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31 de octubre de 2025

Perú: El miedo les muerde las entrañas

Gustavo Espinoza M.

Desde hace un buen tiempo las autoridades peruanas han venido decretando el “Estado de Emergencia” en distintas localidades del país. En Pataz, por ejemplo, se valieron de él apenas comenzó el desborde delictivo, que luego se afirmó y creció a la sombra de nadie sabe quién.

Pero en la capital de la República, el Estado de Emergencia se usó de manera selectiva en determinados distritos de la capital, los antiguos “cinturones de miseria”, como se les llamaba a San Martín de Porras, San Juan de Lurigancho, Puente de Piedra, Carabayllo y otros,  que fueron escenario de un mismo ritual: declaración formal del “Estado de Emergencia”, desplazamiento ostentoso de algunas unidades militares, anuncio de “redadas” y “captura de bandas”, varias de las cuales eran inexistentes.

Al margen de todos estos “operativos”, las acciones delictivas crecieron, aumentó el número de asesinatos, se incrementaron las extorsiones, se registraron cada vez más víctimas, fluyeron amenazas sobre comerciantes, transportistas, colegios, vendedores informales, y otros. Cada vez, puntualmente, los “Estados de Emergencia” se fueron renovando con los mismos resultados; más emergencias, y más delitos, más víctimas y más muerte.

Pues bien, ahora, el gobierno del señor Jerí ha vuelto a lo mismo, sólo con un discurso más rimbombante y altanero, “A la ofensiva”, como le gusta subrayar. Y, ostentosamente ha ampliado el radio de esa emergencia para incorporar en ella a toda la ciudad capital más la Provincia Constitucional del Callao.

Y para que la gente crea que no está hablando en vano, ha sumado a esta declaración algunas “movidas” que, en el fondo no han sido otra cosa sino cambios de estilo: hizo múltiples reuniones con diversos actore​s del proceso social, visitó los Penales para amenazar a los  presos a los que tuvo en el suelo para que se den  cuenta que “ya perdieron”, felicitó a la Policía para saludar “su heroísmo”, convocó al Acuerdo Nacional, concertó con sus ministros, pidió al Congreso “facultades delegadas”; en fin, buscó a todos, menos a los trabajadores, a los estudiantes, ni a las víctimas de la represión. Para ellos, les faltó tiempo.

Y ya, en el cenit de su gobernabilidad, cuando debía demostrar que estaba “hablando en serio” y que por eso mismo no usaba palabras sino acciones, dio su “Mensaje a la Nación”: 49 segundos, duró la perorata, Fue esa, sin duda, la manera de demostrar que él y Dina, no eran lo mismo: el último mensaje de Dina al Congreso, y a la Nación duró 4 horas y 52 minutos.  Vale, sin embargo, en este fárrago de “acciones”, aludir a algunos elementos que debieran ser considerados:  

Cuando un gobierno es débil y se siente acorralado, confunde la seguridad ciudadana, con su propia seguridad.  Cree entonces que proteger a la ciudadanía, es poner a 7 mil policías armados hasta los dientes custodiando “objetivos estratégicos del Estado”, es decir el Congreso de la República y Palacio de Gobierno.  Así de simple.

Hoy, el país sabe que la Policía Nacional dispone en Lima, una ciudad de 11 millones de habitantes, apenas de 89 vehículos para rondas y tareas de patrulla; que los policías tienen que comprar su propio “chaleco antibalas”, porque el Estado no les proporciona ninguno; que deben adquirir sus propias balas. porque los fusiles que les entregara el régimen depuesto carecían de ellas; que tienen ellos mismos que adquirir las pistolas que usen; aunque deben “inscribirlas” como si pertenecieran a la unidad de la que forman parte. Lo único que les dan, es una canasta de víveres, en gratitud, porque si no hubiesen estado allí el 15 de octubre, la gente habría sacado a patadas a “los dueños del Poder”

Sin duda, estamos hablando de los policías “de abajo”, esos que tiran las bombas lacrimógenas y golpean a la gente. Porque si se trata de “Los Mandos” la situación es diferente, Como es público, ahora reciben automóviles “de alta gama” porque necesitan “coches veloces” (pareciera que piensan en la hora de huir), además de varios otros beneficios.

El otro tema es la tendencia clásica a cebarse con los más débiles, con quienes no pueden defenderse. Nos referimos a los que están privados de su libertad. Lo que se busca, es simplemente martirizarlos, hacerles la vida imposible. Y eso tampoco tiene sentido. En los Penales pueden haber 10, 50 o 100 delincuentes que trabajan desde allí en conexión con sus bandas para cometer nuevos delitos. Pero hay más de 100 mil presos. ¿A todos hay que castigarlos igual entonces? Si eso se hace,  objetivamente se alientan las fugas, o los motines carcelarios. ¿A dónde conduce eso?. Tan sólo a acrecentar la violencia.  

Por lo demás, está claro que la Fuerza Armada no está preparada para enfrentar una “ola delictiva”. Con tanques y cañones no se enfrenta la extorsión ni el sicariato, ni tampoco se le derrota con barricadas ni trincheras. El “Estado de Emergencia”, entonces, persigue otros objetivos. Lo que busca es intimidar a la población, paralizarla, impedir que se exprese, porque se sabe que lo hará en sentido contrario al rumbo oficial. Y eso es lo que se busca impedir.

De alguna manera eso se ha dejado entrever en la presentación del “Gabinete Álvarez” en el Congreso de la República el miércoles pasado. Ahí sí hubo muchas palabras y lluvia de promesas. Innecesarias, quizá, porque después de todo, el “voto de confianza” estaba cantado.  La “mayoría parlamentaria” -esta vez liderada por Rospigliosi- no hizo sino “subirse al carro” y anexarse a la locomotora de 38 años que preside hoy el Ejecutivo.

Y lo hizo, naturalmente, sin abdicar de sus “prerrogativas”. ¿Cuáles? En primer lugar, llamar “senderista” al asesinado Ruiz Sáenz para liberar de culpa -y sanción- al oficial Magallanes en cuyo beneficio idearon todas las leyendas posibles, asegurando que disparó en defensa de su vida porque “estaba a punto de ser linchado” y además, lo hizo al cielo, sólo que como era de noche y éste estaba cerrado, la bala rebotó al suelo y como éste era de cemento, se alzó otra vez para alojarse por pura casualidad en el cuerpo de este “subversivo”.  Y es que Magallanes, ahora, es “un héroe”, el prototipo de lo que debe ser un Policía “que cumple su deber”, es decir, que “matas senderistas”.

Si a eso añadimos la inaceptable condena de 15 años de prisión dictada contra Guillermo Bermejo, tendremos la idea redonda del terror que invade a la clase dominante. En su desesperación, y a sabiendas que habrá de perder cualquier consulta electoral elementalmente democrática invierte el papel de “la prueba” y sostiene que el acusado, “no pudo demostrar su inocencia” ante “las acusaciones plateadas”

Es el miedo -que les muerde las entrañas- el que acciona esta política.  Y es que al final de este túnel no se ve la paz, sino la muerte.

Se publica este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

11 de enero de 2024

Ecuador se abre a la intervención militar de Estados Unidos

Daniel Kersffeld

La violencia e inseguridad que desde hace más de un lustro impera en Ecuador, fomentada por una sucesión de gobiernos de derecha, alcanzó hoy un nuevo hito, luego de que 2023 cerró con cerca de 8 mil muertes violentas, la tasa más alta en el número de asesinatos en la historia del país, y casi el doble respecto a las más de 4 mil producidas un año antes.

La aparatosa toma del canal de televisión TC, la sospechosa fuga de la cárcel de dos narcotraficantes, diversos actos de violencia cometidos por organizaciones delictivas en la Universidad de Guayaquil y en distintos centros comerciales fueron el detonante para que Daniel Noboa, el actual presidente de Ecuador, ordenada al Ejército el inmediato restablecimiento del orden en todo el país.

Para ello apeló a la caracterización de la actual crisis que atraviesa el país andino como un “conflicto armado interno”, una fórmula que, sin duda, remite a la extensa crisis sufrida por Colombia en el enfrentamiento armado entre fuerzas militares, guerrillas y organizaciones vinculadas al narcotráfico.

De igual modo, el presidente identificó y denunció a más de una veintena de bandas criminales de distinto volumen y presencia territorial como “organizaciones terroristas” y como “actores no estatales beligerantes”. Esta denominación no es gratuita y las derivaciones políticas y militares de esta decisión resultan altamente preocupantes para toda la región.

La lectura oficial asegura que en la actualidad en Ecuador se produce el enfrentamiento de dos de los más poderosos cárteles de la droga de México: el de Sinaloa y el de Jalisco, que operarían a partir de distinto tipo de organizaciones satélite.

Más allá de la veracidad de este relato, lo que resulta indudable es que podría posibilitar la intervención militar de los Estados Unidos para la preservación de la paz y el orden, y la protección de sus intereses internacionales.

En este sentido, el último viaje del ex presidente Guillermo Lasso a los Estados Unidos, realizado a fines de septiembre de 2023, resultó clave para la firma de dos acuerdos internacionales que no, no casualmente, no fueron difundidos de manera oficial por el Departamento de Estado.

Mientras que el primer acuerdo permite la presencia de buques militares estadounidenses en aguas ecuatorianas, el segundo directamente fija las condiciones para la presencia de militares de Estados Unidos en Ecuador.

En la firma del acuerdo estuvieron presentes el representante republicano Dan Crenshaw, que preside el “Grupo de Trabajo del Congreso para Combatir a los Cárteles de la Droga Mexicanos”, así como también altos funcionarios de la Guardia Costera y del Departamento de Defensa.

La participación de fuerzas militares extranjeras en Ecuador estaría fundamentada también en varias iniciativas adoptadas durante el gobierno de Joe Biden.

En primer lugar, se encuentra la “Estrategia de los Estados Unidos para Prevenir Conflictos y Promover Estabilidad”, emitida en abril de 2022 y en la que se pretende atacar “la vulnerabilidad de un país o región al conflicto armado, la violencia a gran escala u otra inestabilidad, incluida la incapacidad para gestionar amenazas transnacionales y otras perturbaciones significativas”.

Por otra parte, debe mencionarse la “Estrategia de Seguridad Nacional (NSS-2022)”, publicada por la Casa Blanca en octubre de 2022, y en la que se presenta la idea “disuasión integrada” como elemento fundamental de la política de defensa estadounidense, al mismo tiempo en que se plantean los desafíos de China y Rusia para la geopolítica diseñada desde Washington.

Por último, no es menor el aporte realizado por el mencionado congresista Crenshaw quien, junto con el también republicano Mike Waltz, en enero de 2023 presentaron el proyecto denominado “Autorización para el uso de la Fuerza Militar” contra los carteles mexicanos. Una propuesta que luego fue complementada por la senadora republicana Lindsey Graham a través del proyecto “Fin Narcos” para designar a nueve cárteles mexicanos como “organizaciones terroristas extranjeras”.

En caso de prosperar, la participación militar estadounidense estaría a cargo de las Brigadas de Asistencia de Fuerza de Seguridad (SFAB por sus siglas en inglés), creadas en 2017 para asesorar y acompañar a los ejércitos de Afganistán e Irak.

A diferencia de lo ocurrido hasta hace pocas décadas, no se trataría de establecer formaciones a largo plazo (como en Ecuador aseguraba la permanencia en el tiempo de la base de Manta) sino de proporcionales un carácter dinámico y móvil, reforzando los lazos técnicos, ideológicos y formativos con las organizaciones militares locales.

La voluntad colaborativa de Ecuador, y la estrategia a ser utilizada, fueron confirmadas el 3 de octubre por el canciller Gustavo Manrique quien aseguró que se contemplaba que las tropas estadounidenses participen en “operativos de corta duración” enmarcados en la lucha “contra el narcotráfico, el crimen transnacional y otros delitos”, en principio, en espacios marítimos.

Para erradicar cualquier duda, Manrique recalcó: “No es que vienen a instalarse tropas. Entran (los militares estadounidenses) en periodo de corta duración, hacen los operativos y se retiran”. Asimismo, el ministro agregó que las autoridades ecuatorianas estarán presentes en las embarcaciones estadounidenses, “para no perder soberanía”.

En la actualidad, Ecuador es una pieza cada vez más importante en la geopolítica con la que Estados Unidos quiere recuperar influencia y terreno en los países del Pacífico, frente a la amenaza representada por China, principalmente, en el área económica y comercial. Sin descartar, claro está, la actuación de Rusia en la región, a la que dos años de conflicto militar en Ucrania y de bloqueo económico por parte de las potencias de la OTAN no han conseguido doblegar.

Con programas de seguridad como el Plan Colombia y la Iniciativa Mérida ya enterrados en el pasado, desde Estados Unidos se desenvuelven nuevas estrategias para asegurar la intervención de sus ejércitos en el contexto latinoamericano.

Una combinación funesta de inoperancia y corrupción de las fuerzas policiales y de seguridad, junto con la reprobable voluntad política de los últimos gobiernos neoliberales que manifestaron su interés indiscutible en el alineamiento irrestricto con Washington, podría ser hoy determinante para la inminente llegada de fuerzas militares estadounidenses a territorio ecuatoriano.

https://www.pagina12.com.ar/702976-ecuador-se-abre-a-la-intervencion-militar-de-estados-unidos