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26 de junio de 2023

Perú: Mariátegui en sus propias palabras

Gustavo Espinoza M.

El pasado 14 de junio, el Perú evocó el 129 aniversario del nacimiento del Amauta. En este marco, y recordando además el centenario de las conferencias de Mariátegui en las Universidades Populares González Prada, la casa Mariátegui desarrollo un conversatorio referido a los 100 años de este acontecimiento. Como se recuerda, estas conferencias forman parte del Tomo 8 de las Obras Completas del Amauta publicadas a comienzos de los años 60’s.

Es importante, en este contexto, recordar algunas de las formulaciones que vertebrara Mariátegui en este periodo de su producción intelectual. Por eso, citándolo en sus propias palabras, debemos recordar algunos elementos esenciales de su mensaje.

Para Mariátegui, la crisis no fue un fenómeno episódico ni se circunscribió solo a Europa. Fue una crisis mundial. Ante ella, el proletariado peruano tenía el deber de asumir un compromiso concreto. Así, nos dijo:

“En esta gran crisis contemporánea el proletariado no es un espectador es un actor”, Y luego añade: “El proletariado necesita ahora como nunca, saber lo que pasa en el mundo”.

Para Mariátegui era inherente el carácter global de la crisis por una simple razón: ella se había incubado en el seno del sistema de dominación capitalista. Así, nos recordó:

“La civilización capitalista, ha internacionalizado la vida de la humanidad, ha creado entre todos los pueblos lazos materiales que establecen entre ellos   una solidaridad inevitable. El Internacionalismo no es sólo un ideal, es una realidad histórica”.

Subrayando la relación existente entre el fenómeno mundial y la vida de nuestros países, añadió:

“Perú, como los demás pueblos   americanos, no está por tanto fuera de la crisis, está dentro de ella. La crisis mundial ha repercutido ya en estos pueblos. Y por supuesto, seguirá repercutiendo. Un periodo de reacción en Europa, será también un periodo de reacción en América. Un periodo de revolución en Europa será también un periodo de revolución en América”.

Consciente de la realidad que se vivía en el escenario político mundial, aseguró:

“Vosotros sabéis, compañeros, que las fuerzas proletarias europeas se hallan divididas en dos grandes bandos: reformistas y revolucionarios. Hay una Internacional Obrera reformista, colaboracionista, evolucionista y otra Internacional obrera maximalista”. “Yo participo de la opinión de los que creen que la humanidad vive un periodo revolucionario y estoy convencido del próximo ocaso de todas las tesis social democráticas, de todas las tesis reformistas, de todas las tesis evolucionistas”.

Mariátegui era consciente de la importancia decisiva de la palabra Revolución. Y por eso subrayó:

“Una Revolución no es un golpe de estado, no es una insurrección, no es una de aquellas cosas que aquí llamamos revolución, por uso arbitrario de esa palabra.  Una revolución no se cumple sino en muchos años. Y con frecuencia tiene periodos alternados de predominio de las fuerzas revolucionarias y de predominio de las fuerzas contra-revolucionarias… Mientras uno de los bandos combatientes no capitule definitivamente, mientras no renuncie a la lucha, no está vencida. Su derrota, es transitoria; pero no total”.

En contra partida del ascenso de las fuerzas revolucionarias. El Amauta señaló con claridad la naturaleza del peligro que se avecinaba: el surgimiento del fascismo. Para darnos una clara valoración del mismo, nos dijo:

“El fascismo no es un fenómeno italiano, es un fenómeno internacional. El primer país de Europa donde el fascismo ha aparecido, ha sido Italia, porque en Italia la lucha social estaba en un periodo más agudo; porque en Italia, la situación revolucionaria era más violenta y decisiva”.

La mejor manera de enfrentar el ascenso del fascismo era, para Mariátegui era promover la solidaridad activa y la relación constante de las luchas de los trabajadores independientemente de sus países de origen y de sus fronteras nacionales. Por eso nos dijo:

“Cada uno de los obreros que cae en estos momentos en las calles de Berlín o en las barricadas de Hamburgo, no cae sólo por la causa de proletariado alemán. Cae también por vuestra causa, compañeros del Perú”

Así, el Amauta diseñó su perfil definido: la lucha obrera, la revolución social, la construcción del socialismo y el forjamiento de un mundo nuevo, más humano y más justo. Adicionalmente, puso el énfasis en las dos herramientas esenciales para el avance de los pueblos: la unidad y la solidaridad.

En sus propias palabras, Mariátegui nos señaló el rumbo de nuestra lucha.

Se publica este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

30 de noviembre de 2022

Perú. Dos banderas

Gustavo Espinoza M.

“Noviembre, madera, mes de muertos…”  escribió Gonzalo Rose como una manera de asociar este mes, que se inicia en el Día de los Difuntos, con la evocación doliente que nos genera la partida de personas que, en uno u otro nivel de la actividad humana, simbolizan una misma causa. Es el caso de Flor de María Gonzales Uriola, la Maestra de Escuela fallecida el 26 de noviembre del 2018; y Mario Huamán Rivera, el líder de los obreros de la Construcción, que partiera en días recientes.

Una y otro, en el fondo, simbolizan una misma causa. Y dejaron un legado similar que podremos resumir aludiendo a cuatro elementos básicos:

Nos referiremos, entonces, al aporte que hicieron para asegurar por parte de los trabajadores peruanos, un mensaje de clase. No creyeron nunca en los cantos de sirena de los dueños del Capital, y se empeñaron siempre en demostrar que todo lo que alcanzaran los explotados de un país, era simplemente el resultado de sus expectativas y sus luchas; que nada caía como el Maná del cielo, ni estaba inútilmente sembrado en la tierra. Que todo lo que se alcanzara, debía ser producto del esfuerzo y de la voluntad de combate de los comprometidos con altos ideales de la vida humana.

También al espíritu internacionalista de sus acciones, que nunca estuvieron constreñidas a los muros que dividen artificialmente nuestro suelo, del que habitan otros pueblos y otros hombres. Nuestra causa -dijeron siempre- no tiene fronteras y no puede sujetarse a parámetros artificialmente construidos para separar a unos de otros. La dignidad, la justicia y el bien común son objetivos universales y encarnan valores de todos los que en uno u otro confín del planeta, se empeñan en alcanzarlos. En otras palabras, el mensaje de Ciro Alegría, que nos hablara de un mundo ancho, aunque ajeno; y de José Carlos Mariátegui, quien tomara de Bolívar y de Martí la expresión de “Nuestramérica”; constituía una realidad tangible que se expresaba en los objetivos del gran movimiento de la solidaridad.

En tercer lugar, la ideología, resumida en lo que El Amauta llamara una sola y grande palabra: Socialismo, que la incluye a todas, las involucra a todas; y que refleja la esperanza de millones de personas que, en todos los confines del planeta, batallan por un mundo mejor, y más justo.  Por ese ideal combatió  el hombre desde los años de Espartaco, pasando por la Revolución Industrial de 1630,  la insurgencia de José Gabriel Túpac Amaru en 1780, la Toma de la Bastilla y toda su trascendencia, la Comuna de París en 1871 y la Revolución Rusa de 1917; jornadas todas signadas por los mismos propósitos que en su momento Carlos Marx pusiera en negro sobre blanco.

Y en cuarto lugar, la tarea por alcanzar mejores condiciones de vida para los trabajadores, elevar su bienestar, alentar derechos, obtener conquistas, alcanzar salarios y condiciones laborales acordes con los requerimientos de nuestro tiempo

Flor de María Gonzales, fue una modesta trabajadora del Magisterio, Ejerció la docencia durante 30 años como profesora de Ciencia; pero se dio a desplegar en simultáneo, una intensa actividad sindical y política.  Por eso fue también querida y reconocida. Finalmente, fue electa Secretaria General del PC y Congresista Accesitaria que no logró asumir su cargo sorprendida por la muerte. Su trayectoria impecable la llevó a ser  considerada “la flor roja de los trabajadores peruanos”.

Mario Huamán fue un hombre de clase. Obrero de la Construcción desde los 21 años, se inició edificando las Torres de Limatambo, hermosos edificios en los que no pueden vivir quieren los construyen, decía Bertold Brech. Allí se fraguó como albañil, y como dirigente sindical que promovió y alentó la solidaridad y la lucha.  En esa línea fue Secretario General de la Federación de Trabajadores en Construcción Civil, y desempeñó los más altos de responsabilidad en la Confederación General de Trabajadores del Perú, la CGTP, recogiendo el legado de grandes figuras, como Isidoro Gamarra y Pedro Huilca.

Bien puede decirse que hoy una y otro, se han convertido en legítimas  banderas de nuestro pueblo. Y es que resumen no sólo una historia de vida entregada a una causa justa; sino también una trayectoria convertida en legado. Las nuevas generaciones sabrán tomarlas en cuenta cuando se trate se recoger las huellas de lucha que adornan el camino lacerante de los trabajadores.

Hoy asoman nuevos retos para nuestro pueblo. El fascismo que levanta cabeza en el viejo continente, asoma también en estas latitudes. Es más, acosa directamente a nuestro propio pueblo y busca reconstruir el mundo de odio y de guerra que creíamos superado.

Cada día surgen nuevas expresiones de la crisis de nuestro tiempo. Ella no es solamente una crisis material, de recursos y de caudales. Es, sobre todo, una crisis de valores en una circunstancia en la que el régimen de dominación capitalista se hunde inexorablemente.

En esta circunstancia, estas dos banderas de los trabajadores, podrían enarbolar estas palabras del Amauta: “La actitud del hombre que se propone corregirla realidad es, ciertamente, más optimista que pesimista. Es pesimista en su protesta y en su condena del presente; pero es optimista en cuanto a su esperanza. Todos los grandes ideales humanos han partido de una negación; pero todos han sido también una afirmación”,

Y una afirmación, sin duda, ha sido la vida y el legado de estas figuras que partieron.

20 de abril de 2022

Perú: La Patria Grande

Gustavo Espinoza M.

Dos acontecimientos históricos fueron recordados en los últimos días en Nuestra América, ese concepto definido por Simón Bolívar, asumido por José Martí y hecho suyo por José Carlos Mariátegui.

Nuestra América hoy, es la Patria Grande con la que soñaron nuestros mayores, y que se hará realidad por la unidad y  la fuerza de los pueblos. Nos referimos a la derrota de la invasión mercenaria de Playa Girón, registrada en Cuba en abril de 1961; y a la victoria del pueblo de Venezuela, que dio al traste, el 13 de abril del 2002, con la asonada fascista intentada por la oligarquía   caraqueña empeñada en derribar al gobierno del Comandante Hugo Chávez.  

Dos episodios de innegable trascendencia que dejaron un sello definido en la conciencia de millones de latinoamericanos. Mostraron, además, la capacidad  de lucha de los pueblos, que suelen salir airosos cuando enfrentan la agresividad de las fuerzas reaccionarias empeñadas en bloquear los caminos liberadores.

Es claro que en estas dos circunstancias, los pueblos combatieron por una causa justa, base esencial de cualquier victoria; pero confirmaron la idea que no es suficiente una causa justa para triunfar; que es necesario, además tener la fuerza indispensable para doblegar la resistencia enemiga, e imponer esa causa.

Ambos episodios fueron el punto más alto de la confrontación de clases, en procesos que marcaron la historia de nuestro continente. Y eso deben tomarlo en cuenta sobre todo quienes piensan que los cambios sociales se pueden hacer en base a “mesas de diálogo” y a “concertación”

En Cuba, Playa Girón contribuyó decisivamente a definir el carácter socialista de la Revolución y a desenmascarar el sentido perverso de la política norteamericana. John F. Kennedy -el “Gran Demócrata”- recibió el encargo del Pentágono y de la Agencia Central de Inteligencia de su país, y no tuvo el menor escrúpulo en banderizar una operación que portaba la muerte  a la América entera; y que fue respondida y derrotada por un pueblo en armas

En Venezuela las camarillas empresariales y los Partidos tradicionales desplazados del Poder por la voluntad ciudadana; buscaron recuperar sus privilegios y restituir un orden social que se venía abajo, sepultado por la voluntad de millones de trabajadores del campo y la ciudad.  Caracas fue, el escenario de una contiende decisiva.

En ella,  la movilización ciudadana, definió la suerte del proceso social. Estas dos experiencias –Cuba y Venezuela, a las que resulta indispensable añadir Nicaragua- son el espejo de nuestro tiempo.

Cuba ha mantenido impertérrita su bandera gracias al coraje y a la dignidad de su pueblo, pero también por la presencia en la cúpula del Poder, de una dirección sabia y consecuente.

Con más de 60 años bajo el bloqueo de los Estados Unidos, hoy por Cuba se manifiesta en el mundo la adhesión de millones de hombres y mujeres; pero también el odio de camarillas que ahora mismo vuelven a tocar tambores de guerra usando el Nazismo como ideología y práctica constante.

En nuestro país, ese odio se expresa atizado por la Mafia Golpista que tiene en la mira a la representación diplomática cubana. Ya de hecho se han registrado contra la embajada de Cuba en Lima, repudiables “plantones” alimentados por una campaña de prensa liderada por caracterizados voceros de la derecha más reaccionaria, empeñada en atacar al embajador de la Patria Caribeña, a quien buscan desacreditar impunemente.

Hay que señalar que ese ataque “no prende” porque se basa en mentiras, y  marcha en sentido opuesto a la voluntad popular.  

Con Venezuela, la situación es similar. En la patria de Andrés Bello se vive un proceso de normalización en diversas áreas de la vida ciudadana. Ya los “medios” no pueden hablar de una “profunda crisis”, ni mostrar signo alguno de atraso o miseria. Superando el bloqueo y las sanciones impuestas por el gobierno yanqui, Venezuela renace.

 Incluso la Casa Blanca tiende hoy lazos hacia el Palacio de Miraflores para obtener petróleo, que no puede pedirlo a Guaidó, y que debe tramitarlo con el gobierno nacional y el Presidente Maduro.

Es bueno que en nuestro país aprendamos esas lecciones. Vivimos una etapa en la que se agudiza sensiblemente la lucha de clases. Toma fuerza en los medios -y no sólo en ellos- una ofensiva golpista que busca dar al traste con el gobierno popular electo en junio de año pasado.

Se usan los efectos de la crisis, unos de los cuales tienen que ver con la “carga” neoliberal impuesta al país por el fujimorismo y aplicada dócilmente por los gobiernos subsiguientes; y otros, son consecuencia de las “sanciones” que el gobierno de los Estados Unidos impulsa contra la Federación  Rusa en el marco del conflicto militar en suelo ucraniano afectando severamente los precios de los carburantes, el trigo y los fertilizantes; pero se valen también de las deficiencias del movimiento popular, y las debilidades y errores del gobierno.

Hoy, la renuncia del Mandatario o su destitución por una u otra vía, constituye un objetivo inmediato para la reacción. A ella, no le importa el país, ni la población. Ha dedicado los ocho meses pasados, a buscar la caída del Presidente o la censura a sus ministros, en medio de una desenfrenada campaña de ataques, agresiones, o insultos; y hoy canta victoria alentada por una acusación constitucional que tiene en marcha.

Objetivamente, no ha dado tregua al Mandatario, ni lo ha dejado implementar su gestión gubernativa.

Ahora más que nunca el pueblo tiene la necesidad de cerrar filas contra el Golpismo en cualquiera de sus modalidades; y el Gobierno, el deber de corregir errores, y superar limitaciones de todo orden.

Aquí también, la suerte de la Patria Grande, está en juego.