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17 de agosto de 2025

La desigualdad agrava el calentamiento global

Jomo Kwame Sundaram

KUALA LUMPUR – La acumulación de emisiones de gases de efecto invernadero (GEI), sigue aumentando, en un mundo cada vez más desigual, un factor que está acelerando el calentamiento global. También está agravando las disparidades, especialmente entre los ricos y el resto de la población, tanto a nivel nacional como internacional.

Emisiones desiguales

En nuestro mundo tan desigual, las disparidades internacionales representan dos tercios de las desigualdades de ingresos globales. Los agregados y promedios de los ingresos nacionales pueden ser engañosos, ya que ocultan importantes disparidades dentro de los países.

El Informe sobre la Desigualdad Mundial sostiene que las disparidades en las emisiones de GEI se deben principalmente a las desigualdades dentro de los países. Mientras tanto, las emisiones de GEI siguen aumentando a medida que su acumulación acelera el calentamiento del planeta.

Las disparidades en las emisiones dentro de los países representan ahora casi dos tercios de la desigualdad mundial en las emisiones, casi el doble que en 1990, cuando eran algo más de un tercio.

La mitad más pobre de la población de los países ricos ya ha alcanzado, o está cerca de alcanzar, los objetivos de emisiones equivalentes de dióxido de carbono per cápita para 2030 fijados por sus gobiernos. Sin embargo, el 10 % más rico de Norteamérica es el mayor emisor de GEI del mundo.

¡Sus emisiones medias son 73 veces superiores a las de la mitad inferior de la población del sur y el sudeste asiático! Los ricos de Asia oriental también emiten muchos GEI, pero mucho menos que en América del Norte.

La mitad inferior de su población emite casi diez toneladas per cápita al año en América del Norte, alrededor de cinco toneladas en Europa y unas tres toneladas en Asia oriental.

La huella de carbono mucho menor de la mayor parte del Sur global contrasta con las emisiones de GEI de los deciles superiores de sus propios países y las del 10 % más rico de las regiones más pobres.

Los deciles superiores del sur y el sudeste asiático emiten más del doble de GEI que la mitad inferior de Europa. Incluso el decil superior de África subsahariana emite más que la mitad inferior de Europa en promedio.

La desigualdad impulsa las emisiones

Jayati Ghosh, Shouvik Chakraborty y Debamanyu Das sostienen que la desigualdad ha impulsado el aumento de las emisiones de GEI. Mientras que la mitad inferior de la población de Estados Unidos y Europa redujo sus emisiones per cápita entre 15 % y 20 % entre 1990 y 2019, el 1 % más rico aumentó las suyas.

Solo el decil superior del mundo es responsable de casi la mitad de las emisiones de GEI. A medida que los ricos se hacen aún más ricos, aumentan sus efectos adversos sobre el medioambiente.

A pesar de la retórica engañosa, la mayoría de los impuestos sobre el carbono no son progresivos, sino que suelen gravar mucho más a los grupos de ingresos medios y bajos que a los más responsables, los ricos.

Las políticas para reducir las emisiones de GEI deben frenar el consumo excesivo de los ricos, así como la producción «extractivista» en todo el mundo para satisfacer sus demandas.

Los beneficios prevalecen sobre el interés público

Mientras tanto, las empresas transnacionales y los gobiernos occidentales se han negado a respetar la excepción de salud pública (PHE, en inglés) al acuerdo sobre derechos de propiedad intelectual (PI) de la Organización Mundial del Comercio (OMC), los conocidos como Aspectos de los Derechos de Propiedad Intelectual relacionados con el Comercio (Trips, en inglés).

El compromiso PHE se acordó en 2001 para reanudar las negociaciones comerciales de la OMC en su reunión interministerial de Doha, tras la conferencia abortada de Seattle en 1999.

Sin embargo, los gobiernos de los países ricos bloquearon las solicitudes de los países en desarrollo de una exención de la PHE para producir urgentemente pruebas, tratamientos, equipos y vacunas asequibles durante la pandemia de covid-19.

Por lo tanto, es poco probable que se concedan concesiones significativas en materia de propiedad intelectual para impulsar los esfuerzos de los países en desarrollo por mitigar y adaptarse para hacer frente de manera eficaz al calentamiento global.

Las fuentes del calentamiento global son locales, mientras que el calentamiento planetario es mundial, aunque desigual. Las políticas y medidas eficaces para hacer frente a este problema son costosas y, en general, más gravosas para las clases pobres y medias.

Existen alternativas que pueden permitir una mayor equidad y sostenibilidad. Sin embargo, ha resultado muy difícil movilizar una resistencia más concertada y eficaz contra el calentamiento planetario.

Injusticia climática

La acumulación histórica de emisiones de GEI es la principal causa del calentamiento planetario. Los países desarrollados fueron responsables de casi cuatro quintas partes de las emisiones acumuladas de GEI entre 1850 y 2011.

Mientras tanto, sus efectos adversos en los países en desarrollo de los trópicos son peores. El Sur global también tiene menos capacidad para hacer frente a la situación debido a su limitado margen de maniobra y sus escasos medios.

Los compromisos de «cero emisiones netas» de los países no reconocen la enorme carga climática impuesta por la acumulación de GEI en el pasado, lo que socava las perspectivas de una transición justa.

En las negociaciones internacionales, las economías ricas han eludido su responsabilidad histórica por la «deuda climática» centrándose en las emisiones actuales e ignorando su acumulación durante los dos últimos siglos.

Ignorar esta deuda climática histórica también sirve para legitimar que se ignore la compensación a los más afectados en los países de ingresos bajos y medios-bajos, que ya han sufrido daños y pérdidas considerables.

Esta pretensión no solo es injusta, sino también contraproducente. Ha socavado la solidaridad y la cooperación internacionales necesarias para hacer frente al calentamiento global.

Superación del umbral

Las emisiones previstas por los países ricos actuales agotarán tres quintas partes del umbral de calentamiento global restante para el «presupuesto de carbono» mundial hasta 2050, a fin de no superar el aumento de 1,5 °C con respecto a los niveles preindustriales.

Sin embargo, el escenario más optimista del último informe del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) prevé que el umbral de 1,5 °C se supere en 2040.

Pero incluso antes de que el presidente estadounidense Donald Trump reacelerara el calentamiento global tras su reelección, el entonces enviado especial de la ONU y actual primer ministro canadiense, Mark Carney, advirtió de que este umbral se superaría a finales de esta década.

Jomo Kwame Sundaram. Exprofesor de economía que fue secretario general adjunto de la ONU para el Desarrollo Económico y recibió el premio Wassily Leontief por promover un pensamiento económico sin fronteras.

Fuente: https://ipsnoticias.net/2025/08/la-desigualdad-agrava-el-calentamiento-global/#google_vignette

17 de junio de 2025

Perú: La desigualdad negada

Pedro Francke

"Entre 1993 y 2015 el uno por ciento más rico captó más de la mitad de todos los aumentos de los ingresos reales antes de impuestos"

Bajo la hegemonía neoliberal de las décadas pasadas, en las discusiones económicas hablar de la desigualdad era mal visto, algo entre una pérdida de tiempo y una distracción perniciosa. Pero a nivel internacional la desigualdad ha regresado como un tema central en las discusiones económicas. Como suele suceder, sin embargo, en nuestro país todavía los defensores del modelo económico simplemente se mantienen en un discurso pasadista y cierran los ojos ante las grandes inequidades que hay en nuestra patria. Que las transnacionales ganen como nunca, que las empresas mineras tengan utilidades extraordinarias por la suerte de los altos precios y que las agroexportadoras tengan privilegios tributarios mientras explotan abusivamente a sus trabajadores les parece bien.

El negacionismo de la desigualdad fue una corriente importante bajo la hegemonía neoliberal. Robert Lucas, premio Nobel de Economía, escribió el 2004 que “de todas las tendencias que son dañinas para una economía sólida, la más seductora, y en mi opinión la más venenosa, es centrarse en cuestiones de distribución”. Martin Wolf, anterior editor del Financial Times y uno de los analistas económicos más influyentes, sustentaba en su libro “Por qué funciona la globalización” que la desigualdad era básicamente un tema de propaganda anticapitalista. Pero el propio Wolf ha cambiado su mirada sobre este tema: en su más reciente libro del 2023, “La crisis del capitalismo democrático”, acepta que entre 1993 y 2015 el uno por ciento más rico captó más de la mitad de todos los aumentos de los ingresos reales antes de impuestos, y admite como preocupante que la riqueza sea una fuente de poder, a través de la influencia política, la propiedad de los medios de comunicación e incluso la filantropía. Ya desde algunos años antes empezaba a haber discusiones sobre el tema en el seno del “establishment” económico. El Banco Mundial sacó su Informe del Desarrollo Mundial 2006 con el título “Equidad y Desarrollo” y el 2015 las Naciones Unidas aprobaron la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible incluyendo de manera importante el tema de la equidad.

Recientemente un influyente economista a nivel mundial, Francisco Ferreira, ha insistido en que treinta años después del neoliberal “Consenso de Washington” existe una nueva concordancia sobre la desigualdad. Su resumen es que hay una aceptación generalizada de que existen desigualdades demasiado altas en ingresos, riqueza, educación, salud, poder y reconocimiento, que están interrelacionadas y se refuerzan mutuamente. También se acepta ampliamente que algunas desigualdades son más notorias y nefastas que otras, como las que existen entre hombres y mujeres, entre diferentes grupos raciales o entre diferentes castas o grupos religiosos. Ha habido un cambio significativo hacia una visión de que estas desigualdades importan, por la injusticia que representan, la pobreza que causan y sus efectos negativos sobre el crecimiento económico y la institucionalidad política.

Los diversos efectos de la desigualdad en la economía fueron analizados en estudios econométricos del FMI. Las investigaciones de Ostry, Berg, Transarides y Loungani, entre 2014 y 2018, demostraron que la desigualdad afecta negativamente el crecimiento. Uno de los mecanismos claves es el capital humano. Desigualdades grandes implican barreras fuertes a la educación de gran parte de su población. Ostry también demuestra que la redistribución del ingreso por parte del Estado, cobrando impuestos a los ricos y brindando servicios básicos y apoyo económico a los vulnerables, promueve el crecimiento en la gran mayoría de países, incluido el Perú. No sólo que nuestro país sea desigual frena su crecimiento: promover que sea menos desigual ayudaría a su fortaleza en el largo plazo ¿Aló, Confiep?

Estas desigualdades se mantienen en el tiempo debido a instituciones económicas y políticas extractivistas. Los recientes premios Nobel de economía Daron Acemoglu y James Robinson resumen en su libro “¿Por qué fracasan las naciones?” décadas de investigaciones muy destacadas e inteligentemente sustentadas. Su idea principal es que la alta desigualdad de la riqueza se asocia a la captura del Estado por una oligarquía dedicada a la extracción económica de rentas. Esta crítica cae como anillo al dedo a la realidad peruana de hoy, pero se muestra también en la crisis de la democracia norteamericana que ha llegado a un punto crítico con Trump.

En nuestro país, una de las desigualdades económicas más altas del planeta ha generado otra consecuencia: la crisis del orden social. Esto también ha sido estudiado a nivel internacional y nacional. La desigualdad dificulta la cohesión social y la conformación de la nación, provocando informalidad y desconfianza en el Estado, debilitando la capacidad de regulación pública y promoviendo la corrupción. Estas desigualdades tan profundas e injustas también llevan a repetidas situaciones de crisis en las que, de diversas maneras, la estabilidad social y política naufraga. Diversos estudios a nivel internacional muestran que países con más desigualdad económica y más inequidades hacia sus pueblos originarios, producto del colonialismo, tienden a ser más inestables, con democracias más débiles, más golpes de Estado y gobiernos menos duraderos, lo que hace muy difícil mantener una ruta de progreso. En nuestro país en los años 1980 fue Sendero Luminoso, en 1930 los levantamientos apristas y sindicalistas y antes repetidas rebeliones indígenas regionales. Con esa historia está vinculado el levantamiento popular de fines de 2022 e inicios de 2023. Hoy, una vez aplastada la protesta social con los cincuenta asesinatos perpetrados por Dina Boluarte y sus cómplices, tenemos un gobierno cuya legitimidad es nula para gobernar y bandas del crimen organizado creciendo sin control. Haber impuesto una vez más con sangre el dominio oligárquico tiene esas consecuencias. 

La crisis que vivimos con este cogobierno Dina-Congreso es reflejo de una crisis más profunda. Nuestra desigualdad estructural es un factor oculto, pero no por eso menos importante. Si queremos salir de esta situación, no debemos olvidarlo.

Fuente: Hildebrandt en sus trece, Ed 737 año 16, del 13/06/2025

https://www.hildebrandtensustrece.com/

23 de diciembre de 2023

Perú: “El problema del Perú es un problema de desigualdad”

Natalia Sobrevilla   (Entrevista Nelly Luna Amancio)

La historiadora analiza la crítica situación del país, las amenazas a la democracia y la captura del poder por intereses particulares. También habla sobre memoria y la construcción de la democracia de estos tiempos difíciles. Señala cómo los hitos del proceso de independencia peruano, como la Batalla de Ayacucho (cuyo bicentenario celebraremos el 2024), son un espejo de lo que ocurre en momentos de crisis nacional.

Natalia Sobrevilla estudió historia en la Universidad Católica del Perú y tiene un PhD en Historia por la Universidad de Londres. Actualmente es Directora de Estudios de Pregrado en Estudios Hispánicos de la Universidad de Kent en Inglaterra y escribe columnas semanales en Jugo de Caigua, una cooperativa de escritores y divulgadores. Ha investigado la formación del Estado peruano y la cultura política en los Andes desde fines del periodo colonial hasta el siglo XIX.

En esta conversación* con OjoPúblico analiza la crítica situación política del Perú y las amenazas a la democracia, desde una perspectiva histórica. También habla sobre memoria, la construcción de la democracia en estos tiempos difíciles y la captura del poder por intereses particulares. Señala cómo los hitos del proceso de independencia peruano, como la Batalla de Ayacucho (cuyo bicentenario celebraremos el 2024), son un espejo de lo que ocurre en momentos de crisis nacional.

Vives entre Londres y Lima y con frecuencia estás viajando hacia otros lugares. ¿Cómo vives el país desde lejos?

Vivo hace muchos años fuera del Perú, pero nunca he roto mi vínculo afectivo. He pasado temporadas muy largas, a veces meses, incluso años entre idas y venidas, y hace unos tres años que estoy pasando casi el 40% de mi tiempo en el Perú y eso me permite mirarlo desde una perspectiva de más distancia, porque aunque estoy envuelta en lo que está sucediendo, no estoy metida en el día a día. Y también me permite comparar lo que está sucediendo con lo que pasa en otros países.

A veces sentimos que las crisis que atraviesan al país son únicas, y que solo corresponden a esta frontera en la que habitamos, cuando en realidad hay problemas y tendencias globales que nos afectan. Pero, empecemos ahora por el caso peruano, ¿Cuándo consideras que empieza esta crisis política reciente?

Creo que el quiebre real de la crisis actual en la que estamos envueltos todavía, se origina en el 2016, cuando Keiko Fujimori se rehúsa a aceptar su derrota ante Pedro Pablo Kuczynski. Podríamos decir que hay cosas que vienen de antes, pero esto también coincide con el deterioro económico que viene acompañado del fin del superciclo de minerales. En la década anterior estábamos en adelante en un momento de crecimiento muy acelerado, donde todo parecía mostrarnos un camino hacia el desarrollo, pero a partir del 2016 con la crisis política hay también una crisis ambiental con “El Niño costero” del 2017, tenemos la negociación y lucha entre Legislativo y el Ejecutivo, que lleva al indulto llamado humanitario que le dio Pedro Pablo Kuczynski a Fujimori en diciembre del 2017; y ahí la crisis, realmente, se comienza a agudizar.

Luego, las elecciones del 2021, en medio de la pandemia, la decepción con Vizcarra, y todo lo que pasó con las vacunas, la muerte tan tremenda que hubo de peruanos y peruanas en esos años. La crisis se continuó agudizando. Pero el otro lado de la crisis, que es también de bastante larga data, es cómo los espacios judiciales vienen siendo tomados por intereses cada vez más mafiosos. El escándalo de Los Cuellos Blancos, nos parece lejano, pero no debemos olvidar que eso apareció porque estaban haciendo escuchas a narcotraficantes; y, ahora lo que se quiere hacer con la Junta Nacional de Justicia; la investigación y suspensión de la Fiscal de la Nación Patricia Benavides es todavía parte de todo esto.

Hay que sumar el caso Lava Jato y Odebrecht, que expone casos de corrupción que involucran a casi todos los expresidentes y candidatos como Keiko Fujimori. La sensación que genera es que ningún político se salva, porque todos los que ejercieron el poder han sido o sobornados o recibido dinero para sus campañas, tanto políticos de derecha como de izquierda. ¿Todos esos factores que mencionas explican la situación en la que estamos ahora o tiene que ver también con la captura del poder por parte de actores criminales y el deterioro de la democracia en el mundo?

Tiene que ver con todos esos factores, pero también tiene que ver con la fallida transición al final del fujimorato entre el 2000 y el 2001. En ese momento, cuando recuperamos la democracia, había una esperanza muy grande de que ahora podíamos hacer las cosas bien. Lo que nos demostró el caso Odebrecht fue que, si bien hubo un cambio en el tema democrático, no hubo un cambio a nivel de corrupción y que la corrupción, que fue muy notoria y muy importante durante el periodo de Alberto Fujimori, continuó con Alejandro Toledo, continuó con Alan García, continuó con Ollanta Humala.

Esa captura del poder por intereses creados, como El Club de la Construcción, por ejemplo, desmiente un poco esta idea de que el libre mercado va a ser justo para todos, porque si una cosa queda clara es que la apertura de la economía no ha beneficiado a todos por igual y que las reglas del juego no son las mismas para todos. Y la corrupción va penetrando y también, los intereses ilegales como el tráfico de drogas y el lavado de activos, la tala ilegal, la minería ilegal. Estamos viendo cómo hay una cada vez mayor captura de los sistemas y un hartazgo de la ciudadanía que siente que todos son iguales, que ya da igual y ese hartazgo también se refleja en el hartazgo que tiene el mundo en general con la política.

EL QUIEBRE REAL DE LA CRISIS ACTUAL EN LA QUE ESTAMOS ENVUELTOS TODAVÍA SE ORIGINA EN EL 2016 CUANDO KEIKO FUJIMORI SE REHÚSA A ACEPTAR SU DERROTA ANTE PPK.

Esta situación quedó expuesta en las elecciones del 2021, donde terminó ganando Pedro Castillo, pero que un grupo de políticos y personas en Lima no lo reconoció e impulsó una campaña de un falso fraude, negando los votos de cientos de personas en zonas rurales. ¿Crees que esa es la expresión más reciente de la fractura democrática entre cómo nos vemos?

Es interesante, porque mientras la democracia sea solamente una oportunidad de tener un voto cada cinco años, esa es la única vez en que todos los ciudadanos somos iguales, donde todos tenemos el mismo peso. Hay una mayoría en el país que quiere un cambio, no sabe bien quién le puede ofrecer ese cambio pero sí tiene muy claro que lo que está en este momento no lo quiere. Eso ha sucedido en muchas ocasiones en las elecciones, y sobre todo en la región sur, donde el electorado tiene mucha más facilidad para decidir quién considera que puede traer un cambio. Así fue para el voto de Ollanta Humala, así fue para Pedro Castillo, incluso en el caso de Kuczynski frente a Keiko Fujimori, que no eran candidatos tan diferentes. Esa vez muchos optaron por Kuczynski por no ser Fujimori y entonces buscar un cambio.

¿Pero qué sucede? Ese deseo de cambio se ha visto defraudado porque una vez que los presidentes llegan al poder se ven envueltos en un sistema que funciona muy bien para quienes les funciona. Entonces, mientras la democracia se limite solamente a esos votos, la gente va a votar pidiendo un cambio, más allá que sea de derecha o de izquierda. Y al no ver que esto se traduce en la realidad, hay un hartazgo en la gente y lo que vimos hace un año, con el fallido golpe de Estado de Pedro Castillo y la asunción de Dina Boluarte, y lo que vino después fue la expresión del hartazgo y el deseo de cambio de muchísimas personas que sienten que no son consultadas más que cada vez que hay elecciones.

Hablas de la igualdad del voto en democracia, pero si se hiciera una encuesta y uno preguntara hoy qué es la democracia a un ciudadano de Puno o Apurímac, a un ciudadano amazónico de un pueblo indígena, probablemente sus definiciones serían diferentes a las que puede tener alguien que vive en una ciudad con acceso a todos los servicios básicos. ¿Cuál es el tipo de democracia que queremos construir?

Eso dependerá mucho de qué es lo que suceda. Tenemos un escenario bastante incierto ante las posibles elecciones del 2026, no se vislumbra realmente quiénes podrían ser los candidatos, ni siquiera cuáles van a ser los grupos políticos. El año pasado se hablaba mucho del adelanto de elecciones, pero eso ya está bastante zanjado, y dudo mucho que suceda. Es interesante que en este momento se haya conseguido un balance entre el Ejecutivo y el Legislativo. Creo que en este momento más allá de que el Ejecutivo es muy impopular, el legislativo es aún más impopular y lo que viene mostrando es una lucha por sus propios intereses, y lo que estamos viendo en la Fiscalía también tiene que ver con eso.

Cuando publicaste “Independencia. A 200 años de la lucha por la libertad”, el libro se terminó de imprimir justo en un momento en el que empezaba el gobierno de Castillo, y en las primeras páginas reflexionas sobre cómo el Bicentenario de la proclamación de la Independencia coincide con ese cambio de gobierno y con la campaña de desinformación acerca del fraude. Es triste recordar el Bicentenario con esta situación.

Es muy triste, pero también es bastante sintomático, porque el libro trata no solamente de 1821 sino todo lo que sucede después. Y lo que se ve en el Perú en 1822, por ejemplo, es el intento de San Martín de consolidar la independencia y no lograrlo, y tener que entregarle el poder al Congreso en septiembre de 1822, después de hacer una entrevista con Bolívar en Guayaquil, completamente derrotado, y con el sur separado del resto del país, con un gobierno virreinal en el Cusco, Arequipa, Cusco y Puno separados del resto del país. Y en el año 1823, hay un escenario de absoluto desastre, con dos gobiernos independientes y un gobierno virreinal en el mismo territorio peruano, un gobierno en Trujillo con Riva Agüero, otro en Lima con Tagle, y en ese momento llega a Bolívar.

Entonces de alguna manera muy extraña, hemos visto como un espejo de lo que sucedió después de la proclamación de la independencia, que nosotros pensamos ahí termina la independencia, pero muy por el contrario es ahí solamente un hito dentro de un proceso mucho más largo y complejo. Y en el año 1823 la situación es desesperada e incluso en el año 1824 la situación es bastante desesperada, la Batalla de Ayacucho no es hasta el 9 de diciembre. Vamos a estar celebrando el Bicentenario el próximo año. Pero después de la Batalla de Ayacucho, por más de que Lima ya está liberada, todavía queda un bastión realista en el Real Felipe hasta enero de 1826. Así que, extrañamente, tendremos nuestra próxima elección cuando realmente estemos celebrando el fin del ciclo del Bicentenario.

EXTRAÑAMENTE, TENDREMOS NUESTRA PRÓXIMA ELECCIÓN CUANDO REALMENTE ESTEMOS CELEBRANDO EL FIN DEL CICLO DEL BICENTENARIO.

¿Cuál es el sentido actual de esa promesa republicana y democrática? ¿Cómo entendemos ahora esta promesa?

Bueno recomiendo muchísimo la lectura de un libro colectivo en el que participé, editado por Alberto Vergara y Pablo Drinot, que se llama La condena de la libertad, y tiene ensayos sobre cada uno de estos periodos históricos desde la independencia hasta la actualidad. En ese libro se puede ver con bastante soltura cómo ha habido momentos en que el país le ha ido muy bien y luego grandes momentos de crisis nacional. Pienso en el momento de la promesa con el guano, que es el capítulo que escribo yo, al que Jorge Basadre llamó “la prosperidad falaz”. Yo lo que digo es que más que falaz fue muy desigual porque cimentó la desigualdad económica en el Perú a mediados del siglo XIX.  

Después de esto llega la Guerra del Pacífico, que es un momento de destrucción absoluta de todas las instituciones y luego hay una recomposición, la reconstrucción nacional a finales del siglo XIX y a inicios del siglo XX, la patria nueva con Leguía. Ese es un momento de gran promesa, de gran crecimiento económico y luego un momento álgido en los años 30. Y así estamos de ciclo en ciclo, tenemos momentos en que todo parece estar yendo muy bien y luego nos caemos. Si uno ve por ejemplo informes del Perú en la segunda mitad de los 50, el gobierno de Prado, por ejemplo, una vez más super ciclo de exportación, anchoveta, cobre, minerales, el Perú va a ser el país más desarrollado, crecimiento de 10 al 12%. Y luego tenemos el gobierno de Velasco Alvarado, Francisco Morales Bermúdez, el retorno de la democracia, el conflicto armado interno; entonces, es como que vamos de sobresalto en sobresalto y de momentos en que todo parece estar perdido y luego momentos de gran esperanza.

Pero esos momentos de grandes esperanzas siempre están relacionados a ciclos económicos de crecimiento.

Siempre tienen una base en el super ciclo económico y esos momentos suelen coincidir con momentos de consolidación democrática porque una cosa va unida a la otra. Hay lazos comunicantes entre los errores que vamos arrastrando del pasado en torno a este boom económico que tuvo el Perú, que se le denominó milagro económico y se desarrollaron inversiones públicas, pero no logró extender los derechos para las poblaciones más vulnerables.

Y el Perú tiene más de 50 pueblos indígenas y una población rural dispersa. Una vez, Alan García mencionó que tal vez lo más fácil sería que no vivan tan dispersos y que se muden a centros poblados con mayor densidad …

Eso lo intentó el Virrey Toledo en el siglo XVI y no lo logró.

HAY GRUPOS PROGRESISTAS QUE QUIEREN CAMBIOS EN LA SOCIEDAD PARA MAYOR INCLUSIÓN Y OTROS QUE ESTÁN EN CONTRA.

¿Crees que esa desconexión de la política nacional con las personas que aún no tienen acceso a derechos elementales es una de las grandes deudas de la democracia peruana? Porque dinero ha habido en todos estos años

Por supuesto, al final del día no ha sido un problema de falta de recursos necesariamente, sino que el problema del Perú, como lo veo yo, y lo he dicho muchas veces, es un problema de desigualdad. Es un problema que atraviesa toda la república peruana y que también se hereda de la experiencia colonial, porque estamos en un sistema donde las personas no han sido vistas como iguales. Lo que decías tú sobre la democracia, tiene que ver con que no todos los ciudadanos peruanos tienen el mismo acceso a todo lo que deberíamos tener, no todos los peruanos y peruanas tienen acceso a agua potable, a desagüe, a educación, a salud, que deberían ser las cosas básicas para todos. Y eso está muy atravesado por la desigualdad y por no considerar que todos somos iguales.

Hemos tenido momentos de mejora, pequeños momentos de intentar hacer cambios, más allá de que necesariamente fueran gobierno tan progresistas, pero permitieron que un grupo de técnicos que tenían ideas de cómo podían mejorar las cosas empezaran a implementar algunos programas. Ha habido intentos, pero lo que pasa es que no se logran armar realmente de forma global para que sean realmente inclusivos.

Esos impulsos de reforma se frenan, y en varios casos retroceden, no solo por las crisis políticas peruanas, sino por una tendencia más global que tiene que ver con un avance de los grupos conservadores vinculados a la extrema derecha, que niegan derechos, el enfoque de género e incluso los compromisos de los Objetivos de Desarrollo del Milenio. ¿Estamos en el momento del péndulo avanzando hacia el extremo conservador?

Es normal que a un momento de apertura le siga un momento de cierre. Esto se ve históricamente. En el siglo XIX, después de la Revolución Francesa sucede la restauración monárquica. ¿Qué sucede? La capacidad de la Iglesia Católica de intervenir cada vez más en la vida privada de las personas. Entonces, esto no es nuevo, cada arremetida, cada momento de apertura lleva inmediatamente a una reacción, por eso se llamaba antiguamente “los reaccionarios”, porque reaccionaban ante el progreso, digamos. Son luchas que no cesan y cada generación las tiene que vivir de nuevo.

Para las personas de mi generación, la gran fisura fue el comunismo y el capitalismo, pero con la caída del muro de Berlín, todo parecía ser maravilloso, el triunfo mundial de la democracia y del capitalismo, pero luego hemos ido viendo que todo es mucho más complejo. Ahora dentro de ese desarrollo del progresismo y el desarrollo de las agendas de género, de diversidad sexual, de protección del ambiente, son varias cosas que vienen juntas y hay una reacción contra ellas, pero ya no se ve mediada necesariamente por este quiebre de comunismo y capitalismo a pesar de que todos se empeñen en hablar de izquierda y derecha.

Me parece que ahora tenemos a grupos progresistas que quieren cambios en la sociedad que sean para mayor inclusión y personas que están en contra de esos cambios para mayor inclusión.

YO CREO QUE LA UNIDAD AMERICANA DEBERÍA SER UNO DE LOS ESPACIOS PARA RECORDAR EN EL BICENTENARIO DE LA BATALLA DE AYACUCHO.

Hace poco tuvimos un conversatorio sobre democracia, ideología e inteligencia artificial, porque finalmente las tecnologías están modelando también nuestras formas de relacionarnos políticamente, y en una de las intervenciones, el periodista Edmundo Cruz, recordó cómo el concepto de derechos humanos y democracia fueron surgiendo como resultado de experiencias traumáticas y de luchas en las calles. Ponía el ejemplo del conflicto armado interno, y cómo solo después se empezó a hablar con mucha fuerza de una política nacional de Derechos Humanos.

Yo estoy de acuerdo con él completamente, porque además si uno ve cuál fue el momento del nacimiento y crecimiento del estado de bienestar en Europa, por ejemplo, e incluso en los Estados Unidos, fue después de la Segunda Guerra Mundial. Tuvieron que realmente destruirse los unos a los otros. Fueron sociedades extremadamente desiguales en los años 30 y 40 del siglo pasado, y luego decidieron que tenían que velar por todos los ciudadanos. Entonces yo creo que sí, existe algo de eso. Sobre los nuevos medios, la inteligencia artificial yo creo que también es interesante pensar que estamos en un momento de cambio.

La prensa escrita tradicional está cada vez más en capa caída, está sufriendo cada vez más el fin de lo que fue el superciclo del siglo XX, con un modelo de publicidad y venta donde salían periódicos y revistas y que tenían dinero para hacerlo. Ahora están al borde del colapso económico porque ya ese sistema está muy desgastado. Son los nuevos medios, como ustedes, que tienen nuevas maneras de transmitir la información y también eso permite mucha creatividad a los jóvenes.

No pierdo la esperanza en que los jóvenes puedan tomar un poco las riendas de lo que sucede. Regreso a mediados de los años 90, después de que Alberto Fujimori fuera reelegido en el año 95 muchas personas dijeron bueno, ya está, ya se acabó, no hay problema, acá estamos. Pero cuando él se va contra el Tribunal Constitucional, cuando hace la interpretación auténtica, la gente sale a marchar, son los estudiantes los que salen a marchar y es en ese momento en que se renueva la posibilidad de marchar porque las marchas habían sido completamente pulverizadas en los años 80, justamente a raíz del conflicto armado.

Pero los estudiantes que salen a fines de los 90 cantan “somos estudiantes no somos terroristas”, de ahí comienza todo un nuevo momento donde la calle adquiere un poder de veto muy fuerte. Creo que después de lo que sucedió el año pasado, con más de 60 personas muertas, es como un quiebre, salir a la calle no tiene la misma posibilidad y no es seguro, te pueden matar. Y entonces ahora tenemos que ver cuál va a ser el próximo movimiento [de los más jóvenes]. Yo creo que no es que no les importe, no es que no estén informados, es que tienen otras maneras de comunicarse.

¿Consideras que hay una disputa ideológica por la definición actual de la democracia en medio de esta crisis? En el discurso público está nuevamente lleno nuevamente de categorías que, como tú señalas, estaban asociadas a la guerra fría, como el comunismo, el capitalismo. En Argentina Milei se considera libertario y habla del anarcocapitalismo.

Sí y no. Creo que sí en el sentido de que hay una disputa ideológica muy clara y hay un conservadurismo y un progresismo, pero decir que eso necesariamente esté asociada a la guerra fría del comunismo y el capitalismo me parece realmente desfasado. Encuentro muy difícil pensar que en este momento alguien quiera instaurar una dictadura comunista en cualquier parte del mundo, me parece impensable porque incluso las dictaduras comunistas no son comunistas, no lo es la China, no lo es Cuba, no lo es Venezuela y no lo es Nicaragua y todas son dictaduras, pero no son realmente comunistas.

Pero sí hay una sensación de conservadurismo muy fuerte, y también un resurgir de un sentimiento nacional y tiene que ver más bien con cuál debe ser el rol del Estado. Cuando uno ve a Milei lo que claramente nos está diciendo es que él no quiere la intromisión en el Estado en prácticamente nada, por eso se llama así mismo libertario, porque él considera que el Estado no tiene un rol, no tiene un papel que jugar. La socialdemocracia cree firmemente en que el Estado tiene un papel en generar bienestar para los ciudadanos, esas son las dos visiones que me parece que están en este momento en pugna.

Si salimos de las fronteras de América Latina, dentro de los grupos de derecha hay algunos más extremistas en Europa que están alcanzando nuevos espacios de representación política, los resultados de Marine Le Pen en Francia, o en Países Bajos, por ejemplo, nos ponen las alarmas sobre lo que puede pasar más adelante.

Sí, hay un momento muy álgido en el crecimiento de la extrema derecha en Europa, pero eso también responde a unos temores cada vez más grandes de la pérdida demográfica, el miedo a los inmigrantes, el miedo a que lleguen personas que no son de su localidad y que tomen control de su política. Son políticos hipernacionalistas, lo vemos en Hungría, lo vemos en Países Bajos, lo vemos en Francia, lo vemos en el mismo Reino Unido, en Italia con la señora Meloni.

Yo veo el tema europeo también como algo global, es una respuesta del “nosotros para nosotros mismos”. En Países Bajos una de las primeras cosas que están pensando es que no quieren tantos estudiantes extranjeros, cuando es una industria económica tener estudiantes, que, además, creció a partir del brexit, cuando muchísimos estudiantes extranjeros decidieron que no querían ir al Reino Unido y se fueron a Países Bajos. El programa que tienen en el Reino Unido, en este momento, es deportar a las personas que han llegado ilegalmente a Ruanda, cuando eso no es muy lejano al Plan Madagascar, que tenían los nazis para enviar a la fuerza a los judíos a Madagascar.

DE ALGUNA MANERA LAS EFEMÉRIDES Y LAS CONMEMORACIONES NOS AGUDIZAN EL PENSAR MOMENTOS DE QUIEBRE, MOMENTOS IMPORTANTES EN LA HISTORIA.

La democracia tiene una crisis de representación, pero también una crisis de promesas incumplidas. El 2024 se cumplen 200 años de la Batalla de Ayacucho que consolidó el proceso de independencia en el Perú, que, como señalas en tu libro Independencia “fue un proceso construido con el enfrentamiento entre hermanos”. ¿Qué temas crees que deberían ser prioritarios de analizar el 2024?

Creo que una de las cosas que es muy importante entender de este proceso sobre todo en la independencia peruana es que no fue solamente una cuestión de Perú, sino que fue una cuestión continental y mundial. La Batalla de Ayacucho no es solamente el fin de las guerras de independencia de España y América, también fue el fin del gran súper ciclo napoleónico, han habido veteranos de la batalla de Waterloo en la batalla de Ayacucho, han habido experiencias cruzadas. Entonces tenemos que pensar que lo que sucede en el Perú no solamente compete al Perú, vinieron personas de Colombia, de lo que hoy es Venezuela, Panamá, Ecuador, personas desde el Río de la Plata, de Chile, y participaron de esta gran idea, este gran deseo de construir un espacio independiente. Yo creo que esa unidad americana debería ser uno de los espacios para recordar, ahora es problemática, tenemos un gobierno en la República Bolivariana de Venezuela que no sé cómo va a participar en todo esto, tenemos al nuevo presidente en Argentina que probablemente tampoco tenga interés alguno.

Para cerrar esta conversación, ¿cómo crees que va a ser recordado el periodo de crisis política reciente en el Perú en los libros: si el conflicto armado interno tiene unas pocas páginas en los textos escolares, qué crees que se dirá de este momento?

Eso solo el tiempo lo dirá. ¿Cuánto sabemos nosotros ahora de Odría? ¿Cuánto sabemos de Sánchez Cerro? ¿Cuánto nos importa la diferencia entre Prado y Pardo? ¿Cuánto sabemos del siglo XX en el Perú? No es solamente que el conflicto armado interno tenga dos páginas, ¿cuántas personas pueden explicarte por qué en el año 1962 hubo un pequeño año con una junta militar, por ejemplo?

En ese momento hubo una crisis absoluta donde no existía otra cosa de la que se podía pensar y hablar, y ahora nos resulta lejana y poco importante. La historia es extraña porque cuanto más tiempo pasa las cosas se van profundizando en cuan importantes son o no son. Hay momentos que son como puntos de quiebre y yo creo que el 2016-2017 va a ser visto como un punto de quiebre que llevó a esta inestabilidad política. ¿Cuál será la visión dentro de 50 años? ¿Cuál es la visión que tenemos nosotros sobre lo que sucedió entre ahora y 1974 cuando Velasco Alvarado celebró en Ayacucho el Sesquicentenario?

Las celebraciones de estas fechas históricas están marcadas por crisis políticas para la democracia peruana.

De alguna manera las efemérides y las conmemoraciones nos agudizan el pensar momentos de quiebre, momentos importantes en la historia.

Esta es una parte de la entrevista que realizamos a Natalia Sobrevilla en nuestra redacción. Pueden acceder a la entrevista completa en nuestro canal de Youtube,

@nellylun     yluna@ojo-publico.com

https://ojo-publico.com/politica/natalia-sobrevilla-el-problema-del-peru-es-un-problema-desigualdad

25 de enero de 2022

La riqueza de los 10 hombres más ricos se ha duplicado mientras los ingresos del 99% de la humanidad se han deteriorado

OXFAM

Cada 26 horas surge un nuevo milmillonario en el mundo, mientras las desigualdades contribuyen a la muerte de al menos una persona cada cuatro segundos.

Los diez hombres más ricos del mundo han duplicado con creces su fortuna, que ha pasado de 700 000 millones de dólares a 1,5 billones de dólares (a un ritmo de 15 000 dólares por segundo, o lo que es lo mismo, 1300 millones de dólares al día) durante los primeros dos años de una pandemia que habría deteriorado los ingresos del 99 % de la humanidad y que ha empujado a la pobreza a más de 160 millones de personas más.

«Si estos diez hombres perdieran el 99,999 % de su riqueza mañana, seguirían siendo más ricos que el 99 % de las personas del planeta», afirmó Gabriela Bucher, directora ejecutiva de Oxfam Internacional. «Actualmente, acumulan seis veces más riqueza que los 3100 millones de personas en mayor situación de pobreza».

En el nuevo informe de Oxfam Las desigualdades matan, publicado hoy con motivo de la «Agenda de Davos” del Foro Económico Mundial, la organización afirma que las desigualdades contribuyen a la muerte de al menos 21 000 personas al día, o dicho de otra manera, de una persona cada cuatro segundos. Se trata de estimaciones conservadoras basadas en el número de muertes causadas a nivel global por la falta de acceso a servicios de salud, la violencia de género, el hambre y la crisis climática.

«Nunca ha resultado tan importante poner fin a las violentas y obscenas desigualdades, recuperando el poder y la riqueza extrema de las élites, incluido a través de medidas fiscales, para reintegrar ese dinero en la economía real y salvar vidas», añadió Gabriela Bucher.

Desde el inicio de la pandemia, los milmillonarios han aumentado su fortuna en 5 billones de dólares, más que en los últimos 14 años. Se trata del mayor incremento de la riqueza de los milmillonarios desde que se tienen registros. Un impuesto excepcional del 99 % sobre los ingresos extraordinarios que los diez hombres más ricos han obtenido durante la pandemia podría servir, por ejemplo, para:

- Producir suficientes vacunas para el mundo.

- Financiar servicios de salud y protección social universales, financiar medidas de adaptación climática y reducir la violencia de género en más de 80 países.

- Y aun así, estos hombres seguirían teniendo 8000 millones de dólares más que antes de la pandemia.

«Los milmillonarios han tenido una pandemia de lujo. Los bancos centrales han inyectado billones de dólares en los mercados financieros para salvar la economía, pero una gran parte ha acabado en los bolsillos de los milmillonarios, que se han aprovechado del auge de los mercados bursátiles. Con las vacunas se pretendía poner fin a esta pandemia, pero los Gobiernos de los países ricos han permitido que los milmillonarios y los monopolios farmacéuticos corten el suministro a miles de millones de personas. Esto podría traducirse en un incremento de todas las formas imaginables de desigualdad. La previsibilidad de esta situación es indignante, y sus consecuencias son letales», añade Bucher.

Las desigualdades extremas son una forma de violencia económica en la que las decisiones legislativas y políticas que perpetúan la riqueza y el poder de una élite privilegiada perjudican directamente a la amplia mayoría de la población mundial y a nuestro planeta.

«La respuesta del mundo a la pandemia ha desatado esta violencia económica, ensañándose sobre todo con las mujeres y las niñas, y las personas en situación de exclusión y pertenecientes a grupos racializados. Cada ola de COVID-19 conlleva un aumento de la violencia de género, al mismo tiempo que aumenta aún más el volumen de trabajo de cuidados no remunerado que recae sobre las mujeres y las niñas», afirma Bucher.

- La pandemia ha retrasado el camino hacia la paridad: ahora se tardarán 135 años en cerrar la brecha de género, y no 99 años como se estimaba antes de su irrupción. En 2020, las mujeres perdieron 800 000 millones de dólares en ingresos, y hay 13 millones menos de mujeres con trabajo ahora que en 2019. Conjuntamente, 252 hombres poseen más riqueza que los mil millones de mujeres y niñas que viven en África, América Latina y el Caribe.
 
- La pandemia está afectando especialmente a los grupos racializados. En Inglaterra, las personas de origen bangladeshí tenían cinco veces más probabilidades de morir de COVID-19 que la población británica blanca durante la segunda ola de la pandemia. En Brasil, las personas negras tienen 1,5 veces más probabilidades de morir de COVID-19 que la población blanca. En Estados Unidos, 3,4 millones de personas negras estarían vivas hoy si tuvieran la misma esperanza de vida que la población blanca del país, lo que está directamente vinculado al legado histórico del racismo y el colonialismo.
 
- Se estima que las desigualdades entre países crecerán por primera vez en una generación. Los países en desarrollo, privados de acceso a suficientes vacunas debido a la protección que los Gobiernos ricos otorgan a los monopolios de las grandes empresas farmacéuticas, tuvieron que recortar el gasto social a medida que aumentaban sus niveles de endeudamiento, y ahora se enfrentan a la posibilidad de tener que adoptar medidas de austeridad. La proporción de personas con COVID-19 que mueren a causa del virus en países en desarrollo es aproximadamente el doble que en países ricos.

«La pandemia de COVID-19 ha sacado a la luz la codicia y las oportunidades económicas y políticas que han convertido estas desigualdades extremas en un instrumento de violencia económica», explica Bucher. «Tras años de investigación y de campañas, Oxfam ha llegado a esta conclusión, estremecedora e incontestable».

A pesar del enorme coste económico que ha supuesto la respuesta a la pandemia, durante los últimos dos años, los Gobiernos de los países ricos se han negado a elevar los impuestos sobre la riqueza de los más ricos y han continuado privatizando bienes públicos, como la tecnología necesaria para producir las vacunas. Han fomentado de tal manera los monopolios de las grandes empresas que, solo durante la pandemia, el incremento de la concentración de los mercados amenaza con ser mayor en un año que durante los 15 años transcurridos entre 2000 y 2015.

Las desigualdades son un aspecto fundamental de la crisis climática, ya que las emisiones de carbono del 1 % más rico superan en más del doble a las de la mitad más pobre de la humanidad. Esto ha contribuido al cambio climático a lo largo de 2020 y 2021, causando incendios forestales, inundaciones, tornados, pérdida de cosechas y hambre.

«Que las desigualdades estén aumentando a esta escala y ritmo no es fruto del azar, sino de una elección», afirma Bucher. «Los modelos económicos actuales no solo nos han expuesto en mayor medida al impacto de esta pandemia, sino que están permitiendo activamente quienes ya son extremadamente ricos y poderosos exploten esta crisis en su propio beneficio».

El informe pone de manifiesto la importancia de que las dos mayores economías del mundo (Estados Unidos y China) hayan comenzado a plantearse políticas para reducir las desigualdades, incluida la aplicación de mayores tipos impositivos a las personas ricas y de medidas para acabar con los monopolios. «Esto nos permite abrigar cierta esperanza de que pueda surgir un nuevo consenso económico», subrayó Bucher.

Oxfam recomienda que los Gobiernos adopten inmediatamente las siguientes medidas:

- Recuperar las ganancias que los milmillonarios han acumulado aplicando impuestos de carácter permanente sobre el capital y la riqueza para gravar la enorme riqueza que han amasado desde el inicio de la pandemia.
 
- Invertir los billones de dólares que podrían recaudarse con estos impuestos a través de un gasto progresivo en servicios de salud y protección social universales, la adaptación al cambio climático, y la prevención de la violencia de género y programas al respecto.
 
- Abordar las leyes racistas y sexistas que discriminan a las mujeres y a los grupos racializados, y crear nuevas legislaciones fundamentadas en la igualdad de género con el fin de acabar con todas las formas de violencia y discriminación. Todos los sectores de la sociedad deben definir urgentemente políticas que garanticen que las mujeres, las personas racializadas y otros grupos oprimidos estén representados en todos los espacios de toma de decisiones.
 
- Derogar las leyes que socavan los derechos de sindicalización y huelga de los trabajadores y trabajadoras y aplicar normas jurídicas más sólidas para garantizar su protección.
 
- Los Gobiernos ricos deben suspender inmediatamente las normas de propiedad intelectual que regulan la producción de vacunas contra la COVID-19 para que más países puedan producir vacunas seguras y eficaces con el fin de acabar con la pandemia.

Bucher afirma: «No falta dinero, eso quedó claro cuando los Gobiernos movilizaron 16 billones de dólares para la respuesta ante la pandemia. Lo que falta es voluntad e imaginación para liberarnos del asfixiante y letal corsé que constituye el neoliberalismo extremo. Los Gobiernos deben escuchar a los movimientos (como las huelgas estudiantiles por el clima y las y los activistas de Black Lives Matter y #NiUnaMenos, o los agricultores y agricultoras de India), que piden justicia e igualdad».
 

Notas:

Puede descargar el informe Las desigualdades matan,  el resumen y la metodología que explica cómo ha calculado Oxfam las estadísticas del informe.

Los cálculos de Oxfam se basan en las fuentes de información disponibles más actualizadas y exhaustivas. Las cifras sobre las personas más ricas del mundo se han extraído de la Lista Forbes 2021. Las cifras sobre la riqueza se han extraído del Global Wealth Databook 2021 del Credit Suisse Research Institute. Las cifras sobre los ingresos del 99 % de la humanidad proceden del Banco Mundial.

Según Forbes, a fecha de 30 de noviembre de 2021 la riqueza de los diez hombres más ricos del mundo se había incrementado en 821 000 millones de dólares desde marzo de 2020. Según la lista, los diez hombres más ricos son: Elon Musk, Jeff Bezos, Bernard Arnault y su familia, Bill Gates, Larry Ellison, Larry Page, Sergey Brin, Mark Zuckerberg, Steve Ballmer y Warren Buffett.

Todas las cifras se expresan en dólares estadounidenses.

Según el Informe global sobre la brecha de género de 2021 del Foro Económico Mundial, la pandemia ha hecho retroceder el avance para cerrar la brecha de género, ahora se tardarán 135 años, frente a los 99 años antes de esta.

La crisis de COVID-19 hizo perder a las mujeres 800 000 millones de dólares en ingresos en 2020, una cifra que supera al PIB combinado de 98 países.

67 000 mujeres pierden la vida cada año a causa de la mutilación genital femenina, o asesinadas a manos de su pareja o expareja.  

Según los datos de la Oficina Nacional de Estadística de Inglaterra, en Inglaterra, las personas de origen bangladeshí tenían cinco veces más probabilidades de morir de COVID-19 que la población británica blanca durante la segunda oleada de la pandemia.

Según los datos de la OCDE, en Brasil las personas negras tienen 1,5 veces más probabilidades de morir de COVID-19 que la población blanca.

En Estados Unidos 3,4 millones de personas negras estarían vivas hoy si tuvieran la misma esperanza de vida que la población blanca del país.

La proporción de personas con COVID-19 que mueren a causa del virus en países en desarrollo es aproximadamente el doble que en países ricos.

A pesar de las firmes recomendaciones del FMI y la OCDE, muy pocos países ricos han declarado tener la intención de introducir o aumentar los impuestos sobre la riqueza.  

El 1 % más rico de la población mundial ha sido responsable de más del doble de las emisiones de carbono que los 3100 millones de personas que conforman la mitad más pobre de la humanidad durante un período de 25 años en el que las emisiones han alcanzado niveles sin precedentes. Puede descargar el informe de Oxfam Combatir la desigualdad de las emisiones de carbono.

En 2030, la huella de carbono del 1 % más rico del planeta será 30 veces superior a la compatible con el objetivo recogido en el Acuerdo de París de limitar el calentamiento global a 1,5 °C. La mitad más pobre de la población mundial seguirá produciendo emisiones muy por debajo de los niveles requeridos para no superar los 1,5 °C. Puede descargar el estudio Carbon Inequality in 2030, encargado por Oxfam partiendo de la investigación llevada a cabo por el Instituto para la Política Ambiental Europea (IEEP) y el Instituto de Medio Ambiente de Estocolmo (SEI).
 
Información de contacto

Annie Thériault en Perú | annie.theriault@oxfam.org | +51 936 307 990
Belinda Torres Leclercq en Bélgica | belinda.torres-leclercq@oxfam.org | +32 (0) 472 55 34 43

Para información actualizada, síganos en @NewsFromOxfam, @Oxfam y @Oxfam_es

Le animamos a apoyar el llamamiento de Oxfam de respuesta al coronavirus.

23 de enero de 2022

La desigualdad económica mundial está exacerbando la pandemia y matando a millones de personas

Amy Goodman y Denis Moynihan

La organización Oxfam informó esta semana que los diez hombres más ricos del mundo duplicaron su riqueza durante la pandemia —de 700 mil millones a 1,5 billones de dólares—, mientras que los ingresos del 99% de la población mundial disminuyeron. La organización declaró al respecto: “Las crecientes desigualdades económicas, de género y raciales, así como la inequidad que existe entre países, están destrozando nuestro mundo”. Mientras tanto, la asamblea anual del Foro Económico Mundial, que suele celebrarse en la ciudad de Davos, se está llevando a cabo de forma virtual por segundo año consecutivo debido a la pandemia. Los millonarios y multimillonarios son tradicionalmente invitados a la conferencia de Davos para que aporten sus ideas y reflexiones sobre los problemas actuales, desde el cambio climático catastrófico hasta la COVID-19. Más allá de lo que se debate en este cenáculo virtual, Oxfam señala que, en el mundo real, la desigualdad mata a una persona cada cuatro segundos.

La desigualdad económica también asola a Estados Unidos. El obispo William Barber, copresidente de la Campaña de los Pobres, dijo a Democracy Now! al día siguiente del feriado que conmemora el nacimiento de Martin Luther King: “Tiene que haber un cambio moral en este país; tiene que haber un cambio en el poder. Como dijo Martin Luther King, el verdadero problema que siempre hemos tenido en relación con los derechos electorales es el miedo que tiene la aristocracia a que las masas de personas pobres y de bajos recursos —tanto negras como blancas— se unan para votar una alternativa que cambie la arquitectura económica del país. […] De hecho, en 1967, el Dr. King dijo: 'Los problemas de injusticia racial y económica no pueden resolverse sin una redistribución radical del poder político y económico'”.

El obispo Barber ha consolidado el legado de Martin Luther King durante años y afirma que el camino hacia un cambio progresista radica en organizar a las personas pobres y de bajos recursos. Barber yuxtapone la rápida aprobación en el Congreso de los paquetes de ayuda económica por el coronavirus favorables a las empresas con el reciente fracaso en la aprobación del plan de gastos públicos Reconstruir Mejor y los proyectos de ley sobre el derecho al voto:

“Cuando se trata de las empresas, obtienen todo lo que piden. Querían cuatro o cinco billones de dólares, y obtuvieron cuatro o cinco billones de dólares. Los multimillonarios ganaron dos billones de dólares en los primeros 20 meses de la pandemia del coronavirus y continúan aumentando sus fortunas. Cuando se trata de temas como la pobreza y el derecho al voto, en primer lugar, bifurcamos esos temas de una forma en que las fuerzas opresoras nunca los bifurcan. Luego, hacemos concesiones una y otra vez en lugar de pelear [por lo que reclamamos]. A la larga, si no tenemos cuidado, será como si Frederick Douglass, en su lucha contra la esclavitud, se hubiera conformado con tener solo un fin de semana largo en lugar de la emancipación y la libertad definitivas”.

La pandemia de COVID-19 ha profundizado la desigualdad a escala global. La mayoría de los países ricos han vacunado a más del 70% de su población, mientras que en muchos países pobres, especialmente en África, las tasas de vacunación aún están por debajo del 10%. La Organización Mundial de la Salud señala en su sitio web: “El fracaso mundial en el reparto equitativo de las vacunas está pasando factura a algunas de las personas más pobres y vulnerables del mundo. Las nuevas variantes preocupantes hacen que los riesgos de infección hayan aumentado en todos los países para las personas que aún no están protegidas mediante vacunación”. Podrían surgir nuevas variantes más agresivas de este virus que no respeta fronteras. Mientras haya gente que aún esté en riesgo por la COVID-19, todos permaneceremos en riesgo.

La organización Public Citizen publicó un informe detallado en mayo de 2021 sobre cómo se podrían producir ocho mil millones de dosis de vacunas de ARN mensajero en un año por un estimado de 23.000 millones de dólares, siempre y cuando los titulares de las patentes de las vacunas, como las empresas Pfizer y Moderna, cooperaran. Public Citizen denomina a la vacuna contra la COVID-19 de Moderna, ”NIH-Moderna”, en referencia a las siglas en inglés de los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos, NIH, cuyos científicos desempeñaron un papel clave en el desarrollo de esa vacuna tan necesaria para salvar vidas, así como también por la gran inversión de fondos públicos que se hizo para apoyar su desarrollo.

Las ganancias que producen las vacunas han generado al menos nueve nuevos multimillonarios vinculados a las empresas Moderna y BioNTech, así como también a la farmacéutica china CanSino. Estas personas suman entre ellas una nueva riqueza de más de 19.000 millones de dólares, según la Alianza Vacuna para el Pueblo. Otros ocho multimillonarios que invirtieron en estas corporaciones también obtuvieron una fortuna extra combinada de 32.000 millones de dólares. Según Oxfam, las empresas Pfizer-BioNTech y Moderna —o ”NIH-Moderna”, como la denomina Public Citizen— ganan 1.000 dólares por segundo, mientras que miles de millones de personas en todo el mundo siguen sin vacunarse o solo han recibido una dosis de la vacuna.

Hasta ahora, ni los debates del Foro Económico Mundial de Davos, ni la filantropía combinada de los más de 2.755 multimillonarios del mundo han logrado vacunar a las y los pobres del mundo. Es por eso que se ha formado una amplia coalición de movimientos sociales a nivel mundial que insta a los Gobiernos del mundo a cobrar impuestos a los ricos.

“Es hora de imponer un impuesto sobre el patrimonio a los superricos y a los multimillonarios del mundo”, escribió Chuck Collins, del Instituto de Estudios Políticos (IPS, por sus siglas en inglés) y la Alianza para la Lucha contra la Desigualdad, al presentar su informe titulado “Gravar la riqueza extrema”. Agrega Collins: “No se trata simplemente de recaudar impuestos para vacunar a las poblaciones de todo el mundo e invertir en sistemas sólidos de salud pública. Se trata también de un impuesto a la riqueza para salvar a la democracia de la concentración extrema de riqueza y poder”.

El informe de Collins estima que un impuesto escalonado a las personas cuyos patrimonios superen los cinco millones de dólares recaudaría 2,5 billones de dólares anuales. Esos fondos podrían ayudar a contener esta pandemia, invertir en medidas de salud pública para prevenir nuevas pandemias en el futuro, y sacar a millones de personas de la pobreza. Impongan impuestos a los ricos.

© 2022 Amy Goodman

Traducción al español de la columna original en inglés. Edición: Democracy Now! en español, spanish@democracynow.org

Amy Goodman. Conductora de Democracy Now!, un noticiero internacional que se emite diariamente en más de 800 emisoras de radio y televisión en inglés y en más de 450 en español, entre las que está Radio PRODEMU FM. Es co-autora del libro “Los que luchan contra el sistema: Héroes ordinarios en tiempos extraordinarios en Estados Unidos”, editado por Le Monde Diplomatique Cono Sur.

5 de enero de 2022

Perú: Privilegios

Jorge Bruce

Uno de los conceptos que parece haberse afianzado en estos años de pandemia es el de privilegios. Esto es interesante porque mantener esta situación fuera del ámbito de la consciencia, facilita el afianzamiento e invisibilización de las desigualdades e injusticias. Pese a que no se haya avanzado mucho en la nivelación del terreno, sí lo hemos hecho en la fase previa que los psicoanalistas conocemos bien: la de identificar el problema, reconocerlo, empezar a trabajar en su elaboración.

Acaso la pandemia no ha sido ajena a esta “revelación”, de la que no tengo pruebas pero tampoco dudas, acogiéndome a la recordada frase de Héctor Béjar. Poder atenderse en establecimientos privados, por ejemplo, mientras la mayoría hacía colas inhumanas en hospitales públicos, suplicando por un balón de oxígeno impagable y a menudo moría en el intento, es algo que nadie puede ni debe olvidar. He ahí el mayor de los privilegios, digno de un bote en el naufragio del Titanic: salvar la vida mientras otros perecen en condiciones execrables.

Es evidente que nos falta muchísimo, tanto en el reconocimiento como en la democratización de estas inequidades que se repiten en todos los rubros: educación, vivienda, agua y desagüe, seguridad, etcétera. Cuando estábamos en la universidad, Nicolás Yerovi me decía: “En el Perú tener un plato de comida caliente es un privilegio”.

El chiste y su relación con lo inconsciente, escribió Freud en 1905. Incluso mentes bienintencionadas —no voy a citar nombres pues no es mi intención hacer sentir mal a nadie— han señalado en entrevistas haber tenido infancias difíciles. En ambos casos se trata de hombres blancos de clase media para arriba.

Un paciente proveniente de uno de los distritos más pobres y violentos del Perú me contaba la gracia —amarga— que les causaba a él y sus amigos esa declaración. Nadie está mintiendo. Se puede tener una infancia difícil proviniendo de un hogar acomodado, claro está. Pero en comparación con los relatos que he escuchado de quienes lo han hecho en condiciones absolutamente despiadadas, suena a broma de mal gusto.

Desde un plano eminentemente subjetivo, tomar consciencia de los propios privilegios es una manera de contribuir en el proceso democrático. Siempre y cuando seamos conscientes de que los deberes están encima de los derechos. Tal como lo señaló el abate Grégoire en la Francia de la Revolución: “El hombre solo es virtuoso con esfuerzo”.

30 de diciembre de 2021

Un planeta cada día más desigual

Sergio Ferrari

El 10% más rico del planeta posee el 76% de la riqueza mundial.

La mitad más pobre dispone apenas del 2% del total de la riqueza.

Unos poquitos, siempre tienen más. La mayoría, cada vez cuenta con menos. Aunque no sea un fenómeno nuevo, la desigualdad global continúa acentuándose e invita al estallido social.

De los 7.8 billones de personas que habitan actualmente el planeta, son solo 9 los mega ricos que tienen una riqueza individual superior a los 100 mil millones de dólares, lo que representa, en conjunto, 1.320 mil millones. Otros 62 millones de individuos son los *millonarios*, es decir, cuentan con una fortuna mayor a 1 millón de dólares.

Cien investigadores del mundo entero, coordinados por cuatro “pesos pesados” del análisis macro –Lucas Chancel, Thomas Piketty, Emmanuel Saez y Gabriel Zucma–cruzaron datos, estadísticas y análisis para producir el Informe Sobre Desigualdad Mundial Global 2022, publicado el pasado martes 7 de diciembre (https://wir2022.wid.world/www-site/uploads/2021/12/Summary_WorldInequalityReport2022_Spanish.pdf).

Según dicho informe, las 52 personas más ricas del planeta han visto crecer el valor de su riqueza un 9,2% anual durante los últimos 25 años, en tanto que el club del 1% más rico –aquellos con más de 1,3 millones de dólares de riqueza– ha acaparado más de un tercio de toda la riqueza planetaria desde 1995.

La pandemia, por otra parte, ha jugado y continúa jugando como un disparador de las distancias sociales. Después de más de 18 meses de Covid-19, el mundo está más polarizado que antes en términos de desigualdad de riqueza, declaró Lucas Chancel, codirector del Laboratorio Mundial de la Desigualdad de la Escuela de Economía de París y coordinador del informe. Mientras que la riqueza de los multimillonarios ha aumentado más de 3,6 billones de euros, otros 100 millones de personas han pasado a engrosar las filas de la pobreza extrema a causa de la crisis sanitaria actual.

Información abierta: bien público mundial

Estos investigadores fundamentan la motivación de su trabajo en un nuevo paradigma interpretativo: la información sobre la desigualdad, abierta a la gente, transparente y confiable, constituye un bien público mundial.

Los promotores de esta investigación enfatizan una realidad incontrovertible: “vivimos en un mundo en el que abundan los datos y, sin embargo, carecemos de información básica sobre la desigualdad. Ejemplo de hecho es la paradoja de que, a pesar de que los gobiernos publican anualmente cifras sobre el crecimiento económico, por lo general sus informes no detallan cómo se distribuye ese crecimiento entre la población. En otras palabras: no explican quién gana y quién pierde en este partido. Y definen un concepto de referencia de su trabajo científico “el acceso a dichos datos es fundamental para promover la democracia”. Más allá de los ingresos y la riqueza, también es fundamental “mejorar nuestra capacidad colectiva para medir y monitorear otras dimensiones de las disparidades socioeconómicas, incluidas las temáticas ambientales y de género”, subrayan.

Un planeta cada vez más desigual

El 10% más rico de la población del planeta recibe actualmente el 52% del ingreso mundial, mientras que la mitad más pobre tan solo un 8,5%. En promedio, un individuo que forma parte de ese 10% privilegiado gana 87.200 euros (122.100 dólares) por año, en tanto que otro en la mitad más pobre sólo 2.800 euros (3.920 dólares).

Si las distancias en cuanto a ingresos producen escalofríos, las desigualdades mundiales a nivel de riqueza son, incluso, más pronunciadas. Por ejemplo: la mitad más pobre de la población mundial apenas posee el 2% del total de la riqueza. La otra cara de la misma moneda: el 10% más rico dispone del 76% de toda la riqueza. Lo que significa que la mitad más pobre de la población cuenta con un patrimonio promedio de 2.900 euros (4.100 dólares) por persona, en tanto el 10% más rico acapara, en términos promedio, una riqueza de 550.900 euros (771.300 dólares).

La desigualdad varía significativamente entre la región más igualitaria (Europa) y la más desigual (Medio Oriente y África del Norte). En Europa, el 10% más rico se queda con el 36% de los ingresos, mientras que en la región del Medio Oriente y África del Norte esta cifra alcanza el 58%. Entre estos dos niveles, se constata una diversidad de patrones. Por ejemplo, en el este de Asia, el 10% más rico se apropia del 43% del ingreso total, mientras que en América Latina el sector más rico se queda con el 55% de dicho ingreso.

Algo que también es evidente, según este informe, es que las desigualdades de ingresos y riqueza han ido en aumento en casi todas partes desde la década de 1980, tras una serie de programas de desregulación y liberalización – ajustes neoliberales — que diferentes países adoptaron con diversas modalidades.

Este aumento no ha sido uniforme: en algunos países (incluidos Estados Unidos, Rusia e India) la desigualdad ha experimentado incrementos espectaculares, mientras que en otros (en Europa y China) este aumento fue relativamente menor. Estas diferencias, según los autores del informe, confirman que la desigualdad no es un fatalismo inevitable, sino producto de “una elección política”, una consecuencia del modelo que se aplica.

Por otra parte, y desde una perspectiva histórica, “las desigualdades globales contemporáneas se acercan a los niveles de principios del siglo XX, en la cúspide del imperialismo occidental”, sostiene el estudio coordinado por el joven economista francés Lucas Chancel. De hecho, la proporción de ingresos que capta actualmente la mitad más pobre de la población mundial equivale aproximadamente a la mitad de lo que captaba en 1820, antes de la gran divergencia entre los países occidentales y sus colonias. En otras palabras, escriben los investigadores, “aún queda un largo camino por recorrer para deshacer las desigualdades económicas globales heredadas de la alta desigualdad en la organización de la producción mundial entre mediados del siglo XIX y mediados del XX”.

La “privatización” acelerada de la riqueza

Otra conclusión contundente del Informe Sobre la Desigualdad Mundial Global 2022 es que durante los últimos 40 años las naciones se han vuelto más ricas, mientras que los gobiernos son cada vez más pobres. Para entender esta paradoja es esencial evaluar la brecha entre la riqueza neta de los gobiernos y la del sector privado.

La participación de la riqueza en manos de los actores públicos es cercana a cero o negativa en los países ricos, lo que significa que la totalidad de la riqueza está en manos privadas. Esta tendencia se ha visto magnificada por la crisis del Covid-19, durante la cual los gobiernos han tomado prestado, esencialmente del sector privado, el equivalente al 10-20% del Producto Interno Bruto.

La escasa riqueza actual de los gobiernos tiene importantes implicaciones para las capacidades estatales de abordar la desigualdad en el futuro. Y para hacer frente a los desafíos clave del siglo XXI como, por ejemplo, el cambio climático. Así lo afirma el centenar de economistas que participaron en esta investigación.

Desigualdad ecológica y de género

Las desigualdades mundiales de ingresos y riqueza están estrechamente relacionadas con desigualdades ecológicas y en las contribuciones al cambio climático, sostienen.

En promedio, los seres humanos emiten 6,6 toneladas de dióxido de carbono (CO2) per cápita por año. Sin embargo, el 10% más acaudalado de los emisores es responsable de cerca del 50% de todas las emisiones, mientras que el 50% de los emisores más pobres produce el 12% del total.

Pero no es solo un problema de países ricos contra países pobres, ya que hay altos emisores en países de ingresos bajos y medianos, y bajos emisores en países ricos. Así, por ejemplo, en Europa el 50% más pobre de la población emite alrededor de cinco toneladas al año por persona; en el este de Asia, el 50% equivalente emite alrededor de tres toneladas, y en América del Norte alrededor de 10 toneladas. Esto contrasta marcadamente con las emisiones del 10% más rico en estas regiones (29 toneladas en Europa, 39 en Asia Oriental y 73 en América del Norte).

El informe también revela que la mitad más pobre de la población en los países ricos ya ha alcanzado o está por alcanzar las metas climáticas para 2030 si se tiene en cuenta el criterio de cálculo per cápita. No es el caso de la mitad más pudiente. Las grandes desigualdades en lo que hace a emisiones sugieren que las políticas climáticas deberían apuntar más a los contaminadores ricos. Hasta ahora, las políticas climáticas, como los impuestos al carbono, a menudo han impactado de manera desproporcionada a los grupos de ingresos bajos y medianos, sin modificar los hábitos de consumo de los grupos más poderosos, enfatiza el informe.

A otro nivel, en un mundo que reconoce y afirma la igualdad de género, las mujeres deberían ganar el 50% de todos los ingresos laborales. Pero la realidad es otra: la participación de las mujeres en los ingresos laborales totales se acercó al 30% en 1990 y se sitúa en menos del 35% en la actualidad. Es decir, en 30 años, el progreso a nivel mundial ha sido muy lento.

Redistribuir la riqueza para invertir en el futuro

Chancel, Piketty, Saez, Zucman y el centenar de expertos que investigaron durante los últimos cuatro años no se autocensuran cuando llega el momento de sugerir algunas propuestas viables.

Por ejemplo, abogan por una tasa sobre el patrimonio de los multimillonarios globales. Según sus cálculos, un modesto impuesto progresivo sobre ese gran volumen de concentración de riqueza podría generar ingresos importantes para los gobiernos, lo que les facilitaría una inversión substancial y justa en educación, salud y protección climática.

En 2021, señalan, había en el mundo 62 millones con más de 1 millón de dólares, o su equivalente. Su riqueza promedio era de 2.8 millones de dólares, lo que representa un total de 174 billones. A la luz de estas cifras, un impuesto progresivo sobre semejante patrimonio global, como estos investigadores proponen, generaría un ingreso significativo para las arcas de los Estados con el consiguiente impacto en sus políticas sociales.

Abordar los desafíos del siglo XXI no es factible sin una redistribución de ingresos y riqueza de tal modo que las desigualdades actuales se reduzcan gradualmente. El surgimiento de los Estados modernos de bienestar en el siglo XX, asociado con un significativo progreso en los ámbitos de la salud, la educación y oportunidades para todos, estuvo vinculado con el aumento de tasas impositivas progresivas y pronunciadas. Según el informe, fue este progreso, precisamente, lo que contribuyó fundamentalmente a la aceptación definitiva de una política de expansión fiscal, así como de socialización de la riqueza.

El informe enfatiza que será necesaria una evolución similar para abordar los desafíos del siglo XXI. La evolución del siglo XX de la fiscalidad internacional muestra que, de hecho, es posible avanzar hacia políticas económicas más justas tanto a nivel mundial como nacional. La desigualdad es siempre una opción política, y aprender de las políticas implementadas en otros países o en otros momentos es fundamental para diseñar vías de desarrollo más justas.

En cuanto a la evasión fiscal, el informe aboga por la creación de un registro financiero internacional bajo la égida de la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos o de la ONU, lo cual «le permitiría a las autoridades fiscales y reguladoras verificar si los contribuyentes declaran correctamente sus activos e ingresos de capital, independientemente de lo que las instituciones financieras offshore quieran revelar».

Al igual que en el caso de la crisis climática, también en el terreno de las desigualdades mundiales el diagnóstico es contundente. La enfermedad estructural está claramente identificada. Una parte de la sociedad civil internacional, como los autores del informe, optan por proponer soluciones viables. Las condiciones necesarias para una terapia efectiva están prácticamente a la mano. Falta solo voluntad política para revertir el mundo que no queremos.

Se publica este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

14 de diciembre de 2021

La desigualdad está destruyendo el mundo

Francisco Louça

Aproximadamente un año antes de morir, el físico Stephen Hawking se preguntó en un periódico británico cuál es el efecto de la desigualdad, en una situación en la que “la vida de las personas más ricas en las partes más prósperas del mundo se vuelve angustiosamente visible para todos, incluidos los pobres, que tienen acceso a un teléfono. Y dado que ya hay más personas con teléfono que con acceso a agua potable en África subsahariana, esto significa que en poco tiempo casi nadie en nuestro planeta superpoblado escapará a la percepción de] desigualdad”(The Guardian, 12/01/2016). Este dramático hallazgo tiene numerosas implicaciones. La principal es que la desigualdad, resaltada por la fluidez de la comunicación, añade angustia al castigo, especialmente donde la gente más sufre, como en el continente donde hay más personas con teléfonos móviles que con acceso al agua. La desigualdad es una agonía que está destruyendo nuestro mundo y su visibilidad refuerza la exigencia de justicia.

Desigualdad

Thomas Piketty, el economista francés que ha continuado brillantemente una vieja tradición de estudios de desigualdad, ha hecho pública una base de datos sobre muchos países que nos habla de nuestro tiempo. Uno de los datos más impresionantes es el cambio creado por lo que entonces se llamaba con franqueza globalización. El éxito social de este neoliberalismo se puede medir en los Estados Unidos: en 1980, la proporción del ingreso nacional que estaba en manos del 1% más rico era aproximadamente la mitad que la del 50% más pobre. Una gran diferencia, en promedio, ya una persona rica recibía en un día lo que la mitad menos acomodada de la población ganaba en un mes. Cuarenta años después, la proporción se ha revertido y el 1% superior casi duplica al 50% inferior. Ha sido un huracán de cambio social.

Un estudio reciente de la Reserva Federal de Chicago realiza el siguiente ejercicio: pregunta si los padres de un niño ganaban el doble que su vecino de al lado en los EE.UU, ¿Qué diferencia habrá entre los ingresos de adulto de ese niño y los del vecino? La respuesta es, en promedio, más del 60%. El que va por delante se queda por delante, olvídate de la movilidad social. En Brasil, la diferencia es del 70%, en Francia del 41%, en Alemania del 32%, pero en Dinamarca solo del 15%. Peor aún en China: el coeficiente de Gini, dato oficial, es de 0,47 (la media de la OCDE, como la portuguesa, es de 0,35). La desigualdad tiene una genealogía pero diferentes historias.

El coste social de la contaminación

La Cumbre de Glasgow, en su flagrante fracaso, tuvo la virtud de producir información actualizada sobre los riesgos de contaminación. Aprendimos que, con la política actual, el aumento de la temperatura del planeta llegará a los 2,9º C y que, incluso con las metas proclamadas pero no obligatorias, se elevará en 2,4º C, fallando el objetivo que no se puede perder. Aquí también hay una historia de desigualdad: el 1% más rico genera 70 toneladas de emisiones contaminantes per cápita, en promedio, mientras que el 50% más pobre produce una tonelada per cápita. La emisión producida por los más ricos es treinta veces el umbral que restringiría el aumento medio de temperatura a 1,5º C. Una vez más, aquí está la ecuación de Hawking: la desigualdad es angustiosamente visible y empeora.

Hay una consecuencia de esta fractura social y sus implicaciones, como estas formas de vida que promueven la contaminación. Es una ingobernabilidad que surge de los obstáculos sistémicos a las soluciones razonables y bloquea la política de transición energética y ambiental, perdida en el laberinto de los intereses financieros dominantes. Esta tendencia solo se agravará en las guerras por el agua y la energía, o en formas de apartheid social, que defienden la desigualdad como una condición inexpugnable y agonizante.

Francisco Louça. Economista y activista del Bloco de Esquerda de Portugal, es miembro del Consejo de Estado.


Texto original: https://www.esquerda.net/opiniao/desigualdade-esta-destruir-o-mundo/78138

Traducción: Enrique García

Fuente: https://www.sinpermiso.info/textos/la-desigualdad-esta-destruyendo-el-mundo