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8 de junio de 2022

¿Cumbre de las Américas o Cumbre de las Colonias?

Katu Arkonada

Un nuevo impulso a la integración latinoamericana debe pasar por recuperar y consolidar la CELAC.

En 1962, y mientras sesionaba el Consejo Interamericano Económico y Social de la Organización de Estados Americanos (OEA) en Punta del Este, Uruguay, y el representante del gobierno cubano Ernesto Che Guevara denunciaba las maniobras hostiles del imperialismo estadounidense, Cuba fue expulsada de la OEA y todos los países, excepto México, rompieron relaciones con la Revolución Cubana.

60 años después de ser expulsada de lo que el Canciller de la dignidad, Raúl Roa, definió como el “Ministerio de las Colonias yanqui”, Cuba, y también México, vuelven a ser protagonistas de una cumbre.

La negativa de otro Presidente defensor de la soberanía, Andrés Manuel López Obrador, a acudir a una Cumbre de las Américas a celebrarse del 6 al 10 de junio en Los Ángeles, California, si no son invitados del “eje del mal” latinoamericano, Cuba, Venezuela y Nicaragua, ha abierto grietas en la diplomacia estadounidense, incluso tensiones entre la Casa Blanca de Joe Biden y el Departamento de Estado que encabeza el Secretario Anthony Blinken.

La posición de México ha sido respaldada por países progresistas como Honduras, Bolivia o Argentina, la mayoría de países caribeños con San Vicente y las Granadinas a la cabeza, e incluso por países con gobiernos de derecha como el de Guatemala.

Todo esto abre una crisis difícil de cerrar que hace que ante el fracaso de una Cumbre donde Cuba, Venezuela y Nicaragua ya han anunciado que no acudirán, y el bajo perfil de la mayoría de delegaciones gubernamentales que sí lo hagan, se esté planteando que Joe Biden no tenga protagonismo en la misma, incluso poniendo abriendo la posibilidad de su no participación.

Hay por tanto temor, e incluso pánico, al colapso de la Cumbre de las Américas, y se ha comenzado un despliegue “diplomático” que incluye seducción con los países que pueden, como Uruguay, y coacción con los que no, como en el caso de Perú, donde Estados Unidos le ha recordado a Pedro Castillo que necesita su apoyo para contener a una oposición que puede impulsar un proceso de vacancia en el Congreso, garantizando de esta manera su no alineamiento con la postura de México y sobre todo, su no beligerancia contra las posiciones de Estados Unidos.

El Departamento de Estado está realizando recorridos por diferentes países, tratando de apuntalar una cumbre que ya se da por fracasada. En esa desesperación es que se intentó la fórmula de invitar a un representante de Cuba, craso error diplomático que más que dividir, solo refuerza la unidad latinoamericana en torno a una idea: la no exclusión y el respeto a la soberanía de América Latina y el Caribe más allá de las diferencias ideológicas entre gobiernos.

Si no hay igualdad de condiciones, Cuba dejó claro que no va a participar de la misma, y en ese mismo sentido es necesario reconocer la unidad en la diversidad del bloque caribeño del CARICOM, y las posiciones de México reiterando una y otra vez su apuesta por una cumbre sin exclusiones y con pleno respeto a la diversidad ideológica del hemisferio.

América como continente tiene múltiples desafíos al margen de los modelos políticos y parece claro que la política exterior de Estados Unidos no se puede definir desde la gusanera mayamera y el lobby anti Revolución Cubana, y por extensión, anti procesos progresistas, de Florida. Mientras la política de Biden hacia América Latina pase por Miami, solo obtendrá fracasos.

La Cumbre de las Américas no solo es un fracaso anticipado, sino que demuestra las debilidades de negociación en América Latina de un imperialismo acostumbrado a someter vía soft o hard power (no es casualidad la postura de Xiomara Castro de Zelaya quien sufrió un golpe de Estado impulsado por Estados Unidos en 2009) a quienes considera su patio trasero.

En cualquier caso, dado que Joe Biden pasará sin pena ni gloria por la Casa Blanca, y en Estados Unidos seguirán gobernando los mismos, Wall Street y el complejo industrial-militar que ahora necesita la guerra en Ucrania para mantener su ritmo de gasto y producción, se hace más urgente y necesario que nunca que se retome el impulso por la unidad latinoamericana y caribeña.

La más que probable victoria de Lula en Brasil puede hacer que se conforme un MAB (México-Argentina-Brasil) progresista con países del G20, que junto al proceso de cambio boliviano que encabezan Lucho Arce y Evo Morales, el apoyo más light de Chile y Perú (no porque no quiera Pedro Castillo, sino porque no puede) y la permanencia de los procesos en Cuba, Venezuela y Nicaragua, junto con el liderazgo de Honduras en Centroamérica, den un nuevo impulso a la integración latinoamericana que, indefectiblemente, debe pasar por recuperar y consolidar la CELAC para que quede claro que los gobiernos soberanos de América Latina y el Caribe ya no son territorio de conquista.

@katuarkonada

28 de octubre de 2018

Ocho claves para entender las elecciones en Brasil

Katu Arkonada

Este domingo se celebra la segunda vuelta de las elecciones en Brasil, y en caso de triunfar el ganador en la primera vuelta, Jair Messias Bolsonaro, podría completarse un círculo que comenzó con el impeachment contra Dilma Rousseff y continuó con el encarcelamiento, sin pruebas, de Luiz Inácio Lula da Silva.

En caso de cerrarse este círculo se clausuraría también el equilibrio, aparente al menos, entre capitalismo y democracia, porque más allá de quien gane la elección presidencial, el ascenso de Bolsonaro representa el fracaso de la democracia neoliberal. Las élites se cansaron del juego liberal democrático y optaron por un neoliberalismo autoritario con rasgos de fascismo social.

Pero llamar fascista a Bolsonaro no ayuda a entender la complejidad del fenómeno que se está produciendo en Brasil. Pasemos a examinar las claves del ascenso de este ex militar, diputado de un pequeño partido, el Social Liberal (PSL), que en julio tenía 17 por ciento de intención de voto, comenzó septiembre con 24 por ciento y ganó la primera vuelta el 7 de octubre con 46 por ciento de los votos, rozando la mayoría absoluta.

1. Voto de clase. Bolsonaro ha arrasado en el Brasil rico y blanco. Es significativo que haya ganado en los 10 municipios más ricos del país, mientras Haddad lo hizo en nueve de los 10 más pobres.

2. Voto antisistema. El triunfo del candidato de ultraderecha se sustenta además en un rechazo al sistema de partidos políticos, a la corrupción de los partidos que simboliza el caso Lava Jato y que encarna sobre todo (en el imaginario de la gente) el Partido de los Trabajadores (PT).

3. Candidato outsider. Bolsonaro se ha presentado como outsider, como una renovación de la clase política, aunque no lo es ni puede ser un aspirante que lleva 28 años como diputado y sus tres hijos son políticos. Es necesario destacar también que uno de sus hijos, Eduardo Bolsonaro, se ha convertido en el diputado federal más votado de Brasil, con casi 2 millones de sufragios.

4. El factor militar. No sólo Bolsonaro sirvió en el ejército que mantuvo a Brasil 21 años bajo una dictadura más larga que la de Pinochet en Chile, sino que su candidato a vicepresidente es el general Antonio Hamilton Mourão. Y para encontrar más similitudes con el Chile pinochetista, Bolsonaro ha colocado a un Chicago Boy, Paulo Guedes, al frente del área económica.

5. El factor evangélico. Bolsonaro ha sustentado su triunfo en las iglesias evangélicas, cada vez más presentes en las favelas y barriadas populares brasileñas. La Rede Record, propiedad del fundador de la Iglesia Universal del Reino de Dios, segunda televisión más vista de Brasil y quinta del mundo, ha sido determinante para que la bancada evangélica esté compuesta por 76 diputados, casi una quinta parte del Congreso.

6. BBB. Si a la bancada evangélica (Biblia) le sumamos la bancada ruralista (Buey), defensora del agronegocio y en contra de cualquier reforma agraria, y la bancada en defensa de las armas (Bala), tenemos con Bolsonaro una BBBB que tendrá mayoría suficiente en el Congreso, aun si Haddad y el PT lograran el milagro de dar la vuelta a la elección en la segunda vuelta. El populismo de derecha sufrirá una nueva vuelta de tuerca y el objetivo serán los pobres, los negros, las mujeres, los campesinos y el activismo social en general.

7. Redes sociales. La campaña de Bolsonaro ha sido la campaña del algoritmo, las fake news y el WhatsApp, las armas de destrucción matemática de la realidad. Este factor explica por qué en el último mes de campaña prácticamente duplicó su intención de voto. Una vez que Facebook, tras los escándalos en Estados Unidos, cerró, al menos parcialmente, su plataforma a las fake news, los estrategas de Bolsonaro descubrieron un hueco por donde colarse en una plataforma de comunicación directa y cerrada como WhatsApp (comprada en 2014 por Facebook) y desarrollaron una campaña sin precedente de guerra sucia, utilizando herramientas como big data y excelente segmentación, para sembrar noticias falsas que apuntaban directamente al imaginario de la gente común.

8. Geopolítica imperial. Y no nos engañemos: Brasil y su Amazonía, pivote latinoamericano de los BRICS, siguen estando en el punto de mira estadunidense. No es casualidad que Lilian Ayalde, ex Usaid y actual asesora del Comando Sur, fuese embajadora de Estados Unidos en Brasil mientras se producía el impeachment contra Dilma, después de haber sido embajadora en Paraguay mientras se sucedía el golpe parlamentario contra Fernando Lugo.

Estos factores confluyen en una paradoja que el uruguayo Andrés Malamud ha definido muy bien: elegir a un fascista de verdad, creyendo que es de mentira, por miedo a un comunismo de mentira que creen que es de verdad.

La distancia se acorta en la segunda vuelta y Haddad ya aventaja en Sao Paulo al ex militar por 51-49 por ciento a pesar de que la diferencia en la primera vuelta fue de 20-45 por ciento a favor de Bolsonaro. No parece que el tiempo vaya a ser suficiente para culminar la remontada, pero cuando la disyuntiva es entre progresismo o barbarie, hay esperanza de que los millones de brasileños que el 7 de octubre votaron nulo o blanco puedan optar este domingo por Orden y Progreso frente a la alternativa bolsonarista de desorden y retroceso disfrazado de neoliberalismo económico y autoritarismo social.