7 de junio de 2025

Perú: ¿Por qué a los ricos les fascina la cultura de los pobres?

Americo Mendoza Mori

La bolsa de mercado convertida en “alta moda” y otras perlas

Hace unos años, el restaurante de un sofisticado distrito limeño, San Isidro, anunció con bombos y platillos que por “primera vez en el Perú” ofrecía jerky, es decir, carne deshidratada y aderezada. Por un momento creí que se trataba de una broma, ya que si hay algún lugar en este planeta capaz de hablar con autoridad sobre el origen de este tipo de comida, es nuestra región. Jerky, palabra en inglés, viene del vocablo quechua charq’i, comida ancestral de los Andes. ¿Cómo así aquel restaurante, supuestamente cosmopolita y “de mundo”, ignoraba algo tan básico de nuestro legado gastronómico? Una de las posibles razones es la facilidad con la que hemos aprendido a separar los productos culturales (comida, música, textiles, espiritualidades, etc.) de sus contextos de origen y, por tanto, a verlos únicamente como commodities.

Pero el caso del jerky no es único en este proceso de desconexión. En Perú hubo eco mediático este año (2025) porque una diseñadora de alta moda copió el diseño de artistas shipibo-konibo, aparentemente, sin una compensación adecuada. Y estos días se volvió viral el anuncio de un producto que la artista limeña Meche Correa vende por internet: una bolsa idéntica a la de rafia que se usa cada día en los mercados de Perú para cargar víveres y que cuesta apenas diez soles (tres dólares). Lo llamativo es que el producto de Correa se ofrece por 157 dólares, y algunos modelos ya agotaron su stock.

Detrás de estos episodios no solo hay desprecio o desconocimiento, como suele denunciarse; existe también una fascinación casi inconfesable de las élites por aquello que proviene de las clases populares o de comunidades empobrecidas. Esta fascinación se traduce en un consumo voraz de estilos, diseño, música y hasta espiritualidades que alguna vez fueron tachados de «inferiores» o «atrasados». ¿Por qué ocurre esto? ¿Por qué las élites, incluso cuando intentan justificar el “aprecio” o la “revalorización” de estas manifestaciones, dependen cíclicamente de la creatividad de quienes históricamente han sido relegados?

Pierre Bourdieu, sociólogo francés, ofrece una pista clave a través del concepto de “capital cultural”. Para Bourdieu, las clases dominantes buscan distinguirse mediante la posesión, consumo y ostentación de ciertos bienes culturales, lenguajes y estilos de vida “legítimos” socialmente valorados. Sin embargo, esta búsqueda de sofisticación lleva a una peligrosa tendencia a la estandarización: cuanto mayor es el refinamiento, mayor la presión por adecuarse a códigos y patrones aceptados (lo “correcto”, lo “elegante”, lo “chic”). El precio de esa homogeneidad es el agotamiento creativo; donde reina el conformismo, las fuentes de innovación tienden a secarse.

Paradójicamente, es en los márgenes donde la creatividad más florece. Allí donde las condiciones materiales son precarias, la imaginación y la resiliencia se transforman en arte, música, comida o vestimenta. Esto no es idealizar la pobreza, sino reconocer que donde faltan recursos, sobran ingenio y audacia. La cultura popular o marginal, lejos de estar fosilizada en la “tradición”, está en constante reinvención y mezcla: el trap, el hip-hop, la comida fusión de barrio, la moda callejera: todo surge de contextos donde la invención no es una opción, sino una necesidad. Precisamente, hablando de géneros musicales, hace unos semestres ofrecí en Harvard una clase sobre cultura popular latina y contamos con la visita de Katelina Eccleston, reconocida historiadora del reguetón y columnista de Rolling Stone. Ella explicaba cómo los íconos de este género monitorean constantemente lo que ocurre en los barrios periféricos de Puerto Rico, Panamá y República Dominicana para después adoptar esas estéticas. Nos mostró, por ejemplo, el caso de una joven afrodominicana cuya estética era seguida en redes por la producción de la artista española Rosalía, quien en los últimos años comenzó a cantar reguetón y música latina. Visualmente se apreciaban similitudes notables, resultado de un aprendizaje de Rosalía sobre lo considerado popular.

No es accidental, entonces, que las élites busquen refrescar su propio repertorio acudiendo a estas fuentes, probablemente percibidas como más “auténticas”. El resultado es tan contradictorio como previsible: lo que ayer se consideraba símbolo de atraso hoy es sinónimo de vanguardia, aunque distanciado de sus orígenes.

Este proceso no solo invisibiliza a los creadores originales, sino que borra las marcas de desigualdad de las que la élite se nutre. Rara vez se empodera la cultura y a sus creadores: el charq’i se convierte en “jerky gourmet”, la bolsa del mercado en “bags de diseño” y los bordados shipibo-konibo en tendencia global, pero sin reconocimiento ni beneficio adecuado para quienes los crearon. Como anota Bourdieu, el capital cultural no es neutro: reproduce, invisibiliza y hasta legitima la desigualdad.

Esto lleva a una pregunta ética y política indispensable: ¿es realmente “innovador” apropiarse del capital simbólico de los márgenes sin reparar en los contextos de origen y sin redistribuir los beneficios? La cultura solo se democratiza cuando se reparte el crédito, el beneficio y la palabra. Y en eso hay una oportunidad: la cultura, como indica el investigador George Yúdice, puede ser un recurso de empoderamiento.

La próxima vez que vea una bolsa de mercado en la vitrina de una tienda de lujo, quizás no baste con indignarse por el precio. En un momento en que las narrativas sobre diversidad y equidad suelen verse con desconfianza o como “favores” a las minorías, conviene recordar que la diversidad es más bien garantía de innovación y vitalidad en el arte, la educación y los espacios laborales. Reconocer esto, y actuar en consecuencia, es el primer paso para que la cultura deje de ser un mero objeto para la apropiación y se convierta, por fin, en puente de encuentro, reconocimiento y justicia.

https://jugo.pe/por-que-a-los-ricos-les-fascina-la-cultura-de-los-pobres/

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