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2 de octubre de 2025

Perú: Lo que no se dijo en PERÚMIN

Pedro Francke

"Nítida la crítica del Banco Mundial a seguir exportando piedras"

Esta semana se reunió PERÚMIN, la gran convención minera anual. Se ha desarrollado cuando la oligarquía peruana y su gobierno mafioso han blindado a sus grandes empresas mineras e impiden cualquier discusión sobre las sobreganancias que se llevan, la contaminación que dejan y los abusos que cometen. Es así que han ocultado el reporte que el Banco Mundial ha sacado la semana pasada con fuertes críticas a la situación de la minería latinoamericana. El Banco Mundial no es para nada izquierdista y desde que se fundó siempre ha tenido un presidente impuesto por los Estados Unidos. Acá reseñamos, citando sus mejores frases, este informe que desde su título resalta la ausencia de una “gestión inteligente de nuestros recursos naturales”.

LA MINERÍA A MENUDO AFECTA A INDÍGENAS Y VULNERABLES

“El modelo de desarrollo de América Latina, impulsado por los recursos naturales, a menudo ha comprometido a las comunidades indígenas y a las poblaciones vulnerables. No solo se podría proteger mejor a estas comunidades, sino que la inclusión podría incluso ser económicamente deseable para la región.” ¡Clarísimo llamado de atención!

Insiste el Banco Mundial: “Sin protección institucional ni mecanismos de aplicación sólidos, la expansión o intensificación de las actividades mineras podría suponer varios riesgos para las comunidades locales. La expansión o intensificación de las actividades mineras pueden exacerbar los conflictos socioambientales existentes y acentuar la desigualdad de género. Estos conflictos pueden surgir debido a la carga que las actividades adicionales suponen para las comunidades locales, la participación a menudo limitada de estas comunidades en la toma de decisiones, la disponibilidad y accesibilidad parcial de la información, y las deficiencias de los mecanismos de distribución de los beneficios con dichas comunidades”. Una buena síntesis de lo que pasa en el Perú.

LA MINERÍA Y SUS EFECTOS AMBIENTALES

“La falta de marcos regulatorios y mecanismos de aplicación sólidos podría agravar las externalidades negativas que afectan a la tierra, la flora y la fauna, la gestión de los recursos hídricos y las comunidades locales. En las minas de cobre y litio, estos efectos pueden aparecer en áreas mineras industriales, campamentos, vertederos y estanques de relaves. La minería a cielo abierto puede dañar directamente el suelo y la vegetación superficiales. Muchos lugares mineros, como los ubicados en los Andes, se caracterizan por geografías accidentadas que limitan la superficie de tierra disponible para la eliminación segura de los relaves”. Como sucede en el río Rímac, donde tenemos los relaves de Tamboraque amenazando el agua de Lima.

AGOTAMOS CAPITAL NATURAL MIENTRAS FALTA INNOVACIÓN

“Durante demasiado tiempo, [América Latina] ha crecido agotando su capital natural en lugar de invertir en la tecnología y las prácticas productivas que podrían haber mejorado la eficiencia general y protegido sus riquezas. Según el análisis, es la región con la calificación más baja del mundo en eficiencia económica en el uso de la tierra”, dice el informe. Aun así, el bloque oligárquico en el poder se resiste a cualquier reforma.

“Se desaprovecharon oportunidades para realizar mejoras e innovaciones tecnológicas. Como resultado, América Latina cuenta con sistemas de innovación deficientes y sus exportaciones están dominadas por productos primarios sin procesar”, añade el documento. Nítida la crítica del Banco Mundial a seguir exportando piedras.

INDUSTRIALIZAR NUESTROS MINERALES

“La creciente demanda mundial de los abundantes minerales de la región que son necesarios para la transición energética creará oportunidades para agregar más valor en los mercados regionales y mundiales y para desarrollar productos derivados como las baterías. Algunos países de América Latina están definiendo políticas para respaldar la adición de valor en las etapas posteriores. Las empresas extranjeras están invirtiendo cada vez más en industrias transformadoras. Por ejemplo, en agosto de 2023 la empresa china BYD, uno de los principales fabricantes de vehículos eléctricos del mundo, anunció una inversión de USD 290 millones para construir una fábrica de cátodos de litio en Chile. Asimismo, anunció planes para integrar plenamente su cadena de suministro de vehículos eléctricos en Brasil, lo que incluye el procesamiento, la producción de baterías y la fabricación de automóviles. En México, CATL (empresa china de baterías) planea invertir en una planta de baterías para vehículos eléctricos”. Frente a esto, el bloque oligárquico en el poder y sus ideólogos neoliberales no escuchan, no ven, no hablan.

PROVEEDORES MINEROS, OPORTUNIDAD DESAPROVECHADA

Otra forma de avanzar en industrializarnos es producir los insumos, equipos y servicios que necesita la minería. “La región no ha tenido un desempeño satisfactorio en la creación de un conglomerado productivo de empresas con uso intensivo de conocimientos prestadoras de servicios a grandes corporaciones multinacionales, como lo han hecho otros países con fuerte presencia minera, como Australia y Canadá. Las grandes empresas no se han comprometido con la innovación conjunta con proveedores locales, con excepción de empresas de Chile y, en menor medida, Brasil y Perú. Las innovaciones locales son poco frecuentes y están en manos de unas pocas empresas”. Añado que Chile tiene una política estatal al respecto con una Mesa de proveedores mineros y la “Corporación Alta Ley”, que promueve un ecosistema de proveedores de bienes y servicios especializados. Durante mi gestión en el MEF instalamos una Mesa Ejecutiva de Proveedores Mineros para conectar industria y minería, pero apenas salí del cargo la paralizaron.

UNA VISIÓN ALTERNATIVA

¿Cuál es la mirada de conjunto del Banco Mundial? “Esa abundante riqueza natural no es una solución mágica para lograr el desarrollo. Los Gobiernos deben elaborar un conjunto integral de políticas que transformen el modelo heredado, impulsado por los recursos naturales, en un modelo impulsado por la eficiencia ambiental y de los recursos y una mayor capacidad productiva y de innovación”. Como vemos, hasta el Banco Mundial plantea cambiar de modelo. Pero por estas latitudes eso sigue siendo anatema para una oligarquía empeñada en organizar una CADE ultraderechista.

Fuente: Hildebrandt en sus trece, Ed 751 año 16, del 26/09/2025

https://www.hildebrandtensustrece.com/

23 de febrero de 2025

Un mundo adicto al plástico

Aurora M. Alcojor

Cada año se producen unas 430 millones de toneladas de plástico, buena parte de ellas destinadas a productos de un solo uso que alimentan el sistema de ‘usar y tirar’ provocando enormes impactos medioambientales.

Hace ya unas décadas, la proliferación de diferentes tipos de plásticos comenzó a cambiar nuestras vidas. La aparición de este material trajo algunos beneficios tanto para las personas como para la industria, facilitando el acceso a numerosos productos. Sin embargo, su uso y abuso se ha convertido en un problema de ingentes dimensiones que ni Gobiernos ni organismos internacionales saben bien cómo abordar. En la actualidad se producen unas 430 millones de toneladas de plásticos al año, según Naciones Unidas, y se trata de un material que tarda entre cien y mil años en descomponerse, dependiendo de su composición química.

El problema es que los plásticos son la línea de flotación de un sistema que se basa en el usar y tirar y que tiene un impacto ambiental de primera magnitud. Ya sea en los desiertos más áridos, en las profundidades marinas o en el pico más alto del mundo; allí donde ha llegado el ser humano ha llegado el plástico, inundándolo todo en forma de bolsas, residuos o cualquier tipo de utensilio desechable.

El resultado se puede ver en las enormes islas de plástico que proliferan en los océanos, en los grandes vertederos al aire libre, en la acumulación de microplásticos y en los animales marinos que mueren ahogados al ingerir residuos plásticos. Se estima que cada año se vierten al océano al menos 1,5 millones de toneladas de plásticos —aunque otros estudios elevan la cifra hasta al menos 4,7—, ya sea directamente o a través de los ríos. Una vez llegan al mar, estos residuos se van descomponiendo en miles de trozos más pequeños que se canalizan a través de las mareas marinas y terminan provocando esas enormes concentraciones que llamamos “islas de plástico” y de las que se han identificado hasta siete. La mayor de ellas es la que se sitúa en el Pacífico y su tamaño es tres veces mayor que toda Francia.

Relación con la pobreza

Un estudio de WaterAid y otras organizaciones calculaba en 2019 que hasta un millón de personas  podrían morir al año en los países en desarrollo por vivir en zonas contaminadas. La relación de los plásticos con la pobreza es clave, pues en los territorios más empobrecidos se están produciendo dos fenómenos simultáneos. Por un lado, un brutal desembarco de plásticos en forma de productos vendidos en monodosis —desde bebidas alcohólicas a minúsculas bolsas de frutos secos—, lo que facilita la adquisición de los productos a quienes tienen un menor nivel económico. A la vez, esto provoca la generación de numerosas basuras en un entorno en el que no existen apenas servicios de recogida de residuos. Además, existe un inmenso circuito de comercio internacional, entre legal e ilegal, que no para de crecer —según señala la propia Interpol— por el cual los países más ricos, Europa incluida, envían sus residuos plásticos a otros lugares, como Turquía, donde ya se han registrado casos de trabajo infantil en el sector.

El problema es que los plásticos son la línea de flotación de un sistema que se basa en el usar y tirar y que tiene un impacto ambiental de primera magnitud

Todo esto provoca la acumulación de residuos en cualquier lugar, conformando basureros al aire libre que, o bien se perpetúan durante años, o terminan siendo incinerados, con el consiguiente peligro para la población y el medio ambiente. En ambos casos, el proceso supone la emisión de millones de toneladas de CO2 a la atmósfera, que se suman a las registradas por las industrias plástica y petroquímica. Según el informe Plastic & Climate: The Hidden Costs of a Plastic Planet, si ambas industrias continúan su trayectoria de crecimiento actual, para 2030 sus emisiones alcanzarán las 1,34 gigatoneladas por año, lo que equivale a más de 295 plantas de carbón de 500 megavatios.

Mientras, a pesar de algunas prohibiciones, tanto en Europa como en España los plásticos de un solo uso siguen formando parte del día a día en forma de recipientes (vasos, tapas, tápers para llevar), bolsas y envoltorios de todo tipo, cada vez más demandados por el comercio a domicilio. El problema, sin embargo, es que no se reduce su uso sino que, simplemente, se van sustituyendo —muy poco a poco—, por otros materiales que, si bien pueden ser más aceptables para el medio ambiente, siguen suponiendo un enorme problema de gestión de residuos.  

La magnitud del problema es tal que, en febrero de 2022, Naciones Unidas comenzó un proceso para poner en marcha un tratado internacional —que en principio debía ser de carácter vinculante— para reducir la contaminación por plásticos. El último de los encuentros de este proceso tuvo lugar a principios de diciembre en Busan (República de Corea). Lamentablemente, entre presiones de la industria y de diferentes Gobiernos, acabó en fracaso. El Tratado Global de Plásticos tendrá que esperar.

Fuente: https://www.elsaltodiario.com/carro-de-combate/mundo-adicto-plastico

7 de febrero de 2025

La Herradura

César Hildebrandt

La Herradura fue mi breve paraíso.

Era una U como la U serpentínica del bizcochero vallejiano.

Una U de arena rubia y playa verde con muchos heladeros, olas taimadas, resacas de toda índole.

Unos parlantes daban la hora incakola y por la orilla se paseaba, más orondo que nunca, Veguita, el librero, mi librero, el librero viandante de mi generación. Pero en la playa Veguita no vendía libros sino que se hacía transfusiones de cerveza.

-Veguita, ¡qué panza! –le decíamos.

-Comprendo que también por eso me envidies –contestaba sonriendo y mostrando, sin vergüenza alguna, la boca sin un solo diente. Años después repararía su aspecto imponiéndose una dentadura que anticipaba el buen humor de sus salidas. Muchos años después, alguien me llamaría para decirme que Veguita tenía cáncer en un ojo. Poco después, murió. También murió de vender poco. Muy poco.

En La Herradura bebí las cervezas más exactas de mi vida y lo hice en un establecimiento que estaba al lado del edificio Las Gaviotas. Creo que se llamaba Samoa. O merecía llamarse así, de lo agradable que era.

A La Herradura iban las parejas de moda, las chicas que aparecían en alguna página social de “La Crónica”, los muchachos sin gomina, los yerberos de la tabla, las mujeres maduras salidas de algún túnel, los viejos color alga, las damiselas que venían de comerse el mundo.

Hablo de la prehistoria. Hablo de cuando el sur no existía excepto para algunos pocos y cuando Lima, en los 60, parecía una ciudad posible al frente de un país presuntamente gobernable. Íbamos al desarrollo –nos decían– y en el camino nos pondremos de acuerdo.

En La Herradura fue que el zarpazo de una ola dejó a Manuel Ulloa sin ropa de baño, más calato que el ideario de su partido. Y en La Herradura fue que se estrenaron las tangas masculinas y los bikinis hilo dental y las carpas donde se daban adelantos nupciales.

En esa playa estaba El Suizo, el restaurante favorito de Doris Gibson, y allí fuimos a parar muchas veces a acabar con algún lenguado y a beber dosis medidas de pisco con fresa.

Un día, sin embargo, todo empezó a morir.

A algún alcalde cretino se le ocurrió dinamitar parte de los cerros que daban a La Chira y eso cambió el rumbo de las corrientes. Al poco tiempo, una mano gigante, la de la mala suerte, se llevó la arena y trajo a cambio piedras. Fue un trueque amargo que terminó con una época.

Yo había pasado los veranos de mi infancia en La Punta, que era una playa de piedras. Pero una cosa es que vayas a una playa de piedras porque te da la gana y otra es que la playa de tu adolescencia y juventud amanezca un día desfigurada y lítica. De modo que La Herradura, como casi todo en Lima, languideció.

Dejaron de ir los que la encendían y por las noches se reunían, en antros cada vez más orinientos, muchachas que estudiaban para peperas y nuevos ricos con collares de oro. Sus construcciones fueron ahuecándose, sus muros derrumbándose y del edificio de lujo por donde empezaba sólo quedaba un fantasma de salitre y óxido.

La alcaldesa Susana Villarán quiso enarenar La Herradura, pero el asunto salió tan mal como todo lo que hizo. Y ahora quieren hacer lo mismo, pero un ejército de cangrejos desnortados ha decretado un cese al fuego. Es como si la maldición persiguiera a esa playa donde tantos pretendimos ser felices. Es el karma de Lima, la ciudad a la que algún dios decidió odiar.

En el túnel de la salida a La Herradura, cuando ya no era una playa sino un ruido de piedras sobándose en el agua, mataron a un abogado vinculado a causas populares. En un departamento del edificio Las Gaviotas se suicidó Lucho Hildebrandt, mi medio hermano. La neurosis lo empujó a no querer hacerse más preguntas incontestables. Fue el más valiente de la tribu.

Fuente: Hildebrandt en sus trece, Ed 719 año 15, del 07/02/2025

https://www.hildebrandtensustrece.com/