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7 de junio de 2023

Brasil, la Amazonia y cómo se expande Estados Unidos

Gustavo Veiga

Para octubre próximo unos 300 militares estadounidenses ingresarían otra vez a la estratégica Amazonia. Lula fluctúa entre la confrontación geopolítica y las relaciones de colaboración.

Brasil ha sido siempre el primer campo de ensayos de la expansión militar de Estados Unidos en América Latina. Ya sea por su historia de aliados durante la Segunda Guerra Mundial, por la Doctrina de Seguridad Nacional, por la creación del Plan Cóndor tras el golpe de Estado de 1964 o las maniobras conjuntas de ambos ejércitos pactadas hasta 2028 en la estratégica Amazonia.

Esta relación comprometida suele generar tensiones en las fuerzas armadas del país vecino. Un sector crítico señaló a principios de mayo que no hay reciprocidad comercial – Washington no le compra armamento a Brasilia - e incluso denunció hechos de espionaje en sus costas. Pese a todo, en el segundo semestre del año se repetirá la Operación Core 23 en cuarteles de los estados norteños de Amazonas y Amapá. Sucesivas actualizaciones de acuerdos en materia de Defensa lo hacen posible. Alcanzaron a casi todos los gobiernos desde Getulio Vargas en la década del ’30 hasta hoy.

Acuerdo de Bolsonaro

Con Jair Bolsonaro llegaron al clímax cuando en 2020 firmó un acuerdo de cooperación en la Base del Comando Sur de Miami. Y la secuencia sigue: entre el 30 de mayo y el 1° de junio se hará en Brasilia el Primer Seminario Internacional de Doctrina Militar Terrestre con invitaciones a las principales potencias militares de Occidente.

Lula fluctúa entre la confrontación geopolítica con EE.UU y las relaciones de colaboración. Bastantes problemas sufrió el presidente con las secuelas del ataque a los principales edificios gubernamentales de la capital el 8 de enero. La última consecuencia de ese intento de golpe fue reincidir en la designación de otro militar al frente del Gabinete de Seguridad Institucional (GSI): el general Marcos Antonio Amaro dos Santos para reemplazar a su colega, el renunciante general de reserva Marco Gonçalves Dias. Lo hizo contra la voluntad de un sector del PT y hasta de su propia esposa, Janja, que preferían a un civil en el cargo. En abril de 2020, Dos Santos había sido nombrado jefe de Estado Mayor del Ejército, donde permaneció hasta mayo de 2022 durante el mandato del ultraderechista Bolsonaro.

La cuestión militar se vuelve conflictiva en Brasil cuando se la vincula con la injerencia de la principal potencia militar del mundo en la Amazonia. A comienzos de este mes, el oficial retirado de la Marina y reconocido analista, Robinson Farinazzo, un afiliado al PDT del ex candidato presidencial Ciro Gomes, cuestionó los ejercicios conjuntos con trescientos soldados norteamericanos que empezarían en octubre. “Brasil debe exigir reciprocidad porque Estados Unidos tiene pocas oportunidades de entrenarse en un ambiente selvático como el nuestro", indicó Farinazzo al sitio Sputnik.

Ciertos cuestionamientos a la permisividad del Estado brasileño no son de ahora. En noviembre de 2017, el coronel de infantería y estado mayor retirado y también historiador militar, Manoel Soriano Neto, trazaba la siguiente hipótesis en una entrevista con PáginaI12: “Las naciones hegemónicas necesitan tierras fértiles y habitables, materias primas y recursos naturales como el agua, el petróleo o la biodiversidad. Esto es histórico e inexorable. Todo está hecho para que esos insumos sean obtenidos: inicialmente, por el uso de acciones económicas y político-diplomáticas (softpower) y, si es el caso, la manu militari (hardpower). Añada que los países centrales anhelan, además, lugares para la instalación de bases militares y de lanzamiento de artefactos aeroespaciales, para la proyección internacional de su poderío bélico” .

Para octubre próximo está previsto que unos 300 militares de EE.UU ingresen otra vez a la Amazonia. No será la primera ni la última. En la Triple Frontera, pero la que une a Brasil, Colombia y Perú, hubo un ambicioso ejercicio conjunto en 2017. Se llamó Amazong17 y las tropas estadounidenses llegaron a Tabatinga, en el corazón de la mayor reserva de biodiversidad del planeta. El analista Farinazzo recordó que Brasil debía atender el contenido de un artículo que publicó el ex comandante militar de la OTAN, el almirante estadounidense James Stavridis, que describió al país “como una amenaza para la seguridad climática de EEUU”.

Espionaje

No fue la única queja del militar retirado: "Recientemente tuvimos vuelos de espionaje llevados a cabo por Estados Unidos con aviones Boeing WC-135R […] sobrevolando nuestra costa en dos ocasiones. ¿Qué aliado militar es este que nos espía?”, se preguntó. El espionaje no solo afecta a Brasil en el plano militar.

En 2015, cuando gobernaba Dilma Rousseff y Barack Obama en EE.UU, la Agencia Nacional de Seguridad (NSA por su sigla en inglés) le “pinchó” los teléfonos y correos electrónicos a la presidenta brasileña. Hubo una enérgica protesta y el embajador norteamericano fue convocado a dar explicaciones en el Planalto. La información había sido aportada en documentos filtrados por el exagente Edward Snowden y difundidos por TV Globo.

El fantasma del espionaje estadounidense sobre la Amazonia perdura en un sector crítico de las fuerzas armadas. Sputnik citó el testimonio de otro uniformado brasileño que podría ser una síntesis: “en caso de conflicto, ya tienen mapeada la ubicación… toda misión militar en tiempo de paz fuera del país tiene como objetivo secundario el propósito de la toma de datos para un posible conflicto”. No es solo un problema de cooperación mal correspondida. Hay una situación geopolítica de nuevo orden. La multipolaridad impulsada sobre todo por China y Rusia y a la que adhiere el presidente Lula en su tercer período de gobierno, es un factor determinante.

Además, las empresas del llamado complejo militar-industrial de EE.UU tienen intereses contrapuestos con las empresas brasileñas del rubro como Avibras (Defensa) y Embraer (Aeronáutica). De ahí las quejas de Farinazzo: “Estados Unidos no compra material militar brasileño, como los aviones Super Tucano de Embraer”. La máxima expresión de sumisión se dio en 2019, cuando el expresidente Jair Bolsonaro se cruzó de manera fortuita con el exvice de EE.UU, Al Gore, en el Foro de Davos.

La escena quedó reflejada en el documental The Forum, del director de cine alemán Marcus Vetter. En aquel momento, cuando el fuego arrasaba la selva brasileña, el militar ultraderechista que gobernó entre 2019 y 2022 le dijo a Gore, acaso sin saber quién era: “Tenemos mucha riqueza en la Amazonia y me encantaría explorar esa riqueza con Estados Unidos”.

Brasil, pese a todo, es el segundo socio comercial de EE.UU en materia de Defensa en América Latina detrás de México. Los acuerdos se fueron renovando con los años en 2010, 2015 y solo en 2003, cuando Lula asumió su primer gobierno, interrumpió el uso compartido con EE.UU de la estratégica base aeroespacial de Alcántara en el estado de Maranhao. Pero el gobierno de Michel Temer retomó ese proyecto y consolidó la cesión de soberanía sobre esa infraestructura clave.

gveiga@pagina12.com.ar

https://www.pagina12.com.ar/551465-brasil-la-amazonia-y-como-se-expande-estados-unidos

11 de julio de 2014

El drama de los niños que cruzan a EE.UU.

Gustavo Veiga

La oleada de menores indocumentados pone en evidencia la falta de una reforma migratoria. Estados Unidos mantiene alojados a miles de pequeños en condiciones de hacinamiento y sin una alimentación adecuada.

En Estados Unidos ya se mencionan dos palabras para definir la crisis humanitaria que desató una oleada de menores indocumentados que ingresó al país: desastre y tragedia. 46.188 niños y adolescentes cruzaron la frontera sur, entre octubre de 2013 y mayo de este año, provenientes de Centroamérica. No es la primera vez que sucede, pero sí la primera en que el gobierno de Obama se ve desbordado por el problema. A tal punto, que mantiene alojados a miles de estos pequeños migrantes en condiciones de hacinamiento, sin una alimentación adecuada y en sitios como centros de refugiados y bases militares.

La situación es tan crítica que el vicepresidente de EE.UU., Joe Biden, viajó a Guatemala el viernes pasado donde se reunió con el presidente local, Otto Pérez Molina, su colega Salvador Sánchez Cerén, de El Salvador, y funcionarios de Honduras y México. De los tres primeros países son la mayoría de los menores afectados. Desde el cuarto saltan a Estados Unidos para buscar a sus padres indocumentados o tratando de escapar de la violencia y la miseria.

Biden dijo: “Nosotros reconocemos que esta situación no es sostenible, es inaceptable y tenemos una responsabilidad compartida de tomar pasos significativos para poder abordar este tema”. Citado por el diario guatemalteco La Hora, agregó que “es un problema compartido fundamentalmente entre Estados Unidos, México y toda esta región”.

Las imágenes que tomaron los medios que ingresaron a los centros de Brownsville (Texas) y Nogales (Arizona) amplificaron la dimensión del conflicto migratorio. Miles de niños duermen en el piso envueltos en cobertores de aluminio, y en lo que se asemejan a pajareras iluminadas por tubos fluorescentes, los más pequeños descansan unos sobre otros. Se ven también bebés con sus madres, baños químicos, integrantes de las patrullas fronterizas y muchos adolescentes solos. Ese es el principal problema. Que viajan sin la compañía de un mayor a Estados Unidos o con hermanos menores y ahora, la gran mayoría, espera por la deportación.

Biden señaló tras la reunión con Pérez Molina que “los niños van a ser tratados humanamente y con justicia en nuestro país antes de ser devueltos a Guatemala como quisiéramos que fueran tratados nuestros niños”. La Unión Americana de Libertades Civiles de Arizona (ACLU), una activa ONG que denuncia los atropellos contra los inmigrantes en proceso de ser deportados, desmintió al vicepresidente de EE.UU.: “Documentamos la forma terrible de cómo los menores están siendo abusados sexual y físicamente, con agresiones verbales; no les dan tratamiento médico y obviamente los niños están en condiciones terribles e inhumanas. Es un problema que hemos documentado por años”, explicó Alessandra Soler, directora ejecutiva de ACLU.

“Había, por ejemplo, una chica de 16 años con un bebé de 2 años, y no le querían dar leche al niño. Otra chica tenía un ataque asmático y no era atendida”, agregó la representante de la ONG en declaraciones publicadas por el diario Prensa Libre, de Guatemala. Once mil niños detenidos en EE.UU. son oriundos de ese país.

Honduras es otra de las naciones más afectadas por la migración de sus menores indocumentados. La embajadora estadounidense en Tegucigalpa, Lisa Kubiske, lejos de aportar una solución civilizadora, declaró: “No tienen status legal para quedarse en los Estados Unidos. Y punto. No importa si son niños o adultos, serán deportados”. La diplomática también lamentó que el presidente hondureño, Juan Orlando Hernández, no se reuniera con Biden en Guatemala para tratar el conflicto migratorio. El mandatario está viendo el Mundial de Fútbol en Brasil. Pero al menos habló por teléfono con el vice norteamericano. En una visita reciente a Washington, Hernández había definido a los pequeños migrantes como “desplazados de guerra” y dijo que EE.UU. “tiene que hacer más”.

El consulado de El Salvador en Tucson, Arizona, relevó que en esa ciudad había 1154 menores indocumentados, de los cuales 379 eran de ese país. En un comunicado, la cancillería salvadoreña señaló: “Hacemos el más firme llamado a tomar en cuenta que los niños, las niñas y adolescentes, con independencia de su situación migratoria, son sujetos de derechos y todos los Estados deben asegurar su bienestar, cuidado, seguridad y protección en todo momento, sin distinción alguna. La viceministra para los salvadoreños en el exterior, Liduvina Magarín, constató que al menos en un centro de recepción, los menores “están en una condición deprimente y de total falta de espacio, higiene y alimentos. Es en el Centro McAllen de la Patrulla Fronteriza”.

Las estadísticas indican que el problema se agrava con el paso de los años. Sobre todo, las que maneja el senador de origen cubano Ted Cruz, un republicano del ala más derechista del partido que cuestiona a Obama por su presunta permisividad.

“En 2011, había aproximadamente 7 mil menores no acompañados que fueron detenidos. En 2012, ese número aumentó a 14 mil. En 2013, se elevó a 24 mil. Y en 2014, se calcula que va a llegar a 90 mil, y en 2015, el gobierno está estimando que subirá hasta llegar a 145 mil”, describió Cruz, de 43 años y jugado a ser presidenciable en 2016. En Estados Unidos ya lo comparan con Joseph McCarthy, el senador republicano que hizo escuela con su anticomunismo en los años ’50. Robert Menéndez, otro senador de origen cubano, aunque del Partido Demócrata, habló de “tragedia”. Y propuso atacar el problema en varios frentes, sin exceptuar el de la seguridad nacional.

Los menores capturados en la frontera –se estima que por día unos 400 intentan entrar a EE.UU.–, son por lo general retenidos 72 horas en centros como los de Brownsville y Nogales. Muchos de ellos, vencido ese plazo ya son enviados a bases militares en California, Oklahoma y Texas. El 60 por ciento terminarán deportados, según la ONG Niños en Necesidad de Defensa (KIND). México, por donde necesariamente deben pasar los menores indocumentados, también deporta: 8577 fueron expulsados del país en 2013. En los primeros cuatro meses de este año, Estados Unidos tomó una medida semejante con niños mexicanos. Rechazó a unos seis mil.

Es un círculo vicioso que relató con agudeza el escritor hondureño Roberto Quesada, un especialista en temas migratorios y autor de la novela Nunca entres por Miami: “Estados Unidos debe recordar que Centroamérica no es Afganistán, ni Irak, ni esos países lejanos en donde se va a promover el caos, sino los vecinos inevitables, y ante la catástrofe local, el destino se llama Estados Unidos. Si continúan patrocinando y respaldando la antidemocracia, los fraudes electorales, la impunidad, entonces abran espacio que masivamente se moverán los centroamericanos hacia los Estados Unidos”.


http://www.pagina12.com.ar/diario/elmundo/4-249179-2014-06-23.html