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2 de mayo de 2019

El viejo cuento del capitalismo bueno

Manuel E. Yepe

Cecilia Zamudio es una pintora y escritora nacida en Colombia que ha vivido en una decena de países del mundo. Su obra, muy versátil e integral, se define dentro del Colorismo Humanista y en ella resalta su preocupación y estudio por los procesos sociales e históricos. Uno de sus más recientes trabajos está dedicado a demostrar que el capitalismo es salvaje por naturaleza, que no existe un capitalismo menos salvaje puesto que es un ordenamiento social que se basa en la explotación. 

Constantemente se incrementa la pobreza a nivel mundial, a la par que las grandes fortunas crecen de manera exponencial: los capitalistas degradan cada vez más el planeta y esclavizan y cosifican a más seres vivos. Excluyen a millones de personas de la posibilidad de vida sana y dignamente, al tiempo que exterminan especies y ecosistemas”, expone la intelectual colombiana. 

Millones de seres humanos, empobrecidos por el saqueo que perpetran las multinacionales que capitalizan a base de la destrucción de montañas y ríos, terminan apiñándose en los cinturones de miseria de las grandes ciudades enriquecidas. 

Se intensifica el éxodo de personas desde los países más brutalmente saqueados, hacia la metrópoli del capitalismo. Pero los países enriquecidos a costa de empobrecer a los demás aprecian cínicamente las riquezas pero no a las personas. Crecen los muros y las alambradas a la par que disminuye el análisis y la empatía. La arena de las playas se blanquea con la osamenta de miles de naufragados en su intento por huir de la caldera capitalista en que los hombres han convertido a sus países, a punta de saqueo y guerras imperialistas. La patronal de los países en la metrópoli capitalista, que también intensifica la explotación contra los trabajadores propios y precariza sus condiciones de vida, necesita un chivo expiatorio al que culpar de acciones contra las que ella no quiere cargar; usa sus medios de comunicación para alienar a las mayorías aduciendo que la precarización de sus condiciones de vida se debe a “los inmigrantes". Se intensifica en los medios de alienación masiva, la promoción del racismo y del fascismo, para incrementar así la división de la clase trabajadora, y multiplicar los niveles del fanatismo racista. 

La violencia contra las mujeres es también intensamente promovida por los medios de alienación masiva. Dado que el machismo es parte fundamental de la superestructura capitalista, crecen las ganancias de unos pocos sobre la aberración del feminicidio. 

La cosificación del ser humano se promueve hasta la saciedad. Los valores de la solidaridad son reemplazados por seudo virtudes consumistas. La noción de “justicia social" busca ser borrada, y suplantada por la perversa, egocéntrica y triste "caridad". 

“Mientras los medios de alienación capitalista adocenan a la gente con su promovido “no cambies el mundo, cámbiate a ti mismo" (como si no se pudiera intentar hacer las dos cosas a la vez); los capitalistas continúan depredando. Implementan con mayor intensidad la obsolescencia programado (envejecimiento prematuro y programado de las cosas), convirtiendo el planeta en un basural. Envenenan la tierra y los alimentos de manera cancerígena, asesinan por hambreamiento a un niño cada cinco segundos, en un mundo en el que la agricultura actual alcanzaría para alimentar a 12 mil millones de personas”. 

Los capitalistas aprovechan la precarización de las condiciones de vida que ellos mismos promueven para ampliar su cantera de los esclavizables: crecen la esclavitud moderna, la prostitución, el tráfico de niños”. 

Es urgente salir de este sistema en el que un puñado capitaliza sobre la sangre, el sudor y las lágrimas de las mayorías. Ante la inevitable constatación del incremento de la explotación de la miseria y del saqueo de la naturaleza, los grandes capitalistas arremeten con sus tanques de pensamiento: tratan de colonizar nuestras mentes y manejar la percepción de la realidad. 

Estos tanques de pensamiento intentan plantear el problema bajo luces deformantes, y para ganar tiempo inventaron esta falsa dicotomía entre “capitalismo salvaje" versus un supuesto “capitalismo con rostro humano". 

El capitalismo es salvaje por naturaleza, puesto que se basa en la explotación de una parte de los humanos contra otra: no hay un “capitalismo menos salvaje" dado que la violencia del mismo es intrínseca a la aceleración de la acumulación capitalista que cada día aumenta más. 

Y con ella, la exclusión, la explotación, el saqueo, la represión, el terrorismo de Estado, las guerras imperialistas, el fascismo, racismo, machismo, y todas las formas de violencia de ricos contra pobres. 


Se publica este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

25 de mayo de 2018

Falsas noticias como armas de Washington

Manuel E. Yepe

Nadie piense que valerse de falsedades como pivote para la proyección y ejecución de la política exterior estadounidense es una innovación o un aporte novedoso de Donald Trump. Ésta ha sido una tradición en la política exterior de Washington desde la voladura del acorazado español Maine en 1898, en La Habana, que sirvió para que Estados Unidos declarara la guerra a la monarquía hispana y cuya secuela fue el surgimiento del imperialismo norteamericano.

En 1997, fue muy exitosa en Estados Unidos la exhibición de Menear el perro (Wag the dog), versión libre cinematográfica de la novela “Heroe Americano” de Larry Beinhart, protagonizada en cine por Dustin Hoffman y Robert De Niro con la dirección de Barry Levinson.

La película trata sobre un experto en manipulaciones (spin doctor, en la jerga de relaciones públicas estadounidense) y un productor de cine que fabrican una guerra para distraer la atención de los votantes de un escándalo sexual que obstaculizaría la reelección del Presidente de Estados Unidos. La cinta se estrenó un mes antes de declararse el escándalo con Mónica Lewinsky y el bombardeo subsecuente de la fábrica de productos farmacéuticos Al-Shifa, en Sudan, decretado por la administración Clinton que generó numerosas comparaciones de la realidad con el film.

En la cinta, el Presidente es sorprendido enamorando a una joven menor de edad en la Oficina Oval, dos meses antes de las elecciones. El spin doctor decide llamar la atención del público con una guerra ficticia contra Albania a fin de atraer su atención de los medios a este conflicto desviándolo de la Casa Blanca.

El engaño surte efecto inicialmente moviendo las estadísticas electorales a favor del Presidente. Pero luego esto choca con los intereses de la CIA que favorece al candidato opositor y todo ello se complica en una sucesión de suciedades y perversiones típicas de la política estadounidense.

Las noticias falsas (fake news, en inglés) se han convertido en armas de “cuarta generación” que, insertadas en los escenarios de las nuevas tecnologías de información, las superan ampliamente en alcance y vigencia, dado que el escenario en que se vierten supera exponencialmente el nivel de difusión del contenido a través de los soportes informáticos de las redes sociales, donde lo falso se torna verdadero.

Ejemplo de recientes noticias falsas usadas como armas de guerra ha sido el caso de los ataques acústicos contra funcionarios de la embajada en Cuba de Estados Unidos.

Esta falsa noticia fue desmentida de múltiples formas, incluso por una investigación realizada en la Universidad de Michigan por el investigador Kevin Fu, quien determinó que los supuestos ataques “se habrían producido por una interferencia entre dos fuentes de ultrasonido muy cercanas a los afectados: una, un dispositivo de escucha y espionaje; la otra, un bloqueador ultrasónico de dicho aparato”. Vale decir que fueron las propias actividades de espionaje que los estadounidenses desarrollaban dentro su Embajada las que provocaron los ataques acústicos que afectaron a sus propios funcionarios diplomáticos.

Un gran número de verificaciones anteriores habían confirmado la falacia, pero el objetivo de esa falsa noticia no era rectificar algo, sino provocar tensión y ruptura en los vínculos entre Washington y La Habana en función de objetivos políticos del régimen de Trump. Otro caso reciente fue el del envenenamiento en Inglaterra del doble agente ruso Serguei Skripal y su hija Yulia, por lo que se acusó automáticamente al gobierno ruso, supuesto único productor de una sustancia química conocida como Novichok que – según se pudo conocer- no se produce solamente por laboratorios rusos, sino que puede producirse en varios laboratorios británicos, lo que dejó claro que la alevosa acusación buscaba desprestigiar al Kremlin.

Peor aún ha sido el caso del supuesto ataque químico que Siria habría llevado a cabo en la ciudad de Duma, recientemente liberada por el Ejército Árabe Sirio de la ocupación por fuerzas terroristas que tienen apoyo de Estados Unidos. Un equipo de periodistas del canal estadounidense One America News Network (OAN) -que es de orientación y audiencia netamente conservadora y apoya a Donald Trump- visitó Duma y declaró públicamente que no había encontrado evidencia alguna del ataque químico supuestamente acaecido el 7 de abril haciendo quedar en ridículo a su Presidente.

Muy mal debe andar la autoestima de la política exterior de la superpotencia estadounidense cuando tiene que recurrir una y otra vez a falsedades y manipulaciones para tratar de mantener la idea de la invencibilidad del imperio estadounidense posicionada en el imaginario colectivo.

14 de junio de 2017

Memorias de un mercenario

Manuel E. Yepe

En días recientes se publicó en Estados Unidos un libro escrito por un cubano que hizo carrera como mercenario al servicio de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) y desempeñó disímiles papeles en acciones de esa organización criminal vinculadas, no solo a la batalla Washington contra su país natal, sino también a otros planes infames de la agencia en otras partes del mundo y en los propios Estados Unidos, incluyendo entre estos últimos, al magnicidio de John F. Kennedy.

La revista norteamericana Newsweek, en su número de 28 de mayo de 2017, publica una reseña del periodista Jefferson Morley sobre el libro “Entrenado para matar: Los Secretos de la CIA sobre sus planes contra Castro, Kennedy y Che”, escrito por su ex agente operativo Antonio Veciana.

Las “hazañas” terroristas de este mercenario eran ampliamente conocidas en Cuba y reconocidas por la prensa estadounidense, pero el valor de las infamias que confiesa Veciana radica en que agrega elementos a las múltiples versiones acerca del papel rector de la CIA en el asesinato de Kennedy.

Según Veciana, en 1960, él trabajaba como funcionario del gobierno cubano cuando, teniendo ya como proyecto subvertirlo desde dentro, robó fondos oficiales y utilizó el dinero para financiar ataques contra oficinas, fábricas y almacenes del gobierno.

Dos años más tarde, utilizó su posición en el gobierno para distribuir propaganda anunciando falsamente que el gobierno planeó tomar la custodia de niños en edad escolar, con el propósito de provocar pánico en las familias cubanas y hacer que algunas enviaran a sus hijos a Estados Unidos, donde serían acogidos por la Iglesia Católica en el sur de la Florida. La operación fue llamada "Peter Pan", separó a 14 mil niños cubanos de sus familias y fue descrita en la prensa como “esfuerzo desinteresado para rescatar a las víctimas de la opresión comunista”.

Controlador de Veciana para la operación era "Maurice Bishop" cuyo verdadero nombre era David Atlee Phillips, quien llegaría a ser Jefe de la División de la CIA para el Hemisferio Occidental hasta su retiro en 1975.

Tras el fracaso de Bahía de Cochinos, en Playa Girón, Phillips manifestó su desprecio por Kennedy, explica Veciana. Luego de la conclusión pacífica abogada por JFK para la crisis de los misiles, Phillips le creó Alpha-66, organización terrorista para atacar objetivos cubanos que se convirtió en instrumento de la CIA para presionar a Kennedy con sus acciones.

En marzo de 1963, Veciana y su grupo atacaron un buque mercante ruso que se dirigía a Cuba, generando titulares en todo el mundo. Phillips buscaba con ello humillar a los rusos y avergonzar a JFK para que tomara acciones más agresivas contra Cuba. Pero Kennedy restó importancia al tema y “los enemigos de Castro, incluyendo a Phillips, se pusieron más furiosos aún”, dice Veciana.

Veciana confirma cómo conoció al supuesto asesino de Kennedy, Lee Harvey Oswald, en el vestíbulo del Centro Southland, el edificio más alto de Dallas, donde le fue presentado por Bishop.

"Aquello estaba lleno de gente, pero Bishop, de pie en un rincón, hablaba con un hombre joven, pálido, insustancial. Cuando me lo presentó no recuerdo si lo hizo por su nombre (podría haber dicho: 'Tony, este es Lee. Lee, este es Tony'). Pero de lo que estoy seguro es de que Lee no dijo nada."

Tras el asesinato en Dallas el 22 de noviembre de 1963, Oswald fue arrestado, y su rostro transmitido en la televisión. "Lo reconocí inmediatamente," escribe Veciana. "Era, sin lugar a dudas el mismo hombre joven, pálido e insignificante que había visto once semanas antes" en compañía de Maurice Bishop”.

Veciana recuerda que, temprano en 1964, el hombre de la agencia le preguntó si un primo suyo que era oficial de inteligencia cubano, estaría dispuesto a declarar que él había conspirado con Oswald antes de que JFK fuera asesinado. Phillips le ofreció pagar por tal testimonio, pero Veciana le respondió que su primo era comunista y no podía ser comprado.

Una década más tarde, en 1975, cuando la investigación JFK se reabrió, un investigador del Congreso, sabiendo que Veciana había trabajado para la CIA, se acercó a él para conocer más sobre cómo la agencia colaboraba con los exiliados cubanos. Veciana le contó la historia de su trabajo con Bishop, incluida la reunión con Oswald. Se hicieron arreglos para que un artista hiciera un dibujo de Bishop basado en descripción de Veciana y el resultado fue un retrato que se parecía mucho a Phillips. Veciana fue entonces llevado a Washington para una reunión con Phillips, pero éste fingió no conocer a Veciana quien, por miedo a represalias de la CIA negó que Bishop y Phillips fueran la misma persona. “Una mentira que hasta hoy mantuve”, subraya Veciana.

Ciertamente, en las confesiones de este sanguinario terrorista hay elementos que aportan datos al esclarecimiento de algunas medias verdades y manipulaciones en la historia criminal de EEUU. 

Se publica este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

12 de mayo de 2017

EL PRESIDENTE DE EEUU Y EL ESTADO PROFUNDO

Manuel E. Yepe

El hecho de que Donald Trump fuera electo presidente de los Estados Unidos pese a ser severamente objetado por los medios de prensa, el partido demócrata e incluso buena parte de los líderes del partido republicano que lo postuló, y sin ser considerado favorito de los militares ni de sector decisivo alguno de la sociedad civil, ha dejado atónitos a especialistas y profetas del complejo pero muy estudiado sistema electoral estadounidense. ¿Trump, a quién representa? ¿Para quiénes está gobernando? ¿Quien lo eligió?

Aunque en sus primeros meses en la Casa Blanca no ha dado señales claras de ello en sus disposiciones gobernativas ni en sus muy contradictorios discursos, a través de los nombramientos que ha efectuado de los integrantes de su equipo de gobierno pueden obtenerse algunas indicaciones al respeto. Por ejemplo, su gabinete y principales asesores están todos estrechamente vinculados a las grandes corporaciones.

Entre esos grandes grupos corporativos sobresale Goldman Sachs, que pareciera ser la “universidad” que ha graduado a los integrantes del círculo superior de opulentos guardianes financieros del “trumpismo”. Como candidato a la presidencia estadounidense, Trump posó por momentos de populista favorable a los trabajadores cuando se presentó como crítico del establishment y se mostró partidario de “devolver el poder al pueblo”.

Así lo declaró en su discurso inaugural, confirmando aquello de que “la esencia de la política estadounidense consiste en que en los períodos electorales el elitismo se convierte en el manipulador del populismo”, como dijo hace tres décadas el escritor y crítico social angloamericano Christopher Hitchens.

Según el periodista e historiador Paul Street en un artículo que publicó el 21 de abril en el periódico digital Counterpunch, “los dos grandes partidos que administran los intereses de Estados Unidos tienen perfiles históricos, demográficos, etnoculturales, religiosos y geográficos diferentes pero, en sus manipulaciones compartidas de retórica populista cuidadosamente calibrada, manifiestan siempre identidad electoral bipartidista en nombre de los súper ricos y su imperio global”.

Ambos lados del espectro político aparente son manipulados por las mismas fuerzas. “Entre un fanático cristiano de derecha en Georgia y un liberal en Manhattan se manifestaran abundantes diferencias, pero en realidad es sólo un juego. “No hay manera alguna de votar contra de los intereses de Goldman Sachs porque con Bush o con Obama, Goldman Sachs siempre gana”.

Actualmente, a esa élite oculta del poder se le identifica como estado profundo integrado por un conjunto de corporaciones que nadie ha elegido nunca para esta función.

Mediante el ejercicio de propiedad sobre los medios de producción, las corporaciones ejercen tanta energía sobre las comunidades como los reyes sobre sus siervos feudales. Compran la lealtad del trabajador por su capacidad para contratar y despedir al obrero y proporcionarle los beneficios básicos como la atención sanitaria, retenerles ingresos para “ayudarles” a ahorrar para sus retiros y canalizarles las pensiones.

Poseen poder bastante para destruir la vida de las personas a través de la fuga de capitales. Simplemente con amenazar a una comunidad con el traslado de sus fábricas al extranjero en busca de mayores beneficios y leyes ambientales más débiles, tienen como rehenes a los trabajadores estadounidenses.

Street recuerda que, más allá de la propiedad y las palancas de inversión y la desinversión, el capital ejerce altos niveles de control en la política social y cultural por la compra de candidatos y su elección a través de las donaciones de campaña; las enormes inversiones en relaciones públicas y propaganda para influir en la formación, las creencias y los valores de los ciudadanos, los políticos y otros “formadores de opinión”; las ventajas para la captura de las posiciones claves del gobierno que se ofertan a sus incondicionales, la oferta de mejores posiciones en el sector privado a funcionarios públicos que salen del gobierno; la “captura ” (por corrupción o como soborno) de privilegios de parte de funcionarios estatales, políticos, personal de los medios de comunicación, educadores, gestores sin fines de lucro y otros “influyentes” y la concesión de puestos de trabajo, cargos en Juntas Corporativas, pasantías y otros beneficios y pagos a familiares de funcionarios públicos, entre muchas otras formas de ejercitar control de la sociedad.

Es justo destacar que nada de esto es singular del régimen de Donald Trump. Cada una de estas características ha existido por igual en todas las administraciones estadounidenses -republicanas y demócratas- porque son propias del Estado Profundo que hace mucho tiempo rige en Washington, sin que nadie lo haya elegido, para beneficio del 1% más rico de los estadounidenses.

Mayo 8 de 2017.

21 de agosto de 2016

Elecciones en EE.UU. son distracción masiva

Manuel E. Yepe

La principal utilidad de las elecciones presidenciales en los Estados Unidos es que son un arma de distracción masiva que crea la ficción de que presidentes y votantes determinan realmente el destino del país. En verdad, esos presidentes y sus secuaces en el Congreso y la Corte Suprema pudieran gobernar, pero ciertamente no gobiernan. Las elecciones sirven para transferir energía de un sistema de las élites a otro conjunto de las propias élites, son un espectáculo de camuflaje en la legitimidad democrática, un evento cuadrienal de consenso nacional de pan y circo que patrocina la clase gobernante desde sus suites corporativas.

Aproximadamente así define el sistema electoral de Estados Unidos Gerald Sussman, sociólogo y profesor en la escuela Toulan de estudios urbanos y planificación de la Universidad Estatal de Portland en un ensayo que titula “Elecciones americanas. Armas de distracción masiva”.

Si Bernie Sanders hubiera logrado captar el mayor número de delegados, la nominación y la elección simplemente habría servido para instalar una democracia socialista en la Casa Blanca con todas las palancas de la energía intactas para disciplinarlo todo nuevamente en lo que Noam Chomsky ha llamado “el espectro del pensamiento pensable." De hecho, según Sussman, si la clase dirigente fuera un poco más sabia, habría respaldado por Bernie, en vez de a Hillary para la nominación y la Presidencia, sólo para aplastar las esperanzas de la izquierda. El valor real de la campaña de Sanders ha sido incitar a la valentía en los jóvenes para hacer frente a la realidad. Una victoria de Hillary Clinton en noviembre podría llevar a miles de manifestantes a protestar en las calles, pero una victoria de Trump probablemente provocaría millones.

La proclamación en las recientes convenciones de dos de los candidatos presidenciales más despreciados por los militantes y simpatizantes de sus propios partidos -demócrata y republicano respectivamente- ha puesto a millones de votantes entre la proverbial espada y la pared con vistas a la elección presidencial del 8 de noviembre. Se consideran por igual obligados a escoger, entre Donald Trump (R) y Hillary Clinton (D), al menor de dos males.

Llevados por la falacia de que la democracia consiste en escoger entre las dos opciones que les ofrece el sistema de dos partidos (duopolio) debe haber muchos hoy en Estados Unidos que culpen de la situación al reducido número de opciones que se les ofrece y piensan que una multiplicidad de partidos sería la solución.

Solo que no tardan en informarse de la existencia de muchos países donde existen múltiples partidos (decenas y hasta cientos) y la situación es la misma: el poder siempre se mantienen en manos de los ricos, que gobiernan en beneficio de los ricos.

Históricamente, cuando en Estados Unidos ha surgido un candidato advenedizo que de alguna forma ha logrado infiltrarse en el sistema al punto de poner seriamente en peligro el control duopólico del poder (como sucedió a Jesse Jackson en 1988, Ross Perot en 1992, Ralph Nader y Howard Dean en 2004 así como, de alguna manera a Bernie Sanders en 2016, se han enfrentado al dinero, los medios y métodos maquiavélicos de presión que al final resultan insuperables aunque por un tiempo sirven de distracción a sus seguidores.

Como ha señalado en al portal digital Thruthout la periodista Barbara G. Ellis, Bernie Sanders se convirtió en una amenaza monumental para la nominación demócrata con manifestaciones de decenas de miles potenciales votantes en todo el país. Sus voluntarios, jóvenes en su mayoría, superaban ampliamente en número a los de Clinton. Simultáneamente Trump parecía estar -con sus mítines y ganancias en las primarias- en la misma situación respecto a la maquinaria republicana.

Así como la angustia y desesperación se va haciendo cada vez mas presionante para las masas de desposeídos en el mundo y presagian una inevitable insurrección popular a escala global, en el seno de Estados Unidos se hace más aguda la contradicción entre el 1% que lo domina todo y el 99% que no puede seguir engañado con mitos y trucos de la democracia representativa bajo control de los ricos.

A partir de las experiencias que va dejando el proceso electoral en curso en Estados Unidos se comprende que no basta con pequeños cambios cosméticos para hacer que el sistema actual funcione. No serán nuevos partidos, ni cambios estructurales en los actuales partidos, ni coaliciones inestables, lo que puedan salvarlo. El problema está en la naturaleza injusta del sistema capitalista que, por su naturaleza imperialista actual, frena el desarrollo democrático de la nación y oprime a sus ciudadanos.

Agosto 16 de 2016.

Exclusivo para el diario POR ESTO! de Mérida, México.

2 de agosto de 2016

Se ahonda la brecha racial en EE.UU.

Manuel E. Yepe

Las relaciones raciales han empeorado en Estados Unidos desde que comenzó la campaña electoral de Donald Trump y con su reciente confirmación como candidato republicano a la presidencia de la nación este deterioro parece haber alcanzado un estado crítico. Al aceptar en Cleveland la nominación presidencial en la Convención Nacional Republicana, Trump se describió a sí mismo como el “candidato de la ley y el orden” y se declaró dispuesto a restaurar la seguridad del país, “que está fuera de control y necesita un líder” capaz de implementar medidas tajantes para proteger a los estadounidenses. “La primera tarea de mi nueva administración será liberar a nuestros ciudadanos de la delincuencia, el terrorismo y la anarquía que amenazan a sus comunidades”, dijo.

“Tengo un mensaje para cada persona que amenaza la paz en nuestras calles y la seguridad de nuestros policías: cuando tome posesión del cargo el próximo año, voy a restaurar la ley y el orden en nuestro país”.

Apelando a la angustia de los votantes que sienten que el resto del mundo ya no respeta a Estados Unidos, Trump se comprometió a actuar con rapidez para que los estadounidenses se sientan mejor sobre la triste imagen que proyecta su país y prometió que advertirá a aliados y enemigos que Washington en lo adelante se centrará exclusivamente en la protección de sus propios intereses.

Sin suavizar su tono ni apartarse de la línea dura que ha caracterizado su campaña, Trump describió a los estadounidenses como víctimas de los inmigrantes, las empresas internacionales y los líderes irresponsables, y se presentó como el defensor de los “hombres y mujeres olvidados de nuestro país”.

Al afirmar de manera explícita la identidad blanca y hacerse eco de las quejas más generalizadas, Trump ha galvanizado el mundo marginal de quienes se declaran nacionalistas blancos y se describen a sí mismos como “realistas raciales”.

Ellos lo aclaman como el hombre que ha logrado que millones de estadounidenses blancos entiendan que la raza les debe importar tanto como a todos los demás. Los activistas pro-Trump dicen que él ha liberado a los estadounidenses para que digan lo que realmente piensan.

En una encuesta realizada en abril por la cadena CBS News, casi la mitad de los consultados admitió esa problemática y más del 60 % consideró que las relaciones raciales empeoraban.

Más recientemente, en una pesquisa llevada a cabo a nivel nacional por el Centro Pew de Investigaciones, de Washington, DC (PEW) entre el 5 de junio y el 7 de julio con participación de 4.602 adultos, se puso de manifiesto que los estadounidenses blancos y negros tienen puntos de vista sumamente diferentes acerca de la igualdad racial y que también difieren en cuanto a la medida en que la raza de una persona puede serle una carga o un beneficio.

Para los negros, la respuesta es clara. El 65% dice que en Estados Unidos "es mucho más difícil ser negro que ser blanco". Solo el 27% de los blancos coincide en este aserto.

La brecha racial en la percepción de las ventajas del blanco sobre el negro es también significativa. El 62% de los encuestados negros sostiene que "la gente blanca se beneficia de muchas ventajas que les ofrece la sociedad que no tienen los negros”. Sólo el 13% de los blancos admite que los de su raza se beneficien mucho de ventajas de las que carecen los negros.

Comentando las evidencias de esta investigación sobre quienes son ayudados o perjudicados por su raza, Shiva Maniam, investigador asistente de PEW escribió el 18 de julio que entre los hispanos, 37% señala que es mucho más difícil ser negro que ser blanco, pero es superior la proporción de blancos que así piensan y mucho menor el número de negros que lo hacen. La mayoría de los hispanos apunta que los blancos se benefician de ventajas en la sociedad que los negros no tienen; 33% dice que los blancos se benefician mucho de estas circunstancias, proporción que se eleva al 62% de los negros y un 13% de los blancos a nivel de la nación.

Acerca de la percepción de cómo son tratados los negros en diferentes áreas, otra encuesta reciente reveló que la mayoría de los negros afirma que recibe un trato menos justo que los blancos en su relación con la policía, en los tribunales, al solicitar un préstamo o una hipoteca y en su centro de trabajo. Por lo menos cuatro de cada diez entrevistados dijeron que los negros reciben un trato bastante peor en tiendas o restaurantes, así como al votar en las elecciones.

1 de julio de 2016

La política como campaña de marketing

Manuel E. Yepe

Desde que el multimillonario Donald Trump anunció su candidatura por el partido Republicano a la presidencia de Estados Unidos, ha formado parte inseparable de su plataforma política y sus posibilidades electorales su discurso dedicado al rechazo a los inmigrantes ilegales y a la amenaza que éstos supuestamente representan para la economía y la estabilidad de su país.

“En las penitenciarías de Estados Unidos usted encontrará que los inmigrantes -legales o ilegales- son apenas una cuarta parte del número de los convictos que estadísticamente les correspondería de acuerdo a su proporción respecto a la población estadounidense. Eso significa que “los espaldas mojadas” tienen de cuatro a cinco veces menos posibilidades de cometer un delito que los hijos del señor Trump”.

El párrafo anterior forma parte de la carta abierta al muy probable candidato republicano a presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, que le destinara el escritor y profesor uruguayo de literatura latinoamericana en la universidad norteamericana de Georgia, Jorge Majfud.

“Por siglos, mucho antes que sus abuelos llegaran de Alemania y tuviesen gran éxito en el negocio de los hoteles y los prostíbulos en Nueva York, y mucho antes que su madre llegara de Escocia, los mexicanos tenían aquí sus familias y ya habían dado nombre a todos los estados del Oeste, ríos, valles, montañas y ciudades. La arquitectura californiana y el cowboy texano, símbolo del auténtico norteamericano no son otra cosa que el resultado de la hibridez de la nueva cultura anglosajona con la largamente establecida cultura mexicana”.

“Cuando su madre llegó a este país en los años 30, medio millón de mexicoamericanos fueron expulsados de sus tierras. La mayoría de ellos eran ciudadanos estadounidenses pero habían tenido la mala suerte de que la frustración nacional por la Gran Depresión, que ellos no inventaron, los encontrase con talante de extranjeros. Esa gente había tenido cara de extranjeros y de violadores (como usted los califica) desde que Estados Unidos se apropió de la mitad del territorio mexicano a mediados del siglo XIX. Y como esa gente, que ya estaba ahí, no dejaba de hablar un idioma bárbaro (el español) y se negaban a cambiar el color de su piel, fueron perseguidos, expulsados o simplemente asesinados, acusados de ser bandidos, violadores y extranjeros invasores.

“El verdadero Zorro era moreno y no luchaba contra el despotismo mexicano (como lo puso Johnston McCulley para poder vender la historia a Hollywood) sino contra los anglosajones invasores que tomaron sus tierras. Era moreno y rebelde como Jesús, aunque en las sagradas pinturas usted vea siempre al Nazareno rubio, de ojos azules, y más bien sumiso. El poder hegemónico de la época que lo crucificó tenía obvias razones políticas para hacerlo. Y lo siguió crucificando cuando tres siglos más tarde los cristianos dejaron de ser inmigrantes ilegales perseguidos que se escondían en las catacumbas, y se convirtieron en perseguidores oficiales del poder de turno.” Los inmigrantes europeos, como sus padres y su esposa actual, dice Majfud a Trump, no aparentaban ser extranjeros, pero si su madre hubiese llegado cuarenta años antes, tal vez hubiese sido confundida con irlandeses, que sí tenían cara de invasores.

La creatividad de los hombres y mujeres de negocios de EE.UU. es admirable -sigue diciendo Jorge Majfud-, pero se exagera su importancia y se olvida que no fueron empresarios quienes promovieron la democracia en Latinoamérica, todo lo contrario. Han sido varias las empresas estadounidenses que han promovido golpes de Estado y que apoyaron a una larga lista de dictaduras.

Fueron hombres de negocios quienes, como Henry Ford, hicieron interesantes aportes a la industria, pero no debe olvidarse que, como muchos otros empresarios de este país, Ford fue un antisemita declarado que colaboró con Hitler cuando se negaba refugio a los judíos perseguidos en Alemania, mientras consorcios como ALCOA y Texaco colaboraban con los regímenes fascistas.

Majfud recuerda a Trump que una parte de los conocimientos científicos básicos actuales, fueron fundados siglos atrás por esos “horribles y primitivos árabes” y que a ellos debemos los números que usamos, el álgebra, los algoritmos, y muchas otros ciencias y filosofías que hoy forman parte de la cultura de Occidente.

No fueron hombres de negocios los que lograron, con su acción de resistencia y lucha popular, el progreso de los derechos civiles que conoce hoy Estados Unidos. Fueron otros patriotas que, en su época, fueron demonizados como peligrosos, revoltosos y antiamericanos. “Señor Trump, un país no es una empresa. Usted ha convertido la política estadounidense (en la que nunca han abundado los intelectuales) en una perfecta campaña de marketing comercial donde su eslogan principal contra inmigrantes no ha sido muy feliz”, concluye Majfud.

4 de abril de 2016

Fascismo, venganza de los pobres en EE.UU

M
anuel E. Yepe

El fenómeno Trump, que aparentemente ha sorprendido tanto a especialistas en el estudio del sistema electoral estadounidense como a observadores de todas las tendencias y preferencias, ha servido, además, para alertar a muchos acerca de la inminencia del peligro fascista en el corazón del capitalismo mundial.

“Las elites universitarias que, en nombre del empresariado, llevaron a cabo un salvaje asalto neoliberal contra los trabajadores pobres, ahora se lo están haciendo pagar. Su doble juego, como en el caso de políticos como William e Hillary Clinton y Barack Obama, fue exitoso durante décadas. Estas élites, muchas de ellas de las escuelas de la Ivy League (que agrupa a centros elitistas de altos estudios de Estados Unidos), hablaban el idioma de los valores, el civismo, la inclusión, la condena al racismo abierto y la intolerancia. Se preocupaban por la clase media, al tiempo que le clavaban un puñal en la espalda de esa subclase, para satisfacción de sus amos corporativos. Este juego ha terminado.

“Hay decenas de millones de estadounidenses, especialmente blancos de clase baja que, legítimamente enfurecidos por lo que les han hecho a ellos, sus familias y sus comunidades, se están alzando para rechazar las políticas neoliberales y de corrección política impuestas por universitarios de las elites de ambos partidos políticos: los blancos de clase baja están abrazando un fascismo americano”. Los anteriores son párrafos de un artículo del influyente diario digital Truthdig, en el que su columnista habitual, Chris Hedges, advierte, en un comentario titulado “La venganza de las clases bajas y el alza del fascismo americano”, que estos ciudadanos aspiran a una especie de libertad para odiar, libertad para idealizar la violencia y defender la cultura de las armas. Quieren la libertad de tener enemigos, castigar físicamente los asaltantes musulmanes, a los trabajadores indocumentados, los afroamericanos, y a los homosexuales… Quieren, así mismo, libertad para recordar eventos y figuras históricas condenadas por las élites de la educación superior, incluyendo el Ku Klux Klan y la Confederación del Sur. Quieren libertad para silenciar a quienes pretendan decirles cómo comportarse. Y libertad para el disfrute de su hipermasculinidad, el racismo, el sexismo y el patriarcado blanco, sentimientos básicos todos ellos del fascismo, engendrados por el colapso del estado liberal”.

El artículo sostiene que los demócratas están jugando un juego muy peligroso al situar a Hillary Clinton como su candidata presidencial. Ella enfatiza el doble juego de las élites de educación superior universitaria que hablan del dolor de los hombres y mujeres, y sostienen la Biblia de la corrección política mientras venden a los pobres y a la clase obrera al poder corporativo.

Los republicanos, energizados por la versión de estrella de la realidad de los Estados Unidos que es Donald Trump, han ido captando votantes, especialmente votantes nuevos, en tanto que los demócratas están muy por debajo en tales desvíos respecto a 2008. En una votación muy reciente, 5,6 millones de votos fueron emitidos para los demócratas mientras que 8,3 millones fueron a los republicanos. Estas cifras prácticamente se invirtieron respecto a las de 2008 cuando 8,2 millones fueron para los demócratas y unos 5 millones para los republicanos.

Citando a George Orwell, el trabajo publicado en la columna semanal habitual de Chris Hedges en Thruthdig, advierte que el lenguaje y los símbolos de un auténtico fascismo americano tendrían poco que ver con los de los modelos europeos; tendrían que ser tan familiares y tranquilizadores a los ciudadanos estadounidenses tal como la lengua y los símbolos originales del fascismo europeo eran familiares y tranquilizadores a muchos italianos y alemanes. “Hitler y Mussolini, después de todo, evitaron parecer exóticos a sus conciudadanos”. Por eso no hay suásticas en el fascismo americano, sino estrellas y barras patrióticas, y cruces cristianas. Nada de saludo fascista, solo juramentos de fidelidad. Estos símbolos no contienen ningún elemento de fascismo en sí mismos “para no ser detectados por el enemigo interno”.

El trabajo de Hedges concluye pronosticando que, si Hillary Clinton prevaleciera en las elecciones generales, Trump pudiera desaparecer, pero los sentimientos fascistas se expandirán. “Un daño enorme se ha hecho por el poder corporativo y las elites universitarios a nuestra democracia capitalista. Las élites, que supervisaron este fenómeno en el país por encargo de las corporaciones creyendo que si bien sería un mal triunfo para Estados Unidos, por lo menos sería bueno para el beneficio de las corporaciones, comprobarán que lo peor está por venir”.