarían a la normalidad anterior.

Recientemente, en 2016, dos movimientos feministas han retomado la huelga como forma de protesta feminista. Por un lado, en Polonia, las mujeres se declararon en huelga de trabajo, estudios y tareas domésticas, para oponerse a la prohibición del aborto, y se manifestaron vestidas de negro, en la jornada del Lunes Negro (3 de octubre de 2016). Por otro lado, el movimiento Ni una menos, surgido en Argentina tras el asesinato de una joven de 14 años por su novio, canalizó las diversas manifestaciones multitudinarias en una huelga general el 19 de octubre de 2016. Además, el movimiento se extendió por varios países de América del Sur.

De esa manera, el 8 de marzo de 2017 surgió la primera convocatoria internacional para un paro mundial de mujeres, en trabajos productivos y reproductivos, en unos 57 países, “como respuesta a la actual violencia social, legal, sexual, política, moral y verbal experimentada por las mujeres”. En el Estado español, en 2017, se hicieron algunos parones simbólicos, mientras que en 2018 y 2019 varios sindicatos convocaron huelga. Esos tres años hubo manifestaciones especialmente numerosas.

Al recuperar las reivindicaciones feministas la huelga como forma de protesta, se ha ampliado el concepto de trabajo a las tareas reproductivas. Las manifestaciones para denunciar las violencias contra las mujeres tienen lugar en el ámbito económico de nuestras sociedades, señalando al modelo social como la raíz del sexismo que nos asesina. Asumir una genealogía irreal, además de contribuir a intereses ajenos al movimiento feminista, banaliza el feminismo.

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10 de marzo de 2023

Los desequilibrios de género en el empleo siguen siendo muy altos

Inter Press Service (IPS)

Los desequilibrios de género en el acceso al empleo y las condiciones de trabajo son mayores de lo que se pensaba, y los progresos para reducirlos han sido decepcionantemente lentos en las últimas dos décadas, según un nuevo informe de la Organización Internacional del Trabajo (OIT).

Un nuevo indicador desarrollado por la OIT, la Brecha de Empleo, “dibuja un panorama mucho más sombrío de la situación de las mujeres en el mundo laboral que la tasa de desempleo, más comúnmente utilizada”, asentó el informe.

Los nuevos datos muestran que las mujeres siguen teniendo muchas más dificultades para encontrar trabajo que los hombres.

Según el informe “Nuevos datos arrojan luz sobre las brechas de género en el mercado laboral”, 15 % de las mujeres en edad de trabajar en todo el mundo desearían trabajar pero no tienen empleo, frente a 10,5 % de los hombres, en un total de 473 millones de personas en esa situación.

Esta brecha de género se ha mantenido prácticamente invariable durante casi dos décadas (2005-2022), aunque las tasas mundiales de desempleo de mujeres y hombres son muy similares.

La brecha laboral es especialmente grave en los países en desarrollo, donde la proporción de mujeres que no pueden encontrar un empleo alcanza a 24,9 % en los países de renta baja. La tasa correspondiente a los hombres en la misma categoría es de 16,6 %, un nivel también alto pero significativamente inferior al de las mujeres.

El informe señala que las responsabilidades personales y familiares, incluido el trabajo de cuidados no remunerado, afectan desproporcionadamente a las mujeres.

Los datos indican que un factor importante para reducir la participación de las mujeres en la fuerza laboral a nivel mundial es crianza de los hijos.

Esas labores pueden impedir a las mujeres no solo tener un empleo, sino también buscarlo activamente, o limitar su disponibilidad para trabajar con poca antelación, lo cual incide para ser considerado desempleado, por lo que muchas mujeres que necesitan un trabajo no se ven reflejadas en las cifras de desempleo.

En el mismo grupo de edad, de 25 a 54 años, y con al menos un hijo menor de seis años, la brecha de participación en la fuerza laboral llega a 42,6 puntos porcentuales, con una participación femenina de 53,1 % y masculina de 95,7 %.

El reporte de la OIT habla por ello de “penalización de la maternidad” y “premio de la paternidad” en cuanto a participación laboral.

Los desequilibrios de género en el trabajo decente no se limitan al acceso al empleo. Aunque el empleo vulnerable está muy extendido tanto para mujeres como para hombres, las mujeres tienden a estar sobrerrepresentadas en ciertos tipos de empleos vulnerables, como ayudar a familiares que trabajen por cuenta propia.

Esa vulnerabilidad, unida a unas tasas de empleo más bajas, repercute en los ingresos de las mujeres. A nivel mundial, por cada dólar de ingresos laborales que ganan los hombres, las mujeres ganan sólo 51 céntimos.

En naciones de ingresos altos o medio-altos, las mujeres ganan entre 56 y 58 centavos por cada dólar ganado por hombres, pero en los países de ingresos bajos o medio-bajos obtienen entre 29 y 33 centavos por cada dólar que ganan los varones.

“Esta sorprendente disparidad en los ingresos se debe tanto a los menores niveles de empleo de las mujeres como a sus menores ingresos medios cuando están empleadas”, subrayó el informe.

El reporte, divulgado en vísperas del Día Internacional de la Mujer, este miércoles 8 de marzo, subrayó la importancia de mejorar la participación general de las mujeres en el empleo, de ampliar su acceso al trabajo en todas las ocupaciones, y de abordar las flagrantes diferencias de calidad del empleo a las que se enfrentan.

https://ipsnoticias.net/2023/03/los-desequilibrios-de-genero-en-el-empleo-siguen-siendo-muy-altos/


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9 de marzo de 2023

Ideología de género

Jorge Majfud

En Estados Unidos, en diciembre de 2021, la activista conservadora Lisa Hansen denunció que había escuchado que en las escuelas estaban poniendo cajas de arena en los baños para “los estudiantes que se identifican como gatos”.

La fantasía fue repetida por varios políticos republicanos a lo largo del año 2022, como el senador de Minnesota, Scott Jensen, legisladores de Tennessee, Heidi Ganahl de Colorado, la nominada republicana Catalina Lauf por Illinois, al menos 20 otros candidatos a representantes y múltiples padres en asambleas de escuelas a lo largo de Estados Unidos, todos indignados con “la ideología de género”. Las denuncias se convirtieron en virales, alcanzando en algunos videos de TikTok millones de visitas. Nunca se encontró ninguna cajita de arena en ninguna escuela ni a ningún grupo revindicando su condición de gato. Lo más evidente, el odio a la gente diferente con nuestros mismos derechos, pasó frente a todos, como pasa el aire invisible.

No por casualidad y de forma simultánea, en los parlamentos de América Latina, los representantes de la derecha repitieron indignaciones semejantes, aunque no llegaron a la fantasía de los gatos.

La realeza europea usaba peluca, calzas y tacones altos (signo de masculinidad, debido a que los musulmanes lo inventaron para montar más rápido; con eso y su propio fanatismo, conquistaron un imperio). Unas generaciones atrás, los niños de la clase alta eran vestidos como niñas para las fotos (ver al presidente F. D. Roosevelt, de niño, por ejemplo). Todos vestían de blanco. Los colores rosa y el celeste como propiedad de géneros no existía hasta el siglo XX, invento de las grandes tiendas de Estados Unidos por razones comerciales: al principio el rosado era masculino y el celeste femenino pero por una razón fortuita, se fijó el rosado para las niñas y el celeste para los varones y los fanáticos dijeron que así había sido todo desde que se creó el mundo.

Nada de esto es natural sino productos culturales que gente inculta no entiende, pero, por eso mismo, se ofenden y realizan discursos llenos de convicciones en los parlamentos y desde sus tarimas virtuales.

La “ideología de género” no es un mal reciente que va a destruir a la Humanidad, sino que es tan vieja como las primeras religiones: es el machismo, con su necesidad de poder y con sus miedos sexuales.

Se publica este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

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8 de marzo de 2023

Sobre los orígenes socialistas del Día Internacional de la Mujer

Temma Kaplan

Introducción de Claire G. Moses, directora de Feminist Studies

Cada 8 de Marzo cuento en mis clases de Estudios Feministas la historia del Día Internacional de la Mujer. Es una historia que me han contado muchas veces, y que por ello conozco bien. En 1857, una manifestación espontánea, llevada a cabo por las trabajadoras textiles de Nueva York que protestaban por los bajos salarios, la jornada laboral de doce horas y la creciente carga de trabajo, fue brutalmente dispersada por la policía. Muchas mujeres fueron arrestadas y algunas fueron pisoteadas por la multitud. Cincuenta años después, en el aniversario de esa movilización, se instituyó en su memoria el Día Internacional de la Mujer. Mis estudiantes responden a esta historia con una emoción muy cercana a la gratitud. Usualmente el 8 de Marzo coincide con el momento del semestre en el que más sienten el peso de la opresión de la mujer: están hambrientas por el conocimiento de la resistencia de las mujeres. Las trabajadoras textiles de Nueva York suplen esa necesidad de antecesoras heroicas.

Por eso, fue con cierta ambivalencia, interés académico mezclado con desconfianza política, que leí en la revista francesa feminista La Revue d’en face (12, 1982, pp 67-80) el artículo de Liliane Kandel y Francoise Picq, «Le Mythe des origines, A propos de la journée internationale des femmes.» ¿El mito de los orígenes? ¿Nunca había existido un evento como nuestra manifestación de 1857? Efectivamente, según Kandel y Picq, la manifestación de la obreras textiles de Nueva York en 1857 es una leyenda nacida en 1955. En su esclarecedor artículo ellas especulan sobre el origen de la «leyenda de 1857», sobre la probabilidad de que, en 1955, resultara muy oportuno «separar el Día Internacional de la Mujer de su historia soviética, para darle un origen más internacional, más antiguo que los bolcheviques, más espontáneo que la decisión de un Congreso, o la iniciativa de mujeres afiliadas al Partido, y que la fecha de 1857 haya sido elegida como tributo a Clara Zetkin, nacida ese año.»

Intrigadas por esta revisión de nuestro registro histórico, las editoras de Feminist Studies le pedimos a Temma Kaplan, de quien conocíamos sus estudios sobre rituales y días festivos socialistas, que nos proporcionara un registro más verdadero sobre el origen del Día Internacional de la Mujer. El meticuloso análisis de Kaplan sobre el nacimiento del Día Internacional de la Mujer demuele un mito en el cual muchas de nosotras nos apoyábamos para interesar a nuestras estudiantes. Ellas, que consideraban inspiradora la idea de una manifestación espontánea, seguramente extrañarán la leyenda de 1857. Pero en los ’80, cuando mejor necesitamos entender la efectividad de la resistencia organizada ¿no corresponde acaso que nos inspiremos no sólo en las manifestaciones espontáneas, sino también en las mujeres que se embarcaron en luchas de largo aliento y que crearon rituales para sostener esa lucha frente a una oposición implacable?

Sobre los orígenes socialistas del Día Internacional de la Mujer
Temma Kaplan

Una de las formas en que los socialistas y los anarquistas del siglo XIX intentaron establecer tradiciones comunales y seculares fue a través de los días festivos. Incluso en España, los izquierdistas celebraban festivales el 14 de julio, aniversario de la Toma de la Bastilla, porque esa fue la fecha más revolucionaria del calendario europeo hasta la Revolución Rusa. Los socialistas eligieron esa fecha para reunirse en París en 1889 para organizar la Segunda Internacional, una asamblea de partidos socialistas, sindicatos y clubes políticos. Con frecuencia, como ocurría con la conmemoración de la Comuna de París en cualquier día entre el 18 y el 28 de marzo, las fecha de los días festivos variaba. En el fondo lo que realmente importaba no era tanto la fecha sino la solidificación de un sentimiento de comunidad [1].

El primer Día Internacional de la Mujer (en singular) [actualmente es plural en inglés. N del T] se celebró el 23 de febrero de 1909 en Estados Unidos. Al igual que el Día del Trabajo, que tiene una historia parecida, el Día de la Mujer comenzó como un medio para unir a la comunidad popular alrededor de una serie de metas comunes. Originalmente ambos días festivos tuvieron lugar en domingos, para que la gente no perdiera un día de trabajo. Sin embargo, ambos quedaron fijados en fechas específicas porque los eventos históricos se impusieron a los manifestantes [2].

Curiosamente, una historia apócrifa emergió en los círculos comunistas franceses durante la década de 1950. Supuestamente, una huelga de obreras textiles de Nueva York el 8 de marzo de 1857 fue brutalmente reprimida, lo que condujo a una movilización para conmemorar su 50° aniversario en 1907. Ninguno de los eventos parecen haber tenido lugar, pero muchos europeos piensan que el 8 de marzo de 1907 inauguró el Día Internacional de la Mujer. Algunas feministas francesas ven este mito como un nuevo capítulo en la discusión de larga data entre feministas y comunistas sobre si las mujeres tienen otros derechos más allá de los que tienen como trabajadoras [3].

La historia real del Día Internacional de la Mujer no puede ser separada de la vida política de Clara Zetkin. Ella asistió a la reunión de 1889 en París en la que se creó la Segunda Internacional. En ese momento los izquierdistas allí reunidos acordaron una manifestación para el Día del Trabajo en la que reclamarían por la jornada de 8 horas y por poner límites al trabajo de mujeres y niños, puntos promovidos por Zetkin. Como editora entre 1890 y 1925 de Gleichheit [Igualdad], el periódico femenino del partido Social Demócrata alemán, ella promovía los intereses de las mujeres trabajadoras. Aunque Zetkin se oponía con virulencia a las feministas dentro y fuera del partido, trató de familiarizar a los socialistas con las condiciones de las mujeres trabajadoras. Después de la guerra se hizo comunista, y llevó la propuesta del Día Internacional de la mujer a la Tercera Internacional, en 1922 [4]. A partir de ese momento, el Día Internacional de la mujer se trasformó en un día festivo comunista. Desde finales de los 60 las feministas han revitalizado la celebración, infundiéndole un nuevo significado.

Muchas mujeres socialistas en Europa y en Estados Unidos reforzaron su compromiso con el internacionalismo en los años previos a la Primera Guerra Mundial. El 17 de agosto de 1907, justo antes de la reunión de la Segunda Internacional en Stuttgart, hubo un encuentro de mujeres asociadas al socialismo. Lideradas por Clara Zetkin y Louise Zietz, estas socialistas se comprometieron a luchar por la igualdad en todos los aspectos de la vida, y debatieron sobre manifestarse para publicitar sus objetivos [5].

Tanto en los Estados Unidos como en Europa las socialistas quedaron en un segundo plano respecto de las sufragistas, ya que consideraban a los derechos políticos de las mujeres como subordinados al avance económico de la clase obrera masculina. En todo el mundo la izquierda había asociado el voto femenino con el conservadurismo y Estados Unidos no era una excepción. Sin embargo, las mujeres de la Segunda Internacional consiguieron finalmente el apoyo de sus camaradas para la campaña por el sufragio, antes de la Primera Guerra Mundial. En 1908, el Partido Socialista de Estados Unidos creó el Comité Nacional de Mujeres por el Sufragio y les pidió que organizaran manifestaciones. Ansiosas por empezar, la rama Número 3 de la Sociedad Social Demócrata de Mujeres, de Nueva York, organizó una reunión masiva por el sufragio femenino, el 8 de marzo de 1908 [6].

Las Socialistas de Estados Unidos declararon el último día de febrero como Día Nacional de la Mujer. El 23 de febrero de 1909, la asamblea principal se celebró en Nueva York, en el Liceo Murray Hill, en la esquina de la Tercera Avenida y la Calle 34. Dos mil personas escucharon a Leonora O’Reill y otras explicar los principios de la igualdad de derecho y exigir el voto para las mujeres. En la asamblea del Liceo del Trabajo de Brooklyn se recitó «El Dios de Oro», seguido de cantos religiosos. Charlotte Perkins Gilman se dirigió a la congregación de la iglesia Parkside, en Brooklyn, junto a la secretaria de la Hermandad Cristiana Socialista. «Es cierto que el deber de una mujer está centrado en su hogar y en la maternidad”, dijo Gilman, pero también que «como hogar debería entenderse todo el país, y no estar confinado a tres o cuatro habitaciones, o a una ciudad, o a un estado.» [7]

La movilización del año siguiente en Nueva York se produjo el 27 de febrero de 1910, y se abrió con una asamblea en el Carnegie Hall. La audiencia cantó la Marsellesa, y luego Rose Schneiderman, Charlotte Perkins Gilman, y Metta I. Stem explicaron cómo las socialistas alemanas habían marcado el camino en Stuttgart en 1907 al exigir la igualdad económica para las mujeres y el derecho al voto [8].

Las socialistas de Estados Unidos inauguraron el Día Internacional de la Mujer con su Día Nacional de la Mujer en 1909, mientras que las europeas lo hicieron en 1911. Un patrón similar se había dado con el Día del Trabajo, introducido en 1886 por los Caballeros del Trabajo [organización presindical del movimiento obrero, N del T], que sin embargo no fue adoptado por los europeos hasta 1890. En la Asamblea de Mujeres que precedió a la Asamblea General de la Segunda Internacional en Copenhague, en 1910, Louise Zetz sugirió que al año siguiente se celebrara un día Internacional de la Mujer, y Clara Zetkin apoyó esta moción, pero nunca se fijó una fecha [9].

El 18 de marzo de 1911, en el 40° aniversario de la Comuna de París, se celebró en Europa el primer Día Internacional de la Mujer, para publicitar la necesidad de derechos para la mujeres y el sufragio. Sin embargo, en Estados Unidos las mujeres continuaron movilizándose el último domingo de febrero.

En una rara muestra de solidaridad, las socialistas de Boston les propusieron a las sufragistas movilizarse juntas hacia las audiencias por el sufragio el 23 de febrero de 1911. Las mujeres organizaron una manifestación al aire libre, y una asamblea en Ford Hall. Después de juntarse en Park Square, llegaron a la sala de audiencias y se encontraron con que no había lugar suficiente para todas ellas. Inspiradas por las sufragistas, todas estaban vestidas de blanco y llevaban diferentes banderas según sus opiniones políticas, pero las socialistas superaban en número a las sufragistas. La periodista del Periódico de la Mujer (el órgano oficial de la Asociación Nacional de Sufragistas de Estados Unidos) admitió que «las socialistas parecen ser las únicas en tomarse la cosa tan en serio como para marchar por la causa» [10].

En Nueva York, la asamblea por el Día Internacional de la Mujer de 1911 se celebró en la noche del sábado 25 de febrero en el Carnegie Hall. El discurso principal, a cargo de Bertha Fraser, elogiaba la incapacidad de combatir como una cualidad positiva para la ciudadanía. «Otro argumento contra las mujeres es que no pueden ser soldados. Y que además, cuando consigan el voto, lo usarán para hacer imposible la guerra.» [11]

En la primera celebración europea del Día Internacional de la mujer, el 18 de marzo de 1911 las mujeres marcharon por la Ringstrasse de Viena, llevando pancartas que incluían banderas rojas conmemorando a los mártires de la Comuna de París. Las mujeres se detuvieron frente al mercado de las flores y manifestaron a favor del sufragio femenino. A lo largo de todo el imperio austro-húngaro hubo 3000 manifestaciones de mujeres.

En ese día de 1911 los delegados socialistas en el parlamento austríaco defendieron abiertamente la igualdad de la mujer y el sufragio femenino por primera vez [12], renunciando de esa manera, al menos de palabra, a la persistente oposición socialista al voto de las mujeres. Pero justo cuando algunos socialistas estaban empezando a apoyar el voto femenino, la guerra acabó con toda posibilidad de reforma social durante cinco años.

Durante el primer invierno y la primavera de la Primera Guerra en 1915, las mujeres comenzaron a pasar a la acción. Proclamaron sus derechos como esposas, madres o amas de casa tanto en el dominio público como en el privado, para interceder allí donde los líderes políticos se mostraban incompetentes. El Día Internacional de la Mujer era una buena oportunidad. En Nueva York hubo muchas celebraciones de este día, como aquella en la que habló Juliet Stuart Poyntz, profesora adjunta de economía, graduada en el Barnard College [13,14]. La socialista Marian Craig Wentworth escribió una una obra de teatro en la que las mujeres se oponían a parir hasta que fuesen integradas a los consejos de guerra. Una foto en la revista New York Call mostraba a una madre y su hijo con un fondo destruido por la guerra. En el pie de la foto se preguntaba si las mujeres votarían por esto si tuvieran el voto [15].

En Berna (Suiza) Clara Zetkin reunió a mujeres socialistas de países en guerra y neutrales para manifestarse contra la guerra. Para las que venían de países beligerantes, eso significaba una traición contra sus países y partidos. Las mujeres que marcharon el 7 de marzo de 1915 no apoyaban a sus países ni del Este ni del Oeste. Llamaban a una «reconstitución de la Segunda Internacional», que había colapsado bajo el peso de los nacionalismos en 1914, pero no pedían por una Tercera Internacional, como los exilados rusos bolcheviques querían que hicieran. Para eso, los bolcheviques organizaron otra asamblea a principios de septiembre de 1915 en Zimmerwald, cerca de Berna, donde se formó el embrión de la Tercera Internacional [16].

Las socialistas de Berna volvieron a sus países con un manifiesto que distribuyeron clandestinamente. Estaba dirigido «A las mujeres del proletariado», y preguntaba, «¿Donde están vuestros maridos? ¿Donde están vuestros hijos?» Declaraba también que «los trabajadores no tienen nada que ganar con esta guerra. Y tienen todo para perder, todo, todo lo que les es caro.» El manifiesto exhortaba a las mujeres a pasar a la acción para ganar la paz.

Cuando la socialista francesa Louise Saumoneau salió de la cárcel, dos meses después de haber sido detenida por distribuir el manifiesto en Francia, descubrió que su sobrino favorito, de izquierda, había muerto en la guerra. Como siempre respondía a la pena con acciones, escribió su panfleto como una forma de llorarlo. En él, se lamentaba (amargamente) de que «hace 16 meses, nosotras las madres, las esposas, las hermanas de aquellos que partieron (…) manteníamos, a pesar de nuestra pena, la esperanza de que este ser tan querido para nosotras regresaría en buenas condiciones. Ni una sola de nosotras podía admitir que ese joven robusto que habíamos acompañado a la estación de tren no volvería nunca. Desde entonces, ¡ay! cuántas mujeres están llorando…» [17]

La guerra continuó a pesar de todos los esfuerzos de las mujeres, pero también continuó la celebración socialista del Día Internacional de la Mujer. Las socialistas neoyorquinas aplaudieron a la Liga contra los Altos Precios, que forzó a los municipios a establecer controles de precios sobre los carniceros Kosher, llamando a apoyar el derecho de las mujeres a alimentar a sus familias.

La guerra causó una escasez mucho peor entre las naciones beligerantes de Europa. Para enero de 1917, en Italia el precio de la harina había aumentado un 88%, el del vino un 144% y el de la papa un 131%, respecto de los precios de 1910 [18]. En el Día Internacional de la Mujer, el 23 de febrero de 1917, las socialistas de Turín colocaron afiches dirigidos a las mujeres, en los barrios obreros. En ellos se leía: «¿No ha causado ya demasiados tormentos esta guerra? Ahora la comida para nuestros niños ha comenzado a escasear. Es tiempo de que actuemos en nombre de la humanidad que sufre. Nuestro grito es: ¡Bajen las armas! Somos parte de la misma familia. Queremos paz. Debemos demostrar que las mujeres pueden proteger a quienes dependen de ellas.» [19]

La más dramática de las celebraciones del Día Internacional de la Mujer ocurrió en 1917, en Rusia. Bajo la dirección de la feminista Alexandra Kollontai, las mujeres rusas habían comenzado en 1913 a celebrar ese Día al estilo americano, con una movilización durante el ultimo domingo de febrero. En 1917, el principal reclamo de sus protestas era contra la degradación de sus condiciones de vida. Los alquileres habían aumentado a más del doble en San Petersburgo (rebautizada Petrogrado) entre 1905 y 1915, Los precios de los alimentos, en particular de la harina y del pan, habían aumentado entre 80 y 120% en la mayoría de las ciudades europeas. El precio de la libra de pan de centeno, componente básico de la dieta obrera en Petrogrado, había aumentado de 3 kopeks en 1913 a 18 kopeks en 1916. Hasta el jabón había aumentado un 245% en 1917 en Petrogrado [20]. Los comerciantes especulaban con los granos, el combustible y la carne, mientras que las fábricas cerraban por falta de energía eléctrica para funcionar. Los asalariados, tanto hombres como mujeres, iban a la huelga para enfrentar los despidos. Entre enero y febrero de 1917 se movilizaron mas de medio millón de trabajadores rusos, la mayor parte de ellos en Petrogrado.

Aprovechando la ocasión del Día Internacional de la Mujer (celebrado el 23 de febrero del calendario juliano, que correspondía al 8 de marzo en occidente [21]) las mujeres encabezaron una gran manifestación, partiendo de las fábricas y de las filas de reparto de comida. Los obreros metalúrgicos, hombres en su mayoría, se unieron a ellas, a pesar de que los bolcheviques consideraban que la movilización de las mujeres era precipitada.

El 25 de febrero, dos días después del comienzo de la insurrección de las mujeres, el zar le ordenó al General Khabalov, del Distrito Militar de Petrogrado, que aplastaran la revolución de las mujeres, disparando si era necesario. Khabalov resumió así el problema que tienen las autoridades cuando se enfrentan a las demandas de las mujeres: «cuando ellas decían «Dennos pan», les dábamos pan, y la cosa terminaba ahí. Pero cuando decían «¡Abajo la autocracia!» ya no podíamos aplacarlas con pan» [22]. Así comenzó la revolución de Febrero en Rusia. Para el 12 de marzo (27 de febrero en el calendario juliano), el zar Nicolás II ya había sido forzado a abdicar. El gobierno provisional, formado para conducir el país hasta la elección de una asamblea constituyente, fue el primer gobierno de una gran potencia en otorgar a las mujeres el derecho al voto [23].

Los eventos de 1917 en Rusia fijaron la fecha de la celebración del Día Internacional de la Mujer en el resto de Europa, a partir del año siguiente. Ya hacia el fin de la guerra, el 8 de marzo de 1918, las austríacas celebraron en las calles el Día Internacional de la Mujer. A pesar de que las manifestaciones estaban prohibidas, tres mil mujeres marcharon a lo largo de la Ringstrasse, pasando por el Parlamento y por el Palacio de justicia. También hubo otras manifestaciones en el resto del imperio austro-húngaro. Como lo explicó Adelheid Popp, líder de las socialistas austríacas, las mujeres intentaban mostrar, como esposas y como madres, su aversión por la guerra y sus demandas por la paz [24].

Con la ayuda de Clara Zetkin, Lenin declaró el Día Internacional de las Mujeres como un día festivo Comunista en 1922, cuando los comunistas chinos comenzaron a celebrarlo. En España, luego de la victoria de la lista del Frente Popular en las elecciones de febrero de 1936, la Pasionaria, una de las dirigentes del Partido Comunista Español, condujo a miles de mujeres para manifestarse en Madrid el 8 de Marzo, Día Internacional de la Mujer, para exigir la protección de la república frente a la creciente amenaza fascista.

Después de la Segunda Guerra Mundial, el Día Internacional de la Mujer siguió siendo un día festivo comunista hasta aproximadamente 1967. Según una de las historias, fue revivido en Estados Unidos por el Círculo de Chicago, un grupo de mujeres de la Universidad de Illinois que incluía a algunas hijas de comunistas americanas que recordaban haber escuchado sobre ese día festivo. Desde ese entonces, se ha transformado en una ocasión para un nuevo sentimiento de conciencia feminista y un nuevo sentimiento de internacionalismo feminista.

Mi agradecimiento a Claudia Koonz, Ruth Milkman, y Robert Moeller.

Notas:
1. Para una discusión de los días festivos en la Izquierda, ver: Temma Kaplan, «Civic Rituals and Patterns of Resistance in Barcelona, 1890-1930», en The Power of the Past: Essays for Eric Hobsbawm, ed. Pat Thane, Geoffrey Crossic, y Roderick Floud (Cambridge: 1984), 173-93.

2. Michelle Perrot, “The First of May 1890 in France: The Birth of a Working-Class Ritual,» en Thane, Crossic, y Floud, The Power of the Past, 143-71.

3. Liliane Kandel y Françoise Picq, «Le Mythe des origines à propos de la journée internationale des femmes.» La Revue d’en Face, 12 (Otoño de 1982): 67-80.

4. Karen Honeycutt, «Clara Zetkin: A Left-Wing Socialist and Feminist in Wilhelmian Germany» (Tesis de Doctorado, Columbia University, 1975); Renate Pore, A Conflict of Interest: Women in German Social Democracy, 1919-1933 (Westport, Connnecticut, Greenwood Press, 1981); y Jean H. Quataert, Reluctant Feminists in German Social Democracy, 1885-1917 (Princeton: Princeton University Press, 1979).

5. Bericht der 1. Intemationalen Frauenkonferenz Stuttgart, 17 Aug. 1907, Stuttgart, 1907, citado en Quataert, 249.

6. Mencionado en «New York City,» Socialist Woman, Marzo de 1988, incluído con una carta personal de Renée Coté, del 16 de febrero de 1984. Esta fue omitida por error en su libro, editado con Sylvie Dupont, La journée internationale des femmes ou les vrais faits et les vraies dates des mystérieuses origines de 8 mars jusqu’ici embrouillées, truquées, oubliées: la clef des énigmes la vérité historique (Montreal: 1984).

7. «The Suffragists and Socialists Demand Votes for Women,» Call, 1 de marzo de 1909, 1.

8. «A.B.C A Day of Anticipation:’ Call, 27 de Febrero de 1910, Magazine, 13.

9. Adelheid Popp, Der Weg zur Hohe: Die Sozialdemokratische Frauenbewegung Osterreichs (Vienna: 1930), 99.

10. Women’s journal. 56.

11. «Socialists Argue Strongly in Favor of Women’s Suffrage,» Call, 26 Feb. 1911, Magazine, 1-2.

12. Popp, 100.

13. Barnard College es una universidad privada dedicada a las Humanidades, ubicada en la ciudad de Nueva York. Fue fundada en 1889 por Annie Nathan Meyer como respuesta a la negativa de la Universidad de Columbia a admitir mujeres, y toma su nombre del décimo presidente de la Universidad de Columbia, Frederick Barnard (N del T).

14. «Great Socialist Meetings will Mark Woman’s Day Tomorrow,» Call, 27 Feb. 1915, 1.

15. Ibid.

16. Charles Sowerwine, Sisters or Citizens? Women and Socialism in France since 1876 (Cambridge: Cambridge University Press, 1982), 151.

17. Ibid., 148, 152.

18. Encarecimiento de la vida durante la Guerra: Precios de la subsistencias en España y en el extranjero, 1914-1918 (Madrid , 1918),49.

19. Paolo Spriano, Socialismo e classe operaria a Torino dal 1892 al 1913 (Turin, 1958), 393. Para otros ejemplos de movimiento políticos en los que las mujeres reclaman su derecho de actuar en nombre de su comunidad, ver Temma Kaplan, «Female Consciousness and Collective Action: The Case of Barcelona, 1910-1918:’ Signs 7 (Spring 1982): 545-66.

20. Dale Ross, «The Role of the Women in Petrograd in War, Revolution, and Counter-Revolution, 1914-1921» (Tesis de Doctorado, Rutgers University, 1973). 28.

21. Debido al cálculo incorrecto de la duración del año solar, el calendario juliano presentaba en el siglo XVI un desfasaje importante complicando el cálculo de la fecha de la Pascua. Para remediar esto, en 1582 el papa Gregorio XXIII impulsó la adopción de un nuevo calendario, más preciso, para la iglesia católica. Sin embargo, las iglesias ortodoxas se opusieron a este cambio durante siglos. En Rusia en particular, fue el gobierno bolchevique que decretó el cambio al calendario gregoriano en 1918 (N del T)]

22. Ross, 32.

23. Bemice Glatzer Rosenthal, «Love on the Tractor: Women in the Russian Revolution and after,» en Becoming Visible: Women in European History, ed. Renate Bridenthal and Claudia Koonz (Boston: Houghton Mifflin, 1977), 370-99, 377.

24. Popp, 100.

Traducido del inglés por Sebastián Risau

Foto: Discurso de Clara Zetkin, noviembre de 1918

Este artículo se publicó en la revista Feminist Studies, Vol. 11, No. 1 (Primavera de 1985), pp. 163-171.

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3 de diciembre de 2022

Olympe de Gouges: mujer de letras y ciudadana comprometida con la Revolución

Olivier Blanc   (Entrevista de Fasséry Kamissoko)

Guillotinada el 3 de noviembre de 1793, Olympe de Gouges, pionera en la lucha por la emancipación de la mujer, fue también una tenaz figura política de la Revolución. A través de sus obras de teatro, de sus cartas públicas o de sus carteles pegados por las muros de la capital francesa, promovió los valores humanistas a lo largo del período revolucionario que le tocó vivir, se opuso a los abusos de los revolucionarios y se situó al lado de las personas más desfavorecidas.

Nacida el 7 de mayo de 1748 en Montauban, al sur de Francia, Olympe de Gouges se casó contra su voluntad a los 17 años. Tras la muerte de su esposo decidió trasladarse a París para llevar una vida independiente y poder publicar sus obras libremente. Se inició en las letras con la publicación de obras teatrales, con las que podía difundir sus ideales.

Los posicionamientos asumidos por Olympe de Gouges le valieron ser denunciada injustamente por el Tribunal revolucionario, que la acusó de haber “compuesto y hecho imprimir obras que deberían haber sido rechazadas por cualquier pluma patriótica y que solo pueden ser consideradas perjudiciales para la soberanía del pueblo”. Será llevada al patíbulo el 3 de noviembre de 1793 tras un juicio arbitrario en el que el fiscal Fouquier-Tinville tuvo un especial protagonismo.

Olympe de Gouges, escritora feminista

Olvidada durante demasiado tiempo, Olympe de Gouges fue, no obstante, una de las pioneras del feminismo, como nos recuerda Olivier Blanc, su principal biógrafo. Este historiador y conferenciante rehabilita con sus publicaciones el compromiso político de Olympe de Gouges en favor de las mujeres y de las personas negras, y su memoria, difamada durante más de un siglo por la prensa conservadora, sus colegas masculinos del mundo de las letras y los grandes popes de la medicina, como el doctor Alfred Guillois en un estudio dedicado a las mujeres de la Revolución [N. trad.- En 1904 Guillois sostiene en su tesis de doctorado que Olympe de Gouges era una mujer histérica].

Fasséry Kamissoko.- Basándose en sus experiencias y en las de sus semejantes (esposas, mujeres de letras, polemistas de la ciudad de París y otras mujeres comprometidas con la Revolución), Olympe de Gouges reivindicó la igualdad jurídica entre hombres y mujeres, y el derecho a gozar de derechos civiles fundamentales, como el derecho al voto o al divorcio. ¿Qué explica la escasa repercusión que tuvieron estas reivindicaciones en 1791?

Olivier Blanc.– Las reivindicaciones de Olympe de Gouges, que están presentes ya en su primera obra teatral escrita en 1785, El hombre generoso, están en sintonía con las inquietudes del momento. Desde el Renacimiento en todos los salones promovidos por mujeres y en el más célebre de ellos, el de Ninon de Lenclos en el siglo XVIII, modelo de Olympe de Gouges, nunca se dejaron de defender las cualidades intelectuales de las mujeres en todas las disciplinas científico-académicas.

La mujer culta, ampliamente ridiculizada, contradice esa caricaturización cada vez que Émilie du Châtelet o Marie Paulze de Lavoisier muestran su saber respecto a las disciplinas científicas que dominan. En 1789 varias intelectuales consideraron que la opinión pública ya estaba suficientemente madura como para elevar a la Asamblea Constituyente el debate en torno a los derechos de las ciudadanas. No obstante, a medida que la Revolución se radicalizaba, el debate sosegado iba siendo desplazado por los enfrentamientos violentos entre facciones rivales. En ese sentido, cuando estalló la guerra de 1792 fueron muchos los diputados que consideraron que ya no era el momento de debatir sobre cuestiones sociales. Por esa razón, la propia Olympe de Gouges dejó de anteponer sus reivindicaciones feministas y decidió dar ejemplo del compromiso directo de las mujeres aprovechando cada ocasión que se le presentaba para expresarse en discursos o escritos sobre cuestiones de la actualidad política.

Fasséry Kamissoko.- Aparte de Condorcet, que permitió que se leyese el artículo sobre el divorcio ante la Asamblea Nacional, los ideales feministas de Olympe de Gouges chocan con la mofa y el rechazo de los revolucionarios, que se niegan a aceptar la igualdad de derechos. ¿En qué se traduce esta no aceptación legal, a pesar de la implicación de las mujeres en la Revolución, durante la toma de la Bastilla o la marcha de las mujeres de París sobre Versalles, por ejemplo?

Olivier Blanc.– La experiencia de los promotores de las ideas revolucionarias muestra que siempre especulan sobre la madurez de la opinión pública y su capacidad de cambio. Llevados por su entusiasmo, a menudo se equivocan, lo que provoca desilusión. Las transgresiones sociales de Olympe de Gouges sobre el matrimonio, el divorcio y los derechos políticos de las mujeres y de las personas negras se encontraron con dificultades para transformar a una sociedad encorsetada por un milenio de feudalismo, censura e influencia de la religión sobre el pensamiento y las prácticas políticas y económicas, familiares y sociales. La visibilidad (modesta, es cierto) del compromiso de las mujeres en la Revolución (jornada del 6 de octubre de 1789 y algunas peticiones colectivas hechas en nombre de las mujeres) fue insuficiente para impulsar una reflexión colectiva, un debate, como se constata en la prensa libre escrita entre 1789 y 1793.

Según el historiador Alphonse Aulard, el propio tema solamente afloró a consecuencia del trabajo de un grupo de universitarias (tras los coloquios de Toulouse II-Le Mirail en 1989 y de París I-Sorbonne en 2002), y, que yo sepa, no existe una obra global y exhaustiva que estudie de forma integral el compromiso de las mujeres con la Revolución, así como el de los hombres, los grandes olvidados, en favor de los derechos ciudadanos de las mujeres. Una comunicación que presenté hace unos años en un coloquio sobre hombres feministas que giraba en torno a la figura del marqués de Villette, discípulo y amigo de Voltaire, me hizo tomar conciencia de que la implicación de los hombres, sobre todo republicanos y girondinos, fue muy importante. Quizá la explicación de esto se encuentra en el descrédito historiográfico que han padecido los hombres de la [región de] Gironde.

Fasséry Kamissoko.- Olympe de Gouges reflexionó sobre la abolición de la esclavitud en Zamore et Mirza o L’esclavage des noirs, ¿qué opina usted de esta lucha?

Olivier Blanc.- En el prefacio a la segunda edición de su obra abolicionista publicada en 1788 con el título de Zamore et Mirza ou l’Heureux naufrage (Zamore y Mirza o el feliz naufragio), publicada en 1792 bajo el título de L’ esclavage des noirs (La esclavitud de los negros), Olympe de Gouges indica que esta es la cuestión a la que se dedicó de forma preferente y que es más importante que la causa de las mujeres, a pesar de que le era muy querida. Así pues, considero oportuno destacar la importancia que tuvo esta lucha para ella.

Lo que me sorprende es la extraordinaria amnesia de los historiadores de los siglos XIX y XX, que realmente han dejado caer en el olvido un compromiso que ya el abate Grégoire había destacado en su obra titulada De la littérature des nègres (Sobre la literatura de negros), publicada en 1808. En mi opinión hubo un deseo manifiesto y vergonzoso de neutralizar la importancia relativa del compromiso de Olympe de Gouges. Por ser mujer, expuesta frontalmente en un mundo que le era hostil, su ejemplo debería cobrar especial importancia en nuestra memoria colectiva. Algunos políticos de nuestros días han perdido una excelente ocasión de honrarse inscribiendo su nombre en el Panteón de grandes hombres y mujeres.

Fasséry Kamissoko.- Justamente quería preguntar cómo está ahora mismo este proyecto [de trasladarla al Panteón].

Olivier Blanc.- Yo le di mi apoyo y lamento que únicamente las asociaciones feministas estén interesadas en él. Es necesario que también lo asuman los hombres. Es preciso que las asociaciones que defienden los derechos de las minorías hagan suyo el proyecto. Olympe no es solamente una mujer feminista, es una humanista.

Fasséry Kamissoko.- ¿Qué queda de las luchas de Olympe de Gouges?

Olivier Blanc.- Las luchas de Olympe de Gouges no se han perdido, ya que su ejemplo se ha convertido en una referencia importante de la historia mundial del movimiento por la emancipación de las mujeres. Son innumerables los ayuntamientos franceses que decidieron poner el nombre de Olympe de Gouges a calles o edificios públicos. Yo mismo fui invitado por importantes universidades extranjeras, sobre todo de los EE UU y del Japón, para dar a conocer mis investigaciones sobre este personaje.

Lo importante es que Olympe de Gouges unió su lucha por los derechos de las mujeres con la lucha por la emancipación de los esclavos y de las esclavas de las colonias. Su trágica muerte, que sus verdugos nunca dejaron de vincular con su compromiso feminista (en el discurso a los republicanos de noviembre de 1793 del fiscal de la Comuna [de París, Anaxagoras] Chaumette) pone de relieve su compromiso e ilustra muy bien su antítesis profética acerca de la tribuna y el patíbulo: “La mujer tiene el derecho a subir al patíbulo. También debe tener el derecho a subir a la tribuna”, reclama en la Declaración de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadana, de 1791.

Fasséry Kamissoko.- Usted ha sido el primer investigador que ha publicado una biografía seria sobre Olympe de Gouges ¿Cómo surgió este preciso y conciso trabajo de recuperación de su memoria?

Olivier Blanc.- Nació de una sensibilidad, la mía, que se explica en función de mis orígenes y mi entorno. Nací bajo la influencia tanto católica como protestante, fui un gay asumido desde el final de mi adolescencia y estuve marcado por el espíritu libertario de 1968, que sirvió para quitar muchos complejos y destapar muchos velos tupidos entre los chicos y las chicas de mi generación. Esta generación audaz, cáustica e inconformista no podía hacer otra cosa que reivindicar a la bella Olympe, a la vez bromista, seria y modelo intelectual positivo, en un momento en el cual, de la mano de Sartre, los intelectuales abogaban por un compromiso directo.

Recuerdo haber escrito a Maryse Wolinski, recientemente fallecida, sobre un artículo a la vez tonificante y entusiasta que acababa de publicar sobre Olympe, allá por el año 1976 o 1977. Ya entonces me interesaba el personaje, no en vano los líderes de la Revolución me fascinaban desde bien temprano. El ambiente y la impresión de misterio y escándalo que rodean la vida de Olympe me animaron a dedicarle un libro. Recuerdo habérselo comentado a Marguerite Dumas, a quien conocía a través de mi amigo Jean Lagrolet, y también a Roland Barthes, amigo y vecino al que vi mucho en el momento de mi investigación. Ambos me animaron en ese proyecto.

Fasséry Kamissoko.- ¿Cómo definiría la obra literaria de Olympe de Gouges?

Olivier Blanc.- En un plano estrictamente literario, Olympe de Gouges era plenamente consciente de sus límites. Pero no olvidemos que fue ante todo una política valiente y transgresora, y que para ella la escritura era un instrumento precioso, un vector eficaz de comunicación. Es preciso señalar que casi fue la única mujer de la Revolución que firmó escritos políticos con su propio nombre. Salvo contadas excepciones, las mujeres no podían votar ni ser elegidas en las elecciones de diputados a los Estados Generales de 1789, y si buscaron hacerse oír fue a través de discursos y peticiones, artículos y panfletos. En este sentido, Olympe de Gouges fue la más prolija y mostró un notable sentido de la comunicación.

Adquirió una forma de notoriedad a través de su campaña de carteles de 1792 y 1793 (conservada en la Asamblea Nacional en la colección Portiez de l’ Oise): los contemporáneos hablaban de la «famosa» Olympe de Gouges y en el Tribunal revolucionario se le reprochó precisamente haber traspasado todos los límites convenientes y los asignados a las mujeres. «Olympe de Gouges, nacida con una imaginación exaltada, tomó su delirio por una inspiración de la naturaleza. Empezó diciendo tonterías y acabó adoptando el proyecto de los pérfidos que querían dividir Francia: quería ser estadista y parece que la ley ha castigado a esta conspiradora por haber olvidado las virtudes propias de su sexo«.

Traducido del francés para Rebelión por Alfredo Iglesias Diéguez y Beatriz Morales Bastos

29 de octubre de 2022

Lecturas impostergables: Las herramientas del amo nunca desmontan la casa del amo

Audre Lorde

Acepté participar en este congreso organizado por el Instituto de Humanidades de la Universidad de Nueva York hace un año. Convinimos en que mi función sería comentar las ponencias que tratarán sobre el papel de las diferencias en la vida de las mujeres estadounidenses: las diferencias de raza, de sexualidad, de clase y de edad. Cualquier debate feminista sobre cuestiones personales o políticas queda desvirtuado si no tiene en cuenta estas cuestiones.

En el ámbito académico se tiene la peculiar arrogancia de emprender debates sobre teoría feminista sin entrar a analizar nuestras numerosas diferencias y sin conceder espacio a las significativas aportaciones de las mujeres pobres, Negras, del tercer mundo y lesbianas. A pesar de todo, se me ha invitado a participar, en mi condición de feminista Negra y lesbiana, para comentar las ponencias de la única sesión de este congreso donde están representadas las feministas Negras y lesbianas. Es triste lo que esto nos dice sobre la visión del presente congreso, celebrado en un país donde el racismo, el sexismo y la homofobia son inseparables. Al leer el programa del congreso no cabe sino deducir que las mujeres lesbianas y Negras no tienen nada que decir sobre el existencialismo, sobre el erotismo, sobre la cultura de las mujeres y el silencio, sobre el estado actual de la teoría feminista o sobre la heterosexualidad y el poder. ¿Y qué significa en el aspecto personal y político que las dos únicas mujeres Negras que hemos tenido voz en el Congreso hayamos sido convocadas a última hora? ¿Qué significa que las herramientas del patriarcado racista se empleen para examinar los frutos de dicho patriarcado? Significa que la amplitud del cambio posible y permitido es escasísima.

La exclusión de toda consideración sobre la conciencia lesbiana y la conciencia de las mujeres del Tercer Mundo representa una grave carencia de este congreso y de las ponencias aquí presentadas. Así, por ejemplo, en una ponencia sobre las relaciones materiales entre las mujeres se ha expuesto un modelo dicotómico de educación que no tenía en cuenta en absoluto mis conocimientos en cuanto lesbiana Negra. En dicha ponencia no se analizaba la reciprocidad entre las mujeres, ni los sistemas de apoyo mutuo, ni la interdependencia que existe entre las lesbianas y entre las mujeres identificadas con mujeres. Y, sin embargo, sólo es en el ámbito del modelo patriarcal de educación donde sucede que las mujeres “que tratan de emanciparse pagan un precio tal vez demasiado alto por los resultados que obtienen”, como se afirma en la mencionada ponencia.

Para las mujeres la necesidad y el deseo de apoyarse mutuamente no son patológicos sino redentores, y hay que partir de este conocimiento para redescubrir nuestro auténtico poder. Esta conexión real es la que despierta miedos en el mundo patriarcal. Pues la maternidad es la única fuente de poder social a disposición de las mujeres en el marco de la estructura patriarcal.

La interdependencia entre las mujeres es el camino hacia la libertad que permite que el Yo sea, no para ser utilizado, sino para ser creativo. Ésta es la diferencia entre un ser pasivo y un ser activo.

Promover la mera tolerancia de las diferencias entre las mujeres es incurrir en el más burdo de los reformismos. Supone negar por completo la función creativa que las diferencias desempeñan en nuestras vidas. Las diferencias no deben contemplarse con simple tolerancia; por el contrario, deben verse como la reserva de polaridades necesarias para que salte la chispa de nuestra creatividad mediante un proceso dialéctico. Sólo así deja de resultar amenazadora la necesidad de la interdependencia. Sólo en el marco de la interdependencia de diversas fuerzas, reconocidas en un plano de igualdad, pueden generarse el poder de buscar nuevas formas de ser en el mundo y el valor y el apoyo necesarios para actuar en un territorio todavía por conquistar.

Es en la interdependencia de las diferencias recíprocas (no dominantes) donde reside la seguridad que nos permite descender al caos del conocimiento y regresar de él con visiones auténticas de nuestro futuro, así como con el poder concomitante para efectuar los cambios que harán realidad ese futuro. Las diferencias son la potente materia prima a partir de la cual forjamos nuestro poder personal.

A las mujeres se nos ha enseñado a hacer caso omiso de nuestras diferencias, o verlas como motivo de segregación y desconfianza en lugar de como potencialidades para el cambio. Sin una comunidad es imposible liberarse, como mucho se podrá establecer un armisticio frágil y temporal entre la persona y su opresión. Más la construcción de una comunidad no pasa por la supresión de nuestras diferencias, ni tampoco por el patético simulacro de que no existen tales diferencias.

Quienes nos mantenemos firmes fuera del círculo de lo que esta sociedad define como mujeres aceptables; quienes nos hemos forjado en el crisol de las diferencias, o, lo que es lo mismo, quienes somos pobres, quienes somos lesbianas, quienes somos Negras, quienes somos viejas, sabemos que la supervivencia no es una asignatura académica. La supervivencia es aprender a mantenerse firme en la soledad, contra la impopularidad y quizá los insultos, y aprender a hacer causa común con otras que también están fuera del sistema y, entre todas, definir y luchar por un mundo en el que todas podamos florecer. La supervivencia es aprender a asimilar nuestras diferencias y a convertirlas en potencialidades. Porque las herramientas del amo nunca desmontan la casa del amo. Quizá nos permitan obtener una victoria pasajera siguiendo sus reglas del juego, pero nunca nos valdrán para efectuar un auténtico cambio. Y esto sólo resulta amenazador para aquellas mujeres que siguen considerando que la casa del amo es su única fuente de apoyo.

Las mujeres pobres y las mujeres de Color saben que hay una diferencia entre las manifestaciones cotidianas de la esclavitud marital y la prostitución, porque son sus hijas las que pueblan las aceras de la Calle 42. Si la teoría feminista estadounidense no necesita explicar las diferencias que hay entre nosotras, ni de las resultantes diferencias en nuestra opresión, entonces ¿cómo explicáis el hecho de que las mujeres que os limpian la casa y cuidan a vuestros hijos mientras vosotras asistís a congresos sobre teoría feminista sean, en su mayoría, mujeres pobres y mujeres de Color? ¿Qué teoría respalda el feminismo racista?

En un mundo de posibilidades para todas, nuestras visiones personales contribuyen a poner los cimientos de la acción política. Al no reconocer las diferencias como una fuerza fundamental, las feministas académicas no consiguen superar la primera lección patriarcal. En nuestro mundo, divide y vencerás debe convertirse en definamos y cobremos fuerza.

¿Por qué no se ha buscado a otras mujeres de Color para que participaran en este congreso? ¿Por qué se ha considerado que se habían hecho suficientes consultas después de llamarme un par de veces por teléfono? ¿Soy acaso la única fuente posible de nombres de feministas Negras? Es cierto que las ponencias de las dos participantes Negras han generado una poderosa unión amorosa entre las mujeres, pero ¿dónde queda la cooperación interracial entre feministas que no se aman entre sí?

En los círculos feministas académicos, la respuesta que suele darse a estas preguntas es: “No sabíamos a quién recurrir”. Esa elusión de responsabilidades, ese lavarse las manos, es asimismo el motivo de que se excluya el arte de las mujeres Negras de las exposiciones de mujeres, la obra de las mujeres Negras de la mayoría de las publicaciones feministas, excepción hecha del ocasional “Número especial sobre las mujeres del Tercer Mundo” y los textos de mujeres Negras de las bibliografías. Tal como señaló Adrienne Rich en una charla reciente, si las feministas han mejorado tanto su educación en los últimos diez años, ¿cómo es posible que no hayáis mejorado asimismo vuestros conocimientos sobre las mujeres Negras y sobre las diferencias entre nosotras, blancas y Negras, cuando son un factor clave para la supervivencia de nuestro movimiento?

A las mujeres de hoy día todavía se nos pide que nos esforcemos en salvar el abismo de la ignorancia masculina y eduquemos a los hombres para que aprendan a reconocer nuestra existencia y nuestras necesidades. Todos los opresores se han valido siempre de esta arma básica: mantener ocupados a los oprimidos con las preocupaciones del amo. Ahora se nos dice que corresponde a las mujeres de Color educar a las mujeres blancas, afrontando su tremenda resistencia, y enseñarles a reconocer nuestra existencia, nuestras diferencias y nuestros respectivos papeles en la lucha conjunta por la supervivencia. Lo cual es una manera de desviar nuestras energías y una lamentable repetición del pensamiento racista patriarcal,

Simone de Beauvoir dijo en una ocasión: “Debemos extraer la fuerza para vivir y las razones para actuar del conocimiento de nuestras auténticas condiciones de vida”.

El racismo y la homofobia son condiciones reales de nuestra vida aquí y ahora. Insto a cada una de las mujeres aquí presentes a que se sumerja en ese lugar profundo de conocimiento que lleva dentro y palpe el terror y el odio a la diferencia que allí habitan. Y a que vea el rostro que tienen. Es la condición para que lo personal y lo político puedan comenzar a iluminar nuestras decisiones.

24 de septiembre de 2022

Explicativo: Objetivo de Desarrollo Sostenible 5

ONU Mujeres

En 2015, todos los Estados Miembros adoptaron la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible dado que reconocieron la naturaleza global de algunos desafíos, como la pobreza, la desigualdad y el cambio climático. Decidida a enfrentarse a estas cuestiones de lleno, la comunidad internacional definió una visión ambiciosa para el futuro.

La Agenda abarca tres pilares fundamentales: el crecimiento económico, la inclusión social y la protección medioambiental. Juntos, estos principios interconectados constituyen la base de los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), que conforman un plan de acción para mejorar en todos los ámbitos de la vida.

El género es un elemento transversal en todos los Objetivos de Desarrollo Sostenible porque integra la dimensión económica, social y medioambiental. Tiene su propio objetivo, el ODS 5 —con la ambición de lograr la igualdad de género y empoderar a todas las mujeres y las niñas— y se menciona explícitamente en diez de los otros objetivos.

Cada ODS contiene metas específicas que pueden medirse y supervisarse a lo largo del tiempo. Al igual que una lista de verificación mundial, estas metas nos permiten hacer un seguimiento de nuestros avances a medida que se acerca el plazo de 2030. ONU Mujeres y el Departamento de Asuntos Económicos y Sociales de las Naciones Unidas (UNDESA) hacen un balance anual de las nueve metas que comprenden el ODS 5 en nuestro informe acerca del panorama de género.

Obtenga más información respecto de estas nueve metas y descubra si falta poco o mucho para alcanzarlas en 2022.

Poner fin a la discriminación

Durante mucho tiempo la discriminación por razones de género ha relegado a las mujeres y a las niñas a una situación de subordinación con respecto a los hombres en el trabajo, la política y el hogar. Esa discriminación se perpetúa en algunos países en la legislación —las mujeres tienen prohibido por ley, por ejemplo, acceder a ciertas profesiones— mientras que en otros países se imponen barreras económicas, como la brecha salarial de género que evita que las mujeres vivan en plena igualdad. Poner fin a la discriminación por razones de género exigirá que se sanciones leyes y marcos que promuevan, hagan cumplir y controlen la igualdad de género en todos los ámbitos de la vida.

Es decir, es necesario asegurar la igualdad de acceso al empleo y a los beneficios económicos, que incluye no sólo leyes contra la discriminación en el lugar de trabajo, sino también sistemas en marcha para hacer frente a las violaciones. Significa tener leyes sobre violencia contra las mujeres; esto es, leyes que traten específicamente el acoso sexual, por ejemplo, o penalicen la violación dentro del matrimonio. Abarca la igualdad de derechos y protecciones al interior del matrimonio y la familia —como el derecho de solicitar el divorcio o ser reconocida como cabeza de familia— y los tribunales de familia que deben garantizar esos derechos. Por otro lado, incluye la igualdad en marcos jurídicos globales, como constituciones, y la igualdad para presentarse en elecciones y ocupar un cargo público.

Si bien se han alcanzado logros importantes en esta área, el avance de la reforma legal es demasiado lento. Al ritmo de cambio actual, el informe estima que nos faltan 21 años para alcanzar leyes universales que prohíban la violencia contra las mujeres y unos exorbitantes 286 años para alcanzar la igualdad de género en los marcos jurídicos.

Eliminar la violencia

La violencia contra las mujeres y las niñas, un problema generalizado ya antes de 2020, se agravó a raíz del brote de COVID-19. Muchas mujeres manifestaron que se sienten más inseguras desde el comienzo de la pandemia: unas siete de cada 10 mujeres (68 %) afirman que es mucho más común que sus parejas ejerzan agresión verbal o maltrato físico y una de cada cuatro mujeres menciona que los conflictos domésticos son más frecuentes.

Durante el último año, casi una de cada 10 mujeres de 15 años o más (9,9 %) ha experimentado violencia física o sexual a manos de una pareja, y esa cifra trepa al 12,5 % en el caso de mujeres de entre 15 y 49 años. En el mundo, en promedio una mujer o niña es asesinada por alguien de su propia familia cada 11 minutos.

En total, se calcula que 736 millones de mujeres han experimentado violencia física o sexual al menos una vez en la vida. Dadas las limitaciones para recabar datos, se estima que el problema es todavía peor.

Poner fin a las prácticas nocivas

Las prácticas como el matrimonio infantil y la mutilación genital femenina privan a las mujeres y las niñas de su autonomía, lo que refleja y consolida su situación de subordinación. El matrimonio no permite que las niñas disfruten de su infancia y las obliga a asumir las responsabilidades de mujeres adultas demasiado temprano. Limita su futuro y, por lo general, les impide terminar la escuela. También afecta su salud porque las expone a un riesgo más elevado de embarazos en la adolescencia y complicaciones asociadas, y a violencia contra mujeres y niñas en el ámbito privado. La mutilación genital femenina, procedimiento que se les suele practicar a niñas, también puede causar problemas de salud graves en el corto y largo plazo.

El matrimonio infantil sigue siendo una práctica generalizada que probablemente aumente durante la pandemia de COVID-19. Hasta 2021, alrededor de una de cada cinco mujeres (19,5 %) de entre 20 y 24 años contrajo matrimonio antes de cumplir los 18 años. Si bien se encuentra por debajo del valor registrado en 2001 de más de una de cada cuatro mujeres (25,8 %), sigue siendo una cifra alarmante. Para poner fin al matrimonio infantil en 2030, la tasa de variación debe multiplicarse por 17.

La pandemia amenaza con revertir el progreso alcanzado en materia de mutilación genital femenina, ya lento de por sí. Sin embargo, es alentador el hecho de que la oposición a esta práctica está cobrando impulso. En 2021, 4475 comunidades se comprometieron públicamente a erradicarla, lo que significa un aumento del 48 % respecto del año anterior.

Reconocer y valorar el trabajo no remunerado

El mantenimiento del hogar, que comprende desde cocinar y lavar hasta cuidar a las niñas, los niños y las personas mayores, implica una extensa lista de tareas y quehaceres diarios, trabajo no remunerado que suelen realizar las mujeres y las niñas. Este trabajo, si bien es fundamental para la vida cotidiana y la economía mundial, sigue siendo muy poco reconocido y valorado.

Antes de 2020, las mujeres dedicaban, en promedio, unas tres veces más tiempo al trabajo no remunerado que los hombres a nivel mundial. Luego, debido al confinamiento impuesto para combatir la pandemia de COVID-19, la carga de quehaceres y trabajo de cuidados creció de forma desmesurada. En 2020, el cierre de las escuelas y los preescolares generaron un aumento de 672.000 millones de horas destinadas al cuidado no remunerado de hijas e hijos, de las cuales 512.000 millones habrían sido asumidas por mujeres, suponiendo la misma división de las tareas domésticas. Los Gobiernos ofrecieron poco apoyo: el 60 % de los países y territorios no tomaron ninguna medida para aliviar esta carga.

Para aligerar la carga de trabajo no remunerado que llevan adelante las mujeres y niñas, deben cambiar dos realidades. Los roles tradicionales de género deben dar lugar a una redistribución de las tareas domésticas: los hombres y niños deben asumir su parte. Al mismo tiempo, los Gobiernos deben mejorar los servicios públicos y de protección social —como sistemas de cuidados más amplios y más licencias remuneradas por maternidad o paternidad— para reducir la carga de las personas.

Garantizar la plena participación en la vida pública

La representación igualitaria de las mujeres en puestos de liderazgo es importante; no sólo para lograr la igualdad de género, sino también para tomar decisiones firmes en política, el lugar de trabajo y en cualquier otra esfera de la vida pública. El liderazgo igualitario garantiza la presencia de diversas voces y perspectivas en foros de toma de decisiones, cuya necesidad tomó fuerza en los equipos de tareas para hacer frente al COVID-19, donde la generalizada falta de representación de las mujeres causó notables deficiencias en los planes de respuesta y recuperación.

Pero no se trata de una anomalía: la representación de las mujeres en los puestos de liderazgo de las esferas políticas y económicas está lejos de ser igualitaria. A nivel nacional, las mujeres ocupan apenas el 26,4 % de los escaños parlamentarios en todo el mundo y, en 23 países, menos del 10 % de los escaños. En el sector económico, hasta 2020 ocupaban el 28,3 % de los cargos gerenciales, lo que representa apenas una alza del 0,3 % en comparación con 2019.

Si la tasa de avance no se acelera, la paridad de género en los cuerpos parlamentarios nacionales llegará recién en 2062. En el lugar de trabajo, el panorama es aún peor: la paridad de género en los puestos gerenciales llegaría dentro de 140 años.

La contraparte la marca la política local: las mujeres ocupan poco más de un tercio de los escaños (34,3 %) en los cuerpos locales de toma de decisión. En este ámbito, la paridad es posible, pero dependerá de qué tan generalizada sea la aplicación de cuotas de género para cumplir con el plazo de 2030.

Garantizar el acceso a la salud y los derechos en materia sexual y reproductiva

Restringir la autonomía de las mujeres sobre sus propios cuerpos constituye una forma generalizada de control patriarcal infligida por gobiernos y familias por igual. El empoderamiento de las mujeres depende de la protección de sus derechos en materia de salud sexual y reproductiva, incluidos el acceso a la educación y al cuidado de la salud, y el derecho de tomar sus propias decisiones informadas sobre sus cuerpos.

Hasta 2022, 115 países cuentan con el 76 % de las leyes necesarias para garantizar el acceso al cuidado de la salud sexual y reproductiva, que incluye servicios de maternidad, aborto, anticoncepción, educación sexual, vacunación contra el HPV, y pruebas sanitarias, asesoramiento y tratamiento para el VIH.

Hasta 2021, apenas algo más de la mitad (57 %) de las mujeres de todo el mundo podían tomar sus propias decisiones informadas sobre sexo y reproducción. Es decir, eran libres para tomar decisiones sobre el cuidado de la salud y el uso de la anticoncepción, además de poder negarse a mantener relaciones sexuales con su cónyuge o pareja. El actual retroceso de los derechos de las mujeres amenaza con achicar aún más este número.

Garantizar el acceso igualitario a los recursos económicos

Controlar los recursos económicos es un factor fundamental que influye en el empoderamiento económico de las mujeres, dado que aporta más seguridad e independencia, y mejora el nivel de vida. En particular, poseer una parcela de tierra evita que las mujeres dependan de un hombre, ya sea este su pareja o familiar, y aumenta sus posibilidades de acceder a un crédito.

Garantizar los derechos sobre la tierra en pie de igualdad, incluidos los derechos de sucesión igualitarios y los derechos compartidos sobre la tierra en las parejas, es fundamental para cumplir con la Agenda 2030. Pero pese a la relativa representación igualitaria de las mujeres en la agricultura —componen cerca de la mitad de la fuerza laboral en la agricultura en los países en desarrollo—, sólo se garantiza el derecho igualitario sobre la tierra en cuatro de los 52 países que registraron estos datos entre 2019 y 2021.

Promover el empoderamiento de las mujeres mediante la tecnología

La tecnología desempeña un papel cada vez más fundamental en nuestras formas de aprender, trabajar y comunicarnos, y los teléfonos celulares dejaron de ser un objeto de lujo para convertirse en una necesidad para estar conectadas con el mundo. Pero para muchas de las mujeres de todo el mundo, la tecnología —así como el acceso y la independencia que confiere—, sigue siendo inalcanzable: según datos disponibles de 2017-2021, en 50 de 82 países, las mujeres tienen menos probabilidad de tener un teléfono celular en comparación con los hombres.

Establecer políticas y leyes sólidas

La igualdad de género no sucederá por sí sola. Necesitamos políticas y leyes en todos los niveles gubernamentales que promuevan el empoderamiento de las mujeres y niñas. En especial, como consecuencia de la COVID-19 —cuyos efectos socioeconómicos golpearon a las mujeres de manera desproporcionada con respecto a los hombres—, las políticas sensibles al género son esenciales para achicar las persistentes brechas de género.

Esta tarea requiere recursos específicos. Llevando el registro de las asignaciones presupuestarias —y haciéndolas públicas— para lograr la igualdad de género, los Gobiernos garantizan un financiamiento adecuado, además de mejorar la transparencia y la rendición de cuentas. Sin embargo, según los datos registrados entre 2018 y 2021, apenas el 26 % de los países cuentan con sistemas integrales que llevan registro de tales asignaciones; y el 15 %, ningún sistema.

Este es el momento de actuar

A lo largo de sus nueve metas, los últimos datos recogidos sobre el ODS 5 subrayan lo lejos que estamos de alcanzarlo. Si bien hubo avances en algunos temas, los recientes retrocesos en otras áreas —como los derechos reproductivos y el empoderamiento económico de las mujeres— han puesto la igualdad de género fuera de alcance.

Sin aumentos significativos en las inversiones y los compromisos, incluidos la disponibilidad y el uso de los datos de género, el ODS 5 no podrá cumplirse antes de 2030; es más, es probable que nunca pueda cumplirse. Este es el momento de unirnos como comunidad internacional y de exigir mejoras: mejoras en las leyes y protecciones, mejoras en el acceso a recursos y servicios, y mejoras en la financiación.

Las mujeres y niñas no pueden esperar más.