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11 de septiembre de 2025

Perú: Analfabetos funcionales

Mónica Muñoz-Nájar

El Banco Mundial afirma que un niño peruano nacido hoy será, en promedio, solo un 61% tan productivo como podría serlo si tuviera acceso a educación y salud de calidad.

La gran victoria educativa del Perú esconde una peligrosa paradoja: hemos llenado las aulas, pero no hemos asegurado el aprendizaje. Aunque la matrícula en primaria y secundaria se ha vuelto casi universal en las últimas tres décadas, las evaluaciones revelan una crisis persistente. El problema no es el analfabetismo clásico. La Encuesta de Habilidades de Adultos (PIAAC) de la OECD de 2018 demostró que la mayoría de peruanos puede decodificar palabras y entender oraciones simples. El mal es más sutil y dañino: el analfabetismo funcional.

Según este estudio, más del 60% de los adultos en el país se encuentra en el nivel más bajo de lectura, lo que les impide comprender textos complejos o ejecutar tareas que requieran varios pasos. Esta brecha entre la escolaridad y la competencia real impone un lastre a la productividad económica y una fragilidad a nuestro ejercicio ciudadano, comprometiendo el futuro del país.

En el campo económico, esta crisis de aprendizaje funciona como un freno de mano que impide el desarrollo. El dato del Banco Mundial es contundente: un niño peruano nacido hoy será, en promedio, solo un 61% tan productivo como podría serlo si tuviera acceso a educación y salud de calidad. Esta cifra se materializa en el concepto de “años de escolaridad efectivos”. De los casi trece años que un joven pasa en el sistema educativo, la calidad real del aprendizaje equivale a solo 8,6 años.

Esta brecha de más de cuatro años de aprendizaje perdido tiene consecuencias directas. Explica en gran medida por qué la productividad total de los factores en el Perú se mantiene baja y por qué nuestra economía no logra dar el salto cualitativo. La falta de habilidades consolida un mercado laboral precario y mayoritariamente informal, pues una gran parte de la fuerza laboral no está preparada para los empleos más complejos y mejor remunerados del sector formal, que exigen aprendizaje continuo y adaptabilidad. Asimismo, una economía basada en la innovación es inviable sin un capital humano capaz de investigar, procesar información y generar nuevo conocimiento. La deficiencia en la competencia más básica nos condena a depender de sectores primarios.

Las consecuencias de esta crisis trascienden lo económico y erosionan nuestra vida cívica. El debate público en una democracia moderna se nutre de textos, datos y argumentos. Cuando el sistema educativo falla en proveer herramientas universales de lectura y razonamiento matemático, no limita quién es ciudadano, pero sí crea una profunda desigualdad en la capacidad de ejercer esa ciudadanía.

Se deja a una gran parte de la población en desventaja para analizar un plan de gobierno más allá del eslogan, para evaluar la viabilidad de una promesa económica o para cuestionar un presupuesto público. Las competencias lectoras y matemáticas no son un requisito para tener derechos; son las herramientas que el Estado tiene la obligación de entregar para que todos puedan defenderlos en igualdad de condiciones. Al no hacerlo, la escuela no solo limita el futuro individual, sino que debilita la calidad de nuestra democracia en su conjunto.

Nuestra fragilidad no es una discusión abstracta; es una realidad que se está forjando hoy en nuestras aulas. Los resultados de la Evaluación Nacional de Logros de Aprendizaje (ENLA) 2023 son, en la práctica, un censo de las capacidades de nuestra futura fuerza laboral y de nuestro futuro electorado. Que apenas un 14,4% de los estudiantes de segundo de secundaria de colegios públicos alcance un nivel satisfactorio en Lectura significa que estamos graduando ciudadanos con una capacidad limitada para analizar propuestas, fiscalizar al poder o resistir la manipulación.

Si a esto le sumamos el desolador 8,8% de logro satisfactorio en Matemáticas, tenemos un indicador directo de nuestra futura productividad. Representa una generación que ingresará al mercado laboral sin las habilidades de razonamiento lógico y resolución de problemas que exige la economía moderna. No son dos crisis separadas; son la misma. El joven que no puede interpretar un texto complejo es el mismo trabajador que no podrá capacitarse para una nueva tecnología. El ciudadano que no entiende un argumento basado en cifras es el mismo profesional que no podrá innovar. Estas cifras no son solo estadísticas escolares; son el plano de una economía menos productiva y una democracia más precaria.

Frente a este panorama, es fácil caer en el pesimismo. Sin embargo, existen rutas para empezar a cambiar esta realidad. Desde la Red de Estudios para el Desarrollo (REDES), en colaboración con el Centro de Investigación de la Universidad del Pacífico (CIUP), hemos desarrollado un Indicador de Posibilidad. Este indicador muestra cómo le podría ir a cada región si todos sus colegios públicos alcanzaran los resultados del 10% de los mejores colegios públicos de esa misma región.

A nivel nacional, si se lograra esta meta, el porcentaje de estudiantes con rendimiento satisfactorio en Lectura podría más que duplicarse, pasando de 14,4% a 30,8%. En Matemáticas, el salto sería aún mayor: de 8,8% a 21,2%. El indicador también revela enormes diferencias regionales: en Lectura, Madre de Dios podría crecer 37,2 puntos porcentuales, mientras que, en el otro extremo, Tumbes solo crecería 8,8. Esto demuestra que el potencial de mejora no es uniforme y requiere estrategias diferenciadas. Este enfoque plantea un escenario más realista que aspirar de inmediato al 100%, y constituye un llamado a la acción directo a los gobernadores regionales y al Ministerio de Educación para fijar metas ambiciosas, pero logrables, basadas en la evidencia de que la mejora es posible dentro de sus propias jurisdicciones.

El analfabetismo funcional no es una estadística más; es una emergencia nacional y silenciosa que define nuestra viabilidad como república. Para afrontarla, necesitamos un cambio de paradigma. Debemos transitar a una obsesión nacional por la calidad del aprendizaje real y medible. Herramientas como el Indicador de Posibilidad nos demuestran que no es necesario esperar soluciones mágicas; la excelencia ya existe en pequeños bolsones dentro de nuestro sistema.

El reto es identificar qué están haciendo bien esos colegios y convertir sus éxitos en política pública escalable. La prosperidad y la fortaleza democrática del Perú no se medirán por la cantidad de certificados de estudios que entreguemos, sino por cuántos de nuestros ciudadanos pueden, efectivamente, comprender el complejo mundo en el que deben actuar.

Fuente: https://larepublica.pe/opinion/2025/08/24/analfabetos-funcionales-por-monica-munoznajar-hnews-2015232

4 de noviembre de 2024

Cómo no medir la pobreza

Prabhat Patnaik

Varias organizaciones internacionales se dedican ahora a medir lo que denominan la «pobreza». El Banco Mundial lo hace desde hace tiempo, pero ahora tenemos una nueva forma de medir la «pobreza multidimensional» elaborada por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y la Iniciativa de Pobreza y Desarrollo Humano de Oxford (OPHI, por sus siglas en inglés). Sin embargo, ninguna de ellas miden en realidad la pobreza, sino que por lo general acaban «embelleciendo» el capitalismo neoliberal. De hecho, la proporción de población mundial que, según cálculos del Banco Mundial, vive en una «pobreza extrema» (esto es, por debajo de un gasto diario per capita de 1,90 dólares al tipo de cambio de paridad del poder adquisitivo de 2011) ha disminuido desde un 30% a finales de la década de 1990 a menos de un 10% en 2022, lo que sugiere que bajo el capitalismo neoliberal «se ha sacado de la pobreza a millones de personas». Veamos por qué esta tan citado cómputo del Banco Mundial es erróneo conceptualmente.

La forma de medir del Banco Mundial tiene tres problemas básicos: en primer lugar, no hace referencia a la situación de los activos de una persona, sino únicamente a su situación respecto a sus ingresos; en segundo lugar, toma el gasto como sustituto de los ingresos; y en tercer lugar, para medir el gasto real utiliza un índice de precios que calcula muy a la baja el aumento real del coste de la vida. Por tanto, las cifras que obtienen son enormemente erróneas. Examinemos cada uno de estos puntos.

Cualquier medición coherente de la pobreza debe tener una dimensión de «flujo» que cubra, por ejemplo, los ingresos, y una dimensión de «reserva» que cubra la propiedad de activos. Ambas dimensiones son importantes. Por ejemplo, si unas personas tienen los mismos ingresos reales entre dos fechas, pero han perdido todos sus activos en una fecha posterior, sería un engaño no considerar que se han empobrecido. Sin embargo, la forma de medir del Banco Mundial no hace referencia a la situación de los activos de las personas, lo cual es una omisión particularmente mayúscula bajo el capitalismo neoliberal, cuando es rampante el proceso de acumulación primitiva del capital, es decir, de la desposesión de las personas de sus activos. Es tremendamente irónico afirmar que «se ha sacado de la pobreza a millones de personas» cuando se produce una desposesión desenfrenada.

En segundo lugar, esta forma de medir ni siquiera incluye los ingresos reales, ya que la mayoría de los países, incluida India, no disponen de datos sobre los ingresos; además, los «ingresos» es una entidad compleja conceptualmente, de modo que, en general, se toma el gasto, sobre el que es más fácil disponer de datos y es una entidad conceptualmente más simple, como sustituto de los ingresos.

Pero esto hace que sea aún más imperdonable ignorar la situación de los activos netos de una persona. Incluso cuando disminuyen los ingresos de las personas, pueden mantener el nivel de gastos anterior reduciendo sus activos o pidiendo prestado. Sería absurdo concluir de ello que las personas concernidas no se han empobrecido porque sus gastos no han cambiado: de hecho, tanto en términos de flujo, es decir, ingresos, como en términos de reservas, es decir, activos netos, es indudable que estas personas se han empobrecido, pero la medida basada en los gastos mostraría que estas personas se encuentran en el mismo nivel que antes.

En tercer lugar, incluso en países como India, sobre los que disponemos de datos sobre el gasto monetario de los hogares gracias a minuciosas encuestas por muestreo realizadas periódicamente, la medición del gasto real es enormemente errónea, ya que el índice de precios utilizado para deflactar este gasto nominal calcula muy a la baja el aumento real del coste de la vida. El índice de precios utilizado es una media ponderada de los precios relativos individuales de un grupo de productos básicos que se consumen en el año base, lo cual es erróneo, porque se producen cambios importantes en la composición de la cesta de consumo tras el año base debido a la no disponibilidad de bienes del año base; no se reconocen los efectos de dichos cambios.

Por ejemplo, bajo el neoliberalismo la privatización de una serie de servicios, como la educación y la sanidad, que antes prestaban instituciones públicas, es un fenómeno común que eleva enormemente lo que estos servicios cuestan a la población; pero el índice de precios no lo refleja. Por ejemplo, si una operación quirúrgica en un hospital público que costaba 1.000 rupias en el año base ahora cuesta 2.000 rupias, el índice de precios considerará que los costes sanitarios se han duplicado, pero el índice de precios no refleja el hecho de que la cantidad de operaciones quirúrgicas realizadas en el hospital público no ha variado o incluso ha disminuido, por lo que la población se ve obligada a acudir a hospitales privados, donde la misma intervención cuesta 10.000 rupias. En resumen, el coste de la vida real ha aumentado mucho más de lo que muestra el índice de precios que se utiliza para deflactar el gasto nominal y obtener el gasto «real». Por consiguiente, la deflación por medio del índice de precios oficial exagera la mejora del nivel de vida de la población y, por tanto, calcula muy a la baja la pobreza.

Cuando el aumento del coste de la vida hace difícil llegar a fin de mes, la población se adapta al menos de dos formas distintas: en primer lugar, reduciendo sus activos o aumentando su deuda y, en segundo lugar, cambiando su forma de consumo de modo que se da prioridad a los artículos considerados «esenciales» sobre otros artículos considerados menos esenciales. El aumento del coste de la atención sanitaria o de las necesidades educativas de las y los niños ha provocado ambos ajustes en India: ha habido un importante empeoramiento de la posición de los activos netos de los hogares indios, sobre todo en las zonas rurales; y también se ha reducido la ingesta nutricional de los hogares en la creencia (errónea) de que ahorrar en la ingesta no tiene demasiada importancia.

Al comparar el Estudio sobre Deuda e Inversión en Toda India de 2019 (que ofrece información hasta finales de junio de 2018) con el Estudio sobre Deuda e Inversión Rural en Toda India (AIRDIS, por sus siglas en inglés) de 2013 (que ofrece información hasta finales de junio de 2012), se comprueba lo siguiente (todas las comparaciones son de cifras «reales» frente a nominales, que han sido deflactadas por el índice de precios al por mayor): primero, un 11% más de hogares rurales estaban endeudados en esta última fecha; segundo, el importe medio de la deuda por hogar rural endeudado aumentó un 43% en esta última fecha; tercero, el valor medio de los activos por hogar cultivador disminuyó un 33% entre ambas fechas y en el caso de los hogares no cultivadores, un 1%.

La situación es muy similar en la India urbana. Hubo un descenso del valor medio de los activos por hogar (29% para los hogares con empleos autónomos y 3% para los demás); y mientras que el porcentaje de hogares endeudados se mantuvo más o menos igual que antes, el importe medio de la deuda por hogar endeudado aumentó un 24% entre ambas fechas. En otras palabras, es indudable que en la mayoría de los hogares indios han disminuido considerablemente los activos netos.

También se ha producido el segundo tipo de ajuste. La proporción de la población rural que no tiene acceso a 2.200 calorías por persona y día aumentó del 58% al 68% entre 1993-94 y 2011-12; la proporción en la India urbana que no tiene acceso a 2.100 calorías (el punto de referencia correspondiente utilizado por la antigua Comisión de Planificación) aumentó del 57% al 65% entre ambas fechas. Los resultados de 2017-18 de la Encuesta Nacional por Muestreo fueron tan desalentadores (puesto que mostraban un descenso del gasto real en todos los bienes y servicios) que el gobierno de la Alianza Nacional Democrática los retiró rápidamente del dominio público. A partir de cualquier dato disponible antes de que lo retiraran (y suponiendo que el coste real de los alimentos por unidad de nutrientes se había mantenido sin cambios) resulta que, mientras que el porcentaje urbano era más o menos el mismo que en 2011-12, el porcentaje rural había aumentado a bastante más del 80% (tomamos estas cifras del libro sobre la pobreza de Utsa Patnaik, que se publicará próximamente).

En contraste con esta desoladora realidad, la forma de medir la «pobreza extrema» del Banco Mundial que, como ya hemos mencionado, toma como definición un gasto diario inferior a 1,90 dólares (al tipo de cambio de paridad del poder adquisitivo de 2011), muestra un descenso en el caso de India de alrededor desde el 12% en 2011-12 (un cálculo muy a la baja) a solo el 2% en 2022-23; por otra parte, el criterio del Banco Mundial de 1,90 dólares implica un umbral de pobreza en rupias de alrededor de 53 rupias al día para cubrir todos los gastos. El criterio del Banco Mundial proviene de la media realizada por varios gobiernos de países pobres (siempre bajo la dirección del Banco) en su cálculo del umbral de pobreza; no es una medida aparte calculada de forma independiente. Adolece de exactamente los mismos defectos (como calcular a la baja el aumento del coste de la vida en el índice de precios utilizado para deflactar el gasto nominal) de los que adolecen los cálculos oficiales de la pobreza de estos países. En efecto, el Banco Mundial da el visto bueno a la propaganda de varios gobiernos del tercer mundo acerca de cómo han reducido o eliminado la pobreza.

Por consiguiente, toda la palabrería acerca de que «se ha sacado a millones de personas de la pobreza» no es sino una broma cruel. Por desgracia, es probable que en los próximos días oigamos más palabrería de este tipo cuando los países empiecen a rivalizar entre sí para demostrar que han cumplido los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) establecidos por las Naciones Unidas.

Texto original: https://peoplesdemocracy.in/2024/1020_pd/how-not-measure-poverty

Traducido del inglés para Rebelión por Beatriz Morales Bastos

6 de agosto de 2022

Una lectura feminista de las políticas del Banco Mundial

Camille Bruneau

Es imposible interesarse por las políticas del Banco Mundial o por la emancipación de los pueblos sin tener en cuenta las cuestiones de género, que a su vez están entrelazadas con otros sistemas de opresión y relaciones sociales desiguales.

Aunque el Banco Mundial se apropie oficialmente de la igualdad de género haciendo del empoderamiento una obligación para los países deudores, en la práctica no hay una preocupación real por esta cuestión. Al igual que ocurre con las cuestiones medioambientales, la distancia existente entre la retórica y el cambio real es enorme.

Esta aparente inclusión es problemática en muchos sentidos: las consecuencias concretas de los proyectos realizados y las recomendaciones macroeconómicas son contrarias a cualquier perspectiva emancipadora. Además, su propia concepción de la (des)igualdad de género forma parte de una agenda neoliberal pública que ni siquiera se molesta en ocultar. Este estudio tiene por lo tanto dos objetivos:

En primer lugar, demostrar cómo estas estrategias de género siguen afianzando la dominación occidental y a menudo refuerzan el patriarcado en lugar de combatirlo. Lo que puede observarse principalmente a través de estas tres cuestiones:

– Esta supuesta inclusión se asemeja a un lavado de género (genderwashing), es decir, a una operación de comunicación.

– Los discursos del Banco Mundial refuerzan aspectos de la dominación patriarcal.

– Los proyectos y políticas prescritos tienen consecuencias negativas.

En segundo lugar, este estudio pretende aportar algunas claves de análisis para quienes quieran mirar a las Instituciones Financieras Internacionales (IFI) sin hacer oídos sordos a los principales mecanismos de opresión.

El enfoque de género del Banco Mundial: un discurso al servicio del capital, ¡no de la mayoría de las mujeres!

Tras el reconocimiento de los impactos negativos que tienen los proyectos de reducción de la pobreza, que son indiferentes a la cuestión de género y van dirigidos solamente al cabeza de familia, muchos programas de desarrollo han comenzado a hacer hincapié en la reducción de las desigualdades laborales, en las estrategias de género y el empoderamiento. Los derechos de las mujeres como parte integrante de estos proyectos de desarrollo se han convertido en el objetivo principal de las instituciones internacionales y las ONG. Los presupuestos con perspectiva de género (gender budgeting), que también se han convertido en obligatorios, no son más que la continuación de un enfoque que satisface las necesidades de los inversores y que utiliza en su favor el argumento del milagro del efecto de goteo (que supuestamente favorece a las mujeres y a las personas pobres).

Sin embargo, además del genderwashing mencionado anteriormente, el discurso dominante del Banco Mundial y de sus aliados refuerza ciertos prejuicios de género, reafirmando así una forma de dominación patriarcal, por dos razones.

En primer lugar, al pretender “decidir por las mujeres –especialmente las no occidentales– lo que es bueno para ellas”, el Banco Mundial asume un rol paternalista o de “profesor de economía mundial” que actúa por el bien de las personas que no saben lo que necesitan.

De hecho, es mucho más habitual leer y escuchar lo que el Banco Mundial considera que es una mujer empoderada que las voces de esas propias mujeres. Los discursos se basan sistemáticamente en una u otra norma de género que refuerzan para servir a intereses específicos. Esto priva a las mujeres del sur global de su capacidad para decidir sobre los medios de su emancipación, colocándolas en compartimentos prefabricados y homogéneos, que ignoran la interseccionalidad 2/ o las múltiples y variadas realidades de las mujeres, y que son útiles a las teorías y circunstancias económicas del momento: la agente emprendedora cuyo espíritu emprendedor se ve obstaculizado por la cultura local; la proveedora de las necesidades del hogar, fundamental para la economía familiar y la resiliencia ante las crisis; la trabajadora de manos pequeñas, indispensable para el crecimiento económico; o la pobre víctima vulnerable, etc. Estos discursos se perpetúan, como se ve en un informe del FMI que califica a las mujeres como “uno de los activos más infrautilizados de la economía” 3/.

En segundo lugar, el empoderamiento, un proceso emancipatorio multidimensional que debería incluir muchos factores, se mide principalmente a través de la “participación económica y política” de las mujeres, lo cual es totalmente inadecuado. Este discurso de emancipación a través del trabajo es problemático y peligroso por varias razones:

– Al abogar por una mayor participación de las mujeres en la vida económica, este discurso oculta por completo la realidad del funcionamiento de la mayoría de las sociedades humanas, ¡como si las mujeres no participaran en la vida económica cuando no tienen un empleo asalariado declarado! ¿Qué pasa con la colosal cantidad de trabajo gratuito que se realiza para cuidado de las personas, las comunidades y los ecosistemas, en definitiva, de la vida, sin el cual la economía productiva simplemente se colapsaría? El Banco Mundial no ignora su existencia, pero estas realidades no forman parte de sus consideraciones. En el mejor de los casos, para el Banco Mundial se trata de obstáculos para el trabajo remunerado de las mujeres. Una redistribución que no reproduzca las relaciones de explotación, que implique un reconocimiento público o colectivo o un cuestionamiento de las normas de género, no está en su agenda.

– La desvalorización del trabajo de cuidados, mientras se valora el trabajo asalariado, puede contribuir a aumentar las desigualdades de género (al aumentar el tiempo total de trabajo), pero también entre las mujeres, ya que son las mujeres de clase trabajadora las que asumen el trabajo de cuidados en una gran parte de los hogares ricos (no asumidos por las mujeres que tienen acceso a trabajos a tiempo completo bien remunerados y que tampoco son asumidos por los hombres ni la comunidad).

– Esta visión simplista de la emancipación como sinónimo de autonomía económica, únicamente a través del trabajo asalariado, ignora el hecho de que el aumento del número de mujeres en el mercado laboral ha ido generalmente acompañado de un aumento del número de empleos ultraprecarios. En muchos países, esta entrada en el mercado laboral se ha producido en las zonas francas, haciendo del trabajo devaluado de las mujeres una herramienta privilegiada para aumentar la rentabilidad. En Camboya, por ejemplo, los primeros años de la década de 2000 estuvieron marcados por un fuerte crecimiento económico, impulsado por las exportaciones de la industria textil, que empleaba casi exclusivamente a mujeres. Al mismo tiempo, entre 2004 y 2009, la brecha salarial se duplicó con creces. Si no se abordan simultáneamente todas las formas de explotación, la expansión del mercado laboral siempre irá acompañada de un aumento de la explotación de otras personas.

– Además, el planteamiento no está suficientemente fundamentado. Aunque hay argumentos que sugieren una correlación entre el crecimiento económico y la reducción de la desigualdad de género, también hay argumentos que indican que la desigualdad económica aumenta con ciertas formas de crecimiento.

– No tiene en cuenta que existen otras posibilidades para mantenerse: economía informal, autosuficiencia, etc. Los principales indicadores son las tasas de participación y los ingresos, por lo que la emancipación se mide en términos monetarios y no en términos de calidad de vida. Cabe señalar que la entrada de las mujeres en el mercado laboral suele ir acompañada de la destrucción de los medios de vida y los lugares de residencia anteriores, lo que provoca una migración masiva a las ciudades para engrosar las filas de los trabajos precarios (trabajo doméstico, trabajo industrial, prostitución, sector servicios, etc.). En muchos casos, mientras la pobreza de ingresos disminuye, la pobreza material y las dificultades cotidianas aumentan.

Este discurso de poner a las mujeres al servicio de los intereses financieros es plenamente asumido, y apenas disimulado, por un supuesto feminismo institucional y occidental con tintes imperialistas y neoliberales. Priva a las mujeres del sur global de su autodeterminación y reprime las voces radicales que hacen hincapié en el fin de la sobreexplotación del sur por el norte como condición para la emancipación de las mujeres en su diversidad.

Aunque a lo largo de los años ha integrado la crítica en su discurso, el Banco Mundial sigue hablando de las mujeres casi exclusivamente en términos económicos, cerrando la puerta a su emancipación real, que no puede reducirse solamente a la dimensión económica.

Esta integración no refleja la voluntad de poner fin a la lógica de la dominación, ni de garantizar los derechos humanos fundamentales, sino de asegurar la rentabilidad. Según el Banco Mundial, no hay que insistir demasiado en las nociones de patriarcado y de relaciones sociales desiguales, ya que ello podría socavar los cimientos de la explotación laboral en que se basa el sistema.

Notas:

1/ Este artículo es un extracto de un estudio más amplio realizado por Camille Bruneau. El contenido completo del estudio está disponible en francés en la web del CADTM: https://www.cadtm.org/La-farce-de-la-prise-en-compte-du-genre-une-grille-de-lecture-feministe-des-19943  

2/ La interseccionalidad es un concepto que tiene su origen en el black feminism (feminismo negro), fue acuñado por la jurista estadounidense Kimberlé Crenshaw para dar cuenta de la existencia de múltiples discriminaciones que antes eran invisibles en el contexto de un enfoque segmentado y jerárquico de la discriminación dentro del derecho. Según el Movimiento Europeo contra el Racismo (ENAR), el enfoque interseccional permite tener en cuenta que las personas que se encuentran en la intersección de varias fuentes de discriminación (por ejemplo, ser mujer, ser de religión musulmana, ser de origen extranjero, etc.) sufren a menudo una nueva forma de discriminación resultante de la acumulación de varias características.

3/ Lovisa Moller y Rachel Sharpe, para ActionAid, “Women as ‘underutilized assets’- A critical review of IMF advice on female labour force participation and fiscal consolidation”, 2017, https://actionaid.org/publications/2017/women-underutilized-assets

Camille Bruneau.  Militante del CADTM (Bélgica)

Publicado en francés en el núm. 81 de la revista Les autres voix de la planète, cuyo monográfico está dedicado a “Deudas y feminismos, por un impago feminista de la deuda”, editada en Bélgica por el Comité por la Abolición de las Deudas Ilegítimas (CADTM).

Traducción: Beatriz Ortiz

31 de julio de 2014

El dilema entre combatir el cáncer o la pobreza



La enfermedad mató a más de 8,2 millones de personas en todo el mundo sólo en 2012. La mayoría de ellas eran pobres.

La lavandera Maria do Carmo Santos vive en Recife, en el nordeste de Brasil. A sus 55 años tiene dos deseos: participar en un programa de televisión que ayuda a personas como ella a renovar su casa; y encontrar un gran amor. Son los dos sueños que alimenta desde que se curó de un cáncer en la mama izquierda.

Hace exactamente 10 años le extrajeron un tumor de 5 cm y se sometió a 34 sesiones de radioterapia. Hizo todo el tratamiento en los hospitales públicos. Afortunadamente, pudo contar con la ayuda de sus vecinos para cuidarse y tener de qué vivir. "No sé qué hubiera sido de mí sin la gente del barrio", recuerda.

La historia de Carminha – como es conocida por todos - revela varios aspectos de la lucha contra el cáncer, especialmente en países en desarrollo como Brasil. Según el Banco Mundial, si no se toma una acción global para hacer frente a la enfermedad, en 2030 la incidencia del cáncer aumentará un 70% en los países de ingresos medios (donde se incluye Brasil) y un 82% en los países más pobres.

La tendencia al alza es evidente en las cifras más recientes de la Agencia Internacional para la Investigación sobre el Cáncer (IARC), de la Organización Mundial de la Salud (OMS). La enfermedad mató a 8,2 millones en 2012. Un informe publicado a finales del año pasado, mostró un aumento del 8% en comparación con un estudio realizado en 2008.

La IARC también observó un aumento del 20% en la incidencia y del 14% en la mortalidad por cáncer de mama en los cuatro años transcurridos entre las dos encuestas. Sólo en 2012, en todo el mundo, 522.000 mujeres perdieron esta batalla, incluyendo 16.412 brasileñas.


Tal expansión en los países en desarrollo se debe a dos factores. “En parte, a un cambio en el estilo de vida, y en parte porque los avances clínicos en la lucha contra la enfermedad no están llegando a las mujeres que viven en estos países", dijo David Forman, director Departamento de Información sobre el Cáncer de la IARC, en el momento de la difusión de la investigación.


Momento de transición


​Este análisis es válido incluso en Brasil, que actualmente vive un momento que los expertos llaman la transición epidemiológica.
Banco Mundial.

​Antes predominaban las enfermedades infecciosas, como el cáncer del cuello uterino, causado por el virus del papiloma. Hoy en día, apenas ocupa el primer lugar sólo en el Norte, una de las regiones más pobres del país. En las restantes - en su mayoría del sur y el sudeste, las zonas más ricas - predomina el cáncer de mama, que no solamente es atribuible a la genética, sino también a factores como la obesidad y el tabaquismo. Es decir, al estilo de vida.


Otra diferencia entre los ricos y los pobres brasileños está en el acceso a la prevención, el diagnóstico y el tratamiento en el momento oportuno. Entre las brasileñas con solo un año de escolaridad, por ejemplo, sólo el 38% se había hecho una mamografía al menos una vez en la vida. Fue así como Carminha se descubrió el cáncer cuando ya se encontraba en una etapa avanzada.

El porcentaje de mujeres que se han hecho mamografías al menos una vez se eleva al 70% entre las que habían estudiado durante 15 años o más. Los datos proceden del Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE).

Otro ejemplo: "Sólo el 60% de la población tiene acceso completo a la radioterapia", dice el director del Instituto Nacional del Cáncer (INCA), Luiz Antonio Santini. "El país está trabajando para ampliar este servicio al público e incorporar el tratamiento y medicamentos modernos contra el cáncer de mama, pero todavía necesita más inversiones", añade. El presupuesto público para la asistencia se cuadruplicó desde 2003, llegando a US$2100 millones en 2012.

Las deudas del cáncer

También atenta contra los pacientes con cáncer el hecho de que la enfermedad perpetúa el ciclo de la pobreza. "Los más pobres tienden a tener más difícil el acceso a la atención adecuada en el momento oportuno; y en el caso del cáncer, el tiempo es fundamental para aumentar la supervivencia", explica David Oliveira de Souza, especialista en salud del Banco Mundial.​

"Dependiendo del momento de la enfermedad, los pacientes pueden estar impedidos de trabajar, y, posiblemente, algunos familiares también dejarán sus puestos de trabajo para ayudar a cuidarlos. En muchos casos los ingresos disminuyen, empeorando las condiciones de vida de estas familias", añade.

Carminha, la lavandera de Recife, lo vivió en carne propia. Estuvo completamente inmóvil durante el tratamiento y después de la remisión, se recuperó poco a poco. "Hoy en día, sigo lavando ropa, porque es un trabajo que yo sé y puedo hacer", dice. Para complementar sus ingresos, vende jabón para la ropa y otros productos de limpieza.

Fue esta relación con el ciclo de la pobreza que el tema de cáncer atrajo la atención del Banco Mundial, que recientemente comenzó a financiar proyectos en Brasil y algunas investigaciones en el área.

El objetivo es entender mejor las dificultades que enfrentan los pacientes más pobres y ampliar la red de prevención, diagnóstico y tratamiento.


http://www.bancomundial.org/es/news/feature/2014/07/22/salud-relacion-cancer-pobreza-brasil