7 de junio de 2025

Perú: La izquierda como deserción

César Hildebrandt

"Hoy ni siquiera tiene un candidato digno de ser nombrado"

La derecha me parece inaceptable porque es encomendera, egoísta y vulgar. Pero empiezo a pensar que la izquierda peruana es definitivamente un desastre.

La derecha hizo este país deforme que no puede mandar a hacer bien un aeropuerto, pero, a estas alturas de mi vida, me pregunto: ¿qué es la izquierda?

El derecho a la utopía lo perdió hace ya tiempo esa izquierda que viene de Mariátegui y se dirige a ninguna parte. Eso se hizo pedazos cuando los herederos de Lenin y Stalin se autodisolvieron en una asamblea que nació en Moscú y cubrió la Europa oriental. Y esa escombrera aumentó de tamaño cuando la China de Mao se convirtió en la potencia capitalista que hoy aspira a suceder a los Estados Unidos en el campeonato hegemónico mundial.

Nada queda de esos sueños proletarios. Sólo hay despertares desilusionados y legañas. Una de esas legañas, salidas del ojo enfermo de Pol Pot, hijo del maoísmo en modo Marat, fue Abimael Guzmán. Y a estas alturas es bueno recordar que gran parte de la izquierda nacional se negó a condenar, con todo el énfasis que era necesario, el proyecto canalla de ese hombre que apenas podía escribir algo legible y se creía discípulo de Kant y sucesor de Marx.

No hay Mariátegui, no hay referentes, no hay ideas en la izquierda del Perú actual gobernado por el lumpen. Lo que hay es Cerrón y Bermejo y Antauro. Y en vez de Patria Roja, la Derrama. Y en lugar de Barrantes, Pedro Castillo, que iba a ser Túpac Amaru III y terminó siendo el Chapulín Colorado del pasaje Sarratea.

La derecha desprecia al Perú y esa tara es hereditaria. Les viene de lejos y los acompañará siempre. Pero la izquierda ama sus propias ruinas y hace muy poco por reconstruirse. Aspira al Congreso, a la figuración en los medios de prensa y, cada vez en más casos, a la complicidad con el crimen. Ahí están sus votaciones, haciendo de furgón de cola del fujimorismo y colaborando con el régimen más abyecto que el desorden del Perú hubo de engendrar.

Hoy la izquierda late, felizmente, en algunas ONG, en el ambientalismo, en sectores del arte y la universidad. Sobrevive a duras penas en esos ámbitos porque todavía hay gente dispuesta a dar la contra y enfrentar el tsunami de procacidad conservadora que nos arrasa. Pero la izquierda política ha desaparecido justo en el momento histórico en que hay cientos de motivos para protestar.

Los precios de lo que vendemos suben, las cifras macro se citan con entusiasmo, pero la pobreza urbana no cede y la miseria rural se estanca. Y allí están la anemia infantil, el incremento de la desigualdad, las exoneraciones tributarias para los privilegiados de siempre, los robos en el gasto público, la ilegitimidad del gobierno congresal copado por quienes perdieron las elecciones del 2021.

¿Y dónde está la izquierda institucional ante todo esto? Es un fantasma, una orfandad, una declarada inexistencia. Se disfraza de aquel loco que quiere fusilar a su hermano o aparenta venir de La Habana pero con los modales carcelarios de Batista.

Y pensar que esa izquierda llegó a ser casi un tercio de los votos del Perú. Hoy ni siquiera tiene un candidato digno de ser nombrado.

¿Qué pasó? Pregúntenles a los rusos y a los chinos. Sáquenle una respuesta a la tumba doblemente maldita de Ceaucescu. El fracaso mundial del experimento comunista explica la implosión de la izquierda nacional, pero no justifica su actual deserción.

En todos estos años de duelo debió surgir una generación que, admitiendo la derrota paterna, interpretara los nuevos retos e iniciara el rearme programático.

La izquierda no puede reducirse a las batallas distractivas que el enemigo le impone. La lucha por un mundo distinto no tiene que limitarse a las discusiones woke y a las reivindicaciones de las minorías sexuales. El mundo actual es la pesadilla depravada de un psicópata. Allí están Gaza, la Europa decadente, el trumpismo fenicio para demostrarlo. Mientras tanto, los mares padecen de continentes móviles de plástico, el calentamiento global muestra las garras, los ricos no saben qué hacer con las cifras colosales que se embolsican y diversos neofascismos erizan las fronteras que quieren cruzar los pobres diablos de siempre pero esta vez en mancha. La historia, como siempre, la hacen los asesinos y la escriben los cómplices.

¿No hay motivos para inscribirse en alguna rebeldía y mandar al demonio a quienes nos dicen que la tecnología terminará por deslumbrarnos? Claro que los hay y por montones. Pero la izquierda en el Perú ha dejado de existir.

Fuente: Hildebrandt en sus trece, Ed 736 año 16, del 06/06/2025

https://www.hildebrandtensustrece.com/

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