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14 de noviembre de 2022

Perú: El Perú no olvida el 14N

Ronald Gamarra

Hace dos años, el 14 de noviembre de 2020, miles de personas, sobre todo jóvenes, salieron a manifestar en las calles contra la asonada antidemocrática del golpista Manuel Merino. Fue una manifestación culminante de varios días de protestas que contó con la simpatía de la gran mayoría de la población en todos los sectores sociales, pues Merino y su claque eran repudiados por más del 80%, según testimoniaron las encuestas de entonces.

Esas manifestaciones fueron reprimidas brutalmente, con armas y proyectiles no permitidos internacionalmente, disparando a las zonas sensibles del cuerpo de los manifestantes, con claro ánimo de dañar. Esa represión fue alentada y permitida por el golpista Manuel Merino, su “primer ministro” Flores Aráoz y su ministro del Interior, por lo cual la Fiscalía de la Nación los denunció constitucionalmente para que fueran procesados penalmente.

Dos años después, la justicia se muestra esquiva. Un informe mañoso y descarado, elaborado por el congresista Alejandro Cavero, quien demostró estar dispuesto a encargarse del trabajo sucio para hacer méritos ante los vejetes de la ultraderecha, que no son tan tontos como para quemarse ellos mismos, impidió hace unos meses que la denuncia constitucional pudiese prosperar y fue encarpetada. Por el momento, porque la justicia llegará para los responsables y sus encubridores.

El caso contra los miembros de la Policía Nacional se encuentra paralizado desde hace meses en la fiscalía porque el Poder Judicial aún no decide que un juez del sistema penal especializado –y no del común– es el llamado a acompañar la investigación y dotarla de garantías, sea a través de una casación que así lo reafirme o de una decisión que dirima la competencia negativa entre diversas instancias judiciales. Por su parte, de la indagación disciplinaria nada se sabe y –además– nada bueno se puede esperar.  

En el 14-N perdieron la vida Bryan Pintado e Inti Sotelo, víctimas de los perdigones disparados criminalmente en la represión policial de la marcha. Pero además de esa desgracia, más de 200 personas resultaron heridas por la brutal actuación represiva de la Policía, decenas de ellos heridos de gravedad por el impacto de perdigones y bombas lacrimógenas disparadas al cuerpo. Muchos heridos han quedado con graves consecuencias hasta el día de hoy, sin que nadie en el Estado asuma responsabilidad alguna. Dada la falta de asistencia médica por parte del Ministerio de Salud, muchos heridos quedarán con consecuencias de discapacidad permanente.

La excelente página de Twitter Perú No Olvida 14N viene llevando adelante una necesaria y ejemplar campaña para dar a conocer los casos de aquellos jóvenes que fueron gravemente heridos en la represión del 14-N, sobre quienes muy poco, y a veces nada, se ha dicho con suficiente claridad y contundencia, y lo hace dándoles voz, presentando sus testimonios, resaltando la peripecia que enfrentan por haberse atrevido a ejercer sus derechos ciudadanos en defensa de la democracia. Conviene consultar esta página de Twitter por su valiosa información, aquella que unos congresistas indignos niegan para servir a sus patrones y amigotes represores.

Así podremos enterarnos mejor del caso de Albert Ñahui, quien “ha perdido la vista y el olfato por el impacto de una bomba lacrimógena que le destrozó parte del cráneo”. Albert dice en su testimonio: “El doctor me dijo: el cráneo, ese pedazo se deshizo, no hemos encontrado nada, solo pedacitos. Tenemos que ponerte una placa de titanio... Y cuando desperté ya me habían intervenido. Tenía una cicatriz de acá hasta acá, hasta la mitad de la cabeza...”. Dos años después de los hechos, el joven Ñahui no cuenta con ningún apoyo ni atención médica del MINSA, como se ofreció, y enfrenta discapacidades que limitan gravemente su vida y sus posibilidades de estudiar y trabajar.

Samuel Giraldo, estudiante de danza, “dos años después, ha vuelto a sus clases de ballet, pero tiene que combatir con múltiples secuelas”. Sufrió la fractura de la pierna por el impacto directo de una bomba lacrimógena. “Recuerdo que cuando me impactó la lacrimógena caí tirado al piso. Y siento cómo sucede algo internamente en el hueso, como si algo se quebrase en muchas partes. Tenía la sensación de que algo estaba crujiente en mi pierna, se sentía bien intenso”. Samuel, además de su grave lesión física, ha tenido que enfrentar graves problemas de ansiedad y depresión que enfrenta sin apoyo médico del MINSA, aparte del perjuicio con dos años perdidos para su carrera en la danza.

A Jon Cordero “un perdigón de plomo le quebró dos vértebras. Hoy ya no puede movilizar la pierna izquierda y su vejiga ha dejado de funcionar”. Jon relata: “Una chica se acerca, como yo había agarrado la bomba lacrimógena, me quiso auxiliar pasándome también agua con vinagre, y entonces recibo el impacto por la espalda. Créeme que en ese momento fue como si se me hubiera apagado el cerebro, como si no hubiera reaccionado”. A pesar de la gravedad de sus heridas y las consecuencias para su salud, Jon tampoco cuenta con el menor apoyo del MINSA.

Otro caso grave fue el de P. V., quien recuerda: “Detrás de la oreja me cayó un perdigón. Y una bomba lacrimógena en la espalda. Agradezco el giro que hice, podría haberme caído en la oreja, en el oído o en el ojo. En ese momento pensé que me había quedado sorda”.

Fernando Nicho Muñoz “pasó por dos opiniones médicas: no hay opción de que recupere la visión en el ojo izquierdo”. Dos años después de la brutal represión del fugaz gobierno del golpista Merino, el joven Nicho Muñoz cuenta un detalle de cómo afectó su vida aquella actuación policial: “Uso seis tipos de gotas para el dolor, evitar infecciones, irritación, humectante… el dolor viene sobre todo cuando hay mucha luz, es abrumador”.

Gustavo Moreno recibió siete perdigones en la pierna. Hasta el momento sufre de dolor crónico, sobre todo en la rodilla, lo cual limita de manera permanente sus posibilidades de movimiento.

Hanns Licera era deportista, sobre todo surfista. Como consecuencia de la represión, tiene la rodilla prácticamente destrozada, lo que le impide caminar pues siente dolor a “cada paso”. Ante la desatención del MINSA, tuvo que operarse por su cuenta, en una clínica privada. Lamentablemente necesita una segunda operación para la cual ya no tiene recursos.

Roberto Cano sufrió la fractura de la pierna por impacto de una bomba lacrimógena. Fue mal atendido en el hospital Almenara, donde no le enyesaron la pierna como era necesario hacerlo, minimizando el daño que había sufrido. Días después, descubrió lo mal que había sido atendido, pero el daño sufrido ya se había agravado por la negligencia médica.

¿Hasta cuándo va a proteger el Congreso actual a los responsables mayores de esta brutal represión? ¿Le quedará algo de conciencia a Alejandro Cavero para darse cuenta de la impunidad que facilita a gente que ha perjudicado gravemente a tantos jóvenes?

¿Qué espera el Poder Judicial para declarar que los delitos investigados se perpetraron en el contexto de violaciones a los derechos humanos y por lo tanto recaen en la competencia de la justicia penal especializada, lo que habilitaría la continuación de la investigación fiscal de los crímenes?

¿Hasta cuándo va a esperar el MINSA, ahora bajo el dominio del autodenominado “gobierno del pueblo”, para hacerse cargo de la atención médica que el Estado ofreció dar a las víctimas que lo necesitan con tanta urgencia y de la cual carecen en absoluto? ¿O es que consideran que estos heridos son “caviares” y no merecen atención? Cómo se ve que, tratándose de las víctimas, los ultras de derecha y de izquierda coinciden en la más absoluta y criminal indiferencia.

Fuente: Hildebrandt en sus trece, Ed 611 año 13, del 11/11/2022,  p18


https://www.hildebrandtensustrece.com/

15 de noviembre de 2021

Perú: ¿Es exagerado exigir justicia?

Jo-Marie Burt

Hoy se conmemora el asesinato de dos jóvenes, Jordan Inti Sotelo Camargo y Jack Bryan Pintado Sánchez, quienes junto a decenas de miles de jóvenes salieron a las calles a manifestar su desacuerdo tras la ilegal toma de poder del entonces congresista Manuel Merino y fueron asesinados durante la represión policial que no se veía desde el Perú de Fujimori.

No fue la primera vez que Merino buscó vacar al entonces presidente, Martín Vizcarra. El intento anterior fue detenido gracias al destape de IDL Reporteros de las comunicaciones irregulares de Merino y sus colaboradores hacia los comandantes de las Fuerzas Armadas solicitando el apoyo para sus planes golpistas. Merino llegó al poder porque se sumó la causal ambigua de “incapacidad moral” de la Constitución del 1993 junto a la complicidad de 104 otros miembros del Congreso. Fue un asalto al poder en toda la línea.

La ciudadanía, en especial la juventud, se levantó espontáneamente para demostrar su rechazo a la vacancia presidencial promovida arbitrariamiente desde el Congreso. Las manifestaciones no solo fueron en Lima, sino en todo el país. Y duraron todo el tiempo en el que Merino estuvo en Palacio de Gobierno: entre el 9 y el 15 de noviembre del 2020. Decenas de miles de personas llenaron las calles en diferentes ciudades del Perú para protestar en contra de un gobierno al que percibían como ilegítimo. El 13 por ciento de la población salió a marchar en contra del gobierno de Merino, haciendo que las marchas de noviembre del 2020 fueran las más grandes en la historia del Perú. El 86 por ciento de la población estaba a favor de las manifestaciones, porque la gran mayoría percibió a Merino como usurpador.

La policía ejerció una represión desmesurada en contra de los manifestantes. La Coordinadora Nacional de Derechos Humanos ha publicado una serie de entrevistas a varios de los que fueron gravemente heridos por la violencia policial en noviembre del 2020. Un policía le disparó una bomba lacrimógena a la cara de Rubén Vergara, haciendo desprender la retina del ojo y afectando su vista. A Jon Cordero, de 23 años, un perdigón le cayó en la vértebra, aún no puede caminar. A Percy Pérez, de 27 años, una canica le perforó los intestinos, afectando su pierna y limitando su capacidad de movilizarse. Los jóvenes también explican sus motivos por salir a protestar, en defensa de su país, la democracia, el futuro de sus hijos.

El asesinato de Inti y Bryan por la policía el día 14 de noviembre marcó un punto de inflexión en la semana de protestas de repudio al gobierno de Merino, obligándolo a renunciar a la presidencia. Días después el Congreso eligió a Francisco Sagasti haciendo que él asumiera como presidente interino del país hasta las elecciones en el 2021.

Un año después de los hechos, todo avanza lento, la Fiscalía presentó el mes pasado una denuncia ante el Congreso contra Merino y dos de sus exministros por la muerte de Inti y Bryan y por las lesiones sufridas por 78 personas más en las movilizaciones de noviembre.

“Exagerada” fue el calificativo que expresó la presidenta del Congreso, María del Carmen Alva, de Acción Popular y correligionaria de Merino, cuando supo de la presentación de una denuncia constitucional en contra de Merino.

Exagerada es más bien la demora en la promesa de justicia para la familia de los llamados “héroes del Bicentenario”; Inti y Bryan y miles de jóvenes peruanos que defendieron la democracia que con tanto esfuerzo se logró recuperar en el 2000, luego de la caída del régimen de Alberto Fujimori y la fuga del dictador a Japón.

“Se metieron con la generación equivocada” fue el lema de las marchas de noviembre del 2020 en medio de la más dura pandemia. Un año después, la generación del bicentenario sigue esperando justicia para Inti y Bryan. Empujemos para que sea posible.

Jo-Marie Burt. Doctora en ciencia política por Columbia University. Profesora en George Mason University y Asesora Principal de la Oficina en Washington para Asuntos Latinoamericanos (WOLA), investiga sobre violencia política, autoritarismo, derechos humanos, y justicia transicional en América Latina. Síguela en Twitter @jomaburt.