Mostrando entradas con la etiqueta Alejandra Dinegro Martínez. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Alejandra Dinegro Martínez. Mostrar todas las entradas

7 de agosto de 2019

El patán Olaechea

Alejandra Dinegro Martínez

Cada nueva declaración que brinda el Presidente del Congreso, lo hace cada vez peor. Es por ello que me animé a escribir esta columna porque ya fue suficiente. En un país donde la población está malacostumbrada a leer los titulares y no la letra chica, muchas veces no tenemos ni humor ni tiempo para detenernos a analizar lo que ocurre.

El señor Pedro Olaechea, actual Presidente del Congreso, que consiguió dicho cargo gracias a los votos fujimoristas, apristas y aliados, es un patán con apariencia de caballero de finos modales, que ha exhibido -por cuenta propia- como un alto funcionario de su clase, piensa sobre las mujeres de este país.

No es la única declaración desastrosa que ha venido brindando. Lo curioso es que ese comportamiento cavernario, se vuelve más explícito cuando se meten con sus intereses. En el 2018, se declaró en contra del aumento del salario mínimo, porque “allá en las montañas”, en algunos lugares “adentro del Perú”, esa cantidad era más que suficiente.

Que visión tan limitada del Perú. El señor debe creer, seguramente, que la sierra es un conjunto de montañas y la selva el lugar donde viven las poblaciones marginales. Como lo dije en su momento, a través del presidente del Congreso, ha hablado la oligarquía de este país. Ese grupo de ricachones que atesoran fortunas familiares que durante años se han dedicado a explotar la naturaleza y la fuerza de trabajo de hombres y mujeres. El dueño de los vinos Tacama es la expresión más clara de todos ellos.

Así mismo, el señor Olaechea personifica lo que los empresarios de este país, piensan de sus conciudadanos. Son ellos mismos los que les echan la culpa a los trabajadores de la responsabilidad de superar las desigualdades sociales, económicas, laborales o culturales. Cuando en realidad, los culpables son un puñado de personas amparadas en la Confiep.

Más allá de la corrupción que nos desagarra como sociedad, estamos también padeciendo de una epidemia de patanes y necios que empeoran el estado de las cosas. Sujetos –los cuales no excluye a algunas mujeres- que despiertan el descontento social, porque atropellan el honor de las personas y el sentido común.

No sólo el político que roba, nos transmite su desprecio hacia los demás. El sentirse superior a todo mundo, pisoteando la opinión de la población, y en muchos casos infundiendo miedo; merecen no sólo la sanción moral, sino también histórica y política. Si antes teníamos que sufrir de una oligarquía hábil para el saqueo -que se esforzaba por parecer humana- la de hoy trata a los seres humanos como recursos que se refieren a ellos cual número en lugar de mencionar sus nombres.

Hay que pasar de valorar exageradamente la conservación de nuestra situación actual, sin cambios por un beneficio con un futuro no incierto. Gran parte de la casta política no tienen incentivos para contar la verdad en unos votantes que sólo quieren escuchar fantasías. Es así como, tristemente, se han diseñado nuestras instituciones, nuestra República.

Lo más probable es que el Presidente del Congreso, continúe ofendiendo al país, con sus declaraciones vergonzosas y haciendo que sus empleados le sigan cargando el maletín. No lo permitamos más.

10 de enero de 2019

Ni corrupción ni explotación

Alejandra Dinegro Martínez

Quiero pensar que muchas veces cometemos -de alguna manera u otra, casual, inintencionadamente- el error de considerar que cuando se habla de defensa de derechos laborales, estamos hablando de los derechos de todos aquellos que cuentan con un trabajo. De los ya empleados, de los ocupados. Sean informales o no.

Pero no es así. Y es importante mencionarlo para que el conjunto de la ciudadanía lo entienda. La defensa de derechos laborales también incluye –y deberíamos considerar- a los desempleados, autoempleados, subempleados, los “nini” y los migrantes. De estos últimos, considerando a los mismos peruanos y a los extranjeros.

Pues bien, defender los derechos laborales, en el Perú, no ha sido tarea sencilla. Especialmente, en estos últimos 27 años, ha sido una defensa a muerte literalmente. La llegada e implementación del neoliberalismo rapaz, saqueador, precarizador e inhumano en la década de los 90, significó en palabras resumen: la privatización de las principales empresas del Estado, desregulaciones, mutilación de todo tipo de derechos, entrega de nuestros recursos naturales, y el recorte abrupto de los principales derechos laborales. Cuyos efectos, hasta hoy en día, son nocivos para las actuales generaciones y las venideras.

Ese mismo modelo, es el que el 31 de diciembre, Martín Vizcarra firmó vía Decreto Supremo (N° 034-2018-EF), avalando su “Política Nacional de Competitividad y Productividad”. Y digo “SU” porque él sigue representando esa misma continuidad y ese mismo programa que dejó PPK en materia económica: con saqueo a los recursos, con mayor precariedad laboral (en especial el trabajo juvenil), con privatizaciones en la salud, en servicios básicos como el agua y espacios públicos.

Por lo tanto, no concibo la idea de etiquetarlo como “la derecha menos mala” porque se está enfrentando a la corrupción del Ministerio Público. Mientras que por otro lado –en paralelo- aplica un programa, que va hasta el 2030, mientras es aplaudido por la Confiep y todos los que se reunieron en la CADE, que dicho sea de paso, no dijeron ni “pío” sobre la corrupción en la que están inmersos, al contrario, se lavaron las manos afirmando que la corrupción no afecta la economía.

¿A quiénes benefició, directamente, las reformas del gobierno de Fujimori? A las grandes empresas. ¿A quiénes beneficia, hoy, esta Política de Productividad y Competitividad Nacional? A estas mismas grandes empresas. Entonces, de qué lucha contra la corrupción habla Vizcarra. Si son estos mismos grupos empresariales, responsables de que nuestra política económica apunte siempre a recortar derechos de los trabajadores.

Este 15 de enero los trabajadores organizados nos invocan a una Jornada Nacional de Lucha. Por todos aquellos que hoy no tienen un empleo en condiciones dignas, marchemos juntos. El derecho humano básico es el trabajo.