Ronald GamarraLa reserva arqueológica de las Líneas de Nasca, patrimonio invalorable del Perú y de la humanidad, ha sido alevosamente agredida por un decreto del gobierno de Dina Boluarte, con el apoyo de la Comisión de Cultura del Congreso, emitido a través del Ministerio de Cultura, que parece servir desde hace algún tiempo para consumar toda clase de atropellos y crímenes contra la cultura. La bárbara señora que dice gobernar ha decidido reducir el área de una de las reservas arqueológicas más interesantes y atractivas del mundo, tanto por su valor científico como artístico, de un total de 5,600 a 3,200 kilómetros cuadrados. Una mutilación brutal, que comprime la reserva a poco más de la mitad de su extensión original, el 57% de lo que era.
Han consumado este atentado de lesa cultura sin consultar a nadie, a ningún organismo especializado nacional o internacional, y mucho menos aún a la opinión pública. El decreto nos sorprende a todos y nos parte como un rayo salido de la nada. Es una nueva arbitrariedad de esas a las que nos tiene acostumbrados este gobierno del pacto corrupto y ramplón, que no respeta ya nada, ni siquiera los valores y símbolos más prestigiosos con los que se identifica la nación. Vaya uno a saber quiénes y por qué han gestionado esta amputación de la reserva arqueológica de las Líneas de Nasca. Ya hay hipótesis al respecto, pero sin duda lo sabremos pronto. Esto no puede quedar tal cual.
El ministro de Cultura ha declarado que esta decisión ha sido tomada luego de “sesudos” estudios realizados por más de 20 años. Sesudos, ese es el término usado literalmente por el ministro. ¿Quiénes serán los portadores de esos sesos? Un misterio del carajo. En verdad, aquí no se necesita estudios “sesudos”, sino opinión técnica sustentada y perita, muy especialmente la de aquellos arqueólogos que han tenido experiencia directa con la reserva arqueológica. Pero no nos dicen quiénes son esos “sesudos” profesionales que han decidido tajarle a la reserva la mitad de su área, ni nos presentan sus “sesudos” estudios. Dice también el ministro que solo están “sincerando” los datos, la información, y por eso han llegado a la conclusión de que hay que reducir la reserva a la mitad. Por lo demás, ¿alguien sabía que desde hace más de 20 años estaba en estudio la merma radical del área de la reserva arqueológica?
En el colmo del atrevimiento, el ministro de Cultura afirma muy suelto de huesos que la disposición del gobierno no afecta el estatus de la reserva como patrimonio cultural de la humanidad y que su valor permanece intacto, así como su “integridad”. ¿Dijo integridad? ¿Cómo puede tener el cuajo de decir eso, después de tan feroz mochada a la reserva arqueológica? El gobierno peruano no puede hacer lo que le venga en gana con el monumento de las Líneas de Nasca y el gran complejo de testimonios arqueológicos conexos, como los imponentes geoglifos hallados en Palpa y otras zonas cercanas, porque ya no solo son patrimonio cultural intangible de nuestro país sino patrimonio de toda la humanidad. ¿Han consultado con especialistas de la UNESCO y otras agencias especializadas de la ONU para proceder a dictar el decreto que están perpetrando?
El ministro de Cultura es el señor Fabricio Valencia Gibaja. ¿Quién será este anónimo? ¿Qué antecedentes de relieve tiene en el campo de la cultura? Según se sabe, el señor es abogado. Por ahí cuenta con un postgrado en patrimonio cultural de la universidad Ricardo Palma y otro en turismo sostenible obtenido en una universidad ignota, la universidad Tres de Febrero, de Argentina, universidad pública de reciente creación, apenas en 1995, donde la mitad de los estudiantes sigue los cursos de manera virtual, por internet. Eso es todo. ¿Ha dirigido algún museo? ¿Ha organizado alguna iniciativa cultural significativa? ¿Ha escrito algún libro o siquiera un folleto sobre política cultural? Nada de nada. Su currículum solo alcanza para ocupar algún puesto secundario, tal vez de chupe en la asesoría jurídica del Ministerio de Cultura, no para ser el ministro. Está en el gabinete, como es obvio para él y todos los demás, porque es incondicional de Boluarte y los mandones de turno.
El cercenamiento de la reserva arqueológica se debe al propósito del gobierno de favorecer o de ceder ante los intereses de la minería informal e ilegal, permitiéndole así incursionar en un espacio vedado. No es de extrañar que tal fuera el verdadero propósito que se esconde tras una medida tan insólita como sorpresiva. Conocido es por todos que una y otra cuentan con una influencia creciente en las más altas esferas del poder. En todo caso, el propio ministro de Cultura ha declarado que el área que ahora queda libre queda a disposición de cualquier otra actividad. Y ha aceptado que los mineros informales e ilegales ya hacen actividades en lo que era el área completa del complejo arqueológico.
La reserva de las Líneas de Nasca ha sufrido un enorme maltrato a lo largo de varias décadas. Lo que el Estado y el sector privado le han hecho ha sido casi siempre en perjuicio de ella. Por ejemplo, trazar la carretera precisamente por el medio de varias de las figuras más emblemáticas de la reserva, cortándolas sin miramiento alguno con concreto y asfalto. O permitiendo que se celebren eventos como la versión latinoamericana de la carrera de vehículos París-Dakar, que arrasaron no solo con zonas de reconocido potencial arqueológico, sino ricas en material de sumo interés para la paleontología. Hay muchos estudios pendientes que ni siquiera se han comenzado en la reserva y que debemos preservar para las generaciones futuras, como lo hizo la pionera María Reiche, a quien debemos la salvación de esa riqueza cultural.
Fuente: Hildebrandt en sus trece, Ed 736 año 16, del 06/06/2025
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