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6 de diciembre de 2021

La 'prensa cacasena' del Perú

Servindi   (Editorial)

La 'prensa cacasena' se ha configurado como una nueva forma de ejercer el oficio, alejada de la rigurosidad periodística y de todo principio ético. Su objetivo es el mismo que el de los golpistas.

En los últimos meses, se ha podido apreciar el surgimiento de un nuevo tipo de prensa que se aleja de todos los principios de rigurosidad periodística y ética del oficio.

Movida por una animadversión política, esta prensa suele ser servil a grupos económicos, manipula la información, se presta a fines golpistas y presenta, cada vez con mayor recurrencia y desparpajo, vergonzosos espectáculos.

El Perú se ha visto inundado por esta prensa que calificaremos a manera gruesa de 'cacasena', una palabra usada hasta el hartazgo por uno de sus principales exponentes: Christian Hudtwalcker.

Dos cuestiones previas

Primero: Hablamos de prensa, no de periodismo; porque consideramos que los que se hallan inmersos en este tipo de prensa no son propiamente periodistas, ni de profesión ni por el estilo.

Se trata de personas que han arribado a la comunicación escrita, radial o televisiva y subsisten no porque practiquen los principios básicos del periodismo, sino porque son funcionales al sistema de poder.

Son sirvientes dóciles a grupos de poder y defienden intereses específicos –incluso los propios– más allá de la investigación, el pluralismo y el principio esencial de la búsqueda de la verdad.

Segundo: Un segundo aspecto concierne al uso de la palabra “cacasena” o “cacaseno” que alude a un personaje de los cuentos reunidos en Bertoldo, Bertoldino y Cacaseno, y que el diccionario de la real academia registra como sinónimo de: tonto, necio o estúpido.

Algunas características

He aquí algunas características de esta prensa:

1. Animadversión política. La prensa cacasena no juzga los hechos con pluralismo, sino con inquina, oposición, afán de deslegitimar y destruir.

Ejemplo: Si el gobierno anuncia aumento de salarios o un bono solidario se le califica de populismo y es malo de por sí. No se piensa que aumentar los ingresos a los sectores populares es un factor que ayuda a reactivar la economía debido a que se trata de personas que comprarán alimentos, ropa y servicios básicos y no sacarán su dinero fuera del país como si lo hacen los sectores pudientes.

2. Disconformidad permanente. Si se anuncia inversión en salud, educación y conexión a internet como necesidades prioritarias y básicas, la prensa cacasena cuestiona por qué no se invierte en otros gastos como seguridad ciudadana. Siempre está disconforme y busca hallar la sinrazón.

Ejemplo: El gobierno anunció priorizar la inversión en atender diversas necesidades sociales, pero la prensa cacasena señala que esto lo hace por puro populismo y porque estaría en campaña política. Es decir, no se evalúa o juzga la medida, sino que se la descalifica en base a una suposición pero que se presenta como cierta cuando es pura especulación..

3. Parcialidad con el sector empresarial. La prensa cacasena remacha las mismas ideas que ya han fracasado y llevado a la ruina social al país, como lo ha develado la pandemia del Covid-19.

Insisten en que la inversión privada extranjera es de alta prioridad para el crecimiento del país, como la minería, sin reparar en ningún instante en los daños sociales y ambientales ocasionados por esta actividad y sin mencionar los cerca de 8 mil pasivos ambientales generados por la minería.

Ejemplos:

Nunca dan espacio a las voces discrepantes o a los afectados por los proyectos mineros.

Emplean el epíteto de “antiminero” como si fuera un insulto para descalificar a quién propone el control y la regulación minera.

Peor aún, hacen guerra sucia contra los funcionarios que defienden el estricto cumplimiento de la normatividad ambiental.

4. Ignoran de manera interesada la legislación ambiental. La prensa cacasena ignora o se hace la ignorante respecto a la normatividad y a los estándares que protegen el ambiente y los derechos humanos. Los desconocen, nunca los mencionan y si lo hacen es para descalificarlos de antemano.

Ejemplo: Nunca citan la normatividad ni la jurisprudencia que protege el ambiente y la naturaleza, desconocen y no citan los compromisos internacionales suscritos por el Estado para proteger la biodiversidad, las fuentes de agua y otros bienes comunes.

5. Serviles con la derecha y el militarismo. La prensa cacasena es agresiva, intolerante, irrespetuosa frente a los políticos que piensan distinto a las ideas hegemónicas arraigadas en el poder mediático hiperconcentrado.

Sin embargo, se muestra dócil, tolerante, permisiva ante los voceros de la derecha y extrema derecha troglodita.

Ejemplo: Se les proporciona amplia tribuna a congresistas exmilitares, pero nunca se atreven a cuestionar sus antecedentes y menos a cotejar su comportamiento como el haber firmado el acta de sujeción a Vladimiro Montesinos.

6. Hacen comparsa con los discursos anticomunistas en un afán golpista. La prensa cacasena no tiene ni una pizca de democrática. Incluso se atreve a sugerir ataques políticos para acelerar el desgaste y la deslegitimidad del gobierno en una clara convicción y vocación golpista.

Ejemplo: La vacancia es para este tipo de prensa el tema principal de la coyuntura política. No hay otro tema que compita con él. A pesar de que se gastó un dineral en avisos pagados a página completa las marchas por la vacancia tuvieron escasa asistencia.

Además, hay bancadas que rechazan la vacancia para no generar inestabilidad política y afectar la gobernabilidad, pero para la prensa cacasena estos aspectos críticos no son noticia. La noticia es “levantar la vacancia” para ponerla en la agenda política y ver si logran concitar mayor interés.

7. Manipulación de la información. Algunos medios y periodistas cacasenos no solo han manipulado la información, sino que han mentido de forma grosera con el tema tributario.

A pesar de que organismos internacionales han recomendado reformas tributarias para recabar más impuestos a los que más ganan, la prensa cacasena ha hecho un escándalo buscando asustar a la población.

Ejemplo: El proyecto de Ley enviado por el Poder Ejecutivo por el cual solicita facultades extraordinarias para legislar en temas tributarios es para mejorar la educación y salud pública, el acceso al agua y la conectividad rural, y el apoyo a la agricultura.

La prensa cacasena no explica que se aplicará principalmente a las rentas altas con ingresos de más de 300.000 soles (unos 75.500 dólares) al año, es decir, a personas que ganan más de 25.000 mensuales. La gran mayoría de trabajadores no se encuentra inmerso en dicho rango.

Lo que la prensa cacasena no dice es que la mayor recaudación si afectará a las mineras con grandes ganancias, a las empresas que mantienen millonarias deudas tributarias y a las plataformas de "streaming".

8. Pérdida de la cordura y la sindéresis: En su afán destructivo la prensa cacasena pierde la cordura, la capacidad para juzgar rectamente, con acierto (sindéresis) hasta hacer el ridículo.

Ejemplos:

Si el presidente no habla lo critican. Si habla, lo critican porque habla mal o pronuncia con algún fallo o error como si equivocarse no fuera humano. No tienen la misma consideración con el candidato Rafael López Aliaga que en pleno debate electoral televisivo no pudo leer bien su discurso.

Si el presidente se encierra en Palacio de Gobierno lo critican por no dar la cara. Si viaja constantemente, también lo critican. Sin embargo, otros mandatarios que nunca viajaban como Toledo o Alan García no eran criticados por esto.

A manera de conclusión

Se pueden decir muchas cosas sobre la prensa cacasena que está en pleno apogeo en Perú como por ejemplo el trajinado uso que hace de palabrejas como "caviar", que la aplica indistintamente a un amplio espectro de personajes políticos para descalificarlas sin mayor argumento. Pero este tema amerita un desarrollo mayor en otro artículo.

Lo que si queremos remarcar es que hemos brindado algunas características de este tipo de prensa comercial que estan en mayor o menor grado presentes en algún medio o persona de la prensa.

Es decir, no existe el medio o personaje de prensa cacaseno al 100 por ciento, pues lo que buscan estos personajes –para no perder credibilidad y audiencia– es disfrazar su cacasenismo con ademanes de pluralismo, objetividad e imparcialidad.

Aunque hay casos insalvables y patológicos como el de Christian Hudtwalcker cuyo cacasenismo se acerca al 100 por ciento y hiede a flor de piel.

20 de diciembre de 2020

La prensa y Sagasti


 César Hildebrandt

¿Cuándo se fregó el periodismo peruano? 

Nadie sabe. Nadie quiere saberlo.

Es más, muchos interesados se empeñan en decir que el periodismo peruano florece cada día en las mil expresiones de las redes sociales.

Pero lo de las redes suele ser basura a la vena, prensa de tumulto, analfabetismo armado. Las redes son, por lo general, la demostración de que el periodismo ciudadano, que nació con buenas intenciones, es hoy una fórmula acabada que recluta a los menos dotados del sentido común, a los sicarios que sirven a partidos, a los profesionales del agravio.

El problema no está allí. El gran problema está en el periodismo barato de la prensa formal, esa que ha renunciado a la calidad y rinde cuentas a accionistas que solo quieren ver rendimien­tos y márgenes. Y para eso sirven los periodistas de a sol cincuenta o aquellos que sólo esperan trepar rampando.
 
Pienso en estas cosas después de sentir vergüenza gremial al ver y oír al colegaje derramando imbecilidad el día en que el señor Sagasti y la señora Bermúdez demostraron, por su parte, que no tienen remedio.

¿Quién educó a quienes exhibieron el miércoles pasado -con un par de excepciones- la miseria intelectual del periodismo peruano? ¿De dónde salen estos muchachos y muchachas que gustan de las preguntas limítrofes, las dudas redundantes, el pack de naderías? ¿Quién les enseñó a odiar el idioma, a huir de la claridad? ¿En qué universidad aprendieron que el periodismo es una lucha a muerte, chaira en mano, con la inteligencia?

No lo sé y a estas alturas poco me importa. Lo que es cierto es que la prensa peruana, en general, da pena.

Da pena cuando se la lee porque ha renunciado a todo lo que la había hecho importante: el estilo, la búsqueda, la originalidad, el acabado. Sí: la prensa fue alguna vez un arte, un oficio de artesanos, el borrador de la historia, como le gustaba decir a Phil Graham. Por eso es que la literatura y el periodismo estuvieron atados y por eso es que Hemingway o Valdelomar cabalgaron en ambos caballos y amaron esa dualidad. Como Vargas Llosa o García Márquez. Como Mariátegui o Gramsci. Como Umbral o Capote. Como tantos otros.

El periodismo empezó a morir el día en que comenzó a despreciar el estilo, el buen hacer, la estética del brillo. Fue el golpe de estado de los dateros en sociedad con los gerentes de publicidad. Entre ellos -los que escriben en morse y los que obligan a los periodistas de hoy a leer comerciales como si de hetairas se tratara- terminaron de arruinar la profesión.

¿Hace cuánto tiempo que la televisión peruana renunció a la meritocracia y optó por la baratura? No se sabe, pero fue hace mucho. Ver un noticiero de la tele peruana es asistir, entre otras cosas, al funeral del castellano. Escuchar la radio puede ser contagioso. Es que nada se propaga más rápidamente que la estupidez.

A los que cortan el jamón les conviene que la prensa haya llegado a estos niveles. Así resulta más manejable el negocio de ocultar cosas, que es la verdadera meta de gran parte del periodismo doméstico.

Me han preguntado algunas veces si recomiendo el periodismo como destino y he dicho que sí. Me arrepiento. Hoy no se lo diría a nadie. La prensa peruana está en manos sucias y el afán por la verdad ha dejado de existir.

¿Claudicar? No. El asunto es seguir luchando sabiendo que, por ahora, la batalla está perdida.

Y luchar supone seguir pisando callos.

El gran nutriente de la prensa nuestra es la mentira.

Miente que da miedo la prensa que hoy manejan los contadores y los que organizan las preventas.

Miente cuando nos dice que la economía se recuperará pronto, que el neoliberalismo es la única puerta digna de ser tocada, que la Constitución de Fujimori es ley mosaica.

Miente al decirnos que tenemos un Congreso cuando lo que tenemos es una asociación criminal con fueros especiales. Miente cuando nos dice que la clase media que creó el consumo de los últimos años es firme y duradera. Miente cuando nos dice que los peruanos aman a su país. ¿Aman a su país los que creen que sus bosques son vendibles al mejor postor? ¿Los que permiten la concentración empresarial y la perversión del mercado? ¿Los que roban en el es­tado y en la esfera privada? ¿Los que corrompen las ins­tituciones para seguir me­drando? La patria no es un vals ni un bordoneo ni una hinchada que llora detrás de una pelota: es el lento y coti­diano proceso de construir un sentido de pertenencia, un interés de todos.

Tenemos la prensa que nos merecemos. Hemos renunciado demasiadas veces a nuestros derechos más elementales. Por eso, por ejemplo, permitimos que la heredera del ladrón y asesino que quiso ser se­nador japonés apelando a su nacionalidad japonesa siga postulando a la presidencia de esta pobre república. Por eso tenemos 23 candidatos a la presidencia, a cada cual peor y más gris. Por eso es que muchos obtuvieron su título en Telesup, la universidad de cartón pren­sado que un Tatán de la política creó para expedir cartones “a nombre de la nación”. Por eso seguimos tolerando que Merino de Lama y Burga continúen gobernando en paralelo.

Y por todo eso es que empezamos a acostumbrarnos a Francisco Sagasti, ese fantasma de la ópera que es especialista en fingir que está allí cuando la verdad es que no está en ninguna parte.

Si el periodismo peruano dio vergüenza el día de la conferencia de prensa, el señor Sagasti se empeñó en repetir esa imagen elusiva de quien se presenta para simular que está al mando. Y lo cierto es que el señor presidente no dijo nada importante ni anunció nada significativo y ni siquiera absolvió las preguntas apenas inteligibles que le formularon. Su primera ministra hizo de pareja disciplinada y leyó las pa­porretas que algún asesor de café con achicoria le había preparado. En resumen, no hay vacunas, no hay responsables, no hay culpas, no hay disculpas y que viva el Perú. Que no me jodan.

FUENTE: HILDEBRANDT EN SUS TRECE N° 520, 18/12/2020 p12

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3 de agosto de 2020

Perú. La verdad, un diamante que brilla

Gustavo Espinoza M.

La “Prensa Grande” utiliza pérfidos procedimientos para mantener al margen de la información a la ciudadanía y afirmar, por esa vía, el írrito Poder de una Clase envilecida que busca perpetuar los privilegios de los poderosos. Quizá si el más usado, sea el de cambiar la realidad para engañar a incautos. Consiste, en invertir los hechos, y tiene una estructura muy simple: Presenta como bueno, lo que es malo; y como malo, lo que es bueno.

En otras palabras, endiosa el sistema político norteamericano, y no dice que en ese país hay 60 millones de pobres y casi 20 millones de trabajadores desocupados crónicos y que allí el 1% de los más ricos tiene en sus manos el 70% de la riqueza. Donde dicen que es verdad, hay que saber que es mentira, Y donde aseguran que hay mentiras, sin duda finalmente habrá de brillar la verdad como un diamante.

Así se dice, por ejemplo, que el socialismo es malo, perverso e incompetente, ignorando la realidad objetiva de los países que afirman su desarrollo en un sistema social comunitario y equitativo.

De ese modo se evade que la URSS salvó a la humanidad del dominio del fascismo; que puso en órbita al primer cosmonauta; y que afirmó un sistema de vida basado en la protección de la salud, la educación y la conciencia de sus ciudadanos; y que, por lo demás, fue ejemplo para que otros pueblos de la tierra, asumieran el mismo derrotero.

Pero hay otros modos, que usa también la “prensa grande” para engañar. Uno de ellas, es ocultar los hechos; no hablar de los mismos, para que nadie repare en lo que en verdad ocurre.

Por ejemplo ninguno de los voceros más calificados de la reacción, ha informado a sus lectores que el único país del mundo que ha vencido al Covid 19 registrando apenas un solo, ha sido la República Socialista de Vietnam, ubicada en el sudeste asiático, en la Península Indochina.

Si, el Vietnam heroico, que a comienzo de los años cincuenta del siglo pasado venciera al Colonialismo derrotando al ejército francés comandado por el ensober­becido general Henri Navarre, en la batalla de Diem Bien Phu; y que en los años 70, siempre liderado por el invencible Vo Nguyen Giap, doblegara al ejército de los Estados Unidos; alcanzó esta vez su tercera gran victoria enfrentando, sin bajas, a un enemigo que ha causado ya 4 millones de infectados y casi 200 mil muertos en la patria que gobierna hoy Donald Trump.

Vietnam, la tierra de Ho Chi Minh, que se liberara del dominio Imperial Chino en el año 938 de nuestra era; que cuenta en la actualidad con 92 millones de habi­tantes (tres veces más que el Perú), en una extensión de sólo 331 mil kilómetros cuadrados (un tercio de nuestro territorio); hizo frente a la Pandemia con audacia, valentía, voluntad y disciplina; y legó a todos un ejemplo que quienes no quie­ran seguirlo, por lo menos debieran conocerlo y admirarlo.

En América, Cuba Socialista ha sido el primer país del continente en enfrentar exitosamente esa batalla sanitaria. A diferencia de nuestro país, que contabiliza alrede­dor de 500 mil infectados y 45 mil muertos; ha tenido 87 fallecidos y algo más de dos mil contagiados, la inmensa mayoría de los cuales ya se recupera.

En Cuba, no ha muerto un solo niño, ni una mujer gestante, ni un médico, ni un integrante de los equi­pos sanitarios u hospitalarios. Su población ha estado protegida por un sistema de salud construido en su sociedad socialista.

Y quienes hoy transitan por rutas similares –La Nicaragua Sandinista y la República Bolivariana de Vene­zuela- han tenido el mismo nivel de éxito. Menos de un centenar de fallecidos, y miles de recupera­dos; gracias a su atención clínica y hospitalaria, siempre al servicio de la población. Y eso, no obstante el bloqueo Imperial, la agresión eco­nómica, y las prácticas terroristas usadas por el gobierno de los Estados Unidos contra esos pueblos

Inequívoco signo de la supe­rioridad del Socialismo sobre el Capitalismo. La “Prensa Grande”, no admite su derrota. Ella ha callado en todos los idiomas respecto a esta realidad. No dice una palabra de los asombrosos éxitos logrados en la materia por Cuba, Nicaragua o Venezuela. Prefiere silbar, y mirar a otro lado; antes de reconocer que en esos países hermanos, se privilegia la vida de la gente, y no los negocios de las grandes corporaciones.

Nada de eso ha ocurrido, por cierto en Brasil, ni en Chile, ni en Colombia, ni en el Perú, carcomidos todos por el Neo Liberalismo.

En esta región los gobiernos -incluidos los del Perú en los últimos 40 años- han privilegiado la economía, en detrimento de la salud y de la población, para tener índices financieros califi­cados ante los expertos del FMI y el Banco Mundial.

Y han despreciado a la población, dejándola sin empleo, salario, seguridad social, alimen­tación, vivienda digna, atención hospitalaria, ni oxígeno. Em­presas boyantes que manejan ingentes recursos y hacen pin­gues negocios de alta producti­vidad; han sido el contraste de un pueblo deprimido y paupe­rizado que sufre brutalmente los efectos del Coronavirus en nuestro tiempo.

Aquí se habla del auge de la pandemia en Arequipa, o en Ayacucho; pero se silencia el hecho que en la primera línea de combate al Covid en esas re­giones, hay una Brigada Médica Cubana, que salva vidas. Para los panegiristas del Imperio ella, simplemente, no existe.

La “Prensa Grande” se revuelca en su lodazal, pero la verdad, como el diamante, siempre brilla.