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11 de noviembre de 2025

Arde el clima, se enferma la vida

Sergio Ferrari

La degradación climática se acelera y parece incontenible. Cada día son mayores sus consecuencias, como “nuevos” cataclismos y la fragilización de la salud humana. Temas que estarán sobre la mesa en la Cumbre del Clima a realizarse en Belén de Pará, Brasil, entre el 10 y el 21 de noviembre.

Cualquier individuo del pequeño grupo que aglutina al 0,1% más rico del planeta produce más contaminación por carbono en un día que uno que forma parte del 50% más pobre en todo un año. Para ilustrarlo: cada individuo multimillonario emite más de 800 kg de CO2 por día. Ni siquiera la persona más fuerte del mundo podría levantar tanto peso. Por el contrario, cualquier individuo del sector más empobrecido del planeta produce una media de 2 kg de CO2 al día, carga que hasta un niño pequeño podría alzar sin dificultad.

La Organización No Gubernamental Oxfam Internacional acaba de publicar su informe El saqueo climático: cómo unos pocos poderosos están llevando al mundo al desastre. Sus conclusiones corroboran contundentemente esta realidad: desde 1990, las emisiones totales en concepto de gases de efecto invernadero de este 0,1% más rico han aumentado un 32%, mientras que las de la mitad más pobre, un 3%. Para esta ONG, ya no queda duda de que la responsabilidad por la crisis climática va de la mano con el poder económico en el marco de un modelo productivo y de crecimiento del consumo de por sí devastador.

El informe formula una hipótesis de mucho peso: si todo el mundo emitiera gases nocivos como lo hace este reducido grupo que concentra la riqueza mundial, el presupuesto de carbono –es decir, la cantidad de CO2 que se puede emitir sin provocar un desastre climático– se agotaría en menos de tres semanas. Aunque teñida de irrealismo, la única manera de evitar esta tragedia consiste en asegurar que el calentamiento del planeta no supere 1,5° C, el techo máximo acordado por la comunidad internacional en la Cumbre del Clima de París COP 21 en 2015. Y para que esto fuese posible, el sector de super ricos debería reducir sus emisiones per cápita en un 99% hacia 2030 (https://www.oxfam.org/es/letters-and-statements/una-persona-del-01-mas-rico-produce-mas-contaminacion-por-carbono-en-un-dia).

El informe ofrece más que cifras. En efecto, también analiza cómo los multimillonarios están utilizando su influencia política y económica para perpetuar la dependencia del resto de la población con respecto a los combustibles fósiles para maximizar sus propios beneficios. “Los súper ricos no solo consumen carbono en exceso”, afirma, “sino que también invierten activamente en las empresas más contaminantes y se benefician de ellas”. Casi el 60% de sus inversiones son de alto impacto climático, como ocurre con el petróleo o la minería.

Oxfam denuncia también que cada multimillonario produce, como promedio, 1,9 millones de toneladas de CO2e al año a través de sus inversiones y negocios. Esa cifra, para emitir semejante cantidad de gases de efecto invernadero se compara a casi 10,000 vueltas al mundo en sus jets privados. Según Oxfam, las inversiones de este núcleo, aproximadamente 308 individuos multimillonarios y aun multibillonarios, suman más que las emisiones combinadas de 118 países. En síntesis: “La crisis climática es una crisis de desigualdad. Las personas más ricas del mundo están financiando y beneficiándose de la destrucción del clima, dejando que la mayoría de la población mundial soporte las fatales consecuencias de su poder sin control”.

Adicionalmente, un elemento no menos preocupante, las emisiones del 1 % más rico son suficientes para causar aproximadamente 1,3 millones de muertes relacionadas con el calor a finales de siglo, así como 44 billones de dólares de daños económicos que sufrirán los países de ingresos bajos y medios-bajos para 2050 por el mismo motivo. Oxfam concluye que: “Los efectos de estos daños climáticos afectarán de manera desproporcionada a quienes menos han contribuido a la crisis climática, en particular a las personas que viven en el Sur Global, con mayor impacto en las mujeres, las niñas y los grupos indígenas”.

Civilización en coma y entubada

“Los sistemas sanitarios pronto se verán desbordados”, alertaba a fines de octubre la red de colaboración académica internacional The Lancet Countdown en su estudio La cuenta regresiva sobre las consecuencias del cambio climático en la salud humana. Trece de los veinte indicadores de amenazas sanitarias, sostiene, alcanzarán niveles récord en 2025, y la causa principal es la subordinación al consumo de combustibles no renovables.

Coordinado y publicado por el University College London en colaboración con la Organización Mundial de la Salud (OMS), dicho estudio reúne el aporte de 128 personalidades de 71 instituciones académicas y de agencias de Naciones Unidas de todo el mundo. Según su edición de octubre, el año 2024 fue el más caluroso jamás registrado, lo cual expuso a cada habitante del planeta a una media de dieciséis días de temperaturas peligrosas para la salud. El exceso de calor provocó la cifra récord de un deceso por minuto. Los más vulnerables –niños menores de un año y personas mayores– sufrieron olas de calor de hasta veinte días de duración, un aumento del 304% con respecto al periodo 1986-2005. Como consecuencia directa, se registró un incremento significativo de infecciones agudas, enfermedades crónicas y cáncer, así como de trastornos neurológicos.

Por otra parte, la contaminación atmosférica provocada por incendios forestales también tiene efectos devastadores en la salud humana. En 2024 causó 154 mil muertes, otra cifra récord. Cada año, más de 2 millones de muertes se deben a la contaminación generada por la quema de combustibles fósiles, a las que se suman otros 2 millones por la contaminación doméstica debido a la calefacción o a las cocinas con leña, de carbón o querosén.

Otra fuente de preocupación son las enfermedades transmitidas por vectores. Lancet Countdown verifica una expansión no menor del área de presencia de mosquitos y otros transmisores, como garrapatas y flebotomos, a medida que se recalienta el clima. Por ejemplo, el mosquito Culex, vector del virus del Nilo Occidental, ya ha llegado a Europa, y su presencia se ha observado incluso en Islandia. Las condiciones propicias para la transmisión de malaria también se extienden ahora muy al norte del globo terráqueo. (https://lancetcountdown.org/2024-report/).

Bomba meteorológica

La violenta tormenta Benjamín azotó regiones de Europa Occidental la noche del 22 de octubre y los días siguientes. En Francia, 19 departamentos se declararon en alerta naranja. Las ráfagas de viento alcanzaron localmente 170 km/h y las intensas lluvias se prolongaron durante varios días, con el consiguiente temor de crecidas y desbordamientos. Varias zonas de Suiza también entraron en estado de alerta.

La intensidad de Benjamín fue excepcional para esta época, a tal punto que los meteorólogos creen que este fenómeno podría haberse convertido en una “bomba meteorológica”, como afirma un artículo reciente en reporterre.net, un medio independiente especializado en ecología. La “bomba meteorológica” refiere a depresiones atmosféricas (características de las tormentas) cuando la presión atmosférica cae de forma abrupta y en pocas horas. Esta caída provoca que el aire gire muy rápidamente, generando vientos excesivamente violentos.

Los expertos sostienen que el calentamiento global intensifica aún más este tipo de fenómeno. Como resultado, toda Europa podría enfrentarse a tormentas más intensas en el futuro debido al cambio climático, con el corolario directo del aumento de las precipitaciones. Mecánicamente, cada grado adicional de temperatura en el aire se traduce en un 7% más de humedad, ley de la termodinámica que explica el incremento de la intensidad de las lluvias.

El proyecto European Climameter, especializado en estudios sobre el papel del cambio climático en los fenómenos meteorológicos extremos, estima que entre el 10% y el 20% de la intensificación de las precipitaciones durante las recientes tormentas en Europa es resultado directo del cambio climático (https://reporterre.net/Les-systemes-de-sante-seront-bientot-debordes-un-rapport-alerte-sur-les-consequences-sanitaires-du-changement-climatique).

Similarmente, aunque en otro contexto, dos grados más en la temperatura del océano contribuyeron a la furia del huracán Melissa, que devastó Jamaica y buena parte del Caribe a partir del 28 de octubre. En algunos lugares, los vientos alcanzaron casi 300 kilómetros por hora.

Calentamiento global, fenómenos meteorológicos extremos y crisis médico-sanitarias en aumento: todo ello constituye una nueva cadena de penurias en el creciente deterioro del medioambiente, y con serias secuencias sobre la salud de la población. Condiciones que le dan un nuevo significado, mucho más dramático, al dicho popular “el calor me mata”, tan antiguo como actual, y no solo durante los veranos en regiones tropicales y subtropicales. También ahora, en las mediterráneas.

Se publica este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

16 de noviembre de 2024

Perú: ¿Cómo viven los peruanos la desigualdad?

Luis Pásara

Con resignación, que es sorprendentemente mayor entre los más pobres.

En el mundo se vive en las últimas décadas una creciente desigualdad; el Banco Mundial denominó a 2023 como “el año de la desigualdad”. Cada vez es mayor la porción de renta y patrimonio que se concentra en pocas manos, dejando una parte menor a la mayoría, en la que se incluye un enorme bolsón de pobreza. “Más de dos tercios de la población mundial vive en países donde la desigualdad ha crecido”, según informara Naciones Unidas. Pero, esta situación, que es comprobable en los datos, ¿cómo se vive por quienes son afectados por ese proceso? Una reciente encuesta del Instituto de Estudios Peruanos y OXFAM ha buscado respuestas entre los peruanos, con una muestra de 1508 entrevistas en todo el país.

Perú es el cuarto país más desigual del mundo, según un análisis disponible. La encuesta IEP-OXFAM (en adelante, la encuesta) encontró que la mitad de los entrevistados (51%) estimaron que el país es económicamente muy desigual. Paralelamente, una cuarta parte de encuestados (27%) creían que es “poco desigual” y 7% respondieron que ¡es “nada desigual”! Y fue entre los más pobres donde se encontró la mayor parte de esta última respuesta.

Cuando se pidió una cualificación de las distancias económicas, algo más de la mitad de los entrevistados (56%) afirmó que “las diferencias de ingresos entre ricos y pobres son demasiado grandes”. En sentido contrario se pronunció uno de cada cuatro encuestados (27%). Cuando se examina las respuestas según estratos sociales, se encuentra que la percepción de tales diferencias como excesivas es mayor en el estrato más alto (69%) que en el estrato más bajo (48%). O, dicho de otra manera, que quienes piensan que las diferencias entre ricos y pobres no son demasiado grandes, sorprendentemente, se hallan más en el estrato más bajo (33%) que en el estrato más alto (15%).

Una pobreza aceptada

El Perú es un país donde según el Banco Mundial “siete de cada diez peruanos son pobres o vulnerables de caer en la pobreza”; en concordancia, la encuesta encontró que más de la mitad de los entrevistados (54%) declararon que sus ingresos no les alcanzaban, mientras a 14% les alcanzaban y podían ahorrar. No obstante, la mitad de los encuestados creía que “En el Perú una persona pobre que trabaja duro puede llegar a ser rica”, 38% sostuvo que “En el Perú todos tienen iguales oportunidades para salir de la pobreza” y un porcentaje casi igual (37%) pensaba que “Las personas pobres son pobres porque desaprovechan las oportunidades”. Ninguna de estas tres respuestas fue rechazada por la mayoría de los encuestados.

Algunas precisiones sobre las respuestas a la afirmación “En el Perú una persona pobre que trabaja duro puede llegar a ser rica” que, como se indicó, obtuvo 50% de respaldo, con porcentajes aproximadamente iguales en todos los estratos sociales. Se encontró porcentajes algo más altos de acuerdo entre los encuestados de 18 a 24 años (58%), los auto-identificados como “blancos” (57%) y quienes se situaron políticamente en la derecha (59%).

Varias respuestas apuntan a cierta conformidad con diversas formas de desigualdad. Lo demuestra la “gravedad” otorgada a algunas desigualdades. Cuando se mira a los datos según estratos, se encuentra que la desigualdad entre ricos y pobres recibe la calificación de menor gravedad en los estratos más pobres. Por otra parte, la desigualdad entre hombres y mujeres fue considerada “grave” por uno de cada cuatro encuestados (24%), pero 30% la estimaron “poco grave” y 17% “nada grave”. En suma, para casi la mitad (47%) no existe un problema importante en esta desigualdad. Y en un país que muchos trabajos señalan como racista, la desigualdad entre gentes blancas y no blancas fue considerada como “grave” por 23%, al tiempo que 22% la estimaron “poco grave” y 31%, “nada grave”; esto es, para más de la mitad de encuestados (53%) tampoco en esta desigualdad hay un problema de envergadura.

En cuanto a la desigualdad en el acceso al trabajo y los servicios, la encuesta encontró diferencias de interés. Calificaron como “muy desigual” el acceso al trabajo 52.4% de las respuestas. El acceso a la justicia recibió el porcentaje más alto de respuestas indicativas de desigualdad: 75.5%, mientras que el acceso a la educación obtuvo 52.7% de señalamientos de desigualdad. Sorprende que, en el país que tuvo el mayor número de fallecidos por habitante en el mundo, no superaran los dos tercios de encuestados (66.3%) quienes señalaran que el acceso a la salud es muy desigual. Conforme acaba de puntualizar un informe reciente de Amnistía Internacional —“Derecho a la salud, privilegio de pocos”—, una insuficiente infraestructura pública provee un servicio carente de calidad y resultados discriminatorios.

Resulta interesante cuál es el factor que, según los encuestados, es el que más importa “para tener una buena posición en el Perú”. La respuesta más escogida fue: “tener una buena educación” (67%), supuesto que replica aquella vieja idea de “quien estudia triunfa” y que parece estar hecha a prueba de una realidad conocida: la falta de empleo con la que en el país tropiezan incluso quienes tienen formación profesional.

Mirando al futuro, la encuesta interrogó: ¿Cómo cree que será la situación económica de sus hijos menores cuando sean adultos? Las expectativas de mejora se revelaron altas: “mejor” obtuvo 81% en las respuestas. La opción “peor” sumó 13% en los estratos más bajos.

Cierta lucidez pero mucha resignación


Los datos revelan la preeminencia de una versión ideologizada sobre una realidad en la que las desigualdades son notorias. Es claro que la resignación tiene cierto peso entre los pobres. Ellos parecen asumir culpa por su situación, esto es, que no salen de la pobreza porque no se esfuerzan, pudiendo hacerlo. Nada más lejos de un ambiente propicio para una revolución o, aún menos, un estallido social. La visión del “emprendedurismo” parece haber desactivado la amenaza al orden social que, según se creyó en otros tiempos, la pobreza constituía.

Esa prevalencia de cierto conformismo entre los encuestados fue denominado en la encuesta como “tolerancia frente a la desigualdad”. A la pregunta ¿Hasta qué punto es aceptable la desigualdad en el Perú?, la mitad (51%) la consideraron “inaceptable” y, del otro lado, 30% dijeron encontrarla “aceptable”, mientras el resto prefirieron no escoger entre una y otra opción. El rechazo a la desigualdad fue mayor (61%) en el estrato más alto y menor (48%) en el más bajo.

Interesa notar que esa “tolerancia” no ignora la desigualdad en el poder. La opción “Los ricos tienen demasiada influencia en las decisiones que afectan al país” fue escogida por dos tercios de los encuestados (67%) y, en conjunto, 90% de los encuestados afirmaron que el país “Está gobernado por unos cuantos grupos poderosos en su propio beneficio”. ¿La salida? 31% sostuvo que para “tener un país más igualitario”, es preciso “un Estado más justo”. Otras respuestas obtuvieron porcentajes menores. Complementariamente se apuntó que una mayor recaudación tributaria debería servir para destinar principalmente los mayores ingresos a educación (32%) y salud (28%).

En la dramática pobreza que caracteriza al país, según diversas mediciones creíbles, no parece haber signos de aquella rebeldía imaginada, por ejemplo, por el “presidente Gonzalo”, quien proclamara “la rebelión se justifica”, como le inspiraba el evangelio maoísta. Los peruanos de hoy no participan de esa tesis y probablemente allí resida uno de los factores que explican por qué los movimientos subversivos fueron derrotados. Entre los más pobres la esperanza se deposita en el propio esfuerzo y, en cierta medida, en el improbable apoyo de un Estado que, sin lugar a dudas, hoy más que antes, es ineficaz y cuya actuación se halla permeada por la corrupción.

https://luispasara.lamula.pe/2024/11/13/como-viven-los-peruanos-la-desigualdad/luispasarapazos/

25 de enero de 2022

La riqueza de los 10 hombres más ricos se ha duplicado mientras los ingresos del 99% de la humanidad se han deteriorado

OXFAM

Cada 26 horas surge un nuevo milmillonario en el mundo, mientras las desigualdades contribuyen a la muerte de al menos una persona cada cuatro segundos.

Los diez hombres más ricos del mundo han duplicado con creces su fortuna, que ha pasado de 700 000 millones de dólares a 1,5 billones de dólares (a un ritmo de 15 000 dólares por segundo, o lo que es lo mismo, 1300 millones de dólares al día) durante los primeros dos años de una pandemia que habría deteriorado los ingresos del 99 % de la humanidad y que ha empujado a la pobreza a más de 160 millones de personas más.

«Si estos diez hombres perdieran el 99,999 % de su riqueza mañana, seguirían siendo más ricos que el 99 % de las personas del planeta», afirmó Gabriela Bucher, directora ejecutiva de Oxfam Internacional. «Actualmente, acumulan seis veces más riqueza que los 3100 millones de personas en mayor situación de pobreza».

En el nuevo informe de Oxfam Las desigualdades matan, publicado hoy con motivo de la «Agenda de Davos” del Foro Económico Mundial, la organización afirma que las desigualdades contribuyen a la muerte de al menos 21 000 personas al día, o dicho de otra manera, de una persona cada cuatro segundos. Se trata de estimaciones conservadoras basadas en el número de muertes causadas a nivel global por la falta de acceso a servicios de salud, la violencia de género, el hambre y la crisis climática.

«Nunca ha resultado tan importante poner fin a las violentas y obscenas desigualdades, recuperando el poder y la riqueza extrema de las élites, incluido a través de medidas fiscales, para reintegrar ese dinero en la economía real y salvar vidas», añadió Gabriela Bucher.

Desde el inicio de la pandemia, los milmillonarios han aumentado su fortuna en 5 billones de dólares, más que en los últimos 14 años. Se trata del mayor incremento de la riqueza de los milmillonarios desde que se tienen registros. Un impuesto excepcional del 99 % sobre los ingresos extraordinarios que los diez hombres más ricos han obtenido durante la pandemia podría servir, por ejemplo, para:

- Producir suficientes vacunas para el mundo.

- Financiar servicios de salud y protección social universales, financiar medidas de adaptación climática y reducir la violencia de género en más de 80 países.

- Y aun así, estos hombres seguirían teniendo 8000 millones de dólares más que antes de la pandemia.

«Los milmillonarios han tenido una pandemia de lujo. Los bancos centrales han inyectado billones de dólares en los mercados financieros para salvar la economía, pero una gran parte ha acabado en los bolsillos de los milmillonarios, que se han aprovechado del auge de los mercados bursátiles. Con las vacunas se pretendía poner fin a esta pandemia, pero los Gobiernos de los países ricos han permitido que los milmillonarios y los monopolios farmacéuticos corten el suministro a miles de millones de personas. Esto podría traducirse en un incremento de todas las formas imaginables de desigualdad. La previsibilidad de esta situación es indignante, y sus consecuencias son letales», añade Bucher.

Las desigualdades extremas son una forma de violencia económica en la que las decisiones legislativas y políticas que perpetúan la riqueza y el poder de una élite privilegiada perjudican directamente a la amplia mayoría de la población mundial y a nuestro planeta.

«La respuesta del mundo a la pandemia ha desatado esta violencia económica, ensañándose sobre todo con las mujeres y las niñas, y las personas en situación de exclusión y pertenecientes a grupos racializados. Cada ola de COVID-19 conlleva un aumento de la violencia de género, al mismo tiempo que aumenta aún más el volumen de trabajo de cuidados no remunerado que recae sobre las mujeres y las niñas», afirma Bucher.

- La pandemia ha retrasado el camino hacia la paridad: ahora se tardarán 135 años en cerrar la brecha de género, y no 99 años como se estimaba antes de su irrupción. En 2020, las mujeres perdieron 800 000 millones de dólares en ingresos, y hay 13 millones menos de mujeres con trabajo ahora que en 2019. Conjuntamente, 252 hombres poseen más riqueza que los mil millones de mujeres y niñas que viven en África, América Latina y el Caribe.
 
- La pandemia está afectando especialmente a los grupos racializados. En Inglaterra, las personas de origen bangladeshí tenían cinco veces más probabilidades de morir de COVID-19 que la población británica blanca durante la segunda ola de la pandemia. En Brasil, las personas negras tienen 1,5 veces más probabilidades de morir de COVID-19 que la población blanca. En Estados Unidos, 3,4 millones de personas negras estarían vivas hoy si tuvieran la misma esperanza de vida que la población blanca del país, lo que está directamente vinculado al legado histórico del racismo y el colonialismo.
 
- Se estima que las desigualdades entre países crecerán por primera vez en una generación. Los países en desarrollo, privados de acceso a suficientes vacunas debido a la protección que los Gobiernos ricos otorgan a los monopolios de las grandes empresas farmacéuticas, tuvieron que recortar el gasto social a medida que aumentaban sus niveles de endeudamiento, y ahora se enfrentan a la posibilidad de tener que adoptar medidas de austeridad. La proporción de personas con COVID-19 que mueren a causa del virus en países en desarrollo es aproximadamente el doble que en países ricos.

«La pandemia de COVID-19 ha sacado a la luz la codicia y las oportunidades económicas y políticas que han convertido estas desigualdades extremas en un instrumento de violencia económica», explica Bucher. «Tras años de investigación y de campañas, Oxfam ha llegado a esta conclusión, estremecedora e incontestable».

A pesar del enorme coste económico que ha supuesto la respuesta a la pandemia, durante los últimos dos años, los Gobiernos de los países ricos se han negado a elevar los impuestos sobre la riqueza de los más ricos y han continuado privatizando bienes públicos, como la tecnología necesaria para producir las vacunas. Han fomentado de tal manera los monopolios de las grandes empresas que, solo durante la pandemia, el incremento de la concentración de los mercados amenaza con ser mayor en un año que durante los 15 años transcurridos entre 2000 y 2015.

Las desigualdades son un aspecto fundamental de la crisis climática, ya que las emisiones de carbono del 1 % más rico superan en más del doble a las de la mitad más pobre de la humanidad. Esto ha contribuido al cambio climático a lo largo de 2020 y 2021, causando incendios forestales, inundaciones, tornados, pérdida de cosechas y hambre.

«Que las desigualdades estén aumentando a esta escala y ritmo no es fruto del azar, sino de una elección», afirma Bucher. «Los modelos económicos actuales no solo nos han expuesto en mayor medida al impacto de esta pandemia, sino que están permitiendo activamente quienes ya son extremadamente ricos y poderosos exploten esta crisis en su propio beneficio».

El informe pone de manifiesto la importancia de que las dos mayores economías del mundo (Estados Unidos y China) hayan comenzado a plantearse políticas para reducir las desigualdades, incluida la aplicación de mayores tipos impositivos a las personas ricas y de medidas para acabar con los monopolios. «Esto nos permite abrigar cierta esperanza de que pueda surgir un nuevo consenso económico», subrayó Bucher.

Oxfam recomienda que los Gobiernos adopten inmediatamente las siguientes medidas:

- Recuperar las ganancias que los milmillonarios han acumulado aplicando impuestos de carácter permanente sobre el capital y la riqueza para gravar la enorme riqueza que han amasado desde el inicio de la pandemia.
 
- Invertir los billones de dólares que podrían recaudarse con estos impuestos a través de un gasto progresivo en servicios de salud y protección social universales, la adaptación al cambio climático, y la prevención de la violencia de género y programas al respecto.
 
- Abordar las leyes racistas y sexistas que discriminan a las mujeres y a los grupos racializados, y crear nuevas legislaciones fundamentadas en la igualdad de género con el fin de acabar con todas las formas de violencia y discriminación. Todos los sectores de la sociedad deben definir urgentemente políticas que garanticen que las mujeres, las personas racializadas y otros grupos oprimidos estén representados en todos los espacios de toma de decisiones.
 
- Derogar las leyes que socavan los derechos de sindicalización y huelga de los trabajadores y trabajadoras y aplicar normas jurídicas más sólidas para garantizar su protección.
 
- Los Gobiernos ricos deben suspender inmediatamente las normas de propiedad intelectual que regulan la producción de vacunas contra la COVID-19 para que más países puedan producir vacunas seguras y eficaces con el fin de acabar con la pandemia.

Bucher afirma: «No falta dinero, eso quedó claro cuando los Gobiernos movilizaron 16 billones de dólares para la respuesta ante la pandemia. Lo que falta es voluntad e imaginación para liberarnos del asfixiante y letal corsé que constituye el neoliberalismo extremo. Los Gobiernos deben escuchar a los movimientos (como las huelgas estudiantiles por el clima y las y los activistas de Black Lives Matter y #NiUnaMenos, o los agricultores y agricultoras de India), que piden justicia e igualdad».
 

Notas:

Puede descargar el informe Las desigualdades matan,  el resumen y la metodología que explica cómo ha calculado Oxfam las estadísticas del informe.

Los cálculos de Oxfam se basan en las fuentes de información disponibles más actualizadas y exhaustivas. Las cifras sobre las personas más ricas del mundo se han extraído de la Lista Forbes 2021. Las cifras sobre la riqueza se han extraído del Global Wealth Databook 2021 del Credit Suisse Research Institute. Las cifras sobre los ingresos del 99 % de la humanidad proceden del Banco Mundial.

Según Forbes, a fecha de 30 de noviembre de 2021 la riqueza de los diez hombres más ricos del mundo se había incrementado en 821 000 millones de dólares desde marzo de 2020. Según la lista, los diez hombres más ricos son: Elon Musk, Jeff Bezos, Bernard Arnault y su familia, Bill Gates, Larry Ellison, Larry Page, Sergey Brin, Mark Zuckerberg, Steve Ballmer y Warren Buffett.

Todas las cifras se expresan en dólares estadounidenses.

Según el Informe global sobre la brecha de género de 2021 del Foro Económico Mundial, la pandemia ha hecho retroceder el avance para cerrar la brecha de género, ahora se tardarán 135 años, frente a los 99 años antes de esta.

La crisis de COVID-19 hizo perder a las mujeres 800 000 millones de dólares en ingresos en 2020, una cifra que supera al PIB combinado de 98 países.

67 000 mujeres pierden la vida cada año a causa de la mutilación genital femenina, o asesinadas a manos de su pareja o expareja.  

Según los datos de la Oficina Nacional de Estadística de Inglaterra, en Inglaterra, las personas de origen bangladeshí tenían cinco veces más probabilidades de morir de COVID-19 que la población británica blanca durante la segunda oleada de la pandemia.

Según los datos de la OCDE, en Brasil las personas negras tienen 1,5 veces más probabilidades de morir de COVID-19 que la población blanca.

En Estados Unidos 3,4 millones de personas negras estarían vivas hoy si tuvieran la misma esperanza de vida que la población blanca del país.

La proporción de personas con COVID-19 que mueren a causa del virus en países en desarrollo es aproximadamente el doble que en países ricos.

A pesar de las firmes recomendaciones del FMI y la OCDE, muy pocos países ricos han declarado tener la intención de introducir o aumentar los impuestos sobre la riqueza.  

El 1 % más rico de la población mundial ha sido responsable de más del doble de las emisiones de carbono que los 3100 millones de personas que conforman la mitad más pobre de la humanidad durante un período de 25 años en el que las emisiones han alcanzado niveles sin precedentes. Puede descargar el informe de Oxfam Combatir la desigualdad de las emisiones de carbono.

En 2030, la huella de carbono del 1 % más rico del planeta será 30 veces superior a la compatible con el objetivo recogido en el Acuerdo de París de limitar el calentamiento global a 1,5 °C. La mitad más pobre de la población mundial seguirá produciendo emisiones muy por debajo de los niveles requeridos para no superar los 1,5 °C. Puede descargar el estudio Carbon Inequality in 2030, encargado por Oxfam partiendo de la investigación llevada a cabo por el Instituto para la Política Ambiental Europea (IEEP) y el Instituto de Medio Ambiente de Estocolmo (SEI).
 
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23 de enero de 2022

La desigualdad económica mundial está exacerbando la pandemia y matando a millones de personas

Amy Goodman y Denis Moynihan

La organización Oxfam informó esta semana que los diez hombres más ricos del mundo duplicaron su riqueza durante la pandemia —de 700 mil millones a 1,5 billones de dólares—, mientras que los ingresos del 99% de la población mundial disminuyeron. La organización declaró al respecto: “Las crecientes desigualdades económicas, de género y raciales, así como la inequidad que existe entre países, están destrozando nuestro mundo”. Mientras tanto, la asamblea anual del Foro Económico Mundial, que suele celebrarse en la ciudad de Davos, se está llevando a cabo de forma virtual por segundo año consecutivo debido a la pandemia. Los millonarios y multimillonarios son tradicionalmente invitados a la conferencia de Davos para que aporten sus ideas y reflexiones sobre los problemas actuales, desde el cambio climático catastrófico hasta la COVID-19. Más allá de lo que se debate en este cenáculo virtual, Oxfam señala que, en el mundo real, la desigualdad mata a una persona cada cuatro segundos.

La desigualdad económica también asola a Estados Unidos. El obispo William Barber, copresidente de la Campaña de los Pobres, dijo a Democracy Now! al día siguiente del feriado que conmemora el nacimiento de Martin Luther King: “Tiene que haber un cambio moral en este país; tiene que haber un cambio en el poder. Como dijo Martin Luther King, el verdadero problema que siempre hemos tenido en relación con los derechos electorales es el miedo que tiene la aristocracia a que las masas de personas pobres y de bajos recursos —tanto negras como blancas— se unan para votar una alternativa que cambie la arquitectura económica del país. […] De hecho, en 1967, el Dr. King dijo: 'Los problemas de injusticia racial y económica no pueden resolverse sin una redistribución radical del poder político y económico'”.

El obispo Barber ha consolidado el legado de Martin Luther King durante años y afirma que el camino hacia un cambio progresista radica en organizar a las personas pobres y de bajos recursos. Barber yuxtapone la rápida aprobación en el Congreso de los paquetes de ayuda económica por el coronavirus favorables a las empresas con el reciente fracaso en la aprobación del plan de gastos públicos Reconstruir Mejor y los proyectos de ley sobre el derecho al voto:

“Cuando se trata de las empresas, obtienen todo lo que piden. Querían cuatro o cinco billones de dólares, y obtuvieron cuatro o cinco billones de dólares. Los multimillonarios ganaron dos billones de dólares en los primeros 20 meses de la pandemia del coronavirus y continúan aumentando sus fortunas. Cuando se trata de temas como la pobreza y el derecho al voto, en primer lugar, bifurcamos esos temas de una forma en que las fuerzas opresoras nunca los bifurcan. Luego, hacemos concesiones una y otra vez en lugar de pelear [por lo que reclamamos]. A la larga, si no tenemos cuidado, será como si Frederick Douglass, en su lucha contra la esclavitud, se hubiera conformado con tener solo un fin de semana largo en lugar de la emancipación y la libertad definitivas”.

La pandemia de COVID-19 ha profundizado la desigualdad a escala global. La mayoría de los países ricos han vacunado a más del 70% de su población, mientras que en muchos países pobres, especialmente en África, las tasas de vacunación aún están por debajo del 10%. La Organización Mundial de la Salud señala en su sitio web: “El fracaso mundial en el reparto equitativo de las vacunas está pasando factura a algunas de las personas más pobres y vulnerables del mundo. Las nuevas variantes preocupantes hacen que los riesgos de infección hayan aumentado en todos los países para las personas que aún no están protegidas mediante vacunación”. Podrían surgir nuevas variantes más agresivas de este virus que no respeta fronteras. Mientras haya gente que aún esté en riesgo por la COVID-19, todos permaneceremos en riesgo.

La organización Public Citizen publicó un informe detallado en mayo de 2021 sobre cómo se podrían producir ocho mil millones de dosis de vacunas de ARN mensajero en un año por un estimado de 23.000 millones de dólares, siempre y cuando los titulares de las patentes de las vacunas, como las empresas Pfizer y Moderna, cooperaran. Public Citizen denomina a la vacuna contra la COVID-19 de Moderna, ”NIH-Moderna”, en referencia a las siglas en inglés de los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos, NIH, cuyos científicos desempeñaron un papel clave en el desarrollo de esa vacuna tan necesaria para salvar vidas, así como también por la gran inversión de fondos públicos que se hizo para apoyar su desarrollo.

Las ganancias que producen las vacunas han generado al menos nueve nuevos multimillonarios vinculados a las empresas Moderna y BioNTech, así como también a la farmacéutica china CanSino. Estas personas suman entre ellas una nueva riqueza de más de 19.000 millones de dólares, según la Alianza Vacuna para el Pueblo. Otros ocho multimillonarios que invirtieron en estas corporaciones también obtuvieron una fortuna extra combinada de 32.000 millones de dólares. Según Oxfam, las empresas Pfizer-BioNTech y Moderna —o ”NIH-Moderna”, como la denomina Public Citizen— ganan 1.000 dólares por segundo, mientras que miles de millones de personas en todo el mundo siguen sin vacunarse o solo han recibido una dosis de la vacuna.

Hasta ahora, ni los debates del Foro Económico Mundial de Davos, ni la filantropía combinada de los más de 2.755 multimillonarios del mundo han logrado vacunar a las y los pobres del mundo. Es por eso que se ha formado una amplia coalición de movimientos sociales a nivel mundial que insta a los Gobiernos del mundo a cobrar impuestos a los ricos.

“Es hora de imponer un impuesto sobre el patrimonio a los superricos y a los multimillonarios del mundo”, escribió Chuck Collins, del Instituto de Estudios Políticos (IPS, por sus siglas en inglés) y la Alianza para la Lucha contra la Desigualdad, al presentar su informe titulado “Gravar la riqueza extrema”. Agrega Collins: “No se trata simplemente de recaudar impuestos para vacunar a las poblaciones de todo el mundo e invertir en sistemas sólidos de salud pública. Se trata también de un impuesto a la riqueza para salvar a la democracia de la concentración extrema de riqueza y poder”.

El informe de Collins estima que un impuesto escalonado a las personas cuyos patrimonios superen los cinco millones de dólares recaudaría 2,5 billones de dólares anuales. Esos fondos podrían ayudar a contener esta pandemia, invertir en medidas de salud pública para prevenir nuevas pandemias en el futuro, y sacar a millones de personas de la pobreza. Impongan impuestos a los ricos.

© 2022 Amy Goodman

Traducción al español de la columna original en inglés. Edición: Democracy Now! en español, spanish@democracynow.org

Amy Goodman. Conductora de Democracy Now!, un noticiero internacional que se emite diariamente en más de 800 emisoras de radio y televisión en inglés y en más de 450 en español, entre las que está Radio PRODEMU FM. Es co-autora del libro “Los que luchan contra el sistema: Héroes ordinarios en tiempos extraordinarios en Estados Unidos”, editado por Le Monde Diplomatique Cono Sur.