Mostrando entradas con la etiqueta ONU. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta ONU. Mostrar todas las entradas

13 de diciembre de 2025

Perú: Los derechos humanos bajo ataque

Ronald Gamarra

"La ONU y sus agencias son torpedeadas cada día, como si no fuesen el fruto de la victoria contra el nazifascismo"

Los derechos humanos están bajo ataque. Una ola mundial reaccionaria pretende pisotear lo que en algún momento parecía una conquista irrenunciable de la democracia. Evidentemente esto tenía mucho de espejismo o ilusión. Lo avanzado laboriosamente en las décadas anteriores, sobre todo en el ámbito jurídico internacional y en las legislaciones de muchos países, no era todo lo que esperábamos, ni de lejos, pero era y es valioso en extremo. Los derechos humanos, que surgieron como una expresión esperanzada de un futuro a la medida de la dignidad del ser humano, y luego considerados como el corazón de la democracia, su razón de ser, ahora son estigmatizados, recortados y agredidos con impunidad.

Hemos sido testigos a nivel mundial de una masacre, un genocidio, perpetrado por el gobierno de Israel contra el pueblo palestino, sobre todo en Gaza, pero también en Cisjordania. Las ciudades de la Franja de Gaza fueron arrasadas por completo, hasta sus cimientos. Los hospitales, las escuelas, las mezquitas, los servicios comunales: todo fue devastado. El 90 por ciento de las viviendas fueron destruidas minuciosamente. La población civil fue bombardeada directamente, causando más de 70 mil muertos. Si se trasladase esa proporción al Perú, hablaríamos de un millón de muertos solo por bombardeos. 64,000 niñas y niños han sido asesinados o han sufrido mutilaciones.

No se registraba desde la segunda guerra mundial una masacre de proporciones tan brutales como la cometida contra el pueblo palestino. Y para mayor escarnio, este genocidio lo perpetra el gobierno de un país como Israel, fundado para acoger a los sobrevivientes del genocidio nazi. Para ello cuentan con la colaboración directa del gobierno de Estados Unidos y el silencio cómplice de las principales potencias europeas. Le han tolerado a Israel todas las atrocidades que ha cometido, incluido el asesinato de cientos de médicos, trabajadores sociales y periodistas que prestaban servicio a la población civil en Gaza. Y le han dado a Israel las armas necesarias para llevar adelante estos crímenes.

Estados Unidos vuelve a imponer con Trump la política del avasallamiento, la imposición y la violación de derechos fundamentales. Este ha convertido en política pública de odio la persecución de los inmigrantes para deportarlos sumariamente. Las ciudades norteamericanas son patrulladas intensamente por una policía especial, el ICE, cuya tarea es cazarlos, para lo cual no dudan en incursionar en escuelas e iglesias, ni en separar familias. La ola de odio contra los migrantes es una de las principales banderas de la ultraderecha europea.

En el plano internacional, Trump administra el conflicto de Ucrania como un negocio privado. Le ha impuesto la entrega de sus recursos minerales como pago por el apoyo militar norteamericano, una ayuda que de la noche a la mañana dejó de ser gratuita. A su vez, la guerra de Rusia contra Ucrania cumplirá cuatro años el próximo febrero. Hasta el momento van 1,400 días de matanza y nadie sabe cuántos soldados y civiles han perdido la vida en la peor conflagración europea desde la segunda guerra mundial, pero nadie duda de que suman cientos de miles.

El hambre vuelve una vez más a este escenario de terror contemporáneo. La hay en Gaza. También en África. Trump dispuso el cierre repentino de los programas de ayuda internacional de su país a través de la AID, dejando desprovistas de lo esencial a millones de personas. La aporofobia es todo un discurso contemporáneo. La ultraderecha la promueve culpando a los pobres de su propia situación, como si la gente eligiera tal condición por comodidad, para “vivir del Estado”, dicen los defensores de un sistema que concentra cada vez más la riqueza en proporciones obscenas en las manos de unos cuantos oligarcas en comparsa con los políticos y los Estados.

Los casos citados son apenas algunos de los ejemplos más resaltantes de lo que está ocurriendo con los derechos humanos y quienes los defienden en el mundo. Hoy, el globo está controlado por tres hombres poderosos que no creen en los derechos humanos: Donald Trump, Vladimir Putin y Xi Jinping. Pero de todos ellos, Trump lidera la superpotencia que se reclamaba como el custodio de los derechos humanos. Ya no más. Estados Unidos ahora está dedicado a socavar las instituciones internacionales que promueven la convivencia basada en el derecho internacional. La ONU y sus agencias son torpedeadas cada día, como si no fuesen el fruto de la victoria contra el nazifascismo.

En nuestro país, las cosas tienen la nota grotesca que le agrega la ultrarreacción local. Aquí se libra una campaña constante y persistente contra la misma idea de derechos humanos, que se califican como una mala palabra, que se siguen considerando como una cojudez, que se estigmatizan como pensamiento proterrorista: un lastre inventado por los caviares que puede lanzarse al tacho de la basura. Aquí está en marcha el mecanismo para repudiar los tratados más esenciales sobre derechos humanos, empezando por la Convención Americana de Derechos Humanos, y la jurisdicción de la Corte Interamericana de Derechos Humanos. Aquí se aprueba con argumentos de tinterillo una “amnistía” para cientos de crímenes que repugnan a la humanidad. Aquí no se acepta que los derechos humanos son el parteaguas entre la civilización y la barbarie, el mínimo irrenunciable de la dignidad humana. Aquí se desconoce y se viola, por simple ley, derechos fundamentales previstos en la Constitución.

El panorama es adverso, qué duda cabe. Al mismo tiempo, debemos constatar que nunca como hoy hubo tantas personas vinculadas a la defensa de los derechos humanos en todos los países del mundo. Es posible y necesario resistir la ola reaccionaria. Recordemos que los avances se dieron, en el pasado, por el activismo insistente de grupos pequeños. Lo importante es reorganizarse y responder. Será costoso, no hay que dudarlo, si no veamos lo que ocurre en Gaza. Pero al final la vida tiene que dar la razón a quienes la defienden con convicción. Los defensores de derechos humanos tienen valores y principios éticos. Los reaccionarios solo intereses bastardos que traducen en discursos de odio. Es necesario desenmascararlos.

11-12-2025

Fuente: Hildebrandt en sus trece, Ed 762 año 16, del 12/12/2025

https://www.hildebrandtensustrece.com/

https://www.leerydifundir.com/2025/12/peru-los-derechos-humanos-ataque/

3 de noviembre de 2025

800 millones de pobres, la principal deuda social planetaria

Sergio Ferrari

30 años después, la segunda Cumbre para el Desarrollo Social


En menos de dos semanas arranca en Doha, Catar, la Cumbre Mundial para el Desarrollo Social. Convocatoria marcada por la crisis del multilateralismo, así como por una fatiga inevitable tras tantos eventos de las Naciones Unidas con relativamente pocos resultados. A pesar de algunos avances sociales, los esfuerzos de dicha organización lucen frágiles debido a los estragos causados por la persistente pobreza mundial.

Esta será la segunda cumbre, a treinta años de la de 1995 en Copenhague, y entre el 4 y el 6 de noviembre reunirá a miles de representantes de gobiernos e instituciones internacionales y de la sociedad civil. El programa incluye una sesión oficial y una paralela. Esta última, con un día para el Foro de la sociedad civil y otro para el Foro del sector privado (https://social.desa.un.org/es/world-summit-2025/programme).Hasta la tercera semana de octubre, los medios de información poco se interesaron en la dinámica preparatoria de la Cumbre de Catar, desde ya eclipsada por una coyuntura mundial donde los conflictos en Palestina y Ucrania, así como la imposición unilateral de aranceles por Washington, parecen definir otras prioridades.

Desde Latinoamérica, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) señala que tres décadas después de Copenhague esta nueva convocatoria busca evaluar el progreso alcanzado y definir nuevas estrategias para los desafíos actuales. Según la CEPAL, “persisten problemas como la pobreza, la desigualdad y la exclusión social en un contexto de crisis globales y cambios acelerados”, de allí la esperanza de que esta cumbre ofrezca una oportunidad clave para fortalecer compromisos y promover políticas que garanticen mayor cohesión social y movilidad económica. “América Latina y el Caribe, con una larga trayectoria en el debate sobre desarrollo social”, anticipa la CEPAL, “presentará propuestas para reducir la desigualdad y mejorar la inclusión social”. Como expresión de deseos esta organización latinoamericana espera que la cumbre sirva como plataforma para consolidar una perspectiva común que refuerce la gobernanza, la cooperación internacional y el papel de la sociedad civil en la implementación de políticas efectivas para el desarrollo sostenible (https://www.cepal.org/es/segunda-cumbre-mundial-desarrollo-social).

Tibios progresos, enormes deudas civilizatorias Con la mirada puesta en Catar, la segunda quincena de octubre la Organización Internacional del Trabajo (OIT) lanzó la campaña “Esto es justicia social” mediante una serie de videos con historias humanas que muestran el impacto de la justicia social en la vida de trabajadores, empleadores y comunidades (https://www.ilo.org/es/temas-y-sectores/justicia-social).

Algunas semanas antes, a fines de septiembre, en su Informe sobre el Estado de la Justicia Social en 2025 la OIT reconoció varios logros desde Copenhague 1995 hasta el presente. Por ejemplo, la disminución del trabajo infantil del 20,6% en 1995 al 7,8% en 2024 y el aumento del índice de finalización de la escuela secundaria en 22 puntos porcentuales desde 2000 hasta la fecha. Además, el hecho de que la pobreza extrema pasara de 4 de cada 10 personas en 1995 a 1 de cada 10 en 2023 y que la proporción de trabajadores pobres se redujera del 27,9 % en 2000 al 6,9 % en 2024. Sin embargo, la propia OIT reconoce enormes tareas pendientes y deudas sociales no resueltas. Fundamentalmente, que no se haya logrado erradicar la pobreza, como lo evidencian estos datos tan preocupantes: 800 millones de personas aún viven con menos de 3 dólares al día y una de cada cuatro carece de acceso al agua potable. El desequilibrio resultante sigue siendo una constante planetaria: el 1% más rico de la población mundial posee el 20 % de los ingresos y el 38% de la riqueza. En paralelo, la brecha entre la fuerza de trabajo masculina y la femenina mejoró muy poco desde 1995 y el índice de informalidad laboral se redujo apenas dos puntos porcentuales desde 2005, con un 58% de los trabajadores aún en empleo informal. Si de derechos humanos fundamentales se trata, la OIT constata un deterioro del derecho de asociación y de negociación colectiva, para mencionar tan solo dos.

Fatiga de Cumbres

A fines de mayo pasado, la agencia informativa IPS publicó un comentario analítico titulado “La Cumbre Social Mundial de 2025 no debe ser una oportunidad perdida”. Escrito a seis manos por Isabel Ortiz, Odile Frank and Gabriele Koehler, tres dirigentes femeninas de prestigio en instituciones internacionales miembros de la organización Justicia Social Global, el análisis señala que “En la sede de la ONU circulan rumores de que hay poca ambición en la Segunda Cumbre Mundial para el Desarrollo Social… (y que) diplomáticos y expertos hablan de una ‘fatiga de cumbres’ tras un calendario repleto de reuniones globales: la Cumbre de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de 2023, la Cumbre del Futuro de 2024 y la Cuarta Conferencia Internacional sobre la Financiación para el Desarrollo de 2025” (https://www.un.org/pga/wp-content/uploads/sites/109/2025/04/Zero-Draft-clean-as-of-24-April-2025-12pm.pdf)

Además, deslizan que el Borrador de la Declaración Política de la Cumbre Social “carece de la ambición necesaria para enfrentar las múltiples crisis sociales que atraviesa nuestro mundo” (https://ipsnoticias.net/2025/05/la-cumbre-social-mundial-de-2025-no-debe-ser-una-oportunidad-perdida/).

Para estas tres coautoras, la realidad es contundente: “Hay demasiado en juego. El mundo ha cambiado dramáticamente desde la histórica primera Cumbre Social de 1995 en Copenhague. En aquel entonces, los líderes mundiales reconocieron la necesidad de un desarrollo centrado en el ser humano. Hoy, la urgencia ha crecido exponencialmente en un mundo fracturado y volátil”.

El punto clave del comentario es el análisis de la actual situación mundial, con una población que debe enfrentar múltiples crisis superpuestas: una policrisis pospandémica, una crisis del costo de vida que ha empujado a millones a la pobreza, la priorización del bienestar corporativo sobre el de las personas, un rápido deterioro democrático que agrava las desigualdades, una creciente emergencia climática y una prolongada crisis de empleo que, con toda probabilidad, se deteriorará drásticamente debido al uso de la inteligencia artificial (IA). Por otra parte, la confianza en los gobiernos y en las instituciones multilaterales se está erosionando, el descontento social y las protestas se multiplican y las desigualdades, tanto internas como internacionales, han alcanzado niveles grotescos. Por todo ello, coinciden, “Una declaración tímida [en la Cumbre de Catar de noviembre]… sería una traición a quienes siguen viendo en las Naciones Unidas un modelo de justicia y dignidad humana”.

¿Cómo evitarlo, se interrogan? Según ellas, la Declaración debe definir acciones vinculantes y compromisos explícitos para construir sociedades que funcionen y generen prosperidad para todos. Esto implica, entre otras iniciativas, “reducir las desigualdades de ingresos y riqueza que socavan profundamente la cohesión social, la gobernanza democrática y el desarrollo sostenible”. Además, reconocer la justicia de género como un pilar fundamental, sin la cual se estaría traicionando a la mitad de la humanidad y fracasando en su misión de promover los derechos humanos, la dignidad y el desarrollo sostenible.

Por otra parte, insisten Ortiz, Frank y Koehler, se debe garantizar servicios públicos universales y de calidad a través de sistemas financiados y gestionados con fondos públicos para proteger a los trabajadores, eliminar barreras a los servicios de calidad mediante una sólida inversión pública basada en una financiación más justa y proteger el desarrollo social de los recortes presupuestarios y la privatización.

Con respecto a la creciente precariedad de ingresos, proponen abordarla mediante la inversión en trabajo decente con derechos/estándares laborales y la extensión de sistemas y niveles de protección social universales. Y promover una economía del cuidado que apoye a la mujer y priorice el bienestar sobre el crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB). Conceptualmente, sostienen, se debe reconocer las limitaciones de los paradigmas centrados en el crecimiento y en cambio adoptar políticas orientadas a la sostenibilidad ecológica y el desarrollo equitativo. No menos esencial en este panorama reivindicatorio es el combate contra los movimientos anti-derechos y anti-género y la reafirmación de los compromisos globales con los derechos humanos y la democracia.

El avance hacia la justicia social mundial confronta al planeta a sus propias contradicciones sistémicas, entre un ideal de mayor redistribución –con Estados sociales más fuertes – y un sistema hegemónico centralizador en lo económico y excluyente y discriminatorio en lo social.

Se publica este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

21 de octubre de 2025

Soberanía alimentaria para cuidar los territorios y acabar con el hambre

Ecología social

Día de la Soberanía Alimentaria, para el movimiento internacional campesino. Y Día de la Alimentación, para Naciones Unidas. Cada 16 de octubre es una fecha emblemática para visibilizar las cifras del hambre y malnutrición, pero también para reiterar la necesidad de cambiar de modelo. “La agroecología puede transformar nuestra forma de vivir, no sólo de cultivar”, aseguran los movimientos campesinos.

«Comer bien significa comer alimentos nutritivos y limpios que favorezcan tu salud y tu dignidad. No se trata sólo de llenar el estómago. La agroecología nos aleja del monocultivo y de los alimentos procesados. Cultivamos una gran variedad de productos libres de pesticidas químicos y fertilizantes sintéticos. La agroecología puede transformar nuestra forma de vivir, no sólo de cultivar”. Quien habla es Musa Sowe, integrante de la Red de Organizaciones de Agricultores y Productores Agrícolas de África Occidental y del Foro Nyéléni, red internacional de movimientos sociales que lucha por la soberanía alimentaria. Cada 16 de octubre se conmemora el Día Mundial de la Alimentación. La fecha coincide con la fundación de la FAO en 1945.

La Vía Campesina, colectivo de organizaciones campesinas de todo el mundo, celebra también en esta jornada el Día Internacional de Acción por la Soberanía Alimentaria. «En la soberanía alimentaria, la comida está en el centro de todo. Por eso tratamos de que cada sistema de producción y todo lo relacionado con nuestra comida, el clima y la energía, sea sostenible. Tenemos una próxima generación en la que pensar», advierte Mariann Bassey, de la organización Amigos de la Tierra Nigeria. Tanto Bassey como Sowe participaron del Tercer Foro Nyeléni (realizado en Sri Lanka, en septiembre), en el que se discutió la situación de la soberanía alimentaria a nivel global.

De ese foro participaron campesinos y campesinas, pueblos indígenas, pescadores y movimientos socioambientales. En ese contexto, Marcos Filardi, de las Cátedras Libres de Soberanía Alimentaria de Argentina, indicó: «El agronegocio, diseñado para generar ganancias y no para alimentar, provoca hambre y enfermedades. Los agrotóxicos generan graves problemas de salud tanto en áreas rurales como urbanas, desde cánceres hasta trastornos reproductivos».

Agroecología, salud, soberanía alimentaria. Son palabras que se subrayan en el Día Mundial de la Alimentación y que expresan lo que las comunidades campesinas e indígenas construyen diariamente en cada territorio para preservar alimentos nativos y nutritivos y hacer frente a la oferta de ultraprocesados que elaboran empresas concentradas como Nestlé, Pepsico, Unilever y Mondelēz, entre otras.

La papa en los Andes, el membrillo en Catamarca, el chañar en Santiago del Estero son solo algunos ejemplos de que una dieta nutritiva es posible y de la centralidad de las comunidades campesinas e indígenas en los procesos de recuperación de alimentos ancestrales y saludables.

Panorama mundial de la alimentación en 2025

Según la FAO el 8,2 por ciento de la población mundial padeció hambre en 2024, lo que supone un descenso con respecto al 8,5 por ciento registrado en 2023 y el 8,7 por ciento en 2022. El progreso, indican, viene impulsado por mejoras en Asia sudoriental, Asia meridional y América del Sur, frente al aumento constante del hambre en la mayoría de las subregiones de África y en Asia occidental.

Se estima que unos 2.300 millones de personas en el mundo padecieron inseguridad alimentaria moderada o grave en 2024. La prevalencia mundial de la inseguridad alimentaria moderada o grave ha disminuido gradualmente desde 2021.

El informe de las Naciones Unidas «El estado de la seguridad alimentaria y la nutrición en el mundo 2025» asegura que la inseguridad alimentaria aumenta en África, cae en América Latina y el Caribe, y disminuye gradualmente en Asia. En Oceanía y en América septentrional y Europa se registró un leve descenso de 2023 a 2024, tras varios años de aumento. A escala mundial, la inseguridad alimentaria es mayor en las zonas rurales y afecta a más mujeres que hombres.

El número de personas de países de ingresos bajos que no pueden permitirse una dieta saludable viene en aumento desde 2017. En países de ingresos medianos altos y altos la cifra disminuye desde 2020. En países de ingresos medianos bajos, el número descendió entre 2020 y 2024, pero esta mejora obedeció principalmente al considerable descenso registrado en la India.

El organismo de Naciones Unidas prevé que el número de personas subalimentadas en todo el mundo disminuye, pero considera que 512 millones seguirán padeciendo hambre en 2030. El 60 por ciento vivirá en África.

Un aspecto que afecta el acceso a alimentos sanos es el de los precios. Desde 2020 la inflación de los precios mundiales de los alimentos viene superando a la inflación general, lo que —según la FAO— pone de relieve la persistencia de las presiones a las que están sometidos los mercados agrícolas y de alimentos.

Los datos de 2011, 2017 y 2021 sobre los precios mundiales muestran que los alimentos más nutritivos, como los de origen animal, las frutas y las hortalizas, son los más caros. Los alimentos ultraprocesados son sistemáticamente más baratos que los alimentos con menores niveles de elaboración.

Este año, la Comisión de Estadística de las Naciones Unidas adoptó oficialmente la prevalencia de la diversidad alimentaria mínima como nuevo indicador para sus relevamientos. El resultado fue que un tercio de las mujeres y dos tercios de losniños de 6 a 23 meses de todo el mundo tienen dietas sin suficiente diversidad. Esto implica, advierte la FAO, el consumo de cantidades inadecuadas de vitaminas y minerales esenciales para una nutrición y una salud adecuadas

Malnutrición y otras afecciones a la salud

La FAO indica que se necesitan “progresos acelerados” para alcanzar las metas mundiales para 2030 sobre malnutrición infantil. El mundo ha avanzado en la reducción del retraso del crecimiento infantil, cuya prevalencia disminuyó del 26,4 por ciento en 2012 al 23,2 por ciento en 2024. Sin embargo, los índices de la emaciación (malnutrición severa) infantil y del sobrepeso infantil permaneció prácticamente sin variaciones, situándose en un nivel estimado en el 6,6 por ciento en 2012 y el 5,5 por ciento en 2024, respectivamente.

En cuanto a la anemia en las mujeres de entre 15 y 49 años, aumentó del 27,6 por ciento al 30,7 entre 2012 y 2025. “Los obstáculos en función del género, como unos ingresos inferiores, las responsabilidades de prestación de cuidados y un acceso limitado a los recursos, reducen la capacidad de las mujeres de hacer frente a la inflación, lo cual a menudo obliga a las mujeres a reducir su consumo de alimentos durante las crisis”, señala la ONU. La obesidad en adultos se incrementó del 12,1 por ciento en 2012 al 15,8 por ciento en 2022.

«Para lograr salud para todas y todos, debemos abordar la alimentación como el mayor determinante de la salud. En este sentido, el sistema alimentario dominante, controlado por grandes corporaciones, ha puesto en riesgo la vida de comunidades marginadas a través de la producción masiva de alimentos ultraprocesados y el uso indiscriminado de agrotóxicos», indica Fliardi.

Añade: «El uso masivo de antibióticos en animales de producción provocó una crisis de resistencia antimicrobiana que ya causa 1,4 millones de muertes al año. El sistema alimentario actual nos está enfermando y matando. Necesitamos urgentemente un cambio estructural hacia sistemas que produzcan alimentos sanos y nutritivos, en armonía con la naturaleza».

Bassey cuestiona los sistemas alimentarios concentrados y su impacto en la salud. “Los niños ya no quieren comer alimentos locales, sino comida de grandes cadenas. No quieren la comida tradicional, que es muy nutritiva. Las empresas tienen el dinero, hacen grandes anuncios, van a las escuelas con programas de alimentos y erosionan nuestras prácticas tradicionales. Nuestra comida es medicinal. Por eso, cuando tuvimos Covid, aunque las vacunas nos llegaron tarde y no podíamos viajar, no morimos”.

Por otro lado, un estudio de la Revista Nature confirmó que, en la región del Kilimanjaro en Tanzania, el cambio a una dieta occidentalizada tuvo impactos negativos en la salud. Entre ellos, inflamación elevada, debilitamiento de la función inmune y sobrepeso. En cambio, el consumo de alimentos tradicionales trajo beneficios anti inflamatorios y una reducción de los marcadores de enfermedades metabólicas.

Millones de personas con hambre por las guerras

La Vía Campesina señala en su comunicado que, en las últimas décadas, los conflictos armados convirtieron al hambre «en un arma intencionada de dominación». Desde octubre de 2023, más de 2,3 millones de personas en Gaza han sido sometidas a un bloqueo total que les niega sistemáticamente el acceso a alimentos, agua potable, combustible y ayuda humanitaria. “Este no es un caso aislado, ya que se han utilizado métodos similares en el contexto de la guerra para romper la resistencia y controlar a la población civil en Yemen, Etiopía y Sudán. Las mujeres y niñeces son los más afectados por esta táctica de hambruna y uso de los alimentos como arma”, denuncia la organización.

António Guterres, secretario general de la ONU, alertó: «Más de 295 millones de personas sufrieron hambre aguda el año pasado, el sexto aumento anual consecutivo. Desde Gaza y Sudán hasta Yemen y Mali, el hambre catastrófico, impulsado por conflictos y otros factores, está alcanzando niveles récord, llevando a los hogares al borde de la inanición».

En este contexto, La Vía Campesina afirma: «Nuestras campañas globales exigen paz, distribución justa de la tierra y un alto el fuego; el fin del genocidio y las guerras. Necesitamos una justicia que conduzca a la paz en nuestros territorios y garantice la soberanía y la seguridad alimentaria en nuestros pueblos. Los autores de estos crímenes deben ser llevados ante la justicia».

Para comer bien, primero la agroecología y la soberanía alimentaria

En septiembre, La Vía Campesina propuso sustituir “las fórmulas fallidas de la Organización Mundial de Comercio” por un marco comercial que respete y defienda los derechos individuales y colectivos estipulados en la Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Campesinos y Personas que Trabajan en las Zonas Rurales (Undrop) (que exige a los Estados el cumplimiento de derechos de las poblaciones campesinas sobre la tierra, el agua y las semillas); y la Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas (Undrip) (que reconoce el derecho de los pueblos indígenas a la conservación y protección del medio ambiente y de la capacidad productiva de sus tierras o territorios).

“La agroecología campesina está en el centro de nuestra lucha. Su profunda sabiduría ancestral apunta a las necesidades actuales de la humanidad: reconectarse con la tierra y los ciclos de la vida. Hacemos un llamado a acciones genuinas y de base en el campo y la ciudad para que nos hablen de ello y lo promuevan con honestidad ¡No queremos agronegocios con rostro verde!”, convocan desde La Vía Campesina.

La soberanía alimentaria y la agroecología fueron temas discutidos en el Foro Nyéléni. Convocó a más de 500 delegadas y delegados de más de 80 países.

En ese contexto, Bassey indicó que la soberanía alimentaria «es un modelo de sociedad donde nadie queda excluido». Puntualizó: «Un sistema donde la gente coma los alimentos que quiera, de la manera que quiera, en la cantidad que quiera y que sean culturalmente aceptables para ellos. Donde nadie se vea obligado a comer cualquier cosa solo porque tiene hambre. Sobre todo, que quienes producen estos alimentos, los agricultores y campesinos, sean respetados y reciban el reconocimiento que merecen».

Agregó la centralidad de la agroecología en este modelo y que «las corporaciones no quieren este tipo de orden; lo que quieren es un sistema roto donde puedan seguir alimentándonos con químicos y pesticidas. Si vienen y comienzan a modificar mi comida y a contaminarla, ya no es la comida que conozco. Es otra cosa. Necesitan hacer eso para mantener su negocio en marcha». Mencionó que en África hay 200 estudios de caso que muestran que “la agroecología es el camino a seguir”. Y cita como ejemplos las experiencias en la región de Tigray en Etiopía y contra los OGM en Nigeria y en Kenia.

Y sostuvo: “La comida está presente en todas nuestras culturas, en todos nuestros eventos, desde el nacimiento, los matrimonios hasta la muerte, debe haber comida. Para nosotros no es solo algo que comemos, es una fuerza unificadora”.

Sowe definió que la soberanía alimentaria es un enfoque global que desafía injusticias arraigadas profundamente en la cultura y especialmente contra las mujeres, los jóvenes y las personas con discapacidad. Con la agroecología, afirmó, «hemos visto cómo mejora la biodiversidad, cómo se recupera la fertilidad del suelo e incluso cómo mejora la salud. No necesitamos seguir el modelo corporativo».

Fuente: https://agenciatierraviva.com.ar/soberania-alimentaria-para-cuidar-los-territorios-y-acabar-con-el-hambre/

2 de mayo de 2025

La malnutrición no se debe únicamente a la pobreza monetaria

Jomo Kwame Sundaram

KUALA LUMPUR – El Banco Mundial estableció su umbral de pobreza de «un dólar al día», con base en sus datos de 1990. Pese a las numerosas dudas y críticas, sus cifras de pobreza disminuyeron hasta que comenzó la pandemia de covid-19 en 2020.

Medidas monetarias

El Banco se atribuyó el mérito de haber reducido la pobreza en las tres décadas anteriores a 2020, principalmente debido al rápido crecimiento de China. Pero las estimaciones oficiales de la pobreza en otros lugares han disminuido en general más lentamente, si es que lo han hecho.

La pobreza se ha considerado durante mucho tiempo en términos de desigualdad, ya que la gente se siente generalmente más pobre en comparación con los demás. Mientras tanto, las explicaciones de la pobreza difieren considerablemente, y muchos piden mejores medidas políticas.

Durante décadas, el Banco se negó a abordar la desigualdad, centrándose en cambio en la pobreza. Los esfuerzos por mejorar la medición de la pobreza se han visto impulsados durante mucho tiempo por la creencia de que la política para erradicarla no puede mejorarse sin estimarla mejor.

Se ha dado prioridad inevitablemente a la medición o estimación de los ingresos en efectivo. Pero centrarse en los ingresos monetarios plantea problemas. Las medidas monetarias de la pobreza pueden ser útiles, pero también engañosas. Por ejemplo, muchos niños de hogares urbanos con ingresos superiores al umbral de pobreza siguen desnutridos.

Sin embargo, los ingresos por encima de cualquier umbral de pobreza establecido arbitrariamente no garantizan necesariamente el bienestar. Esto ha generado interés en indicadores de pobreza distintos de los ingresos monetarios.

Esas críticas reflejan un fetichismo del dinero y la práctica generalizada de medir el bienestar y la pobreza en términos monetarios. Reconocer el valor de otros indicadores de pobreza ya no es objeto de controversia.

Dimensiones de la pobreza

Sin embargo, muchos siguen queriendo un único índice compuesto de pobreza multidimensional a pesar de sus conocidos problemas. Un cuadro de mando de varias dimensiones clave de la pobreza, en lugar de un único índice compuesto, ofrece información mucho más relevante para mejorar la formulación de políticas.

Conscientes de estos problemas y limitaciones, la Organización de Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE, de grandes economías) y los Estados miembros de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) no han aprobado los índices compuestos.

Tampoco han adoptado el trabajo pionero sobre índices compuestos del estadístico más influyente de ambos organismos.

Los índices compuestos, como el índice de desarrollo humano, solo han sido adoptados y utilizados por los fondos y programas de la ONU, que no requieren la aprobación o revisión de los Estados miembros.

En tanto, la reducción de la mortalidad infantil y materna ha representado más de 80 % de la mejora de la esperanza de vida en muchos países en desarrollo. Las reformas de bajo coste para embarazos y partos más seguros han ampliado significativamente la esperanza de vida media a bajo coste.

Seguridad alimentaria

La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) ha definido durante mucho tiempo los hogares con seguridad alimentaria como aquellos con ingresos suficientes para permitirse suficientes carbohidratos o energía dietética (normalmente medida en calorías o julios) para un estilo de vida sedentario.

A pesar de este bajo nivel y de sus problemas y limitaciones metodológicas, los hogares desnutridos o con «inseguridad alimentaria» han aumentado en todo el mundo desde 2014, creciendo durante años mientras que la estimación del Banco Mundial de hogares pobres siguió disminuyendo.

Según el Banco, el número de pobres en todo el mundo solo aumentó por primera vez desde la década de 1990 durante la pandemia, tanto en términos absolutos como relativos.

Esta discrepancia entre las tendencias multilaterales de pobreza y desnutrición ha desencadenado debates sobre la importancia de las diferentes medidas de bienestar y privación.

Diversas controversias y dudas sobre las cifras de pobreza del Banco han llevado a muchos a considerar la desnutrición como un mejor indicador de privación y falta de bienestar que la medida de pobreza.

Si bien las tendencias de la desigualdad de ingresos son discutibles y objeto de muchas disputas y controversias, las disparidades en todo el mundo han aumentado de nuevo en los últimos años.

Mientras tanto, los multimillonarios en dólares han proliferado en todo el mundo a medida que la desigualdad ha empeorado.

A medida que las desigualdades de ingresos y riqueza empeoran, también se han producido algunas convergencias, lo que ha provocado que ambas tendencias sean mixtas y desiguales.

Con el empobrecimiento rural extendiéndose por todo el mundo, la urbanización ha crecido al tiempo que se ha reducido la producción rural de alimentos para el consumo de subsistencia de los hogares.

Los hogares rurales solían producir alimentos para su propio consumo criando animales, cosechando frutas y verduras o incluso recolectando alimentos disponibles en las cercanías.

Sin embargo, las zonas urbanas ofrecen muchas menos oportunidades de producción y consumo de subsistencia. Los ingresos y gastos en efectivo determinan cada vez más el consumo de alimentos, incluida la alimentación personal.

La nutrición importa

Como el hombre no vive solo de pan («carbohidratos» , mejor dicho, energía dietética procedente de los carbohidratos), un enfoque más holístico requiere precisamente un enfoque más integral de la nutrición humana.

Las comparaciones del desarrollo físico de los hijos de los productores de alimentos y de los cultivadores comerciales sugieren que los ingresos económicos de los hogares no siempre han determinado el estado nutricional de muchos.

Los hijos de los productores de alimentos suelen estar mejor que los de los agricultores comerciales.

¿Por qué? Probablemente, los productores de alimentos son mucho más propensos a proporcionar una alimentación adecuada a sus familias, independientemente de los ingresos en efectivo.

Así, los hijos de los productores de alimentos satisfacen muchas de sus necesidades alimentarias sin comprarlas en el mercado. Por lo tanto, la presunción común de que unos ingresos en efectivo más elevados garantizan el bienestar, incluida la nutrición, es dudosa.

La malnutrición desafía nuestra comprensión del bienestar y sus complejos determinantes.

Muchas personas sufren ahora de malnutrición, no solo debido a la carencia de macro y micronutrientes, sino también a la creciente importancia de las enfermedades no transmisibles relacionadas con la dieta.

Al igual que con la obesidad y el sobrepeso, la incidencia de la diabetes ha aumentado con las nuevas preferencias de los consumidores.

Los ingresos, los medios de comunicación y otras influencias moldean cada vez más los estilos de vida con consecuencias significativas para la nutrición y la salud, muchas de las cuales son perversas.

Jomo Kwame Sundaram. Profesor de economía y antiguo secretario general adjunto de la ONU para el Desarrollo Económico.

T: MF / ED: EG

Fuente:
https://ipsnoticias.net/2025/03/la-malnutricion-no-se-debe-unicamente-a-la-pobreza-monetaria/

31 de marzo de 2025

Trump y la agonía de Occidente

Juan De la Puente

Sucede con los ciclos acelerados en la historia. En medio de la sucesión caótica de escenas que tienen al gobierno de Trump como protagonista, son recurrentes las preguntas de cuándo empezó “esto” y hasta dónde llegará. La primera aguardará el juicio de los historiadores y a la segunda le espera cercanas vicisitudes.

Otra interrogante nos pertenece menos a los ciudadanos de la periferia del mundo. Se refiere a la naturaleza desnuda de los sucesos que detonan día a día, es decir, el qué de este convulsivo momento del mundo.

Sin duda se vive un clima revolucionario. Es la primera revolución global por el volumen de participantes, territorios y tendencias en pugna. Las redes digitales han convertido a gran parte de la humanidad en combatientes de una contienda en que, sin embargo, un pequeño grupo de países y apenas un puñado de personas tiene los medios y autoridad para encarar -y si pueden gobernar- los impulsos desatados.

La revolución conservadora está en auge. Es la más importante desde la derrota del nazismo. Su propósito es acabar con los derechos y las libertades. Occidente, ese extenso sistema de poder y sus valores heredados de la Ilustración, decisivo para derrotar al fascismo en el siglo XX, derribar el muro de Berlín y reconocerle a una buena parte del mundo libertades y derechos sustantivos, se revuelve en agonía.

Los marcos conceptuales de la geopolítica -clásica y crítica- crujen. Existe “un problema” de países, economías, esferas de influencia y relaciones internacionales. No obstante, lo dominante es el problema cultural donde la receta de Kissinger de combinar la moral y el sentido práctico, es insuficiente.

El problema cultural antecede a la batalla cultural. El discurso autoritario pugna menos por fronteras que por ideas. Es cierto que en principio exhiben un nacionalismo desbocado y el retorno a la soberanía de los estados nación. Sin embargo, esta pretensión es maleable cuando se trata de sus dos grandes ideas fuerza: la libertad económica sin regulación y -paradoja- una sociedad sin derechos sociales y políticos so pretexto de defender la vida y la familia. En ese punto se encuentran los radicalismos religiosos, el ultranacionalismo y los tecno conservadores.

Occidente es ahora un espacio de controversia más cultural que espacial y estatal. Allí se escenifica una pugna enmarañada donde lo natural/universal presiona sobre lo legal/nacional según convenga a la internacional conservadora. El discurso anti woke se mueve en esas cuatro dimensiones. Por esa razón sus enemigos íntimos son también la sociedad civil mundial que logró homogeneizar un grupo de nuevas reglas y estándares de derechos y convertirlos en tratados, y la mediación global, multilateral, integradora y pacificadora, es decir NNUU, UE, OCDE, OMC, Foro Económico Mundial, Corte Penal, CIDH, entre otros.

Ese Occidente, complejo e incompleto como lo hemos conocido hasta ahora, pierde oxígeno. Superó victorioso la guerra fría y la derrota que le infligió el fin del sistema colonial. Creó la OTAN, la Unión Europea y fue decisiva en la creación de la ONU y de la reciente Agenda 2030, pero está sucumbiendo frente a la arremetida de las criaturas que ha creado o subestimado.

El giro radical consiste en que Occidente es poseído por un espíritu iliberal que lo devora por dentro, en unos países más que en otros, aunque no creo que la clave de este tiempo se limite a defender a Occidente desde una visión acrítica.

Occidente nunca fue tan Occidente como en su rechazo a todo modelo que plantease reducir las utilidades y el poder del capitalismo y se resistió a volver a experimentar los programas keynesianos de los años 30 del siglo XX. Las crisis económicas de los años 80 para adelante fueron para Occidente el desorden ideal que permitió imponer en todos los continentes -incluida la UE en 2008 con la troika y los fondos buitre en la primera fila- un modelo de globalización neoliberal que interactuó con el aumento de la desigualdad, la pobreza, el paro y la migración. La crisis de la vivienda y la gentrificación de las grandes ciudades es también la seña de Occidente.

También se embarcó en guerras neocoloniales en África y Asia y en los países de mayoría musulmana, y en batallas contra regímenes progresistas en todo el mundo, avalando violaciones de DDHH. En estas batallas, el argumento central de Occidente fue la democracia y la defensa de sus valores humanistas y pluralistas. De hecho, la alianza entre Europa, EEUU y las ex colonias inglesas que libró guerras regionales en Indochina, Corea, los Balcanes, Oriente Medio, y África, y que participó estelarmente en las “primaveras” en Oriente y Eurasia, llevó el sello de la democracia liberal (pluripartidismo, alternancia, elecciones libres, apertura de los mercados y derechos de propiedad), aunque varios de esos valores fueron sacrificados.

En el liderazgo del Occidente, especialmente la UE, existe claridad sobre las amenazas sobre las libertades y el riesgo de la cancelación de lo público y diverso. El Occidente democrático está dispuesto a la batalla geopolítica y la defensa de las instituciones multilaterales. No obstante, salvo algunas políticas de regulación de la Inteligencia Artificial y de los mercados digitales y la defensa de la Ucrania invadida, no parece estar dispuesto a defender todos los valores de la Ilustración, la democracia y el humanismo del siglo XXI con la misma intensidad.

El caso de la migración es un ejemplo. En 2023, el Gobierno de Macron impulsó una ley seriamente xenófoba -la Ley Darmanin- que anuló el principio universal del ius soli y estableció el delito de migración ilegal, es decir, castigaba la pobreza. La ley fue aprobada con los votos del partido de extrema derecha de Le Pen y para entrar en vigencia debió ser “ajustada” por el Consejo Constitucional que anuló 35 de los 86 artículos de la norma.

Trump es una figura central, aunque no debería perderse de vista que es símbolo y síntoma. Sigue siendo tan errático como en su primer mandato y no se descarta que su administración fracase. El proceso, no obstante, es más intrincado, porque sea cual fuese el resultado de su gestión, la revolución conservadora está en auge.

En la guerra de los aranceles, inclusive, la clave cultural es decisiva. La relación entre Trump y Putin es una relación de oligarcas contra Occidente y aunque no evolucione hacia la traición de Rusia a China, es lo suficientemente útil para que el mundo quede a merced de un nuevo estadio cultural dominado por el miedo, la falta de reglas, el auge armamentista y el poder tecnofeudal, ese que, a diferencia del auge fascista de los años 20 y 30 del siglo pasado, ocupa espacios de dirección y comparten roles de Gobierno mundial.

No todo está perdido. También está en curso una vigorosa respuesta democrática universal. Aunque las naciones y los bloques de naciones demoran en reordenarse, el capitalismo se escinde y reordena. La reciente reunión de Xi Jinping con los líderes de 40 empresas transnacionales en la que el presidente chino ofreció proteger “la competencia leal en el mercado”, indican que el desmontaje de la estructura de las relaciones internacionales y sus regulaciones tiene detractores en el campo de la economía y el conocimiento.

El marco y alcance del consenso mundial conservador es visible, pero no previsible. Carece de límites porque, precisamente, Occidente normaliza cada incremento de la apuesta radical. Sucedió en los años 20 del siglo pasado con el fascismo. Entonces, al inicio, se creía con equívoco que el consenso liberal era suficiente para frenarlo. Como aquella vez es preciso un consenso mayor que trascienda la defensa de las instituciones. Se precisa de libertad, igualdad, equidad, un Estado de Derecho garantista y una lucha decidida contra la precariedad, el hambre y la amenaza de la guerra. Más que salvar a Occidente, hay que salvar a la humanidad. Hobbes ha muerto. No hay Leviatán, es el momento de Hela y Thanos.

https://larepublica.pe/opinion/2025/03/30/trump-y-la-agonia-de-occidente-por-juan-de-la-puente-1684080

23 de febrero de 2025

Un mundo adicto al plástico

Aurora M. Alcojor

Cada año se producen unas 430 millones de toneladas de plástico, buena parte de ellas destinadas a productos de un solo uso que alimentan el sistema de ‘usar y tirar’ provocando enormes impactos medioambientales.

Hace ya unas décadas, la proliferación de diferentes tipos de plásticos comenzó a cambiar nuestras vidas. La aparición de este material trajo algunos beneficios tanto para las personas como para la industria, facilitando el acceso a numerosos productos. Sin embargo, su uso y abuso se ha convertido en un problema de ingentes dimensiones que ni Gobiernos ni organismos internacionales saben bien cómo abordar. En la actualidad se producen unas 430 millones de toneladas de plásticos al año, según Naciones Unidas, y se trata de un material que tarda entre cien y mil años en descomponerse, dependiendo de su composición química.

El problema es que los plásticos son la línea de flotación de un sistema que se basa en el usar y tirar y que tiene un impacto ambiental de primera magnitud. Ya sea en los desiertos más áridos, en las profundidades marinas o en el pico más alto del mundo; allí donde ha llegado el ser humano ha llegado el plástico, inundándolo todo en forma de bolsas, residuos o cualquier tipo de utensilio desechable.

El resultado se puede ver en las enormes islas de plástico que proliferan en los océanos, en los grandes vertederos al aire libre, en la acumulación de microplásticos y en los animales marinos que mueren ahogados al ingerir residuos plásticos. Se estima que cada año se vierten al océano al menos 1,5 millones de toneladas de plásticos —aunque otros estudios elevan la cifra hasta al menos 4,7—, ya sea directamente o a través de los ríos. Una vez llegan al mar, estos residuos se van descomponiendo en miles de trozos más pequeños que se canalizan a través de las mareas marinas y terminan provocando esas enormes concentraciones que llamamos “islas de plástico” y de las que se han identificado hasta siete. La mayor de ellas es la que se sitúa en el Pacífico y su tamaño es tres veces mayor que toda Francia.

Relación con la pobreza

Un estudio de WaterAid y otras organizaciones calculaba en 2019 que hasta un millón de personas  podrían morir al año en los países en desarrollo por vivir en zonas contaminadas. La relación de los plásticos con la pobreza es clave, pues en los territorios más empobrecidos se están produciendo dos fenómenos simultáneos. Por un lado, un brutal desembarco de plásticos en forma de productos vendidos en monodosis —desde bebidas alcohólicas a minúsculas bolsas de frutos secos—, lo que facilita la adquisición de los productos a quienes tienen un menor nivel económico. A la vez, esto provoca la generación de numerosas basuras en un entorno en el que no existen apenas servicios de recogida de residuos. Además, existe un inmenso circuito de comercio internacional, entre legal e ilegal, que no para de crecer —según señala la propia Interpol— por el cual los países más ricos, Europa incluida, envían sus residuos plásticos a otros lugares, como Turquía, donde ya se han registrado casos de trabajo infantil en el sector.

El problema es que los plásticos son la línea de flotación de un sistema que se basa en el usar y tirar y que tiene un impacto ambiental de primera magnitud

Todo esto provoca la acumulación de residuos en cualquier lugar, conformando basureros al aire libre que, o bien se perpetúan durante años, o terminan siendo incinerados, con el consiguiente peligro para la población y el medio ambiente. En ambos casos, el proceso supone la emisión de millones de toneladas de CO2 a la atmósfera, que se suman a las registradas por las industrias plástica y petroquímica. Según el informe Plastic & Climate: The Hidden Costs of a Plastic Planet, si ambas industrias continúan su trayectoria de crecimiento actual, para 2030 sus emisiones alcanzarán las 1,34 gigatoneladas por año, lo que equivale a más de 295 plantas de carbón de 500 megavatios.

Mientras, a pesar de algunas prohibiciones, tanto en Europa como en España los plásticos de un solo uso siguen formando parte del día a día en forma de recipientes (vasos, tapas, tápers para llevar), bolsas y envoltorios de todo tipo, cada vez más demandados por el comercio a domicilio. El problema, sin embargo, es que no se reduce su uso sino que, simplemente, se van sustituyendo —muy poco a poco—, por otros materiales que, si bien pueden ser más aceptables para el medio ambiente, siguen suponiendo un enorme problema de gestión de residuos.  

La magnitud del problema es tal que, en febrero de 2022, Naciones Unidas comenzó un proceso para poner en marcha un tratado internacional —que en principio debía ser de carácter vinculante— para reducir la contaminación por plásticos. El último de los encuentros de este proceso tuvo lugar a principios de diciembre en Busan (República de Corea). Lamentablemente, entre presiones de la industria y de diferentes Gobiernos, acabó en fracaso. El Tratado Global de Plásticos tendrá que esperar.

Fuente: https://www.elsaltodiario.com/carro-de-combate/mundo-adicto-plastico

Las tenebrosas sombras del fascismo se ciernen sobre Alemania y Estados Unidos

Amy Goodman y Denis Moynihan

“Nada es más indigno para un pueblo civilizado que dejarse 'gobernar', sin oponer resistencia, por una camarilla irresponsable de dirigentes guiados por instintos sombríos”. Así comienza el primer comunicado de la Rosa Blanca, un grupo clandestino de resistencia contra el nazismo integrado por jóvenes alemanes de la ciudad de Múnich, entre los que se encontraban los hermanos Hans y Sophie Scholl. Entre 1942 y 1943, el colectivo difundió seis panfletos en los que denunciaban el exterminio masivo de judíos, romaníes y otras comunidades, e instaban a la resistencia. Querían asegurarse de que, al finalizar la guerra, la población alemana no pudiera decir que no sabía nada de las atrocidades cometidas por los nazis. El grupo finalizó su cuarto panfleto con la frase: “No nos quedaremos callados”.

El Partido Nazi fue fundado en 1920, también en la ciudad de Múnich. Hace casi exactamente cien años, el 27 de febrero de 1925, Adolf Hitler pronunció un discurso ante una asamblea de 3.000 personas en una cervecería de Múnich. Recién salido de prisión por su participación en un golpe de Estado fallido, Hitler estaba relanzando el partido y afianzándose como su líder indiscutido.

En la actualidad, 80 años después del final de la Segunda Guerra Mundial, Donald Trump está siendo acusado de echar por tierra el orden internacional que ha prevalecido desde entonces. Esto quedó claro la semana pasada en la Conferencia de Seguridad de Múnich, donde el vicepresidente de Estados Unidos, J.D. Vance, dio un discurso que fue ampliamente considerado como una ominosa arenga contra la sostenida postura de las democracias europeas de mantener relegados a los partidos de extrema derecha en sus respectivos países.

“No se puede obtener un mandato democrático censurando o encarcelando a los oponentes”, sermoneó Vance, pareciendo ignorar que en los mítines de su agrupación política, el Partido Republicano, justamente se corea ‘¡Que lo encierren!’ o ‘¡Que la encierren!’, en referencia a sus oponentes. En su alocución, Vance arremetió también contra minorías raciales y étnicas, una manifestación poco afortunada de hacer en la ciudad donde Hitler inició su carrera política.

“Ningún votante de este continente acudió a las urnas para abrir las compuertas a millones de inmigrantes sin control. […] Cada vez más, en toda Europa, la gente está votando por líderes políticos que prometen poner fin a la inmigración descontrolada”.

Antes de la conferencia, Vance había visitado Dachau, el primer campo de concentración establecido por los nazis en 1933, que inicialmente se usó para encarcelar a los opositores políticos de los nazis y, posteriormente, a ciudadanos judíos y otras minorías perseguidas. El vicepresidente de Estados Unidos también se reunió con Alice Viye-del, la líder del partido ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD, por sus siglas en alemán). Se anticipa que esa agrupación política, que en algún momento estuvo relegada a la marginalidad, quedará en segundo lugar en los comicios que se celebrarán el 23 de febrero en Alemania. En enero, Elon Musk —a quien muchos consideran el copresidente de Trump por el poder que tiene para despedir en masa a empleados del Gobierno federal— desató indignación en Alemania al participar de manera virtual en un acto de campaña electoral de la AfD.

Yanis Varoufakis, exministro de Finanzas de Grecia, dijo a Democracy Now!: “Sería un error calificar a Alternativa para Alemania como un partido nazi o neonazi. Sí es apropiado describirlo como un partido conservador, racista y xenófobo que rememora la sombría época del periodo nazi”.

Varoufakis se encontraba en Múnich para participar de las protestas que se estaban llevando a cabo en contra de la Conferencia de Seguridad de Múnich y de la OTAN. Es cofundador del partido político progresista MERA25, que tiene presencia en toda Europa.

Melanie Schweizer, candidata al parlamento alemán por el MERA25, también estuvo presente en las protestas celebradas en Múnich. En conversación con Democracy Now!, expresó:

“La situación actual en Alemania es realmente grave. Hay un ataque flagrante contra la libertad de expresión y el derecho de reunión. Estamos ante un desmantelamiento del Estado de derecho en Alemania, una crisis de la democracia. Estamos realmente preocupados por lo que sucederá en las próximas elecciones […] Estas podrían ser las últimas elecciones antes de [la llegada] del fascismo, porque los partidos de centro, especialmente el Partido Socialdemócrata, el Partido Verde y el partido La Izquierda, han adoptado no solo la retórica sino también las políticas de la extrema derecha”.

Schweizer es una abogada especialista en derechos humanos que ha alzado la voz en defensa del pueblo palestino, lo que le ha valido ataques de los medios de comunicación de derecha en Alemania y ser despedida de su trabajo en el Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales de Alemania.

Mientras tanto, Francesca Albanese, relatora especial de la ONU sobre los derechos humanos en los Territorios Palestinos Ocupados, iba a disertar el pasado domingo en una actividad en la Universidad de Múnich, pero su conferencia fue cancelada debido a su “orientación política”. El grupo de estudiantes que invitó a Albanese calificó la situación como “otro caso más en el que se silencia en Alemania un discurso académico sumamente necesario sobre la grave situación entre Israel y Palestina”.

Los hermanos Hans y Sophie Scholl estaban distribuyendo el sexto panfleto de la Rosa Blanca en esa misma institución educativa, la Universidad de Múnich —donde estudiaban— cuando fueron detenidos y arrestados el 18 de febrero de 1943. Cuatro días después fueron juzgados, condenados y decapitados, junto con otro activista de la Rosa Blanca. Otros miembros del grupo fueron detenidos y ejecutados en los meses siguientes. La mayoría de ellos están enterrados en el cementerio de Perlacher Forst, en Múnich. Hubiera sido más provechoso para J.D. Vance realizar una visita reflexiva allí, en lugar de reunirse con la líder de Alternativa para Alemania.

En este momento, en el que Estados Unidos se está aproximando al autoritarismo, las palabras de Hans y Sophie Scholl y del colectivo Rosa Blanca siguen siendo de vital importancia: no nos quedaremos callados.

Traducción al español de la columna original en inglés. Edición: Democracy Now! en español, spanish@democracynow.org

Amy Goodman. Conductora de Democracy Now!, un noticiero internacional que se emite diariamente en más de 800 emisoras de radio y televisión en inglés y en más de 450 en español. Es co-autora del libro “Los que luchan contra el sistema: Héroes ordinarios en tiempos extraordinarios en Estados Unidos”, editado por Le Monde Diplomatique Cono Sur.
FUENTE:  https://www.democracynow.org/es/2025/2/21/las_tenebrosas_sombras_del_fascismo_se

16 de diciembre de 2024

Se necesitan 1.000 millones diarios para combatir la desertificación y la sequía hasta final de esta década

Ecología social

Un informe de la ONU publicado en el marco de la COP16 sobre desertificación ve necesario invertir 2,6 billones de dólares de aquí a 2030 para restaurar más de 1.000 millones de hectáreas de tierras degradadas y aumentar la resiliencia a la sequía.

Sería necesario invertir 2,6 billones de dólares de aquí a 2030 para restaurar más de 1.000 millones de hectáreas de tierras degradadas y aumentar la resiliencia a la sequía. Esto se traduce en que se necesitan 1.000 millones de dólares diarios, según el último informe de la Convención de las Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación (CNULD), publicado en el marco de la COP16 sobre desertificación que se celebra actualmente en Riad (Arabia Saudí).

Esa cifra (2,6 billones de dólares) equivale a lo que el mundo despilfarra cada año en subvenciones medioambientales perjudiciales, según otro reciente informe elaborado por Earthtrack. Desde el organismo de la ONU recuerdan que invertir en la restauración de tierras mejorará servicios ecosistémicos como el secuestro de carbono, la conservación de la biodiversidad y la gestión del agua, desempeñando un papel crucial en la mitigación del cambio climático.

«Para proteger vidas y medios de subsistencia, debemos aumentar significativamente las inversiones en restauración de tierras. Los beneficios, tanto económicos como sociales, son innegables. Cada dólar invertido en tierras sanas es un dólar invertido en biodiversidad, clima y seguridad alimentaria. La buena noticia es que el mundo podría ahorrar miles de millones al año y ganar billones más restaurando la salud de las tierras y aumentando la resiliencia a la sequía», señala Ibrahim Thiaw, secretario ejecutivo de la CNULD.

Hasta el 40% de las tierras del mundo están degradadas, lo que afecta a más de 3.200 millones de personas, y los costes más elevados recaen sobre quienes menos pueden permitírselo: las comunidades indígenas, los hogares rurales, los pequeños agricultores y, especialmente, los jóvenes y las mujeres, según el informe titulado Invertir en el futuro de la tierra: evaluación de las necesidades financieras para la CNULD.

La situación se ve agravada por el fuerte aumento de las sequías (un 29% desde 2000) y las previsiones indican que en 2050 tres de cada cuatro personas en todo el mundo podrían verse afectadas.

Sin embargo, a pesar de esta crisis creciente, las inversiones necesarias para alcanzar los objetivos mundiales de recuperación de tierras y resiliencia ante la sequía se quedan cortas. Acorde al documento presentado este martes, las inversiones mundiales para combatir la desertificación y la degradación de la tierra aumentaron de 37.000 millones de dólares en 2016 a 66.000 millones en 2022. Sin embargo, se necesitan 355.000 millones de dólares anuales entre 2025 y 2030 para colmar el déficit de financiación, lo que se traduce en un déficit de 278.000 millones de dólares.

Actualmente, la desertificación, la degradación del suelo y la sequía cuestan a la economía mundial 878.000 millones de dólares al año, mucho más que las inversiones necesarias para hacer frente a estos problemas. Estos costes incluyen la reducción de la productividad agrícola y de los servicios ecosistémicos, los costes sociales de las pérdidas de carbono y los daños causados por la sequía. En este sentido, el informe recuerda que invertir en la restauración genera unos beneficios anuales estimados en 1,8 billones de dólares. Por cada dólar invertido, hay un retorno de hasta 8 dólares en beneficios sociales, medioambientales y económicos. Ello incluye la mejora de la productividad agrícola, el aumento de la resiliencia a la sequía y al clima, y la mejora de los servicios ecosistémicos.

Desde la Convención de las Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación (CNULD) lamentan que el sector privado sólo aporta el 6% de la financiación necesaria para la restauración de tierras y la resiliencia a la sequía. Así, señalan que desbloquear la inversión privada podría acelerar la restauración de la tierra, creando oportunidades económicas y beneficios medioambientales, especialmente en las regiones más afectadas.

El informe pone énfasis en la situación de África, quien se enfrenta al mayor déficit de financiación. Estiman que se necesita 191.000 millones de dólares anuales para restaurar 600 millones de hectáreas de tierras degradadas. «Esta cifra refleja no sólo los importantes retos a los que se enfrenta, sino también los objetivos del continente en materia de restauración de tierras, que son los más ambiciosos del mundo. La pérdida de más de 100 campos de fútbol de tierra sana cada minuto amenaza los medios de subsistencia, la seguridad alimentaria e hídrica y la salud pública, y puede perturbar las economías regionales y el comercio mundial», apunta el documento del organismo de Naciones Unidas.

«Alcanzar los objetivos mundiales de restauración para 2030 exige una colaboración sin precedentes entre los gobiernos, el sector privado y las organizaciones internacionales. Ante las crecientes amenazas del cambio climático y la degradación de la tierra, es esencial aumentar las inversiones, no solo para cumplir los objetivos, sino también para asegurar el futuro del planeta y mejorar el bienestar de miles de millones de personas en todo el mundo», lamenta Louise Baker, directora gerente del Mecanismo Mundial de la CNULD

Fuente: https://climatica.coop/1-000-millones-diarios-desertificacion-sequia-2030/

15 de noviembre de 2024

Grandes siglas

César Hildebrandt

Después de que los hombres decidieran matarse en masa en 1914 empleando hasta gases de cloro y mostaza, agonizando lentamente en las trincheras, despedazándose desde lejos gracias a la nueva artillería, vino la Liga de las Naciones en 1919. Fue un acontecimiento. Fue el fin de la historia adelantado. Fue el maná del arrepentimiento que nos haría buenos y pacíficos.

La humanidad firmaba el pacto de la concordia y la paz. Estados Unidos y Europa se adherían a la solución arbitral de los conflictos y a la reforma radical de las relaciones internacionales. Siglos de armonía habrían de esperarnos.

Pero diez años después, en 1929, estalló la gran crisis económica mundial y los buenos oficios se archivaron. La escasez y el miedo hicieron lo suyo, las cavernas volvieron, los dientes mostraron sus promesas caníbales y los fascismos –el ya instalado en Italia, el inminente en Alemania, el activo en Japón– se municionaron mientras las democracias se llenaban de palabras y aplazamientos.

Entonces, en 1939, veinte años después del contrato por la paz, volvió la orgía de barbarie, la vieja vendimia de la sangre del otro. Pero esta vez todo fue peor. Los nazis añadieron a la guerra la infamia del antisemitismo asesino y Europa regresó a la furia que tan célebres había hecho, durante tantos siglos, a sus héroes carniceros. Fue la catástrofe del ser humano como irónica creación de dios, fue la cordura despidiéndose del mundo. Y cuando Truman decidió que Japón merecía el apocalipsis del uranio y el plutonio hechos alquimia de la muerte en Los Álamos, supimos, de dos bombazos, que dios no nos vigilaba desde algunas brumas santas sino que domiciliaba en la Casa Blanca y fumaba marlboros.

Sesenta millones de muertos nos costó el episodio. Y de esa escombrera no salió la penitencia con ganas de enmienda. Emergió, más bien, la guerra fría, que era la manera de avisarnos que todos seríamos poca cosa, candidatos a ceniza, a la hora que los grandes enemigos decidieran apretar los botones de la fatalidad.

Y lo que salió también fue la ONU, que ahora sí, no lo dude usted aguafiestas, nos libraría de la bestia humana y educaría al simio armado y obligaría a la evolución a dar un salto.

Pero pronto, de inmediato, la farsa quedó al descubierto. La Organización de las Naciones Unidas creó el estado Israel imponiéndolo en territorios habitados secularmente por palestinos. El resultado fue una masacre, un gran exilio, un despojo mayúsculo. La ONU creó Israel sin siquiera decirle al mundo que la mayor parte de sus fundadores habían hecho uso del terrorismo para imponer su nacionalismo sectario y rencoroso.

Con los años, y cada vez más, la ONU fue el teatro de los discursos y el desfile de las buenas intenciones. Hasta que se convirtió en lo que es ahora: la entidad que Israel bombardea por interpósita persona, el Consejo de Seguridad que todo lo atasca por el poder de veto de sus anacrónicos mandamases, la retahíla de resoluciones vinculantes que nadie cumple, la burocracia enorme que ningún mal puede impedir.

Mi escepticismo respecto de los grandes pactos y los magnos eventos crece cada día que pasa.

¿Alguien me puede decir de qué sirve, a estas alturas del trabajo esclavo, los salarios mínimos y el poder sindical hecho añicos, la Organización Nacional del Trabajo? Son las corporaciones y el poder mundial de las oligarquías quienes deciden al respecto. ¿Alguien me puede informar cuántas hambrunas africanas evitó la FAO? Los billones de toneladas de alimentos que sobran entre los ricos van a los vertederos. ¿Alguien alabaría la conducta de la Organización Mundial de la Salud durante la pandemia del Covid-19? Habría que saber en cuánto aumentaron sus astronómicas ganancias las farmacéuticas que fabricaron las vacunas.

Y en otro plano, ¿alguien se atreverá a decirnos que las sucesivas COP han atenuado las averías del calentamiento global de origen humano, el cambio amenazante de los océanos, la fiereza de los nuevos vientos, las sequías aniquiladoras? Que lo digan los productores de soya que hunden su pezuña en la selva, las petroleras que pagan a escribas mercenarios, el equipo del Trump reincidente que insiste en el carbón.

Las grandes siglas del poder mundial y los consensos colosales son purita ilusión y marquesinas. Los crédulos confían en esas luces y la prensa del entretenimiento sigue el compás.

Lo único que funciona en este siglo de vulgaridad totalitaria es el negocio, la expansión de las potencias, el reparto de los suburbios, la guerra de las divisas, el credo de la codicia, los mercaderes que ni Jesús se atrevería a echar de ningún templo. Lo que valen son los dividendos y los puertos. Y el Perú ha demostrado en este APEC que tiene voluntad, una vez más, de servir al amo que mejor se le ofrezca y de aceptar su rol de subalterno vocacional.

Fuente: Hildebrandt en sus trece, Ed 709 año 15, del 15/11/2024

https://www.hildebrandtensustrece.com/

6 de noviembre de 2024

Perú: La cumbre de APEC no servirá de nada

Pedro Francke

En un par de semanas se realizará la cumbre de APEC en Lima. El premier Gustavo Adrianzén nos ruega que no protestemos esos días y el congresista (“almirante de tina”) Jorge Montoya dice que si lo hacemos somos traidores a la patria. Están tan fuera de la realidad que ni se dan cuenta de que sus declaraciones dan más fuerza a la movilización ciudadana.

Valga la oportunidad para dar un repaso al significado actual de APEC, siglas de la Cooperación Económica Asia-Pacífico, explicar la situación del comercio mundial y las relaciones económicas entre países, cómo debiéramos actuar frente a ello y lo que está en juego en esta reunión.

El punto de partida es que entre la creación de APEC en 1989 y este 2024, las condiciones comerciales, económicas y geopolíticas del mundo han dado un vuelco. Hace 35 años el mundo estaba dominado por los acuerdos de libre comercio bajo una hegemonía norteamericana político-militar indiscutible.

China se acomodó a esa situación con un perfil bajo en la arena internacional, en una estrategia de “comprarse tiempo” diseñada por Deng Xiaoping que, junto a un empuje industrialista exportador, le permitió un crecimiento económico y tecnológico fenomenal. Rusia estaba en declive y Estados Unidos jugaba a ser LA potencia mundial invadiendo Irak y Afganistán y aplicando su poder por todo el planeta.

En ese periodo APEC operaba como un foro de discusión abierto en el que se encontraban Estados Unidos, China, los demás países del Asia oriental y algunos países latinoamericanos del Pacífico. Ese foro coincidía con la línea de liberalización mundial del comercio, dándole apertura en un nuevo espacio en desarrollo, alrededor del océano Pacífico, que por siglos había sido secundario frente al Atlántico que conecta Estados Unidos y Europa.

Ese foro facilitaba negociaciones como la del TPP, el acuerdo transpacífico para comercio e inversiones.

Pero el mundo ya no es ese. Ahora es otro. Hay una disputa por la hegemonía mundial, aún en sus prolegómenos, entre Estados Unidos y China, entre la potencia antigua aún dominante y la nueva potencia que crece pero sin haber podido alcanzar a la primera. El conflicto se ha dado principalmente en el espacio económico. Se inició hace casi ocho años cuando Trump llegó al poder, sacó a EE.UU. del TPP y empezó a confrontar agresivamente a China, en una línea seguida y profundizada por Joe Biden.

Estados Unidos ha multiplicado las sanciones económicas a decenas de países y restringe el comercio con China buscando detener su avance tecnológico y productivo. Por ejemplo, yo alguna vez llegué a comprar un celular Huawei, una marca que era bastante competitiva y más barata, pero ya no lo hago porque las sanciones de los EE.UU. les impone usar Android, el lenguaje que usan la mayoría de apps que nos llegan.

Los últimos dos años ha habido un salto del conflicto económico a guerras que ponen en cuestión la hegemonía norteamericana, empezando con la invasión de Ucrania. Luego, las masacres en Gaza con muertes horribles de decenas de miles de niños han revelado que hoy, en el plano geopolítico, las Naciones Unidas son totalmente inútiles para mantener la paz.

Israel está trapeando con la ONU mientras, penosamente, los derechos humanos dejaron de ser defendidos por Estados Unidos y Europa que han puesto sus intereses y defensa de su dominio como prioridad.

Lo económico y lo político-militar están estrechamente entrelazados, dado que Estados Unidos está utilizando las sanciones económicas como arma de guerra y se ha apoderado de los fondos en dólares que diversos países tenían como reservas. Acaba de haber una reunión de los BRICS, grupo conformado por Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica, a la que acudieron una treintena de países más, varios de los cuales ya se unieron oficialmente, teniendo particular importancia varios de los principales exportadores de petróleo del mundo.

BRICS no es un polo alternativo prochino, sólo es la búsqueda de esos países de mayores autonomías, lo que confirma el deterioro de la hegemonía político-económica estadounidense.

Es en este contexto, de creciente enfrentamiento entre Estados Unidos, China y otros países que se da APEC. Para hacer más complicado el panorama, estamos en vísperas de las elecciones en Estados Unidos, siendo aún incierto quién ganará. Trump podría regresar, y aunque nadie sabe en realidad qué se le ocurrirá hacer a ese loco (gane o pierda), está claro que aumenta la inestabilidad de la política norteamericana, elevando los conflictos y afectando las alianzas que aún tienen.

Si las dos potencias principales están en fuerte conflicto económico y no se sabe qué política tomará Estados Unidos, ¿qué acuerdos podría tomar APEC en este momento? La respuesta es obvia: Ninguno. Desde luego, habrá una declaración oficial, pero será uno de esos pronunciamientos edulcorados que en varios miles de palabras no dicen absolutamente nada nuevo. En la reunión no estará presente el presidente de los Estados Unidos. Sí estará Xi Jinping, que sin duda aprovechará la ausencia de Biden para promover la imagen y relaciones de China.

¿Y qué del Perú? La decisión de hacer APEC en nuestro país es muy anterior a que Dina Boluarte llegara a la presidencia, solo le tocó la suerte. Como a ella le encandilan las apariencias, siente que este es su momento para brillar en el mundo. Seguro ya hace tiempo se mandó a hacer vestidos especiales y pensará que puede mostrar algún Rolex.

Los grandes empresarios de la Confiep también se aprestan a tomarse fotos en el Consejo Consultivo Empresarial de APEC, con lo que creen poder conectarse mejor cuando alguna transnacional venga a hacer negocios con ellos. No por gusto la Confiep, en vez de apoyar las demandas ciudadanas contra la inseguridad, prefirió sacar un comunicado criticando el paro del pasado 23 de octubre. Su expresión política más clara es la vocera de Keiko, Patricia Juárez, quien ha salido a respaldar a Dina Boluarte y al actual gobierno en aras de la “estabilidad” camino a APEC.

El gobierno, la derecha y la Confiep insisten en que sería importante para el Perú “dar una buena imagen” durante los días del foro. Olvidan que todos ya saben que Dina Boluarte es la presidenta más impopular del mundo, nuestro déficit fiscal ha crecido incontrolado hasta 4 por ciento del PBI, sicarios matan a diario por unas monedas y la calle ha recuperado protagonismo. La política del gobierno para APEC es una y sólo una: defender las fotos de Dina con Xi Jinping y demás líderes.

No tiene idea alguna sobre el tema de fondo, que es cómo el Perú va a jugar sus cartas en este nuevo escenario mundial de deterioro de la hegemonía estadounidense, conflicto económico y geopolítico mundial y consolidación del Asia oriental como nuevo centro de la economía mundial. Es en ese escenario que debemos aprovechar los espacios internacionales que se abren para promover nuestro progreso tecnológico y económico y así generar empleos dignos. Sin propuesta alguna al respecto, es doblemente sinvergüenza que este gobierno pretenda limitar nuestro legítimo derecho a la protesta durante APEC. ¿Sólo para que Dina Asesina se tome fotos con sus Rolex?

Fuente: Hildebrandt en sus trece, Ed 707 año 14, del 01/11/2024

https://www.hildebrandtensustrece.com/

4 de noviembre de 2024

Cómo no medir la pobreza

Prabhat Patnaik

Varias organizaciones internacionales se dedican ahora a medir lo que denominan la «pobreza». El Banco Mundial lo hace desde hace tiempo, pero ahora tenemos una nueva forma de medir la «pobreza multidimensional» elaborada por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y la Iniciativa de Pobreza y Desarrollo Humano de Oxford (OPHI, por sus siglas en inglés). Sin embargo, ninguna de ellas miden en realidad la pobreza, sino que por lo general acaban «embelleciendo» el capitalismo neoliberal. De hecho, la proporción de población mundial que, según cálculos del Banco Mundial, vive en una «pobreza extrema» (esto es, por debajo de un gasto diario per capita de 1,90 dólares al tipo de cambio de paridad del poder adquisitivo de 2011) ha disminuido desde un 30% a finales de la década de 1990 a menos de un 10% en 2022, lo que sugiere que bajo el capitalismo neoliberal «se ha sacado de la pobreza a millones de personas». Veamos por qué esta tan citado cómputo del Banco Mundial es erróneo conceptualmente.

La forma de medir del Banco Mundial tiene tres problemas básicos: en primer lugar, no hace referencia a la situación de los activos de una persona, sino únicamente a su situación respecto a sus ingresos; en segundo lugar, toma el gasto como sustituto de los ingresos; y en tercer lugar, para medir el gasto real utiliza un índice de precios que calcula muy a la baja el aumento real del coste de la vida. Por tanto, las cifras que obtienen son enormemente erróneas. Examinemos cada uno de estos puntos.

Cualquier medición coherente de la pobreza debe tener una dimensión de «flujo» que cubra, por ejemplo, los ingresos, y una dimensión de «reserva» que cubra la propiedad de activos. Ambas dimensiones son importantes. Por ejemplo, si unas personas tienen los mismos ingresos reales entre dos fechas, pero han perdido todos sus activos en una fecha posterior, sería un engaño no considerar que se han empobrecido. Sin embargo, la forma de medir del Banco Mundial no hace referencia a la situación de los activos de las personas, lo cual es una omisión particularmente mayúscula bajo el capitalismo neoliberal, cuando es rampante el proceso de acumulación primitiva del capital, es decir, de la desposesión de las personas de sus activos. Es tremendamente irónico afirmar que «se ha sacado de la pobreza a millones de personas» cuando se produce una desposesión desenfrenada.

En segundo lugar, esta forma de medir ni siquiera incluye los ingresos reales, ya que la mayoría de los países, incluida India, no disponen de datos sobre los ingresos; además, los «ingresos» es una entidad compleja conceptualmente, de modo que, en general, se toma el gasto, sobre el que es más fácil disponer de datos y es una entidad conceptualmente más simple, como sustituto de los ingresos.

Pero esto hace que sea aún más imperdonable ignorar la situación de los activos netos de una persona. Incluso cuando disminuyen los ingresos de las personas, pueden mantener el nivel de gastos anterior reduciendo sus activos o pidiendo prestado. Sería absurdo concluir de ello que las personas concernidas no se han empobrecido porque sus gastos no han cambiado: de hecho, tanto en términos de flujo, es decir, ingresos, como en términos de reservas, es decir, activos netos, es indudable que estas personas se han empobrecido, pero la medida basada en los gastos mostraría que estas personas se encuentran en el mismo nivel que antes.

En tercer lugar, incluso en países como India, sobre los que disponemos de datos sobre el gasto monetario de los hogares gracias a minuciosas encuestas por muestreo realizadas periódicamente, la medición del gasto real es enormemente errónea, ya que el índice de precios utilizado para deflactar este gasto nominal calcula muy a la baja el aumento real del coste de la vida. El índice de precios utilizado es una media ponderada de los precios relativos individuales de un grupo de productos básicos que se consumen en el año base, lo cual es erróneo, porque se producen cambios importantes en la composición de la cesta de consumo tras el año base debido a la no disponibilidad de bienes del año base; no se reconocen los efectos de dichos cambios.

Por ejemplo, bajo el neoliberalismo la privatización de una serie de servicios, como la educación y la sanidad, que antes prestaban instituciones públicas, es un fenómeno común que eleva enormemente lo que estos servicios cuestan a la población; pero el índice de precios no lo refleja. Por ejemplo, si una operación quirúrgica en un hospital público que costaba 1.000 rupias en el año base ahora cuesta 2.000 rupias, el índice de precios considerará que los costes sanitarios se han duplicado, pero el índice de precios no refleja el hecho de que la cantidad de operaciones quirúrgicas realizadas en el hospital público no ha variado o incluso ha disminuido, por lo que la población se ve obligada a acudir a hospitales privados, donde la misma intervención cuesta 10.000 rupias. En resumen, el coste de la vida real ha aumentado mucho más de lo que muestra el índice de precios que se utiliza para deflactar el gasto nominal y obtener el gasto «real». Por consiguiente, la deflación por medio del índice de precios oficial exagera la mejora del nivel de vida de la población y, por tanto, calcula muy a la baja la pobreza.

Cuando el aumento del coste de la vida hace difícil llegar a fin de mes, la población se adapta al menos de dos formas distintas: en primer lugar, reduciendo sus activos o aumentando su deuda y, en segundo lugar, cambiando su forma de consumo de modo que se da prioridad a los artículos considerados «esenciales» sobre otros artículos considerados menos esenciales. El aumento del coste de la atención sanitaria o de las necesidades educativas de las y los niños ha provocado ambos ajustes en India: ha habido un importante empeoramiento de la posición de los activos netos de los hogares indios, sobre todo en las zonas rurales; y también se ha reducido la ingesta nutricional de los hogares en la creencia (errónea) de que ahorrar en la ingesta no tiene demasiada importancia.

Al comparar el Estudio sobre Deuda e Inversión en Toda India de 2019 (que ofrece información hasta finales de junio de 2018) con el Estudio sobre Deuda e Inversión Rural en Toda India (AIRDIS, por sus siglas en inglés) de 2013 (que ofrece información hasta finales de junio de 2012), se comprueba lo siguiente (todas las comparaciones son de cifras «reales» frente a nominales, que han sido deflactadas por el índice de precios al por mayor): primero, un 11% más de hogares rurales estaban endeudados en esta última fecha; segundo, el importe medio de la deuda por hogar rural endeudado aumentó un 43% en esta última fecha; tercero, el valor medio de los activos por hogar cultivador disminuyó un 33% entre ambas fechas y en el caso de los hogares no cultivadores, un 1%.

La situación es muy similar en la India urbana. Hubo un descenso del valor medio de los activos por hogar (29% para los hogares con empleos autónomos y 3% para los demás); y mientras que el porcentaje de hogares endeudados se mantuvo más o menos igual que antes, el importe medio de la deuda por hogar endeudado aumentó un 24% entre ambas fechas. En otras palabras, es indudable que en la mayoría de los hogares indios han disminuido considerablemente los activos netos.

También se ha producido el segundo tipo de ajuste. La proporción de la población rural que no tiene acceso a 2.200 calorías por persona y día aumentó del 58% al 68% entre 1993-94 y 2011-12; la proporción en la India urbana que no tiene acceso a 2.100 calorías (el punto de referencia correspondiente utilizado por la antigua Comisión de Planificación) aumentó del 57% al 65% entre ambas fechas. Los resultados de 2017-18 de la Encuesta Nacional por Muestreo fueron tan desalentadores (puesto que mostraban un descenso del gasto real en todos los bienes y servicios) que el gobierno de la Alianza Nacional Democrática los retiró rápidamente del dominio público. A partir de cualquier dato disponible antes de que lo retiraran (y suponiendo que el coste real de los alimentos por unidad de nutrientes se había mantenido sin cambios) resulta que, mientras que el porcentaje urbano era más o menos el mismo que en 2011-12, el porcentaje rural había aumentado a bastante más del 80% (tomamos estas cifras del libro sobre la pobreza de Utsa Patnaik, que se publicará próximamente).

En contraste con esta desoladora realidad, la forma de medir la «pobreza extrema» del Banco Mundial que, como ya hemos mencionado, toma como definición un gasto diario inferior a 1,90 dólares (al tipo de cambio de paridad del poder adquisitivo de 2011), muestra un descenso en el caso de India de alrededor desde el 12% en 2011-12 (un cálculo muy a la baja) a solo el 2% en 2022-23; por otra parte, el criterio del Banco Mundial de 1,90 dólares implica un umbral de pobreza en rupias de alrededor de 53 rupias al día para cubrir todos los gastos. El criterio del Banco Mundial proviene de la media realizada por varios gobiernos de países pobres (siempre bajo la dirección del Banco) en su cálculo del umbral de pobreza; no es una medida aparte calculada de forma independiente. Adolece de exactamente los mismos defectos (como calcular a la baja el aumento del coste de la vida en el índice de precios utilizado para deflactar el gasto nominal) de los que adolecen los cálculos oficiales de la pobreza de estos países. En efecto, el Banco Mundial da el visto bueno a la propaganda de varios gobiernos del tercer mundo acerca de cómo han reducido o eliminado la pobreza.

Por consiguiente, toda la palabrería acerca de que «se ha sacado a millones de personas de la pobreza» no es sino una broma cruel. Por desgracia, es probable que en los próximos días oigamos más palabrería de este tipo cuando los países empiecen a rivalizar entre sí para demostrar que han cumplido los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) establecidos por las Naciones Unidas.

Texto original: https://peoplesdemocracy.in/2024/1020_pd/how-not-measure-poverty

Traducido del inglés para Rebelión por Beatriz Morales Bastos