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14 de abril de 2018

Grupo de Lima: la vía no democrática

Alfredo Serrano

América Latina continúa en disputa geopolítica. El Grupo de Lima es resultado de ello. La conformación de este bloque de 12 países americanos (Argentina, Brasil, Canadá, Chile, Colombia, Costa Rica, Guatemala, Honduras, México, Panamá, Paraguay y Perú) tuvo lugar el pasado 8 de agosto de 2017. La razón de ser de este nuevo grupo es el intento de acabar con otros dos espacios en la región: UNASUR y CELAC. Frente a una agonizante OEA y una Alianza del Pacífico que no logra despegar, el Grupo de Lima es la fórmula elegida como instancia política regional para instaurar el orden conservador.

La Historia se repite. El gen de nacimiento de este nuevo espacio geopolítico es el intento de aislar a Venezuela de la misma manera que en su momento la OEA lo hiciera con Cuba. El Grupo de Lima nace para adherirse a los Estados Unidos y Europa en su cruzada anti Venezuela. Es decir, la región americana necesitaba tener su propia arma para destruir a Venezuela, de la misma manera que lo están intentando los otros dos bloques occidentales. La OEA no lo logró porque viene deslegitimándose desde hace años, y porque ni siquiera cuenta con los votos suficientes para obtener ningún resultado efectivo. En consecuencia, se crea este nuevo espacio sin sostén legal de ningún tipo, pero que sí parte de una sólida coincidencia: procurar conseguir desde afuera aquello que no se puede alcanzar por la vía interna democrática. 

De la misma forma que ocurrió con la Alianza del Pacífico, Estados Unidos tampoco aparece como miembro explícito en el Grupo de Lima. Esta es una modalidad diferente empleada en el siglo XXI para crear nuevos espacios supranacionales en América latina tutelados desde el Norte. La creciente imagen negativa que Estados Unidos ha ganado entre la ciudadanía latinoamericana durante los últimos años, les obliga a evitar salir en la foto. Son nuevos tiempos, pero con las mismas viejas intenciones. 

El objetivo más concreto del Grupo de Lima es poner punto y final al gobierno chavista en Venezuela por la vía no democrática. La forma directa será el desconocimiento como Presidente de Nicolás Maduro si éste resulta vencedor en las próximas elecciones del 20 de mayo. Esto implica, en un sentido estricto, desconocer la democracia de un país miembro latinoamericano y su soberanía. Y, por tanto, se inaugura así una peligrosa disputa abierta en la región sobre lo que significa la democracia. Y este es la verdadera meta-objetivo del Grupo de Lima: ser juez y parte en la región, siendo notario de lo ajeno en función de sus propios criterios e intereses. Así pueden pontificar lo que es democracia y lo que no lo es. Y a partir de ahí, llevar a cabo su presión, su ruptura de relaciones diplomáticas y mayor bloqueo comercial y financiero. Todo con la única intención de alterar el orden político por la vía no democrática, no electoral. 

Otra buena pista para conocer al Grupo de Lima es su silencio frente al actual encarcelamiento de Lula para sacarlo de la carrera electoral por métodos no democráticos. No ha habido respuesta ni la habrá. En el caso de Brasil, el grado de su democracia se mide por otro rasero. Poco importa que el actual representante de Brasil, Temer, no haya sido electo. O que el nuevo presidente peruano, Vizcarra, tampoco haya tenido que pasar por las urnas. El sentido de la democracia para este Grupo es tan “light” que no existe preocupación alguna por este dato: el porcentaje promedio de respaldo en las urnas de los Presidentes miembros es únicamente del 16,47%. O sea, solo 16 de cada 100 posibles electores en cada país eligieron a los que hoy comandan un Grupo que da lecciones de democracia. 

En definitiva, este nuevo bloque responde a una nueva fase histórica del intento de restauración conservadora. Lo que no se obtiene por las urnas, se procura conseguir por otras vías. El Grupo de Lima expresa, de esta manera, otro paradigma extremadamente peligroso de relaciones exteriores para la región, que se basa en estar en contra de los principios internacionales del reconocimiento a la libre autodeterminación de los pueblos. La injerencia no democrática es el camino elegido por parte de estos nuevos gobernantes en detrimento del fomento al diálogo. Esto supone un gran retroceso para la integración regional que rememora a aquellas tristes huellas del pasado más lúgubre. ¿Quién nos asegura que el Grupo de Lima no busque otra fórmula para desconocer la próxima presidencia de Evo si vuelve a ganar en Bolivia? ¿Señaló algo el Grupo de Lima acerca de la inconstitucionalidad de la consulta que tuvo lugar en Ecuador? ¿Interpuso alguna reclamación ante la falta de papeletas en las últimas elecciones en Colombia? ¿Se pronunciará el Grupo de Lima si se hace otro fraude electoral en México contra López Obrador? Seguramente no. Seguramente la democracia les importa bien poco cuando la propuesta es otra. 

13 abril 2018

27 de agosto de 2016

La imposición de la 'neosocialdemocracia' en América Latina

Alfredo Serrano Mancilla

No es nuevo. El intento de 'socialdemocratizar' cualquier proceso revolucionario tiene infinitos precedentes en la historia política latinoamericana, desde la Alianza por el Progreso (iniciada por Kennedy) hasta los primeros años de la época Clinton. En épocas más recientes, se empleó el término 'la tercera vía latinoamericana' con el objetivo de que el Brasil de Lula caminara siempre por el rail del centro.

En la actualidad, en tiempos de contracción económica mundial, lo intentan con Ecuador y Bolivia, tratándolos con el cariño necesario para que se dejen guiar por esos principios socialdemócratas. No lo consiguen (por ahora), pero lo siguen intentando. Le lanzan un acuerdo comercial por acá y una inversión extranjera por allá. La economía aprieta y la ayuda externa se presenta como la gran tentación salvadora.

Ahora, sorprendentemente, también lo intentan con Venezuela. Si no se puede por las malas, que sea por las buenas. Ante el momento de emergencia económica, algunos actores se han puesto manos a la obra para que el chavismo acabe decantándose por una salida 'neosocialdemócrata'. La excusa, la de siempre: el pacto necesario para dar estabilidad y gobernanza económica. La estrategia, también la habitual: se afirma que todo lo que ha hecho el sector público está mal y, con eso, se argumenta que las grandes decisiones económicas han de estar en manos del gran capital privado. Si hay fallas en el sistema de precios justos, la solución es que dos empresas privadas marquen el precio que les de la gana. Si el sistema cambiario tiene debilidades, entonces la respuesta es que el 'Dólar Today' sea legal. Así es como la 'neosocialdemocracia' pretende imponer su sentido común económico para dar estabilidad a la actual situación económica adversa.

La pregunta que nos debemos hacer es qué tipo de estabilidad económica queremos como respuesta ante las dificultades. Una cosa es la que excluye a las mayorías y otra, bien distinta, es aquella que incluye y no deja a nadie fuera. He aquí la verdadera discusión detrás de este emergente consenso de ideas económicas: ¿Estabilidad macroeconómica con malestar microeconómico? Como en Perú, Colombia, México o como sucede ahora en Argentina. De nada sirve alcanzar un equilibrio macroeconómico sin gente adentro, sin pueblo. La clave es llegar a la meta, pero hacerlo con el mayor número de personas posible.

La socialdemocracia, en las últimas décadas, se viene promocionando con una cara amigable, intentando disimular que pertenece al mismo sistema hegemónico que ha provocado un importantísimo desastre económico a escala global. Procura utilizar como carta de presentación lo que fue en el pasado, sin querer rendir cuentas del presente. Es necesario, por tanto, no confundir lo que fue la vieja socialdemocracia con esta 'neosocialdemocracia', que cohabita en una casa neoliberal dominante.

Este nuevo proyecto se caracteriza por constituirse a partir de un pacto desigual con amistades peligrosas; por una soberanía subordinada al patrón de acumulación global del capital; por políticas públicas de bienestar social condicionadas a la tasa de ganancia de unos pocos grandes empresarios. Esta es la corriente que aparece camuflada como nueva, pero que se asemeja demasiado a lo de siempre, al modelo neoliberal.

Indudablemente, muchos de los procesos de cambio en América Latina se enfrentan a su propio punto de clivaje para sortear contradicciones internas y afrontar situaciones externas adversas. De todos modos, ninguna identidad política puede continuar paralizada ante tanto cambio adentro y afuera. Así, se abren muchas vías para su resignificación e interpretación hacia delante.

Ante el amplio abanico de posibilidades sobre por dónde transitar, ser domesticado en modo 'neosocialdemocracia' es una opción por la que algunos están apostando con mucho ímpetu. Su éxito, en gran medida, dependerá de si surgen otras alternativas que seduzcan y convenzan más que el plan de 'marketing' 'neosocialdemócrata'. En el caso de que esto no suceda, comenzará mas pronto que tarde el 'tic tac' de los procesos de cambio en la región. Esperemos que no.

3 de noviembre de 2015

Vargas Llosa, una pluma política frustrada


Alfredo Serrano

A pesar de todos los premios literarios, Vargas Llosa sigue atravesado por su derrota en las elecciones presidenciales de Perú del año 1990. Jamás lo superó.

Ninguno de sus merecidos reconocimientos como escritor compensó su anhelo de todo niño hijo de la oligarquía latinoamericana de la época: ser Presidente. Desde entonces, ha persistido con sus diatribas en defensa de cualquier propuesta de la derecha naciente en América latina.

Su tono se enfureció mucho más durante el siglo XXI luego de la llegada de los gobiernos de signo contrario a sus designios. En todos esos casos (Venezuela, Brasil, Argentina, Bolivia, Ecuador), la democracia dejaba de ser un sistema justo para elegir sus mandatarios. El pueblo dejaba de tener razón. Y Vargas Llosa sustituía su pluma ilustrada y creativa por un lenguaje de brocha gruesa, de lugares comunes cómo cualquier político obsoleto de la derecha del siglo XX.

El novelista y ensayista ha vuelto a aparecer en escena con las elecciones argentinas. En su editorial, de El País, “Una esperanza argentina”, hace campaña en modo hooligan a favor de Macri.
Le regala todo tipo de piropos como adalid de la libertad y democracia a pesar de que su fortuna –la de la familia Macri- se fraguó en época de dictadura. Por el contrario, arremete sin piedad contra el peronismo y el kirchnerismo. Les insulta con el peor lenguaje barrio bajero. Se atreve incluso con equiparar lo que sucede en Argentina con el nacismo y fascismo: “el fenómeno del peronismo es, al menos para mí, más misterioso todavía que eldel pueblo alemán abrazando el nazismo y el italiano el fascismo”.
Su lengua viperina no tiene límites. A Chávez le dijo absolutamente de todo. Lo mismo contra Evo Morales o Correa. A Néstor y Cristina también les despreció con todo tipo de improperios. Todo porque –tal como él mismo afirma- Argentina no vuelve “al primer mundo”, a su primer mundo, a ese mundo privilegiado para unos pocos donde está prohibida la entrada de las mayorías. Vargas Llosa, como buen marqués (marquesado hereditario español que lefue creado y entregado por el rey Juan Carlos), siempre defiende a su propia su casta.
Su mirada está impregnada de rencor y mentiras. Habla de empobrecimiento cuando Argentina es el país, según la CEPAL, que más ha erradicado pobreza y reducido desigualdad gracias a las políticas públicas del kirchnerismo. Crítica el antiamericanismo del gobierno después de que éste se haya negado a acatar lo que un juez de Nueva York sentencia a favor de los fondos buitres.
Para Vargas Llosa el americanismo ha de significar todo proyecto político impuesto desde Estados Unidos en vez de cualquier construcción de una América latina más emancipada. Seguramente, jamás pudo digerir aquel No al ALCA (Área de Libre Comercio de las Américas) que tuvo lugar precisamente en Mar del Plata hace una década. El gobierno K jugó un rol clave en esa batalla y eso escuece todavía mucho a aquellos que defienden que América latina ha de volver subordinadamente al redil atlántico trazado por Estados Unidos y Europa.
Vargas Llosa sigue sin comprender absolutamente nada de lo que sucede al interior del cambio de época latinoamericano. Sigue apoyando a perdedores en América latina: Henrique Capriles en Venezuela, Aecio Neves en Brasil, La calle Pou en Uruguay, Rubén Costas en Bolivia, Mauricio Rodas en Ecuador.
En esta ocasión apuesta por Macri a ver si logra de una vez por todas ganar una elección en países que buscaron otro camino diferente al neoliberalismo. El 22 de Noviembre veremos si atina. Por ahora, sus aciertos son prácticamente nulos. Su olfato político deja mucho que desear.
* Alfredo SerranoDoctor en Economía de la Universidad Autónoma de Barcelona, con PosDoctorado en Economía en Universidad Laval (Canadá). Director del Centro Estratégico Latinoamericano Geopolítico. Profesor Universitario Posgrado en FLACSO (Ecuador), Universidad Andina y UMSA (Bolivia), Universidad Hermosillo y UNAM (México), Universidad Pablo de Olavide de Sevilla (España), Universidad Santa Marta (Colombia).
http://www.telesurtv.net/bloggers/Vargas-Llosa-una-pluma-politica-frustrada-20151102-0001.html

30 de septiembre de 2014

Evo Morales y la época ganada en Bolivia

Alfredo Serrano Mancilla * 

Cualquier contienda electoral presidencial que tenga claro ganador a la vista siempre es concebida como una cita menos emocionante que aquella en la que todo se define en un reñido conteo, voto a voto, donde el suspense persiste hasta el último minuto de juego. Si las elecciones fuesen tratadas como cualquier reality show, entonces, la cita electoral del próximo 12 de octubre en Bolivia pasaría desapercibida porque ya todos saben quien va a ser el ganador por auténtica goleada. Tal vez, desde esta frívola mirada, lo único que realmente podría llamar la atención en las casas de apuestas es saber por cuánto va a ganar Evo Morales; por 40 o 50 puntos; o si supera su propio record en 2009 (64,2%).

Pero menos mal que la política supera esta visión tan habitual en la prensa hegemónica siempre que su candidato predilecto pierde. Ninguno de los candidatos opositores tendrán los votos suficientes para disfrutar de la cuota de pantalla que muchos estarían encantados en concederles. Ni el aspirante neoliberal que aún presume de ello (Tuto Quiroga), ni el neoliberal escondido como candidato centrista (el multimillonario Doria Medina), ni el centrista camuflado de progresista del siglo XXI (el ex alcalde y ex aliado del MAS, Juan del Granado), ninguno de ellos son capaces de encarnar una oposición creíble frente a un proyecto que ha transformado al país de punta a punta.

En contraposición al desinterés internacional en esta cita electoral, el pueblo boliviano sí que está muy atento e ilusionado con lo que pueda pasar en las urnas. Para la mayoría social, está en juego un proceso de cambio, un cambio de época posneoliberal. Ni siquiera se han alcanzado nueve años de gobierno de la Revolución Democrática y Cultural, y ya se puede afirmar simbólicamente que Bolivia disfruta de su década ganada después de varias décadas perdidas. Es una década ganada que realmente constituye una época ganada gracias a la consolidación de un nuevo sentido común, ni importado ni impuesto desde el exterior, sino un sentido común de época abolivianado, forjado desde adentro, desde su propia epísteme, en el que se proclama el Vivir Bien para todos, sin excepciones. Es una época ganada no exenta de todas las contradicciones y tensiones propias de un proceso de cambio; como índica siempre su Vicepresidente Álvaro García Linera, lo ideal es que estas tensiones sean siempre tensiones creativas, permitiendo seguir hacia delante con nuevas respuestas frente a las nuevas demandas venideras.

Son infinitos los hitos alcanzados en este periodo desde aquella victoria de Evo Morales a fines del 2005 cuando sorprendió a propios y extraños irrumpiendo con su instrumento político (el MAS) representando a una mayoría plebeya y subalterna durante décadas neoliberales y siglos de neocolonialismo. El proceso se inició con una refundación constituyente que acabó, después de muchos obstáculos, con una nueva carta constitucional marcando las normas de convivencia para un pacto social diferente a aquel que siempre se venía haciendo por arriba ignorando a los de abajo. Evo Morales comenzó un proceso acelerado de reapropiación de los sectores estratégicos que habían sido expropiados durante la larga noche neoliberal descapitalizando y desangrando a la riqueza del país. La redistribución del excedente económico se fue constituyendo como condición necesaria para redefinir el nuevo régimen de acumulación. Poco a poco, el Estado dejaba de ser aquel heredado Estado Aparente. Gracias a la innegociable defensa de que los recursos naturales bolivianos son de y para los bolivianos, se ha venido aplicando un conjunto de políticas sociales que van saldando la deuda social del pasado. Para este proceso liderado por Evo Morales, los cambios del largo plazo son sólo viables cuando se solventan lo más rápido posible todas las urgencias que sufre la población; el padecimiento social no puede ni debe tener paciencia.

Hacia fuera, Evo Morales siempre entendió que cualquier proceso de cambio adentro requiere de otra forma de inserción en el mundo; no hay transformación adentro que se sostenga si ésta no es combinada virtuosamente con una nueva forma de relacionarse con el mundo, rescatando plenamente la condición de soberanía. En este sentido, Evo Morales tuvo siempre una actitud valiente y decidida, como por ejemplo en el rechazo de los tratados de libre comercio y tratados bilaterales de inversión y la objeción al CIADI (dependiente del Banco Mundial). Estas medidas vinieron además acompañadas de otra premisa clave: sólo con una alianza supranacional regional vigorosa se podría resistir al capital transnacional. Y así fue como Bolivia se fue anclando en el Sur latinoamericano, siendo parte del ALBA, acercándose a Mercosur, participando activamente en UNASUR y CELAC, acabando por ser el país que preside el grupo del G77+China, logrando conquistar progresivamente su emancipación económica y política.

Todo este combinado de avances, cambios y mejoras, de humanización y democratización de la economía, de reapropiación de lo propio, de enaltecimiento de la soberanía, de resituar a Bolivia en el mundo, todo este nuevo paradigma en construcción es lo que justifica que no haya incertidumbre a la hora de votar. Evo Morales seguirá gobernando con amplio respaldo popular porque la mayoría está decidida a que este proceso sea irreversible para que esta época ganada sea duradera.

* Doctor en Economía.  Director Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica (CELAG)


http://blogs.publico.es/dominiopublico/11180/evo-morales-y-la-epoca-ganada-en-bolivia/