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8 de junio de 2022

En las Cumbres

Horacio Verbitsky

Biden sólo ofrece caramelos de madera, que ningún gobierno de la región está ansioso por chupar.

El enviado del Presidente estadounidense Joe Biden, Christopher Dodd, que se reunió con el Presidente Alberto Fernández para pedirle que no desaire a su país faltando a la cumbre de las Américas que se realizará dentro de unos días en Los Ángeles, es un viejo conocedor de la Argentina. Tiene una historia propia y familiar representativa de contradicciones que no son extrañas en la dirigencia política de su país, que tanto puede defender los derechos humanos como violarlos.

Fernández le dijo a solas lo mismo que manifestó en una reunión de educadores en la Cancillería: que le avergüenza que Cuba lleve seis décadas de bloqueo económico y que la misma medida se haya aplicado contra Venezuela. Mientras el Presidente de México Andrés López Obrador anunció que no concurriría por la exclusión de Cuba, Venezuela y Nicaragua, Fernández pidió que eso sea reconsiderado. Antes de Buenos Aires, Dodd estuvo en Brasil y Chile, donde se reunió con los presidentes Jair Bolsonaro y Gabriel Boric, a quienes les prometió encuentros bilaterales con Biden.  En el encuentro con Alberto, Dodd dijo que su presidente estaba ansioso por reunirse con el argentino. La respuesta fue que nadie había deseado más que él la victoria de Biden, porque Trump había hecho mucho daño a la región, y enumeró

- La desvirtuación de la OEA desde la designación de Luis Almagro como Secretario General; 
- La ocupación del BID, por primera vez presidido por un estadounidense y no un latinoamericano; 
- El golpe en Bolivia, 
- Y el ataque militar a Venezuela.

Agregó que nadie está más decepcionado, porque en un año y medio, Biden no ha enmendado ninguno de esos graves errores.

En ese punto, la cordialidad del diálogo con Dodd dio paso a un ríspido intercambio con el embajador Marc Stanley, quien dijo que  el anfitrión elige a quien invitar y Fernández repuso que la cumbre de las Américas no era su fiesta de cumpleaños. Stanley cuestionó a Fernández que en su  encuentro con Vladimir Putin, lo único que le interesara fuera obtener los derechos especiales de giro que Rusia no necesitaba y que no le transmitió la preocupación por las amenazas a Ucrania, tal como Stanley le había pedido.  Fernández lo negó. Dijo que si Stanley le hubiera hecho tal planteo, él hubiera dado por concluido el encuentro, porque no es admisible tal injerencia en las relaciones de dos naciones soberanas. Admitió el interés argentino por los DEG, ya que  la Argentina necesita dólares para no detener el crecimiento por ausencia de insumos importados y que Estados Unidos no colabora en ese sentido. El presidente sí agradeció la intervención de Biden para que el directorio del FMI aprobara el acuerdo con la Argentina, pese a la oposición de la Ministra de Economía, Janet Yellen, cuyo asesor David Lipton fue el segundo de a bordo de Christine Lagarde cuando el organismo otorgó el mayor préstamo de su historia al gobierno de Maurizio Macrì. Dodd retomó el control de la situación y prometió que hablaría el tema con Biden.

Los ministros de Relaciones Exteriores de México y de la Argentina, Marcelo Ebrard y Santiago Cafiero, anunciaron que simultáneamente podría realizarse en la misma ciudad californiana una cumbre de la CELAC, sin exclusiones. Creada durante la presidencia de Cristina, cuando Jorge Taiana era el canciller, Washington la atacó porque temía que fuera a sustituir a la OEA, sin la membresía de Estados Unidos y Canadá. La CELAC no avanzó en ese camino, pero Estados Unidos sí, porque ha hecho de las relaciones con Cuba, Nicaragua y Venezuela una cuestión de política interna, dado el peso del voto hispano en Florida y otros estados indecisos.

En la última comunicación entre ambos presidentes del eje México-Argentina, López Obrador dijo que como presidente de la CELAC, Alberto debería asistir a la cumbre, para hacer oír allí la voz crítica de las naciones de América Latina y el Caribe contra esas exclusiones. Y desde la Habana, Nicolás Maduro se pronunció en el mismo sentido.

El padre del enviado, Thomas Dodd, fue fiscal en juicios contra criminales del Ku Klux Klan en la década de 1930, y en 1945 fue seleccionado por el presidente de la Corte Suprema de Estados Unidos, Robert Jackson, como su segundo en los juicios de Nüremberg, donde condujo los interrogatorios a Hans Frank, Walther Funk, Wilhelm Keitel, Alfred Rosenberg, Fritz Sauckel, Arthur Seyss-Inquar y Baldur von Schirach, cuyas acusaciones por Crímenes de Lesa Humanidad escribió. Luego se dedicó al ejercicio de la profesión, donde su récord fue vergonzante, ya que fue contratado como lobbista por la dictadura guatemalteca de Carlos Castillo Armas, que con apoyo de Estados Unidos derrocó al Presidente electo Jacobo Arbenz.  Aunque a muchos le cueste creerlo, la última novela de Mario Vargas Llosa, Tiempos recios, es una magistral exposición de esa precursora operación de lawfare, el invento de una conspiración comunista para justificar el derrocamiento de un gobierno que afectaba intereses económicos de una empresa colonial estadounidense. Papá Dodd también intentó arrestar a Martin Luther King, por sus reclamos de una negociación de paz con Vietnam. Su otro hijo, Thomas Dodd (h), fue embajador en Uruguay y Costa Rica.

Christopher Dodd fue diputado y senador durante muchos años, e impulsó leyes para llevar a juicio crímenes de Lesa Humanidad, que su país no aprobó. En 2007 compitió por la candidatura presidencial del Partido Demócrata. Es tan amigo de Biden que compartieron el avión alquilado para sus giras proselitistas aunque ambos se postulaban para el mismo cargo. Dodd terminó apoyando a Barack Obama, quien escogió a Biden como vice. En 2020, Dodd integró el comité encargado de seleccionar a una mujer como acompañante de Biden en la fórmula que terminó imponiéndose sobre Donald Trump. Su postulante fue la diputada por California Karen Bass, pero Biden prefirió a la también californiana senadora Kamala Harris. En el Senado, Dodd presidió la Comisión de Asuntos Interamericanos. En ese carácter, en 1995 le envió una carta a Carlos Menem, que también firmaron sus colegas Edward Kennedy y Alan Cranston, interesándose por la situación del autor de esta nota, que había sido condenado por desacato “a una velocidad casi sin precedentes, en momentos de creciente sentimiento de inseguridad entre los periodistas argentinos. La decisión de la Corte fue resuelta al mismo tiempo en que el libro del señor Verbitsky Robo para la Corona, una quemante denuncia de la corrupción tanto privada como gubernamental, se convertía en un éxito editorial”.

En 2005, Dodd recibió en Washington al Vicepresidente Daniel Scioli, a quien le dijo que el Presidente republicano George W. Bush exageraba con Venezuela. Biden comparte ese criterio, pero debe manejarse con pie de plomo, porque el voto del exilio cubano y venezolano puede decidir las elecciones de noviembre en el estado de Florida. Su principal problema en la Cumbre de Los Ángeles es que no tiene nada para ofrecer, y sus reclamos de rechazar inversiones chinas en la región son caramelos de madera que ningún gobierno de la región anhela llevarse a la boca.

La claridad con que se pronunció sobre el tema Alberto Fernández, ha ido acompañada por decisiones que destrabaron el financiamiento chino a las represas Kirchner y Cepernic, lo cual muestra la saludable decisión de no poner todas las fichas a un solo número en el tablero geopolítico mundial y hacer en cada caso lo que el interés nacional aconseje.


Fuente: https://www.elcohetealaluna.com/en-las-cumbres/

https://www.leerydifundir.com/2022/06/en-las-cumbres/


16 de marzo de 2013

Francisco, sucesor de Benedicto XVI, un ersatz


Horacio Verbitsky

Entre los centenares de llamados y mails recibidos, elijo uno. “No lo puedo creer. Estoy tan angustiada y con tanta bronca que no sé qué hacer. Logró lo que quería. Estoy viendo a Orlando en el comedor de casa, ya hace unos años, diciendo ‘él quiere ser Papa’. Es la persona indicada para tapar la podredumbre. Es el experto en tapar. Mi teléfono no para de sonar, Fito me habló llorando.” Lo firma Graciela Yorio, la hermana del sacerdote Orlando Yorio, quien denunció a Bergoglio como el responsable de su secuestro y de las torturas que padeció durante cinco meses de 1976. El Fito que la llamó desconsolado es Adolfo Yorio, su hermano. Ambos dedicaron muchos años de su vida a continuar las denuncias de Orlando, un teólogo y sacerdote tercermundista que murió en 2000 soñando la pesadilla que ayer se hizo realidad. Tres años antes, su íncubo había sido designado arzobispo coadjutor de Buenos Aires, lo cual preanunciaba el resto.

Orlando Yorio no llegó a conocer la declaración de Bergoglio ante el Tribunal Oral Federal 5. Allí dijo que recién supo de la existencia de chicos apropiados después de terminada la dictadura. Pero el Tribunal Oral Federal 6, que juzgó el plan sistemático de apropiación de hijos de detenidos-desaparecidos, recibió documentos que indican que ya en 1979 Bergoglio estaba bien al tanto e intervino al menos en un caso a solicitud del superior general, Pedro Arrupe. Luego de escuchar el relato de los familiares de Elena de la Cuadra, secuestrada en 1977, cuando atravesaba el quinto mes de embarazo, Bergoglio les entregó una carta para el obispo auxiliar de La Plata, Mario Picchi, pidiéndole que intercediera ante el gobierno militar. Picchi averiguó que Elena había dado a luz una nena, que fue regalada a otra familia. “La tiene un matrimonio bien y no hay vuelta atrás”, informó a la familia. Al declarar por escrito en la causa de la ESMA, por el secuestro de Yorio y del también jesuita Francisco Jalics, Bergoglio dijo que en el archivo episcopal no había documentos sobre los detenidos-desaparecidos. Pero quien lo sucedió, su actual presidente, José Arancedo, envió a la jueza Martina Forns copia del documento que publiqué aquí, sobre la reunión del dictador Videla con los obispos Raúl Primatesta, Juan Aramburu y Vicente Zazpe, en la que hablaron con extraordinaria franqueza sobre decir o no decir que los detenidos-desaparecidos habían sido asesinados, porque Videla quería proteger a quienes los mataron.

En su clásico libro Iglesia y dictadura, Emilio Mignone lo mencionó como paradigma de “pastores que entregaron sus ovejas al enemigo sin defenderlas ni rescatarlas”. Bergoglio me contó que en una de sus primeras misas como arzobispo divisó a Mignone e intentó acercársele para darle explicaciones, pero que el presidente fundador del CELS alzó la mano indicándole que no avanzara.

No estoy seguro de que Bergoglio haya sido elegido para tapar la podredumbre que redujo a la impotencia a Joseph Ratzinger. Las luchas internas de la curia romana siguen una lógica tan inescrutable que los hechos más oscuros pueden atribuirse al espíritu santo, ya sean los manejos financieros por los que el Banco del Vaticano fue excluido del clearing internacional porque no cumple con las reglas para controlar el lavado de dinero, o las prácticas pedófilas en casi todos los países del mundo, que Ratzinger encubrió desde el Santo Oficio y por las que pidió perdón como pontífice. Ni siquiera me extrañaría que, brocha en mano y con sus zapatos gastados, Bergoglio emprendiera una cruzada moralizadora para blanquear los sepulcros apostólicos.

Pero lo que tengo por seguro es que el nuevo obispo de Roma será un ersatz, esa palabra alemana a la que ninguna traducción hace honor, un sucedáneo de menor calidad, como el agua con harina que las madres indigentes usan para engañar el hambre de sus hijos. El teólogo brasileño de la liberación Leonardo Boff, excluido por Ratzinger de la enseñanza y del sacerdocio, tenía la ilusión de que fuera elegido el franciscano de ancestros irlandeses Sean O’Malley, que carga con la diócesis de Boston, quebrada por tantas indemnizaciones que pagó a niños vejados por sacerdotes. “Se trata de una persona muy vinculada a los pobres porque trabajó mucho tiempo en América Latina y el Caribe, siempre en medio de los pobres. Es una señal de que puede ser un papa diferente, un papa de una nueva tradición”, escribió el ex sacerdote. En la Silla Apostólica no se sentará un verdadero franciscano sino un jesuita que se hará llamar Francisco, como el pobrecito de Asís. Una amiga argentina, me escribe azorada desde Berlín que para los alemanes, que desconocen su historia, el nuevo papa es tercermundista. Menuda confusión.

Su biografía es la de un populista conservador, como lo fueron Pío XII y Juan Pablo II: inflexibles en cuestiones doctrinarias pero con una apertura hacia el mundo, y sobre todo, hacia las masas desposeídas. Cuando rece su primera misa en una calle del trastevere o en la stazione termini de Roma y hable de las personas explotadas y prostituidas por los poderosos insensibles que cierran su corazón a Cristo; cuando los periodistas amigos cuenten que viajó en subte o colectivo; cuando los fieles escuchen sus homilías recitadas con los ademanes de un actor y en las que las parábolas bíblicas coexisten con el habla llana del pueblo, habrá quienes deliren por la anhelada renovación eclesiástica. En los tres lustros que lleva al frente de la Arquidiócesis porteña hizo eso y mucho más. Pero al mismo tiempo intentó unificar la oposición contra el primer gobierno que en muchos años adoptó una política favorable a esos sectores, y lo acusó de crispado y confrontativo porque para hacerlo debió lidiar con aquellos poderosos fustigados en el discurso.

Ahora podrá hacerlo en otra escala, lo cual no quiere decir que se olvide de la Argentina. Si Pacelli recibió el financiamiento de la Inteligencia estadounidense para apuntalar a la democracia cristiana e impedir la victoria comunista en las primeras elecciones de la posguerra y si Wojtyla fue el ariete que abrió el primer hueco en el muro europeo, el papa argentino podrá cumplir el mismo rol en escala latinoamericana. Su pasada militancia en Guardia de Hierro, el discurso populista que no ha olvidado, y con el que podría incluso adoptar causas históricas como la de las Malvinas, lo habilitan para disputar la orientación de ese proceso, para apostrofar a los explotadores y predicar mansedumbre a los explotados.


http://www.jornada.unam.mx/2013/03/15/politica/005a1pol

* Horacio Verbitsky es uno de los periodistas de mayor prestigio de Argentina y América Latina. Su libro El vuelo, que llegó a alcanzar la categoría de bestseller y en el que se describe la práctica de los llamados “vuelos de la muerte”, está considerado uno de los relatos más significativos de los crímenes de la dictadura militar argentina. Pero no sólo al pasado sino también al presente se ha enfrentado Verbitsky a lo largo de su carrera. En 1991, por ejemplo, fue él quien abrió la puerta para que se destapara el escándalo de corrupción “Swiftgate”, que acabó constándole el puesto a la mitad del gabinete del presidente Carlos Menem. “El Perro” es el apodo que Verbitsky se ha ganado a lo largo de este medio siglo dedicándose al periodismo.