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21 de noviembre de 2023

EEUU y la militarización en América Latina

Pablo Ruiz Espinoza

Las venas abiertas de América Latina y la buena memoria de quienes han padecido el terrorismo de Estado recordarán por siempre lo que hicieron los graduados de la Escuela de las Américas, los manuales con los que enseñaban, y todo lo que ha hecho el “ejército democrático” de los EEUU el que ahora, bajo la presidencia de Joe Biden, apoya y envía armas al Estado de Israel el que está siendo acusado de genocidio contra la población palestina y de cometer crímenes de guerra.

La militarización en América Latina de la policía especialmente, ha jugado, en algunos países, un papel importante en la política de los Estados con el objetivo de controlar a la población como de reprimir a los movimientos sociales que luchan por sus reivindicaciones. Sigue en el ADN de la fuerza pública la Doctrina de la Seguridad Nacional.

En ese sentido el tema de la seguridad pública se ha convertido en una excusa para que muchos gobiernos restrinjan nuestros derechos y permitan el abuso policial y judicial contra la población con la justificación de resguardar el «orden público» o de combatir el crimen organizado.

Así mismo se incrementan los recursos públicos para los ejércitos y las policías. Se les da más armamento y más equipamiento “antidisturbios”. En contraste, no hay recursos suficientes para financiar las necesidades más urgentes de nuestros pueblos.

A la par, se aprueban leyes que protegen más a la fuerza pública y en los pocos casos de violencia policial o militar que logran llegar a la justicia, en la mayoría de los casos se les da impunidad o condenas irrisorias. Si bien la cantidad de casos no son comparables a los de la época de las dictaduras militares igualmente son violaciones graves a los derechos humanos.

A todo lo anterior, en las últimas décadas, en muchos de nuestros países, han surgido grupos paramilitares o del crimen organizado que realizan control territorial y que imponen el miedo y el sometimiento de la población al amparo del sistema estatal que, curiosamente, no los puede desarticular.

Como es obvio, se siguen desarrollando, en la gran mayoría de los países del continente, ejercicios militares conjuntos con el ejército de los Estados Unidos. A pesar que existan gobiernos progresistas no es fácil cortar las amarras con la potencia del norte por la presión y poder que tiene este, por el poder que mantienen las FFAA y policiales, en la gran mayoría de nuestros países; por la presión de las grandes Corporaciones que exigen estándares de seguridad de sus “inversiones”; y por las oligarquías nacionales; el poder profundo.

Miremos la foto de lo qué pasa en algunos de nuestros países del continente:

En El Salvador, bajo el gobierno de Nayib Bukele, se han incrementado las violaciones a los derechos humanos por parte de las policías y de los militares: detenciones arbitrarias, detenciones forzadas, torturas, faltas al debido proceso y el desmantelamiento de la independencia del poder judicial.

La cifra de detenidos, bajo el régimen de estado de excepción, ya supera las 71.770 personas, más del 1% del total de la población. Quienes son detenidos no tienen las garantías de un debido proceso o de un juicio justo y rápido.

De estos, a marzo de este año, Cristosal ha documentado la muerte de 153 reos bajo custodia del Estado.

Noah Bullock, director de Cristosal, ha dicho que “Da mucha tristeza ver que el Estado ha recurrido nuevamente a las detenciones arbitrarias y torturas en nombre de la seguridad nacional”.

Todo esto sucede en El Salvador donde funciona la Academia Internacional para el Cumplimiento de la Ley (ILEA, por sus siglas en Inglés) del gobierno de los Estados Unidos, donde se forman policías, fiscales y jueces, y que según su misión busca hacer “hincapié en la democracia, los derechos humanos y el Estado de Derecho”.

En El Salvador tienen a su mejor aprendiz: Bukele irá como candidato a las nuevas elecciones presidenciales pese a que la Constitución de El Salvador impide la reelección consecutiva.

En México, los zapatistas, en los últimos tiempos, han salido nuevamente a las calles al grito de «alto a la guerra» contra sus comunidades. Piden el cese en la escalada de violencia fomentada por paramilitares, el narco y el mismo Ejército.

Es sabido que los grupos narcotraficantes en México controlan diversos territorios sembrando el miedo y la violencia. Una de las medidas que ha tomado el gobierno mexicano ha sido demandar a los fabricantes de armas de los EEUU y ha pedido al gobierno estadounidense que frene el tráfico de armas ya que las armas de EEUU, en muchos de nuestros países, terminan en manos del crimen organizado.

Recientemente el Movimiento de los Pueblos por la Paz y la Justicia, ha comenzado una campaña en apoyo y solidaridad con “las más de 110,000 víctimas de desaparición forzada en México” y “los más de 196.000 migrantes deportados el año pasado” de EEUU los “que están sujetos a criminalización, vulnerabilidad, brutalidad policial y otras formas de violencia organizada”.

A 9 años del caso de los 43 estudiantes de Ayotzinapa, sigue desaparecida hasta la misma verdad para sus familiares.

“La información faltante en estos momentos es la que tiene el Ejército Mexicano, y es una información clasificada, una información sumamente relevante porque ellos dieron seguimiento a los estudiantes desde su salida (de Ayotzinapa) y durante los hechos”, ha señalado Vidulfo Rosales Sierra abogado de los padres de los 43 normalistas desaparecidos.

De acuerdo al diario La Jornada, en octubre del año pasado,  militares de México y de Estados Unidos realizaron el ejercicio militar «Fuerzas Amigas 2022».

En Chile, la policía sigue reprimiendo la protesta social. Así pasó en las manifestaciones por los 50 años del golpe de Estado contra  Salvador Allende y en la marcha de las comunidades mapuche, el 10 de octubre pasado, sin existir nada que lo justificara al reprimir a manifestantes que se expresaban pacíficamente.

Al sur de Chile, en la zona mapuche, se siguen aplicando estados de excepción donde los militares en conjunto con la policía pueden reprimir las acciones de los grupos mapuches que siguen reivindicando los derechos a su tierra y luchando contra las empresas forestales. Por lo mismo, en las cárceles, hay presos políticos mapuche. Vale agregar que también siguen existiendo presos políticos chilenos.

Este 2023 se han realizado al menos dos ejercicios militares conjuntos con el Comando Sur del Ejército de los EEUU que, como sabemos, ha fomentado la doctrina de la contrainsurgencia y cuyo ejército ha sido acusado de cometer crímenes de guerra en varios países donde ha intervenido.

En Perú, pese a las intensas protestas y al asesinato de más de 67 personas y miles de heridos, sigue el gobierno de facto de Dina Boluarte sin llamar a elecciones libres.

En Perú hay tropas estadounidenses operando en el mismo país y lo que más llama la atención es que hay 3 instalaciones militares de EEUU, en Lima, Iquitos y Puerto Maldonado, llamada NAMRU-6, estudiando las enfermedades infecciosas de la población.

Nos preguntamos: ¿Están preparándose para una invasión futura a nuestros países del sur? ¿Están tomando las medidas necesarias de seguridad, en sus investigaciones, para que no haya una propagación de virus infecciosos o pandemia?

En Guatemala, las comunidades indígenas han estado movilizadas demandando la renuncia de la fiscal general Consuelo Porras y de otras autoridades quienes han realizado maniobras jurídicas para evitar que el presidente electo, Bernardo Arévalo, tomé posesión del cargo en enero próximo. Arévalo, ya ha hablado de la posibilidad de un golpe de Estado que le impida asumir la presidencia de Guatemala.

Sigue la criminalización a la protesta social. Por lo mismo, varias organizaciones han expresado “su preocupación ante la evidente intención del Ministerio Público y la Corte de Constitucionalidad de impedir, una vez más, el derecho a la protesta pacífica de las personas guatemaltecas”.

También Guatemala, junto a El Salvador y Honduras realizaron, en marzo pasado, ejercicios militares junto a los EEUU: “Guardián de Centroamérica”.

En Haití, la situación sigue siendo muy grave. Recientemente el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas ha autorizado el despliegue de una nueva misión multinacional de apoyo a la seguridad de Haití.

Nueva, digo, porque ya estuvieron en Haití, del 2004 al 2017, con el despliegue de la MINUSTAH, y nada mejoró para su población.

En una declaración firmada por organizaciones sociales de América Latina y El Caribe se ha señalado, entre otras cuestiones, que:

“La MINUSTAH ha sido responsable de masacres, fraudes electorales, saqueo de recursos, abusos sexuales y niñas y niños abandonados, introducción de la epidemia de cólera, y otros hechos de gravedad similar. Ni la ONU ni ninguno de los países participantes ha asumido ninguna reparación por los más de 30.000 muertos ni demás daños y damnificados”.

“El pueblo haitiano a través de sus organizaciones sociales, políticas y humanitarias se ha expresado claramente en contra de cualquier ocupación y contra cualquier elección controlada bajo ocupación”.

Finalmente, sobre Haití recordar que entre los asesinos del presidente Jovenel Moïse figuraban siete colombianos que fueron entrenados militarmente por los Estados Unidos, el mismo país que también ha entrenado a la policía haitiana acusada de abusos y violencia. El mismo país que el 2004 orquestó un golpe de Estado y donde un comando de Fuerzas Especiales estadounidenses, con el apoyo de Francia, secuestró al presidente Jean-Bertrand Aristide siendo depuesto de su cargo legítimo.

¿Qué necesita Haití? Respeto al derecho de autodeterminación. No necesita más militarización sino apoyo internacional para reconstruirse social y económicamente luego de tantos años de tragedias, intervenciones y saqueos.

En Colombia, hasta fin de octubre de este 2023, han asesinado a 37 firmantes de los Acuerdos de Paz y en total, desde el 2016, a 401 personas que abandonaron la lucha guerrillera. Al 12 de noviembre, de acuerdo a INDEPAZ, 142 líderes sociales han sido asesinados este año.

El gobierno dirigido por el presidente Gustavo Petro sigue sus esfuerzos para avanzar hacia una paz total con las organizaciones insurgentes. Entre otros, se creó la oficina del Alto Comisionado para la Paz en Colombia.

En octubre, en un acto de reconocimiento por colombianos asesinados por el ejército, registrados entre los años 2002 y 2008, el Ministro de Defensa Iván Velásquez expresó que “Estamos empeñados en una transformación de la Fuerza Pública, es decir  de la Policía Nacional y de las Fuerzas Militares, ellas tienen que privilegiar la vida sobre la muerte, la vida de toda la población”.

Sin embargo, durante el mandato del presidente Gustavo Petro, la relación militar de Colombia con EEUU se ha mantenido. Vale anotar que la Comisión de la Verdad de Colombia recomendó revisar las políticas de defensa, de seguridad, y de “cooperación” militar que se mantienen con los EEUU tras el objetivo de tener “una política nacional de defensa propia a favor de la paz y el respeto de los derechos humanos”.

Entre 2022 y 2023 se han realizado ejercicios militares entre Colombia y EEUU en el mar caribe; entrenamiento en operaciones aéreas; y entrenamientos militares conjuntos.

También, en marzo pasado, estuvo en Colombia, en la  Escuela Militar de Cadetes General José María Córdova, una delegación del Western Hemisphere Institute for Security Cooperation (WHINSEC) encabezada por su comandante Michael Rogowski.

“Durante la visita, se llevaron a cabo diversas actividades, incluyendo conferencias, talleres y ejercicios prácticos, en los cuales se analizaron estrategias y tácticas militares actuales”, señaló el ejército colombiano.

WHINSEC es uno de los tantos institutos militares de EEUU donde soldados latinoamericanos reciben entrenamiento. Antes de llamarse así, en el mismo lugar, con los mismos instructores, se conocía como la Escuela de las Américas donde se graduaron importantes dictadores y violadores de los derechos humanos.

Es importante recordar que durante los años noventa se realizaron multitudinarias movilizaciones en los EEUU, en el frontis del ex Fuerte Benning, lideradas por el movimiento de la SOA Watch y por el ex sacerdote Roy Bourgeois, demandando el cierre de la “Escuela de Asesinos”. También en el Congreso estadounidense, se estuvo a muy pocos votos de cerrar la Escuela de las Américas. Todo lo anterior  llevó a que, el 17 de enero de 2001, la Escuela de las Américas cambiara de nombre y pasará a llamarse WHINSEC para seguir haciendo lo mismo el adoctrinamiento de los ejércitos de América Latina.

En WHINSEC, se siguen entrenando tropas de Colombia, Costa Rica, Chile, República Dominicana, Guatemala, Honduras, México, Panamá y Perú, entre otros.

En julio pasado, en EEUU, en Fort Moore, en la Ceremonia de las Banderas, donde se recibió en WHINSEC a la promoción de 2024 del Curso de Oficiales de Comando y Estado Mayor, el coronel Michael Rogowski, comandante de WHINSEC, expresó con mucha sinceridad las intenciones de los EEUU:

“Sí, están aquí para aprender la doctrina del Ejército… pero creo que es esencial comprender la cultura y los valores de Estados Unidos y cómo funcionan los ejércitos democráticos”.

“Parte de la razón por la que estamos aquí es para asegurarnos de que la gente se lo pase bien, lo disfrute y lo recuerde siempre con cariño”, agregando, «De modo que, en algún momento en el futuro, si necesitamos trabajar juntos, tengamos un socio confiable y un amigo confiable».

Las venas abiertas de América Latina y la buena memoria de quienes han padecido el terrorismo de Estado recordarán por siempre lo que hicieron los graduados de la Escuela de las Américas, los manuales con los que enseñaban, y todo lo que ha hecho el “ejército democrático” de los EEUU el que ahora, bajo la presidencia de Joe Biden, apoya y envía armas al Estado de Israel el que está siendo acusado de genocidio contra la población palestina y de cometer crímenes de guerra.

Pablo Ruiz. Periodista y parte del Observatorio por el Cierre de la Escuela de las Américas en Chile.

Se publica este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

8 de julio de 2015

El uso de la ciencia con fines bélicos


Pablo Ruiz Espinoza

Desde hace mucho tiempo América Latina representa un gran interés para los EEUU como la fuente esencial de materias primas y el mercado potencial para la venta de su misma producción. De ahí, los tratados de libre comercio que tiene con varias de nuestras naciones y la intención más voraz todavía de llevar adelante el TTP.

También para Washington nuestro continente, su “patio trasero” como dicen, representa una necesidad de orden geopolítico: en América Latina y el Caribe operan más de 70 bases militares de los EEUU y ellas tienen por misión cuidar y proteger sus propios intereses.

Pero en esta ocasión no hablaremos de sus bases militares, ubicadas en puntos estratégicos de nuestro continente, sino en el uso de la ciencia para fines bélicos. Tan sólo citaremos algunos casos pero de seguro el asunto es mucho más complejo todavía.

El 2010 el Departamento de Defensa de Estados Unidos determinó nuevamente que era prioridad seguir con las investigaciones de las enfermedades infecciosas.

En esta misión, y utilizando una expresión militar, su “fuerza de tarea” es la U.S. Naval Medical Research Unit (NAMRU) que su principal sede se encuentra ubicada en EEUU pero que también tienen laboratorios en Singapur (Desde 1945), Egipto (1946), Kenia (1969), Tailandia (1958) y Perú (1983).

En Perú se le denomina Centro de Investigación de Enfermedades Tropicales de la Marina de los Estados Unidos (NAMRU-6).

De acuerdo a una nota de prensa de la Embajada de EEUU en este país “El NAMRU-6 se estableció como un centro de investigación en 1983 a través de un acuerdo entre las Direcciones de Salud de la Marina de los EE.UU. y de la Marina de Guerra del Perú, con la participación del Departamento de Estado de los EEUU y el Ministerio de Relaciones Exteriores del Perú. El acuerdo estableció un programa de cooperación en investigación médica en el Perú para estudiar enfermedades infecciosas de interés mutuo”.

Para Christian Baldeviano la misión de NAMRU-6 es “Desarrollar estrategias protectivas contra las enfermedades infecciosas que afectan a la población militar y la población general en el Perú y Latino América”.

Las investigaciones de las enfermedades infecciosas se hacen con seres vivos. Mariana Leguía, Directora de Genómica y Descubrimiento de Patógenos de NAMRU-6, señala en una entrevista que “nosotros recolectamos muestras de gente que viene de toda Latinoamérica y casi el 60% sale negativo en todas las pruebas”.

Lo cierto, lo objetivo, es que estos laboratorios tienen una finalidad militar que es determinar que tipos de enfermedades existen en América Latina y “afectan a la población militar” y a la “población general”. No es casual que estas investigaciones las dirija una unidad militar y no el servicio de salud de EEUU.

Con unos y otros se puede actuar de diferentes maneras. Para los militares se puede preveer los remedios adecuados ante una posible invasión a un territorio determinado que por ejemplo tenga presente el “dengue”. Para la “población general” las investigaciones también pueden generar en armas bacteriológicas.

Por esto, el Comité Independencia y Soberanía Para América Latina (CISPAL), en su publicación “América Latina es un laboratorio de EEUU para desarrollar armas bacteriológicas”, ha dicho que Washington, con el fin de seguir manteniendo su hegemonía, quiere hacer de nuestro continente un “conejillo de indias”.

Por otro lado, en el artículo La guerra biológica, Pedro Etcheverry recuerda que en 1981, se declaró en Cuba el Dengue Hemorrágico. El Ministerio de Salud Pública cubano determinó entonces que era una epidemia de dengue del serotipo 02.

En total, murieron 158 pacientes, la mayoría niños. Más de 344 mil personas fueron afectadas por la enfermedad y, de ellas, 24 mil padecieron hemorragias.

El artículo citado indica que: “Especialistas norteamericanos en guerra biológica habían sido los únicos en obtener una variedad de mosquito Aedes aegypti sensiblemente asociada a la transmisión del virus 2, según informó el coronel Phillip Russell, en el XIV Congreso Internacional del Océano Pacífico, efectuado en 1979, dos años antes de que se desatara la epidemia en Cuba”.

Etcheverry señala que: “Las investigaciones condujeron a la evidencia de que la epidemia fue introducida deliberadamente en el territorio nacional, por agentes al servicio del Gobierno de Estados Unidos”.

Este es un solo caso, pero hay otros más en la Guerra biológica contra Cuba.

La Irresponsabilidad  

A comienzos de junio de este año, la Agencia EFE informó que “expertos” del Pentágono “por un error” realizaron el envío de muestras activas de ántrax a 51 laboratorios de 17 Estados en los mismos EEUU, a Australia, Corea del Sur y Canadá, y usando, en algunos casos, el servicio de entrega de FEDEX sin las medidas de precaución adecuadas.

El Subsecretario de Defensa, Box Word, dijo que “por el momento, no se conocen casos de contagio de carbunco entre las personas que pudieron verse expuestas a las muestras”.

Señalamos este caso porque toda la humanidad corre un peligro permanente por las investigaciones científicas que esta desarrollando EEUU.

El riesgo principal de las actividades de NAMRU-6, como también de otros laboratorios de EEUU ubicados en el mundo, es que las autoridades locales, la comunidad, no tienen control sobre los estudios “científicos” que se realizan las unidades militares norteamericanas.

Cada país tiene derecho a su soberanía y a las garantías de la seguridad y la salud de su nación. En definitiva, no podemos permitir que las bases militares y laboratorios de EEUU sigan poniendo en peligro las vidas de los habitantes de América Latina y el Caribe.

Finalmente, hay que recordar que el 26 de marzo de 1975 entro en vigor la Convención sobre la prohibición del desarrollo, la producción y el almacenamiento de armas bacteriológicas (biológicas) y toxínicas y sobre su destrucción. Sin embargo, la misma ONU indica que: “la ausencia de regímenes formales de verificación para controlar su cumplimiento ha limitado su efectividad”.

El estudio de la geografía y la salud

A comienzos del 2013, Bolivia denunció, ante la comunidad internacional, la realización de un estudio “encubierto” sobre condiciones de alta montaña y que desarrolló el científico Robert Corwine Roach Jr. en el Chacaltaya, entre el 6 de junio y el 15 de septiembre de 2012.

“La ministra de Comunicación, Amanda Dávila, sostuvo que el equipo de Roach Jr. estaba formado por al menos 24 personas y que arribó para realizar pruebas para la adaptación de soldados destinados a acciones militares en Afganistán”, indicó el Diario La Razón.

El ministro de Gobierno Carlos Romero, dijo entonces que el caso de Roach Jr. demuestra la “permanente injerencia de EEUU”.

Debemos recordar que “Estados Unidos y Bolivia firmaron un acuerdo de respeto mutuo el 7 de noviembre de 2011. El convenio marco bilateral establece siete principios y propósitos, entre los principales: el “respeto a la igualdad soberana y a la integridad territorial de los Estados”, “el deber de abstenerse de intervenir en asuntos internos de otro Estado”, “el derecho de cada Estado a elegir, sin injerencias externas, su sistema político, económico y social”.

Hay que decir, antes de seguir, que el mismo estudio de alta montaña para supuestamente soldados destinados a Afganistán bien puede usarse para atacar a la misma Bolivia y a casi todos nuestros países atravesados por la Cordillera de los Andes. Téngase presente.

El estudio de nuestras culturas

En junio del 2011, en Buenos Aires, Argentina, la antropóloga Adrienne Pine, en la “Conferencia Continental sobre la Militarización Imperial” denunció el uso de las investigaciones académicas para fines militares.

La investigadora señaló que el año 2010, en Toronto, Canadá, en la conferencia de la Asociación de Estudios Latinoamericanos, se encontró con el historiador y ex-Ministro de Cultura de Honduras Rodolfo Pastor quien se encontraba viviendo entonces en el exilio, en la ciudad de México, luego que fuera derrocado por un golpe de Estado, liderado por graduados de la Escuela de las Américas, el presidente Manuel Zelaya.

En dicho encuentro, Pastor le comenta con preocupación que fue invitado a participar de un taller, en el Centro de Investigaciones Aplicadas de la Universidad (FIU) Internacional de Florida, que tenía el nombre de “Cultura estratégica de Honduras” y que había sido financiado por el Comando Sur del ejército estadounidense (SOUTHCOM).

“Cultura Estratégica”, dice Adrienne Pine, es un programa de estudios dentro de la Universidad Internacional de Florida, financiado por el Comando Sur, con el propósito de llevar a cabo talleres y escribir reportes sobre la “Cultura Estratégica” de cada país de América Latina y el Caribe. Se define a la “Cultura Estratégica” como “la combinación de experiencias y factores internos y externos – geográficos, históricos, culturales, económicos, políticos y militares – que forman e influyen en la manera en que un país entiende su relación con el resto del mundo, y en la manera en que un estado se va a comportar en la comunidad internacional”. Sin embargo, al observar los documentos producidos por la alianza FIU-SOUTHCOM es evidente que una definición más precisa de la “Cultura estratégica” sería: “propaganda estratégica para la creación de una política ideológica hegemónica favorable para los intereses militares y económicos estadounidenses”.

*  Pablo Ruiz, periodista, es parte del Observatorio por el Cierre de la Escuela de las Américas (SOA Watch) y editor de la Revista El Derecho de Vivir en Paz.

Se publica este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

26 de junio de 2015

La CIA en Ecuador y en América Latina

Pablo Ruiz Espinoza

En marzo pasado, el Ministro de Relaciones Exteriores de Ecuador, Ricardo Patiño, presentó el libro: “La CIA contra América Latina - Capítulo especial, Ecuador”, de los autores Jaime Galarza y Francisco Herrera.

Patiño señaló en el acto que “Es necesario recordar la verdad histórica de nuestros pueblos y como constantemente se van repitiendo hechos de manipulación en su contra y en beneficio de la potencia que ha gobernado el mundo desde el siglo XIX. La democracia que hoy viven nuestros países ha sobrevivido a toda suerte de injerencia y manipulación de enemigos locales y foráneos, que no han escatimado con servir a intereses trasnacionales” (1).

La CIA o la Agencia Central de Inteligencia -recuerdan sus autores- fue fundada el 18 de septiembre de 1947 por el presidente Harry Truman. El mismo que dio la orden de atacar en 1945, con bombas atómicas, a Hiroshima y Nagasaki asesinado a más de 200 mil personas, su gran mayoría civiles inocentes.

Truman, señala el libro, “decretó la creación de la CIA, como el principal instrumento de espionaje e intervencionismo político a nivel mundial, para consolidar el rol de E EUU como gran potencia, derivado de la Segunda Guerra Mundial, y rivalizar con esa otra superpotencia surgida en las mismas circunstancias históricas: la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS)” (2).

Las dos primeras acciones de la Agencia fue “el derrocamiento, en 1953, del primer ministro de Irán, Mohamed Mossadeg, que había nacionalizado compañías petroleras multinacionales, y en 1954 la invasión de Guatemala por un ejército mercenario para derrocar al gobierno nacionalista del coronel Jacobo Arbenz, que había expropiado latifundios de la todopoderosa United Fruit”.

El libro en cuestión trae dos entrevistas a Philip Agee, quien fue espía del organismo entre 1963 y 1968, trabajando en Ecuador varios años.

Philip Agee, “llegó a Ecuador en 1960 y se desempeñó hasta las postrimerías de 1963 en calidad de agente del espionaje norteamericano. Entre sus hazañas se cuentan numerosos casos de penetración en los partidos de izquierda, en los órganos del Estado, en las organizaciones derechistas”.

Dos eran entonces los objetivos que busca la CIA: La ruptura de relaciones del Ecuador con Cuba y El derrocamiento del presidente ecuatoriano Carlos Arosemena, “culpable ante Washington de veleidades nacionalistas”.

Los dos objetivos fueron logrados. “En ambos casos, la CIA utilizó como centro de toda su campaña el anticomunismo, envuelto en una increíble maraña de mentiras, falsificaciones, terrorismo, hechos de sangre, compra y venta de conciencias”, dice el libro en cuestión.

En la lista de colaboradores e informantes de la CIA en Ecuador, en esos años, figuraron 200 altos funcionarios, entre ellos el senador Reinaldo Varea Donoso quien cobraba 800 dólares mensuales a la agencia.

“Debe causarnos vergüenza que hayan existido personas que vendieron su patria al imperio, mientras otros han dado la vida por su independencia”, dijo Jaime Galarza.

Patiño señaló que leer el libro “es como ver lo que hoy esta pasando en nuestros países. Todos estos intentos vulgares, groseros. Da vergüenza y repulsión leer como se contactaba a los posibles agentes internos. Como el trabajo de la CIA localiza a personajes 'vulnerables' de venderse como los resentimientos de algunos dirigentes de izquierda” (3).

Al respecto el canciller citó “como ejemplo el caso de Venezuela, donde en su opinión existe una guerra económica articulada con el terrorismo mediático, y con la casi segura participación de la CIA” (4).

En la entrevista a Philip Agee, el ex agente cuenta detalladamente sobre los métodos del trabajo de los servicios especiales de EEUU en América Latina con el fin de desestabilizar a los gobiernos de la región que representaran un peligro a los “intereses” de Washington.

Entre los métodos usados, ya muchos de ellos conocidos y habituales, esta la manipulación de la opinión pública, la infiltración de partidos políticos y organizaciones, la realización de atentados terroristas que son falsamente atribuidos a movimientos de izquierda, el soborno, el espionaje de la correspondencia, etc., todo con el fin de desestabilizar a los gobiernos y generar condiciones para justificar que los militares se pronuncien y realicen golpes de Estado.

En Chile, para citar otro ejemplo, la CIA fue fundamental para crear las condiciones y generar el golpe de Estado contra el Presidente Salvador Allende como bien lo documento Peter Kornbluh en el libro “Los EEUU y el derrocamiento de Allende. Una historia desclasificada”.

La CIA por supuesto es uno de los instrumentos para la dominación. A ello debemos sumar las más de 70 bases militares de EEUU en América Latina, sumar el entrenamiento que da EEUU. en la Escuela de las Américas (hoy conocida también como Instituto de Seguridad y Cooperación del Hemisferio Occidental), y donde asisten anualmente un promedio de mil quinientos militares de América Latina y el Caribe con excepción de Nicaragua, Venezuela, Bolivia, Ecuador, Argentina y Cuba.

Finalmente, la CIA sigue trabajando, financiando ONG y partidos de oposición contra los gobiernos que consideran “hostiles” a los intereses de EEUU. Siguen las “escuchas” de todas las comunicaciones telefónicas y por Internet. Sigue la manipulación de la opinión pública especialmente referente a gobiernos como Brasil, Venezuela, Argentina, Bolivia, considerados hoy molestos para el imperio.

¿Traidor?

Philip Agee, fue agente de la CIA y desempeñó misiones en Uruguay, Ecuador y México. En 1968 se retiró de la CIA "por motivos de conciencia”. Murió en enero del 2008 en la Habana, Cuba, a los 72 años.

En una de las preguntas que aparecen en el libro “La CIA contra América Latina -Capítulo especial, Ecuador”, se le consulta sobre la lealtad con EEUU. Agge responde:

“Yo no creo que sea un acto de deslealtad hacia el país. La CIA no sirve al país. La CIA sirve a intereses minoritarios en los E EUU y esos son sólo intereses de los dueños y gerentes de las compañías multinacionales, de los profesionales que los apoyan, de ciertos políticos dentro del gobierno mismo. Esta es una fracción de la población norteamericana. Nada de lo que yo hacía estaba destinado a servir a los negros, a los indígenas de E EUU, a los portorriqueños, a los chicanos, al mayor porcentaje de la clase media, a la mayoría de la población de Estados Unidos. Lo que yo hacía era directamente apoyar a esas compañías y a los políticos que querían mantenerse en sus puestos”.

Notas:





Otro libro relacionado:


*  Pablo Ruiz es del Observatorio para el Cierre de la Escuela de las Américas, SOA Watch.

Se publica este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.