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29 de abril de 2025

Perú: Debemos renegociar con China

Pedro Francke

"China hoy lleva la delantera tecnológica y además controla la electricidad de Lima, así que hay espacio para un convenio “win-win” en el que ambos ganemos"

Es momento de plantearnos una relación económica distinta con China. En las décadas previas, le hemos concedido todo. Se adueñaron de la mina más grande del Perú, Las Bambas, y cambiaron el sistema de transporte del cobre con cientos de camiones levantando polvo en el camino, afectando a las comunidades cercanas con tal de evitarse el costo de un mineroducto. Son dueños de todas las redes de electricidad de Lima y aunque había leyes que evitaban que quien tuviera la distribución también fuera dueño de las hidroeléctricas, a ellos se les permitió. Arruinaron la producción nacional de ropa, calzado, acero y otras manufacturas invadiendo nuestro mercado con competencia desleal. Hicieron su propio megapuerto en Chancay y Dina Boluarte aprobó que controlaran todos los servicios del mismo con tal de tomarse su foto con Xi Jinping. Mientras tanto, sólo nos compran materias primas sin un mínimo de procesamiento y en la agroexportación apenas si acogen el 3 por ciento de nuestros envíos al mundo.

El gran agresor económico hoy en el mundo es los Estados Unidos, de eso no cabe duda. Trump ha dicho la semana pasada que los países latinoamericanos “deben escoger entre China y Estados Unidos”, chantaje que no podemos aceptar. Frente a eso el Perú debiera aunarse a la búsqueda de la mayor unidad latinoamericana posible. Hace pocas semanas hubo una cumbre de CELAC, la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños, y el gobierno de Boluarte mandó a un funcionario de tercer nivel, lo cual fue deplorable. Debemos defender la soberanía nacional con una respuesta inteligente a las barbaridades de Donald Trump y su ruptura salvaje de los tratados que tenemos firmados, pero también debemos reubicarnos en el escenario internacional. China es un actor principal que también actúa priorizando sus propios intereses, y si hoy se presenta como la gran “defensora del libre comercio”, no es por convencimiento ideológico sino para seguir aprovechando nuestros minerales y mantener acceso a mercados para su plataforma industrial exportadora.

Durante décadas la política neoliberal peruana frente a la globalización nos ha mantenido como una nave al garete llevada por la corriente, sin un timón que marque un norte ni un motor propio que nos impulse, ni económica ni socialmente. Era una mala política y ahora que el mundo está en medio de una guerra comercial, es mucho peor. Tampoco hay que actuar apresuradamente, a tontas y a locas, estilo Trump. Hay que plantearse una estrategia e implementarla con inteligencia.

Nuestra estrategia económica debe combinar dos políticas sustanciales: defender el interés nacional actual y proyectarnos al futuro con diversificación productiva y despegue tecnológico. ¿Qué tenemos para apoyarnos? Nuestros recursos naturales y la capacidad de trabajo y superación de los peruanos y peruanas. ¿Cómo cambiamos nuestra relación con China en esa mirada? Primero: negociando inversiones y tecnologías que hoy China nos puede aportar y que nos resultan muy necesarias. Por ejemplo, en Lima y varias ciudades importantes tenemos un problema serio de contaminación ambiental, frente al cual cambiar a vehículos eléctricos nos ayudaría mucho. En este aspecto, China hoy lleva la delantera tecnológica y además controla la electricidad de Lima, así que hay espacio para un convenio “win-win” en el que ambos ganemos. Segundo: debemos promover la industrialización del país: empresas chinas debieran venir a producir acá generando empleo, transfiriendo tecnología y dando oportunidades a nuestros ingenieros y técnicos. Tercero: es vital ampliar el mercado chino en rubros claves para nosotros como la agroexportación, el turismo receptivo y otros. Cuarto: la explotación de nuestros recursos naturales, desde el cobre hasta la pesca, debe hacerse respetando el ambiente y reteniendo esas rentas para nuestro desarrollo social y seguridad ciudadana, lo que debe valer para cualquier inversionista. Junto a impuestos justos hay que promover que esos productos se procesen en el Perú.  ¿Por qué todo el cobre que va a China sale como concentrados y se refina allá y nada en nuestro territorio, lo que generaría valor agregado y más empleos? Un quinto elemento, más estratégico y de mayor proyección, es el del acceso y regulación a las redes sociales y las herramientas de la Inteligencia Artificial, temas en los que Estados Unidos hoy domina en nuestro país, pero en los que está abierta la competencia con China.

Varias de estas estrategias requieren una combinación de políticas nacionales y negociación de mejores relaciones económicas internacionales. ¿Tenemos elementos para negociar con China? En lo inmediato, debe cambiarse esa política neoliberal de sacrificar la industria nacional frente a productos chinos que hacen competencia desleal, situación que además puede agravarse en el futuro próximo ahora que muchas fábricas chinas ya no podrán competir en el mercado estadounidense ante los aranceles que les ha puesto Trump. Hay varias medidas de salvaguarda permitidas por la OMC al respecto. Igualmente, es urgente una fuerte campaña comercial de productos peruanos en China. Junto a eso, hay que abrir la discusión sobre la electrificación del transporte y el desarrollo industrial. Es un buen momento, pues ante los aranceles trumpistas China necesita defender sus posiciones económicas y comerciales en el mundo y está abierta en ese terreno. Su necesidad nos abre oportunidades. No será fácil, desde luego, porque son poderosos y negocian duro, pero nosotros tampoco somos mancos. ¿O sí lo somos?

En realidad, me rectifico: sería un buen momento para negociar con China si tuviéramos un gobierno mínimamente preocupado por el interés nacional. No lo tenemos. El actual llega al extremo de dar leyes en favor de los delincuentes mientras crece una terrible ola de extorsiones y asesinatos. Sin gobierno y sin sentido de nación, estamos más al garete que nunca. Pero el cambio económico mundial irá desenvolviéndose por varios años, así que este es un asunto que debe asumir con seriedad quien quiera gobernar los próximos años.

Fuente: Hildebrandt en sus trece, Ed 730 año 16, del 25/04/2025

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4 de marzo de 2025

Perú: Cuatro casos y un patrón

Pedro Francke

Cae el techo del Real Plaza Trujillo; colapsa el puente Chancay; Telefónica en semiquiebra; Congreso a punto de regalar 20 mil millones de soles a los agroexportadores. Estos cuatro casos tienen una base común. Revisemos.

Una desgracia reciente en Trujillo con seis fallecidos y decenas de heridos. Su propietario es Carlos Rodríguez-Pastor (“CRP”), el mayor billonario del Perú. También es dueño de Interbank, multada tras haber cargado a 260 mil clientes unos consumos de manera duplicada sin darles ninguna explicación. La multa es ínfima, no pequemos de optimistas. En el caso del Real Plaza Trujillo, tras una fiscalización de la municipalidad provincial, el Congreso fujimorista aprobó una ley frenando esas acciones. Como se le escapó en una entrevista para este semanario a Carlos Neuhaus, el presidente del PPC, esa ley fue resultado de un lobby de los grandes empresarios que él dirigió. Luego de eso, la congresista Alejandra Tudela, de la ultraderecha “libertaria”, intentó que estos grandes centros comerciales solo fueran fiscalizados cada diez años. Terminemos esta revisión recordando que para apoyar la campaña de Keiko el 2011 Carlos Rodríguez Pastor entregó 200 mil dólares. ¿Acciones aisladas o lobby continuado?

Poco antes se cayó un puente en Chancay causando tres muertos y muchos heridos. Responsables son las empresas Aenza (antes Graña y Montero: GyM) y JJC (antes llamada JyJ Camet). Graña y Montero fue socia privilegiada de Odebrecht en varias de sus megaestafas en Perú y, tras el escándalo, cambió de nombre para camuflarse. Siguió en eso los pasos de JyJ Camet, quienes retiraron ese apellido de la razón social empresarial porque el fundador, Jorge Camet, fue ministro de Fujimori entre 1993 y 1997, tiempo en el cual multiplicó por cien sus contratos con el Estado y regaló impuestos por cientos de millones a transnacionales. JJC está acusada por la fiscalía de ser parte del “Club de la Construcción”, un cartel de corruptos que se repartía las obras del Estado entre 2011 y 2014. GyM ya reconoció que pagó coimazas en ese caso. Ambas forman una “alianza público-privada” que cobra millones de peajes en la única vía que va de Ancón a Huacho, Barranca y Pativilca pero, está a la vista, no hacen el mantenimiento mínimo necesario. Este gobierno no les ha dicho nada ni considera ponerles una multa o cortarles el contrato luego de tres muertos. Pensando en los antecedentes de estas empresas, ¿sería locura imaginar que ha habido lobby y corrupción?

Telefónica ha planteado un “proceso concursal”, extraño término que significa simplemente que no pagará sus deudas. En lenguaje popular: perro muerto. Salimos perdiendo los trabajadores que tenemos (obligados) dinero en las AFP, que, apoyadas por el fujimorismo, retienen nuestros ahorros forzosos. Hay la friolera de 1,100 millones de soles de nosotros, los trabajadores, prestados a Telefónica. La mayor parte corresponde a la AFP Prima, del grupo Romero, los mismos que le dieron 3 millones 700 mil dólares a Keiko en maletines llenos de billetes verdes. Telefónica ha sido bastante abusiva con el Perú: durante los años 1990 Fujimori le otorgó un monopolio y puso trabas a cualquier competencia, permitiéndole altas tarifas y enormes ganancias. Encima de eso Telefónica decidió no pagar los impuestos que le correspondían y cuando la Sunat la pescó, optó por hacer juicios y alargarlos todo lo posible. Aún debe miles de millones al fisco. Al mismo tiempo, misma colonia, todos estos años se ha llevado plata nuestra a España. Fueron 122 millones el año pasado con dos argucias. Un pretexto es que pagaban por la gran atracción de su marca, cuando acá todos odiábamos sus abusos. El otro cuento es que los españoles daban excelente apoyo a la gestión empresarial, pero estando ahora casi en quiebra es obvio que era un pretexto burdo. Mientras, gobierno y Congreso calladitos.

Finalmente, los grandes agroexportadores, cuyo negocio va viento en popa, presionan para que este Congreso les regale 1,900 millones anuales por una década. Mientras cualquier pequeño negocio paga 30% de impuesto a la renta, ellos han pagado la mitad de eso por veinte años y quieren seguir así. Es la llamada Ley Chlimper, firmada por este multimillonario agroexportador cuando fue ministro de Fujimori favoreciéndose a él mismo. Años después, José Chlimper estaría ayudando a elegir a Keiko con oscuras maniobras y moviendo maletines llenos de dinero. El actual ministro de Agricultura, otro fujimorista, apoya esta ley que regalaría varios millones a su esposa, que es terrateniente. Para empujar esa ley, el lobby agroexportador ha visitado a más de una treintena de congresistas. ¿Será que fueron con las manos vacías? El diario “La República” dice que el actual ministro de Economía favorece esta ley, aunque un informe oficial del MEF, firmado por su viceministro de Hacienda, indica que los beneficios se concentrarán en el 0,02% de grandes terratenientes que se llevarían el 92% del dinero. ¿Lo necesitan para prosperar? En absoluto: los megaterratenientes con ventas de más de 4 mil millones de soles anuales aumentaron el último año sus utilidades en 79%, acumulando 3,400 millones de ganancias el 2023, dice ese mismo informe del MEF. De aprobarse ese regalazo tributario se generaría un fuerte hueco fiscal adicional, mientras el ministro promete cumplir una fuerte reducción del déficit fiscal sin haber siquiera sugerido alguna medida con ese fin.

¿Qué tienen en común los cuatro casos? Está a la vista: que los grandes grupos empresariales son muy buenos y nada corruptos, que en el Perú el mercantilismo no existe, que lo mejor sería olvidarnos de cualquier regulación y privatizar todas las carreteras, hospitales y colegios porque los conglomerados monopólicos son muy eficientes y responsables y el único problema de la economía peruana es que el Estado es muy grande.

Fuente: Hildebrandt en sus trece, Ed 722 año 15, del 28/02/2025

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25 de diciembre de 2024

Perú: Tiempos que vienen

Pedro Francke

El año 2025 llega con dos grandes interrogantes: que hará Trump y cuánto durará Dina Boluarte. No hay mayores dudas sobre qué hará este gobierno, porque eso ya lo sabemos: mantenerse en el poder bajo la dirección de la alianza APP-Fuerza Popular, mientras la presidenta intenta maniobrar frente a los juicios que se le vienen. Pero Dina está cada vez más repudiada y Acuña y Keiko pueden preferir alguien como Malcricarmen Alva, que recurrirá a todas las artimañas que necesitan para perpetuarse en el poder y que al mismo tiempo les hagan creer que los quema menos de cara al 2026. La vacancia puede llegar en cinco o seis meses.

En el terreno económico, está claro que se mantendrá el modelo neoliberal que favorece a las transnacionales y grandes monopolios, con salarios bajos, contaminación y daños a la salud pública y abusos contra los consumidores. El bloque de poder económico, concentrado en los sectores minero, financiero y agroexportador, está firmemente al mando, aunque sectores como la minería ilegal, transportistas ilegales y universidades truchas, bien conectados con algunas bancadas parlamentarias, también pescan a río revuelto.

En estas condiciones, la economía peruana el 2025 seguirá arrastrándose, aún más lentamente que el 2024. Recordemos que en los dos años de este gobierno el PBI per cápita apenas ha crecido 0,2 por ciento, una cifra que se parece a la popularidad de Dina: no se distingue estadísticamente del cero. Los problemas de falta de empleo, informalidad aumentando y salarios por el piso se mantendrán. Continuaremos con un déficit público alto, violando la meta fiscal como si nada y endeudándonos sin ningún sentido. En suma, el escenario sería de continuismo, más malo que mediocre, a pesar de que los precios internacionales del cobre y el oro están al tope, constituyendo un fuerte viento de popa a favor de nuestra economía. Pero una política económica que no ayuda a una recuperación vigorosa, la ola de extorsiones y sicariato creciente y la incapacidad de gestión pública e inestabilidad política son como estar amarrados a una enorme ancla que impide cualquier avance económico. Así vaquen a Dina y este Congreso asuma directamente el control, esto no cambiará.

TRUMP

La gran interrogante es qué va a hacer Donald Trump, quien no se caracteriza por actuar en consecuencia con lo que dice. Sus palabras muchas veces son una amenaza para negociar o sólo algo que se le ocurrió en el momento y no una decisión firme. Además, en varias de las políticas anunciadas hay varios intereses en juego de personajes de su entorno cercano. Por ejemplo, ha hablado mucho de enfrentarse a China, pero su asesor privilegiado, el oligarca Elon Musk, tiene enormes intereses allá.

Analicemos las propuestas de Trump en relación a nuestra economía. Aunque Trump durante la campaña dijo que pondría aranceles (impuestos a la importación) a todo el mundo, no creo que los aplique al Perú. ¿Por qué? No es porque tengamos un Tratado de Libre Comercio firmado que lo impide, porque ya Trump forzó a México y Canadá a revisar los suyos y a pesar de eso amenaza a esos países con nuevos aranceles. Más allá de eso, la realidad es que nosotros estamos en una posición económica muy distinta a esos países. El discurso de Trump es sostener la alicaída industria norteamericana mediante un nuevo proteccionismo que corte su competencia. Pero el Perú no compite con empresas estadounidenses. Les vendemos mayormente metales como cobre, oro y zinc, que sus industrias necesitan, y frutas y verduras como uvas, mangos y paltas que ellos no producen. En el sector industrial, que es donde Trump centra su campaña política, nuestras exportaciones textiles son una ínfima proporción de sus importaciones (ni la mitad del 1%): no les hacemos ni cosquillas.

Hace algunas semanas varios medios recogieron declaraciones del trumpista Mauricio Claver-Carone, quien dijo que podrían poner aranceles del 60% a los productos que salgan del puerto de Chancay. Es una tontería sin credibilidad alguna: nunca se ha visto en el mundo que se pongan aranceles por puerto. Los aranceles se ponen a los países, no a los embarcaderos. Ese señor fue impuesto por Trump en su primer gobierno como presidente del Banco Interamericano de Desarrollo y lo botaron del cargo porque estaba beneficiando a su amante. Sus palabras recientes no son sino un intento por colgarse del saco de Trump haciendo eco de su retórica anti-China de una manera muy burda.

La discusión de los efectos de la política de Trump sobre el Perú debe verse en otras dimensiones. Si EE.UU. aplicara aranceles agresivamente, puede generar un shock fuerte sobre China y otros países, provocando una ola de barreras comerciales y efectos multiplicativos, deteniendo su crecimiento. Eso sí llevaría a que estos países le compren menos al Perú y a una caída de precios de nuestras exportaciones. Los chinos podrían usar el puerto de Chancay para mandar al Perú, a precio de dumping, lo que no puedan vender en Estados Unidos, terminando de arruinar nuestra golpeada industria textil. Un buen gobierno tomaría medidas defensivas para proteger esos empleos (en realidad, ya las debiera haber tomado hace rato), pero ya sabemos que buen gobierno es precisamente lo que no tenemos en el Perú actualmente.

El otro gran riesgo con Trump es su amenaza de expulsar a millones de migrantes, básicamente latinos. Entre ellos hay varios cientos de miles de peruanos. Muchos están allá desde décadas atrás sin haber conseguido papeles de residencia permanente. Sólo en los últimos dos años la recesión ha empujado a más de un millón de peruanos al exterior. Si EE.UU. expulsara a varias decenas de miles de peruanos, eso nos generaría un doble golpe. Por un lado, las remesas, esos dineritos que mandan a sus familiares en Perú y que suman varios miles de millones de dólares anuales, se verían afectados. Por otro lado, una ola de personas llegando nuevamente agravaría el desempleo, la informalidad y la ilegalidad. En el mejor de los casos, la migración a Estados Unidos se va a volver mucho más difícil, cortando una salida de sobrevivencia y esperanza de progreso para muchos peruanos. Problema difícil en el que sería bueno un frente común latinoamericano, nuevamente improbable con este gobierno.

De Trump también es preocupante su política macroeconómica: se inclina hacia una rebaja de impuestos a las grandes corporaciones, algo que generaría gran déficit fiscal, lo que, sumado a mayores aranceles y escasez de trabajadores, empujaría la inflación al alza. Eso desataría un aumento de tasas de interés allá, que los capitales financieros se muevan a EE.UU. generando un dólar encarecido. Si esto sucediera –digo, es un decir– la consecuencia en el Perú sería menores precios de las materias primas y presiones a la devaluación del sol. En suma, los vientos externos favorables de hoy cambiarían de dirección. Con el barco de la economía peruana ya maltrecho y una situación política de alta incertidumbre, esta tormenta nos puede causar daños mayores.

Prefiero ser objetivo a edulcorar una realidad más bien amarga. En este fin de año, cercana la navidad y el año nuevo, quisiera poderle regalar a mis lectores visiones más optimistas de lo que se viene para la economía peruana del 2025. “Soy amigo de Platón, pero más amigo soy de la verdad”, habría dicho Aristóteles. Más allá de los riesgos y las complicaciones, mis mejores deseos para cada uno de ustedes: ¡que vengan mejores tiempos este 2025 y que vengan pronto!

Fuente: Hildebrandt en sus trece, Ed 714 año 15, del 20/12/2024

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