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17 de agosto de 2025

La desigualdad agrava el calentamiento global

Jomo Kwame Sundaram

KUALA LUMPUR – La acumulación de emisiones de gases de efecto invernadero (GEI), sigue aumentando, en un mundo cada vez más desigual, un factor que está acelerando el calentamiento global. También está agravando las disparidades, especialmente entre los ricos y el resto de la población, tanto a nivel nacional como internacional.

Emisiones desiguales

En nuestro mundo tan desigual, las disparidades internacionales representan dos tercios de las desigualdades de ingresos globales. Los agregados y promedios de los ingresos nacionales pueden ser engañosos, ya que ocultan importantes disparidades dentro de los países.

El Informe sobre la Desigualdad Mundial sostiene que las disparidades en las emisiones de GEI se deben principalmente a las desigualdades dentro de los países. Mientras tanto, las emisiones de GEI siguen aumentando a medida que su acumulación acelera el calentamiento del planeta.

Las disparidades en las emisiones dentro de los países representan ahora casi dos tercios de la desigualdad mundial en las emisiones, casi el doble que en 1990, cuando eran algo más de un tercio.

La mitad más pobre de la población de los países ricos ya ha alcanzado, o está cerca de alcanzar, los objetivos de emisiones equivalentes de dióxido de carbono per cápita para 2030 fijados por sus gobiernos. Sin embargo, el 10 % más rico de Norteamérica es el mayor emisor de GEI del mundo.

¡Sus emisiones medias son 73 veces superiores a las de la mitad inferior de la población del sur y el sudeste asiático! Los ricos de Asia oriental también emiten muchos GEI, pero mucho menos que en América del Norte.

La mitad inferior de su población emite casi diez toneladas per cápita al año en América del Norte, alrededor de cinco toneladas en Europa y unas tres toneladas en Asia oriental.

La huella de carbono mucho menor de la mayor parte del Sur global contrasta con las emisiones de GEI de los deciles superiores de sus propios países y las del 10 % más rico de las regiones más pobres.

Los deciles superiores del sur y el sudeste asiático emiten más del doble de GEI que la mitad inferior de Europa. Incluso el decil superior de África subsahariana emite más que la mitad inferior de Europa en promedio.

La desigualdad impulsa las emisiones

Jayati Ghosh, Shouvik Chakraborty y Debamanyu Das sostienen que la desigualdad ha impulsado el aumento de las emisiones de GEI. Mientras que la mitad inferior de la población de Estados Unidos y Europa redujo sus emisiones per cápita entre 15 % y 20 % entre 1990 y 2019, el 1 % más rico aumentó las suyas.

Solo el decil superior del mundo es responsable de casi la mitad de las emisiones de GEI. A medida que los ricos se hacen aún más ricos, aumentan sus efectos adversos sobre el medioambiente.

A pesar de la retórica engañosa, la mayoría de los impuestos sobre el carbono no son progresivos, sino que suelen gravar mucho más a los grupos de ingresos medios y bajos que a los más responsables, los ricos.

Las políticas para reducir las emisiones de GEI deben frenar el consumo excesivo de los ricos, así como la producción «extractivista» en todo el mundo para satisfacer sus demandas.

Los beneficios prevalecen sobre el interés público

Mientras tanto, las empresas transnacionales y los gobiernos occidentales se han negado a respetar la excepción de salud pública (PHE, en inglés) al acuerdo sobre derechos de propiedad intelectual (PI) de la Organización Mundial del Comercio (OMC), los conocidos como Aspectos de los Derechos de Propiedad Intelectual relacionados con el Comercio (Trips, en inglés).

El compromiso PHE se acordó en 2001 para reanudar las negociaciones comerciales de la OMC en su reunión interministerial de Doha, tras la conferencia abortada de Seattle en 1999.

Sin embargo, los gobiernos de los países ricos bloquearon las solicitudes de los países en desarrollo de una exención de la PHE para producir urgentemente pruebas, tratamientos, equipos y vacunas asequibles durante la pandemia de covid-19.

Por lo tanto, es poco probable que se concedan concesiones significativas en materia de propiedad intelectual para impulsar los esfuerzos de los países en desarrollo por mitigar y adaptarse para hacer frente de manera eficaz al calentamiento global.

Las fuentes del calentamiento global son locales, mientras que el calentamiento planetario es mundial, aunque desigual. Las políticas y medidas eficaces para hacer frente a este problema son costosas y, en general, más gravosas para las clases pobres y medias.

Existen alternativas que pueden permitir una mayor equidad y sostenibilidad. Sin embargo, ha resultado muy difícil movilizar una resistencia más concertada y eficaz contra el calentamiento planetario.

Injusticia climática

La acumulación histórica de emisiones de GEI es la principal causa del calentamiento planetario. Los países desarrollados fueron responsables de casi cuatro quintas partes de las emisiones acumuladas de GEI entre 1850 y 2011.

Mientras tanto, sus efectos adversos en los países en desarrollo de los trópicos son peores. El Sur global también tiene menos capacidad para hacer frente a la situación debido a su limitado margen de maniobra y sus escasos medios.

Los compromisos de «cero emisiones netas» de los países no reconocen la enorme carga climática impuesta por la acumulación de GEI en el pasado, lo que socava las perspectivas de una transición justa.

En las negociaciones internacionales, las economías ricas han eludido su responsabilidad histórica por la «deuda climática» centrándose en las emisiones actuales e ignorando su acumulación durante los dos últimos siglos.

Ignorar esta deuda climática histórica también sirve para legitimar que se ignore la compensación a los más afectados en los países de ingresos bajos y medios-bajos, que ya han sufrido daños y pérdidas considerables.

Esta pretensión no solo es injusta, sino también contraproducente. Ha socavado la solidaridad y la cooperación internacionales necesarias para hacer frente al calentamiento global.

Superación del umbral

Las emisiones previstas por los países ricos actuales agotarán tres quintas partes del umbral de calentamiento global restante para el «presupuesto de carbono» mundial hasta 2050, a fin de no superar el aumento de 1,5 °C con respecto a los niveles preindustriales.

Sin embargo, el escenario más optimista del último informe del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) prevé que el umbral de 1,5 °C se supere en 2040.

Pero incluso antes de que el presidente estadounidense Donald Trump reacelerara el calentamiento global tras su reelección, el entonces enviado especial de la ONU y actual primer ministro canadiense, Mark Carney, advirtió de que este umbral se superaría a finales de esta década.

Jomo Kwame Sundaram. Exprofesor de economía que fue secretario general adjunto de la ONU para el Desarrollo Económico y recibió el premio Wassily Leontief por promover un pensamiento económico sin fronteras.

Fuente: https://ipsnoticias.net/2025/08/la-desigualdad-agrava-el-calentamiento-global/#google_vignette

25 de mayo de 2025

Perú: Hablan las cifras de la pobreza

Pedro Francke

"Solo hay una explicación posible: la desigualdad contra los pobres y vulnerables se ha incrementado sustancialmente"

Ha salido el último Informe de Pobreza del INEI. El porcentaje de población pobre el 2024 fue de 27,6 por ciento, casi dos puntos por encima que el nivel al que logramos bajarla el 2021. La pobreza ha aumentado en casi 700 mil peruanos, y eso es mucha gasolina echada al fuego de la criminalidad. Asunto clave: hay muchos más pobres mientras el PBI no ha caído y ese contraste se debe a que la desigualdad se ha disparado.

Si uno ve las cifras macroeconómicas del cogobierno Dina-Congreso, pareciera que el desastre del 2023 se ha revertido el 2024. En efecto, la recesión que significó la caída del PBI en 0,6 por ciento el 2023 fue contrarrestada con un crecimiento del 3,3 por ciento el 2024. Considerando el aumento de la población entre esos dos años el crecimiento en términos per cápita fue 0,6 por ciento, mínimo pero un poco encima de cero. Mientras tanto, este gobierno ha tenido la suerte de tener muy buenos precios internacionales de los metales, pero la política neoliberal redoblada ha impedido que ese enorme ingreso adicional llegue a las mayorías y ha permitido que se lo apropien las grandes empresas. Se quedó en las transnacionales: sus utilidades ya eran enormes el 2023, cuando llegaron a casi 20 mil millones de dólares y han aumentado el 2024 hasta los 23 mil millones de dólares. Los aumentos de precios de los metales, los perdones y las exoneraciones tributarias y una política neoliberal intensificada les ha redoblado sus ganancias, dejando menos para los peruanos. Esos 23 mil millones de dólares que se apropiaron unas cuantas transnacionales son más que el total de los ingresos con que tuvieron que subsistir quince millones de peruanos: el diez por ciento más pobre debe sobrevivir con apenas 250 soles mensuales, según este informe de pobreza del Instituto Nacional de Estadística, INEI.

MÁS DESIGUALDAD QUE ANTES DE LA PANDEMIA

El altísimo nivel de pobreza que tenemos se explica en dos momentos de nuestra historia reciente. El que tengamos 9 millones 400 mil personas en situación de pobreza es resultado de tres décadas de política neoliberal y del agravamiento de la desigualdad durante y después de la pandemia. En una mirada más histórica, no olvidemos que el 2019 la pobreza en el Perú era aún de 20 por ciento y en Lima venía subiendo desde el inicio del gobierno de PPK, el 2016, y su favorecimiento a la inmigración venezolana. El neoliberalismo no resolvió la pobreza ni en sus mejores años de crecimiento logrados gracias al boom de precios de los metales (periodo del 2004 al 2014), porque mantuvo una desigualdad muy grande.

El asunto es que esa situación de empobrecimiento y desigualdad, en vez de enfrentarse, se agravó durante la pandemia y después de ella. Comparando el 2024 con el 2019 resulta que la pobreza es 7,5 por ciento superior y hay 2 millones 900 mil más peruanos pobres, aunque en este periodo logramos revertir la caída del PBI y del Ingreso Nacional Disponible (IND) producida por la pandemia. El IND por persona fue el 2024 superior en 9 por ciento al de 2019. Entonces, si en promedio por cada peruano se ha producido por más valor y hay más recursos reales, ¿por qué la pobreza ha aumentado y mucho? Aritméticamente solo hay una explicación posible: la desigualdad contra los pobres y vulnerables se ha incrementado sustancialmente.

Otros datos refuerzan esta explicación. Entre 2020 y 2024 la productividad media por trabajador ha aumentado 3 por ciento, pero los salarios están aún 9 por ciento debajo del 2019 (cálculos de Fernando Cuadros L.). Esa diferencia del 12 por ciento entre productividad y salarios ha ido como ganancias adicionales para los grandes grupos monopólicos, que han aprovechado primero la crisis del covid para recortar salarios, luego la inflación de 2022 para subir sus precios y más recientemente pagan menos impuestos gracias a los beneficios tributarios especiales que les ha regalado este Congreso fujimorista.

OTRA POLÍTICA POSIBLE Y NECESARIA

Es buena una comparación con el 2021, cuando logramos frenar la pandemia y pudimos reactivar la economía. El 2021 se logró sacar a 1 millón 400 mil peruanos de la pobreza debido a un acelerado crecimiento del 13,3 por ciento del PBI, y por una mayor inversión privada llevándola al 20 por ciento del PBI –la cifra más alta de la última década–, además de aumentar la inversión pública en 25 por ciento y por los bonos de ayuda social que se otorgaron masivamente. La pobreza se redujo ese año de 30,1 por ciento a 25,9 por ciento; tres años después el cogobierno Dina-Congreso aún nos tiene con más pobreza que el 2021. Comparado con ese año, el 2024 los programas y ayudas sociales del gobierno tuvieron una efectividad 3 por ciento menor, lo que significa que un millón 300 mil personas adicionales son pobres debido al debilitamiento de las políticas de salud, educación y protección social.

Como escribí hace un par de semanas, la política social de este gobierno es desastrosa, está totalmente podrida, sin rumbo ni fuerza. Eso sucede cuando en Lima Metropolitana hay más de un millón de personas que tienen menos de 320 soles al mes para vivir; de los escasos 415 soles que tenían el 2019 han perdido casi cien, una tragedia para ellos y para el país. La pobreza en Lima alcanza el 28 por ciento y es el doble que el 2019, empobrecimiento que ha sido similar en las ciudades de la costa. Obviamente, esa es una causa fundamental del aumento de la criminalidad, ya que la suma de hambre y desesperanza empujan a muchos jóvenes hacia comportamientos antisociales y delictivos. No hay salida a la crisis nacional sin enfrentar la tremenda pobreza y desigualdad que vivimos.

Fuente: Hildebrandt en sus trece, Ed 734 año 16, del 23/05/2025

https://www.hildebrandtensustrece.com/

6 de mayo de 2025

Perú: Gobierno podrido

Pedro Francke

"Los directos responsables del desastre son los ministros más cercanos a Dina"


Vivimos el derrumbe del escaso apoyo que el Estado peruano daba a los más vulnerables. Los gusanos y bacterias que proliferan en la alimentación escolar nos avientan a la cara la podredumbre del gobierno actual. Semana tras semana sale un nuevo escándalo de niños y niñas intoxicados por la comida de Wasi Mikuna, programa bautizado así por Dina Boularte en un vano esfuerzo de cirugía estética para cambiarle el rostro. Esa operación tampoco funcionó.

No es, por cierto, un programa de menor envergadura. El presupuesto aprobado para este año es de 2 mil 600 millones de soles, el mayor de todos los programas sociales, duplicando a Juntos y a CunaMás. Lo que debiera ser alimento para los escolares terminó siendo un bocado apetitoso para las mafias que atraviesan el gobierno.

La podredumbre se reproduce en el ministerio que Dina mejor conoce, el que dirigió por año y medio antes de su traición al voto por el cambio del 2021. Los directos responsables del desastre son los ministros más cercanos a Dina. Primero estuvo Julio Demartini, que había sido viceministro del Midis cuando Boluarte era ministra de esa cartera que tiene bajo su mando la alimentación escolar. Cuando ya el escándalo llegó a su límite, Boluarte le dio un jugoso contrato de asesor y lo cambió por otra de sus engreídas, la anterior ministra de cultura Leslie Urteaga; a saber, pareja de Morgan Quero, el ministro de Educación.

Que en este sector la corrupción se haya multiplicado tanto es signo del gobierno actual. Recordemos que Qali Warma funciona desde 2012 pero programas de alimentación escolar han existido por décadas y los hay en más de un centenar de países en el mundo. No han estado exentos de problemas, hubo también denuncias por alimentos malogrados en el departamento de Áncash durante el gobierno de Fujimori y ha habido otros casos de niños afectados este milenio. Pero nunca al nivel de hoy. Con este gobierno la podredumbre llega al tope en la alimentación escolar como parte de una corrupción generalizada que rompe toda barrera moral. Porque si robarle al Estado significa que se afecta a todos los peruanos, el hecho de que se haga a costa de enfermar y hasta causar la muerte a niños y niñas es particularmente abominable. Es el extremo al que hemos llegado en estos tiempos: sicarios y bandas ametrallando buses con niños, policías que roban oro y luego de un tiempo regresan al servicio policial activo y vuelven a robar, y el gobernador regional de Ayacucho recibiendo más millones gracias a que le regaló un Rolex y otras joyas a la presidenta.

Pero el problema es mayor porque la acción social del Estado en su conjunto, que siempre fue insuficiente a la sombra de la tacañería neoliberal, hoy es absolutamente enclenque y carente de norte. En el primer año del cogobierno de Dina Boluarte con el Congreso aumentó el número de personas en pobreza en 596 mil. Esas fueron las cifras oficiales del INEI que intentaron ocultar. En Lima la pobreza entre 2019 y 2023 aumentó de 14 por ciento a 29 por ciento, así que en nuestra capital tenemos un millón y medio de pobres más que el 2019. En el resto de nuestras ciudades la pobreza es 10 puntos porcentuales más que el 2019, en costa, sierra y selva. Vivimos un empobrecimiento urbano creciente.

Durante la pandemia, con retrasos y carencias serias, se hicieron llegar ayudas económicas que el segundo semestre del 2021, con el bono Yanapay, alcanzaron al 81 por ciento de hogares pobres y al 77% de vulnerables. Pero luego todo se congeló. A pesar de que la pobreza se mantuvo alta el 2022, y volvió a aumentar el 2023, no hubo iniciativas sociales del gobierno.

Es un serio problema porque la pobreza no se debe a falta de voluntad de trabajar sino a la inexistencia de oportunidades, en especial para los jóvenes. La pobreza, la pérdida de esperanza de conseguir un buen empleo y un gobierno podrido son las causas sociales fundamentales de esta explosión de bandas criminales, sicariato y extorsión. Jóvenes y no tan jóvenes, prácticamente cerradas las vías del progreso económico, sin guía moral y con los gobernantes dando persistentemente el mal ejemplo de aprovecharse de su poder para beneficio personal, terminan atraídos por el camino del crimen y la violencia salvaje. Desde luego que la inoperancia de la policía y del sistema judicial, atravesados también por la corrupción, son buena parte del problema y es innegable también que las leyes procriminalidad de este congreso y su gobierno han agravado la situación de inseguridad. Eso hay que cambiarlo, pero además hay que darle oxígeno, esperanza y oportunidades a la juventud y a los peruanos empobrecidos.

El Perú necesita una nueva política económica orientada a crear empleos masivamente y programas potentes de lucha contra la pobreza urbana que abran opciones para los vulnerables y ayuden a reconstruir el tejido social en cada barrio. Tienen que basarse en un nuevo enfoque que, en vez de desconfiar y pasar por encima de las organizaciones sociales en los barrios, fortalezca ese tejido social para que se convierta en el primer nivel de defensa frente al hambre y la delincuencia. Deben trabajar en coordinación estrecha con un buen esfuerzo de inteligencia policial y de acción decidida contra las bandas criminales. Sólo así empezaremos a enfrentar seriamente la inseguridad ciudadana que nos agobia.

El reto es grande. No solo hay que sacar a toda la gusanería de la alimentación escolar y los programas sociales. Hay que tener mejores estrategias y otorgarle más fondos a una acción social orientada a darles oportunidades a la juventud y a las poblaciones vulnerables.

Fuente: Hildebrandt en sus trece, Ed 731 año 16, del 02/05/2025

https://www.hildebrandtensustrece.com/

https://www.leerydifundir.com/2025/05/peru-gobierno-podrido/

2 de mayo de 2025

La malnutrición no se debe únicamente a la pobreza monetaria

Jomo Kwame Sundaram

KUALA LUMPUR – El Banco Mundial estableció su umbral de pobreza de «un dólar al día», con base en sus datos de 1990. Pese a las numerosas dudas y críticas, sus cifras de pobreza disminuyeron hasta que comenzó la pandemia de covid-19 en 2020.

Medidas monetarias

El Banco se atribuyó el mérito de haber reducido la pobreza en las tres décadas anteriores a 2020, principalmente debido al rápido crecimiento de China. Pero las estimaciones oficiales de la pobreza en otros lugares han disminuido en general más lentamente, si es que lo han hecho.

La pobreza se ha considerado durante mucho tiempo en términos de desigualdad, ya que la gente se siente generalmente más pobre en comparación con los demás. Mientras tanto, las explicaciones de la pobreza difieren considerablemente, y muchos piden mejores medidas políticas.

Durante décadas, el Banco se negó a abordar la desigualdad, centrándose en cambio en la pobreza. Los esfuerzos por mejorar la medición de la pobreza se han visto impulsados durante mucho tiempo por la creencia de que la política para erradicarla no puede mejorarse sin estimarla mejor.

Se ha dado prioridad inevitablemente a la medición o estimación de los ingresos en efectivo. Pero centrarse en los ingresos monetarios plantea problemas. Las medidas monetarias de la pobreza pueden ser útiles, pero también engañosas. Por ejemplo, muchos niños de hogares urbanos con ingresos superiores al umbral de pobreza siguen desnutridos.

Sin embargo, los ingresos por encima de cualquier umbral de pobreza establecido arbitrariamente no garantizan necesariamente el bienestar. Esto ha generado interés en indicadores de pobreza distintos de los ingresos monetarios.

Esas críticas reflejan un fetichismo del dinero y la práctica generalizada de medir el bienestar y la pobreza en términos monetarios. Reconocer el valor de otros indicadores de pobreza ya no es objeto de controversia.

Dimensiones de la pobreza

Sin embargo, muchos siguen queriendo un único índice compuesto de pobreza multidimensional a pesar de sus conocidos problemas. Un cuadro de mando de varias dimensiones clave de la pobreza, en lugar de un único índice compuesto, ofrece información mucho más relevante para mejorar la formulación de políticas.

Conscientes de estos problemas y limitaciones, la Organización de Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE, de grandes economías) y los Estados miembros de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) no han aprobado los índices compuestos.

Tampoco han adoptado el trabajo pionero sobre índices compuestos del estadístico más influyente de ambos organismos.

Los índices compuestos, como el índice de desarrollo humano, solo han sido adoptados y utilizados por los fondos y programas de la ONU, que no requieren la aprobación o revisión de los Estados miembros.

En tanto, la reducción de la mortalidad infantil y materna ha representado más de 80 % de la mejora de la esperanza de vida en muchos países en desarrollo. Las reformas de bajo coste para embarazos y partos más seguros han ampliado significativamente la esperanza de vida media a bajo coste.

Seguridad alimentaria

La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) ha definido durante mucho tiempo los hogares con seguridad alimentaria como aquellos con ingresos suficientes para permitirse suficientes carbohidratos o energía dietética (normalmente medida en calorías o julios) para un estilo de vida sedentario.

A pesar de este bajo nivel y de sus problemas y limitaciones metodológicas, los hogares desnutridos o con «inseguridad alimentaria» han aumentado en todo el mundo desde 2014, creciendo durante años mientras que la estimación del Banco Mundial de hogares pobres siguió disminuyendo.

Según el Banco, el número de pobres en todo el mundo solo aumentó por primera vez desde la década de 1990 durante la pandemia, tanto en términos absolutos como relativos.

Esta discrepancia entre las tendencias multilaterales de pobreza y desnutrición ha desencadenado debates sobre la importancia de las diferentes medidas de bienestar y privación.

Diversas controversias y dudas sobre las cifras de pobreza del Banco han llevado a muchos a considerar la desnutrición como un mejor indicador de privación y falta de bienestar que la medida de pobreza.

Si bien las tendencias de la desigualdad de ingresos son discutibles y objeto de muchas disputas y controversias, las disparidades en todo el mundo han aumentado de nuevo en los últimos años.

Mientras tanto, los multimillonarios en dólares han proliferado en todo el mundo a medida que la desigualdad ha empeorado.

A medida que las desigualdades de ingresos y riqueza empeoran, también se han producido algunas convergencias, lo que ha provocado que ambas tendencias sean mixtas y desiguales.

Con el empobrecimiento rural extendiéndose por todo el mundo, la urbanización ha crecido al tiempo que se ha reducido la producción rural de alimentos para el consumo de subsistencia de los hogares.

Los hogares rurales solían producir alimentos para su propio consumo criando animales, cosechando frutas y verduras o incluso recolectando alimentos disponibles en las cercanías.

Sin embargo, las zonas urbanas ofrecen muchas menos oportunidades de producción y consumo de subsistencia. Los ingresos y gastos en efectivo determinan cada vez más el consumo de alimentos, incluida la alimentación personal.

La nutrición importa

Como el hombre no vive solo de pan («carbohidratos» , mejor dicho, energía dietética procedente de los carbohidratos), un enfoque más holístico requiere precisamente un enfoque más integral de la nutrición humana.

Las comparaciones del desarrollo físico de los hijos de los productores de alimentos y de los cultivadores comerciales sugieren que los ingresos económicos de los hogares no siempre han determinado el estado nutricional de muchos.

Los hijos de los productores de alimentos suelen estar mejor que los de los agricultores comerciales.

¿Por qué? Probablemente, los productores de alimentos son mucho más propensos a proporcionar una alimentación adecuada a sus familias, independientemente de los ingresos en efectivo.

Así, los hijos de los productores de alimentos satisfacen muchas de sus necesidades alimentarias sin comprarlas en el mercado. Por lo tanto, la presunción común de que unos ingresos en efectivo más elevados garantizan el bienestar, incluida la nutrición, es dudosa.

La malnutrición desafía nuestra comprensión del bienestar y sus complejos determinantes.

Muchas personas sufren ahora de malnutrición, no solo debido a la carencia de macro y micronutrientes, sino también a la creciente importancia de las enfermedades no transmisibles relacionadas con la dieta.

Al igual que con la obesidad y el sobrepeso, la incidencia de la diabetes ha aumentado con las nuevas preferencias de los consumidores.

Los ingresos, los medios de comunicación y otras influencias moldean cada vez más los estilos de vida con consecuencias significativas para la nutrición y la salud, muchas de las cuales son perversas.

Jomo Kwame Sundaram. Profesor de economía y antiguo secretario general adjunto de la ONU para el Desarrollo Económico.

T: MF / ED: EG

Fuente:
https://ipsnoticias.net/2025/03/la-malnutricion-no-se-debe-unicamente-a-la-pobreza-monetaria/

11 de abril de 2025

«En vez de guerrear unos con otros, deberíamos estar guerreando contra la pobreza y el cambio climático»

Ecología social

La ministra brasileña de Medio Ambiente, Marina Silva, sostiene que la guerra comercial de Trump «perjudica mucho» la cooperación internacional contra la crisis climática.

En lugar de estar guerreando unos con otros, deberíamos estar guerreando contra la pobreza, el cambio climático, la desertificación y la pérdida de biodiversidad, que es lo que está amenazando nuestras vidas y sistemas productivos». Son palabras de la ministra de Medio Ambiente de Brasil, Marina Silva, quien ha afirmado que la guerra comercial emprendida por el presidente estadounidense, Donald Trump, «perjudica mucho» la cooperación internacional contra la crisis climática.

La escalada de aranceles «deshilacha las relaciones» y «aleja la cooperación y la confianza entre los pueblos», ha valorado Silva en una rueda de prensa tras presidir una reunión ministerial de medio ambiente de los países que integran el foro BRICS, en Brasilia.

La dirigente, referente internacional en la defensa de la naturaleza, insistió en que la guerra comercial de Trump «no es buena para nadie», puede causar una recesión económica en EEUU y favorece «la ruptura del multilateralismo», algo «muy negativo» desde su punto de vista.

Además, cree que el cruce de impuestos aduaneros por parte de las grandes potencias económicas fomenta «situaciones de inseguridad» y provoca que recursos que podrían ser destinados a la financiación climática vayan a otras áreas, como la seguridad.

Frente a esto, reafirmó el papel de Brasil, que este año será el anfitrión de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP30), que se celebrará en noviembre en la ciudad amazónica de Belém, de «reforzar la solidaridad, la cooperación y el libre mercado».

La Administración de Donald Trump anunció el miércoles un arancel universal del 10% para 185 países y territorios, aunque para un grupo de países, como China, India y la Unión Europea (UE), elevó sustancialmente ese porcentaje.

En el caso de Brasil, que es la mayor economía de América Latina, dejó el mínimo global del 10%, que se sumará a los impuestos aduaneros que ya pesaban sobre algunos productos brasileños.

Fuente: https://climatica.coop/marina-silva-pobreza-y-el-cambio-climatico/

23 de febrero de 2025

Un mundo adicto al plástico

Aurora M. Alcojor

Cada año se producen unas 430 millones de toneladas de plástico, buena parte de ellas destinadas a productos de un solo uso que alimentan el sistema de ‘usar y tirar’ provocando enormes impactos medioambientales.

Hace ya unas décadas, la proliferación de diferentes tipos de plásticos comenzó a cambiar nuestras vidas. La aparición de este material trajo algunos beneficios tanto para las personas como para la industria, facilitando el acceso a numerosos productos. Sin embargo, su uso y abuso se ha convertido en un problema de ingentes dimensiones que ni Gobiernos ni organismos internacionales saben bien cómo abordar. En la actualidad se producen unas 430 millones de toneladas de plásticos al año, según Naciones Unidas, y se trata de un material que tarda entre cien y mil años en descomponerse, dependiendo de su composición química.

El problema es que los plásticos son la línea de flotación de un sistema que se basa en el usar y tirar y que tiene un impacto ambiental de primera magnitud. Ya sea en los desiertos más áridos, en las profundidades marinas o en el pico más alto del mundo; allí donde ha llegado el ser humano ha llegado el plástico, inundándolo todo en forma de bolsas, residuos o cualquier tipo de utensilio desechable.

El resultado se puede ver en las enormes islas de plástico que proliferan en los océanos, en los grandes vertederos al aire libre, en la acumulación de microplásticos y en los animales marinos que mueren ahogados al ingerir residuos plásticos. Se estima que cada año se vierten al océano al menos 1,5 millones de toneladas de plásticos —aunque otros estudios elevan la cifra hasta al menos 4,7—, ya sea directamente o a través de los ríos. Una vez llegan al mar, estos residuos se van descomponiendo en miles de trozos más pequeños que se canalizan a través de las mareas marinas y terminan provocando esas enormes concentraciones que llamamos “islas de plástico” y de las que se han identificado hasta siete. La mayor de ellas es la que se sitúa en el Pacífico y su tamaño es tres veces mayor que toda Francia.

Relación con la pobreza

Un estudio de WaterAid y otras organizaciones calculaba en 2019 que hasta un millón de personas  podrían morir al año en los países en desarrollo por vivir en zonas contaminadas. La relación de los plásticos con la pobreza es clave, pues en los territorios más empobrecidos se están produciendo dos fenómenos simultáneos. Por un lado, un brutal desembarco de plásticos en forma de productos vendidos en monodosis —desde bebidas alcohólicas a minúsculas bolsas de frutos secos—, lo que facilita la adquisición de los productos a quienes tienen un menor nivel económico. A la vez, esto provoca la generación de numerosas basuras en un entorno en el que no existen apenas servicios de recogida de residuos. Además, existe un inmenso circuito de comercio internacional, entre legal e ilegal, que no para de crecer —según señala la propia Interpol— por el cual los países más ricos, Europa incluida, envían sus residuos plásticos a otros lugares, como Turquía, donde ya se han registrado casos de trabajo infantil en el sector.

El problema es que los plásticos son la línea de flotación de un sistema que se basa en el usar y tirar y que tiene un impacto ambiental de primera magnitud

Todo esto provoca la acumulación de residuos en cualquier lugar, conformando basureros al aire libre que, o bien se perpetúan durante años, o terminan siendo incinerados, con el consiguiente peligro para la población y el medio ambiente. En ambos casos, el proceso supone la emisión de millones de toneladas de CO2 a la atmósfera, que se suman a las registradas por las industrias plástica y petroquímica. Según el informe Plastic & Climate: The Hidden Costs of a Plastic Planet, si ambas industrias continúan su trayectoria de crecimiento actual, para 2030 sus emisiones alcanzarán las 1,34 gigatoneladas por año, lo que equivale a más de 295 plantas de carbón de 500 megavatios.

Mientras, a pesar de algunas prohibiciones, tanto en Europa como en España los plásticos de un solo uso siguen formando parte del día a día en forma de recipientes (vasos, tapas, tápers para llevar), bolsas y envoltorios de todo tipo, cada vez más demandados por el comercio a domicilio. El problema, sin embargo, es que no se reduce su uso sino que, simplemente, se van sustituyendo —muy poco a poco—, por otros materiales que, si bien pueden ser más aceptables para el medio ambiente, siguen suponiendo un enorme problema de gestión de residuos.  

La magnitud del problema es tal que, en febrero de 2022, Naciones Unidas comenzó un proceso para poner en marcha un tratado internacional —que en principio debía ser de carácter vinculante— para reducir la contaminación por plásticos. El último de los encuentros de este proceso tuvo lugar a principios de diciembre en Busan (República de Corea). Lamentablemente, entre presiones de la industria y de diferentes Gobiernos, acabó en fracaso. El Tratado Global de Plásticos tendrá que esperar.

Fuente: https://www.elsaltodiario.com/carro-de-combate/mundo-adicto-plastico

16 de noviembre de 2024

Perú: ¿Cómo viven los peruanos la desigualdad?

Luis Pásara

Con resignación, que es sorprendentemente mayor entre los más pobres.

En el mundo se vive en las últimas décadas una creciente desigualdad; el Banco Mundial denominó a 2023 como “el año de la desigualdad”. Cada vez es mayor la porción de renta y patrimonio que se concentra en pocas manos, dejando una parte menor a la mayoría, en la que se incluye un enorme bolsón de pobreza. “Más de dos tercios de la población mundial vive en países donde la desigualdad ha crecido”, según informara Naciones Unidas. Pero, esta situación, que es comprobable en los datos, ¿cómo se vive por quienes son afectados por ese proceso? Una reciente encuesta del Instituto de Estudios Peruanos y OXFAM ha buscado respuestas entre los peruanos, con una muestra de 1508 entrevistas en todo el país.

Perú es el cuarto país más desigual del mundo, según un análisis disponible. La encuesta IEP-OXFAM (en adelante, la encuesta) encontró que la mitad de los entrevistados (51%) estimaron que el país es económicamente muy desigual. Paralelamente, una cuarta parte de encuestados (27%) creían que es “poco desigual” y 7% respondieron que ¡es “nada desigual”! Y fue entre los más pobres donde se encontró la mayor parte de esta última respuesta.

Cuando se pidió una cualificación de las distancias económicas, algo más de la mitad de los entrevistados (56%) afirmó que “las diferencias de ingresos entre ricos y pobres son demasiado grandes”. En sentido contrario se pronunció uno de cada cuatro encuestados (27%). Cuando se examina las respuestas según estratos sociales, se encuentra que la percepción de tales diferencias como excesivas es mayor en el estrato más alto (69%) que en el estrato más bajo (48%). O, dicho de otra manera, que quienes piensan que las diferencias entre ricos y pobres no son demasiado grandes, sorprendentemente, se hallan más en el estrato más bajo (33%) que en el estrato más alto (15%).

Una pobreza aceptada

El Perú es un país donde según el Banco Mundial “siete de cada diez peruanos son pobres o vulnerables de caer en la pobreza”; en concordancia, la encuesta encontró que más de la mitad de los entrevistados (54%) declararon que sus ingresos no les alcanzaban, mientras a 14% les alcanzaban y podían ahorrar. No obstante, la mitad de los encuestados creía que “En el Perú una persona pobre que trabaja duro puede llegar a ser rica”, 38% sostuvo que “En el Perú todos tienen iguales oportunidades para salir de la pobreza” y un porcentaje casi igual (37%) pensaba que “Las personas pobres son pobres porque desaprovechan las oportunidades”. Ninguna de estas tres respuestas fue rechazada por la mayoría de los encuestados.

Algunas precisiones sobre las respuestas a la afirmación “En el Perú una persona pobre que trabaja duro puede llegar a ser rica” que, como se indicó, obtuvo 50% de respaldo, con porcentajes aproximadamente iguales en todos los estratos sociales. Se encontró porcentajes algo más altos de acuerdo entre los encuestados de 18 a 24 años (58%), los auto-identificados como “blancos” (57%) y quienes se situaron políticamente en la derecha (59%).

Varias respuestas apuntan a cierta conformidad con diversas formas de desigualdad. Lo demuestra la “gravedad” otorgada a algunas desigualdades. Cuando se mira a los datos según estratos, se encuentra que la desigualdad entre ricos y pobres recibe la calificación de menor gravedad en los estratos más pobres. Por otra parte, la desigualdad entre hombres y mujeres fue considerada “grave” por uno de cada cuatro encuestados (24%), pero 30% la estimaron “poco grave” y 17% “nada grave”. En suma, para casi la mitad (47%) no existe un problema importante en esta desigualdad. Y en un país que muchos trabajos señalan como racista, la desigualdad entre gentes blancas y no blancas fue considerada como “grave” por 23%, al tiempo que 22% la estimaron “poco grave” y 31%, “nada grave”; esto es, para más de la mitad de encuestados (53%) tampoco en esta desigualdad hay un problema de envergadura.

En cuanto a la desigualdad en el acceso al trabajo y los servicios, la encuesta encontró diferencias de interés. Calificaron como “muy desigual” el acceso al trabajo 52.4% de las respuestas. El acceso a la justicia recibió el porcentaje más alto de respuestas indicativas de desigualdad: 75.5%, mientras que el acceso a la educación obtuvo 52.7% de señalamientos de desigualdad. Sorprende que, en el país que tuvo el mayor número de fallecidos por habitante en el mundo, no superaran los dos tercios de encuestados (66.3%) quienes señalaran que el acceso a la salud es muy desigual. Conforme acaba de puntualizar un informe reciente de Amnistía Internacional —“Derecho a la salud, privilegio de pocos”—, una insuficiente infraestructura pública provee un servicio carente de calidad y resultados discriminatorios.

Resulta interesante cuál es el factor que, según los encuestados, es el que más importa “para tener una buena posición en el Perú”. La respuesta más escogida fue: “tener una buena educación” (67%), supuesto que replica aquella vieja idea de “quien estudia triunfa” y que parece estar hecha a prueba de una realidad conocida: la falta de empleo con la que en el país tropiezan incluso quienes tienen formación profesional.

Mirando al futuro, la encuesta interrogó: ¿Cómo cree que será la situación económica de sus hijos menores cuando sean adultos? Las expectativas de mejora se revelaron altas: “mejor” obtuvo 81% en las respuestas. La opción “peor” sumó 13% en los estratos más bajos.

Cierta lucidez pero mucha resignación


Los datos revelan la preeminencia de una versión ideologizada sobre una realidad en la que las desigualdades son notorias. Es claro que la resignación tiene cierto peso entre los pobres. Ellos parecen asumir culpa por su situación, esto es, que no salen de la pobreza porque no se esfuerzan, pudiendo hacerlo. Nada más lejos de un ambiente propicio para una revolución o, aún menos, un estallido social. La visión del “emprendedurismo” parece haber desactivado la amenaza al orden social que, según se creyó en otros tiempos, la pobreza constituía.

Esa prevalencia de cierto conformismo entre los encuestados fue denominado en la encuesta como “tolerancia frente a la desigualdad”. A la pregunta ¿Hasta qué punto es aceptable la desigualdad en el Perú?, la mitad (51%) la consideraron “inaceptable” y, del otro lado, 30% dijeron encontrarla “aceptable”, mientras el resto prefirieron no escoger entre una y otra opción. El rechazo a la desigualdad fue mayor (61%) en el estrato más alto y menor (48%) en el más bajo.

Interesa notar que esa “tolerancia” no ignora la desigualdad en el poder. La opción “Los ricos tienen demasiada influencia en las decisiones que afectan al país” fue escogida por dos tercios de los encuestados (67%) y, en conjunto, 90% de los encuestados afirmaron que el país “Está gobernado por unos cuantos grupos poderosos en su propio beneficio”. ¿La salida? 31% sostuvo que para “tener un país más igualitario”, es preciso “un Estado más justo”. Otras respuestas obtuvieron porcentajes menores. Complementariamente se apuntó que una mayor recaudación tributaria debería servir para destinar principalmente los mayores ingresos a educación (32%) y salud (28%).

En la dramática pobreza que caracteriza al país, según diversas mediciones creíbles, no parece haber signos de aquella rebeldía imaginada, por ejemplo, por el “presidente Gonzalo”, quien proclamara “la rebelión se justifica”, como le inspiraba el evangelio maoísta. Los peruanos de hoy no participan de esa tesis y probablemente allí resida uno de los factores que explican por qué los movimientos subversivos fueron derrotados. Entre los más pobres la esperanza se deposita en el propio esfuerzo y, en cierta medida, en el improbable apoyo de un Estado que, sin lugar a dudas, hoy más que antes, es ineficaz y cuya actuación se halla permeada por la corrupción.

https://luispasara.lamula.pe/2024/11/13/como-viven-los-peruanos-la-desigualdad/luispasarapazos/

4 de noviembre de 2024

Cómo no medir la pobreza

Prabhat Patnaik

Varias organizaciones internacionales se dedican ahora a medir lo que denominan la «pobreza». El Banco Mundial lo hace desde hace tiempo, pero ahora tenemos una nueva forma de medir la «pobreza multidimensional» elaborada por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y la Iniciativa de Pobreza y Desarrollo Humano de Oxford (OPHI, por sus siglas en inglés). Sin embargo, ninguna de ellas miden en realidad la pobreza, sino que por lo general acaban «embelleciendo» el capitalismo neoliberal. De hecho, la proporción de población mundial que, según cálculos del Banco Mundial, vive en una «pobreza extrema» (esto es, por debajo de un gasto diario per capita de 1,90 dólares al tipo de cambio de paridad del poder adquisitivo de 2011) ha disminuido desde un 30% a finales de la década de 1990 a menos de un 10% en 2022, lo que sugiere que bajo el capitalismo neoliberal «se ha sacado de la pobreza a millones de personas». Veamos por qué esta tan citado cómputo del Banco Mundial es erróneo conceptualmente.

La forma de medir del Banco Mundial tiene tres problemas básicos: en primer lugar, no hace referencia a la situación de los activos de una persona, sino únicamente a su situación respecto a sus ingresos; en segundo lugar, toma el gasto como sustituto de los ingresos; y en tercer lugar, para medir el gasto real utiliza un índice de precios que calcula muy a la baja el aumento real del coste de la vida. Por tanto, las cifras que obtienen son enormemente erróneas. Examinemos cada uno de estos puntos.

Cualquier medición coherente de la pobreza debe tener una dimensión de «flujo» que cubra, por ejemplo, los ingresos, y una dimensión de «reserva» que cubra la propiedad de activos. Ambas dimensiones son importantes. Por ejemplo, si unas personas tienen los mismos ingresos reales entre dos fechas, pero han perdido todos sus activos en una fecha posterior, sería un engaño no considerar que se han empobrecido. Sin embargo, la forma de medir del Banco Mundial no hace referencia a la situación de los activos de las personas, lo cual es una omisión particularmente mayúscula bajo el capitalismo neoliberal, cuando es rampante el proceso de acumulación primitiva del capital, es decir, de la desposesión de las personas de sus activos. Es tremendamente irónico afirmar que «se ha sacado de la pobreza a millones de personas» cuando se produce una desposesión desenfrenada.

En segundo lugar, esta forma de medir ni siquiera incluye los ingresos reales, ya que la mayoría de los países, incluida India, no disponen de datos sobre los ingresos; además, los «ingresos» es una entidad compleja conceptualmente, de modo que, en general, se toma el gasto, sobre el que es más fácil disponer de datos y es una entidad conceptualmente más simple, como sustituto de los ingresos.

Pero esto hace que sea aún más imperdonable ignorar la situación de los activos netos de una persona. Incluso cuando disminuyen los ingresos de las personas, pueden mantener el nivel de gastos anterior reduciendo sus activos o pidiendo prestado. Sería absurdo concluir de ello que las personas concernidas no se han empobrecido porque sus gastos no han cambiado: de hecho, tanto en términos de flujo, es decir, ingresos, como en términos de reservas, es decir, activos netos, es indudable que estas personas se han empobrecido, pero la medida basada en los gastos mostraría que estas personas se encuentran en el mismo nivel que antes.

En tercer lugar, incluso en países como India, sobre los que disponemos de datos sobre el gasto monetario de los hogares gracias a minuciosas encuestas por muestreo realizadas periódicamente, la medición del gasto real es enormemente errónea, ya que el índice de precios utilizado para deflactar este gasto nominal calcula muy a la baja el aumento real del coste de la vida. El índice de precios utilizado es una media ponderada de los precios relativos individuales de un grupo de productos básicos que se consumen en el año base, lo cual es erróneo, porque se producen cambios importantes en la composición de la cesta de consumo tras el año base debido a la no disponibilidad de bienes del año base; no se reconocen los efectos de dichos cambios.

Por ejemplo, bajo el neoliberalismo la privatización de una serie de servicios, como la educación y la sanidad, que antes prestaban instituciones públicas, es un fenómeno común que eleva enormemente lo que estos servicios cuestan a la población; pero el índice de precios no lo refleja. Por ejemplo, si una operación quirúrgica en un hospital público que costaba 1.000 rupias en el año base ahora cuesta 2.000 rupias, el índice de precios considerará que los costes sanitarios se han duplicado, pero el índice de precios no refleja el hecho de que la cantidad de operaciones quirúrgicas realizadas en el hospital público no ha variado o incluso ha disminuido, por lo que la población se ve obligada a acudir a hospitales privados, donde la misma intervención cuesta 10.000 rupias. En resumen, el coste de la vida real ha aumentado mucho más de lo que muestra el índice de precios que se utiliza para deflactar el gasto nominal y obtener el gasto «real». Por consiguiente, la deflación por medio del índice de precios oficial exagera la mejora del nivel de vida de la población y, por tanto, calcula muy a la baja la pobreza.

Cuando el aumento del coste de la vida hace difícil llegar a fin de mes, la población se adapta al menos de dos formas distintas: en primer lugar, reduciendo sus activos o aumentando su deuda y, en segundo lugar, cambiando su forma de consumo de modo que se da prioridad a los artículos considerados «esenciales» sobre otros artículos considerados menos esenciales. El aumento del coste de la atención sanitaria o de las necesidades educativas de las y los niños ha provocado ambos ajustes en India: ha habido un importante empeoramiento de la posición de los activos netos de los hogares indios, sobre todo en las zonas rurales; y también se ha reducido la ingesta nutricional de los hogares en la creencia (errónea) de que ahorrar en la ingesta no tiene demasiada importancia.

Al comparar el Estudio sobre Deuda e Inversión en Toda India de 2019 (que ofrece información hasta finales de junio de 2018) con el Estudio sobre Deuda e Inversión Rural en Toda India (AIRDIS, por sus siglas en inglés) de 2013 (que ofrece información hasta finales de junio de 2012), se comprueba lo siguiente (todas las comparaciones son de cifras «reales» frente a nominales, que han sido deflactadas por el índice de precios al por mayor): primero, un 11% más de hogares rurales estaban endeudados en esta última fecha; segundo, el importe medio de la deuda por hogar rural endeudado aumentó un 43% en esta última fecha; tercero, el valor medio de los activos por hogar cultivador disminuyó un 33% entre ambas fechas y en el caso de los hogares no cultivadores, un 1%.

La situación es muy similar en la India urbana. Hubo un descenso del valor medio de los activos por hogar (29% para los hogares con empleos autónomos y 3% para los demás); y mientras que el porcentaje de hogares endeudados se mantuvo más o menos igual que antes, el importe medio de la deuda por hogar endeudado aumentó un 24% entre ambas fechas. En otras palabras, es indudable que en la mayoría de los hogares indios han disminuido considerablemente los activos netos.

También se ha producido el segundo tipo de ajuste. La proporción de la población rural que no tiene acceso a 2.200 calorías por persona y día aumentó del 58% al 68% entre 1993-94 y 2011-12; la proporción en la India urbana que no tiene acceso a 2.100 calorías (el punto de referencia correspondiente utilizado por la antigua Comisión de Planificación) aumentó del 57% al 65% entre ambas fechas. Los resultados de 2017-18 de la Encuesta Nacional por Muestreo fueron tan desalentadores (puesto que mostraban un descenso del gasto real en todos los bienes y servicios) que el gobierno de la Alianza Nacional Democrática los retiró rápidamente del dominio público. A partir de cualquier dato disponible antes de que lo retiraran (y suponiendo que el coste real de los alimentos por unidad de nutrientes se había mantenido sin cambios) resulta que, mientras que el porcentaje urbano era más o menos el mismo que en 2011-12, el porcentaje rural había aumentado a bastante más del 80% (tomamos estas cifras del libro sobre la pobreza de Utsa Patnaik, que se publicará próximamente).

En contraste con esta desoladora realidad, la forma de medir la «pobreza extrema» del Banco Mundial que, como ya hemos mencionado, toma como definición un gasto diario inferior a 1,90 dólares (al tipo de cambio de paridad del poder adquisitivo de 2011), muestra un descenso en el caso de India de alrededor desde el 12% en 2011-12 (un cálculo muy a la baja) a solo el 2% en 2022-23; por otra parte, el criterio del Banco Mundial de 1,90 dólares implica un umbral de pobreza en rupias de alrededor de 53 rupias al día para cubrir todos los gastos. El criterio del Banco Mundial proviene de la media realizada por varios gobiernos de países pobres (siempre bajo la dirección del Banco) en su cálculo del umbral de pobreza; no es una medida aparte calculada de forma independiente. Adolece de exactamente los mismos defectos (como calcular a la baja el aumento del coste de la vida en el índice de precios utilizado para deflactar el gasto nominal) de los que adolecen los cálculos oficiales de la pobreza de estos países. En efecto, el Banco Mundial da el visto bueno a la propaganda de varios gobiernos del tercer mundo acerca de cómo han reducido o eliminado la pobreza.

Por consiguiente, toda la palabrería acerca de que «se ha sacado a millones de personas de la pobreza» no es sino una broma cruel. Por desgracia, es probable que en los próximos días oigamos más palabrería de este tipo cuando los países empiecen a rivalizar entre sí para demostrar que han cumplido los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) establecidos por las Naciones Unidas.

Texto original: https://peoplesdemocracy.in/2024/1020_pd/how-not-measure-poverty

Traducido del inglés para Rebelión por Beatriz Morales Bastos

19 de agosto de 2024

Cuando los multimillonarios bromean y el planeta arde

Alberto Garzón Espinosa


No debemos engañarnos: aquí hay mucho de darwinismo social, es decir, una forma de entender el mundo en la que hay gente que, si sobrara, no pasaría nada

El verano de 2023 dejó una huella trágica en Europa: casi 50.000 vidas perdidas debido a las altas temperaturas, con España lamentando 8.352 fallecimientos, en su mayoría mujeres. Estas cifras alarmantes, reveladas por un estudio del Instituto de Salud Global de Barcelona, apenas causaron revuelo en los medios y las redes sociales. Mientras tanto, una conversación frívola entre dos magnates excéntricos, Donald Trump y Elon Musk, acaparaba la atención pública.

Trump, conocido negacionista del cambio climático, del que llegó a decir que era una ‘gran mentira’, y Musk, supuesto defensor de energías limpias, compartieron comentarios absolutamente irresponsables sobre la crisis ecológica. Afirmaron, entre otras cosas, que aún hay mucho tiempo para reducir el uso de combustibles fósiles (hasta varios cientos de años) e incluso sugirieron que el aumento del nivel del mar podría ser beneficioso porque crearía nuevas propiedades costeras. Algunos expertos definieron este evento como ‘la conversación climática más tonta de la historia’.

En realidad, ambos fenómenos están conectados. Trump y Musk ven el cambio climático a través de sus propias gafas de ricachones hombres blancos. Su declarada ignorancia sobre la cuestión medioambiental, y su falta de pudor al exhibirla ante millones de espectadores, no debe ser interpretada como un signo de estupidez. Los ingenuos seríamos nosotros si pensáramos que compartimos enfoque sobre los problemas que enfrenta nuestro planeta compartido. Ellos sólo manifiestan preocupación cuando algo les afecta a sus negocios, y no parece que las olas de calor sean un problema al que vayan a prestarle atención.

En lo que va de año se han superado 19 récords nacionales de calor, y hasta 130 récords mensuales. El último informe del IPCC sobre Europa subraya que el cambio climático está intensificando y prolongando los fenómenos climáticos extremos, incluyendo las olas de calor, las inundaciones y las sequías. Con una temperatura media global ya 1,1°C por encima de los niveles preindustriales, nos acercamos peligrosamente al límite de 1,5°C establecido en los acuerdos internacionales. El informe incluso contempla un escenario catastrófico de 3°C, que triplicaría las muertes y reduciría drásticamente las horas de confort térmico en el sur de Europa.

Sin embargo, no es sólo un tema de proyecciones. El cambio climático ya está afectando gravemente al equilibrio de los ecosistemas, los sistemas alimentarios, la disponibilidad de agua, la salud pública y, en general, a la gente común. Pero como siempre, esa es la primera lectura que suele hacerse sobre el cambio climático. Una lectura alternativa, también señalada en el informe citado, es que estos efectos son asimétricos y que están desigualmente distribuidos por clase social y regiones. Así, en el caso de Europa las consecuencias más negativas recaen en el Sur, mientras que en algunos casos específicos (como el rendimiento de ciertos cultivos) incluso el Norte podría encontrar algún beneficio.

Lo mismo ocurre con la clase social. Las familias más pobres tienen mucha menor capacidad para adaptarse e incluso recuperarse de los impactos del cambio climático. Mientras Musk y Trump pueden frivolizar sobre los derechos de propiedad en las costas, millones de familias trabajadoras de todo el mundo perderán sus viviendas en los próximos años como consecuencia de temporales, inundaciones o la elevación del nivel del mar. Y mientras Musk y Trump pueden y podrán pagar la energía para encender el aire acondicionado mientras se refrescan con agua embotellada, millones de familias de todo el mundo tienen que sufrir las altas temperaturas en contextos de escasez de agua corriente. Para los multimillonarios lunáticos, 50.000 personas fallecidas por las olas de calor en Europa son sólo cifras insignificantes.

Pero quizás no haya que irse tan lejos para ver replicados esos mismos comportamientos. El informe del IPCC también reconoce que las políticas de adaptación por parte de los gobiernos están siendo claramente insuficientes en su escala, profundidad y velocidad. No hablamos aquí de la lucha contra el cambio climático, un reto aún más grande, sino solamente de la adaptación a los cambios que son ya irreversibles. En este punto, las opciones disponibles son muy bien conocidas e incluyen el cambio de hábitos de consumo, intervenciones de eficiencia energética en infraestructuras, refugios climáticos, planeamiento urbano basado en la recuperación natural (más árboles, menos coches), recuperación y restauración de los ecosistemas, mejoras de eficiencia en los sistemas productivos, ciclos cortos de producción y consumo, etc…

Uno pensaría que, ante la urgencia de la situación, los gobiernos estarían dedicando todas sus energías, tiempo y presupuesto a desplegar estas políticas, que no en todos los casos son de aplicación inmediata. Sin embargo, si revisamos las políticas que llevan a cabo, pongamos, por ejemplo, los gobiernos de la Comunidad y el ayuntamiento de Madrid, nos tendremos que llevar las manos a la cabeza. Estamos gobernados por gentes que conducen a contramano de la ciencia y el conocimiento. Pero de nuevo, no es tampoco una cuestión de estupidez. El mensaje implícito en la actitud de estos gobiernos es el mismo que el de la conversación entre Musk y Trump: sálvese quien pueda. Por eso no debemos engañarnos: aquí hay mucho de darwinismo social, es decir, una forma de entender el mundo en la que hay gente que, si sobrara, no pasaría nada.

La crisis climática no es un problema abstracto del futuro, sino una realidad brutal que ya está cobrando vidas. Y esto lo sabe todo el mundo. La diferencia es que a muchos nos importa y nos da miedo, mientras que a otros les da igual e incluso lo ven como una oportunidad. Pero lo cierto es que cada grado que aumenta la temperatura global es una sentencia de muerte para los más vulnerables. Y aquí la pregunta que tenemos que hacernos no es ‘hacia dónde vamos’ sino ‘por qué llevan ellos el timón’.

@agarzon

Fuente: https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/multimillonarios-bromean-planeta-arde_129_11589392.html

9 de julio de 2024

Perú: Anemia y obesidad a la vez

Pedro Francke

Un problema grande en nuestro país es la malnutrición. Tenemos lo que podría pensarse son extremos: la anemia por déficit de hierro y la obesidad por exceso de peso. La primera hoy afecta al 43 por ciento de los niños y niñas entre 6 y 36 meses, edad en la que sus efectos sobre el desarrollo infantil son impactantes. Al mismo tiempo, 65 por ciento de mujeres entre 15 y 49 años, y un porcentaje ligeramente inferior de varones, tiene exceso de peso, generando múltiples riesgos a la salud. No se trata de asuntos meramente individuales o familiares: tienen un sustento económico y son problemas sociales y masivos, de carácter público.

Ambos van en aumento. Este gobierno del congreso derechista y su Dina con Rolex ha añadido unos siete mil infantes con anemia sólo en su primer año. Esta insuficiencia es más prevaleciente entre los seis y dieciocho meses de edad, cuando afecta a más del 60 por ciento de nuestros niños. Entre las mujeres de 15 a 49 años la anemia es 23 por ciento, habiendo subido dos puntos con este gobierno, según los datos oficiales del INEI.

La respuesta del gobierno actual a esta epidemia ha sido nula. Cero. Nada. Un recordatorio rápido de que el ministro de salud ha sido puesto en el cargo por César Acuña: se trata de un militante de su partido APP que antes fue candidato al gobierno regional de Cajamarca y perdió. En el MIDIS, el otro ministerio clave en este asunto, tampoco atan ni desatan al respecto: el puesto lo tiene uno de los hombres de confianza de Dina Boluarte. Desde hace varios años se ha buscado enfrentar la anemia entregando micronutrientes en polvo y sulfato ferroso para los niños, sin mayor eficacia. Un par de investigaciones econométricas que hice hace unos años muestran que hay un serio problema porque, además de que hay niños que no alcanzan a ir al centro de salud luego de su primer año de vida, a muchos de los que sí van y reciben los productos nutricionales no los toman con la continuidad y tiempo requerido (todos los días por doce meses), en parte porque les generan algunos efectos adversos como estreñimiento o les da mal gusto a la comida. Otro estudio que hice con unos colegas mostró que el programa Qali Warma para escolares, en el cual se entrega productos industrializados y no se confía en las madres para que preparen los alimentos, tampoco ha tenido eficacia en reducir la anemia.

Hace falta otra aproximación al tema. No se puede seguir haciendo lo mismo que no funciona. En el corazón del problema está una mala atención de salud primaria que no se relaciona bien con madres, familias y comunidades. Además de una reforma que refuerce este sistema, una alternativa complementaria es el fortalecimiento con hierro de productos de consumo masivo, tal como se hace en la sal con el yodo. Recién se ha aprobado que se ponga hierro al arroz, pero sólo es obligatorio para los programas sociales, lo cual tendrá muy poco alcance. En otras experiencias, en Perú y a nivel mundial, fortalecer alimentos con micronutrientes es eficaz cuando se hace de manera universal, algo clave sobre todo cuando la anemia está tan extendida como en nuestro país.

EXCESO DE PESO

Por otro lado, tenemos el exceso de peso y la obesidad. Esta es una epidemia mundial, particularmente en occidente, y en la que otros países americanos tienen situaciones particularmente graves, como México y Estados Unidos. El Perú también está muy mal a este respecto. Por si acaso, usted puede chequearse fácilmente: se mide a través de lo que se llama el “índice de masa corporal”, que es igual a su peso dividido entre su talla en metros elevada al cuadrado; si le sale encima de 25 la persona tiene sobrepeso, encima de 30 sufre de obesidad. La proporción de peruanos con exceso de peso viene aumentando al ritmo de un punto porcentual por año, de manera sostenida. Estamos cada vez peor. Preocupa en especial que ese aumento afecta igualmente a los adolescentes de 15 a 19 años y los jóvenes de 20 a 29 años, y se da tanto en la costa como en la selva y en la sierra. La obesidad es mayor entre las personas con educación superior, lo que muestra que esos estudios no están ayudando en este caso. Incluso entre niños y niñas de 6 a 13 años, el exceso de peso está en niveles “muy altos” en nuestro país de acuerdo a los estándares internacionales. ¿El gobierno está haciendo algo por promover alimentación saludable en los colegios en vez de que sigan expendiéndose dulces y gaseosas? No, nadie se hace cargo aunque hay una ley que lo establece.

Los efectos de la obesidad son mortales, y esto no es broma. El exceso de peso causa en el Perú el 38 por ciento de las muertes por falla renal, más de la mitad de la mortalidad por diabetes y un sexto de las muertes causadas por problemas cardíacos. El exceso de peso además agrava la probabilidad de sufrir cáncer, Alzheimer y lumbalgias. A medida que va aumentando el número de peruanos con obesidad, es obvio que todos esos serios problemas de salud se van a multiplicar. Si eso ya es muy malo, resulta peor cuando confrontamos esa realidad con un sistema de salud que en el Perú está totalmente desbordado por la falta de médicos, profesionales y equipos, generando enormes colas y tiempos de espera para las enfermedades crónicas en general, y dejando sin atención incluso en casos graves y de emergencia. Tenemos unos llamados “seguros” que son completamente inseguros. Un reciente informe de Salud con Lupa revela que “pacientes con cáncer, diabetes e hipertensión, además de personas que viven con VIH, ya padecen los efectos de la más grave crisis del Cenares, la central de compras de medicamentos esenciales del Minsa. El presupuesto de S/ 250 millones para este año lo usó para pagar deudas y no hizo el 97% de las adquisiciones. Hasta la fecha, se han reportado problemas de stock de al menos 120 tipos de medicinas”. He ahí la gestión de APP de César Acuña en el ministerio de salud. En EsSalud, este congreso ha aprobado que los trabajadores asegurados subsidiemos con más de 300 millones de soles anuales a los grandes agroexportadores, permitiéndoles una rebaja sustancial de sus contribuciones, muy por debajo de los fondos mínimos indispensables para atender a sus trabajadores.

Necesitamos una estrategia de nutrición y alimentación saludable que regule el mercado de “comida chatarra” eficientemente, mejore la atención primaria de la salud con consejerías y suplementos vitamínicos adecuados a la realidad de nuestras familias, eduque en nutrición sobre esa base y mejore el acceso a productos de mayor calidad alimenticia. Seguir bajo el paradigma neoliberal de la “libertad empresarial” y un fisco sin fondos que abandona la salud pública es dejar que la epidemia de las enfermedades crónicas siga avanzando con un alto costo en cuanto a calidad de vida y muertes de peruanas y peruanos.

Fuente: Hildebrandt en sus trece, Ed 693 año 14, del 05/07/2024

https://www.hildebrandtensustrece.com/

3 de julio de 2024

La creencia generalizada de que el crecimiento económico resolverá la pobreza es errónea y peligrosa

ONU Noticias


Esa creencia ha llevado al mundo al borde colapso climático y la creación de una pequeña élite con una fortuna escandalosa mientras cientos de millones de pobres viven en la miseria. El modelo económico debe evolucionar a un sistema basado en los derechos humanos, donde las personas puedan llevar una vida digna en un planeta habitable El relator pide que Inditex y H&M suban los salarios en Bangladesh.

El relator especial* sobre la extrema pobreza y derechos humanos de la ONU, Olivier De Schutter**, aboga por una reflexión sobre la lucha contra la pobreza mundial y asegura que los gobiernos deben acabar con la peligrosa fijación en el crecimiento del Producto Interior Bruto (PIB) como vía para erradicarla, ya que es errónea y lleva al mundo por un camino peligroso.

"Durante décadas hemos seguido la misma y manida receta: primero hacer crecer la economía y luego utilizar la riqueza para combatir la pobreza. Esto ha servido un plato intragable: un mundo al borde del colapso climático en el que una pequeña élite posee una fortuna escandalosa mientras cientos de millones de personas se despiertan cada día con los horrores de la pobreza extrema", declaró De Schutter al presentar su informe anual al Consejo de Derechos Humanos de la ONU.

En el documento, De Schutter documenta la destrucción medioambiental y la desigualdad extrema causadas por el pensamiento político y económico dominante.

Una economía basada en los derechos humanos

El relator insta a los gobiernos y a las organizaciones internacionales a cambiar de rumbo, abandonando el uso del producto interior bruto (PIB) como medida de progreso y priorizando en cambio los derechos humanos y el bienestar en sus decisiones económicas.

“Nuestra fijación con el crecimiento es corta de miras y sólo está haciendo más ricos a los ricos mientras devasta los sistemas que sostienen la vida en el mundo”, dijo De Schutter.

"El PIB y nuestra adicción al consumismo se han convertido en peligrosas distracciones de lo que es realmente importante: la capacidad de las personas para llevar una vida digna en un planeta habitable. Eso significa garantizar un conjunto de derechos fundamentales para todos, incluido el acceso a los servicios sociales y el derecho a un medio ambiente limpio, sano y sostenible", añadió.

El informe de De Schutter expone cómo el crecimiento económico en el Sur Global ha fracasado a la hora de sacar a millones de personas de la pobreza. En un mundo moldeado por el colonialismo, la creación de riqueza en los países de renta baja depende en gran medida de la explotación de una mano de obra barata y de la extracción de recursos naturales, a menudo para producir bienes para el Norte Global y pagar la deuda externa.   

“Incluso en los países de renta baja, donde el crecimiento sigue siendo necesario y debe apoyarse, el desarrollo no debe equipararse a un aumento del PIB, sino a un mayor bienestar social y ecológico”, afirma el relator especial.

Servicios públicos y protección social

El informe pide un replanteamiento urgente de la lucha contra la pobreza, abogando por un cambio rápido hacia una economía que dirija los recursos hacia los servicios públicos y la protección social.

Pide la reestructuración y condonación de la deuda y la financiación de servicios públicos universales mediante impuestos progresivos sobre la herencia, la riqueza y el carbono, así como una mayor cooperación internacional contra la evasión fiscal.

“Nuestra fe ciega en el crecimiento económico es una camisa de fuerza para nuestra imaginación, y la lucha contra la pobreza ha sufrido mucho como consecuencia de ello”, dijo De Schutter.

"Sin embargo, hay medidas concretas que pueden tomarse ahora y que nos devolverán al buen camino. Rechazar el PIB como indicador de progreso, garantizar puestos de trabajo respaldados por el gobierno, valorar mejor el trabajo doméstico y de cuidados no remunerado, establecer salarios mínimos, poner un tope a la riqueza generada por industrias destructivas... éstas son las políticas que realmente pueden beneficiar al planeta y a sus habitantes", explicó.

No criminalizar la pobreza

De Shutter, junto con Balakrishnan Rajagopal, relator especial sobre el derecho a una vivienda adecuada, han emitido otro contundente informe destacando la necesidad urgente de despenalizar la falta de vivienda y la pobreza.

El estudio, basado en más de 130 contribuciones de gobiernos, instituciones de derechos humanos y organizaciones de la sociedad civil, revela un panorama preocupante de criminalización de personas sin hogar y en situación de pobreza.

El informe resalta que hombres, mujeres y niños en situación de calle enfrentan penas, multas y sanciones por actividades básicas como dormir, lavarse, cocinar, comer, mendigar y trabajar en la calle. Estas prácticas no solo no resuelven el problema, sino que violan directamente los derechos humanos internacionales.

En el reciente caso Grants Pass contra Johnson ante el Tribunal Supremo de los Estados Unidos, se argumentó que penalizar a personas sin hogar por acampar y dormir en espacios públicos sin ofrecer refugio adecuado no solo infringe el derecho a una vivienda adecuada, sino que constituye un castigo cruel e inhumano. Aunque el Tribunal Supremo no reconoció esta perspectiva, la opinión de los jueces discrepantes subraya la injusticia de penalizar una necesidad biológica como dormir.

Los relatores insisten en que la solución al problema del sinhogarismo radica en garantizar el acceso a la vivienda, no en criminalizar la pobreza. Las sanciones agravan la situación, empujando a las personas aún más hacia la pobreza y dificultando su acceso a empleo y vivienda. Los recursos destinados a la aplicación de estas leyes deberían redirigirse hacia la solución de las causas subyacentes de la pobreza y la falta de vivienda.

Visitas a Ecuador y Bangladesh

De Schutter también informó al Consejo de Derechos Humanos sobre sus recientes vistas a Ecuador y Bangladeh.

En su visita al país latinoamericano, entre agosto y septiembre de 2023, De Schutter señaló la deteriorada situación de seguridad tras las elecciones presidenciales, donde el gobierno se enfrenta a una creciente violencia del narcotráfico, agravada por la pobreza que facilita el reclutamiento de jóvenes por bandas criminales.

De Schutter enfatizó que invertir en educación, salud y protección social es esencial para romper el círculo vicioso de pobreza e inseguridad.

Inditex y H&M deben subir los salarios

En cuanto a Bangladesh, observó la grave situación de los refugiados Rohingya en Bangladesh, quienes, tras huir de ataques genocidas en Myanmar en 2017, viven en condiciones preocupantes en los campos de Cox’s Bazar.

El experto hizo un llamado a la comunidad internacional para asegurarles condiciones de vida dignas mientras no sea posible su repatriación.

Además, De Schutter subrayó que, aunque la pobreza ha disminuido en Bangladesh, ciertos grupos como los Dalit y los Adivasi siguen enfrentando discriminación social.

En el sector de la confección, que representa el 82% de las exportaciones de Bangladesh y emplea a más de cuatro millones de trabajadores, De Schutter abogó por aumentos salariales para cumplir con los estándares de derechos humanos, instando a grandes compradores como Inditex y H&M a apoyar esta demanda.

*Los relatores especiales forman parte de lo que se conoce como Procedimientos Especiales del Consejo de Derechos Humanos. Procedimientos Especiales, el mayor órgano de expertos independientes del sistema de derechos humanos de la ONU, es el nombre general de los mecanismos independientes de investigación y supervisión del Consejo que se ocupan de situaciones específicas de países o de cuestiones temáticas en todas las partes del mundo. Los expertos de los Procedimientos Especiales trabajan de forma voluntaria; no son personal de la ONU y no reciben un salario por su trabajo. Son independientes de cualquier gobierno u organización y prestan sus servicios a título individual.

El profesor Olivier De Schutter es el Relator Especial de las Naciones Unidas sobre la extrema pobreza y los derechos humanos desde mayo de 2020. Fue nombrado por el Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas y es parte de los Procedimientos Especiales del Consejo de Derechos Humanos, nombre general de los mecanismos independientes de investigación y monitoreo del Consejo que abordan situaciones específicas de países o problemas temáticos en todas partes del mundo.

https://news.un.org/es/story/2024/07/1530936?utm_source=Noticias+ONU+-+Bolet%C3%ADn&utm_campaign=80fa2f2025-EMAIL_CAMPAIGN_2024_07_02_06_53&utm_medium=email&utm_term=0_e7f6cb3d3c-80fa2f2025-%5BLIST_EMAIL_ID%5D

24 de junio de 2024

Perú: Ciudades entrampadas

Pedro Francke

Lima y las grandes ciudades en el Perú atraviesan una trabazón. Es más que un tiempo de crisis, es un entrampamiento que parece tener la fuerza de amarre de un nudo gordiano. Clave para apreciar su profundidad es el crecimiento de la pobreza, que entre 2019 y 2023 en las ciudades casi se duplicó, pasando de 14 por ciento a 26 por ciento, un aumento de 3 millones 500 mil personas –y eso según los datos oficiales, que no incluyen totalmente a los inmigrantes venezolanos–.

Entre 2014 y 2019 la pobreza urbana no se redujo, como venía haciéndolo los años anteriores. Márquese la diferencia con el campo: la pobreza rural ha sido siempre mucho más alta que en las ciudades, alcanzando hoy a dos de cada cinco peruanos, pero se redujo 5 puntos entre 2014 y 2019 y luego no ha aumentado. El contraste es notorio. A pesar de las nulas políticas de apoyo, el campo peruano sigue progresando poco a poco con el empuje de millones de pequeños agricultores familiares que gracias a la reforma agraria son propietarios de su tierra, han logrado mayor educación y están mejor conectados por carreteras y celulares.

Los últimos años las ciudades peruanas han atravesado varios golpes sucesivos. Primero fue la inmigración venezolana, un millón trescientos mil, concentrados en Lima y unas cuantas ciudades, cuando cualquier idea de justicia diría que era Estados Unidos quien debió acogerlos –pero los rechazaron brutalmente–. La política de puertas abiertas de PPK para agradar a los gringos agravó los serios problemas de falta de empleo que sufrimos los peruanos desde hace décadas. Luego vino el covid-19, que afectó mucho más a Lima y las grandes ciudades, debido a la velocidad del contagio a raíz de que, ante la falta de sustento económico por la tacañería de Vizcarra con los bonos de ayuda, la gente se viera obligada a salir a las calles para poder agenciarse de ingresos que les permitiera comprarse alimentos.

Tras lograr vacunación universal y reactivación el 2021, siguió una política económica recesiva: el ajuste fiscal y monetario se trajo abajo al mercado interno, la industria y la construcción, con un retroceso del 8 por ciento el 2023. La caída ha sido mucho mayor que el -0,6 por ciento de cifra oficial del PBI, porque ese dato suma el crecimiento de la minería que no tiene mayor impacto en las economías urbanas del Perú. Hoy hay alguito de crecimiento pero este 2024 la industria y la construcción, el núcleo productivo en las ciudades, estará todavía bastante debajo de lo que terminó el 2021 y hasta las proyecciones oficiales del BCR así lo indican.

El problema de las ciudades peruanas va mucho más allá del corto plazo económico y la pobreza. Ya desde antes muchas de nuestras ciudades eran un desastre ambiental; ahora 68% de sus habitantes no tienen agua segura (6 puntos más que hace diez años) y fuera de Lima un tercio no tiene buen recojo de basura (en Lima es una de cada cinco personas) y nuestro alcalde, “exitoso empresario”, acaba de empeorar el problema. Pero es el transporte y el caos urbano la mejor expresión de ese entrampamiento que sufrimos.

Es como un nudo que se va engrosando y enredando cada vez más. La cantidad de colectivos, combis, buses informales y carros con manejo desaforado, donde cada uno hace lo que le da la gana como en el sueño anarco-capitalista de Milei, hace que cada año perdamos millones de horas atrapados en el tránsito. Qué más trabado que una arteria limeña en hora pico. La congestión agrava la contaminación ambiental, haciendo de Lima una de las ciudades con peor calidad del aire de Latinoamérica. Los que más la sufren son los conos, distritos alejados donde vive la gente más pobre: San Juan de Lurigancho, Puente Piedra, Carabayllo o Vitarte –sucede que el viento empuja el polvo y las partículas hacia los cerros, ahí donde se asienta el casi millón de limeños sin agua ni desagüe en casas precarias, y que pueden demorarse dos o más horas hasta llegar a su trabajo o a un hospital con atención especializada de salud. En el trayecto, deberán enfrentar múltiples puntos donde están al acecho los robadores de celulares, el que asalta a punta de pistola o simplemente arrancha la cartera a una mujer (o la agrede sexualmente)–.

¿Es un Estado sobrerregulador, unas empresas estatales terribles, una burocracia que traba todo lo que entrampa nuestras ciudades? ¿Necesitamos un shock ‘libertario’? El problema es que ya lo tuvimos con Alberto Fujimori en 1992 y por eso estamos tan mal. Gracias a la privatización extrema del fujimorismo, con desregulación absoluta del transporte urbano, no tenemos a nadie en el Estado preocupándose de manera seria por el transporte, la contaminación ambiental o el ordenamiento territorial en las ciudades. Gracias a eso, el “libre mercado” y la “libertad avanza” saca sus garras y muestra sus espantosos resultados.

Si uno compara Lima con otros centros urbanos de Latinoamérica, la diferencia es notoria. Carecemos de una reforma del transporte que lo ordene y modernice mínimamente. Una red inteligente de semáforos podría hacer mucha diferencia y está fácilmente a nuestro alcance. En vez de eso, nuestro alcalde de derecha ultramontana retrasa la línea 2 del metro mientras nos endeuda hasta el cuello para una lista de lavandería de puentes que simplemente se le ocurrieron en algún sueño y de los cuales no hay estudios ni responden a plan alguno. Tampoco tenemos nada parecido a una planificación del desarrollo urbano.

La zonificación, lo más básico de cualquier regulación urbana, es cambiada en favor de algunos sinvergüenzas, como –según lo ha establecido la Contraloría– hicieron las hoy congresistas Norma Yarrow y Martha Moyano para favorecer al vocero de fujimorismo Miki Torres por un valor de varios millones de dólares, imponiendo megaedificios sobre barrios residenciales.

Mientras nuestros “líderes” se preocupan por sus bolsillos y los de sus amigotes, en los márgenes de las ciudades la supervivencia y la necesidad termina en manos de las mafias invasoras de terrenos, generando un 70 por ciento de una informalidad ingobernable y una inseguridad creciente.

La economía urbana requiere un empujón que reactive el mercado interno, junto a una iniciativa de gran amplitud para elevar la productividad de cientos de miles de pequeñas empresas, promoviendo tecnologías y nuevas cadenas de valor, así como una nueva mirada industrializadora. Pero sin ciudades vivibles, ordenadas y seguras, nuestra economía no podrá despegar ni nuestra calidad de vida podrá mejorar. Necesitamos una política urbana que con visión estratégica planifique Lima y las ciudades, haga las reformas del transporte y establezca políticas de vivienda y regulación del uso del suelo urbano en aras del bien común. Para estos dos grandes cambios, las nuevas tecnologías nos permiten muchísima información, que hoy es recogida desde cada uno de nuestros celulares y al ingresar a las redes sociales, y que se pueden juntar con la que proviene de los satélites. Sé que hay muchos retos por delante, algunos muy difíciles, pero abordar el serio entrampamiento de nuestras ciudades es uno de esos impostergables.

Fuente: Hildebrandt en sus trece, Ed 691 año 14, del 21/06/2024

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