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25 de febrero de 2020

“Me han calificado de ultrona, caviar, terruca. Eso antes me conmocionaba”

Verónika Mendoza   (Entrevista de Emilio Camacho)

“Ahora me van a trolear, van a decir que estoy en el set de Pataclaun. Lo que no saben es que yo quise ser claun”, dice Verónika Mendoza, este jueves caluroso, mientras posa dándole la espalda a un graffiti del cerro San Cristóbal que le da color a uno de los ambientes de la vieja casona de la Plaza Bolognesi que alberga al Nuevo Perú, el proyecto político de la excandidata. Avanza a paso lento, con una leve cojera. “Me he sacado el ancho”, dice. Y una colaboradora cuenta que tiene una luxación, pero que, empeñosa y workohólica, no hace caso cuando le sugieren que vaya al médico a verse eso. En verdad hay mucho trabajo en el Nuevo Perú. Hasta las paredes hablan del proceso de inscripción de afiliados que los convertirá en un partido político ante la ley. ¿Y su política de alianzas? Verónika Mendoza dice que sigue vigente, aunque reconoce que eso de ponerse de acuerdo en la izquierda, es labor de romanos.

Siempre he tenido curiosidad por saber por qué su madre no le comentó que fue una activista de mayo del 68 en París, que incluso acogió a algunos chilenos que escapaban del régimen de Augusto Pinochet, ¿por qué mantuvo eso en secreto?

Así es, ambos en realidad. Mi mamá y mi papá fueron militantes de izquierda pero no me compartieron sus aventuras y tradiciones entiendo que por cuidarme, porque quedaron bastante decepcionados de la política.

¿De la izquierda?

De la política en general. Recuerdo que mi padre solía decirme: “Vero, harás lo que quieras pero no me digas que quieres hacer política, porque la política es muy ingrata y está llena de traiciones”.

¿Diría que su primer acercamiento real a grupos de izquierda fue cuando acudía a las asambleas del partido comunista francés?

A ver, antes de eso, en los últimos años de colegio o en la universidad, tenía lo que podríamos llamar una inquietud social, una preocupación por hacer algo por mi región, pero no encontraba los espacios para canalizar esta preocupación. Yo entré a la Universidad Nacional del Cusco el año 96, y lamentablemente, como efecto de la dictadura fujimorista, no encontré espacios políticos que acogieran mi inquietud y me formaran. Estuve a la deriva durante algunos años, participando en colectivos juveniles, y, efectivamente, fue ya en Francia que vi la vocación ciudadana de organizarse y movilizarse…

De hecho, usted ha marchado contra la guerra en Irak.

Contra la guerra en Irak, en fin, contra diversas cosas, porque los franceses suelen marchar para defender sus derechos a cada rato. Y fue una de las cosas que me animó a participar activamente en política y luego entré a militar a una organización política nacional, en el Partido Nacionalista.

Vamos allí, ¿qué cosa tan fascinante le vio al Partido Nacionalista? ¿Por qué decidió acompañar en esta aventura a Ollanta Humala? Una aventura que además fue breve.

Sí y no. Yo me interesé por el Partido Nacionalista el 2004 o 2005. Y estuve en el partido hasta el 2012. Fueron varios años. Pero dentro del periodo de gobierno mi paso por la bancada nacionalista sí fue muy breve. Antes del primer año de gobierno renuncié por el conflicto social que estalló en Espinar y acabó con la vida de tres personas inocentes. Casos que dicho sea de paso hasta hoy están en la absoluta impunidad.

Es interesante ese año que usted pasa en la bancada nacionalista, la bancada de Gana Perú, porque allí tiene que convivir con la izquierda que también se había plegado al nacionalismo, ¿cómo fue esa convivencia? ¿Hubo algunos roces o fue un proceso de crecimiento y aprendizaje?

En el caso mío, personal, sí, fue de crecimiento. De hecho, una de las figuras que me acompañó, que fue una suerte de maestro, sin proponérselo y sin que yo lo buscara, fue Javier Diez Canseco. Y supongo que fue a partir de allí que fui entendiendo que era un proyecto de izquierdas, más allá de los estigmas que se pueden asociar a esto, el que me convocaba.

Le preguntaba por la convivencia porque estaba leyendo el último libro del historiador José Luis Renique, Incendiar la pradera, y él le pregunta por lo mismo y usted responde: “Como yo estaba, entre comillas, del lado de los nacionalistas, de alguna manera me impregné del prejuicio hacia esa izquierda a la que le reconocíamos su lucha, su coraje, los derechos ganados, pero que al mismo tiempo sentíamos cargada de ciertos aires de superioridad moral e intelectual”. ¿Por qué existía este prejuicio?

No corresponde esta descripción tanto a lo que percibía estando en la bancada de Gana Perú sino a la etapa anterior.

¿A la etapa electoral?

Claro. A la etapa de constitución del frente.

¿Por qué sentía eso?

Porque era lo que se solía comentar en los espacios juveniles del Partido Nacionalista, en los que yo estaba, lo que percibíamos de algunos de los exponentes de la izquierda tradicional.

¿Me puede decir algunos nombres? ¿De quiénes percibía eso?

Bueno, en general, prefiero no personalizarlo. Habían algunas actitudes, o en todo caso eso era parte de mi prejuicio, que me hacía percibirlos como gente que tenía cierta actitud de superioridad moral e intelectual, lo que explica en parte la distancia que han tenido en su momento las organizaciones políticas de izquierda de la gente. Y creo que eso no es exclusivo de los políticos de izquierda, sino en general de los políticos. Sienten que tienen las soluciones para los problemas de la gente, cuando ni siquiera conocen bien esos problemas.

¿También había un tema de clase que distanciaba a la izquierda de ese momento con los nacionalistas?

En los ámbitos en los que yo me movía eso sí era claramente visible.

¿Cómo se expresaba eso?

La militancia nacionalista era más de extracción popular, más chola, más serrana, y los referentes de izquierda que veíamos eran más bien…

¿Limeños?

Sí, se podría decir, o de clases medias o más acomodadas. Digamos, no podría generalizarlo, pero era la percepción que teníamos varios jóvenes del partido nacionalista, era un momento en el que yo tenía 24 años, era la percepción que teníamos.

¿Y ese prejuicio ya se ha roto o permanece?

Insisto, creo que es algo general en las organizaciones políticas, no es exclusivo de la izquierda, hay una tendencia, un riesgo de elevarse en una suerte de pedestal de superioridad moral e intelectual y pontificar ante la gente sobre lo que es bueno y es malo. Y descalificar al otro en lugar de comprenderlo primero.

Si siente que hay ciertos aires de superioridad moral e intelectual en la izquierda, y que además tiene un marcado sesgo clasista, y que a veces sus exponentes tienen una carga nostálgica muy fuerte por el pasado, varias veces lo ha dicho, ¿por qué insiste en aliarse con la izquierda?

Primero, porque yo me siento de izquierdas, mi corazón late a la izquierda. Nuestro proyecto político tiene que ver con la demanda de un Estado más fuerte, eficiente, que recupere su capacidad reguladora, que garantice educación, salud y vivienda como derechos, y que al mismo tiempo -creo que es un aporte de mi generación- incorpore nuevas agendas, hoy ineludibles, como los derechos de la mujer o la comunidad LGTBI, que, en un momento, en la política, incluida la izquierda, eran consideradas secundarias o irrelevantes. Este es el espacio en el que toca construir y es un espacio que está lleno también de contradicciones, prejuicios, de conflictos, como todo espacio en la sociedad. Es la realidad.

De acuerdo, ustedes tienen un afán de renovación en la izquierda y sin embargo van de la mano con gente que ya tuvo su oportunidad. El señor Yehude Simon no es nuevo en la política, tampoco el señor Salomón Lerner, que está con él, y Patria Roja menos.

Creo que ningún proyecto político puede pretender nacer sobre tabula rasa. Uno hace política en la realidad, sobre las bases existentes, no en un mundo ideal. Yo quisiera empezar de cero, pero eso no existe. Y creo que agrupaciones o colectivos de izquierda, con los que puedo tener diferencias, también han aportado en abrir caminos y en ganar derechos.

¿Diría que usted es una persona que tiene mucho sentido del humor?

Depende. Tengo mis momentos de seriedad y de buen humor. Pero soy tímida y por eso suelo ser reservada con gente nueva.

Le preguntaba esto porque estaba recordando su discurso del 26 de enero del año pasado, en Huancayo, cuando se reunió con el señor Vladimir Cerrón y Goyo Santos, usted comentaba allí, con cierta ironía, las puyas que se lanzan entre grupos de izquierda. Decía “algunos son los caviares, otros son los ultrones”. ¿Siempre son así de divertidas las reuniones de los grupos de izquierda?

Suelen ser como todo en la política, sobrias, tensas, protocolares. Y, sí, a mí me gusta romper un poquito esos espacios acartonados.

¿Quiénes son los ultrones?

Se suele decir, ¿no?

No lo sabía, quiénes son.


En ese momento yo hacía referencia a los militantes de Más Democracia, de Perú Libre, a los que se suele calificar de ultrones. Es más, a mí misma me han calificado de ultrona, también de caviar, rojete, terruca. En fin, he recogido todos los calificativos que se suelen usar en la política, en la izquierda en particular. Y, bueno, debo admitir que esos calificativos antes me conmocionaban.

¿Ya no le afectan tanto?

He entendido que no aluden a mí, sino a nuestro proyecto político.

¿Revisa con frecuencia el Twitter?

Sí, trato de mantenerme al tanto de los debates que hay en esa esfera.

¿Su cuenta de Twitter la maneja usted?

Sí, sí.

Hace poco veía la cuenta de twitter del señor Vladimir Cerrón. El 14 de febrero, el día de la amistad, tuiteó esto: “¿Perú Libre sin Vladimir Cerrón? Vaya infantilismo. Sería como el Apra sin Haya, la Revolución Ciudadana sin Correa, o la Revolución del Siglo XXI sin Chávez”.

¿Él mismo dice eso? ¿De sí mismo?

Sí, tiene un alto concepto de sí mismo. Lo que quiero preguntarle es, ante esto, ¿todavía cree que el señor Cerrón se hubiera mantenido al margen de la alianza que firmaron con su partido?

En su momento así lo acordamos y así lo hicimos respetar. Y esas fueron las condiciones bajo las cuales decidimos avanzar en un acuerdo político en el que se ponía por delante la propuesta programática de cambio y condiciones que implicaban que nadie involucrado en un proceso por corrupción pudiera participar.

Y eso le duró bien poquito al señor Cerrón, ¿no? Poco después de que las autoridades electorales dijeran que no iba la alianza, se puso a la cabeza de su movimiento.

A ver, lo que nosotros planteamos fue en el marco de una alianza que no se implementó. Lo que haya hecho Perú Libre en el marco de la carrera electoral no nos compete.

Cuando acordaron esta alianza con Perú Libre insistieron en que el señor Cerrón pidiera una licencia a su partido, ¿por qué? ¿Por sus procesos por corrupción o por sus expresiones misóginas y xenófobas?

Principalmente por los procesos de corrupción que tenía pendientes. En general nuestra posición ha sido que quien tenga pendientes con la justicia, debe asumirlos de manera personal, apartándose de estos procesos de unidad, precisamente para no mancharlos. Ahora, los debates que tienen que ver con el machismo, que lamentablemente está arraigado en nuestra sociedad y no es ajeno a ninguna agrupación política…

¿Hay machismo en el Nuevo Perú?

En todo lado. En toda la sociedad. En todas las familias. Perdóneme, quien me diga que no conoce un machista en su familia, en su ámbito de trabajo o en su agrupación política, que levante la mano para felicitarlo.

Voy a volver al tema de la alianza con Perú Libre. Efectivamente consiguieron que el señor Cerrón pidiera licencia, pero en Perú Libre no es el único personaje que tuvo expresiones xenófobas. Estoy pensando en el exalcalde de Huancayo, también de Perú Libre, que pidió una ciudad libre de venezolanos. A él no se le pidió una licencia…

Son expresiones que repudiamos…

El hermano del señor Cerrón, que estuvo en campaña hasta hace poco, también tuvo expresiones ultraconservadoras contra el movimiento LGTBI. A él tampoco se le pidió licencia.

A ver, yo no escuché las expresiones del señor que usted menciona. Me las comentaron ya en la campaña, fuera del marco de nuestra alianza. Insisto, seguiremos, en el marco de las alianzas que construyamos, expresando nuestro rechazo, para ir avanzando en superar el machismo, el racismo, la xenofobia o el conservadurismo.

De acuerdo. Estos dichos se dieron fuera de la alianza. Pero estaban allí. ¿No siente que arriesgaron mucho al ir con estas personas? No sabían en qué momento iban a surgir estas expresiones.

Insisto, en el marco del acuerdo político al que arribamos sí se discutieron estos temas, en los diversos encuentros que tuvimos, y así seguirán planteándose en adelante. Y sí, quizá corramos algunos riesgos, pero, mire, cuando es el futuro del país el que está en juego, cuando el Estado hace agua y permite que jóvenes mueran por la precariedad laboral como en el caso McDonald’s o Las Malvinas, creo que sí vale la pena correr riesgos. Correremos riesgos, y quizá nos manchemos, quizá dejemos de caerle bien a algunas personas. Son riesgos que creo que hay que correr cuando hay un objetivo político mayor por delante.

Hablemos de los resultados electorales. Nuevo Perú sacó resultados complicados. En regiones como Cusco alcanzaron el 4% de los votos. En Arequipa el 2% y en Moquegua el 1%. ¿Esto es un simple escollo o una derrota catastrófica?

Nosotros, como Nuevo Perú, efectivamente decidimos participar en las elecciones del 26 de enero como parte de una plataforma más amplia que se llamó Juntos por el Perú, con otras fuerzas políticas, porque nos parecía imprescindible asumir nuestra responsabilidad luego de haber sido actores decididos, en las calles y el Parlamento, para exigir el cierre del Congreso. Y lo hicimos conscientes de que teníamos casi todo en contra, y que iba a ser cuesta arriba, porque era un proceso electoral corto, y teníamos un logotipo y un nombre muy poco conocido.

Lo que quiero saber es si se han preguntado internamente por qué las regiones que la apoyaron en el 2016 les dieron la espalda en esta elección.

Por supuesto, tenemos un balance y un aprendizaje de ese proceso electoral. Nuestra autocrítica es que no logramos transmitir adecuadamente y oportunamente nuestro mensaje a todos los rincones del país.

¿Se han preguntado por qué sus antiguos electores prefieren votar por el UPP de Antauro Humala?

Creo que esas votaciones expresan un hartazgo, por un lado, y también una demanda muy sentida de la gente por orden.

¿Y por qué ustedes ya no canalizan ese hartazgo? ¿Por qué la gente ya no mira a su opción?

Como comenté hace un momento, creo que no logramos llegar con nuestro mensaje donde queríamos llegar, a todos los rincones del país, y por eso debemos redoblar esfuerzos en ello.

¿Me está diciendo que Antauro Humala y su gente sí han podido llegar con su mensaje a este grupo de personas y ustedes no?

Bueno, por eso el resultado electoral. En parte se explica por eso. Efectivamente, nuestro desafío ahora es redoblar esfuerzos para tener mayor presencia en esos territorios.

Proponen ideas audaces como la Asamblea Constituyente para redactar una nueva Constitución, ¿cómo se consigue eso con cero congresistas?

Mire, nosotros siempre hemos dicho y me ratifico en ello que un nuevo pacto constituyente, porque de eso se trata esto, no va a emanar de algunos congresistas reunidos en un hemiciclo o de un estudio de constitucionalistas, va a emanar principalmente del pueblo, de la gente, de sus demandas y necesidades…

Del pueblo representado en el Parlamento…

Es un nuevo acuerdo entre peruanas y peruanos que ojalá se pueda consagrar el 2021, año que vamos a conmemorar nuestra independencia como país, y para eso vamos a trabajar arduamente, promoviendo el diálogo y el debate, probablemente también con algunas fuerzas políticas que están en el Parlamento y han manifestado su interés y su disposición por discutir este tema.

¿Le molesta que le pregunten frecuentemente por Nicolás Maduro?

No, a estas alturas, me lo han preguntado tantas veces, qué le puedo decir.

No le voy a preguntar por él. Le voy a preguntar por Lula Da Silva, ¿por qué la izquierda regional insiste en verlo como un tótem sagrado cuando todavía faltan definirse sus responsabilidades legales en torno de Odebrecht, cuando se sabe que recibía regalos como Alan García, una película, un libro sobre su madre, y además él sugería hacer obras de Odebrecht en algunas zonas de la región -se dice- con interés ideológico?

A ver, yo no adulo a ningún tótem sagrado.

Estuvo en la reunión del Grupo de Puebla en la que hubo una celebración pequeña cuando él salió libre.

Sí. A ver, yo creo que todos, de izquierda y derechas, y también el pueblo brasileño reconoce que, en los sucesivos gobiernos de Lula, miles de familias salieron de la pobreza y obtuvieron salud y educación que antes les era negada. Y entiendo que ese es un legado imborrable, más allá de que va a seguir respondiendo ante la justicia. Y esa es mi posición y la posición institucional del Nuevo Perú.

¿Usted celebró que saliera de prisión?

Tuve sentimientos encontrados, por lo que acabo de mencionar.

18 de febrero de 2019

El Perú que queremos

Verónika Mendoza

En las últimas semanas hemos podido leer una inusual profusión de reflexiones sobre la propuesta del Nuevo Perú, organización de cuya construcción participo junto a miles de peruanas y peruanos con convicción y esperanza desde hace poco más de un año. Se ha alegado que queremos “gobernar como en Venezuela”, se ha especulado que buscamos la “destrucción de las instituciones” y la “estatización de los medios de producción”, entre otros despropósitos que, sin embargo, nos permiten abrir un dialogo necesario. Quiero referirme ahora, con espíritu democrático, a algunos de los temas planteados.

Necesitamos construir una democracia plena que vaya mucho más allá de una votación cada 4 o 5 años. No podemos, en nombre de una malentendida “estabilidad” sostener cínicamente las actuales reglas de juego que generan corrupción y desigualdad, que permiten que mafias y lobbies secuestren nuestras instituciones para poder hacer sus negociazos con impunidad, que convierten todo en mercancía a merced del poder del dinero: la salud y la educación, los bosques y el agua, la justicia, y hasta la gente, su dignidad y su vida. Necesitamos recuperar la democracia para ponerla al servicio de la gente, garantizando elecciones libres -y no sometidas al poder del dinero-, reconstruyendo instituciones sólidas, transparentes y abiertas a una ciudadanía organizada y movilizada que participe, vigile y fiscalice, con garantías de participación para las mujeres, los pueblos indígenas y los sectores hoy aún marginados.

Necesitamos una economía para la gente, estableciendo prioridades de desarrollo, poniendo orden y límites a los abusos. Porque es inmoral que el 2018 las AFPs hayan aumentado sus ganancias a S/.488 millones mientras sus afiliados perdieron más de S/. 9 mil millones de sus fondos, cuando podríamos, para empezar, abrir la competencia para que los bancos también puedan administrar fondos de pensiones y así reducir las comisiones mientras construimos un sistema público de pensiones solidario complementado con un mecanismo de ahorro adicional competitivo. Porque es indigno que tras más de una década de explotación de Camisea los pueblos del Sur aún no gocen de ese gas que podría abaratar su consumo de energía y generar miles de empleos con un próspero polo industrial.  Porque es inaceptable que miles de familias sean extorsionadas por traficantes de terrenos o expoliadas por inescrupulosas inmobiliarias cuando podríamos tener ciudades planificadas, justas y sostenibles donde la vivienda no sea solo un negocio sino un derecho.

Mientras algunos siguen jurando que salvo la minería todo es ilusión nosotros defendemos una economía diversificada y sostenible, con énfasis en actividades que generen empleo como el agro, el turismo, la industria, etc. No podemos continuar exacerbando el extractivismo y la dependencia de los commodities que han causado, entre otras razones, la dramática crisis económica y humanitaria que hoy vive Venezuela.

Necesitamos un nuevo pacto social. Hoy estamos ante la oportunidad histórica de librarnos de todos los corruptos, pero también de cambiar las reglas de juego para que esta vergonzosa historia no se vuelva a repetir. Por eso, no estamos agazapados esperando la próxima oportunidad electoral, alzamos la voz, estamos en la calle, con la gente, y lo seguiremos estando cada vez que sea necesario defender derechos amenazados o apuntalar la lucha contra la corrupción (como seguramente nos tocará hacerlo ahora que los corruptos pretenden boicotear el acuerdo que permitirá que Odebrecht confiese quiénes fueron sus cómplices). Debemos seguir vigilantes y movilizados para acabar con los corruptos. Debemos abrir un gran diálogo nacional para construir un nuevo pacto entre peruanos que funde una nueva República sobre la base de la democracia plena, la soberanía, la igualdad en la diversidad, la armonía con la naturaleza, la solidaridad, el amor por nuestra gente y nuestra Patria. En esa tarea debemos buscar convencer y comprometer a todos los sectores posibles del país, a través de un diálogo amplio y plural, deponiendo dogmas y prejuicios, porque una nueva República debe superar las exclusiones y discriminaciones del pasado e incluir a todos sus ciudadanos y ciudadanas.

8 de febrero 2019

23 de julio de 2018

"La que se muere de miedo es la Señora K"

Verónika Mendoza   (Entrevista Maritza Espinoza)

Para Verónika Mendoza, lideresa de Nuevo Perú, no cabe duda alguna de que la ya célebre Señora K es Keiko Fujimori y, más allá de las diferencias que pueda tener con el presidente Martín Vizcarra -de quien dice que, al principio, trató de pactar con el fujialanismo-, aplaude la actitud que este ha tenido frente a la corrupción en el Consejo Nacional de la Magistratura. Más aún, asegura que está dispuesta a meter el hombro en la pelea iniciada por el jefe de Estado. Sin embargo, marca sus diferencia en un punto: para ella, el proceso no termina con la remoción del CNM, sino con una nueva Constitución Política.

Hoy (viernes) el Congreso aprobó por unanimidad la remoción de todos los miembros del Consejo Nacional de la Magistratura. ¿Qué reflexión te suscita?
 
Creo que es una victoria de la ciudadanía, que unánimemente pedía que los consejeros fueran retirados. A pesar de las resistencias iniciales de los operadores de la Señora K en el Congreso, de su intención de blindarlos, hoy se ha impuesto la voluntad ciudadana, lo cual nos demuestra que, cuando la gente se organiza y se moviliza, sí se puede lograr grandes cosas y, en ese sentido, tenemos que avanzar hasta sacar a todos los corruptos de nuestras instituciones

De otro lado, y pesar del audio que salió anoche, Pedro Chávarry ha decidido asumir como Fiscal de la Nación, cuando se esperaba que se abstuviera hasta una investigación, por lo menos…

Yo creo que ha sido un error de su parte y de la Junta de Fiscales, porque en un momento de crisis tan grave y tan profunda, no basta con ser honestos, sino que hay que parecerlo. Y no debe pesar ni una sombra de duda sobre las personas que van a tener en sus manos las instituciones más importantes del sistema de justicia. 

La única autoridad de un poder del Estado que asistió a esa juramentación fue el presidente del Congreso, Luis Galarreta, y el fujimorismo ha celebrado esta asunción. ¿Qué significa eso?

Un riesgo, porque es clarísimo que se cumplen los deseos de la Señora K de controlar más aún las instituciones del sistema de justicia. Por eso, insisto en que la ciudadanía y las fuerzas políticas democráticas vamos a tener que estar muy vigilantes para que el accionar de ese nuevo Fiscal de la Nación se haga en los marcos mínimos de la autonomía. 

Tú hiciste una invocación a Julio Guzmán y a Alfredo Barrenechea para que acudieran a la marcha anticorrupción. ¿Te los encontraste por ahí?

No los vi [Risas]. No sé si fueron o no. Pero es fundamental que, ante la gravedad de la crisis, todos los ciudadanos y las fuerzas políticas y socialdemocráticas, más allá de nuestras diferencias, que las tenemos y son legítimas, demos un mensaje claro y fuerte, de que no vamos a permitir que los corruptos sigan haciendo sus fechorías. Y la única verdadera garantía de que se saque a los corruptos y de que se impulsen las reformas, con la profundidad que requiere esta crisis, es que la ciudadanía esté movilizada, y de manera permanente.

Y también los líderes políticos...

Por supuesto. Todos tenemos que ser parte de ese movimiento, porque, desde nuestro punto de vista, no se trata solo ni del CNM ni del Poder Judicial, sino que la crisis es total, sistémica. Por eso, la solución no es cambiar un juez por otro, hacer algunos parches o maquillajes o pseudo reformas, si no que incluso debemos avanzar hacia una nueva Constitución, que no es otra cosa que un nuevo pacto entre peruanos en torno a nuevos valores. 

¿Pero qué forma operativa tendría esa nueva Constitución? 

No es algo que se haga de la noche a la mañana, ni que se haga entre cuatro a cinco personas, ni que dependa de una sola fuerza política. Tiene que ser resultado de un gran diálogo nacional para el que, sin embargo, no debemos esperar de brazos cruzados, sino empezar ahora. Este momento en el que la ciudadanía está indignada y está demostrando una disposición a defender su democracia y su patria, es el oportuno para abrir este diálogo. 

Hablemos de una vía concreta. ¿Una nueva Constitución pasa por un referéndum? 

Puede ser por la vía de un referéndum o de una Asamblea Constituyente. Lo importante es entender que no se trata solo de un nuevo documento elaborado por notables y expertos, que tiene un determinado número de capítulos y artículos, sino sobre todo de un nuevo pacto político, social y ciudadano que refunde el país. 

¿Y deben estar todas las fuerzas políticas, incluido el fujimorismo?

Las fuerzas políticas democráticas, he dicho, y creo que eso excluye a algunos, a no ser que tengan disposición repentina y vocación a transformarse (risas). Y lo digo porque lo que han demostrado estos audios de la vergüenza es que esto no solo atañe al Estado. Hemos visto cómo los tentáculos de la mafia están en el sistema de justicia, en el poder político, pero, ojo, también en el poder económico. No olvidemos el rol de Iza Motors, del grupo Oviedo, de las universidades privadas como Telesup, y el mensaje que hemos recibido los peruanos es que aquí manda el poder del dinero por encima de la justicia, de la democracia y de la dignidad de las personas…

¿Cómo has visto la actitud del presidente Vizcarra? 

Yo saludo que por fin (el presidente Vizcarra) haya asumido el rol histórico que, más allá de su voluntad, le toca asumir. Nosotros, en el momento que asumió el mandato, le dijimos que su gobierno no debía ser un gobierno cualquiera, porque no estábamos ante circunstancias cualesquiera, sino ante un momento de grave crisis política, profunda, y que eso requería de un importante liderazgo para impulsar reformas mínimas que empezaran por lo menos a sanear al país, a extirpar la corrupción que se ha enquistado en todos los poderes. Se demoró unos meses, quiso pactar con el fujialanismo, pero felizmente se ha dado cuenta ya de que eso no tiene futuro y espero, quiero creer, que ha decidido liderar este proceso de la mano con la ciudadanía, y es el camino que debe tener.

¿Queda descartado la tan mentada alianza entre Vizcarra y el fujialanismo?

Creo que la única garantía de que el señor Vizcarra asuma hoy el liderazgo que el país requiere, para impulsar estas reformas, es que la ciudadanía siga movilizada. 

Pero ¿queda desestimada la sospecha de una alianza de Vizcarra con fujialanismo?

Es que yo no tengo sospecha. La evidencia de los primeros cuatro meses de su gestión fue que trató de pactar con el fujimorismo. Trató de contentarlo. En varios momentos ha retrocedido. Para poner un ejemplo: cuando se planteó la necesidad de una reforma tributaria, el presidente dijo que iba a revisar las exoneraciones de las grandes empresas y de las universidades privadas, pero por la presión del fujimorismo terminó retrocediendo. O en la política educativa, en la necesidad de implementar un enfoque de género, urgente, ante la dramática situación de violencia, otra vez, por la presión del fujimorismo, retrocedió. Pero quiero creer (risas) que ahora está dispuesto a asumir el liderazgo que el país necesita.

Si esto es así, ¿hasta qué punto Nuevo Perú está dispuesto a meter el hombro en ese proceso que se viene?

En este momento, la gravedad de la crisis demanda de todas las fuerzas políticas, sociales, democráticas que quieren el cambio, que sumemos fuerzas y trabajemos juntos para hacer aquello en lo que, creo yo, sí tenemos absoluto consenso, que es sacar a los corruptos. Luego, iniciar el debate sobre la reforma del sistema de justicia, donde seguramente tendremos diferencias, matices, pero habrá que buscar un consenso. Pero ahora que la prioridad es sacar a los corruptos, todos tenemos que poner el hombro y en esa línea de trabajo estamos dispuestos a acompañar al presidente de la República.

Ayer, Keiko Fujimori volvió a salir poco antes de la marcha, por enésima vez, a decir que no es la Señora K. ¿En ningún escenario te parece que pueda decir la verdad?

Creo que a ningún peruano con un mínimo de sentido común le cabe la menor duda de que se trata de ella, y lo confirma el hecho de que el famosísimo juez Hinostroza haya recibido en su sala el caso de casación de la señora K por lavado de activos. 

Hace un tiempo apareces entre los líderes políticos con mejor percepción de la ciudadanía. ¿Competirás el 2021?

Falta mucho para el 2021. Lo prioritario en estos momentos es sumar fuerzas para sacar a los corruptos y luego entrar a un debate serio y profundo sobre la reforma del sistema de justicia.

¿Qué tanto debes tu popularidad al “terruqueo” constante de la derecha?

(Risas) No sé si ello tenga algo que ver. Pero que nos hace mucho daño, no solamente a nosotros. Esta estrategia del terruqueo es algo que utilizan los poderosos para silenciar, estigmatizar a todos aquellos que defienden sus derechos, que denuncian la corrupción…

Pero eso de “Terrónika Mendoza” como que es más directo, ¿no?

Claro, y la verdad que es terrible, porque se banaliza un tema con el cual no se debería jugar, porque estamos hablando de algo que nos hizo muchísimo daño, nos causó muchísimo dolor como país. Y que se banalice a ese punto un término como este, sí es grave. Ahora, no por ello nos vamos a callar ni nos vamos a asustar. Ahorita los que se mueren de miedo en realidad son ellos. La que se muere de miedo, y lo hemos visto en el video del día de ayer, es la Señora K.

Tú endoso fue fundamental para el triunfo de Pedro Pablo Kuczynski el 2016. Visto lo ocurrido después, ¿volverías a hacerlo?

Primero, no sé si hayamos tenido realmente el poder de definir las cosas en aquel momento. La ciudadanía consciente valoró los riesgos de una y otra alternativa. Y sí, lo volvería a hacer. A pesar de los costos políticos que nos ha significado, a pesar de que fue una decisión difícil y dolorosa, no me arrepiento en absoluto. Además, se confirma con lo que estamos viendo que un gobierno de la Señora K, con una mayoría parlamentaria, habría sido desastroso para el país.

Después de Alfonso Barrantes, has sido la lideresa de izquierda mejor votada en unas elecciones, pero hoy otra vez la izquierda está atomizada. ¿No te decepciona eso?

No, creo que estamos en un proceso de reconstitución, de formación. No tenemos por qué imponernos o constituirnos en una única fuerza. Es legítimo que existan diversas opciones o alternativas y, bueno, veremos el momento electoral. Espero que sí podamos, a partir de un diálogo en torno a nuestras propuestas, sumar fuerzas.

¿Cabe en algún escenario el que ustedes reanuden su alianza con el Frente Amplio (partido que lidera Marco Arana)?

Todo es posible en la medida en que pongamos por delante, en nuestra visión de país, nuestras propuestas de cambio para el país y que encontremos mecanismos democráticos para definir dirigencias y candidaturas. Creo que es perfectamente posible. Es más, quienes aspiramos a un cambio para el país, quienes queremos extirpar la corrupción sí debemos hacer los mayores esfuerzos para sumar fuerzas. Pero, más que la unidad de las fuerzas políticas de izquierda existentes, creo que la clave está en involucrar más a la ciudadanía que hoy, en las calles, está expresando su voluntad de hacer algo por su país.

19 de junio de 2018

Transiciones

Verónika Mendoza

El 23 de marzo, Martín Vizcarra asumió la presidencia de la República en un ambiente de tranquilidad, e incluso, cierto alivio. Y a pesar del hastío por tanta corrupción desparramada, el pueblo peruano le daba una oportunidad al nuevo presidente con una amplia aprobación en las encuestas iniciales. Pero han pasado apenas dos meses y medio y una fuerte caída en las mismas ha sellado el fin de la “luna de miel”, mucho más pronta y abruptamente que con cualquiera de los últimos expresidentes en el mismo periodo. Era de esperarse, Vizcarra no solo carga el lastre del gobierno del cual fue parte sino también el de una crisis política sistémica y prolongada porque el caso “PPK” fue apenas un síntoma de una corrupción generalizada que está carcomiendo nuestras instituciones por dentro.

Por ello, cuando Vizcarra asumió el cargo, desde el Nuevo Perú afirmamos que, para superar esta crisis, tenía la tarea histórica de iniciar una transición hacia una democracia de y para la gente con reformas profundas y urgentes: enfrentar decididamente la corrupción cambiando los mecanismos que la facilitan e institucionalizan, reactivar la economía de la gente y promover una reforma electoral integral para poner fin a la penetración del dinero ilícito en la política.

Pero en lugar de marcar un quiebre, optó por el continuismo pretendiendo una “gobernabilidad” en las alturas dándole concesiones a un fujimorismo cada vez más desvergonzado y autoritario. ¿Pero qué tipo de pacto se puede tener con quienes usan el Congreso para despilfarrar el dinero público, blindar a sus congresistas vinculados con la corrupción y el narcotráfico, reescribir la historia para lavarse la cara y buscar impunidad, pagar favores a sus financistas con leyes a medida y bloquear avances en igualdad de derechos?

Con un gobierno débil y continuista y una mayoría parlamentaria más preocupada por copar el poder a cualquier costo, nuestras instituciones se debilitan y pierden legitimidad ante la ciudadanía. Lo han expresado los miles de peruanos y peruanas en las calles las últimas semanas. Es necesario dar un “giro de timón” o se seguirá diezmando la poca confianza que le queda a la gente en las instituciones y la democracia e irá quedando un terreno fértil para salidas extremistas y autoritarias tanto por derecha como por izquierda.

Por eso necesitamos encauzar esta crisis iniciando una transición que nos permita recuperar la democracia de manos de las mafias y lobbies para ponerla al servicio de la gente. Eso implica, entre otras cosas, una reforma electoral integral, para ponerle fin a este círculo vicioso en el que negocios legales o ilegales financian partidos y campañas para luego cobrársela con leyes a medida, obras a dedo o impunidades. Es tiempo de abrir y democratizar la política con nuevas voces y sectores hoy excluidos. Nunca más un Congreso como este lleno de corruptos, lobistas y narcos. Ya sea que ocurran en un año (porque este Congreso no da más) o en tres, necesitamos nuevas elecciones de verdad, para renovar la política.

Hoy vemos cómo se reeditan prácticas y personajes montesinistas –compra de votos, extorsión con videos, ataques a los medios de comunicación, jefes de seguridad y asesores. Esto debería interpelarnos y convocarnos a completar aquella transición que emprendimos al liberarnos de la dictadura de los 90s y que, como constatamos ahora, quedó inconclusa.

27 de abril de 2018

"El señor Vizcarra puede tener las mejores intenciones del mundo, pero si no cambia esas reglas de juego, vamos a ir de mal en peor"

Oscar Torres  (Entrevista a Verónika Mendoza)

Es la presidenta del partido Nuevo Perú. Lideresa de la izquierda para las próximas elecciones presidenciales. Es antropóloga y candidata de fuerza para el 2021. Trome, en exclusiva, conversó con Verónika Mendoza. 

Señora Mendoza, a estas alturas del partido, ¿se arrepiente de haber apoyado a PPK en segunda vuelta?
No, porque la otra alternativa sin lugar a dudas era peor. Y el hecho de que las prácticas montesinistas las hayamos visto ‘vivitas y coleando’ hace poquito, con compra de votos y extorsión con videos, nos demuestra que ambos bandos siguen esa lógica y por eso creo que de ninguna manera se puede permitir que el fujimorismo se haga de todo el poder. 

¿Cuál considera que fue el peor error de Kuczynski en su corto mandato?
Uno de sus principales errores, porque hubo varios, fue el haber liberado de manera ilegal a un ladrón y asesino que no había cumplido su condena. Ese fue un pésimo mensaje de desapego por la justicia y creo que indignó a mucha gente y marcó el inicio de su caída. 

Luego de la renuncia de PPK usted pidió nuevas elecciones, ¿por qué?
Porque si bien la salida de PPK es una pequeña victoria en la lucha contra la corrupción y la impunidad, no resuelve el problema de fondo, que la componen unas reglas de juego que permiten y promueven la corrupción y que tenemos que cambiarlas, sino vamos a repetir la misma historia.

¿Qué opinión tiene de Martín Vizcarra? 
No se trata de un tema de personas. El señor Vizcarra puede tener las mejores intenciones del mundo, pero si no cambia esas reglas de juego, vamos a ir de mal en peor. Si no las modificamos, la política y el Congreso van a terminar de convertirse en un nido de corruptos y narcos y eso no lo podemos consentir. Por eso necesitamos nuevas elecciones con nuevas reglas de juego. Ese es nuestro énfasis. 

Se ha revelado en ‘Hildebrandt en sus trece’ que Vizcarra está dando demasiadas concesiones al fujimorismo. ¿Qué piensa de eso?
Que sería un error aliarse con una fuerza política que tiene vínculos cada vez más evidentes con el narcotráfico, ¿no? Justo ahora que el pueblo más bien necesita señales de un deslinde con la corrupción, el vincularse o aliarse con quienes reviven y mantienen prácticas montesinistas, con quienes tienen relaciones con el narcotráfico, creo que no ayuda. Debe tener mucho cuidado el señor Vizcarra. 

¿Cree que Vizcarra terminará su mandato en el 2021?
Es bien incierto. Con un Congreso donde gran parte de congresistas están involucrados en casos de corrupción, de narcotráfico, de lavado de activos, me temo que van a estar más preocupados por su propio pellejo o el de sus líderes que por ayudar al señor Vizcarra a gobernar, entonces yo presiento que este Congreso no necesariamente va a llegar hasta el final. 

¿Qué le sugiere ver que el presidente se reúna con hombres como Medelius, entre otros?
Espero que sea una ingenuidad que, en todo caso, tiene que corregir porque el señor Vizcarra necesita darnos a todos los peruanos claras señales de deslinde con todos estos personajes que carguen con un pasado oscuro. Debe tener mucho cuidado, sino la desconfianza en la gente va a crecer y eso le va a hacer mucho daño a nuestra democracia.

PROYECTO 
¿Qué opina del proyecto de ley donde se pediría que los candidatos tengan tres años de militancia para poder postular a la presidencia?
Está clarísimo que ese proyecto de ley guarda la intención de cerrarnos el paso a las nuevas opciones políticas, cuando lo que nuestro país necesita es más bien abrir y renovar la política. Se debe permitir que otras voces y otros sectores sean escuchados y evitar que la política siga manejada por los mismos corruptos de siempre. 

Entonces, esa ley tendría nombre propio, ¿el de usted y el de Julio Guzmán?
Está clarísimo. Somos las dos fuerzas políticas que están buscando inscribirse, tener un registro legal para participar en elecciones y, si se aprobara esta ley, obviamente ni ellos ni nosotros podríamos participar y eso es antidemocrático. 

KEIKO
Para usted, ¿qué representa Keiko en la política peruana?
Un triste pasado de mafia que debiéramos poder superar, pero que, lamentablemente, ella sigue reviviendo permanentemente. 

¿Cree que el indulto de Alberto Fujimori fue negociado bajo la mesa y debe anularse?
No se trata de que yo lo crea. Hay evidencias concretas, documentos que comprueban que eso no fue un indulto humanitario, sino un pacto bajo la mesa ilegal para que el señor Kuczynski salvara su pellejo. 

¿Qué cree que piensa la ciudadanía de los políticos, con respecto a ese carnaval de dinero sucio que repartió Odebrecht?
Comprendo y comparto perfectamente que haya una gran decepción, que haya por momentos incluso asco con todo lo que estamos viendo y con toda esta podredumbre, pero quiero decirles que lo que no podemos hacer es resignarnos o bajar los brazos. Lo que tenemos que hacer es, más bien, recuperar la democracia de las manos de los lobbies y las mafias, para que esa democracia esté al servicio de la gente.

ACUÑA 
¿Qué concepto tiene de César Acuña y su famosa frase ‘plata como cancha’?
Me hace pensar en un tema concreto. Hoy necesitamos mover, reactivar la economía; sin embargo, a las grandes empresas se les exonera miles de millones de soles, entre estas, universidades privadas con fines de lucro como las del señor Acuña, a las cuales se les regala cada año como mil millones de soles. Es una barbaridad. Esa plata, el Estado debería cobrarla e invertirla para más escuelas, mejor salud y generar trabajo. Eso es lo que me indigna y lo que debería cambiar. 

Guzmán me reveló en una entrevista que los ‘dinosaurios’ se están extinguiendo y es el tiempo de una nueva clase política. ¿Le parece él un buen candidato?
De lo que sí estoy convencida es que se necesita renovación y ya abierto el juego político en la cancha democrática, debatiremos, pues hay muchas propuestas del señor Guzmán con las cuales yo discrepo radicalmente. 

¿Por ejemplo?
En el tema educativo, en la última campaña electoral, él propuso un sistema de créditos como solución al sistema educativo que, finalmente, ¿qué hace? Ponerle toda la carga a la gente, a las familias para que se endeuden, cuando nosotros creemos que el problema le corresponde al Estado al garantizar educación de calidad para todos, no solo al que tiene billete, como piensa el señor Guzmán.

ALAN 
Alan García dice que a otros presidentes coimearon pero no a él, ¿usted le cree?
Bueno, el señor Barata dijo claramente que les dio a todos, a toditititos, y por eso es importante que los ciudadanos vigilemos al Sistema de Justicia para que se investigue a todos y se les mida con la misma vara. Lamentablemente, ahorita da la impresión de que a la señora Fujimori y al señor García ni con el pétalo de una rosa se les toca y eso sí es muy preocupante. Tenemos que exigir que se investigue a todos por igual. 

¿Cómo sería un eventual gobierno de Verónika Mendoza? ¿Parecido al de Correa de Ecuador o al de Evo de Bolivia?
Nosotros no pretendemos calcar ningún modelo, porque el Perú tiene su propia historia, diversidad cultural y geográfica y un potencial productivo. Sí coincidimos en algunas cosas, por ejemplo, la idea de que la salud y la educación no solo pueden ser para aquel que tiene billete, sino que se requiere la existencia de un Estado que garantice acceso a salud y educación para todos los ciudadanos. Compartimos la idea de que nuestros recursos minerales, nuestro petróleo, tienen que servir primero para el desarrollo del Perú y el de los peruanos. No pueden seguir como ahora rematándose a empresas extranjeras que se lo llevan todo y nos dejan migajas, pero tenemos diferencias como creer que es importante darle espacio a la ciudadanía para que participe más y mejor en vigilar al Estado, en tomar decisiones de manera democrática. 

¿Por qué hay tanta corrupción en el Perú?
Porque las reglas de juego del Estado, el funcionamiento de la economía y de la política permiten y promueven la corrupción, pues quienes toman las decisiones en el país finalmente no son los ciudadanos, son los grandes grupos de poder económico, que hacen y deshacen, como el ‘Club de la Construcción’, que era el que decidía en última instancia qué grandes obras de infraestructura se hacían para poder cobrar su coima respectiva. Esas reglas de juego son las que nosotros queremos cambiar.

Los personajes negativos del 2016
¿Qué tiene que decir sobre el comentario del izquierdista Rogelio Tucto, quien pidió la libertad de Abimael Guzmán? 
Inaceptable, vergonzoso. Para nosotros es clarísimo que todos los asesinos tienen que cumplir condena hasta el final. Ni amnistías ni indultos. Justicia igual para todos. 

Para usted ¿es justa o no la libertad de Osmán Morote?
Para mí puede ser injusta, pero la ley establece que quien cumplió su condena sale libre. Es lo que establece la ley. 

NADINE Y OLLLANTA 
Martha Chávez dice que usted no tiene autoridad moral porque escribió en las agendas de Nadine. ¿Qué le respondería?
Eso, la verdad, es un chiste... Nosotros no tenemos nada que ocultar ni nada que temer, y nos hemos sometido y nos seguiremos sometiendo a todas las investigaciones en el Congreso, en el Ministerio Público. Lo que ellos pretenden en realidad es meternos a todos en el mismo saco para que la gente se resigne y por ello queremos decirles que no es así, que existe gente que estamos haciendo política de manera limpia, honesta y transparente. 

¿Cree que Ollanta Humala y Nadine Heredia deben ser liberados?
Lo que es inaceptable es que habiendo las mismas denuncias e indicios para Humala, Keiko Fujimori y Alan García, solamente los Humala estén presos y los otros estén libres de polvo y paja. Eso habla muy mal de la justicia peruana. Creo que se debería medir a todos con la misma vara. O todos están en la cárcel o todos están libres. No mano dura con algunos y pétalos de rosas con los otros. 

Y sobre los tres millones que le dio Odebrecht a Susana Villarán para la campaña del ‘No', ¿estaría de acuerdo con que se pida prisión preventiva para ella?
Nuevamente, lo que tiene que haber es igualdad de condiciones para todos los casos. A mí sí me preocupa que se utilice la prisión preventiva sin que se haya avanzado en las investigaciones, porque eso es un poco lo que está sucediendo, repartirla por todo lado sin que haya acusación. Yo creo que lo más importante, más allá del show que puede significar a veces la prisión preventiva, es que en todos los casos, a toditos se investigue hasta el final y se condene a quien se tenga que condenar, pero no nos quedemos en el show mediático, más bien garanticemos que las investigaciones lleguen hasta lo último. 

¿Cómo se define usted políticamente?
Nosotros, como Nuevo Perú, planteamos la necesidad de un cambio profundo. Recuperar la democracia de manos de las mafias y de los lobbies para ponerla al servicio de la gente; una economía al servicio de la gente, no solo de las grandes empresas; una economía que genere empleo, diversificada. Otro eje de nuestra propuesta es la necesidad de un desarrollo en armonía con la naturaleza, porque si seguimos depredándola como lo venimos haciendo, las futuras generaciones no van a tener ni aire limpio para respirar… 

Gracias, señora Mendoza, y que por encima de todo siempre reine el progreso del Perú...
Gracias a ustedes, gracias a toda la gente de Trome.

2 de abril de 2018

Perú: crisis política y oportunidades de nueva transición

Verónika Mendoza

Tras meses de intensa crisis política, Perú cuenta con un nuevo presidente: el ex gobernador regional Martín Vizcarra. Tras la designación del presidente del Consejo de Ministros, las intensas especulaciones sobre su gabinete empiezan a amainar, mientras las familias descansan el fin de semana largo por Pascua, esperanzadas por los triunfos de la selección de futbol camino al Mundial. Los medios de comunicación aprovechan el clima festivo y el hastío de la gente por toda la podredumbre desparramada en días recientes para tratar de envolverla con los cantos de sirena de la estabilidad, la unidad nacional y llaman con fervor a voltear la página.

El jueves 22 de marzo el Parlamento peruano aprobó la renuncia de Pedro Pablo Kuczynski, quien llevaba un año y ocho meses en la presidencia tras vencer a Keiko Fujimori –la hija y, sobre todo, heredera política del dictador Alberto Fujimori– en la segunda vuelta electoral en 2016 por apenas 41 mil 57 votos. PPK, como conocemos los peruanos a este lobista que pasaba del mundo empresarial y financiero al Estado cual pelota de ping pong, se hizo de la presidencia más por el activo rechazo ciudadano al fujimorismo que por mérito propio. Si bien en la última etapa de aquella campaña electoral se desmarcó del fujimorismo, una vez en el poder no dudó en arrodillarse ante éste cediéndole importantes instituciones, como la superintendencia tributaria o el Banco Central de Reserva. Nada de eso apaciguó la sed de venganza de Keiko Fujimori ni su afán por controlar el sistema de justicia para manipular las investigaciones en su contra. Sin embargo, al mismo tiempo que oficialismo y fujimorismo se lanzaban puyazos públicamente, aprobaban juntos recortes presupuestales en salud, educación e infraestructura pública. En suma, una política de ajuste a costa de los derechos ciudadanos.

Pero el peor error de PPK fue, sin duda, otorgar un indulto ilegal e inmoral al dictador Alberto Fujimori. Ante un primer intento de vacancia presidencial promovido por Keiko Fujimori, Kuczynski no dudó en pactar con el menor de los Fujimori para canjear el indulto por votos contra la vacancia. Liberar ilegalmente a un corrupto y violador de derechos humanos sin que hubiera cumplido su condena ni reconocido jamás sus delitos fue el inicio de su fin. Miles de ciudadanos salieron a las calles rechazando el indulto y repudiando la actitud de PPK. Así, hizo de Alberto Fujimori su principal aliado y de Kenji Fujimori su principal operador. Cuando las evidencias de corrupción en su contra –por hacer asesorías financieras a empresas que contrataban con el Estado mientras era ministro– hicieron su situación insostenible y la mayoría de peruanos pedía que dejara el cargo, utilizó las prácticas mafiosas de su principal aliado: comprar votos de parlamentarios a través de prebendas, cargos y obras públicas. La revelación de estos actos mediante videos grabados por operadores de Keiko Fujimori fue la gota que derramó el vaso y obligó a PPK a renunciar para ceder el cargo a su vicepresidente.

Pero esta sucesión de hechos no es sino el resultado de un problema más estructural. PPK era el sueño hecho realidad de los grupos de poder económico, uno de los suyos, un agente neoliberal sin pudor ni antifaz. Y si ha caído en desgracia no es sólo por sus errores, sino porque los grupos de poder que lo respaldaban también están afectados. Con el escándalo Lavajato no sólo son todos los últimos presidentes electos posdictadura y la candidata Fujimori los que hoy están procesados por corrupción, sino también los más insignes representantes de la clase empresarial, como por ejemplo los representantes de grandes constructoras aliadas de Odebrecht. Es prácticamente toda la clase política y empresarial tradicional la que está involucrada. No se trata, pues, de una simple casualidad. Es, más bien, la prueba de que subyace un sistema que ha permitido y promovido esta corrupción generalizada. Es el sistema consagrado en la Constitución fujimorista del 93 que ha mantenido nuestra democracia secuestrada por el poder del dinero y las mafias.

Hoy, en Perú, tenemos un Estado arrinconado a un rol subsidiario, sin capacidad de planificar ni regular, un mercado capturado por monopolios y oligopolios abusivos, una mercantilización de la salud y la educación, una precarización del empleo, un extractivismo exacerbado que mantuvo una matriz primario exportadora sin diversificación de la producción y con depredación de la naturaleza. Durante años este sistema funcionó a fuerza de coimas, lobbies, financiamiento millonario a las campañas electorales, puertas giratorias y decretos de urgencia. Si no cambiamos ese sistema vamos a repetir la misma historia. En la transición democrática de 2000, luego de la caída de Alberto Fujimori, si bien se logró sancionar a los corruptos y violadores de derechos humanos, se mantuvo ese andamiaje fujimorista cuyos efectos vemos en la crisis actual.

Hoy, los peruanos estamos ante una nueva oportunidad histórica de recuperar la democracia para ponerla al servicio de la gente. Se debe abrir una transición democrática que empiece esa recuperación con –por lo menos– algunas reformas en el sistema electoral. Por ello no podemos permitir que se voltee la página rápidamente, como pretenden los que se sienten dueños del país para poder seguir haciendo sus negocios a costa de los derechos de la gente y preservar su impunidad. Nuestra precaria institucionalidad está quebrada y deslegitimada, no basta ponerle parches y cuñas. Tiene que reconstruirse sobre bases nuevas. Por ello desde las fuerzas de izquierda planteamos la necesidad de un nuevo pacto fundacional político, social y ciudadano sobre la base de la soberanía, la justicia, la igualdad y la solidaridad, una nueva Constitución para un nuevo Perú. Es una tarea que requiere de amplio debate, movilización y organización con protagonismo popular. En esa tarea estamos.

* Verónika Mendoza. Sicóloga, antropóloga y política. Presidenta del movimiento Nuevo Perú.